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Crítica a la Ciencia Económica Actual

Este prólogo cuestiona por qué tan pocos economistas anticiparon la crisis financiera de 2008 y argumenta que los modelos económicos neoclásicos hacen imposible predecir crisis. También critica la noción de que el dinero es neutral y que los mercados son siempre eficientes.

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Crítica a la Ciencia Económica Actual

Este prólogo cuestiona por qué tan pocos economistas anticiparon la crisis financiera de 2008 y argumenta que los modelos económicos neoclásicos hacen imposible predecir crisis. También critica la noción de que el dinero es neutral y que los mercados son siempre eficientes.

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Denarius.

Revista de Economía y Administración


ISSN: 2448-5403
Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa,
Departamento de Economía

Giraud, Gael
¿Es la ciencia económica una farsa? Prólogo a la economía desenmascarada de Steve Keen1
Denarius. Revista de Economía y Administración,
vol. 2, núm. 41, 2021, Julio-Diciembre, pp. 171-183
Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, Departamento de Economía

DOI: [Link]

Disponible en: [Link]

Cómo citar el artículo


Número completo Sistema de Información Científica Redalyc
Más información del artículo Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Página de la revista en [Link] Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso
abierto
Denarius, revista de economía y administración [ISSN digital: 2448-5403].
Número 41, julio-diciembre de 2021. Pp. 171-183
[Link]

¿ES LA CIENCIA ECONÓMICA UNA FARSA?


PRÓLOGO A LA ECONOMÍA DESENMASCARADA
DE STEVE KEEN1
Is economic science a farce? Foreword to Steve Keen’s
Economics Unmasked

Gael Giraud

“Algunas veces Pangloss le decía a Cándido:


Todos los acontecimientos están encadenados en el mejor de los
mundos posibles; porque finalmente si no lo hubieran echado de un
hermoso castillo con grandes patadas en el trasero por el amor de la
señorita Cunégonde, si no lo hubieran entregado a la Inquisición, si
no hubiera recorrido América a pie, si no le hubiera dado una buena
estocada al barón, si no hubiera perdido todas sus ovejas del buen país
Eldorado, usted no estaría aquí comiendo cidra confitada y pistachos.”

Voltaire, Cándido

1 Publicación traducida: (2014) Keen S. y Giraud G. (Prólogo) L’Imposture économique, Editions


de l’Atelier, Paris. Edición original: (2001) Keen S. Debunking Economics, Zed Books. Edición
en español: (2015) Keen S. La economía desenmascarada. Capitán Swing. Se utilizó la versión
publicada en la Revista E.M.A.U.S 2015/1 No. 45, páginas 329 a 340 que fue ligeramente modi-
ficada por su autor respecto a la que apareció en el libro.
Traducción de Alberto Benítez Sánchez , Profesor-Investigador Titular C del Departamento
de Economía de la UAM-Iztapalapa. Correo: besa@[Link]
[Link]

Fecha de recepción: 08/02/2021 • Fecha de aceptación: 07/05/2021

Denarius, núm. 41 171


Gael Giraud

RESUMEN
El libro para el que se escribió este prólogo es un reclamo, el de un economista
académico que cuestiona a su comunidad y, más que a ella, a toda la sociedad. Las
preguntas que nos dirige son las que todos nos hacemos: ¿A qué se debe que tan
pocos economistas hayan sido capaces de anticipar, incluso confusamente, una
catástrofe tan importante como la crisis financiera de 2008? ¿Qué ha cambiado en
su concepción del mundo a raíz de la crisis?
Algunos de entre nosotros, los economistas, responderán con gusto: la crisis
subprime fue una “sorpresa absoluta”, un “cisne negro”, un evento de “cola de
distribución”. Por supuesto, puede que nos haya faltado vigilancia, nostra culpa,
pero, al final, era imposible anticipar lo insólito. Y es precisamente por eso que no
hemos cambiado casi nada a nuestros modelos económicos. Aparte de algunas
minucias aquí y allá, ¿de qué serviría modificar profundamente representaciones
teóricas respecto a las cuales tenemos todas las razones para pensar que son las
menos malas posibles? Absolutio.

