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Surgimiento de la Sociología y el Positivismo

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SURGIMIENTO Y CORRIENTES DE LA SOCIOLOGÍA

EL DESARROLLO DE LA SOCIEDAD CAPITALISTA

En el siglo xviii se registraron grandes acontecimientos que crearon las condiciones necesarias para
que, a mediados del siglo xix, el capitalismo sentara sus bases; es decir, alcanzara su máxima
expresión y lograra abolir el sistema feudal.

La importancia de la Revolución Francesa consistió en haber anulado la monarquía absolutista e


implantar la República, ésta fue interrumpida violentamente por el imperio napoleónico (1799-
1814), volviéndose al antiguo régimen. Más tarde, con la derrota de Napoleón, Europa gozó un
periodo de paz general por el agotamiento de las fuerzas sociales; sin embargo, en cuanto se
recuperaron éstas, empezó la revolución de 1848, cuyas consecuencias fueron las siguientes:

a) El nacimiento de una burguesía con un espíritu nacionalista.

b) La necesidad de un Estado fuerte y poderoso.

c) El deseo de la burguesía de participar en el gobierno.

d) El surgimiento del positivismo como ideología.

e) La aparición del proletariado con demandas propias.

f) El nacimiento del socialismo científico.

LA SOCIOLOGÍA COMO CIENCIA

La sociología como ciencia nace a principios del siglo xix, no obstante, ya había aportaciones como
los trabajos de Aristóteles en la antigüedad, Santo Tomás de Aquino y San Agustín en la Edad Media,
Maquiavelo y Bodin en la Reforma y el Renacimiento. Esas aportaciones no eran propiamente
sociológicas, incluso ninguno de los pensadores de aquella época se reconocía a sí mismo como
sociólogo. Es a principios del siglo xix cuando empezamos a encontrar pensadores que han sido
plenamente identificados como sociólogos. Éstos son los pensadores sociales que nos interesan, por
lo que iniciamos con una breve reflexión acerca de las fuerzas sociales e intelectuales más relevantes
que configuraron a la ciencia sociológica. Los primeros sociólogos comprendieron que el enorme
cambio que generó el paso de la sociedad feudal a la propiamente capitalista requería de una
ciencia, de una disciplina capaz de explicar el nuevo mundo que surgía en aquella época en donde
la producción de los bienes ya no sería una actividad muy ligada a cada persona, sino, por el
contrario, una actividad que desligaría a las personas convirtiéndolas en parte de una maquinaria
productiva deshumanizada.

La sociología como ciencia nace en Europa Occidental durante el siglo xix, fundada por Auguste
Comte en 1839. Este pensador francés pretendía encontrar la respuesta a muchos de los problemas
que en ese momento vivía Francia, como son los desórdenes sociales causados por la Revolución
Francesa. Comte define a la sociología como el estudio de las leyes del progreso, mientras que para
Herbert Spencer la sociología es la ciencia de la evolución social y Max Weber la considera como la
ciencia que estudia la acción social.

Como podemos darnos cuenta, la sociología ha sido definida desde su fundación de maneras
distintas; sin embargo, todas las definiciones coinciden en lo esencial: la sociología estudia la
interacción humana, la relación humana, los hechos sociales y sobre todo, el cambio social.

Podríamos concluir diciendo que la sociología es la ciencia de la sociedad, considerada esta sociedad
como conjunto de individuos que se interrelacionan y producen cultura; o bien, que la sociología
como ciencia estudia la vida social; también podría decirse que la sociología comprende el estudio
científico de la vida grupal de los seres humanos y su comportamiento social. Estas definiciones no
son de ninguna manera definitivas, porque la sociología está avanzando. Por tal razón, si en un
momento a la sociología le interesaron las estructuras, en la actualidad pone en el centro de su
interés a los sujetos sociales, quienes son los portadores de los cambios de las estructuras.

El positivismo y el surgimiento de la sociología

Auguste Comte vivió de cerca la Revolución Francesa y a su alrededor sólo observó un deplorable
estado de caos. Ante ese marco crítico, Comte se propuso buscar una solución que resolviera el
problema para lo cual era necesaria una ciencia teórica de la sociedad. Como esta ciencia no existía,
se dispuso a crearla, por ello se le considera el padre fundador de la sociología. Juzgaba que su física
social, al abordar directamente las necesidades y dolencias principales de la sociedad, contribuiría
a poner orden en ese caos.

Comte recibió la influencia de su profesor Saint-Simon, pero el positivismo de éste es de corte


socialista, según algunos de sus críticos; sin embargo, Comte se propone trabajar para la nueva
sociedad emergente, es decir, la burguesía naciente; a él no le interesaba descubrir la causa de los
hechos y se limitó a establecer las leyes que los rigen (le interesaba el orden). Estuvo influido por el
pensamiento de la época, en este caso de Hobbes, de quien tomó la expresión de física social;
Bonald, Maistre y Bossuet también lo influyeron; y en Montesquieu y Condorcet descubre las ideas
de orden y progreso.

Al final de la Revolución Francesa, la clase triunfadora fue la burguesía, en cuyas manos estaba el
poder, es decir, el poder feudal había terminado, junto con las antiguas clases sociales: aristocracia
y clero. A pesar de que se había apoyado en una filosofía revolucionaria como lo fue la Ilustración,
algunos sectores sociales continuaban agitando, retomando los conceptos de libertad, igualdad y
fraternidad, los mismos que habían sido promovidos por los burgueses.

Ante esta situación, se imponía la necesidad de invalidar la filosofía de la Ilustración, porque ahora
el poder alcanzado por la burguesía se veía amenazado. Pero cambiar una filosofía revolucionaria
implicaba crear una filosofía contrarrevolucionaria, la que pugnaría por un nuevo orden, pero
cuidando de no caer en el viejo sistema destruido por la revolución. En consecuencia, no podía ser
un orden estático, ni una dinámica sin orden: orden y progreso, como lo deseaba la burguesía
revolucionaria. Por lo tanto, tendría que ser una filosofía sin contradicciones en la que pudieran
estar los dos conceptos opuestos: orden y progreso.

Comte creó esta filosofía, la filosofía positivista, con la que trató de mostrar que sí cabía el orden en
el progreso.

El positivismo es una filosofía basada en dos principios para adquirir y fundar todo conocimiento;
según Auguste Comte: Todo conocimiento debe partir de la observación, experimentación y la
comparación, es decir, en datos que dan los sentidos y sólo es verdadero aquello que tenga una
explicación causal.

El conocimiento debe tener un sentido práctico. No se debe caer en la especulación, hay que buscar
un conocimiento útil, práctico y positivo.

En el fondo se trataba de restablecer el antiguo orden católico-feudal, pero puesto al servicio de


otra clase, que no era el clero ni la aristocracia. Comte y la clase a que pertenece son en el fondo
unos reaccionarios, quieren volver al orden desquiciado por la revolución, pero conservando las
ventajas obtenidas en la revolución. El sociólogo considera que la estructura de la sociedad es
inalterable, y esta estructura es la misma del estado teológico. Para él, los elementos inalterables
de toda sociedad son la religión, la propiedad, la familia y el lenguaje, los cuales deben permanecer
idénticos en sus tres progresivos estados. Lo que sucede en cada estado es que se van ordenando
mejor, alcanzando su perfección. El progreso significa para Comte un mayor orden.

Según Comte, la Sociología se divide de la manera siguiente:

1. La estática o teoría del orden. Se encarga de analizar las instituciones que forman parte del
funcionamiento social de cualquier sociedad de la convivencia humana, o sea, el fenómeno social
en reposo; por ejemplo, la división del trabajo entre grupos, la religión, la familia, etcétera.

2. La dinámica o teoría del progreso. La sociedad se encuentra siempre en proceso de cambio, pero
un cambio ordenado, según las leyes sociales. Se genera un proceso evolutivo en el cual la sociedad
progresa de un modo permanente hacia su último y armonioso destino bajo las leyes del
positivismo.

