Economía forestal en el norte de Bolivia
Economía forestal en el norte de Bolivia
Trayectorias y tendencias
de la economía forestal
extractiva en el norte
amazónico de Bolivia
Pablo Pacheco
Enrique Ormachea
Peter Cronkleton
Marco A. Albornoz
Lizandra Paye
Pacheco, Pablo; Ormachea, Enrique; Cronkleton, Peter; Albornoz, Marco Antonio;
Paye, Lizandra.
Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR);
Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA); Iniciativa de Derechos
y Recursos (RRI)
I. t.
DESCRIPTORES:
<ECONOMÍAS EXTRACTIVAS><CASTAÑA><SECTOR CASTAÑERO><SECTOR MADERERO>
<PEQUEÑOS PRODUCTORES FORESTALES><COOPERATIVAS CASTAÑERAS><NORTE
AMAZÓNICO> <BOLIVIA><RECURSOS FORESTALES><MANEJO FORESTAL> <MANEJO FORESTAL
COMUNITARIO><GESTIÓN FORESTAL><PEQUEÑOS PRODUCTORES><TIERRAS BAJAS>
<AMAZONIA>
DESCRIPTOR GEOGRÁFICO:
<BOLIVIA><AMAZONIA><TIERRAS BAJAS><PANDO><LA PAZ>
2009, CIFOR-CEDLA
Impreso en Bolivia
Printed in Bolivia
Siglas y acrónimos.................................................................................................................................................................. ix
Agradecimientos. ..................................................................................................................................................................... xi
Resumen........................................................................................................................................................................................... xiii
1. Introducción....................................................................................................................................................................... 1
v
5. Implicaciones en los ingresos y distribución de beneficios. ............................................. 29
Los ingresos de las comunidades agroextractivistas........................................................................... 29
La redistribución de los beneficios de la castaña. ................................................................................ 31
Conclusiones................................................................................................................................................................................ 41
Bibliografía.................................................................................................................................................................................... 45
Personas entrevistadas........................................................................................................................................................ 51
vi
Lista de cuadros
y figuras
vii
Siglas y acrónimos
ix
UMD Universidad de Maryland
UTB Universidad Técnica del Beni
VMT Viceministerio de Tierras
x
Agradecimientos
Los autores desean agradecer el apoyo de todas aquellas personas que compartieron
sus percepciones sobre las trayectorias del desarrollo de la región del norte amazónico
en el pasado inmediato, así como sus visiones de futuro sobre las tendencias económicas
y sociales que se perfilan en la región. Un agradecimiento especial a Wil de Jong y
Alan Bojanic, dos buenos conocedores de la problemática forestal del norte amazónico
boliviano, por sus valiosos comentarios y sugerencias que contribuyeron a mejorar una
versión preliminar de este documento. Asimismo, los autores agradecen a la Iniciativa
de Derechos y Recursos (RRI, por sus siglas en inglés), y a la Unión Europea, por los
recursos proporcionados que contribuyeron a la elaboración de este trabajo.
xi
Resumen
xiii
Buena parte de lo que pueda suceder a futuro depende de la evolución del mercado
mundial de la castaña beneficiada y de decisiones de la política pública. Hasta ahora,
las políticas públicas que se han propuesto para la región son poco innovadoras y,
sobre todo, plantean la implementación de los corredores de vinculación caminera
entre Brasil y Bolivia promovidos por el IIRSA, así como propuestas orientadas a la
conformación de empresas estatales de transformación básica de algunas materias
primas en un contexto actual de depresión de la economía castañera. Es incierto el
curso que tomarán estas decisiones de política a futuro.
xiv
1
Introducción
1
del Acre, Brasil, y Madre de Dios, Perú (Figura 1). Este trabajo se refiere como norte
amazónico únicamente al departamento de Pando y a la provincia Vaca Diez en
el Beni1. En ella se ha desarrollado históricamente una economía extractiva desde
mediados del siglo XIX (Fifer, 1970), marcada por distintos períodos de auge y colapso,
los que han estado asociados, primero, con la extracción de goma y, después, con la
recolección de castaña (Stoian, 2000; Pacheco, 1992). Es importante anotar que la
economía extractiva del norte boliviano nació típicamente como una economía de
enclave articulada al mercado mundial y virtualmente desconectada del resto de la
economía boliviana, fuertemente dependiente de capitales extranjeros para financiar
las operaciones forestales extractivas (Pacheco, 1992).
Figura 1
Localización de la región del norte amazónico
1 Esta región comprende la totalidad del departamento de Pando y la provincia Vaca Diez en el Beni. Aunque
por sus características biofísicas el norte del departamento de La Paz es usualmente incluido en la región del
norte amazónico, este trabajo no lo incluye porque su desarrollo económico y ocupación territorial responde a
dinámicas relativamente diferentes.
2
Ese fue el tiempo en el que se definieron los rasgos de la economía barraquera,
así como la institucionalidad que configuró los derechos sobre las tierras forestales,
las condiciones de los mercados y el sistema de control de la fuerza de trabajo.
Esa institucionalidad tuvo sus principales pilares en la barraca, el habilito y el
empatronamiento. La barraca se estableció como una organización económica
territorial para la posesión de tierras y usufructo de los productos valiosos del
bosque. El sistema de enganche o habilito fue usado como mecanismo de control
de los flujos comerciales de oferta de productos forestales y para la provisión de los
bienes consumidos en la región. El empatronamiento, tal como se denominó en la
región, no fue otra cosa que el control de la fuerza de trabajo en la barraca a través
del habilito que hizo uso frecuente de coerciones extra-económicas que se expresaban
en el sistema de “deudas” orientado a mantener a los trabajadores empatronados
de manera permanente en la barraca, en una región que tenía un permanente déficit
relativo de fuerza de trabajo. Diversos trabajos han intentado develar la intrincada
naturaleza de estos sistemas (Assies, 1997; Bojanic, 2001; Ormachea y Fernández,
1989; Pacheco, 1992; Stoian, 2000).
Pese a los períodos de auge y colapso experimentados durante el siglo XX, los
fundamentos de la institucionalidad barraquera se mantuvieron casi inalterados
durante el siglo pasado, experimentando cambios sustanciales sólo hacia fines del siglo
XX e inicios del siglo XXI. Los cambios que han ocurrido se debieron, en parte, al
debilitamiento de la economía gomera que rompió el ciclo extractivo goma-castaña
y, con ello, la desaparición de la barraca “tradicional” gomera y castañera, una mayor
integración caminera, la presencia de nuevos capitales industriales en la región para
la instalación de beneficiadoras de castaña, un proceso de salto demográfico con
fuertes migraciones rural-urbanas y la multiplicación de comunidades formadas por
ex-trabajadores empatronados, entre otros factores.
Los cambios en el sistema barraquero, junto con las reivindicaciones indígenas,
alentaron demandas más fuertes sobre la tierra y los bosques. Además esas demandas
fueron acompañadas por el arribo de instituciones con visiones inspiradas en nuevos
paradigmas de desarrollo y de conservación2. Estas instituciones fueron usualmente
gestadas fuera de la región, pero que han tenido un efecto importante en la forma
como tienden a concebirse actualmente las dinámicas del desarrollo regional.
2 En términos generales, estas visiones emergentes adoptan nuevos paradigmas que tienden a valorizar el papel
que las poblaciones locales tienen para la conservación, y la necesidad del reconocimiento de derechos como una
condición para el desarrollo sostenible (Agrawal, 2005; Mery et al. 2005; Ostrom, 1999).
3
Un tema central en la discusión consiste en el futuro de la economía extractiva
forestal, que tiene un rol importante en la generación regional de empleo e ingresos.
