Bucholz & Hall (2005)
Bucholz & Hall (2005)
MARY BUCHOLTZ
UNIVERSITY OF CALIFORNIA, SANTA BARBARA
KIRA HALL
UNIVERSITY OF COLORADO
Introducción
En este artículo proponemos un marco teórico para el análisis de la identidad como un fenómeno
constituido en la interacción lingüística. La necesidad de este marco se ha hecho evidente en años
recientes, dado que la investigación lingüística sobre la identidad se ha vuelto cada vez más
central en la sociolingüística, la antropología lingüística, el análisis del discurso y la psicología
social. Sin embargo, el desarrollo de los enfoques teóricos sobre la identidad sigue siendo, en el
mejor de los casos, una preocupación secundaria y no un foco de análisis en este campo de
estudios. Defendemos el valor analítico que tiene el acercarnos a la identidad como un fenómeno
relacional y sociocultural que emerge y circula en contextos discursivos locales de interacción,
antes que como una estructura estable situada principalmente en la psique individual o en
categorías sociales fijas. Creemos que el enfoque que proponemos aquí, que reúne ideas de una
variedad de campos y una diversidad de estudiosos, permite a los investigadores articular
supuestos teóricos sobre la identidad que a menudo están implícitos en la discusión académica,
evitando, al mismo tiempo, las críticas que han surgido sobre este concepto en las ciencias sociales
y en las humanidades en las dos últimas décadas. Dados los alcances del mencionado programa
de investigación, nuestra definición de identidad es deliberadamente amplia y abierta: La
identidad es el posicionamiento social del yo y del (de los) otro(s).
Antes de describir nuestro enfoque, primero debemos reconocer nuestra deuda con una amplia
variedad de investigaciones que han influido en nuestra propia visión de la identidad. Estas
incluyen la teoría de la acomodación del habla (Giles et al., 1991) y la teoría de la identidad social
(Meyerhoff, 1996; Meyerhoff y Niedzielski, 1994; Tajfel y Turner, 1979) en la psicología social,
teorías sobre las ideologías lingüísticas (Irvine y Gal, 2000; Silverstein, 1979) e indexicalidad
(Ochs, 1992; Silverstein, 1976, 1985) en la antropología lingüística, y teorías sobre el estilo
(Eckert y Rickford, 2001; Mendoza-Denton, 2002) y modelos de la identidad (Le Page y
Tabouret-Keller, 1985) en sociolingüística, entre otros. Además, nos hemos basado en una serie
de diferentes teorías sociales que son especialmente relevantes para entender la construcción
intersubjetiva de la identidad en contextos interaccionales locales.
El marco que trazamos aquí sintetiza el trabajo clave sobre identidad de todas estas tradiciones
para ofrecer una perspectiva lingüística sociocultural general de la identidad, es decir, una que se
centra tanto en los detalles del lenguaje como en el funcionamiento de la cultura y la sociedad.
Por lingüística sociocultural nos referimos al amplio campo interdisciplinario que se ocupa de la
intersección del lenguaje, la cultura y la sociedad. Este término abarca los subcampos
disciplinarios de la sociolingüística, la lingüística antropológica y los enfoques socialmente
*
Traducción del original inglés realizada, con fines académicos, por el equipo de profesores y asistentes de
docencia del curso de Lenguaje y Sociedad (LIN 146) de Estudios Generales Letras de la PUCP (setiembre
del 2017, revisada en mayo del 2018). El original se titula “Identity and interaction: A sociocultural
linguistic approach”. Discourse Studies 7 (4-5), 2005, pp. 585-614.
Bucholtz & Hall: Identidad e interacción |2
orientados del análisis del discurso (como el análisis de la conversación y el análisis crítico del
discurso) y la psicología social con un interés lingüístico, entre otros.1 Al incorporar estos diversos
enfoques bajo una sola etiqueta, nuestro propósito no es negar las diferencias entre ellos ni
imponer nuevas fronteras disciplinarias; más bien, es reconocer toda la gama de trabajo que cae
bajo la rúbrica de lenguaje e identidad y ofrecer un dispositivo abreviado para referirnos a estos
enfoques de forma conjunta. La perspectiva interdisciplinaria adoptada aquí pretende ayudar a los
estudiosos a reconocer el amplio conjunto de herramientas con las que cuentan para analizar la
identidad como un fenómeno centralmente lingüístico. Como ilustran los siguientes ejemplos, la
identidad no emerge en un solo nivel analítico —ya sea el timbre vocálico, el diseño de turnos, la
elección del código o la estructura ideológica— sino que opera, simultáneamente, en múltiples
niveles. Nuestro enfoque privilegia el nivel interaccional, porque es en la interacción donde todos
estos recursos obtienen significado social. Nuestro objetivo es ensamblar elementos del trabajo
lingüístico sociocultural sobre la identidad en un modelo coherente que describa el estado actual
de la investigación y que, a la vez, ofrezca nuevas direcciones para las investigaciones futuras.
Proponemos cinco principios que consideramos fundamentales para estudiar la identidad, a partir
de ejemplos derivados de nuestra propia investigación, así como de estudios desarrollados por
otros autores. Los principios primero y segundo cuestionan visiones psicológicas estrechas y
estáticas de la identidad, visiones que han circulado ampliamente en las ciencias sociales.
Argumentamos, más bien, en línea con abundantes investigaciones de la lingüística sociocultural,
que la identidad es una construcción discursiva que emerge en la interacción. Más aún,
expandimos las visiones macrosociológicas tradicionales de la identidad a fin de incluir tanto
categorías etnográficas locales como posicionamientos interaccionales transitorios. El tercer
principio lista los tipos de recursos lingüísticos mediante los cuales los interactuantes se
posicionan indexicalmente a sí mismos y a los otros en el discurso. El corazón del modelo se
describe en el cuarto principio, que resalta los fundamentos relacionales de la identidad. Para
ilustrar este principio, resumimos en forma breve el marco que hemos desarrollado recientemente
para analizar la identidad como un logro intersubjetivo. Finalmente, el quinto principio considera
los límites y las restricciones de la intencionalidad individual en el proceso de construcción
identitaria, reconociendo al mismo tiempo el importante rol que la acción social deliberada puede
desempeñar en la producción de la identidad. A lo largo del artículo, argumentamos a favor de
que la identidad se produce en forma intersubjetiva antes que individual, y emerge en la
interacción, y no es asignada de manera apriorística.
El principio de la emergencia
El primer principio en el que se basa nuestra perspectiva aborda una visión académica tradicional
de la identidad como un fenómeno anclado principalmente dentro de la mente individual, de tal
modo que la única relación posible entre la identidad y los usos del lenguaje consiste en que este
último refleje los estados mentales internos del individuo. Si bien el sentido de sí mismos que
tienen los individuos constituye ciertamente un elemento clave de la identidad, los investigadores
de los usos lingüísticos individuales (p. ej., Johnstone, 1996) han mostrado que la única manera
de que estas autoconcepciones ingresen a la vida social es mediante alguna forma de discurso.
Así, las explicaciones que localizan la identidad en el interior de la mente pueden estar
subestimando la base social en la que se construye, se mantiene y se altera la identidad.
Nuestra visión surge del trabajo sostenido con el concepto de emergencia en la antropología
lingüística y en la lingüística interaccional. La noción de emergencia fue presentada muy
tempranamente en la antropología lingüística por Dell Hymes, cuya mirada sobre la sofisticación
de la performance lingüística como un hecho dialógico antes que monológico lo condujo a
1
El término sociolingüística a veces tiene este rango referencial, pero para muchos académicos su
referencia es más estricta. El término lingüística sociocultural tiene la virtud de estar menos cargado de
una historia particular de uso.
