0% encontró este documento útil (0 votos)
49 vistas95 páginas

Boletín 66 de la Sociedad Puig Adam

Este artículo rinde homenaje a Antonio Rubiños Casanova, un editor y librero que jugó un papel importante en la difusión de libros y publicaciones matemáticas en España. Aunque discreto, Rubiños representa la colaboración esencial de los editores en suministrar los materiales de trabajo de los matemáticos.

Cargado por

Rocío Cáceres
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
49 vistas95 páginas

Boletín 66 de la Sociedad Puig Adam

Este artículo rinde homenaje a Antonio Rubiños Casanova, un editor y librero que jugó un papel importante en la difusión de libros y publicaciones matemáticas en España. Aunque discreto, Rubiños representa la colaboración esencial de los editores en suministrar los materiales de trabajo de los matemáticos.

Cargado por

Rocío Cáceres
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

SOCIEDAD «PUIG ADAM»

DE PROFESORES DE MATEMÁTICAS

BOLETÍN N.º 66
FEBRERO DE 2004
ÍNDICE

Págs.
——–—

Convocatoria de la Asamblea General Ordinaria de 2004 ................................ 5


XXII Concurso de Resolución de Problemas ............................................................ 6
Don Antonio Rubiños Casanova,
por José Javier Etayo ................................................................................................... 7
III Concurso Intercentros de Matemáticas de la Comunidad de Madrid,
por Juan Jesús Donaire Moreno y Joaquín Hernández Gómez .......... 9
XL Olimpíada Matemática Española (1ª Fase - Madrid),
por Julio Fernández Biarge ...................................................................................... 14
Problemas Propuestos en la Primera Fase de la XL Olimpíada Matemá-
tica Española en los distritos de Madrid ............................................................. 16
Recensiones en “Zentralblatt (ZDM)” y en “Mathematical Reviews” ...... 18
Presentación del Prof. Heinz Shumann,
por Eugenio Roanes Lozano ..................................................................................... 21
A dynamic aproach to “simple” algebraic curves,
por Heinz Shumann ........................................................................................................ 22
Breve historia de la geometría del triángulo,
por Ricardo Moreno Castillo ................................................................................... 39
Cúbica y cuártica: métodos de Tartaglia ytde Ferrari. Teoremas de
Sturm y Hua,
por Luis González y José María López .............................................................. 51
Sobre el método Monte-Carlo geométrico en el Cálculo Integral,
por J.C. Cortés y G. Calbo Sanjuán .................................................................... 63
La formulación matemática de la Mecánica del siglo XVII: Galileo,
Newton, Leibniz,
por Francisco González Redondo ......................................................................... 74
Reseña de libros .......................................................................................................................... 91
Instrucciones para el envío de originales ..................................................................... 93
Adquisición de números atrasados de nuestro Boletín ........................................ 95
Boletín de inscripción ............................................................................................................. 96
ESTE BOLETÍN SE DISTRIBUYE GRATUITAMENTE ENTRE LOS SOCIOS DE LA
SOCIEDAD «PUIG ADAM» DE PROFESORES DE MATEMÁTICAS.

NO SE VENDE NI SE ADMITEN SUSCRIPCIONES.

Recensiones de los artículos aparecen en


Zentralblatt für Didaktik der Mathematik y Mathematical Reviews

La confección de este número ha estado a cargo de Eugenio Roanes

ISSN: 1135-0261

Depósito Legal: M-7762-1995

GRÁFICAS LOUREIRO, S.L.- San Pedro, 23 bis -28917 Bº de La Fortuna (Madrid).


Teléf.: (91) 611 59 94 – Fax: (91) 611 59 88

En la portada de este número aparece la figura que ha sido adoptada como logotipo
de la Sociedad «Puig Adam». Se trata de la figura de portada de uno de los libros más
emblemáticos de D. Pedro Puig Adam, el titulado «La Matemática y su enseñanza actual»,
publicado en 1960 por el entonces Ministerio de Educación.

Toda la correspondencia deberá dirigirse a la sede de nuestra sociedad, que a partir


de ahora queda ubicada en el despacho 3005 de la Facultad de Educación:

SOCIEDAD «PUIG ADAM» DE PROFESORES DE MATEMÁTICAS


Facultad de Educación (Dpto. de Álgebra)
C/ Rector Royo Villanova, s/n
28040 - Madrid
Teléf. y fax: 91 394 62 48
e-mail: puigadam@[Link]
JUNTA DIRECTIVA

Presidente:
JOSÉ JAVIER ETAYO GORDEJUELA

Vicepresidentes:
EUGENIO ROANES MACÍAS
JUAN BOSCO ROMERO MÁRQUEZ
VICENTE MENDIOLA-MUÑOZ MORALES

Vocales:
JULIO FERNÁNDEZ BIARGE (Redacción de publicaciones)
ENRIQUE RUBIALES CAMINO (Relaciones Institucionales)
EUGENIO ROANES LOZANO (Gestión de publicaciones)
JOAQUÍN HERNÁNDEZ GÓMEZ (Actividades y concursos)

Secretario:
FRANCISCO GONZÁLEZ REDONDO

Vicesecretaria:
MARÍA GASPAR ALONSO-VEGA

Tesorero:
ALBERTO AIZPÚN LÓPEZ

Bibliotecario:
MARTÍN GARBAYO MORENO

Adjunta a la presidencia (mantenimiento página web):


MARÍA JOSÉ MORENO SÁNCHEZ DE LA SERRANA

4
Convocatoria de la
Asamblea General Ordinaria
de 2004

Se convoca la Asamblea General Ordinaria de la Sociedad “Puig Adam” de


Profesores de Matemáticas correspondiente al año 2004 para el sábado día 17 de
abril del 2004, en los locales de la Facultad de CC. Matemáticas de la Universi-
dad Complutense de Madrid, Ciudad Universitaria, a las 11:30 en primera convo-
catoria y a las 12:00 en segunda, con el siguiente:

ORDEN DEL DÍA

1. Lectura y aprobación, si procede, del acta de la sesión anterior.


2. Informe del Presidente sobre las actividades de la Sociedad.
3. Informe del tesorero. Presentación y aprobación, en su caso, de las cuentas de
ingresos y gastos.
4. Elección de nuevos cargos directivos, si procede.
5. Asuntos de trámite.
6. Ruegos y preguntas.

5
XXII Concurso de Resolución de Problemas
convocado por
la Sociedad “Puig Adam” de Profesores de Matemáticas
y el Colegio de Doctores y Licenciados en Ciencias y en Letras

BASES DEL CONCURSO

Primera: Los alumnos podrán participar en el Concurso en tres niveles:


a) Primer nivel: alumnos de 3º de E.S.O.
b) Segundo nivel: alumnos de 4º de E.S.O.
c) Tercer nivel: alumnos de 1º Bachillerato
Segunda: Las pruebas consistirán en la resolución de Problemas de Matemáticas
(los mismos para todos los concursantes de un mismo nivel) y se realizarán en la
mañana del sábado 5 de junio del 2004 a partir de las 10 horas en la Facultad de
Matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid.

Tercera: A los mejores de cada nivel, se concederán diplomas y premios.


Cuarta: Los Centros que deseen presentar alumnos (hasta un máximo de seis)
deberán realizar la preinscripción antes del día 5 de Mayo del 2004, dirigiéndose
por carta o por fax al presidente de nuestra Sociedad:
Prof. Javier Etayo Gordejuela
Departamento de Algebra
Facultad de Ciencias Matemáticas
28040-Madrid
Fax: 91 394 4662
En la preinscripción no es preciso hacer constar los nombres de los alumnos se-
leccionados. Si algún centro desea presentar más de seis alumnos, debe solicitarlo
antes de la fecha mencionada anteriormente.
Quinta: Los centros entregarán a los alumnos que envíen, credenciales individua-
les en las que se haga constar que han sido seleccionados por su excepcional
aprovechamiento en Matemáticas, así como el curso en que están matriculados en
el año académico 2003-2004.

6
DON ANTONIO RUBIÑOS CASANOVA

José Javier Etayo

Siempre me pareció un hombre sencillo, discreto, de pocas palabras y de una


corrección muy contenida. De tarde en tarde coincidíamos en alguna reunión cul-
tural en la que jamás alzó la voz salvo que tuviera que opinar sobre asuntos para
los que su condición de editor le daba mayor autoridad. Tengo la impresión de
que así se nos fue también, calladamente, como sin querer llamar la atención; es al
menos lo que hemos ido sabiendo de su fallecimiento.
Con esa misma modestia miraría seguramente su evocación en estas páginas
que entendería abiertas exclusivamente a nuestros compañeros y colegas matemá-
ticos, nunca a un editor y librero como él. A mí, sin embargo, no me parece injus-
tificado que se me hayan pedido estas líneas, pues Rubiños representa esa colabo-
ración opaca pero imprescindible de suministrarnos nuestros útiles de trabajo, los
libros. Poco podríamos haber hecho sin el respaldo de esa intendencia que, en su
caso, luce un marchamos de añeja solera: Rubiños, 1860.
Y, en efecto, en el tiempo en que él estuvo al frente de la casa y nos informaba
de las novedades (y también de generosas ofertas con que liquidar parte de sus
existencias) mediante unos catálogos en los que no faltaba algún apunte pintores-
co, seguramente de su propia mano, podíamos ver cómo la literatura científica
copaba un espacio muy considerable de sus depósitos; y, dentro de ella, de un
modo especial, los textos de matemáticas. Todavía más: había dedicado una aten-
ción muy particular a importar y a traducir y editar libros de matemáticos rusos, y
muy bien podría ser su librería el único sitio donde encontrarlos; como que al-
guien dio en llamarle cariñosamente “Rusiños”, jugando con su apellido.
Precisamente tengo ante mí una producción realmente importante de su edito-
rial: la Enciclopedia de las Matemáticas, elaborada por la Academia de Ciencias
de Rusia, que coordinó Vinogradov y consta de doce volúmenes. La traducción y
adaptación al español la hizo uno de los anteriores presidentes de nuestra Socie-
dad, García Sestafe, y a esa circunstancia debo el haber conocido a Rubiños. Hará
de esto poco más de seis años, cuando ambos, Sestafe y él, me invitaron a acom-
pañarles en la presentación de la obra, que se iba a celebrar en la Embajada de

7
Rusia en Madrid. Me voy a permitir un recuerdo personal: al contar que había
recibido la Enciclopedia e inmediatamente me había puesto a hojearla, añadí un
tanto bruscamente: “¡Nunca lo hubiera hecho!” Puede suponerse el respingo que
se le escapó a Rubiños, que estaba a mi lado, al pensar que iba a hacerle una críti-
ca negativa y casi feroz. En seguida se tranquilizó: lo que vine a decir es que
aquella primera mirada me había incitado a abstraerme en la lectura de tal modo
que, si me dejo llevar por ella, aún estaría leyendo y no habría tenido tiempo de
preparar las pocas palabras que me tocaba entonces pronunciar.
Todavía tuve ocasión de hacerle justicia un par de meses después, cuando un
periódico me pidió una reseña de la Enciclopedia. Dije que la aventura de afrontar
la publicación de una obra de esta envergadura entrañaba una valentía muy difícil
de medir. “Cierto que Rubiños nos tiene ya acostumbrados a la provisión conti-
nuada de una buena biblioteca científica pero esta vez, si no temiera pecar de im-
pertinente, podría decirle con el acento más castizo que se ha pasao. Ojalá que al
arriesgarse en semejante operación reciba el premio que su dedicación merece.”
Bueno, pues sí: algún tiempo más tarde le pregunté por el resultado y me dijo que
se estaba vendiendo bien, más a instituciones que a particulares, naturalmente.
Y tampoco quiero olvidar la recepción de un par de cartas de agradecimien-
to, por el artículo y por la actuación en la Embajada, pues no le bastaba con hacer-
lo de palabra. Brevemente, y con una cortesía muy suya, interpreta mis interven-
ciones como un acto de bondad y me ofrece su amistad que luego refrendaría. Así
era Rubiños: seguro que si estuviera aquí y leyera esto me escribiría otra carta
parecida, sin ocurrírsele pensar que es a él a quien hay que agradecerle lo que hizo
y lo que ha sido. Descanse en paz nuestro buen amigo.

8
III Concurso Intercentros de Matemáticas
de la Comunidad de Madrid

Organizado por nuestra sociedad en colaboración con la Facultad de Mate-


máticas de la Universidad Complutense, el Concurso Intercentros se va consoli-
dando a lo largo de sus tres años de existencia. Ya son muchos centros públicos,
privados y concertados de la Comunidad de Madrid los que destinan el penúlti-
mo sábado de Noviembre para que sus estudiantes disfruten haciendo Matemá-
ticas, desarrollen la labor de equipo, se pongan a prueba individualmente y vi-
van con intensidad la prueba por relevos en donde tienen que trabajar con el
dato que les mandará, o no, uno de sus compañeros. La sensación que se tiene al
final de la mañana, después de 4 horas de trabajo es que para el año que viene
tenemos que preparar mejor el reparto de problemas en la prueba por equipos,
que en la prueba individual hay que asegurar los problemas fáciles y que vamos
a decirle a nuestro profe de Mates que trabajemos en clase pruebas como la de
relevos que son curiosas, interesantes y que nos enganchan más que ninguna.
Esa fue, al menos, la percepción que nos llegó a los organizadores, a los que las
palabras de agradecimiento por parte de los profesores responsables de los cen-
tros nos supuso la mejor inyección de ánimo para echar más horas y que en el
futuro este concurso siga creciendo.
Es muy corto el espacio del que disponemos para escribir aquí los enunciados
de los problemas de las diversas pruebas en que consistió el concurso así como las
bases del mismo –todo esto lo podéis ver en la página WEB de la Sociedad– pero,
a título de ejemplo, aquí tenéis algunos.
En la prueba por equipos, en donde se les daba a cada equipo –6 estudiantes,
dos de cada uno de los niveles, 1er ciclo ESO, 2º ciclo y Bachillerato– 10 proble-
mas para que los resolvieran en un tiempo límite de 45 minutos, se les pregunta-
ban cosas como:
Tres lados consecutivos de un cuadrilátero inscrito a una circunferencia miden 3,
4 y 7 cm. Calcula la longitud del cuarto lado.
Calcula el radio de la menor de dos circunferencia tangentes exteriores y tangen-
tes a su vez a dos rectas perpendiculares si el radio de la mayor es 1.

9
A los pequeños, en la prueba individual se le pedían junto a otros 4 problemas
que:
Si los enteros positivos 30, 72 y N tienen la propiedad de que el producto de cua-
lesquiera dos de ellos es múltiplo del tercero, calcular el menor valor posible
para N.
A los de 3º y 4º de ESO, les preguntábamos, y se liaron casi todos, que obtuvieran
razonadamente y sin calculadora el número 2003 ⋅ 2001 ⋅1999 ⋅1997 + 16 , y a los
de Bachillerato les decíamos, por ejemplo:
En una ciudad hay una epidemia de gripe, estando cada una de las personas de
esa ciudad sana o enferma. Si una persona está hoy sana, la probabilidad de que
mañana siga sana es del 95% y si está enferma, la probabilidad de que mañana
siga enferma es del 55%. Si hoy está enferma el 20% de la población, ¿qué porcen-
taje de la población se espera que mañana esté enferma?
Copiamos a continuación toda la prueba por relevos, por no ocupar mucho es-
pacio, ser la más novedosa y para que os hagáis una idea muy precisa de la misma.
Cada uno de los equipos se dividía en dos grupos de 3 estudiantes, uno de cada
nivel, y a cada uno de los 84 grupos –hubo 42 equipos participantes– les propo-
níamos lo siguiente:

1er ciclo de ESO


1A. Si el número de 5 cifras 5DDDD es divisible por 6, calcula el valor de D.
Pasa la respuesta a tu compañero de Bachillerato.
1B. Sea “T” la respuesta del problema 2B. Calcula cuántos múltiplos de 10, po-
sitivos y menos que 6T son suma de cuatro enteros consecutivos. Pasa la respues-
ta a tu compañero de Bachillerato.
1C. Sea “T” la respuesta del problema 2C. La diagonal de un cuadrado mide T cm.
Calcula el área de un octógono regular de perímetro igual al de ese cuadrado.

10
2º ciclo de ESO
2A. Sea T la respuesta del problema 3A. En la figura adjunta, ABCD es un cua-
drado de T/17 cm de lado. E es el punto de medio de AD y CF es perpendicular a
BE. ¿Cuál es el área del cuadrilátero CDEF?

E
A D

B C

2B. Una función f definida para los enteros positivos verifica que f (m) + f (n) = f (mn)
cualesquiera que sean los números enteros positivos m y n. Si f (2) = 8 y f (3) =
10, calcula f (12). Pasa la respuesta a tu compañero de 1er ciclo.
2C. Sea “T” la respuesta del problema 3C. En un triángulo rectángulo ABC, las
bisectrices de los ángulos agudos B y C se cortan en P. La distancia entre P y la
hipotenusa es T + 1. Calcula la distancia entre P y el vértice del ángulo recto A.

Bachillerato
3A. Sea “T” la respuesta del problema 1A. La circunferencia del dibujo es tan-
gente a los ejes de coordenadas. El punto P de la circunferencia dista T unidades
de un eje y (9/2)T unidades del otro. Calcula el radio de la circunferencia. Pasa
la respuesta a tu compañero de 2º ciclo.

11
3B. Sea “T” la respuesta del problema 1B. ¿Cuál es el valor más pequeño de la
expresión “a2 + Ta” donde “a” puede ser cualquier número real?
3C. Considera la función f (x) = (x + a)3 + b2. Calcula el número de parejas (a,
b) que cumplen f (0) = 1 y f (1) = 2. Pasa la respuesta a tu compañero de 2º ciclo.

Como hemos comentado anteriormente, hubo 42 centros participantes. Se


habían inscrito 46, pero cuatro de ellos no pudieron asistir a la Facultad de Mate-
máticas. Todo esto supuso que ese sábado hubiera en la Facultad 252 estudiantes
peleando con los problemas en las diversas aulas que habíamos habilitado y casi
tantos padres, profesores y acompañantes haciendo lo mismo en los pasillos. Des-
pués del día de la segunda fase del Concurso de Primavera nunca estuvo la Facul-
tad tan animada.
Y como en todo concurso, hubo sus ganadores. Por centros, el ganador fue el
IES San Juan Bautista, quedando en 2º y 3er lugar el Colegio Alemán y el Colegio
San José del Parque, respectivamente. Los ganadores individuales, dos por nivel,
fueron:

Nivel 1 (1º - 2º ESO)


1. Jorge Ramiro Tena Orcajo (IES San Juan Bautista)
2. Santiago Moreno Jaureguízar (Colegio Ntra. Sra. de las Maravillas)

Nivel 2 (3º - 4º ESO)


1. Eduardo Casanova Cuesta (Colegio Joyfe)
2. Daniel Luque Arriero (IES San Juan Bautista)

Nivel 3 (Bachillerato)
1. Elisa Lorenzo García (IES Fortuny)
2. Ignacio Somoza Sotillos (Colegio Valdeluz)

12
El próximo 28 de Abril, coincidiendo con la entrega de premios del VIII Con-
curso de Primavera, allí estarán estos estudiantes y estos centros a recoger sus
premios. Diplomas y muy poco más, pero, con seguridad, suficiente para recono-
cer el esfuerzo y el mérito.
Y el curso que viene –recordad, penúltimo sábado de noviembre– seremos más.
La trayectoria del concurso en sus tres años de existencia, –17 centros el primer
año, 28 el 2º y 42 este último– así lo pronostica. Y si los participantes comunican su
experiencia a sus amigos de otros centros, muy probablemente lleguemos a núme-
ros insospechados para este tipo de concursos.

