//tencia No.
158 MINISTRA REDACTORA:
DOCTORA BERNADETTE MINVIELLE SÁNCHEZ
Montevideo, veinticuatro de febrero de dos mil veintidós
VISTOS:
Para sentencia definitiva,
estos autos caratulados: “CORRADI, DANIEL C/ CASA DE
GALICIA - PROCESO LABORAL ORDINARIO (LEY 18.572) -
CASACIÓN”, IUE: 2-56938/2019.
RESULTANDO:
I) Por sentencia definitiva
de primera instancia Nº 66/2020 de fecha 19 de noviembre
de 2020, dictada por el titular del Juzgado Letrado del
Trabajo de la Capital de 9º Turno,
a) no se hizo lugar a la
excepción de prescripción opuesta por la parte
demandada;
b) se condenó a la
accionada a pagar al actor las diferencias en salario
impago, licencia no gozada, salario vacacional,
aguinaldo, indemnización por despido, diferencia valor
hora policlínica, multa legal del 10%, reajustes e
intereses, de acuerdo a la liquidación del numeral XVI,
en la suma de $ 2.978.478 más actualizaciones e
intereses legales hasta la fecha de cancelación efectiva
de la deuda, menos descuentos legales;
c) no se hizo lugar al
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reclamo realizado por el actor respecto a horas
policlínica impagas, horas extra suplencias, pacientes
vistos en policlínica, visitas sanatoriales, diferencias
por fondo de categorías, diferencias salariales por
destajos quirúrgicos, indemnización por despido abusivo
e incidencias y diferencias salariales por pago de
cirugías mayores (fs. 660/725).
II) Mediante providencia Nº
1636/2020 de fecha 25 de noviembre de 2020 se aclaró y
amplió la sentencia, estableciéndose que los daños y
perjuicios preceptivos se fijaron en un 10% sobre los
rubros de naturaleza salarial y que los descuentos
legales se dispusieron en caso de corresponder (fs.
733).
III) Por sentencia definitiva
de segunda instancia Nº 94/2021 dictada por el Tribunal
de Apelaciones del Trabajo de 1º Turno con fecha 9 de
junio de 2021, se confirmó la sentencia de primera
instancia excepto en cuanto a la cantidad de licencias
impagas y su número de jornales, el cálculo de la
indemnización por despido, las horas de policlínica
impagas, las diferencias por pacientes vistos en
policlínica, las incidencias del fondo de categorías,
las diferencias por visita sanatorial, las diferencias
por actividad quirúrgica y el despido abusivo, en lo que
se revocó y, en su lugar, se condenó a la demandada a
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pagar las licencias impagas y su número de jornales, las
horas de policlínica impagas, las diferencias por
pacientes vistos en policlínica, las incidencias del
fondo de categorías, las diferencias por visita
sanatorial y las diferencias por actividad quirúrgica,
así como la indemnización por despido común y por
despido abusivo de acuerdo a lo demandado (fs. 804/818
vto.).
IV) Con fecha 25 de junio de
2021 (fs. 822/829) la demandada interpuso recurso de
casación contra la sentencia definitiva dictada por el
ad quem.
V) Conferido el traslado de
precepto, fue evacuado por el actor en los términos que
surgen del escrito que corre a fs. 833/858 vto., en el
que se abogó por su rechazo.
VI) El recurso fue debidamente
franqueado (fs. 861) y los autos fueron recibidos por
este Cuerpo el 29 de julio de 2021 (fs. 865).
VII) Por decreto Nº 812 de
fecha 2 de setiembre de 2021 (fs. 867), se dispuso el
pasaje de los autos a estudio.
