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Economía de Mercado: Ascenso y Declive

Este largo documento describe la historia de los mercados y el sistema económico hasta la era de la Revolución Industrial. Explica que antes de esta época, los mercados eran accesorios de la vida económica y estaban regulados por el sistema social, no autorregulados. También analiza los supuestos de una economía de mercado autorregulada y cómo éstos no se aplicaban antes de la Revolución Industrial.

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Economía de Mercado: Ascenso y Declive

Este largo documento describe la historia de los mercados y el sistema económico hasta la era de la Revolución Industrial. Explica que antes de esta época, los mercados eran accesorios de la vida económica y estaban regulados por el sistema social, no autorregulados. También analiza los supuestos de una economía de mercado autorregulada y cómo éstos no se aplicaban antes de la Revolución Industrial.

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Iluducción de KARL POLANYI

EDUARDO L. SUÁREZ

LA GRAN TRANSFORMACIÓN
Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo

\
330.904 POLg

Po/anyl Karl

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA


MÉXICO
Primera edición en inglés, 1957
Primera edición en español (FcE), 1992

A mi amada esposa
koNA DUCZYNSKA.
dedico este libro, que lo debe todo a su ayuda y su crítica

Título original:
The Great Transformation. The Political and Econornic Origins of our Time
C 1944, Karl Polanyi
Publicado en 1957 (primera edición rústica mediante acuerdo con
Rinehart & Company, Inc.) por Beacon Press, Boston, Massachusetts
ISBN 0-8070-5679-0

D.R. C1992, FONDO DE CULTURA ECONÓMICA, S.A. DE C.V.


Av. de la Universidad, 975; 03100 México, D.E

ISBN 968-16-3622-8
Impreso en México
76 ECONOMÍA DE MERCADO: ASCENSO Y DECLINACIÓN

de la producción y distribución que ahora se veía amenazado por la competencia


sin regulación y la intrusión del forastero que "exploraba" el mercado sin ofrecer VI. EL MERCADO AUTORREGULADO
ninguna garantía de permanencia. Ocurrió así que si bien eran inevitablemente Y LAS MERCANCÍAS FICTICIAS:
competitivos hasta cierto punto, los mercados nacionales nuevos se distinguían
por el aspecto tradicional de la regulación antes que por el nuevo elemento de la MANO DE OBRA, TIERRA Y DINERO
competencia. 8 La familia autosuficiente del campesino que laboraba por su sub-
sistencia seguía siendo la base general del sistema económico, integrado en gran-
des unidades nacionales mediante la formación del mercado interno. Este mer- ESTA reseña rápida del sistema económico y de los mercados, tomados por sepa-
cado nacional se desarrollaba ahora al lado del mercado local y del mercado rado, revela que antes de nuestra época los mercados no fueron jamás otra cosa
extranjero, y en parte traslapándolos. La agricultura se complementaba ahora que accesorios
con el comercio interno, un sistema de mercados relativamente aislados que re- _ de la vida económica. Por regla general,_eLsistema económico que-
daba absorbido en el sistema social, y cualquiera que fuese el principio de com-
sultaba enteramente compatible con el principio de la unidad familiar todavía portamiento que predominara en la economía, la presencia del patrón de mer-
dominante en el campo. cados resultaba compatible con el sistema social. El principio del trueque o el
Así concluye nuestra sinopsis de la historia del mercado hasta la época de la intercambio que se encuentra detrás de este patrón no revelaba ninguna tenden-
Revolución industrial. Como sabemos, la etapa siguiente de la historia de la hu- cia hacia la expansión a expensas del resto. Allí donde los mercadosestaban más
manidad contempló un intento de establecimiento de un gran mercado autorre- desarrollados, como ocurría bajo el sistema mercantilista, prosperaban bajo el
guiado. No había en el mercantilismo, esa política distintiva del Estado-nación control de una administración centralizada cine promovía la autarquía de las uni-
occidental, nada que presagiara tal desarrollo singular. La "liberación" del co- dades familiares campesinas y de la vida nacional. En efecto, la regulación y los
mercio realizada por el mercantilismo sólo liberó al comercio del particularismo, mercados crecieron juntos. No se conocía el mercado autorregulado; en efecto,
pero al mismo tiempo extendió el alcance de la regulación. El sistema económico el surgimiento de la idea de la autorregulación invertía por completo la tendencia
se sumergió en las relaciones sociales generales; los mercados eran sólo una ca- del desarrollo. Los extraordinarios supuestos en que se basa una economía de
racterística accesoria de un ambiente institucional controlado y regulado más que mercado sólo pueden comprenderse plenamente a la luz de estos hechos.
nunca por la autoridad social. ' Una economía de mercado es un sistema económico controlado, regulado y
dirigido sólo por los mercados; el orden en la producción y distribución de bienes
se encomienda a este mecanismo autorregulado. Una economía de esta clase de-
riva de la expectativa de que los seres humanos se comporten de tal manera que
alcancen las máximas ganancias monetarias. Tal economía supone la existencia
de mercados donde la oferta de bienes (incluidos los servicios) disponibles a un
precio dado será igual a la demanda a ese precio. Supone la presencia del dinero,
que funciona como un poder de compra en manos de sus propietarios. La pro-
ducción estará controlada entonces por los precios, ya que los beneficios de quie-
nes dirigen la producción dependerán de ello; la distribución de los bienes de-
penderá también de los precios, ya que los precios forman ingresos, y es con la
ayuda de estos ingresos que los bienes producidos se distribuyen entre los miem-
bros de la sociedad. Bajo estos supuestos, los precios aseguran por sí solos el or-
den en la producción y distribución de los bienes.
La autorregulación implica que toda la producción se destine a la venta en el
mercado, y que todos los ingresos deriven de tales ventas. En consecuencia, hay
mercados para todos los elementos de la industria, no sólo para los bienes
8Montesquieu, L'esprit des lois, 1748. "Los ingleses restringen al comerciante, pero con ello (siempre incluidos los servicios), sino también para la mano de obra, la tierra y
favorecen al comercio."
77
78 ECONOMÍA DE MERCADO: ASCENSO Y DECLINACIÓN MERCADO AUTORREGULADO Y MERCANCÍAS FICTICIAS 79