De ella dependen las ganancias de un pequeño grupo de industriales dueños de
las beneficiadoras de castaña, y de los barraqueros de diferente tamaño, así como
los ingresos de un numeroso grupo de campesinos y los salarios de los zafreros o
recolectores de temporada y de los obreros y empleados de las beneficiadoras, además
de las ganancias de los comerciantes que dependen del sector. Aunque la castaña ha
ofrecido una sólida base para la economía forestal durante las últimas décadas, es difícil
creer que el sector pueda expandirse más. Con el auge de los precios entre los años
2004 y 2008 es probable que casi toda la reserva natural de castaña silvestre haya sido
explotada. En la región, no solamente faltan nuevas áreas que poner bajo producción,
sino que las tendencias con la deforestación indican que la superficie de bosques de
producción de castaña podría tender a disminuir a futuro.
Actualmente, es cada vez más notoria una tendencia de crecimiento de la ganadería
extensiva y de actividades selectivas de extracción maderera, lo que sugiere que la
región está iniciando un proceso de transición hacia una economía más diversificada
que se traduce en un uso del suelo más diverso. Lo anterior es el resultado del mayor
ímpetu que están adquiriendo los esfuerzos de integración caminera propiciadas por
la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA).
El gobierno del Brasil está otorgando una serie de créditos para la construcción de
carreteras que permitan consolidar el denominado corredor transversal Eje Bolivia-
Perú-Brasil, cuyo objetivo es unir la misma con los puertos del Pacífico a objeto de
facilitar el transporte de carga, principalmente de soya proveniente del Brasil a los
puertos de Chile y Perú (Killen, 2007). La discusión de las dinámicas regionales más
generales, incluyendo las observadas en Brasil, excede el objetivo de este trabajo.
Este documento está basado en una combinación de diferentes métodos de
investigación. Una parte se basa en el análisis de información secundaria, así como en
estudios publicados en la región en los últimos años. Además, se incluye información
secundaria, parte de ella no contenida en otros trabajos, la que se combina con análisis
provenientes de percepciones de informantes claves, recogidas a través de la aplicación
de entrevistas semiestructuradas, y del propio conocimiento de los autores sobre la
región del norte amazónico. Las entrevistas fueron conducidas en dos misiones de
campo a la región. La primera durante diciembre de 2007 y, la segunda, durante enero
de 2009. En total fueron entrevistadas 28 personas3.
3 Algunas de ellas están citadas en el texto con el nombre de la persona entrevistada seguida por “c.p.” por
comunicación personal.
4
Este trabajo está organizado en siete partes incluyendo esta introducción. La
segunda parte presenta el marco conceptual utilizado analizando las condiciones que
explican el desarrollo de las economías extractivas y los factores que hacen del norte
amazónico una economía particular. La tercera parte hace un recuento breve de las
condiciones de desarrollo regional del pasado, sobre las cuales describe las principales
trayectorias de la economía regional actual. La cuarta parte discute los factores más
importantes que influyen sobre la economía extractiva castañera y que estarían
presionando hacia una transición económica. La siguiente parte analiza las respuestas
sociales y de política frente a esas presiones y evalúa las perspectivas para lograr un
manejo más sostenible de los recursos forestales a futuro. Finalmente, la última parte
presenta las principales conclusiones de este trabajo.
5
2
Economías extractivas
y desarrollo de la frontera
7
anteceden el desarrollo de economías de producción, principalmente por un tema
de escalas y costos de producción, mientras que otra defiende el hecho de que estas
economías, por el valor económico que generan, tendrán la capacidad suficiente para
asegurar la conservación del bosque. La primera perspectiva, un poco más pesimista,
sugiere que cuando crece la demanda externa, las economías extractivas engendran
su propia destrucción al tender a explotar los recursos más allá de sus capacidades de
regeneración, o porque cuando un producto se vuelve atractivo tenderán a emerger
alternativas de cultivo –como las plantaciones–, que son más rentables por sus
economías progresivas de escala, que no pueden lograrse en las economías extractivas
(Bunker, 1985; Homma, 1994). Es así que en los trópicos usualmente se producen
situaciones de auge y colapso, particularmente por el interés en la extracción de recursos
madereros valiosos (Chomitz, 2007; Rodrigues et al., 2009).
La segunda perspectiva anotada anteriormente sugiere que las economías
extractivas, usualmente a través de los productos forestales no maderables, constituyen
un complemento importante de las estrategias de vida de las poblaciones en los paisajes
forestales y su aprovechamiento comercial puede contribuir a mejorar los niveles
de ingresos de esas poblaciones (Allegretti, 1994). Sin embargo, estudios sobre la
contribución económica de los productos forestales no maderables tienden, en general,
a ser más cautos sobre las posibilidades de estos productos en la generación de ingresos
para los hogares rurales. En algunos casos, cuando estos productos adquieren algún
valor en los mercados, ellos tienden a ser controlados por las élites locales, marginando
a los productores más pobres (Dove, 1994). En general, los productos no maderables
tienen un reducido valor en el mercado y son, sobre todo, consumidos en mercados
locales (Kusters et al., 2006).
Una excepción a lo anterior la constituyen aquellos productos que son difícilmente
sustituibles y que tienen precios de mercado relativamente altos que justifican su
extracción en volúmenes significativos. Tal es el caso de la castaña (Brazil nuts), que se
encuentra ampliamente distribuida en el norte amazónico de Bolivia (Zuidema y Boot,
2002). Lo interesante es que sólo el beneficiado de la castaña, y con ello la posibilidad
de apropiar una mayor porción de la renta del recurso, ha posibilitado su expansión
y consolidación como una opción económica importante para los actores locales. No
obstante, todavía está en cuestión cuan equitativos son estos sistemas porque tienden
a concentrar los beneficios en la fase del procesamiento y sufren de importantes
problemas redistributivos (Montero; Poveda, 2003), aunque de modo interesante, la
recolección de castaña genera ingresos económicos para las familias rurales más altos
que los obtenidos en otras actividades, como se discute en este trabajo. Es importante
8
destacar que las economías extractivas tienden a mantenerse hasta el punto en que
otros usos del suelo resultan más beneficiosos.
Los análisis sobre el desarrollo de las fronteras indican que los bosques tienden
a ser reemplazados por otros usos del suelo en la medida en que las actividades
alternativas se convierten en más rentables (Kaimowitz; Angelsen, 1998), aunque
también puede deberse a la posibilidad de obtener no sólo rentas económicas sino
también rentas institucionales (como crédito barato o incentivos fiscales) (Hecht,
1993), u otro tipo de incentivos económicos (Lambin; Geist, 2002). Sin embargo,
en algunos casos, la deforestación es todavía el mecanismo más fácil y efectivo para
justificar derechos propietarios sobre la tierra, lo que en algunos casos es motivado
por la especulación asociada a la posibilidad de obtener beneficios con la valorización
futura de la propiedad agraria (Alston et al., 1999). La expansión de los caminos tiende
a valorizar el precio de la tierra porque reduce los costos de transporte (Kaimowitz;
Angelsen, 1998).
En la medida en que crecen las ganancias provenientes de los usos no forestales
del suelo también se reducen las posibilidades de reproducción de las economías
extractivas forestales. Entonces, el sostenimiento de la economía extractiva sólo es
posible en tanto los bosques proporcionan retornos mayores que las actividades no
forestales, o se disponga de mecanismos institucionales suficientemente fuertes para
proteger los usos forestales sostenibles o simplemente la conservación del bosque.
