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Introducción al Barroco: Contexto y Características

El documento habla sobre la literatura barroca en España durante los siglos XVI y XVII. Describe características como el orden cerrado y la tensión de contrastes que definieron esta época, así como los reinados de los Austrias Menores y la crisis política, económica y demográfica que enfrentó el país.

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Introducción al Barroco: Contexto y Características

El documento habla sobre la literatura barroca en España durante los siglos XVI y XVII. Describe características como el orden cerrado y la tensión de contrastes que definieron esta época, así como los reinados de los Austrias Menores y la crisis política, económica y demográfica que enfrentó el país.

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Tema 1.

Introducción a la literatura barroca

El Barroco es un periodo caracterizado por un conjunto de rasgos culturales que se


desarrolla en los inicios de la Edad Moderna. Se denomina la Modernidad temprana o el
Imperio alto moderno, supondría que, en la Edad Moderna, habría una serie de rasgos que
lo diferenciarían de la Edad Media frente a la Edad Contemporánea que se caracteriza por
la democracia burguesa y el surgimiento y desarrollo del capitalismo.

En la Edad Moderna, encontramos cambios políticos como afianzamiento de la


monarquía. Se produce la unificación del sistema legal.

El periodo corresponde a la segunda mitad de la segunda parte, a partir de finales del


reinado de Felipe II, desde 1599 hasta la entronización de Felipe V abarca el Barroco.
Siglo XVII. Desde el punto de vista socioeconómico el siglo XVII no se diferencia del
XVI, la situación política de España mantiene unas constantes en las estructuras jurídicas
y políticas, la organización económica, y se produce un cambio de coyuntura. Hay una
serie de procesos que hacen que España pase a ser una potencia discutida y al final del
siglo una potencia derrotada.

El Barroco corresponde a una serie de rasgos épico cultural en el marco de un periodo


histórico la primera parte de la Edad Moderna o Modernidad temprana, que en España
corresponde a la segunda parte del reinado de la Dinastía Austriaca.

La sociedad del siglo XVII

En Francia, se consolida una forma de estado denominada monarquía absoluta, con la


concentración del poder en manos del rey y sus cortesanos próximos. En otros países
como Holanda o Inglaterra la burguesía crece en importancia y los parlamentos
empiezan a controlar el poder real: gobierno parlamentario y gobierno absoluto. Todo ello
se produce entre graves conflictos: revueltas campesinas, guerras religiosas…

La España del siglo XVII

En esta época, corresponde a los reinados de los austrias menores: Felipe III (1598-1621),
Felipe IV (1621-1665) y Carlos II (1665-1700).

Hay dos válidos, el Duque de Lerma que cae en desgracia, y en los últimos años el Duque
de Uceda. Felipe IV, como valido tuvo al Conde Duque de Olivares, cuando la situación
se descontrola con la Revolución de Cataluña y la Independencia de Portugal. Intenta
tomar protagonismo en el gobierno. En época de Carlos II tenía otro invalido, por su mala
salud. Primero gobierna el Cardenal Nithard, confesor de su madre, después su primo
Juan José de Austria y después el Duque de Medinaceli.
En el gobierno de Felipe III y Felipe IV se produce la Guerra de los Treinta Años (1618-
1648): España, Austria, Baviera y Liga Católica contra las potencias protestantes Francia,
Holanda, Inglaterra, Suecia y estados alemanes. El resultado se salda con la Derrota
Española en Rocroi (1643), utilizada como emblema de la perdida de la hegemonía, el fin
del imperio. Finalmente se llega a la Paz de Westfalia (1648) que en la práctica supone
el fin de la hegemonía de la casa de Austria en Europa, tomando Francia el relevo. El
reinado de Carlos II es más tranquilo, pero para España va a plantear un problema, muere
sin sucesor directo, y genera la Guerra de Sucesión.

Situación de crisis. En España asistimos a un paulatino declive y perdida de hegemonía


política y una situación de crisis económica endémica.

- Situación política. En el siglo XVII la monarquía española se caracterizó por el


autoritarismo y la cesión del poder a los validos: secretarios de Estado responsables
de las decisiones políticas. Hay un refuerzo del poder real.

- Situación económica. Las guerras de finales del reinado de Felipe II, y los constantes
conflictos posteriores causaron la quiebra del Estado, que se declaró tres veces en
bancarrota. La presión fiscal, la inflación, las malas cosechas y el estancamiento de
la producción acrecentaron la miseria y el paro.

- Situación demográfica. Las epidemias, hambrunas y guerras, además de la expulsión


de los moriscos, provocaron un notable descenso demográfico. La situación no fue
homogénea. Así, la crisis demográfica en Catilla abarcó desde 1575 a 1675, pero en
Cataluña solo de 1620 a 1640.

1. El Barroco

Se denomina Barroco al periodo que sigue al Renacimiento (XV-XVI). El Barroco


comienza a manifestarse a finales del siglo XVI hasta el XVII. El término se aplicó
primero a las artes plásticas, designa una época que va desde finales del siglo XVI hasta
mediados o finales del siglo XVIII, en que triunfa el Neoclasicismo.

