0% encontró este documento útil (0 votos)
160 vistas47 páginas

03 FERRERO y ARACH Islas de Naturaleza Introducción

Cargado por

Luz Rodriguez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
160 vistas47 páginas

03 FERRERO y ARACH Islas de Naturaleza Introducción

Cargado por

Luz Rodriguez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Compilador: Dr. Brián G.

Ferrero

Islas de
naturaleza
Perspectivas
antropológicas sobre las
políticas de conservación.

1
Compilador: Dr. Brián G. Ferrero

Islas de
naturaleza
Perspectivas
antropológicas sobre las
políticas de conservación.
Ferrero, Brián Germán

Islas de Naturaleza : Áreas Naturales Protegidas-ANP / Brián Germán


Ferrero ; compilado por Brián Germán Ferrero. - 1a ed . - Rafaela : Edi-
ciones UNRaf, 2019.

Libro digital, PDF - (I + D)

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-4920-18-8

1. Conservación de la Naturaleza. 2. Naturaleza. 3. Preservación. I. Título.

CDD 577.5

©Universidad Nacional de La responsabilidad por las


Rafaela, 2019 opiniones expresadas en los
libros, artículos, estudios y
Bv. Roca 989, Rafaela
otras colaboraciones publicadas Atribución – No Comercial
Santa Fe, Argentina por Ediciones UNRaf incumbe – Compartir por igual 4.0
Tel. (+54 03492) 501155 exclusivamente a los autores Internacional (by-nc-sa 4.0):
firmantes y su publicación No se permite un uso comercial de
[email protected] la obra original ni la generación de
no necesariamente refleja los
http://www.unraf.edu.ar/ obras derivadas.Esta licencia no es
puntos de vista ni del Director una licencia libre, y es la más cercana
Editorial, ni del Consejo Editor al derecho de autor tradicional.
1º Edición: noviembre de 2019 u otra autoridad de la UNRaf.

Coordinación editorial Se terminó de imprimir en


XANTO [Conceptos Gráficos], Atribución (Attribution): En
Lic. María Belén Romero
Mattos 3373 (Crespo 2300), cualquier explotación de la obra
Colaboración Rosario, en el mes de enero del autorizada por la licencia será
Dra. María Rosa Etchevers 2020. Tirada de 500 ejemplares. necesario reconocer la autoría
(obligatoria en todos los casos).
Bec. María Guadalupe Rey
Corrección
Prof. Caren Alí
Compiladores No Comercial (Non
commercial): La explotación de
Dr. Brián G. Ferrero la obra queda limitada a usos no
Diseño de tapa e interior comerciales.
AG

Autoridades UNRaf
Compartir por igual
Rector (ShareAlike): En caso de
Dr. Rubén Ascúa modificación, transformación o
construcción sobre el material, se
Vicerrectora debe distribuir la contribución bajo la
Prof. Rosario Cristiani misma licencia que la original.
Índice

Presentación 15
Por Jorge Daniel Rodríguez

Introducción 19
Por Brián G. Ferrero y Omar A. Arach

1
La conservación de la naturaleza como diseño
del paisaje. El proceso de renaturalización de la
montaña en el Pirineo Central 53
Por Oriol Beltrán e Ismael Vaccaro
1. Los usos de la montaña en el tiempo: del autoconsumo
al turismo 55
2. De la belleza paisajística a la biodiversidad 60
2.1 La valorización estética del paisaje: el Parque Nacional 64
2.2 La gestión productiva de la fauna salvaje: las reservas
nacionales de caza 67
2.3 Los fundamentos de la conservación moderna: la Ley
de Espacios Naturales 69
2.4 La patrimonialización de la naturaleza: el Parque
Natural 71
3. Conservación y diseño del paisaje 76
3.1 Aspectos geológicos: geomorfología y dinámicas 79
3.2 La cobertura vegetal 82
3.3 Un zoo en los Pirineos 91
4. Paisajes híbridos en la hipermodernidad 98
Referencias bibliográficas 100
Islas de Naturaleza

2
La naturaleza como práctica: un análisis
fenomenológico de las políticas de conservación
y sus impactos sociales en espacios protegidos 109
Por José A. Cortés Vázquez y Esteban R. Ballesteros
Introducción 109
Metodología 114
Tres historias sobre conservación 117
Los nuevos marcos de práctica de la conservación 123
Sujetos/actores de la conservación 127
La naturaleza como práctica 135
Conclusiones 138
Referencias bibliográficas 144

3
Dilemas alrededor de la biodiversidad: reflexiones
a partir del Valle de Pati en Chapada Diamantina-
Bahía, Brasil 151
Por Senilde A. Guanaes
1. Introducción 151
2. La Creación del área Protegida: La naturaleza sin gente
del lugar parque 156
3. Vale de Pati: las tensiones del “patio” 165
4. Impactos de la políticas de protección de la
biodiversidad en las poblaciones 174
5. Consideraciones finales 185
Referencia bibliográficas 190
4
Tensiones entre un modelo ideal y la
construcción cotidiana de un proyecto de
comanejo. Aportes desde un enfoque etnográfico 197
Por Florencia Trentini
Introducción 197
El comanejo como un modelo: la supuesta neutralidad de
la política 201
La construcción cotidiana del comanejo: en los
intersticios entre lo formal y lo informal 216
Primera etapa: la conformación de las primeras
comunidades mapuche 217
Segunda etapa: la discusión por la autenticidad de la
comunidad Maliqueo 224
Tercera etapa: la tensión entre la estructura y las prácticas 237
A modo de conclusión 245
Anexo 249
Referencias bibliográficas 250

5
Conservación y desarrollo económico en el
Sudoeste de Camerún: un análisis escalar
centrado en el Parque Nacional Korup 255
Por María A. Nardi y Yahia Mahmound
Introducción 255
Conservación a través de áreas protegidas: desplazando el
problema del ‘desarrollo’ 262
Una ecología política de la conservación-desarrollo 271
Metodología 280
Islas de Naturaleza

Contexto geográfico e histórico de análisis 288


Las dinámicas territorio-ambientales en el parque Korup
y su zona de amortiguamiento 294
Cambiando escalas: dinámicas territorio ambientales en
la región de Korup 298
Comentarios finales 319
Referencias bibliográficas 323

6
Las áreas protegidas en Uruguay: Impotencias
estatales, potencias instituyentes y nuevas
impugnaciones a la conservación de la naturaleza 333
Por Carlos Santos
Resumen 333
Introducción 335
Las áreas protegidas y los enclaves del “Uruguay Natural” 336
Paso Centurión: el nuevo ruralismo conservador y la
naturaleza en la defensa de formas de vida tradicionales 341
El área protegida de Paso Centurión como una demanda local 345
El área protegida como demanda local 347
La resistencia al Área Protegida y la inscripción en la
política ‘nacional’ 356
Discusiones finales 359
Anexo 363
Referencia bibliográficas 364
7
Conservación y desalojo. Un análisis a propósito de
la creación del Parque Nacional Islas de Santa Fe 369
Por Brián G. Ferrero y Omar A. Arach
Introducción 369
Islas y paisajes fluvio-rurales 373
El Parque Nacional, una isla de conservación 381
De isleños a intrusos 386
Los últimos residentes 389
El último desalojo 394
A la deriva 397
Referencias bibliográficas 405

8
Compartimentalización y Áreas Naturales
Protegidas 409
Por Elías Gómez
Introducción 409
El problema sociológico 411
Procesos de compartimentalización y ANP 416
Consideraciones finales: una discusión 424
Referencias bibliográficas 429

Acerca de los autores 441


Islas de Naturaleza

12
13
Presentación

Presentación

Presentar un trabajo colectivo que inaugura una nueva


línea de producción de nuestra editorial universitaria, que de-
nominamos “Colección I+D+i” (Investigación, Desarrollo e
Innovación), supone un compromiso de apoyo y celebración
institucional y profesional que no se puede eludir, pese a la mul-
tiplicidad frentes “internos y externos” que supone la tarea de
gestión académica en una novel institución universitaria que se
halla en plena etapa de definiciones y crecimiento.
La “Colección I+D+i” que iniciamos, precisamente, pre-
tende reunir la producción académica, resultante de investiga-
ciones relacionadas con las ciencias básicas y aplicadas, los de-
sarrollos tecnológicos y los procesos y prácticas de innovación.
Mediante esta alternativa se pretende difundir y democratizar el
conocimiento generado en el ámbito académico de la Univer-
sidad Nacional de Rafaela y en otras instituciones académicas y
científicas estratégicamente asociadas.
La presente obra, bajo la compilación del Dr. Brian Fe-
rrero, reúne un conjunto de trabajos que abordan las tenden-
cias contemporáneas de creación y manejo de Áreas Naturales
Protegidas, desde una mirada innovadora que analiza las con-
secuencias sociales, económicas y territoriales de las políticas
de conservación, así como también sus efectos en poblaciones