Bucholtz & Hall: Identidad e interacción |3
entender “la estructura como algo que a veces emerge en la acción” (Hymes, 1975: 71).
Antropólogos posteriores, notablemente Richard Bauman y Charles Briggs, ampliaron el campo
al cuestionar el análisis de la performance como una simple reiteración de una estructura textual
subyacente que tradicionalmente se entendía como el elemento principal. Tanto en sus trabajos
individuales como colaborativos (Bauman, 1977; Bauman y Briggs, 1990; Briggs, 1988), estos
estudiosos demostraron que la performance, más bien, emerge en el transcurso de su despliegue
en encuentros específicos. Estas ideas también fundamentan la propuesta de Bruce Mannheim y
Dennis Tedlock (1995) para entender la cultura como un fenómeno emergente a través de
procesos dialógicos; esto es, el planteamiento de que la cultura se produce cuando los hablantes
echan mano de múltiples voces y textos en sus enunciados (Bakhtin, 1981). Más aún, en la
lingüística funcionalista e interaccional, algunos académicos han criticado las formulaciones
gramaticales de corte estructuralista y generativista por su carácter estático, y han propuesto en
su lugar que la estructura lingüística emerge en el curso de la interacción (p. ej., Bybee y Hopper,
2001; Ford et al., 2002; Hopper, 1987).
Aquí, extendemos los presupuestos teóricos de este trabajo lingüístico previo al análisis de la
identidad. Así como ocurre con la performance, la cultura y la gramática, sostenemos que la
identidad emerge de las condiciones específicas de la interacción lingüística:
Esta es una idea que comparten distintas corrientes relacionadas con la lingüística sociocultural:
el concepto etnometodológico del “hacer” varios tipos de identidad (p. ej., Fenstermaker y West,
2002; Garfinkel, 1967; West y Zimmerman, 1987) y la noción de identidad del análisis de la
conversación como un logro interaccionalmente relevante (p. ej., Antaki y Widdicombe, 1998;
Aronsson, 1998; Auer, 1998; Kitzinger, s. f.; Moerman, 1993; Sidnell, 2003); la teoría
postestructuralista de la performatividad (Butler, 1990), desarrollada a partir del trabajo de J. L.
Austin (1962) y utilizada por investigadores del lenguaje, el género y la sexualidad (p. ej., Barrett,
1999; Cameron, 1997; Livia y Hall, 1997); y de manera más general el concepto semiótico de
indexicalidad creativa (Silverstein, 1979) y diseño de la audiencia (Bell, 1984). A pesar de las
diferencias fundamentales que existen entre estos distintos enfoques, todos ellos nos permiten ver
que la identidad no es un simple mecanismo psicológico de autoclasificación que se refleja en el
comportamiento social de la gente, sino que es algo que se constituye a través de la acción social,
y especialmente a través del lenguaje. Por supuesto, la propiedad de emergencia no excluye la
posibilidad de que los recursos identitarios que funcionan en una interacción dada puedan derivar
de recursos desarrollados en interacciones previas (es decir, estos pueden provenir de instancias
de la “estructura”, como la ideología, el sistema lingüístico o la relación entre ellos).
Aunque casi todas las investigaciones contemporáneas sobre la identidad toman como punto de
partida esta perspectiva general, quizá es más fácil reconocer la identidad como emergente en
aquellos casos en los que el lenguaje del hablante no se ajusta a la categoría social que le ha sido
normativamente asignada. Casos como los de las identidades transgénero y las performances
intergénero (Barrett, 1999; Besnier, 2003; Gaudio, 1997; Hall y O’Donovan, 1996; Kulick, 1997;
Manalansan, 2003), y los cruces de fronteras étnicas, raciales y nacionales (Bucholtz, 1995,
1999a; Chun, 2001; Cutler, 1999; Hewitt, 1986; Lo, 1999; Piller, 2002; Rampton, 1995;
Sweetland, 2002) ilustran de diversas maneras que las identidades, entendidas como procesos
sociales, no preexisten a las prácticas semióticas que las generan en interacciones específicas.
Tales casos llaman especialmente la atención debido a que retan el mapa ideológico
preestablecido entre el lenguaje y la biología o la cultura; esto es, subvierten los prejuicios
esencialistas sobre a quién le pertenece qué tipo de usos lingüísticos. Mientras que la naturaleza
emergente de la identidad se acentúa de manera particular en los casos en que un hablante
biológicamente masculino utiliza pronombres de género femenino o un hablante fenotípicamente
Bucholtz & Hall: Identidad e interacción |4
Para ilustrar la cualidad emergente de la identidad, ofrecemos dos ejemplos que involucran a
grupos muy diferentes de hablantes. El primero se centra en las prácticas discursivas de los hijras,
una categoría transgénero de la India cuyos miembros, aunque nacieron como hombres, no se
identifican ni como hombres ni como mujeres. Los hijras suelen vestirse y hablar como las
mujeres, pero violan las normas de género de la feminidad india apropiada de otras maneras; por
ejemplo, mediante el uso de la obscenidad (Hall, 1997). Uno de los recursos de los que disponen
los hijras para distanciarse de la masculinidad es el sistema lingüístico de género del hindi, en el
cual la marca verbal de género es, a menudo, obligatoria. En el ejemplo (1), tomado de una
entrevista etnográfica con Hall, una hijra a quien llamaremos Sulekha discute su relación con su
familia, que la obligó a salir de la casa en su adolescencia temprana debido a su comportamiento
afeminado. Aquí, ella reporta el discurso de los miembros de su familia refiriéndose a ella con el
género masculino (marcado con una “m” en superíndice en la transcripción), mientras que al
hablar en su propia voz utiliza la forma femenina para representarse a sí misma (marcada con una
“f” en superíndice en la transcripción):
(1)
Para Sulekha, la marca de género femenino no refleja una identidad femenina asignada de manera
directa; en realidad, como el discurso reportado de sus parientes deja en claro, su identidad de
género es desafiada por su familia. Bajo estas circunstancias, la marcación de género se convierte
en una poderosa herramienta en manos de Sulekha para constituirse a sí misma como femenina,
en oposición a la percepción de su familia sobre su género. Por ello, este posicionamiento
Bucholtz & Hall: Identidad e interacción |5
Los hablantes hacen uso de varios elementos asociados al lenguaje de los afroamericanos jóvenes,
incluyendo frases idiomáticas como keep it real (línea 2368) e ítems léxicos como whitey (líneas
2373, 2378), así como algunas estructuras gramaticales emblemáticas como la cópula cero (they
always back stabbin, línea 2370). Ninguno de los participantes en esta interacción es un hablante
fluido de AAVE; de hecho, no todos usan rasgos AAVE. Pero en el contexto de esta discusión,
en la que se desarrolla una crítica de lo blanco, el AAVE se convierte en un instrumento efectivo
para rechazar las ideologías raciales dominantes. Al mismo tiempo, una identidad asiático-
norteamericana antirracista emerge en el discurso en alianza con otra gente de color.