ABSTRACT
The book for which this foreword was written is a claim, that of an academic eco-
nomist who questions his community and, more than it, the whole of society. The
questions he asks us are the ones we all ask ourselves: Why is it that so few eco-
nomists have been able to anticipate, even confusedly, a catastrophe as important
as the financial crisis of 2008? What has changed in your conception of the world
as a result of the crisis?
Some of us economists will gladly answer: the subprime crisis was an “absolute
surprise”, a “black swan”, a “distribution tail” event. Of course, we may have lacked
vigilance, nostra culpa, but in the end, it was impossible to anticipate the unusual.
And that is precisely why we have changed almost nothing to our economic models.
Apart from a few minutiae here and there, what use would it be to profoundly
modify theoretical representations about which we have every reason to think that
they are the least bad possible? Absolutio.

***

172 Departamento de Economía, UAM-Iztapalapa


¿Es la ciencia económica una farsa?
Prólogo a La Economía Desenmascarada de Steve Keen

Keen responde: algunos observadores, incluido él mismo, habían anticipado


el mecanismo perverso que, desde el crédito al consumo destinado a los hoga-
res pobres, condujo a una tormenta bursátil y a una recesión económica como
no la habíamos visto desde la década de 19302. Por lo tanto, sólo a condición de
poseer el enfoque analítico correcto, la llegada de este “cisne negro” podría, por
el contrario, haber sido previsto, si no la hora exacta, al menos su inminencia.
Basándose en esta constatación, Keen se remonta a la fuente del problema: la
teoría económica misma.
El lector del libro pronto descubrirá, sin duda sorprendido, que en la mayoría
de los modelos neoclásicos que dominan la profesión, una crisis como la de 2008
es simplemente imposible. ¿Podemos imaginar a los sismólogos trabajando con
modelos que excluyen todo tipo de terremoto? Sin embargo, esta es la situación
actual de la “ciencia económica”. ¿Qué hay de sorprendente entonces si, desde el
comienzo del experimento de desregulación que comenzó en la década de 1980,
el sistema financiero internacional ha experimentado, en promedio, una crisis
grave cada cuatro años? Sin embargo, esto ocurre sin que la mayoría de nosotros
los economistas estemos alarmados por tal acumulación de catástrofes. En teo-
ría, los mercados financieros deben ser eficientes, y estos fracasos simplemente
nunca deberían ocurrir... ¿Qué diríamos si un cometa similar al cometa Halley se
estrellara en nuestro suelo cada cuatro años en medio de astrofísicos ocupados
trabajando con una imagen del sistema solar construida bajo el supuesto de
que ningún meteorito puede golpear nuestro planeta?
Peor aún: en la mayoría de los modelos con los que trabajamos los economis-
tas, el dinero existe sólo como una unidad de cuenta, como un termómetro que
únicamente registra la temperatura ambiente. Cambiar la cantidad de dinero en
circulación no debería ser más importante que pasar de grados Celsius a Kelvin, y
viceversa. Sin embargo, todos los estudios empíricos muestran lo contrario: lejos
de ser neutral, la moneda ejerce una influencia decisiva en el ciclo económico,
el desempleo, el crecimiento. Algunos de nosotros se defienden a este respecto
diciendo que se trata de una ilusión óptica: siempre y cuando esperemos lo su-
ficiente, y si, mientras tanto, nuestras economías no experimentaran revueltas

2La primera versión del libro, en inglés, es de 2001, fecha en la cual Keen ya había predicho que
la burbuja de internet terminaría por explotar.

