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E Book - AUTOESTIMA

Este documento presenta 5 hábitos para mejorar la autoestima y transformar la vida de una mujer. Los hábitos son: 1) Aceptarse a sí misma, 2) Dejar de criticarse a sí misma, 3) Valorarse a sí misma, 4) Priorizar el bienestar personal y 5) Vivir el presente.

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E Book - AUTOESTIMA

Este documento presenta 5 hábitos para mejorar la autoestima y transformar la vida de una mujer. Los hábitos son: 1) Aceptarse a sí misma, 2) Dejar de criticarse a sí misma, 3) Valorarse a sí misma, 4) Priorizar el bienestar personal y 5) Vivir el presente.

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5 Hábitos para Mejorar tu

Autoestima y Transformar tu
Vida
Recopilación armónica
Un regalo dirigido a toda MUJER que desea encontrarse con
el poder de su feminidad, a mis hermanas del alma.

Greisy
1

La Mujer es la etapa más sensible en la manifestación de la energía infinita como


vida visible y palpable en el tránsito por el planeta Tierra. Es el centro de equilibrio
donde confluyen todas las fuentes de energía y luz, de allí su misión y
responsabilidad. Su primer y gran paso hacia la evolución es darse cuenta y asumir
esta labor. Es generadora de vida como continuación de energía positiva
ambientadora de armonía necesaria en un planeta de progreso.

Marzo de 1990

Greisy
2

GRACIAS…

A las circunstancias que me llevaron a ejecutar este hermoso proyecto.

A las autoras y autores que me brindaron la posibilidad de enlazar sus párrafos con
amor.

Al corazón femenino que me ayudó con el 5to hábito.

A la energía masculina que colaboró con su transcripción.


3

LAS MUJERES
❖ Las mujeres que se apoyan, se sostienen y se nutren juntas consiguen sanarse a sí mismas.
❖ Una mujer que ha alcanzado cierto grado de sanación, nunca cuestionará el proceso de
sanación de ninguna de sus hermanas.
❖ La mujer que se ha sanado sabe que ayudar a otras mujeres para que sanen es la mejor
forma de amplificar la conciencia.
❖ La mujer que ha sanado sus heridas sabe que honrar su linaje y el de sus hermanas es
atraer felicidad y alegría a su vida.
❖ La mujer que ha sanado sabe que no existe una sanación absoluta, por tanto, no descuida
ni su cuerpo, ni sus emociones y mucho menos sus pensamientos.
❖ La mujer que ha sanado comparte toda su sabiduría sin esperar que otras mujeres o
personas hagan los mismo, pues sabe que siempre será recompensada de mil y una
maneras por despertar conciencias.
❖ La mujer que ha sanado ya no tiene necesidad de juzgar o sentirse juzgada, también ha
dejado de culparse o culpar a otros, simplemente ve en cada fracaso una oportunidad de
crecimiento.
❖ La mujer que ha sanado sabe que su cuerpo está compuesto de los mismos elementos que
contiene la naturaleza, por eso trata de no dañarla y enseña a sus hijos e hijas a
respetarla.
❖ La mujer que ha sanado sabe que su útero no es un lugar para albergar dolor, sabe que es
un lugar donde se gesta la vida, y es donde ella guarda su poder de creación y
manifestación.
❖ La mujer que ha sanado sabe que bendecir su camino y el de sus hermanas sirve para
atraer a su vida la plena abundancia.
❖ La mujer que ha sanado sabe que para avanzar tiene que haberse perdonado, haber
perdonado absolutamente todo significa elevar su propia espiritualidad.
❖ La mujer que ha sanado sabe que llevar cualquier ritual a la vida cotidiana es crear
belleza y armonía a su alrededor.
❖ La mujer que ha sanado sabe que no hay fuerza más poderosa que la de la risa y la del
amor.

Autoría desconocida
4

En muchas mujeres la carga de su propia historia las hace sentir inseguras, ineficaces, con
ideas absurdas de quienes son, arrastrando reglas rígidas de cómo vivir la vida.

Al expresar esto no estoy condenando ni haciendo juicio. Por el contrario, honro el camino
que cada una de nosotras ha recorrido para ser quien es.

Si te sientes limitada, confundida, desvalorizada y con miedo, te pido que no te


menosprecies por sentirte así. El hecho de encontrarte conmigo a través de mis palabras, es una
señal muy poderosa que muestra el deseo que tienes de producir un cambio positivo en tu vida
mejorando tu autoestima. Reconócete ese mérito. ¡Bienvenida! No estás sola. Te tienes a ti misma
con tu fuerza interior y a otras mujeres, quienes, como yo, hemos logrado redefinirnos,
encontrarnos, liberarnos y ser nosotras mismas.

Mi intención es brindarte un cálido acompañamiento en esta nueva senda que has


decidido transitar hacia ti misma. Lo hago invitándote a que lo asumas como un compromiso a
fondo, con honestidad, tolerancia y paciencia.

Las propuestas que te haré para que desarrolles tu autoestima no son fórmulas mágicas
que lo resolverán todo en un abrir y cerrar de ojos.

El desarrollo de la autoestima requiere de nosotras autovigilancia, reconocimiento,


aceptación de nosotras mismas, confianza en nuestras capacidades, relaciones con nuestro
entorno sin sacrificarnos, vivir en el presente, desarmar y reconstruir el pasado, responsabilidad
ante todo lo que pensamos, sentimos y hacemos, flexibilidad, reconocer nuestros errores;
descubrir lo que nos beneficia y lo que nos destruye dejando de engañarnos.

Como verás, es un proceso que demandará mucho de ti. Pero haya ocurrido lo que haya
ocurrido en tu vida, eres una MUJER, y al igual que todas nosotras tienes la capacidad de cambiar
lo que esa experiencia significa para ti y de ese modo cambias la percepción de ti misma y del
entorno. Por esta razón te propongo pongas en práctica los siguientes 5 hábitos que contribuirán a
que desarrolles tu autoestima… ¡Adelante! ¡Tú puedes!

5 Hábitos para Mejorar tu Autoestima y Transformar tu Vida

1. Acéptate.

Comencé con este hábito porque en el caso de la autoestima, la autoaceptación es el


primer camino hacia el amor a ti misma.

Hagas lo que hagas siempre serás tú misma. El “Hacer” no te define. El aceptarte no


significa que no desees mejorar. Es hacer que la autenticidad se instale en tu vida, tener la certeza
5

que lo que eres reside dentro de ti misma. Ejercer una libertad de acción tal que puedas
relacionarte adecuadamente en cualquier ambiente sin hacer concesiones innecesarias o
equivocadas.

Compáralo con sumergirte en una playa profunda. Momentáneamente te rodeas con el


agua, ella te envuelve y te mueve, pero tu cuerpo no se diluye como lo haría un líquido o como la
sal que contiene y al salir, solamente te queda secarte y volver a ser la misma que eras antes de la
zambullida.

Te animo a que ejerzas el derecho a ser tú. Imagínate que en tu mente existe un tribunal,
te encuentras en él bajo permanente juicio; no existe jurado, sólo el juez, el fiscal y un abogado
defensor. Estos dos últimos preparan sus casos, llaman a sus testigos, discuten. Mientras observas
a estas personas desenvolverse a través de las mociones de justicia, te das cuenta que todos los
personajes son una persona y esa persona eres tú. Eres la actriz que desempeña todos los papeles,
y, ¿de qué trata este juicio? Estás bajo juicio por tu vida misma, ya que has asesinado a alguien: a
ti misma. De repente tú, la verdadera tú, entra impetuosamente a la sala penal y declara: ¿qué
hacen todas esas personas en mi mente?, ¡Yo estoy viva, no muerta!, ¡En este mismo instante
salen todos de aquí!, ¡Este juicio queda totalmente anulado y se levanta la sesión!

Cómo ejercer el derecho a ser tu misma.

Cuando decides dejar de criticarte, elegir conscientemente lo que el entorno te ofrece,


ejercer tu autonomía, desarrollar madurez psicológica, reconocer tus atributos, honrar lo que te
caracteriza como MUJER y cambiar la imagen de ti, estas reclamando tu derecho a ser tu misma.

• Ten cuidado al elegir lo que deseas comprar: cada persona que encontramos en
el recorrido de nuestra vida nos ofrece una oferta de relación. Las personas que ya
se fueron siguen manteniendo sus ofertas por medio de la historia y de las
tradiciones. Los medios de comunicación nos están proponiendo constantemente
ofertas, en cualquier lugar se nos presentan ofertas continuamente. Ofertas de
cómo vivir, en qué creer, qué pensar, sentir, entre otras. Nosotras elegimos cuáles
son las ofertas que compramos… Con qué nos quedamos… Qué rechazamos… Qué
volvemos a comprar…

No hay verdades ni mentiras, hay muchísimas ofertas y millones de vendedores y


compradores. Tú eliges que viniste a comprar en esta vida: si a disfrutar esta
experiencia o a sufrirla, y específicamente: cómo hacerlo, el cómo es tu elección.

En un principio no lo hiciste de motu propio, compraste sin saber. Pero ahora,


adulta, se te devuelve la responsabilidad, si aprendiste o aprendes cómo hacerlo y
te das esa oportunidad.

Mientras estés viva tienes el chance de hacerlo, tienes el poder de comprar lo que
beneficie tu integridad.
6

• Deja de criticarte: está bien ser una persona con sentimientos, no te critiques ni
juzgues por eso. Mereces ser flexible contigo misma y tenerte compasión (sin
llegar a la lástima), en especial cuando estás pasando por malos tiempos, entonces
es cuando tienes que darte un respiro. Habla contigo misma, abrázate, ofrécete un
hombro en el que descansar. Mírate en el espejo y exprésate con amabilidad:
“siento mucho que estés pasando por este mal momento”. La imagen que se
reflejará de ti te lo agradecerá.

El criticarte no sólo te hace dudar y desconfiar de tus capacidades, también limita


la percepción que tienes de ti misma, de la realidad que te rodeó en el pasado y la
que te rodea en el presente. Es muy beneficioso que con fuerza de voluntad
sustituyas las constantes críticas por la reflexión que te guiará a la comprensión de
tu historia personal.

Una historia sumergida en un sinfín de limitaciones que nos impone el entorno a la


gran mayoría de las mujeres, casi desde que estamos en el vientre de nuestra
madre.

