La Revelación
La Revelación
“REDEMPTORIS MATER”
LA REVELACIÓN
ÍNDICE
1. INTRODUCCIÓN
2.1. La revelación
2
3.3. Revelación Mosaica
4. LA PALABRA REVELADORA
5. FRUTOS DE LA REVELACIÓN
5.1. Promesas
5.3 Monoteísmo
6. CONCLUSIONES
3
1. INTRODUCCIÓN
El concepto de revelación no está terminológicamente fijado en la Biblia. No
hay, pues, un vocabulario fijo al que atenerse, aunque no faltan expresiones
privilegiadas; la primera de todas es Palabra de Dios. Lo segundo es que la revelación
es un concepto bíblicamente complejo, que abarca acciones y realidades diversas entre
sí, aunque, obviamente, todas dentro de un cuadro común, a saber: la convicción de un
mensaje que proviene, de un modo u otro, de la libre iniciativa de Dios, que manifiesta
su voluntad y, por tanto, se presenta al hombre con valor obligatorio. El Concilio
Vaticano II ha entendido la revelación sobre todo desde el punto de vista de la
“autocomunicación de Dios como verdad y vida”.
Esta revelación divina se transmite de dos maneras: por tradición oral y por
escrito. Así sucedió, tanto en el AT como en el NT; siendo primero oralmente luego de
forma escrita.
Revelación es la denominación global con que se designa a la acción salvífica de
Dios en la historia, testificada en el Antiguo y el Nuevo Testamento y que alcanza su
punto culminante en el acontecimiento de Cristo 1. La revelación en Jesucristo abre al
creyente el conocimiento de la realidad de Dios como el misterio del amor, un amor que
se identifica con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Dios se revela al hombre para salvarlo en la historia, en un primer lugar, y luego
en la creación, aunque cronológicamente fue al revés.
“Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio
de su voluntad (Ef 1, 9), mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo
encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la
naturaleza divina2. En consecuencia, por esta revelación, Dios invisible 3 habla a los
hombres como amigos, movido por su gran amor (Ex 33, 11; Jn 15, 14-15) y mora con
ellos (Bar 3, 38), para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su
compañía. Este plan de la revelación se realiza con hechos y palabras intrínsecamente
conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios en la historia de la
salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las
palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio
contenido en ellas. Pero la verdad íntima acerca de Dios y acerca de la salvación
humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y
plenitud de toda la revelación”4.
1
Hb 1, 1-2.
2
Ef 2, 18; 2Pe 1, 4.
3
Col 1, 15; 1Tim 1, 17.
4
CONCILIO VATICANO II, Dei Verbum n° 2.
4
Tomando la expresión en un sentido muy general, puede decirse que Dios habla
a todos los hombres por medio de su creación. Pero, por una parte, este lenguaje natural
tiene un límite; se para en el umbral del misterio íntimo de Dios, sin permitir a nuestra
inteligencia penetrar en él. Por otra, su percepción misma resulta difícil al hombre en la
condición de “caído” en la que actualmente se encuentra a consecuencia del pecado. Por
esta doble razón, Dios nos ha hablado en otro lenguaje, ligado a la realización del
designio de redención cuyo centro es Cristo.
La concepción bíblica de la Palabra de Dios es notablemente rica, esta palabra es
una realidad dinámica y activa, una fuerza que realiza ad extra los designios secretos de
Dios (Is 55, 11), tanto en el orden de la creación 5 como en el de la salvación. Ella, pues,
gobierna la historia, valiéndose de las libertades humanas para hacer que lleguen los
acontecimientos que realizan la salvación de los hombres.
El Dios de la Biblia es un Dios que entra en comunicación con los hombres y les
habla. El actor del primer acto, es Él. Dios quiso manifestar su gloria y darse a conocer
al hombre. Para ello creó el mundo perfecto, modelo de grandeza y hermosura, dotado
de esplendor, fuerza y eficacia, armónicamente ordenado. Sus atributos invisibles, su
poder eterno y su divinidad se hacen visibles desde la creación del mundo, a través de
sus obras, a la mirada de la razón (Rm 1, 19-20).
Bajo modalidades diversas, Dios invisible6 movido por el amor habla a los
hombres como a amigos (Ex 33,11; Jn 15, 14-15). El plan de la revelación se realiza por
obras y palabras intrínsecamente ligadas; por lo tanto el concepto central de toda la
revelación de Dios a su pueblo se encierra en “la Palabra”, la gloria de Yahveh,
concepto que perdura también en el Nuevo Testamento.7
5
Sal 33, 6.9; Gn 1, 3-31.
6
Col 1,15; 1Tm 1,17
7
J.R. GEISELMANN, “Revelación”. www.mercaba.org. Pág. 573.
5
La creación de todo lo que existe es un acto de bondad y de amor por parte de
Dios8. El mundo aparece como “fundado y conservado por el amor del Creador,
esclavizado bajo la servidumbre del pecado y liberado por Cristo” 9. El centro de la
creación es el hombre, obra de un Dios bondadoso, tal como lo expresa el Midrash:
“Soy bondadoso y perseverante y estoy dispuesto a crear al hombre a pesar de sus
fallas”10. Dios no necesitaba crear porque en sí mismo contiene todas las perfecciones,
crea al hombre porque lo ama a pesar de sus limitaciones.
2.1. La Revelación
Muchas veces y de varios modos habló Dios por boca de sus santos profetas,
pero al fin de estos días nos ha hablado por medio de su Hijo (Hb 1,1-2). Estas palabras
determinan junto con la diferencia esencial entre la revelación del AT y del NT. , la
cualidad esencial de toda revelación bíblica es que por ella nos habla Dios y, a la vez, se
reveló antiguamente por medio de sus profetas, estos en efecto eran la boca de Dios; a
ellos les estaba confiada la palabra de Yahvéh.
8
CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Directorio General para la Catequesis, Librería Editrice Vaticana 1997 n° 16.
9
CONCILIO VATICANO II, Gaudium et Spes, n° 2.
10
R. M. WEISSMAN, El Midrash dice: el libro del Bereshit. Editorial Bnei Sholem. Buenos Aires 1994. Pág. 44.
11
Gn 3, 9.
12
Gn 3, 14-15.
13
Jr 31, 3.
14
Ct 16.
15
Dt 6, 4-5.
6
Dios revela su voluntad en la ley, se ve claro que esta forma de revelar se
extiende como algo permanente y continuo a lo largo del tiempo. El Antiguo
Testamento considera la historia como una firme y constante manifestación de Dios,
pues Él se revela como Señor justo y clemente en la elección, gobierno y protección de
su pueblo, en el gobierno del mundo y su soberanía sobre todos los pueblos.
En el NuevoTestamento la revelación se da a través del Hijo de Dios y por Él
es única, tanto en el sentido de que Jesús es el único mediador de la revelación como en
el que Él, en su persona, su doctrina y su obra redentora forman un objeto único de la
revelación.
Las expresiones paulinas para significar la revelación, son sobre todo
apocalípticas (apocaliptein, propiamente revelador), y faneroin (poner de manifiesto,
dar a conocer, mostrar). La terminología paulina sobre este tema “misterio” que estuvo
“oculto” y ha hora se ha “revelado” y así da “sabiduría” espiritual no fue tomada de las
religiones helenísticas de misterios, sino que pueden explicarse perfectamente por el
lenguaje del judaísmo posterior sobre la sabiduría y el género apocalíptico16.
16
16 S. DE AUSEJO, Diccionario de la Biblia. Ed. Herder, Barcelona 1981. pp. 1708-1709
17
G. MÜLLER, Dogmática, Teoría y práctica de la Teología; Ed. Herder. 1998. Pág. 173.
18
Sal 115,15; 121,2; 124,8; 134,3; 146,6.
19
Jr 5,22 y 14, 22; Is 40, 55.
7
Sin embargo para Von Rad, la fe en la creación del mundo tuvo sus dificultades.
Los griegos entienden el mundo como un organismo ordenado que descansa en sí
mismo, mientras que para Israel la unidad de mundo está en su propiedad de creatura y
de su pertenencia a Dios (Sab 24, 1).
El Antiguo Testamento habla del mundo como creación porque lo ve como algo
al frente de Dios. Israel combatió tenazmente la mundanidad frente a las religiones que
entendían al mundo como automanifestación de Dios. Por ello, hubo polémicas en la
concepción del mundo respecto a las imágenes. El mundo no es lugar de múltiples e
inmediatas revelaciones de Dios. Negó todo culto idolátrico (lo divino se revela en toda
clase de figuras terrenas, comunicando su fuerza a través de ellas). La fe en la creación
no es que estuviera admitida en todos los testimonios. Era necesario mantener la imagen
de Dios creador contra toda contaminación idolátrica. La promulgación del Primer y
Segundo mandamiento son la clave para la concepción del mundo de Israel. Para
preservarse de un mundo mítico combatió la divinización de la fuerza de la generación
sexual y la figura del toro, para evitar poner las confianzas en las nadas (Lv 19, 4; 26, 1;
Is 2, 8.18.20)20.