Denarius, núm. 41 173


Gael Giraud

que pudieran enturbiar nuestro estudio, veríamos que, a largo plazo, la moneda
funciona como un instrumento de medición. Nada más.
¿La larga duración? ¿Pero cuándo empieza? ¿Quién la ha observado alguna
vez? ¿Qué diferencia epistemológica hay entre tal postura y la de los viejos mar-
xistas que afirmaron haber descubierto la “ley de bronce” de la historia (la dis-
minución tendencial de la tasa de ganancia) y, ante la refutación, se aferraron a
la escatología de la Gran Noche?
Cuando ya no es la de unos pocos individuos, inofensivos debido a su aisla-
miento, sino la de toda una profesión universitaria, semejante negación de la
realidad es algo grave. Nos lleva a desplegar los modelos de un mundo que no
es el nuestro: un mundo sin dinero y sin sector bancario, donde el capital se
acumula por sí solo sin ser producido por nadie y donde el sector productivo,
porque se supone que tiene rendimientos constantes de escala, nunca obtiene
una ganancia agregada neta. Una galaxia imaginaria poblada por caballeros
dotados de una capacidad de cálculo infinita, capaz de anticipar el nivel de todos
los precios (entonces, ¿qué hay de los “cisnes negros”?) hasta el final del tiempo,
los cuales juegan en mercados eficientes, siempre en equilibrio. Un mundo ergó-
dico, lineal, gaussiano y estable, al que sólo ocasionalmente perturban choques
exógenos de origen desconocido, pero que, en promedio y a largo plazo (¿cuándo
comienza éste, exactamente?), no alteran las virtudes del cosmos.
En un mundo así, el desempleo involuntario no existe, excepto bajo la forma
de una fricción insignificante y temporal. ¿Acaso no sufrimos en Europa desde
hace cuarenta años el desempleo masivo y de larga duración? ¿La mitad de los
jóvenes en España no están hoy desempleados? Esto se debe, según la microeco-
nomía de la Escuela, a que ellos prefieren tomarse unas vacaciones en lugar de
trabajar. A menos que sean víctimas de la excesiva rigidez del mercado laboral:
el salario mínimo, los procedimientos de despido...
En un mundo así, si las desigualdades de ingresos y de capital han
explotado, esto no puede provenir de algo inapropiado en la forma en que se
distribuye la riqueza porque, según la teoría, dicha distribución es, en general,
óptima. Cualquier intento serio de corregir las desigualdades, tarde o temprano,
conduciría a entorpecer la fina relojería de los mercados. ¿Un financiero recibe
más de un millón de euros al mes, cuando está menos calificado que un inge-
niero al que se le pagan tres mil euros? La razón de tal discrepancia debe ser
clara: es porque la “productividad marginal” del financiero es trescientas veces

174 Departamento de Economía, UAM-Iztapalapa


¿Es la ciencia económica una farsa?
Prólogo a La Economía Desenmascarada de Steve Keen

mayor que la de ese ingeniero. Y mil veces mayor que la de cualquiera que gana
el salario mínimo...
En tal mundo, un fenómeno como la deflación también se está volviendo im-
posible. ¿Acaso no lucha Japón en una trampa deflacionaria desde hace más de
veinte años3? No, es simplemente “desinflación prolongada”. “Además, espera,
verás, Japón pronto despegará de nuevo, como España, Portugal, Grecia...” ¿No
está Japón, sin embargo, plagado de deudas (privadas y públicas), como casi
todos los países europeos?, ¿no es probable que estas deudas obstruyan cual-
quier recuperación económica? “Es porque, en la mayoría de nuestros modelos,
las deudas no existen ...” 4
Los responsables de la toma de decisiones que trabajan en el “mundo real”,
el de las empresas, no se equivocan: ¿cuántos no he conocido para los que la
mayoría de los economistas cuentan historias para dormir de pie? Este divorcio
es trágico. Tanto para los economistas, muchos de los cuales ya no saben lo que
es una empresa (a menos que se trate de una caja negra destinada a producir
dinero en efectivo por la gestión inteligente de la zanahoria y el palo infligida a
sus empleados5), como para los ejecutivos de negocios que se ven privados de
los medios para pensar en las consecuencias macroeconómicas de sus acciones6.
La situación no es mucho más brillante del lado de las autoridades públicas
porque, en el mundo que analizamos los economistas, la política económica
tampoco tiene sentido: ¿hemos visto a un médico que entregaría el diagnóstico
vital de un paciente a la decisión democrática de la mayoría de sus familiares?

3Después de haber sufrido él también una crisis de subprimes al principio de los años 1990: sin
duda un enésimo “cisne negro”.