Desde una perspectiva forestal, se sugiere que el manejo forestal múltiple podría
contribuir a aumentar el valor comercial de los bosques o en combinación con usos
de subsistencia4, aunque todavía existen dudas sobre los impactos ecológicos de la
extracción maderera sobre las especies no maderables (Sist et al., 2008).
Al respecto, se sugiere que el manejo múltiple forestal sólo será posible dentro de
ciertas condiciones institucionales y normativas (Guariguata et al., 2008), y aunque
tiende a desenvolverse en economías de subsistencia (o extractivistas), sus posibilidades
disminuyen con la integración y desarrollo de economías de mercado más vigorosas
porque ellas tienden a privilegiar los productos de mayor valor en el mercado, lo
que va en desmedro de los otros bienes y servicios del ecosistema (García-Fernández
et al., 2007). Últimamente están siendo negociados mecanismos para compensar
el secuestro de carbono de los bosques, aunque sus posibilidades de aplicación son
todavía bastante inciertas porque ellos no están exentos de dificultades institucionales
(Wunder et al., 2008).
4 Se conoce como tal el aprovechamiento simultáneo del bosque para madera y no maderables.
9
Finalmente, es posible afirmar que tanto la madera como los productos no
maderables del bosque, considerados separadamente, no son una solución a los
problemas del bosque, por lo que las políticas deberían adoptar perspectivas más
integradas de manejo de los paisajes forestales, incluyendo la agricultura. En general,
la expansión de los caminos y la penetración de la extracción maderera han constituido
los pasos previos para la expansión ganadera y la transición de las economías extractivas
forestales hacia economías no forestales, usualmente agrícolas o ganaderas extensivas,
con importantes efectos sociales de desplazamiento de las poblaciones campesinas
(Hecht; Cockburn, 1989. Schmink; Wood, 1992). En ese escenario, es posible
asumir que el mantenimiento de una economía extractiva forestal no maderera, ante
la inevitabilidad de las presiones externas, sólo será posible en su combinación con
actividades de extracción maderera y usos agrícolas. Entonces, más que sostener que
la castaña es la solución para la conservación del bosque, es posible que únicamente
la diversificación de las actividades económicas pueda hacer posible la mantención de
la economía castañera y, con ello, la conservación del bosque.
10
3
Las trayectorias de largo plazo
en la economía extractiva
11
y pequeños barraqueros, y de algunas comunidades campesinas. Otra pequeña parte
del capital comercial estaba controlado por comerciantes o marreteros que vendían
bienes de consumo y acopiaban goma y castaña, sobre todo a lo largo de los ríos, los
que constituían el medio principal de transporte en ese entonces. Por su parte, los
campesinos agroextractivistas, además de estar sometidos a relaciones de mercado
desiguales por la vía del habilito del capital comercial también se veían obligados, sobre
todo en época de zafra, a emplearse de forma temporal en las barracas. El habilito, por
lo tanto, ha tenido una doble dimensión: como adelanto de salario en las barracas y
como anticipo de capital comercial (Ormachea, 1985).
A excepción de la casa Hecker –que era, quizás, la principal sociedad empresarial
de la época– y algunos barraqueros que contaban con capital propio, la gran mayoría
de los barraqueros recurrían a tres fuentes de financiamiento: las casas comerciales
brasileras, la Corporación Boliviana de Fomento (CBF) y la casa Hecker, además de
algunos otros grandes barraqueros y comerciantes de la zona. Es importante destacar
que en la región existía únicamente una planta laminadora de goma como empresa
mixta con capital estatal (CBF) y privado y que procesaba anualmente un tercio de
la oferta de goma. Existían también cuatro plantas beneficiadoras de castaña: dos
pertenecientes a la empresa estatal (ENACA) (una en Cobija y otra en Riberalta) y
dos pertenecientes a la casa Hecker, ubicadas en las barracas Fortaleza y Conquista,
que también utilizaban quebradoras como trabajo asalariado a domicilio. Una parte
pequeña de los obreros de estas plantas trabajaban físicamente en ellas y contaban con
todos los beneficios sociales. Estas cuatro empresas beneficiaban un 30% de la oferta
de castaña en cáscara de la región (Ormachea, 1985).
Como se indicó más arriba, este escenario sufrió importantes transformaciones
hacia fines de la década de los años ochenta e inicios de los noventa. Estas
transformaciones fueron motivadas por distintos factores. Uno de los factores más
importantes fue el colapso gomero de mediados de los años ochenta, el mismo que
coincidió con cambios en la política pública –en parte vinculadas con un programa de
ajuste estructural implementado a mediados de los años ochenta– además de pugnas
crecientes entre las élites locales barraqueras y el movimiento indígena y campesino
por el acceso y control de las tierras, como efecto indirecto del colapso gomero, así
como a la articulación caminera de la región con el resto del país.
12
urbanización. El mismo resultó del colapso de la barraca tradicional gomera/castañera
a mediados de los años ochenta5, por lo que los trabajadores empatronados6 fueron
desalojados o tuvieron que abandonar las barracas y dirigirse a los principales centros
urbanos, sobre todo Riberalta y Cobija, y en menor medida conformaron nuevas
comunidades a partir de la ocupación de hecho de las propias barracas abandonadas o
su compra a los antiguos patrones (Pacheco, 1992). Además, el crecimiento poblacional
se ha debido al aumento de la migración de fuera de la región, dirigido sobre todo a
las ciudades de Cobija y Riberalta (Llanque, 2006). Entre 1980 y 2008, la población
total de la región casi se ha triplicado pasando de 77 mil a 217 mil habitantes, y la
población rural es de 50 mil habitantes (Cuadro 1).
Cuadro 1
Datos básicos de la región del norte amazónico de Bolivia (a)
1976 1992 2001 2007
Población total (b) 76.879 122.723 168.946 211.572
Población rural 43.371 41.562 50.520 nd
Población rural (%) 56,40 33,90 29,90 nd
Densidad (población total/km2) 0,89 1,42 1,96 2,52
Notas: a) Incluye únicamente el departamento de Pando y la provincia Vaca Diez, del Beni. Los años corresponden a
aquellos en los que existen disponibles datos demográficos; b) Con base en datos proporcionados por INE, Censos
Nacionales de Población y Vivienda, 1976 y 2001, y proyecciones INE.
5 Aquí no se hace mayor referencia al boom y colapso de la economía gomera, que ha sido ampliamente tratada
en otros trabajos. Al respecto consultar Pacheco (1992) y Stoian (2000).
6 Se denominaba así a los trabajadores de las barracas gomeras y castañeras empleados bajo las órdenes de un patrón,
usualmente sometido a coerciones extra-económicas.
13
migrantes urbanos mantiene una parcela en alguna comunidad rural, o realiza tareas
estacionales en las parcelas de sus familiares rurales.
7 Otros trabajos exploran con mayor detenimiento el funcionamiento del sistema de habilito en la región,
particularmente Bojanic (2001), Pacheco (1992) y Stoian (2000). Para una explicación más detallada sobre el
sistema de contratación puede consultarse Montero y Poveda (2003).
14
posesión de barracas, y algunas de ellas arriendan barracas para proveerse de materia
prima (Giacoman; Rojas, 2009).
Cuadro 2
Indicadores económicos en el departamento de Pando (a)
15
de otras barracas tendieron a engrosar comunidades ya establecidas (Stoian, 2000).
