UNIDAD I: CORRIENTES ÉTICAS
“Breve historia de la Ética – Camps, Victoria”
Los sofistas y Sócrates. Las primeras preguntas. Ser bueno, ser el mejor, ser virtuoso.
Protágoras: el origen de la moralidad. ¿La moral se puede enseñar? La virtud es
conocimiento. Platón. La ciudad justa. El “Gorgias”. ¿qué es mejor, la justicia o la injusticia?
La “república”: ¿qué es la justicia? Las leyes: la desilusión política. Aristóteles. La vida
buena. El fin es ser feliz. La virtud como término medio. El hombre prudente. La justicia y la
amistad. De la ética a la política. La ética helenística. ¿Cómo hay que vivir? Cirenaicos y
cínicos. Los estoicos. Epicuro.
FALTA ESTE LIBRO
La Crítica de la Razón práctica y la ética de Kant. El concepto de “razón práctica” y los
objetivos de la nueva Crítica. La ley moral como imperativo categórico. La esencia del
imperativo categórico. Las fórmulas del imperativo categórico. La libertad como condición y
fundamento de la ley moral. El principio de la autonomía moral y su significado. El bien
moral y el tipo de juicio. El rigorismo y el himno kantiano al deber. Los postulados de la
razón práctica y la primacía de la razón práctica con respecto a la razón pura.
“La cuestión de la ética en Marx – Rolando Astarita”
La cuestión de la ética en Marx. Las dos posiciones en disputa. Ética y concepción
materialista. Relativismo y crítica en la sociedad clasista. La crítica inmanente.
1. Los sofistas y Sócrates: las primeras preguntas.
En el siglo V a.C., durante el apogeo de Atenas, los sofistas, como Protágoras y Sócrates,
dieron inicio a la reflexión sobre la moral en los diálogos socráticos de Platón. Esta época
fue brillante no solo en política y economía, sino también en cultura, con destacadas figuras
como Pericles, Sófocles y Anaxágoras.
Los sofistas fueron considerados los hombres cultos de la Grecia antigua y promotores de
la cultura. Su enfoque en la razón para resolver interrogantes fundamentales los vincula con
la Ilustración griega. Aunque todavía se recurría al mito en la argumentación filosófica, los
sofistas abogaban por el pensamiento crítico y reflexivo en lugar de aceptar pasivamente
las creencias tradicionales.
En contraste con los presocráticos, que se enfocaban en la naturaleza, los sofistas se
centraron en aspectos prácticos, cultivando la retórica y autodenominándose "maestros de
virtud", enseñando un saber moral útil para la vida y el gobierno de la ciudad.
Sin embargo, la reputación de los sofistas sufrió debido a la falta de honestidad de
algunos, lo que llevó a Platón a denigrarlos en sus escritos, especialmente en sus diálogos
con Sócrates. Aunque Sócrates mantenía una posición ambivalente hacia ellos, solía salir
victorioso en los debates.
La autoadjudicación del título de "sabios" y su enseñanza de la virtud a cambio de dinero
les valió la reputación de vendedores del conocimiento moral.
Los sofistas se aprovecharon de una sociedad en la que la religión no fomentaba la
reflexión personal y donde la democracia permitía a todos participar en la vida política. Esta
sociedad, influenciada por invasiones extranjeras y el aumento del comercio, enfrentaba
dilemas culturales que destacaban la relatividad de los valores. Esta situación propició un
cambio intelectual que colocó al “hombre” como objeto de reflexión, y a la “palabra”
como instrumento de persuasión.
Ser bueno, ser el mejor, ser virtuoso.
La ética, que se trata de pensar qué es lo bueno y cómo vivir mejor, tiene su punto de
partida en los sofistas y en los diálogos de Platón, donde se discute sobre la excelencia,
también conocida como "virtud". En tiempos antiguos, se creía que ser bueno estaba
relacionado con ser valiente y exitoso en la guerra. Los héroes, como los de la Ilíada de
Homero, eran considerados los mejores porque demostraban valor en el campo de batalla.
En esa época, la idea de ser "bueno" no se refería a un juicio moral, sino más bien a una
posición social y habilidades personales, como ser valiente y astuto en la guerra. Ser
considerado "malo" tenía que ver con tener un origen humilde y carecer de esas habilidades.
El reconocimiento social era muy importante y se basaba en los logros y la reputación en la
guerra.
Sin embargo, con el tiempo, la virtud dejó de centrarse solo en la valentía física y se
convirtió en un valor más relacionado con el autocontrol y la superación personal. Además,
se discutió si la virtud era una sola cualidad o varias. Esta reflexión marcó un cambio en la
moralidad, y la responsabilidad individual comenzó a ser más importante que
simplemente cumplir con un papel predeterminado por la sociedad.
Protágoras: el origen de la moralidad.
Protágoras, un destacado sofista, desafió las ideas establecidas sobre la moralidad en la
antigua Grecia. Su influencia se originó en un período de cambios sociales, donde las
guerras, las colonizaciones y el comercio cuestionaban las normas tradicionales. Con la
sofística, se introdujo el escepticismo y el relativismo en el pensamiento, desafiando las
creencias arraigadas sobre lo que es bueno y virtuoso.
