VITALE LUIS.
HISTORIA
COMPARADA DE LOS PUEBLOS DE
AMÉRICA LATINA. TOMO 1
1
Tercera Parte
Capítulo I
A LA BUSQUEDA DEL ORO
El objetivo primordial de la conquista española y portuguesa consistió en la explotación de
metales preciosos para colocarlos en el mercado europeo. El espíritu de cruzada, la divulgación
del cristianismo, el ansia de fama y gloria de los conquistadores -hijos del despertar
renacentista- fueron factores que coadyuvaron, pero no imprimieron a la conquista su
característica esencial. Menos valederos son los argumentos que esgrimieron los cronistas de la
época para justificar la sed de oro: civilizar al indio "subhumano y débil mental" y salvarlo de la
poligamia, la sodomía y el canibalismo. Por el contrario, el análisis científico de los hechos,
basado en documentos y pruebas relevantes, demuestra que los objetivos básicos de los
españoles y portugueses fueron la conquista de oro, tierras y mano de obra indígena. Lope de
Vega lo dijo en su momento: "so color de religión / van a buscar plata y oro / del encubierto
tesoro".
Desde las primeras cartas de Colón se evidencia que la conquista de América se hizo bajo el
signo del dinero, "esa celestina universal", como diría Shakespeare. En 1503, Colón escribía
desde Jamaica a la reina Isabel: "¡Cosa maravillosa es el oro!. Quien tiene oro es dueño y señor
de cuanto apetece. Con oro hasta se hacen entrar las almas al paraíso".238 En carta al Papa
Alejandro VI, Colón prometía cincuenta mil infantes para rescatar el Santo Sepulcro, calculando
que el Nuevo Mundo proporcionaría más de cien quintales de oro al año. En carta del 15 de
octubre de 1524, Hernán Cortés informaba al rey que los dineros invertidos iban a rendir más
del mil por ciento de ganancias, debido a la gran cantidad de oro y mano de obra para explotarlo
que existía en México. Frailes jerónimos comunicaban al rey en 1512 que "de quinientos a mil
hombres que van, no conocen estando allá sujeción a Dios cuando más a vuestra majestad, han
gastado cuanto tenían por ir a venir cargados de oro".239
El itinerario de los conquistadores muestra claramente que la finalidad de los españoles y
portugueses era encontrar oro y plata. Cuando los yacimientos de oro de las islas del Caribe se
agotaron, la conquista se desplazó a México, luego a Colombia y, finalmente, a Perú y Chile.
Agotada la producción de oro de la isla La Española, los conquistadores pasaron a México: "en
trance de extinción la riqueza aurífera y la mano de obra (de las Antillas) el descubrimiento de
nuevas tierras surge como esperanza única y cada vez más fuerte".240
En menos de una década, los españoles exploraron casi todas las islas del Caribe, especialmente
Cuba, Jamaica, Puerto Rico y La Española. En 1513, Balboa avistó el Pacífico. Durante la década
de 1520-30, se inició la conquista de México y Centroamérica. Y en la próxima, la de Colombia,
Ecuador, Perú, Bolivia y Chile. Paralelamente, comenzaba la conquista de Uruguay, Argentina y
Paraguay, hasta la zona delimitada por el Tratado de Tordesillas entre Portugal y España. Los
portugueses, a su vez, habían comenzado la conquista de algunas regiones de Brasil, buscando
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denodadamente oro, que recién encontrarán en abundancia en el siglo XVIII.
Como signo inequívoco de que los conquistadores buscaban oro y plata, los informes de esa
época al rey versaban fundamentalmente sobre la cantidad de metales preciosos que
arrebataron a los indios. La producción media anual de oro mexicano entre 1531 y 1537
ascendió a 72 millones de pesos, en contraste con los 120.000 pesos que produjeron las Antillas.
Otra de las zonas abundantes en oro fue Nueva Granada (Colombia). "La producción de oro de
Nueva Granada, que Haring reduce a la tercera parte de la cifra aceptada por Soetbeer, arroja,
sin embargo, una media anual entre 1538 y 1560, de 71,9 millones de maravedíes".241
El rescate del inca Atahualpa totalizó 5.720 kilos de oro y 11.000 de plata. El reparto de los
tesoros del Cuzco ha sido estimado en 2.537 kilos de oro y 35.212 de "plata buena". Según von
Hagen, los primeros envíos de Pizarro al rey "valían más de veinte millones de dólares en
metálico, y veinte veces más este valor en términos de moderno poder adquisitivo. Jamás en la
Historia habíase visto tanta riqueza junta en Europa".242 La mayor parte de los tesoros incaicos
fue destruida no tanto por el desconocimiento de su valor artístico, como se ha dicho, sino
fundamentalmente por su valor en metálico. Millares de objetos artísticos labrados en oro y
plata fueron fundidos y convertidos en moneda para las arcas de la monarquía.
Según las estadísticas más autorizadas, la producción de oro y plata indianos entre 1503 y 1560
ha sido estimada por Soetbeer en 173 millones de ducados; por Lexis en 150 millones y por
Haring en 101 millones.