Juan Jesús Donaire Moreno


Joaquín Hernández Gómez

13
XL Olimpiada Matemática Española
Primera Fase - Madrid

Las pruebas de la PRIMERA FASE de la "XL Olimpiada Matemática Españo-


la" correspondientes al curso 2003-2004 y a los distritos de Madrid, se han cele-
brado en los días 16 y 17 de Enero de 2004.
Esta Olimpiada está organizada por la Real Sociedad Matemática Española,
bajo el patrocinio de la Subdirección General de Becas y Ayudas al Estudio y se
desarrolla en dos fases: la Primera tiene lugar en distintos distritos; este año, tres
de ellos corresponden a la Comunidad de Madrid, que cuenta con cinco Universi-
dades estatales, además de las privadas.
Los tres ganadores de cada distrito reciben un Diploma acreditativo de la Real
Sociedad Matemática Española y son propuestos a la Subdirección General de
Becas y Ayudas al Estudio para la concesión de un premio en metálico que este
año es de 380, 285 y 220 € para los ganadores de cada Distrito.
Los alumnos premiados son invitados a participar en la Segunda Fase, que es-
te año tendrá lugar en Ciudad Real, del 25 al 28 de Marzo. En ella se entregarán
6 Medallas de Oro, 12 de Plata y 18 de Bronce. Las medallas de oro llevarán ane-
jas premios en metálico de 750 €.
Con los mejores clasificados en esa segunda fase, se formará el equipo que re-
presentará a España en la 45º Olimpiada Matemática Internacional, que este año
se celebrará en Grecia y en la XIX Olimpiada Iberoamericana de Matemáticas,
que tendrá lugar en España, en el mes de Septiembre.
Las pruebas se desarrollaron en dos sesiones de tres horas y media de duración
cada una, en las que se propusieron seis problemas, cuyos enunciados damos en
este número de nuestro Boletín. Las pruebas de los tres distritos que corresponden
este año a todas las Universidades de nuestra Comunidad, se realizaron conjunta-
mente, y a ellas concurrieron 57 alumnos, de los que 6 no acudieron el segundo día.
Cada problema se calificó con un máximo de 7 puntos, como en la mayor parte
de las competiciones internacionales y como ya se hizo el curso anterior. De este
modo, había una posibilidad teórica de obtener 42 puntos.

14
Damos a continuación los nombres de los nueve alumnos premiados en los dis-
tritos de Madrid A, B y C, ordenados por puntuaciones decrecientes:

1º A. - Dª. Elisa LORENZO GARCÍA, de 1º de Bach.


del I. E. S. Fortuny de Madrid ................................................. 31 puntos
1º B. - D. Javier de la NUEZ GONZÁLEZ, de 4º de E.S.O.
del Liceo Italiano de Madrid .................................................... 25 puntos
1º C. - D. Ricardo MARTÍN BRUALLA, de 1º de Bach.
del Colegio Alemán de Madrid ................................................ 25 puntos

2º A. - D. Carlos PARDO MARTÍN, de 1º de Bach.


del Colegio “Retamar” de Madrid ............................................ 25 puntos
2º B. - Dª. Beatriz GARCÍA GARCÍA, de 1º de Bach.
del I. E. S. Mirasierra de Madrid .............................................. 24 puntos
2º C. - D. Daniel BARRERA MAYORAL, de 2º de Bach.
del Colº de la Inmaculada de Getafe (Madrid) ......................... 24 puntos

3º A. - Dª. Ana GONZÁLEZ GONZÁLEZ, de 2º de Bach.


de Madrid .................................................................................. 17 puntos
3º B. - D. Ding RU, de 4º de E.S.O.
del I. E. S. Ramiro de Maeztu de Madrid ................................. 16 puntos
3º C. - D. José Manuel ALONSO INCLÁN,
del Colº de La Salle del Sagrado Corazón, de Madrid ............. 16 puntos

Debemos resaltar que entre los premiados hay dos que están cursando 4º de E. S. O.
Como otros años, la mayor parte de los premiados son bien conocidos por su
brillante participación en los concursos de resolución de problemas de nuestra
Sociedad o en otras competiciones anteriores, incluso internacionales.
Nuestra enhorabuena a los premiados y a los profesores que los han preparado.
En este mismo número del Boletín, damos los enunciados de esos problemas
y, junto con cada uno, las puntuaciones medias alcanzadas en él, por todos los
participantes y por los nueve premiados, así como el número de soluciones califi-
cadas con 6 o con 7, que consideramos aceptables.

J.F.B.

15
Problemas propuestos en la Primera Fase de la
XL Olimpiada Matemática Española
en los Distritos de Madrid
(Los mismos problemas que en la mayoría de los distritos españoles)

Problema 1
Encontrar todas las funciones f : IN → IN tales que f(f(n)) = n+2 para todo nú-
mero natural n.
Puntuación media obtenida por todos los alumnos (sobre 7): 1,3
Puntuación media obtenida por los nueve premiados (sobre 7):2,6
Número de soluciones calificadas con 6 ó 7 (de 57): 0

Problema 2
Un triángulo tiene sus vértices en cada uno de los ejes de un sistema de coordena-
das cartesianas en el espacio: ninguno está en el origen, ni dos de ellos coinciden
en el mismo eje. Demostrar que el triángulo es acutángulo.
Puntuación media obtenida por todos los alumnos (sobre 7): 1,4
Puntuación media obtenida por los diez premiados (sobre 7): 5,4
Número de soluciones calificadas con 6 ó 7 (de 57): 7

Problema 3
Hallar el número mínimo de apuestas de quiniela que debemos rellenar para ase-
gurar que obtenemos, al menos, 5 aciertos en una de ellas. (Una apuesta de quinie-
la consiste en un pronóstico de resultado para 14 partidos, habiendo en cada parti-
do 3 posibles resultados).

Puntuación media obtenida por todos los alumnos (sobre 7): 0,8
Puntuación media obtenida por los diez premiados (sobre 7): 2,2
Número de soluciones calificadas con 6 ó 7 (de 57): 6

16
Problema 4
Demostrar que si –1<x<1 , –1<y<1 , entonces

x− y x+ y

1 − xy 1 + xy
Puntuación media obtenida por todos los alumnos (sobre 7): 1,3
Puntuación media obtenida por los diez premiados (sobre 7): 4,4
Número de soluciones calificadas con 6 ó 7 (de 57): 8

Problema 5
Consideramos los polinomios P(x) = x3 +Ax2 + Bx + C , Q(x) = 3x2 + 2Ax + B ,
donde x es la variable y A, B ,C son parámetros. Supongamos que, si a,b,c son las
tres raices de P, entonces las de Q son (a+b)/2 , (b+c)/2. Determinar todos los
posibles polinomios P, Q.
Puntuación media obtenida por todos los alumnos (sobre 7): 1.1
Puntuación media obtenida por los diez premiados (sobre 7): 3,7
Número de soluciones calificadas con 6 ó 7 (de 57): 5

Problema 6
Hallar todas las posibles formas de escribir 2003 como suma de dos cuadrados de
números enteros positivos.
Puntuación media obtenida por todos los alumnos (sobre 7): 1,8
Puntuación media obtenida por los diez premiados (sobre 7): 4,2
Número de soluciones calificadas con 6 ó 7 (de 57): 4

17
Recensiones en ZDM y en Math Reviews

Las prestigiosas revistas Zentralblatt für Didaktik der Mathematik (ZDM) y


Mathematical Reviews incluyen en sus volúmenes recensiones de artículos publi-
cados en nuestro Boletín, razón por la cual se publican actualmente con un resu-
men en inglés.
Como en números anteriores de nuestro Boletín, nos complace dar cuenta de
las nuevas recensiones aparecidas, para conocimiento de los autores de los traba-
jos, y de todos nuestros socios.

RECENSIONES PUBLICADAS EN ZDM VOL. 35 (3) DE 2003

#2317 (sección F60). Phidias numbers, por Adam Marlewski, Govert Werther,
Bol. Soc. Puig Adam 63 (Feb 2003), págs. 18-31.
#2426 (sección G74). Estudio de las secciones planas de las cuádricas mediante
sus invariantes métricos, por Julio Fernández Biarge, Bol. Soc. Puig
Adam 63 (Feb 2003), págs. 32-44.
#2499 (sección I30). Cálculo de límites radicales a través de sistemas en diferen-
cias acoplados, por Juan C. Cortés López, Gema Calbo Sanjuán, Bol.
Soc. Puig Adam 63 (Feb 2003), págs. 45-50.
#1895 (sección A30). Del Artem Analyticem de Vieta a la Mathesis Universalis
de Descartes. Nuevas perspectivas en torno a un período singular en la
Historia del Álgebra, por Francisco González Redondo, Bol. Soc. Puig
Adam 63 (Feb 2003), págs. 51-67.
#2214 (sección D50). Ordenador, intuición y solución de dos problemas, por En-
rique Rubiales Camino, Bol. Soc. Puig Adam 63 (Feb 2003), págs. 68-81.
#2196 (sección D44). Una Apuesta por la Búsqueda de Elementos Motivadores
en el Aprendizaje de las Matemáticas en Bachillerato, por Juan José Prie-
to Martínez, Bol. Soc. Puig Adam 63 (Feb 2003), págs. 82-89.
#2421 (sección G70). Sobre una transformación geométrica, por Ricardo More-
no Castillo, Bol. Soc. Puig Adam 63 (Feb 2003), págs. 90-93.

18
RECENSIONES PUBLICADAS EN ZDM VOL. 35 (5) DE 2003

#4173 (sección N30). Algebra in the time of computers, por Kurt Kreith, Boletín de
la Sociedad Puig Adam 64 (2003) 24-34.
#4028 (sección H20). Las sumas de potencias de Bernoulli: un problema histórico,
por Juan A. Aledo y Juan C. Cortés, Boletín de la Sociedad Puig Adam 64
(2003) 35-44.
#4039 (sección H30). Reflexiones sobre la selección y resolución de problemas,
por Enrique Rubiales Camino, Boletín de la Sociedad Puig Adam 64
(2003) 45-66.
#3687 (sección A30). El origen histórico de la Física matemática. La matematiza-
ción de las relaciones cinemáticas desde Arquímedes hasta Galileo, por
Francisco A. González Redondo, Boletín de la Sociedad Puig Adam 64
(2003) 67-78.
#4011 (sección G70). Sobre las medianas de un triángulo, por María Belén Rodrí-
guez Rodríguez, Boletín de la Sociedad Puig Adam 64 (2003) 79-83.
#3990 (sección G40). Otra demostración del teorema de Tales, por Pedro Pescador
Díaz, Boletín de la Sociedad Puig Adam 64 (2003) 84-86.
#4064 (sección I30). Borges, la arena y el infinito, por Jorge Alejandro Ramírez
Cruz, Boletín de la Sociedad Puig Adam 64 (2003) 87-93.

RECENSIONES PUBLICADAS EN ZDM VOL. 35 (6) DE 2003

#5626 (sección U70). The Algebraic Calculator as a Pedagogical Tool for Teaching
Mathematics, por Bernhard Kutzler, Boletín de la Sociedad Puig Adam 60
(2002) 15-37.
#5001 (sección G40). El Goniocentro, por Julio Fernández Biarge, Boletín de la
Sociedad Puig Adam 60 (2002) 38-45.
#5179 (sección I20). Desigualdades para funciones f que satisfacen la ecuación
funcional f(x-y) = g(f(x),f(y)), por Juan C. Cortés López, Gema Calbo San-
juán, Boletín de la Sociedad Puig Adam 60 (2002) 46-51.

19
#5146 (sección H30). Una reflexión en torno a la ecuación de segundo grado, por J.
M. Aroca, Boletín de la Sociedad Puig Adam 60 (2002) 52-54.
#5002 (sección G40). Una demostración breve del Teorema de Tales, por Pedro
Pescador Díaz, Boletín de la Sociedad Puig Adam 60 (2002) 55-57.
#5125 (sección H20). Obtención del Triángulo de Pascal a partir del cubo n- di-
mensional, por Sergio Falcón Santana, Boletín de la Sociedad Puig Adam
60 (2002) 58-62.
#4280 (sección A30). Un análisis de los “Elementos de aritmética, álgebra y geo-
metría” de Juan Justo García Rodríguez, por J. Cabezas Corchero y F. Mo-
reno Soto, Boletín de la Sociedad Puig Adam 60 (2002) 63-70.
#5452 (sección M50). El teorema de ʌ entre Vaschy y Buckingham: el método de
las variables de dimensión cero, por Francisco González Redondo, Boletín
de la Sociedad Puig Adam 60 (2002) 71-81.
#5036 (sección G43). Uso de CABRI GEOMETRE II en Tecnologías de la Infor-
mación, por Enrique Rubiales Camino, Boletín de la Sociedad Puig Adam
60 (2002) 82-85.
#5003 (sección G40). Acerca de un problema de la “Optica” de Euclides, por Juan
Tarrés Freixenet, Boletín de la Sociedad Puig Adam 60 (2002) 86-92.

20
Presentación del Prof. Schumann

El profesor Heinz Schumann, Catedrático del Dpto. de Matemáticas e Informáti-


ca de la Universidad de Educación de Weingarten (Alemania), es un bien conocido
experto en temas de Enseñanza de la Matemática con Nuevas Tecnologías. Para
quien esté interesado en conocer detalles sobre sus trabajos, su página web es:

[Link]

El pasado 27 de mayo de 2003 impartió, en la Facultad de Educación de la


Universidad Complutense de Madrid, una conferencia titulada “Computer Aided
Solution of 3D Problems in Analytic Geometry from a Didactic Perspective”. Esta
conferencia fue organizada por la Sociedad “Puig Adam” de Profesores de Mate-
máticas y la Sección Departamental de Algebra de la U.C.M.

El profesor Schumann ha tenido la deferencia de escribir un extenso artículo,


que aparecerá dividido entre este número y el próximo de nuestro Boletín, al obje-
to de acercar sus ideas a aquellos que no pudieron asistir a su conferencia.

Eugenio Roanes Lozano

21
Boletín de la Soc. Puig Adam, núm 66 (Febrero 2004)

A dynamic approach to “simple” algebraic curves (I)

Heinz Schumann
Faculty III, Mathematics and Informatic
University of Education Weingarten
D-88250 Weingarten, Germany
schumann@[Link]

Both didactic theory and practice of computer-assisted


mathematics teaching always reflect the latest state of
software development, which is considered the non
plus ultra.

Abstract
Despite its low relevance for teaching in schools, the desideratum “Alge-
braic Curves” has always been an issue within mathematical didactics. This
article aims to continue this tradition with respect to a project oriented
mathematics instruction by applying current dynamic geometry software
(Cabri II Plus).

1. Introduction
In these days of reduced mathematical awareness –when mathematical edu-
cation within context of international student assessments like PISA is focused on
so-called “standards of mathematical education” and “core curricula”−, it may be
questionable to propagate a mathematical topic which has seldom found its way
into the curricula of school mathematics, although its treatment already has a long
lasting methodical and didactic tradition.
The subject of “Algebraic Curves” should be re-evaluated for the purposes
of general teaching projects, course work projects, working groups and extracurri-
cular mathematics e.g. for gifted students in consideration of newly developed
and adequate dynamic geometry computer tools. The arguments for the treatment
of algebraic curves using computers in school geometry brought forward by
Schumann 1991, Weth 1993, Schumann & Green 1994, Schupp & Dabrock 1995
and others still apply, and we shall repeat them here in brief.

22
The following points favour the treatment of algebraic curves:
– Algebraic curves bridge the gap between (synthetic) geometry and algebra
– they offer a variety of problems, solution strategies and relationships of
mathematical interest
– they are of a generalising nature
– they support modelling activities
– they enhance functional and operative thinking
– they play an important role in the history of mathematics
– they are aesthetically pleasing.
Computer Algebra Systems (CAS) and Dynamic Geometry Systems (DGS)
are excellent exploration and reconstruction media for approaching the subject of
algebraic curves. We shall therefore treat algebraic curves in context, using com-
puter tools that are available in the classroom. These tools should be menu-
controlled as they are used only temporarily and by novices, therefore command-
controlled tools will not be discussed here. Of course, sufficient mathematical
knowledge is required for successful computer-assisted treatment of algebraic
curves.
Generally speaking, algebraic curves are represented as follows:
An algebraic curve is the zero-set of a polynomial in x and y
k l
{(x;y) | ¦¦ a x y =0 }
i=0 j=0
ij
i j
Ρ×Ρ ,

in which aij∈Ρ; max(i+j) with aij ≠ 0 is the degree of the algebraic curve. This al-
gebraic equation is an object of algebra while the corresponding graph is an object
of synthetic geometry.
The following diagram (Schumann 2001) will serve to illustrate the options of
representation and interaction using the computer tools currently available:

: “Classical” algebraic curves are constructed with compass and ruler; the
constructions generally have no more than two parameters defining shape and
position. Dynamic Geometry systems (DGS) can illustrate the point-by-point

23
generation using the trace mode, which supports the point-set interpretation of
curves (see, e.g. Schumann 1991). Dynamic variation of parameter values (e.g.
for investigating various cases and for generating families of curves) requires that
one must be able to generate them as referenceable graphic objects not only as
states of the screen. The corresponding graph is generated by dynamic
interpolation of supporting points (with rounded coordinates depending on the
system arithmetics).
These curves may be constructed by different methods, e.g. as foot curves,
slide point curves, cissoids, conchoids, rolling curves, image curves at specific
transformations etc. Constructions of curves as envelopes will not be considered
here.

Diagram 1: Algebraic curve as a computer graphic object

: The option “Repeat Construction” will give us the construction method for
any of the constructed curves.
: Cabri Géomètre II+ ([Link]) is the only DGS among those
available on the market, that bridges the gap to algebra by determining the
representation of an algebraic curve as the zero-set of a polynomial in x and y
with correspondence to a selected coordinate system. For this, Cabri Géomètre II+

24
uses a numeric algorithm which provides satisfactory results for algebraic curves
k l
P(x;y)= ¦¦ a x y =0
i=0 j=0
ij
i j
up to the 6th degree. (Roughly, the algorithm can be

described as follows: Random selection of about 100 supporting points of the


generated curve; calculation of the (n+1).(n+2)/2 coefficients of P(x;y)=0 of
degree n using a suitable system of equations derived from the point coordinates
starting with n = 1 until the rest of the selected points approximately issues zeros
of P(x;y)=0.)

: Visual testing of the correctness of the resulting algebraic curve is possible


using a mathematics software capable of plotting implicit functions. Among the
menu-controlled software tools, DERIVE ([Link]) offers this option.

: It is possible to achieve a static graphic generation of an (algebraic) curve


from a parametric or polar coordinate representation using suitable software sys-
tems or modules for plotting functions. Dynamic generation of graphic curve ob-
jects by DGS from these representations using direct manipulation for variation of
running parameter values is much more impressive, because the user is able to
observe the curve creation by trace mode individually applying slider techniques.

: There is no (published) computer tool, as yet on the market, which generates


the parametric or polar coordinate representation for an algebraic curve given as
an adequate constructed computer graphic object. The prototypic “paramGeo”
Package (Roanes-Lozano et al. 2003) for MAPLE ([Link]) or DERIVE is
able to generate these representations.

This ends the summary of the general technical facilities of computer tools in
as far as they are of relevance to this article.

The derivation of the algebraic equation P(x;y)=0 from the synthetic-geometric


construction of a curve is interesting and fruitful from the mathematical point of
view because this derivation provides – independent of the experimental and in-
ductive methods of knowledge finding – mathematical insight and argumentation
for the algebraic equation produced by Cabri II+. In the case of algebraic curves
of 2nd degree, so-called conic sections, an analytic-geometrical derivation of the
algebraic equation could be achieved due to adequate constructions. That is not
possible in general in the case of algebraic curves of higher degree; the derivation
needs a parametric representation or a polar coordinate representation and elimi-

25
nation or substitution of the parameters from these representations may induce
difficult calculation problems.

