DEFINICIÓN CONCEPTUAL Y CARACTERÍSTICAS ESPECÍFICAS DE LA ENTREVISTA EN EL
ACOMPAÑAMIENTO TERAPÉUTICO
Generalidades
Entre las definiciones más conocidas de entrevista están la de Sullivan y la de Pope en las cuales se
recogen los siguientes aspectos: una conversación y/o relación interpersonal entre dos o más
personas, con unos objetivos determinados, en la que alguien solicita ayuda y otro la ofrece, lo
que configura una diferencia explícita de roles en los intervinientes. Estos roles marcan una
relación asimétrica, puesto que uno es el experto, el profesional, y otro es el que necesita de su
ayuda.
La entrevista se caracteriza por ser una técnica previa a cualquier modalidad de intervención,
imprescindible en el proceso de evaluación por la cantidad de información y conocimiento
personal que aporta del sujeto en un breve espacio de tiempo. Se desarrolla a través de una
conversación con una finalidad, ya que se centra en la demanda del sujeto, en la explicación de su
vulnerabilidad. La información que aporta el sujeto plantea desde su punto de vista cuál es la
elaboración personal de los acontecimientos por los que consulta.
Dentro del ejercicio del Acompañamiento Terapéutico, nos vemos inmersos a recurrir a esta
técnica en varias oportunidades y con varios protagonistas: Con el profesional o equipo tratante
del caso, con el acompañado o futuro acompañado, su familia, instituciones, grupo de pares.
Tipos de entrevista
Por el grado de estructuración
Estructurada : el entrevistador se ajusta a un guión preestablecido y generalmente
estandarizado a la hora de formular las preguntas. Dentro de esta existen dos
modalidades importantes: la entrevista mecanizada, en la que el acompañado se
sitúa ante un ordenador para responder a las preguntas, y el cuestionario guiado
por el entrevistador, donde el acompañado va respondiendo al interrogatorio del
examinador o contesta por sí mismo, pudiendo preguntar las dudas.
Semiestructurada: el AT tiene un guión previo con Cierto grado de libertad para
proponer cuestiones al momento durante la entrevista.
Libre: el AT permite hablar al entrevistado en función de sus propias necesidades,
formulando preguntas abiertas, de amplio espectro.
Por la finalidad
Entrevista diagnóstica : Son las entrevistas orientadas a establecer un diagnóstico
posterior sobre un acompañado ante una situación puntual que se consulta. Suele ir
postreencuadre Acompañada de otros instrumentos de evaluación que permiten
contrastar lo recogido en la entrevista (historias clínicas, epicrisis, informes, etc).
Entrevista consultiva : el objetivo prioritario es dar respuesta a una pregunta en relación a
un tema específico. Suele tener un objetivo focal, con una finalidad muy concreta, en la
que el o los entrevistados no van proseguir con un trabajo clínico posterior. Entrevistas
terapéuticas y de consejo: tienen por finalidad operar un cambio en una dirección
acordada por ambos, entrevistador y entrevistado (reencuadre)
Entrevista de investigación: tiene como objetivo determinar en función de criterios
previamente definidos la adscripción o no de un sujeto a la propia investigación. También
conocer, comprobar, confirmar y abrir nuevas vías de conocimiento de vulnerabilidades en
un sentido amplio.
En función de la temporalidad del proceso
Entrevista inicial: es aquella que abre el proceso relacional y que identifica el objeto y
objetivos de dicha reunión encuadrando un tipo de interacción entre AT y
acompañado/familia.
Entrevistas de información complementaria: aquellas que se realizan para conocer más
datos o de manera más completa al acompañado con el que se está trabajando. En esta
categoría entran entrevistas con los familiares del acompañado, con profesionales
externos, etc.
Entrevista sobre la biografía del acompañado o anamnesis: se recorren los hitos evolutivos
más significativos del proceso de maduración, se comprueba cómo ha ido el desarrollo
temprano, la progresiva autonomía e independencia. Generalmente se sigue un esquema
ordenado por áreas de desarrollo y organizado cronológicamente.
