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¢Qué son los valores? Introduccion ala axiologia por RISIERI FRONDIZI FONDO DE CULTURA ECONOMICA ‘Mésico- Buenos Aizes Primera edicién, 1958 Derechos resenados conforme a la ley © Fondo de Cultura Eeonémics, 1958 Av. de Ia Universidad, 975-México 12, D. F- Impreso y hecho en México Printed and ade in Mexico I 2QUE SON LOS VALORES? 1, Ex stunbo bE 10S VALORES Los valores constituyen un tema nuevo en Ia filoso: fia: la disciplina que los estudia Ia axiologia— ensaya sus primeros pasos en la segunda mitad del siglo xix. Es cierto que algunos valores inspiraron profundas pi- ginas a mas de un fildsofo, desde Platon en adelante, ¥ que la belleza, ta justicia, el bien, la santidad, fueron temas de viva preocupacién de los pensadores de todas las €pocas. No es menos cierto, sin embargo, que tales preocupaciones no lograban recortar una region propia, sino que cada valor era estudiado aisladamente. La belleza, por ejemplo, interesaba por sf misma y no como representante de una especie mis amplia Si bien no se ha perdido interés en el estudio de la belleza, ésta aparece hoy como una de las formas de tuna peculiar manera de asomarse al mundo que se ama el valor. Este descubrimiento es uno de los mas 4 importantes de la filosofia reciente y consiste, en lo fun: damental, en distinguir el ser del valer. Tanto los an. tiguos como los modernos incluian, sin tener concien- ia de allo, el valor en el ser, y median a ambos con la misma vara. Los amagos de axiologia se dirigian, sin excepcién, a valores aislados. El estudio de estos valores aislados adquiere hoy nueva significacién al advertirse el hilo sutil que los une y la proyeccién de luz sobre sada uno de esos sectores que arroja toda investigacion €e conjunto sobre la naturaleza propia del valor, De ahi que tanto la ética como la estética —de vieja es- tirpe filos6fica— hayan dado, en los tltimos afios, un gran paso adelante al afinarse la capacidad de examen del valor en tanto valor. No puede menospreciarse el descubrimiento de una 7 8 {QUE SON Los VALORES? nueva provincia del mundo. Si la filosofla tiende, por su misma eseneia, a dar una explicacién de la totali dad de To existente, cualquier hallazgo que ensanche nuestra vision sera ‘um verdadero descubrimiento filo; sofico. Tanto o mas impoztante que una nueva expli cacién del mundo es el descubrimiento de una zona antes no explorada, pues mal podri satisfacemos un esquema interpretativo si ha dejado fuera, por igorar- Ja, una regién completa con todas sus categorias. Todo déscubrimiento polariza la atencién sobre lo descu- Dierto, en pasajero menoscabo de lo ya sabido. La primeta reacciin consiste en forzar las cosas pata aco- modarlas a la modalidad del recién Megado. Se pre- tende ver la totalidad del mundo a través de la grieta abierta por el nuevo descubrimiento. Esto explica la enorme proliferacibn de escritos sobre axiologta y la pre- tendida reduccin de la totalidad de la filosofia a la teoria de Tos valores ZA qué viene a agregarse esta nueva zona? Qué regiones habjan sido ya exploradas cuando s¢ deseubren los valores? Desde su iniciacién, la filosofia pretendié dar una visién abarcadora de 1a totalidad del mundo, Pero, en sus comienzos, confundid la totalidad con uno ‘de sus aspectos. La filosofia occidental comenz6 hhace 26 siglos con una preocupaciin sobre el ser del mundo exterior. Cuando los jénicos en el siglo vi a. c. se preguntan cual es el principio, 0 arché, de la reali- dad, entienden por realidad la naturaleza, el mundo exterior. De ahi que hayan escogido como respuesta sus- tancias materiales, Iimense agua, apeiron 0 aire, El mundo exterior es, pues, el primer tema de investiga- cién filoséfica y las “cosas”, en el sentido habitual det término, la primera forma ‘de realidad. Pero un pue- blo de la capacidad racional del griego —se ha, dicho mis de una yez, cxageradamente, que cl gricgo “descu- bre” la razén— no podia conformarse con la conten: placién del mundo fisico, y pronto advierte que junto 4 ese mundo existe otto, de tanta o mayor significa- EL MUNDO DE LOS VALORES ci6n que el anterior, un mundo ideal, digamos asi s el mundo de las esencias, los conceptos, las relacio- nes, sto cs, de lo que hoy se denominan objetos ‘deales. Los pitagéricos, Sdcrates y Platén son los des- cubridores de este mundo de las esencias. A la realidad fisica y a los objetos ideales se agregé 4s tarde el mundo psiquico-espiritual. Ademis de pie- ras, animales, rios y montafias, y de mimeros, concep- tos y relaciones, existen mis propias vivencias, mis e tadds psiquicos, mi dolor y mi alegria, mi esperanza y ‘mi_preocupacién, mi percepcién y mi recuerdo. Esta, realidad es innegable; estaba, sin embargo, tan cerca del hombre que éste tardé mucho tiempo en teparar en ella. Como el ojo que ve las cosas exteriores y sélo atios des: pués se descubre a si mismo —segin la analogia de Locke— el espiritu se voleé primero hacia afuera y, una vex madura, se replegé sobre si mismo. Cuando se descubre una zona nueva se producen, por lo general, dos movimientos opuestos. Uno, al que va aludimos, y que encabezan los mas entusiastas del hhallazgo, pretende ver todo por el nuevo hueco, € in- tenta reduicit Ja realidad anterior a Ta nueva. En opo. sicién a este movimiento, se origina otro que pretende reducir Jo nuevo a lo viejo. Mientras unos sostienen que toda la filosofia no es més que axiologta, otros se empefian en que los valores no constituyen’ ninguna novedad, que se ha descubierto un nombre nuevo para designar viejos modos del ser. 2A qué podrian_reducirse los valores, segin esta ti- tima concepcién? ‘Tres eran los grandes sectores de la realidad que habiamos sefialado: Tas cosas, las esencias y los estados psicolégicos. Se intenté, en primer tér- ino, reducir los valores a los estados ‘psicoldgicos. EI valor equivale a lo que nos agrada, dijeron unos; se iden fica con lo descado, agregaron ottos; es el objeto de nuestro interés, insisticron unos tercetos. EI agrado, el deseo, cl interés, son estados psicolégicos; el valor, para estos autores, se reduce a meras vivencias, ( 10 QUE SON 10s vAronEs? En abierta oposicién a esta interpretacién psicolo gista del valor se constituyé una doctrina que adquirié pronto gran significacién y prestigio, y que termino por sostener, con Nicolai Hartmann, que los valores son esencias, ideas platénicas. El error de esta asimilacién de los valores a las esencias se debe, en parte, a la con- fusion de la isrealidad —nota peculiar del valor— con Ia idealidad, que caracteriza a las esencias. La supuesta ‘fitemporalidad del valor ha prestado un gran apoyo a la doctrina que pretende incluir a los valores entre los objetos ideales. Si bien nadie ha intentado reducir los valores a las cosas, no hay duda que se confundié 2 aquéllos con los, objetos materiales que los sosticnen, esto es, con sus depositarios. La confusién se origind en el hecho real de que los valores no existen por si mismos, sino que descansan_en un depositario o sostén que, por lo ge- neral, es de orden corporal. Asi, la belleza, por ejem- ‘plo, no existe por si sola fiotando en cl aire, sino que esti incorporada a algiin objeto fisico: una tela, una piedra, un cuerpo humano, ete. La necesidad de un de positario en quien descansar da al valor un cardcter pecu- liar, le condena a una vida “parasitaria”, pero tal idio- sincrasia no puede justificar la confusién del sostén con lo sostenido. Para evitar confusiones en el futuro, con- viene distinguir, desde ya, entre los “valores” y los “bienes”. Los bienes equivalen a las cosas valiosas, esto 3, a las cosas mis el valor que se les ha incorporado, ‘Asi, un troz0 de marmol es una mera cosa; 1a mano del cscultor le agrega belleza al “quitarle todo To que le sobra”, segxin la ix6nica imagen de un escultor, y el ‘mol-cosa se transformard en una estatua, en un “bien”, La estatua contintia conservando todas las caracte- risticas del mérmol comin —su peso, st. constitucién quimica, su dureza, ete—; se le ha agregado algo, sin embargo, que la ha convertido en estatua, Lo que se le ha agregado es un valor estetico. Los valores no LOS VALORES COMO CUALIDADES InREALES 11 son, por consiguiente, ni cosas, ni vivencias, ni esen- cias: son valores, 2. Los VALORES COMO CUALIDADES IRREALES Y bien, zqué son los valores? ‘ Dijimos que los valores no existen por si mismos, al | menos en este mundo: necesitan de un depositario en quien descansar. Se nos aparecen, por lo tanto, como | meras cualidades de esos deposititos: belleea de un cuadro, elegancia de un vestido, utilidad de una herra-" mienta. Si observamos el cuadto, el vestido 0 la he- rramienta veremos, sin embargo, que la cualidad valora- tiva es distinta de’las otras cttalidades. > Hay en los objetos mencionados alguits cudlidades que parecen esenciales para la existencia misma del ob- jeto; Ia extensién, la impenetrabilidad y el peso, por cjemplo, Ninguno de esos objetos podria existir si le faltara slguna de estas cualidades. Por otra parte, son cualidades que los objetos valiosos comparten con. Jos demas objetos y que ellos mismos poseian antes de gue se Ie incorporara on valor. Tales cualidades for \ tan parte de Ia enstencia del objeto, le confieren set ero el valor no confiere ni agrega ser, pues la piedra } 2s Senne be SESS i ee se transformara en un bien, Aquellas cualidades funda mentales, sin las cuales los objetos no podrian exist, son lamadas “cualidades primarias”. Junto a cllas estin las “cualidades secundarias” 0 cualidades sensibles, como el color, el sabor, el olor, ete. —que pueden dis tinguisse de las “primarias” debido a su mayor o me- hor subjetividad, pero que se asemejan a aquéllas pues forman parte del ser del objeto. Sea el color una im- presion subjetiva o esté en el objeto, es evidente que no puede haber 1mm hierro, una tela o un marmol que no tenga color. El color pertencce a la realidad del obje- to, a su ser, La elegancia, In utilidad o la belleza, 2) cambio, no forman parte necesariamente del ser del ob- R 2QUE SON Los VALORES? (ste puss pueden exitir coss que vo tengan tales “Cualidades terciarias” llamé alguien a Jos valores, afin de distinguirlos de las otras dos clases de cualida: des, La denominacién no es adecuada porque 1os valo- res no constituyen una tercera especie de cwialidades, de acuerdo a un criterio de division comin, sino una clase nueva, segin un criterio también nuevo de division, { Mis apropiado serfa afirmar que los valores son “cua- lidades irreales” —aunque no ideales—, pues, como Vi ‘mos, no agregan realidad o ser a los objetos, sino tan sélo’valer. Cualquiera que sca Ta denominacién, To cierto es que los valores no son cosas ni elementos de feasas sino. propiclades, cualidades sui generis, que po- [ser cicrtos objetos Tamados bienes. ‘Como las cualidades no pueden’ existir por si mis- mas, los valores pertenccen a Ios objetos que Husserl Hama ‘no independientes”, es decit, que no tienen sustantividad. Esta propiedad, aparentemente sencilla, ¢s una nota fimdamental de los valores. Muchos des- varios de ciettas teorias axiolégicas objetivistas se deben al olvido de que el valor ¢s una cualidad, un adjetivo, Tales teorias resbalaron del adjetivo al sustantivo, y al sustantivar al valor cayeron en. especulaciones sin. sen- tido y en la imposibilidad de descubrie su cardcter pecu: liar. “La filosofia actual se ha curado de la tendencia tradicional de sustantivar todos los elementos constitu: tivos de la realidad. Toy se destacan, en cambio, los verbos, los adjetives y aun los adverbios. Detris de machés sustantivos tadicionales hay un “adjetivo im- plicito. No hay que dejarse engaiiar con cl lenguaje. La Jengua asimila las formas de pensar que prevalecen y a nueva tcoria no pucde quedar prisionera de la len- gua: exige habitos lingtisticos que se adapten mejor a Js nuevas formas de pensar. Por ser cualidades, los valores son entes parasitarios —que no pueden vivir sin apoyarse en objetos rea- les— y de fragil existencia, al menos en tanto adjetivos POLARTDAD ¥ JERARQUIA B ide los “bienes”. Mientras que las cualidades primarias 0 pueden eliminarse de los objetos, bastan unos golpes de martillo para terminar con Ia utilidad de un instru. mento 0 la belleza de una estatua. Antes de incorpo- rarse al respectivo portador 0 depositario, los valores son _meras “posibilidades”, esto es, no tienen existen: a real No hay que confundir a los valores con los amados lobjetos ideales —esencias, relaciones, conceptos, entes matematicos—; la diferencia esti en que éstos son idea. les mientras que los valores son itreales. Mejor se veré la diferencia si se compara la belleza, que es un valor, con In idea de belleza, que es un objeto ideal. Capta ‘mos la belleza, primordialmente, por via emocional, mientras que 1a idea de