0% encontró este documento útil (0 votos)
39 vistas10 páginas

El Rec Comtal de Barcelona. H. Capel

Este documento describe la historia y uso de varios canales importantes en España y Cataluña, incluyendo el Rec Comtal de Barcelona. Explica que los canales han sido construidos desde las primeras civilizaciones para regadío, abastecimiento y transporte, y que el Rec Comtal data de la época romana pero fue reconstruido en la Edad Media para molinos y regadío.

Cargado por

ma1romgon
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
39 vistas10 páginas

El Rec Comtal de Barcelona. H. Capel

Este documento describe la historia y uso de varios canales importantes en España y Cataluña, incluyendo el Rec Comtal de Barcelona. Explica que los canales han sido construidos desde las primeras civilizaciones para regadío, abastecimiento y transporte, y que el Rec Comtal data de la época romana pero fue reconstruido en la Edad Media para molinos y regadío.

Cargado por

ma1romgon
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

EL REC COMTAL DE BARCELONA Y OTROS CANALES

MEDITERRÁNEOS

Horacio Capel

La ingeniería hidráulica y la construcción de canales es una de las acciones esenciales


con las cuales los hombres han realizado antiguo el proceso de transformación de la
superficie de la Tierra. Los canales han permitido la puesta en regadío, el
abastecimiento de poblaciones, la navegación terrestre y el aumento de la producción
industrial(1).

En áreas de escasez hídrica y, especialmente en las regiones mediterráneas, el agua es


un factor estratégico fundamental. Las obras hidráulicas construidas desde las primeras
civilizaciones en el Próximo Oriente y Egipto nos son conocidas por los restos
arqueológicos y los testimonios históricos. Como el de Herodoto (Historia, I, 177-194),
que describe los diques y canales construidos en Babilonia, entre ellos el que unía el
Eufrates y el Tigris. Es conocido también el alto nivel técnico alcanzado por la
ingeniería hidráulica romana, con la construcción de acueductos y presas (como la de
Proserpina, junto a Mérida, todavía en funcionamiento).

En la época medieval la ingeniería hidráulica árabe y cristiana realizó también


importantes obras, especialmente organizando sistemas de regadío. Es entonces cuando
se acabaron de crear sistemas como los riegos del Palancia, del Turia, del Júcar(2) y otros
del levante español. Los canales de la Alquibla y la Aljufia en el Segura murciano, son
todavía herencia de aquellas organizaciones medievales, mantenidas y eventualmente
ampliadas en los siglos posteriores(3).

Durante la edad moderna se construyen nuevos canales, para regadío, abastecimiento,


usos industriales y transporte. En España el canal Imperial de Aragón, cuyo proyecto se
inicia ya en el siglo XVI(4), y el canal de Castilla(5), el del Bajo Ebro fueron las mayores
realizaciones de un siglo, el setecientos, que elaboró y abordó otros muchos proyectos, a
veces descabellados, como el canal de Húescar, para llevar agua y maderas a Cartagena,
o el que partiendo del Guadarrama enlazaría con el Guadalquivir(6). Y que tendría
continuidad aquí en Cataluña con los canales de la Infanta y de Urgell.

La trascendencia de todos esos canales en la transformación económica, social y


espacial de las regiones por donde transcurre explica que los canales puedan ser en
ocasiones los protagonistas de una historia de múltiples dimensiones e implicaciones.

El Rec Comtal

El Rec Comtal de Barcelona no hace mal papel en esa relación de grandes canales. A él
se refiere el libro de Manel Martín Pascual que acaba de publicarse y que muestra los
conflictos de la lucha por el agua en la Barcelona del siglo XIX.

El origen romano de este canal, reiterado por los autores del siglo XIX, es bien
probable, ya que los ingenieros romanos tuvieron un gran dominio de la hidráulica y
hay noticias de construcciones de ese tipo. Es posible que el mismo acueducto de

1
Barcino, cuyos restos todavía se conservan, tomara sus aguas del Besòs cerca de
Montcada y siguiera el trazado de lo que luego sería la Acequia Condal, aunque otras
interpretaciones aluden a este trazado correspondería a un segundo canal, mientras el
acueducto tomaría sus aguas de Collserola(7). Podría servir también para usos agrícolas e
industriales, aunque faltan sin embargo investigaciones arqueológicas que lo confirmen.