2. A method for the treatment of “simple” algebraic curves


The following method combines geometry and algebra as well as inductive
and deductive methods of knowledge acquisition or knowledge verification and
requires only elementary mathematical knowledge.
We shall term an algebraic curve (AC) as “simple” in this context if integral
construction parameters are inducing integral coefficients of the corresponding
algebraic equation with regard to a suitable Cartesian coordinate system. Almost
all the classical algebraic curves can be treated as simple curves.
1) Construction of the AC with a DGS (here: Cabri II+) according to instruc-
tions and phenomenological description.
2) Variation of the construction parameter values in order to observe and de-
scribe the changes in position and shape of the AC. If helpful, generation of an
animated graph.
3) Embedding the constructed AC in a suitable Cartesian coordinate system.
4) Automatic determination of the algebraic equation P(x;y)=0 of the AC with
respect to the chosen coordinate system and testing the equation.
5) Linkage of the construction parameter objects to grid points of integer coordi-
nates and with grid snap for restriction to integral construction parameters.
6) Experimental-inductive identification of the coefficients in P(x;y)=0 and
control of these coefficients as a function of the construction parameters.
(Eventually inductive graphic verification of P(x;y)=0 for non-integral pa-
rameters using a computer algebra system, e.g. DERIVE.)
7) Mathematical verification of P(x;y)=0: Direct analytic-geometrical deriva-
tion of P(x;y)=0 from the construction description of the curve or, if that is not
possible: Derivation of the parametric or polar coordinate representation from
the construction description; dynamic generation of the AC according to these
representations for control; elimination or substitution of the running variables
or parameters, also using a CAS (e.g. DERIVE).

26
3 Application of the method
In the following, this method will be applied to classical algebraic curves of
the 3rd, 4th and 6th degree. Conic sections, which can be treated the same, will be
left out here. −Not all the instructions of the method will be explained in the fol-
lowing examples; the details of the computer software functions are not described.
Example 1 (Cissoid): The cissoid lends its name to a whole class of algebraic
curves, which are constructed with the same construction principle. It is used for
example in the geometric solution of the Delian problem (duplication of the
cube).
1) How to construct the curve:
– Construct a circle of diameter OA (construction parameter).
– Construct a tangent in A perpendicular to the diameter OA.
– Put one on the circle movable point K.
– Construct a ray with the initial point O through K which intersects the tan-
gent in G.
– Lay off line segment KG from O on to this ray.
Which locus describes P, if K moves in a circle?
2) The resulting locus is the cissoid (Fig. 1.1), which is symmetric to OA and
has a pointed end in O and the tangent as asymptote.
3/4) Cabri II+ generates an algebraic equation of the third degree when we embed
the curve in a Cartesian coordinate system (Fig. 1.2 with O as origin and with
diameter OA on the positive x-axis). Because of its symmetry to the x-axis there
are only y-terms with even exponents in the summands. We confirm experimen-
tally the correctness of the equation with point testing (Fig. 1.3).

27
Fig. 1.1: A cissoid’s construction Fig. 1.2: A suitable cissoid’s
embedding

Fig. 1.3: Testing cissoid’s equation

5/6) The dependences between parameter a and the coefficients of the equation
could only be recognised when A is linked to the integral grid and the integral

28
values of parameter a are varied (Figs. 1.4-1.5). Only the coefficient of the y2-
term depends on a; it equals a and the resulting equation of the curve is:
x³+xy²-ay²=0 (1.0),
which can be confirmed by further variation of integral values of Parameter a.

Fig. 1.4: Investigating Fig. 1.5: Investigating


coefficient’s dependency coefficient’s dependency

We extrapolate the result for non-integral parameter values, e.g. by plotting


curves of equation (1.0) with DERIVE (see the example in Fig. 1.6 for an ap-
proximate value of a= 10 ).

7) Fig. 1.7 shows the analytic-geometrical derivation of the algebraic equation.


y y
Ray OG has the slope and, correspondingly, G has the coordinates (a;a ).
x x
y
After construction, P has the coordinates x= a−xk and y=a −yk, i.e. for K: xk=a−x
x
2
y a §a·
and yk=a −y. Substitution in equation of the circle (x− )²+ y²= ¨ ¸ results in
x 2 ©2¹

29
y2
(a−x)² + 2 (a−x)²−a(a−x) = 0. Division by a−x≠0 (x=a is not a point of the cis-
x
soid) and multiplication by x²≠0 result in
x3+xy2-ay2=0.

Fig. 1.6: Equation testing with DERIVE

Fig. 1.7: Deriving the algebraic equation

Generalisation: We shall now generalise the cissoid into the so-called hypo-
cissoid, by constructing the perpendicular AG on the positive x-axis in an arbi-
trary grid point (Fig. 1.8). It is easily recognised that the corresponding two-
parameter curve obeys the equation x3 + xy2 +(d−a)x2−ay2 = 0, in which (a−d) is
the x-coordinate of the point of intersection of the curve with the x-axis. In case of
(d−a)>0, in Cabri the hypo-cissoid must be composed of two partial curves, which

30
are created by K1 resp. K2 postioned on the circle arcs seperated by the perpen-
dicular line through A (Fig. 1.9). The animated graph in Fig. 1.10 shows the dif-
ferent shapes of the hypo-cissoid for 0 ≤ a ≤ d0 and for d0 ≤ a (in the case of a=d0
the cissoid is clearly visible separating the curves with (d0−a)>0 resp. (d0−a)<0).

Fig. 1.8: Hypo-cissoid, Fig. 1.9: Hypo-cissoid,


case (d0−a)<0 case (d0−a)>0

Fig. 1.10: Hypo-cissoid’s animation for parameter a

31
Example 2 (Pascal’s limaçon – or Pascal’s snail): Pascal’s limaçon is named
after Stephan Pascal, the father of the famous Blaise Pascal. It can be constructed
in several ways. We shall start with its construction as a foot curve (Fig. 2.1):
– Construct a circle with center M through R and then a point P (pole), first posi-
tioned outside the circle, i.e. with |PM|>|MR|=r. Put a movable point B on the
circle and construct the circle tangent in B.
– Drop the perpendicular from P to the circular tangent with foot F.
What is the locus of F if B circulates?

Fig. 2.1: A construction Fig. 2.2: Variation of


of Pascal’s limaçon |PM| values

The resulting locus is Pascal’s limaçon, and we can change its shape and posi-
tion by varying the parameter values for |PM| (Figs. 2.2-2.3) and for |MR|=r (Fig.
2.4; there must be a gap in the animated graph for r=0).
In Cabri II+ we are now going to embed the construction in a coordinate sys-
tem such that M coincides with the coordinate origin and P is on the x-axis (Fig.
2.5). For this curve, we let the computer calculate the equation P(x,y)=0 with re-
spect to this coordinate system. The equation is of 4th degree and shows at y only
even exponents in accordance with its symmetry property. In addition, we make a
point test to convince ourselves of the correctness of the black box output.

32
Fig. 2.3: Animation of Pascal’s limaçon for |PM|

Fig. 2.4: Animation of Pascal’s limaçon for r

33
Fig. 2.5 Embedding Pascal’s limaçon and equation testing

Figs. 2.6: Investigating the Figs. 2.7: Investigating the


dependencies of the coefficients dependencies of the coefficients
from construction parameters from construction parameters

We can see that the partial expression x 4 +2x 2 y 2 +y 4 =(x 2 +y 2 )2 does not de-
pend on the parameters p and r. Variation of the integral parameter values for p
(e.g. as in Figs. 2.6-2.9; Fig. 2.7 shows the cardioid curve with its “heart-shaped”
contour) and for r shows that each of the coefficients of x³ and of xy² equals 2p,
that the coefficient of y² equals -r² and – with some intuition in arithmetics – that
the coefficient of x equals 2pr² and that the constant summand equals -(pr)². Tabu-
lation may be helpful if this is not obvious at once. Of course one immediately

34
tests the suspected dependences by variation of the parameter values of p and r.
For example, the coefficient of x2 can be found with the aid of Table 1, which
shows that the coefficients (e.g. for r=3) create an arithmetic sequence of 2nd
degree. With fixed r the coefficient of x2 is a quadratic form c2p2+c1p+c0.

p -1 -2 -3 -4 -5 …
r= 3 .... x² -8 -5 0 7 16 …
+3 +5 +7 +9 …

Table 1

Figs. 2.8: Investigating the dependencies of the coefficients


from construction parameters

35
Figs. 2.9: Investigating the dependencies of the coefficients
from construction parameters

One finds c2 = 1, c1 = 0, c0 = -9, i.e. p2−9 = p2 −32 and presumably p2 – r2,


which is verified experimentally. Finally, the following equation is obtained by
the experimental-inductive method for Pascal’s limaçon with respect to the cho-
sen coordinate system:
(x2 + y2)2 + 2px3 + 2pxy2 + (p2 – r2) x – r2y2 + 2pr2x – (pr)2 = 0 (2.0)
The equation can now be verified also for non-integral coefficients in the
same way as in Example 1, i.e. by implementing the equation for the curve in
DERIVE and plotting the corresponding curve. For a mathematical verification of
equation (2.0), we derive the parametric representation in accordance with the
foot construction to get the corresponding equation by elimination of the running
parameter. Figure 2.10 informs us that:
xB= r·cosβ, yB= r·sinβ (2.1);
y-y B cosȕ
tangent equation: =- (2.2);
x-x B sinȕ
y sinȕ
equation of the perpendicular: = (2.3).
x-p cosȕ

36
Fig. 2.10: Deriving the algebraic equation

After resolving of (2.2) or (2.3) to y and equating we obtain the x-coordinate of


the foot of the perpendicular F:
x = p·sin2β + r·cosβ (2.4a)

and replacing x in (2.3) by (2.4a), the y-coordinate of F results in:

y = sinβ·(r−p·cosβ) (2.4b).

Can we confirm that the parametric representation in (2.4) is that of the Pas-
cal’s limaçon? To verify this, we dynamically generate the corresponding curve
using slider technique (Fig. 2.11). There are slides for the shape or position pa-
rameter p, r and there is a slide for the running parameter β. We are now able to
observe the creation of the curve, either user-controlled or via animation, while
the curve plotting functions of non dynamic mathematics software will show the
curve only as a black box result.
Elimination of the running parameter β is more difficult. Using a quadratic
equation for cosβ, after some algebra supported by CAS, e.g. by DERIVE, obtain
an equation that is equivalent to the equation presented in (2.0). Using the elimi-
nation command of the powerful tool MATHEMATICA, we will at once arrive at
the desired result provided that we first express Sine by Cosine (Fig. 2.12).

37
Fig. 2.11: Parametric representation of Pascal’s limaçon

Fig. 2.12: Automatic elimination of the running parameter


with MATHEMATICA

(To be continued in bulletin number 67, June 2004).


Part II will include the references.

38
Boletín de la Soc. Puig Adam, núm 66 (Febrero 2004)

Breve historia de la geometría del triángulo

Ricardo Moreno Castillo


I.E.S. Gregorio Marañón
Departamento de Análisis Matemático
Universidad Complutense de Madrid.

Abstract

This is a short history of the triangle geometry where some of the most re-
cent Spanish contributions are recollected.

¡Abajo Euclides! ¡Muerte al triángulo!


(Jean Dieudonne, en el congreso de Beaumont, en 1960)

Los muertos que vos matáis gozan de buena salud


(Es usual atribuir esta frase al Tenorio de Zorrilla, pero allí
no está. Nadie ha sabido decirme donde se puede encontrar)

1. Origen de la geometría moderna del triángulo


La geometría moderna del triángulo es una rama de la ciencia cultivada, desde
mediados del siglo XIX, por matemáticos en su mayoría franceses. Su gestación,
muy escuetamente explicada, fue la siguiente: en todo triángulo tenemos una co-
lección de rectas y puntos particulares. Entre las primeras están las medianas,
bisectrices, alturas y mediatrices, y entre los segundos el baricentro, el inscentro,
el circuncentro y el ortocentro. Puesto que estas rectas y puntos permiten formular
muchos teoremas, se pensó que si fuéramos capaces de encontrar más rectas y
puntos notables, podríamos llegar a muchos teoremas nuevos. Dicho y hecho, y
los resultados superaron las previsiones más optimistas. Haciendo uso de un vo-
cabulario relativamente conciso, se pueden nombrar muchos puntos, y en relación
con ellos, rectas y curvas con propiedades interesantes.
El antecedente más remoto de la geometría del triángulo se puede situar en la
obra Elements d’Analyse géométrique et d’Analyse algebrique, publicado por S.

39
L’Huilier (1750-1840) en 1809. En ella se habla del punto tal que la suma de dis-
tancias a los lados del triángulo sea mínima. Después vinieron otros trabajos, pero
los resultados anduvieron dispersos y sin sistematizar hasta que Lemoine y Bro-
card, entre los años 1873 y 1877, ordenaron el material y pusieron las bases de la
nueva geometría. En un congreso que tuvo lugar en Zaragoza en el año 1908, el
matemático español Juan Jacobo Durán Loriga (1854-1911) defendió de un modo
muy elocuente esta rama de la geometría:
“Presentaba el profesor Davis, en 1888, la Geometría reciente del triángu-
lo como un planeta nuevo y extraño al que se dirigían multitud de telesco-
pios desde todos los países civilizados para observarlo cuidadosamente, y
en efecto, nada más oportuno que valerse en aquella ocasión de un símil as-
tronómico. Las investigaciones en esta rama de la Geometría, que nosotros
propondríamos se llamara triangulogía, constituyen, en verdad, una espe-
cie de Astronomía. El plano del triángulo forma, en efecto, un verdadero
mundo sidéreo, en el que se descubren de día en día nuevos astros. El bari-
centro, o centro de gravedad, desempeña el papel del Sol de este sistema
planetario, los puntos se agrupan formando importantes constelaciones,
pero por fortuna para el cultivador de esta ciencia, su observatorio astro-
nómico es sumamente sencillo: nada de círculo ecuatorial, telescopios mu-
rales, anteojos meridianos, etc. Le basta un papel y un lápiz para instalar
su pequeño observatorio, como por excepción le bastó al gran Leverrier
para descubrir el planeta Neptuno” (pag. 1 de [1]).
La geometría del triángulo se extendió en fecha temprana en dos direcciones dis-
tintas. La primera, cuyo representante más importante fue Tucker, con la geome-
tría del cuadrilátero cíclico, que para algunas cosas se comporta como si fuera un
triángulo. La segunda, llevada a cabo sobre todo por Neuberg, fue la geometría
del tetraedro en el espacio.

2. Coordenadas baricéntricas
En el sistema de coordenadas baricéntricas todo punto del plano se localiza en
relación a un triángulo fijo. En la geometría del triángulo es útil trabajar con este
sistema y considerar, las más de las veces, el triángulo que se pretende estudiar
como el de referencia. Las cosas son de esta manera: las coordenadas de un punto
P son los pesos u, v y w que se han de colocar en los vértices A, B y C del triángu-
lo base para que su centro de gravedad esté en dicho punto. Obviamente, los tri-

40
ples (u , v, w) y (ut , vt , wt ) representan el mismo punto para t ≠ 0 . Las coorde-
nadas de los vértices son (1,0,0 ) , (0,1,0) y (0,0,1) respectivamente, y las del ba-
ricentro G, por definición, son (1,1,1) , El triple (0,0,0 ) no corresponde a nada, y
los puntos del infinito son aquellos cuyas coordenadas suman todas cero. La
ecuación de una recta que pasa por los puntos P1 = (u1 , v1 , w1 ) y
P2 = (u 2 , v 2 , w2 ) es la siguiente:

v1 w1 w1 u1 u1 v1
u +v +w =0
v 2 w2 w2 u 2 u 2 v2
Entonces las ecuaciones de los lados del triángulo de referencia son u = 0 ,
v = 0 y w = 0 , y la de la recta del infinito u + v + w = 0 .
Un clásico teorema afirma que la bisectriz interior de un ángulo de un triángu-
lo corta al lado opuesto en segmentos proporcionales a los lados que lo forman.
Luego, si a, b y c son las longitudes de los lados, el pie de la bisectriz es el pun-
to A = (0, b, c ) , y la ecuación de la bisectriz vc − wb = 0 . Cortándola con otra
bisectriz, por ejemplo la que parte de B, de ecuación uc − wa = 0 , obtenemos las
coordenadas del inscentro: I = (a, b, c ) .
El pie de la altura correspondiente al lado a tiene como coordenadas
(0, b cos C , c cos B ) . Un razonamiento idéntico al anterior nos lleva a las coorde-
nadas del ortocentro:
H = (a cos B cos C , b cos A cos C , c cos A cos B )
Y por el teorema del coseno:

( ( )2
(
H = a4 − b2 − c2 ,b4 − a2 − c2 ,c4 − a2 − b2 )2
( ))
2

(la equivalencia de ambas expresiones no significa la igualdad de las coordena-


das, sino la proporcionalidad entre ellas).
Sean x, y y z las distancias a los lados del triángulo de un punto P, cuyas coor-
denadas baricéntricas son (m, n, p ) . Por el teorema de Tales, sucede lo siguiente
(ver Figura 1):
y CM senC n c
= =
z BM senB p b

41
A

z
P y

x
B M C

Figura 1

Repitiendo este razonamiento en los otros lados, tenemos que:


m n p
= =
xa yb zc
Entonces, las coordenadas baricéntricas de cualquier punto son proporcionales
a sus distancias a los lados multiplicados por las longitudes de dichos lados. En
consecuencia, también lo son a las áreas de los triángulos BPC, APC y APB.

3. Puntos complementarios
La idea de punto complementario fue introducida por E. Hain en 1885. Si A* ,
B * y C * son los puntos medios de los lados del triángulo, el triángulo A* B *C *
es homotético de ABC según una homotecia de centro G y razón 1 2 . El corres-
pondiente P * de un punto P se llama su complementario. Como la recta AP es
paralela a A* P * y BP lo es a B * P * , el punto complementario es fácil de cons-
truir (Figura 2). En efecto, si P = (m, n, p ) , la ecuación de la recta AP es
pv − nw = 0 . Para encontrar la paralela que pasa por A* , le sumamos un múlti-
plo de la recta del infinito y resulta: λu + (λ + p)v + (λ − n) w = 0 . Calculamos
λ para que pase por A* = (0,1,1) , y tenemos que la ecuación de A* P * es

42
(n − p)u + ( p + n)v − ( p + n) w = 0 . Del mismo modo se demuestra que
(m + p)u + (m − . p)v − ( p + m) w = 0 es la de B * P * . Cortando ambas, tenemos
que P * = (n + p, m + p, m + n ) . Como el circuncentro es complementario del
ortocentro, el último resultado nos dice que
sus coordenadas son
( 4 2 2 2 2 4 2 2 2 2 4 2 2
a − a b − a c , b − a b − b c , c − a c − b c . Y como un punto y su 2 2
)
complementario están alineados con G, resulta que el baricentro, circuncentro y
ortocentro están en una misma recta (recta de Euler).

C* B*
P*
P
B A* C
Figura 2

El punto P ** = (n + p − m, m + p − n, m + n − p ) , cuyo complementario es


P, se llama su anticomplementario. Los vértices del triángulo anticomplementario
son A** = (− 1,1,1) , B ** = (1,−1,1) y C ** = (1,1,−1) , sus lados pasan por los vér-
tices del triángulo fundamental y son paralelos a sus lados opuestos.