La causa esencial de esta rápida recolección de metales preciosos fue el grado de adelanto
minero-metalúrgico que habían alcanzado los aborígenes de América Latina. El desarrollo de las
fuerzas productivas autóctonas permitió a los españoles organizar en pocos años un eficiente
sistema de explotación. De no haber contado con aborígenes expertos en el trabajo minero
resultaría inexplicable el hecho de que los conquistadores, sin técnicos ni personal especializado,
hubieran podido descubrir y explotar los yacimientos mineros, obteniendo en pocas décadas tan
extraordinaria cantidad de metales preciosos. En fin, los indios americanos proporcionaron los
datos para ubicar las minas, oficiaron de técnicos, especialistas y peones, y aportaron un cierto
desarrollo de las fuerzas productivas que facilitó a los españoles la tarea de la colonización.
EL GENOCIDIO DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS AMERICANOS
Los conquistadores españoles y portugueses cometieron uno de los genocidios más grandes de
la historia universal. Millones de aborígenes fueron exterminados tanto por vía de las armas
como de las enfermedades provocadas por los virus de tifus y viruela introducidos por los
europeos. Otros murieron en los socavones de las minas y en los lavaderos de oro, a raíz de la
brutal explotación a que fueron sometidos. De aproximadamente 40 millones de indígenas que
existían en el siglo XV, de acuerdo a estimaciones de algunos autores y 14 millones según otros,
sobrevivió sólo una quinta parte en el primer siglo de la conquista.
En algunas regiones, como la actual República Dominicana, la población aborigen fue totalmente
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exterminada. Según Frank Moya Pons: "En 1508, fecha en que se realizó un censo de indios,
solamente quedaban 60.000 de los 400.000 que aproximadamente había cuando Colón pisó la
isla por primera vez".244 En 1520, sólo quedaban 3.000 indios. El pirata Drake, que se apoderó
durante varios días de Santo Domingo, informaba a su reina en 1585 que no quedaba ningún
indio en esa parte de la isla. Fenómeno similar se dio en la mayoría de las islas del Caribe,
especialmente en Cuba y Puerto Rico. A su tiempo, los ingleses, franceses y holandeses
cometieron el mismo genocidio en el resto de las Antillas. Hacia el siglo XVII, la población
indígena del Caribe estaba extinguida.
En México, el exterminio fue también brutal. En menos de cien años, la población cercana a los
20 millones bajó abruptamente a un poco más del millón. La población del imperio incaico, que
bordeaba los 10 millones en el siglo XV, quedó reducida a un poco más de 2 millones en un siglo
de "colonización" española; una de las regiones de ese imperio, el actual Ecuador, vio disminuida
su población de un millón a doscientos mil. En Chile disminuyeron de un millón a menos de
200.000; Rolando Mellafe ha estimado que en los primeros 80 años de la conquista fue
exterminado el 70% de los indígenas del antiguo imperio incaico.245 Los portugueses también
cometieron en Brasil un genocidio igual o peor.
Bartolomé de las Casas fue el primero en denunciar la matanza de los aborígenes. Sus
descripciones, casi dantescas, llamaron la atención del rey de España, quien se dio cuenta del
grave riesgo de perder la mano de obra, sin la cual no era posible explotar las minas, las
plantaciones y las haciendas. La monarquía dictó Leyes de Indias que, bajo un manto
humanitario, escondían la verdadera intención; preservar la mano de obra indígena.
En una interesante nota sobre el Padre Las Casas, el escritor José Martí señalaba: "Es verdad que
Las Casas por el amor de los indios aconsejó al principio de la conquista que se siguiese trayendo
esclavos negros que resistieran mejor el calor; pero luego que los vio padecer, se golpeaba el
pecho y decía ¡Con mi sangre quisiera pagar el pecado de aquel consejo que di por mi amor a los
indios!".246
LOS INDIGENAS VISTOS POR LOS CONQUISTADORES
Si bien es cierto que la mayoría de los cronistas observó con muchos prejuicios la realidad
indoamericana y la deformó deliberadamente para justificar la explotación de los indígenas,
hubo otros, como Fernández de Oviedo, Bernardino de Sahagún, Alonso de Ercilla, Antonio de
Montesinos y Juan del Valle que trataron de entender la vida cotidiana de los aborígenes.
Bartolomé de las Casas, que se hizo sacerdote en nuestra América y que pronto renunció a ser
encomendero por entender que era una de las más brutales formas de opresión indígena -
reconoció que las condiciones de vida de los indios eran buenas antes de la llegada de los
españoles: "Estaban abundantísimos de comida y de todas las cosas necesarias de la vida; tenían
sus labranzas, muchas y muy ordenadas, de lo cual todo tener de sobra y habernos con ello
matado la hambre".247
Algunos cronistas no tuvieron reservas en destacar la integración plena del hombre con la
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naturaleza. Describían asombrados la exuberancia de la naturaleza, la riqueza en peces de los
ríos y mares, el clima y, obviamente, la abundancia de metales preciosos. La ferocidad de las
tierras también les llamaba la atención con sus productos, como el maíz, la yuca, el cacao y el
tabaco, las yerbas medicinales y el chile. También dejaron testimonios elocuentes sobre la
grandeza de las ciudades, como Tenochtitlán y El Cuzco, tanto de sus mercados como de su
arquitectura y estructura social.