Nos vemos envueltas en una serie de creencias contradictorias que afectan


nuestra autoestima cuando las asumimos como propias. Se nos cataloga de
débiles, pero se nos exige como heroínas; hija modelo, abnegada; madre
sacrificada, incondicional; pareja siempre atenta y dispuesta; ama de casa con
todo bajo control; trabajadora exitosa; siempre a la moda; amiga en todas las
circunstancias, entre otros roles que nos desdibujan.

Si sientes que estás dentro del calificativo de supermujer, ¡POR FAVOR PARA!,
¡NO ES PARA SENTIRSE ORGULLOSA! Es una clara señal de daño en tu autoestima;
dejas de ser tu misma por satisfacer a otro, haces a un lado tus propias
necesidades y requieres de la aprobación de otros para avanzar.

Sal de la autonegación, y respétate a ti misma, aprende a diferenciar el Ser del


Hacer.

• Integra: la autoaceptación es también integración. Integrarte es unir todo lo que


eres. Es dejar de negar aspectos de ti que aprendiste a esconder porque le
molestaban a alguien querido o importante para ti. Esta integración la logras
siendo auténtica, expresando todo lo que sientes.

Asume el riesgo de enfrentar tus miedos, permítete expresar y aceptar emociones,


ideas y comportamientos que llegaste a ver como inadecuados o indignos. Te
integras cuando aceptas en ti lo fuerte y lo débil; lo dominante y lo sumiso; lo
agradable y lo molesto, sin la imperiosa necesidad de ocultar. Mientas no
identifiques y aceptes esas “partes de ti” que tenemos todas las mujeres, ellas se
empeñarán en salir y seguirás en conflicto interno y atascada. Para que el perro
7

deje de ladrar, sácalo a que tome aire, vea otro ambiente y satisfaga sus
necesidades.

• Practica la autonomía: decide por ti misma en vez de seguir el camino dibujado


por otra persona. Revisa: ¿mis gustos, el cómo me expreso, el trabajo que
desempeño, son producto de mis propias elecciones o respondo automáticamente
a decisiones externas, grabadas en mi mente y repetidas sin cuestionarlas y sin
conciencia?

Cuando te amas, te respetas y eres autónoma no necesitas impresionar ni


satisfacer a los demás porque no necesitas de sus referencias.

Para lograr ser autónoma, lo mejor es que no te compares. Si lo haces, niegas tu


propia exclusividad, buscas reafirmación externa y renuncias a tu derecho a
autovalorarte. Esto facilita que otra u otras personas conduzcan tu vida; te alejas
de tu centro y de lo que tu verdad o fuerza interior establece.

• Desarrolla madurez psicológica: esta madurez se refleja en nuestras acciones cada


vez más independientes; en el abandono de las formas que adquirimos de
manipulación que usamos para asegurarnos el apoyo de las personas. Son pautas
inconscientes que usamos para controlar a los demás y así no tener que hacer
cambios personales. Llegamos a actuar de manera complaciente, intimidadora,
seductora, como víctima, entre otros comportamientos. Y todo como
consecuencia de la dependencia psicológica, de la falta de madurez, de no haber
decidido y aprendido a pedir directamente aquello que queremos y necesitamos.
Te sugiero asumas conciencia y revises si uno o varios de esos patrones se reflejan
en tus comportamientos. De ser así, abandónalos. Comunica de forma directa y
adecuada tus necesidades.
• Honra a tu cerebro femenino: diferentes estudios científicos como los realizados
por Robert Josephs de la Universidad de Texas y Shelley Taylor de la Universidad
de Carolina del Norte, han comprobado que nuestro cerebro es muy sensible a los
efectos de neuroquímicos y a las hormonas de nuestro cuerpo. De tal magnitud es
la influencia, que puede decirse que crean una realidad femenina. Es decir, pueden
conformar nuestros valores y deseos, decirnos día a día lo que es importante para
nosotras.

La realidad neurológica de una mujer no es tan constante como la de un hombre,


es cambiante y difícil de predecir. Utilizamos áreas diferentes para resolver los
problemas, procesar el lenguaje, experimentar y almacenar la misma emoción
intensa. La estructura y química del cerebro que poseemos nos caracteriza,
explican parte de nuestros comportamientos, no somos seres extraños ni
emocionales por capricho, respondemos a nuestra propia biología. Un ¡Hurra!
para la masa gris y blanca dentro de la cabeza de cada una de nosotras.
8

• Utilizas tus pensamientos para cambiar tu propia imagen: la calidad de los


pensamientos y creencias que tengas acerca de ti misma con frecuencia
determinan tus experiencias. Cualquier cosa que creamos puede llegar a ser
verdad para nosotras. Algo es verdad si lo crees y no es verdad si no lo crees.

Puede ser que tu mente divague y abra el espacio para que te invadan
pensamientos limitadores que te bloquean y mantienen “paralizada” viendo una
imagen negativa de ti, sintiéndote impotente por no poder hacer nada en contra
de ellos: sin embargo, ¡Si Puedes! ¡Eres mucho más que tu mente!

Posees el poder de pensar lo que desees y descartar el resto, dependiendo de


cómo utilices este poder, tu propia imagen será positiva o negativa. Él responde
constantemente a tus ideas. A medida que aprendas a controlar tu mente
escogiendo conscientemente tus pensamientos y creencias, esta fuerza se
constituirá en tu gran aliada.

Tú no eres los pensamientos que tienes de ti misma, sino que eres la pensadora de
esos pensamientos. Al sugerirte que cambies tu propia imagen con tus
pensamientos, te estoy invitando a que asumas tu responsabilidad en la
percepción que tienes de ti misma, para que transformes tu vida en una película
positiva, donde te sientas bien al ser tú la escritora del guion, la productora, la
directora y la primera actriz.

Puedes controlar lo que piensas de ti misma y sobre otros, pero lo que otros
piensen de ti no está bajo tu influencia, no te preocupes por eso. Recuerda, tu
autoestima se desarrolla en la medida que ejerzas tu autonomía, conviértete en la
número uno en tu propia mente.

¡Inspírate!, imagina que tus nuevos pensamientos positivos brotan de ti como en


un jardín sin límites. Comienza con flores como: “Yo soy importante”, “Yo soy
número uno”, “Yo soy inteligente”, “Yo soy lo suficientemente buena como para
lograr lo que deseo”. Escribe cada una de ellas unas 20 veces al día, también
puedes decírtelas frente al espejo y grabarlas. Es posible que cuando comiences a
practicar esta técnica te parezca tonta o inútil y te resistas a realizarla. Te garantizo
que si usas esta herramienta expresando verdadera convicción te dará resultados.

Cuando cantas tus propias alabanzas simplemente estás tomando tu lugar en la


orquesta de la humanidad. Eres maravillosa, eres importante, eres magnífica como
lo somos todas. Al equilibrar la opinión mejorada que tienes de ti misma con la
comprensión de que las demás somos iguales a ti, puedes liberarte de la culpa de
ser tan extraordinaria como eres, ya que todas somos extraordinarias.

• Reconoce tus atributos o cualidades: todas las mujeres tenemos cualidades y


habilidades, el asunto es descubrirlas y ponerlas en práctica. Al hacerlo
9

desarrollamos nuestro potencial. Para develarlas, puedes hacer una lista de esos
aspectos positivos que se destacan en ti. Recuerda dejar la autocrítica de lado, ser
honesta y no ser perfeccionista. Probablemente al principio te cueste un poco
hacerla, si te sientes paralizada pide ayuda a alguien a quien sientas cercano.

Cuando esté terminada, la puedes leer todas las mañanas, construir afirmaciones
con cada una de las cualidades e incluso ilustrarla con imágenes y colores alegres
de tu preferencia. Comprende que estás tratando contigo misma. Esta lista no es
estática, agrega otros atributos que descubras en el proceso de tu transformación.

Cuídate de la emboscada.

El simple acto de aceptarte disuelve toda resistencia. No obstante, debes estar alerta ante
la trampa en el camino hacia tu propia aceptación: la resignación.

Si equivocadamente crees que el hecho de aceptarte implica que nunca vas a mejorar o
transformarte, entonces no has captado el verdadero significado de la autoaceptación. El
aceptarte no significa que nunca más te harás una autocrítica. Todo lo contrario, por el hecho de
saber y valorar quién eres, podrás evaluar la historia de tu vida con un enfoque más amplio y
profundo. Detectarás aquello que es incongruente contigo y podrás comprometerte a cambiar tu
comportamiento como consecuencia de no seguir enjuiciándote.

Con este primer hábito:

• Aprende a decirte Si, a ti misma. Tú eres la número uno en tu vida.


• Desarrolla la tolerancia y la compasión por ti misma, sin llegar a sentirte víctima.
• Trátate y háblate con amabilidad.
• Respétate. Suelta todos tus pensamientos negativos.
• Recuerda que nadie es perfecto.
• Comprométete contigo a mejorarte, independientemente de tu entorno. Ten una
actitud de confianza. Tú lo puedes hacer.
• Cambia tu comportamiento cuando sea oportuno. Date ánimo.
• Mantente centrada en lo que deseas alcanzar. Tu mente es una herramienta
poderosa. Úsala.
• Exprésate. Di lo que piensas asertivamente.
• Reconoce que eres importante e inteligente. Complácete y ámate.
• Ten en cuenta que hagas lo que hagas en algún momento alguien se sentirá
defraudado y eso está fuera de tu control.

“La autoaceptación es el útero en donde nace la autoestima”

Bob Mandel
10

2. Mantente conectada a tu fuerza o guía interior.

Al aceptarte (Hábito 1) te abres a la maravilla de tu propia vida, aparece ante tus ojos ese
poder que siempre ha estado dentro de ti y que es tu mejor aliado: tu fuerza o guía interior.

Nuestra orientación interior nos dirige hacia aquello que más favorece nuestra vida y no
las hace más satisfactoria. Nos conduce por medio de pensamientos, emociones y sensaciones
corporales.

Vivir conectadas con nuestra guía interior comprende recorrer el camino por la vida
utilizando todas nuestras partes: mente, cuerpo, emociones y espíritu.

Cómo funciona tu guía interior:

Hay elementos, además de nuestra inteligencia, que son innatos en nosotras las mujeres,
cuya manifestación refleja de manera inequívoca la fuerza interior que poseemos. Estos
elementos son: la intuición, la sabiduría del cuerpo, saber decir no y las experiencias místicas.