Entrevista de devolución: En ella el AT ofrece información elaborada sobre los objetivos
terapéuticos propuestos, el posible pronóstico y sobre los recursos y estrategias
terapéuticas que se plantean. Requiere un entrenamiento específico.
Entrevista de alta : el objetivo es despedir física y administrativamente al acompañado y
cerrar o derivar el caso.
En función de la edad del entrevistado
Entrevista a niños y adolescentes: es una categoría amplia, que por lo general se considera
que son sujetos que no piden ayuda por sí mismos, sino que la demanda proviene de los
adultos, padres, profesores… y éstos suelen ser parte implicada en el problema y en la
resolución del mismo. Las capacidades cognitivas, emocionales y verbales de los niños y
adolescentes obligan al AT a una adaptación muy personalizada de cada caso, superior a la
que se precisa para la relación con los adultos. El conocimiento de las características
evolutivas y la experiencia profesional con sujetos infantiles son imprescindibles para
trabajar con esta técnica.
Entrevistas con adultos : las situaciones planteados por los adultos dependen, en parte, de
la génesis evolutiva del ser humano.
Entrevistas con ancianos y personas con cierto deterioro: requieren un
entrenamiento específico en orden al tipo de relación que se establece al tipo del
lenguaje y modo de preguntar, a los objetivos de cambio que se pueden conseguir, a los
apoyos económicos, sociales y emocionales con los que estas personas cuentan.
Etapas De la entrevista
Pre-entrevista Los profesionales AT en su trabajo público o privado no reciben a un acompañado
directamente, sino que existe algún otro profesional que recepciona la solicitud de consulta.
Cuando se recibe a un acompañado se conoce de él al menos el motivo de consulta y algún
otro dato más. Generalmente y lo ideal, es que exista una derivación profesional, en donde se
haya tomado nota de los datos personales, del motivo de la consulta y ponga a disposición una
historia clínica con establecimiento de por lo menos un objetivo terapéutico general a
desarrollar como AT.
Así en la preentrevista se recoge información sobre:
Acompañado: se anota quién llama, si es el propio acompañado o alguna otra persona en
su nombre, sus años y datos para contactar con él.
Motivo de la consulta.
Referente
ENTREVISTA
Primera fase de mutuo conocimiento
Hay tres aspectos básicos en esta primera parte de la entrevista: contacto físico, saludos sociales y
tentativas de conocimiento mutuo. En esta fase se suceden los saludos y las presentaciones. Se
aconseja que la actitud acogedora, cálida y empática se cuiden con esmero, así como la
comunicación no verbal. El clima de confianza va a ser determinante y va a condicionar el proceso
de la entrevista. Tras el momento de saludos se toma asiento y se indica al paciente cuál es Se
abre la entrevista clarificando los objetivos de la misma, el tiempo que vamos a invertir y el
conocimiento que tenemos de su demanda.
Segunda fase de exploración e identificación del problema
Esta fase es el cuerpo de la entrevista, en el que el consultante explica su demanda, formula un
problema y solicita una ayuda, por lo que el AT deberá realizar un análisis de las demandas, quejas
y metas. Aquí el AT trata de escuchar, observar y preguntar adecuadamente para ir elaborando los
objetivos terapéuticos específicos que deberá ir confirmando o rechazando a lo largo del proceso
terapéutico a fin de dar posteriormente respuesta a la demanda del acompañado.
El tiempo que transcurre desde que el acompañado/familia explica lo que le preocupa hasta que el
AT clarifica e identifica la naturaleza e importancia de la vulnerabilidad y elabora las hipótesis
pertinentes no es homogéneo, pero en general una entrevista no suele durar más de 50 o 60
minutos, por lo que esta fase suele ocupar alrededor de 40 minutos más o menos.