belleza se aprchende por via intelectual. Una obra sobre estética no nos produce hinguna cmocién, pues est constituida por conceptos ¥,proposiciones con significacién y sentido intelectual. No suicede lo mismo con un pocma, donde la metéfora, que usa el poeta tiene una intencién expresiva y de contagio emocional, y no representativa 0 de conoci- miento. De ahi también que los creadores de belleza —poetis, pintores, compositores— scan con frecuencia malos tebricos aun del propio arte que cultivan. Acostiimbrase a distinguir los valores de los objetos ideales afirmando que estos iiltimos “son”, mientras que los valores no *son” sino que ‘‘valen”.’ Esta dis- tincién de Lotzc, como veremos en los capitulos siguien- tes, es muy titi] para destacar una diferencia entre ob- jetos que habitualmente se confunden, pero es tedriea- mente objetable. 3. PoLaRIpan ¥ yERarguia Otra caracteristica fundamental de los valores es ta polaridad. Mientras que las cosas son lo que son, los valores s¢ presentan desdoblados en un valor positivo y €1 correspondiente valor negativo, Asi, a la belleza 4 {QUE SON LOS VALORES? se le opone la fealdad; a lo bueno, lo malo; a lo justo, Io injusto, etc. ... No se crea que el disvalor, o valor nega- tivo, implica la mera inexistencia del valor positivo: el valor negativo existe por st mismo —"‘positivamente”— ¥ no por ausencia del valor positivo. La “fealdad” tiene tanta presencia efectiva como la “belleza”; nos topa- mos con ella a cada rato. Lo mismo puede decirse de los demas valores negativos como la injusticia, lo des- agradable, Ia deslealtad, cteétera Sc ha dicho muchas veces que la polaridad implica ta ruptura de la indiferencia, Frente los objetos del mundo fisico podemos ser indiferentes. En el momen- to en que se ha incorporado a ellos un valor, en cam- bio, tal indiferencia no es posible; nuestra reaccién —y 1 valor correspondiente— serin positivos 0 negatives, de aproximacion rechazo. No hay obta de arte que sea nentra, ni espectador que pueda mantenerse indife- tente al escuchar una sinfoia ler un poema o ver un Los valores estin, ademés, ordenados jerirquicamen- te, esto es, hay valores inferiores y superiores. No debe confundirse la ordenacién jerarquica de los valores con Ia clasificacién de los mismos. Una clasificacién no implica, necesariamente, un orden jerirquico. Se puede chasificar a los hombres en gordos y flacos, altos y bajos, solteras y casados, ete., sin que ninguno’de los grupos tenga mayor jerarquia que el otro, Los valores, en cam- bio, se dan en su orden jerirquico 0 tabla de valores. La preferencia revela ese orden jerarquico; al enfrentarse a dos valores, cl hombre “prefiere” comiinmente el su- perior, aungite a veces “elija” el inferior por razones cireunstanciales Resulta, desde luego, més sencillo indicar que existe un orden jerdrquico que sefialar concretamente cual es, este orden. No han faltado, por cierto, axiblogos que than propuesto “una” tabla de valores con la pretensién, de que se trataba de “la” tabla, La critica ulterior ha mostrado los errores de tales tablas y especialmente de POLARIDAD ¥ JERARQUIA 15 ks criterios que se habian utilizado para determinarlas. Un ejemplo concreto de tal afirmacién lo constituye la tabla axioldgiea de Max Scheler, expucsta en cl capitu: Jo TV, que ha sido tomada como paradigma en diccio- nanos ¥ tratados en lengua castellana, y que esti lejos de ofrecer seguridad y consistencia. La existencia de un orden jerdrquico es una incita cion permanente a la accién creadora y a la clevacion moral. El sentido creador y ascendente de la vida se basa, fundamentalmente, en la afirmacién del valor positivo frente al negativo y del valor superior frente al Inferior. EI hombre individualmente, tanto como las comu nidades v grupos culturales coneretos, se manejan con alguna tabla. Es cierto que tales tablas no son fijas sino fluctuantes, y no siempre coherentes; pero es indu: dable que nuestro comportamiento frente al projimo, sus actos, las creaciones estéticas, ete, som juzgados y prefe ridos de acuerdo 2 una tabla de valores. Someter a un examen cnitico esas tablas de valores que oscuramente influyen en nuestra conducta y nuestras preferencias, ¢ tarea irrenunciable de todo hombre culto. No podra, sin