El año 950 a. C., el yahvista recupera el tema de Yahvéh creador porque llegan a
formar parte del reino elementos de población cananea con su propia religión. Su punto
de partida es una tierra seca, necesitada de agua (Gn 2, 5). Para esta tradición, creación
del mundo y la conservación de lo creado. El ritmo de lo creado lo marca Yahvéh 21 y no
Baal, Él es quien administra la lluvia y la humedad 22. La conservación del mundo
implica también tener puestas compuertas a las aguas (Jr 5,22; Sal 104, 5-9),
proporciona alimentos (Dt 7, 13; Sal 104, 14ss), bendición de los hijos (Gn 21, 1ss; 29,
31) y el que cada hombre pueda considerarse criatura de Dios23.
Con todo lo dicho el eloísta renuncia a una protohistoria, inicia con Abraham y
los patriarcas. La primera confesión de Dios creador es Jon 1, 9: “soy hebreo y temo a
Yahvéh, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra”, frente a gentiles que nada saben de
la historia de Israel.
En conclusión, la creación da impulsos a la fe de Israel y hace cimentar la fe en
la salvación. Sirve para ensanchar la fe y su horizonte más allá del propio pueblo y la
propia patria.
El libro del Génesis no es una tesis, sino una respuesta: “El relato de la creación
del AT no pretende responder a la pregunta de dónde viene el mundo diciendo que Dios
lo creó; sino que, preguntándose dónde tiene su sentido la historia del pueblo de Dios,
responde diciendo que Dios ha dado sentido a la historia de su pueblo mediante la
creación”.
Corresponde al relato sacerdotal, junto con el estribillo “vio Dios que era bueno”
(Gn 1, 4.12.18.21.25.31) que en la creación se ha manifestado el poder, la grandeza y
bondad de Dios26. Dios actúa a través de su palabra poderosa, instaura el sábado en la
historia de la salvación como don de Dios y fin de la creación.
El primero pertenece a un desarrollo avanzado de redacción y ambos están
llenos de agudeza y riquezas. No teniendo intención realista, sino que es necesario una
mirada teológica que busca discernir las intenciones de Dios que sirven de base al
mundo y que iluminan los misterios de la condición humana27.
24
M. QUESNEL Y P. GRUSON, La Biblia y su cultura. Antiguo Testamento. Editorial Sal Terrae. España 2002. pp. 40-47.
25
MÜLLER, o. c. n° 17. Pág. 175.
26
KARL HERMANN SCHELKLE, Teología del Nuevo Testamento II, Dios estaba con Cristo. Ed.Herder. Barcelona 1977. Pág.
32.
27
QUESNEL Y GRUSON, o. c. n° 25. Pág. 39.
28
QUESNEL Y GRUSON, o. c. n° 25. Pág. 347.
29
SCHELKLE, o. c. N° 27. Pág. 32.
9
Qo 3, 11 afirma que Dios ha creado el mundo bello y es la única cosa positiva
que conoce, de ello nace el disfrute de la vida como alegría.
El Deuteroisaías (Is 40 -50) presenta una fe en la creación que está abierta al
futuro mesiánico escatológico. Sólo Yahvéh es el creador y redentor, es el principio y el
fin, el alfa y el omega. El Tritoisaías presenta la expectativa de una creación nueva, una
refundación nueva del mundo, un cielo nuevo y una tierra nueva.
30
2 Co 5,16 – 17.
31
Benedicto XVI, Homilía de clausura del año Paulino, 28 de junio de 2009.
32
Mt 6, 25-26.
33
Mt 5, 45.
10
hace buscar en sus discípulos el Reino de Dios 34. El mundo es el lugar donde el hombre
espera su salvación.
El cuarto evangelista hace una afirmación contundente, haciendo referencia al
Génesis donde se afirma que Dios creo todo con su Palabra, con su Verbo, “En el
principio era el Verbo… el Verbo era Dios” (Jn 1, 1-3), Cristo también es partícipe de la
creación – como lo diremos posteriormente hablando de los escritos paulino – aunque
los hombres no lo recibieron, esto no impide que se realice el plan de salvación de Dios:
“tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él
no perezca, sino que tenga vida eterna” 35. Asimismo, después de la resurrección, Cristo
sopló sobre los discípulos el Espíritu Santo, renovando el acto de la creación del
hombre. Con lo que se afirma que la nueva creación será obra del Espíritu Santo.
2.3.2 San Pablo
En las cartas paulinas el lugar de la creación es muy importante. El apóstol
afirma que “desde la creación del mundo, las perfecciones invisibles de Dios, su eterno
poder y su divinidad, son visibles a la inteligencia por sus obras” 36. Por ello, los paganos
no están justificados de negar a Dios. Luego en Rm 8, 20-21 afirmará que la criatura ha
sido entregada a la servidumbre de la corrupción.
En el AT el acto de creación era atribuido a la sabiduría, en el NT es atribuido a
la persona de Cristo, el Hijo de Dios porque “todo se hizo por ella y sin ella nada se
hizo” (Jn 1,3) y “Jesucristo por quien todo proviene” (1 Cor 8, 6). El Himno a los
Colosenses expresa “todo fue creado en él… todo ha sido creado por él y para él, él es
antes que todas las cosas y todas tienen su consistencia en él”37 .
Pablo llamó a Cristo el nuevo Adam, el nuevo comienzo de la creación (Rm 5,
12- 21; 1 Cor 5,17). Quien está en Cristo es una nueva criatura, los hombres se hacen
cristianos mediante un nuevo nacimiento38. Esta transformación no es sólo del hombre
sino también del mundo.
2.3.3 Apocalipsis
En el Apocalipsis el final de la historia, la victoria sobre las fuerzas del mal irá
acompañada por la aparición de una nueva creación (22,5). Asimismo, la resurrección
de Cristo es entendida como la inauguración de una nueva creación, más fuerte que el
pecado. La resurrección demostró en realidad, que el amor divino había logrado la
victoria y obteniendo para todos el perdón de los pecados y una vida nueva.
El hombre es transformado por la redención en Cristo resucitado y en la
consumación escatológica, cuyo centro es el discurso de los “cielos nuevos y la tierra
nueva” (Ap21, 1). Cristo hace todo nuevo “He aquí que yo hago nuevo todas las cosas”
(Ap21, 5) relacionado a Gn1, 1. Dicho cambio no es la aniquilación de la vieja tierra,
sino su transformación.
El Cántico a Dios de Ap19, 1 – 10 que rezamos en cada una de las cuatro
semanas en la que se articula la liturgia de las Vísperas es llamado “las bodas del
Cordero”, donde la meta definitiva – afirma Juan Pablo II – a la que nos conduce el
último libro de la Biblia es el encuentro nupcial entre el Ángel, que es Cristo, y la
34
Mt 6, 33.
35
Jn 13, 1.
36
Rm 1, 20-21.
37
1, 15-20.
38
Rm8, 14; Jn 3,6; 1P 1, 3-23.
11
esposa purificada y transfigurada, que es la humanidad redimida. La expresión “la boda
del Cordero” se refiere al momento supremo de la intimidad entre la criatura y el
Creador, en la alegría y en la paz de la salvación39
El himno celestial tiene una parte negativa y otra positiva. La negativa se refiere
a la ruina de la “gran prostituta”, de cuyo interior asolado sube “una humareda por los
siglos de los siglos”, como un tiempo subió también de Sodoma y Gomorra (Gn19,
28).40
La segunda parte se refiere a “las bodas de Cordero”. Los cánticos expresan el
ambiente gozoso de una boda; el triunfo final reviste el aspecto íntimo de la unión total
de Cristo y de su Iglesia. A pesar de todas sus debilidades la Iglesia “se ha Preparado.
Se ha mantenido a pesar de todos aquellos que la declararon liquidada. No ha aceptado
los partidos ventajosos que se le ofrecían. Ha rehusado obstinadamente ser la amante del
César. Ha guardado fidelidad a pesar de la tardanza del novio.
Todo el Apocalipsis deja para el marco celestial el resplandor de la Iglesia y el
lujo de la liturgia. Mientras se va por el desierto, camino de la tierra prometida, se lleva
el hábito ceñido y el bastón en la mano, para estar dispuestos a la lucha por la
supervivencia (cf. Ex12, 11).se trata, en efecto, del “paso”, de la Pascua del Señor. Es
una situación transitoria. Por eso la Iglesia no debe nunca instalarse ni en el tiempo ni
en el espacio. Debe estar siempre en vela y aguardando el día de su boda, al final de la
Historia.
