Eros, la relación sexual en el matrimonio.
Lorenzo Luévano Salas
Eros, la relación sexual
en el matrimonio.
Por Lorenzo Luévano S.
INTRODUCCIÓN
No es nada nuevo hablar acerca del amor. Sin duda muchos hemos oído
acerca del amor entre amigos, familiares y entre hermanos en la fe; pero, ¿qué
hay del amor Eros? ¿Podemos encontrar consejos espirituales con respecto a
esta clase de amor?
La relación sexual es un aspecto muy importante en la vida de una
pareja. Esto debe ser estudiado, ya que no siempre es fácil lograr una buena
adaptación sexual en el matrimonio.
LA RELACIÓN SEXUAL EN EL MATRIMONIO
FUE ESTABLECIDA POR DIOS
Esta es la primera verdad que debemos entender con respecto al tema
de las relaciones sexuales entre esposos. Dios fue quien decidió crear al ser
humano con dos sexos diferentes y mutuamente atractivos. La Biblia dice, “...Y
creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los
creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y
sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en
todas las bestias que se mueven sobre la tierra...” (Génesis 1:27, 28). Nótese la
frase “...varón y hembra los creó...”. Dios hizo a un hombre completo y perfecto,
así como a una mujer completa y perfecta con todas las implicaciones sexuales
que de ello emanan. La palabra traducida por “varón” es “zakár”, la cual, y en
distinción con la palabra corriente para “hombre” (ish), aquella contrasta lo
masculino de lo femenino. Varón en Génesis tiene una connotación sexual,
Dios creó un “macho”, es decir, una persona con capacidades y órganos
sexuales masculinos. Por otro lado, la palabra traducida “hembra” es
“nequabá”, la cual contrasta lo femenino de lo masculino. Bien puede traducirse
como “de forma sexual femenina”. Dios creó a la humanidad, a uno de ellos lo
hizo de forma sexual masculina y a la otra de forma sexual femenina. Los
cromosomas del “varón” fueron XX y los cromosomas de la “hembra” fueron
XY. Esto fue lo que cientos de años después la ciencia descubrió.
Entonces Dios creó a dos personas totalmente diferentes, pero a la vez
complementarias entre sí. Esta diferencia tiene que ver con su sexo, con su
complexión física, con sus emociones y aún en su forma de pensar.
Si Dios nos creó así, con estas diferencias sexuales, es evidente que
también nos hizo con los impulsos o deseos sexuales que sentimos. Estos
fuertes deseos sexuales no son pecaminosos, ni tampoco vienen del diablo o
del algún demonio, sino que son parte de la naturaleza con la que Dios hizo al
hombre y la mujer. La mujer viene a ser, entonces, el complemento sexual y
emocional perfecto del hombre (Génesis 2:18-25). Adán se sitió sólo y no había
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manera de adaptarse, ni sexualmente, ni emocionalmente con la creación, sino
hasta que Dios creó a su compañera.
Es así que Dios determinó que hubiera una unión completa, incluyendo
lo sexual entre el hombre y la mujer (Génesis 2:24; 1 Cor. 5:16). La unión
sexual no fue pecado entre Adán y Eva, ni tampoco fue causa del pecado, sino
algo netamente creado y planeado por Dios. Ahora entendemos por qué la
relación sexual en el matrimonio es honrosa (Hebreos 13:4). No podría ser
menos, pues no fue otro sino el creador quien estableció que el hombre
entregara su cuerpo a su esposa y viceversa con frecuencia regular (1
Corintios 7:2-5)
LOS PROPÓSITOS DE LA REALCIÓN SEXUAL EN EL MATRIMONIO
Dios no hace nada sin propósito, y en el caso a la mano no es la
excepción. La Palabra de Dios claramente muestra que la relación sexual en el
matrimonio tiene tres propósitos bien definidos.
1. La procreación.
La procreación bien puede definirse como la acción de engendrar hijos,
o la multiplicación de una especie. En este caso tiene que ver con la
reproducción del hombre y la mujer. La Biblia lo describe así, “...Fructificad y
multiplicaos; llenad la tierra...” (Génesis 1:28). La palabra hebrea “rabah”
expresa “crecimiento numérico”, mientras que “multiplicaos” expresa “llenura”.
¡Dios quiere que estas dos personas lleguen a ser muchas y dispersas en la
tierra. En un estado normal, sano y sin complicaciones, ¿Cómo lograrlo sin la
relación sexual? Esta declaración divina a Adán y Eva es un mandamiento
directo para que se unan sexualmente con el fin de multiplicarse, de tener hijos.