el dinero, cuyos precios se llaman respectivamente precios de las mercancías, motivaciones y las circunstancias de las actividades productivas estaban incorpo-
salarios, renta e intereses. Los términos mismos indican que los precios forman radas en la organización general de la sociedad. Las relaciones del maestro, el
ingresos: el interés es el precio del uso del dinero y forma el ingreso de quienes oficial y el aprendiz; los términos del oficio; el número de aprendices, y los sa-
se encuentren en posición de proveerlo; la 'renta es el precio del uso de la tierra larios de los trabajadores, estaban regulados por la costumbre y por la ley del gre-
y forma el ingreso de quienes la aportan; los salarios son el precio del uso del mio y de la ciudad. El sistema mercantilista sólo unificó estas condiciones a través
poder de trabajo y forman el ingreso de quienes lo venden; por último, los precios del estatuto, corno en Inglaterra, o mediante la "nacionalización" de los gremios
de las :mercancías contribuyen a los ingresos de quienes venden sus servicios corno en Francia. La posición feudal de la tierra sólo se abolió er la medida en
empresariales, de modo que el ingreso llamado beneficio es efectivamente la que estuviera ligada a los privilegios provinciales; por lo demás, la tierra perma-
diferencia existente entre dos conjuntos de precios, el precio de los bienes neció extra commercium, así en Inglaterra como en Francia. Hasta la época de la
producidos y sus costos, es decir, el precio de los bienes necesarios para <u Gran revolución de 1789, la propiedad inmobiliaria era la fuente del privilegio
producción. Si se satisfacen estas condiciones, todos los ingresos derivarán de las social en Francia, y aun después de esa fecha era esencialmente medieval, en In-
ventas hechas en el mercado, y los ingresos serán justamente suficientes para glaterra, el Derecho común. El mercantilismo, con toda su tendencia hacia la
comprar todos los bienes producidos. comercialización, jamás atacó a las salvaguardias que protegían a estos dos ele-
Se deriva otro grupo de supuestos en lo referente al Estado y sus políticas: No mentos básicos de la producción —la mano de obra y la tierra— para que no se
debe permitirse que nada inhiba la formación de mercados, .ni que se formen volvieran objeto del comercio. En Inglaterra, la "[Link]án" de la legisla-
ingresos si no es a través de las ventas. Tampoco debe haber interferencia alguna ción laboral a través del Estatuto de artífices (1563) y de la Ley de pobres (1601),
con el ajuste de los precios al cambio de las condiciones del mercado, ya se trate sacaba a los trabajadores de la zona de peligro, y la política an ticercamientos de
de los precios de los bienes, la mano de obra, la tierra o el dinero. Por lo tanto, los Tudor y los primeros Estuardo era una protesta consistente contra el principio
no sólo debe haber mercados para todos los elementos de la industria,' sino que del uso lucrativo de la propiedad inmobiliaria.
ninguna medida o política deberá influir sobre la acción de estos merados. Ni el El hecho de que el mercantilismo, por enfáticamente que haya insistido en la
precio, ni la oferta ni la demanda deben ser fijados o regulados; sólo se permitirán comercialización como una política nacional, considerara a los mercados en una
las políticas y medidas que ayuden a asegurar la autorregulación del mercado forma exactamente contraria a la de la economía de meneado, se revela sobre todo
creando condiciones que conviertan al mercado en el único poder organizador en su vasta extensión de la intervención estatal CP ia í•;:dustrizi. Sobre este pinto
en la esfera económica. no había ninguna diferencia entre mercantilistas y fel,ze..3i,,;Ias, entre los planea-
A fin de entender plenamente lo que esto significa, volvamos por un momento dores de la corona y los intereses creados, entre íos Is monín o:n centralizadores y
al sistema mercantilista y a los mercados nacionales que tanto ayudó a desarro- los particularistas conservadores. Sólo diferían en lo referente a los métodos de
llar. Bajo el feudalismo y el sistema gremial, la tierra y la manao de obra formaban regulación: gremios, ciudades y provincias apelaban a la fuerza de la costumbre
parte de la propia organización social (el dinero no se había convertido todavía y la tradición, mientras que la nueva autoridad estatal favorecía el estatuto y la
en un elemento fundamental de la industria). La tierra, el elemento central del ordenanza. Pero todos se oponían igualmente a la idea de la comercialización de
orden feudal, era la base del sistema militar, judicial, administrativo y político; la mano de obra y de la tierra: la condición necesaria para la economía de merca-
su posición y su función estaban determinadas por reglas legales y consuetudi- do. Los gremios de oficios y los privilegios feudales se abolieron en Francia ape-
narias. El hecho de que su posesión fuese transferible o no, y en su caso a quién nas en 1790; en Inglaterra, el Estatuto de artífices sólo se derogó en 1813-1814,
y bajo cuáles restricciones; de que los derechos de propiedad involucraran ciertas y la Ley de pobres de la época isabelina sólo en 1831. La creación de un mercado
facultades; los usos que podrían darse a la tierra: todas estas cuestiones estaban de Mano de obra libre no se discutió en ninguno de estos dos países antes del úl-
alejadas de la organización de la compra)' la venta, y . sometidas a un conjunto de timo decenio del siglo xviii; y la idea de la autorregulación de la vida económica
regulaciones institucionales enteramente diferentes. estaba por completo fuera del horizonte de la época. Al mercantilista le intere-
Lo mismo se aplicaba a la organización de la mane de obra. Bajo el sistema saba el desarrollo de los recursos del país, incluido el pleno empleo, a través del
gremial, como en todos los sistemas económicos de la historia anterior, las comercio interior y exterior; daba por sentada la organización tradicional de la
tierra y la mano de obra. En este sentido, estaba tan alejado de los conceptos mo-
Henderson, H. D., Supply and Demand, 1922. La práctica del mercado es doble: la asignación de dernos corno del campo de la política, donde su creencia en los poderes absolutos
los factores entre usos diferentes y la organización de las fuezzas que influyen sobre el abasto agregado
de un déspota ilustrado no disminuía por ningún sentimiento democrático. 'Y así
de los factores.
ECONOMÍA DE MERCADO: ASCENSO Y DECLINACIÓN MERCADO AUTORREGULADO Y MERCANCÍAS FICTICIAS 81
SO

