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Trotsky y los Sindicatos: Obras Escogidas

Este documento es una recopilación de escritos de León Trotsky sobre sindicatos. Incluye textos sobre el papel de los sindicatos en la revolución rusa y en otros contextos históricos, así como análisis de Trotsky sobre cuestiones sindicales. El documento también contiene el prefacio de otro autor sobre una obra de Trotsky sobre sindicatos.

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Trotsky y los Sindicatos: Obras Escogidas

Este documento es una recopilación de escritos de León Trotsky sobre sindicatos. Incluye textos sobre el papel de los sindicatos en la revolución rusa y en otros contextos históricos, así como análisis de Trotsky sobre cuestiones sindicales. El documento también contiene el prefacio de otro autor sobre una obra de Trotsky sobre sindicatos.

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OBRAS ESCOGIDAS

Recopilación
sobre los
sindicatos
León Trotsky
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Obras Escogidas de León Trotsky


Edicions Internacionals Sedov
Valencia, 2ª edición, agosto de 2022

germinal_1917@[Link]
Presentamos esta recopilación que, aunque extensa, no es exhaustiva. El sindicato, la cuestión sindical,
está muy presente en la obra de León Trotsky; y lo está porque él tuvo muy presente al sindicato, a esta
organización obrera, tanto en su práctica teórica como en su práctica inmediata. Resalta en Trotsky la
enorme flexibilidad ante la intervención militante en los sindicatos, como el profundo arraigo en los
principios marxistas de aquella flexibilidad.
Las fuentes de los textos vienen indicadas en cada uno de ellos.
Como lecturas complementarias nos tienta remitir al lector a la obra completa de Trotsky, pero nos
conformaremos con indicarle que en ¿Adónde va Francia? Recopilación de artículos con anexos, editada
en estas mismas OELT-EIS, está muy presente la cuestión de los sindicatos. También puede el lector
descargarse la obra Los marxistas y los sindicatos, editada en los Cuadernos de formación marxista del
extinto Grupo Germinal-en defensa del marxismo. Es difícil escoger algún pasaje de la Historia de la
revolución rusa en el que se trate sobre los sindicatos en ella: estuvieron continuamente presentes en la
revolución y, por tanto, lo están en la obra en cuestión; quien quiera profundizar deberá hacer una
búsqueda del concepto en el texto usando las herramientas adecuadas.

Es necesario plantearse aquí como un principio inquebrantable: el autoaislamiento de


capitulación al margen de los sindicatos de masas, equivalente a la traición de la revolución, es
incompatible con la pertenencia a la IV Internacional. (Programa de Transición)

El peligro reside en transformar el problema del partido obrero en una pura abstracción. La
base de nuestra actividad son los sindicatos; sólo en la medida en que echemos raíces en ellos
el partido obrero se volverá de carne y hueso. El haber comenzado seriamente nuestro trabajo
sindical nos llevó a la consigna del partido obrero. Ahora hay que utilizar esa consigna para
insertar profundamente al partido en los sindicatos. (“Problemas del partido norteamericano”,
carta a Cannon, 5 de octubre de 1938)

Para lograr sus objetivos la clase obrera tiene que crear sus organizaciones, los sindicatos y el
partido político. En este proceso una capa de burócratas, secretarios de los sindicatos y de
otras organizaciones, diputados, periodistas, etcétera, se eleva por encima del sector explotado.
Los elevan tanto sus condiciones materiales de vida como su influencia política. Pocos son los
que mantienen una íntima relación con la clase obrera y permanecen leales a sus intereses. Los
más comienzan a mirar a los que están por encima de ellos en lugar de mirar a los que están
por debajo. Empiezan a ponerse del lado de la burguesía, olvidando los sufrimientos, las
miserias y las esperanzas de la clase trabajadora. Esta es la causa de muchas de las derrotas
infligidas al proletariado. (“¿Qué significa la lucha contra el trotskysmo?”, 9 de octubre de
1938)

Es una ley histórica que los funcionarios sindicales formen el ala derecha del partido.
No hay excepciones. Así fue en la socialdemocracia; así fue también en el Partido Bolchevique.
Ustedes saben que Tomsky estuvo con la derecha. Es absolutamente natural. Ellos tratan con la
clase, con sus elementos atrasados; son la vanguardia partidaria en la clase obrera. Su campo
de adaptación necesario son los sindicatos. La gente que está en los sindicatos hace de esta
adaptación su trabajo. Eso explica por qué la presión de los elementos atrasados se refleja
siempre a través de los camaradas sindicalistas. Es una presión saludable; pero también puede
apartarlos de los intereses históricos de la clase: pueden llegar a ser oportunistas. (Discusión
con camaradas el 15 de junio de 1940)

2
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Índice
Prefacio a Los sindicatos en la era de la decadencia imperialista. Stéphane Just ....................................... 7
El período del capitalismo en descomposición y de la revolución proletaria ....................................... 7
“Neo teóricos”, “neocapitalismo” y “neosindicalismo” ..................................................................... 8
Tentativa y fracaso de la integración en frío de los sindicatos al estado ............................................ 10
La clase obrera, los sindicatos y los aparatos sindicales ................................................................... 12
El nuevo período revolucionario ...................................................................................................... 14
La burguesía y los aparatos no renuncian ........................................................................................ 15
Los sindicatos y las formas soviéticas de organización ..................................................................... 18
Sindicatos y partido revolucionario .................................................................................................. 19
[Sindicatos y próxima revolución en Rusia] .......................................................................................... 22
[Sindicatos en la revolución de 1904-1905] ........................................................................................... 23
[Sindicatos y catástrofe de 1914]........................................................................................................... 24
Primero de Mayo (1890-1915) .............................................................................................................. 25
La conferencia de Gompers y compañía [burocracia sindical norteamericana y guerra imperialista] ....... 29
[En la revolución rusa de 1917]............................................................................................................. 31
[Sóviets, sindicatos y organizaciones campesinas, dueños del país]........................................................ 32
[Informe en el Tercer Congreso Panruso de los Sindicatos] ................................................................... 34
Informe sobre la organización del trabajo ........................................................................................ 34
La obligación del trabajo ................................................................................................................. 34
La militarización del trabajo ............................................................................................................ 36
Los ejércitos del trabajo ................................................................................................................... 44
El plan económico único .................................................................................................................. 47
Dirección colectiva y dirección unipersonal ..................................................................................... 50
Conclusión....................................................................................................................................... 52
Los agrupamientos en el movimiento obrero francés y las tareas del comunismo francés ....................... 59
Carta a un sindicalista francés ............................................................................................................... 62
El objetivo revolucionario del proletariado ...................................................................................... 62
Necesidad de un partido comunista .................................................................................................. 63
Insuficiencia de los medios sindicales............................................................................................... 64
Órganos de la dictadura del proletariado ......................................................................................... 65
La unidad del frente revolucionario.................................................................................................. 67
Intervención en la Conferencia de los Transportes convocada por el Comité Central de los Transportes
(Tsektran)............................................................................................................................................. 68
Nuevo período, nuevos problemas ........................................................................................................ 77
Plataforma de Trotsky, Bujarin, etc., para el X Congreso del Partido Comunista Ruso (Bolchevique)
[Cuestión sindical]................................................................................................................................ 81

3
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

La crisis que atraviesan los sindicatos.............................................................................................. 83


Los sindicatos como sostén del partido ............................................................................................. 84
El trabajo de educación de los sindicatos (“escuelas de comunismo”) .............................................. 84
La estatización de los sindicatos....................................................................................................... 85
Los métodos de persuasión y los métodos de compulsión en los sindicatos ........................................ 86
El partido y los sindicatos ................................................................................................................ 86
Las secciones políticas y los sindicatos............................................................................................. 86
Medidas prácticas............................................................................................................................ 87
(El comunismo y el sindicalismo en Francia) ........................................................................................ 92
[Los parados y los sindicatos] ............................................................................................................... 95
(El comunismo y el sindicalismo en Francia) ........................................................................................ 96
Carta al camarada Monatte ................................................................................................................... 99
Carta a los camaradas Cachin y Frossard ............................................................................................. 101
[Estrechar lazos con las masas y sindicato] Carta a Lenin .................................................................... 104
[Movimiento sindical y Frente Único] ................................................................................................. 106
La huelga en el estado obrero.............................................................................................................. 109
[El CE de la Internacional Comunista sobre partido, militantes comunistas y sindicato en Francia] ...... 114
[Más del CE de la Internacional Comunista sobre partido, militantes comunistas y sindicato en Francia]
.......................................................................................................................................................... 116
[Trotsky y el sindicalismo en Francia]................................................................................................. 118
[Más sobre el PCF y la práctica sindical]............................................................................................. 119
[Más sobre el PCF y la cuestión sindical] Carta a Ker.......................................................................... 120
[El partido y los sindicatos]................................................................................................................. 121
Programa de trabajo y de acción del Partido Comunista Francés .......................................................... 122
Una discusión necesaria con nuestros camaradas sindicalistas ............................................................. 126
¡Otra vez los prejuicios anarcosindicalistas! ........................................................................................ 132
[Sindicatos en la construcción de la sociedad de transición] ................................................................. 135
[Sindicalismo,] tradeuniones, y bolchevismo ....................................................................................... 136
[Sindicatos y sóviets en revolución china, y Comité Anglo-Ruso]........................................................ 144
La situación de la clase obrera y de los sindicatos................................................................................ 148
La situación de los obreros ............................................................................................................ 149
Obreros agrícolas .......................................................................................................................... 150
La cuestión de la vivienda .............................................................................................................. 150
El paro .......................................................................................................................................... 150
Organizaciones sindicales y los obreros ......................................................................................... 152
Propuestas concretas más importantes ........................................................................................... 152
En el campo de la situación material de los trabajadores............................................................ 152
En el ámbito del trabajo sindical ................................................................................................ 154
Partido y sindicatos ............................................................................................................................ 156
Comunismo y sindicalismo ................................................................................................................. 157
Los errores de principio del sindicalismo ............................................................................................ 164

4
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

[Radicalización de las masas, crisis, huelgas económicas y políticas, sindicato] ................................... 169
[Centrismo y sindicatos] ..................................................................................................................... 174
Monatte cruza el Rubicón ................................................................................................................... 178
Los errores de los sectores de derecha de la Liga Comunista sobre la cuestión sindical ........................ 182
La cuestión de la unidad sindical......................................................................................................... 189
Los sindicatos ante la embestida económica de la contrarrevolución .................................................... 196
[El partido y el trabajo militante en el sindicato].................................................................................. 198
[Los sindicatos en Gran Bretaña] ........................................................................................................ 199
La tarea de los maestros revolucionarios. Carta a Maurice Dommanget [frente único, unidad sindical,
autodefensa, fascismo]........................................................................................................................ 202
Del plan de la CGT a la conquista del poder ........................................................................................ 206
El objetivo del Plan........................................................................................................................ 207
La anarquía del socialismo ............................................................................................................ 207
Las propuestas del Plan ................................................................................................................. 208
Contra la dictadura del capital financiero ...................................................................................... 209
La nacionalización de la industria.................................................................................................. 209
Condiciones de adquisición ............................................................................................................ 210
La abolición del secreto comercial ................................................................................................. 210
El control obrero ........................................................................................................................... 211
La semana de cuarenta horas ......................................................................................................... 211
La cuestión campesina ................................................................................................................... 212
¿Bajo qué régimen político?........................................................................................................... 212
¿Quién detenta el poder? ............................................................................................................... 213
Lucha de clases o colaboración...................................................................................................... 213
El principal defecto del Plan .......................................................................................................... 214
El Frente Único del Proletariado ................................................................................................... 214
[Sindicatos como organizaciones de masas y sindicatos bajo la clandestinidad] ................................... 216
[Ascenso revolucionario y crecimiento de los sindicatos] .................................................................... 218
[El trabajo revolucionario en los sindicatos de Holanda] ...................................................................... 221
[En la revolución española de 1936].................................................................................................... 222
[En el proceso revolucionario de China, en 1937] ................................................................................ 224
[La unidad sindical mundial y la URSS bajo el estalinismo] ................................................................ 231
[Carta a Sneevliet sobre la situación sindical holandesa] ...................................................................... 233
[El sindicato, la norma y los hechos] ................................................................................................... 236
[Más sobre el partido holandés y la cuestión sindical].......................................................................... 238
Periódicos de fábrica y periódico teórico ............................................................................................. 240
[Sobre el movimiento obrero en Estados Unidos y en Europa] ............................................................. 242
La industria nacionalizada y la gestión obrera ..................................................................................... 247
[CIO, sindicato en Estados Unidos, ciclo prosperidad, consignas, salarios y construcción partido obrero
revolucionario] ................................................................................................................................... 250
[Sobre el congreso sindical panamericano organizado por el estalinismo] ............................................ 256
[La cuestión sindical, Carta a W. Dauge]............................................................................................. 258

5
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

[En el Programa de Transición]........................................................................................................... 259


Programa mínimo y programa de transición .................................................................................. 259
Escala móvil de salarios y escala móvil de horas de trabajo ........................................................... 260
Los sindicatos en la época de transición ......................................................................................... 261
Comités de fábrica ......................................................................................................................... 262
[Tareas de los sindicatos, entrevista a Mateo Fossa] ............................................................................ 263
Los sindicatos y la crisis social en Estados Unidos [entrevista con un organizador de la CIO] .............. 264
Las tareas del movimiento sindical en América Latina, ....................................................................... 269
[Los sindicatos en la discusión sobre América Latina] ......................................................................... 271
¡Al pozo! (Sobre el último congreso de la CGT).................................................................................. 276
[Los sindicatos y la guerra] ................................................................................................................. 278
[Discusiones con Trotsky: sindicatos y elecciones, agrupamientos dentro sindicato, minorías raciales…]
.......................................................................................................................................................... 279
Problemas norteamericanos [y sindicatos y conscripción] .................................................................... 293
Los sindicatos en la era de la decadencia imperialista .......................................................................... 301
La fusión de las organizaciones sindicales con el poder estatal ....................................................... 301
Consignas por la independencia de los sindicatos .......................................................................... 302
Necesidad del trabajo en los sindicatos .......................................................................................... 303
En los países “atrasados”.............................................................................................................. 303
El capitalismo monopolista y los sindicatos .................................................................................... 303
En los países coloniales o semicoloniales ....................................................................................... 304
En Inglaterra ................................................................................................................................. 304
En Francia .................................................................................................................................... 304
En los Estados Unidos ................................................................................................................... 304
En España ..................................................................................................................................... 304
En Holanda ................................................................................................................................... 305
En México...................................................................................................................................... 305
El anarquismo ............................................................................................................................... 305

6
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Prefacio a Los sindicatos en la era de la decadencia


imperialista. Stéphane Just
(15 de julio de 1972)

El período del capitalismo en descomposición y de la revolución proletaria


Los sindicatos en la era de la decadencia imperialista constituye un conjunto de
notas más que un texto acabado. Trotsky pretendía hacer un artículo, y puede que un
folleto. Asesinado por el agente del GPU Jack Mornard, no pudo acabar este trabajo. Pero,
aunque en estado de notas, este texto es indispensable para definir la política del
proletariado, la política revolucionaria, en la época del capitalismo en descomposición,
del imperialismo.
Trotsky no especulaba, analizaba una experiencia que cubría varios decenios y
que se extendía desde los años que precedieron a la primera guerra imperialista a los de
la segunda guerra mundial. Estos años fueron de una importancia capital pues fueron en
los que el carácter del imperialismo, “reacción en toda la línea”, se manifestó en el
estallido de la primera guerra imperialista mundial; fueron los años de la apertura de la
revolución proletaria mundial con la victoria de la revolución rusa. Fueron también los
años de duras derrotas del proletariado en Alemania, Hungría, Italia y en múltiples países
de Europa, entre 1918 y 1924; de la derrota de la huelga general inglesa de 1926; de la
segunda revolución china y de su derrota; fueron los años de la victoria del fascismo en
Italia, Alemania; y, tras una nueva llamarada revolucionaria en Francia y, sobre todo, en
España, fueron los años de la victoria de Franco. Acabaron con la segunda guerra
imperialista mundial, única “solución” capitalista a la crisis mundial, cuando el
proletariado fue batido en los principales países capitalistas de Europa. Estos años fueron,
igualmente, los de la degeneración de la revolución rusa, del partido bolchevique, de la
III Internacional, de la formación de la burocracia del Kremlin y de su aparato
internacional.
El lugar de los sindicatos, la política de los aparatos sindicales, sus relaciones con
el estado burgués, por una parte, y el proletariado por la otra, son analizados en relación
con la crisis general del sistema capitalista, las contradicciones sin salida del imperialismo
y la lucha de clases mundial que enfrenta el movimiento del proletariado que se orienta
hacia la revolución proletaria y la contrarrevolución burguesa bajo todas sus formas. Es
así que, refiriéndose tanto a la experiencia de los sindicatos dirigidos por los reformistas
(tanto en Francia como en Inglaterra y América) como a los sindicatos dirigidos por los
anarcosindicalistas en España, Trotsky llega a una única y misma conclusión:
“El capitalismo monpolizador está cada vez menos dispuesto a conciliar
con la independencia de los sindicatos. Le reclama a la burocracia reformista y
a la aristocracia obrera, que recogen las migajas caídas de su mesa, que se
transformen las dos en su policía política a los ojos de la clase obrera.
Si esto no pasa, la burocracia sindical es suprimida y reemplazada por los
fascistas. Entonces, todos los esfuerzos de la aristocracia obrera, al servicio del
imperialismo, no pueden salvarla de la destrucción.”
Conclusión que también se aplica, en esencia, a los países económicamente
atrasados.

7
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Trotsky, que vivía en México, seguía con particular atención el desarrollo de la


“lucha antiimperialista” de la burguesía mejicana bajo la dirección de Cárdenas y
caracterizaba así la participación de las direcciones sindicales en la gestión de los
ferrocarriles y campos petrolíferos que acababan de ser nacionalizados:
“Es una medida de capitalismo de estado en un país atrasado que busca
defenderse de esta forma contra el imperialismo extranjero, por una parte, y, por
la otra, contra su propio proletariado. La gestión de los ferrocarriles y de los
campos de petróleo bajo el control de las organizaciones obreras no tiene nada
en común con el control obrero sobre la industria puesto que, al fin de cuentas,
la gestión está en manos de la burocracia obrera, que es independiente de los
trabajadores pero que, por el contrario, está bajo la completa dependencia del
estado burgués. Esta medida de la clase dirigente pretende disciplinar a la clase
obrera y hacerla trabajar mejor al servicio de los intereses comunes del estado
que parecen confundirse con los intereses de la misma clase obrera. En realidad,
toda la tarea de la burguesía consiste en liquidar los sindicatos en tanto que
organizaciones de la lucha de clases y reemplazarlos por la burocracia sindical
como órgano de la dirección del estado burgués sobre los obreros.”
La burguesía mejicana que trata de deshacerse de la presión del imperialismo
sigue siendo, a pesar de ello, un componente de la burguesía mundial. La economía
mejicana sigue integrada en el modo de producción capitalista en su fase decadente,
imperialista, y, aunque de forma específica, la burguesía intenta destruir los sindicatos en
tanto que órganos de la clase obrera, intenta transformarlos en órganos de control de la
clase obrera subordinada al poder, al estado burgués.
Que la burguesía se esfuerce en subordinar a la clase obrera, en destruir las
organizaciones sindicales como organismos elementales de clase del proletariado, es
consecuencia de la naturaleza del período histórico, el del imperialismo, estadio supremo
del capitalismo en putrefacción, incapaz de desarrollar las fuerzas productivas, período
que también es, igualmente y por esta misma razón, el de las guerras y las revoluciones,
el de la revolución proletaria mundial.
Estos esfuerzos de la burguesía, buscando subordinar a la clase obrera y destruir
sus organizaciones sindicales, se manifiestan tanto en los países capitalistas avanzados
como en los países económicamente atrasados, bajo la impronta del capitalismo, incluso
si es bajo formas particulares en cada caso, en función de las relaciones sociales y
políticas propias de cada país, en función también de su lugar en la economía y en la lucha
de clases mundial.
“Neo teóricos”, “neocapitalismo” y “neosindicalismo”
En el curso de los veinticinco años que han seguido a la Segunda Guerra Mundial,
la descomposición del modo de producción capitalista se ha desarrollado
considerablemente; la gangrena afecta al corazón del sistema imperialista mundial, los
EEUU. Ello, sin embargo, bajo condiciones particulares: el estado burgués
norteamericano fue capaz de movilizar inmensos recursos que le permitieron evitar, en la
inmediata y posterior posguerra, el hundimiento de las viejas potencias imperialistas de
Europa. Estos esfuerzos estuvieron en el origen de una nueva división internacional del
trabajo, de la reconstitución del mercado mundial. No faltó nada más para que surgiesen
“neoteóricos” que concluyeron que había nacido un “neocapitalismo”. Entre ellos, en
primera fila, los renegados de la IV Internacional, que operan bajo la etiqueta del
Secretariado Unificado de la IV Internacional. Cumplen múltiples proezas teóricas y
políticas. Además del obligatorio sombrerazo a la “obra de Trotsky”, los renegados de la
IV Internacional se devanan los sesos en elaborar nuevas teorías sobre “los sindicatos en

8
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

la época del ‘neocapitalismo’” y del “desarrollo sin límites de las fuerzas productivas”.
Han escrito esto:
“El objetivo esencial de la burguesía es la estabilidad, “la paz social”. Al
mismo tiempo que intenta hacer el poder central cada vez menos sensible a las
sacudidas sociales (tendencia al estado fuerte) está dispuesta a ceder algunas
ventajas a la clase obrera (aumento de salarios, disminución del tiempo de
trabajo) con la condición que sean previstas, planificadas. Según las
colaboraciones, esto se llama política de rentas, participación, reparto justo de
los frutos del trabajo, pero todo ello está enfocado, esencialmente, a una cosa:
evitar los choques, los aumentos salariales “demasiado importantes”, los paros
“intempestivos” en el trabajo, todo aquello que pueda desequilibrar las
previsiones.
Tal es el sentido de la política de integración del movimiento sindical,
intentada con mayor o menos éxito por todas las burguesías europeas desde hace
veinte años. A fin de obtener la paz social, buscan negociar con las
organizaciones sindicales reconocidas por los trabajadores, aceptan cederles
algunas ventajas que tienen previstas, los sindicatos se comprometen a no desatar
movimientos “desconsiderados” que puedan paralizar la producción y entrar en
conflicto con los planes capitalistas” (Resolución del 1er Congreso de la Ligue
communiste, Cahiers Rouges, nº 10-11, página 108)
Con otras palabras: el “neocapitalismo” ha resuelto “casi” totalmente las
contradicciones del modo de producción capitalista. Asegura el desarrollo planificado de
las fuerzas productivas, aunque todavía no por completo. Para lograrlo totalmente le hace
falta planificar el desarrollo de la fuerza productiva esencial, la del proletariado. Este es
el objetivo de la “política de rentas” y “… tal es el sentido de la política de integración de
los sindicatos en el estado”. Si es así, la contradicción fundamental de la que se derivan
todas las otras (la apropiación privada de los medios de producción y el carácter social de
la producción, el antagonismo irreductible entre el capital y la fuerza de trabajo) estaría
en vías de ser resuelta. Ninguna duda es posible, la burguesía logrará sus fines: asociar
los sindicatos al desarrollo de las fuerzas productivas, y sin tener que destruirlos. Lo que
se abriría sería un nuevo período de colaboración de clases, pero, sin embargo,
infinitamente mucho más estable y amplio que el que vio nacer a la aristocracia obrera y
la adaptación de los aparatos sindicales a sus burguesías nacionales en el período de
ascenso del imperialismo en los países capitalistas dominantes.
Los teóricos del “neocapitalismo” han eliminado de sus análisis los datos que son,
sin embargo, esenciales. La “prosperidad” del modo de producción capitalista ha sido
precedida por casi 40 años de guerras imperialistas, de crisis, de inmensas destrucciones
de fuerzas productivas. Está basada en el más gigantesco parasitismo que se pueda
concebir: la economía de armamento impulsada por el imperialismo norteamericano.
Antes y durante la Segunda Guerra Mundial, el poder adquisitivo, las condiciones de vida
de los trabajadores de los principales países capitalistas de Europa fueron masivamente
cercenadas, hasta llegar al punto cero en Alemania. Al proletariado de algunos países le
hicieron falta más de quince años para reconquistar una situación económica igual a la de
antes de la guerra (lo que le dio un gran margen de maniobra al capital).
Estos teóricos han guardado silencio, con no menor resolución, igualmente sobre
las complejas relaciones entre las clases y en su interior después de la Segunda Guerra
Mundial. La potencia del proletarizado se manifestó entonces a través del hundimiento
de muros enteros del sistema imperialista mundial (la transformación de las relaciones
sociales de producción en Yugoslavia y China y la reconstitución de organizaciones
obreras sindicales y políticas de una potencia sin igual hasta en los países capitalistas

9
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

económicamente desarrollados. La burguesía no pudo, sin enormes riesgos, entablar una


batalla frontal contra el proletariado y sus organizaciones, especialmente en estos países,
pues la contrarrevolución hubiese agudizado la revolución. Pero al mismo tiempo, en
razón de las condiciones del desarrollo de la segunda guerra imperialista, la burocracia
del Kremlin y su aparato internacional habían adquirido un enorme prestigio, sin ninguna
duda en detrimento del proletariado soviético, prestigio que les permitió, sin embargo,
controlar el movimiento obrero, los sindicatos de los países capitalistas decisivos desde
el punto de vista de la lucha de clases mundial. Por otra parte, por el contrario, como en
Alemania, la política estalinista reforzó la influencia socialdemócrata en ausencia de otras
perspectivas. Más aún: borró toda salida propia al proletariado y, en numerosos países
económicamente atrasados, dejó libre paso a direcciones pequeño burguesas. Este
conjunto de relaciones entre las clases y en su interior explica por qué y cómo las
organizaciones sindicales no han sido integradas en el estado y destruidas como
organizaciones elementales de la clase obrera, al menos en los países económicamente
avanzados. Los aparatos sindicales, sin embargo, han colaborado estrechamente con los
estados y los gobiernos burgueses, pero de una forma mucha más próxima a la
colaboración de clases “clásica” y no transformando los sindicatos en puros y simples
engranajes del estado burgués. Todavía conviene, además, señalar que, en numerosos
países de África, América Latina y Asia, los sindicatos están bajo el control directo de
direcciones burguesas o pequeño burguesas que los han sometido al aparato de estado; y
también en países económicamente desarrollados, como en Alemania del Oeste por
ejemplo, la tendencia a la integración de los sindicatos en el estado está fuertemente
marcada.
Pero una vez más, como gustaba decir Trotsky, el canto de la lechuza se eleva en
el crepúsculo: los renegados de la IV Internacional teorizan su política en el momento en
que se agota el relativo equilibrio que siguió a la guerra. El parasitismo de la economía
de armamento se manifiesta en la inestabilidad del sistema monetario, en aumento desde
los primeros años sesenta. La necesidad, desde el punto de vista del capital, de domesticar
estrechamente a los sindicatos se hace apremiante y, en el curso de los años sesenta, los
gobiernos inglés, francés, alemán, italiano, etc., se ven forzados a lograrlo. Eso es lo que
significa “la política de rentas”, la “participación”, las leyes “reglamentado” los derechos
sindicales y el derecho de huelga. Que esta política haya fracasado hasta el momento, es
otro asunto. Cierto que, en todo caso, los renegados a la IV Internacional no tienen
ninguna responsabilidad en este fracaso. ¿No escribían y decían, a quienes quisieran
escucharlos, que la clase obrera se “recontracachondeaba” espontáneamente del
referéndum del 27 de abril de 1969…, que le concernía tan poco y que comprendía mal?
¿No llamaron al boicot de un referéndum que trataba sobre la integración de los sindicatos
en el estado burgués? ¿Pero qué importa eso a gente que no diferencian entre la simple
colaboración de clases y la integración de los sindicatos en el estado burgués? ¡Que le
importa eso a gente que comprende tan poco lo que significa la naturaleza y origen de
clase de los sindicatos, que se convierte en defensora de la CFDT cuya orientación es,
simplemente, la aplicación, bajo circunstancias determinadas, de la “doctrina social de la
Iglesia”: el corporativismo bajo la nueva etiqueta de la “autogestión”!
Tentativa y fracaso de la integración en frío de los sindicatos al estado
La crisis conjunta del imperialismo y la burocracia del Kremlin se afirmó durante
los años sesenta. El imperialismo norteamericano no podía soportar solo y a pulso la
economía mundial y el sistema imperialista. La crisis del dólar se anunciaba. La
competencia internacional renacía. Cada vez más, se afirmaba la tendencia a relegar a su
justo lugar a las viejas potencias imperialistas decadentes de Europa. El Mercado Común
revelaba ser un campo de enfrentamiento económico que no protegía ni, incluso, a sus

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

agentes de la penetración de los capitales norteamericanos. Por el contrario, las viejas


potencias imperialistas de Europa intentaban romper las barreras levantadas en la URSS
y en los países de Europa del Este contra la libre penetración de capitales y mercancías.
Los más competitivos de ellos, principalmente Alemania del Oeste, extendían hasta
EEUU su penetración del mercado mundial, pero se enfrentaban, cada vez más, a la
temible competencia del renaciente imperialismo japonés que penetraba en todos los
mercados, entre ellos en el mercado norteamericano.
Conjuntamente, la burocracia del Kremlin y las burocracias satélites se
enfrentaban a problemas insolubles nacidos de la gestión burocrática de la economía
planificada, del parasitismo, de las distorsiones que esta gestión conlleva, del impase de
la “construcción del socialismo (una economía autosuficiente) en cada país”. Les era
necesario intentar resolver estas contradicciones: ese fue el objeto de las reformas de la
planificación. Pero la burocracia del Kremlin y las burocracias satélites no podían, y no
pueden, recurrir solo a las soluciones que permitirían el desarrollo harmonioso de las
fuerzas productivas en la URSS y en los países de Europa del Este: la elaboración del
plan y su realización bajo el control de los trabajadores. La burocracia del Kremlin no
podía realizar la integración de la economía de la URSS y de los países de Europa del
Este en la división europea y mundial del trabajo sobre bases socialistas mediante la
victoria de la revolución proletaria destruyendo en sus bastiones al imperialismo: no
podía, mediante el estallido de las barreras nacionales, constituir, notablemente sobre esta
base, los Estados Unidos Socialistas de Europa. Las “soluciones” de las burocracias
parasitarias sólo podían ser burguesas, es decir, recurrir a la competencia y leyes del
mercado, intentar integrar en el mercado mundial capitalista a la economía de la URSS y
de los países del Este de Europa. El remedio agravaba el mal y aumentaba los
antagonismos sociales. Era un nuevo factor de aceleración de la crisis del estalinismo y
de su aparato internacional. En efecto, en lo más alto de su potencia política, tras la guerra,
la burocracia del Kremlin y su aparato internacional amenazaban dislocarse: la revolución
china triunfante contra la voluntad de Stalin; tito y el PCY rechazando subordinarse al
Kremlin y rompiendo con él en 1948; la burocracia del Kremlin no lograba comprimir las
fuerzas centrífugas y las contradicciones sociales en Europa del Este más que al precio
de sangrantes purgas de las cuales los trágicos juicios eran los aspectos espectaculares; la
guerra fría tendía a romper estas contradicciones.
A la muerte de Stalin, la burocracia del Kremlin se esforzó en detener las
contradicciones más explosivas. Pero por las brechas abiertas, el proletariado iba a pasar
y comenzar un combate abierto contra las burocracias parasitarias, en junio de 1953 en
Alemania del Este primero, en Polonia enseguida durante el año 1966, por fin en Hungría,
donde la revolución de los consejos obreros estalló en noviembre de 1956. La revolución
política dejaba de ser un artículo de programa, era la brillante realidad política, siempre
presente, preparándose para el gran día o, obscuramente, en las profundidades sociales,
pero contra la que no dejarían de tropezar las burocracias parasitarias. La crisis de la
burocracia del Kremlin y de su aparato se afirmaba más con la ruptura abierta entre Moscú
y Pekín, cuando se debilitaba el control de los PC sobre proletariados como el francés e
italiano, erosionado por la colaboración con la burguesía y su papel de agentes del
Kremlin.
Esta crisis conjunta hacía urgente la modificación de las relaciones entre las clases
tal como quedaron restablecidas después de la Segunda Guerra Mundial. Esto era
particularmente necesario en Europa, cuna del capitalismo, del imperialismo, pero donde
se afirmaba la decadencia de las viejas potencias imperialistas, esta Europa que es
igualmente la cuna del movimiento obrero. Tras el aplastamiento de la revolución húngara
de los consejos por los tanques de la burocracia del Kremlin, tras el acceso al poder, sin

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

combare, de De Gaulle en Francia, por primera vez la burguesía, aunque en crisis,


retomaba la iniciativa política contra el proletariado. Iba a intentar utilizar esta iniciativa
para esforzarse en domesticar a la clase obrera, para destruir su capacidad de combate,
para integrar los sindicatos en el estado burgués.
La historia de esta tentativa no puede escribirse aquí. Sin embargo, es necesario
recordarla. Tanto en Alemania, Italia, Inglaterra como en Francia, las burguesías y su
gobierno han intentado realizar esta operación, de alguna manera, en frío, sin
enfrentamiento global, directo y brutal con la clase obrera, basándose en la política de los
aparatos burocráticos sindicales, estalinistas, socialdemócratas o pequeñoburgueses. El
resultado está ahí. De Gaulle en Francia ha fracasado. Igual fracaso en Alemania del Oeste
a pesar del voto de las leyes sobre el estado de excepción, la “cogestión”, el gobierno
Kissinger-Brandt y enseguida el gobierno dirigido por Brandt. Fracaso en Inglaterra a
pesar de la votación de la ley sindical puesta a punto por el gobierno Heath. Mucho más:
la clase obrera ha superado sus derrotas políticas. De nuevo ha comenzado el combate
que culminó en Francia con la huelga general de mayo-junio 68 y que se ha desarrollado
en Inglaterra desde la huelga de los marinos británicos en 1966 hasta la huelga victoriosa
de los mineros en 1972. Este combate ha puesto en marcha al proletariado italiano en
múltiples acciones y ha levantado, recientemente todavía, a los metalúrgicos de Bade-
Wurtemberg en una huelga de significación nacional. Esta voluntad de lucha se ha
manifestado también en movimientos que se han desarrollado en Suecia, Bélgica y otros
países. La clase obrera retoma la iniciativa política, y esto se concreta, siempre en Europa,
en los movimientos revolucionarios de Checoslovaquia en 1968 y Polonia en 1970-1971,
mientras que en España la dictadura franquista y sus “sindicatos” verticales,
corporativistas, son puestos fuera de combate por la clase obrera.
La conclusión que se impone es evidente: la dificultad de la burguesía en integrar
a los sindicatos en el estado burgués es tan grande como su encarnizamiento para lograrlo.
La clase obrera, los sindicatos y los aparatos sindicales
Es indispensable analizar por qué la burguesía se encarniza en integrar a los
sindicatos en el estado y las dificultades con que tropieza en el logro de ese objetivo. Los
sindicatos son organismos de clase del proletariado, elementales pero fundamentales. Son
el medio de combate cotidiano contra la explotación y el lugar en el que las capas más
combativas del proletariado se organizan. Han sido construidos en el curso de toda una
historia hecha de enfrentamientos con la patronal y el estado burgués. En período de
lucha, la clase obrera necesariamente tiene que recurrir a sus sindicatos (incluso si los ha
abandonado parcialmente) para dirigir y organizar su acción. En este sentido, son una
conquista histórica del proletariado que, sólo por su propia organización de clase puede
resistirse a la patronal y al estado burgués y, a fortiori, enfrentarse a ellos, hacerlos
retroceder y vencerlos. Los sectarios resaltan los rasgos reaccionarios de los aparatos
sindicales, para darles la espalda a los sindicatos. Los renegados de la IV Internacional, y
determinadas variaciones de izquierdistas, no comprenden que las organizaciones
sindicales reales son un producto del movimiento obrero, que sus raíces se hunden en
toda la historia de este movimiento. Por ello, colocan en el mismo plano a la CFDT y a
las confederaciones nacidas del tronco común de la vieja CGT (CGT, FEN, FO) lanzando,
sin embargo, el anatema contra FO. La clase obrera no puede prescindir de sus sindicatos
pues son una forma elemental de frente unido de clase, perfectamente definido por la
fórmula clásica: el sindicato organiza a los trabajadores para la defensa de sus intereses
materiales y morales sean cuales sean sus opiniones políticas, filosóficas o religiosas. Ahí
radica la necesidad de las organizaciones sindicales y de su fuerza. La independencia de
los sindicatos respecto al estado burgués es un envite capital de la lucha de clases. De ahí,
por otra parte, el encarnizamiento de Trotsky a favor de que se lleve el combate en el

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

interior de los sindicatos. Lo que se llama el “trabajo en los sindicatos” no tiene nada que
ver con una especie de pesca con caña de militantes, particularmente en el seno de las
organizaciones sindicales en las que, en principio, se encuentran el conjunto de los
militantes obreros. Como toda otra intervención, como cualquier otra batalla política, la
intervención de los militantes revolucionarios en los sindicatos liga la construcción del
partido revolucionario con la defensa de los intereses y necesidades objetivas de la clase
obrera. El “trabajo en los sindicatos” se identifica, pues está basado en ella, con la defensa
de la organización sindical, de su vocación para organizar y unificar a los trabajadores en
su lucha contra la patronal y el estado burgués, por su independencia de clase. Trotsky lo
dice sin equívoco:
“La consigna esencial en esta lucha es: completa e incondicional
independencia de los sindicatos frente al estado capitalista. Esto significa: lucha
para transformar los sindicatos en órganos de las masas explotadas y no en
órganos de una aristocracia obrera.
La segunda consigna es: democracia en los sindicatos. Esta segunda
consigna se deduce directamente de la primera y presupone para su realización
la completa libertad de los sindicatos ante el estado imperialista o colonial.”
Esta batalla política no admite ni los esquemas ya establecidos ni la ausencia de
principios. No admite esquemas predefinidos pues si las burocracias sindicales
reformistas, estalinistas o pequeño burguesas son incapaces de asumir la independencia
de clase de las organizaciones sindicales, si se oponen ferozmente a la democracia
sindical, dependen, sin embargo, de la existencia de organizaciones sindicales. La historia
del movimiento obrero suministra numerosos ejemplos de iniciativas tomadas por los
aparatos sindicales que permitieron salvaguardar, al menos durante un tiempo, la
organización sindical, las libertades y derechos conquistados por la clase obrera.
Recordemos, a título de ejemplo, la iniciativa tomada en 1920 por el aparato ultra
reformista de los sindicatos alemanes y su dirigente ultra oportunista Legien. Hicieron
fracasar el golpe de estado de Von Kaap llamando a la clase obrera a la huelga general.
Más: Legien propuso la construcción de un gobierno obrero que incluyese a los partidos
obreros alemanes y a los sindicatos.
Históricamente menos conocida, la decisión del congreso confederal de FO de
llamar a votar no en el referéndum del 27 de abril de 1969, organizado por De Gaulle, fue
el origen de los posicionamientos sin ambages de las otras centrales obreras y contribuyó
a la derrota de De Gaulle.
En el congreso de la Federación de la Educación Nacional de 1948, ante la escisión
de la CGT, la FEN, declarándose autónoma y reconociendo el derecho de tendencia,
mantuvo su unidad y pudo, así, luchar por la reunificación sindical. En el momento en
que los dirigentes FO organizaron la escisión y en que la fracción del PCF en el seno de
la CGT se mantenía en esta escisión, es incontestable que, al dar su acuerdo a la moción
Bonissle-Valière que salvaguardaba la unidad de la FEN, el aparato reformista de esta
federación impedía su destrucción. Hasta ahora la FEN ha preservado su unidad. Es la
más potente federación sindical francesa y agrupa a la mayor parte del cuerpo de
profesores de este país, porque salvaguardó su unidad. Las consecuencias de la unidad de
la FEN sobrepasan a la corporación educativa: la FEN es un bastión del movimiento
obrero capaz de organizar la resistencia a los ataques del capital y del gobierno burgués,
de impulsar el Frente Único de las centrales sindicales. Por su sola existencia ha limitado
el retroceso de la clase obrera francesa y los efectos de la escisión sindical. La aplicación,
hasta el límite, de los planes de destrucción de la educación nacional pasa por la
destrucción de la FEN, lo que sería una derrota para toda la clase obrera. Hay que decir

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

que la CFDT, el PSU, como, también, la fracción estalinista de la FEN se han empleado
en ello concienzudamente.
En la historia del movimiento obrero francés e internacional hay otros ejemplos
de tomas de posición positivas de los aparatos sindicales. Por citar solo una de las últimas,
es evidente que el rechazo de la dirección de AFL-CIO (sin embargo, ¡oh cómo de ligada
al imperialismo estadounidense y a su aparato de estado!) a inclinarse ante el bloqueo de
salarios decretado en agosto de 1971 por la administración Nixon, expresaba, sin duda
alguna, la resistencia de la clase obrera norteamericana ante las exigencias de su
burguesía, pero a su vez alimentó su resistencia a los planes del capital y su combatividad.
No tener en cuenta el movimiento contradictorio de los aparatos sindicales
atenazados entre las exigencias del mantenimiento del orden burgués y las de su propia
conservación, que dependen de la existencia de las organizaciones sindicales, sería la
expresión de un sectarismo estéril. Sería dar pruebas del mismo sectarismo abandonarse
a peligrosas ilusiones, pues, como lo escribe Trotsky:
“En un cierto grado de la intensificación de las contradicciones de clase
en cada país y de los antagonismos entre las naciones, el capitalismo imperialista
solo puede seguir tolerando una burocracia reformista (al menos hasta cierto
punto) si esta última actúa directamente como accionista, pequeño pero activo,
en las empresas imperialistas, en sus planes y sus programas, tanto en el interior
del país como también en la arena mundial.”
Pero, entonces, ¿qué es lo que permite distinguir, juzgar y combatir en
consecuencia? Nada más que aquello que expresa las necesidades y objetivos de la clase
obrera: el terreno de la unidad y de la democracia obreras, la independencia frente al
capital y el gobierno burgués. Con otras palabras, se trata de definir una política que
exprese los intereses del proletariado, que eleve su nivel de conciencia, refuerce su
homogeneidad y esté de acuerdo con sus intereses inmediatos e históricos, que, en la
época del imperialismo, son ambos indisociables. La política de los aparatos sindicales
puede ser apreciada en relación con esta política. Nosotros nos determinamos en función
de la clase obrera y no de los aparatos. Nuestra actividad de cara a los aparatos se deduce
de ahí. Solo así pueden ser explotadas sus inevitables contradicciones.
El nuevo período revolucionario
La OCI ha caracterizado el período abierto por la huelga general de mayo-junio
del 68 y el proceso de revolución política en Checoslovaquia, como el de la inminencia
de la revolución y de la contrarrevolución. La OCI entiende por eso, a escala mundial,
que el proletariado ha retomado la iniciativa política. Naturalmente el desarrollo de la
lucha de clases del proletariado no es menos desigual. Conoce flujos y reflujos. Se afirma
en tal o tal otro país, mientras que la clase obrera parece en retirada en otros países. Pero
la curva general de la lucha de clases va hacia la apertura de situaciones revolucionarias
que tenderán a alimentarse recíprocamente. Así, tras la huelga general francesa y el
proceso de revolución política en Checoslovaquia, el empuje del proletariado mundial ha
llegado al máximo en Polonia y Bolivia. En estos países, la clase obrera ha retomado
formas de organización de tipo soviético. El proletariado boliviano sufrió una derrota
cuando el 21 de agosto de 1971 los militares bolivianos, inspirados y ayudados por la
CIA, organizaron con éxito su golpe de estado.
Durante la histórica discusión que se produjo en los astilleros de Szczecin entre
Gierek y los trabajadores, fue elaborado una especie de compromiso entre el proletariado
polonés y Giereck, actuando éste en nombre de la burocracia de ese país,
La clase obrera polaca sabía que le hacía falta no solo enfrentarse con su propia
burocracia sino, también, con la del Kremlin.

