Desmonumentar
Por Osvaldo Bayer
Una vez más sostenemos que en la Historia finalmente triunfa siempre la Etica. Aunque pasen
siglos. Recuerdo cuando hace años comenzamos los jueves al anochecer, junto al monumento
al general Julio Argentino Roca, demostrando que, documento tras documento, los argentinos
honrábamos a un genocida, a un racista y a quien había restablecido la esclavitud en la
Argentina, en 1879, esclavitud a la cual nuestra increíblemente progresista Asamblea del Año
XIII había eliminado adelantándose en décadas a Estados Unidos y a Brasil. Pues bien, aquella
iniciación se ve culminada ahora por el primer congreso nacional del movimiento
“Desmonumentar a Roca, que se llevará a cabo el sábado próximo, 22 de mayo, día del
Cabildo Abierto, y el domingo 23, en la ciudad bonaerense de Junín, al cual concurrirán
delegaciones de todo el país de docentes, estudiantes, trabajadores, miembros de instituciones
culturales, representantes de los pueblos originarios y todos los que quieran participar. Los
actos serán públicos y culminarán con música del cada vez más joven conjunto Arbolito.
Cuando comenzamos hace años aquella tarea en el monumento a Roca de la Diagonal Sur
fuimos demostrando lo que sosteníamos. Sobre el calificativo de genocida, mostramos el propio
discurso de Roca ante el Congreso de la Nación, al finalizar su “Campaña al Desierto”: “La ola
de bárbaros que ha inundado por espacio de siglos las fértiles llanuras ha sido por fin
destruida... El éxito más brillante acaba de coronar esta expedición dejando así libres para
siempre del dominio del indio esos vastísimos territorios que se presentan ahora llenos de
deslumbradoras promesas al inmigrante y al capital extranjero”. No puede haber mejor
definición del concepto oficial de genocidio que estos conceptos del propio genocida. (Frase en
la cual se nota su increíble racismo acusando a los seres humanos que habitaban desde hacía
siglos esas regiones de haber “inundado las fértiles llanuras”. Cuando la verdad es que si
alguien había inundado eran los descendientes de los conquistadores europeos que un buen
día habían “descubierto América”.) Respecto del racismo de Roca están todos sus discursos en
los que siempre emplea los mismos términos calificándolos de “los salvajes, los bárbaros”,
mientras San Martín varias décadas antes siempre hablaba de “nuestros paisanos los indios”.
Una diferencia abismal. Sobre el clima previo que preparó la matanza de Roca se pueden
consultar los diarios de la época. Basta un ejemplo. El diario La Prensa del 16/10/78: “La
conquista es santa; porque el conquistador es el Bien y el conquistado el Mal. Siendo Santa la
conquista de la Pampa, carguémosle a ella los gastos que demanda, ejercitando el derecho
legítimo del conquistador”. Racismo para obtener ganancias.