La actuación del AT en este tiempo es la de observar, escuchar y vivenciar la conducta del
acompañado, atendiendo a sus verbalizaciones, a la comunicación no verbal, elaborando objetivos
terapéuticos y recursos, y tratando de alcanzarlos progresivamente y a medida que avanza el
proceso terapéutico. Además utilizará estrategias comunicacionales a fin de conseguir los
objetivos.
En esta fase el AT debe dejar constancia de cuál es su rol, guiar al acompañado/familia en el
desarrollo de la entrevista y utilizar sus conocimientos y experiencia sobre técnicas y habilidades
comunicacionales a fin de conseguir los objetivos que pretende. Es la fase en la que se intenta
lograr una comprensión de la vulnerabilidad. Antes de pasar a la siguiente fase, conviene que el AT
haga una síntesis de los problemas planteados y se los formule de forma breve al
acompañado/familia a fin de obtener un feedback comprensivo, para clarificar la consulta y es el
punto de partida para proseguir el trabajo terapéutico posterior.
Tercera fase – despedida
Los tres aspectos básicos de esta última parte de la entrevista son: encuadre o plan de trabajo,
nueva cita y despedida física. Conviene antes de despedirse, clarificar con el acompañado/familia
cuál va a ser el modo de trabajo que se va a realizar en los próximos encuentros, horarios, coste
económico, lugar de trabajo. Esta fase final es bastante diferente de unos acompañados o
familiares a otros.
Primera entrevista con el Acompañado/familia
Es una técnica que recoge abiertamente la petición de ayuda del entrevistado. No se buscan sólo
datos precisos y contrastados de las vulnerabilidades, sino información acerca de cómo percibe el
propio sujeto el malestar por el que consulta. Esta información es por un lado amplia y general y
por otro específica y concreta, lo que convierte a esta técnica en un instrumento insustituible del
encuadre.
En la primera entrevista, se funda y origina el proceso terapéutico, o se aborta.
La finalidad del Acompañante Terapéutico entrevistador es identificar y clarificar la demanda,
comprender las vulnerabilidades y sentimientos del demandante y paralelamente reconocer los
puntos resilientes en él y/o su grupo de vinculación, elaborar las hipótesis pertinentes sobre la
consulta a fin de proponer estrategias de resolución y objetivos terapéuticos a corto y largo plazo
o generales y específicos además de una adaptación o promoción de salud en su calidad de vida.
Pero la prioridad del AT en la primer entrevista con el futuro acompañado es el establecimiento de
la relación AT-Acompañado. Objetivo que gravita sobre los recursos y habilidades técnicas del AT y
de modo fundamental, sobre sus capacidades y habilidades para establecer relaciones
Interpersonales. A saber: capacidad empática, comprensión, creatividad, sentido común (es decir,
control de arbitrariedad), espontaneidad para actuar fuera de lo planeado, inteligencia, juicio
adaptativo, recursos emocionales, intuición (que permite distinguir lo importante de lo
secundario), etc.
Para ambas partes es el punto de partida de la relación terapéutica, a partir del cual se limitan y
orientan las demandas del que consulta. La información aportada por el entrevistado se convierte
en el foco de referencia. Sobre esta primera información se organizan otros nuevos datos que
permiten completar las hipótesis y las alternativas de actuación posterior. Esta relación se inicia
con un desconocimiento mutuo, por lo que ambos necesitan estrategias de acercamiento y
conocimiento para establecer las bases de una adecuada relación. Pero sobre el que dirige la
entrevista, recae la responsabilidad de recabar información para lograr un conocimiento del futuro
acompañado y de su entorno en un breve espacio de tiempo.
La entrevista inicial de evaluación para el inicio de un Acompañamiento Terapéutico se enmarca
en una relación asistencial, de ayuda, lo que para Álvarez y Hersen significa que por una parte los
personajes involucrados no actúan desde sí mismos, sino que actúan en función de un modelo de
trabajo clínico, y por otra, la idea de la ayuda que se quiere brindar responde también a la actitud
del examinador en relación a su rol, es decir, al modelo teórico que él tiene sobre lo que significa
ser un Acompañante Terapéutico que ofrece sus servicios.