Es por esta razón que leemos en Génesis 4:1, “...Conoció Adán a su mujer
Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he
adquirido varón...” Por “voluntad de Jehová”, sí, porque así fue planeado y
ordenado por Dios, que a través de la relación sexual ellos llegaran a
multiplicarse.
No hace mucho que el hombre, en su locura de ir en contra de la
voluntad y el diseño de Dios, quiere casarse pero no tener hijos. Los tales no
quieren cumplir con uno de los propósitos que Dios estableció para el
matrimonio. Esta actitud no solamente atenta contra el propósito de Dios para
el matrimonio, sino también atenta contra el papel que Dios asignó a la mujer,
es decir, tener hijos (1 Tim. 2:15; 5:14). El hombre está despreciando esa
herencia hermosa que son los hijos, una herencia divina (Salmo 127:3). Las
mujeres suelen sentir lo que llaman “instinto maternal”, pero el egoísmo está
matando este instinto en muchas, de tal manera que vemos hombres y mujeres
“sin afecto fraternal” (Rom. 1:31; 2 Tim. 3:3).
2. La prevención.
¿Qué previene la relación sexual en el matrimonio? Previene la
inmoralidad sexual. Pablo escribió, “...a causa de las fornicaciones, cada uno
tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido...” (1 Corintios 7:2).
Si el hombre fue creado con capacidades y necedades sexuales, ¿no buscaría
por esto satisfacerlos? ¡Claro! Y es aquí donde entra el papel del matrimonio y
la relación sexual en el mismo. La sociedad lucha en contra de uno de los
propósitos del matrimonio al rechazarlo y vivir en lo que llaman “unión libre” o
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sencillamente en practicar las relaciones sexuales fuera del matrimonio, ¿qué
es lo que ha producido esta actitud? Inmoralidad. Mientras la sociedad sigua
teniendo una actitud negativa hacia el matrimonio, este propósito jamás será
cumplido, lo que traerá como consecuencia muchos males resultantes de dicha
inmoralidad. Pablo afirma que el hombre es “tentado por Satanás” a causa de
la “incontinencia” (1 Corintios 7:4). Desde luego, Pablo está aquí instruyendo a
los matrimonios con respecto a la regularidad de sus relaciones sexuales y las
consecuencias de no llevarlas a cabo regularmente, pero bien ilustra la
necesidad sexual que tienen el hombre y la mujer, y el medio de satisfacerlas
para evitar conflictos graves, el matrimonio.
3. El placer.
Este es el tercer propósito de la relación sexual en el matrimonio. El
placer de la pareja. La Biblia dice en Proverbios 5:18 y 19, “...Sea bendito tu
manantial, Y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y
graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor
recréate siempre...” Desde luego, este placer en la relación sexual en el
matrimonio no es exclusiva del varón, sino de ambos, hombre y mujer deben
satisfacerse mutuamente. Esto lo muestra claramente Cantares 7:1-7, donde
leemos, “... ¡Cuán hermosos son tus pies en las sandalias, oh hija de príncipe!
Los contornos de tus muslos son como joyas, obra de mano de excelente
maestro. Tu ombligo como una taza redonda que no le falta bebida. Tu vientre
como montón de trigo cercado de lirios. Tus dos pechos, como gemelos de
gacela. Tu cuello, como torre de marfil; tus ojos, como los estanques de
Hesbón junto a la puerta de Bat-rabim; tu nariz, como la torre del Líbano, que
mira hacia Damasco. Tu cabeza encima de ti, como el Carmelo; y el cabello de
tu cabeza, como la púrpura del rey suspendida en los corredores. ¡Qué
hermosa eres, y cuán suave, Oh amor deleitoso! Tu estatura es semejante a la
palmera, y tus pechos a los racimos. Yo dije: Subiré a la palmera, asiré sus
ramas. Deja que tus pechos sean como racimos de vid, y el olor de tu boca
como de manzanas, y tu paladar como el buen vino, que se entra a mi amado
suavemente, y hace hablar los labios de los viejos. Yo soy de mi amado, y
conmigo tiene su contentamiento...” Todo matrimonio debe hacer el máximo
esfuerzo por darse placer mutuamente, de otra manera, este propósito de la
relación sexual en el matrimonio se verá afectado y, desde luego, la relación irá
deteriorándose al grado de ser una experiencia sumamente desagradable para
ambos.