Estas tendencias desembocaron en crecientes demandas sobre la tierra entrada la década
del año 2000, y obligaron al Estado a iniciar la regularización de la propiedad agraria
dentro de un proceso de saneamiento de la propiedad iniciado en el país a mediados
de los años noventa. Aunque en un principio los barraqueros demandaron un área
bastante extensa para ser convertida a concesiones, esto motivó una movilización
campesina e indígena bastante fuerte en defensa de sus tierras y en la perspectiva
de acceder a una superficie mayor de tierra. Como resultado del saneamiento, las
comunidades han accedido a 2 millones de hectáreas, y los barraqueros tuvieron que
reducir sus expectativas a unas 1,5 millones de hectáreas (Cuadro 3)8.
La suscripción de contratos forestales a empresas a inicios de los años noventa,
a través del denominado “Plan Soberanía”, motivó también la llegada de grupos
empresariales madereros al norte amazónico interesados en consolidar su acceso a
madera valiosa (Pacheco, 1998), cuyos derechos fueron ratificados como parte de un
modelo de concesiones forestales de largo plazo incluido en la Ley Forestal de 1996
(Pavez y Bojanic, 1998). Gran parte de estas concesiones están ubicadas en las zonas
de frontera con el Brasil y Perú. Aunque originalmente ocupaban unas 1,5 millones
de hectáreas, actualmente llegan a un área de 1,2 millones de hectáreas. A su vez, los
barraqueros, al detentar una forma de tenencia de facto sobre bosques públicos, la
cual no estaba reconocida por la legislación, consiguieron mantener sus derechos sobre
dichos bosques a través de los denominados derechos expectaticios, mediante los cuales
podrían obtener derechos concesionarios para no maderables en superficies no mayores
a las 15.000 hectáreas9. Estos derechos barraqueros no podían ser efectivos si no hasta
la conclusión del proceso de saneamiento. La finalización del saneamiento en Pando,
en agosto de 2008, hace posible el reconocimiento de los derechos barraqueros en la
forma de concesiones de no maderables, aunque ahora sometidos a cumplir algunas
reglas de manejo forestal.
8 El saneamiento ha estado dirigido a formalizar los derechos sobre la propiedad de la tierra utilizando un criterio
de asignación de 500 hectáreas por familia, reconocido mediante DS. 25848 del año 2000, con la posibilidad
de obtener compensaciones en caso de no existir suficiente tierra.
9 Los derechos “expectaticios” son derechos adquiridos por los barraqueros en los bosques públicos sobre los
cuales mantenían control de facto reconocidos en DS. 27572 de 2004. Una vez concluido el saneamiento de la
propiedad agraria, los bosques públicos disponibles pueden ser convertidos a concesiones de no maderables en
favor de los barraqueros.
16
Cuadro 3
Distribución de tierras en el norte amazónico de Bolivia (a)
Superficie
Tipo de derecho Número Tipo de derecho
(miles ha)
Propiedades comunitarias 245 2.000 Colectivos e inalienables
Propiedades privadas (b) 1.631 713 Individuales y alienables
Tierras comunitarias de origen 5 1.438 Colectivos e inalienables
Concesiones barraqueras (c) 237 1.535 Usufructo y no transferibles
Concesiones forestales (d) 14 1.236 Usufructo y transferibles
Total 6.922
Notas: a) Se refiere al total de la superficie del departamento de Pando y la Provincia Vaca Diez; b) incluye los centros
barraqueros titulados como propiedades privadas; c) corresponde a las áreas con derechos expectaticios barraqueros
a ser potencialmente convertidas a concesiones de productos forestales no maderables; y d) incluye las concesiones
forestales vigentes. Estos datos son simplemente referenciales, con base en información proporcionada por el Instituto
Nacional de Reforma Agraria (INRA).
10 El desarrollo de este camino conectando el norte paceño con Riberalta hizo parte del plan del gobierno por
habilitar corredores de transporte conocidos como corredores de exportación.
11 Algunas de estas iniciativas fueron las empresas estatales para promover la transformación de la producción
nacional, como una laminadora de goma y una empresa nacional de castaña.
12 La participación popular fue promulgada mediante ley del mismo nombre en 1994, con el propósito de avanzar
en el proceso de descentralización administrativa, ampliando los recursos y las competencias de los municipios
para proporcionar algunos servicios públicos básicos.
17
de mayores recursos para los municipios, tuvo muy poco impacto en el desarrollo rural
y en la gestión de los recursos naturales y forestales porque concentró sus prioridades en
el desarrollo de la infraestructura urbana por diversas razones, entre ellas: el crecimiento
de sus centros urbanos, que aumentó la demanda por servicios; sus todavía limitados
presupuestos para impulsar acciones de desarrollo; y sus importantes restricciones
técnicas para desarrollar proyectos (Pacheco, 1998, 2000). En varias ocasiones, se
ha observado casos de captura del poder político de los gobiernos municipales por
barraqueros locales, quienes usaron los recursos públicos para consolidar sus espacios
de poder (Andersson, 2002).
En resumen, la trayectoria de la región en las últimas dos décadas ha estado marcada
por el posicionamiento de la castaña beneficiada en los mercados internacionales, ante
el colapso de la economía de la goma y el surgimiento de un nuevo balance en las
relaciones de poder regional. En este contexto, las poblaciones campesinas (y de ex-
empatronados) e indígenas, consiguieron del Estado la puesta en marcha de un proceso
para el reconocimiento de sus derechos a la tierra a través de movilizaciones sociales. Las
élites tradicionales, por su parte, iniciaron una activa defensa de sus derechos de facto
sobre las barracas, quizás su único patrimonio económico, y los grupos industriales han
estado compitiendo para restablecer o expandir sus canales de acopio de la materia
prima afectados por los cambios de tenencia. La influencia de los diferentes grupos
en la definición de políticas y los resultados logrados se explican por las alianzas que
ellos establecieron fuera de la región, en el nivel del Estado central, cuyo análisis está
más allá del interés de este trabajo.
18
4
Las nuevas presiones sobre
la tierra y los bosques
19
Los conflictos que persisten sobre la tierra y bosques
Pese a que el saneamiento ha conseguido formalizar los derechos sobre la tierra
(Figura 1), sus resultados finales no están exentos de conflictos. Se han rediseñado
los límites de las comunidades sin reconocer plenamente los derechos existentes, lo
que podría traer pugnas de límites entre las comunidades (Cronkleton et al., 2009),
y todavía existen dos tipos de conflicto sobre la tierra (Urapotina, c.p., 2009). El
primero tiene relación con las nuevas demandas por la tierra de personas sin tierra
asentadas en las ciudades, demandas en parte alentadas por élites locales interesadas en
acumular más tierras a través de comunidades ficticias que podrían beneficiarse de la
dotación de tierras fiscales disponibles; y el segundo, tiene relación con las posibilidades
de presentarse invasiones a las concesiones forestales sobre todo en algunas zonas
colindantes con comunidades.
Con la finalización del saneamiento en el departamento de Pando, por parte del
INRA, sólo restaría sanear las propiedades de la provincia Vaca Diez para que este
proceso concluya en el norte amazónico. Esto supone que todas las comunidades con
derechos en Pando fueron tituladas (159), y las comunidades con tierras faltantes
fueron compensadas en algún otro lugar (Figura 2). Además, hasta abril de 2008,
un área de unas 527.000 hectáreas fue identificada para su entrega a 98 nuevas
comunidades, ya certificadas por el INRA, las cuales están conformadas principalmente
por grupos de ex-empatronados con actual residencia en las ciudades (VMT, 2008).
Uno de los conflictos del INRA es evitar la doble titulación, puesto que uno de los
mayores problemas enfrentados en el proceso de titulación ha sido el comportamiento
especulativo de los residentes urbanos para acceder a tierras rurales. Es difícil saber
cuáles fueron derechos de propiedad de la tierra adquiridos de forma ilegítima, pues
evidencia anecdótica sugiere que existirían comunidades ficticias.