Los sofistas, como Protágoras y Gorgias, enseñaban que cualquier idea podía ser defendida
con habilidad retórica. Cuestionaban la idea de una verdad absoluta y afirmaban que todo
conocimiento era relativo. Protágoras, famoso por su afirmación "El hombre es la medida de
todas las cosas", destacaba que la percepción individual determinaba la realidad.
Protágoras planteó la pregunta fundamental sobre la moralidad: ¿Es natural o
convencional? Argumentaba que las leyes morales y políticas eran convenciones sociales, no
dictados divinos. Su mito de Prometeo ilustra cómo la moralidad surge de un pacto entre
los hombres para vivir en sociedad.
Esta nueva perspectiva desafió la antigua idea de que la virtud estaba reservada para unos
pocos privilegiados. Ahora, la moralidad se veía como algo que todos los ciudadanos
podían adquirir mediante esfuerzo y educación. Esta visión sentó las bases para la igualdad
política y la necesidad de una educación moral para todos los ciudadanos.
¿La moral se puede enseñar?
La pregunta principal que se plantea en el diálogo de Protágoras es: ¿Se puede enseñar la
virtud? Los sofistas, conocidos como "maestros de virtud", enseñan retórica como
herramienta para abordar cuestiones teóricas y prácticas.
Protágoras se presenta como un sofista y defiende su capacidad para instruir a los
hombres. Sin embargo, Sócrates cuestiona si la virtud puede ser enseñada y quién tiene el
conocimiento suficiente para hacerlo. El debate gira en torno a si la virtud es una ciencia que
puede ser enseñada como cualquier otra, o si su naturaleza es distinta y no puede ser
transmitida de la misma manera.
Aunque no se llega a una conclusión clara en el diálogo, la pregunta sobre la enseñanza de
la moral sigue siendo relevante en el siglo XXI.
La virtud es conocimiento.
Sócrates defiende firmemente que la virtud es conocimiento. Él cree que quien conoce la
virtud la practica, mientras que el no virtuoso actúa mal por ignorancia. Aunque es curioso
que Sócrates, quien constantemente proclama su ignorancia, sostenga esta teoría, hay que
entender cómo él define el "conocimiento".
Aunque inicialmente se le consideró un sofista, Sócrates se distinguió de ellos por su
modestia y su búsqueda de conocimiento a través del diálogo y la reflexión personal. A
diferencia de los sofistas, Sócrates no cobraba por enseñar y promovía el autoconocimiento.
Su método, llamado mayéutica, busca ayudar a alumbrar pensamientos y llegar a ideas
generales a partir de casos particulares.
Para Sócrates, el conocimiento moral no proviene de maestros externos, sino que cada
individuo lo encuentra en su interior, a través del autoconocimiento. A diferencia de los
saberes técnicos, el conocimiento moral se adquiere mediante la reflexión personal y
nunca se alcanza por completo.
La muerte de Sócrates ilustra su concepción del conocimiento moral. A pesar de ser
condenado injustamente, acepta su sentencia como un deber cívico, demostrando su valentía
y compromiso con la ley, aunque ésta no esté en consonancia con la justicia verdadera.
2. Platón: la ciudad justa.
El método socrático se enfoca en analizar los conceptos, especialmente en ética. ¿Qué
significan las palabras que usamos? ¿Las usamos correctamente? ¿Sabemos cómo aplicarlas
adecuadamente? Esto se vuelve crucial en un mundo donde los conceptos morales son cada
vez más ambiguos.
Platón continúa esta investigación en su extensa teorización sobre la vida moral y política.
Su teoría, aunque no sistemática, se basa en gran medida en las ideas de Sócrates y otros
personajes de sus diálogos. Aunque el verdadero pensamiento de Platón sigue siendo un
misterio, lo importante es el mensaje que transmite, no quién lo dice.
No nos preocupemos por quién habla en los diálogos de Platón, ya que eso no afecta la
fuerza del mensaje. Lo que importa es que estos diálogos nos ofrecen una amplia imagen de
cómo pensar filosóficamente y nos muestran las dificultades de teorizar sobre la vida
utilizando el lenguaje.
El “Gorgias”, ¿qué es mejor, la justicia o la injusticia?
El diálogo "Gorgias" de Platón se adentra en un debate crucial: ¿qué es mejor, la justicia o
la injusticia? Gorgias, un famoso sofista, defiende el arte de la retórica como un poderoso
instrumento para persuadir y ganar influencia política. Sin embargo, Sócrates cuestiona la
moralidad de la retórica, argumentando que puede ser utilizada tanto para el bien como para
el mal, dependiendo de la integridad moral del orador.
El diálogo gira hacia la discusión sobre la justicia, siendo considerado uno de los más
"modernos" de Platón debido a su relevancia continua. Platón, profundamente afectado por
la decadencia política de Atenas, vierte sus sentimientos y pasiones en esta obra.
