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Visión del Cielo en Apocalipsis 4

El documento describe una visión de Juan en la que ve el cielo abierto y es transportado allí en espíritu. Juan ve un trono en el cielo rodeado de 24 ancianos y seres vivientes. Del trono salen relámpagos, truenos y voces. Siete lámparas ardiendo representan al Espíritu Santo.
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Visión del Cielo en Apocalipsis 4

El documento describe una visión de Juan en la que ve el cielo abierto y es transportado allí en espíritu. Juan ve un trono en el cielo rodeado de 24 ancianos y seres vivientes. Del trono salen relámpagos, truenos y voces. Siete lámparas ardiendo representan al Espíritu Santo.
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Apocalipsis 4

Como usted recordarán, en los capítulos 2 y 3 vimos al Cristo Resucitado dirigiéndose desde
el Cielo, a sus iglesias en la Tierra.

Ahora, el escenario va a cambiar por completo, situándonos nada menos que en el Cielo.

Esta es una de las pocas descripciones del Cielo que nos ofrece la Biblia.

Ya vimos cómo en el capítulo 1:19, el apóstol Juan recibió un breve bosquejo de sus visiones:

En este versículo se diferenciaba entre:

 "Las cosas que has visto", en referencia a la visión que Juan contempló en el capítulo 1;
 "las que son", en relación a las cartas dirigidas a las siete iglesias (en los capítulos 2 y 3);
 y "las que han de ser después de éstas", que tiene que ver con todas las revelaciones
de la historia futura (capítulos 4 al 22).

1 Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí,
como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que
sucederán después de estas.

En el libro de Apocalipsis encontramos mención de cuatro puertas abiertas.

1. La primera es "la puerta de la oportunidad": el Cristo Resucitado dijo a la iglesia de


Filadelfia-:
 "Yo te presento una puerta que permanece abierta" (Ap.3:8)
 Esa era la puerta de la oportunidad, por la que podía llevarse el mensaje del
evangelio a las regiones que no lo habían recibido todavía.
2. La segunda puerta es "la puerta del corazón humano". Dice el Jesucristo Resucitado-:
 Yo estoy a la puerta, llamando" (Ap.3:20). Es la puerta de cada corazón humano;
cada uno puede escoger entre, abrir su corazón a Jesucristo, o rechazarle, y no abrir
a su llamado.
3. La tercera puerta mencionada es "la puerta de la revelación, versículo 1": "
 ¿Vi? dice Juan- una puerta en el Cielo, que estaba abierta". Es la puerta que da
acceso a Dios, por medio de Jesucristo.
4. Cuarta: En el capítulo 19:11, veremos una puerta abierta en el Cielo, la cual atravesará
Cristo para Su regreso a la Tierra, que será Su 2ª Venida.
 El vendrá al final de la Gran Tribulación para aplastar toda injusticia y rebelión
contra Dios y establecer Su Reino.

¿Cuál fue la "puerta abierta en el Cielo" que vio Juan?

Es probable que la puerta vista por Juan fuera una puerta que estaba entre el cielo y la tierra.

El pensamiento judío primitivo concebía los cielos como una bóveda inmensa sólida.

Si miramos hacia atrás, al Antiguo Testamento, y en el Nuevo Testamento, podemos


recordar que en más de una ocasión "se abrieron los cielos".

 En el libro del profeta Ezequiel 1:1, leemos: "Los cielos se abrieron y vi visiones de
Dios"
 En Marcos 1:10 leemos que cuando Jesús fue bautizado por Juan, Jesús vio los
cielos abiertos, y al Espíritu descender sobre Él.
 En otra ocasión, Jesús prometió a Natanael y a sus discípulos, que vería los cielos
abiertos y a los ángeles ascendiendo y descendiendo sobre el Hijo del Hombre
(Juan 1:51).
 Y es que, amigo oyente, algún día, los cielos se abrirán para desvelar la gloria de
Cristo; e inevitablemente ese día traerá una explosión de gozo a los que Le hayan
amado, y un temor indescriptible a los que Le hayan despreciado.

Esta expresión "Sube acá", es un mandato para que Juan fuera transportado al Cielo "en el
espíritu", de forma temporal y sobrenatural,

Leamos ahora los versículos 2 y 3 de este capítulo 4 de Apocalipsis:

2 Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el


trono, uno sentado. 3 Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de
jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la
esmeralda.

Cuando Juan entró por la puerta del Cielo vio un trono, no un mueble físico, sino un símbolo
de mando soberano, y de autoridad absoluta.

De hecho, en el Antiguo Testamento, el Trono de Dios se menciona numerosas veces. Un


profeta dijo: "Yo vi al Señor sentado en Su Trono, y todo el ejército de los cielos estaba
junto a Él" (1 Reyes 22:19).