Las primeras referencias escritas sobre este canal proceden del siglo X y es posible que
coincidan con una reutilización del mismo, que habría quedado abandonado o
inutilizado durante los siglos VIII y IX. Se atribuye al conde Mir (954-966) la
reconstrucción del antiguo acueducto para la instalación de molinos harineros, que
sabemos que efectivamente se difundieron durante ese siglo en el Occidente europeo(8),
y para un uso secundario agrícola. La primera referencia es del 992 y la expresión Rec
Comtal aparece ya en un documento del 1076, en época de Ramón Berenguer I. El canal
reconstruido modificó su trazado en el tramo final dirigiéndose al mar desde el lugar
donde se localizó el monaterio benedictino de Sant Pere de las Puellas, seguramente
para evitar las construcciones portuarias que se estaban desarrollando en la parte litoral
de la antigua ciudad romana, por donde antes seguramente desembocaba, como parece
mostrar el nombre de la calle Regomir (el Rec de Mir)

El canal derivaba el agua desde una presa o azud en el Besòs situada en Montcada. En el
siglo XIII el agua del Rec se utilizaría para ampliar el regadío entre su trazado y el mar,
en la zona de "Hort i vinyet de Barcelona", en relación con el crecimiento de la
población de la ciudad y la demanda de productos alimenticos para la urbe dinámica en
que se había convertido Barcelona. A fines de la edad media había ya a lo largo del Rec
11 molinos harineros y 3 de paños (molins drapers).

Un importante libro sobre el Rec Comtal de Barcelona

El libro que hoy presentamos es un estudio sobre la evolución de la acequia condal y,


especialmente sobre sus transformaciones a lo largo del siglo XIX en relación con la
implantación del régimen liberal. Su autor es un profesor de enseñanza secundaria que
ha dedicado ya varias investigaciones al tema desde hace un lustro (Martín Pascual,
1994, 1997, 1998) y nos ofrece ahora una síntesis de un gran valor en lo que se refiere a
la historia del canal y una aportación destacada sobre los conflictos en torno al mismo
durante el siglo XIX. Un trabajo que aprovecha, sobre todo, el Fondo Rec Comtal, que
ha sido depositado desde 1991 en el Archivo Histórico Municipal el Distrito de Sant
Andreu del Palomar, y que posee la documentación generada por la Sociedad de
Propietarios entre 1837 y 1987, así como otros archivos de Barcelona (Achivo de la
Corona de Aragón, Diputación de Barcelona, Archivo Administrativo del Ayuntamiento
de Barcelona). Y que ha sido editado por la Fundación Vives y Casajuana, una
fundación privada que con sus 128 volúmenes publicados está realizando una
benemérita labor de difusión cultural.

La referencia de esta obra es la siguiente:

MARTIN PASCUAL, Manel. El Rec Condal (1822-1879). La lluita per l'aigua a la


Barcelona del segle XIX. Barcelona: Fundació Salvador Vives i Casajuana, 1999. 236 p.
(ISBN 84-232-0599-1; Depósito legal B. 5421-1999)

2
La publicación de este libro tiene también interés por lo que refleja de la actividad
investigadora en los barrios de Barcelona. Varios grupos de investigadores están
realizando aportaciones de indudable valor a la historia local y urbana de Barcelona, a
veces sin el debido reconocimiento por los historiadores oficiales, que tardan en conocer
y valorar los trabajos que se efectúan. Y sin embargo, empresas como la publicación de
la revista Finestrelles por el Centre d'Estudis Ignasi Iglésias, con números como el
extraordinario de 1998 titulado "Sant Andreu. De poble a ciutat, 1875-1936", son ya
importantes para el conocimiento de la historia de esta ciudad.