• La intuición: es un componente importante de nuestra fuerza interior, es


nuestro sistema de alarma que nos advierte cuando algo no anda bien o
cuando alguna de nuestras acciones puede comprometernos.

No dudo que con frecuencia te encuentres expresando a otra persona o a ti


misma alguna de estas frases: “A mí me parece…”, “Algo me dice…”,
“Presiento que…”. Y que terminas acertando. Esto no es más que la
manifestación de tu espectacular intuición. Es tu don para sentir o detectar
situaciones que son difíciles para el entendimiento racional, pero tarde o
temprano se confirman como ciertas.

• La sabiduría del cuerpo: nuestro cuerpo está hecho para actuar como una
estación receptora y transmisora de energía e información. Debemos
aprender a confiar en que las señales de bienestar o malestar (síntomas) que
expresa nuestro cuerpo, es la manera a través de la cual la guía que está
dentro de nosotras atrae nuestra atención, ya sea para prolongar lo que
vivimos o rechazarlo.

La finalidad de las emociones, independientemente de cuales sean, es


ayudarnos a sentir y a participar plenamente en nuestra vida. Para tomar
conciencia de nuestro sistema de orientación interior, hemos de aprender a
confiar en nuestras emociones. Esto no siempre es fácil, ya que a muchas
mujeres se nos ha enseñado a vivir como si estuviéramos en una constante
situación de emergencia. En ocasiones llegamos a pensar: “Bueno, más tarde
11

me ocuparé de esta emoción dolorosa. Ahora no tengo tiempo. Tengo que


terminar de hacer la comida” (o trabajar, o atender a los hijos, o lo que sea).

Esta postergación o negación le exige a nuestro cuerpo hablar en voz más alta
para llamar la atención, lo que a la larga se puede manifestar como
enfermedad.

La próxima vez que sientas ganas de llorar o de reír, para lo que estás
haciendo y experiméntalo. Es una intervención de tu fuerza o guía interior.
¡Mejorará enormemente tu calidad de vida!

Cada una de nosotras debe desarrollar maneras de sintonizar con las


necesidades de su cuerpo. Debes entrar en tu cuerpo y experimentarlo.

Te aconsejo que confíes en tu cuerpo y reconozcas su sabiduría innata. No es


necesario que sepas exactamente por qué le ocurre algo para responder a
ello. No es necesario que sepas por qué se te acelera el corazón ni por qué
tienes ganas de llorar. La comprensión te llegará después de haberte
permitido experimentar lo que estás sintiendo. Te integras en un proceso
orgánico que involucra a tu cuerpo y a tu inteligencia.

La tristeza o el dolor son partes naturales de la vida. Son también grandes


maestros. Nadie va por la vida sin experimentar tristeza o dolor. Sin embargo,
generalmente se nos enseña desde niñas que hay algo malo en sentirlos, que
hay que negarlos o evitarlos a toda costa, y el costo es muy alto.

Lo que no nos enseñan es que tenemos la capacidad natural de hacer frente al


dolor, que nuestro cuerpo sabe hacerlo. Llorar es una de las maneras de
liberarnos.

La mayoría de las personas se sienten incómodas con las emociones que le


surgen cuando nos ven llorar. Se precipitan a “consolarnos”, nos ven
“descontroladas”. Si esto te llegase a ocurrir, amablemente exprésales que te
permitan llorar. Si te permites permanecer en lo que estás sintiendo,
introducirte en ello y llorar, gemir o gritar todo el tiempo que sea necesario, te
encontrarás plenamente con tu ser más profundo. Con frecuencia descubrirás
que tu cuerpo tiene la capacidad natural de resolver acontecimientos muy
dolorosos del pasado.

Cuando estás dispuesta a permanecer con “lo que es” en lugar de huir de ello,
serás capaz de resolver experiencias limitadoras que has tenido dormida
durante años, robándote la vida.
12

El cuerpo está hecho para funcionar mejor cuando hacemos lo que sentimos
que es correcto para nosotras. Esto tiene estrecha relación con la puesta en
práctica de nuestros dones y talentos.

• El saber lo que no quieres: la capacidad de decir “no” a lo que no nos apoya es


una parte esencial en nuestro sistema de orientación interior. Saber lo que no
queremos es algo innato en nosotras. Nunca es demasiado tarde para decir
“no” a aquellas situaciones que nos agotan o desagradan y “si” a las que nos
hacen sentir bien.

Te sugiero seguir las siguientes recomendaciones:

o Por ejemplo, cuando una amiga te llame para pedirte un favor o


ayuda, detente un momento y pregúntate: “¿de verdad deseo
ayudarla ahora o preferiría hacer otra cosa?” Dile a tu amiga: “déjame
pensarlo. Más tarde te llamo para darte una respuesta”. Si tu
respuesta es “no”, no te preocupes por la reacción de tu amiga.
o Cuando alguien te pide que hagas algo, fíjate en lo que pasa en tu
cuerpo. ¿Cuáles son las zonas de tensión? ¿Sientes alguna “reacción
visceral” de cualquier tipo? ¿Qué te dice tu cuerpo: “Sí, esto va a ser
agradable” o “No, ¿esto va a ser agotador”?
o Si estás cansada o irritable al final del día, pregúntate qué
pensamientos, actividades o personas te agotaron la energía.
o Los días que te sientas estupendamente, pregúntate que
pensamientos, actividades o personas te aumentaron tu energía.
o Escribe todo lo que te aporta bienestar. Presta atención a esas cosas o
situaciones para que atraigas a más de ellas a tu experiencia.
o Practica la gratitud y el aprecio por todo lo positivo que tienes en tu
vida.
• Las experiencias místicas: puedes llamarlas como quieras, pero deseo
expresarte que no me refiero a ninguna conexión de tipo religiosa. Se trata de
tu libre relación “con quien eres” y todo lo que te rodea. Cuando eres capaz de
disfrutar plenamente de la naturaleza, relajarte, e integrarte con todo lo
existente en el Universo, entonces indefectiblemente estás conectada con tu
fuerza o guía interior.

Cuídate de la emboscada.

Si no nos fijamos en cómo colaboramos directamente con la dinámica que nos destruye,
corremos el peligro de actuar en “modo víctima perpetua” y con esto prolongar nuestros
problemas y perder conexión con la guía interior que yace dentro de nosotras.

Reconocer en profundidad tu conexión con la fuerza interna que te es natural, evitará que
caigas en la trampa del desequilibrio. Tu conexión no es real cuando te encarcelas en la
13

exageración de lo que sientes y transformas tu intuición en alardes de “pitonisa” para obtener la


atención de los demás.

Tampoco lo es cuando le restas importancia a lo que tu cuerpo te expresa o al magnificar


los síntomas convirtiéndote en “hipocondriaca”.

Evita perderte en el viaje hacia el reconocimiento de tu fuerza interior, estás tan llena de
ella que puedes llegar a pensar que eres “Todopoderosa”. Este puede ser el reflejo de un
mecanismo que utilizas para ocultar profundos sentimientos de inseguridad.

“Nuestra guía interior está siempre a nuestra disposición para recordarnos la dirección
hacia la satisfacción”.
Christiane Northrup

En este segundo hábito:

• No rechaces tus emociones. Intégralas.


• Escucha y ama tu cuerpo.
• Llora cuando así lo desees.
• No dudes de tu intuición.
• Di “no” a lo que no quieres.
• Di “si” a lo que deseas.
• Siente tu atracción hacia lo que te conecta con el Universo.
• Quédate tranquila y escucha el silencio.
• Observa la belleza de la naturaleza.
• Lee libros que te inspiren.
• Escucha música de tu agrado.
• Disfruta de los momentos mágicos de tu vida.
• Medita.

3. Transforma las palabras en fuentes de poder para enriquecer tus


relaciones.

Al llegar aquí, ya son tuyas las dos herramientas que recogiste en el recorrido que
decidiste andar para el desarrollo de tu autoestima: el aceptarte (Hábito 1), y el asumir la guía
natural que hay dentro de ti (Hábito 2). Ambos recursos son necesarios en el arte de transformar
tus palabras en pinceles que den colores alegres a la historia de tu vida.

Cada mujer tiene una historia que comparte; lo hacemos con nosotras mismas y con las
personas que nos rodean. En ocasiones lo hacemos de manera consciente, pero la mayoría de las
veces lo hacemos inconscientemente.
14

Con respeto, honestidad y delicadeza hacia ti misma, pregúntate:

• ¿Quién creo que soy?


• ¿Qué palabras utilizo para describirme a mí misma?
• ¿Cuáles son los juicios que tengo sobre mí?
• ¿La historia que me cuento sobre mí misma es verdad?
• ¿Cómo es mi relación con las demás personas?

Las palabras que uses para dar respuestas a estas interrogantes dan contenido y forma a la
historia de tu vida.

Te invito a observar si has estado utilizando las palabras contra ti misma, o si al contrario,
han sido fuertes ladrillos en la construcción de una vida plena y satisfactoria para ti. El resultado
de esta reflexión es el resumen de los mensajes que has estado enviando a ti misma y a tu
entorno.

Las palabras influyen en tu progreso.

La comunicación en el desarrollo de la autoestima es un proceso que precisa:

• Ser consciente de cuáles son los verdaderos problemas que se tienen.


• Estar en contacto con los propios sentimientos.
• Elegir con claridad los pensamientos y sentimientos que se desean comunicar.
• Expresarlos de manera fluida y sin acusaciones.
• Mantener el corazón abierto mientras se dicen las verdades.

Nuestras palabras determinan lo que recibimos. Así como los pensamientos afectan
nuestras circunstancias, también las palabras. Ellas forjan nuestra actitud y determinan lo que
habremos de atraer y experimentar.

Así como somos responsables de lo que pensamos también lo somos de las palabras que
expresamos.

Las palabras afectan tu poder personal.

Las palabras que empleamos se filtran constantemente en nuestro inconsciente y se


convierten en parte de nuestra persona. Con ellas revelamos a los demás con exactitud qué tanta
es nuestra seriedad y nuestro compromiso para obtener resultados positivos.