como la transición a un sistema democrático y una política representativa invo- compradores y vendedores. En consecuencia, se considera cada elemento de la
lucraba una inversión completa de la tendencia de la época, el cambio de los industria como algo producido para la venta, ya que entonces, y sólo entonces,
mercados regulados a los mercados autorregulados, a fines del siglo XVIII, repre- estará sujeto al mecanismo de la oferta y la demanda que interactúa con el precio.
sentaba una transformación completa en la estructura de la sociedad. En la práctica, esto significa que debe haber mercados para cada elemento de la
Un mercado autorregulado requiere nada menos que la separación institucio- industria; que en estos mercados, cada uno de estos elementos se organiza en un
nal de la sociedad en una esfera económica y una esfera política. En efecto, tal grupo de oferta y uno de demanda; y que cada elemento tiene un precio que
dicotomía es sólo la presentación, desde el punto de vista de la sociedad en su interactúa con la demanda y la oferta. Estos mercados —innumerables están
conjunto, de la existencia de un mercado autorregulado. Podría argüirse que la interconectados y forman un Gran mercado. 2
separación de las dos esferas se da en todo tipo de sociedad en todo momento. El punto crucial es este: la mano de obra, la tierra y el dinero son elementos
Pero tal inferencia se basaría en una falacia. Es cierto que no puede existir nin- esenciales de la industria; también deben organizarse en mercados; en efecto,
guna sociedad sin algún sistema de cierta clase que asegure el orden en la pro- estos mercados forman una parte absolutamente vital del sistema económico.
ducción y distribución de los bienes. Pero ello no implica la existencia de ins- Pero es obvio que la mano de obra, la tierra y el dinero no son mercancías; en el
tituciones económicas separadas; normalmente, el orden económico es sólo una caso de estos elementos, es enfáticamente falso que todo lo que se compra y se
función del orden social en el que se contiene. Como hemos visto, ni bajo las con- vende debe de haber sido producido para su venta. En otras palabras, estos
diciones tribales, ni feudales, ni mercantilistas, había un sistema económico sepa- elementos no son mercancías, de acuerdo con la definición empírica de una
rado en la sociedad. La sociedad del siglo xix, en el que la actividad económica mercancía. El trabajo es sólo otro nombre para una actividad humana que va
estaba aislada y se imputaba a una motivación claramente económica, constituyó unida a la vida misma, la que a su vez no se produce para la venta sino por razones
en efecto una excepción singular. enteramente diferentes; ni puede separarse esa actividad del resto de la vida,
Tal patrón institucional sólo podría funcionar si la sociedad se subordinara de almacenarse o movilizarse. La tierra es otro nombre de la naturaleza, que no ha
algún modo a sus requerimientos. Una economía de mercado sólo puede existir sido producida por el hombre; por último, el dinero es sólo un símbolo del poder
en una sociedad de mercado. Llegamos a esta conclusión en términos generales de compra que por regla general no se produce sino que surge a través del
en nuestro análisis del patrón del mercado. Ahora podemos especificar las razo- mecanismo de la banca o de las finanzas estatales. Ninguno de estos elementos
nes de esta afirmación. Una economía de mercado debe comprender todos los se produce para la venta. La descripción de la mano de obra, la tierra y el dinero
elementos de la industria, incluidos la mano de obra, la tierra y el dinero. (En como mercancías es enteramente ficticia.
una economía de mercado, el último es también un elemento esencial de la vida Sin embargo, es con el auxilio de esta ficción que se organizan los mercados
industrial, y su inclusión en el mecanismo del mercado tiene consecuencias insti- de mano de obra, tierra y dinero; 3 estos elementos se compran y venden efecti-
tucionales de largo alcance, como veremos más adelante.) Pero la mano de obra vamente en el mercado; su demanda y oferta son magnitudes reales; y todas las
y la tierra no son otra cosa que los seres humanos mismos, de los que se compone medidas o políticas que inhibieran la formación de tales mercados pondrían en
toda sociedad, y el ambiente natural en el que existe tal sociedad. Cuando se inclu- peligro ipso facto la autorregulación del sistema. Por lo tanto, la ficción de la
yen tales elementos en el mecanismo del mercado, se subordina la sustancia de mercancía provee un principio de organización vital en lo referente al conjunto
la sociedad misma a las leyes del mercado. de la sociedad, afectando casi todas sus instituciones en la forma más variada, a
Ahora podremos desarrollar en forma más concreta la naturaleza institucional saber: el principio según el cual no debiera permitirse ningún arreglo o compor-
de una economía de mercado y los peligros que involucra para la sociedad. tamiento que pudiera impedir el funcionamiento efectivo del mecanismo del
Describiremos en primer término los métodos por los que el mecanismo de mer- mercado según los lineamientos de la ficción de las mercancías.
cado puede controlar y dirigir los elementos efectivos de la vida industrial; luego Ahora bien, tal postulado no puede sostenerse en lo referente a la mano de
trataremos de evaluar la naturaleza de los efectos de tal mecanismo sobre la so- obra, la tierra y el dinero. Si se permitiera que el mecanismo del mercado fuese
ciedad sujeta a su acción.
2
Es con el auxilio del concepto de la mercancía que el mecanismo del mercado Hawtrey, G. R., op, cit, quien considera que su función consiste en hacer "los valores relativos
se conecta a los diversos elementos de la vida industrial. Se definen aquí empíri- de mercado de todos los bienes mutuamente consistentes".
3
La afirmación hecha por Marx, del carácter de fetiche del valor de las mercancías, se refiere al
camente las mercancías como objetos producidos para su venta en el mercado; • valor de cambio de las mercancías genuinas y no tiene nada en común con las mercancías ficticias
los mercados se definen también empíricamente como contactos efectivos entre mencionadas en el texto.
MERCADO AUTORREGULADO Y MERCANCÍAS FICTICIAS 83
ECONOMÍA DE MERCADO: ASCENSO Y DECLINACIÓN
82
cubría grandes sectores del país donde la producción era organizada por el fabri-
el único director de la cantidad y el uso del poder de compra, se demolería la so- cante de telas. Este compraba y vendía, e incidentalmente proveía a la produc-
ciedad. La supuesta mercancía llamada "fuerza de trabajo" no puede ser manipu- ción: no se requería ninguna motivación separada. La creación de bienes no invo-
lada, usada indiscriminadamente, o incluso dejarse ociosa, sin afectar también al lucraba las actitudes reciprocantes de la ayuda mutua, ni el orgullo del artesano
individuo humano que sea el poseedor de esta mercancía peculiar. Al disponer en el ejercicio de su oficio, ni la satisfacción del elogio público: sólo la motivación
la fuerza de trabajo de un hombre, el sistema dispondría incidentalmente de la de la ganancia, tan familiar para el hombre cuya profesión es la compraventa.
entidad física, sicológica y moral que es el "hombre" al que se aplica ese título. Hasta fines del siglo xvin, la producción industrial de Europa occidental era un
Privados de la cobertura protectora de las instituciones culturales, los seres hu- mero accesorio del comercio.
manos perecerían por los efectos del desamparo social; morirían víctimas de una Mientras que la máquina fuese un instrumento poco caro y específico, no
aguda dislocación social a través del vicio, la perversión, el crimen y la inanición. cambiaba esta posición. El mero hecho de que el taller familiar pudiera producir
La naturaleza quedaría reducida a sus elementos, las vecindades y los paisajes se cantidades mayores que antes durante el mismo periodo podría inducirlo a usar
ensuciarían, los ríos se contaminarían, la seguridad militar estaría en peligro, se las máquinas para incrementar sus ingresos, pero este hecho no afectaba nece-
destruiría el poder de producción de alimentos y materias primas. Por último, la sariamente, por sí mismo, la organización de la producción. El hecho de que la
administración del poder de compra por parte del mercado liquidaría periódica- maquinaria barata fuese propiedad del trabajador o del comerciante hacía cierta
mente a las empresas, ya que las escaseces y los excesos de dinero resultarían tan diferencia en la posición social de las partes, y casi seguramente hacía una dife-
desastrosos, para las empresas, como las inundaciones y las sequías para la so- rencia en los ingresos del trabajador, quien estaba mejor mientras fuese propie-
ciedad primitiva. No hay duda de que los mercados de mano de obra, tierra y dine- tario de sus herramientas; pero no obligaba al comerciante a convertirse en un
esenciales para una economía de mercado. Pero ninguna sociedad podría capitalista industrial, ni lo restringía a prestar su dinero a tales capitalistas. La
ro son
soportar los efectos de tal sistema de ficciones burdas, ni siquiera por muy breve venta de bienes raras veces cesaba; la mayor dificultad seguía estando del lado de
tiempo, si su sustancia humana y natural, al igual que su organización empresa- la oferta de materias primas, la que a veces se interrumpía inevitablemente. Pero
rial, no estuviesen protegidas contra los excesos de este molino satánico. incluso en tales casos, no sería sustancial la pérdida para el comerciante propie-
La artificialidad extrema de la economía de mercado deriva del hecho de que tario de las máquinas. No era la aparición de la máquina como tal, sino la inven-
el propio proceso de producción está organizado aquí bajo la forma de la compra- ción de una maquinaria y una planta refinadas, y por ende específicas, lo que cam-
En una sociedad comercial no se puede organizar la producción para el biaba por completo la relación del comerciante con la producción. Aunque el
venta. 4
mercado en ninguna otra forma. A fines de la Edad media, la producción indus- comerciante introdujo la nueva organización productiva —un hecho que deter-
trial para la exportación estaba organizada por burgueses ricos, y se realizaba minaba todo el curso de la transformación— el uso de maquinaria y planta refi-
bajo su supervisión directa en la ciudad. Más tarde, en la sociedad mercantilista, nadas involucraba el desarrollo del sistema fabril y por ende un cambio decisivo
la producción estaba organizada por los comerciantes y ya no estaba restringida en la importancia relativa del comercio y la industria en favor de esta última. La
a las ciudades; esta fue la época del "trabajo a domicilio", cuando el capitalista producción industrial dejó de ser un accesorio del comercio organizado por el
comerciante proveía a la industria nacional de materias primas y controlaba el comerciante como una actividad de compraventa; ahora involucraba la inversión
proceso de la producción como una empresa puramente comercial. Fue entonces a largo plazo con riesgos correspondientes. Si no se aseguraba razonablemente
que la producción industrial se colocó en forma definitiva y a gran escala bajo el la continuación de la producción, tal riesgo no era soportable.
liderazgo organizador del comerciante. Este conocía el mercado, el volumen y la Pero entre más se complicaba la producción industrial, más numerosos eran
calidad de la demanda; y podía controlar también los abastos, que por cierto con- los elementos de la industria cuyo abasto tenía que salvaguardarse. Por supuesto,
sistían sólo en la lana y a veces los telares o los husos utilizados por la industria tres de estos elementos tenían una importancia prominente: la mano de obra, la
doméstica. Si fallaban los abastos, eran los trabajadores los más afectados, ya que tierra y el dinero. En una sociedad comercial, su abasto sólo podría organizarse
se quedaban sin trabajo; pero no estaba involucrada ninguna planta cara, y el en una forma: volviéndolo disponible para su compra. Por lo tanto, tendrían que
comerciante no incurría en riesgo grave al asumir la responsabilidad de la pro- organizarse para su venta en el mercado, es decir, como mercancías. La extensión
ducción. Durante varios siglos, este sistema creció en poder y alcance hasta que, del mecanismo del mercado a los elementos de la industria —mano de obra, tierra
en un país como Inglaterra, la industria de la lana, el principal producto nacional, y dinero— era la consecuencia inevitable de la introducción del sistema fabril en
una sociedad comercial. Los elementos de la industria tendrían que venderse.
vol. 1.
4 Cunningham, W, "Econornie Change", en Cam bridge Modem History,
84 ECONOMÍA DE MERCADO: ASCENSO Y DECLINACIÓN MERCADO AUTORREGULADO Y MERCANCÍAS FICTICIAS 85