4. Puntos recíprocos
Sea un punto cualquiera del plano del triángulo, M, N y P los pies de sus cevianas
y M * , N * y P * sus respectivos simétricos respecto del punto medio de los la-
dos. Del recíproco del teorema de Ceva y de la igualdad evidente:

AP BM CN BP * CM * AN *
=
BP CM AN AP * BM * CN *
se deduce que AN * , BN * y CP * también son cevianas. Luego se cortan en un
punto, llamado el recíproco del punto dado. Quien primero escribió sobre puntos

43
recíprocos fue Longchamps, en el año 1866. Es inmediato ver que si las coorde-
nadas de un punto son (m, n, q ) , las de su recíproco son (1 m,1 n,1 p ) .

5. Puntos inversos
Dos rectas que parten de un vértice y son simétricas respecto de la bisectriz se
llaman isogonales. Las isogonales de tres cevianas también son cevianas

α α

B M* M C
Figura 3

En efecto, aplicamos el teorema del seno a los triángulos ABM, ACM, ABM *
y ACM * (ver Figura 3), y obtenemos las cuatro igualdades siguientes:
BM AB CM AC
= =
Sen( A − α ) Sen(C + α ) Senα Sen(C + α )

CM * AC BM * AB
= =
Sen( A − α ) Sen( B + α ) Senα Sen( B + α )
Dividimos la primera entre la segunda, la cuarta entre la tercera, y vemos que:
BM Senα AB BM * Sen( A − α ) AB
= =
CM Sen( A − α ) AC CM * Senα AC
Multiplicamos ambas igualdades y llegamos a esta otra:

44
2
BM BM * § AB ·
=¨ ¸
CM CM * © AC ¹
Podemos conseguir otras dos igualdades análogas para las otras dos cevianas y
sus isogonales. Multiplicamos las tres y tenemos lo que viene a continuación:
2 2 2
AP BM CN AP * BM * CN * § AC · § AB · § BC ·
=¨ ¸ ¨ ¸ ¨ ¸ =1
BP CM AN BP * CM * AN * © BC ¹ © AC ¹ © BA ¹
Como el producto de los tres primeros factores del primer miembro es − 1 , el
de los tres últimos también lo es. Luego, las isogonales de tres cevianas son tres
cevianas. Si (m, n, q ) son las coordenadas de un punto, la relación entre BM y
CM es la misma que entre p y n. Entonces, de la penúltima igualdad resulta que:
2
BM * CM § AB · n c2 c2 p
= ¨ ¸ = =
CM * BM © AC ¹ p b2 b2 n

Entonces la relación entre BM * y CM * es la que hay entre c 2 p y b 2 n , y


(
las coordenadas del punto inverso son a 2 m, b 2 n, c 2 p . )
6. Punto de Lemoine
Del punto de Lemoine habló por primera vez este matemático en un congreso
celebrado en Lyon el año 1873. Es el inverso del baricentro, de modo que sus
( )
coordenadas son K = a 2 , b 2 , c 2 . También es conocido como punto simediano,
porque en el se cortan las isogonales de las medianas, rectas llamadas simedianas.
Tiene la propiedad de que la suma de los cuadrados de las distancias a los lados es
mínima. En efecto, sea P un punto del plano del triángulo, y y z sus distancias a
los lados b y c, y B *C * la paralela al lado BC que pasa por P. Entonces:

((AB ) + (AC ) )(y


* 2 * 2 2
) (
+ z 2 = zAB * + yAC * ) + (yAB
2 *
− zAC * )
2

El primer sumando del segundo miembro es siempre igual al doble de la super-


ficie del triángulo AB *C * . Entonces la expresión del primer miembro es mínima
si el último sumando es cero, lo cual equivale a que suceda lo siguiente:

45
y AC * b
= =
z AB * c
Esto significa que AP es una simediana. Un razonamiento idéntico demuestra
que el punto buscado está en las otras simedianas, luego es el punto de Lemoine.
En el año 1900 apareció en El Progreso Matemático un artículo, firmado por
Augusto Krahe, en el que se generalizan algunas de las cosas vistas hasta ahora.
Sea m un número, y M, N y P los puntos de los lados del triángulo que cumplen:
BM c m CN a m AP b m
= = =
CM b m AN c m BP a m
Por el recíproco del teorema de Ceva, las rectas AM, BN y CP concurren en un
( )
punto Pm , cuyas coordenadas baricéntricas son a m , b m , c m . Si m = 0 , el pun-
to es el baricentro, si m = 1 es el inscentro y si m = 2 , el punto de Lemoine.
Los exponentes m y − m corresponden a puntos recíprocos, y los exponentes m y
2 − m a puntos inversos.

7. Punto de Gergonne
Unimos con rectas cada vértice del triángulo con el punto de tangencia del círculo
inscrito (Figura 4). Las rectas así trazadas son cevianas. Como las dos tangentes
trazadas desde un punto a un círculo determinan segmentos iguales, tenemos que:
AP BM CN § AP ·§ BM ·§ CN ·
= ¨− ¸¨ − ¸¨ − ¸ = −1
BP CM AN © BM ¹© CN ¹© AP ¹
El punto T en el cual se encuentran se llama punto de Gergonne, que no se ha de
confundir con el inscentro. De las igualdades que vienen a continuación:
BM + CN = a AN + CM = b AP + BM = c AM + BN + CP = p
(donde p es el semiperímetro) tenemos estas otras: AM = p − a , BN = p − b y
CP = p − c . De ellas se deducen las coordenadas del punto de Gergonne:

46
§ 1 1 1 ·
T = ¨¨ , , ¸¸
© p − a p − b p − c ¹
El recíproco de T se llama punto de Nagel, y su complementario es el incentro.

P
N
T

B M C

Figura 4

8. Recta armónicamente asociada a un punto


La geometría del triángulo también estudia asociaciones de rectas con puntos.
Una de las más célebres es debida a E. Lemoine, quien la presentó en 1884 en un
congreso celebrado en Blois. Sea R un punto del plano del triángulo ABC, y M, N
y P los pies de sus cevianas. El triángulo MNP se llama triángulo pedal asociado
a R, y es homológico con ABC. Por esta razón, los puntos U (intersección de BC
con PN), V (intersección de AC con PM) y W (intersección de AB con MN) son
colineales. La recta de la que forman parte (eje de homología de los triángulos
ABC y MNP) se llama armónicamente asociada al punto. La correspondencia
también funciona en sentido contrario. Si las coordenadas de R, tomando al trián-
gulo ABC como base, son R = (m, n, p ) , es sencillo llegar a la ecuación de la
recta asociada. Si M = (0, n, p ) y N = (m,0, p ) , la ecuación de la recta MN es
u m + v n − w p = 0 . Cortándola con AB (cuya ecuación es w = 0 ) nos encon-
tramos con W = (− m, n,0 ) . Del mismo modo, tenemos que V = (− m,0, p ) y
U = (0,−n, p ) . La ecuación de la recta que los contiene es:

47
u v w
+ + =0
m n p
La recta armónicamente asociada al ortocentro se llana eje órtico, y la asociada
al punto de Lemoine, recta de Lemoine. La recta mu + nv + pw = 0 , armónica-
mente asociada al recíproco de R = (m, n, p ) , se llama su polar baricéntrica, y es
su recta polar respecto de la cónica del infinito u 2 + v 2 + w 2 = 0 . La polar bari-
céntrica del punto de Lemoine tiene como ecuación: a 2 u + b 2 v + c 2 w = 0 , y se
la conoce como recta de Longchamps.
Dos rectas son recíprocas o inversas si lo son sus puntos armónicamente aso-
ciados. La ecuación las recta recíproca e inversa de mu + nv + pw = 0 son, res-
pectivamente, las siguientes:
u v w u v w
+ + =0 2
+ 2 + 2 =0
m n p ma nb pc

9. Cónicas asociadas a un triángulo


Tienen un gran interés las cónicas relacionadas con el triángulo. Para empezar, la
ecuación de cualquier cónica circunscrita a él es de la forma:
mvw + nuw + puv = 0
lo cual quiere decir que a cada punto del plano (m, n, p ) se le puede asociar una
cónica circunscrita. Ésta está, a su vez, inscrita en el triángulo cuyos vértices son
los puntos de coordenadas son (− m, n, p ) , (m,− n, p ) y (m, n,− p ) , y los puntos
de tangencia son A, B y C. Si resolvemos el siguiente sistema (formado por las
rectas polares de los puntos del infinito):
− nu + ( p − m)v + nw = 0½
¾
( p − n)u − mv + mw = 0¿
obtenemos las coordenadas de su centro:
(m(n + p − m), n(m + p − n ), p(m + n − p))
Si el punto es el de Lemoine, la cónica asociada es el círculo circunscrito:

48
a 2 vw + b 2 uw + c 2 uv = 0
y si es el baricéntro, es la llamada elipse de Steiner:
vw + uw + uv = 0
En éste caso (y solo en éste) coincide el punto asociado a la cónica con el cen-
tro de ésta. Otra cónica circunscrita interesante es la llamada hipérbola de Kie-
pert, que pasa por el ortocentro y el baricentro, y cuya ecuación es:

(c 2
− b 2 )vw + (a 2 − c 2 )uw + (b 2 − a 2 )uv = 0
Otras cónicas notables asociadas al triángulo son la elipse inscrita de Steiner
(centrada, como la otra, en el baricentro) de ecuación:

u 2 + v 2 + w 2 − 2uv − 2vw − 2wu = 0


y las tres parábolas de Artz, tangentes cada una de ellas a dos lados del triángulo
en los extremos del tercero. Sus ecuaciones son:

u 2 − 4vw = 0 v 2 − 4uw = 0 w 2 − 4vu = 0


Naturalmente, estas cónicas definen polaridades en el plano, muchas de las
cuales tienen propiedades curiosas. Por ejemplo, la recta polar de un punto respec-
to de la elipse circunscrita de Steiner es la polar baricéntrica de su complementa-
rio, la polar de un punto cualquiera en relación a su propia cónica circunscrita es
su recta armónicamente asociada, y la polar del baricéntro respecto de la hipérbo-
la de Kiepert es la polar baricéntrica de un punto del infinito.

10. Goniocentro
El inventario de curvas, rectas y puntos asociados al triángulo no ha dejado de
crecer hasta hoy. El más reciente del que tengo noticia es el goniocentro, introdu-
cido por Julio Fernández Biarge, en el número 60 de este Boletín. Define el go-
niocentro de un polígono convexo como su centro de gravedad al poner en sus
vértices masas proporcionales a los ángulos externos. Para el caso del triángulo,
deduce (entre otras) la siguiente propiedad: Si uno de los ángulos es igual a π n ,
el goniocentro está a una distancia d del lado opuesto igual a (n − 1) 2n veces la
altura h relativa a dicho lado (lo cual significa que en un triángulo rectángulo está

49
a una distancia de la hipotenusa igual a una cuarta parte de su altura). Esto es fácil
de ver en términos de coordenadas baricéntricas.
Si dividimos las tres coordenadas baricéntricas de un punto P por su suma y
las multiplicamos por la superficie S del triángulo, las nuevas coordenadas bari-
céntricas (llamadas absolutas) son iguales (y ya no solo proporcionales) a las
áreas de los triángulos BPC, APC y BPC. Por la misma definición de goniocentro,
sabemos que sus coordenadas baricéntricas son: (π − A, π − B, π − C ) , y sus
coordenadas absolutas:
§ π − A π − B π −C ·
¨S ,S ,S ¸
© 2π 2π 2π ¹
Ahora bien, si A = π n , la primera coordenada es S (n − 1) 2n . Entonces:
1 n −1 n −1 1
ah =S = área de BPC = ad
2 2n 2n 2
y por lo tanto d = h (n − 1) 2n .

El complementario del goniocentro es el punto (π + A, π + B, π + C ) , y su


anticomplementario es ( A, B, C ) . Razonando de un modo similar al de antes, se
demuestra que si A = π n , el complementario está a una distancia del lado a
igual a (n + 1) 4n veces su altura, y el anticomplementario a 1 n veces. Sería
interesante buscar más propiedades de estos puntos, de sus cónicas asociadas, así
como del recíproco y del inverso del goniocentro.

Referencias
[1] Durán Loriga, J. J. (1908), Notas de Geometría, Congreso de Zaragoza.
[2] Fernández Biarge, J. (2002), “El goniocentro”, en Boletín de la Sociedad
“Puig Adam” de profesores de Matemáticas, nº 60, págs. 38-45.
[3] Krahe, A. (1900), “Nota acerca de un punto del plano del triángulo”, en El
Progreso Matemático, serie 2ª, tono II, págs. 90-94.
[4] Rouché E., Camberousse, Ch. (1953), Traité de Géométrie, Gauthier-Villars
éditeur, París.

50
Boletín de la Soc. Puig Adam, núm 66 (Febrero 2004)

Cúbica y cuártica: Métodos de Tartaglia y Ferrari,


Teoremas de Sturm y Hua

Luis González y José María López


Departamento de Matemáticas.
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
luisglez@[Link], jlopez@[Link]

Abstract

A simple methodology to describe the first direct methods for solving the
general equations of degree 3 and 4 is presented. The Sturm’s theorem
provides us the character of the cubic equation’s roots, avoiding the usual
discussion with complex arithmetic. The Hua’s theorem provides us neces-
sary conditions for all the cubic or cuartic equation’s roots being real.
Such necessary conditions are confirmed by the more restrictive characte-
rizations provided by the Sturm’s theorem.

Introducción
La resolución por radicales de ecuaciones algebraicas constituye uno de los pro-
blemas clásicos de la Matemática, de gran interés conceptual e histórico. Es de
sobra conocido que la ecuación general de segundo grado (ecuación cuadrática)
a2 x 2 + a1 x + a0 = 0 ; a i ∈ R (0 ≤ i ≤ 2 ) ; a2 ≠ 0 (1)
es resoluble por radicales con soluciones
− a1 ± a12 − 4a2 a0 2a0
x= ≡ (2)
2a2 − a1m a12 − 4a2 a0
Asimismo, desde el S. XVI se conocen métodos directos de resolución de las
ecuaciones generales de tercer y cuarto grado (ecuaciones cúbica y cuártica)
a3 x 3 + a2 x 2 + a1 x + a0 = 0 ; a i ∈ R (0 ≤ i ≤ 3) ; a3 ≠ 0 (3)
a4 x 4 + a3 x 3 + a2 x 2 + a1 x + a0 = 0 ; a i ∈ R (0 ≤ i ≤ 4 ) ; a4 ≠ 0 (4)

51
En este trabajo se expone una metodología simple que describe las primeras
técnicas históricamente conocidas de resolución directa de las ecuaciones cúbica
(Del Ferro-Tartaglia) y cuártica (Ferrari). La metodología elegida combina su
simplicidad con su carácter deductivo (evitando la memorización de fórmulas). Se
ilustran además dos teoremas clásicos de la Teoría de ecuaciones algebraicas: Los
Teoremas de Sturm y Hua.
En la Sección 1 exponemos los resultados de la Teoría de ecuaciones algebrai-
cas que se requieren en el resto del trabajo, así como algunas de sus connotacio-
nes históricas. A continuación, en las Secciones 2 y 3 describimos la metodología
elegida para desarrollar las técnicas de resolución de Del Ferro-Tartaglia y Ferra-
ri, para las ecuaciones (3) y (4), respectivamente. Ambos métodos de resolución
por radicales (Del Ferro-Tartaglia y Ferrari) se ilustran con un ejemplo práctico.
El Teorema de Sturm (“uno de los teoremas más importantes del Álgebra” en
palabras del Profesor Julio Rey Pastor) nos proporcionará la discusión de la ecua-
ción general cúbica, en función de su discriminante. Se presenta así una alternati-
va a la tradicional discusión con aritmética compleja, vía raíces cúbicas de la uni-
dad. El Teorema de Hua nos proporciona sendas condiciones necesarias para que
todas las raíces de la ecuación general cúbica o cuártica sean reales. La aplicación
del Teorema de Sturm a la cúbica o cuártica nos proporciona sendas condiciones
necesarias y suficientes para que todas sus raíces sean reales simples. Estas condi-
ciones son más exigentes, obviamente, que las correspondientes condiciones ne-
cesarias de Hua, por lo que aquellas confirman a éstas.

1. Algunos resultados de la Teoría de ecuaciones algebraicas


Antes de abordar la resolución directa de las ecuaciones cúbica y cuártica, cabe
preguntarse las siguientes cuestiones:
(i) ¿Admiten siempre solución las ecuaciones (3) y (4) y, en caso afirma-
tivo, cuántas soluciones admiten?
(ii) ¿Cuántas de las raíces de las ecuaciones (3) y (4) son reales y cuántas
son imaginarias?
(iii) ¿Porqué razón abordamos en este trabajo tan sólo las ecuaciones (3) y
(4) y no las de grado mayor o igual que 5?
(i) La respuesta a esta pregunta nos la proporciona el siguiente teorema.

52
Teorema Fundamental del Álgebra. Todo polinomio de grado n con coeficien-
tes complejos admite n raíces complejas; reales o imaginarias, distintas o con-
fundidas.
Sobre este teorema, cuya primera demostración aparece en la Tesis Doctoral
de Gauss (1777-1855), descansa toda el Álgebra clásica y, curiosamente, no existe
ninguna demostración del mismo enteramente algebraica. Todas sus demostracio-
nes requieren recursos del Análisis de Variable Compleja. Por tanto, según este
teorema, nuestras ecuaciones (3) y (4) tendrán siempre 3 y 4 soluciones respecti-
vamente (reales o imaginarias, distintas o confundidas).
(ii) Una primera aproximación a esta cuestión nos la proporciona la siguiente
Proposición. Las raíces imaginarias de los polinomios de coeficientes reales se
aparean por conjugadas. En otras palabras, z = a + bi es raíz de P ∈ R (x ) si y
sólo si z = a − bi es raíz de P.
Corolario. Todo polinomio de coeficientes reales y grado impar tiene al menos
una raíz real y siempre un número impar de ellas. Todo polinomio de coeficientes
reales y grado par tiene siempre un número par de raíces reales.
En particular, la ecuación cúbica (3) puede admitir: 1 raíz real y dos imagina-
rias conjugadas; o bien 3 raíces reales. En cuanto a la ecuación cuártica (4), ésta
puede admitir: 2 pares de raíces imaginarias conjugadas; 2 raíces reales y dos
imaginarias conjugadas; o bien 4 raíces reales:
El Corolario 1 responde sólo parcialmente a la cuestión (ii). La respuesta defi-
nitiva nos la proporciona el siguiente teorema.
Teorema de Sturm. Sea P(x) un polinomio de coeficientes reales. Consideremos
la sucesión de polinomios de Sturm: f1 ( x ) , f 2 ( x ) , , f n ( x ) constituida por
f1 ( x ) = P(x), f 2 ( x ) = P’(x) y donde fi ( x ) ( 3 ≤ i ≤ n ) es el opuesto del i-
ésimo resto que resulta al aplicar el algoritmo del máximo común divisor de Eu-
clides a los polinomios P(x) y P’(x) (se divide P(x) entre P’(x) y a continuación se
divide cada divisor entre el opuesto del correspondiente resto). Entonces, el nú-
mero de raíces, simples o múltiples, de P(x) en cualquier intervalo (a ,b ) ⊆ R es
igual a la diferencia V ( b ) − V ( a ) , donde V ( c ) ( c = a, b ) denota el número
de variaciones de signos en la sucesión f1 (c ), f 2 (c ), , f n (c ) .
Este teorema, un resultado fundamental del Álgebra clásica, nos cuenta exac-
tamente el número de raíces reales de un polinomio de coeficientes reales en

53
cualquier intervalo (a ,b ) ⊆ R. En particular, para (a ,b ) = (− ∞ ,+∞ ) = R, el Teo-
rema de Sturm proporciona el número total de raíces reales de los polinomios de
coeficientes reales, por lo que constituye la versión real del Teorema Fundamental
del Álgebra.
Una condición necesaria, fácilmente verificable, para que todas las raíces de
un polinomio de coeficientes reales sean reales nos la proporciona el siguiente
teorema.
Teorema de Hua. Si todas las raíces de un ecuación polinómica de coeficientes
reales y grado n
an x n + ... + a0 = 0 ; a i ∈ R ( 0 ≤ i ≤ n ) ; an ≠ 0
son reales, entonces el cuadrado de cada coeficiente no extremo es estrictamente
mayor que el producto los dos coeficientes adyacentes, i.e.,
a k2 > a k −1 a k +1 (k = 1,2, , n − 1)
(iii) Fueron los algebristas italianos del [Link], los primeros que desarrollaron
métodos de resolución por radicales de la cúbica y cuártica. Las llamadas mate-
máticas del Renacimiento italiano, se centraron en el problema de resolución dire-
cta de las ecuaciones algebraicas. Es más, durante los dos siglos siguientes, el
gran reto del Álgebra fue la búsqueda de una expresión por radicales para la solu-
ción de la ecuación general de quinto grado. Estos esfuerzos estaban condenados
de antemano al fracaso según probó el matemático noruego Niels Abel (1802-
1829), quien zanjó definitivamente la cuestión con su célebre
Teorema de Abel. La ecuación general de grado n > 4 no es resoluble por
radicales.
El Teorema de Abel, es consecuencia inmediata de la Teoría de Galois (1811-
1832). En efecto, basta tener en cuenta que:
– Una ecuación algebraica es resoluble por radicales sii su grupo de Galois es
soluble.
– El grupo de Galois de la ecuación general de grado n es el grupo simétrico S n .
– El grupo simétrico S n es soluble sii n ≤ 4 .
Así, el Teorema de Abel clausura un problema centenario de las Matemáticas:
la resolución por radicales de la ecuación quíntica. Los trabajos de Abel y Galois
suponen el fin del periodo del Álgebra clásica (resolución de ecuaciones) y el
comienzo del Álgebra moderna, al constituir el germen de la Teoría de Grupos.