A pesar de las amplias diferencias entre los contextos culturales, el ejemplo anterior es bastante
similar al del hijra visto líneas arriba, en el cual los hablantes, en ambos casos, se apropian de
formas lingüísticas generalmente entendidas como no “pertenecientes” a ellos. Tanto el uso de
formas gramaticales femeninas de los hijras, que usualmente son asignadas al sexo masculino
desde su nacimiento, como el empleo del estilo afroamericano juvenil por parte de los coreanos
norteamericanos producen, de manera activa, nuevas formas de identidad a través del lenguaje al
romper asociaciones naturalizadas entre formas lingüísticas específicas y categorías sociales
particulares. Aun así, estas identidades innovadoras no deberían ser entendidas como
ontológicamente previas al discurso que más adelante las motiva. Mientras que las categorías
Bucholtz & Hall: Identidad e interacción |6
macro de los hijra y los coreanos norteamericanos tienen una cierta coherencia ideológica, su
manifestación real en la práctica depende de las demandas interaccionales del contexto social
inmediato. Tales interacciones, por lo tanto, resaltan lo que vale también para las identidades
incluso más predecibles y no innovadoras: el hecho de que estas solo se constituyen como
socialmente reales a través del discurso, y especialmente de la interacción.
El principio de posicionamiento
El segundo principio desafía otra visión ampliamente difundida sobre la identidad: la idea de que
esta constituye solamente una colección de categorías sociales amplias. Esta perspectiva se
encuentra, con mayor frecuencia, en las ciencias sociales cuantitativas, que correlacionan
comportamientos sociales con categorías identitarias macro, tales como la edad, el género y la
clase social. En la lingüística sociocultural, la preocupación por las identidades como estructuras
sociales más amplias es particularmente característica de los primeros estudios enmarcados en la
sociolingüística variacionista (p. ej., Labov, 1966) y de la sociología del lenguaje (ver Fishman,
1971, entre otros). Las perspectivas tradicionales de estos enfoques han sido valiosas para la
documentación a larga escala de tendencias sociolingüísticas, aunque suelen ser menos efectivas
para capturar formas de relación identitaria más finas y flexibles que emergen en contextos locales
(pero puede verse, p. ej., Labov, 1963). Este vacío analítico enfatiza la importancia de la
etnografía. Los lingüistas etnógrafos han demostrado, en repetidas ocasiones, que los usuarios del
lenguaje a menudo se orientan hacia categorías identitarias locales antes que a las categorías
sociológicas propias del analista, y que las primeras, frecuentemente, proporcionan un mejor
registro empírico de la práctica lingüística.
Además, buena parte de los estudios recientes en lingüística sociocultural ha comenzado a
investigar los detalles de la identidad en un nivel micro cuando esta es moldeada de un momento
a otro en la interacción. En el nivel más básico, la identidad emerge en el discurso a través de
roles temporales y orientaciones asumidas por los participantes, tales como ‘evaluador’, ‘contador
de bromas’ u ‘oyente atento’. Esas posiciones interaccionales pueden parecer algo distintas de la
forma convencional en que entendemos la identidad; sin embargo, contribuyen a la formación de
subjetividades e intersubjetividades en el discurso en una medida no menor que las categorías
identitarias sociológicas y etnográficas más amplias. Por un lado, las posiciones interaccionales
que los actores sociales ocupan brevemente y luego abandonan cuando responden a contingencias
del discurso en marcha pueden acumular asociaciones ideológicas con categorías identitarias
tanto en una escala amplia como en un nivel más local. Por otro lado, estas asociaciones
ideológicas, una vez forjadas, pueden condicionar quién hace qué y cómo en la interacción,
aunque nunca de manera determinista.
Por lo tanto, nuestra propia perspectiva amplía el rango referencial tradicional de la identidad para
abarcar no solo los constructos ampliamente reconocidos de la subjetividad social, sino también
categorías identitarias locales y posiciones interaccionales transitorias:
2. Las identidades abarcan (a) categorías demográficas macro; (b) posiciones culturales
locales, etnográficamente específicas; y (c) posturas temporales e interaccionalmente
específicas y roles de los participantes.
Los ejemplos (3) y (4) ilustran cómo estos diferentes niveles de identidad emergen en el discurso.
Ambos fueron tomados de entrevistas etnográficas que Bucholtz realizó a mujeres
euroamericanas de 17 años de clase media que crecieron en la misma ciudad y asistieron a la
misma escuela secundaria en California. Por lo tanto, las jóvenes tenían acceso a recursos
lingüísticos muy similares. Sin embargo, habitualmente se posicionaban a sí mismas como
adolescentes de tipos distintos por su uso diferenciado del lenguaje. Este punto podría ilustrarse
Bucholtz & Hall: Identidad e interacción |7
mediante una amplia variedad de marcadores lingüísticos; el que consideramos aquí es el uso de
formas innovadoras de citado. Los marcadores de citado introducen el discurso representado;
algunas formas también pueden marcar las expresiones afectivas no lingüísticas. La forma
prototípica de citado es el verbo decir (say en inglés), pero el verbo ir (go en inglés), en su uso
amplio, también está cumpliendo funciones de citado. En años más recientes, la forma estar como
(to be like en inglés) ha sido ampliamente adoptada por los jóvenes en los Estados Unidos (Blyth
et al., 1990; Dailey-O'Cain, 2000). Dos de estas formas se muestran en el ejemplo (3):
(3)
1 Claire: Entonces dices la palabra mágica,
2 “Tengo un tutor” h
3 Mary: Mm.
4 Christine: Y todo el mundo va,
5 “O :::: h”,
6 y se ponen todos celosos y están como,
7 “Oh wow,
8 ojalá tuviera un tutor” hh
Además de estos marcadores de citado, ha surgido otra forma, especialmente en la costa oeste:
estar todo/a (to be all en inglés) (Waksler, 2001). Debido a su aparición más reciente en el
discurso juvenil, está semióticamente más marcado que estar como u otras formas de citado más
antiguas. Mientras que en el ejemplo (3), Christine utiliza los marcadores de citado mejor
establecidos ir (to go) y estar como (to be like), en el ejemplo (4), Josie utiliza solo una forma de
citado: la innovadora estar toda:
(4)
1 Josie: Ellos no me dejarían pertenecer a su club por cierto.
2 María: ¿Lo intentaste y ellos [no te dejarían ]?
3 Josie: [Oh, yo estaba toda, ]
4 “¿Puedo unirme a su club?”
5 <volumen más bajo> {Por supuesto que había estado sentada en la esquina
riéndome de ellos durante los últimos veinte minutos.
6 Y ellos estaban todos,
7 “No:,”
8 “Y yo estaba toda,
9 “A mí tampoco me caen bien.”
Tanto Christine como Josie indexan su juventud mediante el uso de estos nuevos marcadores de
cita, pero su elección de diferentes marcadores indexa dimensiones más locales de su identidad.
Christine se describe a sí misma como un ratón de biblioteca (nerd en inglés) que valora la
inteligencia y la disconformidad y, a diferencia de los estudiantes populares (cool en inglés), no
está interesada en seguir las últimas tendencias de la moda o del lenguaje. En contraste, Josie es
una de las chicas más populares de la escuela y su uso exclusivo del nuevo marcador de citado
señala su deseo de estar a la moda.2 Estas identidades locales también son relevantes con relación
2
En otras partes de Estados Unidos, estos marcadores pueden tener valores semánticos muy diferentes,
incluso contrarios. Maryam Backht-Roftheart (2004) mostró que en un colegio secundario de Long Island
un grupo que se autoidentifica como la “élite intelectual” pero que es identificado por otros como nerd,
rechazó el uso de to be like como poco deseable por estar demasiado a la moda y, en su lugar, utilizaban to
be all como una forma libre de estas asociaciones.
