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Identidad y autoestima: Claves para el autoconocimiento

INSTITUTO DE EDUCACIÓN SUPERIOR PEDAGÓGICO PÚBLICO “ANTENOR ORREGO” CAJABAMBA IDENTIDAD Y AUTOESTIMA

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Sara Durango
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INSTITUTO DE EDUCACIÓN SUPERIOR PEDAGÓGICO PÚBLICO

“ANTENOR ORREGO”
CAJABAMBA
R.M.N°0032-1982-ED

Identidad y autoestima
Para alcanzar un buen nivel de autoestima, debemos descubrir nuestra
identidad. ¿Quién soy yo?, ¿qué soy?, y más importante y decisivo aún,
¿qué quiero ser?
Ya sea consciente o inconscientemente, todos albergamos opiniones y
emociones respecto a nosotros mismos: seguridad o inseguridad,
confianza o desconfianza, fe en nosotros mismos y nuestros proyectos
o falta de entusiasmo. Todos estos elementos dependen directamente
del nivel de autoestima que hemos desarrollado.
Pero ¿qué es la autoestima? ¿Cómo se forma? ¿Cuáles son sus componentes?
La autoestima
Antes de dar nuestra versión, veamos algunas de las definiciones que eminentes psicólogos e investigadores han dado.
Algunos usan la palabra “estima” en el sentido de “aprecio, cariño”, y vinculan la autoestima al conjunto de emociones y
sentimientos que tenemos hacia nosotros mismos. Este enfoque explica la autoestima como uno de los componentes de los
“autoesquemas” o “autosistemas” (Walter Riso).
Hay quienes la relacionan con procesos valorativos, vinculados a nuestras opiniones y juicios, así como con procesos
subjetivos y concienciales que se dan la mayoría de las veces de forma inconsciente dentro de nosotros mismos.
Nathaniel Branden la relaciona con la conciencia, y la define como la disposición a considerarse competente para hacer
frente a los desafíos básicos de la vida y sentirse merecedor de la felicidad. También con la reputación que llegamos a tener
con respecto a nosotros mismos. Según Branden, la autoestima tendría dos componentes: el sentido de eficacia personal y
el respeto a uno mismo.
Otras definiciones
Un sentido subjetivo y permanente de la aprobación realista de uno mismo. Refleja cómo la persona se percibe y se valora
a sí misma.
El aprecio de la propia valía e importancia y tener el carácter de ser responsable de uno mismo y de actuar con
responsabilidad hacia los demás.
La evaluación de nuestro propio autoconcepto, entendiendo por ello “la composición de ideas, sentimientos y actitudes que
las personas tienen de ellas mismas”.
Finalmente, los enfoques más amplios explican que en nuestro interior se producen una serie de actividades que se
relacionan entre sí para formar nuestro “autosistema” o “autoesquema”.
Autoestima como resultado de nuestra identidad
Como indicamos, las definiciones más amplias de la autoestima la relacionan con lo que la psicología ha denominado
“autosistema” o “autoesquema”. ¿Qué es? Es el resultado de nuestra identidad o “sí mismo”.
Es un autorretrato o imagen interna que incluye las diversas características que adscribimos a nuestra personalidad. Se
construyen con el paso del tiempo y sirven principalmente para organizar la información que se refiere a uno mismo. Cuando
nos encontramos con información o sucesos nuevos, intentamos comprenderlos desde el punto de vista de esas estructuras
cognoscitivas. Son como una compleja lente psicológica a través de la cual nos vemos a nosotros mismos y las cosas que
nos rodean, casi sin darnos cuenta. Por ello dice un aforismo que “todo depende del cristal con que se mire”.
Autoconsciencia o autoconocimiento. Es el conocimiento –juicio u opinión–, objetivo o subjetivo, que la persona tiene de sí
misma. ¿Qué creo de mí mismo? ¿Qué soy? ¿Quién soy? Son las respuestas que íntimamente damos a estas preguntas, más
allá de las mascaradas que asume la mente para no perturbar la propia conciencia.
Autovaloración. Es la evaluación emocional de una persona sobre sí misma y sus relaciones afectivas ante tal evaluación.
¿Qué siento de mí mismo? ¿Cómo me siento al sentirme así? Cuando la autoestima es baja, suele estar conformada por la
interiorización de lo que suponemos es la valoración emocional hacia nosotros de nuestros seres queridos. Además del
rechazo de la propia emotividad, suelen surgir bloqueos emocionales que nos impiden una sincera apreciación de nuestras
heridas y traumas afectivos.