54
La Teoría de Galois establece también la imposibilidad de algunas construcciones
geométricas con regla y compás, como los conocidos problemas milenarios de la
trisección del ángulo, la cuadratura del círculo o la duplicación del cubo.

2. La ecuación general de tercer grado


2.1. Método de Tartaglia para la cúbica
Existen muchos métodos directos para resolver la ecuación general cúbica (3):
Del Ferro-Tartaglia, Vieta, Gregory, Lagrange, Sylvester, etc. El primero históri-
camente fue el método de los matemáticos italianos Scipione del Ferro (1465-
1526) y Niccolo Tartaglia (1499-1557) que lo descubrieron independientemente.
El método fue publicado por Geloramo Cardano (1501-1576) en el Capítulo XI
de su Ars Magna (1545), con el ejemplo histórico
y 3 + 6 y − 20 = 0
Exponemos a continuación el método de Tartaglia, de forma simple y deductiva.
Sea la ecuación general de tercer grado (3)
a3 x 3 + a2 x 2 + a1 x + a0 = 0 ; a i ∈ R (0 ≤ i ≤ 3) ; a3 ≠ 0
Al dividirla por el coeficiente líder a3 , se obtiene la ecuación equivalente mónica
x 3 + ax 2 + bx + c = 0 (5)
y mediante el cambio de variable (transformación de Tschirnhausen)
a
x= y− (6)
3
se elimina el término cuadrático, obteniéndose la cúbica reducida
y3 + p y + q = 0 (7)
Pongamos ahora una solución real y de (7) en la forma:
y =u+v (8)
con lo que al sustituir (8) en (7) resulta
3
(u + v ) + p ( u + v ) + q = 0, i.e.,
(u 3
+ v3 ) + ( 3 uv + p )( u + v ) + q = 0 (9)
Haciendo 3uv + p = 0 resulta el sistema

55
­ u 3 + v3 = −q
°
® 3 3 § − p ·3 (10)
°u v = ¨ ¸
¯ © 3 ¹
que conduce a una ecuación de segundo grado: la resolvente cuadrática de la cú-
bica (7). Extrayendo sendas raíces cúbicas, reales o imaginarias conjugadas, u, v
de u 3 , v 3 , su suma es una solución real (8) de la ecuación (7). Sus otras dos raí-
ces se obtienen con sólo resolver la ecuación de segundo grado que resulta de
eliminarla. Finalmente, basta deshacer el cambio (6) para obtener las raíces de
nuestra cúbica (3).
Si los valores de u y v obtenidos del sistema (10) se sustituyen en (8), se llega
a la fórmula explícita de Del Ferro-Tartaglia:
2 3 2 3
−q §q· § p· −q §q· § p·
y=3 + ¨ ¸ +¨ ¸ + 3 − ¨ ¸ +¨ ¸ (11)
2 ©2¹ © 3 ¹ 2 ©2¹ © 3 ¹

2.2. Discusión de las raíces de la cúbica vía Teorema de Sturm

El radicando
q 2 p3
∆= +
4 27
de (11) recibe el nombre de discriminante de la cúbica (7), pues su signo permite
decidir el carácter de las raíces de la ecuación cúbica. Nótese que la discusión del
carácter real o imaginario, simple o múltiple, de las raíces de la cúbica completa
(3) puede reducirse al análisis de las raíces de la cúbica reducida (7), pues es ob-
vio que la transformación lineal (6) conserva el carácter real o imaginario, simple
o múltiple, de las raíces.
Es habitual realizar la discusión de las raíces de la cúbica, en función del signo
del discriminante ∆ , mediante un cálculo en el que intervienen las raíces cúbicas
de la unidad. Alternativamente, sin necesidad de recurrir a la “aritmética comple-
ja”, el Teorema de Sturm nos proporciona la discusión de casos usando exclusi-
vamente “aritmética real”. En efecto, la sucesión de polinomios de Sturm de la
cúbica reducida (7), (con la observación de que en el proceso de aplicación del
algoritmo del máximo común divisor de Euclides, puede multiplicarse cada divi-
dendo, divisor o resto por cualquier número positivo) viene dada por:

56
f1 ( x ) = x 3 + p x + q ; f 2 ( x ) = 3 x 2 + p ; f3 ( x ) = −2 px − 3q ; f 4 ( x ) = −∆
con lo cual la aplicación del Teorema de Sturm en el intervalo
(a ,b ) = (− ∞ ,+∞ ) = R, teniendo en cuenta que el comportamiento asintótico en el
infinito de un polinomio queda determinado por el signo de su coeficiente líder,
puede resumirse en las siguientes tablas:
(1) ∆ < 0 . En este caso necesariamente es p < 0 , con lo cual el signo de f 3
pasa de negativo (en −∞ ) a positivo (en +∞ ):

x −∞ +∞
f1 − +
f2 + +
f3 − +
f4 + +
V ( x) 3 0
y, por tanto: V ( +∞ ) − V ( −∞ ) = 3 − 0 = 3 .Concluimos que la cúbica (7) ó (3)
tiene tres raíces reales simples (Casus Irreducibilis).
(2) ∆ > 0 . En este el signo de f 3 en −∞ y +∞ depende del signo de p, si
p ≠ 0 , y del signo de q, si p = 0 . Nótese que p y q no pueden ser aquí si-
multáneamente nulos pues en tal caso sería ∆ = 0 .

x −∞ +∞ x −∞ +∞
f1 − + f1 − +
f2 + + f2 + +
p≠0: +, si p > 0 −, si p > 0 p = 0: −, si q > 0 −, si q > 0
f3 f3
−, si p < 0 +, si p < 0 +, si q < 0 +, si q < 0
f4 − − f4 − −
V ( x) 2 1 V ( x) 2 1
y, por tanto, en los cuatro casos se tiene: V ( +∞ ) − V ( −∞ ) = 2 − 1 = 1 .
Concluimos que la cúbica (7) ó (3) tiene una raíz real y dos imaginarias conjugadas.

57
(3) ∆ = 0 . En este caso, como ∆ es el último resto, el propio proceso de obten-
ción de la sucesión de Sturm, i.e., el algoritmo del máximo común divisor de Eu-
clides (con la modificación del signo de cada resto) detecta la existencia de raíces
múltiples. La cúbica (7) ó (3) tiene tres raíces reales: una simple y otra doble; o
bien una triple.

2.3. Cúbica sin raíces imaginarias: Teoremas de Sturm y Hua


El Teorema de Sturm ha establecido la siguiente condición necesaria y suficiente
para que las tres raíces de la cúbica (7) ó (3) sean reales simples:
q2 p3
∆= + <0 (12)
4 27
Apliquemos el Teorema de Hua a la ecuación cúbica reducida (7). Los coefi-
cientes de la cúbica reducida (7) son
1, 0, p, q
con lo cual, el Teorema de Hua establece que una condición necesaria para que
todas las raíces de la cúbica (7) ó (3) sean reales es que:
p<0 (13)
Constatamos que, como era de esperar, la condición necesaria y suficiente (12)
de Sturm implica la condición necesaria (13) de Hua, i.e.,
q 2 p3
∆= + <0 Ÿ p<0
4 27

2.4. Ejemplo
3x 3 + 18 x 2 + 18 x + 15 = 0
x3 + 6x 2 + 6x + 5 = 0
a
x= y− = y − 2 Ÿ y3 − 6 y + 9 = 0 ( p = −6 , q = 9 )
3
­u 3 + v 3 = −9
( 3 3
)
y = u + v Ÿ u + v + (3uv − 6 ) (u + v ) + 9 = 0 Ÿ ® 3 3 Ÿ
¯ u v = 8
(u )
3 2
+ 9u 3 + 8 = 0 (Resolvente) Ÿ u 3 = −1 Ÿ v 3 = −8 Ÿ
y1 = u + v = (− 1) + (− 2 ) = −3

58
y3 − 6 y + 9 3 3 3 3
= y 2 − 3 y + 3 = 0 Ÿ y2 = + i ; y3 = + i
y+3 2 2 2 2
xi = yi − 2
−1 3 −1 3
x1 = −5 ; x2 = + i ; x3 = − i
2 2 2 2
Obsérvese que nuestro ejemplo se corresponde con el caso (2) de la discusión
efectuada en la subsección 2.2 (una raíz real y dos imaginarias conjugadas), pues-
to que el discriminante de la cúbica reducida es:
q 2 p 3 92 63 49
∆= + = − = >0
4 27 4 27 4

3. La ecuación general de cuarto grado


3.1. Método de Ferrari para la cuártica
Existen muchos métodos directos para resolver la ecuación general cuártica (4):
Ferrari, Greatheu, Gregory, Euler, etc. El primero históricamente fue el método
del matemático italiano Ludovico Ferrari (1522-1565) publicado por Geloramo
Cardano en el Capítulo XXXIX de su Ars Magna, con el ejemplo histórico
y 4 + 6 y 2 − 60 y + 36 = 0
Exponemos a continuación el método de Ferrari, de forma simple y deductiva.
Sea la ecuación general de cuarto grado (4)
a4 x + a3 x 3 + a2 x 2 + a1 x + a0 = 0 ; a i ∈ R ( 0 ≤ i ≤ 4 ) ; a4 ≠ 0
4

Al dividirla por el coeficiente líder a4 , se obtiene la ecuación equivalente mónica


x 4 + ax 3 + bx 2 + cx + d = 0
(14)
y mediante el cambio de variable (transformación de Tschirnhausen)
a
x= y− (15)
4
se elimina el término cúbico, obteniéndose la cuártica reducida
y 4 + py 2 + qy + r = 0 (16)
de donde
y 4 = − py 2 − qy − r
y completamos cuadrados sumando 2 zy 2 + z 2 a ambos miembros

59
y 4 + 2 zy 2 + z 2 = ( 2 z − p ) y 2 − qy + ( z 2 − r ) , i.e.,
2
(y 2
+ z ) = ( 2 z − p ) y 2 − qy + ( z 2 − r ) (17)
Puesto que el primer miembro es cuadrado perfecto, el segundo también debe
serlo, luego igualando a cero su discriminante resulta
∆ = q2 − 4 ( 2z − p ) ( z2 − r ) = 0 (18)
ésto es
8z3 − 4 p z 2 − 8 r z + 4 p r − q2 = 0 (19)
La ecuación (19) se denomina resolvente cúbica de la cuártica (16). Por el método de
Tartaglia, obtenemos una raíz real z1 de la cúbica (19), y al sustituirla en (17) se tiene
2
(y 2
+ z1 ) = ( 2 z1 − p ) y 2 − qy + ( z12 − r ) (20)
Por la condición de que z1 anula al discriminante (18), el segundo miembro de
(20) debe ser cuadrado perfecto, luego podemos escribir
(y 2
)2 2
+ z1 = (αy + β )
lo que nos lleva al par de ecuaciones cuadráticas
y 2 − αy + z1 − β = 0
y 2 + αy + z1 + β = 0
cuyas raíces y1 , y2 , y3 , y4 constituyen las soluciones de la ecuación (16). Finalmente,
basta deshacer el cambio (15) para obtener las raíces de nuestra cuártica (4).

3.2. Cuártica sin raíces imaginarias: Teoremas de Sturm y Hua


Al igual que se comentó en la Sección 2 respecto a la cúbica, la discusión de las
raíces de la cuártica completa (4) puede reducirse al análisis de las raíces de la
cuártica reducida (16), pues es obvio que la transformación lineal (15) conserva el
carácter, real o imaginario, simple o múltiple, de las raíces.
La sucesión de polinomios de Sturm de la cuártica reducida (16) (con la obser-
vación de que en el proceso de aplicación del algoritmo del máximo común divi-
sor de Euclides, puede multiplicarse cada dividendo, divisor o resto por cualquier
número positivo) viene dada por:
f1 ( x ) = x 4 + p x 2 + q x + r ; f 2 ( x ) = 4 x 3 + 2 px + q

60
f3 ( x ) = −2 p x 2 − 3q x − 4 r ; f 4 ( x ) = ( −2 p 3 + 8 p r − 9q 2 ) x − ( p 2 q + 12q r )
f5 ( x ) = 16 p 4 r − 4 p 3 q 2 − 128 p 2 r 2 + 144 p q 2 r − 27 q 4 + 256 r 3
Para que todas las raíces de la cuártica (16) ó (4) sean reales simples, debe ve-
rificarse que
V ( +∞ ) − V ( −∞ ) = 4, i.e., V ( +∞ ) = 4 y V ( −∞ ) = 0
lo cual nos conduce a la siguiente tabla de signos de los polinomios de Sturm:
x −∞ +∞
f1 + +
f2 − +
f3 + +
f4 − +
f5 + +
V ( x) 4 0
Por lo tanto, teniendo en cuenta que el comportamiento asintótico en el infinito de
un polinomio queda determinado por el signo de su coeficiente líder, el Teorema
de Sturm ha establecido la siguiente condición necesaria y suficiente para que
todas las raíces de la cuártica (16) ó (4) sean reales simples:
­ p < 0,
°
® 2 p 3 − 8 pr + 9q 2 < 0 , (21)
°16 p 4 r − 4 p 3q 2 − 128 p 2 r 2 + 144 pq 2 r − 27 q 4 + 256r 3 > 0
¯
Apliquemos el Teorema de Hua a la ecuación cuártica reducida (16). Los co-
eficientes de la cuártica reducida (16) son
1, 0, p, q, r
con lo cual el Teorema de Hua establece que una condición necesaria para que
todas las raíces de la cuártica (16) ó (4) sean reales es que:
­ p < 0,
® 2 (22)
¯q > pr
Constatamos que, como era de esperar, la condición necesaria y suficiente (21) de
Sturm implica la condición necesaria (22) de Hua, i.e.,

61
­ p < 0,
° 3 2 ­ p < 0,
® 2 p − 8 pr + 9 q < 0 , Ÿ ® 2
°16 p 4 r − 4 p 3q 2 − 128 p 2 r 2 + 144 pq 2 r − 27 q 4 + 256r 3 > 0 ¯q > pr
¯

3.3. Ejemplo
x 4 − 8 x 3 − 21x 2 + 8 x + 20 = 0
a
x= y− y + 2 Ÿ y 4 − 45 y 2 − 140 y − 96 = 0 ( p = −45, q = −140, r = −96)
4
y 4 = 45 y 2 + 140 y + 96
y 4 + 2 zy 2 + z 2 = (2 z + 45) y 2 + 140 y + z 2 + 96 ( )
(y 2
) 2
+ z = (2 z + 45) y 2 + 140 y + z 2 + 96 ( )
∆ = 140 2 − 4(2 z + 45) z 2 + 96 = 0 Ÿ ( ) 4900 − (2 z + 45)(z 2
)
+ 96 = 0 Ÿ
2 z 3 + 45 z 2 + 192 z − 580 = 0 (Resolvente) Ÿ z 1 = 2 (Tartaglia) Ÿ
(y 2
)
2
( )
+ 2 = (2 ⋅ 2 + 45) y 2 + 140 y + 2 2 + 96 = 49 y 2 + 140 y + 100
­ y2 − 7 y − 8 = 0 ­ y = 8 ; y2 = −1
(y 2
+ 2 ) = (7 y + 10 )
2 2
Ÿ ® 2 Ÿ ® 1
¯ y + 7 y + 12 = 0 ¯ y3 = −3 ; y 4 = −4
xi = yi + 2
x1 = 10 ; x2 = 1 ; x3 = −1 ; x4 = −2
Obsérvese que nuestra cuártica reducida verifica las condiciones (21) y (22).

Referencias
[1] Artin, E., Teoría de Galois, Ed. Vicens-Vives, Barcelona (1970).
[2] Demidovich, B.P. y Maron, I.A., Cálculo Numérico Fundamental, Ed. Para-
ninfo, S.A., Madrid (1988).
[3] Martín Casalderrey, F., Cardano y Tartaglia: Las Matemáticas en el Renaci-
miento Italiano, Ed. Nivola, Madrid (2000).
[4] Rey Pastor, J., Lecciones de Álgebra, Ed. Nuevas Gráficas, S.A., Madrid (1960).

62
Boletín de la Soc. Puig Adam, núm 66 (Febrero 2004)

Sobre el método Monte-Carlo geométric


en el Cálculo Integral

J.C. Cortés López


Departamento de Matemática Aplicada
Universidad Politécnica de Valencia

G. Calbo Sanjuan
Departamento de Matemáticas
I.E.S. Els Évols. L’Alcúdia (Valencia)

Abstract

In this article we show a statistics method in order to evaluate definide in-


tegrals. This method is called Monte-Carlo procedure. It is based upon
geometrical interpretation of probability and it provides an alternative way
to calculate definide integrals when a primitive is unknown.

Introducción
Como es bien sabido el cálculo de primitivas es excepcional. Como consecuencia,
no es posible calcular la integral
4 2

³1
e − x dx (1)

de forma exacta mediante la regla de Barrow. En estos casos, se recurre a


métodos numéricos determinísticos para calcular de forma tan aproximada
como se desee (pero aumentando para ello el número de iteraciones del
algoritmo de aproximación) el valor de la integral. Sin embargo, cada vez
con más asiduidad, están incorporándose métodos estocásticos para realizar
aproximaciones de expresiones determinísticas, como es el caso del cálculo
de integrales, resolución de sistemas de ecuaciones lineales, cálculo de so-

63
luciones de ecuaciones integro-diferenciales,… (véase (1) y (2)). De entre
estos métodos estadísticos, un amplio espectro, concretamente los basados
en la simulación de variables aleatorias ([Link].) se recogen bajo una deno-
minación común: Métodos Monte-Carlo.
En estas páginas estudiaremos un método Monte-Carlo para calcular integrales
definidas basado en la interpretación geométrica de la probabilidad y lo ilustrare-
mos a través de dos ejemplos: el primero, desarrollado mediante una tabla de si-
mulación que puede hacerse con una calculadora de bolsillo y el segundo median-
te el asistente de cálculo simbólico DERIVE®.