4 Extraña situación en la que todo el mundo no cesa de hablar de deudas y en la que un antropó-
logo como David Graeber nos explica que ésta estructura nuestras sociedades desde hace cinco
milenios, mientras que tantos economistas razonan desde hace un siglo sobre representaciones
del mundo ¡en las que las deudas no existen! Véase (2005) Graever D. Dette. 5000 ans d‘histoire.
Les Liens qui Liberent, Paris
5 La théorie des incitaciones en (2012) Giraud G. La théorie des jeux, 3era edición. Flammarion, Paris.
6 Como se verá en el libro, la macroeconomía nace, en los años 1930, de la observación que la

economía, como la física, conoce fenómenos emergentes: el todo es distinto a la suma de sus par-
tes. Por haber reconstruido la macroeconomía a partir de los años 1970 eliminando a priori todo
efecto emergente, hemos reducido la macroeconomía al estatuto de microeconomía aplicada.

Denarius, núm. 41 175


Gael Giraud

Si tiene una relación ingenuamente positivista con la medicina, nunca lo hará.


Podría matar al paciente. Y la noche del funeral, explicaría a los afligidos padres:
“Too bad, fue una enfermedad rara, sin precedentes. Lo siento mucho.” Keen in-
siste con razón en este punto: la compasión de nuestro economista será sincera.
Porque realmente cree en la verdad de su “ciencia”. A menos que se enfade y
tome un tono severo, al estilo de Molière: “Tu hijo no debería haber muerto.
Simplemente, no aceptó sufrir lo suficiente. Otro sangrado más y correría ma-
ñana en el jardín. No puedes salvar a nadie contra su voluntad.” ¿Acaso, por ca-
sualidad, no habrían causado el “sangrado” (por ejemplo, los planes de ajuste
estructural infligidos con pérdida total a los países del sur de Europa) la muerte
del paciente? Esta pregunta no puede ser respondida con las herramientas de
la teoría económica dominante porque, para ella, el paciente nunca debería ha-
berse enfermado.

***

A finales del siglo XIX, la física se enfrentaba a un problema importante: ¿cómo


explicar el fenómeno establecido por los experimentos de Michelson y Morley
que demostraban que la velocidad de la luz en el vacío es independiente del
marco de referencia (sin aceleración) a partir del cual se mide? La comunidad
de físicos creía en la existencia del éter, una sustancia “sutil”, inaccesible para
la experimentación y encargada de explicar lo que la electrodinámica clásica
y la gravitación newtoniana no podía justificar. Ahora bien, el experimento de
Michelson-Morley (1881-1887) contradijo radicalmente la hipótesis del éter.
Consternados, algunos científicos estaban dispuestos a sacrificar la experiencia
empírica para preservar el dogma del éter. En Boston, Harvard incluso había
construido un nuevo edificio para el Instituto Jefferson, sin el más mínimo cla-
vo de hierro, para evitar interferencias en las futuras mediciones del éter. Se
necesitó la audacia de un joven ingeniero aislado en Berna, Albert Einstein,
para atreverse a cuestionar la teoría del éter, y proponer, en 1905, la teoría de
la relatividad restringida (pronto confirmada empíricamente). El libro de Steve
Keen muestra que la mayor parte de la teoría económica contemporánea se
basa en conceptos similares a los del éter. Elegantes pero inaccesibles para la
experiencia. Y, en su mayor parte -aquí es donde termina la analogía con la física
del siglo XIX- incoherente.

176 Departamento de Economía, UAM-Iztapalapa


¿Es la ciencia económica una farsa?
Prólogo a La Economía Desenmascarada de Steve Keen