Esto era sinónimo de la demanda en un sistema de mercado. Sabernos que los oro, surgía al mismo tiempo un movimiento profundamente arraigado para re-
beneficios se aseguran bajo tal sistema sólo si se salvaguarda la autorregulación sistir los perniciosos efectos de una economía controlada por el mercado. La so-
mediante mercados competitivos interdependientes. Dado que el desarrollo del ciedad se protegía contra los peligros inherentes a un sistema de mercado auto-
sistema fabril se había organizado como parte de un proceso de compraventa, la rregulado: este fue el aspecto comprensivo en la historia de la época.
mano de obra, la tierra y el dinero debían transformarse en mercancías para man-
tener en marcha la produCción. Por supuesto, no podrían transformarse realmen-
te en mercancías, ya que en efecto no se producían para su venta en el mercado.
Pero la ficción de que sí se producían para tal propósito se convirtió en el prin-
cipio organizador de la sociedad. Se destaca uno de esos tres elementos: la mano
de obra es el término técnico usado para los seres humanos, en la medida en que
no sean empleadores sino empleados; se sigue que la organización del trabajo
cambiaría en adelante junto con la organización del sistema de mercado. Pero en
virtud de que la organización del trabajo es sólo otra palabra para designar las
formas de la vida de la gente común, esto significa que el desarrollo del sistema
de mercado iría acompañado de un cambio en la organización de la sociedad
misma. La sociedad humana se habla convertido en un accesorio del sistema eco-
nómico.
Recordaremos aquí el paralelo que trazamos entre los destrozos de los cerca-
mientos en la historia inglesa y la catástrofe social que siguió a la Revolución in-
dustrial. Dijimos que los mejoramientos se obtenían por regla general al precio
de la dislocación social. Si la tasa de dislocación es demasiado grande, la comu-
nidad deberá sucumbir en el proceso. Los Ilidor y los primeros Estuardo salvaron
a Inglaterra de la suerte de España regulando el curso del cambio para que resul-
tara tolerable y sus efectos pudieran ser canalizados por caminos menos destruc-
tivos. Pero nada salvó ala gente común de Inglaterra del impacto de la Revolución
industrial. Una fe ciega en el progreso espontáneo se había apoderado de la men-
te de la gente, y con el fanatismo de los sectarios, los más ilustrados presionaban
por un cambio ilimitado y no regulado en la sociedad. Los efectos sobre la vida
de la gente fueron terribles. En efecto, la sociedad humana habría sido aniquilada
si no hubiesen existido medidas contrarias, protectoras, que minaban la acción
de este mecanismo autodestructivo.
La historia social del siglo xix fue así el resultado de un movimiento doble:
la extenlión de la organización del mercado en lo referente a las mercancías ge-
nuinas se vio acompañada por su restricción en lo referente a las mercancías ficti-
cias. Mientras que los mercados se difundieron por toda la faz del globo y la can-
tidad de los bienes involucrados creció hasta alcanzar proporciones increíbles,
una red de medidas y políticas se integraba en instituciones poderosas, destinadas
a frenar la acción del mercado en relación con la mano de obra, la tierra y eldi-
nero. Mientras que la organización de los mercados mundiales de mercancías,
los mercados mundiales de capital y los mercados mundiales de dinero daba un
impulso nunca antes visto al mecanismo de los mercados bajo la égida del patrón
SPEENHAMLAND, 1795 87