2.4. La Providencia de Dios
2.4.1. Providencia en la Biblia
La perspectiva filosófica que explica la existencia de una causa primera como
origen de otras segundas, a manera de un engranaje perfecto en la que la primera mueve
a las otras, no sirve para dar una explicación de Dios según la perspectiva bíblica. En
ella, la intervención de Dios es directa, hasta en los mínimos detalles. Todo depende de
Él, de tal manera que si retirase su intervención, las cosas desaparecerían y morirían.
Como lo que mueve al Creador es el amor, es decir, todo lo que existe es fruto de su
amor, no puede existir algo que no sea querido por Él, todo tiene un motivo y por ende
no podría permitir que desaparezcan. La idea de Dios providente nace espontáneamente
del concepto de Dios salvador que se manifestó en la historia, con gestos salvadores y es
así como lo reconoce el pueblo hebreo. 41
Desde el punto de vista bíblico, con la creación del mundo y del hombre,
comienza una aventura histórica en donde la acción del hombre está en íntima relación
con las manifestaciones cósmicas y de la naturaleza, tanto es así que toda la acción del
hombre tiene sus consecuencias en la naturaleza y el cosmos. Por ejemplo por el pecado
del hombre comenzó a dar la tierra espinas y abrojos (Gn 3, 18). Es decir, todo está
fuera de su sitio por el pecado del hombre y solo encontrará su sitio en la medida que el
hombre encuentre su centro.42
Dios al crear al hombre, ha puesto una finalidad concreta a cada creatura, pero
sobre todo ha dado un sentido al hombre, rey de la creación hecho a imagen y
semejanza de Dios, con una finalidad, la de desarrollar la virtualidad de las creaturas:
39
JUAN PABLO II, Audiencia General de la Biblia. Herder. Barcelona, 1963.
40
J. M.GONZÁLES RUIZ, Apocalipsis de Juan. Ed. Cristiandad. Madrid 1987. Pág. 178
41
S. AUSEJO, o.c. n° 16. pp. 1598-1600.
42
M. GARCÍA CORDERO, Teología de la Biblia A.T, La Editorial Católica. BAC. Madrid 1970. pp. 359-360.
12
“Creced y multiplicaos”43. Al imponerle esta finalidad Dios no se desentiende del
hombre, sino que lo hace partícipe de la creación.44
El autor “Yahvista”, explica que Dios al crear al hombre de arcilla -símbolo de
la fragilidad- no lo deja indefenso, al contrario, le prepara un ambiente de vida, un
jardín con una ayuda adecuada, etc., le concede la libertad. Cuando el hombre peca,
Dios tampoco lo abandona, sino que comienza una historia de redención y salvación a
través de la historia del pueblo de la alianza, y refleja su providencia particularísima
sobre la raza humana. En resumen, todos los planes divinos tienen una dirección
salvífica y a partir de hechos que aparentemente son intrascendentes, se perfila la
maduración de los designios salvadores de Dios hasta llegar a la plenitud de los
tiempos.45
a. Antiguo Testamento
Si observamos en el Antiguo Testamento, el término “providencia”, la lengua
hebrea no tiene una palabra que la traduzca como tal, pero Sb 14, 4 y 17, 2 usa la
palabra griega pronoia. Es decir, no solo creo el cielo y la tierra, sino que dirige todo en
la naturaleza Gn 8, 22, y esta acción de Dios en la Sagrada Escritura es designado con la
palabra bar.
La providencia de Dios reconocida por los israelitas en la historia: primero la
creación y elección de Israel, la salida de Egipto, conducción por el desierto, conquista
de la tierra prometida y la alianza del Sinaí, pruebas de la providencia de Dios 46.
La concepción deuteronomista considera la historia de Israel a la luz de la
providencia divina que, por los sucesos históricos, premia o castiga al pueblo de Dios
según este siga o no las leyes de la alianza (Dt 4,8; Jc 2, 11 – 15; 1Sm 4, 1)47.
Dios vela sobre los patriarcas48, se subraya sobre todo la historia de José en
quien hace que el mal sirva a su designio de salvación.
Los profetas proclaman el dominio de Dios, sabe eternamente todo lo que ha de
suceder, además enseñaron que Yahvéh no solo cuidaba de Israel sino también de los
demás pueblos extranjeros49; Isaías habla sobre el “plan del Santo de Israel” (Is 5, 19)
para los sabios todo viene del Señor que gobierna el mundo. Jesús renovará esta
enseñanza, ya que revela a Dios como su Padre50.
b. Nuevo Testamento
Dominan las ideas del Antiguo Testamento, pero Jesús resalta más fuertemente
la paternal providencia de Dios para con todos los hombres sin distinción51.
Dios muestra una providencia (Mt 6, 26-28). Pero sólo los que buscan el Reino
de Dios experimentan a este Dios, que se preocupa de los suyos, así como de toda la
43
Gn 1, 28.
44
M. GARCÍA CORDERO, o. c. n° 42. Pág. 364.
45
X. L. DUFOUR, Providencia. Vocabulario de teología bíblica. Ed. Herder. Barcelona 1982. Págs. 736-737.
46
Sal 78, 105; Js 24; Nh 9.
47
AUSEJO,o. c. n° 42, pp. 1598-1600.
48
Gn 20, 6s; 28, 15.
49
Am 9,7.
50
Mt 6, 11. 15-34.
51
Mt 5, 45: Lc 6, 35.
13
creación. Para Pablo el mundo se caracteriza por ser creación y a través de ésta, el
hombre puede conocer al Creador, sólo con que quiera realmente hacerlo (Rm 1, 18-21).
Pero esta posibilidad de conocer a Dios no es solo algo teórico, sino una obligación, no
realizarla es ser culpable. Y los hombres han aniquilado esta posibilidad por el pecado 52.
Pablo, en los Hechos de los Apóstoles, por medio de Lucas, habla del Dios
revelado en la naturaleza. En Listra exhorta a los gentiles a convertirse al Dios creador y
viviente (14, 15-17). Se anuncia al Dios bíblico que lo ha creado todo y lo conserva
todo53.
La salud anunciada y ofrecida por Jesús realiza los planes salvíficos de Dios; la
idea de providencia toma una connotación peculiar en el Nuevo Testamento y se
convierte en realización y manifestación constante del amor y de la voluntad salvífica
de Dios.
52
SCHELKLE, o.c. N° 27. pp. 34-35.
53
SCHELKLE, o.c. N° 27. pp. 37-38.
54
GARCÍA CORDERO, o. c. n° 42. pp. 367-368.
55
Sal 23, 1-2.
56
GARCÍA CORDERO, o. c. n° 42. Pág. 368.
14
2.4.4. Providencia exige fidelidad.
Ahora bien, Dios no invita al hombre a la pasividad, sino que quiere educarlo y
el modo de hacerlo es mediante las pruebas en donde le invita a colaborar y a través de
sus promesas suscita su confianza.
Pero Junto a esta idea de providencia, destaca la idea de la paternidad de Dios
sobre Israel que llegará a su plenitud con Jesucristo porque él será el único fiel.
15
humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y
plenitud de toda la revelación.” (DV2).
Estos acontecimientos constituyen la materia visible del designio de salvación;
preparan su realización final y son ya su prefiguración. Pero Dios “no hace nada sin
descubrir su secreto a sus servidores los profetas” (Am 3,7). Los hechos acreditan la
palabra y conducen a los hombres a la fe, pues tienen valor de signos 57. Por tanto, Dios
revela progresivamente el secreto de los últimos tiempos. Su palabra es promesa.
A este título enfoca, más allá del presente y hasta del futuro próximo, el término
de su designio de salvación. Revela el futuro del linaje de David (2Sm 7,4-16), la gloria
final de Jerusalén y del templo58, el increíble papel del siervo doliente (Is 52,13-53, 12),
etc. Este aspecto de la revelación profética da a los hombres un conocimiento anticipado
del NT, revestido todavía de figuras, por una parte, pero esbozando ya los rasgos de la
alianza escatológica.
Un ser inteligente es capaz de comprender el sentido de esta creación que está en
proceso de realizarse, capaz de hacerse preguntas sobre el significado y la orientación
de esta historia de la creación. Le indica el sentido, el proyecto de esta creación. Le hace
conocer el pasado y el porvenir. El papel del profeta consiste en recibir y comunicar a
sus compañeros de existencia el conocimiento del sentido de la creación.