Un ejemplo entre muchos: la tasa de desempleo sin aceleración de la infla-


ción (NAIRU). Esta es la tasa de desempleo de larga duración (¿Cuándo... preci-
samente?) compatible con el equilibrio simultáneo de todos los mercados (en
particular el mercado laboral) y con una tasa de inflación constante. Cualquier
intento de reducir el desempleo por debajo de este umbral estaría destinado al
fracaso y condenado a no tener ningún otro efecto que la aceleración innecesaria
de la inflación7, con la excepción, por supuesto, de las “reformas estructurales”
destinadas a flexibilizar el mercado laboral o a aliviar a las empresas de cual-
quier carga fiscal. Sin embargo, un país como Suiza ha tenido un desempleo
inferior al 5% durante décadas. Y Francia, durante los Treinta Gloriosos8, conocía
el pleno empleo. Sin embargo, el mercado de trabajo de estos dos ejemplos no
se parece en nada a la subasta humana, transparente e idealmente flexible, la
única capaz, según la teoría, de reducir el NAIRU. No obstante, según Gregory
Mankiw, profesor de macroeconomía en Harvard, y una de las voces sobresalien-
tes de la economía contemporánea, los malos espíritus se equivocan al culpar a
los economistas por no ser capaces de medir la NAIRU. En su libro de texto, una
de las referencias académicas en los Estados Unidos (y en el mundo), Mankiw
explica, en efecto, que los físicos tienen un margen de error al medir la distancia
entre las estrellas que oscila entre el 50% y el 100%9. Dado que esa inexactitud
es tolerable en el mundo bien regulado de la mecánica celeste, sugiere, no hay
nada alarmante si los economistas dudamos respecto del verdadero nivel de
una noción tan difícil de definir como la NAIRU. ¿No es así?
Puede ser, salvo que la distancia Tierra-Sol se conoce con una precisión de
unos diez dígitos después de la coma (<[Link]
Del mismo modo, el paralaje anual nos permite conocer la distancia del Sol a
unas 100 000 estrellas con una precisión más de un millón de veces mayor a
la que Mankiew atribuye a los físicos. ¿Cómo puede un profesor universitario

7
El lector impertinente no dejará de preguntarse: si el dinero es una pura convención, y si la
inflación (precios, salarios y subsidios), como ustedes pretenden, ustedes los economistas, es
sobre todo un fenómeno monetario, ¿por qué se ha considerado a la inflación, durante los últi-
mos cuarenta años, como el peor de los flagelos?
8
Nota del traductor: Se designa con esta expresión a los 30 años que van de 1945 a 1975 duran-
te los cuales el crecimiento de la economía francesa fue particularmente elevado.
9 (2010) Mankiw G. N., Macroeconomics (7th ed.), Worth publishers, Londres, 2010, p. 395.

Denarius, núm. 41 177


Gael Giraud

(independientemente de su disciplina) atreverse a escribir semejante aberra-


ción?, ¿y en un libro de texto? Si la distancia Tierra-Sol es estimada aproxima-
damente en una unidad astronómica (UA), entonces el margen de error que
Mankiw presta a los astrofísicos permitiría a la Tierra estar a una distancia entre
0,5 UA y 2 UA. Sabiendo que Venus está a 0,7 UA y Marte, a 1,5 UA del Sol, te-
nemos derecho a preguntarnos: ¿En qué mundo vive Mankiw? En el mundo de
los economistas mainstream.
La fuerza de La Economía Desenmascarada es proponer una deconstrucción
sistemática y razonada de ese mundo. Hasta donde yo sé, nadie había intenta-
do, hasta ahora, articular todas las críticas que se pueden hacer sobre el corpus
neoclásico. No sólo las críticas externas (el sentido común, como todos los ex-
perimentos de laboratorio, indican que los seres humanos no son de ninguna
manera como el Homo œconomicus de la teoría), sino también, y sobre todo, las
críticas internas: la incoherencia de la “ley de la demanda”, las debilidades del
concepto de competencia perfecta, la controversia de Cambridge sobre el capi-
tal, la contradicción inherente a la llamada “crítica de Lucas”, el carácter profun-
damente anti-keynesiano de la economía “neokeynesiana”, etc. ¿Qué queda al
final de este viaje? Ruinas humeantes. Incluso la idea, por antigua que sea, de
que los precios de mercado nacen de la confrontación de una demanda y una
oferta, se ve socavada: con ella colapsa la última justificación del “precio justo”
tal y como fue desarrollado, en el siglo XVI, por los pensadores de la escuela
de Salamanca (Martín de Azpicuelta, Luis Saravia de la Calle), en reacción a la
manipulación del dinero por parte de los monarcas. No, el valor de los bienes
y servicios no está determinado en última instancia por la igualdad de oferta y
demanda. En todo caso, la teoría que afirma esto incumple su promesa. No por
cuestiones secundarias, sino porque no llega a presentar las pruebas. Así que la
teoría económica, si queremos que sea otra cosa que una serie de cuentos de
hadas, necesita ser reescrita de arriba a abajo.
Cometer errores es parte del proceso normal inherente a la investigación cien-
tífica. El propio Einstein cometió un error al añadir una constante cosmológica
a su modelo del universo, con el fin de garantizar la estabilidad de este último.
Después de que Edwin Hubble demostró que el universo se está expandiendo,
Einstein se referirá a su constante como su “error más grave”. Además, posterior-
mente, hemos tenido que volver a corregir las ecuaciones iniciales del modelo
cosmológico relativista para tener en cuenta la aceleración de esta expansión