15
Islas de Naturaleza

locales, con foco en estudios de casos en Argentina, Brasil, Uru-


guay, Ecuador, México, España y Camerún.
Ponderamos particularmente la calidad de los trabajos, así
como también el nivel académico y la trayectoria profesional y
compromiso de sus autores, sumado al carácter internacional
que adquiere esta producción, en torno a una temática altamen-
te sensible y estratégica para el presente y futuro del planeta.
El extractivismo contemporáneo o neo-extractivismo
(Gudynas, 2009), además de reconocerlo como un fenómeno
anclado en la herencia colonial, moderno, capitalista y patriarcal
-«no existe modernidad sin colonialidad ni capitalismo sin ex-
tractivismo» (Parra Romero, 2016)-, es un modelo económico
y político basado en la apropiación, mercantilización y explota-
ción desenfrenada de los recursos de la naturaleza. A partir de
la década de los noventa, se evidencia una clara intensificación
de este modelo en América Latina, reubicándola con sus activos
territoriales, naturales y sociales como “generosa cantera” en el
mapa de la geopolítica mundial, en función del incremento de
los precios de algunos recursos naturales en el mercado interna-
cional, el agotamiento de las principales reservas en el mundo y
el dinamismo del flujo de las inversiones de las empresas extrac-
tivas (Rodríguez Maldonado y Urrea, 2014).
El capitalismo actual, como bien lo señalan Composto y
Navarro (2014:34), «necesita transformar la naturaleza en un
mero medio de producción y todos los procesos vivos que le
son inherentes en potenciales mercancías; y destruir todas aque-
llas relaciones sociales, constelaciones culturales y lenguajes de
valoración no mercantiles para subsumirlas en la lógica unidi-
mensional del mercado, el individualismo y la ganancia priva-
da». Cimentado en estrategias de despojo y ocupación, crimina-
lización y producción de cierto “sentido común” y mediado por

16
Presentación

el ejercicio más o menos sistemático de la violencia, el modelo


estractivista que permanentemente encuentra nuevas formas de
mercantilizar la naturaleza (Acosta, 2012), «se vale de la natu-
ralización de un discurso tecnocrático que: a) posiciona el cre-
cimiento económico como bien supremo por sobre la garantía
de los derechos humanos y la autodeterminación de los pueblos;
b) subestima las cosmovisiones de pueblos originarios y niega
la existencia de saberes ancestrales y populares en relación con
la naturaleza y; c) rechaza la posibilidad de transitar hacia alter-
nativas al modelo actual y condena a quienes luchan por esta
causa» (Carvajal, 2016:10).
En los tiempos que corren, para quienes pensamos que
aún otro mundo es posible, el cuidado, la protección integral y
nuevas formas de relación con la naturaleza es una “bandera in-
claudicable” que no estamos dispuestos bajar y menos entregar.
Gracias Brian, José, Ismael, Andrea Yahia, Omar, José, Esteban,
Semilde, Florencia, Carlos y Elías, por ayudarnos a recordar y
renovar esta convicción.

Dr. Jorge Daniel Rodríguez


Director Departamento Cultura,
Educación y Conocimiento
Universidad de Rafaela

17
Islas de Naturaleza

Referencias bibliográficas

Acosta, Alberto (2012): Extractivismo y Derechos de la Naturaleza. En:


Justicia indígena, plurinacionalidad e interculturalidad en Ecuador.
Boaventura de Sousa Santos y Agustín Grijalva Jiménez, Editores. ABYA
YALA, Fundación Rosa Luxemburg.

Carvajal, Laura María (2015): Participación de las mujeres en procesos


de consulta en el marco de la defensa de los territorios y la naturaleza
en América Latina. En: “Mujeres Defendiendo el Territorio.
Experiencias de participación en América Latina”. Fondo de Acción
Urgente de América Latina y el Caribe, FAU-AL.

Composto, Claudia y Navarro, Mina (comp.) (2014): Territorios


en disputa. Despojo capitalista, luchas en defensa de los bienes comunes
naturales y alternativas emancipatorias para América Latina. Bajo Tierra
Ediciones, Ciudad de México.

Gudynas, Eduardo (2009): Diez tesis urgentes sobre el nuevo


extractivismo. Contextos y demandas bajo el progresismo
sudamericano actual. En: “Extractivismo, política y sociedad”, autores
varios. Centro Andino de Acción Popular y Centro Latino Americano de
Ecología Social. Quito, Ecuador.

Parra Romero, Adela (2016): ¿Por qué pensar un giro decolonial en el


análisis de los conflictos socioambientales en América Latina?. Revista
Ecología Política. Cuadernos de debate internacional, N° 51, pp.15-20.

Rodríguez Maldonado, Tatiana y Urrea, Danilo (2014): Gran minería


y conflicto. Una perspectiva socio-ambiental del modelo de desarrollo
en Colombia. En “Extractivismo. Conflictos y resistencias”. Censat
Agua Viva – Amigos de la Tierra, Bogotá, Colombia.

18
Introducción

Introducción
Brián G. Ferrero
Omar A. Arach

En el mes de noviembre de 2018, la Asamblea Ampliada


en Defensa del Parque Nacional Calilegua envió un petitorio al
Gobernador de la Provincia de Jujuy (Argentina) y a la Admi-
nistración de Parques Nacionales para que revoque la “suspen-
sión de dominio” del Parque sobre mil has., a favor del Estado
provincial que permitiría a una empresa petrolera a explotar un
yacimiento petrolero del área. El petitorio también solicitaba el
cierre definitivo de las 5.700 has que componen el área de explo-
tación asignada a la empresa dentro del Parque Nacional, que es
a su vez es zona núcleo de la Reserva de la Biósfera Las Yungas.
Dicho petitorio fue firmado por un variado conjunto de orga-
nizaciones, entre las que se destacan las comunidades guaraníes
que habitan el área, reunidas en la Asamblea del Pueblo Gua-
raní. La lucha de contra la “desafectación” del Parque es, tam-
bién, contra la “afectación” producida por la actividad petrolera
iniciada en la zona diez años antes de que se creara el Parque
Nacional, y a su vez, forma parte de una historia aún más larga
de luchas ante sucesivos frentes de despojo.
El reclamo no deja de tener algo paradójico, en tanto un
grupo de organizaciones sociales peticionaban frente al Estado
por la vigencia de una normativa que el mismo Estado había

19
Islas de Naturaleza

establecido pero que pretendía echar para atrás. Al mismo tiem-


po es significativo que en este reclamo se encuentren las comu-
nidades aborígenes que habitan en la Reserva puesto que, como
veremos, la historia de la creación de las áreas naturales protegi-
das es una historia por lo menos problemática con respecto a las
poblaciones preexistentes en esas áreas. El hecho tal vez expresa
una nueva manifestación con respecto a la tensión de territo-
rialidades (Porto Gonzalves; 2009) que se suscita en torno a las
Áreas Naturales Protegidas (ANP), donde se observa una sin-
gular colisión entre fuerzas contrapuestas: viejos y nuevos mo-
delos de conservación de la naturaleza, las diferentes formas de
agenciamiento de las poblaciones locales, la presión expansiva
de distintos frentes predatorios ligados al capital extractivista y
el agronegocio, los nuevos modelos asociados al semiocapitalis-
mo verde (los mercados genéticos, de experiencias, etc.).
En efecto, aunque cada ANP tenga sus particularidades, y
ciertamente es con base en la particularidad que se fundamenta
la necesidad de protección de cierta “área natural”, la creación
de las mismas hace parte de una tendencia global, correlativa al
proceso de ambientalización (Leite Lopes; 2006) que han venido
experimentando los estados nacionales desde el último cuarto de
siglo pasado. Significativamente, este proceso de ambientaliza-
ción ha sido contemporáneo a una aceleración del deterioro de
las condiciones ambientales del planeta, como lo muestran los
reportes globales sobre el tema, y el cual aparece como el prin-
cipal fundamento para la urgente necesidad de la conservación.
Las Áreas Naturales Protegidas son creadas con el objeti-
vo de conservar la naturaleza, proteger ecosistemas y especies
amenazadas, poner en valor la belleza de paisajes, promover el
contacto con la naturaleza, propiciar la recreación espiritual, y
otra serie de propósitos muy necesarios en el mundo actual. Sin
embargo, la bondad de estos predicados no debe llevar a obviar