Bassols y Kvale señalan como una de las características propias de esta técnica que se trata de una
relación interpersonal que conlleva la influencia recíproca en los individuos implicados, y cuanto
más significativa sea esa relación más intenso es el efecto provocado en el interlocutor. Es una
influencia bidireccional denominada también retroalimentación inmediata, y da lugar a que el
control de las variables de la entrevista sea muy difícil. Esta relación interpersonal funciona como
una gestalt, ya que intervienen todos los aspectos de la realidad personal y situacional de los
participantes.
También es específico de esta técnica la flexibilidad que adquiere el desarrollo de la misma, ya que
el examinador debe adaptarse a las características propias del entrevistado a lo que ocurre en el
aquí y ahora. Permite observar en directo la conducta del acompañado, sin embargo, ninguna
entrevista agota el repertorio de conductas de una persona, sino que emergen segmentos de la
misma.
Objetivos de la primera entrevista con el acompañado/familia
Los objetivos de la entrevista inicial varían de algún modo en función del modelo teórico del AT,
pero existe un acuerdo en considerar que deberían tenerse en cuenta los siguientes:
Guiar la entrevista al objetivo establecido.
Establecer un buen rapport (clima de confianza).
Percibir al acompañado tal y como es, atendiendo a sus conductas verbales y no verbales y
registrar el grado de coherencia entre ambas.
Características de un buen entrevistador
Ser un buen entrevistador requiere características actitudinales, habilidades de escucha y
estrategias en el manejo de las verbalizaciones.
Actitudes fundamentales del entrevistador
Empatía
La empatía es la capacidad del AT para comprender al acompañado en sus preocupaciones
cognitivas y emocionales, y ser capaz de transmitir al acompañado dicha comprensión. Es un
camino de ida y vuelta en el que se genera un feedback receptivo-expresivo. Bleger lo denominó
“disociación instrumental”, mecanismo cognitivo y emocional utilizado por el AT como
herramienta en su trabajo de evaluación. Esta disociación mantiene al profesional con cierta
división interna. Por una parte el AT muestra una actitud de cercanía emocional con la
vulnerabilidad del acompañado, y por otra se mantiene lo suficientemente distante cognitiva y
emocionalmente como para permitirse pensar sobre lo que escucha y realizar hipótesis
congruentes y válidas.
En esta actitud prima el componente no verbal sobre el verbal. Esto no significa hacer halagos,
ofrecer prematuras seguridades o dejar actuar la compasión. La empatía favorece el
establecimiento del rapport, da confianza al entrevistado y propicia una interacción relacional
genuina y única. Esta actitud empática no interpreta, aunque sí intenta captar los sentimientos
que hay detrás de las palabras del que habla, no valora, ni juzga, sino que respeta la libertad del
otro, y tampoco trata de aconsejar o consolar de forma prematura e indiscriminada.
Ser empáticos significa: entender los problemas del otro, captar sus sentimientos, ponerse en su
lugar, confiar en su capacidad para salir adelante, respetar su libertad, respetar su intimidad, no
juzgarle, aceptarlo como es, aceptarlo tal y como quiere llegar a ser y ver al otro desde sí mismo, y
no desde nuestras necesidades o problemas. La empatía presupone tres condiciones básicas:
congruencia consigo mismo: vivir como pensamos, aceptación incondicional positiva del otro y
esfuerzo por ponernos en el lugar del otro sin dejar de ser uno mismo.
Calidez
La polaridad entre lejanía y distancia emocional debe ser equilibrada con la cercanía, que consiste
en una aproximación afectiva. Es una actitud de acogida y contención que se transmite tanto en el
lenguaje verbal como no verbal. Con esta actitud cálida se comunica al acompañado la aceptación
positiva del mismo. Se manifiesta mediante la proximidad física, la postura, los gestos, los
refuerzos verbales y otras conductas indicadoras de aceptación. Es una cualidad imprescindible en
un entrevistador.