Bucholtz & Hall: Identidad e interacción |8
al contenido del discurso: Claire y Christine están quejándose de que deben fingir que tienen un
tutor para explicar sus altas calificaciones a sus compañeros menos inteligentes, y Josie está
describiendo su intento jocoso de unirse al Club de las Computadoras Macintosh, ampliamente
reconocido como un bastión de los nerds.
En el análisis del habla de estas chicas, la clasificación a lo largo de los ejes demográficos del
género, la edad, la raza y la clase ofrece parte del panorama, pero podemos entender mejor lo que
ocurre si consideramos otras formas en que las chicas se posicionan a sí mismas y a otros subjetiva
e intersubjetivamente. En primer lugar, al ver a las chicas como miembros de una sola cohorte de
edad, podemos reconocer la importancia de la edad —específicamente de la juventud— como
una identidad social compartida que se expresa mediante nuevos marcadores de cita. En segundo
lugar, a través de información obtenida etnográficamente sobre la afiliación de estas chicas con
estilos sociales contrastantes, desarrollados localmente en la secundaria, podemos entender sus
elecciones divergentes de formas de cita. En tercer lugar, la mirada al trabajo interaccional que
desarrollan los hablantes revela cómo a través del discurso representado hacen evaluaciones
negativas de otro tipo de personas (e implícitamente se evalúan a sí mismas de forma positiva).
Por ejemplo, en las líneas 4 y 5 del ejemplo 3, el enunciado de Christine Y todo el mundo va O
:::: h marca, tanto prosódica como léxicamente, la cita de la postura colectiva de asombro y celos.
Pero como este enunciado constituye discurso representado, también señala la orientación de
desdén por parte de Christine hacia el deseo de sus compañeros de tener un tutor y su falta de
conciencia de haber sido engañados.
El principio de indexicalidad
Mientras que los dos primeros principios que hemos discutido caracterizan el estatus ontológico
de la identidad, el tercer principio concierne al mecanismo a través del cual se constituye la
identidad. Este mecanismo, conocido como indexicalidad, es fundamental en el modo en que las
formas lingüísticas se usan para construir posiciones identitarias. En el sentido más básico, un
índice es una forma lingüística que tiene un significado que depende de la interacción, como el
pronombre de primera persona yo (Silverstein, 1976). De manera más general, sin embargo, el
concepto de indexicalidad involucra la creación de vínculos semióticos entre la forma lingüística
y el significado social (Ochs, 1992; Silverstein, 1985). En la formación de identidades, la
indexicalidad depende fuertemente de las estructuras ideológicas, pues la asociación entre lengua
e identidad está arraigada a las creencias y valores culturales —esto es, a las ideologías— sobre
los tipos de hablantes que pueden o deben producir tipos particulares de lenguaje.
El modo más obvio y directo en el que las identidades pueden construirse mediante el habla es la
introducción de categorías referenciales de identidad en el discurso. En efecto, enfocarse en las
etiquetas sociales ha sido un método básico que los investigadores no lingüistas han usado para
abordar la identidad. Los investigadores en lingüística sociocultural contribuyen en esta línea de
trabajo con una metodología más precisa y sistemática para entender el etiquetado y la
categorización como una acción social (por ejemplo, McConnell-Ginet, 1989, 2002, Murphy,
1997, Sacks, 1995). La circulación de esas categorías dentro del discurso, su yuxtaposición
explícita o implícita con otras categorías, y las elaboraciones y calificaciones lingüísticas que
convocan (predicados, modificadores, etcétera) proporcionan información importante sobre la
construcción identitaria. Por ejemplo, en el ejemplo (1) citado antes, Sulekha cita a su familia por
haberla condenado en su niñez como hijra, un término que conlleva una fuerza extremadamente
despectiva en la sociedad no hijra de la India: “Oh, ¿en qué se ha convertido? Él se ha convertido
en un hijra. ¡Por qué no se murió simplemente!... Oh, ¡el nombre de su padre y su madre está
acabado!”. El término adquiere esta fuerza a través de su asociación ideológica con la impotencia
(de hecho, hijra es usado usualmente para significar ‘impotente’ en el discurso cotidiano). Este
es el máximo insulto para las estructuras de las familias indias normativas, pues la creencia
extendida de que las hijras son impotentes las coloca fuera del parentesco reproductivo. En
resumen, es precisamente la invocación de la identidad etiquetada como hijra la que motiva las
lamentaciones citadas. Un proceso de etiquetado diferente es el que se ve en el ejemplo (2), donde
la etiqueta racial blanco, también entendido como despectivo, toma diferentes significados en la
interacción a través del uso de modificadores contrastivos. Mientras que Eric caracteriza
negativamente al compañero de cuarto de Jin como un “blanquito prototípico”, Jin describe el
“gueto blanquito” en su barrio de clase obrera como “buena onda” (cool). En esta interacción, los
adjetivos y la predicación reorientan el significado social de blanquito (whitey en inglés) de un
término de referencia racial fija a una categoría identitaria negociada intersubjetivamente.
Medios menos directos de desplegar identidades incluyen procesos pragmáticos como las
implicaturas y las presuposiciones, las cuales requieren un trabajo inferencial adicional para su
interpretación. Por ejemplo, como Anita Liang (1999) ha sostenido, lesbianas y hombres gays que
temen a las represalias por mostrar abiertamente su orientación sexual pueden usar implicaturas
(como términos de género neutro para referirse a sus parejas) para transmitir esta información a
oyentes “entendidos”, mientras que excluyen a posibles miembros hostiles fuera del grupo. De
hecho, la habilidad para interpretar tales implicaturas es reconocida, en la comunidad gay, con un
término especial: radar gay (o gaydar en inglés). Una estrategia indirecta similar para
posicionarse a sí mismo o a otros en el discurso es la presuposición. En las audiencias sobre
abusos sexuales en tribunales univesitarios que analiza Susan Ehrlich (2001), por ejemplo, la
defensa usa la presuposición para situar a las presuntas víctimas de violación como personas con
poder y con el control sexual de la situación. Las repetidas referencias a las supuestas opciones y
alternativas de las mujeres atacadas presuponen que ellas pudieron haber prevenido sus
violaciones, enmarcándolas así como agentes, en contraste con las representaciones que realiza
de ellas la fiscal como víctimas pasivas. Aquí, la identidad es ubicada en las posiciones sociales
situadas de ‘sobreviviente a una violación’ versus ‘participante voluntaria’.
El trabajo reciente sobre postura (stance en inglés) —es decir, el despliegue de orientaciones
evaluativas, afectivas y epistémicas en el discurso— ha explicitado las formas en las que otras
dimensiones de la interacción pueden ser recursos para la construcción de la identidad. En este
marco para analizar la postura como fenómeno subjetivo e intersubjetivo, John Du Bois (2002) la
caracteriza como una acción social en los siguientes términos: “Yo evalúo algo y, por lo tanto,
me posiciono, y me alineo [o desalineo] contigo”. Conceptos similares han surgido en campos
relacionados, incluida la evaluación (Goodwin y Goodwin, 1992; Pomerantz, 1984) y la autoridad
epistémica (Heritage y Raymond, 2005) en el análisis de la conversación, el posicionamiento en
la psicología social discursiva (Davies y Harré, 1990) y en la investigación sobre género y
Bucholtz & Hall: Identidad e interacción | 10
Papá: ((comiendo postre)) Bueno - yo ciertamente pienso que - tú eres una - sabes que eres
una buena jefa - Has estado trabajando allí cuánto tiempo?
Mamá: quince años en junio ((mientras lava los platos en el lavadero de la cocina))
Papá: quince años - y tienes a un tipo allí ((se vuelve para mirar directamente a mamá
mientras continúa)) que está trabajando unas pocas semanas? Y tú haces las cosas de la
forma como él quiere.