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Temió el baño de sangre y difirió el enfrentamiento a la espera de condiciones


políticas más favorables.
Por su parte, el imperialismo, la burocracia del Kremlin, las burocracias satélites
y la burocracia china se encuentran en una situación que no controlan. No logran imponer
en la lucha de clases sus “soluciones”. A pesar de las contradicciones y conflictos que se
agravan, tanto entre las diferentes potencias imperialistas como entre las diferentes
burocracias parasitarias, y entre el imperialismo y las burocracias parasitarias, todos
intentan establecer, conjuntamente, bajo la égida del imperialismo norteamericano, un
nuevo frente contrarrevolucionario mundial. Los acuerdos sobre Berlín, los sucesivos
viajes de Nixon a Pekín y Moscú, produciéndose tras los acuerdos Bonn-Moscú y Bonn-
Varsovia, no tienen otro sentido más que el de afirmar demostrativamente la existencia
de este frente contrarrevolucionario y organizarlo bajo la etiqueta de la “coexistencia
pacífica”.
La crisis conjunta del imperialismo y la burocracia del Kremlin no cesa, sin
embargo, de profundizarse; tras Bolivia, Chile es el teatro de una lucha de clases que
levanta al proletariado y las masas explotadas tanto contra la burguesía “nacional” como
contra el imperialismo. Las direcciones del PS, del PC, de la central sindical unificada,
despliegan todos sus recursos a fin de encerrar al proletariado chileno en las filas de la
Unidad Popular, a fin de desviarlo de la lucha por el gobierno obrero campesino que se
apoyaría sobre el proletariado organizado como clase, que expropiaría a la burguesía,
destruiría el estado burgués y edificaría el estado obrero. En América Latina (también en
Europa) se ha desplegado una intensa actividad política por los partidos reformistas,
estalinistas, Castro, organizaciones pequeño burguesas, que sostienen la política, traidora
a la clase obrera, de la Unidad Popular y que se esfuerzan en desacreditar al primer sóviet
de América Latina, a la Asamblea Popular de Bolivia. Al igual que ayer en Bolivia, el
envite supera a Chile, toda América Latina está concernida.
Teniendo la iniciativa política el proletariado, se acumulan manifiestamente los
signos anunciadores de una crisis sin precedentes del sistema imperialista mundial, de la
burocracia del Kremlin y de su aparato internacional, de las burocracias parasitarias. De
aquí todo el alcance del renacimiento de formas soviéticas: en Polonia, los consejos
obreros; en Bolivia, la Asamblea Popular. Nadie sabe dónde se producirán en Europa las
próximas explosiones revolucionarias y si, incluso, tendrán lugar en el este o en el oeste
de Europa. Sin embargo, es cierto que se producirán, que repercutirán en toda Europa,
que resonarán en los EEUU, que se ligarán con el desarrollo de la nueva oleada
revolucionaria, en América Latina, en África y en Asia.
Una misma cuestión determinante se plantea en todos los lugares: la del poder.
Obligatoriamente la clase obrera de cada país combatirá, tenderá a organizarse como
clase, planteará la cuestión del poder, en función de su historia, de sus propias tradiciones,
de las organizaciones que son suyas: en todas partes, en términos específicos, la clase
obrera sentirá la necesidad de constituir el Frente Único Obrero. Pero la clase obrera de
cada país, que entrará en la tormenta revolucionaria utilizando, cierto, sus propias vías,
se orientará hacia la constitución de formas soviéticas. La importancia del resurgimiento
de las formas de organización soviéticas en países tan alejados y diferentes como Polonia
y Bolivia está ahí: el proletariado de cada país restablecerá los sóviets o constituirá sóviets
por la primera vez en su historia.
La burguesía y los aparatos no renuncian
Esta perspectiva no disminuye la importancia de los sindicatos desde el punto de
vista de la lucha de clases del proletariado y de la estrategia revolucionaria. En primer
lugar, por muy cierta y próxima que esté, no es, todavía, más que una perspectiva. Es
ahora cuando se desarrolla la batalla política en cuyo final se concretará la perspectiva de

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

constitución de formas de poder de tipo soviético. La burguesía, los aparatos burocráticos


sindicales, reformistas y estalinistas combaten para impedir que se realice y, si no pueden
lograrlo, para estar en posición de controlar el movimiento, desviarlo y salvar el orden
burgués.
La burguesía no ha renunciado a domesticar a las organizaciones sindicales. En
Francia, Chaban-Delmas se ha empleado en ello con sus “contratos de progreso”, su
“nueva sociedad”: que no lo logre ya es otro asunto. El gobierno de Heath prosigue con
sus tentativas de domesticación sindical, tras la resonante derrota que los mineros ingleses
le ha hecho sufrir, a cuenta de toda la clase obrera. En cada país se podrían hacer las
mismas observaciones. En Francia, el nuevo gobierno Pompidou-Messmeer se presenta
como un gobierno de pura tradición gaullista, un gobierno que pretende ser fuerte, capaz
de poner a raya la crisis política burguesa, de arrastrar a la pequeña burguesía y, en
consecuencia, de golpear a la clase obrera, someter, si no destruir, a sus organizaciones
y, en primer lugar, a sus sindicatos. En el punto en que está .la crisis de la sociedad
francesa, el juego de las direcciones de las organizaciones sindicales será difícil: no deben
hacer nada que acelere la crisis, deben intentar evitar que surja una situación
revolucionaria abierta y, al mismo tiempo, preservar sus capacidades de control ulterior
sobre la clase obrera movilizada.
La burguesía y las direcciones burocráticas preparan, al mismo tiempo, el recurso
a las “soluciones” del tipo “Frente Popular”. Chile es sirve de ejemplo. Y en Francia, el
acuerdo sobre “el programa de gobierno” entre las direcciones del PS y del PCF, al que
se han adherido los “radicales de izquierda”, prepara el eventual recurso a una “solución”
de este tipo. La dirección de FO se mantiene en segundo plano, al menos por el momento.
La dirección de la FEN todavía está en el estadio de toma de contactos y discusiones con
los firmantes del “acuerdo sobre el programa de gobierno”. La dirección de la CGT se ha
pronunciado sin reservas a favor del apoyo al acuerdo. En el caso que la línea de defensa
del orden burgués que constituye la “Union populaire” se demuestre como indispensable,
todos se adherirán de una forma u otra. Tanto más cuando la “Union populaire” (sea
chilena, francesa o de otros países…) se corresponde totalmente con las aspiraciones de
las burocracias sindicales que Trotsky definía así:
“El capitalismo monopolista no está basado en la competencia y la
iniciativa privada sino en el mando centralizado. Las camarillas capitalistas, a la
cabeza de los potentes trusts, de los sindicatos, de los consorcios bancarios, etc.,
controlan la vida económica al mismo nivel que lo hace el poder del estado y cada
instante pueden recurrir a éste. A su vez, los sindicatos, en las ramas más
importantes de la industria, se ven privados de la posibilidad de aprovecharse de
la competencia entre las diferentes empresas. De ahí resulta para los sindicatos,
en la medida en que se mantienen en posiciones reformistas, es decir en
posiciones basadas en la adaptación a la propiedad privada, la necesidad de
adaptarse al estado capitalista e intentar cooperar con él. A los ojos de la
burocracia del movimiento sindical, la tarea esencial consiste en liberar al estado
de la influencia capitalista debilitando su dependencia respecto a los trusts y
atrayéndolo hacia ella. Esta actitud está en completa armonía con la posición
social de la aristocracia y burocracia obreras que combaten para obtener
algunas migajas en el reparto de los superbeneficios del capitalismo
imperialista.”
El apoyo de las organizaciones sindicales le es indispensable a la “Unión
Popular”, al “Frente Popular”, o a cualquier otra fórmula de este tipo cuyo objetivo es
canalizar a la clase obrera en movimiento y desviarla de sus objetivos de clase. Siempre,
y obligatoriamente, tales operaciones están basadas sobre equívocos: las masas ven en la

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

unidad de las organizaciones obreras el medio que permitirá que sean satisfechas sus
reivindicaciones, el medio para resolver la cuestión del poder político. Las direcciones
intentan encerrarlas en los marcos de la sociedad burguesa de la que afirman su
continuidad “aliándose” con organizaciones abiertamente representativas de la burguesía
(los “radicales de izquierda”) incluso aunque éstas no tengan ninguna fuerza propia.
Hablan de las “dificultades” que asaltan a un “gobierno del pueblo” para no satisfacer las
reivindicaciones y aspiraciones de la clase obrera. Llaman a los trabajadores a respetar el
“orden” la “disciplina”, o no “asustar” a los aliados “demócratas”, las masas pequeño
burguesas, etc. En una palabra: en nombre de la lucha para sostener al “gobierno del
pueblo” piden a la clase obrera y a las masas explotadas que sacrifiquen sus intereses
inmediatos e históricos respetando a la sociedad burguesa, a sus instituciones y su estado.
Todo ello es imposible sin la garantía de los aparatos sindicales, justamente porque
controlan los sindicatos, organismos elementales de clase del proletariado. No hay
ejemplo de que el desarrollo del movimiento de la clase obrera, que la apertura de una
crisis revolucionaria, no se haya traducido en un aflujo de capas enteras de trabajadores
hacia las organizaciones sindicales, siempre en razón de su carácter de organizaciones
elementales de clase. A consecuencia de lo cual el “trabajo en los sindicatos” tiene tanta
importancia.
Se trata, siempre y siempre, de traducir en términos claros las aspiraciones y
necesidades del proletariado. Así el “acuerdo sobre el programa de gobierno” entre el PS
y el PCF no puede en ningún caso significar que hay que esperar para luchar por las
reivindicaciones, que hay que esperar para resolver la cuestión gubernamental. La unidad
para la lucha, en el marco de la democracia sindical y obrera, es posible. Lo mínimo que
las masas pueden esperar de este acuerdo es que aparte los obstáculos políticos levantados
contra la preparación y desarrollo de las luchas de la clase obrera. En el interior de los
sindicatos se trata de deducir aquello que las masas esperan de la unidad, y de no aceptar
la subordinación, no sólo al estado burgués sino a los “radicales de izquierda”, ni de los
sindicatos ni de la acción sindical. Expresando lo que las masas esperan de un acuerdo
entre el PS y el PCF, se trata de no aceptar la subordinación del movimiento sindical a un
eventual gobierno de “Union populaire” ni menos a un “programa de gobierno”. Igual
que un acuerdo PS-PCF solo es positivo para la clase obrera si aparta los obstáculos a la
unidad de clase del proletariado, a la preparación y a la organización de las luchas obreras,
antes, durante y después de las elecciones legislativas. Un gobierno PS-PCF no será un
gobierno obrero mientras no incluya a ningún representante de la burguesía, satisfaga las
reivindicaciones obreras apoyándose en las luchas de la clase obrera y sobre su
organización como clase. He ahí lo que es necesario traducir cotidianamente, en términos
adaptados, tanto en el interior de los sindicatos como en el exterior. Pues solo existe una
misma y única política revolucionaria, solo es necesario expresarla en términos adaptados
al medio. En lo inmediato, la perspectiva de gobierno de “Union populaire” será levantada
como un obstáculo a la unidad sindical y obrera; ya sea, según algunos, porque toda
acción será subordinad a la eventual llegada al poder de tal gobierno; ya sea, según otros,
porque la realización de la unidad sindical y obrera sería imposible con los “supporters”
de la “Union populaire”. Si la crisis de la burguesía se profundiza, las masas movilizadas
nos pisarán los talones.
Se trata de distinguir, en las oscilaciones de los aparatos sindicales, entre aquellas
que se producen por las exigencias del imperialismo, del estado burgués, y aquellas que
se corresponden con los intereses específicos de estos aparatos; ninguna ilusión puede
tolerarse: la crisis de la burguesía, el ascenso revolucionario de las masas, señalarán y
acentuarán el carácter reaccionario de los aparatos sindicales (de todos los aparatos
sindicales) antes de dislocarlos. Como se verán comprometidos en grandes maniobras,

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

obligados a “izquierdizarse” para controlar y canalizar el movimiento de las masas,


organizarán la “caza de brujas”. Habrá que saber utilizar el terreno para seguir dentro de
las organizaciones sindicales. Demostrar habilidad táctica no debe pasar por perder de
vista la definición y aplicación de una política de clase expresada, naturalmente, en
términos adaptados al medio; mucho más: ninguna habilidad táctica protegerá a los
militantes revolucionarios de la represión que intentarán llevar adelante los aparatos
burocráticos si no está basada en una política de clase.
Los sindicatos y las formas soviéticas de organización
Una justa apreciación de la naturaleza de las organizaciones sindicales, de su lugar
en la lucha de clases, de sus límites y contradicciones, es indispensable para la definición
y aplicación de la política revolucionaria. Estos últimos años han jugado, como siempre,
un papel considerable, capital, en todos los países en los que la clase obrera se ha
comprometido en combates de gran amplitud: en Bolivia, Chile, Inglaterra, Francia, Italia,
Alemania, etc. Papel a menudo contradictorio: lugares e instrumentos de organización del
proletariado, éste se esfuerza en utilizarlos para movilizarse y combatir. Colocados bajo
el control de los aparatos burocráticos, éstos se esfuerzan en canalizar y desviar el
movimiento. En Bolivia, donde el partido trotskysta ocupa posiciones de primer orden en
el seno de la clase obrera y de sus organizaciones sindicales, la COB ha tenido una acción
particularmente positiva, no, sin embargo, sin luchas internas y contradicciones. En
España, los sindicatos fueron destruidos y el régimen impuso el sindicato vertical
corporativista. La clase obrera busca allí las vías y medios para reconstruir una
organización sindical independiente. En Argentina, Perón, infringiendo una derrota a la
clase obrera, logró subordinar la CGT al estado burgués. El proletariado se esfuerza en
utilizar y renovar la central sindical.
La clase obrera no intenta utilizar a las organizaciones sindicales, reconquistarlas,
renovarlas o reconstruirlas, solamente en los países capitalistas económicamente
desarrollados. En Europa del Este, en la URSS, los sindicatos están estrechamente
enfeudados a las burocracias parasitarias. Sin embargo, en Alemania del Este en 1953, en
Polonia en 1956, en Hungría en 1956, en Checoslovaquia en 1968 y, de nuevo, en Polonia
en 1970-71, la clase obrera los ha utilizado durante sus luchas contra la burocracia a fin
de defender las conquistas obreras, su derecho al trabajo, sus aspiraciones a más igualdad
social, a la eliminación de los privilegios burocráticos. Ha hecho estallar los cuadros de
los sindicatos burocratizados, los ha depurado y reconstruido. En Checoslovaquia,
durante mucho tiempo, los sindicatos han constituido centros de resistencia a la
normalización. A menudo, en el interior de los sindicatos de estos países, se refleja, cierto
que, de forma muy atenuada y deformada, la sorda resistencia de la clase al expolio y
robo de la burocracia. También en la URSS, en Europa del Este, el “trabajo en el seno de
los sindicatos”, por su independencia, por la democracia sindical, contra la desigual
social, por la defensa de las conquistas, por las libertades democráticas, por difícil que
ello sea, es indispensable para la definición y aplicación de la política revolucionaria y la
construcción del partido revolucionario.
Los sindicatos no han ‘caducado’. En el curso del período en el que se prepara, en
lo ‘cotidiano’, la crisis revolucionaria abierta, mantienen en vigor toda su importancia y
papel. Si se comprende qué significa la unidad orgánica (en el tiempo y el espacio) de la
lucha de clases mundial, si se comprende la dialéctica de la unidad de los contrarios, se
comprende que todo ello vale para la organización como clase del proletariado. Entonces
deviene evidente que la constitución de los comités de huelga, de los comités obreros, de
los sóviets, no surge de la nada. Son al mismo tiempo superaciones de antiguas formas
de organización del proletariado devenidas insuficientes, demasiado estrechas y limitadas
en vistas a las tareas nuevas que pone al bordeen del día la movilización del proletariado

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

y que engloban, sin suprimirlas sino todo lo contrario, las antiguas y tradicionales formas
(sindicatos y partidos) cuyo papel se renueva, pero sin perder su importancia. Los
sindicatos tendrán su lugar en el seno de las formas soviéticas. Más: seguramente estarán
en el origen de la constitución de organismos soviéticos de los que es muy posible que
formen el núcleo y sean el elemento motor, al menos en una primera fase. Las masas en
movimiento no romperán con las formas de organización tradicionales y los militantes
que las animan; al contrario, se dirigirán a ellas en el marco mismo de los nuevos
organismos para resolver problemas nuevos. No es aventurar mucho afirmar que: sin
dudas los militantes de las organizaciones sindicales y políticas tradicionales no estarán
solos; nuevas capas de militantes (pero que muchos de ellos también se unirán a los
sindicatos) tendrán un papel activo, estarán en la iniciativa de la formación de organismos
de tipo soviético, pero serán la fuerza dirigente. Diversas razones permiten afirmar lo
anterior: cuando el proletariado llegue al momento en que se produzca esta modificación
de su comportamiento, que lo ponga en movimiento en su conjunto, que le haga sentir
profundamente la necesidad de organizarse en su masa como clase, porque le toca
transformar radicalmente el funcionamiento de la sociedad, los militantes tendrán que
traducir práctica y organizativamente mejor que nadie esta aspiración. Los militantes
podrán y deberán intervenir así porque las direcciones tradicionales, los aparatos
burocráticos, no permitirán que se les sobrepase plenamente, al menos durante la primera
fase. Cuando perciban, en efecto, que las formas de organización soviéticas van a
constituirse, tomarán la iniciativa para construirlas, para controlarlas, para tomar la
dirección, desviarlas, desnaturalizarlas, volverlas impotentes y, ulteriormente, destruirlas.
Habrá que estar loco para imaginar que las viejas direcciones sindicales y políticas, los
dirigentes reformistas, sindicales, estalinistas, pequeñoburgueses, abandonarán el campo,
que desertarán del campo de batalla que serán los comités de huelga, los comités obreros,
los sóviets. El buen sentido y la historia prueban lo contrario. Nunca hay que olvidar que
Ebert, Noske, bautizaron “consejo de los comisarios del pueblo” al gobierno que dirigían
en noviembre de 1918, levantado con la bendición del estado mayor alemán y en
constante relación con él, cuyo papel era asumir la continuidad del estado y el orden
burgueses, de destruir los consejos. Así bautizaron a su gobierno con algunas apariencias
de justificación puesto que socialdemócratas e independientes tenían la mayoría en el
seno de los consejos obreros.
En gran medida el lugar que ocuparán los militantes revolucionarios en el seno de
las formas soviéticas cuando éstas surjan dependerá del lugar que hayan ocupado
precedentemente en el interior de los sindicatos.
Sindicatos y partido revolucionario
Pasados los años, el desarrollo de la lucha de clases, más complejo de lo previsto,
no cambia en nada la validez de las conclusiones de Trotsky, sino que, por el contrario,
las confirma:
“En la era de la decadencia imperialista los sindicatos solamente pueden
ser independientes en la medida en que sean conscientes de ser, en la práctica,
los organismos de la revolución proletaria”
Los sindicatos ni son, ni pueden ser, neutrales políticamente: o marchan a
remolque de la burguesía (y ello reviste aspectos múltiples que van desde la colaboración
directa al nivel del estado burgués hasta el rechazo a participar en el frente único de clases
y el impulso y defensa de una política burguesa en el interior de eventuales sóviets… o
adoptan una política revolucionaria que debe concretarse en cada momento.
La independencia de los sindicatos no es otra cosa que la independencia del
proletariado en relación a la burguesía y su estado. Pero ¿en qué otro momento esta
independencia está plenamente asegurada si no es en el momento en que el proletariado

19
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

se organiza como clase, en el momento en que expulsa del poder a la burguesía, toma el
poder, destruye el estado burgués y constituye su propio estado? Solo en relación con este
objetivo hay independencia de los sindicatos. Los sindicatos abordan, según el
movimiento que les es propio, los problemas políticos, no pueden evitarlos. El arte de los
sindicalistas, de los “apolíticos” consiste, en nombre del “apoliticismo”, en dejar a la
burguesía hacer su política y someterse a ella.
No hay lugar a dudas que cierta manera de plantear en el interior de los sindicatos
los “problemas políticos” levanta obstáculos a la toma de posición y a la acción políticas
del sindicato. Así, por ejemplo, en Francia actualmente hacerles pronunciarse sobre el
“programa de gobierno” PS-PCF; “exigir” que los sindicatos y sus direcciones se
pronuncien a favor de los “sóviets”, a favor de un “gobierno obrero”, etc., sería totalmente
abstracto y falso. Bajo una forma determinada, el combate por la unidad de las
organizaciones sindicales, por las reivindicaciones, sigue siendo indispensable.
Concretamente es así como debe de traducirse la independencia de los sindicatos en la
hora actual. Ulteriormente no podrán escapar a la toma de posiciones más precisas, en
función del desarrollo de la lucha de clases, incluyendo posicionarse sobre la cuestión del
gobierno.
La batalla política ocupará todos los terrenos. Se desarrollará tanto en el interior
de los organismos de tipo soviético como en los sindicatos. En el curso de esta batalla se
enfrentarán las organizaciones políticas reformistas, sindicalistas, estalinistas, pequeño
burguesas y el partido revolucionario, es decir: el partido que se sitúa sobre el programa
de fundación de la IV Internacional. De su salida dependerán la suerte de los sóviets y la
de los sindicatos. Pues una cosa no es más dudosa hoy en día que en el momento en que
Trotsky escribía este texto: en último análisis, las direcciones sindicalistas, reformistas,
estalinistas, pequeño burguesas sólo pueden conducir los sindicatos a su destrucción.
Únicamente una política revolucionaria es capaz de evitar esta destrucción. Los sindicatos
no pueden situarse al margen de este problema que se le plantea a la humanidad pero que
solo puede resolver la clase obrera: socialismo o barbarie.
Pero es necesario plantear las cuestiones y los problemas en el seno de las
organizaciones sindicales y no de los partidos. (Los militantes podrán, si lo desean,
apreciar como Trotsky ponía en práctica su orientación respecto a las organizaciones
sindicales leyendo en Le Mouvement communiste en France la intervención que escribió
cuando residía en Domène y que pronunció en el CCN de la CGT, los días 18 y 19 de
marzo de 1935, el delegado de UD-CGT de Isère [“Del plan de la CGT a la conquista del
poder”, en Escritos, Tomo VI, volumen 2, páginas 40-59 del formato pdf en nuestra serie
Escritos de León Trotsky 1929 - 1940, Editorial Pluma].
“Muy a menudo la falsa politización de los sindicatos, la tentación de
transformarlos en partidos es el reverso del descarado oportunismo: la renuncia
a la construcción del partido revolucionario. Entonces, en cada congreso, si se es
delegado, se pronuncia un discurso “revolucionario”, se presenta una resolución
no menos “revolucionaria”, y se hace a un lado la formulación concreta
necesaria para que los sindicados y sindicatos puedan comprehender los
problemas políticos. Según el caso, semejante procedimiento sirve de exutorio, de
garantía de izquierda o democrática a los aparatos, se permite a éstos
desconsiderar a los militantes revolucionarios y practicar la “caza de brujas”.”
Ninguna tendencia “revolucionaria” en el interior de los sindicatos puede ser ajena
a la construcción del partido revolucionario. La eventual constitución de tendencias, por
un sindicalismo situado exclusivamente sobre el terreno de la lucha de clases, debe
insertarse en la actividad de construcción del partido revolucionario. El sindicato no
puede substituir al partido. Muchos más, esto debe ser dicho claramente: el sindicato solo

20
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

puede jugar su papel si es impulsado por el partido revolucionario. No puede bastarse a


sí mismo y ello proviene de la naturaleza del período del imperialismo que es también el
de la revolución proletaria: a partir de los intereses materiales de la clase obrera, de su
movilización y de su organización como clase, todo se juega sobre la cuestión del poder
político. Esta clara comprensión es, justamente, la única que permite firmeza y elasticidad
sobre este terreno en el que se desarrolla también la lucha de clases: el terreno sindical.
Imposible construir el partido revolucionario sin entablar esta batalla. Sin construir el
partido revolucionario es imposible defender los sindicatos, luchar por su independencia,
por la democracia sindical, por la unidad de las organizaciones sindicales, por una sola
central, única y democrática.
Es preciso luchar para devolver a los sindicatos su verdadero lugar, su verdadera
función e impedir que la política de los aparatos acabe por destruirlos. Sin dudas que
muchos camaradas se preguntarán si será posible enderezar a los actuales sindicatos. Los
revolucionarios no se dejan mecer por ilusiones. Los aparatos no serán expulsados de los
sindicatos más que por una verdadera revolución interna que es indisociable de la
revolución proletaria, de la conquista del poder, de la instauración de la dictadura del
proletariado ejercida en el marco de la democracia soviética. Lo que importa es
comprender el decisivo lugar de la lucha en el interior de los sindicatos en la preparación
de la revolución proletaria, por la independencia de clase del proletariado, por la
construcción del partido revolucionario. ¿Los sindicatos serán renovados y reconstruidos?
La historia zanjará este problema.
“La independencia de los sindicatos en un sentido de clase, en su relación
con el estado burgués, solo puede ser asegurada bajo las actuales condiciones
por una dirección completamente revolucionaria que es la dirección de la IV
Internacional. Esta dirección, naturalmente, puede y debe ser racional y asegurar
a los sindicatos el máximo de democracia concebible bajo las concretas
condiciones actuales. Pero sin la dirección política de la IV Internacional, la
independencia de los sindicatos será imposible.”

21
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

[Sindicatos y próxima revolución en Rusia]1


(1907)

[…]
Ciertamente, ya no existen organizaciones semejantes a los consejos de delegados
obreros, que reunían a la mayoría del proletariado urbano. Pero los consejos de delegados
obreros eran, por naturaleza, órganos destinados a organizar a las masas del proletariado,
las huelgas y las insurrecciones generalizadas. Tales organizaciones volverán a surgir
ineluctablemente cuando las masas obreras tengan la posibilidad objetiva de manifestarse
activamente. Por otra parte, en el período transcurrido, las organizaciones permanentes
del proletariado se han desarrollado y reforzado considerablemente, sobre todo los
sindicatos. Y, lo que es especialmente importante, su actividad no se reduce, y en las
condiciones de Rusia no puede limitarse, a las luchas puramente económicas. Constituyen
una combinación revolucionaria de los métodos de lucha económicos y políticos, desde
la huelga general hasta la lucha electoral tras la bandera de la socialdemocracia. En el
transcurso del año pasado las federaciones sindicales han conseguido tejer en diversas
direcciones los hilos de una organización nacional. Una conferencia ha preparado la
convocatoria de un congreso general de los sindicatos rusos. Así, pues, la organización
de clases del proletariado, a pesar de todas las medidas policíacas, a pesar de todas las
fricciones en el interior de la organización socialdemócrata, ha dado un gigantesco paso
hacia adelante. En la próxima marea revolucionaria los sindicatos proporcionarán los
apoyos más seguros de la revolución.
[…]

1
Extracto tomado de “La Duma y la revolución”, en nuestra serie Trotsky inédito en internet y en castellano,
página 5 del formato pdf.

22
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

[Sindicatos en la revolución de 1904-1905]2


(1908)

[…]
Si en octubre [1905] tuvimos un manifiesto, también hubo pogromos en toda
Rusia, y nadie hubiera asegurado que tendríamos efectivamente una duma y no un nuevo
pogromo. En esas condiciones, ¿qué podía hacer el proletariado que, con su ofensiva,
había roto los viejos diques del poder policíaco? Exactamente lo que hizo. El proletariado,
naturalmente, conquistaba nuevas posiciones y trataba de atrincherarse en ellas: destruía
la censura y creaba una prensa revolucionaria, imponía la libertad de reunión, protegía a
la población contra los granujas, en uniforme o no, constituía sindicatos de combate, se
agrupaba en torno a los representantes de su clase, establecía el enlace con los campesinos
y con el ejército revolucionario. Mientras los liberales seguían diciendo que el ejército
debía quedar “al margen de toda política”, la socialdemocracia continuaba
incansablemente su propaganda en los cuarteles. ¿Tenía o no razón al actuar así?
Mientras que el congreso de los zemstvos, en noviembre, se inclinaba a la derecha
al tener noticias de la revuelta de Sebastopol, y no se tranquilizó más que cuando supo
que había sido aplastada, el sóviet dirigía a los rebeldes su adhesión y entusiasmo.
¿Tampoco tenía razón? ¿Dónde hay que buscar camino más seguro para la victoria: en lo
que hacían los liberales de los zemstvos o en la unión del proletariado con el ejército?
[…]

2
Extracto de “El proletariado y la revolución rusa. Sobre la teoría de los mencheviques acerca de la
revolución rusa”, en nuestra serie Trotsky inédito en internet y en castellano, página 8 del formato pdf.

23
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

[Sindicatos y catástrofe de 1914]3


(1914)

[…]
A falta de una actividad revolucionaria, como también de la posibilidad para un
trabajo reformista, el partido gastó sus energías enteras en levantar la organización, en
lograr nuevos miembros para los sindicatos y para el partido, y en hacer nuevos periódicos
y conseguir nuevos suscriptores. Condenado por décadas a una política de oportunismo y
de quietismo, adoptó el culto de la organización como un término en sí mismo. Nunca fue
el espíritu de inercia, producido por el trabajo rutinario, tan fuerte en la socialdemocracia
alemana como en los años inmediatos que precedieron a la gran catástrofe.
[…]
El Vorwärts escribió el 11 de agosto que los trabajadores alemanes “contaban
entre los hombres más inteligentes políticamente a aquellos que desde hace años han
proclamado los peligros del imperialismo (a pesar de que ha sido con muy poco éxito,
debemos confesarlo) y atacan ahora la neutralidad italiana como los más exagerados
chovinistas”. Pero esto no impidió al Vorwärts el alimentar a los trabajadores alemanes
con argumentos “nacionales” y “democráticos”, en justificación del sangriento trabajo del
imperialismo. (Algunos escritores tienen la columna tan flexible como sus plumas.) Sin
embargo, todo esto no altera los hechos. Cuando llegó el momento decisivo, no pareció
haber una enemistad irreconciliable con la política imperial en la conciencia de los
trabajadores alemanes. Al contrario, parecían prestos a oír los murmullos imperialistas
envueltos en fraseología nacional y democrática. Esta no es la primera vez que el
socialismo imperial se revela en la socialdemocracia alemana.
Es suficiente recordar el hecho que, en el congreso internacional celebrado en
Stuttgart, la mayoría de los delegados alemanes, especialmente los sindicalistas, fueron
los que votaron contra la resolución marxista sobre la política colonial4. Lo ocurrido causó
una gran sensación por el momento, pero su verdadero significado resplandece
claramente a la luz de los acontecimientos presentes. Precisamente ahora la prensa de los
sindicatos está uniendo la causa de la clase trabajadora alemana al trabajo del ejército de
los Hohenzollern, con más conocimiento de causa que el que manifiestan los órganos
políticos.
[…]

3
Extractos de La guerra y la Internacional, en estas mismas Obras Escogidas de León Trotsky (OELT-
EIS), páginas 55 y 59 del formato pdf.
4
Ver en la serie Segunda Internacional (Internacional Socialista) de estas mismas Edicions Internacionals
Sedov: Resolución del Congreso de Stuttgart sobre el militarismo. EIS.

24
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Primero de Mayo (1890-1915)5


(29 de mayo de 1915)

La fiesta del Primero de Mayo, de la que hoy se cumple el vigésimo quinto


aniversario, fue adoptada por la asamblea constituyente de la Segunda Internacional. Los
partidos socialistas, que se fortalecían sobre una base nacional creada por las revoluciones
y guerras, no podían dejar de sentir la necesidad de una ayuda internacional común y de
una elaboración común de la orientación. El Primero de Mayo era la expresión exterior
de las tendencias internacionales del movimiento obrero contemporáneo. Pero es preciso
decir que la idea de darle al proletariado internacional el carácter simbólico de una fiesta
obrera mundial marcaba, en cierto sentido, una insuficiencia de la manifestación
internacionalista en el marco de la política nacional del movimiento obrero. Fuese así o
no, el destino de la fiesta obrera está estrechamente ligado al de la Segunda Internacional,
cubriendo todo este período y resaltando sus caracteres más contundentes.
El Primero de Mayo no ha ocupado en la vida del proletariado el lugar que le
asignaron los participantes en el Congreso de París.
En Inglaterra, ese viejo país capitalista, el Primero de Mayo expresaba de forma
parecida el carácter nacional-posibilista de la lucha de clases llevada adelante por el
proletariado inglés y el carácter sectario y propagandista del socialismo inglés. El
tradeunionismo asimila el Primero de Mayo con una ceremonia tradicional y lo utiliza en
su propaganda, que no se eleva a una concepción social-revolucionaria. En tanto que
fiesta del internacionalismo combatiente, el Primero de Mayo no era en Inglaterra la
manifestación de la clase obrera revolucionaria sino la de algunos grupos revolucionarios
poco numerosos.
En Francia, con su desarrollo económico mediocre, con su actividad exteriormente
dramática, con su limitada vida parlamentaria en realidad, el Primero de Mayo expresa
todos los aspectos débiles del proletariado francés: su debilidad numérica, su dependencia
intelectual y, por encima de todo, su impotencia organizativa. Los aspectos fuertes: la
movilidad política y las tradiciones revolucionarias no encontraron su expresión en esa
época de adaptación “orgánica” con las condiciones económicas y políticas de la Tercera
República y no dejaron su sello en la fiesta de los proletarios.
En Alemania, el Primero de Mayo, que en principio fue adoptado por la
socialdemocracia, se introdujo como un cuerpo extraño en el automatismo profesional del
partido obrero y de los sindicatos. Las organizaciones obreras, que tenían ante sí a las
clases capitalistas y al potente aparato gubernamental, tenían la ocasión para hacer del
Primero de Mayo el instrumento de violentos conflictos económicos y políticos (y, con la
reacción, el pretexto para la represión policial); evitaron sistemáticamente el choque. En
lugar de convertirse en el levantamiento del trabajo contra el capitalismo, como lo habían
concebido sus creadores, el Primero de Mayo sólo servía para reunir a los trabajadores
para hacerlos aclamar mociones de solidaridad internacional etc., etc., etc.
¡Con que temor había esperado el mundo burgués el Primero de Mayo de 1890!
¿No daría ese día la señal para la revolución proletaria? Y después… las clases dirigentes

5
Tomado de Primero de Mayo (1890-1915), Edicions Internacionals Sedov – Trotsky inédito en internet y
en castellano.

25
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

miraban esa fiesta con una sonrisa burlona, o desencadenaban la represión policial. Si el
Congreso Socialista de 1889 quería hacer del Primero de Mayo el símbolo de la
solidaridad proletaria, el carácter de la conmemoración, sumiso en el más alto grado y
abiertamente posibilista, devino el símbolo de la debilidad de las tendencias
internacionalistas del movimiento obrero de la época precedente. Por ello, una
retrospectiva de la fiesta proletaria durante estos veinticinco últimos años proyecta una
viva luz sobre las causas del naufragio de la Segunda Internacional. ¡La insistencia con
la que los elementos intransigentes del socialismo mantenían la llama del Primero de
Mayo es un síntoma alarmante! Incluso si las manifestaciones “patrióticas” de las
fracciones parlamentarias, la reconciliación con el bloque nacional, los ensayos de
ministerialismo socialista, no pudiesen parecernos inesperados y catastróficos, sería
indigno de un marxista buscar las causas de estos hechos en la mala voluntad, la
inmoralidad, en la “traición” (o en la carencia de autoeducación, como dicen nuestros
subjetivistas) de los dirigentes del partido. No descargamos a estos últimos del peso de
sus faltas y no cesaremos de luchar contra ellos, pero repetimos que es indispensable
comprender esto: todos los elementos de la catástrofe ya estaban preparados por la lenta
organización del socialismo sobre una base nacional bajo las condiciones de un
crecimiento incesante del imperialismo; la idea de una unión internacional del
movimiento obrero desembocó en la práctica en tentativas periódicas de elaborar las
normas internacionales sobre una base nacional y gubernamental; el internacionalismo
social-revolucionario se transformó en la conmemoración débil y burocrática del Primero
de Mayo, que se reducía a una fecha en el calendario.
¡Peor incluso! El asunto del Primero de Mayo devino todavía más lamentable en
los países avanzados en los que los progresos del capitalismo eran más grandes, en los
que la lucha de clases se desarrollaba “normalmente”, adaptándose al papel que ejercía el
país en el mercado mundial, plegándose a las reglas parlamentarias en los países en los
que el parlamento se convertía en el foso del combate por la democracia y las reformas
sociales. En esos países avanzados, la lucha de los movimientos revolucionarios contra el
viejo orden de cosas feudal estaba superada. Todavía no había llegado la época de nuevos
conflictos sociales (luchas del proletariado por la conquista del poder). La idea de la
revolución no era más que un recuerdo o parecía un punto de vista teórico; en los dos
casos era demasiado débil para insuflar una nueva vida a la conmemoración del Primero
de Mayo y hacer de él la fiesta de millones de trabajadores prestos a tomar al asalto la
fortaleza capitalista.
En los países de Europa Oriental, el Primero de Mayo ejercía cada vez un papel
más grande en la vida del proletariado, confiriéndole un contenido revolucionario y
recibiendo bruscamente un amplio desarrollo. En Rusia, en los primeros pasos del
proletariado ruso y polaco, el Primero de Mayo fue, de entrada, un emblema de combate.
El crecimiento del movimiento revolucionario aumentó el significado de la fiesta en la
vida del proletariado. Para la clase obrera rusa, que entablaba su lucha histórica contra las
fuerzas más reaccionarias del pasado, el Primero de Mayo devino la señal para la
movilización revolucionaria que abría, al mismo tiempo que “una ventana a Europa”, las
perspectivas de un movimiento socialista mundial.
En Austria, país de contradicciones nacionalistas, de vieja monarquía y de
camarillas feudales, el Primero de Mayo fue la bandera bajo cuyos pliegues el
proletariado llevó adelante su combate por la democratización del país, por una
coexistencia normal entre las minorías étnicas, lo que significa la creación de una base
normal para la lucha de clases. Las necesidades elementales de un gobierno de las
nacionalidades, abriéndole al desarrollo del capitalismo las mismas posibilidades que
puede ofrecerle un gobierno nacional, tropezaron con el proletariado austríaco, tan

26
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

heterogéneo, y el Primero de Mayo se convirtió en la bandera de la unión de ese


proletariado por la solución de los problemas “preliminares” que le opone la historia. Tras
la conquista del sufragio universal, favorecida por la revolución rusa, el Primero de Mayo
se ve en Austria encerrado cada vez más, poco a poco, en estrechos limites como el eco
de una época tumultuosa inminente.
Por fin, en la península balcánica, a causa de los enclaves nacionales y
gubernamentales, desde sus primeros pasos el proletariado se vio enfrentado con el
problema siguiente: elaborar una forma de coexistencia de las pequeñas naciones tal que
le pudiese dar a esa península, tan poco afortunada, la posibilidad de salir de su anarquía
nacional y cultural, de garantizar su independencia contra las maquinaciones de las
grandes potencias y rechazar la civilización capitalista “normal”. El Primero de Mayo se
ha convertido ahí en la fiesta del joven proletariado y en la bandera de la lucha por una
federación democrática balcánica.
Con otras palabras: en los países de Europa Oriental y en los del sur europeo, en
los que el desarrollo del capitalismo no es todavía total, en los que el proletariado debe
resolver problemas que una burguesía atrasada no ha podido resolver, estos problemas le
dieron al movimiento obrero un impulso tumultuoso, apartaron los obstáculos que se le
presentaban y le confirieron a la fiesta del Primero de Mayo, fiesta de clases, un color
revolucionario. Pero ese carácter revolucionario no se alimentaba, en realidad, de la lucha
de clases; por el contrario, provenía de las particularidades nacionales y gubernamentales
que han separado al proletariado de oriente de sus hermanos más avanzados.
El vigésimo quinto aniversario del Primero de Mayo coincide con la quiebra total
de la Segunda Internacional, con el completo abandono que sus jefes hacen de sus
obligaciones internacionales. En consecuencia, es natural tener del Primero de Mayo de
este año una imagen de desosiego, debilidad y degradación. En Francia y en Alemania,
el Primero de Mayo se trata de lograr que esta pálida sombra de lo que ya era una sombra,
y la repetición de un ritual seco, no provoque peligrosas asociaciones de ideas en las
cabezas de los trabajadores… Si las declaraciones “socialistas” de los diputados, votando
los créditos de guerra, ya aparecían como una repugnante parodia, ¿qué decir del
vergonzoso engaño que constituyen los discursos y artículos de los ministros socialistas
“responsables”, de los parlamentarios y periodistas, esos vulgares enterradores de la
Segunda Internacional y del Primero de Mayo?
Pero justamente estos meses de humillación del socialismo internacional indican
nuevas perspectivas de lucha y de movimiento, pues las contradicciones fundamentales
entre los objetivos social-revolucionarios y los métodos del posibilismo han quedado
implacablemente al descubierto. Llevadas por la “espada” de la lucha hasta su lógica final,
esas contradicciones mostrarán, tarde o temprano, su fuerza liberadora no solamente
decisiva sino, también, creadora. Los viejos partidos oficiales buscan un recurso para sus
contradicciones en el travestismo cínico de la realidad internacional de la lucha de clases.
Pero no pueden resolver una contradicción más profunda todavía, una contradicción que
está en la base de la guerra actual, que dirige las maquinaciones de los diplomáticos, las
operaciones de los militares y las lamentables combinaciones de los social-imperialistas:
la contradicción entre las exigencias del desarrollo económico internacional y los límites
que le impone el gobierno nacional. No solamente el análisis teórico sino, también, los
crueles primeros nueve meses de guerra, no traen el testimonio de que la sangrienta lucha
de los pueblos descartará uno solo de los motivos ni resolverá una sola de las cuestiones
que condicionan la esencia revolucionaria del movimiento obrero. Incapaz de resolverlas,
la guerra no hará más que envenenar las contradicciones capitalistas. Surgirán de nuevo,
de la sangre y el lodo, para desvelarse enteramente mañana; hoy en día ya se desvelan en
la conciencia de las masas trabajadoras. Para salir del impase histórico, el proletariado

27
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

tendrá que coger el camino diametralmente opuesto: el de la liquidación total del


posibilismo, el del rechazo definitivo de eso que se llama las obligaciones nacionales, el
de la lucha implacable por la toma del poder, bajo esta forma, preparada por toda la época
precedente y que constituye una experiencia única para la humanidad: la forma de la
dictadura política del proletariado en todos los países civilizados del mundo capitalista.
Cuanto más profundas sean la cicatrices dejadas por la guerra en la conciencia del
proletariado, más rápido e impetuoso será el proceso de su emancipación al margen de
los métodos, de las maniobras no revolucionarias de la época precedente, y más estrechos,
más directos, más fraternales, más conscientes, serán los lazos de la solidaridad
internacional, no como principios, no como anticipaciones, no como símbolos, sino como
factores directos de la colaboración revolucionaria en la arena internacional en nombre
de la lucha general contra la sociedad capitalista. Se puede pensar que, en esta cuestión
secundaria, la del ritual revolucionario, la Tercera Internacional no rechazará la herencia
espiritual de la Segunda Internacional. Al contrario, será la ejecutora directa del
testamente revolucionario. Revolucionando e internacionalizando el movimiento obrero,
le devolveremos al Primero de Mayo el significado que le quisieron dar los creadores de
la Segunda Internacional. Será el toque de rebato de la revolución social.

28
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

La conferencia de Gompers y compañía [burocracia sindical


norteamericana y guerra imperialista]6
(15 de marzo de 1917)

La conferencia (en Washington) de los funcionarios de la Federación


Norteamericana del Trabajo [AFL] se ha celebrado a petición del Comité de Defensa
Nacional, del que es miembro el presidente de la Federación, Gompers. La iniciativa ya
se ha precisado. No se trata de una reunión de los representantes de la clase obrera contra
la guerra y el militarismo, sino de una conspiración de las “Uniones” 7 para someter a los
proletarios al militarismo. Wilson nombró a Gompers para el Comité de Defensa con
tanto respeto precisamente con ese objetivo. Con ese objetivo, Gompers ha reunido a su
propia “administración”. El resultado ha sido exactamente con el que contaban los
dirigentes: la administración de las Uniones ha jurado fidelidad a la del poder.
En el corazón del juramento está, evidentemente, la obligación de la “defensa
nacional”. A este respecto, Gompers y sus acólitos no ponen ninguna restricción.
Prometen sus servicios (“a todos los niveles”) para “la defensa, protección y apoyo de la
república contra sus enemigos, sean los que sean”. De antemano no rehúsan cualquier
discriminación hipócrita y sutilmente jurídica entre las naciones en guerra “defensiva” y
en guerra “ofensiva”. La república imperialista siempre necesitará en cualquier guerra el
apoyo de los trabajadores, y Gompers lo promete. Promete también su ayuda a la
institución del servicio militar obligatorio.
La administración de las “Uniones” adjunta a su promesa de lealtad toda una serie
de buenos deseos ante la administración gubernamental. Los trabajadores (a saber, los
funcionarios de las “Uniones”) deben estar representados en todas las organizaciones de
guerra. Los obreros deben tener mandato consultivo. El capitalismo tendrá que soportar
el peso de la guerra, etc., etc. Sean cuales sean las condiciones aceptadas, no tienen valor
y son humillantes para la clase obrera. Vendiendo a las jóvenes generaciones de
trabajadores al militarismo, los dirigentes sindicalistas de las “Uniones” piden el derecho
a pronunciarse sobre cómo el Moloch gubernamental los devorará. Los corderos
veteranos reclaman al carnicero su representación en el matadero. Consienten en el
exterminio de la raza ovina pero dentro del respeto a los derechos y a la constitución de
los corderos.
Pero ¿qué garantiza ese derecho a mirar? En ese punto el documento servil de
Gompers tiene un vicio de pronunciación. Por una parte, se promete el apoyo al gobierno
contra todos sus enemigos; por otra parte, se diría que el derecho a mirar ante el gobierno
está sometido a algunas condiciones.
Pero, tras la conferencia de Washington, la posición de principio de Wilson será
mucho más firme que la de Gompers. Al primer choque, las clases dirigentes mantendrán
frente a los “unionistas” el mismo lenguaje que los gobernantes ingleses, franceses y
alemanes mantienen frente a sus socialpatriotas: “la defensa de la patria es el primer deber
del proletariado de acuerdo con vuestras propias declaraciones; por tanto; en el

6
León Trotsky, “La conferencia de Gompers y compañía”, en nuestra serie Trotsky inédito en internet y en
castellano.
7
Uniones sindicales.

29
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

cumplimiento de ese deber no tenéis ningún derecho a propinas”. Si la clase obrera


norteamericana está obligada “lealmente” a derramar su sangre por la patria imperialista,
tendrá que cumplir su deber, sea o no nombrado ministro de trabajo Gompers y se suban
o bajen en un diez por ciento los salarios de los obreros de las fábricas de guerra…
En las decisiones de la conferencia de Washington el unionismo obtuso y
conservador encuentra su lógica realización y, al mismo tiempo, su repugnante caricatura.
El gompersismo consiste en el reconocimiento por el capitalismo del derecho de los
proletarios a una constitución “honorable” sobre las bases de la explotación capitalista.
Pero el capitalismo ha devenido imperialismo. Éste arrastra al país a la guerra. Gompers,
acepta arrodillado la guerra y el militarismo igual que ha aceptado el capitalismo. Se
esfuerza (de ahora en adelante sobre la base de la guerra) en obtener una constitución
“honorable” para las masas trabajadoras arrojadas al sacrificio.
Si la lucha contra Gompers era complicada en alto grado bajo las condiciones del
“desarrollo pacífico” del capitalismo norteamericano, cuando los dirigentes de la clase
obrera recibían buenas migajas de la mesa de la burguesía, ahora que se trata de la
implacable empresa del militarismo, la posición de los socialistas en lucha contra el
gompersismo ha devenido mucho más favorable. Las contradicciones entre los corderos
constitucionalistas y las escalofriantes masacres que la guerra provocará en las filas
proletarias, serán demasiado visibles, demasiado llamativas, como para que los cerebros
más obtusos puedan ignorarlas; se harán más permeables a la palabra socialista de la
revolución. Sólo es necesario que nosotros, socialistas, estemos a la altura. Ninguna
concesión ni al gobierno, ni al militarismo, ni al patriotismo. Ningún compromiso con el
gompersismo. La burocracia unionista ha firmado un acuerdo con la burocracia del
capitalismo. ¡Guerra sin cuartel a una y otra, tal es y debe ser nuestra réplica!

30
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

[En la revolución rusa de 1917]8


(31 de agosto de 1917)

Cualquier persona inteligente (o cualquier tonto) sabe que para salvar a Rusia es
esencial una lucha despiadada contra la anarquía de la izquierda y la contrarrevolución.
Esto constituye la esencia de todo el programa de Izvestia, Dyelo Naroda, Rabochaya
Gazetta... El discurso “histórico” de Kerensky en la “histórica” Conferencia Estatal
representó variaciones sobre este mismo tema. “A sangre y fuego contra la anarquía a la
izquierda y la contrarrevolución a la derecha”.
Esto suena muy bien, en cualquier caso, simétrico. ¿Pero tiene sentido? Cuando
hablan de contrarrevolución, no tienen en cuenta ciertas actitudes o acciones al azar
desordenadas, sino intereses particulares de clase, incompatibles con el afianzamiento y
el desarrollo de la revolución. Son los terratenientes y el capital imperialista quienes
apoyan la contrarrevolución. ¿Qué clases están apoyando la anarquía?
El alcalde de Moscú, el Señor Rudnyev, respondió a esto muy claramente. Dio la
bienvenida a la conferencia estatal en nombre de la “totalidad” de la población de Moscú,
menos aquellos elementos anárquicos que organizaban una huelga general de protesta en
Moscú. ¿Pero quién organizaba la huelga? Los sindicatos de Moscú. Contra el intento del
gobierno de organizar un parlamento contrarrevolucionario en Moscú, los sindicatos
decretaron y organizaron una huelga general en Moscú; lo hicieron contra los deseos del
gobierno, las autoridades militares de Moscú y la mayoría s.r.-menchevique en el Sóviet
de Moscú de Delegados de los Trabajadores y Soldados. Los sindicatos son las
organizaciones del proletariado más puras, menos adulteradas, es decir, de esa clase que
con su trabajo sin descanso crea el poder y la riqueza de Moscú. Y son estos sindicatos,
los que unen a la flor y nata de la clase obrera, la fuerza impulsora fundamental de la
economía actual, son estos sindicatos los que el alcalde s.r. de Moscú ha llamado
elementos anárquicos. Y es contra estos trabajadores concienzudos y disciplinados contra
quienes tendrá que dirigirse el fuego de la violencia del gobierno.
¿No vemos lo mismo en Petrogrado? Los comités de fábrica no son
organizaciones políticas. No se crean en reuniones cortas. La masa de trabajadores
nomina a aquellos que, localmente, en la vida cotidiana, han demostrado su
determinación, eficiencia y devoción a los intereses de los trabajadores. Y, por supuesto,
los comités de fábrica, como se ha demostrado una vez más en la última conferencia,
están compuestos en una abrumadora mayoría por bolcheviques. En los sindicatos de
Petrogrado, el trabajo práctico cotidiano, al igual que el liderazgo ideológico, depende
totalmente de los bolcheviques. En la sección obrera del Sóviet de Petrogrado, los
bolcheviques constituyen una abrumadora mayoría. Sin embargo, eso es lo que es
“anarquía”. En ese aspecto, Kerensky está de acuerdo con Miliukov, Tsereteli está con
los hijos de Suvorin, Dan con el servicio de seguridad. […]

8
Extracto de León Trotsky “A Sangre y fuego”, en páginas 179-180 del formato pdf de 1917. El año de la
revolución, en estas mismas OELT-EIS.

31
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

[Sóviets, sindicatos y organizaciones campesinas, dueños del


país]9
(14 de abril de 1918)

Camaradas, nuestro país es el único en el que el poder está en las manos de la


clase obrera y de todas partes se nos aconseja: “¡Dejadlo, no estáis a la altura! ¡Mirad
cuantas dificultades se presentan en el camino del poder de los sóviets! Y es cierto, las
dificultades son numerosas, a cada paso tropezamos con obstáculos.
Pero ¿cuál es la causa? Miremos a nuestro alrededor, examinemos la situación.
Saquemos la cuenta de nuestros amigos y de nuestros enemigos, miremos hacia delante.
Hemos heredado de nuestros predecesores, el zar, Miliukov, Kerensky, un estado
completamente arruinado tanto en el interior como en el exterior. No exista la menor
duda de que en el momento actual nuestro país se encuentra en una situación terrible. Pero
esta situación no es más que el resultado de todo el desarrollo histórico que le ha precedido
y, en particular, de la guerra actual. El zar y Miliukov nos arrastraron a la guerra. El
ejército del zar fue vencido. Estalló la revolución. Los trabajadores de todos los países
esperaban de la revolución que les trajese la paz. Pero Miliukov y Kerensky se dejaron
llevar sujetos a la correa de los aliados imperialistas; hicieron que la guerra se prolongase,
decepcionaron todas las esperanzas y pusieron la revolución en peligro. Entonces, los
obreros se sublevaron y tomaron el poder en sus manos. Por nuestra parte, nosotros
hicimos todo lo estaba en nuestras manos para acrecer la confianza de los obreros
europeos en la revolución rusa, para que comprendiesen claramente que ni Miliukov ni
Kerensky representaban a la revolución rusa, sino que eran los obreros, los proletarios
explotados, los campesinos que no explotan trabajo ajeno, quienes lo hacía.
[…]
Los sóviets, los sindicatos, las organizaciones campesinas, tales son en la actual
hora los dueños del país. Antes, camaradas, vivíamos bajo el látigo, el látigo de la
burocracia; pero ese látigo ya no existe. Solo hay organizaciones de obreros y campesinos
pobres, y esas organizaciones deben enseñarnos a todos, a fin que lo sepamos y no lo
olvidemos, que cada uno de nosotros no es una unidad aislada, sino que ante todo es un
hijo de la clase obrera, una parte de la gran asociación común cuyo nombre es “Rusia
trabajadora”, y que solo puede salvarse mediante el trabajo en común. Cuando los
ferroviarios transportan subrepticiamente un cargamento; cuando algunos sujetos roban
los depósitos, o en general la propiedad del estado, tenemos que denunciarlo como el
mayor de los crímenes contra nuestro pueblo, contra la revolución. Tenemos que montar
la guardia día y noche y decirle a esa especie de renegados: “¡Estás robando a las clases
que no poseen nada, no a la burguesía, sino a ti mismo, a tu propio pueblo!” En la hora
actual cada uno de nosotros, sea cual sea el lugar que ocupa, en una fábrica o en los
ferrocarriles, debe considerarse en todas partes como un soldado que ha sido situado allí
por el ejército de los trabajadores, por su propio pueblo, y cada uno de nosotros debe
cumplir su deber hasta el final.

9
Extractos del “[Discurso pronunciado en Moscú el 14 de abril de 1918 ante un público de obreros y
campesinos, y algunas respuestas]”, en nuestra serie Trotsky inédito en internet y en castellano.