En el libro de los Salmos se canta la siguiente alabanza: "Dios se sienta en Su santo Trono"
(Sal. 47:8).

El profeta Isaías vio al Señor "sentado en un trono alto y sublime" (Is.6:1).

Y en este libro del Apocalipsis se menciona esto en todos los capítulos menos en el 2, 8 y
9. El Trono de Dios representa Su Majestad.

Juan vio a Uno, es decir a Dios, sentado en el Trono.

Y aquí hay algo muy interesante; Juan ni siquiera intenta describir a Dios como una figura
humana.

Lo describe en un relámpago de colores como de piedras preciosas, pero no menciona


ninguna clase de forma.

Debemos entender que este es el Trono del Trino Dios, y las identificamos como

 1º - Dios, el Espíritu Santo, en versículos 5;


 2º- Dios, el Padre, versículo 3; y
 3º- Dios, el Hijo, en versículo 5, del capítulo 5.

Es la Trinidad en el Trono.

Juan ve en la visión una piedra como el Jaspe, la última piedra mencionada en la


composición del pectoral del Sumo Sacerdote. (Ex 28:20).
 Se asume que aquí era un diamante. La sardónice, recibía el nombre por ser original
de la zona de Sardis, de color roja sangre.
Era la primera piedra mencionada en el pectoral del Sumo Sacerdote.

La visión que tuvo Juan de la presencia de Dios era como un destello cegador de un
diamante al sol, con el brillo deslumbrante del rojo-sangre de la sardónice;

y brillaba a través de ambos el verde más descansado de la esmeralda, porque sólo así podía
el ojo humano soportar semejante visión.

El arco iris, en griego, "iris", significa también "halo". El arco iris, desde tiempos del gran
diluvio universal, fue señal, de la fidelidad de Dios a Su Palabra, Sus promesas y Su pacto con
Noé (Gen.9:12).

El verde es el color de la tierra, y la sugerencia aquí es aquella del profeta Habacuc: ". . .en la
ira acuérdate de la misericordia" (Hab. 3:2), y Dios hará eso.

Algunos han querido ver en que el jaspe quizá represente la insoportable luminosidad de la
pureza de Dios;

Las vetas como de sangre de la sardónice o coralina, Su justa ira, y el más benigno verde de la
esmeralda, Su misericordia. gracias a la cual podemos mirar Su pureza y Su justicia.

Leamos el versículo 4:

4 Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a


veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas.
(Ap. 4:4)

Los veinticuatro ancianos aparecen repetidas veces en el Apocalipsis, como representantes de


toda la Iglesia, desde Pentecostés hasta la "Recogida" de la Iglesia por Jesucristo, o como
también se le llama, el "Arrebatamiento", el ser "llevados fuera" de la Iglesia, por Jesucristo.

Creemos que la explicación más probable es que los veinticuatro ancianos representan
simbólicamente al fiel pueblo de Dios.
Sus vestiduras blancas son las que les prometen a los fieles (Apocalipsis 3:4),

y sus coronas son las que les prometieron a los que fueran fieles hasta la muerte (ap. 2:10).

Los tronos son los que les prometió Jesús a los que lo abandonan todo para seguirle (Mat.
19:27-29).

Repetidamente dice que la Iglesia gobernará y reinará con Cristo (Apocalipsis 2:26-27, 5:10,
20:4; Mateo 19:28; Lucas 22:30).

Estaban sentados alrededor del trono, vestidos de túnicas blancas ? que simboliza la justicia
de Jesucristo (2 Co 5,21);

y con coronas de oro (4:4, 14:3) que indica que la Iglesia reinará con Jesucristo (1 Co 6,3);

las coronas también serán recompensas (2 Ti 4,8, Stg 1,12; 1 P 5,4);

echaron sus coronas delante del trono (4:10);

adoraban y alababan a Dios constantemente (5:11,14; 7:11, 11:16, 14:3, 19:4);

le presentaban a Dios las oraciones de los Santos (5:8);

uno de ellos animó a Juan cuando estaba triste (5:5);

y otro actuó de intérprete de una de las visiones (7:13).

Leamos ahora el versículo 5

5 Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete
lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.

Vemos como aquí Juan añade más detalles a su descripción misteriosa e impresionante del
cielo.

Los relámpagos y los truenos no son producto de la furia de la naturaleza, sino de la justicia
divina que desciende de un Dios temible y poderoso sobre un mundo lleno de pecado.

Los truenos y relámpagos se relacionan a menudo con la manifestación de Dios.


En la visión del profeta Ezequiel, los relámpagos salían del fuego resplandeciente que había
alrededor del trono (Ez. 1:13).