Comte considera que es necesario que haya en la sociedad hombres que dirijan y trabajadores que
obedezcan; superiores e inferiores deben estar subordinados a la sociedad. La sociedad debe estar
por encima de los intereses de los individuos. En ella los filósofos y los sabios bien preparados
deberán dirigirla dentro del orden más estricto conduciéndola hacia el progreso más alto.

Comte y su obra fueran prácticamente ignorados en Francia. Los ingleses fueron quienes los
estudiaron y a través de ellos llegó a Alemania posteriormente a Francia, donde a finales del siglo
xix, Durkheim, uno de los sociólogos más renombrados, le dio un nuevo impulso a la sociología de
su tiempo retomando las ideas de Comte, a quien reconoce como el creador de un método
sociológico al considerar la importancia que tiene de sustituir a la especulación por la observación.
Cree firmemente que la filosofía positiva, es verdaderamente el estudio original y el más importante
que existe sobre la sociología. Conviene mencionar que tanto Comte como Durkheim desarrollaron
teorías del cambio social desde la perspectiva evolucionista, lo cual era lo más avanzado en su época
dados los descubrimientos de Charles Darwin y otros científicos.

El objeto de estudio de la sociología

Émile Durkheim (1858-1917) es considerado el fundador de la sociología francesa. Estableció las


bases para la teoría estructural funcionalista y además se caracteriza por su enfoque sociológico, en
el que intenta fundamentar la cientificidad de los estudios sociales dándole importancia a la vida
social en la orientación de las conductas individuales.

El hombre, históricamente hablando, es producto de su tiempo, lugar y circunstancia. Durkheim


vivió muy de cerca las consecuencias que las instituciones de Francia sufrieron después de la derrota
de 1870 y, por lo tanto, buscó una ciencia que reconstruyera de la mejor manera su sociedad, esta
ciencia fue la sociología, ciencia de la sociedad.

Durkheim trabajó para sacar a la sociedad de la crisis en la que vivía, para lograrlo analiza y explica
y, de esta manera, se convierte en el fundador de la corriente sociológica estructural-funcionalista.

Buscó alejar a la sociología de la filosofía con el fin de darle identidad clara, finalmente logró alcanzar
separar a la sociología de la filosofía y psicología. De esta manera legitima a la sociología y en este
sentido difiere de Comte, quien se apoyó en la física, Spencer en la Biología y Tarde en la Psicología.

Durkheim señala que en la sociedad cada elemento tiene una función y la sociedad se observa como
un todo, es decir, un sistema en el cual sus partes están comunicadas entre sí, condicionadas entre
sí, lo cual significa que cualquier cambio de sus partes estructurales puede generar cambios
significativos en los demás, por la relación de interdependencia.

Esencialmente el estructural-funcionalismo es una teoría del orden social, un equilibrio donde cada
parte de la sociedad cumple con su función, mantener el orden; si esto sucede, entonces hay salud
social; en cambio, cuando algunas de las partes no cumplen con su función, entonces el orden deja
de funcionar y la sociedad entra en crisis lo que trae como consecuencia la generación de patologías
sociales, hay desórdenes, desviaciones sociales; es decir, domina la ausencia o debilitamiento de las
normas y las reglas, fenómeno al que denomina anomia.

En el marco de la concepción sociológica durkheimiana, la obra más importante de Durkheim es


“Las reglas del método sociológico”, en la que afirmó que el objeto de estudio de la sociología debía
ser el análisis de los hechos sociales.

Para Durkheim, un hecho social se caracteriza, en primer lugar, por la “notable propiedad de existir
fuera de las conciencias individuales”, de modo que el individuo lo encuentra delante de él como
realidad preexistente indiferente tanto a su presencia como al uso que haga de él. Poseen esa
propiedad las reglas jurídicas y morales, los dogmas y las organizaciones religiosas.
Hecho social es toda manera de hacer, fija o no, susceptible de ejercer sobre el individuo una
coacción exterior; o también, que es general dentro de la extensión de una sociedad dada a la vez
que tiene una existencia propia, independiente de sus manifestaciones individuales.

En “Las reglas del método sociológico” establece que:

1. La sociología tiene un objeto (los hechos) y método propio de estudio (el positivismo) que le
permiten superar la sociología espontánea, originada en el sentido común.

2. Considerar científicamente la vida social implica tratar los hechos sociales como cosas, o tratarlos
de fuera, observar los hechos como son y no como nos gustaría que fueran.

El investigador debe trabajar de la misma manera en que lo hace un investigador de las ciencias
naturales: observación externa, comparación, explicación causal por leyes, lo que no puede hacer
un sociólogo es experimentar en laboratorio con sus objetos de estudio, sólo observa un mitin, una
procesión, pero no los puede observar en laboratorio alguno.

LAS GRANDES CORRIENTES SOCIOLÓGICAS MODERNAS

Durante el siglo xix surgieron tres corrientes sociológicas modernas, todas ellas interpretando o
explicando los hechos sociales, por lo tanto, proponiendo su enfoque hacia la sociedad moderna
capitalista.

El materialismo histórico

Para comprender la concepción materialista de la historia es muy importante conocer lo más


sobresaliente del movimiento obrero en Europa, particularmente en Inglaterra, país considerado
cuna del desarrollo industrial y que vivió las consecuencia sociales por dicho desarrollo.

El nacimiento del movimiento obrero tiene una relación muy estrecha con el nacimiento del
marxismo porque los dos movimientos pusieron en evidencia las contradicciones del capitalismo,
por una parte, y por la otra, buscaron las explicaciones de esas contradicciones. El marxismo
buscaba encontrar soluciones a las paupérrimas condiciones en las que se hallaban los proletarios
europeos de principios de siglo.

Es necesario remarcar que las primeras máquinas eran demasiado elementales pero fueron
suficientes como para provocar el aumento en el rendimiento del trabajo, la reducción de costos de
producción y el aumento en la riqueza nacional, teniendo graves consecuencias para la sociedad
europea como, por ejemplo, la quiebra de los centros manufactureros y el incremento del dominio
de la ciudad sobre el campo. El campo inglés prácticamente desapareció, aparecieron las grandes
ciudades industriales y alrededor de ellas los arrabales, la producción de mercancías invadió el
mundo de la época.

Pero la consecuencia más relevante de la Revolución Industrial fue indudablemente la aparición de


dos clases sociales: la burguesía y el proletariado, de las cuales la primera vería aumentada su
riqueza, mientras que la otra su pobreza, su indigencia y su explotación.
En cuanto aumentó el uso de las máquinas en las fábricas, los obreros fueron desplazados de
manera prácticamente masiva, porque aquéllas podían hacer el trabajo de muchos obreros. En
consecuencia éstos fueron sustituidos por las máquinas. Como las máquinas eran muy fáciles de
manejar, pusieron a niños y mujeres al frente de las mismas, viviendo ambos grupos la mayor
explotación fabril. En 1839, por ejemplo, la industria inglesa registraba el más alto porcentaje de
mano de obra infantil y femenina.

En la medida que aumentaba la producción, aumentaban también los problemas sociales. De esta
manera nacen los primeros movimientos de obreros, que durante su lucha adquirieron conciencia
de su condición social, es decir, trabajadores explotados.

Al ser desplazados por las máquinas, en 1776 los obreros pidieron al parlamento inglés que
prohibiera su uso, lo mismo hicieron en 1780, 1794 y 1808. Sin embargo, el parlamento se negó a
aceptar su petición, hecho ante el cual los obreros optaron por asaltar las fábricas y destruir las
máquinas.

El gobierno respondió inmediatamente, haciendo valer una ley de 1769, la cual calificaba como un
crimen la destrucción intencionada de los edificios donde hubiera máquinas. Pero esa medida no
fue suficiente, pues diez años después 8000 obreros del condado de Lancaster –algunos de ellos
armados– participaron en la destrucción de máquinas. Este hecho se repitió entre 1811 a 1816; pero
esas acciones no fueron suficientes para detener el uso cada vez más frecuente de las máquinas. A
este movimiento obrero se le conoce como movimiento ludista; en memoria de su dirigente: Ned
Ludd.