Algunas palabras suelen minar tu avance. Siempre que utilizas la palabra “tratar” das a
entender que no tienes el control de la situación. Si vas a tratar de “aceptarte”, o a tratar de
“hacerte respetar”, estás suponiendo que quizá lo hagas o quizá no. Sustituir la palabra “tratar”
por una afirmación categórica implica un reto que tú puedes vencer.
15

La expresión “no puedo” también menoscaba tu fuerza personal. Decir simplemente “no”
en lugar de “no puedo”, suele ser más exacto y firme. Por ejemplo, al expresar: “no te veré
mañana” indica que tienes el control de la situación y que has tomado una decisión.

Es posible que sin darnos cuenta pasemos gran parte de nuestras vidas sometidas al yugo
de frases limitantes, almacenadas en nuestro cerebro durante décadas. Repitiéndonos día tras día,
año tras año, la vida de otros, una vida que no hemos elegido.

No viniste con un “manual de como conducir la vida” instalado dentro de ti cuando


naciste. En la medida que desarrollas habilidades, transformas lo que ves, escuchas y sientes para
darle importancia a lo que va sucediendo.

Con este hábito de transformar tus palabras lograrás la habilidad de expandir tu manera
de influir sobre ti misma y sobre tu entorno. Por ejemplo, el hacer preguntas inadecuadas o no
hacer preguntas, generalmente son garantía de enredos o malas interpretaciones.

En el caso de repetirte a ti misma la pregunta “por qué a mí”, te sumerges en un círculo


vicioso de quejas y de sensación de víctima.

Definitivamente para obtener algo verdaderamente positivo en nuestras vidas


¡Cambiemos las preguntas!

Con las preguntas útiles o potenciadoras hacemos nuestra la posibilidad de hacer cambios
rápidos, fáciles y entretenidos, si así lo deseamos.

En lugar de inquirirte: “¿Por qué tal cosa?” Examina: “¿Cómo específicamente hago tal
cosa?”, notarás que el solo hecho de cambiar la pregunta ya te brinda otra visión, otra posibilidad
de discutir opciones para salir de donde estás y moverte en la dirección que quieras.

Hacer el siguiente ejercicio te puede ser útil para medir el alcance de cambiar la manera
en la que formulas tus preguntas:

Ejercicios para lograr metas:

• Ubícate en un sitio tranquilo donde puedas estar contigo misma, sin


interrupciones y relajada.
• Hazte las siguientes preguntas y permite que tu guía interior responda:
o ¿Qué específicamente me gustaría lograr para mí misma en 1, 3, 5 años?
(pon tus propios lapsos)
o ¿Cómo sabré que lo he obtenido?, ¿qué veré, oiré, sentiré una vez que lo
logré?
o ¿Para qué quiero lograr eso?
o ¿A qué otra solicitud o necesidad me lleva?
16

o ¿Qué tipo de recursos, ayudas o colaboración necesitaré para lograrlo?


¿Vale todo el esfuerzo que requiero llevar a cabo? ¿Me beneficia
realmente? ¿Favorece a mi entorno, mis allegados, al mundo en general?
o ¿Cuáles son las acciones específicas que yo, en persona, tendré que
realizar para lograr este sueño?

Cuando a plena satisfacción respondas a estas preguntas, concéntrate en tu propia imagen


y oye tu voz interior. Habrás sentado las bases de las decisiones que harán posible tus deseos, tus
metas. Convierte en acción cuanto has planificado, comenzando con lo más sencillo e inmediato.

El efecto de las afirmaciones positivas.

Ya, en párrafos anteriores, te he hecho referencia al valor de las afirmaciones. Con este
apartado pretendo ofrecerte detalles que potencian sus efectos.

Las palabras que empleamos afectan nuestra manera de pensar y sentir. Nuestros
pensamientos inciden sobre lo que decimos y sentimos. Nuestros sentimientos influyen sobre lo
que decimos y pensamos; si te lo propones, puedes salir victoriosa en la dinámica de este
triángulo.

Resulta mucho más fácil modificar lo que decimos, que lo que pensamos y sentimos. Si
tienes sentimientos negativos hacia ti misma, al dirigirte palabras positivas empezarás a percibir
un efecto beneficioso sobre tus pensamientos y sentimientos.

Una afirmación es un pensamiento confiado de la verdad de lo que hemos percibido. La


formulación y evocación repetida de afirmaciones positivas hacia nosotras mismas, nos puede
resultar en cambios significativos en nuestra vida.

Utilizar afirmaciones te permite elegir pensamientos de calidad e implantarlos en tu


inconsciente para sentir y actuar mejor. ¡Alerta! el que las pongas en práctica no quiere decir que
ya no tengas responsabilidad en esforzarte para obtener una mejor situación. Constituyen un
recurso más que te puede dar un empujoncito en el camino hacia la maximización de tu
autoestima.

Por ser sencillas quizá no le des valor. Pero te aseguro que son poderosas.

Una afirmación positiva tiene el potencial de funcionar porque condiciona nuestra mente
a trabajar hacia lo que deseamos en base a una idea determinada. La mente no diferencia entre la
fantasía y lo real. Por esta razón nos asustamos cuando vemos una película de terror o lloramos
ante el drama de un personaje representado en el cine.

Otra resistencia que se puede apoderar de ti, es creer que, porque has escuchado que a
otras personas no les han funcionado las afirmaciones positivas, contigo será igual.
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La razón por la cual no les funciona es por sus creencias negativas fuertemente arraigadas
en el inconsciente. Sus patrones de pensamiento son tan negativos que anulan a las afirmaciones
positivas. Sin embargo, si se puede lograr que funcionen y les ganen al pensamiento negativo.

Existen algunos pasos o reglas que debes tener presente para hacer uso de las
afirmaciones positivas y vencer a las negativas:

• Primero: realiza una lista de todos aquellos aspectos negativos que crees tener y
los que otras personas te hayan dicho y que te afectan. Observa la aparición de
alguna creencia recurrente y fíjate si produce tensión en cualquier parte de tu
cuerpo. Por ejemplo: un nudo en el estómago o en la garganta, ganas de llorar u
opresión en el pecho.
• Segundo: escribe una afirmación positiva del juicio que te realizaste en el primer
paso. Ejemplo: si la creencia recurrente resultó ser “Soy inútil” podrías sustituirla
por: “Soy capaz de destacarme, poseo múltiples habilidades”.
• Tercero: repite la afirmación positiva en voz alta durante unos cinco minutos, unas
tres o cuatro veces al día, sería ideal si lo inicias en la mañana cuando te miras al
espejo al momento de arreglarte. También puedes escribirla varias veces.
• Cuarto: cuando repitas la afirmación, coloca tu mano en el área del cuerpo que
sentiste tensionada cuando hiciste el primer paso. Así anclarás ese nuevo
pensamiento positivo a tu cuerpo.
• Quinto: pide a una persona muy cercana, de tu plena confianza que repita tu
afirmación. Si no consigues quien, hazlo tú misma delante del espejo con mucha
convicción.

Hay otras consideraciones generales que te sugiero seguir a la hora de realizar tus
afirmaciones positivas:

• Tu mente siempre se mueve hacia lo que piensas. Por lo tanto, si preparas una
afirmación como esta: “No discutiré con mi marido”, el resultado dejará mucho
que desear. Tu mente se seguirá desplazando exactamente hacia lo que no
quieres. Una mejor forma sería: “Puedo establecer una mejor relación con mi
marido”.
• Las afirmaciones son efectivas cuando las repites en voz alta o las escribes, pero
cuando haces ambas acciones simultáneamente el efecto es más poderoso, pues
involucras varios sentidos físicos. La repetición es muy importante.
• Debes formularlas en tiempo presente, si lo haces en tiempo futuro tu
inconsciente almacenará que lo que deseas está fuera de tu alcance.

Hacer que escuchen tus verdades.

Al comunicarnos deseamos lograr que el otro nos escuche, se identifique y simpatice con
nuestra experiencia.
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Para crear la mejor oportunidad de ser escuchada, en primer lugar, es indispensable que
captes la atención de la otra persona. Conviene elegir el momento y lugar apropiados. Si tratas de
hablar con tu pareja, hijo o una amiga cuando está saliendo a cumplir un compromiso, dudo
mucho que te escuchen.

En segundo lugar, debes intentar que la otra persona se sienta cómoda cuando le vas a
hablar. Si presiente que te estás preparando para entrar en combate, lo más probable es que se
predisponga o huya. En tercer lugar, lo mejor es que digas las verdades de la manera más clara
posible y sin acusar.

Es preciso que estés muy consciente de la intención que te motiva al comunicarte y el


estado de ánimo con el que vas a decir las verdades.

Debes ser cuidadosa con el tipo de afirmaciones que utilices.

Afirmaciones en primera y segunda persona: una afirmación en segunda persona suele


interpretarse como un ataque. En primera persona produce la impresión a una invitación a
escuchar.

Ejemplos de afirmaciones en segunda persona:

• “Me haces molestar”.


• “Eres un inmaduro”.
• “No me entiendes”.
• “Nunca me prestas atención”.

Estas afirmaciones se entienden como una realidad o juicio negativo definitivo.

Ejemplos de afirmaciones en primera persona:

• “Me enfado cuando no prestas atención”.


• “Me siento sola y asustada cuando te quedas muy tarde fuera de casa”.
• “Me siento agotada y abrumada porque la mayor parte de las responsabilidades
recaen sobre mi”.

Las afirmaciones en primera persona son declaraciones personales de cómo te sientes y


cómo te afecta lo que ocurre. Son mucho menos amenazadoras e invitan a la otra persona a
responsabilizarse más de su comportamiento. Transmiten el mensaje de que confiamos en que él
o ella va reaccionar ante esa situación con respecto a nuestras necesidades. Estas afirmaciones
requieren de nuestro valor, porque no señalamos al otro con el dedo sino que expresamos
nuestros verdaderos sentimientos.

La ventaja de este recurso está en que favorece la confianza mutua y el acercamiento. No


te preocupes si la otra persona no está preparada para reaccionar de la manera que esperas. De
todos modos, esta forma consciente de comunicarte “te libera” de una dinámica conflictiva y te
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capacita para reaccionar ante una determinada situación desde una posición más ventajosa para
ti.

Además de las afirmaciones en primera persona, el uso de un tono de voz firme pero
adecuado, el contacto visual y tu postura frontal sin ser retadora también son elementos muy
valiosos al momento de hacerte escuchar.

Escuchar la verdad del otro.