32
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Esta nueva disciplina del trabajo, camaradas, tenemos que crearla cueste lo que
cueste. La anarquía nos destruirá, el orden del trabajo nos salvará. En las fábricas tenemos
que instaurar tribunales elegidos para castigar a los gandules. Ahora que se ha convertido
en el dueño de su país, cada obrero debe acordarse claramente de su deber de trabajador
y de su honor de trabajador.
[…]
Será bastante con que podamos establecer, con los sindicatos y sóviets, una
disciplina bastante firme para que cada uno trabaje ocho horas, (en ningún caso más, e
incluso lo antes posible siete horas) y que el trabajo se haga verdaderamente a conciencia,
es decir que cada parcela de tiempo de trabajo esté realmente llena de trabajo, que cada
uno sepa y recuerde que trabaja para una asociación común, para un fondo común, he ahí
hacia lo que tienden nuestros esfuerzos, camaradas.
[…]
En nuestro viejo ejército, que habíamos heredado del zarismo, era necesario
despedir a los viejos jefes, a los generales y coroneles, pues en su mayor parte habían sido
útiles en manos de una clase que nos era hostil, en manos del zarismo y de la burguesía.
Por ello, cuando hizo falta que los obreros-soldados y los campesinos-soldados eligiesen
a sus propios mandos, no eligieron a jefes militares, sino simplemente a representantes
aptos para defenderlos de los ataques de las clases contrarrevolucionarias. ¿Pero ahora,
camaradas, ahora que estamos a punto de construir el ejército? ¿La burguesía? No, los
sóviets de obreros y campesinos, es decir las mismas clases que componen el ejército.
Allí no es posible la lucha interna. Tomemos el ejemplo de los sindicatos. Los obreros
metalúrgicos eligen a su comité, y el comité a un secretario, un empleado de la oficina y
determinado número de otras personas que son necesarias. ¿Ha ocurrido alguna vez que
los obreros se pregunten: por qué nuestros empleados y nuestros tesoreros son designados
y no elegidos? No, ningún trabajador inteligente dirá eso. Si no el comité respondería:
“habéis elegido al comité vosotros mismos, si desconfiáis de nosotros, destituidnos, pero
una vez que nos habéis encargado de la dirección del sindicato, dadnos la posibilidad de
escoger al empleado o al tesorero, pues somos mejores jueces que vosotros en ese
dominio, y si nuestra forma de llevar los asuntos es mala, entonces sacadnos y elegid otro
comité.” El gobierno soviético está en la misma situación que el comité de un sindicato.
[…]

33
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

[Informe en el Tercer Congreso Panruso de los Sindicatos]10


(abril de 1920)

Informe sobre la organización del trabajo


¡Camaradas! La guerra civil termina. En el frente oeste la situación sigue siendo
incierta. Aún es posible que la burguesía polaca desafíe a su propio destino... Pero si esto
ocurriera (y nosotros no hacemos nada para provocarlo), la guerra no exigirá de nosotros
la abrumadora tensión de fuerzas que la lucha simultánea en cuatro frentes ha requerido.
La terrible presión de la guerra se debilita. Las necesidades y labores económicas atraen
cada vez más nuestra atención. La historia nos coloca directamente frente a nuestra obra
fundamental: la organización del trabajo sobre nuevas bases sociales. En el fondo, la
organización del trabajo constituye la organización de la nueva sociedad, porque toda
sociedad descansa en el trabajo. Si la sociedad vieja estaba basada en una organización
del trabajo que beneficiaba a la minoría, la cual disponía del instrumento de presión
gubernamentalmente contra la inmensa mayoría de los trabajadores, nosotros realizamos
ahora la primera tentativa que la historia universal registra de organización del trabajo en
beneficio de la clase obrera. Esto, sin embargo, no excluye el instrumento de presión en
todas sus formas, de las más suaves a las más rudas. El elemento de presión, de coerción,
no sólo no abandona la escena histórica, sino que, por el contrario, desempeñará un papel
importantísimo durante un periodo bastante considerable.
Siguiendo la regla general, el hombre procurará librarse del trabajo. La asiduidad
no es una virtud innata en él; se crea por la presión económica y por la educación del
medio social. Puede afirmarse que el hombre es un animal bastante perezoso. En el fondo,
en esta cualidad, principalmente, se ha fundamentado el progreso humano. Si el hombre
no hubiese tratado de ahorrar sus fuerzas, si no se hubiese esforzado en conseguir con el
mínimo de energía el máximo de productos, no habría habido un desarrollo de la técnica
ni cultura social. Considerada, pues, desde este punto de vista, la pereza del hombre es
una fuerza progresista. El viejo marxista italiano Arturo Labriola ha llegado a imaginar
al hombre futuro como un “holgazán genial y feliz”. Sin embargo, no hay que deducir de
esto que el partido y los sindicatos deban preconizar esta cualidad como un deber moral.
No es necesario. En Rusia, la pereza es excesiva. La obra de organización social consiste
precisamente en introducir la “pereza” en cuadros definidos, para disciplinarla, y en
estimular al hombre con el auxilio de los medios y medidas que él mismo imaginó.
La obligación del trabajo
La clave de la economía es la mano de obra, sea ésta cualificada, poco cualificada,
bruta, etc. Hallar los medios para llegar a conocerla con exactitud, para movilizarla,
repartirla, utilizar de modo productivo, significa resolver prácticamente el problema de
nuestra reconstrucción económica. Esta es la obra de toda una época; obra grandiosa. Su
dificultad aumenta porque tenemos que reorganizar el trabajo sobre bases socialistas, en
condiciones de una enorme y espantosa pobreza.
Cuanto más se gasta la herramienta y más se deterioran el material móvil y los
ferrocarriles, menos posibilidades tenemos de recibir del extranjero en plazo breve una

10
“[Informe en el Tercer Congreso Panruso de los Sindicatos]”, en nuestra serie Trotsky inédito en internet
y en castellano.

34
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

cantidad algo respetable de máquinas, y la cuestión de la mano de obra adquiere más


importancia. Al parecer, disponemos de una mano de obra muy considerable. Pero ¿cómo
reunirla? ¿Cómo llevarla al pie de la obra? ¿Cómo organizarla industrialmente? Cuando
este invierno emprendimos la labor de quitar la nieve que hacía impracticables las vías
férreas, chocamos ya con grandes dificultades, que no pudimos vencer con la compra de
mano de obra por la depreciación del dinero y la ausencia casi completa de artículos
manufacturados. Las necesidades de combustible no pueden satisfacerse, ni aun
parcialmente, sin la utilización de una tal cantidad de fuerza obrera como nunca se ha
empleado para la tala de árboles y la extracción de la turba y la hulla. La guerra civil ha
destruido las vías férreas, los puentes, las estaciones. Para la producción en gran escala
de madera de arder, de turba, como para otros trabajos, se necesitan locales para los
trabajadores, aunque sólo sean campamentos provisionales de barracas. De aquí se
infiere, además, la necesidad de una importante mano de obra para los trabajos de
construcción. También es necesaria una considerable cantidad de mano de obra para la
organización del servicio fluvial. Y así sucesivamente.
La industria capitalista se alimentaba en grandes proporciones de mano de obra
auxiliar entre los elementos que emigraban del campo. La falta de tierras de labor, que se
hacía notar cruelmente, lanzaba al mercado constantemente cierto sobrante de mano de
obra. El estado, por el establecimiento de impuestos, la obligaba a venderse. El mercado
ofrecía mercancías al campesino. A la hora presente, esta situación ha desaparecido. El
campesino tiene más tierra, pero como le faltan los instrumentos agrícolas, necesita más
fuerza obrera.
El principio de la obligación del trabajo es indiscutible. Además, la industria no
puede dar casi nada al campo, y el mercado no ejerce ninguna atracción sobre la mano de
obra.
Esta, no obstante, nos es más necesaria que nunca. No es sólo el obrero quien tiene
que dar su fuerza al poder soviético, para que la Rusia trabajadora y, con ella, los
trabajadores mismos no sean aplastados; necesitamos también la fuerza de los
campesinos. El único medio de procurarnos la mano de obra precisa para las labores
económicas actuales es la implantación de la obligación del trabajo.
El principio de la obligación del trabajo es indiscutible para los comunistas:
“Quien no trabaja, no come”. Y como todos tienen que comer, todos están obligados a
trabajar. La obligación del trabajo está fijada en nuestra constitución y en el código del
trabajo. Pero hasta hoy sólo era un principio. Su aplicación no había tenido más que un
carácter accidental, parcial, episódico. Sólo ahora, frente a las cuestiones que origina la
reorganización del país, se ha impuesto ante nosotros en su realidad implacable la
necesidad de la obligación del trabajo. La única solución regular, tanto en principio como
en la práctica, consiste en considerar a toda la población del país como una reserva
necesaria de fuerza obrera (como una fuente casi inagotable), y en organizar en un orden
rigurosamente establecido el recuento, la movilización y la utilización.
¿Cómo cooptar prácticamente la mano de obra sobre la base de la obligación del
trabajo?
Hasta hoy, sólo el ministerio de la guerra tenía experiencia en lo que se refiere a
censo, movilización, formación y traslado de grandes masas. Nuestro departamento de la
guerra ha heredado del pasado, en gran parte, sus métodos y reglas técnicas. No hemos
podido conseguir semejante herencia en el dominio económico, porque aquí intervenía
un principio de derecho privado y la mano de obra afluía directamente a las diversas
empresas industriales del mercado del trabajo. Era, pues, natural, desde el momento en
que estábamos obligados a ello y, sobre todo, al principio, que utilizáramos, en gran es-
cala, la maquinaria del ministerio de la guerra para la movilización de las fuerzas obreras.

35
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

En el centro y en provincias hemos creado órganos especiales para velar por el


cumplimiento de la obligación del trabajo; a este respecto, funcionan ya comités en los
gobiernos, en los distritos, en los cantones. Se apoyan principalmente en los órganos
centrales y locales del departamento de la guerra. Nuestros centros económicos: el
Consejo Superior de Economía Popular, el Comisariado de Agricultura, el Comisariado
de Transportes, el Comisariado de Abastecimientos, determinan la mano de obra que
necesitan. El Comité Central de la Obligación del Trabajo recibe todas estas demandas,
las coordina, las pone en relación con las fuentes locales de mano de obra, da las
instrucciones correspondientes a sus órganos locales y realiza, por medio de ellos, la
movilización de las fuerzas obreras. En las regiones, gobiernos y distritos, los órganos
locales ejecutan autónomamente este trabajo, para satisfacer las necesidades económicas
locales.
Toda esta organización no ha sido más que ligeramente esbozada. Dista mucho de
ser perfecta. Pero el camino emprendido es indiscutiblemente el correcto.
Si la organización de la nueva sociedad tiene por base una organización nueva del
trabajo, esta organización requiere a su vez la implantación regular del trabajo obligatorio.
Las medidas administrativas y de organización son insuficientes para realizar esta obra
que abarca los fundamentos mismos de la economía pública y de la existencia, que choca
con los prejuicios y hábitos psicológicos. La efectividad del trabajo obligatorio supone,
por una parte, una obra colosal de educación, y, por otra, la mayor prudencia en el modo
práctico de realizarla.
La utilización de la mano de obra debe ser hecha con la mayor economía. Cuando
hayan de verificarse movilizaciones de fuerza obrera, es indispensable tener presente las
condiciones de vida económica de cada región y las necesidades de la industria agrícola
de la población local. Hay que tomar en consideración, en lo posible, los recursos que
existían antes, los elementos emigrantes locales, etc. Es preciso que los traslados de la
mano de obra movilizada se hagan a pequeñas distancias, es decir, que se la tome de los
sectores más próximos al frente del trabajo. Es menester que el número de los trabajadores
movilizados corresponda a la magnitud de la obra económica. Es necesario que los
trabajadores movilizados sean provistos a tiempo de víveres y de instrumentos de trabajo
y que tengan al frente a técnicos competentes, dotados de espíritu de iniciativa. Hay que
convencer a los trabajadores de que su mano de obra se utiliza con previsión y sin
parsimonia y que no se gasta en vano. Siempre que sea posible, deberá sustituirse la
movilización directa por el trabajo: es decir, imponer a un determinado cantón la
obligación de suministrar, en un tiempo dado, tantos estéreos de madera, o transportar
hasta tal o cual estación tantos quintales de minerales, etc. En este dominio, es preciso
aprovecharse particularmente de la experiencia adquirida, dar al sistema económico la
mayor flexibilidad posible, tener en cuenta los intereses y costumbres locales. Pero es
igualmente indispensable creer firmemente que el principio mismo de la obligación del
trabajo ha sustituido tan radical y victoriosamente al del reclutamiento voluntario como
la socialización de los medios de producción a la propiedad capitalista.
La militarización del trabajo
La obligación del trabajo sería imposible sin la aplicación (en alguna medida) de
los métodos de militarización del trabajo. Esta expresión nos introduce de un golpe en el
dominio de las más grandes supersticiones y de los clamores de oposición.
Para comprender lo que se entiende por militarización del trabajo en el estado
obrero y cuáles son sus métodos, hay que tener una idea clara del modo en cómo se ha
efectuado la militarización del ejército mismo que, según todos recuerdan, estaba muy
lejos de poseer en el primer período las cualidades “militares” requeridas. En estos dos
últimos años, el número de soldados que hemos movilizado no es tan alto como el de

36
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

sindicados en Rusia. Pero los sindicados son obreros, y sólo un 15 por 100 de ellos forma
parte del Ejército Rojo; el resto de éste está constituido por la masa campesina. No
obstante, sabemos, sin que esto ofrezca lugar a dudas, que el verdadero organizador y
creador del Ejército Rojo es el obrero avanzado, procedente de las organizaciones
sindicales o del partido. Cuando la situación en los frentes de combate se hacía difícil,
cuando la masa campesina recientemente movilizada no daba pruebas de firmeza
bastante, nos dirigimos a la vez al comité central del partido comunista y al sóviet de los
sindicatos. De estos dos organismos salieron los obreros avanzados que marcharon al
frente a organizar el Ejército Rojo a su imagen, a educar, templar, militarizar a la masa
campesina.
Es éste un hecho que debe recordarse con claridad, porque arroja mucha luz sobre
la idea misma de la militarización, tal como se concibe en el estado obrero y campesino.
La militarización del trabajo ha sido proclamada más de una vez y realizada en diferentes
sectores económicos de los países burgueses, tanto en occidente como en Rusia zarista.
Pero nuestra militarización se distingue de esas otras por sus fines y métodos, como el
proletariado consciente y organizado para conseguir su emancipación se distingue de la
burguesía consciente y organizada para la explotación.
De esta confusión, tan inconsciente como mal intencionada, de las formas
históricas de la militarización proletaria y socialista con la militarización burguesa,
dimanan la mayor parte de los prejuicios, errores, protestas y gritos provocados por esta
cuestión. En este modo de interpretar las cosas se ha basado totalmente la actitud de los
mencheviques, nuestros kautskystas rusos, tal como manifiesta en su declaración de
principios, presentada al actual Congreso de los Sindicatos.
Los mencheviques no hacen más que declararse enemigos de la militarización del
trabajo, como también de la obligación del trabajo. Rechazan estos métodos como
“coercitivos”. Proclaman que la obligación del trabajo provocará una bajada de la
productividad. En cuanto a la militarización, no tendrá; según ellos, otro efecto que un
gasto inútil de mano de obra.
“El trabajo obligatorio ha sido siempre poco productivo”, tal es la expresión
exacta de la declaración de los mencheviques. Esta afirmación nos traslada al centro
mismo de la cuestión. Porque, en nuestra opinión, no se trata en modo alguno de saber si
es prudente o insensato declarar tal o cual fábrica en estado de guerra; si debe concederse
al Tribunal Revolucionario Militar derecho a castigar a los obreros corrompidos que
roban las materias primas y los instrumentos que nos son tan útiles o que nos sabotean.
No, la cuestión está planteada por los mencheviques de un modo mucho más profundo.
Al afirmar que la obligación del trabajo es siempre poco productiva, se esfuerzan en
destruir toda nuestra obra económica en la época de transición, porque no puede pensarse
en pasar de la anarquía burguesa a la economía socialista sin recurrir a la dictadura
revolucionaria y a los métodos coercitivos de organización económica.
En el primer punto de la declaración de los mencheviques se afirma que vivimos
en la época de transición de las formas de producción capitalista a las formas de
producción socialista. ¿Qué quiere decir esto exactamente? Y, sobre todo, ¿de dónde
proceden semejantes aforismos? ¿Desde cuándo creen esto nuestros kautskystas? Nos han
acusado (y éste fue el motivo de nuestros desacuerdos) de utopismo socialista; afirmaban
(y esto constituía el fondo de su doctrina) que no puede realizarse en nuestra época el
paso al socialismo, que nuestra revolución no es más que una revolución burguesa, que
nosotros, comunistas, no hacemos otra cosa con destruir el sistema económico capitalista,
que no hacemos adelantar un paso a la nación, que la hacemos, por el contrario,
retroceder. En esto consistía el desacuerdo fundamental, la divergencia profunda,
incompatible, de la que derivaban todas las restantes diferencias. Ahora, los

37
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

mencheviques nos indican de paso, en los preliminares de su resolución, como algo que
no necesita prueba, que estamos en el período de transición del capitalismo al socialismo;
confesión totalmente inesperada, que se parece mucho a una completa capitulación de
ideas, y hecha con tanta facilidad y ligereza que, como toda la declaración demuestra, no
impone ninguna obligación revolucionaria a los mencheviques. Estos siguen siendo en
bloque prisionero de la ideología burguesa. Después de haber reconocido que caminamos
hacia el socialismo, los mencheviques luchan con todo el furor posible contra estos
métodos, sin los cuales, en las actuales condiciones graves y penosas, es imposible el paso
al socialismo.
“El trabajo obligatorio [nos dicen] es poco productivo”. Nosotros les
preguntamos: ¿Qué entendéis por trabajo obligatorio al hacer esa afirmación? Dicho de
otro modo, ¿a qué trabajo es antinómico? Aparentemente al trabajo libre. ¿Qué debe
entenderse en este caso por trabajo libre? Esta idea ha sido formulada por los ideólogos
progresistas de la burguesía en su lucha contra el trabajo obligatorio, es decir, contra la
servidumbre de los campesinos y contra el trabajo regularizado, reglamentado, de los
artesanos. Por trabajo libre se entendía el que podía comprarse “libremente” en el
mercado de trabajo. La libertad se reducía a una ficción jurídica sobre la base de la venta
libre del asalariado. No conocemos en la historia otra forma de trabajo libre. Que los
pocos mencheviques que asisten a este congreso nos expliquen lo que entienden por
trabajo libre, no coercitivo, si no es la libre venta de la mano de obra.
La historia ha conocido la esclavitud, la servidumbre, el trabajo reglamentado de
las corporaciones de la Edad Media. Hoy, en todo el universo, impera el salariado, que
los escritorzuelos amarillos de todos los países oponen como una libertad superior a “la
esclavitud” soviética. Nosotros, en cambio, oponemos a la esclavitud capitalista el trabajo
social y regulado, basado en un plan económico, obligatorio para todos y, por
consiguiente, obligatorio para todo obrero del país. sin él es imposible hasta pensar en el
advenimiento del socialismo. El elemento de presión material, física, puede ser más o
menos grande; esto depende de muchas condiciones: del grado de riqueza o pobreza del
país, del nivel cultural, del estado dé los transportes y del sistema de dirección, etc.; pero
la obligación y, por consiguiente, la coerción es la condición indispensable para refrenar
la anarquía burguesa, para la socialización de los medios de producción y de los
instrumentos de trabajo y para la reconstrucción del sistema económico con arreglo a un
plan único.
Para un liberal, libertad significa, en último resultado, venta libre de la mano de
obra. ¿Puede o no comprar un capitalista a un precio aceptable la fuerza de trabajo? Esta
es la única unidad de medida de la libertad de trabajo para un liberal, y esta medida es
falsa, no sólo con respecto al porvenir, sino también con respecto al pasado.
Sería absurdo creer que cuando existía la servidumbre se efectuaba el trabajo
solamente ante la amenaza de la presión física, y que el jefe de galeras estaba, látigo en
mano, detrás del pobre campesino. Las formas económicas de la Edad Media se debían a
ciertas condiciones económicas y originaban costumbres a las que el campesino se había
adaptado, que en determinados momentos había creído justas, o cuya perennidad, por lo
menos, había admitido siempre. Cuando bajo el influjo del cambio de las condiciones
materiales, adoptó una actitud hostil hacia ellas, el gobierno le sujetó por la fuerza
material, probando de este modo el carácter coercitivo de la organización del trabajo.
Sin las formas de coerción gubernamental que constituyen el fundamento de la
militarización del trabajo, la sustitución de la economía capitalista por la economía
socialista no sería más que una palabra falta de sentido. ¿Por qué hablamos de
militarización? Ni que decir tiene que sólo por analogía, pero por una analogía muy
significativa. Ninguna organización social, aparte del ejército, se ha creído con derecho a

38
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

subordinar tan completamente a los ciudadanos, a dominarlos tan totalmente por su


voluntad, como el gobierno de la dictadura proletaria. Sólo el ejército (precisamente
porque ha resuelto a su manera las cuestiones de vida y muerte de las naciones, de los
estados, de las clases dirigentes) ha adquirido el derecho a exigir del individuo una
sumisión completa a los trabajos, a los fines, a los mandatos y a las ordenanzas. Y lo ha
conseguido sobre todo porque los trabajos de organización militar coincidían con las
necesidades del desenvolvimiento social.
Hoy, la cuestión de vida o muerte de la Rusia de los sóviets se decide en el frente
de trabajo. Nuestras organizaciones económicas con nuestras organizaciones sindicales e
industriales tienen derecho a exigir de sus miembros toda la abnegación, toda la
disciplina, toda la puntualidad que hasta ahora sólo ha exigido el ejército.
Por otra parte, la actitud del capitalista con respecto al obrero, no se fundamenta
sólo en un contrato “libre”; contiene también poderosos elementos de reglamentación
gubernamental y de presión material.
La concurrencia entre capitalistas ha presentado un semblante de realidad a la
ficción de la libertad de trabajo. Pero esta concurrencia, reducida el mínimo por los
sindicatos y los trusts, ha sido destruida completamente por nosotros al abolir la
propiedad privada de los medios de producción. El tránsito al socialismo, reconocido de
palabra por los mencheviques, significa el paso del reparto desordenado de la mano de
obra, gracias al juego de la compraventa, de las oscilaciones de los precios en el mercado
y de los salarios, a una distribución racional de los trabajadores, hecha por los órganos de
distrito, de provincia, de todo el país.
Este género de reparto supone la subordinación de los obreros sobre quienes recae
al plan económico del gobierno. Y en esto consiste la obligación del trabajo, que, como
elemento fundamental, entra inevitablemente en el programa de la organización socialista
del trabajo.
Si es imposible una organización sistemática de la economía pública sin la
obligación del trabajo, ésta, en cambio, es irrealizable sin la abolición de la ficción de la
libertad de trabajo y su sustitución por el principio de la obligación, que completa la
realidad de la coerción.
Cierto que el trabajo libre es más productivo que el obligatorio en lo referente al
paso de la sociedad feudal a la sociedad burguesa. Pero es preciso ser un liberal, o un
kaustskysta en nuestros días, para eternizar esta verdad y extenderla a la época actual de
transición del régimen burgués al socialista. Si es cierto, como dice la declaración de los
mencheviques, que el trabajo obligatorio es siempre y cualesquiera que sean las
circunstancias, menos productivo, nuestra reorganización económica está condenada a la
ruina: pues no puede haber en Rusia otro medio para llegar al socialismo que una
dirección autoritaria de las fuerzas y los recursos económicos del país y un reparto
centralizado de la fuerza de trabajo, conforme al plan general del gobierno. El estado
proletario se considera con derecho a enviar a todo trabajador adonde su trabajo sea
necesario. Y ningún socialista serio negará al gobierno obrero el derecho a castigar al
trabajador que se obstine en no llevar a cabo la misión que se le encomiende. Mas (y esta
es la razón de todo) la vía menchevique de paso al “socialismo” es una vía láctea, sin
monopolio del trigo, sin supresión de los mercados, sin dictadura revolucionaria y sin
militarización del trabajo.
Sin obligación del trabajo, sin derecho a dar órdenes y a exigir su cumplimiento,
los sindicatos pierden su razón de ser, pues el estado socialista en formación los necesita,
no para luchar por el mejoramiento de las condiciones de trabajo (que es la obra de
conjunto de la organización social gubernamental), sino con el fin de organizar la clase
obrera para la producción, con el fin de educarla, de disciplinarla, de distribuirla, de

39
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

agruparla, de establecer ciertas categorías y fijar a ciertos obreros en sus puestos por un
tiempo determinado, con el fin, en una palabra, de incorporar autoritariamente a los
trabajadores, de acuerdo con el poder, en el plan económico único. Defender, en estas
condiciones, la “libertad” de trabajo, equivale a defender la búsqueda inútil, ineficaz e
incierta de mejores condiciones; el paso caótico, sin sistema, de una a otra fábrica en un
país hambriento, en medio de la más espantosa desorganización de los transportes y
abastecimientos. Aparte de la desagregación de la clase obrera y una completa anarquía
económica, ¿cuál podría ser el resultado de esta insensata tentativa de combinar la libertad
burguesa de trabajo con la socialización proletaria de los medios de producción?
La militarización del trabajo no es pues, camaradas, en el sentido que he indicado,
un invento de algunos políticos u hombres de nuestro departamento militar, sino que
aparece como un método inevitable de organización y disciplina de la mano de obra en la
época de transición del capitalismo al socialismo. Si es cierto, como se afirma en la
declaración de los mencheviques, que todas estas formas (reparto obligatorio de la mano
de obra, su empleo pasajero o prolongado en determinadas empresas, su reglamentación
conforme al plan económico gubernamental) conducen a una disminución de la
productividad, haced una cruz sobre el socialismo, pues es imposible fundamentar el
socialismo en la bajada de la producción. Toda organización social se basa en la
organización del trabajo. Y si nuestra nueva organización del trabajo da por resultado una
disminución de la producción, la sociedad socialista que se está formando camina
fatalmente, por ese mismo hecho, hacia la ruina, cualquiera que sea nuestra habilidad y
cualesquiera que sean las medidas de salvación que imaginemos.
Por estas razones, he dicho desde el principio que los argumentos mencheviques
contra la militarización nos trasladan al centro mismo de la cuestión de la obligación del
trabajo y de su influencia sobre la producción. ¿Es verdad que el trabajo obligatorio ha
sido siempre improductivo? No hay más remedio que responder que éste es el más pobre
y liberal de los prejuicios. Todo el problema se reduce a saber quién ejerce una presión,
contra quién y por qué: qué estado, qué clase, en qué circunstancias, por qué métodos. La
organización de la servidumbre fue, en determinadas condiciones, un progreso y trajo
aparejado un aumento de la producción. La producción aumentó también
considerablemente bajo el régimen capitalista y, por consiguiente, en la época de la
compraventa libre de la mano de obra en el mercado del trabajo. Mas el trabajo libre y el
capitalismo al completo, una vez dentro de la fase imperialista, se han arruinado
definitivamente por la guerra. Toda la economía mundial ha entrado en un período de
sangrienta anarquía, de terribles conmociones, de miseria, de agotamiento, de destrucción
de las masas populares. En estas condiciones, ¿se puede hablar de la productividad del
trabajo libre, cuando los frutos de este trabajo desaparecen diez veces más deprisa que se
crean? La guerra imperialista, con sus consecuencias, ha demostrado la imposibilidad de
la existencia ulterior de una sociedad basada en el trabajo libre. ¿o posee alguien el secreto
que permita separar el trabajo libre del delirium tremens del imperialismo, dicho en otros
términos, de hacer retroceder a la humanidad cincuenta o cien años atrás? si fuese cierto
que nuestra organización del trabajo (que ha de sustituir al capitalismo), que nuestra
organización, establecida conforme a un plan y, por consiguiente, coercitiva, originará la
ruina de la economía, esta organización significaría el fin de toda nuestra cultura, un
retroceso de la humanidad hacia la barbarie y el salvajismo.
Por fortuna, no sólo para la Rusia de los sóviets, sino para toda la humanidad, la
filosofía de la escasa productividad del trabajo obligatorio “siempre y cualesquiera que
sean las condiciones en que se realice” está contenida en un viejo refrán liberal. La
productividad del trabajo es una cantidad arbitraria en el conjunto de las circunstancias

40
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

sociales más complejas, y no puede ser medida nunca, ni definida por adelantado como
forma jurídica del trabajo.
Toda la historia de la humanidad es la historia de la organización y de la educación
del hombre social para el trabajo, con el fin de obtener una mayor productividad. El
hombre, como ya me he atrevido a decir, es un perezoso; es decir, se esfuerza
instintivamente por obtener con el mínimo de esfuerzo el máximo de productos. Sin esta
tendencia humana, no habría progreso económico. El desenvolvimiento de la civilización
se mide por la productividad del hombre, y toda forma nueva de relaciones sociales debe
soportar la prueba con esta piedra de toque.
El trabajo “libre” no ha nacido con toda su potencia productiva; sólo ha alcanzado
una gran productividad progresivamente, por la aplicación prolongada de métodos de
organización y educación del trabajo. Esta educación empleó los medios y
procedimientos más diversos, que se modifican además según las épocas. Al principio, la
burguesía expulsaba de su pueblo a latigazos al mujik, y le dejaba en medio del camino
después de haberle despojado de sus tierras. Y cuando no quería trabajar en la fábrica, lo
señalaba con un hierro candente, lo ahorcaba, lo enviaba a galeras, y acababa por
acostumbrar al desdichado al trabajo de fábrica. En nuestra opinión, esta fase del trabajo
“libre” difiere muy poco de los trabajos forzados, tanto desde el punto de vista de las
condiciones materiales como desde el punto de vista legal.
En diversas épocas y en proporciones diferentes, la burguesía ha empleado
simultáneamente el hierro candente, la represión y los métodos persuasivos. A este efecto,
los sacerdotes le han prestado una inestimable ayuda. En el siglo XVI se reformó la
antigua religión católica, que defendía el régimen feudal, y adaptó a sus necesidades una
religión nueva (la Reforma), que combinaba la libertad del alma con la del comercio y el
trabajo. Formó nuevos sacerdotes, que fueron sus guardianes espirituales y servidores
devotos. Adoptó la escuela, la prensa, los municipios y el parlamento a su propósito de
modelar las ideas de la clase trabajadora. Las diversas formas de salario (con jornal, a
destajo, por contrato colectivo) no constituían en sus manos sino medios diversos de
conseguir que el proletariado trabajara. A esto hay que añadir distintas formas de fomento
del trabajo y de excitación al servilismo. En fin, la burguesía ha sabido apoderarse de las
trade uniones (organizaciones de la clase obrera) y aprovecharse de ellas para disciplinar
a los trabajadores. Ha aplacado a los líderes, y, por medio de ellos, ha convencido a los
obreros de la necesidad del trabajo apacible, de que su obra sea irreprochable, de estricto
cumplimiento de las leyes del estado burgués. La culminación de toda esta labor ha sido
el sistema Taylor, en el cual los elementos de organización científica del proceso de la
producción se combinan con los procedimientos más perfeccionados del sistema
diaforético.
De lo dicho se deduce claramente que la productividad del trabajo libre no es algo
determinado, establecido, presentado por la historia en bandeja de plata. ¡No! Es el
resultado de una larga política tenaz, represiva, educadora, organizadora, estimulante, de
la burguesía con respecto a la clase obrera. Poco a poco aprendió a exprimir una cantidad
cada vez más mayor de productos del trabajo de los obreros, y el reclutamiento voluntario,
única forma de trabajo libre, normal, sana, productiva y saludable, fue en sus manos un
arma poderosa.
Una forma jurídica de trabajo que asegure por sí misma la productividad no ha
existido nunca en la historia ni puede existir. La forma jurídica del trabajo se corresponde
con las relaciones e ideas de la época. La productividad del trabajo se desenvuelve sobre
la base del desarrollo de las fuerzas técnicas, de la educación del trabajo, en virtud de la
adaptación progresiva de los trabajadores a los medios de producción, que se modifican
constantemente, y a las nuevas formas de relaciones sociales.

41
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

El establecimiento de la sociedad socialista significa la organización de los


trabajadores sobre nuevas bases y su adaptación a éstas, su educación con el fin de
aumentar constantemente la productividad. La clase obrera, bajo la dirección de su
vanguardia, debe darse a sí misma su educación socialista. Quien no comprenda esto, no
entiende una palabra del abecé de la realización socialista.
¿Cuáles son, pues, nuestros métodos de reeducación de los trabajadores? Desde
luego, son más vastos que los de la burguesía, y, además, honrados, justos, francos,
limpios de toda hipocresía y de todo embuste. La burguesía tenía que echar mano de la
mentira para presentar su trabajo como libre, cuando en realidad no sólo era socialmente
impuesto, sino que estaba hasta esclavizado, puesto que era el trabajo de la mayoría en
beneficio de la minoría. En cambio, nosotros organizamos el trabajo en interés de los
obreros mismos, y por eso nada puede incitarnos a ocultar o encubrir el carácter
socialmente obligatorio de su organización. No tenemos que contar cuentos de sacerdotes,
de liberales ni de kautskystas. Decimos clara y francamente a las masas que no pueden
salvar, educar y llevar el país socialista a una situación brillante sino a costa de un trabajo
riguroso, de una severa disciplina y de la mayor puntualidad por parte de todo trabajador.
El principal procedimiento que empleamos es la acción de la idea, la propaganda no de la
palabra, sino del hecho. La obligación del trabajo reviste un carácter coercitivo, pero esto
no quiere decir que suponga ninguna violencia contra la clase obrera. Si la obligación del
trabajo hubiese chocado con la oposición de la mayoría de los trabajadores, habría
quedado herido de muerte el régimen soviético. La militarización del trabajo, cuando se
oponen a ella los trabajadores, es un procedimiento a lo Arakcheiev. La militarización del
trabajo por la voluntad propia de los trabajadores mismos es un procedimiento de
dictadura socialista. Que la obligación y militarización del trabajo no van en contra de la
voluntad de los trabajadores, como ocurría con el trabajo “libre”, lo atestigua más que
todo cuanto pudiera decirse la considerable afluencia de obreros voluntarios a los
“sábados comunistas”, hecho único en los anales de la humanidad. Nunca ha presenciado
el mundo una cosa semejante. Por su trabajo voluntario y desinteresado (una vez por
semana y aún más en ocasiones) los obreros demuestran brillantemente que están
dispuestos no sólo a soportar el peso del trabajo “obligatorio”, sino a dar al gobierno un
suplemento de trabajo por añadidura. Los “sábados comunistas”, antes que
manifestaciones espléndidas de solidaridad comunista, son la garantía más segura del
éxito de la implantación de la obligación del trabajo. Y es preciso, por medio de una activa
propaganda, aclarar, ampliar y fortalecer esta tendencia tan profundamente comunista.
El arma moral más fuerte de la burguesía es la religión, mientras que la nuestra es
la explicación del verdadero estado de cosas, la difusión de los conocimientos naturales,
históricos y técnicos, la iniciación en el plan general de la economía gubernamental, sobre
cuya base debe utilizarse la mano de obra de que dispone el poder soviético.
La economía política fue, en otro tiempo, el principal motivo de nuestra agitación:
el régimen social capitalista era un enigma, y este enigma lo hemos descifrado ante las
masas. Ahora, el mismo mecanismo del régimen soviético, que llama a los trabajadores a
los puestos más distintos, ha revelado a las masas los enigmas sociales. A medida que
avancemos, la economía política adquirirá una importancia histórica, y las ciencias, que
sirven para escrutar la naturaleza y buscar los medios de someterla al hombre, ocuparán
el primer plano.
Los sindicatos deben emprender, en la más grande escala, una obra de educación
científica y técnica para que a todo obrero su propio trabajo le obligue a desarrollar la
actividad teórica del pensamiento. Esta última, girando alrededor del trabajo, lo
perfecciona y hace más productivo. La prensa debe ponerse a la altura de la misión del
país, no sólo como lo hace hoy, es decir, en el sentido de una agitación general a favor de

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

un recrudecimiento de la energía obrera, sino también de la discusión y examen de los


trabajos, planes y medios económicos concretos, del modo de resolverlos y, sobre todo,
de comprobar y apreciar los resultados adquiridos. Los periódicos deben seguir día a día
la producción de las fábricas más importantes, registrando los éxitos y fracasos,
ensalzando unos y denunciando los otros...
El capitalismo ruso, por su carácter atrasado, su independencia y los rasgos
parasitarios que de ello resultan, había conseguido, en mucho menor grado que el
capitalismo de Europa, instruir, educar técnicamente y disciplinar industrialmente a las
masas obreras. Esta labor incumbe hoy exclusivamente a las organizaciones sindicales
del proletariado. Un buen ingeniero, un buen mecánico o un buen ajustador deben gozar
de tanta celebridad y tanta gloria como antes los militantes revolucionarios, los agitadores
más conocidos, y en nuestros días los comandantes y comisarios del pueblo más bravos
y capaces. Los grandes y pequeños directores de la técnica deben ocupar un puesto de
honor en el espíritu público y hay que obligar a los malos obreros a que se avergüencen
de no estar a la altura de su misión.
El pago de los salarios obreros en Rusia se hace todavía en dinero y es de presumir
que así ocurra durante mucho tiempo. Pero cuanto más progresemos, más importante
resultará satisfacer las necesidades de todos los miembros de la sociedad. Entonces los
salarios perderán su razón de ser. Hoy no somos lo bastante ricos para hacer una cosa
semejante. El aumento de la cantidad de artículos manufacturados es la obra principal a
la que todas las demás se subordinan. En el momento actual, tan sumamente difícil, los
salarios no son para nosotros un medio de hacer más grata la existencia personal de cada
obrero, sino un medio de apreciar lo que cada obrero aporta con su trabajo a la república
proletaria.
Por esta razón, los salarios, tanto en dinero como en especie, deben ponerse en la
mayor concordancia posible con la productividad del trabajo individual. En el régimen
capitalista, el trabajo a destajo, la implantación del sistema Taylor, etc., tenían por objeto
aumentar la explotación de los obreros y robarles la plusvalía. Una vez socializada la
producción, el trabajo a destajo, etc., tiene por fin el acrecentamiento de la producción
socialista y, por consiguiente, un aumento del bienestar común. Los trabajadores que
contribuyen más al bienestar común adquieren el derecho a recibir una parte mayor del
producto social que los perezosos, indolentes y desorganizadores.
El estado obrero, en fin, al recompensar a los unos, no puede menos que castigar
a los otros, es decir, a los que con todo conocimiento de causa quebrantan la solidaridad
obrera, destruyen el trabajo común y causan un daño considerable a la reorganización
socialista del país. La represión que tiene por objeto realizar las labores económicas, es
un arma necesaria de la dictadura socialista.
Todas las medidas enumeradas, con algunas otras, deben asegurar el nacimiento
de la emulación en el dominio de la producción. Sin esto, nos sería imposible elevarnos
por encima de un nivel demasiado bajo. La emulación se basa en un instinto vital (la lucha
por la existencia) que en el régimen burgués reviste un carácter de concurrencia. La
emulación no desaparecerá en la sociedad socialista perfeccionada, pero revestirá, a
medida que esté más asegurado el bienestar necesario a todos, un carácter cada vez más
desinteresado y puramente ideológico. Se traducirá en una tendencia a prestar los mayores
servicios posibles al pueblo, al distrito, a la ciudad y a la sociedad toda, y será
recompensada con la popularidad, con el reconocimiento público, con la simpatía, o, tal
vez, simplemente, con la satisfacción interna, resultado del sentimiento del buen
cumplimiento de una obligación. Pero en el período de transición, lleno de dificultades,
en condiciones de extrema pobreza material y escaso desarrollo del sentimiento de
solidaridad social, la emulación ha de ir fatalmente ligada en cierto modo al deseo de

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

asegurarse objetos de uso personal. Tal es, camaradas, el conjunto de medios de que
dispone el gobierno proletario para aumentar la productividad del trabajo. Como vemos,
no hay una solución preparada de antemano. La solución no figura en ningún libro. Por
otra parte, no puede haber aún libro de soluciones. Nosotros no hacemos más que empezar
a escribir con el sudor y la sangre de los trabajadores. Y os decimos: obreros y obreras,
defended el trabajo reglamentario. Sólo perseverando en él llegaréis a construir la
sociedad socialista. Os encontráis frente a una obra que nadie realizará por vosotros: el
aumento de la productividad del trabajo sobre nuevas bases sociales. No resolver el
problema es perecer. Resolverlo, es hacer progresar a la humanidad considerablemente.
Los ejércitos del trabajo
Empíricamente y en modo alguno basándonos en consideraciones teóricas. Hemos
llegado a plantear la cuestión de la utilización del ejército para el trabajo (cuestión que ha
adquirido entre nosotros una gran importancia teórica). Por fuerza de las circunstancias,
en algunos lugares apartados de la Rusia soviética habían permanecido cierto tiempo
grandes contingentes del ejército sin tomar parte en ninguna operación militar. Llevarlos
a otros frentes donde se combatía era, sobre todo en invierno, muy difícil, dada la
desorganización de los transportes. Este fue el caso, por ejemplo, del III Ejército, que se
encontraba en la región Ural. Los militantes que lo dirigían, comprendiendo que no nos
era posible desmovilizar, plantearon por sí mismos la cuestión de su paso a la obra del
trabajo y enviaron un proyecto más o menos perfecto de ejército del trabajo.
La cosa era nueva y poco fácil. ¿Estaban dispuestos a trabajar los soldados rojos?
¿sería su trabajo bastante productivo? ¿se justificaría? A nosotros nos asaltaban las dudas
a este respecto. No hay necesidad de decir que los mencheviques abundan en el sentido
de la oposición. En el Congreso de los Sóviets de Economía Nacional, celebrado, si no
me equivoco, en enero o a principios de febrero, es decir, cuando la cuestión no pasaba
de ser un proyecto, Abramovich predecía que nos íbamos a llevar irremisiblemente un
chasco, que esta empresa insensata era una utopía digna de Arakcheiev, y así
sucesivamente. Nosotros debíamos considerar las cosas de otro modo. Las dificultades
eran grandes, cierto; pero no se distinguían en principio de todas las demás dificultades
de la obra sovietista en general.
Veamos realmente lo que representaba este III Ejército. Quedaban en él muy
pocas tropas: en total, una división de cazadores y otra de caballería (entre las dos, quince
regimientos), más dos cuerpos especiales. El resto de las tropas había sido distribuido
mucho antes entre los demás ejércitos en los frentes de combate. Pero el organismo
director del ejército seguía intacto y nosotros creíamos muy probable que necesitáramos
enviarlo en la primavera, por el Volga, hasta el frente del Cáucaso, contra Denikin, que
por aquel entonces no había sido todavía derrotado por completo. El contingente total de
este III Ejército ascendía a unos 120.000 hombres. En esta masa, donde predominaba el
elemento campesino, había cerca de 16.000 comunistas y simpatizantes, en su mayor
parte obreros del Ural. Era, pues, por su composición, una masa campesina convertida en
organización militar y dirigida por obreros de vanguardia. Trabajaban allí numerosos
especialistas militares, que ocupaban importantes puestos y estaban bajo el control
político general de los comunistas. Si se echa una ojeada de conjunto sobre el III Ejército,
se verá que es el reflejo de toda Rusia soviética. Lo mismo si consideramos al Ejército
Rojo en su totalidad que la organización del poder soviético en un distrito, en una
provincia o en toda la república, hallaremos siempre el mismo esquema de organización:
miles de campesinos adaptados a nuevas formas de vida política, económica y social por
el esfuerzo de los trabajadores organizados que llevan la dirección en todos los campos
de la actividad sovietista. A los especialistas de la escuela burguesa se les coloca en
puestos que requieren conocimientos especiales, se les concede la autonomía necesaria;

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

pero su trabajo es inspeccionado por la clase obrera, personificada en el partido


comunista. Desde nuestro punto de vista, sólo es posible la implantación de la obligación
del trabajo a condición de que se haga un reclutamiento entre el proletariado del campo
bajo la dirección de los obreros avanzados. Por esto ni hubo ni pudo haber ningún
obstáculo de principio que se opusiera a la aplicación al trabajo del ejército. En otros
términos, las objeciones de principio de los mencheviques contra los ejércitos del trabajo
no eran en el fondo sino objeciones contra la obligación del trabajo y contra los métodos
sovietistas de edificación socialista. Y éste es el motivo de que no nos haya costado
refutarlas.
Quede bien entendido que no es que se haya adaptado el organismo militar a la
dirección del trabajo. Por otra parte, nunca hemos hecho nada en ese sentido. La dirección
seguía en manos de los órganos económicos correspondientes. El ejército suministraba la
mano de obra necesaria en forma de unidades compactas y organizadas, aptas para la
ejecución de los trabajos homogéneos más sencillos: retirada de las nieves, tala de árboles,
obra de construcción, etc.
Hoy tenemos ya una experiencia considerable en lo tocante a la utilización del
ejército del trabajo y en lo sucesivo podemos hacer más que previsiones. ¿Qué
conclusiones sacar de esta experiencia? Los mencheviques se han apresurado a sacarlas.
El mismo Abramovich, su orador, ha declarado en el congreso de mineros que nos hemos
llevado un chasco, que el ejército del trabajo no es más que una organización parasitaria
en que cien hombres no valen lo que diez trabajadores. ¿Es esto cierto? No. Es
exclusivamente una crítica odiosa formulada a la ligera por gentes que se mantienen
alejadas, que ignoran los hechos, que no hacen más que recoger en todas partes los
desperdicios y basuras, lo mismo cuando comprueban nuestro chasco que cuando lo
anuncian. En realidad, no sólo no han fracasado los ejércitos del trabajo, sino que, por el
contrario, han hecho importantes progresos, han demostrado su vitalidad, y maniobran
ahora fortaleciéndose más cada día. Quienes han fracasado son los profetas que nos
pronosticaban la inutilidad de esta empresa, que nos anunciaban que no trabajaría nadie,
que los soldados rojos no irían al frente del trabajo, sino que se volverían a sus casas
tranquilamente.
Estas objeciones estaban dictadas por el escepticismo pequeñoburgués, por la falta
de confianza en la masa y en una audaz iniciativa organizadora. Pero, en el fondo, ¿no
eran las mismas objeciones que teníamos que refutar cuando iniciábamos las grandes
movilizaciones con fines exclusivamente militares? También entonces se trataba de
espantarnos agitando el espectro de una deserción unánime (inevitable, se decía), después
de la guerra imperialista. Ni que decir tiene que la deserción ha sido cruelmente castigada.
Pero la experiencia ha demostrado que no ha revestido, ni con mucho, un carácter
endémico ni la importancia que nos habían anunciado. No ha destruido el ejército. El lazo
espiritual y organizador, el voluntariado comunista y la presión gubernamental han hecho,
posible movilizar a millones de hombres, constituir numerosas unidades y realizar las
obras militares más complejas. En último extremo, el ejército ha vencido. Por lo que toca
al trabajo, esperábamos idénticos resultados. Y no hemos sufrido desilusiones. Los
soldados rojos no han desertado cuando hemos pasado del frente guerrero al frente del
trabajo, como nos pronosticaban algunos escépticos. Gracias a una agitación bien
encauzada, esta transición ha despertado un gran entusiasmo. No negamos que algunos
soldados hayan querido abandonar el ejército, pero esto ocurre siempre que se trasladan
grandes unidades militares de un frente a otro o desde la retaguardia a la vanguardia y, en
general, cuando se las pone en movimiento y la deserción potencial se transforma en
deserción activa. Mas cuando sucedían hechos semejantes, intervenían las secciones
políticas, la prensa, los órganos especiales de lucha contra la deserción y el porcentaje

45
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

actual de la deserción en los ejércitos del trabajo no es mayor que el de los ejércitos en
combatientes.
Se había afirmado que, a consecuencia de su estructura interna, los ejércitos del
trabajo no podrían dar más que un pequeñísimo tanto por ciento de trabajadores. Esto sólo
en parte es verdad. El III Ejército ha conservado, como ya he dicho, su organismo director
con un número reducidísimo de unidades militares. Mientras, por consideraciones de
orden militar y no económico, hemos conservado intacto el Estado Mayor del Ejército y
su dirección, el porcentaje de los trabajadores que suministraba era excesivamente bajo.
De los 100.000 soldados rojos ocupados en las labores administrativas y económicas, sólo
había un 21 por 100 de trabajadores; los servicios diarios de guardia (facción, etc.), a
pesar del gran número de instituciones y depósitos militares no ocupaban más que el 16
por 100; el número de enfermos, atacados de tifus, sobre todo, como el personal médico
y sanitario no pasaba del 13 por 100; el de ausentes por diversas razones (misiones,
permisos, ausencia ilegal) se elevaba al 25 por 100. Así, pues, la mano de obra disponible
no era más que el 23 por 100. Este era el máximum de fuerzas que el III Ejército podía
suministrar al frente de trabajo. En realidad, al principio, no dio más que el 14 por 100 de
trabajadores, sobre todo si consideramos las divisiones de cazadores y caballería.
Pero tan pronto como se supo que Denikin estaba derrotado y que no
necesitaríamos enviar al frente del Cáucaso, en la primavera, al III Ejército, empezamos
enseguida a liquidar los diferentes servicios del ejército y a adoptar de modo racional sus
instituciones a los nuevos trabajos. Aunque todavía no hayamos acabado esta
transformación, los resultados dados ya por ella no son menos considerables. Hoy 11, el
antiguo III Ejército suministra un 38 por 100 de trabajadores con relación a sus efectivos.
En cuanto a las unidades militares que trabajan a su lado en la región del Ural, dan ya un
49 por 100. Estos resultados no son despreciables si se comparan con lo que ocurre en las
fábricas, en muchas de las cuales las ausencias, justificadas o no, pasan todavía del 50
por 10012. Añadamos a esto que, con frecuencia, sostienen el funcionamiento de las
fábricas los padres de los trabajadores, mientras que los soldados del Ejército Rojo tienen
que atender a su propio sostenimiento.
Si enviamos a estos jóvenes de diecinueve años, movilizados por el Ejército del
Ural, a talar árboles, veremos que de unos 30.000, más del 75 por 100 van al trabajo. Esto
es ya un enorme progreso, y además la prueba de que utilizando el instrumento militar
para su movilización y formación podemos introducir en las unidades de trabajo
modificaciones que aseguren un alza considerable del porcentaje de los participantes en
el proceso de la producción.
De ahora en adelante podremos hablar de la productividad de los ejércitos del
trabajo basándonos en la experiencia adquirida. Al principio, la productividad en los
distintos sectores del trabajo, a pesar del enorme entusiasmo, era, a decir verdad,
demasiado baja. Y la lectura de los primeros comunicados del ejército del trabajo podía
parecer claramente desalentadora. En los primeros tiempos, se necesitaban de trece a
quince jornadas de trabajo para la preparación de una sazhena13 cúbica de madera, cuando
la media fijada, que aun hoy sólo se alcanza raramente, es de tres días.
Haya que añadir que los especialistas de la materia son capaces, en condiciones
favorables, de preparar una sazhena cúbica en un día. ¿Qué ha sucedido de hecho? Las
unidades militares estaban destacadas lejos de los bosques de tala. Ocurría a menudo que
para ir al trabajo y volver de él había que recorrer de ocho a diez verstas, lo que absorbía

11
Abril de 1920.
12
En el momento es que escribíamos hasta hoy, este porcentaje ha disminuido considerablemente.
13
Medida rusa, equivalente a tres archinas, o sea, 2,13 metros [aunque la edición de Júcar ofrece 3,13
metros y reproduce la grafía francesa sagène, EIS].