Se plantea si es preferible cometer injusticia o sufrirla. Polo, otro sofista, argumenta que
sufrir una injusticia es peor que cometerla, lo que socava los fundamentos éticos
tradicionales. Calicles, un personaje cínico, respalda esta idea, sosteniendo que la ley
favorece a los débiles y que la injusticia puede conducir a la felicidad.
Sócrates refuta estos argumentos, defendiendo la superioridad de la justicia. Afirma que la
verdadera felicidad no reside en la satisfacción de los deseos o placeres, sino en la búsqueda
del bien supremo. Además, señala que el injusto vive atormentado por el miedo al castigo,
mientras que el justo encuentra paz interior.
En última instancia, Sócrates recurre a un mito para ilustrar su punto: en el juicio final, la
justicia prevalecerá y los tiranos serán castigados mientras que los justos serán
redimidos.
En resumen, el diálogo "Gorgias" de Platón explora profundamente la naturaleza de la
justicia y la retórica, desafiando las percepciones convencionales sobre el bien y el mal en la
sociedad.
La “república”: ¿qué es la justicia?
En la "República", Platón explora qué es la justicia y cómo debe ser una ciudad ideal. En
este diálogo, Sócrates argumenta que los filósofos, al conocer la verdadera naturaleza de las
cosas, son los más aptos para gobernar. La justicia no se encuentra en lo que la mayoría cree,
sino en un mundo de ideas perfectas. Trasímaco, un personaje, opina que la justicia es lo que
beneficia al más poderoso. Esta idea se repite en otros personajes del diálogo. Para ellos, la
justicia es una herramienta del gobierno para mantener el orden, sin importar si es
moralmente correcto.
Platón imagina una ciudad ideal basada en la estructura del alma humana. Esta ciudad
estaría dividida en tres clases: los filósofos, los guardianes y los obreros. Cada clase
tendría un rol específico y se educaría de manera diferente. Los filósofos gobernarían la
ciudad porque poseen el conocimiento del bien supremo. Esta visión de la ciudad es
utópica y ha sido interpretada como progresista y reaccionaria a la vez. Para Platón, esta
ciudad ideal existe solo en la teoría, pero podría servir como modelo para la política.
Las leyes: la desilusión política.
Platón, un pensador político, sintió una profunda decepción hacia la política, lo que lo
llevó a enfocarse en la filosofía. En su obra "Las Leyes", expresa su desencanto con el
deterioro político de Atenas y sus fracasos en Sicilia. Argumenta que, aunque los políticos
deben ser sabios, al final solo podemos confiar en las leyes para mantener la convivencia.
En este diálogo, tres personajes discuten sobre la importancia y el sentido de la legislación
en la sociedad.
Platón destaca la necesidad de las leyes para mantener el orden y evitar el caos. Aunque
reconoce que las leyes son imperfectas, las considera esenciales para distinguir a los
humanos de las bestias. Además, compara al legislador con el médico, explicando que las
leyes deben ser persuasivas para ser efectivas1.
Enfatiza en la importancia de la educación, ya que considera que esta es fundamental para
preservar las costumbres y formar ciudadanos virtuosos. Según Platón, el Estado y el
individuo están interconectados, y la corrupción en uno afecta al otro. Por lo tanto, la
educación debe cultivar la virtud desde la infancia y fomentar el deseo de ser ciudadanos
justos y capaces.
3. Aristóteles: la vida buena.
El pensamiento ético de Aristóteles se centra en la vida práctica y real, alejándose de la
especulación sobre las ideas de Platón. Para Aristóteles, la ética se basa en la experiencia y
se enfoca en buscar el bien para el ser humano en este mundo concreto. Considera al ser
humano como un animal político que vive en sociedad, lo que influye en su desarrollo
moral y ético.
Aristóteles define al ser humano como un animal dotado de razón y social por
naturaleza. Su ética se basa en el télos, o fin, que es la felicidad, y busca determinar cómo
alcanzarla. Su enfoque ético es teleológico, partiendo del fin deseado para determinar cómo
vivir de la mejor manera posible.
La ética aristotélica se presenta en textos como "Ética a Nicómaco", donde se destaca la
importancia de la experiencia, las costumbres y las opiniones en la formación ética.
Aristóteles critica la teoría de las ideas de Platón y propone un enfoque más concreto y
práctico, centrado en la vida en sociedad y en la búsqueda del bien común.
Para Aristóteles, la vida buena implica vivir en armonía con los demás en la ciudad. Su
ética es aristocrática, pero no solo basada en el estatus social, sino también en el carácter y la
virtud de cada individuo. Considera que solo algunos pueden aspirar a una vida éticamente
virtuosa, pero enfatiza la importancia de cultivar y desarrollar lo mejor de sí mismo
para alcanzarla.
1
Al igual que un médico que prescribe un tratamiento a un paciente, el legislador debe presentar las leyes de manera
convincente para que los ciudadanos las acepten y las sigan voluntariamente, la persuasión es fundamental para lograr
el cumplimiento de las leyes. Si las leyes son impuestas de manera autoritaria o sin explicación, es menos probable
que los ciudadanos las respeten. En cambio, si se presentan de manera persuasiva, con una explicación clara de su
propósito y beneficios, es más probable que los ciudadanos las acepten y las sigan de buena gana.