Mamá: jaja ((risas))
(0.6) ((El papá sonríe ligeramente?, luego, se voltea para comer su postre))
Mamá: No es cuestión de que yo haga las cosas como él quiere – ayuda a que avance más con
el trabajo
Lo que pasa es que estoy trabajando mucho? No quiero trabajar tanto
Papá: ((hace girar la silla para mirar a mamá)) Bueno – tú eres la jefa: Es tu decisión
establecer los estándares…
Ochs y Taylor identifican una serie de roles interaccionales en estas narraciones, incluyendo
‘protagonista’, ‘narrador principal’ y ‘receptor principal’. También encontraron que las narrativas
en su muestra tendían a involucrar una evaluación negativa del protagonista por parte del receptor
Bucholtz & Hall: Identidad e interacción | 11
3
Es importante recalcar que los roles interaccionales de ‘problematizador/problematizado’ (o ‘narrador
principal’ o ‘receptor’) no son solo las piezas sobre las que se construyen formas más permanentes de
identidad como el género: son identidades situacionales en sí mismas, es decir, sirven para posicionar
socialmente a oyentes y hablantes.
4
Penelope Eckert (2000, 2004), por ejemplo, vincula la realización del timbre vocálico a tópicos discursivos
y a objetivos interaccionales (por ejemplo, ‘dramatizar’).
Bucholtz & Hall: Identidad e interacción | 12
Lo que más llama la atención en esta interacción es el mayor uso del inglés en comparación con
el tongano. Besnier demuestra que esta selección lingüística construye a la hablante como
moderna y cosmopolita. El autor se percata de que la compradora también emplea una
pronunciación marcada como neozelandesa en ciertas palabras, al centralizar la vocal [i] y
pronunciarla como [Ә]. Este estilo de habla de dicho país reproduce una identidad cosmopolita.
(La postura epistémica informada que la vendedora toma con respecto a la moda también sostiene
este proyecto identitario). En tales casos, vemos claramente cómo los amplios trabajos de los
procesos globales y las implicancias lingüísticas que ellos suponen se localizan en la vida
cotidiana de las personas comunes alrededor del mundo.
El amplio rango del fenómeno discutido en esta sección corrobora la riqueza de los recursos
lingüísticos que contribuyen a la producción de posicionamientos identitarios. Diferentes
procesos indexicales de etiquetado, implicaturas, tomas de postura, marcados de estilo y
elecciones de código operan para construir identidades de nivel macro y micro, así como
identidades ubicadas en el espacio intermedio. Al considerar la construcción identitaria en
diferentes niveles indexicales y no solo en uno, podemos esbozar un retrato más complejo de la
subjetividad y la intersubjetividad tal como se constituyen en la interacción.
El principio relacional
Los tres principios discutidos hasta ahora se enfocan en los aspectos emergentes, posicionales e
indexicales de la identidad, así como en su producción. Basándose en estos tres puntos, el cuarto
principio destaca la identidad como un fenómeno relacional. Remarcar el carácter relacional tiene
dos objetivos. Primero, subrayar el hecho de que las identidades nunca son autónomas ni
independientes, sino que siempre adquieren un significado social en relación con otros
posicionamientos identitarios disponibles y con otros actores sociales. Segundo, cuestionar la
postura extendida pero simplificada que observa las relaciones identitarias como asuntos que
Bucholtz & Hall: Identidad e interacción | 13
giran alrededor de un solo eje: la similitud y la diferencia. El principio que proponemos aquí
sugiere un rango más amplio de relaciones que se forjan mediante los procesos identitarios:
4. Las identidades se construyen de manera intersubjetiva, mediante diversas relaciones superpuestas
y complementarias, que incluyen adecuación/distinción, autenticación/desnaturalización y
autorización/deslegitimación.
En otro lugar, hemos descrito en detalle esas relaciones como tácticas de intersubjetividad
(Bucholtz y Hall 2004a, 2004b). A continuación resumiremos esas aproximaciones. La lista de
relaciones identitarias que esbozamos aquí y en nuestro trabajo anterior no pretende ser
exhaustiva, sino más bien sugerir las diferentes dimensiones de la relacionalidad que se crean a
través de la construcción identitaria. Además, es importante señalar que aunque separamos los
conceptos solo para fines expositivos, no los consideramos como mutuamente excluyentes. Es
más: dado que son procesos relacionales, típicamente trabajan en conjunto.5
ADECUACIÓN Y DISTINCIÓN
5
De hecho, en determinadas situaciones, la misma persona puede poner en acto ambas dimensiones de un
par identitario, especialmente en contextos performativos (p. ej., Pagliai y Farr, 2000).
Bucholtz & Hall: Identidad e interacción | 14
Hodges nota que la repetida yuxtaposición de los nombres Al Qaeda y Saddam Hussein en este y
otros discursos establece por sí misma una base discursiva para la producción de adecuación entre
ambas entidades. Más aun, el marco (framing, en inglés) de ambos como moral y políticamente
equivalentes —por ejemplo, como un “peligro” (línea 3) o una “amenaza” (línea 8)— adecúa a
Al Qaeda con el gobierno iraquí, representado en la persona de Saddam Hussein; de hecho, Bush
sugiere que la principal diferencia entre estas dos entidades amenazadoras es una de grado y no
de tipo. La crudeza de tales estrategias retóricas ofrece un ejemplo especialmente extremo de
adecuación, demostrando cómo los hablantes —y aquí, por extensión, gobiernos enteros— no se
posicionan a sí mismos sino a otros como suficientemente similares para un propósito
determinado, como el de identificar un blanco para un ataque militar.
La contraparte de la adecuación, la distinción, se enfoca en la relación identitaria de
diferenciación.6 La abrumadora mayoría de la investigación lingüística sociocultural sobre la
identidad ha enfatizado esta relación, tanto porque la diferenciación social es un proceso
altamente visible, como porque el lenguaje es un recurso especialmente potente para producirla
de diversas maneras. Tal como la adecuación se basa en la supresión de las diferencias sociales
que puedan interferir en una representación sin fisuras de la similitud, la distinción depende de la
supresión de las similitudes que puedan socavar la construcción de la diferencia.
Debido al hecho de que la distinción es una relación identitaria tan familiar, solo proporcionamos
una pequeña ilustración de cómo opera. Los procesos de diferenciación social pueden hallarse en
algún grado en todos los ejemplos anteriormente vistos, pero aquí retomaremos el ejemplo (6), la
conversación en el mercado de Tonga. Esta interacción ofrece una clara muestra de adecuación
con el cosmopolitismo angloparlante. No solo eso, sino que por medio de los mismos recursos,
también se produce distinción. Besnier señala que el uso que hace la vendedora de las vocales
centralizadas similares a las del neozelandés crea una relación de distinción respecto de otros
tonganos: “Ella también se distancia a sí misma del inglés con acento tongano (con alguna
dificultad en el nivel de la sintaxis) y de todo lo que eso representa en el contexto neozelandés,
incluyendo el estigma de ser un ‘isleño’ de clase baja, cuyas vocales nunca se centralizan” (2004:
32). En este ejemplo, incluso una leve semejanza lingüística a la variedad transnacional
prestigiosa de inglés es suficiente para alinear a la vendedora tongana de ropa occidental de
6
Tomamos el término distinción de Pierre Bourdieu (1984), cuya conceptualización se refiere a la
producción de diferencias de clase por parte de miembros de la burguesía. Ampliamos su alcance para
incluir cualquier proceso de diferenciación social.