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

una parte importante de la jornada de trabajo. En los bosques faltaban las hachas y sierras.
Muchos soldados rojos originarios de la estepa no conocían el bosque, no habían abatido
árboles nunca y no estaban familiarizados con la sierra y el hacha. Los comités forestales
de las provincias y distritos distaban mucho de haber aprendido, desde el comienzo, a
utilizar las unidades militares, a dirigirlas adonde fuese necesario, a ponerlas en buenas
condiciones. En estas circunstancias, nada tiene de sorprendente la poca productividad
del trabajo. Pero una vez que se hubieron corregido estos defectos fundamentales, se
obtuvieron resultados mucho más satisfactorios. Con arreglo a los últimos datos, la
sazhena cúbica en este mismo III Ejército requiere cuatro días y medio de trabajo, lo que
no se aleja mucho de la norma actual. El hecho de que la productividad aumente
sistemáticamente a medida que se mejora el trabajo, es altamente consolador.
Los resultados a que puede llegarse en este sentido han sido demostrados por la
experiencia breve pero rica del batallón de ingenieros de Moscú. La plana mayor del
cuerpo que dirigía las operaciones empezó por fijar una norma de tres días de trabajo por
sazhena cúbica de madera. Esta norma fue pronto superada. En el mes de enero una
sazhena cúbica no necesitaba más que dos jornadas y media de trabajo; en febrero, 21; en
marzo: 1,5, lo que representa una productividad elevadísima. Semejante resultado se ha
obtenido gracias a una acción moral, a la especificación del trabajo de cada uno, a haberse
despertado el amor propio del trabajador, a la concesión de primas a los obreros que
producen más, o, para emplear el lenguaje de los sindicatos, a una tarifa móvil adaptada
a todas las fluctuaciones individuales de la productividad. Esta experiencia casi científica
nos señala el camino que debemos seguir en adelante.
En el momento actual poseemos muchos ejércitos del trabajo en acción: el Primer
Ejército, los ejércitos de Petersburgo, Ucrania, Cáucaso y del Volga, de reserva. Este
último, como se sabe, ha contribuido a aumentar la capacidad de transporte del ferrocarril
de Kazan-Ekaterininburg. Y en todas partes donde la experiencia de la utilización de las
unidades militares se ha hecho con alguna inteligencia, los resultados se han encargado
de demostrar que semejante método es indiscutiblemente practicable y óptimo.
En cuanto al prejuicio sobre el inevitable parasitismo de las organizaciones
militares, cualesquiera que sean las condiciones en que se encuentren, ha quedado
definitivamente deshecho. El Ejército Rojo encarna las tendencias del régimen soviético
gubernamental. No hay que pensar ya más en la ayuda de estas ideas muertas de la época
desaparecida: “militarismo”, “organización militar”, “improductividad del trabajo
obligatorio”, sino considerar sin prevención las manifestaciones de nueva época y no
olvidar que el sábado existe para el hombre, no el hombre para el sábado; que todas las
formas de organización, incluso la militar, no son más que armas en manos de la clase
obrera dueña del poder, que tiene derecho y puede adoptar, modificar, rehacer sus armas,
mientras no haya obtenido los resultados deseados.
El plan económico único
La aplicación intensa del trabajo obligatorio, así como las medidas de
militarización del trabajo, no pueden desempeñar un papel decisivo sino a condición de
ser aplicadas sobre la base de un plan económico único, que abarque a todo el país y a
todas las ramas industriales. Este plan debe elaborarse para un determinado número de
años. Es natural que se divida en períodos, en consonancia con las etapas inevitables de
la reorganización económica del país. Debemos empezar por las labores más simples a la
vez que más fundamentales.
Ante todo, es necesario garantizar a la clase obrera la posibilidad de vivir, aunque
sea en las condiciones más penosas, y para ello, de conservar los centros industriales y
salvar las ciudades. Este es el punto de partida. Si no queremos que el campo absorba a
la ciudad y la agricultura a la industria, si no queremos “hacer campesino” a todo el país,

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

tenemos que mantener, aunque sólo sea en un nivel mínimo, nuestros transportes, y
asegurar a las ciudades el pan, combustible y materias primas y forraje al ganado. Sin
esto, no hay progreso posible. Por consiguiente, la obra más urgente del plan es mejorar
el estado de los transportes, o, por lo menos, evitar su desorganización ulterior, y crear
stocks de los artículos más necesarios, de primeras materias y de combustibles. Todo el
período siguiente se dedicará a la centralización y tensión de la mano de obra para la
solución de estos problemas esenciales, condición previa del desenvolvimiento
económico ulterior. ¿Se fijará por meses o por años cada uno de los períodos? Difícil es
preverlo en este instante, máxime teniendo en cuenta que esto depende de causas
múltiples, desde la situación internacional hasta el grado de unanimidad y resistencia de
la clase trabajadora.
En el curso del segundo período deberá procederse a la construcción de las
máquinas necesarias para el transporte, y a proveerse de primeras materias y de artículos.
Aquí, la locomotora es lo esencial. Hoy día, la reparación de las locomotoras se efectúa
conforme a procedimientos primitivos, que requieren un gasto de fuerza y medios muy
considerables. Es indispensable, por consiguiente, empezar a reparar en masa, en lo
sucesivo, las piezas de repuesto. Ahora que los ferrocarriles y fábricas de Rusia están en
manos de un solo propietario (el gobierno obrero) , podemos y debemos establecer un
tipo de locomotora y de vagón para todo el país, unificar las piezas de repuesto, hacer que
todas las fábricas necesarias se dediquen a la fabricación en masa de estas últimas, llegar
a que las reparaciones no sean más que una simple sustitución de las piezas gastadas por
otras nuevas, y ponernos, por tanto, en condiciones de efectuar el montaje en masa de las
locomotoras. Ahora que disponemos otra vez de combustible y primeras materias,
tenemos que concentrar nuestra atención especialmente en la construcción de
locomotoras.
En el tercer período será necesario construir máquinas para la fabricación de
objetos de primera necesidad.
Por fin, el cuarto período, que se apoyará en los resultados adquiridos por los tres
primeros, permitirá pasar a la producción de objetos de uso personal, en la mayor escala.
Este plan reviste una importancia considerable, no sólo en cuanto orientación
general de nuestros órganos económicos, sino también en cuanto línea de conducta para
la propaganda de nuestras labores económicas entre las masas obreras. Nuestras
movilizaciones para el trabajo serán letra muerta y no cobrarán consistencia si no tocamos
el punto sensible de todo lo que hay de honrado, consciente y entusiasta en la clase
trabajadora. Debemos decir a las masas toda la verdad sobre nuestra situación y nuestras
intenciones futuras, y declararlas francamente que nuestro plan económico, aun con el
esfuerzo máximo de los trabajadores, no nos proporcionará mañana ni pasado mañana la
luna y las estrellas, pues en el curso del período más próximo orientaremos nuestra acción
principal hacia el mejoramiento de los medios de producción con objeto de obtener una
mayor productividad. Sólo cuando nos hallemos en estado de restablecer, aunque no sea
más que en mínimas proporciones, los medios de transporte y producción, pasaremos a
la fabricación de objetos de consumo. Así, pues, el producto palpable del trabajo
destinado a los obreros en forma de objeto de uso personal no se obtendrá sino en último
término, cuando hayamos entrado en la cuarta fase del plan económico. Sólo en ese
momento habrá una mejora importante que lime considerablemente las asperezas de la
vida. Para que las masas que han de sufrir aún durante mucho tiempo penas y privaciones
puedan soportar el peso de esto, tienen que comprender en toda su amplitud la lógica
inevitable de este plan económico.
El orden de estos cuatro períodos económicos no debe tomarse en sentido
absoluto. No está dentro de nuestras intenciones paralizar por completo nuestra industria

48
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

textil; aunque sólo fuera por razones de orden militar no podemos hacerlo. Pero con el fin
de que la atención y las fuerzas no se dispersen bajo la presión de necesidades que se
hacen sentir cruelmente, importa conformarse al plan económico (criterio principal) y
distinguir lo esencial de lo secundario. Ni que decir tiene que no nos inclinamos en modo
alguno hacia un estrecho comunismo social y nacional; el levantamiento del bloqueo y la
revolución europea, sobre todo, impondrán profundas modificaciones a nuestro plan
económico, reduciendo la duración a las fases de su desenvolvimiento y haciéndolas más
próximas unas a otras. Pero no podemos prever cuándo sobrevendrán estos
acontecimientos. Por esta razón hemos de sostenernos y fortalecernos nosotros mismos,
sin tener en cuenta el desarrollo poco favorable, esto es, lentísimo, de la revolución
europea y universal. En caso de que reanudemos, en efecto, las relaciones comerciales
con los países capitalistas, nos inspiraremos igualmente en el plan económico antes
definido. Entregaremos parte de nuestras materias primas a cambio de locomotoras y otras
máquinas indispensables; pero en modo alguno a cambio de vestidos, calzado o artículos
coloniales pues lo que tenemos en mente para de inmediato no es la importación de
objetos de consumo sino de medios de transporte y de producción.
Seríamos ciegos, escépticos y unos avaros pequeñoburgueses si nos figurásemos
que la reconstrucción económica puede ser una transición progresiva de la actual
desorganización económica completa al estado de cosas que la ha precedido, o, en otros
términos, que podemos volver a subir los mismos escalones que ya hemos descendido.
sólo después de un largo período pondremos nuestra economía al nivel en que se hallaba
en vísperas de la guerra imperialista. semejante modo de ver las cosas no sólo no serviría
de consuelo, sino que sería, además, profundamente erróneo. La desorganización que
destruía innumerables riquezas, extirpaba al mismo tiempo muchas rutinas de la
economía, muchas ineptitudes, muchas viejas costumbres, abriendo así el camino a la
nueva estructura económica con arreglo a las variables técnicas actuales de la economía
mundial.
Si el capitalismo ruso se ha desarrollado, no gradualmente, sino a saltos,
construyendo fábricas al estilo norteamericano en plena estepa, razón de más para que
semejante marcha forzada pueda llevarla la economía socialista. Tan pronto como
hayamos vencido nuestra horrible miseria, acumulado algunas reservas de materias
primas y de artículos y mejorado los transportes, libres ya de las cadenas de la propiedad
privada, podremos franquear de un salto muchos grados y subordinar todas las empresas
y todos los recursos económicos al plan de gobierno único.
Podremos también, seguramente, introducir la electrificación en todas las ramas
fundamentales de la industria y en la esfera del consumo personal, sin tener que pasar de
nuevo por “la edad del vapor”. El programa de la electrificación está previsto en Rusia en
cierto número de etapas consecutivas, de conformidad con las etapas fundamentales del
plan económico general.
Una nueva guerra podría retardar la realización de nuestros propósitos
económicos; nuestra energía y perseverancia pueden y deben apresurar el proceso de la
reorganización económica. Pero sea cualquiera que sea la rapidez del curso de los
acontecimientos, es indudable que, como base de nuestra acción (movilización para el
trabajo, militarización de la mano de obra, sábados comunistas y demás aspectos del
voluntariado comunista del trabajo), debe hacerse un plan económico único. El período
en que entramos exigirá de nosotros una concentración completa de toda nuestra energía
para las primeras labores elementales: abastecimientos, combustible, primeras materias y
transportes. Mientras tanto, no debemos dispersar nuestra atención, desperdiciar nuestras
fuerzas ni diseminarlas. Este es el único camino para la salvación.

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Dirección colectiva y dirección unipersonal


Los mencheviques tratan de otra cuestión, que parece ofrecerles ocasión para
acercarse de nuevo a la clase obrera. Nos referimos a la forma de dirección de las
empresas industriales. ¿Debe ser ésta colectiva o unipersonal? Afirman que la entrega de
las fábricas a un director único en vez de a un comité es un crimen contra la clase obrera
y la revolución socialista. De todos modos, no deja de ser extraño que los más ardientes
defensores de la revolución socialista en contra del sistema unipersonal, sean los mismos
mencheviques que, hace poco todavía, pensaban que hablar de revolución social era
mofarse de la historia y cometer un crimen contra la clase obrera...
Ahora bien; ocurre que el gran culpable ante la revolución socialista es el congreso
de nuestro partido comunista, por haberse declarado partidario del sistema unipersonal en
la dirección de la industria, y especialmente en las fábricas. sin embargo, sería un error
de los más grandes creer que esta decisión puede causar algún perjuicio a la actividad de
la clase obrera. La actividad de los trabajadores no se define ni se mide porque la fábrica
esté dirigida por tres hombres o por uno, sino por factores y hechos mucho más profundos:
por la creación de órganos económicos en los que tengan participación activa los
sindicatos, por la creación de todos los órganos soviéticos que constituyen el congreso de
los sóviets y representan a decenas de millones de trabajadores; por el nombramiento para
la dirección (o para el control de la dirección) de los mismos dirigidos. En esto reside la
actividad de la clase obrera. Y si la clase obrera, en el curso de su experiencia propia,
llega a pensar, por medio de los congresos de su partido, de sus sóviets, de sus sindicatos,
que es preferible poner al frente de una fábrica a un director que a un comité esta decisión
suya está dictada por su actividad. Puede ser exacta o equivocada desde el punto de vista
de la técnica administrativa; en todo caso, nadie se la impone al proletariado; se la dicta
su propia voluntad. Y sería el mayor de los errores confundir la cuestión de la autoridad
del proletariado con la de los comités obreros que administran las fábricas. La dictadura
del proletariado se traduce por la abolición de la propiedad privada de los medios de
producción, por la subordinación de todo el mecanismo sovietista a la voluntad colectiva
de las masas; de ningún modo por la forma de dirección de las diversas empresas.
Antes de seguir adelante, vamos a refutar otra acusación lanzada contra los
defensores de la dirección unipersonal. Los adversarios declaran: son los militaristas
soviéticos quienes quieren utilizar su experiencia militar en los problemas económicos;
tal vez en el ejército el principio de la dirección unipersonal sea excelente, pero en la
economía no vale nada. Esta afirmación es falsa en todos los sentidos. En primer lugar,
es totalmente inexacto que hayamos empezado implantando en el ejército el sistema
unipersonal; hoy mismo estamos muy lejos de haberlo adoptado íntegramente. Es
igualmente falso que hayamos empezado a defender las formas de dirección unipersonal
con la participación de los especialistas en las empresas económicas basándonos
solamente en nuestra experiencia militar. En realidad, partíamos y partimos en este asunto
de una concepción puramente marxista de los problemas revolucionarios y de la misión
del proletariado una vez dueño del poder.
No sólo desde el comienzo de la revolución, sino mucho antes, habíamos
comprendido la necesidad de aprovechar los conocimientos y las experiencias técnicas
del pasado, la necesidad de llamar a los especialistas, de utilizarlos todo lo posible, con
el fin de que la técnica no retroceda, de que siga su progreso. Yo presumo que, si la guerra
civil no hubiese deshecho nuestros órganos económicos, privándolos de todo lo que
tenían de vivo en cuanto a iniciativa y actividad, habríamos implantado mucho antes y
sin dolor el sistema unipersonal para la dirección económica.
Algunos camaradas consideran el órgano de la dirección económica
principalmente como una escuela. Esto es absurdo, la misión de los órganos directores es

50
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

dirigir. Que quien desee y se sienta con aptitud para dirigir vaya a las escuelas, asista a
los cursos especiales de instructores y trabaje con ellos como adjunto, con el fin de
observar y adquirir experiencia. Pero el que puede dirigir una fábrica, que no vaya a ella
para aprender, sino para ocupar un puesto administrativo y económico de responsabilidad.
Si aún se considera esta cuestión con un criterio estrecho, diré que el sistema unipersonal
representa una escuela diez veces mejor. Si, en efecto, os es imposible sustituir un buen
trabajador por otros tres poco competentes, y si, a pesar de todo, formáis con ellos un
comité al que están confiadas las funciones más importantes de la dirección, los colocáis
así en la imposibilidad de darse cuenta de lo que les falta. cada uno de ellos cuenta con
los otros cuando se trata de tomar una decisión, y si se fracasa, se echan mutuamente la
culpa unos a otros.
Que esto no es cuestión de principio lo demuestran los mismos adversarios del
sistema unipersonal al no reclamar el sistema de comités para los talleres, corporaciones
y minas. Hasta llegar a declarar que se necesita ser un insensato para exigir que un taller
sea dirigido por tres o cinco personas; según ellos, la dirección debe estar sólo a cargo de
un administrador del taller. ¿Por qué? Si la dirección colectiva es una escuela, ¿por qué
no admitir también esa escuela elemental? ¿Por qué no introducir igualmente en los
talleres la administración colectiva? Y si el sistema de comités no es una condición sine
qua non para los talleres, ¿por qué es indispensable para las fábricas?
Abramovich ha afirmado que, puesto que en Rusia hay muy pocos especialistas
(por culpa de los bolcheviques, repite después Kautsky), tenemos que sustituirlos a la
fuerza por comités obreros. Simples variantes. Ningún comité formado por personas que
no saben el oficio puede sustituir a un hombre competente. Un colegio (o bureua) de
abogados no puede reemplazar a un simple guardagujas. La misma idea de esto es una
idea falsa. El comité por sí mismo no puede enseñar nada a un ignorante. No puede hacer
más que ocultar su ignorancia. Si se coloca a una persona en un puesto administrativo
importante, tiene la posibilidad de ver claramente, no sólo en los demás, sino en sí mismo,
lo que sabe y lo que ignora. Pero nada hay peor que un comité de ignorantes, integrado
por trabajadores mal preparados para la función que se les encomienda y que carecen de
conocimientos especiales. Sus miembros están constantemente desamparados y
desconfían unos de otros, lo que origina la confusión y el desarreglo de toda su labor. La
clase obrera tiene un profundo interés en aumentar su capacidad directora, esto es, en
instruirse. Pero en el dominio industrial sólo puede conseguirlo si la dirección rinde
cuentas de su actividad a todo el personal de la fábrica, y aprovecha estas ocasiones para
poner a discusión el plan económico del trabajo del año o del mes corriente. Todos los
obreros que se interesan seriamente en la cuestión de la organización industrial son
enviados a cursos especiales, íntimamente relacionados con el trabajo práctico de la
fábrica misma. Luego se les obliga a ocupar puestos de importancia secundaria, para
elevarlos después a los más importantes. Así hemos formado a miles y formaremos a
decenas de millares. La cuestión de la dirección de tres o cinco personas interesa, no a las
masas obreras, sino a la burocracia obrera soviética, más retardataria, más débil y menos
apta para un trabajo independiente. Un administrador avanzado, firme y consciente,
procura tomar en sus manos toda la fábrica para probar a los demás y convencerse él
mismo de que es capaz de dirigir. Más si el administrador es débil, intentará unirse a otros
para que su debilidad pase inadvertida. El sistema de comités está lleno de peligros,
porque en él desaparece la responsabilidad personal. Si el obrero es capaz pero
inexperimentado necesita un director. Bajo su dirección adquirirá los conocimientos que
le faltan, y mañana podremos convertirlo en director de una pequeña fábrica. Así seguirá
su camino. Pero si le ocurre caer en un comité donde la fuerza y debilidad de cada uno no

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

se manifiestan con claridad, su sentimiento de responsabilidad desaparecerá


infaliblemente.
Ni que decir tiene que nuestra resolución no prevé una implantación sistemática
de la dirección unipersonal, efectuada de un simple plumazo. Son posibles diversas
variantes y combinaciones. Cuando un obrero sea capaz de realizar la obra que se le ha
encomendado, le haremos director de la fábrica, poniendo a su lado a un especialista. Si
el especialista es hombre valioso, es a él a quien nombraremos director, poniendo a su
lado a dos o tres obreros. En fin, cuando el comité haya dado pruebas de su capacidad, lo
conservaremos. Este es el único modo serio de considerar el problema y sólo así podremos
organizar la producción de un modo regular.
Existe, además, una consideración, de cierto carácter social y educativo,
importantísima a mi juicio. En Rusia, la élite dirigente de la clase obrera es demasiado
reducida. Esta élite ha practicado la acción política ilegal. Durante mucho tiempo ha
sostenido una lucha revolucionaria. Ha vivido en países extranjeros. Ha leído mucho en
las cárceles y en el destierro, ha adquirido una considerable experiencia política y una
gran amplitud de criterio. Representa lo mejor de la clase obrera. Detrás de ella viene la
generación más joven, que participa conscientemente en la revolución desde 1917. Es una
parte muy valiosa de la clase obrera. Dondequiera que dirijamos la mirada (a la
organización sovietista, a los sindicatos, a la acción del partido, al frente de la guerra
civil) el papel director lo desempeña esta élite del proletariado. La principal acción
gubernamental del poder soviético en estos años y medio consistía en maniobrar con esta
élite de trabajadores, que enviaba ora a un frente, ora a otro.
Las capas más bajas de la clase obrera, de origen campesino, aunque de espíritu
revolucionario, aún son muy pobres en iniciativa. ¿Qué padece el mujik ruso? Un mal de
gregarismo: la ausencia de personalidad, es decir, lo que ha sido cantado por nuestros
narodnikis reaccionarios, lo glorificado por León Tolstoi, en la persona de Platón
Karateiev; el campesino se disuelve en la comunidad y se somete a la tierra. Está claro
que la economía socialista no se fundamenta en los Platón Karateiev, sino en los
trabajadores que piensan, dotados de espíritu de iniciativa y conscientes de su
responsabilidad. Es preciso a toda costa desarrollar en el obrero el espíritu de iniciativa.
El carácter dominante de la burguesía es un grosero individualismo junto al espíritu de
concurrencia. El de la clase obrera no está en contradicción con la solidaridad y
colaboración fraternales. La solidaridad socialista no puede basarse en la falta de
individualidad y en la inconsciencia animal. Y es esta ausencia de individualidad
precisamente la que se oculta en el sistema de los bureaux o comités, en la administración
colectiva.
En la clase obrera hay muchas fuerzas, muchos talentos y aptitudes. Es menester
aprovechar todo esto, que la emulación despierte todas las energías. La dirección
unipersonal en el dominio administrativo y técnico contribuye a ello. Por esta razón es
superior y más fecunda que la dirección colectiva.
Conclusión
Camaradas: los argumentos de los oradores mencheviques, especialmente de
Abramovich, reflejan sobre todo un completo alejamiento de la vida y de sus obras. Se
encuentran en el caso de un observador que, teniendo que atravesar a nado una corriente
de agua, reflexiona primero profundamente sobre la calidad de las aguas y la fuerza de la
corriente. ¡Hay que atravesar el agua, sin embargo! ¡Tal es todo el problema! Y nuestro
kautskysta, ora sobre un pie, ora sobre otro, exclama: “Nosotros no negamos esa
necesidad; pero vemos los peligros que presenta, pues son numerosos: la corriente es
rápida, hay escollos, y estamos fatigados, etc. Pero es inexacto, completamente inexacto

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

que nosotros no admitamos la necesidad de atravesar por el agua. No nos negábamos a


admitirlo ni hace veintitrés años...”.
De un extremo a otro, así está construido todo su razonamiento. En primer lugar,
dicen los mencheviques, nosotros no negamos ni hemos negado nunca la necesidad de la
defensa y, por consiguiente, del ejército. En segundo término, tampoco rechazamos en
principio de la obligación del trabajo. Porque ¿han existido nunca, salvo en algunas sectas
religiosas, hombres capaces de repudiar “de un modo general” la legítima defensa?
Empero, todos vuestros conocimientos abstractos no hacen que las cosas adelanten una
pulgada. Cuando se trataba de la lucha y de la creación de un ejército contra los enemigos
reales de la clase trabajadora, ¿cuál ha sido vuestra actitud? Os habéis opuesto, lo habéis
saboteado, sin negar, es cierto, la necesidad de defenderse. Decíais y escribíais en vuestros
periódicos: “¡Abajo la guerra civil!”, en el mismo momento en que los guardias blancos
nos ponían el cuchillo en la garganta. Y después de una aprobación tardía de nuestra
defensa victoriosa, os atrevéis aún a fijar vuestra mirada crítica en nuestras nuevas obras
y a declarar: “Nosotros no nos oponíamos, en términos generales, a la obligación del
trabajo; pero... sin presión jurídica”. ¡Qué formidable contradicción hay en estas palabras!
La noción de “obligación” contiene en sí misma un elemento de presión. El hombre
oprimido se ve obligado a hacer algo. Si no hace nada, evidentemente sufrirá la presión,
o, en otros términos, el castigo. Queda por saber cuál es la presión. Abramovich declara:
“La presión económica, sí; pero no la presión jurídica”. El camarada Holzmann,
representante del sindicato metalúrgico, ha puesto de manifiesto soberbiamente todo el
escolasticismo de semejante argumentación. En el régimen capitalista, es decir, en el
régimen del trabajo libre, la presión económica era ya inseparable de la presión jurídica.
Ahora, con mucho más motivo.
He tratado de hacer comprender, en mi informe, que para instruir a los trabajadores
sobre nuevas bases sociales, acerca de nuevas formas de trabajo y conseguir una mayor
productividad de trabajo, no hay más que un procedimiento: la aplicación simultánea de
diversos métodos, el del interés económico de la presión jurídica, el de la influencia que
puede ejercer la organización económica interiormente coordinada, el de la coerción y,
sobre todo, el de la persuasión, agitación y propaganda, y, por último, el de la elevación
del nivel cultural. Sólo con la combinación de todos estos medios puede alcanzarse un
nivel elevado de economía socialista.
Si en el régimen capitalista el interés económico se combina infaliblemente con la
presión jurídica, tras la cual se halla la fuerza material del estado, con mayor razón deberá
ser importante en el estado soviético, esto es, en el estado de transición al socialismo,
vincular en general la presión económica con la presión jurídica. En Rusia, las empresas
más importantes están en manos del estado. Cuando al tornero Ivanov le decimos: “Tienes
que trabajar ahora en la fábrica de Sormovo; si te niegas, no recibirás tu ración”, ¿qué es
esto? ¿Una presión económica o una presión jurídica? No puede irse a otra fábrica, pues
todas están en manos del estado, que no permitiría semejante mudanza. La presión
económica se confunde aquí con la represión gubernamental. Abramovich desearía
aparentemente que el reparto de la mano de obra estuviese regularizado por el aumento
de salarios, la concesión de primas, etc., que bastarían para atraer a las empresas más
importantes a los trabajadores necesarios. Al parecer, éste es todo su pensamiento. Pero
si se plantea así la cuestión, todo militante honrado del movimiento sindical comprenderá
que ésa es una de las peores utopías. No podemos esperar la afluencia de mano de obra
sobre el mercado de trabajo sin que el estado tenga suficientes recursos de artículos
alimenticios, alojamientos, transportes, es decir, recursos de lo que está por crear
precisamente. Sin el traslado en masa, regularmente organizado por el estado, de la mano
de obra conforme a las necesidades de los órganos económicos, no obtendremos ningún

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

resultado. Para nosotros ha llegado la hora de la presión y comprendemos toda su


necesidad económica. Os he leído un telegrama de Ekaterinemburg sobre la marcha de
las operaciones en el Primer Ejército del Trabajo. En él se dice que más de 4.000 obreros
cualificados han pasado por el Comité del Ural encargado de hacer efectivo el trabajo
obligatorio. ¿De dónde venían? La mayor parte del III Ejército. No les han enviado a su
casa, sino impuesto una nueva ocupación. Desde el ejército han pasado a manos del
comité de trabajo obligatorio, que les ha repartido por categorías y distribuido entre las
fábricas. Desde el punto de vista liberal esto es una “violencia” contra la libertad
individual. Sin embargo, la mayoría de los obreros ha partido para el frente del trabajo
como había partido antes para el frente militar, comprendiendo claramente que lo exigían
intereses superiores. Algunos, incluso así, no han consentido de buen grado, por lo que
ha habido que obligarles.
El estado (no es necesario decirlo) debe colocar, por medio del sistema de primas,
a los mejores trabajadores en condiciones de existencia más favorables. Pero esto no
excluye, sino que, por el contrario, supone que el estado y los sindicatos (sin el concurso
de los cuales el gobierno soviético no podría reorganizar la industria) adquieren sobre el
obrero ciertos derechos nuevos. El trabajador no comercia con el gobierno soviético; está
subordinado al estado, sometido a él en todos los aspectos, porque es su estado.
“Si se nos hubiese dicho simplemente [declara Abramovich] que se trata de
disciplina sindical, no habría habido motivo para entablar este debate. Pero ¿qué pinta
aquí el militarismo?”. Seguramente se trata, sobre todo, de disciplina sindical, pero de la
disciplina nueva de los nuevos sindicatos industriales. Vivimos en un país sovietista,
donde la clase obrera es dueña del poder, lo que no comprenden nuestros kautskystas.
Cuando el menchevique Rubtsov dice que en mi informe no queda casi nada de los
sindicatos, no le falta razón. De los sindicatos, como él los entiende, es decir, del tipo
tradeunionista, queda, a decir verdad, muy poca cosa; pero a la organización profesional
e industrial de la clase obrera rusa la incumben las más grandes tareas. ¿Cuáles? Desde
luego, no la de luchar contra el gobierno en nombre de los intereses del trabajo. Se trata
de una labor constructora, de economía socialista, realizada en perfecta armonía con el
gobierno. Esta especie de sindicato es un principio una organización nueva, distinta no
sólo de las trade uniones, sino también de los sindicatos revolucionarios que existen en
los regímenes burgueses, como la dominación del proletariado es distinta del dominio de
la burguesía. El sindicato industrial de la clase obrera dirigente no tiene los mismos fines,
ni los mismos métodos, ni la misma disciplina que los sindicatos de la clase obrera
oprimida. En Rusia, todos los trabajadores deben entrar en los sindicatos. Los
mencheviques se declaran adversarios de este principio, cosa perfectamente comprensible
porque lo son en el fondo de la dictadura del proletariado. En último resultado, toda la
cuestión se resume en esto. Los kautskystas se oponen a la dictadura del proletariado, y,
por lo mismo, a todas sus consecuencias. La presión económica, como la presión jurídica,
no es más que una manifestación de la dictadura de la clase obrera en dos dominios
íntimamente relacionados. Abramovich nos ha demostrado con tanta profundidad que no
puede haber presión en el régimen socialista y que la coerción es opuesta al socialismo,
como que en el régimen socialista el sentimiento del deber, el hábito del trabajo, el
atractivo del trabajo, etc., serán suficientes. Esto es evidente. Basta con ampliar esta
verdad indiscutible. Lo cierto es que en el régimen socialista no habrá instrumento de
presión ni estado. El estado se disolverá en la comuna de producción y consumo. Con
todo, el socialismo, en su proceso, atraviesa una fase de la más alta estatización.
Precisamente en ese período nos encontramos nosotros. Así como la lámpara, antes de
extinguirse, brilla con una luz más viva, el estado, antes de desaparecer, reviste la forma
de dictadura del proletariado; es decir, del más despiadado gobierno, de un gobierno que

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

abraza imperiosamente la vida de todos los ciudadanos Abramovich y, en general, el


menchevismo, no han advertido esta bagatela, este pequeño grado de la historia, que es
lo que les hace titubear.
Ninguna otra organización, salvo el ejército, ha ejercido sobre el hombre una
coerción más rigurosa que la organización gubernamental de la clase obrera en la época
de transición más dura. Precisamente por eso, hablamos nosotros de militarización del
trabajo. El destino de los mencheviques es ir a remolque de los acontecimientos y aceptar
las partes del programa revolucionario que ya han tenido tiempo de perder toda su
influencia práctica. Hoy, el menchevismo (aunque prescinda de las reticencias) no discute
ya la legalidad de las represiones contra los guardias blancos y los desertores del Ejército
Rojo. Ha tenido que admitirlas después de sus propias y desdichadas experiencias de
“democracia”. Al parecer, ha comprendido muy tarde que, frente a las bandas
contrarrevolucionarias no se resuelve el problema con afirmaciones en que se diga que el
régimen socialista no tendrá que recurrir al terror rojo... Pero en el campo económico, los
mencheviques tratan todavía de hacernos pensar en nuestros hijos y, sobre todo, en
nuestros nietos. Y, sin embargo, delante de esta triste herencia que la sociedad burguesa
y la guerra civil inacabada nos han legado, tendremos que construir ahora sin pérdida de
tiempo.
El menchevismo, como todo el kautskysmo en general, se pierde en vulgaridades
democráticas y en obstrucciones socialistas. Se convence una vez más de que para él no
existe período de transición, es decir, de revolución proletaria, que imponga sus
obligaciones propias. De aquí proviene la inerte monotonía de sus críticas, de sus
indicaciones, de sus planes y de sus recetas. No se trata de lo que ocurrirá dentro de veinte
o treinta años (ni que decir tiene que las cosas entonces irán infinitamente mejor), sino de
saber cómo remediar la desorganización, cómo repartir en este momento la mano de obra,
cómo aumentar hoy la productividad del trabajo, qué actitud adoptar especialmente frente
a los cuatro mil obreros cualificados que hemos encontrado en el ejército, en el Ural.
¿Abandonarlos, diciéndoles: “Marchaos donde queráis”? No, no podemos obrar así. Los
hemos incorporado a contingentes militares especiales y los hemos distribuido entre las
fábricas.
“Entonces, ¿en qué se diferencia vuestro socialismo [exclama Abramovich] de la
esclavitud egipcia? Casi por los mismos procedimientos construyeron las pirámides los
faraones, obligando a las masas a que trabajaran...”. ¡Inimitable comparación para un
“socialista”! También aquí nuestro menchevique ha perdido de vista un pequeño pecado:
¡la naturaleza de la clase que detenta el poder! Abramovich no ve la diferencia que existe
entre el régimen egipcio y el nuestro. Se le ha olvidado que en Egipto había faraones,
propietarios de esclavos y esclavos. No fueron los campesinos egipcios quienes, por
medio de sus sóviets, decidieron construir las pirámides: había allí un régimen social
jerárquico de castas y fue su enemigo de clase el que les obligó a trabajar. En Rusia se
aplica la presión por el poder obrero y campesino en nombre de los intereses de las masas
laboriosas. He aquí lo que Abramovich no ha notado. Nosotros hemos aprendido en la
escuela del socialismo que todo el desenvolvimiento social está basado en la existencia
de clases y en su lucha, y que el curso de la vida depende de la clase que ocupa el poder
y de los fines en nombre de los cuales desarrolla su política. Pero esto no lo ha
comprendido Abramovich. Acaso conozca perfectamente el Antiguo Testamento; pero el
socialismo es para él un libro herméticamente cerrado.
Siguiendo con las analogías liberales y superficiales, que no tienen en cuenta la
naturaleza de clase del estado, Abramovich hubiera podido (y ya los mencheviques lo han
hecho muchas veces) identificar el Ejército Rojo con el Ejército Blanco. En uno como en
otro, las movilizaciones se efectuaban con preferencia entre las masas campesinas. En

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

ambos se recurría a la presión. En uno y otro había muchos oficiales que habían servido
en las filas zaristas. En los dos campos, los fusiles eran iguales, los cartuchos idénticos.
¿cuál es, entonces, la diferencia? Hay una, señores, y se manifiesta por un indicio
fundamental: ¿quién detenta el poder? ¿La clase obrera o la nobleza, los faraones o los
mujiks, la canalla reaccionaria o el proletariado de Petersburgo? Existe una diferencia, y
la suerte de Yudenich, de Kolchak y de Denikin lo acredita. Aquí, los obreros han
movilizado a los campesinos; en ellos, ha sido una casta de oficiales reaccionarios.
Nuestro ejército se ha fortalecido; los ejércitos blancos han quedado deshechos. Hay una
diferencia entre el régimen soviético y el de los faraones, y no en vano los proletarios han
empezado su revolución fusilando en los campanarios a los “faraones” de Petersburgo14.
Uno de los oradores mencheviques ha tratado de presentarme como abogado del
militarismo en general. De los informes que proporciona resulta, ¡ya ven ustedes!, que yo
defiendo nada menos que el militarismo alemán. Yo he demostrado (fíjense ustedes bien
en esto) que el suboficial alemán es una maravilla de la naturaleza y que sus obras son
tan perfectas que no pueden imitarse... ¿Cuál es exactamente mi afirmación? Únicamente
que el militarismo en que todos los caracteres del desenvolvimiento social hallan su
expresión más absoluta, puede ser considerado desde dos puntos de vista: primero, desde
el punto de vista político o socialista (y aquí todo depende de la clase que ocupa el poder);
segundo, desde el punto de vista de la organización, como un sistema estricto de
distribución de obligaciones, de relaciones mutuas regulares, de responsabilidad absoluta,
de ejecución rigurosa. El ejército burgués es un instrumento de opresión despiadada y de
sumisión de los trabajadores, mientras que el ejército socialista es un arma de
emancipación y de defensa de éstos. Mas la subordinación absoluta de una parte a otra es
un rasgo común a todo ejército. Un régimen interno riguroso e indisoluble es la
característica de la organización militar. En la guerra todo descuido, toda ligereza, hasta
una simple inexactitud, pueden ser causa de considerables pérdidas. De aquí la tendencia
de la organización militar a llevar a su más alto grado de precisión la exactitud de las
relaciones y la responsabilidad. Estas cualidades “militares” son apreciadas en todas
partes donde aparecen. Y en este sentido he dicho que toda clase sabía apreciar a los
miembros a su servicio que, en condiciones análogas, han sufrido la disciplina militar. El
campesino alemán que ha salido del cuartel con el grado de suboficial era para la
monarquía alemana (y lo sigue siendo para la república de Ebert) un elemento mucho más
valioso que cualquiera de los restantes campesinos que no han pasado por esta escuela.
El mecanismo de los ferrocarriles alemanes ha sido considerablemente mejorado gracias
a la presencia de oficiales y suboficiales en los puestos administrativos del departamento
de vías de comunicaciones. En este sentido, tenemos que aprender mucho del militarismo.
El camarada Tsipérovich (uno de los militantes más considerados de nuestros sindicatos)
afirmaba aquí que un obrero sindicalista que ha pasado por la disciplina militar durante
años, que ha ocupado un puesto importante, de comisario, por ejemplo, no se ha
inutilizado en lo más mínimo para la acción sindical. Después de haber combatido por la
causa proletaria, ha vuelto al sindicato como antes pero más templado, más viril, más
independiente, más resuelto, porque ha tenido que afrontar grandes responsabilidades. Ha
dirigido a millares de soldados rojos de distinto nivel social, en su mayor parte
campesinos. Con ellos ha vivido las victorias y las derrotas. Ha conocido los avances y
los retrocesos. Ha visto casos de traición bajo su mando, alzamientos de campesinos,
oleadas de pánico; pero, siempre en su puesto, ha contenido a la masa menos consciente,
la ha dirigido, la ha entusiasmado con su ejemplo, sin dejar de castigar despiadadamente

14
Faraones, mote popular que designaba a los agentes de policía zaristas colocados, a finales de febrero,
sobre los tejados de las casas y los campanarios por Protopopov, ministro de interior.

56
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

a los traidores. Es esto una experiencia grande y valiosa. Y así, cuando el exmilitar vuelve
al sindicato, es un magnífico organizador.
En la cuestión del sistema de [comités] o colegios (bureaux) para la
administración de la producción, los argumentos de Abramovich son tan absurdos como
en todos los demás casos. Son los argumentos de un observador extranjero que está al
margen de todo.
Abramovich nos explica que una buena dirección colectiva es preferible a una
mala dirección unipersonal, y que en todo bureau bien organizado debe haber un
excelente especialista. Esto es admirable en todos los sentidos. ¿Por qué los
mencheviques no nos ofrecen algunos cientos de bureaux de esta naturaleza? Presumo
que el Consejo Superior de Economía Popular los aceptaría gustosamente. Nosotros no
somos observadores, sino trabajadores que tenemos que construir con el material puesto
a nuestra disposición. Disponemos de especialistas, un tercio de los cuales es concienzudo
e instruido; otro tercio a medias, y el otro totalmente inútil. La clase obrera es fecunda en
hombres capaces, abnegados y enérgicos. Los unos (desgraciadamente poco numerosos)
poseen ya los conocimientos y experiencia necesarios. Los otros tienen carácter y
aptitudes, pero no conocimientos ni experiencia. Los terceros carecen de ambas cosas. De
este material hay que sacar los directores de fábricas, talleres, etc., cosa imposible de
hacer con simples frases. Ante todo, es necesario seleccionar a los obreros que, en la
práctica, han demostrado ser capaces de dirigir empresas, y darles ocasión de probar sus
aptitudes. Estos obreros desean una dirección unipersonal, pues las direcciones de
fábricas no son escuelas para rezagados. Un obrero enérgico, al corriente de su negocio,
quiere dirigir. Si ha decidido y ordenado, su decisión debe ser cumplida. Puede
sustituírsele: esto es otro problema. Pero mientras sea el dueño (un dueño sovietista y
proletario), dirige la empresa en su totalidad. Si se le nombra miembro de un comité
compuesto de personas más débiles que él y que se encargan también de la dirección, no
se obtendrá ningún resultado positivo. Semejante obrero administrador deberá tener al
lado uno o dos especialistas, según la importancia de la empresa. Si no se tiene a mano
un administrador de esta naturaleza y sí, en cambio, a un especialista concienzudo que
conozca el negocio, le colocaremos al frente de la empresa, y en calidad de auxiliares
pondremos a su lado a dos o tres obreros, con objeto de que toda decisión del especialista
sea conocida por sus adjuntos, sin que éstos tengan, sin embargo, derecho a anularla.
seguirán minuciosamente su trabajo, y de este modo adquirirán conocimientos. Al cabo
de unos meses, gracias a este sistema, estarán en condiciones de ocupar puestos
importantes por sí mismos.
Abramovich, recogiendo mis palabras, ha citado el ejemplo de un barbero que ha
llegado a mandar una división y un ejército. Es verdad. Pero lo que no dice Abramovich,
es que si han empezado a mandar divisiones y ejércitos algunos camaradas comunistas es
porque, antes, habían sido comisarios agregados a comandantes especiales. Toda la
responsabilidad incumbía al especialista, que sabía que había de responder íntegramente
del menor error, sin poder disculparse por su condición de “miembro consultor” de un
bureau...
Hoy, la mayor parte de los puestos de mando del ejército, sobre todo los inferiores,
o sea los más importantes desde el punto de vista político, están ocupados por obreros y
campesinos avanzados. Hemos elevado a los oficiales a los puestos de mando, hemos
hecho comisarios a los obreros, y han aprendido a vencer.
Camaradas: entramos ahora en un período difícil, acaso el más difícil. A las épocas
penosas de la vida de los pueblos y las clases les corresponden medidas implacables.
Cuanto más avancemos, más fácil será la obra, más libre se sentirá todo ciudadano, más
insensible será la coerción del estado obrero. Quizás entonces autoricemos a los

57
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

mencheviques a publicar sus periódicos, admitiendo que haya todavía mencheviques.


Pero ahora vivimos en una época de dictadura política y económica. Y esta dictadura es
la que los mencheviques quieren destruir. Mientras luchamos en el frente de la guerra
civil para proteger la revolución contra sus enemigos, su periódico escribe: “¡Abajo la
guerra civil!”. Esto es lo que no podemos tolerar. La dictadura es la dictadura, la guerra
es la guerra. Y ahora que hemos llegado a la más alta concentración de fuerzas en el
campo del renacimiento económico, los kautskystas rusos, los mencheviques, siguen
fieles a su vocación contrarrevolucionaria: su voz resuena como antes, como la de la duda
y la derrota; destruye y mina, siembra la desconfianza y la debilidad.
¿No es monstruoso, a la par que ridículo, oír, en este congreso donde están
reunidos 1.500 representantes de la clase obrera rusa, en que los mencheviques no figuran
sino en una proporción del 5 por 100, mientras los comunistas constituyen las nueve
décimas partes de la asamblea? ¿No es monstruoso, a la vez que ridículo, oír a
Abramovich aconsejarnos que “no nos dejemos apasionar por semejantes métodos,
mientras una minoría aislada sustituya al pueblo”? “¡Todo por el pueblo [dice el
representante de los mencheviques], la masa laboriosa no necesita tutores! ¡Todo por las
masas laboriosas, todo por su acción!” Y después: “No se convence a la masa con
argumentos”. ¡Pero ved a la clase en esta sala! ¡La clase obrera está aquí delante de
nosotros y con nosotros, y sois vosotros, ínfimo puñado de mencheviques, los que tratáis
de convencerla con argumentos de pequeñoburgués! Vosotros sois los que queréis
haceros tutores de esta clase. Pero esta clase tiene su actividad propia, de la que ha dado
pruebas cuando os ha rechazado, cuando ha seguido adelante su propio camino.

58
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Los agrupamientos en el movimiento obrero francés y las


tareas del comunismo francés15
(22 de julio de 1920)

I
Antes de la guerra, el partido socialista francés se presentaba, en sus cúspides
dirigentes, como la expresión más completa y acabada de todos los aspectos negativos de
la II Internacional: aspiración permanente a la colaboración de clases (nacionalismo,
participación en la prensa burguesa, voto de los presupuestos y de la confianza a
gobiernos burgueses, etc.), actitud desdeñosa o indiferente hacia la teoría socialista, es
decir hacia las tareas fundamentales socialistas-revolucionarias de la clase obrera,
superstición respeto a los ídolos de la democracia burguesa (la República, el Parlamento,
el Sufragio Universal, la responsabilidad gubernamental, etc.), internacionalismo de
ostentación y puramente decorativo junto a una extrema mediocridad nacional, al
patriotismo pequeño burgués y, a menudo, un grosero chovinismo.
II
La forma más clara de protesta contra esos aspectos del partido socialista fue el
sindicalismo revolucionario francés. Como la práctica del reformismo y patriotismo
parlamentarios se disimulaba tras los despojos de un pseudomarxismo, el sindicalismo se
esforzaba en apuntalar su oposición al reformismo parlamentario con una teoría
anarquista adaptada a las formas y métodos del movimiento sindical de la clase obrera.
La lucha contra el reformismo parlamentario devenía, así, una lucha no solamente
contra el parlamentarismo sino contra la “política” en general, una pura negación del
estado en tanto que tal. Se proclamaba que los sindicatos eran la única forma
revolucionaria legítima y auténtica del movimiento obrero. A la representación de tipo
parlamentario, al hecho de sustituir en los pasillos a la clase obrera por elementos que el
eran extraños, se oponía la acción directa de las masas obreras, se atribuía el papel
decisivo a la minoría con iniciativa en tanto que órgano de esta acción directa.
Esta breve caracterización del sindicalismo muestra que éste se esforzaba en darle
una expresión a las necesidades de la época revolucionaria que se acercaba. Pero errores
teóricos fundamentales (los mismos del anarquismo) hacían imposible la creación de un
sólido núcleo revolucionario, bien soldado ideológicamente y capaz de resistir
efectivamente las tendencias patrióticas y reformistas.
La caída del sindicalismo francés en el social-patriotismo se produjo
paralelamente a la del partido socialista. En la extrema izquierda del partido, la bandera
de la insurrección contra el social-patriotismo la desplegó el pequeño grupo dirigido por
Loriot. En la extrema izquierda del sindicalismo, el mismo papel recayó sobre el pequeño
grupo de Monatte y Rosmer; entre los dos se estableció muy pronto el lazo necesario,
tanto en el plano ideológico como organizativo.
III
Hemos indicado que la mayoría longuettista, sin fuerza ni substancia, se confunde
con su minoría renaudeliana.

15
“Los agrupamientos en el movimiento obrero francés y las tareas del comunismo francés. (Para el 2º
Congreso de la Internacional Comunista)”, en nuestra serie Trotsky inédito en internet y en castellano.

