Límites de la Prueba de Oficio en el COGEP
Límites de la Prueba de Oficio en el COGEP
Resumen
El artículo realiza un análisis dogmático de la prueba de oficio en el Código Orgánico
General de Procesos ecuatoriano y esclarece si la prueba de oficio es constitucional o
no, procurando establecer la justificación concreta de esta institución. También se
analizan los límites axiológicos de esta institución, es decir, pruebas que en ningún
caso pueden ser decretadas de oficio, así como los requisitos procedimentales para
ordenarla como son la excepcionalidad y la motivación. Igualmente, se destacan las
deficiencias en la regulación procesal ecuatoriana en cuanto al momento de ordenar
la prueba de oficio y los límites de la prueba de oficio en segunda instancia.
Finalmente, se analizan los medios de impugnación cuando una sentencia utiliza
pruebas ordenadas oficiosamente de manera contraria a Derecho. En general, el
artículo constituye un primer aporte a un tema escasamente tratado por la doctrina
ecuatoriana.
Palabras clave
Abstract
The paper develops a dogmatic analysis of the ex officio evidence in the Ecuadorian
General Organic Code of Processes and clarifies whether it is constitutional or not and
establishes the specific justification of this institution. The paper also analyzes the
axiological limits of this institution by determining the type of evidence cannot be
decreed ex officio, as well as the procedural requirements of exceptionalism and
motivation to order ex officio evidence. Additionally, the paper identifies the main
deficiencies in the Ecuadorian procedural regulation regarding the moment to order
the ex officio evidence and the limits of the ex officio evidence in a court of appeal.
Finally, the paper clarifies how to challenge rulings that uses ex officio evidence in a
manner contrary to law. In general, the paper fills an important gap on the Ecuadorian
procedural law research agenda.
Key words
Ex officio evidence – judicial impartiality – axiological limits – legal motivation
1
*Abogado. Máster en Ciencias Jurídicas Avanzadas y Doctor en Derecho por la Universitat
Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona y Máster en Derecho Constitucional por la Universitat de
Valencia. Docente-investigador en la UPF y profesor de derecho constitucional en la
Universidad de Especialidades Espíritu Santo (UEES) en Ecuador. [email protected]
Identificación ORCID: https://orcid.org/0000-0003-4644-3977
1
Sumario
I. Introducción
Siguiendo al jurista y profesor italiano Michelle TARUFFO es un error conceptual
distinguir entre procesos judiciales “adversariales” e “inquisitorios” por dos
motivos. En primer lugar, ambos términos tienen carga emotiva (adversarial
ligado a democracia, derechos individuales, libertad e inquisitivo vinculado a
paternalismo, intervención y persecución) lo que contribuye a dificultar el
consenso y atribución de contenido descriptivo. En segundo lugar, hay que
decirlo, no existen sistemas puramente adversariales ni tampoco sistemas
puramente inquisitivos en lo que respecta al rol de los jueces en el proceso.
Más bien, los distintos sistemas jurídicos incorporan más o menos elementos
de lo que se suele entender como “adversarial” - dominio de las partes- e
“inquisitivo” - dominio del juez sobre el proceso-2.
2
TARUFFO, Michele. La prueba. Marcial Pons, Ediciones Jurídicas y Sociales, 2008, p.111.
3
Vid. Artículo 8.2.F de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Jurisprudencia
relevante sobre el derecho humano a presentar y controvertir pruebas en: Corte IDH. Caso
Ricardo Canese Vs. Paraguay. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 31 de agosto de
2004. Serie C No. 111, párrs. 164-166; Corte IDH. Caso Dacosta Cadogan Vs. Barbados.
2
Entonces, lo que queda por problematizar y analizar es una cuestión distinta:
¿Cuál es el ámbito legítimo de la intervención del juez para producir medios
de prueba?, ¿En qué casos se extralimita y cuáles son las consecuencias de ese
tipo de actuación?