Competencia
El acompañado debe recibir mensajes que le reaseguren haber consultado con un experto. El AT
mostrará cuando sea necesario y sin hacer ostentación de ello su experiencia en este ámbito de
trabajo, su capacidad de entender al acompañado y de ofrecerle posibilidades de cambio. La
competencia del AT implica conocer sus limitaciones y derivar al acompañado a otro profesional si
considerara que él no es suficientemente competente para trabajar con él.
Flexibilidad y tolerancia
El AT debe saber responder ante situaciones imprevistas sin perder el objetivo que se persigue.
Tiene que ser flexible para adaptarse a la diversidad de personas con las que trabaja. La flexibilidad
y la tolerancia son cualidades imprescindibles en el AT, ya que tiene que trabajar con seres
humanos; la técnica es un medio que hay que flexibilizar a cada acompañado, no es un fin en sí
mismo.
Honestidad y ética profesional
El AT debe trabajar siendo coherente con sus principios, sus valores, su modelo teórico. Esto se
traduce en actuar con honestidad, sinceridad, actitud abierta y honrada. Esto supone por ejemplo,
mostrar respeto al acompañado o familia en todos los aspectos idiosincrásicos y personales que no
entran a formar parte de la valoración terapéutica. El AT informará que trabaja bajo estos
supuestos y que el consentimiento informado, la confidencialidad y la protección de la
información están garantizadas.
Habilidades de escucha
Hay habilidades de escucha que favorecen el desarrollo de la entrevista y que son propiamente
una conducta verbal, como el contacto visual que supone una actitud de acogida, de mirar para
acercar y acoger, no para incomodar; la distancia entre ambos interlocutores que debe reunir las
características de cercanía, pero sin invadir el espacio personal y la sensación de privacidad… Sin
embargo, atendiendo específicamente a la técnica de la entrevista inicial, merecen destacarse las
siguientes habilidades dentro de la escucha:
Dejar hablar: No debemos abusar del uso de la palabra. Según Colombero, la habilidad de escucha
implica dos actitudes fundamentales: la actitud receptiva y la actitud directiva.
Escucha activa: Para Alemany empatía y escucha activa están íntimamente implicados por lo que
considera que algunos términos utilizados por autores que siguen este modelo de relación son
distintas formas de conceptualizar esta escucha activa como un proceso de atención psicológica
interna. Para Rogers los beneficios de la escucha activa son: el acompañado logra progresivamente
una sensación de relajación, crece en él el deseo de seguir hablando de sí mismo, disminuye su
estado de tensión y miedo, se logra ver la situación desde una óptica distinta, es capaz de aceptar
progresivamente estados de ánimo o pensamientos previamente rechazados, permite clarificarse
a sí mismo, ni negarlo ni sobrevalorarlo y propicia experimentar “bienestar emocional” al ser
comprendido y aceptado por otro tal y como uno es.
- Baja reactividad verbal: La baja reactividad del entrevistador o la latencia prolongada es
entendida como el tiempo que tarda en contestar el entrevistador desde que el
entrevistado ha intervenido. Una latencia prolongada favorece la expresión verbal del
entrevistado. Existen estudios confirmados de que la mayor o menor producción verbal del
entrevistado depende en gran parte de la mayor o menor reactividad del entrevistador.
- Silencios instrumentales: El silencio suele ser mal soportado por los entrevistadores
noveles, viviéndolo con tensión y como un fracaso personal. Sin embargo, hay silencios que
favorecen la relación interaccional y promueven en el entrevistado seguir hablando. Se llaman
silencios instrumentales porque están al servicio de la reflexión y comprensión de lo que se está
hablando, promueven profundizar en el tema o desinhibir el bloqueo en la comunicación.
Favorece la escucha y mantiene la presencia del entrevistador y la cercanía con el
entrevistado.