El salmista nos dice que la voz del trueno estaba en el torbellino, y lo relámpagos iluminaban
el mundo (Salmo 78:18).

Dios envía sus relámpagos hasta lo último de la tierra (Job 37:4).

Y en el Monte Sinaí, cuando el pueblo de Israel esperaba la promulgación de la Ley, podemos


leer en el libro del Éxodo, capítulo 19:16: "Hubo truenos y relámpagos, una espesa nube
cubrió el monte y se oyó un toque imponente de trompeta.

Las siete lámparas es una clara referencia al Espíritu Santo. El número "siete" significa en las
Sagradas Escrituras la perfección, e indica que algo se ha completado de tal modo que Juan
se propuso identificar aquí "la plenitud del Espíritu Santo".

Leamos ahora el versículo 6

6 Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono,
y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás.

El mencionado "mar de vidrio" ha ejercido una extraña fascinación en la mente de muchas


personas. En el escrito original no se dice que fuera un mar de vidrio sino "como si fuera" un
mar de vidrio.

Este mar delante del Trono de Dios es otra indicación que el énfasis no es la misericordia, sino
en el juicio.

El mar representa la santidad y la justicia de Dios (Mt 5,8; He 12, 14).

En I Tesalonicenses, capítulo 3:13, se nos dice: Para que sean afirmados vuestros corazones,
irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor
Jesucristo con todos sus santos.

El mar en calma indica la posición de descanso a la cual ha llegado la Iglesia.


Ella ya no es víctima de las tormentas de la vida. Ya no está más en alta mar.

Los cuatro seres vivientes, o, literalmente, "los cuatro seres que viven".

¿Qué dice el Apocalipsis de ellos? Un análisis cuidadoso del texto nos permite observar lo
siguiente:

 Estos seres se encuentran siempre cerca del Trono de Dios y del Cordero,
 se dedican a alabar y adorar a Dios (6:1, 7)
 y uno de ellos entregará a los siete ángeles las siete copas de oro llenas de la ira de
Dios (15:7).

Los ángeles que se mencionan en el Nuevo Testamento siempre están relacionados con la
presencia, el poder y la santidad de Dios.

Y aunque la descripción de Juan no es idéntica a la del profeta Ezequiel, es obvio que ambos
se refieren a los mismos seres sobrenaturales e indescriptibles, de los querubines (Ez. 1:4-25,
10:15).

El profeta Isaías también menciona a los serafines con características semejantes (Is. 6, 2 y 3).

La mención de que están "llenos de ojos" puede referirse a que, aunque no son omniscientes,
un atributo sólo reservado para Dios, estos ángeles tienen un conocimiento y una percepción
sobresaliente; nada escapa de su escrutinio (v.8).

Pero ¿quiénes eran los querubines?

Fueron los guardianes puestos al este del Edén para impedir que Adán y Eva pudieran llegar al
"Árbol de la vida" después de su caída y expulsión del paraíso (Ge.3:24).

Cuando se construyó el arca del Tabernáculo, se colocaron dos querubines formando una sola
pieza, dispuestos cara a cara, cada uno a un extremo, y cubriéndolo con sus alas (Ex.25:18-20).

Eran un símbolo de la presencia del Señor; Su gloria es manifestada entre los querubines (Lv.
16:2).
Son numerosos los pasajes que hacen alusión a la presencia del Señor entre los querubines.

Había figuras de querubines bordadas sobre los tapices del Tabernáculo.

El Templo de Salomón, mucho más espléndido, tenía dos gigantescos querubines. Su altura
era de casi 5 metros y la envergadura del arco formado por sus alas era de 10 metros.

De todo esto podemos extraer la siguiente idea: los querubines son seres angélicos que están
cerca de Dios y son los guardianes de Su trono.

¿Qué simbolizan estos cuatro seres vivientes? Es obvio que resultan parte de la escenografía
del cielo.

Algunos autores sostienen que estos cuatro seres vivientes representan todo lo más noble,
fuerte, sabio y veloz de la naturaleza.

Cada uno tiene preeminencia en una esfera particular:

el león es supremo entre las fieras;

el becerro entre el ganado;

el águila entre las aves

y el hombre entre todas las criaturas.

Tal y como podemos leer en el versículo 7:

7 El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro;
el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando.

Los animales representan toda la grandeza y la fuerza, y la belleza de la naturaleza, a la que


vemos aquí sirviendo y alabando a Dios.

En los versículos que siguen veremos a los veinticuatro ancianos alabando a Dios; y cuando
los unimos los dos cuadros obtenemos el de la Naturaleza y la Humanidad en constante
adoración a Dios.
Aunque los seres humanos no somos ángeles, ni querubines o serafines, fuimos creados para
agradar y adorar a Dios.