Son precisamente estas dos cuestiones sobre las que gira mi contribución y
sobre las que procuraré dar algunas luces, sin dejar de anotar que esta no
pretende ser una contribución definitiva y acabada sino solamente el inicio de
una permanente discusión entre todos los operadores jurídicos en aras del
perfeccionamiento de nuestro sistema procesal. A esta advertencia preliminar
he de añadir una segunda limitación sobre el alcance de este trabajo. Aquí no
pretendo -ni me sería posible- analizar en detalle todos los ordenamientos
procesales (penal, constitucional, electoral) porque, en efecto, los valores
axiológicos que inspiran cada ordenamiento, así como la distinta regulación
legislativa puede conducirnos a diferentes conclusiones en cada ámbito
temático4. Por tanto, concentraré mi atención primordialmente en el derecho
procesal civil y de forma introductoria y superficial me referiré a otros
ordenamientos.
3
contrato, etc.) fueran dispuestas aleatoriamente, sin importar si se verifican los
hechos que constituyen el presupuesto de aplicación de la norma jurídica. Ese
tipo de actuación no sería solamente arbitraria, sino que no se condice con la
pretensión última del Derecho (como sistema normativo) de procurar que las
normas sean seguidas por los ciudadanos.
Creo que no merece mayor detenimiento, insistir en que esa finalidad central
del proceso, encontrar la “verdad” de los hechos para aplicar el Derecho, no
es predicable en un modelo que promueva únicamente la resolución de
conflictos entre las partes. Cualquier abogado con algo de experiencia sabe
bien que el litigio es un juego no cooperativo o conflictivo en los términos de
AGUILÓ REGLA, es decir, las partes no buscan dotar al juez de toda la
información para resolver el caso, más bien, tienden a no presentar medios de
prueba (documentos) que pudieren resultarles desfavorables; a no realizar
preguntas incomodas a sus testigos7; a solicitar la tacha de los testigos cuyo
testimonio les resulte meramente inconveniente, entre otras estrategias de
litigio8.
5
FERRER BELTRÁN, Jordi. La valoración racional de la prueba. Marcial Pons Ediciones Jurídicas y
Sociales, 2018, pp. 29-32.
6
TARUFFO, Michele. La prueba. Marcial Pons, Ediciones Jurídicas y Sociales, 2008, pp. 22-23.
7
Utilizo esta expresión no en sentido técnico, pues partiendo del principio de comunidad de
la prueba los medios probatorios “pertenecen” a ambas partes procesales, máxime en el caso
de los testigos que son terceros ajenos al conflicto. En todo caso, creo que los litigantes
comprenderán adecuadamente la referencia.
8
AGUILÓ REGLA, Josep. "Cuatro modos de debatir”, Doxa, No. 36, 2013, pp. 211-227.
4
epistemológica. Sobre este tema no cabe más que hacer un breve apunte
aclaratorio: existen varias teorías de la verdad, como la de la coherencia que
sostiene que un enunciado es verdadero o falso según mantenga coherencia
lógica con el resto de enunciados que compongan el sistema (en nuestro caso,
la coherencia completa del alegato); o la teoría consensualista, según la cual
será verdad lo que acordemos; las teorías irracionalistas, según las cuales es
un sinsentido tratar de identificar lo que es verdadero; o las teorías de
distinguen entre verdades absolutas y relativas (debiendo señalar que ni en las
denominadas “ciencias exactas” se puede predicar con certeza una verdad
absoluta, siendo un concepto rezagado a la metafísica o la religión); y,
finalmente la verdad como correspondencia, que sostiene que un enunciado
será verdadero o falso según se pueda comprobar empíricamente.
Sobre este complejo tema solo puedo mencionar que la teoría coherentista no
es aceptable, así como no es aceptable sostener que porque todos los sucesos
de una novela encajen perfectamente aquellos hayan ocurrido como los
cuenta el narrador. Igualmente, las teorías consensuales, que tienen relevancia
procesal práctica (piense el lector en los acuerdos probatorios), tampoco son
consistentes, porque acordar algo no lo hace realmente verdadero. De su
parte, las teorías irracionalistas y las que sostienen que se pueden identificar
verdades absolutas pecan de inocentes. Del escepticismo habría que decir
que existen consensos justificados y con relevancia práctica para poder afirmar
que existen verdades relativas y que salvo nueva comprobación empírica
deben mantenerse9.