Habilidades comunicacionales: estrategias en el manejo de las verbalizaciones El
evaluador/AT es la persona responsable del manejo de las verbalizaciones propias y
del acompañado. La conducta del entrevistador condiciona la del entrevistado, la
conducta verbal y no verbal de cada uno explicita respuestas diferentes en el otro. Ambos
se realimentan mutuamente en un proceso de feedback progresivo. Por eso el
entrevistador tiene la responsabilidad de manejar adecuadamente las verbalizaciones.
Se ha confirmado que la duración del discurso del entrevistador, las interrupciones y
el tipo de intervenciones modifican el discurso verbal del entrevistado. Las
verbalizaciones cumplen dos funciones fundamentales: preguntar e informar.
Estrategias para explicitar o mantener una comunicación con el paciente
La información solicitada por el examinador tiene que ser acorde al objetivo que les convoca
a ambos.
a) La técnica especular: Se le ha llamado también de eco. Es considerada como una de las que más
facilitan seguir manteniendo una conversación. Tiene componentes no verbales importantes, pero
en lo verbal se expresa con una frase similar a la dicha por el entrevistado o una repetición de su
última frase. Esto permite al entrevistado centrarse y orientarse en el tema que está
tratando. También puede ser un simple cabeceo, una mueca de consentimiento o un
parpadeo confirmatorio. Álvarez denomina a este tipo de técnicas no-inducidas debido a
que las verbalizaciones del entrevistador son neutras, que no comprometen, simplemente
indican a la persona que estamos escuchando
b) Darle la palabra: La técnica del apoyo verbal más común es la basada en frases dichas sin prisas
y con interés. Ej: “Continúe por favor”.
c) Comentarios confirmatorios: Sirven para alentar al acompañado a continuar su discurso. Se le
llama también “expresar aprobación”. Estos comentarios son generalmente verbales, pero los
gestos no verbales pueden ir en el mismo sentido. Ej: “Efectivamente, tenés razón, yo también
creo que los problemas de sueño tienen que ver con la falta de rutinas cotidianas”.
d) Realimentación comunicacional: Es una de las técnicas que más ayuda a la comunicación del
acompañado. Existen varias formas de realimentación. En la realimentación informativa (los
hechos) se trata de repetir lo que el paciente ha dicho para asegurarnos de que hemos entendido
bien. Ej: “Si no he entendido mal, me decían que las cosas se complicaron con el accidente”. La
otra persona comprueba si la información está siendo recibida correctamente y en caso contrario
tiene oportunidad de corregirla. La retroalimentación del comportamiento se da cuando le
decimos al otro las reacciones que producen sus palabras o su comportamiento. Ej: “cuando habla
con ese tono de voz su hijo se queda bloqueado”.
Esta forma de retroalimentación es muy importante y la que más ayuda a conocer la reacción que
produce en los demás la conducta del acompañado, al menos conocer la reacción de las personas
que son importantes para él. La retroalimentación sobre la reacción de las personas no prejuzga al
otro, ni le atribuye sentimientos o intenciones determinadas, sólo expone las reacciones
emocionales y conductuales que determinadas personas tienen ante su comportamiento. Para
que la retroalimentación sea eficaz tiene que reunir estas características: más descriptiva que
valorativa, concreta y no general, tener en cuenta las necesidades del otro, se refiere a
comportamientos que pueden ser cambiados, es contrastada por el que la recibe y se da en el
momento oportuno y lo antes posible.
e) El señalamiento: Mediante el señalamiento el entrevistador pretende evidenciar un problema
del acompañado que él mismo ha verbalizado sin tomar conciencia de ello. Permite focalizar
aquellos aspectos de mayor interés y comprender lo que le ocurre.
f) La interpretación: Es una técnica cuyo objetivo es establecer causas y consecuencias de los
hechos narrados. En ocasiones suele ir más allá de lo meramente manifiesto, pero la relación
causal que establecemos debe ser comprendida por el sujeto a fin de que le permita seguir
profundizando en dichos aspectos. Ej: “creo entender que Vd. Está preocupado por algo de lo que
hizo hace años y de lo que quizá se siente culpable”.
g) Aterrizaje en paracaídas: El AT toma conciencia de que el acompañado no está planteando un
tema que es necesario tratar, y en un momento determinado lo hace él de forma sorpresiva y
directa de forma que el acompañado tenga que encararlo inevitablemente. Este tipo de estrategia
no tiene por qué ser una intervención negativa o aversiva.