59
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

En lo concerniente a la minoría sindicalista que, en el último congreso de Lyon,


alcanzaba casi, y sobre determinadas cuestiones, a la tercera parte de los delegados
presentes, constituye una corriente aún muy mal definida, en la que los comunistas
revolucionarios se codean con anarquistas, que todavía no han roto con las viejas
supersticiones, y “longuettistas” del socialismo francés. Las supersticiones anarquistas
contra la toma del poder son allí aún muy vigorosas y, en numerosos de ellos, son
simplemente el miedo ante la iniciativa revolucionaria y la ausencia de voluntad de acción
que se disimulan tras este escudo. De esta minoría sindicalista salió la idea de la huelga
general concebida como el medio para imponer la nacionalización de los ferrocarriles. El
programa de nacionalización planteado, de acuerdo con los reformistas, como una
consigna de colaboración con las clases burguesas, se opone en su esencia, en tanto que
consigna que interesa a toda la nación, al puro programa de clase que no puede ser otro
más que la expropiación revolucionaria por la clase obrera los capitales de los
ferrocarriles y de otras empresas. Precisamente el carácter “conciliador” y oportunista de
esta consigna impuesta a la huelga general, lo que ha paralizado el impulso revolucionario
proletariado, provocando su falta de seguridad y sus dudas, y, finalmente, lo ha obligado
a retroceder, indeciso, ante la acción de un medio tan extremo como una huelga general
que le pedía el más grande de los sacrificios en nombre de un objetivo puramente
reformista, cogido prestado del arsenal del radicalismo burgués.
La forma clara y nítida con la que los comunistas plantean los problemas
revolucionarios es la única capaz de aportar la necesaria claridad a la misma minoría
sindicalista, de librarla de las supersticiones y compañeros de suerte y (esto es lo
principal) de suminístrales a las masas proletarias revolucionarias un programa preciso
de acción.
IV
Agrupamientos exclusivamente formados por intelectuales como Clarté son muy
sintomáticos de los períodos pre-revolucionarios en los que una pequeña fracción (la
mejor) de los intelectuales pequeño burgueses, presintiendo el acercamiento de una
profunda crisis revolucionaria, se separa de la clase dominante en plena descomposición
y se lanza a la búsqueda de otra orientación ideológica. Conforme a su naturaleza de
intelectuales, estos elementos, naturalmente inclinados al individualismo, a la
diseminación en pequeños grupos que descansan sobre afinidades o lazos personales, no
son capaces de elaborar, y aún menos de aplicar, un sistema preciso de ideas
revolucionarias: en consecuencia, reducen su trabajo a una propaganda abstracta y
puramente idealista, vagamente pintada con un comunismo anegado por consideraciones
puramente humanitarias. Sintiendo sinceramente muchas simpatías hacia el movimiento
comunista de la clase obrera, los elementos de este tipo a menudo se desvían, sin embargo,
del proletariado en el momento más agudo, cuando las armas de la crítica dejan paso a la
crítica de las armas: le devuelven su simpatía al proletariado cuando éste, habiendo
tomado el poder, tiene de ahí en adelante la posibilidad de desplegar en el dominio
cultural su genio creador. La tarea del comunismo revolucionario consiste en explicarle
a los obreros avanzados el valor, en tanto que síntomas, de tales agrupamientos, al mismo
tiempo que los critica por su pasividad idealista y su mediocridad. En ningún caso, los
obreros avanzados pueden agruparse como una especia de coro alrededor de intelectuales
que hacen de solistas: cueste lo que cueste deben crear una organización autónoma que
trabaje independientemente de los flujos y reflujos de la simpatía de los intelectuales
burgueses, incluso tratándose de los mejores de ellos.
V
En Francia es necesario actualmente, al mismo tiempo que revisar radicalmente la
teoría y política del socialismo parlamentario, revisar igualmente de forma decidida la

60
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

teoría y práctica del sindicalismo, a fin que sus anticuadas supersticiones no obstaculicen
el desarrollo del movimiento comunista revolucionario.
a) Es evidente que si el sindicalismo francés persiste en su “negación”
de la política y del papel del estado ello equivaldrá a capitular ante la política de
la burguesía y ante el estado capitalista. No es suficiente con negar el estado. Hay
que apoderarse de él para poder destruirlo. La lucha por la posesión del estado es
la política revolucionaria. Renunciar a eso es renunciar a las tareas fundamentales
de la clase revolucionaria.
b) La “minoría de iniciativa”, a la que la teoría sindicalista le
abandona la dirección, poniéndola, de hecho, por encima de las organizaciones
sindicales de masas obreras, no puede existir sin tomar forma. Ahora bien, si se
organiza con reglas a esta minoría de iniciativa de la clase obrera, si se la suelda
con una disciplina interna que repose en las necesidades inexorables de la época
revolucionaria, si se le arma con una doctrina justa, con un programa
científicamente elaborado de la revolución proletaria, se obtendrá, precisamente,
un partido comunista, situado por encima de los sindicatos como de todas las otras
formas del movimiento obrero, fecundándolas con sus ideas y dándoles una
dirección de conjunto de su trabajo.
c) Los sindicatos que agrupan a los obreros de rama de industria no
pueden devenir los órganos de la dominación revolucionaria del proletariado. La
minoría de iniciativa (el partido comunista) no puede encontrar tal aparato más
que en los soviets, que agrupan a los obreros de todas las ramas de industria, de
todas las profesiones y, por eso mismo, ponen en primer plano los intereses
fundamentales comunes, es decir los intereses socialistas-revolucionarios del
proletariado.
VI
De todo esto se deduce la imperiosa necesidad de crear un partido comunista
que realice en su seno la fusión total del ala revolucionaria del partido socialista y del
destacamento revolucionario del sindicalismo francés. El partido debe crear su propio
aparato, perfectamente autónomo, rigurosamente centralizado, independiente tanto
del partido socialista como de la CGT y de los sindicatos locales.
La situación actual de los comunistas franceses, que constituyen una oposición
interna, a la vez en la CGT y en el partido socialista, priva al comunismo francés de
su papel de factor autónomo, lo convierte en complemento (negativo) de los órganos
existentes, partido y sindicato, que así permanecen como esenciales. Esta situación le
priva de la combatividad necesaria, de la inmediata ligazón con las masas y de la
autoridad de una dirección.
El comunismo francés debe a todo precio salir de esta fase preparatoria. El
medio es comenzar inmediatamente la construcción de un partido comunista
centralizado y, ante todo, fundar sin tardanza diarios en los principales centros
obreros, diarios que, a diferencia de las actuales publicaciones semanales, no sean
órganos de crítica interna de las organizaciones y de propaganda abstracta, sino
órganos de agitación revolucionaria directa y de dirección política de las masas
proletarias.
La creación de un partido comunista militante en Francia es una cuestión de
vida o muerte para el movimiento revolucionario del proletariado francés.

61
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Carta a un sindicalista francés16


(31 de julio de 1920)

Estimado amigo,
El carácter político y la constitución de sus partidos le hacen dudar a usted de la
III Internacional. Teme usted ver al movimiento sindicalista francés caer arrastrado a
remolque de un partido político. Déjeme hacerle partícipe de mis ideas al respecto.
Ante todo, tengo que decirle que el movimiento sindical francés, cuya
independencia le preocupa, ya se encuentra a remolque de un partido político. Cierto que
ni Jouhaux ni sus más cercanos lugartenientes, Dumoulin, Merrheim y el resto, todavía
no son diputados, ni pertenecen aún a ninguno de los partidos parlamentarios. Pero esto
se debe, simplemente, a una división del trabajo. En el fondo, Jouhaux lleva adelante en
el dominio sindical una política de acuerdo con la burguesía completamente idéntica a la
que realiza el socialismo francés tipo Renaudel-Longuet en el dominio parlamentario. Si
se le exigiese a la dirección actual del partido socialista francés que trazase un programa
para la CGT y que nombrase a su personal dirigente, no cabe duda alguna: el partido
socialista francés sancionaría el actual programa de Jouhaux-Dumoulin-Merrheim y
dejaría a esos señores en los puestos que ahora ocupan. Si se enviase a Jouhaux y
consortes al parlamento y si se colocase a Renuadel y a Longuet al frente de la CGT, este
desplazamiento no modificaría en nada la vida interna de la clase obrera francesa. Usted
mismo se verá obligado a estar de acuerdo.
El cuadro que acabo de bosquejar prueba precisamente que no se trata de
parlamentarismo o antiparlamentarismo, ni menos aún de adhesión formal a un partido.
Las viejas etiquetas se han borrado y ya no responden a un contenido nuevo. El
antiparlamentarismo de Jouhaux se parece como dos gotas de agua al cretinismo
parlamentario de Renaudel. Por más que el sindicalismo oficial de hoy en día reniegue,
por tradición, de todo partido, de la política de partido, etc., el hecho es que los partidos
burgueses en Francia no pueden desear mejores representantes a la cabeza del
movimiento sindical francés que Jouhaux, igualmente que no pueden desear mejores
parlamentarios “socialistas” que Renaudel y Longuet.
El objetivo revolucionario del proletariado
Cierto, esos partidos burgueses no les escatiman las injurias. Pero es para no
resquebrajar definitivamente su crédito ante el movimiento obrero. Lo esencial no es ni
el parlamento, ni el sindicalismo, lo esencial es el carácter de la política seguida por la
vanguardia de la clase obrera, tanto en el parlamento como en el plano sindical. Una
política verdaderamente comunista, es decir una política que tenga como objetivo el

16
León Trotsky, Carta a un sindicalista francés (dirigida a Monatte, detenido en la Santé), en nuestra serie
Trotsky inédito en internet y en castellano. Esta carta se publicó con el título de “Carta a un sindicalista
francés” en La Vie ouvrière del 26 de noviembre de 1920. Pierre Monatte, dirigente de la Vie ouvrière y
animador de la minoría revolucionaria de la CGT, fue arrestado el 3 de mayo de 1920, algunos días después
del principio de la huelga de ferroviarios, y acusado de “disturbios anarquistas” y de “compló contra la
seguridad del estado”. Se había transferido a la cárcel de presos comunes de la Santé pero pudo conservar
los contactos con el exterior firmando con el pseudónimo Lemont sus artículos en la V.O. No se le podía
enviar a su nombre la carta de Trotsky pues sus relaciones con los revolucionarios rusos constituían una de
las piezas de la acusación. Monatte fue liberado en febrero de 1921.

62
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

derrocamiento de la dominación de la burguesía y del estado burgués, encontrará su


expresión revolucionaria en todas las manifestaciones vitales de la clase obrera, en todas
las asociaciones, instituciones y órganos donde penetren los representantes de esta clase:
sindicatos, mítines, prensa, partido comunista, sociedades revolucionarias secretas que
trabajen en el ejército o que preparen la insurrección, tribuna parlamentaria incluida, si
los trabajadores avanzados envían al parlamento a auténticos revolucionarios para
representarles.
El objetivo de la clase obrera es expulsar del poder a la burguesía, destruir sus
instrumentos de opresión y coerción, crear sus propios órganos de dictadura obrera, a fin
de aplastar la resistencia de la burguesía y de transformar lo más rápidamente posible
todas las relaciones sociales en el sentido comunista. Quien, bajo pretexto de anarquismo,
no admite este objetivo, el de la dictadura del proletariado, no es un revolucionario sino
un pequeño burgués gruñón. Para esta gente, ningún lugar entre nosotros. Por otra parte,
volveremos sobre el asunto más tarde.
Así, la tarea del proletariado consiste en destruir al régimen burgués por medio de
la dictadura revolucionaria. Pero, como sabe usted, en el seno mismo de la clase obrera
todos los elementos no son conscientes por igual. El objetivo a lograr con la revolución
no se le presenta claramente, en toda su amplitud, más que a la minoría revolucionaria
más consciente del proletariado. Esto es lo que le confiere su fuerza a esta minoría, cuanto
con más firmeza, resolución y seguridad actúa, más apoyo encuentra en la masa obrera
innumerable atrasada. Pero para que esos millones de obreros atrapados artificialmente
en el charco de los prejuicios por el capitalismo, por la Iglesia, la democracia, etc., no se
desvíen de la ruta y encuentren la expresión que conviene verdaderamente a sus
aspiraciones integrales, es indispensable que la clase obrera tenga a su cabeza, en todas
las manifestaciones de su vida, a los mejores y más conscientes de sus miembros y que
estos últimos se mantengan fieles inquebrantablemente a su bandera, prestos, si es
preciso, a dar su vida por la causa.
Necesidad de un partido comunista
Sindicalistas revolucionarios de Francia, vuestro punto de partida es bueno cuando
constatáis que por sí solos los sindicatos que abarcan a las grandes masas obreras no son
suficientes para hacer la revolución, y que es necesaria una minoría directora para educar
a esta masa y ofrecerle, en cada caso, un programa de acción concreto y preciso.
¿Cómo debe estar compuesto ese grupo inicial? Está claro que no puede estar
constituido por un agrupamiento profesional o territorial. No se trata de metalúrgicos,
ferroviarios ni de carpinteros avanzados, sino de los miembros más conscientes del
proletariado de todo el país. Deben agruparse, elaborar un programa de acción muy
definido, cimentar su unidad, sobre una rigurosa disciplina interna y asegurarse así una
influencia directora sobre todos los órganos de esa clase, y ante todo sobre los sindicatos.
¿Cómo llamarían ustedes a esa minoría directora del proletariado, agrupada en un
bloque homogéneo por el programa comunista y ardiendo en deseos de arrastrar a la clase
obrera al asalto definitivo contra la ciudadela capitalista? Nosotros la llamamos el partido
comunista.
Pero entonces, dirán ustedes, ¿ese partido no tiene nada en común con el partido
socialista francés actual? Completamente cierto. Y no hablamos de partido socialista sino
de partido comunista precisamente para establecer muy claramente la diferencia.
- Sin embargo, ¿usted habla de partido?
- Sí, hablamos de partido. Por supuesto que se puede demostrar con éxito que la
misma palabra de partido está fuertemente comprometida por los parlamentarios, los
charlatanes profesionales, los charlatanes pequeñoburgueses y otros de la misma calaña.
Pero estos inconvenientes no afectan solamente a los partidos políticos.

63
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Ya hemos reconocido conjuntamente que las organizaciones proletarias


(sindicatos franceses, trade-union inglesas, Gewerkschäften alemanas) se han
comprometido suficientemente también, como resultado del vergonzoso papel que sus
líderes han jugado durante la guerra y continúan jugando en su mayor parte. Y, sin
embargo, esta no es todavía una razón suficiente para renunciar al empleo de la palabra
“sindicato”. Por otra parte, estarán ustedes de acuerdo, lo que importa no es la
terminología sino la naturaleza de las cosas. Bajo el nombre de partido comunista
entendemos la unión de la vanguardia del proletariado en vistas a la dictadura del
proletariado y la revolución comunista.
Los argumentos invocados contra la política y contra el partido ocultan muy a
menudo un desconocimiento anarquista del papel del estado en la lucha de clases.
Proudhon decía que el taller haría desaparecer al gobierno. Esto sólo es cierto en un
sentido: la sociedad futura será un formidable taller liberado del principio gubernamental
puesto que el gobierno o el estado no es más que el aparato de coerción de la clase
dominante y puesto que, en la sociedad comunista, no habrá ya clases. Pero toda la
cuestión radica en saber por qué camino llegaremos a la sociedad comunista. Proudhon
pensaba que llegaríamos por la vía de la asociación. El taller haría desaparecer poco a
poco al capitalismo y al estado. Ello es la más pura de las utopías como han demostrado
los acontecimientos: es el taller el que ha desaparecido ante la fábrica monstruo, y encima
de sus ruinas se ha elevado el trust monopolizador. Los sindicalistas franceses creían, y
mucho de ellos todavía creen, que los sindicatos suprimirían la propiedad capitalista y
destruirían al estado burgués. Es falso. Los sindicatos aparecían como un potente
instrumento de huelga general coincidente con los métodos y procedimientos de las
organizaciones sindicales. Pero para que la huelga devenga verdaderamente general es
necesario tener una “minoría directriz” que, día a día, haga la educación revolucionaria
de las masas. Es evidente que esta minoría no debe agruparse ni por oficio ni por profesión
sino sobre la base de un programa determinado de acción proletaria revolucionaria. Ahora
bien, como ya hemos dicho, esto no es otra cosa más que el partido comunista.
Insuficiencia de los medios sindicales
Pero para derrocar la dominación de la burguesía, no es suficiente con la huelga
general que está completamente indicado que realice el aparato del sindicalismo. La
huelga general es un arma buena para la defensa, pero no para el ataque. Ahora bien, lo
que nosotros queremos es derrocar a la burguesía y arrancarle de las manos la máquina
gubernamental. La burguesía, representada por su estado, se apoya en el ejército.
Únicamente la insurrección armada, colocando al proletariado frente al ejército, descarga
sobre esos elementos golpes mortales y gana para su causa a la mejor parte de ese ejército:
únicamente la insurrección armada del proletariado es capaz de hacerlo dueño de la
situación en el país. Pero, para el éxito de la insurrección se necesita una preparación
enérgica y encarnizada: preparación organizativa y técnica. En todo momento hay que
denunciar los crímenes y villanías de la burguesía en todos los dominios de la vida social:
política internacional, atrocidades coloniales, despotismo interior de la oligarquía
capitalista, bajezas de la prensa burguesa, he ahí los materiales de una requisitoria
verdaderamente revolucionaria de la que es preciso saber sacar todas las consecuencias
revolucionarias. Ahora bien, esos temas se salen del marco de la organización sindical y
de su papel. Paralelamente a esta preparación se deberá proceder a la creación de puntos
de apoyo organizativos para la insurrección del proletariado. Es preciso que en cada
sindicato local, en cada fábrica, en cada taller, haya un grupo de obreros ligados
indisolublemente por una idea común y que sean capaces, en el momento decisivo y
gracias a su acción unánime, de arrastrar a la masa tras ellos, de mostrarle la buena ruta,
de preservarla de los errores y de asegurarle la victoria. Hay que penetrar en el ejército.

64
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

En cada regimiento debe existir un grupo sólido y coherente de soldados revolucionarios


prestos y resueltos, para el día del encuentro con el pueblo, a pasarse al lado de los obreros
y a arrastrar a todo el regimiento con ellos. Esos grupos proletarios revolucionarios
cimentados por la idea, ligados por la organización, sólo podrán actuar con pleno éxito si
son células de un partido comunista unificado y centralizado. Si logramos tener en las
diversas instituciones gubernamentales, y especialmente en las instituciones militares,
amigos seguros, declarados o secretos, al corriente de todos los asuntos, intenciones y
maquinaciones de las camarillas dirigentes, nos informarán a tiempo sobre todo, es
evidente que con ello no podemos más que ganar. Igualmente, esto sólo será para nosotros
otra fuerza más si logramos enviar al parlamento burgués aunque sólo sea a un puñado de
militantes fieles y dedicados a la causa de la revolución comunista, en estrecho contacto
con los órganos legales e ilegales de nuestro partido, estrictamente subordinados a la
disciplina del partido, jugando el papel de divulgadores del proletariado revolucionario
en el parlamento, ese estado mayor de la burguesía, y dispuestos en todo momento a
abandonar la tribuna parlamentaria a cambio de las barricadas.
Por supuesto estimado amigo que esos obreros no son ni Renaudel ni Sembat ni
Varenne. Pero ¿acaso no hemos conocido a Karl Liebknecht? Él también era miembro
del parlamento. La canalla capitalista y socialpatriota ahogó su voz. Pero las palabras de
acusación y llamamiento que pudo lanzar por encima de la cabeza de los verdugos del
pueblo alemán estremecieron los sentimientos y la conciencia de centenares de millares
de obreros alemanes17. Karl Liebknecht descendió del parlamento a la plaza de Potsdam
para llamar a las masas proletarias a la lucha18. Cambió la plaza por el presidio y el
presidio por las barricadas de la revolución. Él, ardiente partidario de los sóviets y de la
dictadura del proletariado, estimó en consecuencia que era necesario participar en las
elecciones a la Asamblea Constituyente alemana19. Al mismo tiempo, organizaba a los
soldados comunistas. Cayó en su puesto. ¿Qué era Karl Liebknecht? ¿Sindicalista?
¿Parlamentario? ¿Periodista? No, era el revolucionario comunista que se abría camino
hacia las masas a través de todos los obstáculos. Se dirigió a los sindicalistas
desenmascarando a los Jouhaux y a los Merrheim de Alemania. Dirigió la acción del
partido en el ejército preparando la insurrección. Publicó diarios revolucionarios y
llamamientos legales e ilegales. Penetró en el parlamento para servir allí a la causa como
lo hacía también en otras horas del día en las organizaciones clandestinas.
Órganos de la dictadura del proletariado
Cuanto más tiempo tarde la élite del proletariado francés en fundar un partido
comunista centralizado, más tiempo tardará en apoderarse del poder, en suprimir la
policía burguesa, el militarismo burgués, la propiedad privada de los medios de
producción. Por otra parte, sin esas condiciones, el taller no suprimirá al estado. Tras la
experiencia de la revolución rusa, quien no lo haya comprendido todavía está perdido sin
remedio. Pero, incluso después de que la revolución triunfante haya hecho caer el poder
en manos del proletariado, éste no podrá inmediatamente liquidar al estado entregando la
autoridad a los sindicatos. Los sindicatos organizan a las capas superiores de la clase
obrera por profesión e industria. El poder debe reflejar los intereses y las exigencias
revolucionarias de la clase obrera. Por ello el órgano de la dictadura del proletariado no
es el sindicato sino los sóviets elegidos por los trabajadores y, en número, por millones

17
Alusión a la campaña realizada por Karl Liebknecht en el Reichstag mediante “preguntas escritas” así como a sus
explicaciones de voto contra los créditos militares, reproducidas en panfletos y difundidas clandestinamente gracias a
los espartaquistas.
18
Alusión a la manifestación del Primero de Mayo de 1916 en Berlín, encabezada por Liebknecht, vestido con su
uniforme de soldado de la reserva.
19
En realidad, parece que Liebknecht estaba lejos de tener ideas claras sobre esta cuestión. Ante el congreso de
fundación del PC confesaría que se acostaba partidario de las elecciones y se despertaba partidario del boicot.

65
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

de obreros que jamás han pertenecido a ningún sindicato y que se han despertado por
primera vez a la revolución.
Pero con formar sóviets no está todo arreglado. Además, es preciso que esos
sóviets tengan una política revolucionaria determinada. Es preciso que distingan
claramente a los amigos de los enemigos, es necesario que sean capaces de acciones
decisivas y de acciones implacables si lo exigen las circunstancias. El ejemplo de la
revolución rusa, el de la revolución en Hungría y en Baviera, demuestran que la burguesía
no depone jamás las armas tras su primera derrota20. Muy al contrario, desde el momento
en que pierde esa batalla su desesperación no hace otra cosa más que multiplicar por dos
o por tres su energía.
Régimen soviético significa régimen de lucha implacable contra la
contrarrevolución indígena y extranjera. ¿Quién, pues, les dará a los sóviets elegidos por
los obreros un nivel de conciencia diferente, un programa de acción claro y preciso?
¿Quién les ayudará a orientarse en el dédalo de la situación internacional y a encontrar la
buena vía? A buen seguro que eso sólo pueden hacerlo los revolucionarios más
conscientes y más experimentados, ligados indisolublemente por la unidad de su
programa. Y, otra vez, es el partido comunista.
Algunos simples (o puede ser que algunos ladinos) denuncian con horror el hecho
que en Rusia el partido “dirige a los sóviets y a las organizaciones profesionales”.
Los sindicatos franceses, dicen ciertos sindicalistas, “reclaman su independencia
y no soportarán que el partido los dirija”. Pero entonces, ¿cómo es que, vuelvo a repetir,
los sindicalistas franceses sufren la dirección de Jouhaux, dicho de otra forma, de un
agente manifiesto del capital angloestadounidense? Su independencia formal no preserva
a los sindicalistas franceses de la influencia de la burguesía. Los sindicalistas rusos han
repudiado semejante independencia. Han derrocado a la burguesía. Y lo han logrado
porque han expulsado de sus filas a los señores Jouhaux, Dumoulin, Merrheim y los han
reemplazado por combatientes fieles, probados, seguros, es decir por comunistas.
Haciendo esto no han asegurado solamente su independencia frente a la burguesía sino
también la victoria sobre ella.
Es verdad, nuestro partido dirige las organizaciones profesionales y los sóviets.
¿Ha sido siempre así? No. Este puesto director el partido del proletariado lo ha
conquistado al precio de una incesante lucha contra los partidos pequeño burgueses,
mencheviques, socialistas-revolucionarios, y contra los neutros, es decir contra los
elementos retardatarios o sin principios. Cierto, los mencheviques derrotados por nosotros
dicen que nos aseguramos la mayoría con la “violencia”. Pero ¿cómo es que las masas
trabajadoras que derrocaron el poder del zar, después el de la burguesía, después el de los
conciliadores que, sin embargo, detentaban el aparato de coerción gubernamental, no
solamente toleran en el presente el poder y la “coerción” del partido comunista dirigiendo
los sóviets, sino que, además, entran en nuestras filas en número cada vez mayor? Ello se
explica solamente por el hecho que la clase obrera rusa ha adquirido una enorme
experiencia. Ha tenido la posibilidad de verificar en la práctica la política de los diversos
partidos, grupos o camarillas, de comparar sus palabras y sus actos y de llegar a esta
conclusión: que el único partido que sigue fiel a sí mismo, en todos los momentos de la
revolución, en los fracasos como en la victoria, ha sido y sigue siendo aún el partido
comunista. También ¿qué puede ser más natural si cada reunión de obreros, cada
conferencia sindical, elige a comunistas para los puestos más importantes? Es la
definición misma del papel dirigente del partido comunista.

20
En Hungría y en Baviera, igual que en Rusia, la toma del poder por los consejos (sòviets) marcó el principio de la
guerra civil.

66
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

La unidad del frente revolucionario


En la actual hora, los sindicalistas revolucionarios, o más exactamente los
comunistas como Monatte, Rosmer y resto, constituyen una minoría en el marco de las
organizaciones sindicales. Están en la oposición, critican y denuncian las maquinaciones
de la mayoría dirigente que expresa las tendencias reformistas, dicho de otra forma: las
tendencias puramente burguesas. En una situación idéntica se encuentran los comunistas
franceses, en el marco del partido socialista que defiende las ideas del conformismo
pequeño burgués. Monatte y Jouhaux ¿tienen una política sindical común? No: son
enemigos. Uno está al servicio del proletariado y el otro defiende, bajo una forma
disfrazada, las tendencias burguesas. Loriot y Renaudel-Longuet ¿tienen una política
común? No: uno conduce al proletariado a la dictadura revolucionaria, el otros somete a
las masas trabajadoras a su democracia burguesa. Ahora: ¿qué distingue a la política de
Monatte de la de Loriot? Únicamente que Monatte opera preferentemente en el terreno
sindical y Loriot en el de las organizaciones políticas. Pero ese hecho sólo refleja una
división del trabajo. Los sindicalistas verdaderamente revolucionarios, igualmente que
los socialistas verdaderamente revolucionarios, deben agruparse en un mismo partido
comunista. Deben cesar de ser la oposición en el seno de partidos que en el fondo les son
extraños. Deben, bajo la forma de una organización independiente y de la bandera de la
III Internacional, presentarse ante las grandes masas, dar respuestas claras y precisas a
todas las cuestiones, dirigir su lucha y orientarse en la vía de la revolución comunista. Las
organizaciones sindicales, cooperativas, políticas, la prensa, los círculos clandestinos del
ejército, la tribuna parlamentaria, los ayuntamientos, etc. no son otra cosa más que
variantes de organización exterior, de métodos prácticos o de puntos de apoyo. La lucha
sigue siendo una, por su contenido, sea cual sea el dominio en el que se produzca. El
elemento activo en esta lucha es la clase obrera. Su vanguardia dirigente es el partido
comunista, en el que los sindicalistas verdaderamente revolucionarios deben ocupar el
lugar de honor.
Suyo
León Trotsky

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Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Intervención en la Conferencia de los Transportes convocada


por el Comité Central de los Transportes (Tsektran)21
(2 de diciembre de 1920)

El 2 de diciembre la guerra contra la intervención imperialista y la reacción blanca en la Rusia


soviética está ya acabada a favor de la revolución: en enero de este año queda destruido el
ejército de Kolchak y en noviembre derrotado el ejército de Denikin, “concluyendo de esta
forma la guerra civil”, según Broué en su El Partido Bolchevique. Ya en el comité central de
febrero de 1920 Trotsky presenta dos propuestas encaminadas a abandonar el ‘comunismo de
guerra’, que son rechazadas; Trotsky se ve forzado a echar mano, pues, de los recursos del
‘comunismo de guerra’ para sacar al primer estado obrero de la historia del atolladero
económico que amenazaba con destruirlo. Así, el Comité Ejecutivo Central de los Sóviets le
encarga redactar el llamamiento a los trabajadores del 25 de febrero para concienciar a las
masas de la resolución tomada por ese comité sobre el servicio de trabajo y la aprobación de los
“ejércitos del trabajo”, Trotsky escribe en la conclusión de dicho llamamiento: “En la lucha
contra el hambre, el frío y las epidemias, hay que desplegar tanta energía como la desplegada
por las masas en la guerra civil contra sus enemigos jurados. Para salvar al país de la ruina
económica, necesitamos el espíritu de sacrificio, heroísmo y disciplina característicos de las
mejores unidades de nuestro ejército. El trabajo es la bandera de nuestra época […] El Comité
Ejecutivo de los Sóviets os une en una tropa inmensa para una campaña contra la miseria, la
desorganización, la anarquía, las complicaciones, el desorden y la ruina que nos amenazan.
Vosotros, todos los que estáis prestos para el sacrifico, vosotros, los mejores, ¡adelante!”; y
meses más tarde, tras haber redactado las tesis del comité central para el IX Congreso y
mantener junto a Lenin la lucha por la reconstrucción económica mediante, entre otros, el
método de la militarización del trabajo, declara ante las críticas: “A la esclavitud del trabajo
capitalista le oponemos el trabajo social y regular, basado en un plan económico, obligatorio
para todos y en consecuencia obligatoria para todo obrero del país. Sin ello es imposible
incluso ni soñar con el paso al socialismo. El elemento de coacción material, física, puede ser
más o menos grande […], pero la obligación es en consecuencia la condición indispensable
para frenar la anarquía burguesa, la condición indispensable de la socialización de los medios
de producción y de trabajo, de la reconstrucción sistemática económica de acuerdo con un plan
único·. A pesar de permanecer todavía en los Urales, en el frente de guerra del 1er ejército del
trabajo, el Buró Político le pide que tome a su cargo los transportes (que acepta
provisionalmente); el 23 de marzo de 1920 tiene que sumar, pues, un segundo puesto de
comisario del pueblo; los especialistas habían vaticinado ya la muerte práctica de las
comunicaciones ferroviarias de Rusia. A principios de marzo consigue que se apruebe el
Glavpolitput, administración política de los ferrocarriles encargada de movilizar a los
trabajadores a través del llamamiento a su conciencia política; frente a la oposición de las
direcciones sindicales, Trotsky defenderá en el IX Congreso del Partido Bolchevique dicho
organismo indicando que una de sus misiones había de ser “reforzar la organización sindical de
los ferrocarriles, hacer entrar en ella a los mejores trabajadores y ayudar a los mismos
sindicatos a hacer del sindicato de los ferroviarios un instrumento irremplazable para la
ulterior mejora del transporte por ferrocarril.” El enfrentamiento continúa y el 28 de agosto
Trotsky logra que el comité central del partido cree un Comité Central de los Transportes,
Tsektran, presidido por él, y la disolución de los organismos de dirección de los sindicatos

21
“Intervención en la Conferencia de los Transportes convocada por el Comité Central de los Transportes
(Tsektran)”, en nuestra serie Trotsky inédito en internet y en castellano.

68
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

ferroviarios; el Tsektran fusionará al comisariado y sus servicios, la organización sindical y la


administración política, debiendo funcionar como un mando militar. El 2 de noviembre, en la
reunión de la fracción bolchevique sindical que prepara el próximo congreso de los sindicatos,
Trotsky vuelve de nuevo a defenderse ante los ataques de la cúspide sindical aliada con
Zinóviev: “Hemos construido y reconstruido los organismos económicos del estado soviético,
los hemos demolido y rehecho de nuevo escogiendo y controlando cuidadosamente a los
diversos colaboradores en sus diversos puestos. Es completamente evidente que hay que
emprender ahora la reorganización de los sindicatos, es decir y ante todo, del personal sindical
dirigente”. Tomsky arremete contra él tras esta intervención y el 9 de noviembre el comité
central bolchevique discute sobre lo que se comienza a denominar como “la cuestión sindical”
en el que Trotsky y Lenin plantean opciones diferentes; el texto de Lenin recoge 8 votos a favor
y 4 en contra frente al de Trotsky que recoge 7 a favor y 8 en contra. El Tsektran se mantiene
funcionando y convoca una conferencia de los transportes para diciembre. La intervención de
Trotsky en dicha conferencia, que aquí ofrecemos por primera vez en castellano, es un punto
álgido en la lucha política alrededor de “la cuestión sindical” en el estado soviético. Broué
escribe en su Trotsky: “A pesar de su elocuencia y de la coherencia de su razonamiento, Trotsky
ya no es capaz de convencer a sus críticos y adversarios. En efecto, esta intervención provoca la
salida de la sala del estado mayor del sindicato de los transportes fluviales y de numerosos
delegados ferroviarios militantes comunistas: un gesto sin precedentes que permite medir la
profundidad de los antagonismos.” El 12 de diciembre aparecerán las tesis de Zinóviev para el
VIII Congreso de los Sóviets que contendrán elementos a favor de la ‘democracia obrera’ y
contra la militarización de los sindicatos. Trotsky responderá con un artículo publicado el 19 del
mismo mes: “Nuevo período, nuevos problemas” (ver más abajo en páginas 77 y siguientes).

Nuestra conferencia se reúne en pleno giro en la existencia de nuestro país, giro


que puede caracterizarse en pocas palabras como un paso del estado de guerra al período
económico. Este giro se refleja en todos los órganos de la Rusia soviética, en todos los
servicios en todos los medios políticos, profesionales y otros más. Por ello es conveniente
hoy en día hablar de una crisis en todas las organizaciones, crisis interna, que en
resumidas cuentas no es otra cosa que un desplazamiento interno de los elementos, de los
hombres y militantes. Determinados rasgos de esa crisis no contienen, por cierto, nada de
alarmante para el futuro de la Rusia soviética en su conjunto, son una herencia del antiguo
régimen capitalista. La guerra es un factor severo de destrucción, la tarea de conservar
durante la guerra todas las fuerzas y recursos del país está llena de dificultades, y en el
momento en el que la guerra llega a su fin es cuando todavía deviene más difícil todavía;
pero eso no es un mal, puesto que es un criterio de vitalidad del organismo. Se podría
decir en general que la causa esencial de las estrecheces económicas son la miseria y la
pobreza, herencia del pasado, agravadas además por el hecho de la guerra. Si bien esa
causa general se refleja en todo el organismo soviético, existe en el dominio sindical, sin
embargo, una crisis especial que posee su propia naturaleza.
Hemos recibido de la sociedad capitalista a los sindicatos como organizaciones
que agrupan a los obreros asalariados contra los capitalistas. La misión de los sindicatos
es la mejora de la situación del obrero. En la sociedad burguesa, el sindicato tenía una
estructura determinada; finalmente, ellos conquistaron el poder en nuestro país.
Actualmente, la adaptación de los sindicatos a las nuevas exigencias es un problema que
no está todavía completamente resuelto. Aún hay que precisar el lugar que ocuparán los
sindicatos en la estructura general del poder de los sóviets; la cuestión debe ser resuelta
en la práctica pues desde el punto de vista teórico está tratada con completa claridad en
nuestro programa. En el capítulo sobre las cuestiones económicas, podéis leer: el aparato
administrativo de la industria nacionalizada debe apoyarse en primer lugar en los
sindicatos, que, a su vez, deben liberarse cada vez más de la estrechez corporativa y

69
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

convertirse en vastas federaciones que agrupen a todos los trabajadores de la rama


correspondiente de la industria sin excepción. El sindicato debe llegar a concentrar en sus
manos la gestión de toda la economía nacional. El llamamiento a la actividad de las masas
trabajadoras, gracias a los sindicatos, es, al mismo tiempo, nuestro principal medio de
lucha contra el espíritu burocrático.
Nuestro programa fue escrito hace ahora un año y medio, antes de la experiencia
que poseemos hoy en día; pero trata enteramente, sin embargo, la cuestión que nos ocupa.
Los sindicatos deben concentrar en sus manos toda la dirección de la vida económica. No
solamente colaboran en la producción: deben organizarla y devenir los directores
autorizados de la misma. La lucha contra el espíritu burocrático tiene como condiciones
la organización práctica de esta producción y el llamamiento a las masas trabajadoras a
esa obra de organización.
Si tomáis las decisiones del IX Congreso de nuestro partido sobre la cuestión
laboral, veréis que, en principio, son la confirmación de nuestro programa y que, en la
parte práctica, indican cierto número de etapas y grados intermedios. Así, se produce una
adaptación de los sindicatos en su actual forma a las administraciones económicas; en
efecto, si es necesario que los sindicatos devengan cada vez más el aparato director de la
vida económica, no puede disimularse, sin embargo, que hasta el presente no son ese
aparato, y que toda tentativa para entregar tal o tal otra rama de la producción a manos
del sindicato correspondiente estaría condenada al fracaso.
Lo hemos visto en los ferrocarriles. El intento lo hizo el Comité Ejecutivo Panruso
de los Ferrocarriles, que no estuvo a la altura de la tarea porque había conservado su
antiguo carácter, su antigua organización, sus antiguas rutinas y su antiguo personal. Los
transportes tenían anteriormente tres niveles, como todas las ramas de la producción: una
cúspide hecha de directores, una débil capa de personal técnico, y la masa de los obreros
en la base. La revolución se llevó por delante la cúspide capitalista, destruyó el aparato
administrativo y técnico, modificó incluso a la misma clase obrera, quitándole poco a
poco sus mejores elementos para enviarlos a los frentes de la guerra civil o a los diferentes
dominios de la vida soviética. Lo que quedó se encuentra sensiblemente empobrecido,
privado de varios millares de organizadores experimentados. Pero todo ello era inevitable,
pues de lo contrario la revolución no habría sido la revolución. No podía dejar de destruir
el antiguo aparato administrativo, no podía tampoco asumir a todos los elementos
utilizables de la cúspide directora para dispersarlos a través de todos sus servicios. En
cualquier caso era imposible entregar a una organización tan debilitada la gestión de los
ferrocarriles.
Al hacer entrar en sus filas a todos los trabajadores de todas las categorías, el
sindicato se apodera poco a poco de todo el aparato de la producción; pero para ello,
necesita reunir sus fuerzas. Debe revisar a su personal y a sus antiguos jefes. Ello es
necesario, si no desde el punto de vista profesional al menos sí desde el punto de vista de
la producción. Pero este no es más que un aspecto, un lado, del problema; el otro es retirar
de todos los otros servicios, y ante todo en la hora actual del ejército, a todos los
ferroviarios, a todos aquellos, sean los que sean, que han mostrado en la práctica sus
talentos de organizadores, y que puedan ser utilizados por el sindicato en esta toma de
posesión de la producción.
Nos acercamos a la cuestión que les sirve de pretexto a los elementos retardatarios
para protestar en general contra las nominaciones desde arriba, sin querer tener en cuenta
quién nomina, de dónde proviene la nominación.
Rechazar el principio de la nominación como procedimiento práctico para reforzar
el aparato de los transportes, y al mismo sindicato, es reducirnos al marco estrecho y
estrictamente corporativo del personal que hemos recibido como herencia del pasado.

70
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Esta idea es absolutamente falsa y de tal naturaleza que cierra toda vía para cambiar al
sindicato corporativo en sindicato de producción. Si ahora les pedimos a los sindicatos
que colaboren con el estado obrero y el partido comunista dirigente, será preciso ante todo
recuperar en los otros dominios a todos los militantes capaces de reforzar los transportes.
De ahí las nominaciones, es decir el reparto de nuestras fuerzas en los diversos puestos.
Negar este método y luchar sin discernimiento contra las nominaciones, oponiéndoles el
principio de la elección, es olvidar la naturaleza del estado proletario, es repetir lo que era
conveniente ante el estado representante de una clase enemiga, por ejemplo en la época
de Kerensky, pero lo que no es conveniente ya en la época en la que la clase obrera misma
está en el gobierno.
Sin embargo, existen elementos que declaran la guerra a las nominaciones. Esto
es tradeunionismo; ahora bien, el tradeunionismo amenaza con reducir los sindicatos a la
nada, quitándoles toda razón de ser. Los antiguos sindicatos luchaban para asegurar la
participación de los obreros en la riqueza nacional que ellos creaban. Los sindicatos
actuales no pueden luchar más que por el aumento de la productividad del trabajo, puesto
que este es el único medio de mejorar la situación de las masas obreras.
En determinados sindicatos, en particular en este, cuando un trabajador honesto y
abnegado, que ha dado pruebas en diferentes campos de su celo hacia la clase obrera, lo
destaca el estado que lo lleva de una rama de trabajo a otra, hay gentes que entonces le
declaran la guerra ¡porque ha sido nombrado desde arriba!
Si examinamos la cuestión del llamado burocratismo que ejerce un gran papel en
la vida laboral (señalo entre paréntesis que ese burocratismo ha sido reconocido como un
hecho en las administraciones soviéticas y ha hecho nacer la palabra “centrocracia”, de la
que se ha hecho un uso bastante amplio), esa campaña contra el burocratismo descansa
en los prejuicios tradeunionistas, en la no comprensión del papel del estado obrero. He
llegado a escuchar decir a determinados sindicalistas que el comité central de nuestra
federación funciona mejor en determinados aspectos sin duda alguna, pero que reina en
él tal papeleo que el primer obrero llegado a él se ahogará en ese papeleo. Esto es
considerar al sindicato como una pequeña organización doméstica, tal como existía en
épocas pasadas, reducido a vivir clandestinamente; ese carácter portátil era entonces una
calidad indispensable para toda organización sindical. Pero si hoy en día nos proponemos
dirigir la producción en su conjunto, tener la lista exacta de todos nuestros afiliados,
controlar su acción de evaluar al personal dirigente de nuestros sindicatos está claro que
nuestra federación debe construirse sobre bases nuevas más juiciosas, científicamente
establecidas. Está claro que nos ha faltado comenzar reconstruyendo el centro director:
tanto peor si en él hay mucho papeleo. Para nosotros esta es una cuestión de vida o muerte.
No sé qué prejuicio contra la organización a lo grande y sobre bases científicas se oculta
todavía a menudo en el subconsciente de determinados camaradas comunistas. Estimo
que nuestro comité central ha logrado una gran victoria al crear en el centro un aparato
científicamente construido. El hecho que nuestro comité central posea el estado de
nuestras fuerzas y de todos nuestros recursos ya es un inicio, es ya el mango de la palanca.
La burocracia no está allí. El burocratismo es eso que he llamado la “centrocracia”.
Presenta muchos aspectos negativos; sin embargo, es una etapa transitoria inevitable en
la construcción de la economía socialista. Hemos hecho el inventario de la metalurgia, de
los abastecimientos, de los transportes; hemos nacionalizado todo eso y lo hemos
agrupado en organizaciones verticales; el fallo es que no hay ahí bastantes pasarelas entre
esas organizaciones, pasarelas que permitan a todos los productos, al personal, a los
recursos y a las ideas, pasar de una a la otra por el camino más corto, y a los intercambios
realizarse con el menor gasto de energía. El problema consiste en crear esas pasarelas.
Todavía no hemos hecho más que empezar a resolverlo. Semejante dirección única y

71
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

centralizada de toda la vida económica de un país no ha existido jamás en ninguna parte:


no hay modelos para ella. En nuestros debates y desacuerdos hay que saber entender que
estamos en presencia de formas transitorias que tendrán que ser perfeccionadas y
transformadas mediante una continuidad de esfuerzos: ¡no es suficiente con mantenerse
al margen y pronunciar la palabra burocracia!
El punto cardinal es la escasez material. Ahí está el fondo del debate. Por
inverosímil que pueda parecer en principio, se ve en ello una consecuencia de la
burocracia soviética. Si en un taller o en una factoría se esperan dos millares de pares de
botas que no llegan, los obreros acosan con reproches a la dirección, al comité de fábrica
o a los comisarios, convencidos de que ellos están allí para defender la justicia y sus
intereses. Se reservan el derecho a gruñir y a blandir sus puños si no reciben botas y
víveres. ¿Qué les responde el comité de fábrica? Responde que estamos en guerra y que
todo se destina al Ejército Rojo. Los obreros escuchan, y no por ello dejan de reclamar
botas y víveres. Entonces el comisario declara: la orden está dada pero en Moscú la
burocracia retrasa el envío; y de hecho no llega nada durante tres o cuatro meses. Pero si
consideráis las cosas de cerca, confesaréis que esa respuesta es falsa en lo tocante a la
burocracia. El verdadero infortunio es que no tenemos ni clavos, ni botas, ni tampoco
bastante harina. Este es el vicio fundamental. No se lo ocultamos a nadie. Si el Buró
Central del Cuero posee 10.000 pares de botas y debe hacer frente a un millón de pares
pedidos, es fatal que se consulte durante un largo mes para saber qué debe satisfacer
primero. Y si incluso llega a suceder que resuelva ese problema de forma conveniente,
no habrá dado respuesta a pesar de todo más a la milésima parte de las necesidades. Todos
aquellos que no han recibido nada, sabiendo que el Buró Central del Cuero poseía, sin
embargo, alguna cosa, lo acusarán de burocracia. Llamo la atención sobre esta forma
inexacta de plantear la cuestión. Si me preguntáis sobre la cuestión de la burocracia, os
responderé: os faltan 2.000 botas; sin la burocracia tal vez habríais recibido 50, pero os
faltarán todavía 1.950 botas.
Los representantes de nuestra federación y del resto, que son testigos directamente
de la escasez de las masas, pueden seguir dos vías: o bien la agitación tradeunionista, o
bien la propaganda para aumentar la producción. Tal es el dilema que se le plantea a cada
sindicalista. Cuando el obrero dice: no tengo botas, quiero responderles que no hay
burocracia que las tenga, o bien puedo desarrollar la idea de que existe allí, en el centro,
un monstruo que dispone pero que no le da nada a nadie; con otras palabras, puedo formar
una imagen monstruosamente deformada del poder de los sóviets. Existen sindicalistas
que, con su demagogia presentando a la burocracia como el mal universal que destruye y
obstaculiza todo, llevan adelante una lucha de clases inconsciente contra el poder de los
sóviets. Los sindicalistas sensatos, por el contrario, deben decirle al obrero asalariado: el
salariado no es para ti más que una ficción, en realidad tu eres el dueño de la producción
nacional y tú puedes aumentar tu parte del producto, solamente a condición de que
aumentes la suma de ese producto; lo esencial es aumentar la productividad del trabajo,
multiplicar varias veces la riqueza nacional.
El punto de vista tradeunionista, consistente en sembrar hostilidad, es la ruina de
la organización sindical. Por el contrario, el punto de vista que considera la producción
tiende a hacer dueño al sindicato de toda la rama de la industria correspondiente. Los
hechos ya demuestran a base de bien que es así.
Hoy en día los sindicatos pueden devenir o bien el lugar de cita de todos los
prejuicios de las masas más retardatarias, o bien el órgano esencial de la producción. No
hay término medio, pues toda situación intermedia equivale a la desaparición del
movimiento sindical.

72
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Lo vemos en los transportes. Mientras que los transportes fluviales poseen


desafortunadamente muchos de los rasgos de la primera categoría, los ferrocarriles han
tomado la vía correcta. Esto se explica porque los transportes fluviales constituyen un
dominio más atrasado, más disperso desde el punto de vista técnico y administrativo,
menos apropiado para la centralización. Es natural que por todos esos motivos los
transportes fluviales sean más vulnerables a la demagogia tradeunionista. Jamás
admitiremos que se quiera volver a llevar al ala más avanzada y más revolucionaria de
los transportes al nivel del ala más retrasada. Por el contrario, necesitamos pasar un buen
número de militantes de los ferrocarriles a los transportes fluviales a fin de conducir a
esta ala retardataria al nivel general de la federación. Esta es una de las tareas más
importante en la hora actual.
La lucha contra burguesía en el dominio de los transportes, donde la burocracia
no falta, es indispensable. Por burocracia no entiendo obligatoriamente a los viejos
burócratas, también en ella se dan los jóvenes, que son de nuestra federación e incluso
son viejos miembros de nuestro partido. Los antiguos métodos de trabajo contenían
muchos elementos burocráticos que, en un revoltijo, han tomado del pasado defectos y
cualidades. He escrito recientemente, y puedo en cualquier momento confirmar y
sostener, que sufrimos en general menos por los aspectos malos de la burocracia que por
los buenos que nos faltan. Existe una burocracia alemana o norteamericana que ha forjado
unos métodos de trabajo, que ha inventado la nacionalización, la taylorización, la división
del trabajo, las formas de responsabilidad, de abastecimiento, de contabilidad, etc. La
burocracia no es una invención del zarismo ruso. Las cosas marcharán bien aquí cuando
poseamos por fin oficinas que funcionen perfectamente, con buenas máquinas de escribir,
como confío que recibamos del extranjero, y entonces no descubriremos decenas de
errores leyendo las listas de nuestra federación. Se dice que eso son mezquindades
burocráticas. No, eso son cualidades que nos hace falta adquirir, si queremos (permitidme
la expresión) despiojarnos seriamente y desembocar en la gran vía. Se trata de exactitud
y no de mezquindad, y esa exactitud es un signo de perfeccionamiento. Debo decir, por
otra parte, que esos son los métodos de la federación de transportes, y que ese es el punto
de vista que ha manifestado en todos sus actos, y lo seguirá haciendo.
Llegó ahora a la cuestión de las nominaciones. ¿Es justo que el gobierno haya
dicho que hacía falta cambiar la dirección de la federación? Que eso sea justo o no lo
cierto es que hemos intervenido en ella. En la época en la que la clase obrera estaba en la
oposición o bien en la acción revolucionaria clandestina, los comunistas lucharon contra
los otros partidos y expulsaron a los mencheviques, socialistas revolucionarios y, a veces,
a los sin partido detrás de los cuales se ocultaban en realidad los reaccionarios, para poner
en su lugar a los comunistas. La federación no respondía a las exigencias revolucionarias
de la clase obrera, y por ese motivo nuestra fracción entabló una violenta campaña en el
interior y trabajaba para poner a la cabeza a sus hombres. ¿Qué debemos hacer hoy en día
cuando nuestra federación debe pasar del terreno sindical al de la producción? En todos
los escalones existen entre los dirigentes elementos que no han comprendido que la
producción es el criterio decisivo, que no han entendido que para salvar no solamente al
movimiento sindical, sino a toda la clase obrera, hay que transformar todo el aparato de
acuerdo con este principio: todo por la producción y por quien quiera crear en cada
sindicado dos fracciones, la de la producción y la de los sindicalistas a la antigua usanza;
no tengo dudas de que lograremos la victoria; pero esa lucha comporta un gran gasto de
energía de la clase obrera. Y entonces, la clase obrera, en la persona de sus representantes
políticos, declara: aquí intervengo, abrevio este período de lucha entre los dos grupos,
economizo, reduzco, ordeno. Negar el principio de la intervención es negar que en nuestro
país exista un estado obrero.