Bucholtz & Hall: Identidad e interacción | 15
segunda mano con la modernidad y, simultáneamente, separarla de una identidad local de clase
baja.
AUTENTICACIÓN Y DESNATURALIZACIÓN
El segundo par de relaciones, autenticación y desnaturalización, son los procesos mediante los
cuales los hablantes realizan afirmaciones sobre lo real y lo artificial, respectivamente. Si bien
ambas relaciones se vinculan a la autenticidad, la primera se enfoca en las formas como las
identidades se verifican discursivamente, y la segunda, en cómo lo que asumimos sobre la
constancia de una identidad puede ser afectado. De manera similar al enfoque sobre la distinción,
el interés en la autenticidad —es decir, en qué tipos de lenguas y usuarios cuentan como
“genuinos” para un propósito determinado— ha penetrado en la literatura sobre lingüística
sociocultural, aunque los analistas no siempre han separado sus propios supuestos acerca de la
autenticidad de las de los hablantes que estudian (Bucholtz, 2003). Llamamos la atención no sobre
la autenticidad como una esencia inherente, sino sobre la autenticación como un proceso social
que se juega en el discurso. La interacción que hemos seleccionado para ilustrar este fenómeno
se toma del análisis de Bauman (1992) sobre las leyendas islandesas acerca del kraftaskáld, un
poeta al que se le atribuyen poderes mágicos. En su análisis de este género narrativo como
polifónico y dinámico, Bauman apunta al inicio y el cierre de la narración como lugares donde el
narrador autentica no solo su historia sino también se autentica a sí mismo como relator:
(8) (Bauman, 1992: 130)
HÖE 1 Voru nokkrir fleiri. . . voru fleiri kraftaskáld talin Þarna í Skagafirði?
¿Algunos otros… algunos otros eran considerados kraftaskálds en Skagafjord?
Bauman observa que el nivel de detalle de la cadena de la narración a través de la cual el narrador
escuchó la historia también proporciona evidencia sobre su derecho a contarla, autenticando así
tanto la narrativa como su identidad interaccional en tanto narrador de esta. Bauman describe este
proceso, al que denomina tradicionalización, como “un acto de autenticación parecido a la
Bucholtz & Hall: Identidad e interacción | 16
autenticación de una antigüedad por parte del vendedor de arte mediante el trazado de su
procedencia” (1992: 137). Esta útil metáfora subraya la dimensión temporal de la autenticación,
que a menudo descansa en un pretendido lazo histórico con un pasado venerado.
En la desnaturalización, por el contrario, se subvierten tales postulados sobre la inevitabilidad o
el derecho inherente a las identidades. Aquello hacia lo cual se llama la atención, más bien, son
las formas en las que se confecciona, fragmenta o falsea la identidad. Tales aspectos con
frecuencia emergen en la performance paródica y en algunos despliegues de una identidad híbrida
(p. ej., Bucholtz, 1995; Jaffe, 2000; Woolard, 1998), pero pueden también aparecer cuando una
identidad viola las expectativas ideológicas (p. ej., Barrett 1999; Rampton, 1995).
Como un ejemplo de desnaturalización, nos remitimos ahora al trabajo de Benjamin Bailey (2000)
sobre una identidad de este tipo: la de los dominicano-estadounidenses. Bailey apunta que en el
contexto racial de los Estados Unidos, las identidades de los dominicano-estadounidenses basadas
en la propia lengua, como las hispánicas (o “de habla castellana”), están siendo desplazadas por
percepciones ideológicamente motivadas de su identidad como afroamericanos o como negros,
sobre la base de su fenotipo. En el ejemplo (9), dos jóvenes dominicano-estadounidenses en una
escuela secundaria de Rhode Island, Wilson y JB, conspiran de manera bromista en contra de una
compañera de clase surasiático-estadounidense, Pam, para convencerla de que Wilson es negro y
no hispano:
AUTORIZACIÓN Y DESLEGITIMACIÓN
las fuertes expresiones de apoyo a la posición de Bush por parte de la opinión pública posteriores
a su discurso).
Las estructuras de autoridad no necesitan ser tan abarcadoras como en esta situación. En nuestro
último ejemplo, demostraremos cómo las dinámicas interaccionales pueden fortalecer las
estructuras ideológicas, incluso en ausencia de una figura poderosa de autoridad. Este es el tipo
de proceso que Antonio Gramsci (1971) llama hegemonía. El ejemplo (10) proviene del estudio
multisituado de Joseph Park (2004) acerca de las ideologías sobre el inglés en Corea. Park muestra
que estas ideologías permean las interacciones cotidianas en una variedad de contextos. El
ejemplo (10) ilustra una de estas ideologías: aquella que postula que, en cierta forma, es
culturalmente inapropiado o al menos no-coreano hablar inglés fluidamente. El ejemplo tiene
lugar entre un grupo de estudiantes nativos de Corea que asisten a una escuela de posgrado en
Estados Unidos. Los hablantes se burlan de un amigo coreano que no está presente, quien ha
dejado un mensaje en la contestadora telefónica de uno de los participantes, en el que usa una
pronunciación americanizada de la palabra Denver.
(10) (tomado de Park, 2004; transcripción ligeramente simplificada)
24 Hyeju: <@[/tɛnvʌ=r-/]-ga eodi-ya?@>
Denver-SUB dónde-IE
“¿Dónde está Denver ([tɛnvʌ=r])?”
25 Junho: /tɛnvʊ=r/-e iss-[<@eo@>]@
Denver-LOC existir-IE
“Yo estoy en Denver ([tɛnvʌ=r]).”
26 Hyeju: /[tɛn]bʌ/ ani-gu /tɛnvʌ=r/-ga eodi-ya <@ileohge@>
Denver NEG-CON Denver-SUB donde-IE como:eso
“¿Dónde está Denver ([tɛnvʌ=r]), no Denver ([tɛnbʌ])?”. Algo así.
27 Todos: @@@@
28 Junho: /tɛnvʊ=r/-eseo mweo hae-ss-eulkka @@@
Denver-LOC qué hacer-PST-IR
¿Qué hizo él en Denver ([tɛnvʊ=r])?
29 Todos: @@@@@@
Aquí las reiteraciones de las formas [tɛnvʌr] y [tɛnvʊr] con exagerado alargamiento de la segunda
sílaba, acompañadas de las frecuentes risas (marcadas por @) señalan la creencia de los hablantes
de que tal pronunciación es inapropiada para un hablante coreano. En la línea 26, Hyeju contrasta
esta pronunciación inaceptablemente americanizada con la realización coreana usual de la
palabra, [tɛnbʌ].
Aludiendo a una misma ideología lingüística nacional sobre la coreanidad, estos hablantes
deslegitiman la inapropiada identidad americana que, desde su punto de vista, está proyectando
la pronunciación de su amigo.
Las tácticas de intersubjetividad subrayadas aquí no solo llaman la atención sobre la base
intersubjetiva de la identidad, sino que también proveen una muestra de las diversas maneras en
que la relacionalidad opera en el discurso. La relacionalidad opera en distintos niveles. Como
muchos lingüistas socioculturales ya han notado, incluyendo a muchos cuyos trabajos han sido
citados líneas atrás, incluso los géneros pensados tradicionalmente como monológicos son
fundamentalmente interaccionales. Ya sea que nuestro interlocutor sea una tongana de clase baja
o el mundo entero, los anteriores ejemplos nos muestran que las identidades emergen solo en
relación a otras identidades en el contingente marco de la interacción.