de speenhamland, cerca de Newbety, el 6 de mayo de 1795, en una época de


grandeS dificultades, decidieron que deberían otorgarse subsidios en ayuda de los
VII. SPEENHAMLAND, 1795 salarios, de acuerdo con una escala dependiente del precio del pan, de modo que
se asegurara un ingreso mínimo a los pobres, independientemente de sus salarios.
La famosa recomendación de los magistrados decía:
LA SOCIEDAD del siglo xviii se resistió inconcientemente a todo intento de-
convertirla en un mero apéndice del mercado. No podía concebirse ninguna [Cuando el galán de pan de cierta calidad] cueste un chelín, toda persona pobre e
economía de mercado que no incluyera un mercado de mano de obra; pero el industriosa dispondrá para su sustento de 3 chelines semanales, proveído por su propio
establecimiento de tal mercado, sobre todo en la civilización rural de Inglaterra, trabajo o el de su familia, 9 un subsidio tomado de las tasas de pobres, y para el sostén de
su esposa y cada uno de los demás miembros de su familia un chelín y seis peniques;
implicaba nada menos que la destrucción total de la urdimbre tradicional de la cuando el galán de pan cueste 1/6, se dispondrá de 4 chelines semanales, más 1/10; por
sociedad. Durante el periodo más activo de la Revolución industrial, de 1795 a cada penique que aumente el precio del pan sobre un chelín, tendrá el trabajador 3 pe-
1834, la Ley de Speenhamland impedía la creación de un mercado de mano de niques para él y un penique para los demás.
obra en Inglaterra.
En efecto, el mercado de mano de obra fue el último de los mercados organi-
zados bajo el nuevo sistema industrial, y este paso final sólo se dio cuando la eco- Las cifras variaban un poco entre los condados, pero en la mayoría de los casos
nomía de mercado estaba lista para empezar a operar, y cuando la ausencia de se adoptó la escala de Speenhamland. Esta era una medida de emergencia y se
un mercado de mano de obra resultaba ya un mal mayor, incluso para la gente introdujo informalmente. Aunque se le designaba comúnmente como una ley, la
común, que las calamidades acompañantes de su introducción. En última instan- escala misma no se promulgó jamás. Pero pronto se convirtió en la ley de la tierra
cia, el mercado de manó de obra libre resultaba financieramente benéfico para en la mayor parte del campo, y más tarde incluso en varios distritos manufactu-
todos los involucrados, a pesar de los métodos inhumanos empleados en su reros. En efecto introducía una innovación social y económica no menos impor-
creación. tante que el "derecho a la vida", y hasta su abolición en 1834 impidió efectiva-
Pero apenas ahora estaba apareciendo el problema fundamental. Las ventajas mente el establecimiento de un mercado de mano de obra competitivo. Dos años
económicas de un mercado de mano de obra libre no podían compensar la des- antes, en 1832, la clase media se había hecho del poder, en parte para eliminar
trucción social por él generada. Unía que introducirse un nuevo tipo de regula- este obstáculo de la nueva economía capitalista. En efecto, nada podía ser más
ción, en el que la mano de obra estuviese de nuevo protegida, pero ahora de la obvio que el hecho de que el sistema salarial demandaba imperativamente la
operación del propio mecanismo del mercado. Las nuevas instituciones protec- abolición del "derecho a la vida" proclamado en Speenhamland: bajo el nuevo
toras, tales como los sindicatos y las leyes fabriles, se adaptaban en la mayor régimen del hombre económico, nadie trabajaría por un salario si podía vivir sin
medida posible a los requerimientos del mecanismo económico, pero interferían hacer nada.
• con su autorregulación y en última instancia destruyeron el sistema. Otro aspecto de la eliminación del método de Speenhamland era menos obvio
En la lógica general de este desarrollo, la Ley de Speenhamland ocupaba una para la mayoría de los autores del siglo xix, a saber: que el sistema salarial tenía
posición estratégica. que universalizarse también en aras de los propios asalariados, aunque esto sig-
En Inglaterra, la tierra y el dinero se movilizaron antes que la mano de obra. nificara privarlos de su derecho legal a la subsistencia. El "derecho a la vida" ha-
Esta última no podía formar un mercado nacional por efecto de estrictas restric- bía resultado ser una trampa mortal.
ciones legales sobre su movilidad física, ya que los trabajadores estaban práctica- La paradoja era sólo aparente. Supuestamente, Speenhamland significaba que
mente atados a su parroquia. La Ley de asentamientos de 1662, que estableció la Ley de pobres tendría que 'administrarse liberalmente; en efecto, obtuvo resul-
las reglas de la llamada servidumbre parroquial, se aflojó en 1795. Esta medida tados contrarios a los de su intención original. Bajo la ley isabelina, los pobres
habría posibilitado la creación de un mercado nacional de mano de obra, si no se estaban obligados a trabajar a cualquier salario que pudieran obtener, y sólo quie-
hubiese promulgado el mismo año la Ley de Speenhamland con su "sistema de nes no pudieran obtener trabajo tenían derecho al subsidio; no se intentaba ni sé
subsidios". Esta ley tendía en dirección contraria, es decir, hacia un poderoso otorgaba el subsidio en lugar de los salarios. Bajo la Ley de Spennhamland, se
refuerzo del sistema paternalista de organización de la mano de obra heredado subsidiaba a un hombre aunque estuviera empleado, si sus salarios eran menores
de los lltdor y los Estuardo. Los jueces de Berkshire, reunidos en el Pelikan Inn que el ingreso familiar que le correspondía en la escala. Por lo tanto, ningún tra-