Así, la mejor teoría que tenemos a mano al día de hoy, parece ser la verdad
por correspondencia: serán considerados verdaderos las proposiciones
relativas a los hechos del juicio que cuenten con respaldo en la prueba. Muy
relacionado con este tema habría que mencionar la cuestión sobre la “verdad
procesal” (lo que no existe en el mundo no existe en el proceso) y la falsa
contraposición con la “verdad factual”. No estamos aquí ante dos teorías
distintas sobre lo verdadero y lo falso, nos encontramos nuevamente ante
límites epistemológicos introducidos por el Derecho por motivos axiológicos
(el juez no puede utilizar su propio conocimiento para fallar en la causa para
conservar su imparcialidad; la prueba obtenida ilegalmente, aunque relevante
es inadmisible por estándares del debido proceso, etc.)
9
No puedo hacer más que referir al lector al maravilloso texto de TARUFFO, Michele. La verdad
en el proceso. Derecho & Sociedad, 2013, no 40, p. 239-248.
5
sean respaldados por pruebas admisibles y contrastables desde la lógica, la
ciencia y reglas y principios jurídicos que sean admisibles en juicio10.
Entonces, si las partes procesales son los titulares del derecho humano a la
prueba12, pero en el proceso judicial conviven intereses que superan el ámbito
privado, como es la correcta aplicación del derecho sustantivo, parece
razonable que los ordenamientos jurídicos reconozcan al juez una facultad de
ordenar pruebas oficio. Pero esta institución despierta los más acalorados
debates entre los expertos del derecho procesal. A manera de ejemplo, el
argentino Adolfo ALVARADO BELLOSO, férreo opositor a la existencia de esta
institución se cuestiona retóricamente:
…la norma que le confiere al juez la facultad de acreditar por sí mismo un
hecho litigioso, ¿no tiene la virtualidad de tirar por la borda toda la regulación
dispositiva referente a cargas, plazos, negligencia, caducidad, etc., en materia
de ofrecimiento y producción de la prueba?13
10
En la teoría del derecho se suele distinguir, aunque no pacíficamente, en una diferencia
entre los principios y las reglas que componen el Derecho. En ese sentido, se suele aludir a
reglas como concreciones de los principios, con supuestos de hecho y consecuencias
claramente especificados, mientras que los principios son normas de optimización que deben
realizarse en la mayor medida posible en el caso concreto dadas las circunstancias. En
contraposición, las reglas se cumplen o se incumplen, no hay término medio. Así, es un
principio el derecho a “ser escuchado en el momento oportuno y en igualdad de condiciones”
en todo proceso donde se decidan derechos u obligaciones (Art. 76.7.C, Constitución de la
República del Ecuador, 2008) mientras que las reglas que establecen términos para, por
ejemplo, contestar demandas o el tiempo para exponer en audiencia son reglas.
11
Véase el anexo “Generalidades sobre los poderes probatorios del juez” al final del ensayo.
12
Por tratarse de un derecho que tutela el orden público procesal es extensible también a las
personas jurídicas de derecho público o privado.
13
ALVARADO BELLOSO, Adolfo. “La imparcialidad judicial y el debido proceso (la función del juez
en el proceso civil)”. Revista Ratio Juris, Vol. 9, No. 18, UNAULA, 2014, p. 228.
6
…si hay un interés público en que el resultado del proceso sea justo y legal, el
Estado debe dotar al juez de poderes para investigar la verdad de los hechos que
las partes afirman en oposición, y nadie puede alegar un derecho a ocultar la
verdad o a engañar al juez con pruebas aparentes u omisiones de otras14.
Lo primero que merece la pena destacar es que las pruebas de oficio también
conocidas como diligencias para el mejor proveer son, efectivamente, una
institución común en todos los códigos procesales civiles latinoamericanos y
que fue importada de la ley de enjuiciamiento civil española del año 1855 y
también en la del año 1881. En todo caso, la doctrina traza la existencia de esta
institución hacia las Partidas de Alfonso X, El Sabio, redactadas entre 1254 y
1265, en Castilla15. Es decir, se trata de una institución bastante arraigada en el
derecho procesal occidental y que ha sido discutida ampliamente por la
doctrina y ha sido objeto de pronunciamientos jurisprudenciales, aunque
lamentablemente dicha discusión no se haya dado con la misma intensidad en
Ecuador16.
14
DEVIS ECHANDÍA, Hernando. “La iniciativa probatoria del juez civil en el proceso
contemporáneo”. Revista Iberoamericana de Derecho Procesal, 1967, p.644.
15
ÁNGULO ALIJARDE, Teresa. Las diligencias finales y la iniciativa probatoria de oficio en el
proceso civil. Tesis doctoral. Universidad Complutense de Madrid, 2010, pp. 90-99.