73
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

La intervención de los órganos dirigentes del partido en la lucha interna de las


federaciones de ferrocarriles y transportes fluviales no solamente ha tenido una
justificación histórica: ha venido dictada por una necesidad vital. Los métodos aplicados
por el Comité Central de los Transportes le han sido dictados por la aguda crisis de
nuestros ferrocarriles, crisis que amenazaba con llevar a la ruina a todo el país. No
olvidemos que en el otoño e invierno últimos teníamos el 70% de nuestras locomotoras
fuera de servicio, porcentaje equivalente a una detención casi completa de la circulación
y a una parálisis total de toda la vida económica. Hizo falta tomar medidas enérgicas. Nos
faltaban hombres para ponerlas en práctica, pues estaban en el frente y las medidas a
tomar eran excepcionales y urgentes. Tratar de convencer a todos los que se trataba de
hacer cambiar de opinión en el interior de nuestra federación era imposible. Esperar a que
tuviésemos el tiempo para persuadirlos era correr el riesgo de ver como se paraban
nuestros ferrocarriles antes de haber cumplido la mitad de la tarea. Nos vimos, pues,
forzados a mostrar desde arriba cómo había que luchar para restablecer los transportes.
He ahí por qué se tomaron medidas enérgicas frente al comité central de nuestros
sindicatos. Esas medidas provocaron cierta oposición cuyo resentimiento todavía no se
ha borrado en muchos. Sin embargo, trabajamos actualmente con plena solidaridad con
nuestros adversarios de la víspera, y estamos seguros de que a partir de mañana ese
resentimiento se disipará tan pronto como los éxitos de nuestra acción común aparezcan
de forma más evidente. Se muestra ya hoy en día. Además, puesto que entramos en el
período económico, podemos confiar en que todas nuestras organizaciones sindicales, y
en particular nuestra Federación de Transportes, recibirán a numerosos militantes del
Ejército Rojo, de los que casi la mitad estaban absorbidos por el partido comunista, y que
así podremos desarrollar una vasta agitación a favor de la producción.
Lo que se ha llegado a llamar órdenes y nominaciones desde arriba se encuentra
en proporción inversa al desarrollo y nivel moral de las masas. Todo hombre sensato debe
comprender que tan pronto como la situación mejore, desde el momento en que se pueda
respirar más libremente, derramaremos a numerosos militantes en los ferrocarriles, y
ampliaremos instantáneamente los marcos de nuestra organización para hacer entrar en
ella al mayor número posible de trabajadores y aumentar la iniciativa de las masas.
Abordamos la cuestión de la democracia obrera, que ejerce un colosal papel en el
movimiento obrero, más aún que en el partido comunista, pues solamente los sindicatos
pueden resolverla. Ya he dicho en numerosas asambleas obreras de Moscú que en el
momento en el que la 30ª y 51ª divisiones estaban ante Perekop no se trataba de discutir
para saber si se franquearían o no las fortificaciones: había que franquearlas. Y se dio la
orden. Pero una vez terminado el combate tenemos que explicar las razones, tenemos que
hacer todo lo posible para aclarar a las masas. Cuanto más avancemos menos obligados
estaremos a emplear en nuestro ejército los métodos violentos. Cada vez más la cohesión
psicológica interna hará que los métodos de presión interna sean suficientes. Se puede
decir otro tanto de la militarización de los transportes, que es la militarización de la
Federación Sindical de los Transportes. La ha provocado el peligro que corre el país.
El otoño del último año, en invierno y en primavera de este año, nos vimos ante
un Perekop de los ferrocarriles; no se trataba de discutir, y se publicó el decreto
declarando a los transportes en estado de sitio. ¿Se puede decir que ha pasado el peligro?
Sí, ha dejado de ser tan agudo, pero no ha pasado. ¿Qué tenemos que hacer? Los mismos
esfuerzos heroicos, el mismo espíritu de abnegación de los que dieron pruebas nuestros
camaradas ante Perekop. Cuando hablamos de la militarización de los transportes ello
significa que todo el personal de los transportes debe consagrarse enteramente a su tarea.
Del éxito o de la falta de éxito depende la vida o la muerte del país. Ello significa la
militarización moral del personal. ¿Cómo vamos a militarizar a cada trabajador en

74
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

particular? No tenemos ningún aparato para eso. Y, sin embargo, nuestros transportes se
hundirán inmediatamente si todo el personal en su conjunto no se militariza interna y
moralmente. Actualmente la democracia se propone reducir el ejército. ¿Con qué medios?
Aumentando su conciencia, su militarización moral. Mediante ello aumentará su valor
militar, lo que permitirá reducirlo al menos a la mitad. Sin eso, la disciplina externa sigue
estando en el aire. La verdadera militarización del ejército no comienza más que cuando
está imbuido de la conciencia de su papel. Se nos dice que esa militarización es contraria
a los métodos de la democracia obrera. Para nada del mundo. Consiste solamente en que
las masas deben determinar ellas mismas una organización y una actividad productora
tales que una presión de la opinión pública obrera se ejerza imperiosamente sobre todos
aquellos que lo obstaculizan. He ahí en qué consiste en el fondo la militarización. Todo
el resto solo son detalles técnicos. Cuanto más marchemos hacia ello, más se apoyará esa
militarización en la masa obrera, en el trabajo organizado y consciente de las masas. Es
necesario que los sindicatos se conviertan en el aparato que llama a las masas a colaborar
en la producción. Para ello, no hay que colocarse en el terreno de no se sabe qué lucha
externa contra una burocracia que sería extraña, sino luchar en el interior contra los
prejuicios retardatarios y la rutina. Si cogemos a un obrero a parte en su taller, cuando ese
obrero reflexione sobre los perfeccionamientos que puede aportar a sus instrumentos y
procedimiento, donde hay que colocar la puerta para economizar cada día el mayor
número posible de pasos inútiles, cuando reflexione en todo eso, ya se habrá realizado lo
esencial de la verdadera democracia obrera.
Hay que preguntarse cuál es la razón de ser de la democracia política. No es más
que un marco al que hay que darle un contenido. Según mi opinión ahí radica el principal
papel del Comité Central de los Transportes. Hoy en día se ha asegurado la simpatía de
los mejores y más antiguos profesionales. No pasa completamente lo mismo en los
transportes fluviales, pero mañana o pasado mañana también obtendremos en ellos el
resultado. Tenemos la firme esperanza. Pero eso no es más que una parcela del trabajo,
solo es el aparato, que después tendrá que abordar enseguida el problema nuevo que
ningún sindicato ha resuelto todavía y no podía resolver porque no se planteaba aún. Ese
problema es la organización de las masas en la producción y para la producción. Justo
ahora lo abordamos. Aquí la propaganda a favor de la producción es el deber de cada
especialista de los transportes: debe consagrar cierta parte de su tiempo a exponerles a las
masas obreras los problemas técnicos de los transportes, en un lenguaje accesible para
todos y en estrecha relación con el trabajo cotidiano. No puede quedar ni un obrero que
ignore de qué se trata. Todos deben ser organizadores de la vida económica, todos deben
ser actores conscientes del trabajo nacional. Lo que hay que crear no es simplemente una
democracia obrera, sino una democracia del trabajo. Es decir que hay que constituir una
organización de las masas obreras tal que cada productor sea sopesado y conocido, y
apreciado desde el punto de vista de lo que ha dado a las masas trabajadoras como mejora
real de su situación material.
Se puede decir con plena certeza que a pesar de toda nuestra pobreza somos
capaces, hoy en día, con la iniciativa de cada uno de nuestros trabajadores locales, de
mejorar en un centésima o en una quincuagésima la situación de los obreros, siempre que
uno se vuelque seriamente en ello, y siempre que los obreros más avanzados se pongan a
aportar los elementos de colectivismo en esos dominios más retardatarios donde reina
todavía el espíritu burgués, donde la mujer todavía lava la ropa interior mientras que el
hombre, que ha conseguido por medios individuales una lezna, repara por sí mismo sus
zapatos. Si tomamos en cuenta solamente esos detalles que son los talleres cooperativos
de zapatería, o bien los restaurantes comunales (no como lo son demasiado a menudo,
sino clocados bajo el control efectivo de la elite de la población y de una buena inspección

75
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

culinaria), ya tenemos ahí el germen de grandes mejoras. Ya he dicho que gracias a la


disminución numérica del ejército confiamos en obtener en el tiempo más breve una
mejora general de la situación de las masas trabajadoras. Cada grupo de obrero debe,
pues, juzgando a sus representantes, preguntarse qué han hecho para mejorar su situación
con los recursos locales, qué han hecho para elevar la productividad del trabajo.
Esta es la única forma que tiene un sindicato obrero de crear la democracia obrera,
atrayendo a su seno a los elementos administrativos y técnicos, basándose en sí mismo y
transformando al mismo tiempo los órganos de administración económica. Así
desaparecerá el paralelismo causado por la existencia, uno junto a otro, de los órganos
sindicales y de los órganos administrativos. Si hoy en día el sindicato envía a
representantes a tal o tal otra sección de los Consejos de Economía Nacional, se trata de
una medida transitoria, son los tentáculos mediante los cuales el sindicato llega a los
órganos administrativos a fin de facilitar el proceso de fusión.
La lucha que prosigue en el movimiento sindical tiene muchos elementos
accidentales de los que tenemos que desembarazarnos. Está la pasión y muchas otras
cosas más que hemos de barrer. Si nos vemos obligados a llevar el debate ante las masas,
no lo tememos. Les explicaremos en qué consiste la cuestión. Consiste en que entramos
en una nueva época, época económica, época de iniciativa de las masas, la época de
trabajo productivo. He ahí por qué decimos a las masas obreras: controladnos, pero tomad
para ello un criterio nuevo. Anteriormente necesitabais jefes capaces de defenderos en
tiempos de huelga. Hoy en día necesitáis guías positivos, constructores capaces de elevar
la productividad del trabajo. Quien aumente el número de pares de botas, la cantidad de
harina o de carbón, ese será el verdadero jefe de la clase obrera. La bandera que le
mostramos a los sindicatos es la bandera del renacimiento económico. La clase obrera
debe orientarse no según el tradeunionismo, sino según el creador de riquezas, según
aquel que puede asegurar a las masas, encabezándolas, la solución definitiva de la crisis
económica.

76
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Nuevo período, nuevos problemas22


(19 de diciembre de 1920)

I
Dos tipos de cuestiones acaparan actualmente la atención del partido comunista:
la democracia obrera y la organización económica.
La palabra democracia, que designa a un régimen político muy determinado, se
emplea de forma completamente inapropiada en el caso presente para designar un
régimen que asegure la acción directa de las masas trabajadoras en los órganos políticos,
profesionales y administrativos. Este abuso del lenguaje puede incluso dar lugar a
malentendidos, sobre todo en el extranjero donde los mencheviques y los kautskystas
tratarán de aprovecharse de la terminología incorrecta de nuestras discusiones internas
para sacar provecho de ello. Sin embargo, como la palabra democracia, a falta de otra, ya
ha entrado en uso, nos es suficiente con recordarlo nosotros mismos y recordar al resto
que no se trata de esa democracia formal donde todo un ritual complejo y minuciosamente
estudiado pretende expresar la soberanía de las masas, la responsabilidad de las élites ante
el pueblo, etc., etc., y en realidad solo oculta la dictadura interesada de una minoría de
explotadores sobre la mayoría trabajadora. Por democracia obrera o soviética entendemos
la participación real y cada vez más amplia de los trabajadores en la construcción de la
nueva sociedad. Precisamente esta acción positiva de las masas, guiada por la unidad de
objetivos, es la que compensa en la práctica la distancia existente entre los elementos
avanzados y los elementos retardatarios de la clase trabajadora.
No obstante, si ha sido necesario usar el término democracia obrera y no
contentarse con la denominación general de régimen soviético, el motivo ha sido que
durante sus tres años de existencia el régimen soviético se ha visto forzado, a causa de las
circunstancias exteriores y también en parte internas, bien a contraerse, bien a ampliarse,
reduciendo a veces al mínimo la participación directa de los órganos soviéticos más
amplios en la decisión de las cuestiones más importantes. Al limitarse así a sí mismo
temporalmente, el régimen soviético, que en todo y en todas partes es el régimen no de la
forma sino del fondo, mostraba su extraordinaria vitalidad y su extrema flexibilidad. El
estrechamiento de los órganos soviéticos, realizado bajo la dirección del partido
comunista, vino condicionado por la dificultad excepcional de nuestra situación militar y
exterior, y sólo pudo tener lugar y mantenerse porque nuestro partido, en masa,
comprendió el sentido y su necesidad y lo realizó conscientemente.
Pero precisamente por esta razón, tan pronto como la cuestión del frente, es decir
la cuestión de vida o muerte para la república soviética, cesó de estar suspendida sobre el
país, nuestro partido se dio cuenta inmediatamente de que ahora era necesario conocer
nuestras fuerzas y recursos internos y agruparlos para resolver los problemas del
momento. Si la cuestión de vida o muerte reclamaba en determinada época el máximo de
concentración de la voluntad del partido y del estado, la cuestión de la existencia ulterior
de la Rusia soviética sólo puede resolverse con el máximo de actividad del partido, con
la máxima ligazón entre él y las masas, teniendo en cuenta su experiencia y su

22
“Nuevo período, nuevos problemas”, en nuestra serie Trotsky inédito en internet y en castellano.

77
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

pensamiento, utilizando las fuerzas creadoras y la iniciativa de millones de obreros y


campesinos.
En esta sucesión de dos períodos se encuentra la esencia de esta cuestión de la
democracia obrera que hoy en día está puesta al orden del día. No se trata de ningún modo
de revisar el reglamento del partido ni la constitución soviética. Nuestro reglamente ya
está enteramente penetrado por el espíritu del centralismo democrático: las formas,
métodos y procedimientos de la dirección centralizada por arriba están determinados
desde abajo por el mismo partido. Hoy en día, el partido solamente quiere hacer más
inmediato, más activo y más “masivo” el control de sus elegidos.
La expresión exterior de esa democracia obrera vivificada debe ser, y ya es, la
frecuencia más grande de las asambleas generales, ante las que se llevan todas las
cuestiones fundamentales, una más amplia aplicación del principio electivo, más crítica
interna, más discusión, un examen más directo y extenso de las cuestiones en la prensa,
etc., etc. He ahí el programa que guiará nuestro próximo congreso.
II
Pero la democracia obrera, como ya he dicho, es una democracia de fondo y no
de forma. Las asambleas, discusiones, conferencias, congresos, elecciones, no son al fin
de cuentas más que las formas que sirven para elaborar y expresar el pensamiento y
voluntad de las masas. Pero ¿cuál será el contenido de esas formas? ¿Cuáles son las
cuestiones y problemas que hoy en día deben estar en el centro de la atención de nuestro
partido, y en consecuencia de nuestras reuniones, discusiones, conferencias y elecciones?
La cosa es evidente: son las cuestiones económicas.
Ello no quiere decir solamente que las columnas de nuestros diarios y todas
nuestras asambleas, políticas y el resto, se verán llenas de consideraciones sobre el plan
económico único, sobre las concesiones, la regularización de los cultivos por el estado,
etc. En efecto, semejante movilización político-literaria de la opinión pública a propósito
de toda suerte de cuestiones, entre otras las cuestiones económicas, existe también en la
democracia burguesa. El problema es más profundo. Lo que hace falta es agrupar
internamente a las fuerzas de la democracia soviética y rehacer su educación en vistas a
la actividad económica. Para adaptarnos a las circunstancias y a las necesidades del
momento, no es la primera vez que nos vemos obligados a rehacer nuestra educación.
Estos tres últimos años han sido casi enteramente una época de problemas militares,
métodos militares y educación militar. El partido comunista educaba en cada uno de sus
miembros la voluntad de vencer, pero más aún, agrupaba, seleccionaba y elegía a sus
militantes guiándose por las necesidades devoradoras del frente. Esa reconstrucción
militar de nuestro partido, sin tocar su fondo comunista, es uno de los mayores milagros
de la historia.
Pero esa educación de nuestra democracia a la vez obrera y militar (pues en la
base de nuestro edificio militar estaba, a pesar de todo, toda la iniciativa activa, aunque
limitada en su expresión exterior, de la masa obrera), sólo fue un episodio transitorio en
comparación con la nueva época de educación económica en la que entramos. La
construcción de la economía socialista es en realidad un agrupamiento y una educación
muy definida de los hombres a favor de la producción. Incluso el mejor de los comunistas,
cayendo en una unidad malsana y débil, muy a menudo se veía anegado y llevado por la
ola de pánico. No es suficiente con tener la voluntad de vencer, no es suficiente tampoco
con tener la voluntad de producir: ciertamente se necesita cierta pericia, ciertos
procedimientos individuales y colectivos, es necesario determinado agrupamiento de los
hombres, que se realice y se perfeccione con la misma acción económica; pero ese hábito
de trabajar en grande, esa rapidez y exactitud en la ejecución, ese sentimiento de la
responsabilidad, deben adaptarse a las características y exigencias de la producción. El

78
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

objetivo de la educación que hay que realizar es infinitamente más amplio, más profundo
y colosal, que el de la educación militar. El ejército ha tomado a millones de hombres
durante algunos años, el trabajo económico abarca a decenas y centenares de millones de
hombres y exige de ellos el máximo de esfuerzos durante toda una época histórica.
Para dirigir la educación económica de esos millones de hombres (la propaganda
a favor de la producción sólo es uno de los aspectos de esa acción), el partido comunista
debe reeducarse, ante todo, a sí mismo. A primera vista, puede parecer que, siendo la
clase obrera precisamente la clase de la producción, esa educación debe ser fácil para
todos los obreros. Pero éste es un profundo error. Las masas obreras están habituadas al
automatismo. En cuanto a la vanguardia de los obreros, siempre ha estado enfocada y se
ha esforzado en llevar a las masas a la lucha activa contra el sistema capitalista de
producción. Sosnovsky tiene toda la razón cuando dice en alguna parte que la acción
clandestina, la revolución y la guerra civil, han sido, en cierto sentido y para determinado
período, una muy mala preparación para la producción no solamente para las masas sino,
ante todo, para la misma vanguardia. El obrero productor es quien aborda su instrumento,
su establecimiento, fábrica, explotación, desde el punto de vista de la buena organización
del trabajo, de la disposición científica de la producción, del aumento del rendimiento. Le
enseña a la masa, con palabras o con ejemplos, que su interés de consumidor no puede
satisfacerse más que en el dominio de la producción. El deseo de suprimir el hambre, el
frío, las epidemias y la ignorancia deben traducirse en los trabajadores en una voluntad
consciente de elevar su trabajo a la altura de las necesidades. Las formas de organización
deben apreciarse ante todo desde el punto de vista de la producción. El productor, el
organizador, el buen administrador, deben tener un excepcional peso en la confianza de
los trabajadores de las ciudades y aldeas.
En ese trabajo, fundamental y decisivo, consistente en realizar la educación
económica de las masas y seleccionar a los obreros productores para colocarlos a la
cabeza, el primer lugar debe pertenecer a los sindicatos. Solamente ahora, tras la
supresión de los frentes y la entrada del país en la gran ruta económica, nuestras
federaciones productoras ven abrirse ante ellas un verdadero campo de acción. Solamente
ahora los sindicatos pueden realizar su verdadera vocación en un estado obrero y devenir
organizaciones que agrupen a los trabajadores no desde el punto de vista únicamente de
las ramas de la producción sino para la producción, ejerciendo un papel verdaderamente
director en esa producción. Ello supone que esos sindicatos, a partir de sus primeros
escalones, estén penetrados del punto de vista de la producción y que seleccionen a los
hombres partiendo del mismo punto de vista.
El partido comunista ha formado al obrero campeón de la causa proletaria, en la
vida cotidiana, en los más pequeños detalles de su existencia en la fábrica; ha despertado
en él la conciencia de clase, el odio a los explotadores y a la explotación; sin descanso ha
ampliado su horizonte y templado su voluntad. Le ha enseñado a ser intransigente no
solamente con los traidores sino, también, con los dubitativos. Haciendo eso, el partido
comunista se ha creado a sí mismo.
Ha formado, en estos dos o tres últimos años, al obrero comandante, comisario o
solado rojo. Ha unido el deseo de la victoria revolucionaria a determinado sistema militar;
ha superado el estrecho prejuicio del ejército de guerrilleros, ha ampliado la conciencia
del comunista del ejército rojo hasta los problemas gubernamentales e internacionales.
Ahora, hay que crear, formar y empujar a la acción, al tipo de productor
económico y del constructor de la Rusia comunista. Por su naturaleza, ese trabajo debe y
puede realizarse haciendo un llamamiento infinitamente más amplio a las masas del que
era necesario para el trabajo militar. El objetivo no consiste solamente en encontrar y
seleccionar a millares y decenas de millares de militantes para reforzar nuestros sindicatos

79
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

y órganos de administración económica; esta es una parte muy importante del problema
pero sólo es una parte; es necesario, y esto es el fondo de la cuestión, enseñarle a la masa
a llevar por sí misma a sus militantes a los puestos directivos y a sostenerles en nuestra
tarea fundamental, que es la de aumentar los recursos materiales del país. La cuestión de
las nominaciones ocupará tanto menor lugar, en la práctica y en las discusiones, cuanto
los sindicatos estén más profundamente penetrados ellos mismos y penetren a las masas
del criterio económico.
He ahí lo que debe ser objeto de la atención de la vanguardia obrera. Si nuestra
situación internacional crea condiciones más favorables para el desarrollo de la
democracia obrera, las exigencias económicas internas y todo el sentido del régimen
soviético quieren que nuestra democracia sea una democracia productora. Entonces se
podrá decir que el estado soviético está en vías de convertirse en la sociedad comunista.

80
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Plataforma de Trotsky, Bujarin, etc., para el X Congreso del


Partido Comunista Ruso (Bolchevique) [Cuestión sindical]23
(8 de marzo de 1921)

Las discusiones del partido sobre los sindicatos han sido ya positivas por el hecho
de haber contribuido a esclarecer desacuerdos reales y suprimir falsas divergencias o
simples dudas.
En el transcurso de la discusión han surgido en el seno del partido tres puntos de
vista sobre el problema de los sindicatos.
El “Grupo de los Diez” aprueba la política que ha seguido el Presidium del
Consejo Superior Central de los Sindicatos y se opone en consecuencia a un cambio
radical de los métodos y los ritmos de trabajo de los sindicatos, reconocidos como
necesarios por el IX Congreso del Partido. El “Grupo de los Diez” se niega a reconocer
la profunda crisis de los sindicatos, que revela sin embargo, el foso que separa a los
sindicatos de la economía y la inadecuación de los métodos empleados y de los problemas
de producción.
Al mismo tiempo que subraya con justicia la necesidad de que todos los sindicatos
recurran a los métodos de la democracia obrera, el “Grupo de los Diez” parece ignorar
que los métodos democráticos en el seno de los sindicatos no pueden por sí mismos
superar la crisis, si al mismo tiempo no evoluciona la situación y el rol de los sindicatos
dentro del estado obrero.
Las conclusiones prácticas de la plataforma de los “Diez” aunque hacen a nuestros
ojos una serie de concesiones, consagran plenamente la ruptura de los sindicatos y de las
organizaciones económicas; esta ruptura sólo es tocada ocasionalmente por “acuerdos” o
más bien por ataques.
La plataforma de la Oposición Obrera proviene de la voluntad perfectamente justa
y legítima de concentrar la gestión de la industria en manos de los sindicatos; pero tiende
también de más en más hacia el “sindicalismo” (trade-unionismo), lo cual es una posición
falsa tanto desde el punto de vista práctico como teórico.
Haciendo abstracción del hecho de que los organismo económicos han sido
creados gracias a la cooperación de los sindicatos y que, a pesar de ciertos aspectos
burocráticos, han acumulado la experiencia de un estado obrero, la Oposición Obrera
propone sencillamente hacer una cruz sobre la actual organización económica; en vez de
transformar y perfeccionar los organismos económicos cada vez más complejos, la
Oposición Obrera pretende reemplazarlos artificialmente por representantes elegidos por
los obreros, tanto en las usinas y en las minas como en las instituciones económicas
elevadas de la república.
Tal solución conduciría inevitablemente (independientemente de las intenciones
de los autores de la propuesta) a la atomización de las fábricas y de las usinas, a la
destrucción del aparato económico centralizado y al fin de la influencia dirigente del
partido sobre los sindicatos y la vida económica.

23
“Plataforma de Trotsky, Bujarin, etc., para el X Congreso del Partido Comunista Ruso (Bolchevique)
[Cuestión sindical]”, en nuestra serie Trotsky inédito en internet y en castellano. Congreso celebrado del 8
al 16 de marzo de 1921. León Trotsky corredactor y cofirmante.

81
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Nuestra plataforma (que es una plataforma de producción y no una plataforma


sindicalista) tiene origen en la toma de conciencia de la crisis por la que atraviesan los
sindicatos; esta crisis no sólo es debida al abandono progresivo de los métodos de la
democracia obrera sino más bien a la situación indefinida de los sindicatos dentro del
estado obrero, al debilitamiento de los lazos entre los organismos económicos y los
sindicatos, y a la insuficiente influencia de los sindicatos en la organización de la
producción.
Durante la discusión se estableció que no había lugar para proceder a distinciones
entre diferentes formas de democracia sindical. Eso permitió reunir la plataforma de
“producción” y la plataforma intermediaria y formular el asunto de la democracia obrera
en los mismos términos que la plataforma de los “Diez” (ver el párrafo sobre “Los
métodos de persuasión y los métodos de compulsión”). Elegimos esta formulación para
evitar debates ulteriores sobre el tema de quién está a favor y quién en contra de la
democracia obrera. Como lo subrayamos desde el comienzo, no existe desacuerdo alguno
en el partido sobre este punto. El congreso simplemente deberá determinar la evolución
de los métodos de la democracia obrera en todos los terrenos de la vida y del trabajo, y
por lo tanto, en primer lugar, en los sindicatos.
Hemos dado a nuestras tesis la forma de un proyecto de resolución para el X
Congreso del partido; construimos nuestra plataforma sobre el modelo de los “Diez” para
facilitar a nuestros camaradas el estudio y la comparación de ambos documentos.
Descartamos de las tesis originales todo lo que podía ser aclaratorio, pero que no tenía
cabida en una resolución del congreso. Suprimimos todas las fórmulas susceptibles de
despertar dudas, fundadas o no. Cada vez que ello no aportaba a nuestra posición. Por eso
no incluimos en el texto de nuestro proyecto de resolución la expresión “democracia de
producción”, que había obtenido desde el principio, el acuerdo más o menos tácito de
nuestros adversarios y que después suscitó ataques tan vivos como inconsecuentes.
Nosotros luchamos por el fondo y no por la forma. En una palabra, hemos hecho todo lo
posible por atenernos al nudo del problema. Actualmente cada miembro del partido puede
comprender rápidamente cuáles son nuestros puntos de acuerdo y desacuerdo.
La Comisión Sindical del Comité Central, presidida por Zinóviev trató primero de
encontrar una línea común con la Oposición Obrera sobre la cuestión sindical; este
esfuerzo estaba absolutamente justificado ya que la Oposición Obrera cuenta con
numerosos miembros de valor en el partido, cualesquiera que hayan sido las inaceptables
exageraciones de ese grupo. La plataforma elaborada por la comisión de Zinóviev no
permitió, sin embargo, el acercamiento con la Oposición Obrera, y hasta aumentó las
diferencias empujando a esta última hacia el sindicalismo (trade-unionismo). Sin tomar
en cuenta los aspectos superficiales, la Oposición Obrera se nutre de una doble corriente
de tendencias:
a) primeramente, el descontento provocado por el carácter rígido del centralismo
del partido y de los sóviets en el pasado;
b) en segundo lugar, las protestas contra la reducción del rol de los sindicatos en
la producción.
El grupo de Zinóviev buscó un acercamiento con la Oposición Obrera en los
puntos de desacuerdo que concernían a la utilización de los métodos militares de
persuasión o de compulsión, callando las profundas divergencias referentes al rol
económico de los sindicatos. Cuando ya fue evidente que la comisión Zinóviev,
defendiendo siempre los métodos de la democracia obrera, no había progresado en lo
relativo al rol de los sindicatos en la producción, la Oposición Obrera se alejó de esta
plataforma; en estos últimos tiempos acrecentó su influencia en los sindicatos.

82
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

La línea que nosotros defendemos incluye los puntos siguientes: no sólo el


crecimiento de la democracia obrera en los sindicatos sino el aumento de la influencia de
los sindicatos en la producción; la fusión de los sindicatos y las organizaciones
económicas; el establecimiento de un aparato económico fundado en el rol creciente de
los sindicatos como organismos de masas. Finalmente, los sindicatos deben ser una
“escuela de comunismo” sobre todo en el terreno de la educación económica de las masas
y de sus representantes.
La crisis que atraviesan los sindicatos
l.- El programa del partido señala el rol y las tareas de los sindicatos en la época
de la dictadura del proletariado, de siguiente manera:
“El aparato organizativo de la industria socializada debe apoyarse en primer lugar
en los sindicatos. Estos últimos deben liberarse del espíritu corporativo y transformarse
en poderosas uniones de producción que engloben a la mayoría y luego a la totalidad de
los trabajadores de una rama determinada.
Formando ya parte, conforme a las leyes de la República Soviética y a la práctica
establecida, de todos los organismos centrales y locales de gestión de la industria, los
sindicatos deben llegar a concentrar en su poder la gestión de la economía en su conjunto.
Disponiendo así de lazos indestructibles entre la dirección central del estado, las empresas
y las grandes masas de trabajadores, los sindicatos deben interesar a esas masas en la
gestión directa de la economía. La participación de los sindicatos en la gestión de la
economía y el hecho de que atraen a ese trabajo a las masas proletarias, son les principales
medios de lucha contra el aparato económico burocrático del poder soviético y permiten
instaurar un verdadero control popular sobre los resultados de la producción”.
2.- La idea fundamental del programa del partido es la siguiente: la gestión de la
economía por los sindicatos (bajo la dirección del partido y el control del estado obrero)
no es un acto temporario sino un lento proceso de educación, de organización y de
agrupamiento de la clase obrera sobre la base de la economía socialista en construcción.
Ese proceso, como lo demuestra la experiencia pasada, conoce diversas etapas a
las que corresponden diversas formas de participación de los sindicatos en la organización
de la economía.
Así después de octubre, la clase obrera creó, sobre todo gracias a los sindicatos,
órganos muy simples para conducir las empresas nacionalizadas. A medida que esos
órganos económicos se fueron desarrollando y especializando, se separaron de los
sindicatos, lo cual era inevitable en esa etapa. La mayor independencia de las
organizaciones económicas llevó consigo inevitables fenómenos de paralelismo, de
conflictos de competencia, de fricciones. En nuestra época de especialización y de
delimitación, los esfuerzos de los organismos económicos tienden a confinar a los
sindicatos dentro de ciertos límites y a reducir su participación en la vida económica.
La atención y los esfuerzos del partido, dirigidos hacia los frentes, han actuado en
el mismo sentido. Los problemas económicos han sido resueltos en función de las
exigencias de la guerra, principalmente gracias a medidas excepcionales. Los problemas
del movimiento sindical no venían más que en segundo o tercer término.
Estas dos causas principales, la guerra y la individualización de los organismos
económicos, condujeron a la ausencia de coordinación entre los métodos de trabajo de
los sindicatos, por una parte, y sus tareas económicas, por otra; esto ha sido reconocido
por el IX Congreso del partido.
La guerra contra Polonia blanca y los ejércitos de Wrangel no permitieron que el
partido pusiera en ejecución “el cambio radical de los métodos y el ritmo de trabajo de
los sindicatos” exigido por el IX Congreso. El año pasado, la separación entre los
organismos económicos y los sindicatos, particularmente en el nivel central, aumentó más

83
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

aún, lo que, sumado a la falta de adaptación de los métodos de los sindicatos para sus
tareas, provocaron la crisis interna por la que atraviesan.
3.- Los trabajadores de vanguardia de los sindicatos, pero también todos los
miembros del partido, deben esforzarse por todos los medios por animar y reforzar
ideológicamente a los sindicatos, por crear lazos justos y sólidos entre los sindicatos y los
organismos económicos, por adaptar los métodos de trabajo de los sindicatos a sus tareas;
así se asegurará la creciente influencia de los sindicatos en la organización de la
producción. Tales son las tareas del partido en nuestra época de construcción económica.
Los sindicatos como sostén del partido
4.- Aun estando fundamentalmente ocupados en los problemas de la organización
económica, los sindicatos deben desarrollar y profundizar su carácter de organismos de
masa de la clase obrera: deben participar en la vida del estado soviético sistemática e
incansablemente, en la vida de los millones de trabajadores, incluida la de las capas más
retardatarias de la ciudad y el campo.
La unión real de millones de trabajadores en los sindicatos (es decir una unión
viva, consciente y no formal) sólo puede ser lograda si los sindicatos mismos participan
activamente en la vida económica del país. Recíprocamente, el partido no puede tener una
base de clase más que si los sindicatos hacen participar a millones de proletarios en un
trabajo económico consciente; sólo con esta condición el poder soviético tendrá
posibilidades de superar las dificultades causadas por la división y el retraso, tanto
económico como político, de varios millones de campesinos.
El trabajo de educación de los sindicatos (“escuelas de comunismo”)
5.-La transformación de los sindicatos en uniones de producción (no sólo
formalmente, sino también por su trabajo y sus métodos) es uno de los grandes problemas
de nuestra época.
El trabajo de educación de los sindicatos, que permite llamarlos “escuelas de
comunismo”, cambia radicalmente su rol y sus métodos. En las estructuras burguesas, los
sindicatos cumplían su trabajo de educación, sobre todo apoyándose en la lucha de clases
en el terreno económico; actualmente ese trabajo de educación debe estar fundado en la
participación de las masas en la organización de la producción.
6.- Al mismo tiempo que se ocupan de los diversos aspectos de la vida de los
obreros, luchando contra las manifestaciones de la burocracia y la arbitrariedad, los
sindicatos deben poner el eje de su trabajo en la organización de la economía misma; la
energía consagrada a las viviendas, a la ropa, a los libros, los periódicos, al teatro, sólo
tendrá efecto en la medida en que esas ramas económicas obtengan resultados
satisfactorios, lo que depende del rol de los sindicatos en la producción (sindicato de
albañiles, de impresores, de trabajadores del vestido…)
La Unión de Producción debe englobar a todos los trabajadores indispensables a
una rama determinada de la economía, desde la mano de obra hasta el ingeniero más
calificado sometido al régimen de la organización de la clase proletaria.
Los sindicatos deben considerar siempre el valor de sus miembros en tanto
productores.
Los sindicatos deben fijar un número creciente de tareas sindicales precisas a los
obreros que ocupan los puestos administrativos y técnicos. El trabajo realizado por el
sindicato debe constituir un complemento indispensable y obligatorio del trabajo
administrativo y del trabajo de producción.
8.- Las masas trabajadoras deben tomar conciencia de que mejor defienden sus
intereses quienes elevan la productividad del trabajo, quienes restablecen la economía y
aumentan la cantidad de bienes disponibles. Administradores y organizadores de este tipo

84
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

deben ser nombrados en cuanto satisfagan las exigencias políticas indispensables, en los
puestos dirigentes de los sindicatos con simples obreros y sindicalistas profesionales.
Durante las elecciones, la presentación y el sostén de los candidatos, hay que tener
en cuenta no sólo su tenor político sino su capacidad económica, su experiencia
administrativa, su competencia para organizar la producción, su interés realmente dirigido
a las necesidades materiales y espirituales de las masas.
Los sindicatos deben crear un nuevo tipo de sindicalista: harán falta los
economistas enérgicos dotados de espíritu de iniciativa, tan preocupados por el
crecimiento de la producción como por su distribución y su consumo, y que no actúen
tanto como mandantes y contratistas del poder soviético sino como organizadores y
patrones.
9.- La propaganda de la producción tiene por finalidad instaurar nuevas relaciones
entre los obreros y la producción. Bajo el capitalismo, el pensamiento del obrero no podía
desarrollarse más que en la medida en que escapaba de la pinza del trabajo retribuido;
actualmente, la reflexión, la iniciativa y la voluntad de los trabajadores deben
concentrarse ante todo sobre la organización de la producción misma, en la construcción
y la instalación de herramientas y máquinas, en la automatización y la mecanización, en
la distribución racional del trabajo en los talleres, usinas, departamentos, en los organismo
de la direcciones, de los glavk, de los comisariados.
A partir de hoy los sindicatos deben consagrar la mayor parte de su actividad a
este trabajo de agitación y de propaganda, preciso, inagotable, eternamente renovado
sobre la base de la experiencia práctica; la propaganda oral y escrita debe completar los
ejemplos concretos y prácticos. La capacidad y el éxito del Programa de Producción de
los Sindicatos son las mejores pruebas de su vida y valor.
La estatización de los sindicatos
10.- En realidad la estatización de los sindicatos ya ha ido extremadamente lejos
en lo que concierne a la acción del estado sobre los trabajadores: merced al sindicato, el
estado registra a los obreros, les fija tareas precisas, determina las normas y el salario de
trabajo, los castiga en caso de abandono del trabajo obligatorio o de indisciplina.
El otro aspecto del proceso de estatización (la acción de los trabajadores
organizados según el principio de producción en la organización de la economía) no está
suficientemente desarrollado. Ahora bien, sólo este aspecto de la estatización de los
sindicatos habría podido asegurarles una posición justa en el estado obrero y permitir a
las masas trabajadoras comprender el carácter socialista del servicio de trabajo obligatorio
efectuado bajo el control de los sindicatos y necesario a toda reconstrucción económica
sólida.
11.- La concentración progresiva de la gestión de la producción en manos de los
sindicatos que exige nuestro programa significa que los sindicatos deben convertirse en
aparatos del estado obrero; hay que proceder entonces a la fusión progresiva de los
sindicatos y de los organismos soviéticos.
El problema no consiste en llamar a los sindicatos “aparatos del estado”, sino en
transformarlos realmente en organizaciones de producción, colocando cada rama
industrial bajo la dirección del estado y que los sindicatos sean responsables tanto de los
intereses de la producción como de los de los productores industriales. El ritmo de la
estatización podrá ser fijado en función de las condiciones en las que se desarrollará
nuestro crecimiento general. Pero los trabajadores deben conocer las direcciones que va
a tomar el movimiento sindical. Por fin, la creciente influencia de los sindicatos sobre la
organización de la economía debe corresponder a su estatización real, es decir a su acción
sobre las fuerzas vivas del trabajo.

85
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

12.-El refuerzo de la posición de los sindicatos en la vida económica, es la mejor


forma de lucha contra la burocracia. El programa del partido precisa que “la participación
de los sindicatos en la gestión de la economía y el hecho de que interesen en este problema
a grandes capas trabajadoras, son los principales medios de lucha contra la
burocratización del aparato económico”. De este modo la lucha contra la burocracia no
es una tarea independiente que podría ser cumplida con modificaciones aportadas a las
estructuras organizativas; es parte del trabajo de educación de las masas y de la gestión
real de la producción. En consecuencia, el estado obrero no debe crear nuevos organismos
de control sino mejorar y corregir los organismos económicos existentes, reuniéndolos en
las Uniones de Producción de masas, para luchar contra la burocracia.
Los métodos de persuasión y los métodos de compulsión en los sindicatos
13.- Los sindicatos prefieren los métodos de persuasión a los métodos de
compulsión, lo que no excluye que los sindicatos hayan recurrido en casos de urgencia a
los métodos de coerción proletaria: movilización de decenas de miles de sindicados a los
frentes, tribunales disciplinarios, etc. La reconstrucción de los sindicatos partiendo de la
cima es absolutamente irracional. Los métodos de la democracia obrera, fuertemente
reducidos durante los tres últimos años de guerra civil, deben ser inmediatamente
restaurados en el movimiento sindical. Hay que aplicar en todos los niveles el principio
de la elección y reducir al mínimo inevitable las designaciones de oficio. Los sindicatos
deben estar construidos sobre el principio del centralismo democrático. Es necesario
además luchar enérgicamente contra la degeneración del centralismo y de los métodos
militares de rutina burocrática. La militarización del trabajo sólo será coronada por el
éxito en la medida en que el partido, los sóviets y los sindicatos sepan explicar su
necesidad al mayor número posible de trabajadores y organizar para este fin a la
vanguardia de las masas.
El partido y los sindicatos
14. El partido debe acordar mucha más atención que antes al movimiento sindical,
dado su desarrollo, y reafirmar su autoridad sobre él; esta autoridad está contenida en la
dirección ideológica de la actividad sindical pero no debe transformarse en tutela sobre
los detalles, o en intervenciones en el trabajo corriente. Las fracciones comunistas de los
sindicatos, deben respetar a todos los niveles las decisiones de las organizaciones del
partido. El partido debe ejercer un control sobre la elección del personal dirigente del
movimiento sindical; gracias a las fracciones comunistas puede asegurar que los puestos
de responsabilidad de los sindicatos y de las organizaciones económicas estén ocupados
por los obreros que recomiende. Pero las organizaciones del partido deben aplicar con
una atención especial los métodos habituales de la democracia proletaria; es muy
importante que las masas organizadas procedan por sí mismas a la elección de sus
dirigentes.
15.- De este modo las organizaciones del partido, al mismo tiempo que conservan
su poder global, no chocarán en el trabajo interno de los sindicatos por cuestiones de
detalle; los sindicatos, dirigidos por las fracciones comunistas, podrán tener una acción
más autónoma y mejor organizada, podrán confiar puestos a sus trabajadores en relación
con su capacidad.
Las secciones políticas y los sindicatos
16.- Bajo la presión de las necesidades económicas, el partido se ha visto obligado
a crear ciertas organizaciones, las secciones políticas, encargadas de ejecutar las tareas
para las que los sindicatos se demostraron incapaces. El IX Congreso del partido confió
al Glavpolitput, instituido en esas circunstancias, la misión de “tomar medidas
excepcionales, que se han hecho necesarias ante la desorganización de los transportes
para evitar su parálisis y la ruina de la URSS que sería consecuencia de ello”.
86
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

El X Congreso estima que el Glavpolitput ha ejecutado las tareas para las cuales
fue creado y que su liquidación queda actualmente justificada.
17.- El partido debe esforzarse por transformar el Consejo Superior Central de los
Sindicatos, que reúne algunos millones de miembros, en una organización poderosa capaz
de cumplir bien las tareas del movimiento sindical panruso y reforzar su unidad y
disciplina.
El X Congreso del PCR confirma la resolución adoptada por el IX Congreso:
“Si alguna vez se plantea al proletariado como clase, el problema de tener que
recurrir a una organización militar del trabajo (es decir, a un trabajo efectuado con más
rapidez, más puntualidad y que exija grandes esfuerzos y sacrificios por parte de los
trabajadores) deberán resolverlo en primer lugar los órganos administrativos de la
industria, y en consecuencia los sindicatos.” No fue posible constituir el Ejército Rojo sin
haber eliminado los Comités Electorales. Inversamente no será posible restablecer la
economía en el nivel deseado sin desarrollar paralelamente a los sindicatos fundados
sobre el principio de la democracia obrera.
18.- Todos los sindicatos deben educar a las masas, impulsarlas a reflexionar sobre
todos los problemas fundamentales de la Unión Soviética, respetar el principio de
elección de todos los niveles, en una palabra, poner en práctica los métodos de la
democracia obrera. No obstante, el X Congreso constata que con sólo recurrir a los
métodos de la democracia obrera en el seno de los sindicatos (sin cambiar la situación y
el rol de los sindicatos en el estado obrero) no se podrán resolver los problemas vitales de
la construcción de la economía socialista.
Medidas prácticas
19.- Es anormal que el Consejo Superior Central de los Sindicatos y los Comités
Centrales de determinadas uniones de producción queden fuera del trabajo económico.
Actualmente todos los militantes sindicales que han dado pruebas de capacidad de
organización, capacidad económica administrativa, se han apartado de los sindicatos y
por lo tanto de las masas; han sido absorbido por el aparato de producción; hay que poner
fin a este estado de hecho.
20. Es necesario que los sindicatos participen directamente de la elaboración de
los planes económicos y de su ejecución.
El estado obrero no debe hacer distinciones entre los especialistas de la
organización de la producción y los especialistas de la organización del movimiento
sindical. El principio general debe ser que, quien es necesario en la producción socialista
también lo es el sindicato; inversamente todo sindicalista de valor debe participar en la
organización de la producción.
El Consejo Superior Central de los Sindicatos y los Comités Centrales de los
Sindicatos deben orientar el trabajo de las uniones profesionales en este sentido.
21.- A fin de asegurar la coordinación de su trabajo, Uniones de Producción y
organizaciones económicas deben tener los mismos límites territoriales, es decir deben
tener bajo su competencia el mismo número de empresas fijado según la estructura y las
necesidades de una rama de producción determinada.
Durante la reorganización de los sindicatos y de su campo de acción, hay que tener
en cuenta, en primer término, las exigencias de la economía tanto como las del
movimiento sindical.
El X Congreso estima que es indispensable crear una Comisión Central
(compuesta por una parte por el Consejo Superior Central de los Sindicatos y por la otra,
por el Consejo Superior de la Economía, el Comisariado de Agricultura, el Comisariado
de Vías de Comunicación) que tenga por misión asegurar, merced a reagrupamientos, la

87
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

coordinación de los sindicatos y de las organizaciones económicas sobre la base de la


experiencia de la producción.
22.- Los Congresos de las organizaciones económicas y de los sindicatos deben
tener lugar en la misma época y en el mismo lugar. El Congreso Panruso de los Sindicatos
debe ser convocado al mismo tiempo que el Congreso Panruso de los Sovnarjoses, y el
Congreso del Sindicato de Obreros Metalúrgicos al mismo tiempo que el Congreso de la
Metalurgia, etc. El orden del día debería establecerse de tal manera que los congresos
paralelos puedan efectuar en común los trabajos más importantes (elaboración de planes,
creación de organismos, etc.), ya sea en secciones o comisiones comunes o en sesiones
plenarias.
Este modo de trabajo, ya aplicado con éxito en ciertos sitios, tendrá efectos
excelentes en el acercamiento de los sindicatos y los sovnarjoses, en la “fusión” de
distintas organizaciones, en la supresión del nefasto paralelismo, en las candidaturas.
23.- Dado el carácter estrictamente centralizado de nuestros sindicatos y
organismos económicos, es imposible interesar a las masas en la construcción consciente
de la economía sobre la base de tareas precisas planificadas, si los organismos dirigentes
de los sindicatos no participan del trabajo económico.
El simple hecho de delegar representantes a los organismos económicos no
permite a los sindicatos establecer relaciones correctas o armonizar su trabajo, tal como
la experiencia lo ha demostrado. Para resolver esos problemas fundamentales, sería
necesario que ciertos obreros, con capacidad sindical y económica, dirigieran a la vez el
trabajo de los sindicatos y el de las organizaciones económicas correspondientes.
24.- Es necesario que por lo menos un tercio o la mitad del Presidium del Conejo
Superior Central de los Sindicatos y del Consejo Superior de la Economía esté compuesto
por las mismas personas. De este modo la excesiva especialización y la brecha que separa
a estos principales colegios se suprimirían. Así los dos organismos estarían compuestos
por trabajadores respetuosos de las exigencias administrativas y técnicas, y al mismo
tiempo, dedicados a las tareas de una organización proletaria de masas.
25.- El Consejo Superior Central de los Sindicatos y el Consejo Superior de la
Economía, reunidos en pleno en sesiones comunes, deben estudiar y resolver todos los
problemas fundamentales de la organización del trabajo y de la economía.
26.- Los Comisariados Económicos, las secciones del Consejo Superior de la
Economía, los Glavk, y los Comités Centrales de las Uniones de Producción deben estar
constituidos según las mismas reglas que los Consejos Superiores de la Economía y de
los Sindicatos.
27.- Estas reglas se aplican igualmente a los niveles inferiores de las
organizaciones económicas y de los sindicatos (en el nivel de las provincias, de los
barrios, de los distritos, de los departamentos, de las usinas, fábricas, etc.).
28.- En el caso en que sólo una persona dirija la administración económica, es
deseable que el administrador sea admitido en la sección sindical con voz consultiva.
Si la persona tiene la confianza del sindicato, es preferible que sea elegida en la
sección y darle voz.
Si se trata de un especialista que no es admitido en el sindicato, la sección elige
un representante (comisario) entre sus miembros, encargado de efectuar el control del
sindicato sobre el administrador.
29.- En las usinas y en las minas, cuanto más se liguen los sindicatos a la
producción, más elegirán las masas los criterios de producción en las diversas elecciones,
y más fácil será reunir los organismos administrativos y sindicales. La designación de un
miembro del comité de usina en el puesto de director, si resulta adecuado, es muy
conveniente.

