Descartes demuestra la existencia de Dios partiendo de que es causa real proporcionada.
Descartes expone que tenemos en nuestro interior la idea de infinito, pero como las
personas son seres finitos, alguien infinito la ha tenido que poner en mi, ese alguien es
Dios. Descartes afirma que todos los saberes que tenemos son producto de la razón y, al
haber una única razón hay un único saber que se encuentra dividido. Lo único que nos
falta es un método único para agrupar todos los saberes. Nuestra razón actúa como el
método matemático que se basa en:
Intuición, cuya metodología se basa en el análisis y síntesis. Se observa la realidad sin
analizarla. Deducción, a partir de los primeros principios deducimos las
consecuencias. Las consecuencias son deducidas a partir de los principios innatos, los
cuales son evidentes. Las condiciones necesarias para que la intuición sea verdad son la
claridad y distinción. Para llegar a una intuición clara se debe hacer un análisis y una
vez que se concluye (síntesis) se obtienen los primeros principios. Descartes comienza
descartando los sentidos puesto que la información sensitiva nos ha engañado en varias
ocasiones. Por tanto, el motivo por el cual descarta la información sensitiva es por la
falacia de los sentidos. Descartes prosigue el análisis poniendo como objeto de duda el
mundo corpóreo ya que, aunque los sentidos nos engañen y no podamos afirmar las
cualidades de los objetos sí que sabemos que el objeto existe. Sin embargo, este objeto
también es descartado por el motivo de que en ocasiones no distinguimos la vigilia del
sueño. Descartes propone entonces como objeto de duda los
principios matemáticos, pero sin embargo en ocasiones existe un genio maligno que
hace equivocarnos. Descartes concluye entonces que la primera verdad es reconocernos
como ser vivo que piensa, que actúa…nos constatamos a nosotros mismos: yo pienso,
soy un ser pensante.
A partir de esta primera verdad empieza la deducción. Tenemos ideas, y estas ideas pueden ser
de tres tipos: adventicias, me llegan del mundo exterior y no podemos estar seguros de ellas,
facticias se elaboran desde las adventicias e innatas, las cuales son pocas, pero las verdaderas.
Dentro de las ideas infinitas se encuentra la idea de infinito que sirve para demostrar a Dios
como causa real proporcionada.
Para Descartes lo fundamental es buscar un conocimiento cierto y seguro sin ningún
tipo de duda. Por ello, su prioridad será buscar un método que nos ayude a modo de
guía a razonar. Además, este método debe ser compatible con la forma de pensar de la
Razón humana, pues si no sería inútil. Por ello, lo primero que hace es analizar la forma
de actuar de la propia Razón. En la Razón, que es la misma para todos los hombres, se
distinguen dos modos de conocimiento seguros: la intuición o luz natural, conocimiento
de las ideas simples que surgen de la propia razón de forma clara y distinta, cuya verdad
es evidente e indudable; y la deducción, que es el conocimiento de una sucesión de
intuiciones de las ideas simples y de las conexiones que la razón descubre entre ellas
para llegar a verdades complejas, juicios o leyes. Por ello, el método deberá cumplir
cuatro reglas que permitan desarrollar estos modos y que nos lleven a un conocimiento
seguro. La primera regla es la evidencia, que consiste en aceptar como verdadero solo
aquello que se muestra de forma clara y evidente. La segunda es el análisis, por el que
se dividen las ideas complejas hasta llegar a las ideas simples y evidentes para que
puedan ser intuidas. La tercera es la síntesis que busca desde lo ya intuido construir las
verdades complejas. Y, por último, la cuarta es la enumeración, por la que al final se
deben revisarlos pasos anteriores para estar seguros de su correcta aplicación. Descartes
aplicará este método para buscar una verdad indudable y llegar así a una metafísica
cierta y segura. Para encontrar esta verdad evidente aplicará la duda metódica: a través
de un proceso de duda se buscará llegar hasta aquello que resulte evidente e indudable.
En la primera duda, dudará del conocimiento que proviene de los sentidos pues pueden
engañarnos. En la segunda duda, dudará de la existencia de la realidad extramental ya
que resulta imposible distinguir la vigilia del sueño. Y por último, en la tercera duda,
dudará del conocimiento que proviene de la razón, de las ideas de razón o de los
razonamientos, pues se puede suponer la existencia de un genio maligno que nos lleva
hacia el error cuando creemos estar en lo cierto. Sin embargo, afirma Descartes, no
podemos dudar que dudamos, mientras pensamos no podemos dudar que estamos
pensando y por lo tanto que existimos. La primera intuición de una verdad indudable es
pienso, luego existo (cogito ergo sum). Y si existo lo hago como un yo pensante, un
cogito, afirmando, pues, la existencia de la sustancia pensante (el cogito) como primera
verdad indudable.