16
En efecto, tras una revisión bibliografía profunda se ha verificado que la cuestión sobre las
pruebas de oficio o diligencias para el mejor resolver solamente ha sido tratado en trabajos
de fin de grado o maestría, pero no han sido publicados en revistas científicas. Una excepción
es IZURIETA, Ligia. "Las funciones del juzgador en relación con las pruebas en el Código
Orgánico General del Ecuador." Revista Jurídica Piélagus, Vol. 16, No.1,2017, pp. 11-21. Sobre
este último trabajo se debe mencionar que se trata la cuestión de forma superficial, pues no
es el objeto central del trabajo, y a mi juicio se hacen afirmaciones erróneas. Esto demuestra
la necesidad de profundizar en el análisis de esta institución. También es necesario anotar que
la Corte Nacional de Justicia y la Corte Constitucional tampoco han prestado atención al tema
que nos ocupa a pesar de su relevancia teórico-práctica.
7
Adicionalmente, en una maravillosa exposición sobre la prueba de oficio en
Europa, el profesor Michele TARUFFO ha demostrado que está institución se
encuentra también presente en Francia, Italia, Alemania, Reino Unido, España
y, en América, para tomar como ejemplo a un sistema de tipo “adversarial”, en
Estados Unidos. La conclusión del profesor italiano es contundente. Contrario
a lo que afirma un sector de la doctrina, la prueba de oficio no es, en absoluto,
propia de sistemas autoritarios. En palabras de TARUFFO:
El análisis comparado muestra, en efecto, que en los principales
ordenamientos europeos —respecto a cuyo carácter democrático no es posible
tener dudas sensatamente— se configura una función activa del juez en la
adquisición de las pruebas relevantes para la determinación de los hechos.
Podrá decirse que estos ordenamientos no se inspiran en una ideología liberal
clásica, es decir, propia del siglo XIX, dado que en muchos de ellos el Estado
asume un papel activo en numerosos aspectos de la vida social; pero éste es
un problema distinto, que atañe en general a la función del Estado, tal como
ha venido definiéndose en todos los ordenamientos modernos. Una vez más,
no obstante, es imprescindible evitar confusiones conceptuales e ideológicas:
es posible que un sistema no se inspire en la ideología liberal siglo XIX sin que
por ello deje de ser democrático, y sobre todo sin resultar autoritario o
totalitario solamente porque atribuye al juez un papel activo en la adquisición
de las pruebas17.
De otra parte, el artículo 194 del código procesal civil de Perú dispone:
17
TARUFFO, Michele. "Poderes probatorios de las partes y del juez en Europa." DOXA,
Cuadernos de Filosofía del Derecho, No. 29, 2006, pp. 261 y 262.
8
Excepcionalmente, cuando los medios probatorios ofrecidos por las partes
sean insuficientes para formar convicción el Juez de Primera o de Segunda
Instancia, ordenará la actuación de los medios probatorios adicionales y
pertinentes que considere necesarios para formar convicción y resolver la
controversia, siempre que la fuente de prueba haya sido citada por las partes
en el proceso. Con esta actuación probatoria el Juez cuidará de no reemplazar
a las partes en su carga probatoria, y deberá asegurarles el derecho de
contradicción de la prueba.
El artículo 168 del COGEP, que regula la prueba de oficio, no menciona esta
posibilidad que, sin embargo, consideramos plausible y conforme a derecho
máxime tomando en cuenta que existía una prohibición en ese sentido en el
Código de Procedimiento Civil que fue derogado. En todo caso, el juez deberá
motivar la necesidad del testimonio y su referencia en el proceso.
Otra cuestión interesante del derecho colombiano es que se señala que las
providencias que ordenan pruebas de oficio no admiten recurso alguno.
Como veremos, el COGEP ecuatoriano sigue la misma vía, aunque no existe
una referencia tan explícita como en el caso colombiano. Además, el derecho
colombiano fija la atribución de los costos que demandan las pruebas de oficio
mientras que el COGEP ecuatoriano no lo hace.
9
contradictorias entre sí. Este tipo de especificación no se realiza en el COGEP
ecuatoriano.
En todo caso, como bien a afirmado FERRER BELTRÁN, existen razones para
fundamentar o rechazar estos principios, pero esas razones serán diversas
18
NIEVA FENOLL, Jordi. “La cattiva reputazione del principio inquisitorio”, Rivista trimestrale di
diritto e procedura civile, vol. 68, n° 3,2014, pp. 943-970.