La Biblia describe la iniciativa tomada por Dios de comunicarse con la
humanidad. Dios hace oír su Palabra, sea directamente, sea sirviéndose de un porta
voz59. Dios se ha manifestado en la historia con una sabia “pedagogía”,
condescendiendo con ideas ambientales antes de llegar a la plena revelación. A esta
iniciativa divina de comunicarse, el hombre debe responder después de haber
escuchado: “La revelación bíblica no es recibida en una contemplación de la divinidad,
como en los misterios griegos y las gnosis orientales, sino por la atención de la palabra”;
(1Sm 3,10). El hombre debe aceptarla con docilidad y con disposición de abrazar sus
consecuencias60.
Esta mirada retrospectiva es muy importante, porque con la mirada a Dios
aparece a la vez la creación y también el hombre como la criatura que peca y que con la
caída en el pecado ha hecho la experiencia de estar atrapado por la culpa, el sufrimiento,
la tristeza y la muerte. La pérdida, dolorosamente sentida, del Paraíso, aparece sobre
este fondo oscuro, como acto del hombre; se profundiza la concepción de revelación. La
sola creación, no es total revelación de Dios. La revelación es siempre acción de Dios a
favor del hombre, e incluye su elección.
Con el peso de la historia de la perdición, ha de reflexionar también Israel sobre
la experiencia de la salvación, no ha de olvidar, con la mirada en el tiempo primitivo, ni
a Abel ni a Henóc ni a Noé. La conclusión de la Alianza de Dios con los justos, que han
escapado de la inundación que castigó el pecado, anima a Israel a aceptar de nuevo el
57
Ex 14,30.
58
Is 2,1-4; 60; Ez 40-48.
59
PONTIFICIA COMISIÓN BÍBLICA, El pueblo judío y sus Escrituras Sagradas en la Biblia cristiana.
60
Mi 6,8; Os 6,6; Jr 5,1-9; 9, 2-5.
16
Pacto del Sinaí, que la acción de elección de Dios realiza en la proclamación del
Decálogo y así “de la ley”.
La historia primitiva, que sirve de introducción en la Sagrada Escritura, ha sido
compuesta en una fecha relativamente tardía. Es una mirada de Israel al pasado. Los
onces capítulos del génesis son un documento profético y cultual, compuesto
literariamente por diversas tradiciones acerca de cómo concebía Israel el origen del
mundo y del hombre sobre la base de su experiencia concreta, histórica y especifica de
Dios. El comienzo del génesis demuestra que desde la creación, y a través de ella, se da
una revelación de Dios a los hombres que los hombres perciben y comprenden, que
pueden ver y oír.
El Génesis conoce- (2,4b-25; 3)- otra constitución del hombre. El hombre es
juzgado digno de una especial y graciosa manifestación de Dios. Participa de la íntima
proximidad, de la amistad y del amor de Dios.
La alianza con Noé (Gen 6), es una confirmación y una renovación de la
posibilidad que todavía le resta a la humanidad de reconocer a Dios por la creación.
Puede entender la creación, sobre todo la vida, la fecundidad, el ritmo de los años y de
las estaciones, como una dádiva y un regalo. Puede conocerla como revelación, como
hierofanía, y expresar este conocimiento reconocido en forma de religión.
61
X. L. DUFOUR, o. c. n° 45. pp 784-788
62
Gn 12,1; 22,1-2.
63
Gn15, 5,6, 12,17.
17
Esta promesa parece, incluso, estar en contradicción con los hechos, ya que
Abraham y Sara no tienen descendencia. Pero Dios es fiel más allá de lo improbable y
hasta de lo imposible. Sara engendra un hijo, mas apenas a poco de nacido, Dios lo pide
en sacrificio (Gn 21, 1,19). En medio de las tinieblas Abraham se pone en manos de
Dios “que ve” (Gn 22, 1-14). Al Dios que se le había manifestado como Señor de la
historia y de la vida y como el Dios de la promesa, Abraham responde con una
disponibilidad total. Su reacción es el de la fe y la obediencia. Por eso Abraham es
padre de los creyentes (Rm 4, 16).
En esta primera etapa, prototipo de la revelación venidera, Dios se manifiesta
por su obrar en la historia: un obrar que es promesa y cumplimiento, palabra eficaz que
realiza la salvación que promete. Consiguientemente, a la promesa responde no una
gnosis sobre Dios, sino una fe obediente.64
Revelación a Isaac
Isaac conoce al Dios de su padre Abraham y lo invoca al ver que su mujer
Rebeca es estéril y Dios lo hace fecunda
En Berseba Yahvéh se le apareció en una noche y le dijo: “Yo soy el Dios de tu
Padre Abraham. No temas porque yo estoy contigo. Te bendeciré y multiplicaré tu
descendencia” (Gn 26,23).
Revelación a Jacob
Jacob en viaje a Jarán a su tío Labán se duerme en Betel y pone por cabezal una
piedra mientras dormía tiene un sueño en el que Yahvéh se le revela y le dice: “yo soy
Yahvéh el Dios de tu padre Abraham y de Isaac, la tierra en la que estás acostado te la
doy a ti y a tu descendencia” Jacob hace un voto si vuelvo sano y salvo a la casa de mi
padre entonces Yahvéh será mi Dios (Gn 28, 21).
Estando Jacob en casa de Labán y después de haberse casado con sus dos hijas,
se le aparece Dios y le dice: “yo soy el Dios que se te apareció en Betel…ahora salde tu
tierra y vuelve a tu país natal” (Gn 31, 13).
Jacob en su regreso, al pasar el Yaboc, se quedó solo y alguien lucha con él y
Jacob ve que no lo puede vencer. El que lucha contra Jacob, que es el mismo Dios, le
pregunta cuál es su nombre, este responde Jacob, y después le dice: no te llamarás más
Jacob sino Israel; y cuando Jacob le pregunta cuál es su nombre no le responde y solo
termina bendiciéndole (Gn 32,30).
La promesa hecha a los patriarcas posee un doble contenido: la posesión del país
de Canaán y la descendencia innumerable, es frecuente hallarlas juntas; pero esta nunca
se realizó para los patriarcas que solo fue suya el sepulcro en Makpelá en Hebrón (Gn
23) y solo se realizará cuando sean un pueblo, ahora bien Israel se convirtió en Pueblo
de Yahvéhh mediante la revelación de sus mandamientos y la institución del único culto
legítimo65.
64
R. LATOURELLE, S. P. NINOT, R. FISICHELLA, Diccionario de teología fundamental. Ed. Paulinas. España 1992. Pág.
1236.
65
G. VON RAD, o. c. n°20. Pág. 223.
18
3.3. Revelación Mosaica
La segunda etapa decisiva de la revelación se cumplió en el acontecimiento
vivido en el éxodo. Un acontecimiento de salvación que libera a Israel de la esclavitud
de los egipcios y que va acompañado de la auto-presentación de su autor. Al revelar su
nombre a Israel por mediación de Moisés, Dios revela no sólo que existe, sino que es el
único Dios y el único salvador.
66
G. VON RAD, o. c. n° 20. Pág. 224.
19
misma intensión de apoderarse de Dios, pero también Dios en esta ocasión se
desembaraza de esta impertinencia y se niega a responder cuando Jacob le pregunta su
nombre. “¿porque me preguntas mi nombre? Y lo bendijo” (Gn 32, 30).
En Ex 3,14 Yahvéhh da a conocer su nombre y de esta manera se confió a las
manos de Israel el nombre de Yahvéh. Él solo era la garantía de la proximidad y la
benevolencia de Yahvéh. Este nombre participa inmediatamente de la santidad del
mismo Yahvéh, pues era en cierto modo un duplicado de la esencia divina y si era santo,
quiere decir que con pleno derecho, que él fue el corazón del culto del antiguo pueblo
de Israel. La entrega de una realidad tan sagrada colocó a Israel en una tarea inmensa,
una de cuyas preocupaciones consistía en evitar las tentaciones que derivaban de ella.
En términos generales significa que el nombre de Yahvéh debe ser santificado. En todas
las circunstancias debe protegerse este santo nombre contra su empleo abusivo no
cultual67.
Dios promete a Moisés a asistirle, pero no es una asistencia ocasional, sino su
continua presencia en el hombre, porque “bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en
Egipto, y he escuchado su clamor en presencia de sus opresores; pues ya conozco sus
sufrimientos comprendidos” (Ex 3, 7). Dios conoce al hombre y por ternura y
misericordia le revela quien es.