Respecto de que Roca restableció la esclavitud casi setenta años después de que ésta hubiera
sido eliminada por la gloriosa Asamblea del año XII, lo demuestran los avisos publicados en los
diarios de la época. Por ejemplo, el del diario El Nacional del 31-XII-78: “Entrega de indios”,
como título. Y como texto: “Los miércoles y los viernes se efectuará la entrega de indios y
chinas a las familias de esta ciudad, por medio de la Sociedad de Beneficencia”. Con respecto
a la crueldad empleada por Avellaneda, Roca y los miembros de ese gobierno, lo dice bien esta
crónica del mismo diario porteño El Nacional de esa fecha: “Llegan los indios prisioneros con
sus familias. La desesperación, el llanto no cesa. Se les quita a las madres indias sus hijos
para en su presencia regalarlos a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que hincadas y
con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano, unos indios se
tapan la cara, otros miran resignadamente el suelo, la madre india aprieta contra el seno al hijo
de sus entrañas, el padre indio se cruza por delante para defender a su familia de los avances
de la civilización”. Esto lo hicieron los argentinos, como los españoles lo hicieron antes del
glorioso Mayo de 1810. El mejor documento que nos habla de la traición de Roca y sus
ayudantes del poder a esos principios de Mayo, por ejemplo, es si comparamos este estado de
cosas con la declaración de Manuel Belgrano del 30 de diciembre de 1810, en su expedición al
Paraguay, cuando proclamará la igualdad de derechos de los pueblos originarios, donde dice
textualmente: “A consecuencia de la proclama que expedí para hacer saber a los naturales de
los pueblos de Misiones que venía a restituirlos a sus derechos de Libertad, propiedad y
seguridad, que por tantas generaciones han estado privados, sirviendo únicamente a las
rapiñas de los que han gobernado he venido a determinar los siguientes artículos, con que
acredito que mis palabras no son las del engaño ni alucinamiento con que hasta ahora se ha
tenido a los desgraciados naturales bajo el yugo de hierro: 1) Todos los naturales de Misiones
son libres, gozarán de sus propiedades y podrán disponer de ellas como mejor les acomode. 2)
Desde hoy les liberto del tributo”. Y luego en los otros artículos los “habilita para todos los
empleos civiles, políticos, militares y eclesiásticos” y les promete créditos para la compra de
“instrumentos para la agricultura y para el fomento de las crías”. De la Igualdad y la Libertad a
la esclavitud y la muerte. La absoluta traición a los principios de Mayo. Lo mismo hará ese
extraordinario libertario que se llamó Juan José Castelli al llegar al Alto Perú, para no hablar de
Mariano Moreno en su defensa valiente de la igualdad de los pueblos originarios de estas
tierras americanas.
Pero, claro, con Roca comenzará el dominio del latifundio, luego de que después del exterminio
de los pueblos del sur se repartan 41 millones de hectáreas a 1843 terratenientes. Al
presidente de la Sociedad Rural –sí, la misma que sigue hoy representando a los estancieros–
se le entregarán nada menos que 2.500.000 hectáreas.
¿Y quién era él? José María Martínez de Hoz, el bisabuelo directo del Martínez de Hoz que fue
ministro de Economía de la última dictadura militar, la de la desaparición de personas. Cómo el
verdadero poder siempre se mantuvo en las mismas manos en nuestra historia. Ya que jamás
se llevó a cabo una reforma agraria. A todos los miembros de la comisión directiva de esa
Sociedad, Avellaneda-Roca les otorgó un mínimo de medio millón de hectáreas. Y ahí están los
apellidos clásicos del Barrio Norte: los Pereyra Iraola, los Oromí, los Unzué, los Anchorena,
Amadeo, Miguens, Real de Azúa, Leloir, Temperley, Llavallol, Arana, Casares, Señorans,
Martín y Omar.
En el primer congreso de “Desmonumentando a Roca” que comenzaremos el sábado próximo
en Junín sentaremos las bases para una propuesta de profundo sentido ético, terminar con el
endiosamiento del genocidio y propender a que se quiten los monumentos a la persona de
Roca, se reemplace su nombre a todas las calles que lo ostentan en nuestras ciudades.
Y también que la ciudad patagónica de General Roca pase a llevar el nombre que esa zona
ostentaba antes del paso del genocida: Fiske Menuco.