10
porque son dos principios procesales independientes. En ese sentido, se
impone la necesidad de no confundir ambos pudiéndose, sin problema
alguno, aceptar ambos o aceptar uno y rechazar otro19.
Pues bien, en el caso ecuatoriano, la CRE no define que debe entenderse por
principio dispositivo, sin embargo, podemos encontrar una referencia en el
artículo 19 COFJ que trata, de forma confusa, los principios dispositivo, de
inmediación y concentración. La disposición indica en lo pertinente:
Todo proceso judicial se promueve por iniciativa de parte legitimada. Las juezas y
jueces resolverán de conformidad con lo fijado por las partes como objeto del
proceso y en mérito de las pruebas pedidas, ordenadas y actuadas de
conformidad con la ley.
Otra de las posibles respuestas al problema para aquellos que entiendan que
el principio dispositivo abarca la aportación de prueba exclusiva por las partes
sería argumentar que efectivamente estamos ante un “principio jurídico” que
puede ser ponderado y limitado por el legislador en base de criterios de
necesidad, idoneidad y proporcionalidad en sentido estricto. Una explicación
de ese tipo explicaría, por ejemplo, porque está permitida la prueba de oficio
en procesos del ámbito del COGEP y, en cambio, porque no se utiliza en
procesos penales. Adelanto que esta solución no me parece convincente ni
apropiada.
19
FERRER BELTRÁN, Jordi. "Los poderes probatorios del juez y el modelo de proceso." Revista
de la Maestría en Derecho Procesal, No. 7.2, 2017, p. 148, nota al pie de página No. 20.
20
HUNTER AMPUERO, Iván. "El principio dispositivo y los poderes del juez." Revista de derecho
(Valparaíso), No. 35,2010, pp. 154-156.
11
dispone “todo proceso judicial se promueve por iniciativa de parte
legitimada”. También el artículo 141 del COGEP que señala que todo
proceso inicia con la presentación de la demanda.
2. El impulso del proceso les corresponde a las partes (Art.5 COGEP).
3. Las partes fijan el alcance del proceso (ne eat iudex ultra vel extra petita
partium): establecen los hechos y fijan sus pretensiones y ello establece
un límite al objeto de la litis, a lo que debe ser probado y a lo que puede
ser resuelto (Art. 92 COGEP).
4. Por regla general, las partes pueden disponer y concluir de forma
extraordinaria el proceso sin que el juez pueda oponerse (res in
iudicium deductae): conciliación y transacción; retiro de la demanda,
desistimiento, allanamiento y abandono (Título III, libro III, COGEP).
12
como el de oportunidad -las pruebas no pueden ser admitidas en cualquier
estado del proceso- (Art. 159 COGEP) o la norma según la cual solo son
admisibles en juicio las pruebas pertinentes, útiles, conducentes y obtenidas
de conformidad con la constitución y las leyes (Art. 160 COGEP).
21
HUNTER AMPUERO, Iván. "El principio dispositivo y los poderes del juez." Revista de derecho
(Valparaíso), No. 35,2010, pp. 162-163.
13
En todo caso, merece destacarse que la regulación de la prueba de oficio era,
por mucho superior, aunque evidentemente no exenta de mejora, si se
compara con la regulación actual de la institución que proporciona el COGEP.
En efecto, el artículo 118 del CPC disponía:
Los jueces pueden ordenar de oficio las pruebas que juzgan necesarias para
el esclarecimiento de la verdad, en cualquier estado de la causa, antes de la
sentencia. Exceptuase la prueba de testigos, que no puede ordenarse de
oficio; pero si podrá el juez repreguntar o pedir explicaciones a los testigos
que hayan declarado legalmente. Esta facultad se ejerce en todas las instancias
antes de sentencia o auto definitivo, sea cual fuere la naturaleza de la causa.
De otro lado, el artículo 168 del COGEP cuenta con dos ventajas en relación a
la disposición homóloga del CPC: A) por una parte se señala que la facultad
de ordenar pruebas de oficio es “excepcional”; y, B) se indica que el juez debe
dejar expresa constancia de los motivos por los que ordena prueba de oficio.
Estas dos exigencias explícitas no aparecen en el derogado CPC.