El libro que hoy presentamos en este Museo que tanto debe a la estética de Port
Aventura, es una de esas aportaciones que podemos relacionar con la actividad de los
grupos antes señalados. A partir de la investigación que ha realizado su autor
conocemos ahora algo más, y muy importante, sobre la historia de Barcelona de los
siglos XVIII y XIX, sobre los problemas del abastecimiento de agua potable a la ciudad,
sobre la diversidad de aprovechamientos de las aguas del Rec Comtal, y sobre los
conflictos que se generaron por el uso del agua.

La despatrimonialización del agua

En Barcelona el siglo XVIII había supuesto un fuerte crecimiento demográfico y la


necesidad de ampliar los caudales del Rec para una demanda cada vez mayor, tanto en
lo que se refiere a caudales para el riego como a fuerza motriz de molinos y para usos
industriales. Al mismo tiempo, había necesidad de agua potable por el crecimiento de la
ciudad, que condujo a la densificación del espacio altomedieval, la ocupación del Raval
y la construcción de la Barceloneta (1753).

El Rec permitía el desarrollo del riego en Sant Andreu, Sant Martí de Provençals y la
Horta del Portal Nou. También hacía posible instalar manufacturas (curtidos o textiles).
En el interior de la ciudad el Rec servía de lavadero y a veces como alcantarilla. Al
mismo tiempo en el setcientos se produce también el comienzo de la instalación de
industrias en el Raval y de prados de indianas en la zona litoral de influencia del Rec.

En 1776 se hicieron patentes problemas graves por insuficiencia de agua en Barcelona y


por avenidas que afectaron al azud. Para mejorar el caudal con la captación de aguas
subterráneas del Besòs se construyó la mina de Montcada (1778), que permitía obtener
agua procedente de la filtración del lecho. La construcción fue financiada por el Real
Patrimonio, el ayuntamiento de Barcelona, los propietarios de las tierras de regadío y
los de los molinos. Pero el continuo crecimiento de la demanda hizo que los caudales
resultaran pronto de nuevo insuficientes y aparecieran diversos proyectos para
incrementar el caudal.

En los dos primeros decenios del ochocientos aumenta de nuevo el uso del Rec para
agua potable. La falta de agua en Barcelona era notable y la epidemia de fiebre amarilla
de 1821 había mostrado la deficiencia del abasto y de las conducciones sanitarias. En
1823 los ayuntamientos de Barcelona, Sant Andreu y Sant Martí acordaron la
prolongación de la mina de 1778 y la formación de una Junta con la participación de
todas las jurisdicciones interesadas en las obras. Se extendió en 148 varas, algo de poca
importancia si tenemos que con las obras de 1778 había alcanzado ya las 1350 varas(9).

3
En 1824 el ayuntamiento obtiene del capitán general marqués de Campo Sagrado la
concesión regia de un nuevo caudal de 2.200 plumas(10), de las cuales 1700 para las
fuentes públicas y 500 para venderlas a particulares con el fin de ayudar a financiar las
obras. Se construye un acueducto independiente desde las minas de Montcada, y se abre
la nueva fuente del Padró (1826), a la que siguieron otras. Con ello aumenta
sensiblemente el caudal disponible en la ciudad, del que el ayuntamiento dispone ya
libremente. Desde ese momento el Rec no conduce ya agua para el uso potable de la
ciudad.

El dominio eminente del canal pertenecía al rey, y en su nombre esos derechos eran
detentados por la Batllia General, que administraba el Patrimonio Real, y que hizo
numerosas concesiones de agua. Seguramente en el siglo XI los condes de Barcelona y
más tarde los reyes de Aragón habían afirmado la autoridad real sobre el Rec frente a
otros nobles que podían pretender derechos sobre el canal o sobre los molinos que se
construyeron en ella. El uso del agua del Rec se convirtió en una fuente de rentas para el
erario público, ya que las concesiones se otorgaban por la autoridad real con la
contrapartida del pago de un censo anual. Los propietarios del dominio útil
(Ayuntamiento de Barcelona, señores y monasterios) podía usar el agua a perpetuidad,
casi como propietarios, y podían ceder dicho dominio útil a terceros en régimen de
enfiteusis. En el setecientos el intendente otorgó también concesiones a fabricantes de
indianas en enfiteusis: concretamente entre 1778 y 1788 otorgó 47 concesiones de agua
(el 30 % del total de las concedidas entre 1723 y 1808): 24 para el regadío, 13 para
blanqueo de indianas, 2 para otras industrias, y 8 sin especificar, probablemente para
torres de recreo(11).

Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812 suponen la introducción de importantes


cambios institucionales en el régimen jurídico del canal. Aunque durante el reinado de
Fernando VII se vuelve al orden tradicional -excepto el breve período del Trienio liberal
(1820-1823)- con la muerte del rey se activan y consolidan las reformas liberales.

Lo que se produce en el XIX es un proceso de desamortización del agua, el cual ha sido


calificado como un proceso de despatrimonialización(12). En esencia, los derechos de
propiedad eminente de la Corona son ahora substituidos por un régimen mixto con
titularidad compartida entre el Estado y los diversos intereses.

Con el nuevo orden constitucional la mina, el Rec y los molinos se incorporan al erario
público, siendo desposeido el Real Patrimonio. La Real orden de 1835 privatizó las
aguas subterráneas. El agua pasa a ser propiedad del titular de las tierras donde se capta;
es decir, "el agua pertenece al predio".

Tras el proceso de desamortización y las reformas liberales los derechos de uso del agua
serían adquiridos por una Sociedad de Propietarios, entre los cuales los propietarios de
fincas agrícolas que tenían el derecho a riego, los de los molinos y el ayuntamiento de
Barcelona. Se reconoce la libertad de los aprovechamientos a los propietarios que tenían
la propieded de uso, aunque jurídicamente no eran los propietarios del canal.

El nuevo orden se instaura a través de una serie de medidas y reglamentaciones. El 28


de julio de 1836 se aprueban unas Ordenanzas para el régimen y gobierno de los
molinos reales de Barcelona. El Jefe superior político se hace cargo del control y
administración del Rec y nombra al alcalde de Barcelona administrador provisional. En

4
1838 se celebra la primera Junta general de usuarios de las aguas del Rec, y en 1840 se
constituye la Sociedad de Propietarios interesados en el aprovechamiento del Agua de la
Acequia Condal y sus Minas. Dos años más tarde se aprueban las Ordenanzas para el el
régimen, constitución gobierno de la Sociedad de Propietarios y con ello culmina el
proceso de despatrimonialización de las aguas. La Sociedad se hace cargo de la
administración y control de las aguas del Rec, que tradicionalmente tenía el Real
Patrimonio, repetando las concesiones que éste, y en su nombre la Batllia, había
realizado.

La elaboración de las ordenanzas del Rec se hace en un momento en que en toda España
está cambiando la regulación del uso del agua y en que todos los antiguos regadíos están
haciendo lo mismo. En Valencia entre 1839 y 1851 se elaboraron y aprobaron 32
ordenanzas(13). De manera semejante sucede en la región murciana con los regadíos del
Segura(14) y en otros.

El Patrimonio Real se considera ahora un propietario más, en lo que se refiere a la


administración del Canal. En la práctica cotidiana la Sociedad actuó como propietaria,
administraba el agua y otorgaba concesiones. Pero el tema de la propiedad quedó
confuso, ya que no estaba claro si en 1842 las atribuciones del rey habían pasado a la
Sociedad o si ésta se limitaba a administrar los aprovechamientos respetando la
titularidad del Estado.

En todo caso, los usos del agua no se modificaron. En la distribución del agua los que
más beneficiados salían eran el ayuntamiento y los regantes, que mantenían un dominio
efectivo en los órganos de gobierno de la sociedad. Se observa también una tendencia al
monopolio de la sociedad en manos de un reducido grupo de usuarios, mientras que los
fabricantes prácticamente no tenían representación.

Los aprovechamientos

El agua del Rec se aprovechaba, como hemos dicho, para regadío y para usos
industriales. También para el consumo urbano en la ciudad de Barcelona. El libro de
Manel Martín Pascual facilita valiosas informaciones sobre dichos aprovechamientos y
los conflictos generados, las cuales permiten interesantes comparaciones con otros
canales.

A lo largo del setecientos la demanda de agua fue aumentando de forma creciente. El


caudal resultaba insuficiente y de calidad mala o pésima, ya que la del Rec se utilizaba
para batanes de tejidos, con perjuicio para los molinos y abastecimiento de riego y
urbano. Los conflictos se agravaron porque se producía una diversificación e
intensificación de uso del agua: demanda de agua para una población creciente (potable
y de uso doméstico, y ganados), aumento de la demanda alimenticia y nuevas
concesiones para regadío e intensificación de los cultivos, que requieren más agua, y
demanda de agua para la industria (hilaturas de algodón...). Aumentó así la demanda en
Barcelona y en el Pla, y el Rec se afirmó como una infraestructura hidráulica de valor
esencial, con un aumento constante del número de usuarios a lo largo del XVIII.

Los conflictos eran inevitables, y fueron similares a los que se produjeron en otros
canales del mediterráneo español. En los valencianos era normal el predominio del riego
pero también la combinación de aprovechamientos agrícolas y urbanos(15). El uso

5
principal en ellos era el riego, y subsidiariamente el consumo urbano, incluyendo el
agua para los ganados; y los sobrantes de uso doméstico se utilizaban para regar huertos
suburbanos. En la huerta valenciana era importante también asegurar el abastecimiento
de harina, lo que explica que se concedieran privilegios para el uso de agua por los
molinos incluso en épocas de escasez, aunque en otros casos (como en la Acequia Real
de Alzira(16)) solo recibían una dotación en caso de sobrante de riego.

En el Rec Comtal el aprovechamiento principal era también el regadío. Durante el siglo


XVIII la producción agrícola se intensificó con la rotación de cultivos y la
especialización en cultivos hortícolas para comercialización, lo que significaba mayor
necesidad de agua. En ese siglo los fabricantes de tejidos de algodón adquieren también
tierras de regadío para instalar prados de indianas.

Con los cambios introducidos por el nuevo régimen liberal se elabora un reglamento
para regular la distribución del agua del Rec entre los interesados, aprobado en 1846. Se
establecen las cuotas a pagar, los tipos de infracciones, las multas, las normas de
limpieza, y el funcionamiento del abasto de Barcelona, por conducto independiente. El
orden de usos estaba bien establecido: primero el riego, segundo los conductos del
ayuntamiento de Barcelona, Ciudadela y Fuerte Pío, tercero los molinos.

Durante la primera mitad del siglo XIX los terrenos de regadío mantienen la
importancia anterior, continuando la especialización de cultivos con sustitución
progresiva de cereales, cáñamo y legumbres por hortalizas y verduras. La superficie
regada permanece estable en esos años, con tendencia a la baja, y hay una clara
estabilidad en la estructura de la propiedad. Los propietarios agrícolas y de molinos
siguieron teniendo una fuerte presencia en los órganos de decisión de la Sociedad. La
presencia de miembros de la nobleza y la iglesia en el conjunto de propietarios era
escasa, pero los nobles estaban muy representados entre los mayores propietarios (el
marqués de Castellvell, el conde de Llar, el marqués de Monistrol y otros).

Entre 1852 y 1879 aumentaron las explotaciones acuíferas privadas en la cuenca del
Besòs, lo que repercutió negativamente en los caudales disponibles en la mina de
Montcada. Surgieron problemas y hubo diversos intentos de ampliación de caudales,
incluso intentando obtenerlos fuera, mediante compra a particulares, para conducirlos a
la mina. También hubo intentos de prolongar los brazos de la mina, sobre todo en 1856
y en 1879, y se procuró disminuir las pérdidas, que llegaban a representar más del 50
por ciento del volumen total.

En la segunda mitad del ochocientos el número de propietarios de tierras de regadío se


mantiene aproximadamente como en años anteriores, aunque con una cierta tendencia a
la subdivisión, y una pequeña regresión del regadío, que se acentuará posteriormente,
según avanza el proceso urbanizador. El valor de las tierras de regadío del Rec era muy
elevado. Como dice el autor, "a la altura de los comienzos del 1880 la inversión en
regadío en las huertas de la acequia no era mucho menos atractiva que las rentas
urbanas del Ensanche o la adquisición de acciones industriales. El valor del regadío era
una garantía para la permanencia de la misma Sociedad del Rec" (pág. 176).

Durante el siglo XIX se incrementaron los provechamientos industriales. Aunque el uso


del caudal del Rec para mover los molinos se realizó ya en la edad media, fue en el
setecientos, como hemos visto, cuando aumentó la utilización industrial. Durante la

6
primera mitad del ochocientos los molinos entran en un proceso de estancamiento. Los
prados de indianas y otros establecimientos tradicionales, como los tintoreros, entran en
regresión. Pero los textiles de vapor aumentan su número de forma clara a partir de
1845 aproximadamente, utilizando el agua como sistema de refrigeración y generador
de vapor así como auxiliar de los procesos de fabricación textil. "El papel desempeñado
por el Rec Condal en este proceso de localización no fue marginal" (pág. 127) y eso a
pesar de que la pequeñez e irregularidad del caudal no permitía instalar turbinas.

Una parte del agua utilizada volvía a la acequia, pero contaminaban mucho; y esas
aguas contaminadas se usaban para regar campos y con distino al consumo humano.

Entre 1852 y 1879 hay un rápido crecimiento de la producción industrial en Barcelona,


Sant Andreu y Sant Martí. El agua de la acequia fue utilizada para la limpieza de piezas
textiles, de hilaturas y de la industria de curtidos, como refrigerante y alimentador de
máquinas de vapor, y también como alcantarilla a la que se echaban las aguas residuales
de los procesos productivos. El aprovechamiento se realizaba a veces a partir de
concesiones legales de la Sociedad, y otras de forma ilegal, lo que daba lugar a procesos
y pleitos. Solo los molinos tuvieron una evolución decadente, por la insuficiencia del
caudal, por la expansión de instalaciones en otras cuencas fluviales y por la aparición de
la moderna industria de molinería.

La ciudad y el canal

Las fricciones por el uso del agua pudieron ser a veces muy fuertes. En el caso del Rec,
durante el siglo XVIII se agudizaron los conflictos entre intereses enfrentados por el uso
del canal, ya que en Barcelona el abastecimiento desde Collserola era insuficiente.

El Rec abastecía, como hemos visto, el barrio de Sant Pere y el Portal Nou, que solo
tenían agua de dicho canal. Desde comienzos del XVIII un conducto independiente del
Clot empieza a extenderse hacia el Raval: primero, en 1703, hasta un depósito
distribuidor en Canaletas para regar árboles de la Rambla, y a partir de 1744 con un
conducto suplementario que permitió abastecer también diversas fuentes públicas, el
cuartel de los Estudios, instituciones benéficas del Raval, conventos religiosos, colegios
(de Betlem y Cordellas) y la fundición de las Atarazanas. A principios del XIX el agua
del Rec era usada en el Raval por aalgunos particulars que deseaban tener agua en sus
casas (nobles y burgueses) y por una fuente pública.

Todas esas ampliaciones explican que, como escribe el autor, "durante el período 1822-
1852 el caudal procedente de las minas de Montcada será el principal de los
suministrados para el servicio de la la población de Barcelona y permitirá modernizar el
conjunto del sistema de la distribución intramuros. El ayuntamiento pensaba que las
minas de Montcada era la solución para los problemas del agua a Barcelona".
Efectivamente, hasta 1879 el abastecimiento de agua a Barcelona tendrá en las minas
del Rec su principal recurso.

El Rec como factor de localización

Como hemos visto, el agua del Rec era usada ya en Barcelona desde época medieval por
tintoreros, curtidores y tejedores, lo que convirtió el lugar por donde entraba en la
ciudad -el sector de Sant Pere de las Puellas y Portal Nou- en un barrio industrial que se

7
ha mantenido hasta fecha reciente y que, tras las emigración de la industria de tejidos y
estampados, todavía concentra un importante equipamiento de establecimientos textiles
al por mayor.

Tambien en el Llano de Barcelona (antiguos municipios de Sant Andreu y Sant Martí)


el Rec fue un factor de localización de cultivos y de molinos. Durante el setecientos la
posibilidad de disponer de su caudal sería un factor de localización de las fábricas de
indianas en los terrenos entre el canal y el mar; en la Granota, el Juncar, la Llacuna,
Sant Martí de Provençals, donde además había agua suficiente de albuferas y lagunas
litorales.

Entre 1796 y 1801 se realizaron trabajos para el soterramiento del Rec en el tramo
intramuros cercano al Borne. Pero el trazado del Rec es todavía hoy visible en el plano
de la ciudad de Barcelona, tanto en el casco antiguo, en donde presta su nombre a
algunas calles, como en los municipios anexionados de Sant Andreu y Sant Martí.

Durante el siglo XIX la expansión de la urbanización, y en concreto la construcción del


Ensanche obligó a continur soterrando el Rec en diversos lugares, para el trazado de
nuevas calles. Por otro lado, esa urbanización supuso un retroceso del regadío; la
agricultura queda reducida a campos residuales y en expectativa de urbanización.

Al ser aprobado el Ensanche de Cerdá, el canal era un obstáculo par algunos desarrollos,
y surgieron diversos problemas entre el Ayuntamiento y la Sociedad del Rec en relación
con los trazados de vías y alcantarillado. El coste de las obras a realizar y el de la
financiación de la limpieza dieron lugar a numerosos pleitos. Hubo también problemas
derivados de la irregularidad del caudal, que a veces se reducía por el régimen hídrico-
climático. Eso fue sin duda lo que hizo imposible el proyecto de Cerdá de crear un gran
bosque de 250 hectáreas desde la estación de Horta en el ferrocarril del Norte hasta el
curso del Besòs, por el norte, y la orilla del mar, el cual sería "susceptible de ser regado
por la acequia Condal"(17). A mediados del siglo XIX, además de abastecer de agua
potable, el agua del Rec limpiaba la cloaca general de la ciudad y abastecía a la
Ciudadela y presidios. En todo caso, en los conflictos que se plantearon la primacía de
los derechos de regantes y molinos se afirmó una y otra vez.

Surgieron también conflictos entre el Ayuntamiento de Barcelona y la Sociedad. El


primero intentó desviar la mayor cantidad de agua posible para el abasto desde las
minas hacia el acueducto municipal. Hay que tener en cuenta que todavía en 1878 la
mina de Montcada aportaba más del 60 por ciento del agua consumida por Barcelona
(pág. 153). Desde los años setenta, sin embargo, el ayuntamiento empieza a buscar
caudales propios en el Besòs, independientemente del Rec, lo que daba lugar a la
oposición de la Sociedad, que veía el peligro de que disminuyeran sus caudales. Se llega
a la apertura de tres pozos en la margen derecha del Besòs, cerca de la mina de
Montcada, y en terrenos dela Compañia de ferrocarril de Tarragona a Barcelona, lo que
aumentó los conflictos. Los pozos fueron inaugurados en 1879, y su caudal se destinó a
alimentar el acueducto municipal de 1826. La creación de la Sociedad de Aguas de
Barcelona, de capital privado, supondría un cambio importante, ya que fue autorizada a
realizar exploraciones en la cuenca del Besòs y finalmente obtendría agua de Dosrius,
junto a la riera de Argentona, contribuyedo a resolver el problema del abastecimiento de
Barcelona. Pero ello dio lugar a un conflicto entre esa sociedad y la del Rec, que se
prolongaría en las décadas siguientes.

8
Conclusión

El Rec Comtal debe enmarcarse en las grandes obras de ingeniería hidráulica españolas
y europeas, por lo que tenemos necesidad, ante todo, de estudios que adopten una
perspectiva general y comparada. El libro de Manel Martín Pascual no solo constituye
una aportación de gran valor para el conocimiento de una etapa del Rec hasta ahora no
estudiada, sino que supone también un primer paso en esa dirección, ya que utiliza en su
estudio bibliografía general sobre los conflictos hídricos en la España del siglo XIX.
Pero necesitamos profundizar todavía más en esa bibliografía general, tanto española
como de otros países del Mediterráneo, para entender en todo su alcance el papel de un
canal como el Rec en una gran metrópolis europea.