20
Introducción

el análisis de las consecuencias reales (en diferentes niveles y


escalas) de la implementación de las ANP. ¿Quiénes llevan ade-
lante estos procesos, con qué criterios y modalidades, y qué con-
secuencias trae para las poblaciones que viven en los territorios
que han pasado a ser objeto de protección?, son algunas de las
preguntas que vertebran los trabajos incluidos en este volumen.
Frente a lo expuesto, este libro está centrado en el aná-
lisis de procesos relacionados con el diseño, implementación y
gestión de ANP en diversos países (Argentina, Uruguay, Brasil,
México, Ecuador, España, Camerún) predominando miradas
críticas con respecto a los procesos de conservación, pero no
en tanto juicio negativo, sino como análisis metodológicamente
guiado a fin de escapar a las valoraciones preestablecidas, tan-
to de aquellas posiciones que dan por descontado la bondad de
cualquier iniciativa conservacionista, como de aquellas que se-
ñalan a éstas como meros artilugios del capital y el Estado para la
conquista de espacios estratégicos en tableros geopolíticos, o la
apertura de nuevas fronteras de acumulación y la prolongación
de la colonialidad por otros medios. Pero sobre todo predomina
un abordaje etnográfico que presta el oído a los diversos actores
que hacen parte del drama de la conservación, con una especial
atención a ese conjunto de perspectivas que en la literatura so-
bre conservación corresponden a las “poblaciones locales”.
En términos generales, este conjunto de trabajos a la con-
servación como un proceso continuo que tiene lugar en contex-
tos políticos y culturales determinados, alejándose de las defini-
ciones de la conservación y las ANP como un fin en sí mismo,
y que se basan sobre todo en miradas tecno-científicas. Aquí se
enfatizan los procesos en lugar de las prácticas, apelando a re-
conocer los conflictos que involucran a las ANP, en lugar de
considerarlos externalidades (Alcorn; 2005). Así, la conserva-
ción se presenta como un proceso político y social por el cual,

21
Islas de Naturaleza

los Estados establecen normas para el manejo de los recursos


naturales a fin de mantener procesos ecológicos.
Estas perspectivas sobre la ANP llevan a ampliar la escala
de análisis, que implique el contexto más amplio de transfor-
mación territorial-ambiental en donde las Áreas se encuentran.
En esta propuesta de estudio de las ANP, la conservación no
se reduce a lo que sucede al interior de las Áreas, sino que in-
volucra procesos políticos, sociales y económicos de amplios
territorios más allá de sus fronteras. Lo que sucede fuera de
las ANP, permite explicar la lógica de éstas. Así las políticas
de conservación se constituyen en arenas políticas, en tanto
son instrumentos del aparato estatal para organizar y gestionar
territorios y poblaciones.

La naturaleza como islas


La imagen de las AP como islas de naturaleza es recu-
rrente entre quienes gestionan y analizan las políticas de con-
servación. Esta idea hace referencia tanto a los problemas de
conservación que devienen de la distancia entre las ANP, como
a los límites que recortan espacios, generando fronteras que
distinguen territorios de conservación en océanos de tierras en
producción. Algunas críticas señalan que las ANP como islas
protegen especies y comunidades, pero no procesos que tras-
cienden áreas delimitadas, de esta manera se abandona el resto
del territorio a la degradación. En este sentido hay una crítica
a los objetivos globales para que cada país alcance la conserva-
ción del 17% de las áreas terrestres (según la Meta 11 de Aichi
para la Diversidad Biológica), es que se está condenando al otro
83% a la degradación.
La idea de ANP como islas también refiere a que conso-
lidan fronteras entre humanos y naturaleza, estableciendo la

22
Introducción

dificultad de su convivencia, y una distinción ontológica que no


solo separa, sino que también forja en el territorio distinciones
de la categoría de naturaleza frente a la de sociedad. Entonces
las ANP en general se presentan como áreas de sanción, control
y muchas veces violencia. Tales islas de naturaleza consolidan
sus límites, excluyendo a las poblaciones locales, que (a veces,
por generaciones) vivieron en estos ambientes, que pasan a ser
amenazas a la naturaleza y las causantes de la pérdida de biodi-
versidad. Se despliegan aparatos clasificatorios basados en pares
conceptuales como los de “dentro” y “fuera”, “poblaciones locales” y
“ocupantes”, “conservación” y “producción” “natural” y “artificial”, “na-
tivos y exótico”. Entonces, las ANP con sus dispositivos para cons-
truir fronteras contribuyen a consolidar el dualismo occidental.
Las políticas de conservación llevan a profundas recon-
ceptualizaciones del espacio y de los recursos naturales. Las
ANP implican un cambio fundamental en la jurisdicción, en los
regímenes de propiedad y en el manejo los recursos naturales,
de manera que encarnan formas específicas de gubernamenta-
lidad con consecuencias territoriales (Vaccaro y Beltran, 2010).
En este sentido las ANP constituyen formas particulares de la
presencia del Estado delimitando y visualizando territorios, con
altos niveles de control. Se establecen territorios estatales donde
se ponen de relieve determinadas formas de conceptualizar y
gestionar los recursos naturales, los paisajes y las poblaciones
humanas y por tanto llevan a transformaciones jurídicas y en
los regímenes de uso del espacio (Vaccaro Beltran, 2010). Por
lo tanto, las políticas de conservación son un medio de inter-
vención gubernamental sobre los territorios, redefiniéndolos y
redefiniendo la identidad el espacio, la naturaleza y las poblacio-
nes locales.

23
Islas de Naturaleza

La creación de ANP forma parte de los procesos de gober-


nabilidad como fenómeno moderno fundamental, por medio de
estas, múltiples ámbitos de la vida cotidiana son apropiados,
procesados y transformados de manera creciente por los apa-
ratos administrativos del Estado y por el conocimiento experto.
La naturaleza es gubernamentalizada por los aparatos del Esta-
do, en tanto gestionada y, hecha objeto de conocimientos ex-
pertos. Así se convierte en una naturaleza regulada, planificada,
administrada y disciplinada. Las AP emergen de las formas en
que los Estados nacionales construyen sus territorios, y por tan-
to participan en las formas estatales de hacer legibles y objetivos
territorios y poblaciones (Scott; 1998). Clasificaciones que par-
ticipan en la regulación de prácticas productivas, usos locales del
territorio, legitimidad de la presencia de determinadas especies.
En el vínculo con la estatalidad, la AP tienen una función
de soberanía. El principio de territorialidad para los estados mo-
dernos implica la creación de espacios homogéneos y regulados
sobre los espacios sobre los que ejercen soberanía sus institu-
ciones políticas, mientras que por fuera de sus confines implica
tanto el reconocimiento de la soberanía territorial de otro es-
tado y el establecimiento de relaciones más o menos reguladas
con este y sus instituciones políticas. En Argentina, la política
de creación de Áreas Naturales Protegidas se inicia hacia fines
del siglo XIX. En sus comienzos, la preocupación oficial por la
conservación se ligó a problemas de soberanía y delimitación
del territorio nacional, promoviendo el desarrollo de áreas en
disputa con países vecinos. Los PN también se convirtieron
en un mecanismo para hacer efectiva la presencia de los Esta-
dos nacionales en regiones marginales al modelo agroganade-
ro. Así, los dos primeros Parques argentinos, Nahuel Huapi e
Iguazú (ambos legalmente creados en 1934) tuvieron por rol
tanto conservar bosques, lagos y las cataratas, como fomentar

24
Introducción

el poblamiento de zonas despobladas, y consolidar la soberanía


nacional en fronteras en conflicto (puntualmente con Chile y
Brasil). Esto fue acompañado por la promoción del desarrollo
de tales regiones a través del turismo, actividad por entonces
en franca difusión entre las clases altas urbanas con una función
explícitamente civilizatoria (Ferrero, Pyke, 20016). De manera
que, desde principios del siglo XX, los PN se presentan como
una herramienta de constitución del Estado moderno argenti-
no, en su central componente de territorialidad. Por medio de
estos PN el Estado nacional tenía objetivos tanto de soberanía,
efectivizando su presencia en la frontera, como de desarrollo,
promoviendo a partir de estos Parques el poblamiento y promo-
ción del turismo en áreas con paisajes sobresalientes. La cons-
trucción de caminos, el desarrollo del transporte, la hotelería y
el turismo coincidían con el objetivo de “nacionalizar” las zonas
fronterizas más alejadas del país en un sentido estratégico (Ba-
llent y Gorelik, 2001). Estos PN participaron en constituir fron-
teras, los límites del país, así como construir la ciudadanía, crear
naturaleza, y en tal proceso, naturalizar la nación.
La idea de “lo salvaje”, o “wilderness” (tal como se propone en
los primeros Parques) está en el centro de la distinción occidental
entre naturaleza y sociedad, puesto que considera que ciertos es-
pacios son “salvajes” en tanto no han tenido intervención huma-
na, siendo por tanto, responsabilidad de los Estados a través de los
Parques que así continúen. La noción “wilderness”, subyacente a la
creación de los parques al final del siglo XIX, fue usada para deter-
minar grandes áreas no habitadas, principalmente después del ex-
terminio de los indios y de la expansión de la frontera hacia el oeste.
El capitalismo estadounidense ya se había consolidado, la urbani-
zación era acelerada y se proponía que se reservaran grandes áreas
naturales, substrayéndolas a la expansión agrícola y colocándolas
a disposición de las poblaciones urbanas para fines de recreación.