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SPEENHAMLAND, 1795
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bajador se interesaba realmente por satisfacer a su empleador, puesto que su in- imposible encontrar una explicación de la degradación humana y social de prin-
greso era el mismo independientemente del salario que ganara; esto era diferente cipios del capitalismo.
sólo en el caso de que los salarios normales, o sea los salarios efectivamente pa- El episodio de Speenhamland reveló a los habitantes del país más avanzado
gados, superaran a la escala, lo que no constituía la regla general en el campo, de la época la verdadera naturaleza de la aventura social en la que se estaban em-
puesto que el empleador podía obtener mano de obra casi a cualquier salario; barcando. Ni los gobernantes ni los gobernados olvidaron jamás las lecciones de
por poco que pagara, el subsidio proveniente de las tasas elevaba los ingresos de ese paraíso de tontos; si el Decreto de reforma de 1832 y la Enmienda a la ley de
los trabajadores hasta el nivel de la escala. En el curso de pocos años, la produc- pobres de 1834 eran comúnmente considerados como el punto de partida del
tividad de la mano de obra empezó a bajar al nivel de los trabajadores miserables, capitalismo moderno, ello se debió al hecho de que terminaban con el dominio
proveyendo así una razón adicional para que los empleadores no elevaran los del terrateniente benevolente y su sistema de subsidios. El intento de creación
salarios por encima de la escala. Porque en cuanto la intensidad del trabajo, el de un orden capitalista sin un mercado de mano de obra había fracasado desas-
cuidado y la eficiencia con que se realizaba, bajaban más allá de cierto nivel, se trosamente. Las leyes que gobernaban tal orden se habían afirmado y habían ma-
volvían indistinguibles del "boondogglinr, o sea la simulación del trabajo sólo nifestado su antagonismo radical contra el principio del paternalismo. El rigor
para cubrir las apariencias. Aunque en principio se obligaba todavía a trabajar, de estas leyes se había vuelto evidente y su violación había castigado cruelmente
en la práctica se generalizó el subsidio franco; y aunque el subsidio se adminis- a quienes las habían desobedecido.
traba en el hospicio, la ocupación forzada de los internos apenas merecía el nom- Bajo Speenhamland, la sociedad se había debatido en medio de dos influencias
bre de trabajo. Esto equivalía al abandono de la legislación tudor, no en aras de opuestas: una emanaba del paternalismo y protegía a los trabajadores contra los
una reducción del paternalismo sino de su incremento. La extensión del subsidio peligros del sistema de mercado; la otra organizaba los elementos de la produc-
franco, la introducción de ayudas en los salarios complementados por cantidades ción, incluida/la tierra, bajo un sistema de mercado, privando así a la gente común
separadas para la esposa y los hijos, donde cada renglón aumentaba y bajaba con de su posición anterior y obligándola a ganarse la vida ofreciendo en venta su
el precio del pan, significaba un dramático retorno, para los trabajadores, del mis- trabajo, al mismo tiempo qué privaba al trabajo de su valor de mercado. Se estaba
mo principio regulador que se estaba eliminando rápidamente de la vida indus- creando una nueva clTe de empleadores, pero no podía constituirse una clase
trial en su conjunto. correspondiente de empleados. Una nueva oleada gigantesca de cercamientos
Ninguna medida fue jamás tan popular. 1 Los padres se liberaban del cuidado estaba movilizando a la tierra y produciendo un proletariado rural, mientras que
de sus hijos, y los hijos ya no dependían de sus padres; los empleadores podían la "mala administración de la Ley de pobres" les impedía ganarse la vida con su
reducir los salarios a su antojo y los trabajadores estaban seguros contra el ham- trabajo. Con razón se asombraban los contemporáneos ante la aparente contra-
bre, independientemente de que estuviesen ocupados u ociosos; los humanitarios dicción de un incremento casi milagroso de la producción acompañado de la ina-
aplaudieron la medida como un acto de misericordia, aunque no de justicia, y los nición de las masas. Para 1834 se había creado la convicción general—en muchos
egoístas se consolaron gustosamente pensando que no era una medida liberal, observadores apasionadamente— de que todo era preferible a la continuación
aunque fuese misericordiosa; y hasta los contribuyentes tardaron en advertir lo de Speenhamland. Había necesidad de demoler las máquinas, como habían trata-
que ocurriría con los impuestos bajo un sistema que proclamaba el "derecho a la do de hacerlo los ludistas, o debía crearse un mercado regular de mano de obra.
vida" independientemente de que un hombre ganara un salario suficiente para Así se veía obligada la humanidad a iniciar un experimento utópico.
subsistir o no. No es este el lugar apropiado para profundizar en la economía de Speenham-
Ala larga, el resultado fue espantoso. Aunque hubo de transcurrir cierto tiem- land; tendremos ocasión de hacerlo más adelante. El hecho es que el "derecho a
po antes de que el autorrespeto del hombre común se hundiera hasta el punto de la vida" debió haber terminado por completo con el trabajo asalariado. Los sa-
que prefiriera el subsidio a los salarios, sus salarios que estaban subsidiados con larios normales debían haber bajado gradualmente a cero, echando a la parroquia
fondos públicos tendrían que bajar eventualmente sin límite, obligando al traba- toda la carga de la nómina salarial, un procedimiento que habría puesto de
jador a recurrir al subsidio franco. Poco a poco, los habitantes del campo cayeron manifiesto lo absurdo del arreglo. Pero esta era una época esencialmente preca-
en la miseria; el adagio de que "una vez en la beneficiencia, no se sale de ella", pitalista, cuando la gente común tenía todavía una mentalidad tradicional, y lejos
era absolutamente cierto. Sin los efectos extensos del sistema de subsidios, sería estaba de dirigir su comportamiento sólo por motivaciones monetarias. La gran
mayoría de los habitantes del campo eran ocupantes propietarios o posesionarios
Meredith, H. O., Outlines of the Economk History of England, 1908. a pcIrpetuidad, quienes preferían cualquier clase de existencia a la posición de
1111.11"7
1.