Moisés vio un zarzal y una llama, la llama ardía, el zarzal no y dentro de este
zarzal, la presencia de Dios se le apareció. Rabí Eliezer que Dios se le aparece en el
zarzal porque es el más humilde de los árboles, e Israel es el más humilde de los
pueblos. Mientras que Rabí Sose afirma porque es el árbol doloroso y Dios sufre cuando
sufren los hebreos. Dios llamó a Moisés y tomó la voz de su padre Amram: “Moisés,
Moisés”, respondió “¿qué quiere mi padre?” “Heme aquí soy el Dios de tu padre, el
Dios de Abrahán, Isaac y Jacob” dijo Dios y Moisés se regocijó en su corazón porque
había puesto en su padre entre los patriarcas, antes que ellos. Además Moisés se cubrió
el rostro y por ello Dios le prometió que toda su existencia le hablará cara a cara, y así
lo hizo. Moisés le pidió a Dios que le dé una señal para que le sigan; le pide su nombre,
para que le crean. El Señor le respondió: “Mis nombres son sin número, igual que mis
poderes: cuando yo doy mi fuerza, me llamo Sabaoth; cuando doy mi paciencia, me
llamo Schaddai, cuando doy mi justicia, me llamo Eloim; cuando doy mi perdón, me
llamo Adoni; pero mira los signos impronunciables que he grabado en tu cayado de
zofiro: contiene el nombre que contiene todos mis nombres y todos mis poderes, que
significan: yo soy el que soy, ve y di a los hebreos: Aquel está conmigo”68
4. LA PALABRA REVELADORA
67
VON RAD, o. c. n° 20. Pág. 224.
68
E. FLEG, Moisés contado por los sabios. Colección Hagada. Mercabá. Bilbao 1992. pp 36-40.
20
“Por medio de hombres y al modo humano Dios nos habla, porque hablando así
nos busca”69( san Agustín).
En todos los siglos habla Dios a hombres escogidos por él, con la misión de
trasmitir su palabra. Estos hombres son los Profetas.
Puede variar el modo como Dios se dirige a ellos: autocomunicación o
automanifestación. A unos habla en visiones y en sueños 70, a otros con una inspiración
interior más indefinible71; pero solo a uno habló cara a cara, a Moisés72.
Su mensaje es mensaje de Dios, por ello acoger el mensaje es acoger a Dios;
esto es lo que constituye su originalidad. Él es objeto de una experiencia privilegiada,
conoce a Dios porque le ha hablado y le ha confiado su palabra, ha sido llamado a
conocer sus secretos73, y sus designios74.
La palabra de Dios ha sido puesta en él 75, en esto radicará la diferencia entre
el verdadero y falso profeta, en la posesión de la palabra 76. 77Él es consciente de no
haber creado esta palabra, pero está en él. Y muchas veces ésta contradice sus instintos
naturales, por la libertad que tiene para responder a ella 78, por eso la adhesión será
desde la fe. Ellos ponen el cuerpo y la sangre a la palabra, le dan su cuerpo y su ser 79,
en ellos se encarna la palabra de Dios.
Él se convierte en el intérprete al momento de proclamar, así de la palabra
(dabar) como de la historia80; percibe el sentido divino de los acontecimientos,
interpreta la historia desde el punto de vista de Dios (el presente o el venidero), cabe
subrayar que es en el corazón de la historia en donde actúa la palabra.
La palabra tiene una realidad dinámica al ser de Dios 81, por lo cual es eficaz;
porta una fuerza que primero actúa en el profeta luego en la historia llevándola a su
plenitud, por su valor sacramental; busca la salvación del hombre, y la realización de
su salvación, que es ya palabra de Dios al ser acontecimiento.
Los profetas son mediadores y garantes de la acción de Dios 82, su predicación
(oral o escrita) va dirigida al pueblo como una llamada a la justicia y a la fidelidad de la
alianza83 (la que a veces inculca o actualiza), alianza que se realizará en la observancia
de la ley. Para ello actualiza las bendiciones de la alianza, pero sabiendo que la
anterior no será ya posible84 y manifiesta que se realizará en una alianza nueva85.
La revelación del AT tiene su inicio en la promesa hecha a Abraham 86 y tiende a
su cumplimiento con la llegada del Mesías87.
69
L. ALONSO SCHOKEL y J. L. SICRE DIAZ, Profetas; Ediciones Cristiandad. Madrid 1980. Pág. 17.
70
Nm 12, 6; 1Re 22, 13-17.
71
2Re 3-15; Jr 1, 4.
72
Nm 12, 8.
73
Nm 24, 16.
74
Am 3, 7.
75
Jr 5, 13; Ez 3, 1-3.
76
Jr 23, 16-31.
77
R. LATOURELLE, Teología de la Revelación, Ediciones Sígueme, Ed. 11. Salamanca 2005. Pág. 34.
78
Is 6, 8.
79
Os 1, 2.
80
Ez 35, 1.
81
Ez 37, 11.
82
Os 2, 16
83
Am 3, 1-7.
84
Mi 2, 12.
85
Jr 31, 31; Mi 7, 11.
86
Gn 12, 1.
87
Mt 1, 1.
21
Cada revelación marca el cumplimiento de la Palabra, pero hace esperar un
cumplimiento más decisivo todavía88, la historia tiende hacia la plenitud de los tiempos
que será el cumplimiento de los designios de salvación por Cristo y en Cristo89.
88
Ba 4-5, 1-9.
89
Ga 4, 4.
90
Lc 3, 1.
91
Hb 1, 1.
92
Lc 4, 21.
93
JN 1, 1.
94
Col 1,15; 2Cor 4,4; Jn 1,18.
95
1Tm 1,17.
96
Jn 14,7.
97
Jn 20, 17.
98
Ef 1,3-6.15-18.
99
Mt 12, 28.
100
Mt 4, 10.
101
Mt 16, 14.
102
Jn 4, 19.
103
Lc 9, 2.
22
Asimismo, se le da el título de rabí104, propio de Lucas que lo emplea siete veces.
Cristo no es un simple rabí, es el Maestro, los doctores de Israel se limitan a comentar
la ley, pero Cristo la interpreta, corrige y profundiza. Sustituye las prescripciones de
una moral imperfecta con exigencias que llegan a lo íntimo del corazón; él habla con
autoridad: pero yo os digo105.
Pero esta autoridad es porque es el hijo único, el heredero 106, es la palabra del
Padre, por lo cual no revela al Padre desde una experiencia de conocimiento filosófico,
sino desde la íntima relación filial entre Él y su Padre, así mismo el Padre revela al
Hijo, y ambos se revelan a quienes ellos quieren107.
104
Mc 9, 5.
105
Mt 5, 28.
106
Mc 12, 6.
107
Lc 10, 21; Mt 11, 27.
108
H. KOSTER, Introducción al Nuevo Testamento, Sígueme, Salamanca 1988. pp. 582-583.
109
Jn 1, 14.
110
Jn 16, 29.
111
Jn1,14a
112
Jn1,14b
113
Jn 1, 1-2.
114
Is 10,23; Rm 9,28.
115
Jn 1, 14.
23
ontológicamente como el revelador. Esta misión se enraíza en su vida misma en el seno
de la Trinidad, en el que es la palabra y la sabiduría de Dios.
Dios se revela en Jesús, y solamente en Jesús. La ley fue dada por Moisés, pero
la gracia y la verdad vinieron por Cristo Jesús 116: es una afirmación polémica frente a
los judíos y a su absolutización de la ley; no la ley, sino Jesús es la revelación última y
definitiva de Dios. La afirmación sucesiva prolonga la polémica, excluyendo toda
pretensión de revelación. A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo único, que está en el
Padre, nos lo ha dado a conocer117. Es una afirmación muy densa; ante todo dice que el
hombre por sí, en su estado de confusión, no sabe quién es Dios; luego, la revelación
mantiene el misterio sobre Dios; finalmente, que en Cristo Dios se ha dado a conocer
plenamente.
El esfuerzo del hombre, sus investigaciones filosóficas y religiosas no son
capaces de arrancar a Dios de su invisibilidad. Solo el Hijo de Dios, justamente porque
viene de Dios (vive en su seno) puede levantar el velo 118. La legitimación de la misión
reveladora de Jesús radica en su vida en el seno de la Trinidad. Él es la Palabra junto a
Dios y dirigida al Padre en actitud de escucha. La escucha y la obediencia son la
estructura íntima del Hijo119. Por eso en su aventura humana no hará otra cosa que
obedecer a la voluntad del Padre. En el seno de la Trinidad, lo mismo que en su
existencia humana, el Hijo es la transparencia del Padre120.
116
Jn 1, 17-18.
117
Jn 1, 18.
118
Jn 17, 25-26; 14, 6-9.
119
Jn 14, 9-12.
120
Jn 10, 30.
121
H. HAAG Y OTROS, Diccionario de la Biblia, Herder 1981. Págs. 1708-1709.
122
Col 1, 15-20.