La comunicación hábil, asertiva o efectiva requiere que seamos capaces de escuchar.

Escuchar auténticamente requiere dejar de lado nuestros intereses y juicios, tomarse el


tiempo para hacerlo y querer oír lo que la otra persona quiere decir. Mientras escuchas debes ser
empática, estar dispuesta a ver el mundo como lo ve otro aun cuando su punto de vista sea
opuesto al tuyo.

Además de oír las palabras que se perciben hay que practicar un nivel de escucha que
también incluya los sentimientos que no se dicen.

El hecho de estar abiertas con el corazón y con una atención total, nos capacita para oír los
mensajes no verbales de la comunicación. Para comunicarnos de Yo a Yo debemos de estar
dispuestas a ver a la otra persona de una manera renovada

Cuídate de las emboscadas.

Mejorar tu estilo de comunicación demandará de ti entrenamiento y disciplina, así estarás


alerta ante las trampas que surgen cuando no es un hábito bien integrado. Podrías ser presa de las
suposiciones, dejando a tu imaginación y a tu juicio lo que creas que la otra persona te va a
responder sin haberle preguntado lo que deseas saber. Perpetuando la duda y la incomodidad en
ti.

Si emites mensajes poco claros, puedes producir confusión o agregar más “leña al fuego” a
un conflicto del cual quieres salir. Esta falta de confianza puede ser una señal de desconexión con
tu fuerza interior. Como también lo es cuando presentas incongruencia entre lo que piensas, dices
y expresa tu cuerpo.

El centrarte sólo en ti cuando te comunicas no te dejará entender si estás transmitiendo


correctamente el mensaje, al no poder percibir la reacción de tu interlocutor a través de la
percepción e interpretación de su expresión corporal, tono de voz u otras acciones.

“Tu Equilibrio Expresivo es el reflejo del éxito del viaje hacia ti misma”.

Greisy R.
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En este tercer hábito:

• Clarifica tus pensamientos, sentimientos y necesidades.


• No utilices la palabra contra ti ni contra otros.
• Utiliza preguntas potenciadoras.
• Haz uso de las afirmaciones positivas
• Emplea afirmaciones en primera persona.
• Haz oír tus verdades.
• No hagas suposiciones.
• Al expresarte armoniza el tono de tu voz con tu palabra y tu cuerpo.
• Al escuchar al otro “colócate sus zapatos”.

4. Perdona

El perdonar se entrelaza con el aceptarte (Hábito 1), cuando decides hacerlo es porque
has reconocido a tu mejor aliada; la fuerza que hay dentro de ti (Hábito 2). Y, para comunicarte de
tal manera que favorezca el perdón es indispensable que pongas en práctica la transformación de
tus palabras (Hábito 3).

Cuando tienes dificultad para aceptarte puede deberse a dos factores. El primero es
aquello que no te has perdonado, y el segundo es lo que tienes que cambiar. Estos elementos
sumados a la culpa hacen una mezcla explosiva que destruye tu autoestima.

Los antídotos eficaces e indispensables contra esa mezcla dañina son conciencia y perdón.
Conciencia para descubrir que podemos ver lo mismo con otros ojos, y perdón para sanar la herida
y aceptar que no podemos cambiar los hechos. Considero que todos vivimos nuestras vidas como
mejor sabemos hacerlo. Cometemos errores, algunas veces actuamos con conciencia y otras con
base en información equivocada y, sin embargo, actuamos como podemos.

No es una tontería que en algún momento sientas que alguien te hizo sufrir en el pasado,
pero castigarte en el presente por un hecho ocurrido en el pasado remoto es un sin sentido. El que
le eches la culpa a alguien es asegurar que el problema se perpetuará.

El culpar a otros es una excusa para no aceptar la realidad; una excusa para no actuar. Te
aseguro que cuando dejas de culpar a los demás, tu fuerza interior te colocará en posición de
hacer algo para mejorar las cosas.

Independientemente de cuál sea nuestra historia única y especial, el elegir perdonar


contiene la promesa de que encontraremos la paz que todas deseamos. Nos asegura el liberarnos
del poder que ejercen sobre nosotras las actitudes y los actos de otras personas. Nos vuelve a
despertar a la verdad de nuestra bondad y al hecho que somos dignas de amor. Contiene la
certeza que seremos capaces de descargarnos cada vez más de la confusión emocional y de seguir
adelante sintiéndonos mejor con nosotras mismas y con la vida.
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Te ofrezco estas dulces promesas del perdón, ellas se cumplirán si decides perdonarte y
perdonar a otros. Te aseguro que transformarán tu vida.

El perdonar puede representarte un desafío.

Imagínate que te pido amablemente perdonar a alguien a quien consideras causa de algún
sufrimiento personal. Tómate unos minutos, trae a esa persona a tu mente y fíjate que te evoca mi
sugerencia. ¿Cómo te sientes ante la idea de perdonarla? ¿Qué significa para ti perdonarla? ¿Qué
tendrás que hacer para perdonarla? ¿Crees que es momento de perdonarla? Reflexiona sobre tus
respuestas.

A veces es posible que la sola idea de perdonar a alguien intensifique los sentimientos de
decepción y rabia. Otras veces, puede que la idea produzca alivio inmediato. Todas tenemos ideas
preconcebidas sobre el perdón, ideas acompañadas de sentimientos. Nuestro concepto del
perdón puede provocarnos dos reacciones: o bien imposibilitarnos, limitando nuestra capacidad
para la claridad y la alegría o bien animarnos, ofreciéndonos una manera de dejar atrás el pasado.

Si crees, por ejemplo, que perdonar a alguien significa justificar su comportamiento y


tener que aceptar cualquier cosa que haya hecho, entonces considerarás imperdonables a muchas
personas y el rencor estará siempre en ti. Esta reacción parece muy razonable, porque, ¿quién va a
justificar la conducta de un abusador, de alguien que maltrata, manipula o es insensible a los
derechos básicos de otra persona?

Lo que creas sobre el perdón te abre o te cierra posibilidades, determina tu disposición a


perdonar y, por lo tanto, influye profundamente en el matiz personal de tu vida.

En vista de esto, te propongo que retires de tu mente, sin presionarte, las ideas que tienes
actualmente sobre lo que significa el perdón. Imagina que las guardas en un lugar seguro hasta
que leas lo que te brindo con este hábito de perdonar y lo pongas en práctica durante un tiempo.
Después decidirás si las recuperas o las desechas.

Lo que no es perdonar.

• Perdonar no es justificar comportamientos negativos sean propios o ajenos. El


maltrato, la violencia, la traición y la deshonestidad son sólo algunos de las
conductas que pueden ser totalmente inaceptables. Tú puedes sentir que es
conveniente e incluso indispensable una medida firme que impida que esa
conducta se repita. El perdón no quiere decir que apruebes o defiendas la acción
que te causó sufrimiento, ni tampoco excluye que tomes medidas para cambiar la
situación o proteger tus derechos. Es imposible perdonar si para ello tenemos que
aceptar acciones inaceptables.
• Perdonar no es aparentar que todo va bien cuando no es así. A veces te puede
resultar confuso diferenciar entre el verdadero perdón y la negación de la rabia y
el dolor. Es común que nuestro entorno juzgue el enfadarnos como inaceptable,
22

sobre todo cuando expresamos la rabia que sentimos, por eso muchas de nosotras
aprendimos desde niñas a desvalorizar nuestros sentimientos y a inhibir nuestros
deseos de comportarnos en consonancia con estos para evitar el castigo o
abandono por parte de nuestros padres, hermanos, maestros, amigos u otras
personas.
• Perdonar no es adoptar una actitud de superioridad. Si perdonas a alguien porque
le tienes lástima o lo consideras tonto, es porque estás confundiendo perdonar
con ser prepotente.
• El perdón no significa que debas cambiar tu manera de comportarte. Te lo explico
a través de los siguientes ejemplos:
o Si perdonas a una vieja amiga con quien te has enemistado, no tienes que
llamarla de nuevo si no lo deseas.
o Puedes perdonar a tu pareja por haberse descuidado en la administración
del dinero de disfrute común, pero eso no implica que tengas que
entregarle tus ingresos ni dejar que administre las cuentas de la casa.
o Puedes perdonar a tu madre por ser muy criticona contigo y al mismo
tiempo decidir no hacerle más confidencias.
• El perdón no exige que te comuniques verbal y directamente con la persona a
quien deseas perdonar. No es preciso que te presentes y decirle: “te perdono”,
aunque esto puede ser importante para algunas de nosotros en el proceso de
perdonar. Es posible, que con aquellas personas que te hagan sentir más furia te
resulte imposible comunicarte. También se puede dar el caso que la persona haya
muerto o no quiera hablar contigo. Sin embargo, esto no debe ser un
impedimento para ti, sólo requieres cambiar tu percepción, adoptar otra manera
de considerar a las personas y circunstancias que crees que te han causado dolor y
problemas.
• Perdonar no demanda pasividad ante situaciones que nos afectan por el solo
hecho de sentirnos capaces de perdonar. Defenderse es una señal importante en
la ruta hacia la autoaceptación. El defenderte te facilita el recorrido. Al aprender a
perdonar a aquella persona que te afectó y al mismo tiempo defenderte de ella,
muestra el talante de tu poder femenino. No resignarte a recibir más abuso sino
hacer que la persona que abusa de ti sepa lo inefectiva que es su conducta.

Qué es el perdón.

Al representar muchos aspectos, existen varias maneras de definir el perdón, pero en


definitiva es una decisión, una actitud, un proceso y una forma de vida. Es un regalo que
ofrecemos a otras personas y que aceptamos para nosotras mismas.

El perdón es una decisión, al tomarla ves más allá de la apariencia que la otra persona te
muestra. Decides verla como a un ser igual a ti, no la condicionas por su historia personal, la
percibes con los mismos derechos que tú tienes.
23

El perdón requiere de nosotras que reconozcamos la auto represión y miedo que hay
implícitos en la conducta abusiva de una persona. Aunque no sea evidente, bajo ese
comportamiento hay un grito silente pidiendo respeto, reconocimiento y amor.

Puede ser que al principio te cueste ver y aceptar esta realidad, porque estamos
condicionadas a considerar equivocada o “estúpida” a la otra persona, en lugar de verla como
alguien que se siente reprimido y asustado. No te culpes si tienes esta visión. ¡No te rindas! ¡Eres
capaz de transformarla!