Asimismo, los trabajadores empezaron a organizarse para afrontar la situación dominante. Para ello
promovieron una huelga que inmediatamente tuvo respuesta del gobierno, promulgando en 1799
una ley contra las huelgas y coaliciones, e inclusive llegó a amenazar a los trabajadores con la pena
de muerte. 25 años más tarde (en 1824) surgió una organización sindical, considerada ilegal por las
autoridades, pero gracias a la gran presión de los obreros los sindicatos fueron legalizados.

Un año después (1825), una crisis provocó la necesidad de reducir salarios a los obreros. Éstos
respondieron con huelgas pero fueron reprimidos y algunos tuvieron que vivir en la clandestinidad.
Como respuesta los trabajadores decidieron organizarse en cooperativas, buscando mejorar sus
situaciones.

Algunas de las características del cooperativismo son: el intercambio entre trabajadores de distintos
oficios; fomentar el comercio y la producción cooperativa; evitar entre ellos el carácter patronal y
fomentar el sentido de la solidaridad.

Las cooperativas propiciaron el nacimiento de “La Unión General de Trabajadores”, organización


que tenía como objetivos involucrarse en las luchas cotidianas de los trabajadores, promover entre
sus miembros un nuevo concepto del orden social. Como consecuencia de esta organización en 1834
aparecieron dos grandes organizaciones obreras: “Gran Alianza de Sindicatos” y “Sociedad para la
Regeneración Nacional”, ambas organizaciones tenían como objetivos convertirse en instrumentos
de los trabajadores.

Estas organizaciones causaron preocupación a patrones y gobierno, y como respuesta promovieron


paros patronales, a los huelguistas los despidieron y estos trabajadores eran marcados para que no
les dieran trabajo en otros centros laborales. Los trabajadores despedidos instalaron sus propios
talleres cooperativos y de esa manera se convertían en sus propios patrones.

La derrota que sufrieron los sindicatos en 1834 no fue definitiva. Al contrario, despertó mayor
interés en la política. Los trabajadores sacaron la conclusión de que la acción sindical sola no era
suficiente para enfrentar al parlamento. En adelante trabajaron la idea de unir a toda la clase obrera
para pedir que se concediera a todos los varones el derecho de sufragio y de esa manera lograr
cambios políticos. Con esta propuesta consideraban unir al mayor número de personas
descontentas para así tener capacidad de presión y lograr mejoras económicas. Esta “carta del
pueblo”, como se le conoce, se concretaba a cuestiones eminentemente económicas y se le llamó
cartismo.

A la carta del pueblo se unieron los contrarios a la nueva ley de beneficencia (1838), quienes
defendían la reforma de las fábricas, y todos los descontentos de los distritos urbanos e industriales,
los radicales, los republicanos y socialistas varios. Paralelamente a este movimiento surgió un plan
agrícola, el cual consistía en la compra de terrenos para formar colonias agrícolas y que éstas fueran
trabajadas por obreros. Esta petición fue rechazada por el Parlamento, lo cual dio como resultado
el desconcierto entre los obreros y el surgimiento de dos grupos: uno proponía una huelga general
y otro estaba por continuar con la campaña a favor de la reforma política.

En 1840-1842, hicieron uso de toda su capacidad organizativa para llevar a cabo la segunda Petición
Nacional, que esta vez tuvo mayor número de firmantes. Esta respuesta de los trabajadores tenía
como fondo la gran depresión que golpeó en la década de los cuarenta, cuya agudización fue en
1842. En este mismo año, estalló una serie de huelgas, en las que no estaban de acuerdo los
cartistas, pero que finalmente terminaron apoyando.

El movimiento huelguístico fue derrotado, hubo una especie de repliegue de parte de los
trabajadores, todo apuntaba que solamente un cambio en este movimiento podía alcanzar los
objetivos que ellos buscaban. Ese cambio implicaba un movimiento revolucionario, pero la
experiencia que tuvieron en 1839 les impidió llevarlo a cabo. Ante esta situación, los huelguistas se
vieron en la necesidad de regresar a sus fábricas, provocando desaliento entre la clase trabajadora.

Así, durante mucho tiempo los trabajadores ingleses no enfrentaron organizadamente otro
movimiento, para ellos las derrotas vividas eran irreparables. En lo sucesivo la lucha que dieron fue
de manera individual; es decir, se tenían que valer de su propia capacidad para defenderse pues la
clase media les había retirado su apoyo, por lo que ahora ponían su mirada en las ideas socialistas.

Al mismo tiempo, la situación obrera en el resto de Europa no difería mucho. En el caso de Francia,
después de la Revolución Francesa de 1789, se empezó a desarrollar la industria y las consecuencias
que trajo el desarrollo industrial fueron muy similares a las que vivió Inglaterra. Los trabajadores
franceses promovieron luchas muy parecidas a las que hicieron los ingleses. En 1830, en París, los
trabajadores tomaron las armas y se lanzaron a la revolución. En 1831- 1834 tejedores de Lyon
empezaron una revuelta. En 1832-1834 otra vez en París, se levantaron los republicanos.

En febrero de 1848 y a principios de 1849, Europa fue sacudida por una revolución, que resultó la
más extendida y la que logró menos éxitos. En Francia, centro natural y detonador de las
revoluciones europeas, la república se proclamó el 24 de febrero. El 2 de marzo la revolución había
llegado al sudoeste de Alemania, el 6 de marzo a Baviera, el 11 de marzo a Berlín, el 13 de marzo a
Viena y casi inmediatamente a Hungría, el 18 de marzo a Millán y por tanto a Italia. 1848 fue la
primera revolución potencialmente mundial cuya influencia directa puede detectarse en la
insurrección de Pernambuco (Brasil) y unos cuantos años después en la remota Colombia.

Las revoluciones de 1848, en lo general, lograron algunos avances, pero no los que la clase
trabajadora quería y la razón era muy clara: la clase obrera no estaba organizada, en cuestiones
políticas aún era muy inmadura y no tenía una conciencia de clase; varios de los sindicatos se
formaron en el desarrollo de la misma revolución, es decir, sobre la marcha. Y para que estas
revoluciones hubieran tenido sentido de clase era necesario una población numerosa de
trabajadores y tener una conciencia política e ideológica.

Pero si omitimos esos dos elementos, hay que señalar que en esta revolución participaron los
socialistas y los comunistas quienes se colocaron en la vanguardia desde el inicio, pero ellos también
carecían de rumbo, no plantearon nada más allá de la república burguesa.

Y como dice Hobsbawm: Lo que más pudo lograrse fue una república burguesa que puso de
manifiesto en Francia la verdadera naturaleza de la lucha futura que existiría entre la burguesía y el
proletariado, y uniría, a su vez, al resto de la clase media con los trabajadores, a medida que su
posición fuera más insostenible y su antagonismo con la burguesía se hiciera más agudo.

Hemos hecho un breve recorrido por los movimientos obreros ocurridos en Europa los cuales sirven
de preludio a nuestro tema de materialismo histórico, corriente ideológica desprendida del
marxismo, filosofía representada por Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820- 1895), ambos
alemanes, políticos y revolucionarios. El marxismo como todas las demás teorías, no solamente es
expresión de una clase social, también es expresión de las ideas de su tiempo cuya base son las
teorías más avanzadas de los siglos xviii y xix.

La situación revolucionaria alemana dividió a los seguidores de Hegel en dos grupos, unos de
derecha y otros de izquierda. Los primeros querían una filosofía con matices teológicos; los otros
querían una filosofía atea y revolucionaria. Éstos se juntaron en torno de la Gaceta Renana, revista
con ideas burguesas que criticaba al Estado prusiano, declarando que “Un Estado que no es la
realización de la libertad, es un Estado malo”.

En los primeros años de 1843, el gobierno alemán prohíbe La Gaceta; esta medida originó la
radicalización de algunos colaboradores, entre quienes se encontraba Marx. Éste, en su condición
de redactor, descubre cómo los intereses particulares unidos a la propiedad privada afectan a la
sociedad civil y al propio Estado. Además, esos intereses lesionan la libertad, racionalidad y la
universalidad del Estado.

Con este descubrimiento, los hegelianos de izquierda, entre los que se encuentra Marx, se imponen
la tarea de revisar la filosofía de Hegel para quitarle el carácter especulativo e idealista.

Para Hegel “El fin último y el interés de la filosofía es conciliar el pensamiento, el concepto con la
realidad”. Pero según la izquierda hegeliana, esta filosofía no resolvía el problema que en esos
momentos vivía Alemania. Por lo tanto, era necesario distanciarse de ese principio hegeliano para
hacer de la filosofía una práctica para transformar el mundo y en particular de Alemania.

En este caso, la Iglesia y el Estado eran los cimientos de la sociedad alemana por lo que la crítica
estaba enfocada hacia la religión, escritos muy abundantes de los hegelianos.

Marx critica a Hegel porque presenta lo real como ideal, considera a la sociedad civil como resultado
de la Idea, etc. Cambiar la filosofía se antojaba necesario para llevarla a lo práctico, real y material
y de esa manera resolver las contradicciones que existían entre los proletarios y la burguesía, que
habían sido evidenciadas durante las luchas obreras. Para Marx, usar la filosofía solamente para
criticar la realidad, no la cambiaría. Es pertinente que esta filosofía aterrice, es decir, que los seres
humanos la hagan propia, la comprendan y la practiquen para que de esa manera cambie la realidad.
Y los que transformarán la realidad son los proletarios, por la situación que ocupan dentro de la
sociedad capitalista.

Cuando los escritores socialistas asignan al proletariado este papel histórico universal no es porque
consideren a los proletarios como dioses. Su meta y su acción histórica se hallan clara e
irrevocablemente predeterminadas por su propia situación de vida y por toda la organización de la
sociedad burguesa actual.

Como consecuencia de todo esto, en 1843 Marx dice: la filosofía debe ser radical para transformar
el mundo, los que harán esa transformación serán los proletarios, la sociedad civil es la que
determina al Estado, entre otras de sus reflexiones.

Ante estas consideraciones, Marx estudia a la sociedad civil por lo que se deriva en él la necesidad
de estudiar economía. Es cuando lee a Smith y Ricardo; a partir de 1844 Marx y Engels estudian y
trabajan juntos en la política y la teoría, por lo que cuando nos referimos al marxismo, estamos
hablando de estos dos revolucionarios.

Pero es necesario hacer una precisión: el marxismo no es simplemente economía, una teoría social
o política, tampoco es una concepción de la historia; de ninguna manera se reduce a eso. El
marxismo es una concepción del mundo, dicho de otra manera, es una explicación total del mundo
y del ser humano.
Define al ser humano como un ser práctico y en este sentido la practicidad se sustenta como la
categoría central del marxismo, de ahí su concepción de los filósofos cuando decía: “Los filósofos se
han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo”.

El materialismo histórico concibe al cambio como Revolución, en donde los seres humanos tienen
un proyecto social de cambio dirigido conscientemente, a diferencia de la perspectiva evolucionista,
la cual cree que la revolución no es necesaria porque el cambio llegará por sí solo.

Después de la Segunda Guerra Mundial el pensamiento marxista es interpretado por distintos


pensadores, el más importante fue Lenin, pensador y activista político, impulsor del Estado
Soviético, nacido de las entrañas de la Rusia zarista, creador de los partidos Comunistas y de la
Internacional Comunista, todo esto desarrollado durante el siglo xx.

Actualmente, el pensamiento de Lenin es punto de encuentro y desencuentro entre los partidos de


izquierda en su búsqueda de rumbos que les permitan la participación política, al mismo tiempo que
logren alcanzar sus objetivos en una sociedad globalizada.

La situación de Rusia en los momentos en que Lenin se hace personaje central de la política marxista
era muy grave. En primer lugar, se vivían carencias de libertades democráticas, esta situación hizo
posible que el descontento de manifestara en un gran movimiento revolucionario, el cual se sumó
al grupo la Voluntad del Pueblo, que aglutinaba a los intelectuales opuestos al zar. Los seguidores
de la Voluntad del Pueblo fueron calificados como populistas; sus formas de lucha iban del
terrorismo a la participación del pueblo campesino; las concepciones ideológicas de los populistas
consistían en negarle al marxismo su capacidad de comprender el problema social ruso; negar la
capacidad que tenía Rusia para que se desarrollara el capitalismo; considerar a los campesinos como
única fuerza política, entre otros postulados.

Con estas concepciones teóricas, el populismo se hizo adversario político del movimiento marxista.
Aquí es donde Lenin enfrenta ideológicamente esta corriente; para él el marxismo sí tenía capacidad
de entender las condiciones sociales de Rusia y la tesis central del marxismo en el sentido de que la
realidad está sujeta a leyes, mas no a individuales.

Para combatir a los populistas, Lenin analizó la realidad rusa y en ese análisis concluyó que Rusia se
distinguía por ser un país capitalista y que estaba en proceso la destrucción de los restos feudales.
No estaba de acuerdo con la concepción determinista de los teóricos revisionistas, quienes
sostenían que para llegar al socialismo no era necesaria una revolución, contrario a lo que Lenin
opinara, pues para él era necesario preparar el camino a través de actividad consciente e intencional
de los seres humanos. Según él, las clases explotadas de la sociedad rusa serían determinantes en
la revolución. Obviamente, obreros y campesinos serían quienes dirigirían el destino de Rusia, por
ser ellos los motores de la economía y por su combatividad política.

Pero la clase obrera no tenía condiciones como para dirigir el proceso revolucionario, porque la
dirección requiere eficacia, dedicación absoluta en las tareas de la revolución, visión de conjunto de
la sociedad y no solamente de una fábrica o una escuela, que sepan explicar las causas de la
explotación y que estén consciente de la necesidad de llegar al socialismo, por lo tanto, la dirección
tendría que llevarla el partido de la socialdemócrata.

La estructura interna del partido necesariamente tenía que adaptarse a las condiciones de Rusia.
Eso quería decir que tenían que estar conscientes que no había libertades y, por lo tanto, estaban
sujetos a sufrir represiones constantemente; ante este marco de hechos, era necesario practicar el
centralismo democrático, el cual consiste en establecer estrategias programáticas a través de un
congreso, la actuación de la dirección sería entre congreso y congreso con una concepción teórica
marxista.

Esta concepción leninista se deslinda de la herencia teórica de la II Internacional en lo que respecta


al partido, queda también establecido que la tesis que sostenía que se llegaría al socialismo de
manera natural, no formaría parte de la filosofía leninista, de esta manera se rescata el pensamiento
de Marx y Engels.

Después de la Primera Guerra Mundial, la Unión Soviética se consolida, lo cual siembra muchas
esperanzas por los nuevos proyectos para trabajadores y los pueblos sometidos del mundo. Sin
embargo, la esperanza se diluyó con el arribo del stalinismo, el que instala un régimen dictatorial y
en consecuencia antidemocrático.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial es la manifestación de los conflictos no resueltos en la


Primera Guerra Mundial o que quedaron pendientes entre las potencias imperialistas y la crisis
general del capitalismo. En esta guerra el imperialismo norteamericano consolida su poder
hegemónico y asume el papel de guardián del mundo.

La posguerra en Europa representó la lucha de los sectores populares, temor hacia la Unión
Soviética, apoyo al Plan Marshall, se promueve un nuevo proyecto conocido como Estado de
Bienestar, el que fue aplicado a grandes sectores de la población. En el aspecto político fue apoyado
el sistema de partidos políticos y la democracia como forma de gobierno. Los más favorecidos
fueron los partidos socialdemócratas.