LO QUE HACE FUERTE A LA RELACIÓN SEXUAL EN EL MATRIMONIO
La relación sexual en el matrimonio, la supervivencia y el gozo de este,
necesita una base sólida. Esta base se llama “amor”. Sí, pero este amor al que
quiero hacer referencia no se trata de un sentimiento, sino del amor divino, el
amor conocido como “ágape”. El amor ágape es el amor perfecto, es el amor
descrito por el apóstol Pablo en 1 Corintios 13. Si este amor es el que proviene
de Dios, es divino y por ende espiritual, porque se ajusta y se regula en base a
la Palabra de Dios, ¿qué tiene que ver con la relación entre el hombre y la
mujer en el matrimonio, especialmente en la relación sexual? Mucho, pues sin
esta base, no solamente la relación sexual en el matrimonio está próxima a
fracasar, sino toda relación que existe entre el hombre y la mujer en el hogar.
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En la carta a los hermanos en Efeso, Pablo escribió, “...Maridos, amad a
vuestras mujeres...” (Efesios 5:25). La palabra traducida “amad” es del griego
“ágape”. Los versículos 25 al 30 ilustran la manera en que el hombre ama a su
mujer. El marido debe amar a su mujer “...así como Cristo amó a la iglesia...”,
luego, Cristo es el ejemplo a seguir para amar a nuestra esposa. El hombre
debe estar dispuesto a hacer sacrificios pro ella, a sufrir y aún a morir por ella.
Esta clase de amor destruye el egoísmo que genera el “Eros” sólo. ¿Cuántos
divorcios se evitarían si se aprendiera a nuestra esposa, así como Cristo amó a
la iglesia?
Este amor del marido debe ser expresado en el afecto, en la simpatía,
en el apoyo, en el consuelo, en la comprensión, en la paciencia, y sobre todo
en la consideración (1 Pedro 3:7; Colosenses 3:19). Este amor destruye el
machismo que algún hombre pueda padecer. El machismo es un complejo de
inferioridad, una muestra de inmadurez por parte del hombre, una profunda
ignorancia y falta de cultura. Muchos hombres son “crueles”, “ásperos” con su
mujer debido a la frustración en el trabajo o en su propia vida y buscan
víctimas, y suelen encontrar una en su mujer. Debemos amar como Cristo amó
a la iglesia, quien “...se entregó a sí mismo por ella...”
El hombre debe amar a su mujer, “...como a su mismo cuerpo...”. Todos
procuramos el bien de nuestro cuerpo, pues así debemos amar a nuestra
esposa. Debemos entender que todo lo bueno que hagamos a la esposa lo
hacemos a nosotros mismos, y todo lo malo que le hacemos, lo hacemos a
nosotros mismos (Ef. 5:29; Gn. 2:23).
El marido debe manifestar su amor por su esposa, pues “la sustenta y la
cuida como también Cristo a la iglesia”. La palabra traducida por “cuida” se usa
en 1 Tesalonicenses 2:7, expresando la idea de “cariño”, “calor”, “amor tierno”.
El hombre debe expresar estas cosas a su mujer para sustentarla y cuidarla.
Desde luego, el marido debe proveer “sustento” y “abrigo” a su mujer,
pero el hombre no solamente debe proveer comida, ropa, techo y protección a
su mujer, sino también el cuidado espiritual y emocional que ella necesita. Es
pues necesario que aprendamos y practiquemos el amor ágape con nuestra
esposa, lo que consecuentemente resultara en gratas relaciones de pareja,
¡aún en la relación sexual!
Aquí tenemos a dos personas que se aman, con amor ágape (Efesios
5:25; Tito 2:4), ¿imagina usted el efecto que traerá sobre la relación sexual en
esta pareja? Todos los propósitos de la relación sexual serán cumplidos, y
habrá una hermosa manifestación de satisfacción en ambos, lo que hará un
matrimonio sólido ante todo mal que atente contra él.
CONCLUSIÓN
Hemos aprendido que la relación sexual en el matrimonio fue planeada y
establecida por Dios, sus propósitos y su fundamento. ¿Cambiará esto nuestra
perspectiva del acto sexual en el matrimonio? ¿Nos ayudará para mejorar
nuestra relación como matrimonio? Si queremos ser felices, como familia, y
aún como hermanos en la fe, es necesario que cultivemos el amor mutuo,
“...así como Cristo amó a la iglesia...”.
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Lorenzo Luévano Salas
Apartado Postal 463, San Luis Potosí, S.L.P.
78000, México
Diciembre, 2006
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