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miserables, aunque tal posición no estuviese deliberadamente cargada de incoa_ Los tres periodos diferían marcadamente. Speenhamland fue diseñado para
veniencias irritantes o ignominiosas, como ocurriría más tarde. Por supuesto, si im pedir la proletarización de la gente común, o por lo menos para frenarla. El
los trabajadores hubiesen estado en libertad para unirse en aras de sus intereses, resultado fue simplemente el empobrecimiento de las masas, quienes casi per-
el sistema de subsidios pudo haber tenido un efecto contrario sobre los salarios d ier on su forma humana en el proceso.
normales: la acción sindical se habría visto grandemente promovida por el subsi- La reforma de la Ley de pobres de 1834 acabó con esta obstrucción al mercado
dio a los desempleados implicado en una administración tan liberal de la Ley de de mano de obra: se abolió el "derecho a la vida". La crueldad científica de esa
pobres. Esa era presumiblemente una de las razones de las injustas Leyes anti- ley resultaba tan repulsiva para el sentimiento público en los decenios de 1830 y
asociación de 1799-1800, que de otro modo no habrían podido explicarse, puesto 1840 que las vehementes protestas contemporáneas nublaron la imagen a los ojos
que los magistrados de Berkshire y los miembros del Parlamento estaban en gene- de la posteridad. Muchos de los más necesitados fueron sin duda abandonados a
ral preocupados por la condición económica de los pobres, y la intranquilidad su suerte, al retirar el subsidio franco, y entre quienes más padecían se encontra-
politica había desaparecido después de 1797. En efecto, podría argüirse que la ban los "pobres meritorios", demasiado orgullosos para entrar al hospicio que
intervención paternalista de Speenhamland provocó las Leyes antiasociación, se había convertido en un lugar vergonzoso. Es posible que la historia moderna
que constituyeron una nueva intervención, pero sin las cuales pudo haber con- no registre un acto de reforma social más despiadado; la reforma aplastó a gran-
ducido Speenhamland a una elevación de los salarios, en lugar de deprimirlos des multitudes, aunque sólo pretendía proveer un criterio de genuina necesidad
como realmente ocurrió. En unión de las Leyes antiasociación, que permanecie- en la prueba del hospicio. La tortura sicológica era fríamente aconsejada y tran-
ron vigentes durante otro cuarto de siglo, Speenhamland produjo el resultado quilamente puesta en práctica por filántropos moderados como un recurso para
irónico de que el "derecho a la vida", financieramente implantado, arruinó final- aceitar los engranes del molino del trabajo. Pero la mayoría de las quejas se de-
mente a las personas a quienes trataba presuntamente de socorrer. bían realmente a la forma abrupta como se destruía una institución tan antigua
Para las generaciones futuras, nada podría haber sido más patente que la mu- y se ponía en práctica una transformación radical. Disraeli denunció esta "revo-
tua incompatibilidad de instituciones como el sistema salarial y el "derecho a la lución inconcebible" en la vida de la gente. Pero si solamente se contaran los
vida", o que la imposibilidad de un orden capitalista eficaz mientras se subsidia- ingresos monetarios, pronto se habría considerado mejorada la condición de la
ran los salarios con fondos públicos. Pero los contemporáneos no comprendían gente.
el orden cuyo advenimiento estaban preparando. Sólo cuando se deterioró grave- Los problemas del tercer periodo fueron incomparablemente más profundos.
mente la capacidad productiva de las masas —una verdadera calamidad nacional Las atrocidades burocráticas cometidas en contra de los pobres durante el dece-
que estaba obstruyendo el progreso de la civilización de las máquinas— advirtió nio siguiente a 1834, por las nuevas autoridades centralizadas de la Ley de pobres,
la comunidad la necesidad de abolir el derecho incondicional de los pobres al fueron meramente esporádicas y nada comparables con los efectos totales del
subsidio. La complicada economía de Speenharnland escapaba a la comprensión mercado de mano de obra, la más potente de todas las instituciones modernas.
de los observadores más expertos de la época; pero se afirmaba la conclusión de Su alcance era similar a la amenaza planteada por Speenhamland, con la signifi-
que el auxilio salarial debía ser inherentemente vicioso, ya que milagrosamente cativa diferencia de que la fuente del peligro no era la ausencia sino la presencia
perjudicaba a quienes lo recibían. de un mercado competitivo de mano de obra. Si Speenhamland había impedido
No eran evidentes las fallas del sistema de mercados. Para entender esto clara- el surgimiento de una clase trabajadora, ahora los pobres trabajadores estaban
mente debemos distinguir entre las diversas vicisitudes a las que se exponían los conformando tal clase por la presión de un mecanismo insensible. Si bajo
trabajadores en Inglaterra desde el advenimiento de la máquina: primero, las del Speenhamland se había cuidado de la gente como bestias no demasiado precio-
periodo de Speenhamland, hasta 1834; segundo, las penurias causadas por la re- sas, ahora se esperaba que se cuidara sola, con todas las probabilidades en su
forma de la Ley de pobres, en el decenio siguiente a 1834; tercero, los efectos no- contra. Si Speenhamland significaba la miseria tranquila de la degradación, ahora
civos de un mercado competitivo de mano de obra después de 1834, hasta que en el trabajador se encontraba sin hogar en la sociedad. Si Speenhamland había
el decenio de 1870 les ofreció una protección suficiente el reconocimiento de los exagerado los valores de la vecindad, la familia y el ambiente rural, ahora se
sindicatos. En términos cronológicos, Speenhamland antecedió a la economía de encontraba el hombre separado de su hogar y sus parientes, separado de sus raíces
mercado; el decenio de la reforma a la Ley de pobres fue una transición a esa eco- y de todo ambiente significativo. En suma, si Speenhamland significó la pudrición
nomía. El último periodo —que se superpone al anterior— fue el de la economía de la inmovilidad, el peligro era ahora el de la muerte por desamparo.
de mercado propiamente dicha. Apenas en 1834 se estableció en Inglaterra un mercado competitivo de mano
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de obra; por lo tanto, no se puede afirmar que antes de esa fecha existiera el cap', 1)1 a ci.án y las leyes salariales, y se incorporaba en un concepto del progreso tan