El Barroco es una etapa artística distinta del Renacimiento, pero basada en él. Afecta a
toda creación, tanto intelectual como artística y se inicia cuando los dos rasgos principales
del Renacimiento son sustituidos por dos características típicamente barrocas. Hay
diferencias estéticas que nacen de una diferencia de mentalidad, hay una visión distinta
del mundo.

Hay dos rasgos fundamentales del Renacimiento que cambian la manera de ver el mundo
y la manera de plantearse la creación artística entre el Renacimiento y el Barroco. El
orden abierto del Renacimiento se sustituye por un orden cerrado del Barroco, y el
equilibrio armónico se sustituye por una tensión de contrastes. Es un periodo de
contracción. Hay un cambio de mentalidad.

Renacimiento

1. Orden abierto (optimismo epistémico). El Renacimiento ha visto crecer el mundo


y toma conciencia de la posibilidad del cosmos abierto e infinito. Se cambia
conceptualmente el centro del universo basándose en la divinidad y en el hombre.
Como consecuencia, hay un aumento del misticismo y el protestantismo, que
cuestiona las verdades de la iglesia. Hubo una nueva aspiración social de ser ‘letrados
gentilhombres’. Condición equiparable a la nobleza gracias a la condición de letrado.

2. Equilibrio armónico. Se intenta manifestar la creación artística, la idea de la


composición en el arte renacentista está marcada por esa búsqueda del equilibrio

Barroco

1. Orden cerrado. Se vuelve a una cierta idea de clausura debido a la etapa de


contracción del Barroco. En consecuencia, de las guerras de religión, libros
prohibidos por la iglesia, y otros problemas sociales.

2. Tensión de contrastes. Se ha conseguido someter a presión esos elementos


renacentistas, suscitan la idea de un mundo tensionado. Ese orden cerrado se percibe
como una tensión de contrastes. Esa mentalidad de ver el mundo es la nueva
inspiración artística, pues se utiliza el sistema de valores del mundo en el que esta
inmenso.

El Barroco no es propiamente pesimista, el sentimiento que hay es el del desengaño, que


se produce en relación con determinadas coas, como las cosas terrenas, aquellas que a los
renacentistas les parecía que merecía la pena, pero en el Barroco no es así.

Entre Renacimiento y Barroco no hay una ruptura sino evolución: los temas y recursos
formales barrocos son los mismos empleados en el Renacimiento, pero con un tratamiento
distinto. El autor barroco procura crear nuevas formas con los materiales renacentistas.
1.1. Características del Barroco

Mentalidad barroca. Mientras que en el renacimiento hay una aceptación de la


inmanencia (ser humano en el mundo), en el Barroco hay una constante aspiración a la
trascendencia y al infinito (carácter subordinante), tiene que ver con la idea de la
transcendencia divina, pero no únicamente. Esa aspiración al infinito contrata con la
capacidad del ser humano para alcanzar el infinito, el ser humano tiene unas limitaciones,
no es eterno ni puede abarcarlo todo. Esto es uno de los elementos fundamentales para
aspirar esas cuestiones.

Se busca la esencia de las cosas, en una concepción metafísica tradicional inalcanzable


por los sentidos. La esencia absoluta (ser mismo) es la divinidad. Esa búsqueda de la
esencia tiene las mismas imitaciones que en la aspiración al infinito. Se pueden detectar
esas tensiones entre una serie de principios contrapuestos. Caracteres subordinados:

- Manifestaciones en las que prima el racionalismo frente al subjetivismo


- Textos donde se advierten los textos más degradables de la realidad: naturalismo
(decimonónico) frente al simbolismo, pues hay una tendencia a la sublimación y a
fijarse en las cosas como símbolo de algo que está más allá de las cosas.
- El dinamismo (movimiento brusco) frente a la morosidad (lentitud de la descripción)
- El ascetismo (rechazo de las cosas de este mundo) frente a la sensualidad (recreación
de los detalles sensibles)

Los tres últimos rasgos no se organizan en pares: contraste, jerarquización y ternura.


Los elementos en los que se articulan esos contrastes de una manera más concreta:

- La aspiración al infinito contrasta con la idea de lo que todo nos rodea es finito
- La búsqueda de lo esencial cuando todo es prescindible, frente a la contingencia
- La búsqueda de la eternidad frente a la temporalidad
- Hay una dualidad interna y constitutiva, el alma frente al cuerpo

Esa tensión es inherente a la propia constitución del ser humano, y del mundo en el que
está. Se refleja mediante la discordia concors (discordia concorde): paradójicamente la
máquina del mundo funciona como un sistema de contrapesos, en la que estos elementos
discordes mantienen una concordia. Su personificación se hace mediante la figura de los
filosofo presocráticos Demócrito y Heráclito, en la tipificación que habían tenido desde
la antigüedad tardía.