1. El método Monte-Carlo geométrico


El objetivo de este método será el cálculo de la integral
b
I= ³ a
f ( x)dx (2)

donde supondremos sin pérdida de generalidad que f (x) es continua y no negati-


va en [a, b] . Si fuera discontinua, basta considerar la función en los subintervalos
donde es continua, y aplicar la técnica que se desarrollará a continuación en cada
subintervalo.
Por la hipótesis de partida, podemos suponer que f (x) está acotada en [a, b] .
Llamaremos M a una cota superior, i.e., 0 ≤ f ( x) ≤ M . Observemos que por la
interpretación geométrica de la integral definida, el cálculo de (2) equivale a la
determinación del área de la región
A = {( x, y ) : a ≤ x ≤ b , 0 ≤ y ≤ f ( x)} (3)
Consideremos ahora el conjunto rectangular
B = {( x, y ) : a ≤ x ≤ b , 0 ≤ y ≤ M } (4)
Podemos visualizar en la figura 1 los elementos introducidos.
Realicemos una lluvia aleatoria de puntos ( x, y ) sobre el rectángulo B , en-
tonces utilizando la interpretación geométrica de la probabilidad podemos afirmar
b

p A = p(( x, y ) ∈ A) =
Area( A)
=
a ³
f ( x)dx
Area( B) M ⋅ (b − a)

64
de donde
b
I= ³ a
f ( x)dx = p A ⋅ M ⋅ (b − a) (5)

con lo que tenemos una representación estocástica del valor de la integral deter-
minística (2). Como el valor de la probabilidad p A es desconocido, en lo que
sigue vamos a buscar un estimador razonable, lo que nos permitirá aproximar el
valor de I .

B f (x)

x
a b

Figura 1. Un método Monte-Carlo geométrico.

El proceso de lluvia aleatoria sugiere una modelización de la simulación a tra-


vés de una v.a. binomial. Formalicemos brevemente la metodología. Generada
una simulación ( xi , y i ) de una lluvia de N puntos ( 1 ≤ i ≤ N ) independientes,
entonces sea
­1 si ( xi , y i ) ∈ A
Ai = ® 1≤ i ≤ N ; p A = p (( xi , y i ) ∈ A)
¯0 si ( x i , y i ) ∉ A
N
de esta forma los sucesos {Ai }i =1 forman N pruebas de Bernouilli de parámetro
p A , por lo que la v.a. que proporciona la frecuencia absoluta del proceso (número
de puntos, de entre los N , que caen en A ) es binomial
N
FA = FA ( N ) = ¦ Ai ∝ Bi( N ; p A ) (6)
i =1

65
y en consecuencia, su media y varianza son bien conocidas
E [FA ] = N ⋅ p A ; Var [FA ] = N ⋅ p A ⋅ (1 − p A ) (7)
y la estimación buscada para p A puede tomarse a través de la v.a.
FA
f A = f A (N ) =
N
que nos da la frecuencia relativa de los N puntos de la lluvia que caen dentro de
la región A . Observemos que por (7)
1 ½
E[ f A ] = ⋅ E [FA ] = pA °°
N (8)
1 p A ⋅ (1 − p A ) ¾
Var [ f A ] = ⋅ Var [FA ] = °
N2 N °¿
con lo cual la integral I de (5) puede evaluarse de forma aproximada por
~
I ( N ) = f A ⋅ M ⋅ (b − a ) (9)
ya que, por la ley de Bernouilli, f A  → p A , siendo esta convergencia en
N →∞
probabilidad.
Obsérvese que de (8) se deduce que este estimador satisface dos propiedades de-
seables. La primera es que es centrado
~
[]
E I = E [ f A ] ⋅ M ⋅ (b − a) = p A ⋅ M ⋅ (b − a) = I
y la segunda es que su varianza tiende a cero cuando el número de simulaciones crece
~ p A ⋅ (1 − p A ) ⋅ M 2 ⋅ (b − a) 2
[]
Var I = Var [ f A ] ⋅ M ⋅ (b − a ) =
2 2

N
N→ 0
→∞

Dos son los aspectos que quedan por abordar, el primero es la forma en que se rea-
lizan las simulaciones y el segundo una estimación del error del proceso. La primera
N
tarea puede llevarse a cabo en la práctica generando los puntos {z i = (xi , y i )}i =1 de la
lluvia utilizando números aleatorios que sigan la ley uniforme:
xi = a + (b − a )ri ½
¾ ri , s i ∝ Un([0,1]) , 1 ≤ i ≤ N (10)
yi = Msi ¿
Para controlar el error, utilizaremos la conocida desigualdad de Bienaymé-
Tchebycheff sobre la v.a. f A (para la cual conocemos por (8) su media y varianza)

66
p A ⋅ (1 − p A )
P( f A − p A ≥ ξ ) ≤ ∀ξ > 0 (11)
N ⋅ξ 2
Ahora bien como la función cuadrática f ( x) = x ⋅ (1 − x) con x ∈ [0,1] tiene su
1
máximo en x = , podemos acotar superiormente el valor desconocido del nume-
2
1 § 1· 1
rador de (11): p A ⋅ (1 − p A ) ≤ ⋅ ¨1 − ¸ = , luego sustituyendo en (11) tenemos
2 © 2¹ 4
1
P( f A − p A ≥ ξ ) ≤ ∀ξ > 0 (12)
4 ⋅ N ⋅ξ 2
Llevamos esta conclusión a la cota (en probabilidad) del error absoluto de la
aproximación de las integrales. Dado ε > 0 , aplicando (5), (9) y la desigualdad
ε
(12) para ξ = > 0 , obtenemos
M ⋅ (b − a )
~
( )
P I − I ≥ ε = P( f A − p A M (b − a) ≥ ε ) =

§ ε · M 2 (b − a) 2
= P¨¨ f A − p A ≥ ¸¸ ≤
© M (b − a ) ¹ 4 Nε 2
es decir,
~ M 2 (b − a ) 2
(
P I −I ≥ε ≤ )
4 Nε 2
∀ε > 0 (13)

Desde el punto de vista práctico si se desea que la aproximación (en probabilidad)


~
de I a I sea inferior a un error admisible ρ > 0 , entonces exigiendo
M 2 (b − a ) 2
≤ρ (14)
4 Nε 2
en (13), podemos saber a priori, el número de simulaciones que se requerirán para
garantizar que se alcanza tal objetivo despejando de (14)
ª M 2 (b − a ) 2 º
N≥« 2 » +1 (15)
¬ 4 ρε ¼
siendo []
⋅ la función parte entera.

67
Destaquemos que (15) nos indica que el número de simulaciones será mayor
cuanto mayor sea la longitud del intervalo de integración ( b − a ) y mayor sea la
cota superior que tomemos, por ello, desde el punto de vista computacional inter-
esa tomar M como el supremo del integrando en el intervalo de integración. Por
otra parte, cuanto más exigentes seamos con los errores ε y ρ , es decir, cuanto
menores sean sus valores, mayor será el valor de N .
Veamos otra forma de calcular el número de simulaciones necesarias, utilizan-
do la aproximación de una v.a. binomial a una v.a. normal mediante el Teorema
Central del Límite. Sabemos que
Bi ( N ; p A ) siN ⋅ (
→ No N ⋅ p A ; N ⋅ p A ⋅ (1 − p A )
p A ≥18
)
luego aplicando esta aproximación a la v.a. FA y tipificando tenemos

~ §F · § Nε ·
( )
P I − I ≥ ε = P¨¨ A − p A M (b − a) ≥ ε ¸¸ = P¨¨ FA − Np A ≥
N M (b − a )
¸¸ =
© ¹ © ¹
§ FA − Np A Nε · § Nε ·
= P¨ ≥ ¸ = P¨ Z ≥ ¸
¨ Np (1 − p ) ¸
p A (1 − p A ) M (b − a) ¹ ¨ p A (1 − p A ) M (b − a ) ¸¹
© A A ©
z2
x −
siendo Z ∝ No(0;1) . Si denotamos por φ ( x) = ³ 0
e 2
dz la función error, en-
tonces la función error, entonces para un error absoluto admisible ρ , se tiene
§ Nε · § Nε ·
(~ )
ρ ≥ P I − I ≥ ε = P¨ Z ≥
¨
¸ = 1 − 2φ ¨
¸
p A (1 − p A ) M (b − a) ¹ ¨
¸
¸
© © p A (1 − p A ) M (b − a ) ¹
de donde
§ Nε · 1− ρ
φ¨ ¸≥ (16)
¨ p (1 − p ) M (b − a) ¸ 2
© A A ¹
ahora bien desde la tabla de Z ∝ No(0;1) no podemos deducir el valor de N
porque p A es desconocido. Sin embargo, utilizando la cota anterior:
1
p A ⋅ (1 − p A ) ≤ , como
4
2 Nε Nε

M (b − a) p A (1 − p A ) M (b − a )

68
y como la función φ es creciente, basta calcular N cumpliendo

§ 2 Nε · 1− ρ
φ ¨¨ ¸≥
¸
© M (b − a ) ¹ 2

para asegurar (16). En este caso es suficiente con tomar


ª§ −1 § 1 − ρ · · 2 M 2 (b − a) 2 º
N ≥ «¨¨ φ ¨ ¸ ¸¸ ⋅ » +1 (17)
«¬© © 2 ¹ ¹ 4ε 2 »¼
Dependiendo del valor de ρ , el número de simulaciones que da (17) puede ser
menor que el obtenido mediante (15). Comparando ambas expresiones esto suce-
derá cuando
2
§ −1 § 1 − ρ · · 1 −1 § 1 − ρ · 1 (18)
¨¨ φ ¨ ¸ ¸¸ ≤ ⇔ φ ¨ ¸≤
© © 2 ¹¹ ρ © 2 ¹ ρ
y siempre y cuando se satisfaga la condición: N ⋅ p A ≥ 18 que hemos necesitado
para hacer la aproximación de una distribución binomial por una normal. Suponga-
mos que ésto se cumple, entonces, por ejemplo para ρ = 0.05 , (18) se satisface:
1
1.96 ≅ φ −1 (0.475) ≤ ≅ 4.47
0.05

2. Aplicación del método Monte-Carlo geométrico

A continuación, aplicaremos el método de Monte-Carlo para calcular una


integral cuyo valor exacto sí es conocido, para así poder valorar la bondad
del método.
~
Ejemplo 1. Calculemos una aproximación I 1 de
2
³ (4 − x )dx
2
I1 =
0

En primer lugar, observemos que f ( x) = 4 − x 2 es no negativa y continua en


[0,2] y podemos tomar M = 4 (véase figura 2).

69
y
f ( x) = 4 − x 2
M =4
B

x
0 2

Figura 2. Aplicación del método Monte-Carlo geométrico en el ejemplo 1.

Para generar las simulaciones, a partir de (10), construimos la tabla 1 generando


ri , si ∝ Un([0,1]) con la función Rnd o Random de la calculadora

Simulación ri x i = 2 ⋅ ri 4 − xi2 si yi = 4 ⋅ si y i < 4 − xi2


1 0.958 1.916 0.328 0.134 0.536 0
2 0.495 0.990 3.019 0.510 2.040 1
3 0.491 0.982 3.035 0.720 2.880 1
4 0.847 1.694 1.130 0.690 2.760 0
5 0.812 1.624 1.362 0.120 0.480 1
6 0.269 0.538 3.710 0.852 3.408 1
7 0.112 0.224 3.949 0.901 3.604 1
8 0.193 0.368 3.860 0.685 2.740 1
9 0.664 1.328 2.236 0.606 2.424 0
10 0.071 0.142 3.979 0.704 2.816 1

Valor de f A para N = 10 : 7/10

Tabla 1. Simulación del ejemplo 1.

A partir de los datos obtenidos en la tabla 1 y según (9), tenemos la siguiente


~ 7
aproximación de la integral I 1 = ⋅ 4 ⋅ ( 2 − 0) = 5.6 , mientras que por la regla de
10
16
Barrow el valor exacto es ≅ 5.333 .
3

70
Más rigurosamente, si deseamos calcular el valor de la integral con un error in-
ferior a 0.01 con una probabilidad superior a 0.90, entonces identificando los da-
tos con la notación introducida en el apartado anterior tenemos:
a = 0 ; b = 2 ; M = 4 ; ε = 0.01 ; ρ = 1 − 0.90 = 0.10
y aplicando (15) podemos determinar a priori el número de simulaciones que ne-
cesitaremos para realizar la aproximación con la precisión exigida:
ª 4 2 ⋅ (2 − 0) 2 º
N≥« 2 »
+ 1 = 1600001
¬ 4 ⋅ 0.10 ⋅ (0.01) ¼
Sin embargo, mediante (17) obtenemos
ª§ −1 § 1 − 0.10 · · 2 4 2 (2 − 0) 2 º
N ≥ «¨¨ φ ¨ ¸ ¸¸ 2
» + 1 = 435601
«¬© © 2 ¹ ¹ 4 ⋅ (0.01) »¼

ya que, al cumplirse (18), 1.65 ≅ φ −1 (0.450) ≤ 1


≅ 3.16 , podemos mejorar el
0.10
valor de N . Ahora falta comprobar que N ⋅ p A ≥ 18 , lo cual es cierto, ya que,
desde la figura 2, geométricamente se ve que 2 ⋅ Area( A) ≥ Area( B ) , luego
podemos asegurar que p A ≥ 0.5 , y entonces se satisface
N ⋅ p A ≥ 435601 ⋅ 0.5 ≥ 18 .
Como vemos, en cualquier caso el precio que se debe pagar por hacer una
aproximación razonablemente buena es muy caro, ya que, es necesario realizar
una gran cantidad de aproximaciones.
Para acabar veamos un ejemplo donde el método estocástico que hemos
estudiado alcanza todo su significado de aplicación porque el integrando
no tiene primitiva.

~ 4 2
Ejemplo 2. Calculemos una aproximación I 2 de la integral I 2 = ³1
e − x dx . En
2
primer lugar, observemos que f ( x) = e − x es no negativa y continua en [1,4] y
podemos tomar M = f (1) = e −1 por ser la función estrictamente decreciente en
dicho intervalo (véase figura 3).

71
y

M = e −1

B
2

A
f ( x) = e − x
x
1 4

Figura 3. Aplicación del método Monte-Carlo geométrico en el ejemplo 2.

Para calcular la estimación dada por (9) utilizaremos DERIVE®. Primero leemos
el fichero de funciones de utilidades diversas [Link] (esto lo hacemos con:
Archivo+Leer+Utilidad+MISC+Abrir) y escribimos el siguiente programa para
nuestro ejemplo (por motivos didácticos en la exposición, no condensamos más el
programa)

#1: X(n) := ê^(- ((1 + 3·ABS(RANDOM_VECTOR(1, 1)))·n/n)^2)


#2: Y(n) := 1/ê·(ABS(RANDOM_VECTOR(1, 1))·n/n)
#3: 3/(1000·ê)·SUM(IF(Y(n) < X(n), 1, 0), n, 1, 1000)
#4: Z(m) := (3/(1000·ê)·SUM(IF(Y(n) < X(n), 1, 0), n, 1, 1000)))m/m
#5: SUM(Z(m)/10, m, 1, 10)

~
con lo que obtenemos la siguiente estimación: I 2 (1000) = 0.137071 , mientras
que si utilizamos el comando directo de DERIVE® para calcular integrales defini-
das, el resultado que se obtiene es 0.139402 (DERIVE® realiza este cálculo me-
diante el método de los trapecios de integración numérica).
Para acabar comentemos brevemente algunos aspectos del programa anterior.
Cargando el fichero [Link] podemos utilizar el comando RAN-
DOM_VECTOR(n,s) que se simplifica a un vector de n componentes que son
números aleatorios enteros comprendidos en ]–s,s[. Poniendo s = 1 se consigue
generar números aleatorios (no enteros, excepto quizás el 0) entre ]–1,1[. Con la
orden ABS(RANDOM_VECTOR(1, 1)) encogemos esta generación al intervalo

72
unidad: ]0,1[, y finalmente escribiendo la sentencia siguiente: 1 +
3·ABS(RANDOM_VECTOR(1, 1)), los números aleatorios se generan en el in-
tervalo de integración ]1,4[. Con todo ello en la primera línea (#1:) vamos gene-
rando las imágenes a través de la función a integrar de los valores aleatorios ex-
traídos de ]1,4[.. En la segunda línea, se generan los valores aleatorios en ]0,e-1[.
Con IF(Y(n) < X(n), 1, 0) asignamos el valor 1 a las simulaciones que pertenecen
a la región A de la figura 3 y el valor 0 a los que no pertenecen a dicha región, por
lo que SUM(IF(Y(n) < X(n), 1, 0), n, 1, 1000) nos da la frecuencia absoluta de la
v.a. que en el desarrollo teórico denotábamos FA para 1000 iteraciones
~
( N = 1000 ). Por todo ello, la tercera línea nos da una aproximación I 2 (1000)
como la (9). Las dos últimas líneas sirven para que el resultado final se obtenga
como la media aritmética de 10 simulaciones generadas de esta forma.
Del mismo modo que se hizo en el ejemplo 1, puede realizarse un estudio a
priori del número de iteraciones N que se requieren hacer para realizar la
aproximación con un error absoluto prefijado.

Bibliografía

[1] Ríos Insua, D., Ríos Insua, S. y Martín J. (1997), Simulación. Modelos y Ap-
licaciones, Ed. Ra-Ma. Colec. Textos Universitarios. Madrid.
[2] Roos S.M. (1999), Simulación, 2ª edición. Ed. Pearson. Prentice Hall. Madrid.
[3] Sóbol I.M. (1976), Método de Montecarlo. Colección Lecciones Populares
de Matemáticas. Ed. Mir. Moscú.

73
Boletín de la Soc. Puig Adam, núm 66 (Febrero 2004)

La formulación matemática de la Mecánica


en el siglo XVII: Galileo, Newton, Leibniz
Francisco A. González Redondo
Dpto. Álgebra. Facultad de Educación
Universidad Complutense de Madrid
faglezr@[Link]

Abstract

In this paper three specially relevant contributions to the History of Me-


chanics are analized. Namelly, Galileo’s Discorsi (1638), Newton’s Prin-
cipia (1687), and Leibniz’s Dynamics (1692-98). It will be shown that they
can be considered as three consecutive and complementary steps, along the
XVIIth century, towardsthe formulation of a real mathematical physics.

Introducción

Constituye un tópico hoy considerar que el siglo XVII vio nacer una nueva Física,
o la Física, o la Ciencia moderna; una Física de las cantidades opuesta a la Física
aristotélica de las cualidades. En todas las aproximaciones al estudio de este tema
suele citarse la conocida afirmación de Galileo acerca de que el Universo está
escrito en lenguaje matemático, y al hombre le queda descifrarlo [1] [2]. Cabe
preguntarse, por tanto, acerca de las características de ese “lenguaje matemático”.
Ese es el objeto de este artículo: estudiar el proceso seguido en la cuantificación
de la Mecánica a lo largo del siglo XVII. El referente -y, a la vez, punto de parti-
da- lo constituye el conjunto de consideraciones, explícitas o implícitas, en la
aproximación a la Historia del Álgebra hasta las primeras décadas del siglo XVII
que presentamos en dos números anteriores de este Boletín [3, 4].
Comenzaremos analizando los métodos matemáticos de los Discorsi de Gali-
leo de 1638 [5], deteniéndonos en cuáles de esos métodos adoptó de los autores
clásicos y medievales y cuáles introdujo él como contribuciones originales. A
continuación se realiza un estudio análogo de los Principia de Newton de 1687
[6]. A modo de complemento terminaremos detallando las características de los

74
enunciados matemáticos que se presentan en diferentes trabajos de Leibniz, en el
ámbito de la Dinámica, escritos entre 1692 y 1698 [7].