talismo industrial como un sistema social. Sin embargo, casi de inmediato se est a, prador que parecía justificar las vastas y dolorosas dislocaciones que habrían
bleció la autoprotección de la sociedad: leyes fabriles y legislación social, y u n :iesv icnir. La desesperación habría de ser un agente de la transformación más po-
movimiento político e industrial de la clase trabajadora. Era en este intento po r deroso aún.
alejar enteramente los nuevos peligros del mecanismo del mercado que la acció n El hombre tenía que resignarse a la perdición secular: estaba condenado a
protectora entraba fatalmente en conflicto con la autorregulación del sistem a. detener la procreación de su raza o a liquidarse voluntariamente a través de la
No es exagerado afirmar que la historia social del siglo xix se vio determinad a guerra y la peste, el hambre y el vicio. La pobreza era la naturaleza que sobrevivía
por la lógica del sistema de mercado propiamente dicho, tras de ser liberado po r en la sociedad; la ironía sólo se volvía más amarga por el hecho de que la limita-
el Acta de reforma de la Ley de pobres de 1834. La Ley de Speenhamland fue el ción de los alimentos y el carácter ilimitado de los hombres se enfrentaban justo
punto de partida de este movimiento dinámico. cuandQ la promesa de un incremento sin límites de la riqueza llegaba hasta no-
Si sugerimos que el estudio de Speenhamland es el estudio del nacimiento de sotros.
la civilización del siglo xix, no tenemos en mente sólo su efecto económico y so- Así se integró el descubrimiento de la sociedad con el universo espiritual del
cial, ni siquiera la influencia determinante de estos efectos sobre la historia polí- hombre; ¿pero cómo se traduciría esta nueva realidad, la sociedad, en términos
tica moderna, sino el hecho de que nuestra conciencia social se forjó en su molde, de la vida? Como guías prácticas, los principios morales de la armonía y el prin-
sin que la generación actual lo advirtiera en su mayor parte. La figura del mi- cipio se tensaban al máximo y adoptaban inevitablemente un patrón de completa
serable, casi olvidada desde entonces, dominó una discusión cuya huella fue tan contradicción. La armonía era inherente a la economía, según se decía, porque
poderosa como el más espectacular de los eventos históricos. Si la Revolución los intereses del individuo y de la comunidad eran idénticos en última instancia;
francesa estaba en deuda con el pensamiento de Voltaire y Diderot, Quesnay y pero tal autorregulación armoniosa requería que el individuo respetara la ley
Rousseau, la discusión de la Ley de pobres formó las mentes de Bentham y Burke, económica aunque lo destruyera. También el conflicto parecía inherente a la eco-
Godwin y Malthus, Ricardo y Marx, Robert Owen y John Stuart Mill, Darwin y nomía, ya fuese como una competencia entre individuos o como una lucha de cla-
Spencer, quienes compartieron con la Revolución francesa el parentesco espiri- ses; pero tal conflicto podría ser sólo el vehículo de una armonía más profunda
tual de la civilización del siglo xix. Fue en los decenios siguientes a Speenham- inmanente en la sociedad actual o quizás en la sociedad futura.
land y la reforma de la Ley de pobres que la mente del hombre se volvió hacia su El pauperismo, la economía política y el descubrimiento de la sociedad se
propia comunidad con una nueva angustia de preocupación: la revolución que entrelazaban estrechamente. El pauperismo centraba la atención en el hecho in-
los jueces de Berkshire habían tratado en vano de detener, y que eventualmente comprensible de que la pobreza parecía ir de la mano con la abundancia. Pero
liberó la reforma de la Ley de pobres, desplazó la visión de los hombres hacia su esta era sólo la primera de las intrigantes paradojas que la sociedad industrial
propio ser colectivo, como si antes hubiesen pasado por alto su presencia. Se habría de plantear al hombre moderno, quien había entrado a su nuevo mundo
ponía al descubierto un mundo cuya existencia misma no se había sospechado si- por la puerta de la economía, y esta circunstancia adventicia investía a la época
quiera: el de las leyes que gobiernan una sociedad compleja. Aunque el surgi- de una aureola materialista. Para Ricardo y Malthus nada parecía más real que
miento de la sociedad en este sentido nuevo y distintivo ocurrió en el campo los bienes materiales. Las leyes del mercado significaban para ellos el límite de
económico, su referencia era universal. las posibilidades humanas. Godwin creía en las posibilidades ilimitadas, y por
La realidad naciente llegó a nuestra conciencia bajo la forma de la economía ende debía negar las leyes del mercado. El hecho de que las posibilidades huma-
política. Sus regularidades sorprendentes y sus contradicciones aplastantes de- nas no estuviesen limitadas por las leyes del mercado sino por las leyes de la soci-
bían ubicarse en el marco de la filosofía y la teología para que adquirieran signi- dad misma, era un reconocimiento reservado para Owen, el único que discernió
ficados humanos. Los hechos tercos y las inexorables leyes brutas que parecían tras el velo de la economía de mercado la realidad emergente: la sociedad. Pero
abolir nuestra libertad debían conciliarse en una forma u otra con la libertad. su visión se perdió de nuevo durante un siglo.
Este fue el origen de las fuerzas metafísicas que secretamente sostenían los po- Mientras tanto, fue en relación con el problema de la pobreza que la gente
sitivistas y los utilitarios. La esperanza ilimitada y la desesperación sin límite deri- empezó a explorar el significado de la vida en una sociedad compleja. La induc-
vadas de la exploración de regiones de posibilidades humanas antes inexploradas, ción de la economía politica en el campo de lo universal ocurrió en dos perspec-
eran la respuesta ambivalente de la mente ante estas terribles limitaciones. La tivas opuestas, la del progreso y la perfectibilidad por una parte, y el determinis-
esperanza —la visión de la perfectibilidad— se destilaba de la pesadilla de la po- mo y la condenación por la otra; su traslado a la práctica se logró también en dos
94 ECONOMÍA DE MERCADO: ASCENSO Y DECLINACIÓN

formas opuestas: a través del principio de la armonía y la autorregulación por un


lado, de la competencia y el conflicto por el otro lado. En estas contradicciones
se configuró el liberalismo económico y el concepto de clase. Con el caráctei
inapelable de un evento elemental, un nuevo conjunto de ideas entraba a nuestra
conciencia.

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