14
Ahora bien, hay que destacar que tanto el CPC como el COGEP ecuatoriano
comparten la misma finalidad al momento de justificar la prueba de oficio,
básicamente, “el esclarecimiento de la verdad” o, actualmente, “el
esclarecimiento de los hechos controvertidos”. Veamos a continuación unos
breves apuntes generales para comprender la prueba de oficio.
Art. 226.- Informe pericial para mejor resolver. En caso de que los informes
periciales presentados por las partes sean recíprocamente contradictorios o
esencialmente divergentes sobre un mismo hecho, la o el juzgador podrá
ordenar el debate entre sí de acuerdo con lo dispuesto en el presente Código.
Si luego del debate entre las o los peritos, la o el juzgador mantiene dudas
sobre las conclusiones de los peritajes presentados, ordenará en la misma
audiencia un nuevo peritaje, para cuya realización sorteará a una o un perito
de entre los acreditados por el Consejo de la Judicatura, precisando el objeto
de la pericia y el término para la presentación de su informe, el mismo que
inmediatamente será puesto a conocimiento de las partes…
16
posibilidad de que sea una de las partes la que solicite al juez que ordene
diligencias para el mejor proveer, como sí hace, por ejemplo, el artículo 23 de
la Ley de Arbitraje y Mediación ecuatoriana. Parece ser, entonces, que en el
ámbito de los procedimientos regulados por el COGEP, solamente el juez
puede ordenar pruebas de oficio. Nadie puede obligarle a practicarlas ni
tampoco solicitar que se practiquen. La mayoría de la doctrina internacional se
inclina a sostener que se trata de una facultad y no de un deber exigible
jurídicamente22. Sin embargo, existe un sector minoritario de la doctrina que
reconoce que dictar pruebas de oficio es un deber judicial, aunque resulta
inaplicable a nuestro contexto dado el derecho positivo.
22
TARUFFO, Michele. "Poderes probatorios de las partes y del juez en Europa." DOXA,
Cuadernos de Filosofía del Derecho, No. 29, 2006, pp. 256 y ss.
17
reiterar lo evidente: en ningún caso el juez podría decretar como prueba de
oficio la declaración de parte23, el juramento deferido24 o el juramento
decisorio25, básicamente, porque el juez perdería su apariencia de
imparcialidad ante una de las partes y se transformaría en un litigante más.
23
Art. 187 COGEP. - Declaración de parte. Declaración de parte es el testimonio acerca de los
hechos controvertidos, el derecho discutido o la existencia de un derecho rendido por una de
las partes.
La declaración de parte es indivisible en todo su contenido, excepto cuando exista otra prueba
contra la parte favorable del declarante.
24
Art. 185 COGEP. - Juramento deferido. En las controversias sobre devolución del préstamo,
cuando se alegue usura a falta de otras pruebas para justificar la tasa de interés y el monto
efectivo del capital prestado se estará al juramento de la o del prestatario.
El juramento deferido se practicará como prueba exclusivamente en los casos señalados en
este artículo. La o el juzgador no podrá fundamentar la sentencia en el juramento deferido
como única prueba.
En materia laboral, a falta de otra prueba se estará al juramento deferido de la o del trabajador
para probar el tiempo de servicio y la remuneración percibida. En el caso de las o los
adolescentes, además la existencia de la relación laboral.
25
Art. 184 COGEP. - Juramento decisorio. Cualquiera de las partes puede deferir a la
declaración de la otra y pedir expresamente que la o el juzgador decida la causa sobre la base
de ella, cuando la declaración recaiga sobre un hecho personal y referido a la o al declarante.
La parte requerida podrá declarar o solicitar que lo haga la contraparte, quien estará obligada
a rendirla, siempre que el hecho sea común a las dos partes. El juramento decisorio termina el
proceso sobre un derecho disponible. Cuando se ordene este juramento decisorio en la
ejecución, se lo receptará en audiencia, dentro de la cual, la contraparte podrá ejercer su
derecho de contradicción y defensa conforme con las normas del debido proceso.
18
ordenarse la prueba de oficio por parte del juez. Sin embargo, aquella
disposición indica que “por este motivo, la audiencia se podrá suspender hasta
por el término de quince días”. Como puede advertirse, el COGEP prevé que
la decisión del juez de ordenar pruebas de oficio sea dictada en audiencia y,
en ese sentido, merece mención el artículo 294.7.B del mismo cuerpo legal,
que regula el trámite de la audiencia preliminar en el procedimiento ordinario.
