Universidad La Gran Colombia
Integrantes:Jonnathan andres fernandez olaya
Sergio Andrés Rincón
Andres Camilo Mahecha Sanchez
Tema:Realice un análisis del conflicto armado en colombia y el proceso de negociación
ANÁLISIS
El conflicto en nuestro país data desde el siglo XIX , cuando en aquella época
Liberales y Conservadores buscaban el máximo galardón de nuestra nación, el cual
era “el poder” , llevandose por delante cualquier persona que no estuviese de
acuerdo con su ideología política, sin importar sexo, religión u otro tipo de tendencia.
De esta forma llegamos a determinar que el conflicto de esta época
fundamentalmente fue entre ciudadanos , los cuales se enfrentaban en guerras por
la nación , por la definición y unificación del territorio, por el establecimiento de
poderes y dominios de capacidad de control y dirección política.
Entre finales del siglo XIX e inicios del siglo XX se viene otra confrontación que no le
da ningún aire a nuestro territorio, ya que saliendo del enfrentamiento entre liberales
y conservadores se viene la llamada “Guerra de los mil días” , la cual se llevó a cabo
entre octubre de 1899 y noviembre de 1902.
Esta guerra llevaba a conservadores y liberales modernos encabezados por Rafael
Nuñez a ver cómo los líderes o alzados en el poder tomaban decisiones arbitrarias ,
y muchas veces exageradas, y así de esta manera , los anteriormente nombrados
llegar al gobierno para poder otorgar cambios , cabe resaltar que este
enfrentamiento o “Guerra de los mil días “
se daba entre los ya citados y los llamados Nacionalistas.
También hubo otras masacres como la de “Bananeras” en 1928.
El asesinato de Jorge Eliecer Gaitán
Existe una época también en la que se da la represión por parte del partido
conservador, quienes encuentran una oposición por parte de personas como lo son
Carlos Lleras Restrepo, Alfonso López Pumarejo y Eduardo Santos.
Más adelante se ve la llegada del Frente Nacional, los cuales se volvieron dictadura
para los sectores mayoritarios, y unos aliados , para todos los partidarios de este
frente.
El descontento de fuerza campesina de nuestro país se da en las veredas donde
están inconformes por sus altas horas de trabajo y poca remuneración a este, se
empiezan a crear sub grupos que llamados por el estado guerrillas, estas buscaban
que su población no sufriera de hambre y de pobreza, estos sentían que el estado
los había abandonado por completo.
Los antecedentes aparecen en el periodo de la violencia con la aparición de
autodefensas armadas comunistas o guerrillas comunistas en el sur del Tolima. El
antecedente político se encuentra en el Partido Comunista Colombianoen su Sexto
Congreso inicia la orientación de la autodefensa.
Tras varios años donde la guerrilla tenía un ideal tuvieron que sostener a su armada,
en esa época Colombia se enfrentaba a grandes carteles del narcotráfico esto se vio
como una oportunidad para financiarse para la guerra que se tenía con el estado,
Para el Gobierno, los grupos de autodefensas eran simples bandoleros. Sin
embargo, su cariz político era indiscutible. Los insurrectos crearon pequeños
enclaves en varios puntos del territorio colombiano que empezaron a funcionar
como repúblicas independientes al margen del control del Estado.
El Gobierno, bajo la dirección del conservador Guillermo León Valencia, decidió
acabar con esos enclaves. Organizó en 1964 un potente dispositivo militar y lo
condujo contra la autodenominada Marquetalia, uno de esos enclaves situado en el
departamento del Tolima, al sureste del país. Marquetalia cayó, pero la insurgencia
no desapareció. Al contrario: tras este ataque, que fue duramente criticado por la
izquierda internacional por el uso desproporcionado de la fuerza, los grupos de
autodefensas respondieron con la primera conferencia guerrillera, que tuvo lugar en
septiembre de 1964 en Riochiquito. Allí nació el Bloque Sur, la primera iniciativa
para coordinar los diferentes grupos insurgentes, que hasta entonces trabajaban de
manera independiente.