Un factor adicional que complejiza el proceso de distribución de tierras en la
región es la creación de nuevos asentamientos rurales por el Viceministerio de Tierras
iniciado en la segunda mitad del año 2009. Este plan propone asignar 208.449
hectáreas en cuatro zonas (Santa Rosa, Manuripi, Manu y El Sena) a 67 comunidades,
y a un promedio de 57 familias por comunidad. Este plan presupuestó US$ 21
millones de apoyo para el proceso de dotación, de los cuales US$ 19 millones estaban
destinados para la apertura y mantenimiento de caminos (VMT, 2009). Asimismo, se
ha anunciado que los asentamientos estarían constituidos por colonizadores del norte
paceño y el Chapare, y que se respetarían las vocaciones de uso del suelo mediante
la promoción de la recolección de castaña y el desarrollo de sistemas agroforestales
como principales medios de sustento de esta población. Este plan ha tenido bastante
20
resonancia tanto entre sus defensores como entre sus detractores. Los que se han
pronunciado a favor lo han hecho en defensa de mejorar la distribución de tierras,
y sus críticos en defensa de la conservación de los bosques. Ninguno de estos dos
argumentos ha colocado este programa en su verdadera dimensión. En realidad,
se trata de un esfuerzo bastante limitado de entrega de tierras con resultados poco
ciertos. Según información del propio gobierno, se estaría distribuyendo alrededor
de 75 hectáreas por familia14, extensión que es bastante reducida para lograr ingresos
suficientes que provengan de actividades forestales no maderables como la castaña.
Por esta razón, los campesinos de la región demandaron la dotación mínina de 500
hectáreas por familia.
Figura 2
Mapa de derechos agrarios y forestales
Fuente: Elaboración propia con base en información del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA).
21
La situación de las concesiones y el sector maderero
Las concesiones forestales, por su parte, confrontan dos tipos de situaciones.
La primera, asociada con su origen, se debe a que algunas de ellas fueron creadas
sobreponiéndose a comunidades. Las concesiones en la frontera con Perú han sido
afectadas (por ejemplo, San Martín, Dajer y Asociados, Don Victor) porque las
comunidades han demandado sus derechos a la tierra, y otra ha sido recortada (IMAPA
S.A.). Otra concesión ha sido también recortada por problemas de superposición con
propiedades privadas (Industria Forestal Ltda.). La segunda situación se debe a que
algunas concesiones, en el extremo norte de la región, debido al poco control que
existe, enfrentan problemas de invasiones (por ejemplo, CIMAGRO, MABET S.A.,
y CINMA Pando), aunque también se menciona que las concesiones no invierten
en la protección de sus áreas y deslindan sus responsabilidades (Suárez, c.p., 2009).
Es posible que a futuro se acentúen las invasiones en aquellas zonas de frontera
donde el INRA ha establecido nuevos asentamientos, como en la provincia Federico
Román. En general, estas empresas representan intereses económicos extra-regionales,
fundamentalmente asentados en el departamento de Santa Cruz y La Paz.
No existe información suficiente para determinar cómo los problemas de las
concesiones van a afectar el aprovechamiento de madera. Lamentablemente, sólo
existe información desagregada por actor de los volúmenes autorizados y no de los
efectivamente extraídos (Cuadro 4)15. Los datos presentados muestran el crecimiento
de los volúmenes autorizados en comunidades y propiedades privadas, usualmente
a través de la modalidad de PMF en superficies menores a 200 hectáreas. Es posible
que la formalización de derechos propietarios hubiese ayudado a la multiplicación
de los PMF, al ser la posesión de un título un requisito ineludible para su aprobación
por la Superintendencia Forestal. No obstante, información anecdótica sugiere que
una porción importante de la madera es extraída informalmente sin PMF. En todo
caso, esta información pone también de manifiesto la cada vez mayor subordinación
de las comunidades campesinas o indígenas al capital industrial maderero o al capital
comercial en la explotación de sus recursos madereros.
15 Es bueno destacar que los volúmenes autorizados no son un buen indicador de la extracción forestal puesto que
es común incluir en los censos muchas especies madereras que no son aprovechadas.
22
Cuadro 4
Producción de madera autorizada y extraída en Pando (miles de m3)
23
(POAF), y el tráfico de Certificados Forestales de Origen (CFO) (Gareca, c.p., 2009)
para lavar madera de fuentes ilegales, que es no sólo utilizado en la región del norte
boliviano sino en todo el país (Andaluz; Mancilla, 2006).
La extracción forestal en la región es bastante selectiva, dirigida a la extracción
de las especies más valiosas, principalmente cedro (Cedrela odorata), roble (Amburana
cearensis), y mara (Swietenia macrophylla) (Rojas, c.p., 2008). No obstante, esta
tendencia está cambiando, puesto que estas especies ya han sido agotadas en muchas
áreas, por lo que el interés está en especies como el tajibo (Tabebuia sp.), el almendrillo
(Dipteryx sp.) y la castaña (Bertholletia excelsa), pese a que la extracción de esta última
está prohibida desde el año 200417. La extracción selectiva se debe a los altos costos de
transporte para la extracción y traslado de madera a los centros de procesamiento que
se encuentran, sobre todo, en La Paz –donde los costos de energía son más bajos– y
de allí a los puertos del Pacífico. Los costos representan al menos una cuarta parte del
valor de la madera exportada (Giordano, c.p., 2008). La consultora brasilera STCP
(2001) estima que, en Bolivia, los costos de transporte –desde la extracción hasta el
puerto de exportación– representan un 42% del total.
17 El artículo 39 del DS. 27572 del año 2004 prohíbe el corte de árboles de goma y castaña.
24
Cuadro 5
Evolución de la población bovina en el departamento de Pando (miles)
1990 1995 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006
Población bovina 16,0 19,0 24,5 25,3 26,2 47,5 57,1 77,5 72,4
Fuente: Elaboración propia. Los datos de 1990 a 2003 están basados en estimaciones del Ministerio de Asuntos Campesinos
y Agropecuarios (MACA). Desde 2003, la información está basada en el Servicio Nacional de Sanidad Agrícola
y Ganadera (Senasag). Las diferencias entre 2002 y 2003 se deben al uso de diferentes metodologías de cálculo.
25
la tierra de la población que depende del trabajo asalariado en los centros urbanos
y la expansión de otros usos del suelo coyunturalmente más atractivos, o la misma
extracción forestal. La caída de precios de la castaña está relacionada con una relativa
sobreoferta del producto en la cosecha de 2007/08 en relación a la capacidad
de absorción del mercado internacional de nueces (García, c.p., 2009), y por la
contracción de los mercados internacionales de castaña debido a la crisis económica
internacional (Farfán, c.p., 2009) en cerca de la mitad respecto al año anterior, lo que
ha estado acompañado por dificultades financieras de las empresas para el inicio de la
recolección de castaña (Peña, c.p., 2009). Lo anterior puede tener efectos imprevisibles
en la región, como un mayor interés en la madera, o mayores presiones sobre la
tierra por la necesidad de obtener medios de subsistencia de la agricultura y, con ello,
aumentar la degradación forestal y deforestación en la región.
26
Los datos obtenidos también sugieren que casi una tercera parte de la deforestación
habría ocurrido en tierras de comunidades, otro tercio en predios privados, y el resto
sobre otras áreas (aunque un 10,8 % de la deforestación se encuentra en tierras en
los que existirían algún tipo de derechos propietarios pero en las que aún no se ha
finalizado el saneamiento). Por su parte, la conversión de bosques es relativamente
menor en las barracas, concesiones y tierras de comunidades indígenas. Es posible
asumir que las comunidades campesinas muestren mayor área deforestada porque en
muchos casos se han establecido sobre tierras ya intervenidas o han sido compensadas
sobre áreas deforestadas previamente. No obstante, se precisa de análisis más detallados
para explorar estas dinámicas específicas.