88
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

30.- Las secciones económicas de los sindicatos, reforzadas por los mejores
administradores y técnicos de las organizaciones económicas, deben contribuir a mejorar
la producción, facilitar la mecanización e introducir la innovación.
31.- Las sub secciones que se encuentren en las usinas (o células de cooperación
en la producción) tienen relaciones determinadas y precisas con la dirección; ésta está
obligada a examinar las propuestas técnicas u organizativas presentadas por las células y
a dar cuenta periódicamente de la utilización de las reformas propuestas ante la asamblea
de la usina.
32.- Se debe comunicar a los sindicatos los datos relativos al reparto de fuerzas de
trabajo, a la protección del trabajo, y a la política de normas y salarios. Los sindicatos
harán mejor trabajo cuanto más próximos estén de las organizaciones económicas.
Observación: El Comisariado de Trabajo confía gran parte de sus funciones a los
sindicatos.
34.- Los sindicatos, responsables ante el estado obrero y campesino, están
encargados de resolver los conflictos que surjan entre los obreros y las organizaciones
económicas.
34.- Los sindicatos deben examinar muy profundamente a todos los especialistas.
Es necesario distinguir tres categorías en función de su pasado en la guerra civil:
a) los especialistas sometidos a prueba (ex partidarios de Kolchak y
Wrangel);
b) los candidatos;
c) los miembros integrales del sindicato.
Sólo los especialistas de la última categoría pueden pretender ocupar puestos de
responsabilidad sin ser controlados por comisarios.
Los de la segunda categoría deben ser controlados por un comisario de las uniones
de producción. Los de la primera categoría sólo pueden ser consultados por los
administradores que sean miembros del sindicato. Por esto la pertenencia al sindicato
reviste gran importancia tanto para los especialistas como para los obreros.
35.- La competencia de los tribunales disciplinarios organizados por los sindicatos
se extiende a todo el personal administrativo, aun al personal no agremiado.
36.- El principio de la dirección única debe mantenerse en las empresas
industriales, aun cuando subsista un cierto paralelismo entre las uniones de producción y
las organizaciones económicas, inevitable en nuestra época de transición. Las direcciones
de las empresas deben ser designadas de manera de ser transformadas en organismos
económico-administrativos, constituidos por los sindicatos y conservando estrechos lazos
con ellos. En esas condiciones el problema de la mezcla o de la no mezcla del sindicato
en la gestión de la producción ya no tiene razón de ser.
37.- No hay ni puede haber esquema de organización que prevea todos los tipos
de relaciones posibles entre los sindicatos y las organizaciones económicas. En este
terreno hay que dar pruebas de dinamismo, de espíritu de iniciativa; es necesario crear
combinaciones personales adaptadas a las realidades concretas, sin olvidar, de todos
modos, la unidad de las siguientes tareas:

a) desarrollar en los sindicalistas y economistas las capacidades de


productores y administradores;
b) acercar, y finalmente unir, el trabajo de los sindicatos y el de las
organizaciones profesionales;
c) crear las condiciones necesarias para resolver las tareas comunes;

89
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

d) extender progresivamente el trabajo común a todos los terrenos


hasta que se confundan definitivamente las organizaciones económicas y
sindicales.
38.- Desarrollando ese sistema, ligando cada vez más a los sindicatos y la
producción, llegaremos tarde o temprano a la siguiente situación: el sindicato, englobando
todos los aspectos de una rama de la producción determinada, podrá, combinando los
sistemas de elección y designación, formar el aparato administrativo y económico bajo el
control y la dirección del estado obrero.
39.- Es posible que ciertas ramas encuentren antes que otras las soluciones para
las relaciones mutuas de los sindicatos con las organizaciones económicas.
El Consejo Superior Central de los Sindicatos y las organizaciones económicas
deben tener una política flexible en este terreno y tener en cuenta las especialidades de
cada rama: no hay que buscar lograr la equiparación artificial de todas las ramas.
Si ciertas ramas de la producción de vanguardia superan a las otras, ello no
atentará contra la unidad y la solidaridad de la clase obrera; por el contrario, darán el
ejemplo y acelerarán el desarrollo de las empresas retardadas. En particular será posible,
en un futuro cercano, confiar la organización de la dirección de ciertas ramas industriales
a los sindicatos que estén preparados para la tarea, con la condición de que se
comprometan a respetar los programas del estado y obedecer al Presidium del Consejo
Superior de Economía.
40.- En el terreno de la producción, el principio del trabajo de choque sigue siendo
decisivo; sólo él permitirá equilibrar el desarrollo de las principales ramas económicas.
En el terreno del consumo, es decir de las condiciones materiales de vida, hay que
proceder a una cierta equiparación y aumentar el minimun acordado a los obreros, tanto
en dinero como en especies.
El sistema de primas, establecido sobre un conjunto de normas cuidadosamente
estudiadas y alimentado por un fondo en especies, en esas condiciones sólo puede
contribuir a aumentar la productividad.
41.- Cada unión de producción debe otorgar especial atención a la vida cotidiana
personal de los obreros. A pesar de todas las dificultades económicas de nuestro país, es
posible mejorar la vivienda, el vestido y la alimentación de los trabajadores con la
cooperación de los órganos soviéticos locales, con la participación de los mismos obreros
y obreras, con la introducción de elementos de colectivismo en la vida cotidiana (casas
comunes, cantinas, guarderías, talleres de reparación, etcétera). Cada militante sindical
responsable debe buscar cómo mejorar las condiciones de existencia de los obreros e
informar tanto a las instancias superiores como a la prensa de las medidas que ha tomado
y de los resultados obtenidos en este terreno.

Proponen este texto:


Los miembros del CC del PCR:
L. Trotsky, N. Bujarin, A. Andreiev, F. Dzerzhinsky, N. Krestinski, E. Preobrazhenski,
K. Rakovski y L. Serebriakov.
Los miembros del CC del P. Comunista de Ucrania:
V. Averin, N. Ivanov, T. Kin, F. Kon, G. Piatakov.
Los miembros del Presidium del Consejo Superior Central de los Sindicatos:
A. Goltsman, V. Kosior.
Los miembros de las CC de las Uniones Profesionales Panrusas y Militantes
Sindicales:

90
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Gurevich, Kalinin, Sudik, Axelrod, Chrepov, A. Amosov, E. Bumazhni, A. Rozengolts,


N. Jruliev, Gaievski, Ziskind, Stantso, Bobrov, V. Sajarov, I. Reshetkov, P. Reshetkov,
I. Slelejes, M. Japitonov, A. Paderin, Iujvitz, Malajovsky.
Los obreros moscovitas:
Larin, G. Sokolnikov, V. Yakolev, G. Krumin, V. I. Soloviov, Minkov,
Lisitsin, M. I. Rozgov, Drozhin, V. Lijachev, Lavrov, Gorfiutin, I.
Jlopliankin, Feldman, Galperstein, N. Merkulov, M. Sovietnikov, A.
Alexandrov.

91
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

(El comunismo y el sindicalismo en Francia)24


(julio de 1921)

Las relaciones del partido comunista con la clase obrera en Francia son, como
dije, más favorables que en Alemania. Pero la influencia política del partido sobre la clase
obrera, aumentada gracias a un golpe hacia la izquierda, no alcanza aún en Francia forma
precisa, sobre todo en lo que se refiere a organización. Esto se nota perfectamente en lo
que atañe a la cuestión sindical.
Los sindicatos representan en Francia, en medida más limitada que en Alemania
y países anglosajones, una organización que abarca millones de obreros. En Francia, el
número de los obreros sindicados también ha aumentado enormemente en el transcurso
de los últimos años.
Las relaciones entre el partido y la clase obrera encuentran su expresión en la
actitud del partido hacia los sindicatos. Esta simple manera de enfocar el asunto, ya nos
demuestra hasta qué extremo es injusta, antirrevolucionaria y peligrosa, la teoría de la
susodicha neutralidad, de la plena “independencia” de los sindicatos respecto al partido,
etc. Si los sindicatos, por su tendencia, son una organización de la clase obrera en su
conjunto, ¿cómo va a mantener una verdadera neutralidad en relación con el partido o
mantenerse “independiente”? Pero es que esto equivaldría a la neutralidad, es decir, a su
completa indiferencia hacia la revolución. Y, por lo tanto, en lo que concierne al problema
fundamental, el movimiento obrero francés adolece de falta de claridad, y la misma
claridad falta dentro del mismo partido.
La teoría de la división del trabajo, absoluta, entre el partido y los sindicatos, y de
su independencia mutua, es, bajo su forma definitiva, el producto de la evolución política
francesa por excelencia. El oportunismo más puro yace en el fondo de esta teoría. En el
largo tiempo en que una aristocracia obrera organizada en los sindicatos concreta
contratos colectivos, y en que el partido socialista defiende las reformas en el parlamento,
son más imposibles aún una división del trabajo y una neutralidad mutua. Pero tan pronto
como la verdadera masa proletaria entra en la lucha y el movimiento comienza a tomar
carácter auténticamente revolucionario, el principio de neutralidad degenera en una
escolástica reaccionaria. La clase obrera no puede vencer más que si tiene a su cabeza
una organización que represente su historia, experiencia viva, generalizada desde el punto
de vista de la teoría, y que dirige prácticamente toda la lucha. Gracias a la significación
misma de su tarea histórica, el partido no puede encerrar en sus filas más que a la minoría
más consciente y activa de la clase obrera; por el contrario, los sindicatos buscan
organizar la clase obrera en su totalidad. Aquel que admita que el proletariado necesita
una dirección política de su vanguardia organizada en partido comunista, admite, por la
misma razón, que el partido debe convertirse en fuerza directiva en el interior de los
sindicatos; esto es, en el seno de las organizaciones de masas de la clase obrera. Y, sin
embargo, existen en el partido francés algunos camaradas que ignoran esta verdad tan
elemental y que, como Verdier, por ejemplo, luchan intransigentemente para prevenir a
los sindicatos contra cualquier influencia del partido. Es evidente que tales camaradas han

24
Tomado de Una escuela de estrategia revolucionaria, páginas 30-32 del formato pdf en estas mismas
OELT-EIS.

92
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

entrado en el partido por equivocación: un comunista que niega los problemas y deberes
del partido comunista en relación con los sindicatos, no es comunista.
No es decir que esto signifique la subordinación de los sindicatos al partido, ya
exteriormente, ya desde el punto de visita de la organización. Desde este punto de vista,
los sindicatos son independientes. El partido goza, en el seno de los sindicatos, de la
influencia que ha conquistado con su trabajo, con su actitud espiritual, con su autoridad.
Por eso mismo afirmamos que debe aumentar en lo posible su influencia desde el exterior
de los sindicatos, estudiar todas las cuestiones inherentes al movimiento sindical y dar
respuestas claras haciendo prevalecer su punto de vista por medio de los comunistas que
trabajan en los sindicatos, sin menoscabo de su autonomía respecto a la organización.
No ignoráis que la tendencia conocida bajo el nombre de sindicalismo
revolucionario ejercía una considerable influencia en los sindicatos. El sindicalismo
revolucionario, no reconociendo al partido, en el fondo no era más que un partido
antiparlamentario de la clase obrera. La fracción sindicalista llevaba adelante siempre una
lucha enérgica para mantener su influencia sobre los sindicatos, y jamás reconoció la
neutralidad o independencia de los últimos en lo que, atañe a la teoría y práctica de la
fracción sindicalista. Si hacemos abstracción de los errores teóricos y de las tendencias
extremistas del sindicalismo francés, es indudable que esta esencia no ha encontrado su
pleno desarrollo en el comunismo.
El núcleo del sindicalismo revolucionario en Francia fue constituido por hombres
agrupados en torno de Vie Ouvrière. Mantiene íntima relación con aquel grupo durante la
guerra. Monatte y Rosmer constituían el centro; a su derecha se hallaban Merrheim y
Dumoulin. Los dos últimos pronto renegaron. Rosmer pasó, a consecuencia de una
evolución natural, del sindicalismo revolucionario al comunismo. Monatte mantiene,
hasta hoy una posición indefinida, y después del Tercer Congreso de la Internacional
Comunista y el de los sindicatos rojos, ha dado un paso que me inspira vivas inquietudes.
Con Monmousseau, secretario del sindicato de los ferroviarios, Monatte ha publicado una
protesta contra la resolución de la Internacional Comunista, sobre el movimiento sindical,
y ha rehusado adherirse a la Internacional Sindical Roja. Hay que decir que el texto de la
protesta de Monatte y Monmousseau ofrece el mejor argumento contra su postura
indefinida: Monatte declara en él que deja la Internacional Sindical de Ámsterdam a causa
de su estrecha unión con la Segunda Internacional. Es muy justo. Pero el hecho de que la
aplastante mayoría de los sindicatos se haya unido a la II o la III Internacional, nos
demuestra perfectamente que no existe, que no puede existir sindicato neutro y apolítico,
en general, y, sobre todo, en época revolucionaria. El que abandona Ámsterdam y no se
adhiere a Moscú, se arriesga a crear una Internacional Sindical Segunda y Media.
Espero firmemente que esta incomprensión desaparecerá, y que Monatte ocupará
el puesto al que le lleva todo su pasado: en el Partido Comunista Francés y en la
Internacional de Moscú.
Es muy comprensible y justa la actitud prudente y suavizadora que mantiene el
Partido Comunista Francés respecto a los sindicalistas revolucionarios, buscando
aproximarse a ellos. La que no comprendemos es la indulgencia con que tolera el partido
una oposición a la política de la Internacional Comunista, por parte de sus propios
miembros, como Verdier. Monatte representa la tradición del sindicalismo
revolucionario; Verdier, la confusión.
Sin embargo, más arriba que estas cuestiones de grupos y personalismos, se sitúa
el problema de la influencia dirigente del partido sobre los sindicatos. Sin prestar la menor
atención a su autonomía, determinada enteramente por la necesidad de un trabajo práctico
constante, el partido debe acabar con las discusiones y vacilaciones, y demostrar a la clase
obrera francesa que ella posee, al fin, un partido revolucionario que sabe dirigir la lucha

93
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

de clases en todos los terrenos. Baja este propósito, las resoluciones del Tercer Congreso,
cualesquiera que sean los tumultos, y conflictos temporales que puedan provocar en
meses próximos, tendrán inmensa influencia, fecunda hasta el mayor grado sobre toda la
marcha ulterior del movimiento obrero francés. Solamente sobre la base de estas
resoluciones se establecerán las relaciones entre el partido y la clase obrera, sin las cuales
ninguna revolución del proletariado alcanzaría la victoria.

94
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

[Los parados y los sindicatos]25


(sin fecha; entre el 7 de agosto de 1920 y el 22 de junio de 1921)

En todos los países la burguesía está volviendo a los parados en contra de los
obreros organizados en sindicatos con el objetivo de socavar la disciplina de esas
organizaciones, reducir los salarios y desmoralizar al proletariado. Nuestra tarea, la tarea
de la Internacional Comunista y de la internacional sindical revolucionaria consisten en
la movilización respecto al paro y los parados para la lucha contra la sociedad capitalista.
Pero la primera barricada inmediata, o la trinchera más avanzada, del estado capitalista
es la del aparato y los órganos principales de los principales sindicatos de casi todos los
países capitalistas de vanguardia. Tomar esta primera trinchera es la tarea inmediata y
fundamental del proletariado revolucionario. Es imposible derrocar a un gobierno
burgués mientras tienes sindicatos dirigidos por agentes de esa misma burguesía. La
poderosa fuerza que sostiene a las viejas organizaciones de los sindicatos es el
automatismo y el conservadurismo organizacional, el equilibrio interior y la confianza en
sí mismos, que es la evolución resultante de años y décadas de crecimiento y
consolidación gradual de los sindicatos y de sus dirigentes y la adquisición de los hábitos
correspondientes. Pero ahora todas las condiciones, toda la situación y, sobre todo, todo
el estado económico de la humanidad civilizada, eliminan cualquier posible estabilidad
de los sindicatos. El creciente número de parados y el aumento del paro representan
factores poderosos que socavan la estabilidad de toda la sociedad burguesa, incluyendo
sobre todo a los sindicatos conservadores. La tarea de los comunistas consiste en
combatir, dirigiendo hábilmente a los parados como parte del proletariado, para aplastar
al gobierno de esas camarillas conservadoras que tienen el poder de los sindicatos en sus
manos. Precisamente por esta razón la cuestión del paro debe situarse en el centro de la
atención de los partidos comunistas. La agitación alrededor de la cuestión del paro debe
adquirir un carácter concentrado. El partido comunista, su prensa, la fracción comunista
en el parlamento y las células comunistas en los sindicatos, deben hacer sonar una misma
nota, despertar la atención de las masas trabajadoras ante el hecho del paro, plantear las
mismas exigencias y exigir que los sindicatos lleven adelante diariamente una clara
campaña contra la sociedad burguesa a favor de los intereses de los parados y, al mismo
tiempo, de la clase obrera en su conjunto. Una lucha tan concentrada a escala
internacional con consignas centrales comunes sin duda reunirá a las masas.

25
Extracto tomado de [Los parados y los sindicatos], Edicions Internacionals Sedov – Trotsky inédito en
internet y en castellano.

95
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

(El comunismo y el sindicalismo en Francia)26


(julio de 1921)

Las relaciones del partido comunista con la clase obrera en Francia son, como
dije, más favorables que en Alemania. Pero la influencia política del partido sobre la clase
obrera, aumentada gracias a un golpe hacia la izquierda, no alcanza aún en Francia forma
precisa, sobre todo en lo que se refiere a organización. Esto se nota perfectamente en lo
que atañe a la cuestión sindical.
Los sindicatos representan en Francia, en medida más limitada que en Alemania
y países anglosajones, una organización que abarca millones de obreros. En Francia, el
número de los obreros sindicados también ha aumentado enormemente en el transcurso
de los últimos años.
Las relaciones entre el partido y la clase obrera encuentran su expresión en la
actitud del partido hacia los sindicatos. Esta simple manera de enfocar el asunto, ya nos
demuestra hasta qué extremo es injusta, antirrevolucionaria y peligrosa, la teoría de la
susodicha neutralidad, de la plena “independencia” de los sindicatos respecto al partido,
etc. Si los sindicatos, por su tendencia, son una organización de la clase obrera en su
conjunto, ¿cómo va a mantener una verdadera neutralidad en relación con el partido o
mantenerse “independiente”? Pero es que esto equivaldría a la neutralidad, es decir, a su
completa indiferencia hacia la revolución. Y, por lo tanto, en lo que concierne al problema
fundamental, el movimiento obrero francés adolece de falta de claridad, y la misma
claridad falta dentro del mismo partido.
La teoría de la división del trabajo, absoluta, entre el partido y los sindicatos, y de
su independencia mutua, es, bajo su forma definitiva, el producto de la evolución política
francesa por excelencia. El oportunismo más puro yace en el fondo de esta teoría. En el
largo tiempo en que una aristocracia obrera organizada en los sindicatos concreta
contratos colectivos, y en que el partido socialista defiende las reformas en el parlamento,
son más imposibles aún una división del trabajo y una neutralidad mutua. Pero tan pronto
como la verdadera masa proletaria entra en la lucha y el movimiento comienza a tomar
carácter auténticamente revolucionario, el principio de neutralidad degenera en una
escolástica reaccionaria. La clase obrera no puede vencer más que si tiene a su cabeza
una organización que represente su historia, experiencia viva, generalizada desde el punto
de vista de la teoría, y que dirige prácticamente toda la lucha. Gracias a la significación
misma de su tarea histórica, el partido no puede encerrar en sus filas más que a la minoría
más consciente y activa de la clase obrera; por el contrario, los sindicatos buscan
organizar la clase obrera en su totalidad. Aquel que admita que el proletariado necesita
una dirección política de su vanguardia organizada en partido comunista, admite, por la
misma razón, que el partido debe convertirse en fuerza directiva en el interior de los
sindicatos; esto es, en el seno de las organizaciones de masas de la clase obrera. Y, sin
embargo, existen en el partido francés algunos camaradas que ignoran esta verdad tan
elemental y que, como Verdier, por ejemplo, luchan intransigentemente para prevenir a
los sindicatos contra cualquier influencia del partido. Es evidente que tales camaradas han

26
Tomado de Una escuela de estrategia revolucionaria, páginas 30-32 del formato pdf en estas mismas
OELT-EIS.

96
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

entrado en el partido por equivocación: un comunista que niega los problemas y deberes
del partido comunista en relación con los sindicatos, no es comunista.
No es decir que esto signifique la subordinación de los sindicatos al partido, ya
exteriormente, ya desde el punto de visita de la organización. Desde este punto de vista,
los sindicatos son independientes. El partido goza, en el seno de los sindicatos, de la
influencia que ha conquistado con su trabajo, con su actitud espiritual, con su autoridad.
Por eso mismo afirmamos que debe aumentar en lo posible su influencia desde el exterior
de los sindicatos, estudiar todas las cuestiones inherentes al movimiento sindical y dar
respuestas claras haciendo prevalecer su punto de vista por medio de los comunistas que
trabajan en los sindicatos, sin menoscabo de su autonomía respecto a la organización.
No ignoráis que la tendencia conocida bajo el nombre de sindicalismo
revolucionario ejercía una considerable influencia en los sindicatos. El sindicalismo
revolucionario, no reconociendo al partido, en el fondo no era más que un partido
antiparlamentario de la clase obrera. La fracción sindicalista llevaba adelante siempre una
lucha enérgica para mantener su influencia sobre los sindicatos, y jamás reconoció la
neutralidad o independencia de los últimos en lo que, atañe a la teoría y práctica de la
fracción sindicalista. Si hacemos abstracción de los errores teóricos y de las tendencias
extremistas del sindicalismo francés, es indudable que esta esencia no ha encontrado su
pleno desarrollo en el comunismo.
El núcleo del sindicalismo revolucionario en Francia fue constituido por hombres
agrupados en torno de Vie Ouvrière. Mantiene íntima relación con aquel grupo durante la
guerra. Monatte y Rosmer constituían el centro; a su derecha se hallaban Merrheim y
Dumoulin. Los dos últimos pronto renegaron. Rosmer pasó, a consecuencia de una
evolución natural, del sindicalismo revolucionario al comunismo. Monatte mantiene,
hasta hoy una posición indefinida, y después del Tercer Congreso de la Internacional
Comunista y el de los sindicatos rojos, ha dado un paso que me inspira vivas inquietudes.
Con Monmousseau, secretario del sindicato de los ferroviarios, Monatte ha publicado una
protesta contra la resolución de la Internacional Comunista, sobre el movimiento sindical,
y ha rehusado adherirse a la Internacional Sindical Roja. Hay que decir que el texto de la
protesta de Monatte y Monmousseau ofrece el mejor argumento contra su postura
indefinida: Monatte declara en él que deja la Internacional Sindical de Ámsterdam a causa
de su estrecha unión con la Segunda Internacional. Es muy justo. Pero el hecho de que la
aplastante mayoría de los sindicatos se haya unido a la II o la III Internacional, nos
demuestra perfectamente que no existe, que no puede existir sindicato neutro y apolítico,
en general, y, sobre todo, en época revolucionaria. El que abandona Ámsterdam y no se
adhiere a Moscú, se arriesga a crear una Internacional Sindical Segunda y Media.
Espero firmemente que esta incomprensión desaparecerá, y que Monatte ocupará
el puesto al que le lleva todo su pasado: en el Partido Comunista Francés y en la
Internacional de Moscú.
Es muy comprensible y justa la actitud prudente y suavizadora que mantiene el
Partido Comunista Francés respecto a los sindicalistas revolucionarios, buscando
aproximarse a ellos. La que no comprendemos es la indulgencia con que tolera el partido
una oposición a la política de la Internacional Comunista, por parte de sus propios
miembros, como Verdier. Monatte representa la tradición del sindicalismo
revolucionario; Verdier, la confusión.
Sin embargo, más arriba que estas cuestiones de grupos y personalismos, se sitúa
el problema de la influencia dirigente del partido sobre los sindicatos. Sin prestar la menor
atención a su autonomía, determinada enteramente por la necesidad de un trabajo práctico
constante, el partido debe acabar con las discusiones y vacilaciones, y demostrar a la clase
obrera francesa que ella posee, al fin, un partido revolucionario que sabe dirigir la lucha

97
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

de clases en todos los terrenos. Baja este propósito, las resoluciones del Tercer Congreso,
cualesquiera que sean los tumultos, y conflictos temporales que puedan provocar en
meses próximos, tendrán inmensa influencia, fecunda hasta el mayor grado sobre toda la
marcha ulterior del movimiento obrero francés. Solamente sobre la base de estas
resoluciones se establecerán las relaciones entre el partido y la clase obrera, sin las cuales
ninguna revolución del proletariado alcanzaría la victoria.

98
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Carta al camarada Monatte27


(13 de julio de 1921)

Querido amigo:
Aprovecho la ocasión para saludarle muy cordialmente y para compartir con
usted, en lo relativo a la situación del sindicalismo francés, algunas opiniones personales
que concuerdan plenamente, así lo espero, con la línea adoptada por la III Internacional.
No le ocultaré la felicidad que experimentamos frente al éxito del sindicalismo
revolucionario, junto a una profunda inquietud con respecto al posterior desarrollo de las
ideas y de las relaciones en el movimiento obrero francés. Los sindicalistas
revolucionarios de todas las tendencias forman aún hoy una oposición y se agrupan y se
unen precisamente por su situación de oposición. Mañana, cuando ustedes sean los
dirigentes de la CGT (pues no dudamos que el día se aproxima) ¿se encontrarán frente a
cuestiones esenciales de la lucha revolucionaria? Y es en este punto que es permisible
una seria inquietud. La Carta de Amiens constituye la práctica oficial del sindicalismo
revolucionario.
Para formularle lo más claramente posible mi pensamiento, diría que invocar la
Carta de Amiens, no resuelve, sino que elude la cuestión. Es evidente para todo comunista
consciente que el sindicalismo francés de preguerra era una tendencia revolucionaria muy
importante y muy profunda. La carta fue para el movimiento proletario de clase un
documento muy precioso, pero el valor de este documento es históricamente limitado.
Desde entonces, tuvo lugar la guerra, fue fundada la Rusia de los Sóviets, una inmensa
oleada revolucionaria atravesó toda Europa, la III Internacional creció y se desarrolló, los
antiguos sindicalistas y los antiguos socialdemócratas se dividieron en tres tendencias
hostiles. Frente a nosotros se han planteado nuevos problemas inmensos... La Carta de
Amiens no da respuesta a ellos. Cuando leo Vie Ouvrière, no encuentro allí respuesta a
los problemas fundamentales de la lucha revolucionaria. ¿Es posible que en 1921
tengamos que volver a las posiciones de 1906 y a “reconstruir” el sindicalismo de
preguerra...? Esta posición es amorfa, conservadora, corre el riesgo de convertirse en
reaccionaria. ¿Cómo se representan ustedes la dirección del movimiento sindical cuando
ustedes tengan la mayoría en la CGT? Los sindicatos incluyen comunistas afiliados al
partido, sindicalistas revolucionarios, anarquistas, socialistas y grandes masas sin partido.
Naturalmente, cualquier problema de la acción revolucionaria debe ser examinado por el
conjunto del aparato sindical que agrupa a centenares de miles y millones de obreros.
Pero, ¿quién dirigirá el balance de la experiencia revolucionaria, quién hará un análisis
de ella, quién sacará las conclusiones necesarias, quién formulará las propuestas,
transformando las consignas, los métodos de combate y quién las aplicará en las amplias
masas? En una palabra, ¿quién dirigirá el movimiento? ¿Usted piensa llevar adelante esta
tarea como parte del grupo Vie Ouvriére? En este caso, se puede decir con seguridad que
se organizarán otros a su lado que, en nombre del sindicalismo revolucionario, pondrán
en discusión su derecho a dirigir el movimiento. Y finalmente, ¿qué actitud tendrán hacia
los numerosos comunistas sindicalizados? ¿Cuáles serán las relaciones entre ellos y su

27
Tomado de León Trotsky, Los cinco primeros años de la Internacional Comunista, páginas 213-214 del
formato pdf en estas mismas OELT-EIS.

99
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

grupo? Puede suceder que comunistas afiliados al partido estén a la cabeza de un sindicato
y que los sindicalistas revolucionarios no afiliados a un partido estén a la cabeza de otro.
Las propuestas y las consignas del grupo Vie Ouvriére pueden no ser acordes con las
propuestas y consignas de la organización comunista. Este peligro es muy real, puede
volverse fatal y reducirnos, algunos meses después de la victoria, nuevamente al reino de
los Jouhaux, Dumoulin y Merrheim.
Conozco bien la aversión de los medios obreros franceses que pasaron por la
escuela del sindicalismo anarquista respecto al “partido” y a la “política”. Reconozco
naturalmente que no se puede chocar bruscamente contra esta mentalidad, que el pasado
explica suficientemente, pero que para el futuro es extremadamente peligrosa. Con
respecto a esto, puedo acordar perfectamente con la transición gradual de la antigua
separación a la fusión total de los sindicalistas revolucionarios y los comunistas en un
solo partido; pero es necesario darse clara y firmemente ese objetivo. Si todavía hay en el
partido tendencias centristas, también existen ellas en la oposición sindical. Aquí y allá
es necesaria la previa depuración de las ideas. No se trata de subordinar los sindicatos al
partido, sino de unir a los comunistas revolucionarios y los sindicalistas revolucionarios
en los marcos de un partido único. Se trata de un trabajo concertado, centralizado, de
todos los miembros de este partido unificado, en el seno de los sindicatos que permanecen
autónomos, una organización independiente del partido. Se trata para la verdadera
vanguardia del proletariado francés de formar un todo coherente con el objetivo de
cumplir su tarea histórica esencial: la conquista del poder, y de proseguir bajo esta
bandera su acción en los sindicatos, organización fundamental, decisiva, de la clase obrera
en su conjunto.
Hay una cierta dificultad psicológica para dar un salto hacia un partido después
de una larga acción revolucionaria por fuera de un partido; pero esto es retroceder frente
a la forma más prejuiciosa del asunto. Ya que, lo afirmo, todo su trabajo anterior sólo fue
una preparación para la fundación del partido comunista, para la revolución proletaria. El
sindicalismo revolucionario de preguerra fue el embrión del Partido Comunista. Volver
al embrión sería una monstruosa regresión. Por el contrario, la participación activa en la
formación de un verdadero partido comunista supone la continuación y el desarrollo de
las mejores tradiciones del sindicalismo francés.
Cada uno de nosotros debió, en el curso de estos años, renunciar a una parte
envejecida de su pasado, para salvar, desarrollar y asegurar la victoria de los elementos
del pasado que soporten la prueba de los acontecimientos. Este tipo de revoluciones
internas no son fáciles, pero sólo a ese precio se adquiere el derecho a participar
eficazmente en la revolución obrera.
Querido amigo, creo que el momento actual definirá por mucho tiempo los
destinos del sindicalismo francés, la suerte de la revolución francesa. Entre las decisiones
a tomar, a usted le corresponde un importante rol. Usted le daría un golpe muy cruel al
movimiento del que es uno de los mejores militantes si, ahora que es necesaria una
elección definitiva, le da la espalda al partido comunista, pero estoy convencido que no
será así.
Estrecho muy cordialmente su mano y estoy a su disposición.

100
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Carta a los camaradas Cachin y Frossard28


(14 julio de 1921)

Queridos amigos:
A través de esta carta personal trataré de disipar cualquier malentendido o
incomprensión que pudiera haber surgido a causa de la comunicación sumamente pobre
entre París y Moscú. Durante los acontecimientos revolucionarios de Alemania, en marzo
de este año, la prensa burguesa alemana repetía que el movimiento de marzo fue
provocado por orden de Moscú para solucionar nuestras dificultades internas. Esto me ha
hecho temer, y creo que también a otros camaradas, que esos rumores causaran alarma en
los partidos comunistas de Europa. Esperamos que el Tercer Congreso Mundial haya
servido para disipar todas las dudas y temores a este respecto. Si esos temores surgieron
en uno u otro lugar (quizás, incluso en Francia) sólo podría deberse a la falta de
información adecuada. Es evidente de por sí que, aun si sostuviéramos la posición de
ocuparnos solamente de los intereses de la República Soviética rusa y no de los de la
Revolución europea, no creeríamos que un levantamiento parcial podría significar una
ayuda real; y menos aún un levantamiento parcial provocado artificialmente. La ayuda
puede venirnos sólo del triunfo revolucionario del proletariado europeo, de aquel
movimiento y levantamiento que surge del desarrollo interno del proletariado de Europa.
De allí que esté excluida la posibilidad de que Moscú envíe algún tipo de “órdenes”
aventureras. Pero Moscú no sostiene en absoluto un punto de vista “moscovita”. Para
nosotros, la República Soviética Rusa sólo constituye el punto de partida para la
revolución europea y mundial. Son los intereses de ésta, en todas las cuestiones
importantes, lo decisivo para nosotros. Confío en que el Tercer Congreso Mundial no
haya dejado lugar a dudas sobre esto.
Hasta donde se puede apreciar desde lejos, la preparación política para la
revolución se está cumpliendo espléndida y sistemáticamente en Francia. En vuestro país,
se está aproximando, evidentemente, un período de kerenskysmo; el régimen del Bloque
Radical-Socialista es la primera repercusión de la época de la guerra. El kerenskysmo
francés combina la irritación y la desesperación de la pequeña burguesía, con el egoísmo
del campesino que no quiere pagar los platos rotos por la guerra y el conservadorismo de
los obreros más privilegiados que esperan retener la posición que obtuvieron, etc., etc.
Cuando suceda ha de sacudir brutalmente al aparato del Estado. Entre la pandilla
imperialista y sus candidatos a jugar el papel de Gallifet, por un lado, y la creciente
revolución proletaria por el otro, jugará temporariamente el papel de amortiguador el
impotente bloque de los radicales y los socialistas: Caillaux, Longuet y compañía. Este
será un excelente prólogo para la revolución proletaria. Si el moribundo Bloque Nacional
tuviera éxito en hacer aprobar su ley contra los comunistas, habría que agradecer al
destino por semejante regalo. Las persecuciones policiales y administrativas, los arrestos
y los allanamientos, serán una escuela muy útil para el comunismo francés en vísperas de
su entrada al período de los acontecimientos decisivos. A través de las columnas de
L’Humanité, estamos siguiendo con gran atención e interés con cuánta energía están

28
Tomado de Carta a los camaradas Cachin y Frossard, Edicions Internacionals Sedov – Trotsky inédito
en internet y en castellano.

101
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

llevando ustedes a cabo la campaña contra la Ley Briand-Barthou. Aunque los derroten
en esta empresa, la autoridad del partido aumentará mucho. Aunque la ley se apruebe,
igualmente ustedes saldrán ganando.
Por lo que refleja L’Humanité de la línea de los círculos dirigentes del partido, se
puede ver con claridad que esa línea se está radicalizando resueltamente. Pero es
lamentable que sea difícil juzgar por L’Humanité cuáles son los sentimientos de los más
amplios círculos de la clase obrera. Pues L’Humanité virtualmente no contiene cartas de
obreros, correspondencia de fábricas y empresas ni otro material que refleje directamente
la vida cotidiana de las masas. Establecer esa correspondencia es de máxima importancia
para el comunismo francés y mundial, para tener una visión mucho más clara acerca de
qué círculos del proletariado lo leen y exactamente qué leen en el periódico. Una red bien
establecida de colaboradores y corresponsales obreros puede convertirse, en determinado
momento, en el organizador del levantamiento revolucionario, transmitirá a las masas las
consignas y directivas de su periódico, proveyendo al movimiento espontáneo de esa
unidad que tan a menudo faltó en las revoluciones del pasado. El periódico revolucionario
no puede permanecer suspendido sobre las masas, debe hundir sus raíces en ellas.
La cuestión de la relación del partido con la clase obrera es fundamentalmente la
de la relación del partido con los sindicatos. Por lo que podemos apreciar desde tan lejos,
ésta es hoy la cuestión más aguda y problemática del movimiento obrero francés. El grupo
La Vie Ouvrière es un sector valioso de este movimiento, aunque más no fuera porque ha
reunido un número bastante considerable de obreros dignos de confianza, sacrificados y
probados. Pero si este grupo continúa (y yo no creo que lo haga) manteniéndose aislado
y conserva su carácter cerrado, correrá el peligro de transformarse en una secta y volverse
un freno en el futuro desarrollo de los sindicatos y del partido. Con su actual política
indefinida hacia los sindicatos, como la expuesta en el artículo de Verdier, el partido
ayuda a que se mantengan los aspectos débiles de La Vie Ouvrière, retrasando el
desarrollo de sus aspectos más positivos. El partido debe proponerse la tarea de
conquistar los sindicatos desde adentro. No es cuestión de privarlos de su autonomía ni
de subordinarlos al partido (¡esto es una tontería!); es cuestión de que los comunistas sean
los mejores activistas en los sindicatos, que conquisten la confianza de las masas y
jueguen un rol decisivo en las luchas. Desde ya, dentro de los sindicatos los comunistas
actúan como disciplinados miembros del partido que llevan a la práctica sus directivas
básicas. El comité central del partido deberá contar con muchos obreros comunistas que
jueguen un papel prominente en el movimiento sindical. Es indispensable que los
comunistas que militan en este frente se reúnan periódicamente y discutan los métodos
de trabajo bajo la dirección de miembros del comité central del partido.
Naturalmente, debemos mantener las más amistosas relaciones con los
sindicalistas revolucionarios sin partido, pero al mismo tiempo tenemos que crear ya
mismo en los sindicatos nuestros propios núcleos partidarios, que después podrán unirse
con los anarcosindicalistas en núcleos mixtos. Sólo si las células comunistas de los
sindicatos están firmemente unidas y disciplinadas, podremos captar cada vez más
elementos anarcosindicalistas desorganizados, que se convencerán por experiencia propia
de que la disciplina y la unidad centralizada alrededor de una línea dirigente, es decir, el
partido, es indispensable.
Si simplemente pasamos por alto nuestras diferencias con los sindicalistas y
anarquistas, esas diferencias pueden estallar catastróficamente sobre nuestras cabezas en
el momento decisivo.
Les pido que no se molesten porque yo exprese con tanta libertad mis puntos de
vista sobre la situación en Francia, con la cual ustedes están mucho más familiarizados
que yo. Me impulsan a hacerlo, por una parte, la reciente experiencia de la Revolución

102
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Rusa; por la otra, mi profundo interés por las cuestiones del movimiento obrero francés.
Comparto con otros camaradas la desilusión por vuestra ausencia del Congreso. ¿No sería
posible que ambos, o cada uno por separado, vinieran a Moscú antes del próximo
congreso del partido francés? Indiscutiblemente, vuestra reunión con el Comité Ejecutivo
del Comintern podría ser de gran valor para ambas partes, eliminaría la posibilidad de
cualquier tipo de malentendidos, e incluso fortalecería, de aquí en adelante, los lazos
organizativos e ideológicos entre nosotros.
Estrecho sus manos y les saludo de todo corazón.

103
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

[Estrechar lazos con las masas y sindicato] Carta a Lenin29


(septiembre de 1921)

[…]
Independientemente de la proximidad o el alejamiento de esos acontecimientos
revolucionarios decisivos, el partido comunista (verdadera y enteramente inspirado y
penetrado por una voluntad revolucionaria) encontrará la posibilidad de movilizar, desde
ahora mismo, en el periodo de preparación, a las masas obreras sobre una base económica y
política dándole a sus luchas un carácter cada vez más amplio y más determinado.
Las tentativas de los elementos políticamente inexpertos, llenos de impaciencia
revolucionaria, para aplicar los métodos más extremos, que por esencia son los métodos de
la insurrección revolucionaria decisiva del proletariado, a tareas y cuestiones particulares
(como llamar a la clase 19 a resistirse a la movilización, impedir por la fuerza la ocupación
de Luxemburgo30, etc.), esas tentativas refuerzan los elementos del más peligroso
aventurerismo y, en caso de aplicación, pueden hacer fracasar la verdadera preparación
revolucionaria del proletariado para la conquista del poder. El aventurerismo y el
putschismo, por su misma naturaleza, no tienen en cuenta las tareas de la acción de masas y
no pueden más que conducirlas a abortos dolorosos y a veces mortales.
Reforzar los lazos del partido con las masas significa ante todo estrechar más los
lazos con los sindicatos. En absoluto hay que subordinar organizativamente los sindicatos al
partido, ni hacerlos renunciar a la autonomía que se desprende de su carácter y actividad,
sino que es preciso que los elementos auténticamente revolucionarios, unidos por el partido
comunista, dirijan el trabajo de los sindicatos, desde el interior de estos últimos, siguiendo
una línea que responda a los intereses generales del proletariado en lucha por la conquista
del poder.
En esta perspectiva, el partido comunista de Francia debe, bajo una forma amistosa
pero firme y precisa, criticar las tendencias anarcosindicalistas que rechazan la dictadura del
proletariado y la necesidad de la unión de su vanguardia en una organización dirigente
centralizada (el partido comunista); también tiene que criticar a las tendencias sindicalistas
intermedias que (ocultándose tras la Carta de Amiens31, elaborada más de ocho años antes
de la guerra) rechazan dar respuestas claras y precisas a las cuestiones fundamentales de la
nueva época, la de la posguerra.

29
Extracto de “Carta a Lenin [sobre el Partido Comunista francés]”, en nuestra serie Trotsky inédito en
internet y en castellano.
30
En tanto que informador sobre la situación en Francia ante el Comité Ejecutivo de la Internacional
Comunista, Trotsky debía seguir con atención la política del PC de Francia. Los acontecimientos a los que
alude son, en primer lugar, al llamamiento anticipado de la clase 19 a filas, el PC había sido criticado por
diversas partes por su inactividad en este asunto y, en segundo lugar, la intervención de las tropas francesas
en Luxemburgo para romper una huelga de metalúrgicos, el PC sólo había protestado.
31
El nombre de “Carta de Amiens” le fue dado a la resolución adoptada en el congreso de la CGT de 1906
para mantener su independencia en relación con un partido socialista “unificado” (SFIO) todavía sometido
a discusiones que agitaban a las grandes corrientes que sólo reunía desde hacía dieciocho meses. Este texto
ha dado lugar a muchas interpretaciones diversas que, todas ellas, parecen ignorar una de sus frases que,
sin embargo, es fundamental: “la CGT agrupa, al margen de cualquier escuela política, a todos los
trabajadores conscientes de la lucha a llevar para la desaparición del asalariado y del proletariado.” Los
problemas del movimiento sindical estaban en el corazón de los debates en el seno del PC.

104
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

La fusión, en el interior de los sindicatos, de grupos sindicalistas revolucionarios con


la organización comunista toda entera es una condición previa indispensable para cualquier
lucha seria del proletariado francés.
A su vez, la neutralización y alejamiento de las tendencias aventureras y putschistas,
igual que la desaparición de la inconsistencia de principios y del separatismo organizativo
de los sindicalistas revolucionarios, ni pueden ni podrán lograrse en toda su amplitud más
que con la condición que el mismo partido, como se ha dicho más arriba, se transforme en
un potente centro de atracción para las masas obreras de Francia, gracias a un enfoque
revolucionario de todas las cuestiones de la vida y de la lucha.

105
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

[Movimiento sindical y Frente Único]32


(2 de marzo de 1922)

[…]
12.- La mayor particularidad del movimiento obrero francés es que los sindicatos
obreros han sido, desde hace mucho tiempo, la cobertura bajo la que se oculta un partido
antiparlamentario, de una forma especial, conocido bajo el nombre de sindicalismo.
Los sindicalistas revolucionarios pueden, en efecto, separarse tanto como quieran
de la política y del partido; nunca podrán negar que ellos mismos constituyen un partido
político, que aspira a apoyarse en las organizaciones económicas de la clase obrera. Hay
buenas tendencias revolucionarias proletarias en este partido. Pero también contiene
caracteres negativos, le falta un programa preciso y una organización definida.
La cuestión se complica debido al hecho que los sindicalistas, como todos los
otros reagrupamientos de la clase obrera, están divididos tras la guerra en reformistas que
apoyan a la sociedad burguesa y, otras que han pasado, personificando a los mejores
elementos, al lado del comunismo.
Y la tendencia al mantenimiento de la unidad del frente ha inspirado,
precisamente, no sólo a los comunistas sino también a los sindicalistas revolucionarios,
la mejor táctica en la lucha a favor de la unidad de la organización sindical del proletariado
francés. Por el contrario, Jouhaux, Merrheim y tutti quanti se han adentrado en la vía de
la escisión, impelidos por el instinto de quienes se ven en bancarrota, que sienten que no
podrán sostener ante la masa obrera la competencia de los revolucionarios en la acción.
La lucha, de una colosal importancia, que se desarrolla hoy en día en todo el movimiento
sindical francés, entre los reformistas y los revolucionarios, se nos presenta como una
lucha a favor de la unidad de la organización sindical y, al mismo tiempo, a favor de la
unidad del frente sindical.
III.- Movimiento sindical y Frente Único
13.- El comunismo francés se encuentra, en lo que concierne a la idea del frente
único, en una situación excepcionalmente favorable. El comunismo francés a logrado
conquistar, en los marcos de la organización política, a la mayoría del viejo Partido
Socialista; tras lo cual los oportunistas han añadido a todas sus otras cualidades políticas
la de liquidadores de organización. Nuestro partido francés ha señalado este hecho
calificando a la organización socialista-reformista de disidente; este solo nombre
evidencia el hecho que son los reformistas los que han destruido la unidad de acción y
organización política.
14.- En el dominio sindical, los elementos revolucionarios, y los comunistas los
primeros, no deben ocultar a su propia mirada ni a la de sus enemigos la magnitud de la
profundidad de las diferencias de puntos de vista entre Moscú y Ámsterdam, diferencias
que no son en absoluto el resultado de simples corrientes de opinión en las filas del
movimiento obrero sino el reflejo del antagonismo entre la burguesía y el proletariado.
Pero los elementos revolucionarios, es decir, ante todo, los elementos comunistas
conscientes, nunca han preconizado la salida de los sindicatos o la escisión de la

32
Extracto de León Trotsky, “El Frente Único y el comunismo en Francia”, en Los cinco primeros años de
la Internacional Comunista, páginas 407-409 del formato pdf en estas mismas OELT-EIS.

