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Pies Hinchados de Ana María Vallejo

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PIES HINCHADOS

De Ana María Vallejo

(Miniobra encargada por The English Stage Company at the Royal Court Theatre
para ser estrenada en el programa de autores internacionales del 2002)

PERSONAJES

Margarita
Leticia la hija de Margarita
El hombre

Un camino, anochece, Los tres caminan.

Margarita:
¿Y a usted por qué no lo mataron?

El hombre:
Porque no me vieron.

Margarita:
Alcanzó a esconderse.

El hombre:
No, pero no me vieron.

Margarita:
¿Fue de día?

El hombre:
A plena luz del sol, mi mujer rayaba coco sentada en un banquito... Yo lloré sentado en
ese banco cuando todo quedó en silencio. Antes de eso no pude decir nada, no la
defendí, ni grité, ni me moví. Yo esperé parado a que vinieran a matarme a mí, pero no
me mataron. Mataron a los demás y le dispararon al marrano que hacía bulla pegado a la
palma de Chontaduro. Después empecé a caminar y no he parado.

Leticia recoge un palito del suelo, intenta ponérselo de brazo a una muñeca a la que le
falta uno. Mira a Margarita y se ríe. Margarita le sonríe también y le da un pedazo de
plátano.

Margarita:
Yo si he parado, unos días aquí otros allá. Pero no hay donde quedarse, no sé cuál de
todos esos pueblos me pareció el más solo. Y si hay tan poquita gente y tan callada es
porque por ahí también pasaron o también van a pasar. Yo nunca los he visto. Cuando
en mi pueblo dijeron que nos teníamos que ir, cogí a mi niña y caminé carretera abajo
como todos. No pregunté para donde íbamos. No supe quienes eran, ni por qué hacían
eso. ¿Quiere un plátano?

El hombre:
Bueno, gracias.
Leticia:
Mamá, tengo sueño.

Margarita:
No, ahora no te puedo cargar, ni el señor tampoco, está más flaco que yo.

Los tres se ríen.

Leticia: (Cantando)
Los pollitos dicen pío, pío, pío
Cuando tienen hambre, cuando tienen frío.
La gallina busca el maíz y el trigo
Les da la comida y les presta abrigo.
Acurrucaditos bajo sus dos alas
Hasta el otro día duermen los pollitos.

Margarita:
¿Usted tiene familia en el puerto?

El hombre:
No creo.

Margarita:
Yo tampoco.

El hombre:
¿Usted ya ha estado allá?

Margarita:
Hace años, no me gustó ni poquito. Cómo es la vida, ahora me duermo soñando con
llegar rápido a esa ciudad tan fea.

El hombre:
Yo ni lo conozco, pero también quiero llegar rápido, tengo un pie hinchado.

Margarita: (A la niña, ofreciéndole otro pedazo de plátano.)


¿Quieres más?

Leticia niega con la cabeza.

Margarita: (Al hombre.)


¿Usted quiere más?

El hombre niega con la cabeza. Margarita come.

El hombre:
¿Y su marido?
Margarita:
A él también lo mataron, pero hace tiempo. No los mismos, otros, yo creo. No supe
quien.

Leticia:
Mi papá se llamaba José, era más negrito que yo, mucho más grande que yo, me quería
mucho, mucho, y después se murió.

Los tres ríen. Margarita se detiene y mira hacia atrás.

Margarita:
¿Y los demás?

El hombre:
No se preocupe, por allá vienen, pidiéndole permiso a un pie para mover el otro. Por eso
yo a mi pie me le hago el loco, si le pregunto no doy un paso más.

Margarita:
Es que a la gordita le dan fiebres, pobre mujer, debe tener paludismo, o alguna
enfermedad rara. Dios quiera que aguante hasta el puerto. Porque por aquí nadie la va a
recoger, los únicos carros que pasan, pasan volados, levantando polvo. Leticia tiene el
pelo mono de tanto chupar tierra.

Leticia se acuesta a un lado del camino.

Margarita:
¡Que ahora no Leticia! Dormiremos cuando lleguemos al puerto.

Margarita la levanta, Leticia camina de nuevo.

Silencio.

El hombre:
¿Es de su pueblo?

Margarita:
¿Quién?

El hombre:
La gordita de las fiebres.

Margarita:
¡Ah! No, No sé de donde viene, un día apareció por ahí, con el viejo, la señora de la
moña y el muchacho que nunca habla, al que le dicen bambú. ¿Usted oye la música?

El hombre:
Sí.
Margarita:
Esas son las luces del puerto. (A una mujer que pasa en la oscuridad) ¿Dígame, estamos
en el puerto?

La mujer en la oscuridad:
Claro

Margarita se sienta al lado del camino y atrae a Leticia hacia ella.

Margarita:
Ya puedes acostarte a dormir.

El Hombre:
Bueno, yo sigo, que les vaya bien.

Margarita sonríe, el hombre sigue caminando.

Leticia:
¿Cómo se llama el señor mamá?

Margarita:
No sé, duérmete.

FIN

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