Ante este movimiento independentista, los países imperialistas cambian la manera de dominar a los
países atrasados y crean el neocolonialismo. En este modelo los países son independientes
políticamente pero no económicamente. Con esta nueva forma de dominio, el país más beneficiado
fue Estados Unidos del Norte.

Los cambios que más destacan en esa época son las revoluciones de China, Cuba y Vietnam, las
victorias anticapitalistas de estos países abrieron la esperanza de poder llegar al socialismo. Pero, al
agrietarse el bloque de los partidos comunistas, se abre el camino para el nacimiento de nuevas y
distintas opciones que permitan revoluciones en los países capitalistas y la manera de edificar el
socialismo. Las condiciones hacen posible la disidencia de euro-comunismo y la vía china, vietnamita
y yugoslava en la forma de construir el socialismo.

La URSS también deja traslucir grietas en el aspecto político y económico, que inmediatamente
afectaron a la población. Esto se dejó ver en 1956 en Hungría con los movimientos populares en los
que se pedía mayor apertura democrática y un nuevo modelo económico. Este hecho lo vivió
Checoslovaquia en 1968, donde se manejaron las mismas demandas. Estos movimientos,
lógicamente, fueron reprimidos. Este proceso terminó con la caída del muro de Berlín y en
consecuencia el sistema soviético en los países del Este de Europa y de la URSS. Toda esta serie de
acontecimientos implicó la pérdida de una opción de gobierno como lo era el socialismo.

Todos estos procesos, indudablemente significaron cambios en las estructuras sociales del mundo.
Los elementos que dieron origen a los sindicatos y los viejos partidos comunista, socialdemócrata y
liberal, dejaron de ser necesarios; otros definitivamente dejaron de existir. Los sindicatos y
organizaciones de las clases medias, así como organizaciones campesinas se diluyeron. Era
necesario explicar los cambios, crear nuevos conceptos o llenar de contenido los que aún estaban y
lo mismo había que hacer con la teoría social. En este sentido el marxismo era cuestionado, lo mismo
los conceptos del Estado de Bienestar. Era importante ofrecer explicaciones de los nuevos
fenómenos.

Las ideas de Lenin no fueron las únicas dentro del materialismo histórico. A él se le puede señalar
que fue un sociólogo capaz de generar una nación, pero desde lo que llamaremos un marxismo
objetivista. Sin embargo, también existieron marxistas que consideraron el punto de vista
subjetivista de la sociedad, como es el caso de Antonio Gramsci, teórico italiano (1891- 1937) que
se dio a la tarea de rescatar al marxismo de las concepciones vulgares, a las que lo habían llevado,
al considerar como tesis central el determinismo económico u objetivista.

Gramsci fue uno de los teóricos preocupados en conocer las causas de la derrota del movimiento
revolucionario europeo de finales de la Primera Guerra Mundial de los años veinte. Conoció al
marxismo a través de la II Internacional, concepción que privilegiaba la estructura económica sobre
otros factores de la sociedad, además, consideraba que la superestructura no era más que un reflejo
de las relaciones económicas. Esta concepción dio paso a que algunos teóricos conservadores
llamaran determinismo económico al marxismo.

Ante esta concepción, Gramsci establece como su objetivo el estudio de la relación entre la
estructura y superestructura, al mismo tiempo que analiza el papel que juegan las ideologías y la
política en el proceso social.

Para llevar a buen fin tan importante tarea, crea sus propios instrumentos conceptuales, con los
cuales pueda entender la relación entre economía, ideología y política y los instrumentos
metodológicos que elaboró fueron: bloque histórico y hegemonía. Por bloque histórico entendía la
explicación de unidad de la totalidad social en una situación histórica. Esta concepción había
desaparecido en la II Internacional.

La estructura y superestructura, la II Internacional la hacía aparecer en dos momentos separados y


donde la superestructura era indiscutiblemente efecto de la estructura. Por bloque histórico había
que entender la unidad que existe entre estructura y superestructura en una situación histórica
determinada, de lo cual se desprende que en una formación social pueden darse distintos bloques
históricos.
Para Gramsci, el bloque histórico está formado por dos elementos: sociedad civil y sociedad política.
Sociedad civil se le considera a la familia, el sistema educativo y una organización política, etcétera.

El fin de estas organizaciones ideológicas consiste en transmitir a las clases dirigidas el pensamiento
de la clase dirigente. Se comunica la concepción de mundo que la clase dirigente quiere que sepa la
clase dirigida y lo hace por medio de la filosofía, sentido común, religión, folklore.

El fin de una concepción del mundo es la aceptación o rechazo de una situación social dada, lo que
condiciona su rechazo o aceptación, mientras que la sociedad política está constituida por
instrumentos coercitivos de dominio a través del uso de la violencia.

El Estado tiene como elementos constitutivos sociedad civil, sociedad política, consenso y coerción.
La relación que se establece con la coerción y consenso expresa el grado de estabilidad del bloque
histórico, las dos forman parte de la misma totalidad. Si en esta relación se pierde el control,
entonces estamos frente a un problema, es decir, si domina la violencia sobre el consenso, según
Gramsci la clase dirigente ha perdido el control. Al mismo tiempo, el bloque histórico es resultado
de la correlación de fuerzas relacionadas en una sociedad determinada y expresa alianzas y
compromisos de la clase dirigente con la clase dirigida, esto motiva negociaciones para combinar
intereses.

En el bloque histórico, Gramsci le da un papel a los intelectuales, quienes según él aseguran la


relación entre estructura y superestructura y los define como hombres estrechamente ligados a la
producción y la política, y el quehacer de ellos es dirigir las actividades de los grupos humanos,
principalmente.

Entre los intelectuales existen aquellos que tienen funciones políticas o ideológicas, éstos
cohesionan o dividen a los integrantes del bloque histórico. El otro grupo de intelectuales son
teóricos o políticos de una clase, Gramsci los llama orgánicos. Las funciones que desempeñan los
intelectuales políticos son: ministros, funcionarios, oficiales del ejército, etc. Los intelectuales
orgánicos se desempeñan como ideólogos de clase, profesores, dirigentes sindicales, etcétera.

De esta manera una clase se convierte en dirigente, formando sus intelectuales orgánicos. Entonces
cuando hay una ruptura de un bloque histórico estamos presenciando la pérdida de hegemonía de
la clase dirigente. En esta crisis la clase que triunfe sobre la dirigente, solamente será si tiene
hegemonía sobre la clase subalterna.

Según Gramsci, un bloque histórico se rompe solamente si: la superestructura no guarda relación
con la estructura, si la clase antagónica logra una hegemonía sobre la clase subalterna. Si esta
concepción es correcta, entonces no toda crisis política o económica es un problema estructural.
Ésta sólo se da si afecta a las clases dirigentes, no es suficiente la crisis económica para un cambio
revolucionario. Esto se ha demostrado de dos formas: la primera es que un cambio en las
condiciones económicas no asegura la felicidad de una sociedad y ésta tenderá a buscar salida, como
fue el caso de la desaparición del Bloque Soviético. La segunda de que existen países con graves
crisis económicas y no necesariamente hay revoluciones, sino gobiernos altamente conservadores
basados en el miedo de las personas a perder lo poco que tienen. De ahí que la visión de Gramsci
que incluye a los factores culturales y subjetivos (superestructurales) a los de Marx (los económicos)
es un punto de vista más utilizado en la actualidad que los de Lenin y mucho menos lo son los de
Stalin.

La sociología comprensiva

A partir de 1870 en los países industrializados, el capitalismo de libre empresa es rebasado por el
capitalismo monopólico, esto permitió que la sociedad capitalista completara su desarrollo interno.

El capitalismo monopolista o imperialismo, como se le conoce también, requirió de más colonias y


territorios donde pudiera encontrar materias primas y mercados para los productos de su industria.
También requería de otros lugares donde pudiera invertir sus excedentes de capital.

