“Estuve pensando que nadie me piensa.
Que estoy absolutamente sola.
Que nadie, nadie siente mi rostro
dentro se sí ni mi nombre
correr por su sangre.
Nadie actúa invocándome,
nadie construye su vida incluyéndome.
He pensado tanto en estas cosas.
He pensado que puedo morir
en cualquier instante y nadie
amenazará a la muerte
nadie la injuriará por haberme arrastrado,
nadie velará por mi nombre.
He pensado en mi soledad absoluta,
en mí destierro de toda
conciencia que no sea mía.
He pensado que estoy sola
y que me sustento sólo de mí
para sobrellevar mi vida y mi muerte.
Pensar que ningún ser me necesita,
que ninguno me requiere, para completar
su vida.”
-Domingo 16 de diciembre de 1958
ANILLOS DE CENIZA
A Cristina Campo
Son mis voces cantando
para que no canten ellos,
los amordazados grismente en el alba,
los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.
Hay, en la espera,
un rumor a lila rompiéndose.
Y hay, cuando viene el día,
una partición de sol en pequeños soles negros.
Y cuando es de noche, siempre,
una tribu de palabras mutiladas
busca asilo en mi garganta
para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio.