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Escala de Edificios en Arquitectura Urbana

Este documento trata sobre el concepto de arquitectura y cómo ha evolucionado de enfocarse en edificios individuales a proyectos urbanos más amplios. También discute sobre la relación entre sociedad y espacio, y cómo la arquitectura puede verse como una síntesis entre actividad y ámbito. Finalmente, analiza el valor cultural de la arquitectura.

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Escala de Edificios en Arquitectura Urbana

Este documento trata sobre el concepto de arquitectura y cómo ha evolucionado de enfocarse en edificios individuales a proyectos urbanos más amplios. También discute sobre la relación entre sociedad y espacio, y cómo la arquitectura puede verse como una síntesis entre actividad y ámbito. Finalmente, analiza el valor cultural de la arquitectura.

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MÓDULO VII:

ARQUITECTURA y CIUDAD
+
NATURALEZA / SOCIEDAD / ARTE

LAS ESCALAS DEL PROYECTO:

DE LA HABITACIÓN AL PROYECTO URBANO


LA PRAXIS DEL PROYECTO EN EL TALLER DE ARQUITECTURA

Alberto Sbarra, Horacio Morano, Verónica Cueto Rúa

Facultad de Arquitectura y Urbanismo

CAPÍTULO 2

Un concepto de Arquitectura

“Que los contenidos sociales, las posibilidades de las tecnologías y las nuevas exigencias de la arquitectura
como elemento de la cultura material y espiritual, sacaban a los arquitectos del edificio aislado para insertarlos
en una nueva unidad, la unidad de la ciudad.”

Marcos Winograd, INTERCAMBIOS

Los rasgos tradicionales y únicos de la Arquitectura tal cual la hemos conocido en la historia, han ido
desapareciendo poco a poco, en tanto que únicos. El programa inmutable, para un edificio o conjunto
de edificios, para un cliente definido individual o grupal ha ido perdiendo progresivamente su carácter
absoluto.

Las necesidades de hoy están definidas por los grandes problemas sociales; necesidades que
crecen permanentemente tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo. Un usuario que
progresivamente va desdibujando sus rasgos particulares definidos para transformarse en un
usuario-comunidad cada vez más grande y menos identificable; un conjunto de problemas
emergentes e interconectados que deviene del hecho físico-material, donde la vida en
aglomeraciones urbanas ha configurado una nueva realidad del concepto de Arquitectura.

Decimos entonces que el signo característico de la Arquitectura de nuestro tiempo es precisamente,


el del pasaje de la Arquitectura Objeto a la Arquitectura Ciudad y en un nivel superior, el de “hábitat”,
entendido como la interacción de las actividades realizadas por los hombres en un proceso de
conformación del espacio (Winograd, 1988, p.97-106)

Esta conceptualización de ensanche de la dimensión del objeto arquitectónico la encontramos en las


primeras obras fundacionales del movimiento moderno. La Escuela en Basilea de Hannes Meyer con
su patio suspendido sobre una plaza pública; el edificio de la Bauhaus de Walter Gropius
proponiendo una estructura abierta e incorporando una calle barrial en el corazón mismo del
proyecto o la intervención de Le Corbusier en la Centro de de Artes Visuales Carpenter de Harvard,
con su promenade que atraviesa la obra.
En Latinoamérica, las obras de Oscar Niemeyer en Brasilia, las obras de Joao Vilanova Artigas y
Lina Bo Bardi en San Pablo; en la arquitectura Argentina el edificio de la Biblioteca Nacional de
Clorindo Testa; el edificio de Argentina televisora color de Manteola, Sánchez Gómez, Santos,
Solsona, Viñoly, Sallaberry y Tarsitano y el Teatro Argentino de La Plata de los arquitectos Bares,
García, Germani, Rubio, Sbarra y Ucar. Recientes intervenciones de Jean Nouvel en el Museo
Brainly en París o Norman Foster en el London Council, son ejemplos de cómo el objeto puede
trascender su forma y programa para responder a condicionantes públicas y urbanas. El objeto así
se convierte en artefacto urbano.

Sociedad y Espacio. Actividad albergada y ámbito albergante

Existe una correspondencia más que casual entre sociedad y espacio. Es posible leer cualquier
asentamiento humano a partir de su expresión morfológica para empezar a develar el modo de
organización de esa comunidad, al menos en sus rasgos esenciales. Desde esta perspectiva, la
arquitectura puede ser concebida como una síntesis entre actividad albergada y ámbito albergante.
El arquitecto Marcos Winograd definía a la arquitectura como la relación entre la actividad y el
ámbito, interactuando el uno sobre el otro, en la secuencia de la práctica social (1988, p. 59)

Nos encontramos ante una teoría de la arquitectura que define un nuevo campo de acción, un nuevo
territorio para insertar al arquitecto como actor social comprometido con su comunidad. Esta teoría
implica, una superación crítica a los formalismos, funcionalismos, regionalismos, proyecto
diagramático, el abstracto dictado de las formas de los nuevos programas de los ordenadores u otras
tendencias, que, tanto en la teoría como en la praxis, no interpretan la complejidad que la dialéctica
entre espacios y actividades implica.

Winograd sostenía que ámbito y actividad remiten a dos formas distintas de conocimiento y
aprehensión de la realidad, que constituyen muchas veces campos disciplinarios separados y que,
en el caso de la Arquitectura, son parte de la misma concepción.

La aproximación a la actividad es una aproximación científica, racional, ajena a nuestra voluntad, en


cambio la aproximación al ámbito es una aproximación artística, en la medida que es sensible,
perceptible, no racional, no objetiva. Se trata de una sensibilidad insertada en una ciencia, pero
también en una ciencia insertada en una sensibilidad. Comprendamos este carácter sintético de la
Arquitectura, porque en nuestro razonamiento tenemos que enriquecer y complejizar sus
componentes, siempre manteniendo la interacción de todos ellos (Winograd, 1988, p. 60).
Las categorías del proceso arquitectónico

Podemos establecer un conjunto de ideas que permitan objetivar la secuencia del proceso de
gestación de la Arquitectura. Definimos como contenido social al usuario característico de un
momento histórico determinado, es decir, al grupo social protagónico de un período histórico. En
lenguaje específico, el contenido social de la Arquitectura de nuestro tiempo está expresado en la
aparición de los espacios para la totalidad de los asentamientos humanos. Por otro lado, los temas
constituyen un nivel particularizado de la definición de los contenidos.

Contenidos sociales y tema constituyen categorías propias, pero no específicas del quehacer
arquitectónico, son componentes necesarios, pero como organización del espacio comienzan a
aparecer cuando los temas se transforman en pautas concretas para su especialización, es decir,
cuando se definen necesidades, relaciones en términos mensurables, criterios y posibilidades
económico- financieras, en otras palabras, cuando se define el programa arquitectónico.
A partir de su aparición, el programa -unido al sitio de implantaciónes la plataforma de lanzamiento
de la elaboración espacial propiamente dicha, interpretada a través de la subjetividad presente y
necesaria del arquitecto, sus intenciones particulares, sus proposiciones personales y su memoria.
Todo esto en pos del objetivo buscado: el proyecto arquitectónico.

Y así como el contenido y el tema constituyen categorías no específicas del quehacer arquitectónico,
el programa, el sitio y la propuesta (proyecto) son categorías que corresponden al campo específico
y sin ellas no hay arquitectura.

El valor cultural de la arquitectura

En su bi-unicidad, la producción del espacio se complejiza desde lo técnico, como producción de


bienes y mercancías, y desde lo social, como satisfacción de necesidades tanto materiales como
simbólicas. El valor de uso y valor de cambio, el concepto de fetiche de la mercancía ha invadido no
ya a las construcción y creación de objetos en el espacio, sino a producción del espacio, la ciudad y
el territorio: “el espectáculo señala el momento en que la mercancía ha alcanzado la ocupación total
de la vida social (…), el mundo real se cambia en simples imágenes las imágenes se convierten en
seres reales” (Devord, 1995, año, p.39)

Este triunfo de la mercancía, del objeto sin contenido transformador, sin espíritu crítico, nos hace
necesario establecer las instancias teóricas, para tomar conciencia a la hora de diseñar y construir la
ciudad y el territorio.

Es importante retomar la pregunta, ¿qué clase de objeto es lo que produce la arquitectura?, ¿es una
mercancía, es valor de uso o valor de cambio?, no tendría que retomar esta condición ética
fundacional que se hizo en sus orígenes la arquitectura moderna, en la validación de la forma, en la
etapa del proyecto?

“No hay edificio en la historia de la arquitectura que no haya sido hecho en función de una necesidad, de la noción de
arquitectura como necesidad, se extrae una consecuencia: su condición de objeto de uso, con lo cual vincula directamente
a la arquitectura con la llamada cultura material de una sociedad. Es decir, con la producción de objetos que hacen al mejor
ejercicio de las actividades, de las funciones generadas por una sociedad en particular. Estas relaciones entre necesidad y
objeto arquitectónico no son relaciones inmediatas, no son simples relaciones de causa y efecto, porque el modo
arquitectónico de responder a una necesidad es variable, todo producto de la vida cotidiana, todo edificio construido, en la
medida en que se construye es porque está inserto en una realidad, se construye porque de algún modo, responde a una
necesidad. Nuestra misión es analizar y encontrar los parámetros de validación de esa realidad, los parámetros de la justa
interpretación de esas necesidades”

(Winograd, 1988, p. 46-47)

Establecer el reino de las justas necesidades en un mundo mediatizado por las imágenes y en
sentido del disfrute por la contemplación es una de las prioridades teóricas de la arquitectura
contemporánea. La arquitectura en tanto hecho cultural aporta al sentido de eliminar falsas
necesidades.

El hombre es el único ser vivo que construye, no sólo respuestas, sino objetos. Objetos, es decir,
elementos que una vez producidos por el hombre adquieren cierta independencia, lo cual permiten
que adquieran también cierta permanencia en el tiempo, que perduren más allá de la circunstancia
para lo cual fueron una respuesta. Decía Marx:

“Lo que importa no es comprender porque el arte griego se dio en su tiempo, lo que importa es comprender
porque el arte griego (…) nos sigue pareciendo arte, desaparecidas todas las circunstancias materiales,
culturales, tecnológicas, etc. que le dieron origen“
(Marx, 1968, p.31)

En términos de Winograd (1988) el hombre produce edificios, produce ciudades que trascienden las
condiciones culturales y materiales que le dieron origen. Esta relación objeto-sujeto es una relación
interactuante el sujeto crea un objeto, pero a su vez ese objeto reacciona ante el sujeto,
modificándolo. (Winograd, 1988, p. 47-48).

Una teoría realista

El proyecto no es sino una de las circunstancias del edificio construido y en uso. No basta un buen
proyecto, por construible que sea para tener de por sí un edificio; hacen falta ciertas circunstancias
que posibiliten la materialidad y su verificación en el uso, un dato siempre soslayado en nuestra
formación. Pero esa posibilidad de materialización no se da sólo en la acción especializada del
arquitecto si no que corresponde al nivel que denominamos “inespecífico”.

Es necesario tener claro este concepto pues define con rigor cuál es el segmento de todo el proceso
de producción arquitectónica que toma la facultad: la enseñanza de la arquitectura a través del
aprendizaje y enseñanza del proyecto dentro de una teoría global del sentido de habitar.

El concepto de organización del espacio como producción total, plantea desde el inicio una
conceptualización globalizante, donde objetos y edificios son partes imprescindibles de un todo. Se
intenta definir así, de un modo sistemático, una teoría capaz de poder abordar el complejo tema de la
relación entre actividades y ámbitos. Entendemos a esta teoría antidogmática y no cerrada como un
proceso que se va retroalimentando permanentemente entre la práctica proyectual y la obra
construida y usada.

El manejo de una teoría realista permite objetivar en el proceso pedagógico, la comprensión del
problema y la formulación de la respuesta. En este sentido la facultad en su conjunto debe asumir el
rol de formadora de conciencia insertada, como decíamos, en un proyecto de país. Esta visión de
compromiso, pero de independencia política, permite el debate teórico, en el marco de la pluralidad
ideológica y sus correspondientes respuestas traducidos en proyectos alternativos.

La acción anticipadora de la cultura es un derecho, una posibilidad y un deber que no pueden ser
renunciados. Por el contrario, toda experiencia teórica proyectual en el marco de un proceso
pedagógico comprometido permitirá comprender a las actividades y su contextualización y poder dar
respuestas espaciales como alternativas superadoras.

Teoría y práctica proyectual

La génesis del pensamiento teórico, su aspecto científico, la dialéctica utilizada por Winograd para
poner a prueba y exigir nuevos límites a la disciplina, tenemos que buscarla en la comprensión de la
historia y de la realidad operada por esa revolución teórica que fue el materialismo histórico en el
campo de las ciencias sociales y el materialismo dialéctico en lo referente a la epistemología y el
accionar teórico. Pero en el campo de la praxis arquitectónica hay que buscar en los arquitectos de la
Rusia de la revolución y en el corto y fructífero periodo de la República de Weimar, la Escuela de la
Bauhaus en el periodo que fue dirigida por el arquitecto suizo Hannes Meyer.
Es necesario entender estos conceptos teóricos como una síntesis lógica operada por la historia de
una ideología que maduró por más de medio siglo en la misma dirección: el pasaje de la
arquitectura-objeto a la arquitectura-ciudad (Winograd, 1988, p.99-107)

Si la práctica del proyecto arquitectónico es el uso, sólo mediante la interacción dialéctica entre
ámbito y actividad se define el nuevo campo específico, particular y concreto de la disciplina
arquitectónica (Winograd, 1988, p. 93)

Este concepto de definir al proyecto como una etapa, como el fin de la instancia teórica y el principio
de la práctica, construcción y uso, eleva el campo de acción de la disciplina. El arquitecto no es
solamente el que hace proyectos, el arquitecto es también el que produce el espacio (Lefebvre,
1974)

“Cuando el arquitecto quiere que su proyecto sea transformado en realidad (…) se identifica con ese médico
que quiere que la vacuna no sea solo un descubrimiento de la ciencia, sino un elemento concreto para mejorar
la salud de la gente (…) Bien, en ese entonces yo pensaba que pasada esa especificidad de la etapa del
proyecto, se volvía a un nuevo sistema inespecífico, en el cual todos nos juntábamos para tratar que nuestras
cosas se hagan realidad: los ingenieros, los arquitectos, los médicos, volcándose a la acción social y a la
acción política, como mecanismo capaz de impulsar que los edificios se materialicen y que las vacunas se
fabriquen
(…) Si efectivamente, el proyecto es la teoría (…) una teoría tiene que ser validada, y en el caso de la
arquitectura, la validación de la teoría se verifica en el uso, en la medida en que el uso es el punto de partida
de la satisfacción de la necesidad inicial (…) La satisfacción de esa necesidad es condición de ser cumplida a
través del proyecto, pero no por el proyecto”

(Winograd, 1988, p.93-94)

Referencias

Devord, G. (1995). La sociedad del espectáculo. Santiago de Chile: Ediciones Naufragio

Lefebvre, H. (1974) La producción del espacio. Madrid: Capitán Swing. Edición 2004

Marx, Karl (1968). Introducción general a la crítica de la economía política / 1857. Córdoba:
Cuadernos de Pasado y Presente.

Winograd, M. (1988). Intercambios. Buenos Aires: Espacio Editora S.A.

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