El fin es ser feliz.
Aristóteles nos dice que buscar el bien es buscar la felicidad. Su ética se centra en ser
felices, pero ¿qué es la felicidad? Para él, es tener un buen carácter y suerte. Pero
alcanzarla no es fácil, requiere esfuerzo y nacer en el lugar adecuado.
La mayoría piensa que la felicidad está en el placer, la riqueza o el éxito, pero Aristóteles
dice que no es así. La felicidad viene de actuar bien como seres humanos, ser excelentes.
Para descubrir qué nos hace felices, debemos entender cuál es nuestro fin como seres
humanos.
Nuestro fin es nuestra actividad más propia, que Aristóteles llama "actividad del alma".
El alma no es solo racional, también tiene partes sensitivas. Las virtudes, que nos acercan a
la felicidad, pueden ser éticas (relacionadas con el carácter) o dianoéticas (relacionadas con
la razón).
Así, para Aristóteles, ser feliz implica actuar de acuerdo con la virtud, pero alcanzar la
felicidad es un proceso que dura toda la vida y requiere esfuerzo constante.
La virtud como término medio.
Aristóteles, nacido en el año 384 a.C., en Estagira, Macedonia, fue influenciado por la
medicina y la política, lo que moldeó su pensamiento ético. Su teoría de las virtudes se
centra en la excelencia humana y en cómo llevar una vida buena.
Para Aristóteles, la virtud (llamada areté en griego) es la excelencia propia de algo,
incluida la conducta humana. La ética se basa en las costumbres y en cómo estas nos
acercan a la felicidad. Por lo tanto, las virtudes se aprenden a través de la educación y la
práctica.
La virtud se encuentra en un término medio entre los extremos. Por ejemplo, el valor está
entre la cobardía y la temeridad. Aristóteles enfatiza que la moderación y la medida son
clave para alcanzar la virtud.
Las pasiones y acciones humanas pueden ser virtuosas o viciosas, dependiendo de si se
exceden o se quedan cortas. La adquisición de la virtud es un proceso largo que implica
aprender de la experiencia y adaptarse a diferentes situaciones.
En resumen, para Aristóteles, ser virtuoso significa alcanzar el propósito específico de ser
humano y vivir de acuerdo con la excelencia moral.
El hombre prudente.
La prudencia, junto con otras virtudes éticas e intelectuales, es fundamental en la ética de
Aristóteles. Mientras que la sabiduría se enfoca en la contemplación, la prudencia se centra
en la acción, siendo considerada más útil para los seres humanos, ya que somos seres
sociales y nuestro propósito está en la acción.
La prudencia se define como una disposición práctica que sigue la regla del bien y del
mal, guiando nuestras acciones hacia un término medio. Esta virtud se relaciona con la
moderación, siendo clave en la vida ética. La prudencia implica elegir lo más adecuado en
cada situación, incluso si va en contra de lo que normalmente consideraríamos correcto. Es
un saber humano limitado, pero esencial para enfrentar la contingencia y la incertidumbre de
la vida.
Aristóteles la considera esencial para la vida en sociedad y para el ejercicio de la política.
Aunque la sabiduría teórica o la vida contemplativa pueden ser consideradas más elevadas,
Aristóteles las ve como aspiraciones excesivas para los humanos, ya que la acción práctica
es lo que define nuestra existencia.
En resumen, la prudencia es una virtud clave que guía nuestras acciones hacia el bien,
adaptándose a las circunstancias y a las exigencias de la vida cotidiana.
La justicia y la amistad.
La amistad y la justicia son dos aspectos clave en la ética de Aristóteles. La amistad surge
de la búsqueda de felicidad y la necesidad humana de relacionarse con otros. Aristóteles
la considera fundamental porque nos permite conocernos a través del reflejo de nuestros
amigos. En su Ética a Nicómaco, dedica mucho espacio a hablar sobre la amistad, incluso
más que sobre otras virtudes.
La justicia, por otro lado, es la búsqueda de igualdad y equidad, reflejada en las leyes y
en el trato justo entre ciudadanos. Se divide en justicia distributiva y correctiva, ambas
basadas en el principio de proporcionalidad. Además, Aristóteles introduce el concepto de
epikéia, que es una excepción a la justicia basada en la equidad.
Ambas virtudes están relacionadas con la vida en comunidad y responden a los diferentes
regímenes políticos. Mientras que la amistad es más común en democracias, donde se basa
en intereses comunes, la justicia varía según el tipo de gobierno. Sin embargo, Aristóteles
distingue entre amistad "útil" y "virtuosa", siendo esta última la más duradera y basada en
el amor por la virtud en el otro.
En resumen, la amistad y la justicia son esenciales para la vida en sociedad según
Aristóteles, ya que nos ayudan a conocernos a nosotros mismos y a mantener relaciones
equitativas con los demás.
De la ética a la política.