embargo, determinar criticamente una tabla de valo- res —dejamos de lado la posibilidad de afirmar dogma. ticamente un orden jerirquico— sin examinar previa mente la validez de los critetios que pueden utilizarse para descubrirla. Esta es una de las cuestiones que estu- Giaremos en el capitulo siguiente, BIBLIOGRAPIA Durnéer, Bugéne, Exquisse dune Philosophie des Valeurs (Pars, Alcan, 1939} Graxsponr, Maxime, Théorie Générale de la Valeur et ses plications én esthétique et en économique (Institut de Socio logic, Université Libre de Bruxelles, 1954) Haut, Everett W,, What is Value? An Essay in Philosophical Analysis (London, Routledge & Kegan Paul, 1952) Konan, Alejandro, “Axiologia”, en La libertad éreadora (Buenos Aires, Losada,_ 1944) ind, Jolin, ‘The Idea of Value (Cambridge, 1929) Lurzey, Ray, The Language of Value (New York, Columbia University Press, 1956) Mrssnr, Augusto, La estimativa 0 la filosofia de los valores fen la getualidad (Madrid, Sindicato Exportador del Libro Espattol, 1932). Rostreo, Francisco, Teoria del hombre (Buenos Aes, Lo- sada, 1952). Ver cap. Vil Rostexo, Francisco, “Trascendencia y valor", en Papeles para Una flofia (Bucnos Ales, Lasadas 1913). Rosso, Corrado, Figure e dottrine nella flosofia dei valori (Torino, Ed. Filosofia, 1950) Rover, ‘Raymond, Philosophie de la voleur (Paris, Librairie Armand Colin, 1952) Srenx, Alfredo, La filosofia de fos valores. Panorama de tas tendencias actuales en Alemania (México, Universidad Na ional de México, 1944). u PROBLEMAS FUNDAMENTALES DE LA AXIOLOGIA 1. Los PROBLEMAS AXIOLOGICOS EN LA VIDA DIARIA Los problemas fundamentales de la axiologta no se lantean. inicamente en los libros, revistas y congresos losoficos, sino que esti presentes en las manifestacio- res mas diversas de la vida diaria. No hay discusién, 0 desacuerdo, sobre la conducta de una persona, Ia elegin- ‘cig de una mujer, la justicia de una sentencia o el agra- do de una comida, que no suponga la reapertura de Ta problemitica sobre los valores. as. mas. complicadas Cuestiones axiolégicas se debaten a diario en la calle, en el parlamento, en el café y en las casas mis humildes, si bien con una actitud y en un lenguaje poco filoséficos. Por lo general, las discusiones traducen, sin embargo, las posiciones ‘extremas de In axiologfa’ Cuando dos personas no estén de acuerdo si una comida o bebida es agradable o no y fracasan en el intento de convencerse mutuamente, la discusién termina, por To general, con Ia afirmacién de uno o de ambos interlocutores, de que a él le gusta ono le gusta, y nadie podrt convencerle de lo contrario. Si se trata de una diseusién entre perso- nas cultas, seguramente alguien recordari el adagio lati no, tan traido y Nevado: de gustibus non disputandum., Este adagio puede poner fin a wna discusion callejera © de sal6n, pero no resuelve el problema de fondo que esti detris de tal discusién. Fs cierto que no puede Adiscutirse sobre el gusto? Es impropio, entonces, hablar de personas de mal gusto? zAcaso no se ha debatido du- ante tantos atios sobre ef valor estético de no pocas estatuas, cuadros y poemas? ;Son esas discusiones inti Jes y no hay modo de determinar el valor de una obra artistica o la condueta de un hombre? v7 18 PRORLEMAS DE LA AxrOzoGtA Quien sostiene la tesis de gustibus non disputandum quiete afirmar una nota peciliar del valor, esto es, el caricter intimo ¢ inmediato de la valoracién. El agrado {que nos produce un vaso dé buen vino, la lectura de un poema, un preludio de Chopin, es algo personsl, inti- ‘mo, privado y, com frecuencia, inefable. No queremos renunciar a ¢sa intimidad pues de lo contrario se nos excapa de las manos una nota esencial del goce esté tico. ;COmo podran convenceros con silogismos y ci tas ertiditas cuando nuestro goce cs tan inmediato y di- recto que no admite posibilidades de equivoco? Si uno se refugia, sin embargo, en el puerto acogedor de Ia subjetividad, y trata de mantener la cabeza serena a pesar de que tiene agitado el corazén, descubrird muy pronto que esta doctrina no puede satisfacernos por com- pleto, :Oué seria del mundo ético ¥ estético si, a fuer de afirmar la subjetividad del gusto, cada uno se atuviera ala propia manera de ver las cosas?

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