Al instalarse el modelo imperialista, paradójicamente las organizaciones sindicales, partidos


políticos y obreros tendieron a incrementarse, lo que dio como consecuencia al surgimiento del
movimiento socialdemócrata de corte marxista. Éste pugnó por mejorar las condiciones del
proletario internacional así como implantar el socialismo. Los socialdemócratas se organizaron en
la II Internacional de Trabajadores. Sin embargo, en el transcurso del tiempo la II Internacional fue
llevada por sus dirigentes a convertirse en sostén del capitalismo, al que en sus inicios decían
combatir.

El Imperialismo y la Primera Guerra Mundial significaron el empobrecimiento de los sectores


populares, por la escasez de alimentos. Esta situación fue muy marcada en los imperios ruso y
austro-húngaro. La inconformidad por la guerra se incrementó pues la falta de alimentos y tierras
de cultivo de los campesinos creció tanto que el pueblo derrumbó al gobierno zarista e instaló una
república de tendencia burguesa en febrero de 1917. Una vez instalado este gobierno, el pueblo se
organizó en consejos (soviets) que conformaron un gobierno paralelo al establecido. En los meses
de febrero a octubre se desató una lucha férrea por el poder político entre los dos poderes. Esta
lucha terminó con la instalación de la República Soviética en octubre de 1917.

La escasez de alimentos, las pérdidas humanas en una guerra sin fin, más los efectos de la Revolución
Rusa, el descontento se acentúa en toda Europa, lo que dio paso a levantamientos en contra de la
guerra y la política de los gobiernos. En Rusia, los obreros y soldados formaron consejos. Alemania,
por su parte, depone al gobierno de Guillermo II y en su lugar se establece una república que
encabezaron los socialdemócratas (República de Weimar).

Los movimientos revolucionarios se extendieron por prácticamente toda Europa. Se instalaron


consejos obreros en Austria, Holanda, Italia, entre otros. Algunos países asumieron la dirección
política, como fue el caso de la República Socialista Hungría de 1919.

El descontento obrero dio lugar al nacimiento de grupos socialistas contrarios a la socialdemocracia.


Éstos en su mayoría formaron los partidos comunistas y tomaron las directrices del Partido
Comunista Ruso. Esto ocurrió en marzo de 1919.
La teoría social nace y crece bajo las condiciones que le determinan las circunstancias sociales. En
este caso concreto, las teorías estaban en torno del imperialismo (1870-1925) y el desarrollo de la
clase obrera. La concepción que sirvió de punto de partida para la conformación de nuevas teorías
en ese período fue el marxismo.

Sin embargo, ese marxismo fue diferente al planteado por sus fundadores. De ahí la denominación
revisionismo. Éste deforma el espíritu que le dieron Marx y Engels. Esta nueva concepción no acepta
la teoría del valor y la plusvalía; la dialéctica la sustituyen por el evolucionismo spenceriano; el
determinismo económico lo consideran fundamental, en tanto las ideologías no cuentan.
Planteaban llegar al socialismo mediante la vía electoral; la dictadura del proletariado la
consideraban violatoria de la democracia.

No obstante esa concepción, constituyó una preocupación para la clase conservadora por lo que
hubo reacción frente a la teoría revisionista. Primero la ignoraron, luego la conocieron y la refutaron.
Ante esta concepción teórica apareció el pensamiento de G. Sorel (1847-1920), en Francia; B. Croce
(1866-1952) en Italia; P. Struve (1870-1944) en Rusia y Max Weber (1864- 1920) en Alemania, estos
personajes tuvieron mucha aceptación en los partidos obreros y en el pensamiento conservador.

Max Weber (1864-1920) era considerado el teórico de los conservadores. Su sociología tuvo mucha
aceptación en los Estados Unidos de Norteamérica, Alemania y Francia actuales. Su aceptación parte
desde su concepción del método sociológico, sus conceptos respecto a la sociedad y el rol de las
ideas en el proceso histórico. Actualmente sus ideas han sido fundamentales para fundamentar
muchos de los cambios que llevaron a las democracias de hoy.

El punto de partida de Weber es la teoría marxista y su influencia en el movimiento obrero, teoría


que a lo largo de sus trabajos combate. Principalmente, al marxismo ortodoxo de la Unión Soviética.
Esto porque la burocracia de esa nación se volvió lo que él temía en sus escritos: una Jaula de Hierro.
Políticamente Weber abogaba por ponerle límites al capitalismo. En el caso de su país, Alemania, la
burguesía era la clase revolucionaria pues los aristócratas impedían el progreso del mismo, ya que
se oponían a la modernización de las estructuras políticas pues se afectarían sus intereses. Sus
propuestas fueron entonces de tipo reformista, cambios dentro del mismo sistema sin una
transformación radical al estilo de los rusos, pues vio que ese camino llevó de nueva cuenta a un
tipo de dictadura. Fue un impulsor de la democracia desde el Partido Democrático Alemán. Acusaba
al comunismo europeo de haberle allanado el camino al nazismo.

Elaboró su teoría con bases científicas para dar respuestas a las preguntas científicas. Ese bagaje
teórico o metodológico consistió en: los valores y la neutralidad axiológica del científico; el tipo
ideal; la causalidad adecuada y la comprensión. Los valores son maneras de apreciación y de
estimación de los fines últimos de la sociedad y en consecuencia están estrechamente relacionados
con la conciencia individual de los hombres.

En cuanto a la investigación científica, la valoración determina el tema de investigación, la


delimitación del tema a investigar y la determinación de qué es lo esencial y qué lo accesorio. Esta
visión permite tener distintos puntos de vista acerca de un asunto, por lo que la investigación social
nunca termina, pues un mismo asunto puede ser tratado de distintos puntos de vista, según sea la
visión del investigador.

Pero una investigación deja de ser valorativa en el momento en que se selecciona el tema y se separa
lo esencial de lo accesorio. La investigación debe someterse a la lógica del propio planteo del
problema, debe comprobar sus hipótesis.

Por ejemplo, si un trabajo de investigación parte del interés en saber por qué los estudiantes
reprueban y desertan de la escuela, este tema presenta varios matices. Sin embargo, al delimitarlo
esta situación no permite dudas, porque en la delimitación estableceremos a qué clase de
estudiantes nos referimos, al tipo de escuela, grado escolar, etcétera.

Como podemos ver, el problema de la subjetividad (valoración) de toda investigación científica


radica en la elección del tema de estudio, mientras lo objetivo (racionalización) descansa en la
explicación y demostración. En tanto que la neutralidad axiológica del científico, no otra cosa que el
investigador, sólo se concreta en describir y explicar, pero no valorar.

Por ejemplo, en la Revolución Mexicana debemos decir cómo fue, pero no debemos decir que fue
buena o fue mala. Sin embargo, cada quien tiene su punto de vista, la única manera de neutralizar
a la subjetividad de cada opinión es hacerla explícita; el escritor debe dar a conocer, de acuerdo con
Weber, la posición social o la ideología desde donde la escribe.

En cuanto se tiene el tema de investigación, el siguiente paso consiste en elaborar los instrumentos
teóricos. Esos instrumentos de investigación son los tipos ideales, los cuales pueden definirse de la
manera siguiente:

a) Imaginariamente construye cómo sería una conducta modelo, partiendo del supuesto de que el
individuo conoce su situación, sus fines y sus medios para lograrla. En este supuesto, las conductas
del ser humano se dan con plena conciencia de su situación, motivos y fines. Sin embargo, en la
realidad no funciona, pero al sociólogo le sirve para su modelo.

b) Si observamos, este modelo o tipo ideal para no desviarnos de la concepción de Weber, sólo sirve
como un recurso para medir la distancia entre una acción y la propuesta que es ideal.

c) Si comparamos nuestro tipo ideal con la acción real, no es para ver qué tan exacto es el modelo,
sino para medir la distancia con el hecho real.