178 Departamento de Economía, UAM-Iztapalapa


¿Es la ciencia económica una farsa?
Prólogo a La Economía Desenmascarada de Steve Keen

bajo el efecto de la energía oscura, un concepto en sí mismo sujeto a controver-


sia, lo que hace constar el hecho de que la física, también, posee sus oscuridades.
La economía contemporánea, y esta es otra lección en este libro, se niega a
admitir sus errores salvo bajo una forma estrictamente retórica. Como conse-
cuencia, resulta incapaz de aprender de sus fracasos. Y, de hecho, mientras que
todas las ciencias fueron profundamente rediseñadas durante el siglo XX (como
la teoría matemática de conjuntos, la mecánica cuántica y relativista, la genética,
etc.), la economía contemporánea no es más que un refinamiento más o menos
sofisticado de un paradigma derivado de la “psicología racional”, desarrollada
a principios de la década de 1870. Como si las principales contribuciones de
Schumpeter, Keynes, Kalecki, Sraffa, Minsky... no hubieran aportado nada a la
inteligencia de los principales acontecimientos económicos del siglo XX.
Sin embargo, gran parte de las críticas en este libro han sido formuladas por
economistas ortodoxos. Durante el siglo pasado, las voces más autorizadas se
han elevado para advertir que los cimientos del edificio habían sido puestos al
revés (Schumpeter, Samuelson, Debreu, Solow, Kydland, Prescott, Mas-Colell,
Fama...). Pero sus protestas fueron olvidadas, o enterradas bajo un diluvio de
enmiendas que, sin cambiar nada a lo esencial, podían dar la impresión de que
el problema ya había sido tratado. A menos que los denunciantes, después de
haber cambiado de opinión, se hayan reconciliado con la “doctrina sana” y hayan
denunciado sus propias críticas anteriores, sin explicar nunca, además, por qué
se habían equivocado al dar la voz de alarma. Uno piensa en las “confesiones
espontáneas” de los juicios de Moscú...
El lector, asombrado, sin duda recordará: los veteranos bolcheviques que
comparecieron en juicio bajo Stalin tenían interés en acusarse a sí mismos a fin
de morir rápidamente, salvándose así de sufrimientos atroces. Entonces, ¿qué
temen los economistas mainstream, que guardan silencio sobre las inconsisten-
cias de su teoría o sus contradicciones con la experiencia empírica diaria? Nada,
salvo el riesgo de ser marginados en el mundo académico, de no poder publicar
en ninguna revista líder, de perder sus carreras. Y, por lo tanto, no poder bene-
ficiarse nunca de la ganancia a la que las revolving doors (en los Estados Unidos
como en Europa) dan acceso: la de los consultores financieros, en particular,
que, de la noche a la mañana, pueden multiplicar su “productividad marginal”
por 10, 50, 100... Seamos justos: la mayoría de nosotros ni siquiera sabe que hay

Denarius, núm. 41 179


Gael Giraud

un problema con la teoría. No hay nada en la profesión que nos anime a dar un
paso atrás y a arriesgarnos a dirigirle una mirada crítica.
Steve Keen es uno de los raros economistas que se atreven a correr tal riesgo.