1. Galileo: Diálogos y Demostraciones matemáticas en torno a dos nue-


vas ciencias (1638). La herencia de la Antigüedad

Para comenzar este parágrafo, puede reproducirse la célebre frase que escribió
Galileo en 1623 [8], puesto que va a servir como clave de todo el artículo. Co-
mienza ésta con la parte que suele transcribirse (y no textualmente).
La filosofía está escrita en este libro inmenso que se encuentra continuamente
abierto ante nuestros ojos (quiero decir el Universo), pero que no puede en-
tenderse si no se aplica uno primero a entender su lengua, a reconocer los
caracteres en que está escrito. Está escrito en lengua matemática […]
Parece admitido hoy por todos que con Galileo comenzará un cambio radical
en el estudio del Universo. Sin embargo, cabe preguntarse si aceptado el postula-
do anterior, Galileo entiende la Naturaleza como conjunto de fenómenos cuantita-
tivos, y, si es así: a) qué ‘realidades’ matematizables deben buscarse en ella; y b)
cuáles son las herramientas matemáticas con las que hay que enfrentarse a esa
Realidad que supone cuantificable. Completar la cita anterior reproducida sólo
parcialmente (y pocas veces se termina) aportará matices capitales para el tema
que aquí se estudia. Continúa escribiendo Galileo:
[…] y sus caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin
cuyo medio es humanamente imposible entender una palabra.
Efectivamente, como se mostrará seguidamente, el lenguaje de la Física de
Galileo no va a ser el del Álgebra. Obviamente, no podía ser el del Álgebra de
Descartes [9]; pero tampoco va a ser el de Vieta [10], ni siquiera el de los alge-
bristas de su Península Itálica [11]. La Matemática de Galileo fue la de los griegos
clásicos, la de Euclides, Arquímedes y Apolonio, adaptada al nuevo objeto de
estudio al modo de los mertonianos y los parisinos del siglo XIV; fue lo que algu-
nos han denominado [12] “física geométrica” o, aunque fue escrito en referencia a
Nicolas de Oresme y aquí se extrapola [13], “geometría de las cualidades”. Gali-
leo, en todo caso, pensaba que estaba aportando novedad al tratamiento de las
cualidades cuando afirmaba [5] que, como era su costumbre, había “demostrado
todo mediante métodos geométricos”, de modo que esta ciencia por él cultivada
“merecía el nombre de una nueva ciencia”.

75
A lo largo de la Tercera Jornada de los Discorsi enuncia sus leyes del movimien-
to. En ellas se comprobará la matematización de las relaciones magnitudinales en la
nueva Ciencia de Galileo. Para el caso del movimiento uniforme enuncia la propor-
cionalidad entre el espacio [spatia] y el tiempo [tempore] en la siguiente ley:
Teorema I, Proposición I. Si un móvil dotado de movimiento uniforme reco-
rre dos espacios a la misma velocidad [velocitate], los tiempos invertidos es-
tarán en la misma razón que los espacios recorridos.
Al enunciado sigue una demostración geométrica (Figura 1), basada en el Li-
bro V de los Elementos de Euclides [14], en la que se representan los intervalos de
tiempo (segmentos DE y EF) y las distancias recorridas en esos intervalos (seg-
mentos AB y BC) como divisiones en dos ‘líneas’ situadas paralelamente. El
tiempo requerido para recorrer AB lo representa por DE, mientras que el requerido
para recorrer BC lo representa por EF.

Figura 1.

Y afirma: Mi proposición es que la distancia AB es a la distancia BC como el


tiempo DE es al tiempo EF”. Es decir, ni tan siquiera simboliza

AB : BC :: DE : EF, (1)

mucho menos

AB DE
= . (2)
BC EF

Realmente, este teorema se encontraba ya en Arquímedes, en su Sobre las es-


pirales, donde escribe [15]:

76
Proposición 1. Si un punto recorre una línea con velocidad uniforme y se to-
man en ella dos líneas, la razón de éstas es igual a la de los tiempos emplea-
dos por el punto en recorrerlas.
Las demostraciones de Arquímedes y de Galileo siguen pasos semejantes,
haciendo uso ambas de las Definiciones 5 y 6 del Libro V de los Elementos. Es
cierto que cambian las letras utilizadas para denotar los segmentos, pero la repre-
sentación gráfica también es similar.
A continuación Galileo enuncia las leyes que establecen: a) la proporcionali-
dad entre el espacio recorrido y la velocidad; y b) la proporcionalidad inversa de
la velocidad y el tiempo transcurrido. Así, para la primera escribe:
Teorema II, Proposición II. Si un móvil recorre dos espacios en el mismo in-
tervalo de tiempo, tales espacios estarán en la misma razón que las velocida-
des. Y si los espacios están en la misma razón que las velocidades, entonces
los tiempos serán iguales.
Un ejemplo de lo que desde hoy puede interpretarse como las ‘operaciones’
entre cantidades de magnitudes distintas, aunque, de hecho, realmente no sea más
que una proporcionalidad compuesta, se observa en el siguiente enunciado.
Teorema IV, Proposición IV. Si dos cuerpos se mueven con velocidad uni-
forme, pero a diferente velocidad, las distancias recorridas por ellos en tiem-
pos desiguales están entre sí como la razón compuesta de las velocidades y
los intervalos de tiempo.

Figura 2.

En este caso considera que la proporción de G a L “se compone de las propor-


ciones de G a I y de I a L”, es decir, “de las proporciones de la velocidad de A con

77
respecto a la velocidad de B y del intervalo de tiempo C con relación al intervalo
de tiempo D”.
De nuevo, la demostración es totalmente retórica, utilizando simplemente
letras mayúsculas para denotar los extremos de los diferentes segmentos que
representan las distintas cantidades. En suma, Galileo demuestra el dominio que
tenía del cálculo de proporciones y del método riguroso del modelo clásico de
Euclides [16, 17], aunque nunca se encontrará en los Discorsi nada ni tan si-
quiera parecido a
s1 v1 t1
s1 : s 2 :: (v1 : v 2 ) (t1 : t 2 ) ó = ⋅ . (3)
s2 v2 t 2

2. Galileo: nuevos métodos matemáticos para la Ciencia del movimiento

Para el movimiento ‘naturalmente’ acelerado (aquel al que durante intervalos de


tiempo iguales, se le proporcionan incrementos iguales de velocidad) considera,
partiendo del reposo, un “número cualquiera de fracciones de tiempo iguales” en
las que “los grados de las velocidades [velocitatis gradus] aumentan en la misma
proporción que el número de fracciones”.
Además, se trata de un movimiento tal que: 1) el móvil pasa por todos los
grados de velocidad hasta llegar al reposo, es decir, se determina la continuidad
de la variación de la velocidad; 2) el móvil pasa por cada grado de velocidad
“sin emplear más de un instante”; es decir, en cada instante [infinitesimal] hay
un movimiento infinitesimal; y 3) para el móvil “en cualquier intervalo de tiem-
po, por muy pequeño que sea, hay infinitos instantes, éstos serán siempre sufi-
cientes para corresponder a los infinitos grados con los que puede ir disminu-
yendo la velocidad”.
Puede observarse, por tanto, que Galileo maneja una idea de “velocidad instan-
tánea”. Lo que no se encontrará es una aceleración que para el movimiento uni-
formemente acelerado tiene que ser constante. La ley de este movimiento la enun-
cia como sigue.
Teorema I, Proposición I. El tiempo durante el cual un espacio dado es reco-
rrido por un móvil que parte del reposo con un desplazamiento uniformemente
acelerado, es igual al tiempo durante el cual aquel mismo espacio habría sido
recorrido por el mismo móvil desplazándose con un movimiento uniforme cu-
yo grado de velocidad fuese la mitad del grado de velocidad máximo alcanza-
do al final de dicho movimiento uniformemente acelerado.

78
Para demostrar el resultado utiliza un triángulo (Figura 3) que recuerda al que
ya había usado Oresme siglos antes [13] girado 90º, en el cual la línea AB repre-
senta el tiempo durante el cual el móvil, a partir del reposo en el punto C, recorre
con movimiento uniformemente acelerado el espacio CD. Representando el grado
máximo y final de la velocidad mediante el segmento BE, “todas las líneas equi-
distantes a BE que parten de cada punto de la línea AB representarán los grados de
velocidad crecientes”. La ‘suma’ [aggregatum] de los infinitos segmentos que
componen el [área del] triángulo ABE dan la velocidad, área que será ½ del área
del rectángulo de base BA y altura BE.

Figura 3.

Si se hace caso a los autores que más han estudiado este tema [16, 17], y exa-
gerando el anacronismo, en Galileo se detectaría un esbozo de la integración
1
³ ³
e = vdt = atdt = at 2 .
2
(4)

79
En suma, la Mecánica de Galileo se formula mediante enunciados retóricos
que se demuestran geométricamente identificando las cantidades de las magnitu-
des que intervienen con longitudes de segmentos, y procediendo de acuerdo a los
métodos de Euclides o a los de Oresme, o, incluso, desarrollando un cálculo de
proporciones propio como el de la demostración del Teorema II. Además, necesi-
ta inventar métodos matemáticos nuevos (una formulación de la divisibilidad del
continuo en infinitésimos [18]) que le permitan tratar matemáticamente problemas
nuevos. Había escrito en la Primera Jornada:
Admitiendo que la línea, como toda magnitud continua, sea divisible en par-
tes siempre divisibles, no veo cómo pueda dejar de reconocer que está com-
puesta de infinitos indivisibles, ya que una división y una subdivisión que se
pueda proseguir siempre supone que las partes sean infinitas, pues de otro
modo la subdivisión tendría un límite. Que las partes sean infinitas trae como
consecuencia que no son extensas ya que infinitas partes extensas forman una
extensión infinita. Así, pues, llegamos a la conclusión de que las magnitudes
continuas están compuestas de infinitos indivisibles.
En cualquier caso, no hay igualdades entre números, solamente razones entre
cantidades de magnitudes que ya no son las estrictamente geométricas, pues tiem-
pos y velocidades también se representan mediante segmentos. De hecho, no hay
leyes en el sentido de leyes fundamentales; no hay leyes de primer nivel que se
postulan y a partir de las cuales se deducen matemáticamente las demás. En con-
creto, no existe aún la ley fundamental de la Dinámica, ni formulada retóricamen-
te ni, mucho menos simbólicamente.

3. Newton: Principios Matemáticos de la Filosofía Natural (1687)

La Mecánica del siglo XVII se corona con la obra de Newton [6]. En palabras de
D’Alembert fue “el primero en mostrar lo que sus predecesores apenas habían
atisbado, el arte de introducir la Geometría en Física y de crear -uniendo expe-
riencias y cálculo- una Ciencia nueva y exacta”.
Efectivamente, se trata de una Mecánica en la cual: a) las leyes carecen de
cualquier tipo de simbolismo y se enuncian como relaciones de proporcionalidad;
b) las proposiciones también se plantean como proporcionalidades y se demues-
tran geométricamente; y c) se introduce un paso al límite “reduciendo las demos-
traciones de las proposiciones […] a las primeras y últimas razones de cantidades
nacientes y evanescentes, es decir, a los límites de esas sumas y razones”.

80
En su libro, así caracterizado, Newton expone su concepción de las tres ‘cate-
gorías fundamentales de la Naturaleza’ aristotélicas: espacio, tiempo y materia.
Por ejemplo, cuando quiere distinguir los dos tipos de ‘espacio’, el que desde él
filosófica o metafísicamente se denomina ‘espacio absoluto’ (y que consideramos
matemáticamente constituido en el espacio puntual euclídeo tridimensional, E •3 ),
del que hoy puede llamarse ‘distancia recorrida’, escribe:
El espacio absoluto, tomado en su naturaleza, sin relación alguna a nada ex-
terno, permanece siempre similar e inmóvil. El espacio relativo es alguna di-
mensión o medida móvil del anterior, que nuestros sentidos determinan por su
posición con respecto a los cuerpos, y que el vulgo confunde con el espacio
inmóvil.
Podía haber escrito un comentario parecido para el ‘tiempo’, distinguiendo el
tiempo absoluto referencial (la recta real orientada positivamente desde − ∞ ) del
tiempo relativo o ‘duración’, entendido este último como medida del anterior,
pero su reflexión es la que sigue:
El tiempo absoluto, verdadero y matemático, en sí y por su propia naturaleza
sin relación a nada externo fluye uniformemente, y se dice con otro nombre
duración. El tiempo relativo, aparente y vulgar es alguna medida sensible y
exterior (precisa y desigual) de la duración mediante el movimiento, usadas
por el vulgo en lugar del verdadero tiempo.
La tercera categoría, la ‘materia’, la conceptualiza matemáticamente para la
Física mediante la que desde Newton se denominará ‘masa’:
La cantidad de materia es la medida de la misma, surgida de su densidad y
magnitud conjuntamente […] Es esa cantidad la que en lo sucesivo menciono
bajo el nombre de masa o cuerpo.
Esa masa que se introduce por primera vez es distinta del tradicional ‘peso’,
“pues la masa es proporcional al peso”, cosa que afirma haber descubierto por
“experimentos muy precisos con péndulos”. En notación actual, pero de ninguna
manera en notación de Newton, que se limita a redacciones retóricas como las
precedentes sobre ‘espacio’ y ‘tiempo’:

ª mº
m = d ⋅ V «↔ d = ». (5)
¬ V¼

81
La cuarta magnitud primaria en la Mecánica de Newton es la ‘fuerza’. Aun-
que para él existen varios tipos de fuerza, debe ilustrarse el salto que se da en el
tratamiento de las magnitudes que se produce en los Principia con respecto a los
Discorsi:
Aquí sólo pretendo dar una noción matemática de estas fuerzas, sin especular
sobre sus causas y sedes físicas. Por lo cual la fuerza acelerativa será a la
motriz como la velocidad [celeritas] es al movimiento”.
En primera instancia parecería que solamente está planteando una razón entre
cantidades homogéneas: fuerzaa : fuerzam. La que denomina ‘fuerza acelerativa’
es la que hoy denominaríamos ‘aceleración’ y el “movimiento” la ‘cantidad de
movimiento’, “porque la cantidad de movimiento surge de la velocidad multipli-
cada por la cantidad de materia, y la fuerza motriz surge de la acelerativa multi-
plicada por la cantidad de materia”. Es decir, aunque de nuevo está expresado
retóricamente, en la traducción al lenguaje simbólico (ausente aún en Newton y
en la Física de finales del siglo XVII) lo que se afirma es que:

fa v
= (6)
f m mov

por ser:

mov = v ⋅ m ½ fa v
¾→ = . (7)
f m = f a ⋅ m¿ fa ⋅ m v ⋅ m

Todavía no se ha producido el tránsito de las relaciones de proporcionalidad


entre cantidades de magnitudes distintas (heterogéneas) a las igualdades entre
medidas, para lo que hará falta utilizar los resultados del Álgebra junto con las
técnicas del Análisis que Newton, entre otros, está desarrollando; tránsito que
sigue sin producirse en Daniel Bernoulli, y que tendrá lugar con Euler. Sin em-
bargo, en los Principia sí se anuncia:
Las cantidades relativas no son las cantidades mismas, cuyos nombres llevan,
sino medidas sensibles de ellas (precisas o imprecisas) que se usan habitual-
mente en su lugar. Y si el sentido de las palabras debe ser determinado por su
uso, por los nombres tiempo, espacio, lugar y movimiento debe entenderse

82
propiamente sus medidas sensibles; y la expresión será infrecuente y pura-
mente matemática si se significan las cantidades medidas en sí mismas.
Una vez establecidas las magnitudes de su Filosofía Natural [de su teoría], pa-
sa Newton a enunciar sus Axiomas o Leyes del Movimiento [leyes de primer ni-
vel], toda vez que por la última cita ‘se sabe’ qué es lo que éstas contienen, y a
partir de las cuales se deducirán o podrán demostrar las Proposiciones [o leyes de
segundo nivel]. Los Axiomas primero y tercero son los Principios de Inercia y de
Acción y Reacción, respectivamente. El segundo, hoy Ley Fundamental de la
Dinámica, que relaciona cantidades de magnitudes distintas (ley relacional) [19],
lo enuncia como sigue:
Axioma 2. El cambio de movimiento es proporcional a la fuerza motriz impre-
sa, y se hace en la dirección de la línea recta en la que se imprime esa fuerza.
Frente a lo limitado de la redacción de Newton, que parece no atreverse a
hacer uso de las herramientas algebraicas que Descartes, su oponente en tanto que
filósofo natural, había proporcionado cincuenta años antes [9], en forma ecuacio-
nal, es decir, como igualdad entre medidas de las magnitudes relacionadas en la
ley, ésta puede escribirse hoy:

& &
f =m⋅a (8)

ó, con más precisión,

&
& d 2 s (t )
f (t ) = m ⋅ . (9)
dt 2

4. Newton: nuevos métodos matemáticos para la Ciencia del Movimiento

Establecidos los Axiomas, en el “Libro Primero. El movimiento de los cuerpos”,


Newton plantea su aportación al Cálculo infinitesimal desde su Física, pero, eso sí
y aquí, sin expresiones algebraicas, ni funcionales, ni diferenciales, puesto que lo
que sigue haciendo es estricta Geometría, en palabras de Ravetz [12], “Geometría
infinitesimal aplicada” (Figura 4).

83
Lema Primero. Las cantidades, y las razones de cantidades, que en cualquier
tiempo finito tienden continuamente a la igualdad, y antes de terminar ese
tiempo se aproximan una a otra más que por ninguna diferencia dada, aca-
ban haciéndose en última instancia iguales.

Figura 4.

En el Lema X escribe que “los espacios que un cuerpo describe siendo urgido
por cualquier fuerza infinita -sea ésta determinada e inmutable o bien aumentada
o disminuida de modo continuo- son al comienzo mismo del movimiento como
los cuadrados de los tiempos”. A lo que sigue un Escolio que empieza con las
palabras siguientes:
Si al comparar entre sí cantidades indeterminadas de diversos géneros, de
cualquiera de ellas se dice que es directa o inversamente como cualquier otra,
el significado es que la primera es aumentada o disminuida en la misma razón
que la segunda o como su inversa.
Sin embargo, como el mismo Newton reconoce, ha necesitado desarrollar los
contenidos del Libro X de los Elementos de Euclides [14]:
Puede objetarse también que si las razones últimas de cantidades evanescen-
tes están dadas, también lo estarán sus magnitudes últimas, con lo cual todas

84
las cantidades estarán formadas por indivisibles, cosa contraria a lo que de-
mostró Euclides a propósito de los inconmensurables en el libro décimo de sus
Elementos. Pero esta objeción se apoya sobre una suposición falsa. Porque
estas razones últimas con las que se desvanecen las cantidades no son verda-
deramente las razones de cantidades últimas, sino límites hacia los que siem-
pre convergen las razones de cantidades que decrecen sin límite, y a los cua-
les se aproximan más que por ninguna diferencia dada.
En suma:
1) La matematización del ‘comportamiento de la Naturaleza’ en Newton se
hace basándose en la Geometría clásica, desarrollando métodos originales -el Cál-
culo infinitesimal- para problemas nuevos.
2) No se utiliza ese Álgebra que ya con la Isagoge de Vieta (1591) y La Géomé-
trie de Descartes (1637) ha alcanzado un desarrollo extraordinario, y que en 1687
debía ser conocida por la comunidad científica en general y por Newton en particular.
3) En los Principia Newton parece todavía mucho más reacio que Galileo en
sus Discorsi a plantear mediciones para las cantidades, manteniéndose en la ‘parte
teórica’ en el dominio de las razones entre cantidades; eso sí, demostrando en la
descripción detallada de diferentes experiencias prácticas a lo largo de su libro la
suficiencia y familiaridad con el tema.