El tipo ideal es una construcción mental, parte de considerar los aspectos puramente racionales de
una acción, para saber cómo se debería ser o cómo se hubiera desarrollado. Como se trata de un
ideal, el sociólogo lo considera un instrumento y por lo tanto, tiene bien claro que la acción
verdadera no fue así, pues intervinieron otros factores tales como el sentido y motivos irracionales
y por eso la acción es una desviación del modelo racional. Si observamos, el tipo ideal nos acerca,
nos permite entender el grado de desviación entre el modelo racional y la acción real que cruza
elementos racionales e irracionales, combinación entre fines y objetivos claros como motivos y fines
confusos.
A este pensamiento teórico se le conoce como “teoría de la acción social” porque establece a la vida
social como un mundo de estructuras y funciones, pierde de vista que las personas actúan con
método. Se le conoce como “sociología comprensiva o hermenéutica” porque busca captar el
significado de las acciones sociales acudiendo a la comprensión o interpretación del actor, es decir,
ponerse en los zapatos del otro para entender sus motivos de sus decisiones y acciones.

Con el método comprensivo el científico social procura estar en el lugar del sujeto de estudio. Ésta
es una ventaja de las ciencias sociales sobre las ciencias naturales. El mundo natural está constituido
por cosas, los cambios que se registran en ella se dan de manera ininterrumpida y necesaria, ese
transcurrir de acontecimientos es inevitable. Esto no se puede afirmar en los hechos sociales,
porque éstos son actuaciones de los seres humanos.

Los seres humanos valoran, trazan sus propias metas y objetivos, mientras que los seres naturales
no tienen esa virtud. En consecuencia, en la sociedad, los acontecimientos son impredecibles, cada
acontecimiento es muy particular e irrepetible, las causas que los generan son únicas y singulares.

Las causalidades en las ciencias sociales y ciencias naturales son completamente distintas una de la
otra. En la primera no puede repetirse un fenómeno, mientras que en la segunda sí se puede.

El estructural-funcionalismo

El siglo xix nos acostumbró a las fórmulas concluyentes que describían determinismos rigurosos en
los que el futuro podía deducirse del presente. El siglo xx derrumbó estos esquemas. Ahora las
teorías sociales toman elementos de una y otra teoría –en otros momentos hacer esto se caía en el
eclecticismo– y esto dificulta la ubicación y clasificación.

En la tendencia conservadora de la teoría social, la concepción que más ha penetrado en la


sociología es el positivismo, que en los momentos de dar explicaciones de los hechos sociales usa
elementos del historicismo, lo que le ha permitido llenar algunos vacíos teóricos.

Este procedimiento, o este hacer de la teoría social, lo que más le preocupa es la explicación de los
fenómenos sociales, sin darle mayor importancia a la pureza teórica o metodológica. Esta
combinación y recombinación teórica y metodológica dificulta la ubicación de la tendencia, por lo
que se queda en libertad de ubicársele en posiciones diferentes simultáneamente.

En este encuadre está Parsons (1902-1979), quien pretendió hacer una síntesis de Durkheim y
Weber para aplicar su modelo no solamente a la sociología, sino también a las ciencias humanas.
Luchó por construir un sistema o una teoría general de la acción. A través de su obra “La estructura
de la acción social” dio a conocer la teoría clásica europea a los sociólogos estadounidenses. Creó
su propia teoría, indudablemente Parsons es el teórico estadounidense más importante, sus colegas
han usado y citado sus teorías.

Desde el punto de vista teórico, el estructural-funcionalismo consiste en considerar que las reglas
sociales y las instituciones o estructuras están sobre el individuo. Ve a la sociedad como un conjunto
formado por partes y que tiene como función fundamental cooperar en el mantenimiento del todo
social, según Comte y Durkheim.

Esta manera de ver el mundo, que Parsons calificó de determinista porque no le deja ninguna opción
de maniobra al individuo, le quita su conciencia, sus ideales, y por lo tanto, propone su teoría
sociológica estructural funcional y su punto de partida es la acción.

Por acción debe entenderse a toda acción humana, colectiva o individual, consciente o inconsciente.
El concepto de acción incluye todas las conductas exteriorizadas, los pensamientos, los
sentimientos, las necesidades, etc.

Esta acción, se sitúa necesariamente, de acuerdo con Parsons, en cuatro planos:

1. Plano biológico, de las necesidades del organismo fisiológico. Pertenece al campo de estudio de
la biología.

2. Plano psíquico, en el que se ejercita la personalidad, es decir, el sistema constituido por los
elementos tomados del comportamiento. Pertenece al campo de estudio de la psicología.

3. Plano social, o de las interacciones entre los actores sociales individuales y los grupos sociales
sobre las bases normativas dadas. Pertenece al campo de estudio de la sociología.

4. Plano cultural, o de las ideologías, de los conocimientos, símbolos sociales. Es campo de estudio
de la antropología.

La acción es, de alguna manera, la resultante de las influencias que se emiten a partir de estos cuatro
planos. Cada una de las ciencias que corresponde a cada nivel no debe perder de vista, al analizar
su campo específico, el marco general de la acción, que es el único real.

De los cuatro planos mencionados puede aislarse y analizarse en sí mismo como sistema, pero
integra un sistema cerrado; permanece abierto sobre los otros. Cuando decimos que los
subsistemas son abiertos, queremos decir que están implicados en los procesos de intercambios
con los otros subsistemas circundantes, es decir, intercambios entre lo cultural y la personalidad,
intercambios entre la personalidad y el organismo, intercambios entre el organismo y el entorno
físico.

Puede hablarse de estructuras y de sistemas cuando los conjuntos de elementos y de relaciones


entre estos elementos están en situaciones de interdependencia suficientemente estable en el
tiempo.

El concepto de límite significa que existe una diferencia significativa teórica y empíricamente, que
tiende a mantenerse entre los procesos internos del sistema, por una parte y, por la otra, los que
son externos. Ilustremos ese punto de vista con lo siguiente: una laguna, un desierto, un bosque,
una ciudad, etc. pueden ser considerados como sistemas en relación con su ambiente. Sin embargo,
los planos biológicos, psicológicos, sociológicos y culturales están en relación de interdependencia
y de complementariedad, es natural que se les considere como subsistemas de un sistema global:
el sistema de acción.

Ningún subsistema es privilegiado; es necesario volverlo a situar constantemente en una dimensión


globalista: la acción humana. De esta manera, la sociología, por ejemplo, que estudia el subsistema
social, debe estar situándose constantemente en el conjunto de las ciencias humanas y no puede
reclamar, según Parsons, un lugar privilegiado y totalizador.

En estas condiciones, Parsons dice que el sistema social es como cualquier interacción humana,
donde los individuos resuelven sus necesidades; se interrelacionan y, esa relación u orientación se
da de acuerdo con normas culturales compartidas en su sociedad, lo que implica valores. Esta
perspectiva del sistema social comprende algo que pertenece a la cultura.

La cultura –dice Parsons– es producto y determina la interacción humana, es además trasmitida,


aprendida y compartida. Su tema fundamental es: el funcionamiento de estructuras. Si queremos
entender su aportación sobre el estructural-funcionalismo debemos conocer las posiciones, los
papeles, la situación social y las normas institucionales.

- Posición: lugar del actor en un sistema social o estructura.

- Papel: conducta del actor en la interacción humana, dicho de otro modo, es su función en el
sistema social.

- Normas institucionales: establecen la conducta apropiada, de acuerdo con la cultura, que debe
tener la persona al representar el papel social.

- Normas que rigen los papeles interdependientes constituyen una institución y ésta es el objeto
central de la sociología, la que define como:

Teoría de los sistemas sociales que trata de la institucionalización.

Dice que por medio de esta institucionalización los sistemas sociales se unen, se integran y
estabilizan. Une a la sociedad y la cultura; a la personalidad y la motivación. Su obra es la primera
de los contemporáneos y a la vez la última de los clásicos. Es un paradigma –junto con el
materialismo histórico– de lo que sería la sociología de la primera mitad del siglo xx. Si el
materialismo histórico llevaría a la formación de sociedad como el Bloque soviético, las ideas de
Parsons permitieron armonizar a los Estados Unidos en un momento de crisis previo a la Segunda
Guerra Mundial.