La ética de Aristóteles se centra en la práctica de la virtud más que en su mera
comprensión. A diferencia de Platón, quien enfatizaba la búsqueda del Bien absoluto,
Aristóteles considera que lo importante es cómo alcanzar la virtud en la vida cotidiana, no
solo teóricamente.
Para Aristóteles, las virtudes son hábitos que van acompañados de sentimientos, no solo
resultado de un cálculo racional. Además, reconoce la realidad de la "incontinencia", donde
alguien actúa en contra de su juicio correcto debido a la fuerza de las pasiones.
El último libro de su Ética a Nicómaco aborda el paso de la ética a la política. Aristóteles
reconoce que la mayoría de las personas obedecen más a la necesidad y al castigo que a
la razón o la bondad. Por lo tanto, destaca la importancia de la educación y las leyes en la
formación de ciudadanos virtuosos.
Aristóteles sugiere la necesidad de una "ciencia de la política" que examine las diferentes
formas de gobierno y las compare. Esto demuestra que la ética está intrínsecamente ligada a
la política y debe realizarse en el ámbito político.
En resumen, para Aristóteles, la ética se trata de practicar la virtud en la vida diaria,
mientras que la política es el escenario donde se aplica esta ética para crear una sociedad
justa y virtuosa.
4. La ética helenística, ¿cómo hay que vivir?
Después de Platón y Sócrates, surgen en Grecia diversas corrientes filosóficas conocidas
como helenísticas. Estos filósofos se apartan del enfoque académico de Platón y Aristóteles
para proponer maneras distintas de vivir y buscar la felicidad. La mayoría de estas escuelas
no solo ofrecen teorías sobre el mundo, sino que también plantean una ética para guiar la
vida.
En el siglo IV a.C., la democracia en Atenas está en declive, lo que marca el surgimiento
del helenismo. A medida que las ciudades-estado pierden poder, surge una brecha entre el
individuo y el Estado. La felicidad se vuelve un asunto personal y surge un individualismo
que caracteriza al pensamiento occidental desde entonces. Algunas corrientes, como los
cínicos, desprecian el poder político y abogan por una vida apartada de lo público.
Otros, como los epicúreos o los estoicos, están más cercanos a la política, pero aun así
redefinen el contexto humano como una comunidad global.
En cuanto a la ética, el objetivo sigue siendo la felicidad. Se debate cómo conciliarla con
la virtud y una vida buena. Aristóteles, por ejemplo, rechaza la idea hedonista de que todo
placer es bueno. Sin embargo, sostiene que el virtuoso encuentra placer en su propia virtud.
Esta idea se comparte con los epicúreos y los cínicos.
Otro punto común entre estas corrientes es la independencia del sabio y la idea de la
autosuficiencia como clave para la felicidad y la bondad. Aunque proponen modelos de
vida distintos, todos convergen en la idea de que el individuo busca la felicidad frente a un
mundo que parece buscarla de manera equivocada.
En resumen, las corrientes helenísticas ofrecen distintas formas de vivir y buscar la
felicidad en un contexto de declive de la democracia y creciente individualismo. Aunque
difieren en sus enfoques, comparten la búsqueda de la felicidad y la independencia del sabio
como ideales éticos.
Cirenaicos y cínicos.
Aristipo de Cirene, discípulo de Sócrates, lideró a los "cirenaicos", quienes centraban su
filosofía en el placer como fin último. Para ellos, la vida feliz consistía en buscar el placer y
evitar el dolor. Platón criticó esta idea argumentando que la vida placentera sin sabiduría era
moralmente incorrecta.
Los "cínicos", liderados por Antístenes y Diógenes de Sínope, abogaban por una vida
simple y en contacto con la naturaleza, rechazando las normas sociales y la riqueza
material. Diógenes, en particular, vivía de manera ascética y desafiaba las convenciones
sociales, buscando la libertad y la autosuficiencia.
Crates, otro cínico, promovía una vida sin preocupaciones y una filosofía simple. Su
esposa, Hiparquía, también filósofa, desafió las normas sociales al unirse a él en su estilo de
vida.
Estas corrientes, aunque distintas en sus enfoques, compartían una crítica radical a las
normas sociales y una búsqueda de la autenticidad y la libertad personal.
Los estoicos.
El estoicismo abarca un largo período desde el 4to siglo a.C. hasta el 2do siglo d.C. No es
una escuela única, sino una doctrina compartida por varios filósofos que se centran en el
conocimiento, la naturaleza y la ética. Aunque cada estoico tenía sus propias ideas,
compartían preocupaciones sobre la muerte, la vulnerabilidad humana y la igualdad.
Zenón, el primer estoico conocido, fundó la Stoa Poikilé en Atenas y estructuró la filosofía
estoica. Valoraban la práctica sobre la teoría y buscaban vivir lo mejor posible, incluso en
contacto con el poder político.
Para los estoicos, la base de la ética era la lógica y la física. Creían en un cosmos regido
por una ley natural y en la libertad entendida como comprensión de las causas de los eventos.
La virtud consistía en vivir en armonía con la naturaleza y aceptar lo que ocurre.