El perdón es una actitud con la cual estamos dispuestas a aceptar la responsabilidad de


nuestras propias percepciones, comprendiendo que son opciones subjetivas que elegimos y no
hechos objetivos.

El perdón es un proceso que nos exige cambiar nuestras percepciones continuamente, las
cuales, generalmente, están sombreadas por los juicios del pasado que traemos al presente. Esto
hace que las apariencias nos engañen con facilidad. Cuando eliges cambiar tu perspectiva por una
visión más profunda, podrás reconocer y respetar la mayor verdad de quién eres y quiénes son los
demás.

El perdón es una forma de vida, es decir, un hábito que nos traslada gradualmente de
sentirnos víctimas de nuestras circunstancias a poderosas cocreadoras de nuestra realidad. Y
como hábito, supone la promesa de vivir cada momento libre de percepciones pasadas, de verlo
como algo nuevo, con transparencia y sin miedo.

Por qué es importante perdonar.

El motivo más evidente para perdonar es liberarnos de los efectos devastadores de la


rabia y del rencor crónico para conseguir paz.

La rabia es una reacción emocional y temporal muy intensa, surge cuando nos sentimos
amenazadas por algo, la podemos expresar abierta y directamente o la escondemos bajo la
alfombra de nuestra mente, donde, aunque se encuentre silente se expresa insistentemente en
forma de resentimiento crónico, que es esa sensación constante de agravio que persiste mucho
tiempo después de que haya pasado la situación que provocó la rabia.

Cuando estamos resentidas, sentimos con intensidad el dolor del pasado, lo revivimos una
y otra vez. Al mantenernos dentro de este círculo vicioso, provocamos un efecto muy negativo
sobre nuestro bienestar emocional que a su vez repercute negativamente en nuestro bienestar
físico, dando paso a la enfermedad.

Ante esta alerta te recomiendo que hagas una pequeña pausa y traigas a tu mente alguna
ocasión en que te hayas enfadado. Pregúntate: ¿Cómo te sentías? Si en estos momentos la rabia
regresa a ti, toma conciencia de cómo te sientes... Ahora respira hondo y penetra en tus
sentimientos. ¿Qué ves bajo tu rabia? ¿Ves miedo? ¿Tristeza? ¿Inseguridad? ¿Desamparo?
¿Impotencia? ¿Abandono? ¿Desilusión? Mira a mayor profundidad. Bajo ese miedo, esa
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frustración o esa tristeza, ¿le ruegas a alguien para que te preste atención, para que te escuche?
¿Es una petición inconsciente de respeto, reconocimiento o amor?

Respóndete con honestidad, al hacerlo te estarás aceptando a ti misma y darás pasos


importantes hacia tu liberación y al encuentro con tu paz.

Cómo iniciar la práctica del perdón.

Te podrías estar preguntando: “¿Tengo que perdonar a los demás para poder perdonarme
a mí misma?” o “¿Tengo que perdonarme a mí misma antes de perdonar a los demás?”.

Es recomendable que lo hagas en un terreno neutro, es decir, empieza con personas no


cercanas o a las cuales conoces muy poco. Aunque es muy probable que sientas la necesidad
urgente de perdonar personas con las que tienes una relación cercana difícil, el hecho de empezar
por aquellas con las que no tienes este tipo de relación directa, te facilitará el proceso al comenzar
por lo más básico.

También te podría surgir la siguiente duda: “si ya no tengo ninguna relación directa con
esa persona que aun siento me hizo daño, ¿qué hago?”.

Te recuerdo que, aunque no esté presente, mantienes una relación con esa persona a
través del “enganche” que te produce la rabia y el rencor. Por lo tanto, inclúyela en la lista de
todas las personas a quienes necesitas perdonar. Para que el perdón sea auténtico y completo no
es necesario intercambiar palabras directamente.

Si tienes una relación íntima con problemas no resueltos y no existe una verdadera
comunicación, es inevitable que sientas rabia, resentimientos, frustración y muchísimas
suposiciones sobre lo que la otra persona piensa y siente.

Es importante que el proceso de perdonar te comuniques contigo misma de manera


honesta, clarifiques lo que sientes y veas cuales son los problemas en esa relación que te producen
rabia o dolor.

Te pueden ser de mucha utilidad completar frases como:

• El problema es…
• El verdadero problema es…
• En relación con esta persona o situación lo que siento es…
• Lo que realmente siento es…
• Lo que me da miedo es…
• Lo que realmente me da miedo es…

Trátate con amabilidad, tolerancia y compasión.


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Perdonar a la familia.

La práctica del perdón que hayas realizado previamente en el terreno neutro, te abrirá las
puertas para llevarlo a tu familia.

Generalmente, nos cuesta mucho esfuerzo perdonar a nuestros padres, hermanos, hijos, a
la pareja o a cualquier otra persona importante para nosotras. Por esta razón el hacerlo
representa una profunda oportunidad de liberarnos.

• Perdonar a los padres: es posible que pertenezcas a la mayoría de mujeres adultas


cuyos padres no supieron reconocer ni satisfacer sus necesidades básicas; amor,
seguridad física y emocional, respeto y diversión.

Abandonar la esperanza de que nuestros padres satisfagan alguna vez nuestras


necesidades suele provocar un gran sentimiento de pérdida y una profunda
tristeza que para disolverlos requiere aceptación. Hay mucho que dejar ir y mucho
que ganar. Algo que hay que dejar ir es una imagen idealizada de cómo deberían
ser nuestros padres.

Perdonar a tus padres requiere que abandones el deseo de exigirles lo que no te


pueden dar. Sólo de ti depende continuar con tu vida eligiendo lo que te satisfaga.
Lo que necesitabas, deseabas y esperabas que ellos te dieran tendrás que buscarlo
en ti misma y en otras personas.

Dependiendo de las circunstancias, de tus posibilidades y de lo que creas que te


pueda hacer sentir mejor, las siguientes técnicas te pueden ayudar en este
proceso de perdón:

o Persona a Persona: lo realizas con la colaboración de la persona en


cuestión.
o Escribir una carta: como ya te expresé con anterioridad, no es una
limitante el que la persona no pueda o no quiera estar presente, haya
muerto, o no desees encontrarte con ella.
o Visualización: tu ilimitada imaginación te brinda la capacidad de crear por
ti misma el recorrido para perdonar, o puedes elegir alguna otra dirigida
que esté escrita o grabada por otra persona.

Estas técnicas las puedes aplicar con cualquier otra persona que necesites o
quieras perdonar.

• Perdonar a la pareja: la relación de pareja es la relación que conlleva a más


fricción y situaciones conflictivas. A diferencia de lo que ocurre con otras
relaciones, en esta nos enfrentamos cada día con las necesidades, los deseos y las
expectativas de la otra persona.
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Si sientes rabia y rencor hacia tu pareja has una pausa y reflexiona sobre cualquier
beneficio oculto que tal vez estés obteniendo. Para sacarlo a la luz, te invito a que
con amabilidad y sin juicios, observes y tomes conciencia de la reacción que te
producen las siguientes preguntas:

o El rencor que guardas, ¿es una manera de demostrar que “tienes la


razón”?
o El enfado a que te aferras, ¿es una forma de controlar la situación?
o ¿Es una manera de mantener una cierta ilusión de control y seguridad?
o ¿Es una forma de vengarte?
o ¿Es una manera de hacerte oír?
o ¿Estás evitando el acercamiento?
o ¿Es una forma de negar sentimientos más profundos de tristeza,
desesperación, abandono y rechazo?
o ¿Es una manera de endosarle el problema a la otra persona?
o ¿Es una forma de “mirar a un lado” para evitar ver que podrías estar
necesitando el cambio que temes?

Puede ser que simplemente ya estés cansada de perdonar y no quieras hacerlo


más. Eso es totalmente válido. Sé amable contigo. Tienes todo el derecho a
cansarte. No lo hagas si es lo que sientes, pero no olvides que la rabia a la larga es
agotadora y te puede enfermar.

Acepta tu capacidad de siempre abrir, aunque sea un poquito la puerta del


perdón. Permanentemente tienes esa oportunidad consciente de establecer tus
propios límites, de lo que aceptas, de lo que eres capaz de negociar y lo que es
inaceptable para ti.

• Perdonar a los hijos: cuando no se han tenido hijos, puede parecer algo absurdo
que exista necesidad de perdonarlos. Pero si eres madre, sabes la intensidad
emocional, los enormes desafíos y frustraciones propios de la crianza de los hijos.

Por naturaleza los niños y la mayoría de los adolescentes están centrados en sí


mismos, suelen ser desordenados, ruidosos y exigentes. A esas edades no es
frecuente que muestren interés por tus necesidades de madre y mujer. No es
porque no lo quieran, es porque mayormente no tienen la capacidad de percibirlo.
Si es tu caso, esta situación puede agotar tu paciencia, sobre todo si estás
sumergida en otras preocupaciones.

Aun en el caso de que estés muy consciente de saber perdonar, habrá ocasiones
en las cuales inevitablemente te enfadarás con tu hijo o hija. ¡No te culpes! ¡Eres
de carne y hueso! ¡La sangre corre por tus venas!
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El perdón te recuerda mantener el corazón abierto mientras estableces los límites


dentro de tu sistema de crianza. Cuando perdonas, la disciplina la impartes
tomando en cuenta que tu descendiente es una persona. El proceso de perdonarlo
te libera de sentimientos de culpa y fomentas el desarrollo de su autoestima.

Si ya llegó a la adultez, cuando tiene problemas o elige un camino diferente al que


tú deseas, es necesario que reconozcas la frustración, la rabia, la culpa y la pérdida
que sientes antes que te sea posible perdonarlo. Pero, al aceptar que tome sus
propias decisiones y cometa sus “errores”, estás abonando el camino que puede
llevarlos al amor y al respeto mutuo de relaciones adultas satisfactorias.

• Perdonarte a ti misma: este puede ser el mayor reto que encuentres en tu vida. La
resistencia a perdonarse a sí misma es común, porque es un cambio muy
importante, una especie de muerte. Representa un fabuloso renacer que te
conduce a enterrar las creencias que te han llevado a considerarte indigna,
culpable, a sentir vergüenza y a convertirte en tu propia juez y carcelera.