Se necesitan además nuevos estudios sobre los orígenes del Rec, sobre la evolución
histórica, y sobre los conflictos en la época contemporánea, desde 1879 en que acaba el
libro hasta hoy. También sobre las técnicas de ingeniería y las corporaciones
profesionales. El papel de los técnicos del Rec pudo ser importante, sobre todo cuando
sabemos que uno de los arquitectos oficiales de la acequia fue Antonio Rovira i Trias, el
ganador del concurso de Ensanche organizado por el Ayuntamiento de Barcelona para
oponerse al proyecto de Cerdá. En el libro se hacen sugerencias sobre el posible efecto
de esa vinculación de Rovira i Trias con el Rec sobre su proyecto de un ensanche
limitado, ya que "probablemente buena parte de los propietarios vinculados a la acequia
debía pertenecer a los grupos de rentistas rústicos y urbanos descontentos con un
ensanche extenso" (pág. 150).

El Rec ofrece también posibilidades de uso para la arqueologia industrial. La


experiencia que tengo de algún recorrido con los estudiantes de Geografía urbana
siguiendo su trayecto me permite hablar del interés de tal itinerario para comprender
aspectos importantes del desarrollo de Barcelona.

Finalmente, vale la pena tener en cuenta que el estudio histórico de un canal y de los
conflictos en torno al uso del agua no es que tenga simplemente un algo de valor
académico. Seguramente, como siempre ocurre con la historia, puede tener interés para
encarar problemas que hoy se plantean.

El agua es, como hemos dicho, un recurso estratégico y los conflictos por su uso son
continuados a lo largo de la historia; y, como el caso del Rec muestra, se han ido
incrementándo desde el siglo XVIII con el aumento de la población y de los
aprovechamientos.

En el momento actual en que se discute la reforma de la Ley de Aguas en España, el


gobierno de derechas del PP, con el apoyo del partido nacionalista de CiU, ha tomado la
decisión de legalizar la posibilidad de que los particulares con derechos a utilizar agua
puedan venderla al mejor postor(18). Se trata, dicen sus defensores, de conseguir la
máxima eficiencia, y el máximo ahorro en épocas de sequía. Pero ello plantea
numerosos problemas. Cuando se abre esa vía siempre existe la posibilidad del cambio
de uso del agua en beneficio de los que poseen más recursos, estableciendo un mercado
libre para un bien escaso y que debe ser de dominio público. No es seguro que la
eficiencia económica tal como la entienden los neoliberales coincida con la eficiencia
ecológica y la equidad social.

9
Notas

1. Texto preparado para la presentación del libro de Manel Martín Pascual, realizada en
el Museo de Historia de Cataluña, de Barcelona, el 6 de mayo de 1999.

2. Gual Camarena, 1979; Peris Albentosa, 1992.

3. Pérez Picazo y Lemeunier, 1985 y 1990.

4. Fernández Marcos, 1961; Pérez Sarrión, 1975.

5. Helguera, García Tapia, y Manero, 1988.

6. Arroyo Ilera y Camarero Bullón, 1989; Fernández Ordóñez y otros, 1986; López
Gómez, 1989 y 1995.

7. Esta última es la interpretación tradicional, en Busqueta, Huntingford, Solá, 1989; la


otra parece apoyarse en interpretaciones arqueológicas recientes.

8. Duby (1962), ed. 1999, págs. 29 y ss.

9. 1 vara = 0,7775 m.

10. 1 pluma = 0,0255 litros/ seg, es decir 2.200 litros día.

11. Según García Fuentes, 1989, cit. por Martín Pascual, pág. 55.

12. Maluquer, 1985.

13. Ferri, 1997.

14. Pérez Picazo, 1997.

15. Peris Albentosa, 1997.

16. Peris Albentosa, 1992.

17. Cerdá. Teoría de la construcción de las ciudades, (1559), ed. 1991, & 1516.

18. El País, 12 de abril de 1999, pág. 28. La reforma de la ley del agua ha sido aprobada
por el gobierno el 7 de mayo de 1999.

10

También podría gustarte