EL PRINCIPIO DE PARCIALIDAD
Bucholtz & Hall: Identidad e interacción | 19
El último principio que presentaremos en este trabajo proviene de una voluminosa literatura en
antropología cultural y teoría feminista que, en las dos últimas décadas, ha desafiado aquella
tendencia analítica que representaba las formas de la vida social como internamente coherentes.
Este cuestionamiento, inspirado por la crítica posmoderna de las grandes narrativas totalizadoras
características de las generaciones previas, nace a partir de la observación etnográfica de que
todas las representaciones de la cultura son necesariamente “explicaciones parciales” (Clifford y
Marcus, 1986). Esta idea ha sido central desde hace mucho tiempo en los análisis feministas, así
como en el temprano trabajo de etnógrafas mujeres que precedieron al feminismo de la segunda
oleada en la década de 1970, en los que existe un compromiso ético para reconocer el carácter
situado y parcial de cualquier pretensión de conocimiento (véase Behar y Gordon, 1995;
Visweswaran, 1994). El compromiso feminista en torno a la necesidad de explicitar la posición
de una misma como investigadora antes que ocultar la propia presencia en el proceso de
investigación ⸺una práctica que hace eco de las políticas de localización en la etnografía
reflexiva⸺ ha puesto de manifiesto el hecho de que la realidad es en sí misma intersubjetiva por
naturaleza y está construida a través de las particularidades del yo y del otro en cualquier
intercambio situado. Esta idea calza bien con las teorizaciones posmodernas de la identidad como
un fenómeno fracturado y discontinuo, ya que, como ha anotado la antropóloga Kamala
Visweswaran, “[l]as identidades se constituyen por el contexto y se reafirman como entidades
parciales” (1994: 41).
Mientras que la crítica etnográfica se ha interesado más en la parcialidad construida por un tipo
de relación identitaria —aquella de investigador y sujeto—, nuestro quinto principio busca
capturar no solo esta dinámica, sino toda la diversidad de maneras en que la identidad rebasa el
yo individual. Debido a que la identidad es inherentemente relacional, siempre será parcial,
producida por configuraciones contextual e ideológicamente informadas del yo y del otro. Incluso
los despliegues de identidad que aparecen como más coherentes, como aquellos que se plantean
como deliberados e intencionales, dependen de restricciones interaccionales e ideológicos para su
articulación:
5. Cualquier construcción identitaria puede ser parcialmente deliberada e intencional,
parcialmente habitual y, por tanto, a menudo no plenamente consciente, parcialmente
resultado de la negociación y la disputa interaccional, parcialmente resultado de las
percepciones y representaciones de los otros, y parcialmente efecto de procesos
ideológicos y estructuras materiales más amplios, que pueden ser relevantes en la
interacción. En consecuencia, siempre estará cambiando, tanto a medida que se desarrolla
la interacción como a través de distintos contextos discursivos.
Determinados tipos de análisis a menudo ponen en primer plano alguno de estos aspectos sobre
los otros. Sin embargo, las ricas posibilidades de la amplia investigación interdisciplinaria que
incluimos bajo la rúbrica de lingüística sociocultural se realizan más plenamente cuando se
consideran múltiples dimensiones de la identidad en un análisis o cuando se reúnen análisis
complementarios.
El principio establecido anteriormente ayuda a resolver una cuestión central y de larga data en
relación con la investigación sobre la identidad: el grado en que esta se entiende como algo que
depende de la agencia. Desde un enfoque interaccional de la identidad, el papel de la agencia se
vuelve problemático solo cuando se la concibe como situada en el interior de un sujeto racional e
individual que construye conscientemente su identidad sin restricciones estructurales. Numerosas
líneas de la teoría social, desde el marxismo hasta el postestructuralismo, han criticado con razón
esta noción de agencia, pero la letanía de cualidades dudosas asociadas al sujeto autónomo
funciona ahora más como una caricatura que como una crítica sobre la forma actual de entender
la agencia. De hecho, los investigadores actuales, particularmente dentro de la lingüística
sociocultural, han encontrado formas de teorizar la agencia que evitan los peligros identificados
Bucholtz & Hall: Identidad e interacción | 20
por los críticos y explotan su utilidad para el trabajo sobre la identidad. Los lingüistas
socioculturales no suelen preocuparse por calibrar el grado de autonomía o intencionalidad de un
acto determinado; más bien, la agencia se ve, de manera más productiva, como la realización de
la acción social (cf. Ahearn, 2001). Esta forma de pensar sobre la agencia es vital para cualquier
disciplina que desee considerar toda la complejidad de los sujetos sociales junto con las
estructuras de poder que los limitan. Sin embargo, la noción es especialmente importante para la
lingüística sociocultural, ya que el propio uso del lenguaje es en sí mismo un acto de agencia
(Duranti, 2004). Desde esta definición, la identidad es un tipo de acción social que la agencia
puede realizar.
Tal definición de agencia no requiere que la acción social sea intencional, pero permite esa
posibilidad; las acciones habituales llevadas a cabo debajo del nivel de la conciencia actúan sobre
el mundo igual que aquellas que se realizan deliberadamente. Del mismo modo, la agencia puede
ser el resultado de la acción individual, pero también puede distribuirse entre varios actores
sociales y, por tanto, ser intersubjetiva. El fenómeno de lo que podría denominarse agencia
distribuida, aunque no tan bien documentado como el de la cognición distribuida (Hutchins,
1995), ha comenzado a recibir atención en algunas áreas de la lingüística sociocultural, a menudo
bajo el rótulo de actividad conjunta (joint activity) o co-construcción (p. ej., Eckert y McConnell-
Ginet, 1992; C. Goodwin, 1995; M. Goodwin, 1990; Ochs y Capps, 2001). Finalmente, la agencia
puede ser atribuida mediante las percepciones y representaciones de los otros o asignada mediante
ideologías y estructuras sociales. Como hemos enfatizado a lo largo de este artículo, no se trata
de elegir uno de estos aspectos de la identidad sobre los demás, sino de considerar cómo pueden
trabajar unos con otros (o contra otros) en el discurso.
La visión interaccional que tomamos aquí tiene el beneficio añadido de deshacer la falsa
dicotomía entre estructura y agencia que ha plagado durante mucho tiempo la teoría social (véase
la discusión de Ahearn, 2001). Por un lado, es solo mediante la interacción discursiva que surgen
estructuras sociales a gran escala; por otro lado, incluso las conversaciones cotidianas más
mundanas se ven afectadas por construcciones ideológicas y materiales que producen relaciones
de poder. Así, tanto la estructura como la agencia están entrelazadas como componentes de
articulaciones identitarias, tanto a nivel micro como macro.
Conclusión
sociocultural desde hace algún tiempo, pocos estudiosos han teorizado explícitamente el
concepto. El presente artículo ofrece una manera de entender este cuerpo de trabajo anclando la
identidad en la interacción. Al plantear, de acuerdo con la investigación reciente, que la identidad
es un fenómeno emergente en el discurso y que no lo precede, somos capaces de ubicarla como
un hecho social y cultural que se alcanza intersubjetivamente. Este enfoque discursivo nos
permite, además, incorporar dentro de la identidad no solo las categorías sociales amplias que se
asocian más comúnmente con el concepto, sino también posicionamientos más locales, tanto
etnográficos como interaccionales. Los recursos lingüísticos que producen indexicalmente la
identidad en todos estos niveles son, por necesidad, amplios y flexibles, e incluyen etiquetas,
implicaturas conversacionales, posturas (stances), estilos y lenguas y variedades enteras. Como
estas herramientas se usan en interacciones, el proceso de construcción identitaria no reside en el
individuo sino en las relaciones intersubjetivas de similitud y diferencia, realismo y falsedad,
poder y desempoderamiento. Finalmente, al teorizar la agencia como un fenómeno más amplio
que la acción deliberada e individual, somos capaces de prestar atención a toda la gama de formas
en que la identidad surge, desde la práctica cotidiana, pasando por las negociaciones
interaccionales, hasta las representaciones e ideologías.