La disposición de referencia señala que la prueba de oficio debe ser ordenada
una vez que:
El artículo 294 numeral 7 del COGEP dispone que en este punto “las partes
deberán”:
26
Quisiera anotar que el artículo 294.3 del COGEP indica que, al momento de contestar la
reconvención, “si se alegan hechos nuevos, se procederá conforme a este Código”. Esta
disposición es, a mi criterio, un error de técnica legislativa. En el procedimiento ordinario, la
demanda, la contestación a la demanda, la reconvención y la contestación a la reconvención
deben presentarse por escrito y con antelación a la audiencia preliminar. En ese sentido, los
hechos ya estarían alegados tanto por el que reconviene como por el que contesta. En esa
línea, cualquier introducción de “nuevos hechos” en audiencia preliminar, en el juicio
ordinario, sería improcedente y lesiva del debido proceso entendido como la igualdad de
oportunidades para las partes. Véase los Arts. 155 y 156 COGEP.
19
a) Anunciar la totalidad de las pruebas que serán presentadas en la audiencia
de juicio. Formular solicitudes, objeciones y planteamientos que estimen
relevantes referidos a la oferta de prueba de la contraparte.
f) Los acuerdos probatorios podrán realizarse por mutuo acuerdo entre las
partes o a petición de una de ellas cuando sea innecesario probar el hecho,
inclusive sobre la comparecencia de los peritos para que rindan testimonio
sobre los informes presentados. La o el juzgador fijará la fecha de la audiencia
de juicio…
Como de inmediato podrá advertir el lector, no tiene lógica, por ejemplo, que
el juez disponga prueba de oficio (b) antes de que se decida si admite o no los
medios de prueba aportados por las partes (d) o rechace los que resulten
innecesarios por ser notorios o no requerir prueba por otro motivo (c).
Igualmente, no tiene sentido que el juez ordene prueba de oficio antes de que
las partes realicen acuerdos probatorios sobre hechos que se asumen (f).
Esto quiere decir, en pocas palabras, que el juez puede y debe dejar la
decisión sobre ordenar o no pruebas de oficio como último punto de la etapa
probatoria de la audiencia preliminar en el juicio ordinario, básicamente,
porque así lo exige la lógica. Este procedimiento no vulnera garantía procesal
alguna en la medida de que todos los temas mencionados en el numeral 7 del
20
artículo 294 del COGEP serán igualmente abordados. Dicho coloquialmente:
en esta solución, el orden de los factores no altera el producto.
Ahora bien, hay que considerar que es del todo legítimo que sea precisamente
en la audiencia de juicio, cuando se practican las pruebas y se realizan los
alegatos que las interpretan, el momento en el que surja la duda del juez sobre
un hecho que no aparece suficientemente probado o que no ha sido probado
en absoluto. Justamente en este estadio procesal es cuando la prueba de
oficio encuentra su justificación de existencia. Si atendemos al tenor literal del
artículo 168 del COGEP, aquel solamente señala que “la audiencia se podrá
suspender hasta por el término de quince días”.
En ese sentido, en nada viola las garantías del debido proceso, que el juez
ordene prueba de oficio en audiencia de juzgamiento pues las partes tendrán
oportunidad de referirse a la prueba y en su caso objetarla. Como podrá notar
el lector existen argumentos relevantes para defender una u otra postura y esta
cuestión debería ser definida bien por la Corte Nacional de Justicia (resolución
con fuerza de ley) o eventualmente por la Corte Constitucional del Ecuador en
ejercicio de su competencia de interpretar las leyes de forma concordante con
la norma fundamental27.
27
Lo que podría tener lugar, por ejemplo, en un caso de Acción Extraordinaria de Protección
en la que se alegue como violación del debido proceso el hecho de que el juez haya ordenado
prueba de oficio en un momento procesal distinto a la audiencia preliminar del juicio
ordinario.
21
En otro tema, aunque relacionado, merece la pena recordar que, en ocasiones
excepcionales, por la complejidad de la causa, los jueces pueden suspender
la audiencia de juicio hasta por el término de 10 días, debiendo reinstalarla
con el único objetivo de dictar su decisión oral sobre el caso (Art. 93 COGEP).