Epicteto, un esclavo liberado, enfatizó la libertad interior y la aceptación de la realidad.
Figuras como Marco Aurelio y Séneca también desarrollaron la doctrina estoica, centrada
en la dignidad humana y la capacidad de dirigir la conducta a pesar de las
adversidades.
Epicuro.
Epicuro fue un filósofo nacido en Samos en el 341 a.C. Se mudó a Atenas en el 323 a.C.
durante un tiempo de incertidumbre económica y política después de la muerte de Alejandro
Magno. A diferencia de otros filósofos, no veía a la política como algo que pudiera llevar
a la felicidad. En su lugar, promovió una ética basada en el placer y la privacidad, con su
famoso lema "Vive en lo oculto".
Fundó su propia escuela llamada "el jardín", donde promovía la moderación y la
tranquilidad. Creía en la importancia de la felicidad a través de la inalterabilidad, pero se
decepcionó con su mentor, Nausífanes, debido a la falta de coherencia entre sus enseñanzas y
su vida real.
Epicuro escribió extensamente, con su carta a Meneceo destacando como una obra
importante sobre cómo vivir una vida moralmente correcta y los peligros de una visión
equivocada de la religión. Su filosofía se centraba en el utilitarismo, donde todo se
valoraba en función de su utilidad para vivir bien.
En cuanto a la física, Epicuro fue un materialista que creía en el atomismo, explicando
todos los fenómenos a través del movimiento de átomos, lo que eliminaba la necesidad de
intervención divina y la idea de la inmortalidad del alma.
Epicuro no era ateo, pero creía que los dioses estaban lejos de los humanos y no
intervenían en sus vidas. Promovió la idea de no temer a la muerte y buscar la felicidad a
través del placer y la ausencia de sufrimiento. Su ética combinaba hedonismo con
austeridad, buscando placeres espirituales y la independencia de los deseos materiales.
La amistad era fundamental en la filosofía de Epicuro, siendo considerada uno de los
mayores bienes para una vida feliz. Su filosofía era más un estilo de vida que una doctrina
fija, promoviendo la vida comunitaria y el cultivo de la amistad.
Diferencias:
1. Enfoque filosófico: Los sofistas se centran en la retórica y la enseñanza de la virtud
como un servicio, mientras que Sócrates se distingue por su enfoque en el
autoconocimiento y el diálogo socrático. Platón expande las ideas socráticas en sus
diálogos, introduciendo teorías sobre la justicia y la forma ideal. Aristóteles se aleja de
la especulación abstracta y se centra en la ética práctica y la búsqueda de la felicidad en
este mundo.
2. Concepto de virtud: Los sofistas enseñaban la virtud como un conocimiento práctico
útil para la vida y el gobierno, a menudo cobrando por sus servicios. Sócrates
argumentaba que la virtud es conocimiento y se puede encontrar a través del
autoexamen. Platón presenta la virtud como parte de un mundo ideal de formas
perfectas, mientras que Aristóteles se centra en la excelencia humana y la práctica de la
virtud en la vida diaria.
3. Concepción política: Los sofistas promovían la retórica como una herramienta para la
participación política y el éxito social. Sócrates tenía una actitud crítica hacia la
democracia ateniense y buscaba una forma más justa de gobierno basada en la sabiduría
de los filósofos. Platón imaginaba una ciudad ideal gobernada por filósofos-reyes en su
obra "La República". Aristóteles abordaba la política desde una perspectiva más realista,
buscando la mejor forma de gobierno para alcanzar la felicidad y la virtud.
Similitudes:
1. Énfasis en la virtud: Todos los filósofos discuten sobre la importancia de la virtud en
la vida humana. Ya sea como un conocimiento práctico, una forma de alcanzar la
felicidad o una idea ideal, la virtud es central en sus reflexiones éticas.
2. Búsqueda de la felicidad: Tanto en los sofistas como en Sócrates, Platón y
Aristóteles, la búsqueda de la felicidad es un tema recurrente. Ya sea a través del
autoconocimiento, la participación política o la práctica de la virtud, todos proponen
caminos diferentes para alcanzar la felicidad humana.
3. Crítica a la sociedad: Todos los filósofos critican de alguna manera la sociedad de su
tiempo y proponen alternativas para mejorarla, ya sea a través de una educación moral,
una reforma política o un cambio en los valores sociales.