Uno de los aspectos más interesantes fue el cristal con que los cronistas más veraces vieron a las
mujeres indígenas. Las encontraron orgullosas, audaces, libres, trabajadoras, luchadoras y bellas.
Se sorprendieron de su blancura bronceada y su capacidad para manejar el arco y la flecha. Se
dieron cuenta de que el incesto tenía connotaciones distintas en las diferentes culturas. En
Mesoamérica no podía darse una relación entre hermanos, mientras que en el antiguo imperio
incaico era estimulado, especialmente por los incas, para impedir que se mezclara la etnia.
Descubrieron que nuestros pueblos aborígenes no le daban a la virginidad la misma importancia
que ellos. Laurette Sejourné ha hecho una importante selección de textos de cronistas donde se
muestra el comportamiento de la mujer aborigen en el momento de la conquista.
En la zona andina, las mujeres realizaban también múltiples tareas. El cronista Cieza de León
relata que en la Real Audiencia de Quito y en las proximidades de El Cuzco "las mujeres son las
que labran los campos y benefician las tierras y mieses, y los maridos hilan y tejen y se ocupan
en hacer ropa".249
Los cronistas españoles se sintieron también impresionados por el régimen de gobierno de los
aborígenes. No solamente destacaron el aparato estatal de los imperios inca y azteca sino las
formas políticas de las diferentes comunidades. "Según Oviedo, en Nicaragua los reinos
hereditarios eran reemplazados por comunidades regidas por senados o asambleas de ancianos,
hombres venerados, escogidos mediante votación, que se reunían en un edificio especialmente
a fin de discutir los asuntos del grupo hasta que el acuerdo o desacuerdo fueran unánimes. Esta
democracia, que obligaba a tomar en cuenta varias opiniones, resultó molesta para los
españoles".250
En relación a la propiedad territorial, Pedro Mártir comentaba: "Es cosa averiguada que aquellos
indígenas poseen en común la tierra, como la luz del sol y como el agua, y que desconocen las
palabras 'tuyo' y 'mío', semillero de todos los males (...)".251 250
El cronista Landa ponía de relieve el sistema de trabajo cooperativo practicado por los indígenas:
"Los indios tienen la buena costumbre de ayudarse unos a otros en todos sus trabajos".252
Pedro Mártir destacaba "que la idea de apropiación de las tierras les era extraña a su mentalidad
(...) no se vio jamás entre ellos ni proceso ni querella, lo mío o lo tuyo no eran ni siquiera
conocidos".253 Como decía un jefe guaraní: "Queremos demostrar que no nos gusta la
costumbre española de 'cada uno para sí' en lugar de la ayuda mutua en los trabajos
cotidianos".254
CITAS:
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238Citado por MARX: El Capital, Tomo I, p. 145, ed. cit.
239TORRES DE MENDOZA: Colección de Documentos Inéditos del Archivo de Indias, Tomo 12, p. 235, cit.
por NESTOR MEZA: Estudio sobre las formas y Motivos de las Empresas Españolas en América y Oceanía,
Santiago de Chile, 1937.
240JAIME VICENS V.: Historia Social y Económica de España y América, T. II, p. 521, Ed. Teide, Barcelona,
1958.
241RAMON CARANDE: Carlos V..., op, cit., p. 324.
242VICTOR V. VON HAGEN: Los reinos americanos del Sol, p. 12, Ed. Labor, Barcelona, 1964.
243ANGEL ROSEMBLAT: La población indígena y el mestizaje en América, Ed. Nova, Buenos Aires, 1954,
estimó que la población bordeaba los 14 millones, pero recientes estudios como los de PIERRE CHAUNU:
L'Amerique et les amériques, p. 67-69, Ed. A. Colin, Oleáns, 1964, han elevado la cifra a 40 millones.
RICHARD KONETZKE: La época colonial. América Latina, p. 92-95, Ed. Siglo XXI, México, 1977, la sube a
cerca de 80 millones.
244 FRANK MOYA PONS: Manual de historia dominicana, p. 27, Ed. Univ. Católica, Santo Domingo, 1977.
245ROLANDO MELLAFE: La esclavitud en Hispanoamérica, Ed. Eudeba, Buenos Aires, 1964.
246JOSE MARTI: El Padre Las Casas, en Antología Mínima, T. II, p. 107 y 108, Ed. Ciencias Sociales, La
Habana, 1972.
247 BARTOLOME DE LAS CASAS: Historia..., op. cit., Libro III, cap. XXIII, p. 460.
248 LAURETTE SEJOURNE: Antiguas culturas precolombinas, p. 126, Ed. Siglo XXI, México, 1971.
249 CIEZA DE LEON: El señorío de los Incas, op. cit., p. 272.
250 L. SEJOURNE: op. cit., p. 132.
251 Citado por Ibid., p. 139.