123
Hch 2, 1-11.
124
Lc 24, 13-35.
24
sentido que Jesús es el único mediador de la revelación, de que Él en su persona y en su
obra redentora forman un objeto único de la revelación y plenitud de la historia.
Al contar la historia de Jesús, los sinópticos están persuadidos de que narran la
historia de la manifestación de Dios. Jesús es el revelador. Él ha hablado de Dios, y sus
palabras son una explicación o comentario de la vida que ha vivido. Este es realmente el
lugar más denso (y polémico) de la epifanía de Dios 125, y los evangelistas la cuentan con
rasgos muy precisos.
Los sinópticos evidencian con fuerza un segundo rasgo de la historia de Jesús: él
busca perennemente a los pobres y a los pecadores 126, no establece diferencias entre los
hombres, distribuye a manos llenas el perdón. Para los fariseos es una praxis
escandalosa e irritante: trastorna los criterios pastorales más obvios y está en contraste
con la concepción más común de Dios. En cambio, para Jesús es una praxis que revela
el verdadero rostro de Dios. Esto aparece con claridad, por ejemplo, en las tres
parábolas del capítulo 15 de Lucas: en la praxis de misericordia de Jesús se revela y se
hace presente la misericordia del Padre 127. La revelación pasa, pues, a través de las
modalidades históricas precisas de la vida de Jesús. Si el Hijo de Dios hubiera vivido
una vida diversa, hubiese sido diversa la revelación de Dios. Como también sería
diversa la lectura de la epifanía de Dios ocurrida en Jesús, si tomáramos como centro
hermenéutico de su historia los milagros en lugar de la cruz - resurrección.
Para los sinópticos también, Jesús es el único revelador de Dios, y ello porque él
solo es el Hijo unigénito del Padre que da conocer a todos, es una relación vital y
circular entre personas de la Santísima Trinidad. El conocimiento entre el Padre y el
Hijo es recíproco y exclusivo128; pero no es un círculo cerrado, sino abierto: El Padre
misericordioso se quiere revelar. El hombre puede ser admitido en el diálogo entre el
Padre y el Hijo129, pero como puro don. Y sólo Jesús puede ser admitido, por el poder
que ha recibido de parte de Dios y por el conocimiento del Padre que posee: “Nadie
conoce al Padre sino el Hijo”, Jesús es el revelador único, verdadero, diverso de todos
los maestros. Habla de un misterio de Dios que conoce profundamente; diversamente
del modo de transmitir de los rabinos de hombre a hombre, Jesús recibe el conocimiento
directamente del Padre.
El objeto directo de la revelación de Jesús es el Padre; pero el logos que estamos
examinando afirma que también el Hijo es un misterio que el hombre por sí solo no es
capaz de conocer: “Nadie conoce al Hijo sino a través del Padre” 130. Esto nos lleva a
otra convicción sinóptica: Jesús no es sólo el revelador, sino el revelado 131. El misterio
de su persona es inaccesible a la carne y a la sangre 132; imposible percibirlo sin una
revelación del Padre. El objeto de la revelación es la persona de Jesús, su filiación
divina, su misión de salvación, su destino de muerte y resurrección.
Según los sinópticos, también Jesús predica y enseña. Estos dos términos
insinúan aspectos distintos: significa la proximidad del Mesías y la cercanía del Reino
de Dios,133 es la presencia misma del Mesías, y el carácter doctrinal que se encuentra en
el acontecimiento de la llegada del reino mesiánico inaugurado con el advenimiento de
125
Mt 2, 10.
126
Mc 2, 17.
127
Mt 16, 17.
128
Mt 3, 17.
129
Mt 28, 10; Jn 20, 17
130
Mt 11, 27.
131
Mt 2, 1-12.
132
Mt 16, 17.
133
Mc 1, 15.
25
Cristo. En los sinópticos es Jesús de Nazaret el que anuncia el cumplimiento de la ley y
los profetas134.
Mas ¿cuál es el contenido del misterio? Diversas expresiones lo indican como el
proyecto divino de salvación, un proyecto sobre el hombre y sobre el mundo; no un
proyecto parcial sobre esto o sobre lo otro, sino el proyecto global, el sentido último de
toda la creación.
San Pablo lo dirá en la carta a los Colosenses: el proyecto es Cristo entre
vosotros, la esperanza de la gloria 135; en los Efesios, el misterio es un proyecto de
comunión, la reunificación de la humanidad en Cristo y en la Iglesia; no ya los judíos
por una parte y los gentiles por otra, sino un cuerpo único: Los paganos comparten la
misma herencia con los judíos, son miembros del mismo cuerpo y, en virtud del
evangelio, participan de la misma promesa en Jesucristo136.
Finalmente, no faltan en los evangelios sinópticos algunos indicios de gran
interés respecto al lenguaje de la revelación. Para hablar de Dios, del reino y de sí
mismo, Jesús se ha servido ampliamente de las parábolas. Mateo incluso generaliza: Les
hablaba sólo en parábolas137. Y Marcos insinúa que la historia de Jesús es una parábola,
y no sólo sus enseñanzas: Todo ocurre en parábolas138. No se trata, pues, solamente de
las parábolas en sentido específico, sino de toda la revelación de Jesús. El lenguaje de la
revelación es necesariamente parabólico. No podemos hablar del misterio de Dios y de
su reino directamente, sino sólo parabólicamente, indirectamente, mediante realidades
tomadas de nuestra experiencia. La parábola es un discurso global que deja intacto el
misterio de Dios, pero que muestra con fuerza su impacto en nuestra existencia. De ahí
la ambigüedad del lenguaje parabólico: es luminoso y oscuro, descubre y oculta;
lenguaje que requiere interpretación y decisión139.
“Muchas veces y de varios modos habló Dios por boca de sus santos profetas,
pero al fin de estos días nos ha hablado por medio de su Hijo”140 . Estas palabras
determinan junto con la diferencia esencial entre la revelación del Antiguo Testamento
y del Nuevo Testamento, la cualidad esencial de toda revelación bíblica: se reveló
antiguamente por medio de sus profetas, pero ahora por Cristo141.
Dios revela su voluntad en la ley 142, se ve claro que esta forma de revelar se
extiende como algo permanente y continuo a lo largo del tiempo. El Antiguo
Testamento, considera la historia como una firme y constante manifestación de Dios,
pues se revela como Señor justo y clemente en la elección, gobierno y protección de su
pueblo, en el gobierno del mundo y su soberanía sobre todos los pueblos.
Las expresiones paulinas para significar la revelación, son sobre todo
apocalípticas (apocaliptein: propiamente revelador), y manifestación (faneroin: poner de
manifiesto, dar a conocer, mostrar). La terminología paulina sobre el misterio que
134
Lc. 9, Mc. 6, Mt. 10.
135
Col 1, 27.
136
Mt 3, 6.
137
Mt 13, 34.
138
Mt 4, 11b.
139
Mt 13, 1-15,18-23; Mc 4, 1-20; Lc 8, 4-15
140
Hb 1, 1-2.
141
La revelación nueva, por el contrario, nos viene del cielo (12, 22-24) y por un mediador celeste, Jesús (12, 24),
que inaugura «el camino nuevo y vivo», a través del velo de su carne (10, 20).
142
Hb 3, 3.
26
estuvo oculto y ahora se ha revelado, no está tomada de la religión helenística, sino que
puede explicarse perfectamente por el lenguaje del judaísmo posterior sobre la sabiduría
y el género apocalíptico143.
Por lo tanto, quiso Dios en su bondad y sabiduría revelarse a sí mismo y dar a
conocer el misterio de su voluntad144 , mediante el cual los hombres por medio de
Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen
partícipes de su naturaleza. En consecuencia, por esta revelación Dios invisible habla a
los hombres como amigos, quienes, movidos por su gran amor, responden a la llamada
que Dios les hace para comunicarles una nueva vida y recibirlos en su compañía145.
Este plan de revelación se realiza con palabras y gestos intrínsecamente conexos
entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios 146 en la historia de la salvación
manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las
palabras por su parte proclaman sus obras y esclarecen el misterio contenido en ellos.
Pero la verdad profunda acerca de Dios y de la salvación humana se nos manifiesta por
la revelación de Cristo, que es a su tiempo mediador y plenitud de toda la revelación.
El designio comporta una pedagogía divina particular: Dios se comunica
gradualmente al hombre, lo prepara por etapas para acoger la revelación sobrenatural
que hace de sí mismo y que culminará en la Persona del Verbo Encarnado, Jesucristo.
También Dios, creándolo todo y conservándolo todo con su Palabra da a los hombres el
testimonio de sí en las cosas creadas y, queriendo abrir el camino de la salvación
sobrenatural, se manifestó además a nuestros primeros padres ya desde el principio 147.