Sofistas y
Platón Aristóteles Ética Helenística
Sócrates
Reflexión sobre la Teorización sobre la Ética basada en la Propuestas éticas diversas,
moral vida moral y política experiencia y la centradas en la felicidad y la
virtud virtud como fin último
Enfoque
principal
Enfoque en la razón Idea de la justicia Término medio Buscan reconciliar la
y el pensamiento como el bien entre extremos, felicidad con la virtud,
crítico supremo buscando la aunque difieren en los
excelencia humana enfoques
Concepción de la
virtud
Retórica y Diálogos filosóficos Énfasis en la Promueven diversos estilos
enseñanza de la y teorización educación y la de vida, desde el hedonismo
virtud a cambio de práctica de la virtud hasta el estoicismo y el
Métodos de dinero cinismo
enseñanza
Crítica y promoción Propuesta de una Énfasis en la vida en Adaptación a un contexto de
de la reflexión ciudad ideal comunidad y la declive democrático y
Relación con la personal política creciente individualismo
sociedad
Relacionada con el Busca el bien Basada en la Diversas propuestas, desde
autocontrol y la supremo y la búsqueda del bien y el hedonismo hasta la
superación personal justicia la virtud aceptación de la realidad y
la virtud interior
Concepto de la
felicidad
Enfoque en aspectos Plantea una ciudad Propone una Algunas corrientes abogan
prácticos y la ideal y reflexiona "ciencia de la por la independencia del
retórica sobre las leyes política" y su poder político, mientras que
relación con la ética otras lo consideran
relevante
Postura hacia la
política
Cuestionamiento de Definición de la Enfoque en la Consideran la justicia en
las normas justicia como el bien justicia como relación con la búsqueda de
tradicionales y supremo equilibrio y virtud la felicidad y la virtud
promoción de la
Concepto de la reflexión crítica
justicia
LA ÉTICA EN MARX: UN ANÁLISIS COMPLETO
La cuestión de la ética en Marx.
Presento aquí una versión algo resumida de un texto que escribí en febrero de 2009,
acerca de la ética en Marx. Este escrito se inspira en el artículo de Stefano Petrucciani
“Marx and Morality. El debate anglosajón sobre Marx, la ética y la justicia”, publicado en
Doxa Nº 15, en 1996.
El objetivo del texto es abordar debates sobre el papel de las demandas democrático-
burguesas en un programa socialista. Petrucciani examina las diferentes respuestas a la
cuestión de si Marx tiene una ética y cuáles son los fundamentos normativos de su crítica al
capitalismo.
Presenta dos interpretaciones principales: una que niega la presencia de una perspectiva
ética en Marx, y otra que afirma, como Petrucciani mismo, que sí se puede encontrar un
contenido ético en la crítica marxista al capitalismo, aunque con algunos matices.
El propósito aquí es ofrecer una respuesta que difiera en algunos matices de la de
Petrucciani respecto a si existe un contenido moral en la crítica de Marx al capitalismo.
Las dos posiciones en disputa.
En este texto se presentan dos posturas en disputa sobre si el marxismo tiene una
perspectiva ética o no.
Por un lado, autores como Allen Wood y Richard Miller argumentan que Marx rechazó
explícitamente la idea de apelar a principios éticos en su crítica al capitalismo. Sostienen que
Marx no consideraba injusto el intercambio entre capital y trabajo y que criticar el
capitalismo basándose en principios de justicia distributiva era inútil. Estos autores afirman
que las ideologías morales expresan los intereses de las clases dominantes, y que la teoría
de clase de Marx no puede ser universalmente válida desde un punto de vista ético.
Por otro lado, autores como Petrucciani reconocen que Marx rechazó una crítica moral del
capitalismo, pero argumentan que, como filósofo, Marx tenía una perspectiva implícita ética.
Se plantean dos interpretaciones: una, sostenida por Geras, afirma que, aunque Marx
rechazara explícitamente principios éticos, implícitamente subyace una valoración ética del
capitalismo en su crítica a la explotación. La segunda interpretación, de Lukes, sugiere que
Marx rechazaba la ética tradicional porque defendía una ética de la libertad y la
emancipación, condenando la explotación en ese contexto.
En resumen, mientras algunos argumentan que Marx rechazó la ética en su crítica al
capitalismo, otros sostienen que había una valoración ética implícita, ya sea en la crítica a la
explotación o en la defensa de una ética de la libertad y la emancipación.
Petrucciani destaca que la idea normativa central en Marx es la libertad y la
autorrealización humana, señalando que la verdadera libertad solo puede realizarse en una
sociedad sin propiedad privada del capital.
Ética y concepción materialista.
El debate sobre la ética en la crítica de Marx al capitalismo implica comprender su
visión materialista de la historia. Marx argumenta que las concepciones morales son
producto de la sociedad y la historia, no de leyes naturales. Engels señala que la moral
evoluciona con la humanidad y está presente en todos nosotros. Marx reconoce que la moral
influye en las relaciones económicas, como en la determinación del valor del trabajo.
Contrario a otras teorías, Marx rechaza que la moral se derive de leyes naturales o
principios trascendentales. No ve al ser humano como asocial, como sugiere Hobbes, ni cree
que el bien consista en la búsqueda egoísta de la felicidad, como plantean los utilitaristas.
Además, critica la idea de analizar la moral desde una perspectiva individual, ya que la
moralidad se construye en un contexto social e histórico. Esto contrasta con Kant, quien
propuso un principio moral trascendental ajeno a la sociedad.
Las críticas de Marx a la moral se dirigen hacia esta concepción de moral "natural" y
trascendental. Desde el materialismo histórico, la moral no puede ser abolida de forma
arbitraria ni reemplazada por otra impuesta externamente a la sociedad. Su crítica al
capitalismo no busca eliminar la moral, sino comprenderla históricamente y proponer
cambios sociales que la transformen.