25
Islas de Naturaleza

La idea de una naturaleza prístina, no antropizada, lleva a


desconocer los procesos sociales, políticos y económicos que es-
tán en la base de conflictos humanos por el uso de los recursos.
A su vez, también deriva en desconocer que los humanos han
intervenido en la mayor parte de esos ambientes que se conside-
ran de naturaleza pura. La idea de naturaleza contiene historia
humana, más allá de que ésta pase inadvertida. Gómez-Pompa
& Kraus (1992) demuestran cómo muchos de los llamados “pai-
sajes prístinos” del planeta son “paisajes antropogénicos”, pro-
ducto de actividades humanas que han modificado su entorno
natural generación tras generación. En este sentido, mencionan
el caso de los bosques tropicales, que no se pueden entender
como “selvas vírgenes”, que son el resultado del manejo que han
realizado sus habitantes durante miles de años.
La noción de conservación de la naturaleza, dada en las AP,
ha colaborado en la constitución contemporánea de la distinción
entre sociedad y naturaleza. Al establecer límites físicos entre
espacios naturales y antropizados, las ANP crean naturaleza, es-
tablecen qué es la naturaleza y qué no lo es, y se conforman en
dispositivos tecnológicos para sostener esa construcción cultural.
Las áreas naturales no sólo enfatizan, sino que recrean y expanden
las contradicciones de nuestra praxis cultural, al fundarse como
modelos “ecológicos” sobre una máxima antiecológica que separa
a los humanos del mundo natural, la máxima que crea la noción
de naturaleza como lo no-humano (Latour, 2004). Bruno Latour
se pregunta: “¿Por qué la ecología política no sabría conservar la
naturaleza?” formulando que no podría hacerlo porque la natura-
leza no es un dominio particular de la realidad, sino el resultado
de una división política, una Constitución, que opone lo que es
objetivo e indiscutible de lo subjetivo y discutible. En tal sentido
las controversias ecologistas no tratan de la crisis de la naturaleza,
sino de la crisis de la objetividad (Latour, 2004, p.39).

26
Introducción

Considerando que las políticas de conservación partici-


pan de la construcción de la oposición entre naturaleza y socie-
dad, entonces ¿es posible conservar la naturaleza manteniendo
tal distinción? O incluso ¿se podría hablar de conservar la natu-
raleza, con la impronta patriarcal que esto tiene, saliendo de la
distinción? Probablemente la forma de superar la actual crisis
de la naturaleza, comience por hacer estallar el propio concepto
de naturaleza, (Swyngedow, 2011). En este sentido, tienen por
mucho por aportar los estudios etnográficos de las formas en
que pueblos nos occidentales se relacionan con el mundo.

Modelos de conservación de la naturaleza


Las discusiones sobre el lugar de las poblaciones humanas
en las ANP y las tensiones que se generan en torno a su pre-
sencia se originan con las primeras ANP creadas en Occidente,
donde se establecieron las bases ideológicas y metodológicas del
modelo de conservación que predominará durante el siglo XX
y lo que va del XXI. Si bien han existido otros territorios donde
los gobernantes han excluido a la población de la explotación
de los recursos, por ejemplo, en la Inglaterra medieval o la In-
dia previa a la colonización europea, estas áreas no tenían por
objetivo principal la conservación de la naturaleza, sino que han
sido, en los casos mencionados, áreas de caza para las elites go-
bernantes (Arnold, 2000).
Las primeras ANP, que dan lugar al modelo actual de con-
servación, se crearon durante la segunda mitad del siglo XIX.
En la década de 1860 el gobierno colonial británico creó reser-
vas naturales en colonias de África, Nueva Zelandia, Australia
y Canadá (Phillips, 2003). El 1861 el gobierno portugués creó
el Parque Nacional da Tijuca en Rio de Janeiro, el cual servi-
ría como espacio de recreación a la nobleza y en 1864 se creó
el Parque Nacional Yosemite. Pero fue con el Parque Nacional

27
Islas de Naturaleza

Yellowstone creado en 1872, en el oeste de Estados Unidos, el


que estableció un modelo tradicional de conservación (Phillps
2003) que instaura que la principal forma de conservar la natu-
raleza es estableciendo áreas cerradas, controladas por el Estado.
Tal modelo se difundió rápidamente por todo el planeta, gracias
a la posibilidad que presentaba de ser adaptado a los imperativos
territoriales de los Estados nacionales, muchos en proceso de
consolidación territorial hacia fines del siglo XIX y principios
del siglo XX.
Pero el Parque Nacional Yellowstone no fue creado en
una región vacía, sino en territorio de los indios Crows, Blac-
kfeet y Shoshone- Bannock. Estas poblaciones que fueron des-
critas como “salvajes, demonios rojos, comedores de búfalos, de
salmón, de tubérculos”, no dejaron espontáneamente el área del
Parque sino que fueron presionados por el Estado a abandonarla
(Kemf 1993, citado de Diegues 1996). De modo que con el mo-
delo tradicional de conservación también se exportó un modo
de tratar con la diferencia cultural territorialmente basada que
tuvo consecuencias deletéreas, en muchos casos desastrosas, so-
bre los pobladores que habitaban áreas consideradas como obje-
to de conservación (Diegues, 1996, p. 37).
En este modelo predominó la concepción de la conserva-
ción estricta, sin presencia humana, como la forma privilegiada
de salvar “porciones de naturaleza” del avance arrollador de la
civilización industrial. La única presencia humana considerada
positiva fue la de científicos, con visitas cortas e intermitentes
para llevar a cabo investigaciones, particularmente desde las
ciencias biológicas y de la tierra, y del Estado, determinando y
delimitando territorios y luego, ejerciendo control y vigilancia.
Pero como también se consideraba que esos lugares paradisía-
cos servirían como lugares salvajes donde el hombre, en parti-
cular de las poblaciones urbanas, pudiera renovar sus energías

28
Introducción

gastadas en la vida estresante moderna, junto a los primeros


parques nacionales se instalaron hoteles, impulsando así el de-
sarrollo del turismo de los nuevos sectores urbanos.
Parecería llevarse a cabo la reproducción del mito del pa-
raíso perdido y buscado por el Hombre después de su expulsión
del Edén. Este mito moderno, está, sin embargo, impregnado
del pensamiento racional representado por conceptos como el
de ecosistema, diversidad biológica, etc. (Diegues, 1996, p. 59).
Esta actitud salvacionista descansaba sobre lo que Diegues
(1996) llamó el mito moderno de la naturaleza intocada, basado
en el supuesto de que hay una naturaleza prístina preexistente
al ser humano, el cual es un ser destructivo por naturaleza. Sin
embargo, es un hecho comprobado que eso que llamamos na-
turaleza es resultado de una larga historia cultural (Viveiros de
Castro; 2002, Laymer García dos Santos, 2003) y que, en muchos
casos, aquellos que han protagonizado esa larga historia viven
en las áreas a proteger. De este modo, la naturaleza no tendría el
carácter universal, desprendido de sentidos y prácticas particu-
lares, que le asigna la racionalidad que diseña e implementa las
ANP, sino que existiría como parte de territorios de poblaciones
que le darían sus improntas específicas. Al igual que el tiempo,
y desafiando las abstracciones idealizadas que sustentan las po-
líticas conservacionistas, la naturaleza no sería cognoscible sino
a través de las cosas a las que se refiere (Caro Baroja, 2008). Los
“mil nombres de Gaia” que componen el pluriverso de etnoeco-
logías actualmente existentes prefiguran un “multinaturalismo”
(Viveiros de Castro, 2002) que las políticas de conservación de-
berían imaginar de cara a la crisis ambiental global.
Sin embargo, dado que el principio de territoriali-
dad de los Estados modernos implica la creación de espacios
homogéneos y regulados sobre los que ejercen soberanía sus

29
Islas de Naturaleza

instituciones políticas, las ANP ejercen una función de sobera-


nía proyectando, sobre un espacio que se imagina vacío, la na-
turaleza idealizada de la patria. Ciertamente la creación de ANP
forma parte de un acelerado proceso de privatización y/o estata-
lización de aquellos territorios que todavía quedaban por fuera
de la égida del moderno sistema mundial (Wallerstein, 2004).
Acompaña y acompasa la tendencia al despojo inherente a la
acumulación, que fuera nombrada por Marx como acumulación
originaria en su interpretación del cercamiento de los comu-
nes en Inglaterra,y que lejos de ser un momento histórico en
el desarrollo del capitalismo es una instancia permanente en el
proceso de acumulación de capital (Luxemburgo, 2011; Harvey,
Bartra, 2014). Aun cuando la creación de ANP fuera pensada
como un freno a la expansión de actividades productivas sobre
ciertos espacios, no dejaba de proyectar una misma idea abs-
tracta de naturaleza capaz de ser inventariada como patrimonio
según una racionalidad equivalente a la de los libros contables.
Las AP implican un cambio fundamental en la jurisdic-
ción, en los regímenes de propiedad, en el manejo de los bienes
naturales y en los sentidos asignados al espacio. Encarnan for-
mas específicas de gubernamentalidad con significativas conse-
cuencias territoriales (Vaccaro y Beltrán, 2010). No es de ex-
trañar que se desataran un sinnúmero de reacciones por parte
de la población comprendida dentro de sus radios de exclusión.
Las protestas sociales contra las políticas restrictivas, que en no
pocos casos han encarnado en movimientos societales, así como
los desarrollos científicos en el campo de la ecología, y las crí-
ticas de profesionales vinculados a las agencias de conservación
(Chapin, 2004), derivaron en críticas al modelo “tradicional” de
conservación impulsando el surgimiento de un paradigma “mo-
derno” de conservación (Phillips, 2003). Phillips (2003) señala
que las principales críticas se enfocan en aspectos tales como:

30
Introducción

• el conservacionismo es etnocéntrico, ya que favore-


ce ideas occidentales de naturaleza.
• es elitista, fallando en considerar las normas locales
de derecho a la tierra y de manejo de los recursos
naturales.
• se basa en modelos anticuados o ya antiguos que
congelan el status quo ecológico, e ignora la dinámi-
ca de los paisajes influenciados por los humanos, de
los cuales los ecosistemas forman parte.
• asume una auto-derrota, expulsando a la gente de
los parques, con lo cual se genera una simplificación
ecológica y así distribuyen en los límites externos las
presiones sobre las áreas protegidas.
A partir de la década de 1980 se aceleraron una serie de
transformaciones en la gestión de ANP en torno a estos puntos
críticos. Aunque las mismas tienen sus particularidades loca-
les, se trata de una tendencia globalmente extendida, asociada
a las mutaciones dentro del aparato transnacional del desarrollo
(Brosius, 2006), el cual había sido la principal plataforma ins-
titucional para la promoción de las ANP y de políticas de con-
servación a nivel planetario. Esta mutación hace parte de lo que
Leite Lopes llamó un proceso de ambientalización y tiene que
ver con la progresiva configuración del ambiente como una
nueva cuestión pública, con la creación de un orden institucio-
nal y de una burocracia de expertos encargada del asunto. La
Eco ‘92 constituyó un punto de consagración de este proceso,
con la popularización de la noción de desarrollo sostenible y el
establecimiento de un consenso (coetáneo al de Washington)
en torno al reconocimiento de la crisis ambiental global.

31
Islas de Naturaleza

Este conjunto de transformaciones puede marcar el sur-


gimiento de otro modelo de conservación, “moderno”. Este se
caracteriza por consideraciones sobre la dinámica de los ecosis-
temas que señalan la necesidad de trabajar a nivel ecoregional
saliendo de las fronteras de las AP, generando corredores, vin-
culando AP e integrando a las poblaciones locales a la conserva-
ción; en este sentido este nuevo paradigma también es denomi-
nado integrativo (Ministerio de Medio Ambiente, 2005).
En Argentina, esto llevó al despliegue de diversas estrate-
gias de vinculación con las poblaciones locales, por ejemplo, en
base a programas de participación que convocan diversos sec-
tores sociales, y que no siempre van más allá de ser novedosas
técnicas de recolección de información. A su vez, también en las
últimas décadas recibieron gran atención los programas de edu-
cación ambiental con escuelas rurales. Y por otro lado se vienen
desplegando proyectos de incorporación de prácticas locales a
la gestión de las AP, por ejemplo, se han desarrollado políticas
de co-manejo en el PN Lanin, donde participan comunidades
mapuches (Carpinetti, 2006), así como en el PN El Palmar con
programas de caza controlada de fauna exótica; en este volumen
se discuten en profundidad diversos programas de vinculación
entre pobladores y políticas de conservación.

La conservación en terreno y el terreno de la conservación


El interés en incorporar a las poblaciones locales deriva
de diversas fuentes. Una es la movilización de las comunida-
des, que muestran que ignorar o contradecir los intereses lo-
cales puede constituir la base de una creciente resistencia a los
proyectos de conservación (MacDonald, 2003). Por otro lado,
debemos considerar la presión de agentes con poder político
y científico, en particular instituciones internacionales, que
demandan la participación local o alguna forma de comanejo

32
Introducción

como condición para el financiamiento. Finalmente, otra fuente


de presión son los sectores técnicos y académicos que ponen en
discusión determinadas categorías que la conservación “tradi-
cional” ha naturalizado, como por ejemplo las de comunidades
locales, indigenismo, tradición, relación sociedad-naturaleza,
todo lo cual contribuye a poner en crisis las bases epistemológi-
cas del conservacionismo.
Entendemos la conservación como una arena de acción
política, un espacio donde, con desigual poder, intervienen ac-
tores gubernamentales, ONG, agencias internacionales y em-
presarios, así como pobladores locales en la lucha por definir la
forma de ocupar, usar, darle sentido al ambiente, al territorio,
y de definir el futuro de las poblaciones locales. En los progra-
mas de conservación que buscan la participación local esto se
torna más evidente. Trabajos realizados en diversos sitios (Li,
2007; Brosius, 2006; Ferrero, 2012a) muestran que los modelos
participativos constituyen en espacios de conflictos, tensiones y
alianzas entre estas poblaciones, instituciones gubernamentales,
ONG y agencias internacionales de conservación y desarrollo.
Por consiguiente, estos programas de conservación al ser im-
plementados en terreno, no son sistemas unívocos, así como
las poblaciones locales no aceptan pasivamente los términos
de participación, sino que se generan espacios de lucha y nego-
ciación; es allí que son resignificados a nivel local. Incluso tales
proyectos tienen efectos inadvertidos para quienes los aplican,
como la producción de grupos sociales que se sienten unidos
por intereses comunes y se movilizan en pos de ellos (Li, 2007;
Ferrero, 2012b). De esta manera, los proyectos participativos
generan arenas políticas locales en las que participan múltiples
agentes y donde son significativas las diferencias de poder, sin
embargo, también contribuyen a la creación de nuevas posi-
bilidades políticas para las comunidades locales. La respuesta

33
Islas de Naturaleza

depende, en gran medida, del grado en que las comunidades lo-


cales se apropien y utilicen los nuevos significados para lograr
sus propios objetivos, relacionándolos con otros actores sociales
y proyectos políticos (Escobar, 1999, p. 218).
Los modelos de conservación ligados al desarrollo tam-
bién abren espacios que los activistas y las comunidades locales
tratan de utilizar en sus luchas y reclamos (Escobar, 1999). En
América Latina, las áreas protegidas no solo han sido formas de
imposición y sometimiento, sino que también las comunidades
indígenas las han tratado como oportunidades para proteger sus
tierras tradicionales (Chapin, 2004). Esto presenta una paradoja
donde defender la naturaleza y las culturas locales implica crear
un lenguaje que refleje la experiencia local acerca de la natura-
leza y la cultura sobre la base de proyectos externos (Escobar,
1999). Según Escobar (1999) estos modelos de conservación im-
plican nuevas formas de colonización del paisaje biofísico y hu-
mano, pero también pueden contribuir a la creación de nuevas
posibilidades políticas para las comunidades locales.
Si bien la figura del Estado (nacional, provincial, munici-
pal) sigue siendo gravitante en las políticas de conservación, el rol
de las agencias no gubernamentales de conservación desde fines
del siglo XX va en aumento, marca agendas, presiona, negocian
y se establecen alianzas con los Estados para impulsar nuevas AP.
Desde esta óptica, basada en considerar a las AP como artefactos
políticos, Brosius (2006) propone que “la conservación es un nexo
de relaciones entre las grandes organizaciones y los donantes, en-
tre organizaciones y gobiernos, entre científicos y la población
local, y así sucesivamente” (p. 683). Tal como en este volumen
señala Gómez, las políticas de AP “no pueden ser analizadas sepa-
radamente de los esfuerzos de los Estados por concentrar y mo-
nopolizar recursos, ni fuera de los conflictos que estos esfuerzos
generan en sus relaciones con la sociedad civil”.