Cuadro 6
Evolución de la deforestación por tipo de derecho en el Departamento de
Pando y la Provincia Vaca Diez del Departamento de Beni
Fuente: La información sobre deforestación desde antes de 1976 hasta 2001, tiene como base estimaciones realizadas por
la Universidad de Maryland (UMD). La información sobre deforestación hasta 2008 ha sido estimada por los
autores con base en análisis de imágenes Landsat ETM+
27
Figura 3
Mapa de uso del suelo y deforestación
Fuente: Con base en estimaciones propias a partir de análisis de imágenes Landsat ETM+
28
5
Implicaciones en los ingresos
y distribución de beneficios
Dos son las implicaciones sociales más importantes a explorar como resultado de
las tendencias anotadas más adelante. La primera está relacionada con los ingresos de las
familias rurales de la región, que dependen de manera significativa del aprovechamiento
de los recursos forestales y la agricultura, y la segunda con la distribución de los
beneficios económicos de la economía de la castaña en tanto ésta constituye una
de las principales actividades económicas de la región y porque envuelve además, a
diferentes grupos sociales.
18 Estos datos están basados en un levantamiento de información en comunidades localizadas en los municipios
de Riberalta, Reyes, Guayaramerín, Gonzalo Moreno, San Lorenzo, San Pedro, El Sena, Ingavi y Villa Nueva,
29
ingresos (US$ 4.833) que duplican aquellos de las comunidades agrícolas (US$ 2.625
en Vaca Diez y US$ 3.818 en Gonzalo Moreno). La agricultura en las comunidades
más agrícolas generó ingresos anuales no superiores a US$ 900, mientras que los
ingresos provenientes de la castaña en las comunidades de orientación más extractivista
fueron superiores a US$ 2.600. Aunque es posible que los altos precios de la castaña
en el periodo de referencia hubieran incidido en esos ingresos, todo indica que el
acceso a recursos de castaña aumenta de forma importante los ingresos de las familias
rurales. De acuerdo a esta misma fuente, la castaña en promedio representa el 55%
de los ingresos de las comunidades extractivistas, proporción que sube a 60% si se
considera también la extracción maderera. Estas proporciones son de 28% y 30% en
Vaca Diez, y 14% y 15% en Gonzalo Moreno.
Datos recolectados por Mattos (2005) en cuatro comunidades cercanas a Cobija,
con intervención del proyecto BOLFOR, muestran una situación diferente. Estos
indican que de un ingreso promedio total de US$ 1.819 en el año 2004, únicamente
12% provenían de no maderables, un 30% de productos agrícolas y 44% de actividades
no agrícolas ni extractivas, incluyendo trabajo fuera de la finca, actividades comerciales
y remesas. Aguilar (2008), utilizando la misma muestra que Mattos (2005), indica
que el ingreso promedio en las mismas cuatro comunidades disminuyó a US$ 1,513
en el año 2006. De éste, 6% proviene de madera, 12% de no maderables, 15% de
agricultura, y 42% de ingresos fuera de la finca, entre los más importantes.
Estos números sugieren que se ha mantenido la contribución de la castaña al
ingreso familiar, han disminuido los ingresos agrícolas junto con los de fuera de la
finca y ha aumentado el ingreso por madera19. Es importante observar el peso que
tienen los ingresos fuera de la finca, aunque los estudios mencionados no detallan
esas actividades, y qué porción estaría relacionada con la economía castañera. Sin
embargo, y teniendo en cuenta que en la región es la época de zafra de la castaña la
que permite la obtención de mayores ingresos suplementarios, es posible inferir que
una parte importante de los ingresos extraprediales se originan justamente con la
venta de fuerza de trabajo temporal en esta actividad, lo que confirma la importancia
los que fueron agrupados en las zonas de Vaca Diez, Gonzalo Moreno y la zona extractiva. De un total de 83
comunidades, 44 están localizadas en Vaca Diez, 17 en Gonzalo Moreno y 22 en la que fue denominada como la
zona extractiva. Como el estudio lo indica, los resultados no representan la realidad de todas las familias campesina
y/o indígenas sino únicamente de la población con la cual trabaja CIPCA.
19 El aumento de los ingresos por madera no es casual puesto que éstas comunidades fueron aquellas intervenidas
por el Proyecto Forestal BOLFOR II en Pando. Lo curioso y no explicado constituye la reducción total de los
ingresos familiares. No obstante, los datos de referencia discutidos por Aguilar (2008), aunque aproximados, no
son iguales a los de Mattos (2005).
30
de la economía castañera. No obstante, estos datos son poco representativos al estar
limitados a cuatro comunidades.
31
familiar. También lo son los zafreros asalariados de la castaña y los obreros de las
plantas beneficiadoras los que sufren el mayor impacto de esta caída de precios pues
sufren o el despido por el cierre de operaciones de barracas o establecimientos fabriles
o ven reducidos sus salarios que son las variables de ajuste que utilizan barraqueros y
empresarios industriales en periodos de crisis.
32
6
Las respuestas
desde la política pública
20 Estos foros fueron promovidos por la Unidad de Desarrollo Integral Amazónico (UDIA) del Ministerio de la
Presidencia. El primero de estos foros tuvo lugar en Guayaramerín, Beni, en junio de 2007, y el segundo en
Cobija, Pando, en julio de 2008.
21 Esto se ha debido principalmente al aumento de las rentas forestales producto de la nacionalización de las
actividades petroleras y del aumento en los precios del petróleo.
33
y saneamiento básico), una suma importante de la inversión en el año 2007 se ha
destinado a caminos (US$ 18,7 millones). Esto porque tanto la Prefectura de Pando
como los municipios han concentrado su interés en financiar obras de infraestructura,
particularmente la red caminera principal y algunos caminos vecinales. Como se
ha visto, el gobierno nacional es también un firme proponente de la necesidad del
desarrollo caminero en los marcos propuestos por el IIRSA.
Cuadro 7
Inversión pública en el departamento de Pando (En miles de US$)
1990 1995 2000 2005 2007
Transporte 284 815 5,873 628 18,730
Agropecuario 0 46 436 1,676 4,009
Servicios sociales 332 881 4,464 7,803 13,394
Otros sectores 1.101 1.877 2.947 2.734 14.451
Total 1.717 3.619 13.720 12.841 50.585
Fuente: Elaboración propia con base en Anuario Estadístico UDAPE (2008).
34
de Pando (antes de su intervención por el gobierno central) presenta una lista amplia
de objetivos de política, con pocos esfuerzos de priorización, éstos no necesariamente
se traducen en acciones concretas que aseguren al cumplimiento de las metas previstas,
sobre todo en lo que hace al fomento del desarrollo productivo, la gestión territorial
y el manejo de los recursos naturales. Por su parte, el llamado plan de emergencia del
gobierno nacional hace un mayor énfasis en la promoción de actividades productivas
de las comunidades agroextractivistas e indígenas, aunque mediante la implementación
de acciones cuyo impacto es relativamente dudoso. Además, este último plan enfatiza
la presencia estatal para impulsar el desarrollo industrial, caminero y energético de
la región. Sin embargo, ambos planes comparten el interés de promover actividades
más diversificadas, de estimular el desarrollo de la agricultura y el sector forestal, y
del turismo comunitario, todo ello facilitado por una mejor red caminera, y servicios
financieros y técnicos.
Las diferencias de enfoque son importantes en los dos planes mencionados.
Mientras el discurso subyacente del Plan de la Prefectura (2007) enfatizaba en
hacer posible la mejora de la competitividad económica de la región, los supuestos
de desarrollo del Ministerio de la Presidencia (2009) descansan en la necesidad de
generar mayor valor agregado en la región con base en los recursos naturales. Por lo
mismo, entre sus acciones inmediatas se plantea la necesidad de favorecer el desarrollo
industrial mediante la instalación de cuatro empresas estatales estratégicas que, en
teoría, servirían para articular los complejos productivos de la castaña, madera, frutas
tropicales y goma, los que serían puestos en marcha con un fondo asignado de alrededor
US$ 13 millones22. Además, en la perspectiva del Gobierno Central, se hace necesario
avanzar en la integración caminera de la región y en el desarrollo de una estrategia de
producción energética con base en los recursos hídricos, lo que indudablemente es
consistente con su visión de los polos de desarrollo23. Sin embargo, esto no es nuevo
porque el Plan de la Prefectura (2007), dentro de su propuesta de gestión territorial,
menciona también la necesidad de fomentar polos de desarrollo.
22 Cf. Bolpress “Crean la Empresa de la Almendra, la primera del complejo industrial estatal en la Amazonía” (29
julio 2009). http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2009072907
23 Existe una discusión bastante activa sobre los impactos y beneficios reales que una política de integración caminera
y de desarrollo energético tendría para la región.
35
Cuadro 8
Plan de Desarrollo Departamental de Pando (2008-2015)
Prefectura del Departamento de Pando, 2007
Políticas Acciones
Planificación y • Formular un plan concurrente de Ordenamiento Territorial
ordenamiento • Consolidar una red de ciudades intermedias y fronterizas
territorial • Desarrollo de asentamientos en zonas fronterizas
• Apoyo a las ASL bajo planes de manejo, certificación y control
Fortalecimiento del • Promover el desarrollo de cadenas de valor
sector productivo • Promocionar emprendimientos, consorcios y formas asociativas privado-
forestal y de comunitarias
otros productos del • Fortalecer las asociaciones de productores en comunidades campesinas e
bosque indígenas
• Desarrollar un programa de bio-comercio en el departamento
Fortalecimiento y
mejoramiento del • Optimizar la producción agropecuaria tradicional
sistema productivo • Implementar los sistemas multi-estratos en áreas degradadas y deforestadas
agropecuario
• Construir obras públicas de manera diferenciada en zonas prioritarias
• Fortalecer la institucionalidad y la gestión del turismo sostenible
Fomento al desarrollo
• Fomentar el desarrollo de productos turísticos con identidad cultural
y promoción del
amazónica
turismo sostenible
• Fomentar el turismo comunitario campesino e indígena, con base a
emprendimientos de asociaciones productivas y MYPES
• Desarrollar y fomentar servicios para la exportación e importación
• Establecer incentivos para fomentar emprendimientos productivos
Promoción del • Programar la producción con base en las características de la demanda
desarrollo productivo, • Crear un fondo de fomento a la investigación científica e innovación
industrial, comercial y
servicios productivos • Fomentar la ampliación y acceso a los servicios financieros
• Establecer e implementar una agenda común interinstitucional pública y
privada para el fomento al desarrollo productivo departamental
• Establecer un programa de control a los incendios forestales
• Promocionar y fomentar el uso sostenible de productos de la
Conservación de los biodiversidad
recursos naturales y la
• Establecer un sistema departamental de venta de servicios ambientales
biodiversidad
• Establecer un programa y sistema de manejo de cuencas hidrográficas
• Recuperación de áreas deforestadas
• Garantizar el desarrollo empresarial con responsabilidad social y ambiental
Fortalecimiento del • Consolidar un sistema departamental de evaluación de impacto ambiental
monitoreo, regulación
y control del manejo • Descentralizar las funciones de las instituciones públicas vinculadas con el
de los recursos sector forestal y control ambiental
naturales • Apoyar en la gestión territorial a los pueblos indígenas y comunidades
campesinas
Fuente: Elaborado por los autores con base en Secretaría de Planificación, Prefectura de Pando (2007).
36
Cuadro 9
Plan estratégico de emergencia: Hacia el desarrollo integral del departamento
de Pando. Ministerio de la Presidencia, 2009
Políticas Acciones
• Titulación de tierras
Organizar los
• Adopción de modelos de producción agropecuaria sostenida
asentamientos humanos
• Provisión de servicios básicos
de la región
• Protección de recursos naturales
Mejorar las relaciones • Incremento de la producción y productividad regional en rubros que permitan
comerciales del sustituir importaciones y/o desarrollar mercados externos
departamento con otras • Implementar una reglamentación ágil de intercambio con el interior del país y el
regiones del país intercambio fronterizo
Fuente: Elaborado por los autores con base en información del Ministerio de la Presidencia (2009).
37
Los temas ausentes en la discusión
Lo que debería estar en discusión son las formas a través de las cuales deberían
implementarse esos planes y las sinergias institucionales a lograr entre los diferentes
niveles de gobierno, además de la necesidad de contar con mecanismos de participación
social y de control para la rendición de cuentas, largamente discutidos en el pasado
pero que no han logrado establecerse en el norte amazónico. Hasta ahora, el mayor
énfasis en los caminos, que quizás son las inversiones con mayores posibilidades de
concretarse, va a traer importantes desafíos para el gobierno sobre la conservación de
los recursos forestales, y sobre todo para la mantención de la economía de la castaña,
lo que además puede implicar que estas inversiones tiendan a alentar una mayor
concentración de tierra y bosques y, por consiguiente, del excedente económico. No
es posible suponer que la conclusión del proceso de saneamiento en Pando resuelva
el problema de la tierra.
Los conflictos por la tierra todavía seguirán presentes en la región por una doble
vía, y todo hace pensar que no serán resueltos en el corto plazo. Por una parte, estos
conflictos se mantendrán por la vía de las políticas públicas que intentan tímidamente
distribuir las tierras fiscales disponibles para nuevos asentamientos, coincidiendo con
las políticas de tierras del Gobierno Nacional, las mismas que son resistidas por las
élites barraqueras locales. Por otra parte, los problemas de la tierra serán alentados
por la influencia de los mercados. En la medida en que se formalicen derechos
propietarios y crezca el interés en actividades forestales, de conservación o agrícolas,
existe la posibilidad de una expansión más acelerada de los mercados de tierras y
con ello de una posible reconcentración de la propiedad de la tierra. Las políticas de
tierras mantienen una concepción relativamente ingenua al suponer que la titulación
colectiva inhibirá a los mercados de tierras.
Finalmente, desde la perspectiva de las políticas no queda claro cómo se van a
enfrentar las nuevas tendencias que se vislumbran en el horizonte y que van a afectar
sustancialmente al desarrollo regional, como la expansión del aprovechamiento
informal de madera y la expansión de la ganadería, ambos fomentados por el
crecimiento de la red caminera, en un escenario de grandes debilidades institucionales
para implementar esfuerzos de gestión territorial más efectiva. Tampoco están claros
los mecanismos a utilizarse para apoyar el sostenimiento de la economía castañera en
una coyuntura económica adversa y los incentivos y mecanismos de fomento para
promover iniciativas de manejo forestal, integral o múltiple, como parte del desarrollo
38
de una economía regional más diversificada, cuyo crecimiento descanse en la mayor
generación de valor agregado. Las propuestas mencionadas presentan pocos elementos
innovadores para enfrentar estos desafíos y, como en el pasado, no dejan de ser sólo
enunciados de buenas intenciones.