En resumen, para el materialismo histórico, la moralidad es un producto social que debe
entenderse en su contexto histórico y social, y su crítica no implica su abolición, sino su
transformación mediante cambios sociales.
Relativismo y crítica en la sociedad clasista.
El debate sobre el relativismo moral en las sociedades clasistas aborda cómo las leyes
morales son influenciadas por las clases sociales. Según el materialismo histórico, las
ideas dominantes reflejan los intereses de la clase dominante. La moral de la clase dominante
siempre ha justificado su posición de poder.
Surge entonces la pregunta de si es posible trascender esta moral y sociedad sin caer en
el relativismo moral. ¿Cómo podemos criticar una sociedad desde una moral futura y
alternativa? Lukes sugiere que Marx criticó el capitalismo desde el punto de vista de una
moral superior. Sin embargo, surge el riesgo de caer en lo contingente y arbitrario.
El materialismo busca una crítica basada en las contradicciones reales de la sociedad de
clases. Se ha observado que muchos proyectos socialistas del siglo XX fracasaron al intentar
imponer una moral desde arriba, sin considerar las condiciones reales.
Otra alternativa sería criticar desde la moral de la clase oprimida. Aunque Engels sugiere
esto, también reconoce que las ideas dominantes son las de la clase dominante. ¿Cómo
puede el proletariado superar los límites de la moral burguesa?
Algunos podrían argumentar que no tenemos ninguna moral, pero todos poseemos algún
criterio sobre lo que está bien o mal, aunque sea implícito. Por un lado, nuestras ideas
morales están influenciadas por la sociedad en la que vivimos, lo que puede llevar al
relativismo moral. Por otro lado, adoptamos una posición crítica frente al capitalismo,
reconociendo que nuestras ideas morales deben tener una base en la realidad existente.
En resumen, el debate sobre la moral en las sociedades clasistas plantea el desafío de
criticar desde una posición moral superior sin caer en el relativismo, reconociendo la
influencia de la sociedad en nuestras ideas morales y la necesidad de basar nuestras críticas
en la realidad.
La crítica inmanente.
El texto discute la crítica inmanente como método para abordar las cuestiones planteadas.
La crítica inmanente se realiza desde dentro del sistema que se está criticando, sin adoptar
una postura externa. Aplicado al capitalismo, esta crítica surge de la misma sociedad
capitalista, incluyendo su ideología y moral.
Marx demuestra que, desde la perspectiva de la moral burguesa, el intercambio de
equivalentes en el capitalismo parece ético. Sin embargo, al analizar la esfera de la
producción, se revela la explotación. Esta contradicción entre la moral burguesa y la
realidad del trabajo asalariado implica una crítica moral inmanente al sistema.
La igualdad de oportunidades, libertad y desarrollo humano pleno son principios
morales proclamados por el capitalismo, pero en la práctica, están en conflicto con la
realidad de la sociedad de clases. La democracia, tal como la concebía el liberalismo
burgués, también se ve cuestionada por la creciente polarización económica.
Marx realiza una crítica moral desde dentro de los principios éticos proclamados por la
burguesía. Por ejemplo, la exigencia de igualdad por parte del proletariado se basa en la
contradicción entre la igualdad formal proclamada y la desigualdad real existente en la
sociedad capitalista.
En resumen, la crítica inmanente permite a Marx realizar una crítica moral desde dentro del
sistema capitalista, basada en las contradicciones entre los principios éticos proclamados y la
realidad social.
Conclusión.
El texto destaca que la ética en Marx se centra en su crítica al capitalismo, mostrando que
este sistema no puede cumplir con los principios éticos que la burguesía promovió en su
lucha contra el Antiguo Régimen. Estos principios incluyen la igualdad, fraternidad,
libertad, abolición de la explotación y el pleno desarrollo humano. Sin embargo, la crítica
marxista revela que el capitalismo nunca podrá alcanzar estos ideales éticos, lo que muestra
la incompatibilidad entre los principios morales del capitalismo y su práctica real.
Este enfoque crítico se aplica también a los conflictos entre deberes morales. Por ejemplo,
cuando el capitalismo superexplota a los trabajadores, violando el principio moral de "no
robarás". Pero también se considera el caso de una madre que roba para alimentar a su hijo
hambriento, donde la moral burguesa a menudo contempla atenuantes. Ante este conflicto
moral, la perspectiva marxista no se queda en el juicio individual, sino que cuestiona la
sociedad que lleva a estas situaciones, destacando las relaciones de propiedad que generan
pobreza y conflictos morales.
Esto tiene implicaciones importantes para la forma en que los socialistas critican al
capitalismo y propagan sus ideas. Más allá de señalar las crisis recurrentes y los daños
ambientales del sistema capitalista, es crucial destacar la brecha entre los principios morales
proclamados y la realidad. La crítica inmanente, que surge desde dentro del propio sistema,
se convierte en la crítica más radical y subversiva al capitalismo, sin prescindir de criterios
morales.