Estrategias en el modo de hacer preguntas
Preguntas abiertas. Se aconseja iniciar la entrevista con este tipo de preguntas. Permiten
que el acompañado o familia se expresen con sus propias palabras, a su ritmo
Preguntas cerradas. Suelen ser contestadas con monosílabos. Se formulan para confirmar
la información, concretar un aspecto del problema o para obtener un dato específico.
Devolver la pregunta. Esto elicita que siga hablando el entrevistado, le devuelve que él
mismo puede encontrar la respuesta y que se confía en él como persona capaz de indagar
en lo que le ocurre.
Preguntas facilitadoras. Son preguntas que no crean ambigüedad, que facilitan una
respuesta en una dirección. Ej: “¿Qué hace cuando se pone nervioso?”. Permiten hablar
sobre el tema desde él mismo y sin sentirse mal o contestar directamente una pregunta.
Preguntas clarificadoras. Se ha denominado también técnica de sondeo. Se trata de
preguntar con gestos o con palabras cómo entiende el paciente, en concreto, aquello de lo
que está hablando. Ej: “¿qué quiere decir para vos…?” Es una forma neutra de solicitar
información que demuestra interés y no prejuzga.
Preguntas con encabezamiento.
Preguntas guiadas. También se les llama preguntas con respuesta inducida.
Preguntas de confrontación. Además de ser inductivas y guiadas confrontan al acompañado con el
problema que se está planteando. Conviene ser cauto al formularlas, especialmente en la primera
entrevista. Generalmente se enuncian para responder sí o no. Ej: “entonces, ¿el niño duerme con
uds. Todas las noches?”
Algunos pacientes necesitan una intervención verbal en algunos momentos diferente a la
expuesta:
Las técnicas de presión como la confrontación directa o la presión del tiempo, pueden ser técnicas
útiles en algún momento o en casos específicos. Estas técnicas deben ser utilizadas en beneficio
del entrevistado. Con la técnica de la confrontación directa se trata de hacer tomar conciencia al
entrevistado de las contradicciones entre lo que está diciendo y su conducta no verbal, o entre lo
que ha dicho en un momento de la entrevista y lo que dice en otro. Son situaciones difíciles de
manejar y requieren una gran experiencia. Un talante respetuoso, pero asertivo, del entrevistador
es imprescindible en estos casos.
Otra técnica es recordar límites: presión del tiempo. El límite temporal suele ser difícil de manejar
por algunas personas. Se trata de observar cómo trabaja un individuo bajo la presión del tiempo,
como organiza la información restante y se encara con el límite temporal. Por último está centrar
el problema/revisión de síntomas. Cuando el entrevistado no se centra en los problemas
importantes, el psicólogo tratará de hacer preguntas que incidan en lo que interesa conocer.
Conviene que en la primera entrevista las verbalizaciones del AT sigan las siguientes pautas:
Se aconseja utilizar técnicas facilitadoras de la comunicación
Es conveniente comenzar por preguntas abiertas
Las preguntas deben ir de lo general a lo particular Hay que centrarse progresivamente
en el problema de consulta
Es deseable que se enuncien preguntas no inductivas
Los aspectos verbales, como intensidad, tono de voz, reactividad en las respuestas,
interrupciones deben cuidarse para propiciar la comunicación.
Escuchar activamente favorece la comunicación
Dejar hablar y no interrumpir son las reglas de oro básicas