En este supuesto, ya no parece admisible que el juez ordene pruebas de oficio
pues, precisamente, la disposición legal parte de la premisa de que el
procedimiento se ha agotado y lo único pendiente es tomar una decisión oral
para ser trasladada a los justiciables. En todo caso, se trata de otra interrogante
sin resolución en nuestra jurisprudencia.
28
El Art. 334 del COGEP señala al respecto que “También se sustanciarán por el procedimiento
previsto en esta Sección los asuntos de jurisdicción voluntaria, como el otorgamiento de
autorizaciones o licencias y aquellas en que por su naturaleza o por razón del estado de las
cosas, se resuelvan sin contradicción”.
22
realizan audiencias (Arts. 420, 425 y 427 COGEP) y, por tanto, la ley no impide
que el juez ordene pruebas de oficio en este tipo de trámites.
Como resulta conocido el artículo 260 del COGEP establece que el recurso de
apelación debe ser debatido y resuelto en audiencia. Por este motivo, no
existe impedimento legal alguno para que el Tribunal respectivo disponga
pruebas de oficio.
23
hecho nuevo. En este caso, el tribunal de apelación no debe sustituir a una de
las partes en desmedro de la otra. Su actuación será subsidiaria, cuando
existan dudas motivadas sobre el alcance y la suficiencia del medio de prueba
ya aportado por una de las partes, es decir, para “complementar”, más no para
“sustituir”.
Por este motivo, por ejemplo, el artículo 270 del COGEP señala que “no
procede el recurso de casación cuando de manera evidente lo que se
pretende es la revisión de la prueba”. Por ello, la Corte Nacional de Justicia en
casación está vedada de la práctica de pruebas, sea a petición de parte o de
oficio, sin que deba mal interpretarse el artículo 268.4 del COGEP.
29
Lo que insisto, no debe necesariamente interpretarse en el sentido de que esté prohibido
ordenar prueba de oficio en audiencia de juzgamiento del procedimiento ordinario.
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Incorporación de (Art. 76.7.H momento (Art. 76.7.L
un testigo nuevo, CRE) procesal CRE)
sin referencia. oportuno
(¿?)
Juramento Juramento
deferido decisorio (Art. 76.
7.C, CRE)
Dicho resumidamente, la violación por parte del juez de los limites sustantivos
al ordenar prueba de oficio se traducen directamente, en mi opinión, en un
cargo de constitucionalidad en la medida en que no existe ninguna regla
jurídica en el COGEP que prohíba expresamente al juez ordenar pruebas
como la declaración de parte, el juramento deferido o el juramento decisorio.
En todo caso, no sobra recordar que la Constitución de la República es una
norma jurídica directamente aplicable por jueces y árbitros y que además se
erige como la norma suprema del ordenamiento (Arts. 424, 425 y 426 CRE).
En esa línea argumentativa, la norma fundamental reconoce el derecho a ser
juzgado por un operador que, entre otras características, debe ser imparcial.
VIII. Conclusiones
La prueba de oficio es una facultad discrecional y general de los jueces. Su
regulación depende del ordenamiento jurídico particular y obedece a una
decisión valorativa del legislador. Así, está prohibida explícitamente en el
proceso penal mientras que está permitida en todos los procesos regulados
por el Código Orgánico General de Procesos. Se trata de una facultad que no
colisiona con el principio dispositivo ni con el derecho a la prueba. Su
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fundamento es la correcta aplicación del derecho sustantivo, lo que exige
conocer la verdad de los hechos. Existen pruebas que objetivamente nunca
pueden ser ordenadas de oficio: la declaración de parte, juramento decisorio
y el juramento deferido. La incorporación de un testigo nuevo al proceso es
admisible siempre que exista una referencia en el juicio. Se trata de una
facultad excepcional y que debe ser debidamente motivada, limitando su uso
a casos de insuficiencia probatoria por empate y la evitación de fraudes.
Solamente se podrá impugnar una prueba de oficio en la medida de que la
sentencia sobre el fondo se refiera a ella.
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Anexo: Generalidades sobre los poderes probatorios del juez
Fuente: elaboración del autor con base parcial del trabajo de FERRER BELTRÁN,
Jordi. "Los poderes probatorios del juez y el modelo de proceso." Revista de
la Maestría en Derecho Procesal, No. 7.2, 2017, pp. 137-164.
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