Que podemos decir de las negociaciones de colombia con los grupos armados en
colombia, tenemos que primero decir que colombia Ya hace bastante más de medio
siglo Colombia padece un problema armado interno cuyas raíces radican en una
situación de maltrato estructural (la cuestión agraria y la exclusión política), que se
remonta a sus propios inicios como territorio independiente y que estallaría en el
imperante escenario de maltrato directa como resultado del episodio histórico
conocido como el “Bogotazo”. La singularidad de este problema no se disminuye
sólo a su longevidad y dificultad, a fin de cuentas, la averiguación del bienestar fue
una ardua organización que ha intentado infructuosamente el Poder Ejecutivo A
partir de la década de los ochenta, sino además por el producido de que a la
dicotomía tradicional de actores (Estado Grupos subversivos) se suma un tercero,
los paramilitares, que se configuraron al inicio como una fuerza contrainsurgente, sin
embargo en la práctica acabaron convirtiéndose en otro reto para la igualdad del
territorio. Con este panorama la importancia de conceptualizar la naturaleza del
problema es importante pues establece las medidas de resolución aplicables, no es
lo mismo encarar a una amenaza terrorista o a la delincuencia estructurada, donde
consideraríamos la adopción de medidas coercitivas, que intentar de colocar fin a
una guerra civil, que pide una solución política negociada para atacar a sus razones
directas y la aplicación del derecho universal humanitario. Partiendo de esta base,
debemos tener en cuenta precisamente a las guerrillas como conjuntos armados
ilegales, empero con capacidad política reconocida por el Régimen para sentarse
ligados en una mesa de negociación, paso que entregó acertadamente el presente
mandatario colombiano Juan Manuel Santos al reconocer públicamente la realidad
de un problema armado en el territorio, cimentado de esta forma el proceso de
tranquilidad de La Habana. De esta forma, los nuevos diálogos de tranquilidad se
han caracterizado por: una voluntad recíproca por alcanzar un pacto negociado, que
ha quedado certificada primero con el reconocimiento oficial de un problema armado
en el territorio y el subsiguiente reconocimiento bilateral de las víctimas y violaciones
de los derechos humanos cometidas; la concertación de una agenda que encierra la
problemática agraria, política y social del territorio; la construcción ex profeso de un
Marco Jurídico para el bienestar que dote de una infraestructura legal al proceso y
proporcione mecanismos de justicia transicional; la colocación de las víctimas en el
centro del proceso y el reconocimiento de sus derechos a la realidad, a la
compostura, a la justicia y a la no repetición; la delimitación de los sujetos
competidores en la Mesa de Conversaciones, por lo quedan autorizadas únicamente
las delegaciones de cada parte y las naciones garantes, quienes dispondrán
además de la ayuda de subcomisiones técnicas que posibiliten su tarea; una
colaboración mundial activa, por medio de la mediación mediadora de las naciones
garantes (Cuba y Noruega), y pasiva, asignada a los territorios acompañantes
(Venezuela y Chile); un extenso respaldo interno y externo, destacando
primordialmente el aprobación de las Fuerzas Militares que se ha materializado por
primera ocasión en una participación activa; la inexistencia de un cese al fuego
bilateral hasta la conclusión exitosa del proceso; la supeditación de la utilización de
los convenios preliminares al acuerdo sobre la integridad de los aspectos de la
agenda; y la incapacidad aparente de padecer actos de sabotaje a causa de
terceros gran El devenir del proceso pende en este instante de ambas materias
restantes, las víctimas y la desmovilización, preguntas, una vez que menos,
delicadas de intentar sin levantar suspicacias. La clave es aprovechar la coyuntura:
si el problema es algo natural a cualquier sociedad, siendo el recurso a la violencia
como respuesta lo opcional, el Régimen y las FARC, viendo que la guerra no ha
conseguido solucionar sus discrepancias, deberían usar los foros surgidos en el
marco del proceso de tranquilidad para intentar esas preguntas estructurales que las
instituciones políticas no han sabido canalizar, o sea, laborar conjuntamente en el
aumento del territorio al margen de los canales deficientes preestablecidos y
dejando a un lado la ambición de intereses particulares en favor del bien común.
Para eso, no tienen que caer en el error de pensar que la rúbrica de un convenio
final de Tranquilidad equivaldrá automáticamente al final del problema, este paso
solo acabará con la violencia directa sin embargo la estructural necesitará acometer
la fase final de transformación, lo cual habitualmente llamaríamos posconflicto
(aunque de manera errónea ya que el conflicto no se ha cerrado del todo), poniendo
el foco de atención en el grupo de labores que refuercen el dañado tejido social que
deberá aceptar la recreación del territorio.