Les habló y después de la caída les prometió la salvación, y les ofreció su alianza. Dios
se ha revelado plenamente en su propio Hijo en quien ha establecido su alianza para
siempre. El Hijo es la Palabra definitiva del Padre de manera que ya no habrá otra
Revelación después de Él.
Pues envió a su Hijo es decir la Palabra 148 eterna que ilumina a todos los
hombres, para que manifieste a los hombres los secretos de Dios. Jesucristo, pues, la
Palabra hecha carne, enviado a los hombres habla palabras de Dios 149 y lleva a cabo la
obra de la salvación que el Padre le confió 150. Por tanto, ver a Jesucristo es ver al
Padre151, con su total presencia y manifestación personal, con palabras y obras, señales y
milagros, y sobre todo con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos;
finalmente con el envío del Espíritu de verdad, completa la revelación y confirma con el
testimonio divino que vive Dios con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado
y de la muerte, y resucitar con Él.
La revelación en la Iglesia, los actos y las palabras de Jesús 152 no fueron
conocidos directamente, sino fueron trasmitidos por un pequeño número de personas.
Ahora bien, la revelación que aportaban estaba destinada al mundo entero. Por esto la
143
S. DE AUSEJO, Diccionario de la Biblia, Volumen 27, Herder, Barcelona 1981. pp 1708-1709.
144
Ef 1, 9.
145
Ex 33, 11; Jn 15, 14-15.
146
Hb 2, 5-18.
147
Rm 1, 19-20.
148
Es una palabra de autoridad, hecha para ser escuchada con atención (2,1; 12, 25), para ser creída (3,12-19; 4,2-3;
10,22. 38-39; 11; 13,7-9), para ser obedecida (10,36; 11,8; 12,9).
149
Jn 3,34.
150
Jn 5, 36.
151
Jn 14, 9.
152
Esta palabra es a la vez conocimiento de la verdad (10,26), enseñanza o mensaje (2,1-2), promesa (4,1), ley (2,2).
Esta palabra pide ser escuchada con atención (2,1), creída (3,12), obedecida (10, 36). Gustosa para los que la
aceptan (6,5), es terrible para los que la rechazan (2,3). Promesa de descanso (4,1; 4,5), puede transformarse en
amenaza (3,8; 4,7) y en juicio (4,13). Activa (4,12), eficaz (4,13), siempre actual (3,7; 3,15; 4,7), resuena en el oído de
los cristianos e invita a todos, en el hoy permanente, a entrar en el descanso de Dios (3,7; 3,15; 4,11).
27
confió Jesús a sus apóstoles con la misión de comunicarla a los otros hombres 153. Irán
por el mundo entero a llevar el Evangelio a todas las naciones. Después de la
resurrección hace de ellos sus testigos.
En Jesucristo vemos como se difunde la Palabra desde Jerusalén hasta los
confines de la tierra. El esbozo concreto que anunciaba la acción de la Iglesia, la
prolongación de los apóstoles desde Pentecostés hasta el fin de los tiempos. La Iglesia
es la acogedora de esta revelación de Dios.
5. FRUTOS DE LA REVELACIÓN
5.1. Promesas
La Iglesia primitiva y la revelación que se da en ella son marco y presupuesto de
la revelación histórica especial que comienza con Abraham. De la universalidad de la
Iglesia primitiva, se pasa a la particularidad y singularidad de un pueblo y de su destino
histórico.
La revelación que comienza con Abraham es llamada, conforme a su sentido
“revelación como promesa”. Con ello se determina lo que es nuevo en la forma de esta
revelación.
Abran vive en Ur de Caldea podría pensarse que Dios llamo a Abran a la
soledad, pero le llevó a una íntima liberación e iluminación y le dio conocimientos
religiosos: conocimientos de lo que Dios es y cómo el camino y el paso hacia Dios es
posible. En ella (en la revelación a Abran), encontramos los hechos siguientes: Abran
abandona su país, su patria, su ambiente actual y marcha a un país extraño y
desconocido para él.
Este acontecimiento, esta decisión y determinación de un hombre, es algo
provocado y causado por Dios, por su voluntad, su orientación, su llamada y su palabra.
(“Dios habló”). Vida y hechos, rumbo y destino de Abran se presentan como señal de
una obediencia y de un poder que actúa en él, que él reconoce en los destinos de su vida,
que no son meros hechos, sino datos en los que Dios quiere decir algo, en los que Dios
obra, en los que Dios se manifiesta, se revela, y en los que Abran realiza su fe y su
obediencia como confianza y abandono. Esta situación es descrita en la Biblia en (Gen
12, 1. 3-4).
El camino, la historia y el destino de Abran deben ser interpretados según el
testimonio de la Escritura, teológicamente, es decir, como revelación. Esta revelación
debe ser considerada como acción y dirección histórica de Dios. A la actividad
reveladora de Dios responden la obediencia y la fe. La cualidad de la revelación y de la
fe en la historia de Abraham pone completamente en claro que revelación y fe se
presentan bajo el signo de promesa. Así, la fe se presenta como exclusiva dependencia,
como un absoluto apoyarse en Dios.
La actividad reveladora de Dios con Abran viene sellada por la alianza, que una
vez más, nace de la libre iniciativa de Dios y es donada al hombre. “Yahvéh dijo a
Abran: ‘Yo soy El- Sadday’ (el Dios poderoso). Camina en mi presencia y sé perfecto.
Yo haré una alianza entre tú y yo y te haré inmensamente rico” (Gen 17,1-2; 15, 18).
Como señal de la novedad sucedida en la conclusión de la alianza, Abran recibe un
nombre nuevo: “desde ahora, no te llamarás ya Abran, sino que tu nombre será
Abraham, porque te he destinado a ser padre de muchos pueblos” (17, 5).
153
Ef 1, 19-22; Mt 10, 26.
28
La otra confirmación y garantía de la alianza de Dios con Abraham y con sus
descendientes seria la circuncisión (Gen 17, 9ss). La circuncisión es la señal de la
alianza y, al mismo tiempo, la señal de que aquel que la lleva es propiedad de Dios.
A través de los acontecimientos abrahámicos puede conocerse que es la
revelación especial histórica: una vida, un destino, todos los caminos y decisiones son
aquí palabra, voluntad y acción de un Dios que se dirige a un individuo particular y se
descube de este modo a sí mismo y los decretos eternos de su voluntad salvífica.
5.3. Monoteísmo
El decálogo comienza con el hecho que fundamenta la existencia de Israel: “Yo
soy Yahvéh, tu Dios, que te he sacado de la tierra de Egipto y de la casa de la
servidumbre” (Ex 20, 2). Aquí se apoya la reclamación total de Yahvéh sobre y en
Israel. Por eso Israel tiene un solo Dios: “no tendrás ningún Dios fuera de mí” (Ex 20,
3). Esta afirmación encierra en sí a la vez un encargo y una promesa: es la grande y
especial revelación de Dios a su pueblo. El fin y la consumación de las acciones
reveladoras y liberadoras del pueblo de Israel aparecen en la llamada conquista del país
de Canaán. Aquí debe mencionarse la alianza de Siquén, concluida por Josué, sucesor
de Moisés.
También en esta alianza se recuerda el gran hecho de Dios con su pueblo: la
liberación de la servidumbre de Egipto, la salvación en el desierto, la entrada en
Canaán, como cumplimiento de la promesa Abrahán, Isaac y Jacob. A la vista de ello,
presenta Josué al pueblo la alternativa de decidirse por o contra este Dios. El pueblo
responde: “A Yahvéh, nuestro Dios, queremos servir” (Jc 24, 24). En Canaán, ha
olvidado profundamente su vocación y elección; en Canaán, Israel se ha convertido en
un “pueblo de la tierra”, según el lenguaje bíblico: se ha “apartado” de Yahvéh, ha
“abandonado” a su Dios, ha “olvidado la alianza de Yahvéh”. Surgió una generación
nueva que no conocía a Yahvéh, ni los hechos que hizo por Israel: “Abandonaron a
Yahvéh y sirvieron a Baal y a las Astartés” (Jc 2 10.13).
Las oscilaciones entre asimilación y distanciamiento, la lucha entre Dios y la
idolatría, entre Yahvéh y Baal, alcanza su punto culminante en el desafío de Elías a los
sacerdotes y profetas de Baal: “Si Yahvéh es Dios, seguidle; si lo es Baal, seguid a éste”
(1Re 18 21)
La segunda asimilación del pueblo elegido acontece en el terreno político. La
realeza de Yahvéh sobre su pueblo fue ejercida al principio de una manera inmediata.