39
Conclusiones
41
concesiones forestales. La debilidad de las agencias públicas para promover una mejor
gestión territorial hace suponer que estos problemas no van a resolverse en el futuro
próximo, con consecuencias para la conservación del bosque.
La institucionalidad barraquera también ha sufrido cambios, pues ahora descansa
en la compra de fuerza de trabajo estacional durante la zafra, con lo que prácticamente
se han extinguido las antiguas formas de presión extraeconómicas aplicadas para
retener la fuerza de trabajo de manera permanente en las barracas. En este sentido,
las relaciones capitalistas de producción se presentan cada vez más nítidas a pesar
de la persistencia del habilito (como forma de adelanto de pago en especie), que se
reproduce por las características de la región donde es todavía inimaginable la presencia
de un mercado que permita el uso del dinero para el abastecimiento de artículos de
primera necesidad para los trabajadores que se internan en el bosque. Como se ha
dicho, el capital industrial y la industria del beneficiado consiguió apropiarse de la
institucionalidad barraquera para asumir el control de la economía castañera y, con
ello, amortiguar los posibles efectos de la transformación en la tenencia de la tierra en
la provisión de materia prima. Aunque las comunidades han logrado formalizar sus
derechos de propiedad sobre la tierra, lo que ha llevado al cambio en la composición de
la oferta de castaña que ahora es compartida con las barracas, éstas mantienen todavía
una concentración importante de la tierra y de los recursos del bosque. En este sentido,
si bien las comunidades, antiguas y emergentes han accedido a un mayor control
territorial de los recursos del bosque, deben enfrentar las condiciones que imponen
el capital industrial y el capital comercial en el mercado de materias primas.
Sin embargo, algunas tendencias amenazan la economía de la castaña y su
andamiaje institucional. Ellas tienen que ver con la expansión de la extracción maderera
informal y el avance de la ganadería, actividades que, además, no necesariamente se
caracterizan por generar volúmenes significativos de empleo El avance de la extracción
maderera está provocando el aumento de la degradación de los bosques de la región y,
en parte, alentando también la conversión de los bosques en otros usos del suelo. La
extracción maderera no sería motivo de preocupación si se realizara de forma sostenible,
pero buena parte de las intervenciones forestales son informales y se producen de forma
desordenada. Lo que es más serio es que la deforestación ha aumentado bastante en
el norte amazónico durante los últimos años, principalmente debido a la expansión
de la siembra de pastos para la producción de carne. Esta expansión puede deberse
también a la necesidad de algunos de justificar derechos propietarios, sobre todo en los
predios privados frente al saneamiento de tierras. Las estimaciones realizadas muestran
que todos los actores tienen responsabilidad en la conversión de bosques, aunque se
42
precisa de análisis más detallados sobre las razones que llevan a los diferentes actores
a cambiar el uso del suelo.
Un factor de coyuntura, cuya incidencia es todavía incierta, constituye la caída
del precio de la castaña, lo que puede también contribuir a la transformación de los
paisajes forestales. Por ejemplo, cambios en la rentabilidad de la castaña pueden afectar
las decisiones de uso de recursos de las comunidades campesinas y de los barraqueros,
y aumentar su interés en la extracción de madera. Al respecto, el grupo social más
afectado por la caída de precios de la castaña son los trabajadores fabriles de las
beneficiadoras y zafreros recolectores por su dependencia de los ingresos provenientes
de este sector. Además, los menores ingresos que estas poblaciones puedan obtener
por actividades urbanas puede llevar a aumentar las presiones sobre la tierra como
fuente de obtención de ingresos de subsistencia. Sin embargo, no parece presentarse
un escenario de crisis de la economía de la castaña beneficiada a nivel mundial que
implique un cambio drástico para la economía de la región, tal como ocurrió con la
crisis de la goma, que terminó transformando drásticamente estructuras económicas
y sociales que pervivieron durante décadas en el pasado.
Es posible que la economía castañera haya llegado a su punto más alto de
crecimiento ayudada por condiciones excepcionales de precios en el mercado
internacional en los últimos años y que haya permitido ingresos extraordinarios
para varios de los actores involucrados en la cadena de valor de este producto y
fundamentalmente para los industriales. No obstante, la economía de la castaña
contiene todavía características que la hacen altamente vulnerable a la dinámica de los
mercados externos. En ese orden, mayores inversiones en la expansión caminera, sin
acciones dirigidas a mejorar la gestión sustentable de los territorios, pueden constituir
una amenaza para el sostenimiento de la economía de la castaña, aunque todavía está
en duda si una mayor diversificación de la economía rural regional sería una amenaza
sobre esta economía o ayudaría a mantenerla.
La literatura revisada en este trabajo sugiere que en la medida en que crezca
la rentabilidad de los usos no forestales del suelo se reducirán las posibilidades de
reproducción de la economía forestal extractiva y que, aparentemente, el sostenimiento
de la economía extractiva sólo será posible en tanto los bosques proporcionen beneficios
económicos mayores o se cuente con agencias estatales fuertes para hacer cumplir las
regulaciones forestales y de uso del suelo. Promover un manejo forestal integral o
múltiple del bosque podría ser un avance en esa dirección, aunque existen dudas sobre
las posibilidades que estos sistemas de manejo puedan implementarse en la práctica.
En esa dirección, es poco probable que la economía de la castaña, por sí sola, permita
43
sostener el desarrollo regional a futuro, por lo que la diversificación de la economía
también podría hacer posible mantener la contribución de la economía castañera a
futuro pero con reglas claras de gestión territorial. No obstante, para que eso suceda
se precisa de instituciones estatales fuertes y de acuerdos entre los actores sociales. Es
poco previsible que esto ocurra en el corto plazo.
En los discursos sobre desarrollo vigentes en la región, se advierte la incorporación
de una fuerte visión ambientalista que basa fuertemente el desarrollo de la región en
actividades de base forestal (maderables y no maderables) y el turismo, así como los
servicios ambientales del bosque. No obstante, en paralelo, se observan acciones que
van en dirección contraria a los planes o discursos, por lo que existe una perplejidad
bastante grande sobre el rumbo de las políticas públicas en la práctica. Las decisiones
de inversión más importantes están vinculadas con la construcción de caminos, sobre
todo las destinadas a concretar los corredores bioceánicos a través del territorio de
esta región, especialmente debido a la influencia externa del gobierno brasilero. Otras
decisiones de política, sobre todo las vinculadas con el sector forestal, han sido bastante
relegadas pese a que los planes de desarrollo formulados han ofrecido recursos para
facilitar el desarrollo regional con base en los recursos del bosque. Todavía está por
verse cuánto se quedará en discurso y cuánto se convertirá en realidad. El repaso a
las trayectorias del desarrollo realizado en estos documentos sugiere que no se puede
concebir el futuro sin detenerse a considerar las herencias del pasado.
44
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Personas entrevistadas
51
22. Fermín Terrazas. Dirigente de la Comunidad Purísima, municipio de
Filadelfia
23. Julio Urapotina. Director INRA del departamento de Pando
24. Dilson Vaca. Productor de madera, Porvenir
25. Juan Pablo Valdivieso. Consultor Forestal (Porvenir)
26. Vincent Voss. Investigador del PROMAB Riberalta
27. Armelina Zonta. Directora de IPHAE
52
Este documento analiza las principales trayectorias y tendencias del
desarrollo de la economía extractiva del norte amazónico de Bolivia
en los últimos v einte años, período en el que se han pr oducido
importantes cambios que han afectado la reproducción de la economía
forestal extractiva de la castaña y, con ello, la conservación de los
bosques tropicales de la mencionada zona.