34
Introducción

En tanto la conservación estricta imponía restricciones a


la gestión económica de las áreas protegidas, obstaculizando la
posibilidad de generar recursos para su autofinanciamiento. La
expansión de estas formas de mercantilización de la naturaleza
en las AP, se vincula a la flexibilización del modelo restrictivo
de conservación visto más arriba. Este paradigma vinculado a la
mercantilización trae aparejado la participación de varios acto-
res en la gestión de las AP, del que participan el Estado, agencias
ambientalistas, de desarrollo, financieras, empresas turísticas, y
actores locales. Si bien este diálogo se crea buscando espacios de
igualdad, sobresalen las desigualdades ya que son las agencias las
que tienen la palabra final sobre cómo y dónde se hacen las in-
versiones y se manejan con su propia agenda. Esta necesidad de
generar espacios de interacción y horizontes discursivos en co-
mún, posibilita la creación de una nueva institucionalidad local,
nuevos liderazgos, determinados valores se naturalizan, y no-
ciones como las de conservación, desarrollo y empoderamiento
local se ubican en la base de un discurso común.
En el paradigma participativo de conservación, las comu-
nidades locales están siendo reconocidas como propietarias de sus
territorios, pero solo en la medida en que acepten un uso de estos
según parámetros ambientalistas o como reservas de capital. Las
comunidades locales se convierten en guardianes del capital natu-
ral, cuyo manejo es tanto responsabilidad como una cuestión de la
economía mundial. Martín O´Connor (1998) se refiere a este pro-
ceso como la conquista semiótica del territorio, es decir, el hecho
de que todo el ambiente –hasta los genes- caen bajo la dictadura del
código de producción, de la visión económica y de la ley del valor.
Todo parece ya estar economizado. Pero al involucrar a las pobla-
ciones, se corre el riesgo de que este proceso también derive en una
conquista semiótica de los conocimientos locales, que pasan a ser
un complemento y puente a la conquista científica de la naturaleza.

35
Islas de Naturaleza

El giro hacia estos modelos de participación y el manejo


comunitario de recursos naturales es complementario al auge
del neoliberalismo a nivel global a partir de fines de la década
de 1980 (Brockington, 2004; Brosius, 2006; Igoe et al., 2007).
Desde tales perspectivas, delegar el manejo del ambiente a las
comunidades facilita el ajuste estructural, en la medida en que
proyecta la reducción de los gastos del Estado en conservación, a
su vez que llevaría a un debilitamiento de las normas ambienta-
les y una mayor libertad para las empresas interesadas en zonas
determinadas. “Muchas corporaciones multinacionales estarían
encantadas al negociar con las comunidades locales en lugar de
hacerlo con agencias estatales a escala nacional” (Brosius et al.,
2005, p. 15).
La propuesta de conciliar objetivos de conservación con la
supuesta eficiencia del mercado, supone actores que se mueven
siguiendo una racionalidad económica, donde la naturaleza pue-
de ser preservada al asignarle valor económico a sus componentes
y en tanto la conservación genere lucros concretos a los propie-
tarios o responsables de los recursos. De manera que este modelo
de conservación, no sólo se presenta como una respuesta frente
a la crisis ambiental, sino también como una nueva oportunidad
para expansión del capital. “Se trata no solo de vender la naturale-
za para salvarla, sino de salvarla para negociar con ella” (Durand,
2014, p.194). La transferencia de beneficios desde la naturaleza ha-
cia distintos grupos sociales busca generar nuevas mercancías, que
implican tanto el uso sustentable como el no-uso de los recursos,
de forma tal que su producción no altere los espacios naturales y su
venta genere ganancias para sus poseedores (Durand, 2014, p.193).

Los trabajos de este volumen


El artículo de Oriol Beltran y Vaccaro, analiza el desa-
rrollo de las políticas de conservación en las comarcas del Alto

36
Introducción

Pirineo de Cataluña, en términos de prácticas de diseño del pai-


saje que tienen lugar frente a procesos de expansión del turismo.
Un problema central, que se trabaja en esta investigación, es el
de la noción de naturaleza, puesto que las prácticas conserva-
cionistas son estudiadas como formas de generar naturaleza,
“atribuir el valor de la naturalidad a un territorio que viene de
una historia de transformaciones productivas y se pretenden
convertirlo en un producto turístico”. De manera que la con-
servación se constituye en un “esfuerzo de ingeniería ambiental
orientado al diseño y la consecución de unos determinados re-
sultados”, presentándose como un proyecto respaldado por la
autenticidad del valor de lo natural. Aquí el análisis del proceso
de naturalización se realiza a través de cómo se ha definido la
historia del territorio y su ocupación humana, remarcando el
hecho de que este ha sido un espacio largamente antropizado.
En este mismo sentido, se señala cómo en la dinámica de la re-
naturalización se introducen pautas de gestión que derivan en el
abandono de los aprovechamientos tradicionales ocasionando
así una discusión con los modelos ecológicos de conservación,
dado que el diseño del paisaje realizado por los conservacionis-
tas es poco congruente con los modelos ecológicos, “se aleja del
carácter espontáneo, no intencional, que caracteriza los proce-
sos naturales”. “Su propósito es crear una naturaleza auténtica,
no real (definida por criterios formales, no funcionales)”. Aquí
el turismo transforma los valores renaturalizados en activos de
un mercado en expansión, donde las comarcas del Pirineo Cen-
tral pueden participar con una cierta ventaja.
De este modo, los investigadores desarrollan el proceso
que lleva a la patrimonialización de la montaña, y a la identi-
ficación de las comarcas con un espacio natural y primigenio
que favorece su valoración en el mercado. “El proceso de pa-
trimonialización de la montaña, en el que la creación de áreas

37
Islas de Naturaleza

protegidas tendrá un protagonismo decisivo, no puede ser in-


terpretado al margen de este contexto”. Aquí las AP constituyen
una ingeniería del espacio con base en la restauración del paisa-
je, la recuperación de sus componentes, y con una concepción
determinada de la naturaleza; sin perder de vista que esta idea
entra en tensión con la noción que posee la modernidad, hallán-
dose de tal manera en las antípodas con respecto a esta última.
El trabajo de Nardi y Mahmoud analiza la implementa-
ción de estrategias de conservación de la biodiversidad en el
Parque Nacional de Korup, sudoeste de Camerún, en un mar-
co territorial-ambiental amplio, considerando las dinámicas y
transformaciones resultantes de la explotación de los recursos
naturales en la región.
El presente artículo, parte de la discusión de la relevancia
de un enfoque escalar en las propuestas y análisis de conserva-
ción de la biodiversidad y de explotación de los recursos natu-
rales. En el análisis se utilizan diversas escalas geográficas, pero
es especialmente en la local y la regional donde se focalizan
para abordar la dinámica entre conservación y explotación de
la naturaleza. “La escala local se refiere en este estudio al parque
Korup y su zona de amortiguación, mientras que la regional
toma en cuenta la ‘región de Korup’, donde se encuentra locali-
zado el parque”. A su vez, a través de la escala global se abordan
las políticas internacionales de organismos de financiamiento,
agencias gubernamentales de cooperación y organizaciones
conservacionistas y su efecto sobre dichas escalas. Asimismo,
se pone énfasis en las relaciones de poder que construyen el
territorio, al generar estrategias de conservación y explotación
de los recursos naturales, así como políticas de producción
agrícola. En este trabajo la conservación es pensada como parte
de relaciones dialécticas de inclusión y exclusión, de manera
que para analizar las prácticas de conservación es necesario dar

38
Introducción

cuenta de las formas de explotación del medio. La conservación


es expulsar un problema hacia otro lado, por tanto, es impor-
tante la mirada a escala. “La agricultura industrial (como la de
palma para aceite, algodón, cacao, café, etc.), la extracción de
minerales e hidrocarburos o la expansión de infraestructura de
transporte para la exportación, son todas actividades con un
alto impacto en el medioambiente. En la medida que sea posible
conservar en espacios delimitados y sujetos a control, se legiti-
ma y justifica entonces la continua explotación de ecosistemas
altamente biodiversificados en el Sur Global. Por ende, al deli-
mitar un área protegida se ‘desplaza’ el ‘problema’ del desarrollo
hacia otros espacios.
Las AP forman parte de procesos de territoriales am-
plios, son formas de construir territorios, organizándolos con
base en la distinción entre espacios productivos y otros de con-
servación, por lo cual “no se puede… hablar de conservación sin
dejar de hablar de explotación”. Estos procesos de producción de
territorios se establecen sobre lógicas de inclusión y exclusión.
Las tensiones entre conservación y desarrollo atraviesan todo
el libro, aunque es menester aclarar que no se trata siempre de
una lucha sino que existe, por momentos, la complementarie-
dad, distinguiéndose así dos niveles de análisis, si a nivel local se
observan disputas entre delimitación de áreas de conservación
frente al avance de políticas de desarrollo, a nivel estructural
es posible considerar complementariedades, donde el espacio
es repartido y la conservación de pequeñas porciones de tierra
(siempre son pequeñas en relación a los territorios productivos)
legitima la explotación de otros ecosistemas.
En el artículo de Ferrero y Arach se analiza el proceso de
constitución del Parque Nacional Islas de Santa Fe (Argentina),
poniendo énfasis en la forma en que ha afectado a los habitan-
tes del lugar. La creación de este Parque Nacional (en 2010), se