106
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

organización sindical. Esta consigna caracteriza a los agrupamientos sectarios y localistas


del KAPD, a determinados grupos “libertarios” en Francia, que nunca han ejercido
influencia en las masas populares, que no tienen ni la esperanza ni el deseo de conquistar
esta influencia, sino que se confinan en pequeñas parroquias bien definidas. Los
elementos verdaderamente revolucionarios del sindicalismo francés han sentido
instintivamente que no se puede conquistar a la clase obrera en el movimiento sindical si
no se oponen los puntos de vista revolucionario y los métodos revolucionarios al punto
de vista y métodos de los reformistas en el dominio de la acción de masas, defendiendo
al mismo tiempo con la mayor energía la unidad de acción.
15.- El sistema de núcleos en la organización sindical, que han adoptado los
revolucionarios, representa la forma de lucha más natural para alcanzar la influencia
ideológica y a favor de la unidad del frente aplicable sin destruir la unidad de la
organización.
16.- Semejándose a los reformistas del Partido Socialista, los reformistas del
movimiento sindical han tomado la iniciativa de la ruptura. Pero precisamente la
experiencia del Partido Socialista les ha sugerido que el tiempo trabaja a favor del
comunismo y que se puede contrarrestar la influencia de la experiencia y del tiempo
apresurando la ruptura. Vemos, por parte de los dirigentes de la CGT, todo un sistema de
medidas tendentes a desorganizar a la izquierda, a privarla de los derechos que le
confieren los estatutos de los sindicatos y, en fin, a excluirla (contrariamente a los
estatutos y usos) de toda organización sindical.
Por otra parte, vemos la izquierda revolucionaria defendiendo sus derechos, en el
ámbito de las formas democráticas de la organización obrera, y oponiéndose a la escisión
decretada por los dirigentes confederales mediante el llamamiento a las masas a favor de
la unidad sindical.
17.- Todo obrero consciente debe saber que cuando los comunistas no eran más
que la sexta o la tercera parte del Partido Socialista, no pensaban en absoluto en la
escisión, firmemente convencidos de que la mayoría del partido no tardaría en seguirles.
Cuando los reformistas fueron reducidos a una tercera parte, produjeron la escisión, no
teniendo ninguna esperanza en conquistar la mayoría en la vanguardia proletaria.
Todo obrero consciente debe saber que cuando los elementos revolucionarios se
enfrentaron al problema sindical, lo resolvieron en la época en que sólo eran una ínfima
minoría, en el sentido del trabajo en las organizaciones comunes, convencidos que la
experiencia de la época revolucionaria llevaría rápidamente a la mayoría de los sindicados
a la adopción del programa revolucionario. Cuando los reformistas vieron crecer la
oposición revolucionaria en los sindicatos recurrieron, inmediatamente, a las medidas de
expulsión y a la escisión porque no tenían ninguna esperanza en reconquistar el terreno
perdido.
De aquí se extraen numerosas deducciones de gran importancia:
1) Las diferencias existentes entre nosotros y los reformistas reflejan en su
esencia el antagonismo entre la burguesía y el proletariado;
2) La democracia mentirosa de los enemigos de la dictadura proletaria queda
desenmascarada completamente puesto que no están dispuestos a admitir los métodos de
la democracia obrera, no sólo en el marco del estado sino, también, en el marco de la
organización obrera: cuando esta democracia se vuelve contra ellos, se separan, como los
disidentes del partido, o expulsan a sus adversarios (como MM. Jouhaux, Dumoulin y
compañía). En efecto, sería absurdo creer que la burguesía consienta jamás rematar la
lucha con el proletariado en el marco de la democracia si los agentes de la burguesía, en
la organización sindical y política, no logran resolver las cuestiones del movimiento

107
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

obrero en el terreno de la democracia obrera, de la que aceptan, de forma ostensible, las


reglas.
18.- La lucha a favor de la unidad de la organización y acción sindicales es, de
ahora en adelante, uno de los problemas más importantes de los que se plantea el Partido
Comunista. Se trata no sólo de reunir un número cada vez más grande de obrero bajo el
programa y la táctica comunistas. Se trata de más, para el Partido Comunista se trata de
buscar, mediante su acción y la de los comunistas sindicados, reducir al mínimo, en cada
situación apropiada, los obstáculos que la escisión levanta ante el movimiento obrero. Si
la escisión de la CGT se agrava próximamente, a pesar de todos nuestros esfuerzos
encaminados a rehacer la unidad, ello no significaría de ninguna manera que la CGT
Unitaria, que reúne a la mitad o más de la mitad del total de los sindicados, debería
continuar su trabajo ignorando la existencia de la CGT reformista. Semejante actitud
impediría considerablemente (si no lo impedía por completo) la posibilidad de una acción
común del proletariado y facilitaría considerablemente a la CGT reformista ejercer el
papel de una Unión Cívica burguesa, que quisiera ejercer durante las huelgas,
manifestaciones, etc.; le permitiría llevar a la CGT Unitaria a acciones inoportunas de las
que esta última sufriría completamente las consecuencias. A todas luces es evidente que
todas las veces que se lo permitirán las circunstancias, la CGT Unitaria, considerando
necesario llevar adelante cualquier campaña, dirigirá abiertamente a la CGT reformista
propuestas concretas y le propondrá un plan de acciones comunes. Y la CGTU no dejará
de ejercer sobre la organización reformista la presión de la opinión obrera y de
desenmascarar ante esta opinión pública sus espantadas y dudas.
Así, incluso en el caso en que la escisión sindical se agravase, los métodos de
lucha por el frente único conservarían todo su valor.
19.- Se puede constatar que, en el dominio más importante del movimiento obrero
(en el dominio sindical) el programa de unidad de las acciones necesita una aplicación
más continuada, más perseverante y más firme de las consignas bajo las que se ha llevado
a cabo nuestra lucha contra Jouhaux y compañía.
[…]

108
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

La huelga en el estado obrero33


(13 de abril de 1922)

Hace cinco años, uno de los más grandes partidos políticos de Rusia adoptaba
durante la celebración de uno de sus más importantes congresos una resolución en la que
se decía:
“El proletariado ruso, actuando en uno de los países más atrasados de Europa,
en el seno de las masas de una población pequeñoburguesa, no puede dotarse con el
objetivo de la realización inmediata del socialismo.
Pero sería el mayor error y, en la práctica, un servicio rendido a la burguesía,
deducir de este hecho la necesidad de la clase obrera de apoyar a la clase burguesa o
limitar su actividad en los marcos apropiados a la pequeña burguesía; o, además,
deducir de ello la necesidad del proletariado de renunciar al papel dirigente que le
incumbe en la propaganda y cumplimiento de diversas medidas prácticas inmediatas,
posibles y que constituyen un paso hacia el socialismo.
La nacionalización de la tierra es una de esas medidas. Sin salir inmediatamente
de los marcos del orden burgués afectaría directamente al derecho de propiedad privada,
de los medios de producción, y reforzaría tanto más la influencia del proletariado
socialista sobre los semiproletarios del campo.
El control de los bancos por el estado, su fusión en un banco central, el control
de las compañías de seguros y de los grandes conglomerados capitalistas, así como el
paso progresivo a un más justo reparto de los impuestos sobre los ingresos y sobre la
propiedad, deben ser otras medidas más en el mismo sentido.
La vida económica está madura para su cumplimiento; esas medidas son
indiscutiblemente posibles de inmediato; ¡pueden encontrar el apoyo político de las
grandes masas campesinas que se beneficiarían de ellas en todos los aspectos!”
¿Qué partido adoptaba esa resolución? El nuestro, el Partido Bolchevique. ¿En
qué congreso? En su importante Conferencia Panrusa de Petrogrado, los días 24-29 de
abril de 1917. Por primera vez, tras la caída del zarismo, nuestro partido se reunía y
precisaba su táctica en vistas a la revolución social. El texto de la moción citada había
sido redactado en su conjunto por Lenin. Se adoptó por 140 votos contra 8 abstenciones.
Hace ahora un año se dijo que ese documento ya no tenía más que un valor
histórico. Hoy en día recobra un significado actual. Se podría decir, con algunas reservas
precisas, que nuestro partido vuelve ahora a sus posiciones de abril de 1917, posiciones
adoptadas en una época en la que le era posible definir más tranquilamente su táctica que
durante los años de guerra civil encarnizada en los que nació el comunismo de guerra.
Los militantes que se tomen la molestia de profundizar en la resolución citada
comprenderán que nuestra nueva orientación económica no es, en muchos de sus
aspectos, más que una vuelta a la antigua línea de conducta tal y como la definimos hace
alrededor de cinco años. Y las cuestiones que se nos plantean hoy en día en lo tocante a
los sindicatos no le parecerán sorprendentes.
La cuestión sindical, que suscitaba hace un año tan ardientes discusiones en el
partido, y que provocaba la formación de tendencias, está resuelta hoy por unanimidad.

33
“La huelga en el estado obrero”, en nuestra serie Trotsky inédito en internet y en castellano.

109
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Y es que hace un año el paso a la nueva (o mejor dicho a la vieja) política económica
solamente se preparaba. En vísperas del 10º Congreso del Partido Comunista Ruso,
comenzaba el período de transición. El 10º Congreso se celebró en el momento más grave
del giro de 180 grados, durante los acontecimientos de Cronstadt. El partido comenzaba
solamente a tomar conciencia de la necesidad de grandes cambios, pero no se los
imaginaba todavía exactamente.
El 10º Congreso reemplazó las requisas por el impuesto en especie. Todo lo demás
debía derivar de esta decisión capital. Entonces todavía no nos dábamos cuenta de sus
consecuencias en cuanto al papel de los sindicatos. Pero si pasamos al impuesto en
especie, si admitimos cierta vuelta al capitalismo, si hicimos concesiones a las empresas,
si alentamos la iniciativa privada, se da por supuesto que no puede tratarse de la
estatización rápida de los sindicatos y la transmisión de toda la dirección de la industria
a los sindicatos. Ahora se ve mejor que en la época del 10º Congreso.
La reciente resolución del comité central del partido modifica en tres puntos
esenciales el papel de los sindicatos.
1º Se transforma su participación en la vida económica;
2º Del registro obligatorio de todos los trabajadores en el sindicato volvemos al
principio de la adhesión voluntaria;
3º El sindicato vuelve a ser un órgano de defensa de los trabajadores considerados
como vendedores de su mano de obra.
Esta última modificación es la que plantea la cuestión del derecho de huelga en el
estado proletario, derecho sobre el que quiero detenerme.
Los sindicatos están lejos de renunciar a toda participación en la organización de
la economía. Hay que señalar esto pues nuestras recientes resoluciones ya son deformadas
por determinados camaradas en ese sentido. El camarada Yarolsky ha escrito que “la tarea
esencia de los sindicatos, tarea de organización económica, ha quedado casi enteramente
eliminada”. Esto es completamente inexacto. “Escuela del comunismo de una forma
general, los sindicatos deben ser más particularmente para los obreros escuelas de
administración socialista de la producción.” Así se expresa la resolución del comité
central.
Nuestros sindicatos deben renunciar a las formas de intervención en la
organización económica condenadas por la experiencia. Como ha dicho la resolución del
comité central, deben renunciar a “la intervención inmediata, improvisada, incompetente,
irresponsable, en la dirección de la industria”, pero, al mismo tiempo, deben continuar
asiduamente su participación en el trabajo económico. La resolución del comité central
precisa de qué forma.
Pero volvamos a la huelga.
El renacimiento del capital privado y la aparición del capital con concesiones
estatales entrañan la formación de un proletariado que no trabaja con el estado obrero,
sino para los capitalistas. Ya no es insignificante. La comisión económica provincial de
Moscú nos ha ofrecido las siguientes cifras sobre el número de obreros empleados en la
capital por la industria privada:
Trabajadores de la madera, 2.000; de la construcción, 10.000; industria química,
1.500; cuero y pieles, 1.300; metalúrgica, 2.000; industria textil, 1.000; servicios de
alimentación, 3.000; alimentación, 7.000; ropa, 1.000; libro, 1.500. No hemos podido
verificar la exactitud de esas cifras; pero teniendo en cuenta que los almacenes alquilados
en Moscú ascienden a alrededor de 20.000 y que en ellos se emplea a 9.096 asalariados,
llegamos a un total de 50.000 personas empleadas en la industria privada, incluso si
algunos de nuestros datos son un tanto exagerados. Todo ello todavía cuando el Consejo
Económico de Moscú no ha concedido a la industria privada más que 205 empresas de

110
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

una lista total de 542 empresas. En Petrogrado, la Comisión Económica Provincial de


Petrogrado nos ofrece las siguientes cifras de asalariados empleados en la industria
privada:

Factorías y fábricas 1.880


Talleres 3.877
Pequeñas empresas 528
Total 6.285

Pero esta estadística es muy incompleta puesto que no engloba ni a los


trabajadores de la construcción ni a los empleados del comercio, ni tampoco a algunas
otras categorías de asalariados. En la industria privada de Petrogrado no hay menos de
10.000. Y si se considera el debilitamiento numérico del proletariado de esa ciudad, esta
cifra aparece como bastante importante. Por otra parte, está llamada a aumentar, mucho
más teniendo en cuenta que el capital de concesiones estatales todavía no ha hecho su
aparición aquí.
Con toda evidencia, los sindicatos deben tomarse en serio la defensa de los
asalariados que trabajan para la industria privada. Los interesados no siempre desean en
estos momentos la intervención del sindicato en sus asuntos. Bajo las condiciones
extremadamente duras del período transitorio actual, el trabajo para el capitalista puede
parecer a veces el mejor. Pero muy pronto se darán cuenta de que la protección del estado
obrero y del sindicato contra el explotador les es indispensable.
Para defender a esas categorías de asalariados, nuestros sindicatos deben
reconstituir sus cajas de huelga y prepararse para luchas nuevas. Ello no quiere decir que
siempre se recurrirá a la huelga en las concesiones estatales y las empresas privadas. Por
el contrario, los sindicatos que actúan bajo del régimen de los sóviets con la ayuda
ilimitada del estado encontrarán muy a menudo muchos otros medios para llevar al
concesionario y empresario a satisfacer las reivindicaciones obreras.

***
He ahí lo que es evidente. Mucho más difícil de resolver es el problema de la
huelga en las empresas del estado, en las empresas soviéticas. Nadie ignora que, durante
nuestros cuatro años de lucha, hemos visto esas huelgas. Mientras seamos tan pobres,
mientras que suframos la profunda miseria causada por el bloqueo, por la intervención
extranjera y por el sabotaje de ciertos técnicos, tendremos que esperar conflictos en la
industria del estado, conflictos durante los cuales no siempre será evitable la huelga.
Desde el momento en que se produjeron las primeras huelgas de este tipo contra
el estado obrero, los mencheviques y los socialistas revolucionarios vieron en ellas el
síntoma de la próxima caída del régimen de los sóviets. No comprendían que las huelgas
a las que teníamos que hacer frente tenían, objetiva y subjetivamente, un carácter
radicalmente diferente al que tenían las huelgas bajo el antiguo régimen y bajo el gobierno
de Kerensky. No queremos decir que todas ellas hayan sido inocentes e idílicas. Lejos de
ello, más de una vez han llegado a teñirse de contrarrevolucionarias. Le causaron un daño
inapreciable a nuestra vida económica y al estado obrero. Pero no es menos cierto que no
fueron hechos de lucha de clase, sino más bien querellas intestinas en una clase. Cuando
la situación económica devenía casi insostenible, cuando la falta de dinero y la crisis del
combustible afectaban más particularmente a una categoría de obreros, estos expresaban
a veces su protesta con la huelga. La huelga era extremadamente perjudicial. No arreglaba
nada, no mejoraba ciertamente la situación económica y financiera, y no remediaba para
nada la crisis del combustible. Solamente mostraba la falta de conciencia, de organización

111
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

y firmeza interior de algunos elementos obreros. Les procuraba el mayor de los placeres
a los contrarrevolucionarios de todas las especies, prolongaba la guerra civil, acrecía las
turbaciones económicas. Pero no se parecía en nada a los movimientos de clase que
echaron abajo al antiguo régimen. Como se ha dicho ya en la resolución de nuestro comité
central, eran “conflictos entre grupos aislados de la clase obrera y determinadas
instituciones del estado obrero.”
Esos conflictos, tal y como fueron, le causaron el mayor de los males al estado
obrero y, por tanto, a la clase obrera. Pero era imposible prevenirlos. Los provocaban dos
causas profundas:
1º Nuestra pobreza, las ruinas que los imperialistas acumularon en nuestro país.
2º Los graves errores de ciertas instituciones del estado obrero afectadas por la
“deformación burocrática”.
No podríamos conocer exactamente cuál de esas dos causas fue la más importante
en cada caso concreto. En cualquier caso, la tarea de nuestros sindicatos es prevenir, con
intervenciones inteligentes, las huelgas provocadas por la “deformación burocrática” y,
mediante arreglos amistosos, así como con la ayuda cordial aportada por nuestros órganos
económicos, aquellas que pudiesen todavía entrañar la pobreza del país.
Tarea difícil. Para cumplirla se necesitan militantes que vivan en el seno de las
masas, con las masas, que vivan la vida de las masas, que sepan entender y apreciar sin
idealizaciones superfluas su grado de conciencia y el poder que ejercen sobre ellas los
antiguos prejuicios, que sepan conquistar su confianza y aprecio.
En la época del comunismo de guerra, los dirigentes no sindicales solo tenían una
respuesta para los huelguistas: “No tenéis derecho a parar el trabajo ni a exigirle al
sindicato que defienda vuestros intereses de vendedores de mano de obra. El estado de
los sóviets es un estado obrero. En un estado obrero, nadie necesita órganos especiales
para defender el interés del obrero”. En el fondo, esa respuesta era justa y sigue siéndolo,
Pero muy pronto se convierte en deplorable fórmula oficial si los sindicatos no están
estrechamente mezclados con la vida obrera y si no saben combatir eficazmente contra la
“deformación burocrática” de determinados órganos del estado, si no saben darle pruebas
al obrero más atrasado de que se ha hecho todo lo posible en beneficio de él. En esta
materia hay un límite difícil de fijar, pero que hay que saber no franquear. Si los sindicatos
no viven la misma vida económica de las masas trabajadoras, si no hacen todo lo posible
por su parte para mejorar sin cesar sus condiciones, la solución teórica de la cuestión del
derecho de huelga en el estado obrero no es más que una nefasta fórmula que produce en
el trabajador un efecto diametralmente opuesto al buscado.
Todos sabemos cómo de estrechos son nuestros recursos materiales y cómo de
difícil nos es aumentar en estos momentos los salarios reales de los trabajadores
empleados en la industria del estado. Pero ¿se ha hecho todo lo posible? ¿En lo tocante,
por ejemplo, a las condiciones higiénicas del trabajo en nuestra industria? ¿Se ha hecho
todo lo que nuestra actual pobreza nos permite hacer, aunque solo sea para los obreros de
las empresas más importantes del estado? No. No y mil veces no.
“Uno de los mejores y más infalibles medios para apreciar la justeza y eficacia del
trabajo de los sindicatos nos lo ofrecen los resultados de su política de cara a evitar en las
empresas del estado los conflictos colectivos, preocupándose del interés del obrero en
todas las materias y eliminando a tiempo las causas de los conflictos.”
Así se expresaba con mucha justicia la resolución del comité central. Si se puede
decir que en el estado burgués el mejor sindicato, el más combativo, es precisamente
aquel que ha llevado adelante más luchas, hay que decir que, en las fábricas del estado
obrero, la verdad es exactamente lo contrario. Pero, para liquidar las huelgas, la política
de previsión, “el deseo de salvaguardar en todas las materias el interés de los obreros”,

112
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

debe sustituir a todo el resto de medios anteriormente empleados en los difíciles días de
la guerra civil.
El estado obrero que atraviesa un período de transición como el nuestro no puede
prohibir, mediante ley, la huelga en sus establecimientos industriales, aunque salte a la
vista de todos los trabajadores conscientes que esa huelga sea perjudicial, absurda, y a
veces contrarrevolucionaria. Pero el estado obrero tampoco puede proclamar en sus
fábricas el derecho de huelga como quisieran los socialistas revolucionarios y los
mencheviques para mayor ventaja de la burguesía. Es esta una contradicción en la misma
vida, en la dura realidad de un período de transición.
Cuanto más se fortalezca el estado obrero, más se rehará nuestra vida económica,
más rápidamente cicatrizaremos las heridas que nos han inferido la guerra y la
contrarrevolución, mejor eliminaremos de nuestra vida social al menchevismo y al
“socialismo revolucionario” de aquellos que, durante años, han apoyado a la reacción,
más lograrán los sindicatos resolver pacíficamente los conflictos, y la clase obrera
devendrá más consciente y menor será la deformación burocrática de nuestros órganos
del estado y más deprisa desaparecerá esa contradicción.
Las nuevas tareas asignadas a los sindicatos les atribuyen muchos derechos a sus
afiliados, Pero también esperamos mucho de su trabajo. La campaña, cuyo plan bosqueja
la resolución del comité central de nuestro partido, llevará meses. Esta resolución, en
efecto, no concierne solamente al movimiento sindical. Abarca toda la situación de la
clase obrera en el actual período en la Rusia de los sóviets.
Nuestros sindicatos deben transformarse. Deben renacer. ¡Que el partido esté
presto junto a ellos! Está por llevar a cabo una obra inmensa. Y los sindicatos deben estar
a la altura de las grandes necesidades nuevas a cualquier precio.

113
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

[El CE de la Internacional Comunista sobre partido,


militantes comunistas y sindicato en Francia]34
(12 de mayo de 1922)

[…]
II
Mientras que la derecha ha aprovechado la indecisión crónica de los principales
órganos del partido para adquirir una importancia desproporcionada en la vida del partido
francés, no vemos a estos principales órganos del partido concentrando su atención en su
tarea básica: la conquista política de las masas trabajadoras organizadas en los sindicatos
o que aún permanecen fuera de ellos. Vemos que, con el pretexto de mantener buenas
relaciones con los sindicatos o con los sindicalistas, el partido les hace sistemáticamente
concesiones sobre todas las cuestiones básicas, entregando así posiciones y abriendo el
camino para los elementos anticomunistas más extremos entre el sindicalismo y el
anarquismo. Vemos a los miembros del partido continuar realizando en el movimiento
sindical una propaganda insolente y provocativa contra la Internacional Comunista.
Aprovechando la debilidad teórica del sindicalismo, llevan a cabo dentro de los sindicatos
su propia política privada y sectaria, e instalan un régimen irresponsable y oligárquico,
más allá del control y sin un programa. El partido capitula ante cada ataque de estos
opositores políticos que utilizan la bandera del comunismo para llevar, inevitablemente,
el movimiento sindical a la descomposición y a la ruina. Continuar ignorando este peligro
principal es permitir un trabajo subversivo contra el comunismo francés durante muchos
años por venir.
Si el partido no comprende que el movimiento sindical es incapaz de resolver sus
principales tareas sin la ayuda del comunismo, sin que el partido guíe e influya en los
miembros comunistas dentro de los sindicatos, inevitablemente el partido tendrá que
ceder su lugar en la clase obrera y, sobre todo, en los sindicatos a los anarquistas y a los
aventureros. El partido puede ganar influencia sobre los sindicatos solamente mediante
una lucha ideológica abierta contra los confusos anarquistas, las camarillas oligárquicas
y los aventureros. El partido debe asumir la ofensiva a lo largo de la línea. Debe exponer
y criticar a todos los confusos y todos los estúpidos. Debe colocar a todos los comunistas
en los sindicatos bajo su control, educarlos en el espíritu de la más estricta disciplina y
expulsar sin piedad de sus filas a todos los que se atreven a usar la autonomía como
pretexto para continuar su debilitante labor en el movimiento sindical.
Es obvio que en el cumplimiento de esta tarea el partido debe rechazar las formas
de agitación y propaganda que son susceptibles de repeler a los sindicalistas impregnados
de espíritu revolucionario y, más aún, a las amplias capas de trabajadores sindicalizados
que no se han librado de los prejuicios políticos. Una cosa es adoptar una actitud prudente
hacia esos elementos y educarlos y otra distinta es capitular pasivamente ante los
anarquistas que explotan estos elementos para sus propios fines. En todos los casos la
condición necesaria para el éxito en este campo es un firme deseo de tener éxito. Con este
fin, el partido debe imponer el control más estricto, con todas las consecuencias que se

34
Extracto de “Del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista al Comité Central del Partido
Comunista Francés”, en nuestra serie Trotsky inédito en internet y en castellano.

114
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

derivan, es decir, la expulsión de aquellos pseudocomunistas que, de ahora en adelante,


no se sometan a las decisiones de la Internacional Comunista. A este respecto, el CEIC
espera que el comité central adopte medidas firmes y resueltas que le den a la
Internacional Comunista una verdadera garantía de cumplimiento de sus decisiones, una
garantía que libere al CEIC de cualquier necesidad de intervenir de nuevo directamente
en las tareas y cuestiones organizativas, cuya solución debía ser asunto del comité central
de nuestra sección francesa.
Por otro lado, el CEIC declara que la táctica dilatoria de evadir y vacilar en
cuestiones de vida o muerte ha sido ampliamente probada y sólo han conducido a
resultados negativos. Por esta razón, el CEIC no permitirá nuevos retrasos en este ámbito.
[…]

115
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

[Más del CE de la Internacional Comunista sobre partido,


militantes comunistas y sindicato en Francia]35
(19 de mayo de 1922)

[…]
El partido y los sindicatos
La cuestión de los sindicatos, la más importante.
De pleno acuerdo con los camaradas franceses hemos dicho: la cuestión sindical
es la cuestión de la clase obrera. Las relaciones entre el partido comunista y los sindicatos
es la cuestión de la revolución francesa.
¿Qué vemos?
Vemos siempre la misma táctica, ahora proclamada como doctrina por Frossard.
En su resolución, el Congreso de Marsella ha prometido (se puede decir ha prometido),
ha proclamado una nueva era, una nueva etapa en la política de nuestro partido francés
hacia los sindicatos. Ha dicho de una manera muy señalada, incluso demasiado: nada de
autonomía para los comunistas en los sindicatos. Autonomía sindical naturalmente, pero
no autonomía para los comunistas en los sindicatos.
En Moscú, durante la sesión plenaria del ejecutivo, formulamos sobre esta
cuestión una tesis que aún es más precisa que la del Congreso de Marsella, pero con el
pleno consentimiento de nuestros camaradas franceses.
Estos dijeron: “Esperad un poco, ahora marcharemos más resueltamente por
vuestra vía.”
Vemos lo contrario.
En la CGT se da una colaboración entre los comunistas y sindicalistas,
colaboración en la que los sindicalistas, siendo los libertarios sobre todo más, (no puedo
decir más activos, sino más independientes y más chillones sobre todo que los nuestros,
que siempre son muy reservados). De todos modos, se nota que en los sindicatos hay
comunistas.
Desde que la escisión es un hecho cumplido, desde que hay dos confederaciones
generales del trabajo, no se ve al partido comunista en el movimiento sindical. Solo
quedan los sindicalistas anarquizantes y los anarquistas puros que proclaman que el
sindicalismo no tiene nada que hacer en el partido, que la Internacional Comunista
siempre ha estado comprometida, que ha vivido, que ha muerto a causa de esa enfermedad
de la que haba Verdier, que con el sindicalismo revolucionario es suficiente. Y, por otra
parte, vemos a Daniel Renoult y Frossard que aceptan esta tendencia y que la validan.
[…]
La organización del partido
Trotsky.- La cuestión de la organización.
Parece ser que en primer lugar esta es una cuestión de oligarquía, Moscú preconiza
la oligarquía, el centralismo.

35
Extractos de “Segunda intervención ante el Ejecutivo de la Internacional Comunista sobre la crisis del
PCF (Extractos de las actas del Comité Ejecutivo de la Tercera Internacional)”, en nuestra serie Trotsky
inédito en internet y en castellano.

116
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

¿Qué vemos en los sindicatos franceses? Vemos agrupamientos de sindicalistas-


revolucionarios, llamados revolucionarios en bloque con los anarquistas.
¿Qué programa tienen? Se reclama de la Carta de Amiens que no ofrece respuestas
a las candentes cuestiones del momento. Se reclaman de nombres. Los sindicalistas-
revolucionaros responden a todo: con esto es suficiente.
¿Quién controla esos agrupamientos? No hay organización que los controle.
Los sindicatos son la organización de la gran masa donde deben entrar los obreros
sin distinción de partidos, tendencia, religión, etc.
Pero ¿quién gobierna esos sindicatos hasta ahora? Los elementos anarquistas,
libertarios, sindicalistas-revolucionarios. ¿Bajo qué control están esos elementos?
Forman un partido que es una camarilla porque no hay programa, no hay organización,
ni estatutos ni control. No se puede negar que lo que se ha creado es un partido, que podría
compararse con las organizaciones capitalistas de Norteamérica que son máquinas más o
menos secretas que se apoderan de la maquinaria electoral y se imponen.
Igualmente, los elementos sindicalistas-revolucionarios y anarquistas se imponen
en el movimiento obrero de Francia.
En cuanto al partido, no se presenta ante los sindicatos. El partido no se presenta;
dice: “Este no es mi asunto. Este no es mi dominio”. Y ese dominio se mantiene libre
para la competencia política. Esa competencia son los sindicalistas-revolucionarios y
anarquistas, que son bastante hábiles en maniobrar en ese medio, en explotar ese
sentimiento de autonomía muy extendido en Francia. ¡En Francia se exigen todas las
autonomías! De los sindicatos, de las provincias, de la prensa, la autonomía de Fabre para
emponzoñar al partido, etc.
Entonces pues, anarquistas y anarquizantes se han apoderado de la situación. No
forman un partido, sino una camarilla. Digo que los sindicatos franceses están
actualmente dirigidos por una camarilla.
Y en el partido constatamos hechos que son solamente síntomas, pero síntomas
muy peligrosos del mismo género.
[…]

117
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

[Trotsky y el sindicalismo en Francia]36


(19 de mayo de 1922)

[…]
A propósito de los sindicatos se nos dice: “No olvidéis las supervivencias del
pasado en Francia, las tradiciones sindicalistas, anarquistas, etc., no creáis que Francia y
Alemania son el mismo caso.” Ahora bien, creo tener derecho a decir que conozco ese
lado de la historia de Francia suficientemente para un extranjero. Pasé el comienzo de la
guerra en Francia, allí colaboré con sindicalistas, sindicalistas que eran mis mejores
amigos, como Monatte y Rosmer. Conjuntamente comenzamos a combatir al chovinismo.
Y fue el señor Bourderon, el camarada Saumonneau, el que me decía a veces: “¡pero usted
colabora contra el partido con los sindicalistas y anarquistas!” Bourderon decía: “¡no
quiero discutir las cuestiones del partido con los anarquistas!”
Por mi parte, aprecio muy bien la escuela sindicalista de Francia, que no era una
mala escuela. Pero reconocer la importancia de sus tradiciones e inclinarse piadosamente
ante ellas son cosas completamente diferentes.
En la Humanité se encuentran resoluciones y artículos de sindicalistas dirigidos
contra nosotros y publicados sin comentarios. ¿Por qué no responde el partido? Para no
molestar a los sindicalistas. Pero esta es una manera de alimentar sus prejuicios, las
supervivencias del pasado, y asegurar su influencia en el movimiento obrero en
detrimento de la del partido.
[…]

36
Extracto de “Tercera intervención ante el Ejecutivo de la Internacional Comunista sobre la crisis del PCF
(Extractos de las actas del Ejecutivo de la IC)”, en nuestra serie Trotsky inédito en internet y en castellano.

118
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

[Más sobre el PCF y la práctica sindical]37


(22 mayo 1922)

[…]
La conducta del partido en la cuestión sindical es particularmente inadmisible.
Determinados camaradas aseguran, con la mayor seriedad, que la falta de éxito del partido
en el movimiento sindical se explica por el error del último congreso al establecer un lazo
orgánico entre las dos Internacionales. ¡De ello resultaría que la masa obrera se habría
resistido al enterarse de que se había establecido, entre la Comintern y la Profinter una
representación permanente! De hecho, esto es una enorme ingenuidad. La masa a la que
atrae la Profintern roja no se interesa en tal o tal otra sutileza de organización. Lo que la
atrae es la bandera de la revolución proletaria, del comunismo, de la República de los
Soviets, de la Rusia de los obreros y de los campesinos. Pensar que el obrero de la masa
que prefiere a Moscú frente a Ámsterdam está atemorizado porque se ha establecido un
cambio de representaciones entre las dos Internacionales es no distinguir a las masas de
la burocracia sindical. Esta última, en efecto, no quiere lazos orgánicos pues teme el
control político y que el partido la engulla… En el fondo, los sindicalistas y libertarios
dirigentes representan en el movimiento sindical una verdadera oligarquía que cuida su
posición y prerrogativas y quiere preservarlas de la “competencia” del partido comunista.
La masa organizada en los sindicatos no teme, en cuanto a ella, esta competencia: por el
contrario, busca ávidamente una verdadera dirección. El viejo partido socialista
parlamentario teme la competencia de los revolucionarios y de los sindicalistas que le
echan en cara continuamente sus pecados oportunistas y patrióticos. El nuevo partido
comunista se ve obligado a continuar esta tradición en la medida en que no se ha librado
de tendencias oportunistas. En el momento en el que el partido despliegue su bandera en
los sindicatos y hable en ellos a plena voz, conquistará a la masa de los obreros sindicados
y los mejores elementos sindicalistas se pondrán bajo su bandera. Ya no habrá lugar para
los espíritus limitados, para los charlatanes, los intrigantes y aventureros de la especie de
Verdier, Quinton, etc. Considero como un síntoma extremadamente alarmante el artículo
de Frossard diciendo que es necesario continuar la tradición jaurista en esta cuestión: en
esa vía el partido no podrá más que hundirse en la ruina, precedido de la de los sindicatos
privados de una dirección ideológica regular. Asustado por fantasmas, el partido rehúsa
hacer sus deberes. Asustado por una crisis, inevitable durante el período de transición
hacia una política correcta frente a los sindicatos, el partido marcha inevitablemente hacia
la catástrofe. Un giro radical del partido en esta cuestión constituye una condición previa
absolutamente necesaria para todo trabajo serio en el seno del proletariado.
[…]

37
Extracto de “Carta a Rosmer [22 de mayo de 1922]”, en nuestra serie Trotsky inédito en internet y en
castellano.

119
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

[Más sobre el PCF y la cuestión sindical] Carta a Ker38


(6 junio 1922)

[…]
1.- Si al comunismo francés le faltan contornos definidos, si también le falta
claridad en las ideas y en la organización, ello no proviene de abajo sino de arriba. La
clase obrera francesa, en su doble calidad de clase obrera y de clase obrera francesa, busca
la claridad, la determinación, lo finalizado y decidido. Ha suministrado un terreno
favorable al sindicalismo revolucionario porque no encontraba esas cosas en el antiguo
partido. La clase obrera francesa está amenaza de una recaída en el sindicalismo
revolucionario porque, hoy en día, el partido comunista se desembaraza demasiado
lentamente, en sus esferas elevadas, de la herencia del pasado. Como ocurre siempre en
la historia en semejantes casos, los aspectos positivos del sindicalismo revolucionario de
antes de la guerra tienden a desaparecer y sus aspectos negativos adquieren un
extraordinario desarrollo. Lo repito, la falta de claridad no proviene de abajo sino de
arriba. Proviene de los directores de diarios, de los periodistas, de los diputados con sus
relaciones y sus lazos arraigados en el pasado. De ahí se deriva esta extraordinaria
indecisión del Comité Director en todas las cuestiones en las que están interesados diarios
y periodistas, ¡como en el asunto Fabre!
[…]
3.- Tampoco veo ningún progreso en la cuestión sindical. Por el contrario, vemos
aquí un retroceso ininterrumpido del partido. Verdier, Quinton y compañía se han
aprovechado de la autoridad del partido para afirmar su posición en el movimiento
sindical, para después darle una patada al partido39. Ciertos artículos de l’Humanité
todavía defienden en la cuestión sindical la actitud de Jaurès, netamente opuesta a la de
la Internacional e incluso a la que se expuso en el congreso de Marsella, aunque con
bastante poca claridad. En política, como en física, la naturaleza tiene horror al vacío.
Ustedes abandonan la posición sindical cuando las masas buscan una guía: he ahí porque
los sindicalistas y libertarios ocupan automáticamente posiciones sobre las que no tienen
ningún derecho moral. Vemos bien que se tema una crisis en las esferas dirigentes del
movimiento sindical. Pero algunos artículos de principios, claros, firmes y capaces de
servir de guía publicados en l’Humanité importan cien veces más que los acuerdos de
pasillo con la CGTU. En una cuestión como la cuestión sindical no se debe permitir a los
principales militantes jugar cada uno su papel y tener cada uno su punto de vista. […]

38
Extractos de “Carta a Ker”, en nuestra serie Trotsky inédito en internet y en castellano.
39
Verdier y Quinton, jefes de fila de los anarcosindicalistas en el seno de la “minoría” revolucionaria de la
CGT, después en la CGTU, eran inicialmente miembros del Partido Comunista. El mismo Monatte,
campeón de la unidad sindical, fue quien propuso para el secretariado de los CSR a Quinton que después
se convertiría en el campeón de la escisión.

120
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

[El partido y los sindicatos]40


(8 de junio de 1922)

[…]
El camarada Frossard ha realizado un pronóstico bastante optimista. Y todos
nosotros, naturalmente, estamos entusiasmados con la perspectiva que se nos dibuja.
Confío sinceramente en que se realizará, pero verdaderamente ese éxito es un poco
sorprendente.
¿Cómo se prepara ese cambio? Los obreros no lo ven. Sin embargo, la prensa
debería reflejar un poco ese proceso. ¡No se ve nada al respecto! Por mi parte he seguido
los síntomas que caracterizan las relaciones entre el partido y el movimiento sindical.
Durante la conferencia del Ejecutivo Ampliado insistimos mucho en la necesidad
de cambiar la actitud del partido en la cuestión sindical. Nuestros camaradas franceses
dijeron: “Sí, todavía existe cierta falta de energía en la aplicación, pero eso marchará
mejor en el futuro.”
Después leí el artículo del camarada Frossard sobre la cuestión en el que dice:
“La política hábil y previsora de Jaurès impidió que se produjese lo irreparable
entre esas dos fuerzas proletarias, una política, la otra económica, tan igualmente
necesarias ambas y en el fondo tan estrechamente solidarias. Creo que Longuet no nos
reprochará que tomemos a cuenta nuestra la política de Jaurés.”
Camaradas, aquí hay una dirección absolutamente contraria a las resoluciones de
nuestros congresos internacionales, a nuestro programa y a las resoluciones de Marsella.
Es una dirección bastante clara: la tradición jauresista. Conocemos bien las
grandes cualidades, el potente genio de Jaurès. Incluso en su táctica sindical se manifiesta
su gran genio pues esta táctica era completamente apropiada, completamente adecuada
para la situación creada por el socialismo-reformista patriotero y nacional, por una parte,
y por el sindicalismo anarquizante por la otra. Entonces no había posibilidad para nuestra
táctica. El proletariado reaccionaba contra la hipocresía democrática a través del
sindicalismo. El partido estaba infeudado al parlamentarismo. Entonces el partido, por la
elocuente boca de Jaurès, decía: “Indulgencia para esta impaciencia del proletariado:
este odio, esta obstrucción contra el partido, es un hecho históricamente dado, hay que
tomarlo tal cual es, no tocarlo.”
Por otra parte, los hombres que guiaban a los elementos sindicalistas (y que se
revelaron después como unos traidores, que explotaban entonces los sentimientos
verdaderamente revolucionarios de la clase obrera francesa, los Jouhaux y compañía, se
decían: “Estamos contra el parlamento, pero puesto que los parlamentarios no pisan
nuestro dominio sindical se puede dividir el trabajo, se dará cierto entendimiento tácito
entre nosotros y el partido socialista parlamentario. He ahí la tradición jauresista.”
¿Nosotros podemos aceptarlo? ¡Jamás!
[…]

40
Extracto de León Trotsky, “Cuarto discurso de Trotsky. Extractos de los protocolos del Ejecutivo de la
Internacional Comunista”, en Los cinco primeros años de la Internacional Comunista, páginas 458-459 del
formato pdf en estas mismas OELT-EIS.

121
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Programa de trabajo y de acción del Partido Comunista


Francés41
(5 de diciembre de 1922)

1.- La tarea más urgente del partido consiste en organizar la resistencia del
proletariado ante la ofensiva del capital, desplegada en Francia al igual que en los demás
grandes estados industriales. La defensa de la jornada de ocho horas, la conservación y el
aumento de los salarios obtenidos, la lucha por todas las reivindicaciones económicas,
constituyen la mejor plataforma para reunir al proletariado disperso y devolverle la
confianza en su fuerza y en su futuro. El partido debe iniciar inmediatamente la
organización de los movimientos de conjunto susceptibles de derrotar la ofensiva del
capital y de infundir en la clase obrera la noción de su unidad.
2.- El partido debe llevar a cabo una campaña para demostrar a los trabajadores la
interdependencia existente entre el mantenimiento de la jornada de ocho horas y la
protección de los salarios, la inevitable repercusión de una de esas reivindicaciones sobre
la otra. Debe considerar como motivos de agitación no solo las maniobras de la patronal
sino, también, los ataques lanzados por el estado contra los intereses inmediatos de los
obreros, como por ejemplo el impuesto sobre los salarios y todas las cuestiones
económicas que interesan a la clase, obrera: el aumento de los alquileres, los impuestos
de consumo, los seguros sociales, etcétera.
El partido emprenderá una activa campaña de propaganda en la clase obrera por
la creación de consejos de fábrica que abarquen al conjunto de los trabajadores de cada
empresa, estén o no organizados sindical o políticamente, destinados sobre todo a ejercer
un control obrero sobre las condiciones del trabajo y de la producción.
8.- Las consignas de lucha por las reivindicaciones materiales apremiantes del
proletariado deben servir para hacer efectivo el frente único contra la reacción económica
y política. La táctica del frente único obrero será el patrón general de las acciones de
masa. El partido creará condiciones favorables para el triunfo de esta táctica encarando
una preparación seria de su propia organización y de los elementos simpatizantes, con
todos los medios propagandísticos y de agitación de que disponga. La prensa, los
volantes, los panfletos, las reuniones de todo tipo, deben emplearse en esta acción que el
partido extenderá a todos los grupos proletarios donde haya comunistas. El partido
convocará a las organizaciones obreras rivales más importantes, políticas y sindicales,
comentando constantemente en la prensa sus proposiciones o las de los reformistas, las
aceptaciones y los rechazos de unas u otras. En ningún caso renunciará a su total
independencia, a su derecho a criticar a los participantes en la acción. Siempre tratará de
tomar y conservar la iniciativa y de gravitar sobre cualquier otra iniciativa que coincida
con su programa.
4.- Para estar en condiciones de participar en la acción obrera en todas sus formas,
de contribuir a orientarla o de desempeñar, bajo determinadas circunstancias, un papel
decisivo, el partido debe constituir, sin pérdida de tiempo, su organización de trabajo
sindical. La formación de comisiones sindicales dependientes de las federaciones y

41
“Programa de trabajo y de acción del Partido Comunista Francés”, en nuestra serie Trotsky inédito en
internet y en castellano.

122
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

secciones (decidida por el Congreso de París) y de grupos comunistas en las fábricas y en


las grandes empresas capitalistas o estatales, hará penetrar en las masas obreras las
ramificaciones del partido, gracias a las cuales éste podrá difundir sus consignas y
aumentar la influencia comunista en el movimiento proletario. Las comisiones sindicales,
en todos los niveles de la estructura del partido y de los sindicatos, se mantendrán en
vinculación con los comunistas que se mantuvieron, de acuerdo con el partido, en la CGT
reformista y los guiarán en su oposición a la política de los dirigentes oficiales.
Registrarán a los miembros del partido sindicados, controlarán su actividad y les
transmitirán las directivas del partido.
5.- El trabajo comunista en todos los sindicatos sin excepción consiste, en primer
término, en la lucha por el restablecimiento de la unidad sindical, indispensable para la
victoria del proletariado. Toda ocasión debe ser utilizada por los comunistas para
demostrar los efectos nefastos de la escisión actual y preconizar la fusión. El partido
combatirá toda tendencia a la dispersión de la acción, a la división de la organización, al
particularismo profesional o local, a la ideología anarquista. Sostendrá la necesidad de la
centralización del movimiento, la formación de vastas organizaciones por industria, la
coordinación de las huelgas para sustituir las acciones localizadas y limitadas, condenadas
de antemano a la derrota, por las acciones de conjunto susceptibles de mantener la
confianza de los trabajadores en su fuerza. En la CGT Unitaria, los comunistas combatirán
toda tendencia contraria a la reunión de los sindicatos franceses en la Internacional
Sindical Roja. En la CGT reformista, denunciarán a la Internacional de Ámsterdam y las
prácticas de colaboración de clase de los dirigentes. En las dos CGT, preconizarán las
demostraciones y acciones comunes, las huelgas en común, el frente único, la unidad
orgánica, el programa integral de la Internacional Sindical Roja.
6.- El partido debe aprovechar cada movimiento de masas espontáneo u
organizado, que revista una cierta amplitud, para esclarecer el carácter político de toda
lucha de clases y utilizar las condiciones favorables para la difusión de sus consignas de
lucha política tales como la amnistía, la anulación del tratado de Versalles, la evacuación
de la orilla izquierda del Rin por el ejército de ocupación, etc.
7.- La lucha contra el tratado de Versalles y sus consecuencias debe pasar a un
primer plano dentro de las preocupaciones del partido. Se trata de activar la solidaridad
de los proletarios de Francia y de Alemania contra la burguesía de los dos países, que son
las que se benefician con el trabajo. Para ello, el deber urgente del partido francés será el
de hacer conocer a los obreros y a los soldados la situación trágica de sus hermanos
alemanes, agobiados por las dificultades materiales provocadas esencialmente por las
consecuencias del tratado. El estado alemán no puede satisfacer las exigencias de los
aliados si no es a costa de mayores sufrimientos para la clase obrera. La burguesía
francesa protege a la burguesía alemana, negocia con ella en detrimento de los obreros,
favorece su empresa de dominación sobre los servicios públicos y le garantiza ayuda y
protección contra el movimiento revolucionario. Las dos burguesías se preparan para
concluir la alianza del hierro francés y del carbón alemán, arreglar la ocupación del Ruhr,
lo que significará la esclavitud de los mineros de la cuenca. Un gran peligro amenaza no
sólo a los explotados del Ruhr sino también a los trabajadores franceses, incapaces de
sostener la competencia de la mano de obra alemana, reducida para los capitalistas
franceses a muy bajo precio gracias a la devaluación del marco. El partido debe hacer
comprender esta situación a la clase obrera francesa y prevenirla contra el inminente
peligro. La prensa debe describir constantemente los sufrimientos del proletariado
alemán, víctima del tratado de Versalles, y demostrar la imposibilidad de su realización.
En las regiones ocupadas militarmente y en las regiones devastadas, debe llevarse a cabo
una propaganda especial para denunciar a las dos burguesías como responsables de los

123
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

males que afligen a esas regiones y desarrollar el espíritu de solidaridad de los obreros de
ambos países. La consigna comunista será: confraternización de los soldados y de los
obreros franceses y alemanes en la orilla izquierda del Rhin. El partido se mantendrá en
estrecha vinculación con el partido hermano de Alemania para realizar eficientemente
esta lucha contra el tratado de Versalles y sus consecuencias. El partido combatirá al
imperialismo francés no solamente en lo que respecta a su política con Alemania sino,
también, en lo que respecta a sus manifestaciones sobre toda la superficie del globo, en
particular a los tratados de paz de Saint-Germain, Neuilly, Trianon y Sevres.
8.- El partido emprenderá un trabajo sistemático de penetración comunista en el
ejército. La propaganda antimilitarista deberá diferenciarse claramente del pacifismo
burgués hipócrita e inspirarse en el principio del pertrechamiento del proletariado y del
desarme de la burguesía. En su prensa, en el parlamento, en toda ocasión favorable, los
comunistas apoyarán las reivindicaciones de los soldados, preconizarán el
reconocimiento de los derechos políticos de éstos, etc. En medio del llamamiento a las
nuevas clases, de las amenazas de guerra, la agitación antimilitarista revolucionaria debe
ser intensificada. Se hará bajo la dirección de un órgano especial del partido, con
participación de las Juventudes Comunistas.
9.- El partido se interesará por la causa de las poblaciones coloniales explotadas y
oprimidas por el imperialismo francés, apoyará sus reivindicaciones nacionales que
constituyen etapas hacia su liberación del yugo capitalista extranjero, defenderá sin
reservas su derecho a la autonomía o a la independencia. Luchar por sus libertades
políticas y sindicales sin restricciones, contra el servicio militar de los nativos, por las
reivindicaciones de los soldados nativos, esa es la tarea inmediata del partido. Este
combatirá despiadadamente las tendencias reaccionarias aún existentes entre ciertos
elementos obreros y que consisten en la limitación de los derechos de los nativos. Creará
junto a su Comité Director un organismo especial dedicado al trabajo comunista en las
colonias.
10.- La propaganda entre la clase campesina, tendiente a ganar para la revolución
a la mayoría de los obreros agrícolas, colonos y granjeros, y a ganarse la confianza de los
pequeños propietarios, se acompañará con una acción orientada hacia la obtención de
mejores condiciones de vida y de trabajo de los campesinos asalariados o dependientes
de los grandes propietarios. Dicha acción exige que las organizaciones regionales del
partido formulen y difundan programas de reivindicaciones inmediatas apropiados para
las condiciones especiales de cada región. El partido deberá favorecer las asociaciones
agrícolas, cooperativas y sindicales contrarias al individualismo campesino. Se dedicará
particularmente a la creación y al desarrollo de los sindicatos profesionales entre los
obreros agrícolas.
11.- El trabajo comunista con las obreras presenta gran interés y exige una
organización especial. Se necesitan una comisión central dependiente del Comité Director
con un secretariado permanente, comisiones locales cada vez más numerosas y un órgano
consagrado a la propaganda femenina. El partido apoyará la unificación de las
reivindicaciones de las obreras y de los obreros, la nivelación de los salarios para un
mismo trabajo sin distinción de sexo, la participación de las mujeres explotadas en las
campañas y en las luchas de los obreros.
12.- Es preciso consagrar al desarrollo de las Juventudes Comunistas esfuerzos
más metódicos y constantes de los que ha hecho el partido hasta ahora. Deben ser
establecidas relaciones recíprocas entre el partido y las Juventudes Comunistas en todos
los niveles de la organización. En principio, la Juventud estará representada en todas las
comisiones dependientes del Comité Director. Las federaciones, las secciones, los
propagandistas del partido tienen la obligación de ayudar a los grupos ya existentes de

124
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

jóvenes, de crear otros nuevos. El Comité Central está obligado a vigilar el desarrollo de
la prensa de las Juventudes y a asegurar a éstas una tribuna en los órganos centrales. El
partido hará suyas en los sindicatos las reivindicaciones de la juventud obrera de acuerdo
con su programa.
13.- En las cooperativas, los comunistas defenderán el principio de la organización
nacional única y crearán grupos comunistas vinculados a la sección cooperativa de la
Internacional Comunista por intermedio de una comisión vinculada al Comité Director.
En cada federación, una comisión especial deberá dedicarse al trabajo comunista en las
cooperativas. Los comunistas se esforzarán en utilizar la cooperación como auxiliar del
movimiento obrero.
14.- Los afiliados elegidos en el parlamento, en las municipalidades, etc., llevarán
a cabo la lucha más enérgica vinculada estrechamente con las luchas obreras y las
campañas conducidas por el partido y las organizaciones sindicales al margen del
parlamento. Los diputados comunistas, bajo el control y la dirección del Comité Central
del partido, los consejeros comunistas municipales generales y de circunscripción, bajo
el control y la dirección de las secciones y de las federaciones, deberán ser empleados por
el partido como agentes de agitación y de propaganda, conforme a las tesis del 2º
Congreso de la Internacional Comunista.
15.- El partido, para poder elevarse a la altura de las tareas trazadas por su
programa y por los congresos nacionales e internacionales y poder realizarlos, deberá
perfeccionar y fortalecer su organización, siguiendo el ejemplo de los grandes partidos
comunistas de los demás países y las reglas de la Internacional Comunista. Necesita una
severa centralización, una disciplina inflexible, una estrecha subordinación de cada
miembro del partido, de cada organismo, al organismo inmediato superior. También es
indispensable desarrollar la educación marxista de los militantes multiplicando
sistemáticamente los cursos de adoctrinamiento en las secciones, abriendo escuelas del
partido, quedando estos cursos y estas escuelas bajo la dirección de una Comisión Central
del Comité Director.

125
Recopilación sobre los sindicatos León Trotsky

Una discusión necesaria con nuestros camaradas


sindicalistas42
(23 de marzo de 1923)

Este artículo fue escrito como respuesta al camarada Louzon43, inmediatamente


después del Cuarto Congreso Mundial de la Internacional Comunista44 Pero en ese
momento se prestaba más atención a la lucha contra la derecha socialista, contra la última
tanda de disidentes, Verfeuil, Frossard, etcétera45. En esta lucha uníamos nuestros
esfuerzos, y lo seguimos haciendo, a los de los sindicalistas, y yo preferí posponer la
publicación de este artículo. Estamos firmemente