***

Cada año, me encuentro con estudiantes de economía literalmente deprimidos:


siendo que se habían embarcado en sus estudios con la esperanza de aprender
cómo ayudar al mundo a salir de sus problemas, se ven obligados a estudiar
una disciplina que, en su parte esencial, se reduce a pequeños ejercicios de mi-
croeconomía cuya conexión con la vida real les escapa en gran medida. Si bien,
generosamente, querían inventar las formas de actuar, vivir, producir, consumir
que harían a este mundo menos injusto mañana y les permitirían hacer frente al
formidable desafío del cambio climático, se enfrentan a una teoría de la “armo-
nía preestablecida” junto a la cual la de Leibniz y el Dr. Pangloss todavía peca por
el exceso de pragmatismo. ¿El concepto de justicia social? Un sin sentido para la
economía, nos explica Hayek. ¿Calentamiento global? Una pregunta secundaria:
tan pronto como las inversiones necesarias para la transición ecológica se vuel-
van rentables (¡y, dado el desastre anunciado, lo son!), los mercados eficientes
las apoyarán10 …
Con muy pocas excepciones, las principales universidades y escuelas interna-
cionales, revistas internacionales de nivel 1, libros de texto de referencia... todos
enseñan, se refieren o bien obligan a referirse a un corpus central que se deriva
de las teorías de la escuela neoclásica a la que se dedica esta obra, incluso los
“neo keynesianos” se basan en ella. Este corpus mainstream goza de la influencia
suficiente como para que los economistas expertos que asesoran a los centros de
poder político (gobiernos, la Comisión Europea) y las principales instituciones (el
FMI, el Banco Mundial, los bancos centrales, etc.) se refieran sistemáticamente
a él, a menos que puedan justificarse ampliamente siempre que no razonen
“dentro del marco”. Los estudiantes que conozco no tienen, por lo tanto, nada
excepcional, salvo el coraje de indignarse.

10 Véase (2012) Giraud G. Illusion financiè e, Les Éditions de l’Atelier, Ivry-sur-Seine.

180 Departamento de Economía, UAM-Iztapalapa


¿Es la ciencia económica una farsa?
Prólogo a La Economía Desenmascarada de Steve Keen

A veces los más intrépidos se atreven a sincerarse a algún profesor de econo-


mía: “No es de extrañar su frustración, queridos niños, escuchan como respuesta,
son ustedes nulos en matemáticas. ¡Así que no traten de ocultar su mediocridad
bajo el manto de una protesta ignorante!” Sin embargo, los raros matemáticos
auténticos que se interesan en la economía, generalmente se retiran molestos
preguntando respecto a los habituales sistemas de ecuaciones lineales alrede-
dor de un punto fijo al que se supone localmente estable: ¿Pueden enseñarnos
algo relevante sobre el mundo altamente no lineal, complejo (en el sentido
técnico del término) y caótico (idem) que es el nuestro? A menos que decidan
atacar el problema de frente, y proponer una alternativa profunda a la vulgata
dominante. Esto es lo que hizo John M. Keynes, un probabilista por formación,
también Richard M. Goodwin, un matemático de Harvard.
Por lo tanto, los problemas de la economía contemporánea no surgen del
uso excesivo de las matemáticas, sino de su mal uso, a veces únicamente con el
propósito de excluir a los curiosos que pueden hacer preguntas perturbadoras.
Con el fin de hacer oír esto, y para demostrar que es posible hacer economía
inteligente “para los nulos (en matemáticas)”, Keen eligió escribir un libro sin la
más mínima ecuación.
En cuanto al modelo cíclico de Goodwin, él constituye la versión elemen-
tal de la teoría alternativa de Keen. Su autor, por supuesto, no afirma que
este último es el único candidato para reemplazar la teoría dominante mor-
ibunda: se encarga de presentar a su lector a la media docena de enfoques
alternativos actualmente en la carrera. De esta manera, se abre otro mundo
ante nuestros ojos: una economía en la que los trabajadores desempleados
y empleados a tiempo parcial quisieran trabajar más pero no encontraran
trabajo, y no lo encontrarán inclusive después de que el salario mínimo haya
sido suprimido. Un mundo, como el nuestro, donde los bancos privados crean
dinero todos los días; donde la acumulación de deudas (privadas primero,
luego públicas) conduce al conjunto de la economía a la ruina; donde el pod-
er público tiene una misión esencial, la de estabilizar un sistema que, sin él,
resulta profundamente inestable. El final del libro atestigua esto: hay alter-
nativas al corpus dominante. Esto elimina nuestra última tentación, como
economistas, de persistir en el razonamiento con modelos que algunos de
nosotros sabemos que son inconsistentes, con el argumento de que serían las
únicas herramientas a nuestra disposición. Cuando hay una teoría heliocén-