Juan Carlos Fabián Meza


Docente del Área
INSTITUTO DE EDUCACIÓN SUPERIOR PEDAGÓGICO PÚBLICO
“ANTENOR ORREGO”
CAJABAMBA
R.M.N°0032-1982-ED

Autorregulación o autodisciplina. Es un aspecto esencial del desarrollo humano. Si no se aprende a controlar la propia
conducta –a evitar lo que ha de evitarse, a esperar cuando no se pueden obtener las cosas inmediatamente, a variar las
estrategias cuando no funcionan–, se estará a merced de las circunstancias, y nuestra satisfacción o insatisfacción
dependerán más bien del azar que de nosotros mismos. La señal de la autorregulación es el control interno.
Sentido de autoeficacia. Es la opinión o conciencia que uno tiene sobre su capacidad o incapacidad para realizar con éxito
alguna tarea o proyecto. No depende tanto de si la tarea es fácil o difícil, sino de nuestra confianza en poder alcanzar la
meta, y forma uno de los aspectos más importantes en la motivación o desmotivación. Es el “yo puedo” o el “yo no puedo”.
¿Qué es la identidad?
Desde la adolescencia, todo hombre y toda mujer descubre su propia existencia. Y surge la necesidad de satisfacer las
viejas preguntas que se ha hecho la Humanidad desde los albores de los tiempos. ¿Quién soy yo? ¿Qué soy? ¿De dónde
vengo? ¿Adónde voy? ¿Cuál es mi papel en la vida? ¿Qué sentido tiene mi existencia?
Ya Sócrates nos recordaba el viejo precepto del frontispicio del templo de Delfos en Grecia: Conócete a ti mismo y conocerás
el universo.
Precisamente la identidad es la compleja respuesta a la eterna pregunta humana “¿Quién soy?”.
Diane E. Papalia y Sally W. Olds explican que la búsqueda de identidad es una búsqueda de toda la vida, la cual se enfoca
durante la adolescencia y puede repetirse de vez en cuando durante la edad adulta. Erikson enfatiza que este esfuerzo por
encontrar un sentido de sí mismo y del mundo es un proceso sano y vital que contribuye a la fuerza del ego del adulto. Los
conflictos que involucran el proceso sirven para estimular el crecimiento y el desarrollo.
Así, para alcanzar un buen nivel de autoestima, debemos antes que nada descubrir nuestra identidad. La primera pregunta
que debemos contestarnos con franqueza es: ¿quién soy yo?, ¿qué soy?, y más importante y decisivo
Problemas básicos de baja autoestima
Los problemas de baja autoestima más serios surgen de la adopción de una falsa identidad, de una afirmación exterior por
oposición a la afirmación interior.
Veamos algunos de estos problemas.
Afirmación centrada en nosotros mismos. Un factor que podría jugar un papel en el deterioro temporal de la autoestima es
un bajo nivel de autoconsciencia o autovaloración, debido a la inquietud infundada respecto de la opinión o aprecio hacia sí
mismo por parte de los demás. Tendemos a vernos a nosotros mismos o a sentir respecto de nosotros mismos según como
pensamos que nos ven o nos estiman los demás (aclaramos que habrá situaciones en las que la opinión o valoración externa
sea relevante, tal como puede ser la que de nuestra eficacia pueda hacer nuestro jefe).
Se busca entonces afanosamente agradar a los demás, a fin de mejorar la imagen o estima que de nosotros tienen. En casos
extremos, es causa del llamado “vampirismo emocional”.
Comparación social. Desde niños, y ya adultos, evaluamos nuestras capacidades, al menos en parte, por comparación con
las de los demás. En algunos casos puede ser necesario y hasta positivo, si lo hacemos buscando un referente externo para
comprendernos mejor a nosotros mismos y para evaluar las cosas que estamos haciendo. Pero si lo hacemos con el
propósito de valorarnos por comparación con los demás, sentirnos bien si los demás parecen peores que nosotros, o
sentirnos mal si los demás parecen mejores que nosotros, se constituye en una afirmación negativa centrada fuera de
nosotros mismos. En casos extremos, nos lleva a denigrar regularmente a las personas que conviven con nosotros.
Desvaloración aprendida. Cuando un trabajo no nos sale bien, podemos atribuirlo a la falta de esfuerzo, a la falta de
capacidad, o a ambas (también podemos echarle la culpa a algo o alguien externo). Cuando se atribuye el fracaso a la falta
de esfuerzo, suele tener poca influencia en los sentimientos que uno tiene sobre su propia eficacia. Sin embargo, cuando lo
atribuimos a falta de capacidad, probablemente el resultado sea una desmotivación. Además, este tipo de valoración
persistente puede llevarnos a enfrentar situaciones semejantes cada vez con menos motivación y más pesimismo,
fracasando incluso en situaciones relativamente fáciles (profecías autorrealizables).
Represión. Es una regulación interna que genera estados de angustia, usualmente por no venir de una decisión consciente
sino del acatamiento de una imposición externa o internalizada. Por ejemplo, cuando dejamos de decir lo que sentimos por
temor al rechazo o enojo ajeno.

Juan Carlos Fabián Meza


Docente del Área

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