5. Leibniz: los Escritos de Dinámica (1692-1698). A modo de comple-


mento histórico

Al finalizar el siglo XVII plantea Leibniz [7] sus últimas contribuciones a la


Ciencia del movimiento, la Dinámica o, en palabras de d’Alembert recogidas en
la voz “Dynamique” de la Encyclopedie, “ciencia de las potencias o causas motri-
ces, es decir, de las fuerzas que ponen los cuerpos en movimiento”, cuyo análisis
sintético, desde el punto de vista del objeto de este artículo, puede servir de cierre,
sin entrar en si Leibniz escribe conociendo o no las obras de Galileo, Descartes y
Newton, ni si lo hace desde o contra ellos.
En este sentido, se presentarán -contextualizadas- unas breves citas ilustrati-
vas de los temas que se están estudiando: a) elementos magnitudinales, con espe-
cial atención a la elección de unidades de medida y a las mediciones; b) presencia
de relaciones de proporcionalidad entre cantidades y/o igualdades entre medidas
en las fórmulas de definición y en los enunciados legaliformes; y c) características

85
de los enunciados con respecto a los elementos que los integran, es decir, deter-
minación de su naturaleza como fórmulas de definición, principios de conserva-
ción o leyes relacionales [19].
En el Ensayo de Dinámica (1692), después de una primera definición, retórica
-no simbólica-, sobre la fuerza “igual, menor y mayor”, presenta en la segunda
que “la cantidad de movimiento es el producto de la masa del cuerpo por su velo-
cidad”, ilustrándolo mediante el uso de medidas concretas de las magnitudes que
intervienen en la definición:

Escolio. La masa de los cuerpos sensibles se explica por el peso. Así, un cuer-
po de 4 libras que va con un grado de velocidad, tendrá una cantidad de mo-
vimiento como cuatro. Pero si, siendo de 4 libras tuviera 3 grados de veloci-
dad, su cantidad de movimiento sería como 12.

A continuación reflexiona, tomando medidas concretas, acerca de las fuerzas,


pues considera (repitiendo enunciados de Descartes o Huygens) que hace falta la
misma fuerza para elevar una libra a una altura de 4 pies, que para elevar 4 libras
a la altura de un pie. Más adelante recoge la proposición, que admite que ya había
sido demostrada por Galileo y Huygens, acerca de que las velocidades que ad-
quieren los cuerpos al bajar son proporcionales a los cuadrados de las alturas,
proposición que le lleva a la siguiente, según la cual un cuerpo de 4 libras de peso
y con un grado de velocidad tiene la misma fuerza que un cuerpo de una libra de
peso y dos grados de velocidad.
Sin embargo, es dentro de la demostración de esta proposición donde aporta
una cita que ilustra el punto de vista que tratamos en este trabajo: la evolución en
la formulación matemática de la Mecánica a lo largo del siglo XVII.

Se podría decir, en general, por ejemplo, que las fuerzas de los cuerpos están
en razón compuesta de sus masas y del cuadrado de la velocidad, mientras
que las cantidades de movimiento están en razón compuesta de las masas y ve-
locidades. Pero se ha preferido expresarlo con ciertos números, para hablar
más inteligiblemente en consideración a los que están menos acostumbrados a
las frases de los geómetras.

Efectivamente, el Álgebra, introducido en Europa desde los árabes con motiva-


ciones prácticas, además de científicas, comienza a integrarse en el lenguaje ma-
temático de la interpretación de la Naturaleza, que hasta entonces había sido geo-
métrico.

86
6. Leibniz: expresiones ecuacionales para la Ciencia del Movimiento
En esa misma obra de 1692, a continuación, estudia Leibniz la conservación o no
de la cantidad de movimiento, con unas expresiones ecuacionales que no existían
todavía en Newton. Considera dos cuerpos A y B que se encuentran con las velo-
cidades C y V, de modo que salen del choque con velocidades c y v. Y apunta:
Así pues, si las cantidades de movimiento se conservan, es preciso que
AC + BV sea igual a Ac + Bv. (10)

Pero, si las fuerzas se conservan, es preciso que


ACC + BVV sea igual a Acc + Bvv. (11)

Aunque termina considerando manifiesto que estas dos ecuaciones no podrían


ser ambas verdaderas “más que en alguna coyuntura particular”. Realmente, tanto
Galileo como Newton estudiaron en sus libros cuerpos que, con una determinada
velocidad, recorren un cierto número de millas en, por ejemplo, una hora. Pero en
ninguno de los dos se encuentran manifestaciones como la siguiente, escrita por
Leibniz en su Ensayo de Dinámica sobre las leyes del movimiento (1698):
Las velocidades están en razón compuesta de la directa de los espacios reco-
rridos y la inversa de los tiempos empleados. O lo que es la misma cosa, para
tener la estimación de la velocidad hay que tomar el espacio y dividirlo por el
tiempo. Por ejemplo, si A acaba 4 pies en 3 segundos y B acaba 2 pies en un
segundo, la velocidad de A será como 4 dividido por 3, es decir, como 4/3, y la
velocidad de B como 2 dividido por 1, es decir, como 2, de suerte que la velo-
cidad de A será a la de B como 4/3 es a 2, es decir, como 2 a 3.
De hecho, continúa este trabajo manejando números concretos (1, 2, 3, 4, …)
que representan distancias y tiempos, y sus cocientes, velocidades; pero con la
siguiente particularidad que coincide parcialmente con el que será el proceder de
Euler treinta años después:
He dividido el espacio por el tiempo para tener la velocidad, pero, cuando
como aquí el tiempo es siempre el mismo y así puede ser tomado por la uni-
dad, la división por el tiempo no cambia nada y, por consiguiente, se puede
tomar para la velocidad el número de la longitud de la traslación, siendo las
velocidades como los espacios.

87
Como resumen de sus consideraciones introduce tres ecuaciones que ilustran
tres ‘conservaciones’, es decir [20], tres principios ecuacionales [de conservación].
Para ello, denota por v y x, respectivamente, la velocidad ‘conspirante’ (“porque
supongo que tiende hacia el lado en que va el centro de gravedad común de los dos
cuerpos”) del cuerpo a antes y después del choque; y análogamente, mediante y y z,
la velocidad del cuerpo b antes y después del choque.
a) La que denomina “ecuación lineal”, que expresa “la conservación de la causa
del choque o de la velocidad respectiva”, para Leibniz:
v− y=z−x (12)
donde v − y representa la “velocidad respectiva” de los cuerpos antes del choque,
y z − x la “velocidad respectiva” a la que se alejan después del choque.
b) La “ecuación plana”, que expresa “la conservación del progreso común o total
de los dos cuerpos”:
av − by = ax + bz (13)
donde llama ‘progreso’ a la cantidad de movimiento “que va hacia el lado del
centro de gravedad”.
c) La “ecuación sólida”, que expresa “la conservación de la fuerza total absoluta
o de la acción motriz”:
avv + byy = axx + bzz (14)
en la que destaca “que todas las variaciones de los signos, que no pueden venir
más que de las diversas direcciones de las velocidades v, x, z, y, cesan, porque
todas las letras que expresan estas velocidades están elevadas al cuadrado”.

7. Una consideración final

Con suponer Leibniz, ciertamente, un paso más adelante, no se presentan en sus


escritos otras relaciones ecuacionales entre magnitudes distintas, por lo que po-
demos concluir que, al finalizar el siglo XVII, sí se ha introducido el Álgebra de
Vieta y Descartes en Mecánica, aunque todavía aplicado solamente a principios
de conservación (en particular el Principio de conservación de la cantidad de mo-
vimiento), pero todavía no a leyes relacionales que impongan ligaduras a las
magnitudes [20].

88
Las primeras décadas del siglo XVIII irán alumbrando, con los trabajos de
Euler [21] o Daniel Bernoulli [22], leyes relacionales expresadas como relaciones
de proporcionalidad entre cantidades de magnitudes heterogéneas; los años cen-
trales, las primeras ecuaciones entre medidas; mientras las décadas finales de la
centuria verán la culminación del proceso de matematización de la Mecánica con
las obras de Lagrange y Laplace [23]. Temas todos ellos que precisan nuevos es-
tudios detallados.

Bibliografía

0[1] Crombie, A. C. (1959) Agustine to Galileo. Science in the Middle Ages and
Early Modern Times. Oxford, Oxford University Press.
0[2] Lenoble, R. y Belaval, Y. (1971) “La revolución científica del siglo XVII”.
En R. Taton (dir.) Historia General de las Ciencias, vol. 2, pp. 213-236.
Barcelona, Destino.
0[3] González Redondo, F. A. (2002) “El Álgebra [geométrica] de Euclides a
Ommar Khayyam”. Boletín de la Sociedad “Puig Adam” de Profesores de
Matemáticas nº 63, 72-87.
0[4] González Redondo, F. A. (2003) “Del Artem Analyticem de Vieta a la Mat-
hesis Universalis de Descartes. Nuevas perspectivas en torno a un período
singular en la Historia del Álgebra”. Boletín de la Sociedad “Puig Adam”
de Profesores de Matemáticas nº 64.
0[5] Galilei, G. (1638) Diálogos y Demostraciones matemáticas en torno a dos
nuevas ciencias. Edición española de C. Solís y J. Sádaba, Madrid, Editora
Nacional, 1976. Edición inglesa de H. Crew y A. de Savio, New York, Do-
ver, 1954.
0[6] Newton, I. (1687) Principios matemáticos de la Filosofía Natural. Edición
española de A. Escohotado, Madrid, Tecnos, 1987.
0[7] Leibniz, G. W. (1687-1698) Escritos de Dinámica. Edición española de J.
Arana, Madrid, Tecnos, 1991.
0[8] Galilei, G. (1623) Il Saggiatore. En Le Opere di Galileo Galilei, vol. 6.
Firenze, Ristampa della Edizione Nazionale.
0[9] Descartes, R. (1637) La Géométrie. Edición en ingles con facsímile en
francés de D. E. Smith y M. L. Latham, The Geometry of René Descartes.

89
New York, Dover, 1954. Apéndice al Discurso del Método, edición en cas-
tellano de A. Quintás, Madrid, Alfaguara, 1980.
[10] Vieta, F. (1591) In Artem Analyticem Isagoge. Edición en ingles de J. Win-
free Smith. Apéndice en Klein, J. (1968) Greek Mathematical Thought and
the Origin of Algebra. [Reimpresión en Dover, New York, 1992].
[11] Van der Waerden, B. L. (1985) A History of Álgebra. From Al-Khwarizmi
to Emmy Noether. Berlin, Springer-Verlag.
[12] Ravetz, J. (1961) “The Representation of Physical Quantities in Eighteenth
Century Mathematical Physics”. Isis 52, 7-20.
[13] Claggett, M. (1968) Nicolas Oresme and the Medieval Geometry of Quali-
ties and Motions. Madison, University of Wisconsin.
[14] Heath, T. (1926) The Thirteen Books of The Elements. Oxford, Clarendon
Press.
[15] Vera, F. (ed.) (1970) Científicos griegos, 2 vols. Madrid, Aguilar.
[16] Koyré, A. (1980) Estudios Galileanos. Madrid, Siglo XXI.
[17] Azcárate, C. (1984) Las Matemáticas de Galileo. Universidad Autónoma
de Barcelona.
[18] Boyer, C. B. (1959) A History of the Calculus and its Conceptual Devel-
opment. New York, Dover.
[19] González de Posada, F. y González Redondo, F. A. (2002) “Fundamentals
of Dimensional Theory”. Journal of New Energy [En prensa].
[20] González de Posada, F. (1992) “Nuevos conceptos básicos en Teoría Di-
mensional: hipótesis magnitudinales, principios ecuacionales y leyes rela-
cionales”. En F. A. González Redondo y P. Dávila Álvarez (eds.) Anuario
Científico 1991 del Grupo de Trabajo de Análisis Dimensional, pp. 11-13.
Universidad Politécnica de Madrid.
[21] González Redondo, F. A. (2002) “La contribución de Leonard Euler a la
matematización de las magnitudes y de las leyes de la Mecánica, 1736-
1765”. Llull. Revista de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y
de las Técnicas. [En prensa].
[22] Bernoulli, D. (1738) Hydrodynamica, Cap. X. Apéndice en D. Papp (1945)
Historia de la Física, pp. 290-293. Buenos Aires: Espasa-Calpe.
[23] Blay, M. (1992) La naissance de la mécanique analytique: la science du
mouvement au tournant des XVIIe XVIIIe siècles. París, Presses Universi-
taires de France.

90
Reseña de libros

ALFONSA GARCÍA, ANTONIO LÓPEZ, GERARDO RODRÍGUEZ, SIXTO


ROMERO Y AGUSTÍN DE LA VILLA: Cálculo II (Teoría y problemas de fun-
ciones de varias variables). CLAGSA, Madrid 2002. 623 páginas y un CD-ROM.

El libro Cálculo II: Teoría y problemas de funciones de varias variables es la


continuación del anterior y bien conocido Cálculo I: Teoría y problemas de análisis
matemático en una variable. Se abordan en este caso contenidos relativos al Cálcu-
lo Diferencial e Integral de funciones de varias variables, resultando ser esta obra
una herramienta útil para cualquier estudiante de Ingeniería o Arquitectura. Se le ha
dado un enfoque práctico y moderno que capacita al alumno, en un tiempo relati-
vamente corto, para resolver los problemas de cálculo diferencial e integral de fun-
ciones de varias variables con los que se va a encontrar en las distintas aplicaciones.
Cada capítulo se estructura de la siguiente forma: comienza con un resumen teórico
en el que se muestran los conceptos y se explican los resultados más importantes,
seguido de un test de auto-evaluación, así como de una colección de problemas
resueltos (en detalle y ordenados de acuerdo con los conceptos utilizados y con su
dificultad) y concluye con una colección de problemas análogos propuestos.
Además, y teniendo en cuenta la importancia que está adquiriendo el software
matemático en Ingeniería, los autores han considerado importante habituar al es-
tudiante a la utilización racional y crítica de un Sistema de Cálculo Simbólico. Por
ello, el libro va acompañado de un CD-ROM que contiene dos directorios alterna-
tivos, uno de ellos dirigido a los usuarios del sistema MAPLE y otro para los
usuarios del sistema MATHEMATICA. Cada uno de estos directorios incluye
diferentes hojas de trabajo interactivas en las que se presentan ejemplos de pro-
blemas resueltos con ayuda del correspondiente Sistema de Cálculo Simbólico,
así como programas en que se implementan diferentes algoritmos. El objetivo de
estas hojas de trabajo es permitir que el estudiante saque el máximo partido al
software (aprovechando sus capacidades gráficas y de cálculo en el proceso de
experimentación asociado a la comprensión de conceptos, y evitando la pérdida
de tiempo en cálculos tediosos; estando diferenciados claramente los procesos
algorítmicos de los que no lo son).
Este libro proporciona un material de trabajo que cubre una necesidad frecuen-
temente puesta de manifiesto por profesores de Matemáticas y de estudiantes de

91
Ingeniería y Arquitectura. Subrayemos que no se trata de un libro de carácter local,
en el sentido de estar específicamente orientado a los alumnos de un cierto centro
de una cierta universidad, sino que se ha tratado de incorporar la experiencia y las
opiniones de otros profesores de varias universidades, al objeto de conseguir un
texto de amplia aplicación.
Terminaremos resaltando que este libro ha obtenido un premio al mejor libro
de texto de la Universidad Politécnica.

Eugenio Roanes Lozano

92
INSTRUCCIONES PARA EL ENVÍO DE ORIGINALES
PARA SU PUBLICACIÓN EN EL BOLETÍN

Los originales de artículos, problemas, reseñas de libros, anuncios de congre-


sos, etc., deben enviarse en papel por duplicado y además también en formato
electrónico, del modo especificado al final de estas instrucciones.

Formato
Para facilitar la impresión es preferible usar procesador Word o LaTex (en
este último caso deberá usarse estilo “article” y si se usan paquetes específicos
deberán incluirse los archivos correspondientes a esos paquetes). Si se usa otro
procesador, deberá ajustarse exactamente al tamaño de formato, pues habría de
ser escaneado.
El formato de texto debe ser 17cm x 12.8cm. El tamaño de letra de texto 11
puntos (normal). Las páginas sin numerar, pero numeradas a lápiz al dorso.
Los artículos comenzarán con el título en minúsculas de 16 puntos, nombre
de autores en minúsculas de 12 puntos, referencia de su departamento o institu-
ción de trabajo, dirección de correo electrónico (si se tiene) y “abstract” de unas
líneas en inglés en letra itálica (cursiva).
Los epígrafes de sección en minúsculas negritas y numerados, sin punto des-
pués del número ni punto final, excepto el de introducción que irá sin numerar.
Las subsecciones se numerarán con dos dígitos separados por un punto.
La primera línea posterior al título de sección o subsección no se indentará.
Después de cada punto y aparte no se dejará ninguna línea en blanco y la siguien-
te línea se indentará sólo 5 espacios (tal como están escritas estas instrucciones).
La bibliografía al final, sin palabras completas en mayúsculas, con los títulos
de libros o artículos en itálica, no incluyendo nada más después de la bibliografía.
Las figuras deben ser de buena calidad (impresas desde ordenador, debiéndo-
se evitar los bosquejos a mano alzada). Serán incluidas en el lugar apropiado del
texto y en el tamaño en que deban ser reproducidas.
Las soluciones de problemas propuestos en números anteriores del Boletín
deben comenzar indicando: “Problema número (Boletín número)”, tal como sue-
len aparecer en el Boletín, y terminar con el nombre del autor de la solución de
cada problema.
Las reseñas de libros, como suelen aparecer en el Boletín, terminando con el
nombre del autor de la reseña.

93
Envío de las copias en papel
Se enviarán vía postal por duplicado a la sede de nuestra Sociedad, que figura
en la página 2 de este número del Boletín.

Envío del fichero o ficheros en formato electrónico


Se enviará por correo electrónico a la cuenta puigadam@[Link]
o bien, junto con las copias en papel, en un disquete formateado para PC compati-
ble, conteniendo el/los archivo/s del documento en el procesador de texto utilizado.

Selección de originales
Serán revisados por profesionales del mundo académico, para decidir si se
ajustan a la línea general del Boletín. Si se considera oportuno, se pedirá a los auto-
res que reduzcan su extensión o hagan algunas modificaciones en su contenido.

94
Adquisición de números atrasados de nuestro Boletín

Los números atrasados del Boletín, de los cuales existan ejemplares sobran-
tes, podrán ser adquiridos al precio de coste de seis euros ejemplar. Los números de
los que aún quedan algunos ejemplares sobrantes son los siguientes: 35, 38, 39, 40,
41, 42, 43, 44, 45, 46, 47, 48, 49, 50, 51, 52, 53, 54, 55, 56, 57, 58, 60, 61, 62, 63,
64, 65 y 66.

El importe puede ser abonado mediante cheque a nombre de la “Sociedad


Puig Adam de Profesores de Matemáticas”, o mediante transferencia a la cuenta
corriente número 3025-0006-24-1400002948, al mismo nombre de la Sociedad,
domiciliada en la entidad bancaria:

Caja de Ingenieros, c/. Carranza, 5 Madrid-28004

La carta de petición se enviará a la sede de nuestra Sociedad, que figura en la pá-


gina 2 de este número del Boletín. En la carta se indicará el número o números a
adquirir, incluyendo en ella:

– la dirección a donde se han de enviar


– el correspondiente cheque nominativo o resguardo de transferencia.

95

También podría gustarte