39
Islas de Naturaleza

explica por procesos políticos y económicos que afectan a toda


la región, vinculado a las transformaciones que viene experi-
mentando el Delta del río Paraná desde las últimas décadas del
siglo XX, cuando de ser considerado un espacio marginal al mo-
delo productivo dominante, comenzó a ser espacio de expan-
sión de la ganadería debido a la expulsión de esta actividad de
los campos de tierra firme a causa de la expansión del cultivo
de soja. Esta expansión desarrollista vino acompañada por pre-
ocupaciones por el estado del ambiente, por parte de diversos
actores, gubernamentales, académicos y ONGs. Las políticas de
conservación que aquí se generaron, se constituyen en arenas
políticas, en tanto son instrumentos del aparato multisectorial
para organizar y gestionar territorios y poblaciones.
En este artículo interesa analizar los efectos que este PN
ha tenido en la vida de quienes quedaron viviendo en su inte-
rior. La voz de estos pobladores ha sido poco tenida en cuenta
en los relatos oficiales lo cual es significativo de cómo este PN
se ha constituido. El PNISF implicó severas restricciones para la
población residente, para que abandonen el área.
También aplicó criterios de tenencia de las islas propios
de tierra firme, más allá de que se trate de un ámbito de “tie-
rra móvil”. La lógica local de uso del espacio es borrada por
un orden fundiario que establece territorios fijos, siempre en
propiedad (privada o estatal). Sin embargo, la trayectoria espa-
cial de los pobladores muestra una periódica movilidad de las
unidades productivas, así como la dedicación a diversas acti-
vidades productivas, donde la propiedad de la tierra no había
sido una prioridad.
El artículo de Cortes-Vazquez y Ballesteros, analiza los
impactos de distintos regímenes de gubernamentalidad en la
conservación a través de los modos en la que las comunidades

40
Introducción

locales entienden y se relacionan con el medio. Abordan tres


AP de contextos muy diversos, en Ecuador y España: el Par-
que Nacional de Machalilla, el Parque Nacional Galápagos y el
Parque Natural Cabo de Gata-Níjar. El análisis muestra que la
incorporación y asimilación de diferentes gubernamentalidades
ambientales está mediada y atravesada por distintas configura-
ciones histórico-culturales de vínculo con el medio, así como
por la capacidad de interpretar creativamente las políticas de
conservación. Este análisis cuestiona la idea de formación de
nuevas subjetividades ambientales frente a las políticas de con-
servación. Los autores se preguntan si es posible para las po-
blaciones aceptar y asimilar los discursos y prácticas de la con-
servación, mientras se reproducen formas propias de entender
y relacionarse con el medio. La propuesta es que los sujetos se
ven forzados a lidiar con políticas de conservación de manera
activa, poniendo en juego sus capacidades de negociar, manipu-
lar y responder a estas políticas de forma que no infringen ni se
alinean completamente con ellas. El análisis repara en la capaci-
dad de los pobladores locales para imaginar, recrear y poner en
práctica nuevas formas de entender y relacionarse con el medio
dentro de los límites que imponen marcos de regulación más
o menos estrictos. A su vez, se discuten las tensiones entre es-
tructura y agencia en la conformación de subjetividades, tensio-
nando los conceptos de gubernamentalidad y práctica, con una
perspectiva fenomenológica que hace hincapié en la creatividad
de las personas y su contexto más próximo e íntimo.
Senilde Alcântara Guanaes, aborda las formas de resisten-
cia locales al PN Chapada Diamantina en el noreste de Brasil. El
trabajo muestra la dicotomía y dilemas entre los espacios natu-
rales protegidos y la sobrevivencia y permanencia de los grupos
sociales que las habitan. Este es uno de los principales desafíos
de la gestión de AP, puesto que las poblaciones que habitan estas

41
Islas de Naturaleza

áreas ya no pueden ser ignoradas. Este trabajo problematiza la


forma en que la gestión de las AP y las leyes ambientalistas ten-
sionan los intereses locales por el ambiente y las formas diversas
de usos de los recursos naturales. Alcantara señala que, si por
un lado esos habitantes poseen prácticas de uso de la naturale-
za consideradas predatorias, según los patrones tecnocientíficos
de un manejo supuestamente sustentable, por otro, pueden ser
aliados de los proyectos de conservación, dados sus conocimien-
tos y experiencia con el vínculo con la biodiversidad. El análisis
de estas tensiones lleva a problematizar el concepto de pobla-
ciones tradicionales realizando, una crítica del esencialismo de
esta categoría en contexto de unidades de conservación, donde
es despolitizada al dejar de considerar a los locales como agen-
te con intereses en disputa por territorios y recursos. Las po-
blaciones de áreas naturales protegidas no necesariamente son
portadoras de ideologías conservacionistas. En este sentido aquí
se pone el foco en la politización de los vínculos locales con el
ambiente y en la definición de qué es ser poblador local en estos
contextos. Aquí trabaja en términos de las micropolítica de las
“astucias”, “tácticas” y estrategias de los pobladores dirigidas a la
permanencia en sus tierras. Las prácticas de resistencia aquí se
estudian a partir de la idea de identidad garimpeira, que conju-
gan una “cultura agrícola, normalmente nómade, asociada a la
cultura agrícola, normalmente sedentaria”.
Florencia Trentini aborda la tensión entre la definición
de comanejo como un modelo global que puede aplicarse en
cualquier área protegida y su construcción cotidiana en el Par-
que Nacional Nahuel Huapi. Mediante un análisis etnográfico
muestra cómo el uso de la categoría comanejo como algo “natu-
ral”, propio de la relación entre comunidades indígenas y admi-
nistraciones de conservación, no permite dar cuenta de los múl-
tiples modos en que esta política se practica y se define. Discute,

42
Introducción

además, con la visión lineal de la formulación e implementación


de este tipo de política, y propone pensar al comanejo como una
arena de disputa que se construye y reconstruye en su aplicación,
mostrando su carácter disputado, relacional y contradictorio, en
el que entran en juego múltiples intereses. Desde este aborda-
je se muestra cómo el comanejo define límites y posibilidades,
pero estos pueden ser reconfigurados y desafiados por quienes
participan del mismo. Lo que me interesa destacar a los fines del
presente trabajo es que el programa de la doble conservación se
constituye como un modelo que prefigura y define lo que “debe
ser” un comanejo, estableciendo las bases sobre las que se cons-
truye esta política en las experiencias particulares, condicionan-
do su forma de aplicación: En primer lugar, postula que estas
alianzas estratégicas se establecen con “otros”, ya sean indígenas
o pobladores locales, que deben ser poseedores de un conoci-
miento tradicional que se define por oposición al conocimiento
occidental y científico, y que es adquirido en su vinculación his-
tórica con un territorio específico. En segundo lugar, establece
que debe haber dos polos que comparten responsabilidades y el
control y manejo de los recursos, cristalizando una visión dico-
tómica del Estado y las comunidades como dos entidades homo-
géneas que se oponen mutuamente y se complementan en esta
interacción. Y en tercer lugar, instala una representación este-
reotipada del “buen salvaje ecológico”, homogeneizando a los
indígenas, definiéndolos como los protectores del medio am-
biente, y como la esperanza para enfrentar la crisis ambiental.
Carlos Santos analiza la implementación de un Siste-
ma Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) en el Uruguay desde
los primeros años del siglo XXI. Toma el caso particular de la
Reservas Naturales de Paso de Centurión y Sierra de Ríos, en
el departamento de Cerro Largo, donde el proceso de imple-
mentación del área surge inicialmente a partir del rechazo de

43
Islas de Naturaleza

los pobladores locales a cultivos forestales que comenzaron a


realizarse en la zona a comienzos de la década pasada. El caso de
la resistencia a los cultivos forestales en Paso Centurión permite
ver cuáles son algunos de los elementos que, sin contradiccio-
nes, son admitidos por la hegemonía progresista: la defensa de
“formas de vida” o “tradiciones” (patrimonio cultural), la obje-
tivización de la biodiversidad y su valor intrínseco, más allá de
esas tradiciones (áreas protegidas), el ordenamiento territorial
como panacea de una convivencia plausible de distintas activi-
dades en un mismo territorio (directrices de ordenamiento del
territorio). Pero al mismo tiempo queda en evidencia lo que no
es discutible. En el discurso de la hegemonía progresista uno de
los temas que no entra en el campo de posibilidades de ser dis-
cutido es la propiedad privada de la tierra. El conflicto de Paso
Centurión muestra cómo existen iniciativas llevadas adelante
durante los gobiernos progresistas que establecen ciertos límites
a esa propiedad privada: el Instituto Nacional de Colonización,
el Sistema Nacional de Áreas Protegidas y la Ley de Ordena-
miento Territorial y Desarrollo Sostenible son ejemplos de ello.
El discurso de los ruralistas que se oponen al área protegida (y
antes a la medida cautelar que prohibió la forestación) da cuenta
de que existen sectores que reclaman una libertad irrestricta en el
uso del recurso tierra y que estas medidas plantean una clara con-
tradicción con esas posiciones, amplificadas a nivel nacional en
el movimiento de productores autoconvocados. Sin embargo, el
análisis de Santos permite ver que existen amplios consensos, que
el progresismo no ha cuestionado, acerca de la propiedad privada
de la tierra como fundamento del patrón de acumulación existen-
te, incluso de su defensa como fuente de recursos para el financia-
miento de otro tipo de políticas (sociales, educativas, sanitarias).
Por último, el trabajo de Elías Gómez lleva adelante una
aproximación al enfoque procesual de investigación sobre Áreas