Los argentinos jamás hicieron congresos de historiadores para hacer una autocrítica de los
crímenes oficiales que se cometieron contra los pueblos que durante siglos habitaron estas
generosas tierras. Al contrario, glorificaron con los nombres de los asesinos oficiales lugares
públicos. Cuando propusimos a los representantes del pueblo de la Capital quitar el
monumento a Roca y reemplazarlo por una obra escultórica que represente a la mujer
originaria –ya que en su vientre se originó el criollo que fue el soldado de nuestros ejércitos de
la Independencia–, ese proyecto fue rechazado por el macrismo, que señaló que en “historia
hay que mirar hacia adelante”. Ante tal argumento señalé públicamente: “Entonces, con ese
criterio, Alemania tendría que tener todos los monumentos a Hitler”. Más todavía, que
justamente el monumento a Roca es el más grande y céntrico de nuestra ciudad, apenas a
metros del Cabildo, donde se declaró nuestra Libertad y se sostuvo la igualdad de todos como
principio. Además, ese monumento fue llevado a cabo por resolución de un gobierno no
democrático, en la Década Infame durante el período del general Justo, elegido –como es
sabido– por el llamado “fraude patriótico”, término argentino que debería avergonzarnos a
todos. ¿Y quién era el vicepresidente del general Justo? Nada menos que el hijo de Roca, Julio
Argentino Roca (hijo), quien fue el verdadero inspirador de ese monumento a su padre.
Ese monumento es aún más injusto porque el general Roca, siendo presidente, aprobó la ley
más cruel de la legislación argentina, la 4144, la llamada “Ley de Residencia”, por la cual se
expulsaba a todo extranjero que perturbara el orden público. Que se aplicó principalmente a
obreros que promovieron el avance de la justicia social, luchando por las ocho horas de trabajo.
Pero la maldad de esta ley era que se expulsaba sólo al hombre y se dejaba aquí a su mujer y
a sus hijos. Eso se hacía para que las esposas les aconsejaran a sus maridos no
comprometerse en las luchas obreras porque corrían el peligro de ser expulsados y ellas
quedaban aquí solas, con sus hijos, ¿y cómo podrían alimentarlos? También Roca fue el primer
presidente que reprimió con extrema violencia un acto obrero del 1º de marzo, en memoria de
los mártires de Chicago. Fue el 1º de mayo de 1904 y allí fue muerto el marinero Juan Ocampo,
de 18 años de edad. El primer mártir del movimiento obrero argentino. De él no hay ni una
callejuela en un barrio obrero. Pero el represor, Roca, tiene calles hasta en el último rincón
urbano del país.
La ilustración de esta nota pertenece al libro Pedagogía de la Desmemoria. Crónicas y
estrategias del genocidio invisible, de Marcelo Valko. Y es una caricatura de Roca hecha por la
publicación Don Quijote del 25/10/1891, en pleno auge político del genocida. Caricatura que
demuestra toda la crueldad de su persona. El reciente libro de Valko deja bien al desnudo la
verdadera personalidad de Roca. Y demuestra que en el curso de la historia cómo se justificó lo
injustificable que ha quedado siempre oculto por más de un siglo y medio y hoy recién
comienza a debatirse. Además se traen las citas del lenguaje de los políticos notables de la
época y su racismo insoportable, con expresiones como “Raza estéril”, “enjambre de hienas” o
“gusanos” como se calificaba a los pueblos originarios para facilitar el genocidio. Toda la línea
de los pensadores “liberales positivistas” de la época. Se quería terminar con la nación mestiza
para lograr la llamada “civilización europea”. Y también, otros aspectos, la posición dual de la
Iglesia en esa época. No deja el autor de demostrar la corrupción oficial en la que se destaca
las prebendas de los dos hermanos de Roca: Rudecindo y Ataliva. Sarmiento inventó el verbo
“atalivar” que suplantaba al de “cobrar la coima”. En resumen, un libro fundamental para llegar
a la verdad de ese pasado argentino. Y para interpretar el fracaso argentino posterior a ellos,
que culminó con la dictadura de la desaparición de personas.
Por eso, por fin, una reunión nacional, los próximos sábado 22 y domingo 23 de mayo, en
Junín, donde se debatirán en sucesivos encuentros todos los temas que hacen al pasado
argentino que nos lleva a preguntarnos: ¿qué nos pasó a los argentinos después de esos
principios de Mayo, plenos de generosidad y de la búsqueda de la Igualdad por medio de la
Libertad?