No es exagerado afirmar que estamos en la era de la identidad, no solo en la lingüística
sociocultural sino, de manera más general, en las ciencias sociales y humanas. Los académicos
que trabajan sobre el uso del lenguaje están particularmente bien equipados para ofrecer un
acercamiento empíricamente viable a las complejidades de la identidad como un fenómeno social,
cultural y más fundamentalmente interaccional. Reconocer la flexible coalición de
aproximaciones que llamamos lingüística sociocultural es un paso necesario para lograr este
objetivo, porque solo entendiendo que nuestras diversas teorías y métodos son complementarios
y no excluyentes, podremos interpretar de manera significativa esta dimensión crucial de la vida
social contemporánea.
REFERENCIAS
Ahearn, L. (2001). ‘Language and Agency’, Annual Review of Anthropology 30: 109–137.
Austin, J. L. (1962). How to Do Things with Words. Cambridge, MA: Harvard University
Press.
The Gendered Self in Discourse, pp. 313–31. Nueva York: Oxford University Press.
Bauman, R. (1977). ‘Verbal Art as Performance’, en Verbal Art as Performance, pp. 3–58.
Prospect Heights, Illinois: Waveland Press.
Bell, A. (1984). ‘Language Style as Audience Design’, Language in Society 13: 145–204.
Blyth, C., Recktenwald, S. y Wang, J. (1990). ‘I’m Like, “Say What?!”: A New Quotative
in American Oral Narrative’, American Speech 65(3): 215–227.
Bucholtz, M. (1995). ‘From Mulatta to Mestiza: Passing and the Linguistic Reshaping of
Ethnic Identity’, en K. Hall y M. Bucholtz (eds.). Gender Articulated: Language and the
Socially Constructed Self, pp. 351–73. Nueva York: Routledge.
Bucholtz, M. (1999a). ‘You da Man: Narrating the Racial Other in the Linguistic Production of
White Masculinity’, Journal of Sociolinguistics 3(4): 443–460.
Bucholtz, M. and Hall, K. (2004b) ‘Theorizing Identity in Language and Sexuality Research’,
Language in Society 33(4): 501–547.
Butler, J. (1990) Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity. Nueva York:
Routledge.
Bybee, J. y Hopper, P. (eds.) (2001). Frequency and the Emergence of Linguistic Structure.
Amsterdam: John Benjamins.
California Style Collective (1993). ‘Personal and Group Style’, ponencia presentada en la
reunion annual de la conferencia New Ways of Analyzing Variation, Ottawa.
Cameron, D. (1997). ‘Performing Gender Identity: Young Men’s Talk and the Construction
of Heterosexual Masculinity’, en S. Johnson and U.H. Meinhof (eds.). Language and
Masculinity, pp. 47–64. Oxford: Basil Blackwell.
Chun, E. W. (2001). ‘The Construction of White, Black, and Korean American Identities
through African American Vernacular English’, Journal of Linguistic Anthropology
11(1): 52–64.
Clifford, J. y Marcus, G. E. (eds.) (1986). Writing Culture: The Poetics and Politics of
Ethnography. Berkeley: University of California Press.
Cutler, C. A. (1999). ‘Yorkville Crossing: White Teens, Hip Hop, and African American
English’, Journal of Sociolinguistics 3(4): 428–442.
Eckert, P. (2004). ‘Sound Change and Gendered Personae on the Preadolescent Social
Market’, ponencia presentada en la tercera conferencia de la International Gender and Language
Association, Cornell University, Nueva York.
University Press.
Ehrlich, S. (2001). Representing Rape: Language and Sexual Consent. Nueva York: Routledge.
Fenstermaker, S. y West, C. (eds.) (2002). Doing Gender, Doing Difference: Social Inequality,
Power, and Resistance. Nueva York: Routledge.
Fishman, J. A. (ed.) (1971). Advances in the Sociology of Language. 2 vols. The Hague:
Mouton.
Ford, C. E., Fox, B. A. y Thompson, S. A. (eds.) (2002). The Language of Turn and Sequence.
Oxford: Oxford University Press.
Gaudio, R. P. (1997). ‘Not Talking Straight in Hausa’, en A. Livia y K. Hall (eds.). Queerly
Phrased: Language, Gender, and Sexuality, pp. 416–29. Nueva York: Oxford University Press.
Gramsci, A. (1971). Selections from the Prison Notebooks. Nueva York: International
Publishers.
Hall, K. (1997). ‘“Go Suck Your Husband’s Sugarcane!”: Hijras and the Use of Sexual
Insult’, en A. Livia y K. Hall (eds.). Queerly Phrased: Language, Gender, and Sexuality, pp.
430–60. Nueva York: Oxford University Press.
Hewitt, R. (1986). White Talk Black Talk: Inter-Racial Friendship and Communication amongst
Adolescents. Cambridge: Cambridge University Press.
Hodges, A. (s. f.). ‘“The Battle of Iraq”: The Adequation of Saddam Hussein and Osama
Bin Laden in the Bush War on Terror Narrative’, manuscrito.
Hopper, P. (1987). ‘Emergent Grammar’, Proceedings of the Berkeley Linguistics Society 13:
139–157.
Hunston, S. y Thompson, G. (eds.) (2000). Evaluation in Text: Authorial Stance and the
Construction of Discourse. Oxford: Oxford University Press.
Inoue, M. (2004). ‘What Does Language Remember?: Indexical Inversion and the
Naturalized History of Japanese Women’, Journal of Linguistic Anthropology 14(1):
39–56.
Jaffe, A. (2000). ‘Comic Performance and the Articulation of Hybrid Identity’, Pragmatics
10(1): 39–59.
Kitzinger, C. (s. f.) ‘Speaking as a Heterosexual: (How) Does Sexuality Matter for Talk-in-
Interaction?’, manuscrito.
Kroskrity, P. V. (ed.) (2000). Regimes of Language: Ideologies, Polities, and Identities. Santa
Fe: School of American Research Press.
Labov, W. (1963). ‘The Social Motivation of a Sound Change’, Word 19: 273–309.
Labov, W. (1966). The Social Stratification of English in New York City. Washington, DC:
Center for Applied Linguistics.
Manalansan, M. F. (2003). Global Divas: Filipino Gay Men in the Diaspora. Durham: Duke
University Press.
Ochs, E. and Capps, L. (2001). Living Narrative: Creating Lives in Everyday Storytelling.
Cambridge: Harvard University Press.
Pagliai, V. y Farr, M. (eds.) (2000). Pragmatics 10(1). Special issue: Art and the Expression
of Complex Identities: Imagining and Contesting Ethnicity in Performance.
Park, J. S.-Y. (2004). ‘Globalization, Language, and Social Order: Ideologies of English in
South Korea’, tesis no publicada, University of California, Santa Barbara.
Piller, I. (2002). ‘Passing for a Native Speaker: Identity and Success in Second Language
Learning’, Journal of Sociolinguistics 6(2): 179–206.
West, C. y Zimmerman, D. H. (1987). ‘Doing Gender’, Gender and Society 1(2): 125–151.