"Porque tú creaste todas las cosas; existen y fueron creadas para ser de tu agrado" (Ap. 4:11).

El primer propósito de nuestra vida debería ser agradar a Dios con nuestras propias vidas,
vivir para complacerlo.

Y en la Biblia, agradar a Dios se conoce como adorar a Dios. El Salmo 147:11 dice: "Él se
complace en los que lo adoran, en los que confían en su gran amor".

¿Y qué es adoración? Todo lo que hagas para complacer a Dios puede ser un acto de
adoración.

Dios pide todo. El primer mandamiento es: "Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con
toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas".

A Dios no le conmueven, ni le interesan, los compromisos a medias, la obediencia parcial o las


sobras de nuestro tiempo. Quiere devoción plena, no pedacitos de nuestra vida.

Una mujer Samaritana en cierta ocasión discutió con Jesús acerca del mejor tiempo, lugar y
estilo de adoración.

Jesús le contestó que esos aspectos eran irrelevantes.

El lugar de adoración no es tan importante como "el por qué adoramos"

y cuánto de nuestro ser le ofrecemos a Dios cuando lo hacemos.

Y cuando adoramos, Él mira más allá de nuestras palabras, observando la actitud de nuestro
corazón.

Podemos adorarlo con imperfecciones, pero no con falta de sinceridad. Debemos adorar a
Dios con nuestro corazón y con nuestra cabeza, con esfuerzo y con energía.

Ahora bien, ¿Cuál es el simbolismo de estos cuatro seres vivientes? Leamos de nuevo el
versículo 7:
7 El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro;
el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando.

No pasó mucho tiempo antes de que la iglesia del primer siglo encontrara ciertos
simbolismos en los cuatro seres vivientes.

Leamos ahora el versículo 8:

8 Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban
llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios
Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir.

Aquí se nos presenta la incesante alabanza de la Naturaleza a Dios. Esta breve doxología
recoge tres atributos de Dios:

En primer lugar, se le alaba por Su Santidad.

Santidad significa "diferente" o "apartado". Y esto es supremamente cierto en Dios. Él es


diferente de todos los seres humanos. Precisamente por eso somos movidos a adorarle. Y no
es solamente santo, sino tres veces santo.

En segundo lugar, se le alaba por Su omnipotencia. Dios es omnipotente, es decir, es


todopoderoso, o puede hacer cualquier cosa.

Y en tercer lugar, en esta doxología se le alaba por Su eternidad. Los imperios surgen y
desaparecen; aún los cielos y la tierra perecerán; pero Dios es siempre el mismo, y Sus años no
acabarán, por lo cual Sus siervos habitarán seguros (Salmo 102: 25-28).

Prosigamos nuestra lectura en los versículos 9 al 11

9 Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que
está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, 10los veinticuatro
ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por
los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: 11Señor, digno
eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu
voluntad existen y fueron creadas. (Ap. 4:9-11)

Este es la primera escena de una adoración grandiosa. Ya hemos visto que los cuatro seres
vivientes representan a la naturaleza en toda su grandeza, y a los veinticuatro ancianos a la
gran Iglesia unida en Jesucristo. Así es que cuando los ancianos y los seres vivientes se unen
en alabanza, se simboliza la Naturaleza y la Iglesia unidas alabando a Dios. Una alabanza in-
interrumpida.

Juan utiliza aquí una figura muy conocida en el mundo antiguo: Los ancianos rendían sus
coronas ante el trono de Dios. En el mundo antiguo aquel gesto era expresión de una
sumisión total. Cuando un rey se rendía a otro, echaba su corona a los pies del vencedor. Y la
doxología de los ancianos alaba a Dios por dos cosas: Él es su Señor y Dios. Esta frase sería
especialmente impactante para los cristianos de aquella época, pues la expresión original para
Señor y Dios era Kyrios kai Theós, que era el título oficial y exclusivo del emperador romano
Domiciano. Y era, precisamente, el que los cristianos no reconocieran semejante pretensión
del Emperador la razón por la que los perseguían y asesinaban.

En segundo lugar, los ancianos alaban a Dios porque es el Creador. Ahora, notemos lo que
dice aquí: porque tú creaste todas las cosas. Hay algo aquí que deseamos destacar, y el Dr.
Walvoord lo señala en su excelente libro sobre el Apocalipsis. Usted puede notar que estos
seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono. Ellos le
adoran por Sus atributos, porque Él es quien es y por Su voluntad y propósito todas las cosas
existen. El ser humano ha adquirido muchos poderes, pero no el de crear. Puede alterar,
reformar o destruir. Pero no crear. Únicamente Dios puede crear de la nada. Y el universo
entero le pertenece. .

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