A Heráclito se le retrata como el filósofo que llora (philosophus flens) porque ante el
espectáculo del sin sentido del mundo le provoca llanto, es el padre de la dialéctica,
mientras que a Demócrito se le retrata como el filósofo que ríe (philosophus ridens), no
se ríe con el mundo sino de él. El contraste entre la aspiración a lo infinito y la finitud que
nos rodea, es el desengaño: La cuna y la sepultura.
La temporalidad, la sensación y sentimiento del paso del tiempo. se expresa mediante
tres tópicos: fugit irreparabile tempus, volatilis aetas, omnia vicit tempus. Implica
mutabilidad, lo que no es eterno es porque cambia, se degrada y desaparece. La
mutabilidad es un efecto de la temporalidad. Se manifiesta en el dinamismo, que queda
plasmado de manera paradigmática en la columna salomónica. Esa mutabilidad produce
morosidad, un detenimiento. El sentimiento de ternura nace de una empatía que
producen las cosas que sabemos que están condenadas a desaparecer.

La concepción del mundo como mudanza e incesante cambio produce en el arte


dinamismo y movilidad. Este rasgo se combina a menudo con la teatralidad.

La temporalidad, una forma de la mudanza es la fugacidad, el paso de las cosas implica


su desaparición. Esa fugacidad termina en la muerte, produce por un lado una reacción
ascética (las cosas tienen fecha de caducidad): vanitas, comtemptus mundi, y por otro
lado una reacción sensual (las cosas que se puede captar por los sentidos): carpe diem,
aurea mediocritas.

La Estética barroca

Literariamente, el Barroco es la continuación de temas y formas renacentistas. El escritor


conserva los hallazgos renacentistas, pero sin despreciar a los autores clásicos, se
distancia de ellos siguiendo su apreciación personal. Así surge un espíritu creador que
presenta caracteres propios y definidos.

La estética del asombro. Se busca lo nuevo, lo original, lo sorprendente para excitar


la sensibilidad y la inteligencia del lector. Se utilizan brillantes imágenes, novedades
estilísticas, ideas ingeniosas, o se sirve de lo pintoresco, lo grotesco y lo hiperbólico.

La búsqueda de lo sorprendente adapta la forma de conceptismo: un acto del


entendimiento que expresa la correspondencia que se halla entre los objetos. Una forma
elemental del concepto es la metáfora, utilizamos un elemento para referirnos a otro en
cuestión. Cuanto mayor sea la rareza el concepto será más valioso e ingenioso. Cuanto
más sutil sea la relación entre lo que expresamos y nos referimos, se considera más
valioso. Sus formas de analogía son:

- Equivoco: referirnos a una cosa que se parece a otra jugando con la ambigüedad
- Antífrasis: decir una cosa en vez de la contraria
- Paradoja: decir que algo no es lo que es
- Antítesis: cuando hay b indica una polaridad
- Metáfora: a en lugar de b por semejanza
- Metonimia: a en lugar de b por contacto
- Hipérbole: a en lugar de b por el grado, utilizar un elemento que se parece a b pero
que es superior, produciéndose un efecto de superación.
Todos estos mecanismos son los que caracterizan la estética conceptista, que es una
manera de articular esa estética. Cuando esa correspondencia no es obvia, empleando
sustituciones que cuestan seguir, estos mecanismos generan la estética de la dificultad:
el escritor considera que el goce estético y el esfuerzo personal del lector-receptor están
en relación de proporción directa, es decir, el lector disfruta más de una obra cuanto más
esfuerzo intelectual tiene.

La estética del asombro tiene un componente de dificultad, pero no es necesariamente


difícil, lo que sucede es que, dentro de ella, hay un sector literario que intenta ir más lejos
recurriendo a esa estética de la dificultad. Ha dado lugar a estas dos denominaciones:
conceptismo y culteranismo, los cuales se han producido en la historiografía literaria
del siglo XIX.

Los culteranos no se oponen al conceptismo, sino que es una especialización del


conceptismo. Hay muchos poetas que utilizan recursos de tipo culterano, aunque el
conjunto de su promoción no lo son. No son do movimientos opuestos, no se puede hablar
de autores puramente conceptista frente a autores puramente culteranos. El culteranismo
es una manera más específica de cultivar el conceptismo. Gracián se considera el mayor
representante de la estética conceptista.

El conceptismo y el culteranismo no constituyen dos movimientos opuestos, pese a los


duros enfrentamientos personales de sus defensores, sino que responden a una
sensibilidad estética general que persigue la originalidad y pretende admirar al lector.

Tanto en la versión más general (conceptismo) como en la especializada (conceptismo


culterano) se rompen los ideales renacentistas de naturalidad y armonía y sustituyen por
los de artificio y contraste.

Capítulo I del Buscón de Quevedo. Pablos habla de su familia, empezando por


su madre. Los márgenes de la sociedad se han desarrollado por más peculiares
de hablar, que forman señas de identidad del grupo, y sirven lenguaje secreto.
Este lenguaje se denominaba en la época germanía: el habla de la hermandad de
los marginados. En esa búsqueda de elementos, ha hecho que conozcamos esa
lengua.

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