Denarius, núm. 41 181


Gael Giraud

trica coherente, e incluso varias, ¿por qué empecinarse en pretender que el


Sol gira alrededor de la Tierra?
Por supuesto, y esto lo reconocen fácilmente los economistas “ortodoxos”,
la economía ha desbrozado muchas más opciones teóricas que las que
estructuran la economía neoclásica. Por supuesto, la enseñanza puede ser,
en algunos campos, plural y abierta. Pero esta diversidad aparente no de-
be alimentar ilusiones: la mayor parte del pensamiento dominante en la
economía está directamente, y exclusivamente, inspirado por el corpus cen-
tral que Keen deconstruye. Porque también puede proclamarse “pluralista”
aquel que, en lugar de enriquecer la economía con otras formas de ver el
mundo, contribuye a fortalecer su paradigma dominante (y a empobrecer
las disciplinas vecinas) mediante la colonización de todo el campo del cono-
cimiento humano: sociología, historia, antropología, ética... imponiéndoles
el marco conceptual neoclásico.
Algunos reconocerán en estas estrategias de recuperación la ductilidad del
“nuevo espíritu del capitalismo” analizado por Boltanski y Chiapello11. En cual-
quier caso, no era tan fácil, por lo tanto, señalar cuál es el corazón de este cor-
pus central. Tal vez sea el primer crédito de Steve Keen el haberlo identificado.
El problema no es el de una simple polémica bizantina. ¿Así que no apren-
dimos ninguna lección del período de entreguerras? ¿Hemos olvidado la vic-
toria electoral democrática de Hitler en enero de 1933, después de tres años
de austeridad fiscal orquestada por el canciller Heinrich Brunning en un país
sumido en la deflación como resultado del colapso de 1929? ¿Por qué algunos
de nosotros pretendemos creer que el desvío antidemocrático de Alemania
está vinculado al episodio de hiperinflación de Weimar, siendo que este últi-
mo tuvo lugar en… 1923? Hacer estas preguntas es recordar la responsabilidad
cívica de los economistas: no sólo asesorar a los responsables de la toma de
decisiones financieras y al príncipe, sino también iluminar a la opinión públi-
ca, el único garante de la legitimidad democrática de nuestras decisiones.
Que este libro contribuya al debate que estallará tarde o temprano, tan-
to en las aulas como en los pasillos de los ministerios y de los bancos cen-

11 Nota del traductor. Véase (2011) Boltansky L. y Chiapello E. Le nouvel esprit du capitalisme.

Gallimard.

182 Departamento de Economía, UAM-Iztapalapa


¿Es la ciencia económica una farsa?
Prólogo a La Economía Desenmascarada de Steve Keen

trales, en las columnas de los periódicos y en los programas de televisión:


el cuestionamiento necesario de una teoría económica, la nuestra, que no
sólo no nos ayuda a sanar las heridas que los colapsos financieros infligen a
nuestra sociedad, sino que también contribuye, por su ceguera, a propiciar
nuevas crisis12.

12 Agradezco a Alain Grandjean, Ségolène Lepiller y Cécile Renouard por su lectura de algunos

capítulos de la excelente traducción de mi estudiante, Aurélien Goutsmedt. Gracias también a


las ediciones de l’Atelier por su apoyo.

Denarius, núm. 41 183

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