Te recomiendo, para cuando estés lista a iniciar tu proceso de autoperdón, que


tomes en cuenta diferentes áreas en las cuales se ha desarrollado tu vida:

o Área existencial: requiere que examines tus creencias sobre la naturaleza


de tu ser. ¿Has crecido creyendo que eres mala persona? Si tu respuesta
es afirmativa, te has desconectado de tu fuerza interior, el perdonarte en
este aspecto te ayudará a reconectarte.
o Área personal-cultural: es muy posible que experimentes culpa según los
valores, creencias y reglas que han predominado a tu alrededor. Tiene que
ver con el sexo, la clase social, la raza y del historial de educación religiosa-
familiar que hayas tenido. Es una carga muy pesada que es indispensable
que sueltes a través del perdón.
o Área personal-histórica: introducirte en este aspecto quizá se te haga
escabroso. Sus significados son los más ocultos y a la vez los más visibles.
Te exige examinar las creencias que tienes sobre ti misma que fueron
establecidas hace mucho tiempo y que en el momento presente te
imposibilitan creer que eres inocente, buena, maravillosa, inteligente,
respetable, valiosa y que mereces ser amada. Este problema tiene sus
raíces en tu infancia, de manera que al perdonarte en esta área te estarás
curando de tus culpas y vergüenzas del pasado.
o Área personal-ética: nuestra conciencia o conocimiento más profundo nos
dice que engañar, mentir o robar son comportamientos que reflejan falta
de honestidad o integridad. Es posible que necesites perdonarte si has
incurrido en estos actos que consideramos malos.
28

Todo perdón supone cierta conclusión o cierre, en este proceso de


autoperdón sería el disculparte. No es suficiente perdonarte por
desacreditar a otro, tomar lo que no te pertenece, o a tacar a alguien.
Necesitas enmendarte; es de humildes y valientes admitir la necesidad de
pedir disculpas a otros. Cuando te perdonas y pides disculpa a otra
persona te estás dejando guiar por tu fuerza interior.

Cuídate de la emboscada.

A veces se toman decisiones en nombre del perdón cuando no se perdona para nada.
¡Cuidado con la trampa de eludir! Es importante que no confundas perdonar con negar tus
sentimientos, necesidades y deseos. Perdonar no significa que seas pasiva y mantengas una
relación o alguna otra situación que no funcione o te haga daño. Es indispensable que tengas bien
claros tus propios límites. Si estás dispuesta a permitir reiteradas conductas inaceptables en
nombre del “perdón”, lo más probable es que lo estés utilizando a manera de excusa para no
asumir la responsabilidad de cuidar de ti misma o para evitar hacer cambios.

Un elemento peligroso que suele atribuirse falsamente al perdón es “no olvidar”. Si


asumes la postura de: “te perdono, pero no olvido lo que me hiciste”, realmente lo que estás
transmitiendo es: “te perdono ligeramente, pero quiero guardar un poco de lo mismo por si acaso
más adelante me conviene recordártelo”. ¡Mucha Atención a esto! El verdadero perdón deja lo
ocurrido en el pasado, lo entierra.

“Si no perdonamos, permanecemos amarradas a los grilletes de la rabia y el rencor,


vestidas con las ropas raídas de las apariencias”.

Greisy R.
En este cuarto hábito:

• Trátate con amabilidad.


• Aclara tus emociones y sentimientos.
• Sé tolerante con los demás.
• Exprésate. Defiéndete.
• Entiende que cada persona tiene una historia diferente.

5. Cuida tu cuerpo y tu mente.

Al incorporar a tu vida el aceptarte (Hábito 1), entender y asumir el poder de tu fuerza


interior (Hábito 2), la habilidad que tienes para transformar tus palabras (Hábito 3) y la
importancia de perdonar (Hábito 4), instantáneamente comprenderás el valor que tienen tu
cuerpo y tu mente dentro de las experiencias que vives. Es vital para nuestra autoestima mantener
el equilibrio entre ambos, esto nos ayudará a conseguir una valoración positiva de nosotras
mismas y por tanto una vida más plena.
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Tu cuerpo es tu templo más sagrado. Con su sabiduría te señala lo que está bien o mal
para ti, él es el vehículo de la vida, está siempre dispuesto a llevarte donde quieras, además es el
que te permite conectarte, materializando tus sentimientos. Estas razones hacen muy importante
su cuidado. Para ello es útil llevar una dieta sana y hacer ejercicio. Tendrás como resultado un
buen aspecto sumado a una buena salud, reflejándose en ti tu amor propio.

Por otra parte, las emociones, los pensamientos y los sentimientos provienen de nuestra
mente, entonces podemos decir que dependiendo de cómo te sientas así actuarás, por lo que
mantener pensamientos positivos es lo mejor que puedes hacer para conseguir un equilibrio
corporal, mental y espiritual. Estos pensamientos no aparecerán de la nada, será la práctica
constante de cosas sencillas como realizar actividades que te agraden, escribir, leer y explotar tu
creatividad lo que traerá consigo grandes beneficios a tu mente, manteniéndola activa y en
armonía con tu cuerpo.

Este hábito al que me estoy refiriendo, involucra ciertos aspectos que debes tomar en
cuenta para darte el valor personal que más nadie sino tú misma puedes darte. Estos aspectos
son:

• Atender las necesidades de tu cuerpo: debemos permitirnos entender cómo se siente


nuestro cuerpo y escucharlo, sin darnos cuenta hemos aprendido a vivir
constantemente en un estado de alerta y presión que nos impide estar totalmente
conscientes de lo que acontece en nuestro cuerpo.

Al escuchar tu cuerpo podrás vincular tus necesidades con tus sensaciones y por
consecuencia entenderás la sabiduría y la luz que este posee.

Debes comenzar por prestar atención a cosas que puedas estar sintiendo, por
ejemplo: si estás cansada, descansa, cuando tengas ganas de ir al baño, pues ve.
Siente tu respiración y nota como cambia según la situación, haz un escaneo de tus
propias emociones, reacciones, pensamientos y sentimientos ante diferentes
circunstancias.

El día a día, la tecnología, la cultura, nuestras responsabilidades familiares y laborales


pueden desconectarnos de nuestro cuerpo y por ellos dejamos de oír lo
verdaderamente importante. Así, que es indicativo que diariamente tomes unos
minutos en un sitio donde te sientas relajada, para repasar tu día y escuchar tu
respiración. Incluir esto en tu rutina diaria te hará confiar en la sabiduría de tu
cuerpo. Reconocer lo que sientes te ayuda a respetarte y a entender lo importante
que es tu cuerpo para ti y por supuesto a darle el valor que tiene, de esta forma
tendrás mayor control sobre tu vida y gozarás de una excelente salud física y mental.

• Alimentación: aunque te suene o te parezca increíble, lo que comes tiene una


influencia directa en cómo te sientes. Cuidar de tu alimentación es fundamental para
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que te sientas más plena, con la energía necesaria para mantener el enfoque en el
desarrollo de tu autoestima.

Más allá de la superficialidad que este tema pueda tocar, con esto me refiero al
estereotipo de imagen corporal que en estos días se nos impone. Debemos considerar
que una dieta balanceada no es una dieta extrema que excluye alimentos y pone en
riesgo nuestra salud. Respetar tu alimentación es incluir en tus comidas alimentos que
aporten lo que necesitas para cumplir con tus funciones diarias y que te ayuden a
sentirte mejor en la relación contigo misma.

Lo ideal es que conozcas un poco sobre alimentos y también de porciones para que
logres mantener un equilibrio en lo que comes. Acá te daré una pequeña guía con un
balance alimenticio que sugiere alimentos para consumo diario:

o Verduras: de 2 a 5 porciones, incluye todas las verduras frescas, congeladas o


en conservas. En general cuanto más intenso es el color de la verdura más
cantidad de vitaminas posee.
o Frutas: de 1 a 4 raciones, se refiere a todas las frutas no azucaradas, frescas o
congelas.
o Productos lácteos y derivados: de 1 a 3 raciones. Son leche, yogurt y quesos.
Es mejor consumirlos desnatados ya que aportan menos cantidad de grasas.
También tienes diferentes opciones como leche de almendras, de merey y de
soja que ayudan a controlar calorías.
o Pan y Cereales: de 3 a 6 porciones. Incluye pan integral y todos los cereales
(maíz, arroz, cebada, trigo, avena).
o Carnes y otros alimentos proteínicos: de 2 a 3 raciones. Se logra cada ración
con 100 gr de carne magra de pollo, pavo, pescado, o bien una taza de
legumbres cocidas para quienes prefieren la alternativa vegetariana.
o Aceite de Oliva: debes usar entre 1 o 2 cucharadas para tus comidas.

Dentro de estas recomendaciones no podemos dejar de un lado el agua, mantener tu


cuerpo hidratado es importante porque la deshidratación puede afectar directamente tus
emociones y tu comportamiento de una forma negativa. También debemos tomar en cuenta las
porciones de alimento que consumimos y hacer una buena distribución a lo largo del día según
nuestros requerimientos energéticos.

El equilibrio es la mejor dieta, aprender a escoger alimentos sanos y adaptarlos a tu


alimentación, masticar bien, no comer en exceso, son los pasos esenciales de una alimentación
consciente que impactará positivamente en tu salud, tus sentimientos, tus relaciones sociales y
familiares. De pronto y lo ves como una tarea difícil e imposible pero no es así, comenzar
paulatinamente ayudará a que tu estilo de alimentación cambie sin sentir que se requiere de
mucho esfuerzo y sacrificio. Hacer un auto-registro de lo que comes durante una semana puede
servirte de apoyo para saber los cambios que puedes comenzar a hacer y cómo los puedes hacer.
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Si te gusta por ejemplo el chocolate, no es necesario que lo excluyas de tu dieta sólo debes
controlar la porción o compartirlo con algún amigo, así podrás disfrutar de lo que te gusta y aparte
relacionarte. Al cambiar tus hábitos alimenticios notarás la diferencia en cuanto a tus
pensamientos, emociones y el aspecto de tu cuerpo, además en tu salud.

La calidad de nuestra alimentación puede estar basada en factores económicos y


culturales que suponen límites para nosotras a la hora de comer, por ejemplo: si la cultura
alimenticia que dio paso a nuestros hábitos inculcados en el seno familiar incluyen alimentos que
no nos favorecen, los ignoramos porque crecimos con la firme creencia que comer de esa forma es
lo correcto, pero es aquí donde radica la importancia de escuchar y respetar tu cuerpo para
derribar creencias que sólo afectan nuestra buena salud mental y física.