Las obras sociológicas clásicas puede decirse que están ubicadas en diferentes grados entre los ejes
Orden/Cambio y Equilibrio/Conflicto y resuelven estos dilemas de manera diferente. Pondríamos
esquemáticamente a Comte, Durkheim y Parsons del lado del Orden y el Equilibrio y a Marx, Lenin,
Gramsci del lado del Cambio y el Conflicto. Esto no quiere decir que su obra sólo trate de eso, sino
que le da más peso a un lado que del otro. Weber y Giddens se puede decir que buscaban un
equilibrio entre ambas partes.
Estas formas de explicar los cambios de la sociedad no son solamente científicas, sino expresan sus
ideas políticas. Cabe mencionar que el materialismo histórico llevaría a corrientes como la Teoría
Crítica y el Configuracionismo y el Estructural- funcionalismo a las teorías de sistemas. Todas son
corrientes sociológicas modernas, en la segunda mitad del siglo xx aparecería el posmodernismo,
que sería crítico a todas éstas.

NOTAS PARA PENSAR…

Antecedentes epistemológicos

En las ciencias sociales en general existen dos fuentes de pensamiento claves: el Iluminismo
del XVIII y el Positivismo del XIX.
La teoría funcionalista está muy vinculada a los desarrollos que tuvieron las ciencias naturales
durante el siglo pasado.
A través de Comte y su filosofía positiva, se expresa la estrecha relación entre la biología y la
sociología. Además este autor ejerció una gran influencia en los sociólogos y antropólogos
posteriores desde otras categorías conceptuales que fueron los pilares del positivismo, como
por ejemplo las ideas de orden y progreso.
Otro sociólogo, Spencer, establecería un estrecho paralelismo entre las sociedades humanas y
los organismos biológicos. Esa correspondencia analógica en Spencer se establece al comparar
por un lado al individuo social con las células del organismo, ambos, como partes integrantes
de un todo, tienen una función que cumplir: mantener la actividad armónica de ese todo.
Spencer fue el primero en utilizar el término función para tratar de explicar la realidad social.
Durkheim, sociólogo francés, fue la gran fuente de inspiración de la escuela funcionalista
inglesa, sin realizar un reduccionismo biológico al estilo de Spencer. Dice que para explicar un
fenómeno social hay que buscar tanto la causa que lo ha producido como la función que cumple.
Siendo el paradigma positivista el marco del desarrollo de sus ideas, Durkheim pensaba que los
fenómenos sociales se combinaban para mantener la armonía dentro de la sociedad, lo que a
él le interesaba era estudiar los procesos de solidaridad social para dar cuenta de sus aspectos
normativos e integradores; el conflicto y la desintegración social atentan contra el orden y sólo
este puede llevar al progreso.
- Cómo influyeron estas ideas en la antropología (ejemplo)
Las ideas de Durkheim marcaron el pensamiento de Malinowski, Radcliffe-Brown y Pritchard,
quienes pusieron un marcado énfasis en la teoría de la integración de la cultura y la antropología
entre el modelo orgánico y el funcionamiento social. Es en Radcliffe-Brown donde aparecen
estos conceptos con más fuerza, a través de su conceptualización de la sociedad como un todo
estructurado, constituido por un orden moral y la implementación de normas que regulan su
funcionamiento. En Malinowski está también la influencia de Freud y de las teorías psicológicas
del siglo XX.

Materialismo histórico
A mediados del siglo XIX, mientras el positivismo de Comte y Spencer se vinculaba con los
intereses políticos de quienes buscaban conservar el orden social se desarrollaba
paralelamente un sistema teórico cuyas influencias han marcado profundamente no sólo a las
ciencias sociales sino también al desarrollo de la clase e, inclusive, la historia política misma
desde 1848.
Marx y Engels ejercieron un gran influjo sobre un particular momento histórico y su contribución
a la teoría social y a la práctica política se extiende hasta el presente. A partir del marxismo y
del debate contra él, se desarrolló gran parte de la teoría social. Su trascendencia deriva del
carácter sintetizador que logró la teoría marxista entre la filosofía alemana, la economía política
inglesa y el socialismo francés.
Si se observan las consecuencias sociales que tuvo la teoría marxista vemos que muchos
Estados la invocan como justificación de sus programas político-sociales, colocándola como
base de sus sistemas educativos. Todos los partidos comunistas fundamentan su política
teóricamente en Marx y Engels; y los partidos socialistas de muchos países los reconocen como
los fundadores del socialismo moderno tomando su concepción de la sociedad como punto de
partida de sus planes de reforma.
No podemos pasar por alto el fenómeno del marxismo si se quieren comprender los hechos y
las discusiones teóricas del pasado y del presento y sobre todo si se tiene en cuenta que las
contradicciones sociales que puso de manifiesto permanecen sin superar en nuestra realidad
presente.
Del idealismo al materialismo
Marx no puede ser encasillado en ninguna de las disciplinas porque su obra completa es una
crítica a la ciencia burguesa en tanto expresión de los intereses de una clase de la sociedad
capitalista. Esta crítica no tiene como objetivo la construcción de una nueva
ciencia imparcial, pura, sino que se propone la comprensión de la realidad social y para su
transformación. La crítica no se realiza desde la supuesta objetividad positivista sino en íntima
relación con la lucha práctica por la emancipación del movimiento obrero.
Esta nueva concepción crítica es conocida como concepción materialista de la historia.
Las tres fuentes en las que se apoya Marx son la economía política inglesa, la política francesa
y la filosofía alemana, destruyendo los compartimientos estancos en que se hallaban, e
integrándolas en un sistema unitario donde los cohencitos teóricos están unificados a un plan
de acción política.
La teoría Marxista se desarrolló en relación al surgimiento de la sociedad moderna dominada
por la gran industria y a la nueva realidad social resultante de las contradicciones de esa
sociedad: la clase obrera.
Marx muestra que el desarrollo de la sociedad capitalista, el progreso técnico y el aumento de
la riqueza que conlleva no tenía como consecuencia el aumento de la riqueza de las naciones
sino de tan sólo una clase dentro de ellas, con su reverso inevitable: el empobrecimiento de una
parte cada vez mayor de la sociedad. El orden social por él observado producía la
deshumanización del ser humano.
Marx concibe al ser humano como un ser activo que sólo puede realizarse en la medida que se
relacione con la naturaleza en forma activa, creadora y productiva. Lo concibe como
infinitamente perfectible y que el progreso se puede observar en su creciente emancipación con
respecto de la naturaleza y en su control consciente sobre esta. El ser humano se hace humano
al crear un mundo humano: el mundo de los productos de la mano y del pensamiento. La
especificidad humana solo puede exteriorizarse en una actividad: en el trabajo consciente y
libre.
El trabajo no es sólo una actividad económica, un medio para mantener la vida, sino que es la
actividad esencial del ser humano, el medio para desarrollar su propia naturaleza El ser humano
es libre cuando se reconoce a sí mismo en su obra, en el mundo que él mismo ha creado.
Marx observa que el capitalismo impide al ser humano desarrollar sus potencialidades humanas,
provocando como consecuencia de la alienación, la deshumanización.
El carácter alienado del trabajo es la forma que adquiere como resultado del proceso histórico
iniciado con la separación del productor y los medios de producción.
El proceso histórico que crea la relación social capital requiere encontrar dos clases de
poseedores de mercancías diferentes: por un lado los propietarios de dinero, medios de
producción y de subsistencia, y por otro lado los trabajadores “libres”, quedándoles como último
recurso la venta de su capacidad de trabajo.
Las clases se constituyen a partir de la identificación de intereses antagónicos, lo que en la
teoría marxista se define como lucha de clases. El antagonismo tiene como fundamento los
diferentes modos de apropiación, los cuales generan sus correspondientes formas de
conciencias. Este enfrentamiento desborda los límites del plano económico, convirtiéndose en
una lucha política.

Material elaborado por la cátedra

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