44
Introducción

Naturales Protegidas. La propuesta se basa en las relaciones pre-


dominantes entre las áreas naturales protegidas y la dinámica de
los monopolios estatales, con referencias a casos de Argentina
y México. Concretamente, se analiza a las Áreas Naturales Pro-
tegidas como compartimentos creados por Estados, y que en la
actualidad se encuentran en proceso de transformación al igual
que las relaciones entre gobiernos estatales y sociedad civil. La
responsabilidad del Estado en la creación de estos compartimen-
tos es central, pero también son importantes las resistencias de
la sociedad civil en la democratización de estos compartimen-
tos, especialmente durante las últimas décadas”.
A partir del análisis comparativo de dichos casos, se pre-
gunta si lo definitorio de las ANP no es precisamente su carácter
procesual como creaciones de Estados ante múltiples amenazas
a sus territorios. “Y si es así ¿a qué procesos sociales responde
la emergencia de ANPs? y ¿a qué procesos sociales responden
los conflictos sociales actuales en torno a las ANPs?”. En ambos
países, existen una gran cantidad de ANP y una diversidad igual
o mayor de conflictos sociales relacionados. A propósito de es-
tos conflictos, las ANP no pueden ser analizadas separadamente
de los esfuerzos de los Estados por concentrar y monopolizar
recursos, ni fuera de los conflictos que estos esfuerzos generan
en sus relaciones con la sociedad civil.
En el artículo de Gómez analiza, además, la forma en que
las ANP se comprenden como formas generales de gobierno de
los individuos, pero a diferencia del trabajo de Cortes y otros,
aquí la perspectiva es fundamentalmente eliasiana. En las ANP,
el Estado crea sujetos que tienen que ser controlados ya que es-
tando solos destruyen la naturaleza, por ende, aquí se pone en
cuestión la naturaleza humana que supone una “maldad intrínse-
ca” de las personas, y que es sistematizada por la teoría liberal del
Estado con su origen hobbesiano. El Estado para existir necesita

45
Islas de Naturaleza

imponerse, necesita ANP donde las personas representan una


amenaza. A propósito de las ANP muchos gobiernos de Estados
inicialmente excluyeron a la sociedad civil de un conjunto de
responsabilidades, en muchos casos luego de expulsiones vio-
lentas y programa de exterminio para disminuir la resistencia a
los monopolios estatales. El artículo propone tomar a las ANPs
como compartimientos no solo de territorios sino de relaciones
con el mundo. La responsabilidad del Estado en la creación de
estos compartimentos es central, pero también son importantes
las resistencias de la sociedad civil en la democratización de es-
tos compartimentos, especialmente durante las últimas décadas.

46
Introducción

Referencias bibliográficas

Alcorn, J. (2005). Dances around the fire: conservation organizations


and community-based natural resource management. J.P. Brosius, A.
Tsing & C. Zerner (Eds.). Communities and Conservation: Histories and
Politics of Community-Based Natural Resource Management. Lanham, MD:
Altamira Press.

Arnold, D. (2000). La naturaleza como problema histórico. El medio, la cultura


y la expansión de Europa. México: Fondo de Cultura Económica.

Bartra Vergés, Armando (2014). “Rosa Luxemburgo. Violencia y


despojo en los arrabales del capital” en Sánchez Daza, G., Álvarez Béjar,
A. y Figueroa Delgado, S. (coords). Reproducción, crisis, organización y
resistencia. A 100 años de La Acumulación de Capital de Rosa Luxemburgo.
México, BUAP

Ballent, Anahí y Adrián Gorelik. (2001) “País urbano o país rural: la


modernización territorial y su crisis”. En Cattaruzza, A. Nueva Historia
Argentina, crisis económica, avance del estado e incertidumbre política (1930-
1943). Buenos Aires: Sudamericana

Brockington, D. (2004). Community conservation, inequality and


injustice: Myths of power in protected area management. Conservation
and Society, 2(2), 411-432

Brosius, P. (2006). Seeing Communities: Technologies of Visualization


in Conservation. En G. Creed (Ed.). The Seductions of Community:
Emancipations, Oppressions, Quandries. Nueva México: School of American
Research Press.

Brosius,P; Tsing, A; & C. Zerner (Eds.).(2005) Communities and


Conservation: Histories and Politics of Community-Based Natural Resource
Management. Lanham, MD: Altamira Press.

47
Islas de Naturaleza

Durand, Leticia (2014) ¿Todos ganan? Neoliberalismo, naturaleza y


conservación en México. Sociológica, año 29, número 82, mayo-agosto
de 2014, pp. 183-223

Caro Baroja (2008). Estudios Saharianos. Madrid, Calamar Ediciones

Carpinetti, B. (2006). Derechos Indígenas en el Parque Nacional Lanin: de la


expulsión al comanejo. Buenos Aires: Editorial de la APN.

Chapin, M. (2004) A challenge to conservationists. Worldwatch


Magazine: 17-31.

Diegues, A. C. (1996). O mito moderno da natureza intocada. Sao Paulo:


Editora Hucitec.

Escobar, A. (1999). El Final del salvaje. Naturaleza, cultura y política en la


antropología contemporánea. Santafé de Bogotá: CEREC.IFAN.

Ferrero, B. (2012a). Environmentalism as an Arena for Political


Participation in Northern Argentina. En A. Latta & H. Wittman (Eds.).
Environment and Citizenship in Latin America: Sites of Struggle, Points of
Departure. Vancouver: University of British Columbia Press.

Ferrero, B. (2012b). Conservación, comunidades y certificación. Un


análisis de la relación entre capital y conservación en la provincia de
Misiones. En A. Mastrangelo (Ed.). Condiciones de trabajo y ambiente en la
Argentina del siglo XXI. Buenos Aires: Editorial Biblos.

Ferrero, B., & Pyke, L. I. (2016). “Naturaleza y Frontera. El Parque


Nacional Iguazú y el proceso de consolidación del Estado argentino en
la frontera argentino-brasileña (1880-1934)”. Sociedad Y Discurso, (28),
135–167.

Gómez-Pompa, A. & Krauz, A. (1992) Taming the wilderness myth.


Biosciente 42: 271-279.

Igoe, J. & Brockington, D. (2007). Neoliberal conservation: A brief

48
Introducción

introduction. Conservation and Society, 5(4), 432-449

Latour, B. (2004) Politicas da natureza. Como fazer cienciana democracia.


Sao Paulo: EDUSC

Laymert Garcia dos Santos (2003). Politizar as novas tecnologías. O impacto


sócio-técnico da informacão digital e genética. Sao Paulo. Editora 34

Leite Lopes, José Sergio (2006) “Ambientalizacao dos conflitos sociais”


En. Rev. Horizontes Antropológicos. vol.12 no.25 Porto Alegre

Li, T. (2007). The will to improve. Governmentality, development, and the


practice of politics. Durham: Duke University Press.

Luxemburgo, Rosa (2011) La acumulación del capital. Madrid: Ediciones


Internacionales Sedov.

MacDonald, K. (, 2003). Community-based conservation: a reflection


on history. En IUCN-The World Conservation Union, Commission on
Economic, Environmental and Social Policy, preparatory to the World Parks
Congress, Durban South Africa.

Marx, Karl (2005). “La llamada acumulación originaria”. En El Capital.


Tomo I. Cap. XXIV. México, Siglo XXI

Ministerio de Medio Ambiente (2005) Guía Visual Parques Nacionales


de la Argentina, Organismo Autónomo de PN, Madrid.

O´Connor, James, 1998. Natural Causes. New York: Guilford Press

Phillips, A. (2003). Turning ideas on their head: The new paradigm for
protected areas. The George Wright Forum, 20(2), 8-32.

Porto-Gonçalves, Carlos Walter (2009), Territorialidades y lucha por el


territorio en América Latina. Geografía de los movimientos sociales en América
Latina, Venezuela, Editorial IVIC.

49
Islas de Naturaleza

Scott, J. (1998) Seeing Like a State. New Haven: Yale University Press.

Swyngedouw, E. (2011). La Naturaleza no existe. La sostenibilidad como


síntoma de una planificación despolitizada. Uurban Revista del Departamento
de urbanística y ordenación del territorio. N° 01.

Vaccaro, I. Beltran, O. (2010). Conservationist governmental technologies


in the Western European mountains: the unfinished transformation of
the Pyrenees. Journal of Political Ecology Volume 17.

Viveiros de Castro, Eduardo (2002). A Inconstância da Alma Selvagem e


Outros Ensaios de Antropologia. São Paulo: Cosac & Naify.

Wallerstein, Immanuel (2004). Capitalismo histórico y movimientos


antisistémicos. Un análisis de sistemas mundo. Madrid, Akal.

50

También podría gustarte