Al igual que la cultura, el factor laboral es otro muro que creemos se interpone en nuestro
objetivo de alimentarnos conscientemente, de pronto tenemos muchas actividades que cumplir y
hacemos caso omiso a la relevancia que tiene el desayuno, entonces optamos por omitirlo, lo que
se traducirá en dificultad para concentrase y en un escaso rendimiento intelectual, esto es una de
las faltas más frecuentes que cometemos con nuestra alimentación.

Con esta breve explicación estarás de acuerdo conmigo en que la alimentación


balanceada será la base del mantenimiento de tus necesidades energéticas, de tu peso corporal
dentro de los límites normales para tu talla, de tu tranquilidad mental y de tu salud.

Se recomienda ingerir 5 comidas al día en un horario adecuado para obtener los objetivos
deseados. Te daré un ejemplo de alimentos que podrías comer y las horas del día más favorables
para su consumo:

o Desayuno (7 – 8 a.m.): leche descremada o de almendras, huevo, queso bajo


en grasas, frutas, cereales, pan integral, avena, café o infusiones sin azúcar.
o Refrigerio (9:30 – 10:30 a.m.): una fruta, yogurt descremado, o un puñado de
frutos secos.
o Almuerzo (12 -1:00 p.m.): carne roja, pescado o pollo, arroz y verduras. En
esta comida procura siempre comer alguna ensalada colorida con un aderezo
de aceite de oliva.
o Merienda (3 – 4 p.m.): frutas, galletas de avena, frutos secos, cereal integral.
o Cena (7-8 p.m.): puedes consumir algo parecido al almuerzo en una porción
menor.

Sólo deseo ayudarte a tener una idea y sea un punto de partida a una vida más saludable,
pero recuerda que siempre tienes la libertad de elegir.

• Cuidados Médicos: ya te señalé la importancia de prestar atención a las señales de


nuestro cuerpo. Esto se refiere a responderle ante las necesidades de hambre,
cansancio, sed, entre otras. Pero hay ciertas alertas en las que podríamos necesitar la
ayuda de un especialista para obtener alivio y respuestas. Por ejemplo: un dolor
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constante, insomnio persistente o una somnolencia inexplicable. Si por alguna razón


esto te sucede debes buscar asistencia médica que resuelva el problema buscando las
causas.

Pero los cuidados de este tipo no son solamente necesarios cuando ya estamos
padeciendo de algún problema de salud, el cuidado de la misma debe estar incluido
en el empeño que pones en el desarrollo de tu autoestima, si empujas la balanza
solamente hacia tus aspectos mentales y emocionales, estarás descuidando el
elemento principal que te mantiene conectada en el planeta Tierra.

Realizarte un chequeo médico general de manera periódica, sin sentirte enferma, es


una forma de cuidar y darle valor a cada parte de tu cuerpo, además puedes prevenir
cualquier enfermedad a tiempo. Una vez al año sería lo ideal.

Siempre busca un médico que te genere confianza y seguridad, con el que te sientas
en total libertad de hacer las preguntas que quieras con el fin de que aclare todas tus
inquietudes. A continuación, te brindare información sobre los exámenes médicos
más frecuentes para las mujeres:

o Examen de Presión arterial: puede ser tomada cada dos años en caso de no
padecer alguna condición especial que requiera hacerlo con más frecuencia.
o Examen de Colesterol: las edades recomendadas para comenzar este examen
son: entre los 20 y los 45 años. Si los niveles están normales no necesitaras
repetirlo sino en 5 años.
o Examen dental: asiste al dentista una o dos veces al año para revisión y
limpieza. Tus dientes también merecen atención y cuidado.
o Examen Físico: anualmente chequea tu peso, tu talla y tu cuerpo en general.
o Mamografía: en general, no es recomendada para la mayoría de las mujeres
menores de 40 años. Si eres menor puedes revisar tus mamas con el
autoexamen y hablar con tu médico si sientes alguna anormalidad.
o Revisión ginecológica: es probable que al leer o escuchar la palabra ginecólogo
te aterres por pensamientos pudorosos que pasan por tu mente. El mostrar
tus genitales en una evaluación ginecológica es totalmente normal, siéntete
en confianza con el médico o médica que escogiste y cuéntale tus temores,
seguramente tendrá la técnica adecuada para tranquilizarte y sentirte segura
con tu propio cuerpo.

Las visitas al ginecólogo no son solamente para las mujeres embarazadas y


sexualmente activas sino para todo tipo de mujer, el cuerpo de nosotras las
mujeres va atravesando por varios procesos de cambio y este especialista se
encarga de acompañarte durante esos ciclos para revisar que cada etapa vaya en
correcta evolución. La recomendación es ir al menos una vez al año pero esto
dependerá de lo que te indique el ginecólogo.
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• Ejercicio físico: la imagen corporal por lo general tiene un impacto importante en


nuestra autoestima, tu salud mental y física se traducirá de forma casi instantánea en
una positiva valoración de tus capacidades, tus potencialidades, de tu personalidad y a
darle significado a las experiencias que tengas a lo largo de tu vida.

No podemos separar salud física y ejercicio. Toda actividad física que te obligue al
movimiento es una excelente manera mejorar tu autoestima. Cuando hacemos
ejercicios nos sentimos bien con respecto a nosotras mismas, contribuye a construir
una imagen saludable y nos dirige a la aceptación de nuestro cuerpo.

El que hagas ejercicio de forma regular por lo menos 35 min al día, 5 veces a la
semana, mejora tu estado de ánimo, incrementa tu fuerza de voluntad, disminuye el
estrés y la ansiedad, desarrolla la constancia, la disciplina y el auto-control. Además,
estimula tus funciones intelectuales, la creatividad y tu capacidad afectiva.

A nivel físico el ejercicio fortalece tus músculos, huesos, tu sistema inmunológico,


previene enfermedades, elimina toxinas de tu cuerpo, hace que el cerebro segregue
sustancias que te hacen sentir mejor, entre otros beneficios.

Es sumamente importante que elijas una actividad que te guste, de esta forma te
sentirás más cómoda realizando la actividad. Existe un universo de opciones en el que
puedes escoger, probando poco a poco hasta conseguir la que más te guste y así
disfrutarlo, esta será la clave para mantenerte motivada. Puedes intentar con algún
deporte, yoga, caminar, trotar, bailar o asistir a un gimnasio a practicar ejercicios
aeróbicos y anaeróbicos. También tienes la opción que te ofrece el internet de
entrenamientos guiados que puedes hacer en tu hogar.

Cualquiera de estas actividades influirá de manera positiva no sólo en tu imagen, sino


también en tu actitud, la cual cambiará hacia sentimientos de aceptación y amor hacia
ti misma.

Cuídate de la emboscada.

Las garras de la excusa y la obsesión podrían atraparte durante la puesta en práctica de


este último, pero no menos importante Hábito.

Las excusas limitarían el cuidado de tu cuerpo con pensamientos como: “no me gustan los
médicos”, “no me gusta mostrar mi cuerpo”, “me da miedo enseñar mis genitales”, “no tengo
tiempo”, “me da miedo el odontólogo”. Estas ideas representan peligrosas trabas autoimpuestas
que ponen en riesgo tu salud, al no tomar medidas de curativas o preventivas.

También es posible que te surjan excusas a la hora de hacer ejercicio. Estas podrían ser:
“no tengo tiempo”, “no dispongo de dinero con que pagar un gimnasio”, “siento vergüenza de
mostrar mi cuerpo en un gimnasio”, “no tengo la ropa adecuada”. Pues, aquí estoy para decirte
que al comparar tu cuerpo con el de otra mujer estás colocando grandes piedras que obstaculizan
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tu avance hacia ti misma. Además, no es indispensable que asistas a un gimnasio para ejercitarte,
existen modalidades de actividad física que puedes hacer desde la comodidad de tu casa y con la
ropa que tengas.

Llegado este punto debo decirte que el equilibrio es igual de importante. Cuídate de no
caer en el límite de la obsesión que te impulse a buscar ayuda médica a la más mínima señal de
incomodidad que sientas en tu cuerpo. Evita hacer visitas innecesarias al médico poniendo
atención a tu sistema de orientación interior.

El ejercicio es algo que debe suponer disfrute no obsesión. No es sano que hagas muchas
horas de ejercicio y tampoco que te sientas culpable si un día no sentiste ganas de hacerlo, es aquí
donde tiene mayor relevancia escoger la actividad física de tu agrado para que no se convierta en
una obligación estresante que te genere estrés.

“Tu cuerpo y tu mente escuchan y dan respuestas a tu autoestima”.

Greisy R.

Con este hábito:

• Atiende las necesidades de tu cuerpo.


• Cuídate con libertad.
• Haz de los alimentos tus aliados.
• Haz del especialista médico tu amigo.
• Disfruta del ejercicio físico.

Te he presentado estos 5 Hábitos para Mejorar tu Autoestima y Transformar tu Vida


como cascada de herramientas, en la cual al activarse una se abre la puerta para entrar en la que
le sigue. Pero no necesitas un “título de graduación” en un Hábito para iniciar la práctica del
siguiente. Esta cascada es mágica, en ella se dan de manera automática la retroalimentación y la
sinergia.

Mi profundo agradecimiento hacia ti por haber llegado hasta aquí y por la confianza que
has depositado en mí.

Greisy
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HIMNO A LA DIOSA DEL SHAKTISANGAMA

La mujer creó el Universo,

el Universo es su forma;

la mujer es el fundamento del mundo,

es la forma verdadera del cuerpo.

Adopte la forma que adopte,

la de un hombre o la de una mujer,

es la forma superior.

En la mujer reposa la forma de todas las cosas,

de todo lo que vive y se mueve en el mundo.

No existe joya más preciosa que la mujer,

ni condición superior a la suya.

No existe, nunca existió y nunca existirá

un destino parecido al de la mujer;

no hay reino ni fortuna

comparable a una mujer;

no existen, nunca existieron y nunca existirán

lugares sagrados similares a una mujer.

Ninguna oración iguala a una mujer.

No existe, nunca existió y nunca existirá

una riqueza con más valor que una mujer.


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