Dios, el espíritu de Dios, suscita hombres que socorren al pueblo en su tribulación, le
guían y le juzgan como caudillos, jueces y capitanes que, así se dice, combaten “ las
batallas de Yahvéh”. Es la época de los jueces: Débora, Gedeón, Sansón, Samuel, que
fueron llamados y llevados por el espíritu de Dios.
Esta libertad de gobierno hacía que se destacara de una manera especial la
soberanía de Dios, que es el rey de Israel. La fuerza y el poder de este rey deben ser el
poder y la fuerza del pueblo.
Pero las cosas no se mantuvieron así. La peculiaridad del pueblo de Dios no se
sostuvo históricamente. Desde el seno de Israel brota, la petición de una institución
sólida de poder y de una representación visible del pueblo. Estos deseos arrancaron la
decisión de Samuel, el último de los jueces: “Que haya un rey sobre nosotros, para que
seamos como los otros pueblos; que nos juzgue nuestro rey, que vaya delante de
nosotros y pelee nuestras batallas” (1Sam 8 19s).
Visto desde la fe, es un apartamiento del pueblo del dominio de Dios. Es
rechazar el domino de Dios, es dudar de la fidelidad y de las promesas de Dios, dudar
de la posibilidad de Dios en el mundo y en la historia.
161
H. DIETRICH PREUSS, o. c. n° 154. Pág. 69.
31
Con todo, esta eclosión de la institución de la monarquía tan porfiadamente
conseguida es aceptada en la ley del pueblo de Dios y queda ordenada dentro de ella. De
este modo se sigue manteniendo la característica fundamental de la alianza y la
promesa: “vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.” Este cometido puede
realizarse también dentro de la monarquía: la monarquía debe convertirse en órgano e
instrumento del dominio de Dios como rey. Lo que ahora se inicia parece alcanzarse
felizmente en la figura y en la monarquía de David. El guía a todas las tribus de Israel y,
crea un reino poderoso. La unidad del pueblo se funda en Yahvéh, que es el Dios único
y común. David dio expresión a esta vinculación al trasladar a Jerusalén, al monte Sión,
la tienda de la alianza, con las tablas de la ley, el documento de la alianza de Yahvéh.
Allí junto al palacio del rey, debía alzarse el templo, en sustitución de la antigua tienda:
el Dios único como rey del rey del pueblo.
El punto culminante de la vida de David marca también un viraje en la historia
de la monarquía de Israel. En Saúl y en David, “el espíritu de Yahvéh” fue elemento
determinante de su elección como reyes.
Esta nueva etapa y forma de revelación dentro de la monarquía a lo largo de la
historia, esta etapa no alcanzó su objetivo. El juego de Israel con el poder mundano y el
intento de conservar dentro de él su situación especial, su condición de elegido, y
hacerla presente al mundo fracasó. El dominio de Dios se convirtió en dominio humano.
El fracaso del intento apareció visiblemente después de la muerte de David, con la
división del imperio en dos reinos, el del Norte y el del Sur, con el hundimiento de
ambos y con la deportación del pueblo al cautiverio de Babilonia, precisamente al
mismo país de donde en otro tiempo había salido Abrahán. Poder y monarquía
terrenales eran un mal instrumento, un órgano inútil en orden al dominio y reinado de
Dios.
Para que la existencia entera de Israel repose sobre la fe precisa que todas sus
instituciones no hallen solidez sino en la palabra de Dios. La institución monárquica,
fundamento normal de la comunidad nacional y expresión de su voluntad de vivir, tiene
en Israel un aspecto paradójico. Es a la vez meramente tolerada por Dios, casi de mala
gana, porque corre gran peligro de atentar contra la confianza exclusiva que Dios
reivindica de su pueblo (l Sam 8,7ss) y promovida a una grandeza y a un porvenir
supraterrenos (2 Sam 7). Un muchacho “tomado de entre los pastos” conocerá “un
nombre igual a los más grandes”, es también la promesa que recibe David en 2 Sam 7,1-
17 sobre un descendiente que le sucederá en el trono (2 Sam 7,9); su descendencia,
sentada “a la diestra de Dios” (Sal 110,1), heredará de las naciones (Sal 2,8). En las
horas del mayor abatimiento y hasta en los días de Cristo, estas promesas seguirán
alimentando todavía la fe de Israel162.
También en la bendición de Judá entre las bendiciones de Jacob (Gn 49, 8-12) y
en los oráculos yahvistas de Balaam de Nm 24, 5-9. 17, que en conjunto son vaticinia ex
evento y describen un “presente claramente feliz” y no el futuro, se encuentra una
valoración positiva de la monarquía y del reinado de David. Estos textos se acercan ya
bastante al “mesianismo del presente” de los Salmos del rey. Aparte de incluir a
Jerusalén en el mundo religioso de Israel y de la fundación de la dinastía davídica, la
importancia de David para la ulterior fe israelita consiste, por último, también en que su
gran reino fue recordado como reino ideal (2 Sam 8-10), frecuentemente invocado en
las manifestaciones de esperanza del AT.
162
Is 11, 1; Jer 23, 5; Zac 6, 12; Lc 1, 32.69.
32
En el Nuevo Testamento, Jesús habla en los evangelios del Dios de vivos:
Abraham, Isaac y Jacob a quien hay que escuchar y amar (Me 12, 26-29). También
ataca la idolatría diciendo que “nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a
uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a
Dios y al Dinero” (Mt 6, 24). Asegura que él y el Padre son uno (Jn l0, 30; 17, l1) y
“que es el Hijo único lleno de gracia y verdad” (Jn l, 1 4).
San Pablo dirá que “para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, del
cual proceden todas las cosas y para el cual somos; y un solo Señor, Jesucristo, imagen
de Dios invisible. Primogénito de toda la creación, por quien son todas las cosas y por
el cual somos nosotros un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la
esperanza a que habéis sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un
solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos"163.
163
1Cor 8, 6-8; Col 1, 15; Ef 4, 4-5.
164
Dz 1805.
165
Dz 1883.
33
La gloria de Dios y el bien de las criaturas libres no deben ser nunca
consideradas como dos efectos diferentes. Dios parece rechazar a veces una
glorificación y un culto que no redunde en beneficio del hombre “al extender vuestras
palmas, me cubro los ojos para no veros, aunque abunde vuestra plegaria, yo no oigo”
(Is 1,15). La adoración de Dios no puede separarse del bien del hombre, lo mismo que
el primer mandamiento de la ley de Dios no es separable del segundo “amaras al Señor
tu Dios… y al prójimo como a ti mismo”.
La redención operada por Cristo incluye un momento teológico porque Jesús se
encarna por amor al Padre y para corresponder al amor paterno, que ha sido despreciado
por los hombres, incluye un momento antropológico porque se encarna por amor a los
hombres. De modo que entre ambos impulsos de amor no hay oposición. Al dar gloria a
Dios realiza la salvación humana. En fin, la creación es gloria de Dios y gloria del
hombre.
34
6. CONCLUSIONES
35
camino, su ley. La persona y la obra de Cristo y de la Iglesia se sitúan en la
prolongación de esta historia personal.
Progreso: ninguno de los grandes temas se escapa de la irradiación de la luz de
Cristo. El NT mantiene firmemente la fe monoteísta de Israel: Dios sigue siendo único,
sin embargo, el Hijo participa de este Misterio. Dios crea por su palabra (Gn 1), pero
esta Palabra preexiste “junto a Dios” y “es Dios” (Jn 1, 1-5); después de haberse
expresado, a lo largo de toda la historia, a través de toda una serie de portavoces
auténticos (Moisés y los profetas), terminó por encarnarse en Jesús de Nazaret 166.
Asimismo, Dios crea al mismo tiempo “por el aliento de su boca” (Sal 33,6). Este
aliento es el Espíritu Santo, enviado desde el Padre por Jesús resucitado (Hch 2, 33).
Para nosotros los cristianos con la venida de Cristo y de la Iglesia, el Dios de la
revelación pronuncia su última palabra. “Después de haber hablado muchas veces y de
muchos modos en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas, Dios, en el
periodo final e que estamos, nos ha hablado a través de su Hijo” (Hb 1, 1-2).
Finalmente, el NT es la proclamación del cumplimiento del designio de Dios en
Jesucristo y por eso se encuentra en grave desacuerdo con la mayoría del pueblo judío,
que no cree en este cumplimiento. Pero expresa su fidelidad a la revelación del AT y su
desacuerdo con la Sinagoga, desacuerdo que no es antijudaísmo, sino de diálogo ya que
poseemos un rico patrimonio común que nos une.
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166
Jn 1, 14-18; Hb 1, 1-4.
36
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37