VIII) Por decreto Nº 1250
del 4 de noviembre de 2021, y dado que el Sr. Ministro
Dr. Luis Tosi cesó en el cargo el día 27 de octubre de
2021, en virtud de lo cual la Corporación se encontraba
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desintegrada, se cometió a la Oficina Actuaria la
realización del sorteo correspondiente para proceder a
la integración respectiva. Se señaló el día 18 de
noviembre a la hora 15 para proceder al sorteo
correspondiente (fs. 873). Surge de fs. 877 que se
realizó el sorteo correspondiente, resultando sorteada
la Sra. Ministra Dra. Verónica Scavone Bernadet.
Finalmente pasaron los autos a estudio por su orden.
IX) Culminado el estudio, se
acordó dictar el presente pronunciamiento en legal y
oportuna forma.
CONSIDERANDO:
I) La Suprema Corte de
Justicia, debidamente integrada y por mayoría, hará
lugar parcialmente al recurso de casación movilizado.
II) El caso de autos.
Tramita en autos demanda
laboral promovida por el actor, Daniel Corradi, contra
la demandada Casa de Galicia.
El promotor alegó en su
demanda que se desempeñó como médico cirujano vascular
en la institución demandada desde el año 1976 hasta que
fue despedido en el año 2019, habiendo cumplido diversas
funciones médicas. A su egreso, realizaba una policlí-
nica semanal de 4 horas y media cumplida los días martes
en las sedes del Centro y de Carrasco, donde atendía a
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pacientes de cirugía general a razón de 5 por cada hora
de trabajo. Asimismo, realizaba coordinación quirúrgica
de los pacientes que era necesario intervenir todos los
días lunes de 13:00 a 17:00 horas y la visita sanatorial
diaria de aquéllos hasta el alta definitiva.
Reseñó que luego de ser
despedido y previo a promover la demanda, inició una
diligencia preparatoria donde solicitó toda la
información necesaria para constatar los adeudos, la que
no fue cumplida por la empresa, pese a haberse reiterado
la intimación, con imposición de astreintes conminato-
rias, tras lo cual se agregó solo parte de la
documentación requerida.
Reclamó el cobro de
diferencias por horas de policlínica impagas, diferen-
cias en valor hora policlínica, horas extra por
realización de suplencias, destajos quirúrgicos,
pacientes vistos en policlínica, visitas sanatoriales,
diferencias por fondo de categorías, licencia no gozada,
salario vacacional, aguinaldo, indemnización por despido
común e incidencias, indemnización por despido abusivo,
daños y perjuicios preceptivos, multa legal, reajustes e
intereses, en la suma total de $ 5.929.253,16.
La demandada Casa de
Galicia opuso excepción de prescripción y contestó la
demanda sobre el fondo, donde reconoció adeudar al actor
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los rubros de indemnización por despido común, licencia
no gozada, salario vacacional y aguinaldo, por un total
de $ 1.231.707. En lo restante, abogó por el rechazo de
la demanda entablada.
En primera instancia, la
Sede a quo se pronunció mediante la sentencia
previamente referenciada, por la cual no se hizo lugar a
la excepción de prescripción opuesta por la parte
demandada y, en cuanto al fondo, se acogió parcialmente
la demanda, con el alcance que fuera señalado.
Ante la apelación formu-
lada por ambas partes, el Tribunal ad quem emitió la
sentencia objeto del presente recurso de casación, por
la que se confirmó parcialmente el pronunciamiento de
primer grado, excepto en los puntos previamente
indicados, en los que se acogió el recurso de apelación
deducido por la parte actora.
III) La demandada interpuso
recurso de casación contra la sentencia definitiva
dictada por el ad quem.
En su libelo impugnativo
planteó, en necesaria síntesis, los siguientes
cuestionamientos:
a) Respecto a lo sostenido
por la Sala en relación al pago de los rubros salariales
y su adecuación a los laudos respectivos.
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El Tribunal sostiene en su
fallo que lo que expresa la demandada en el sentido de
que la institución pagaba los rubros salariales
correctamente de acuerdo a los laudos respectivos
constituye una mera afirmación y no una demostración de
que ello efectivamente fuera así.
Al respecto, estimó la
recurrente que emerge de la contestación de la demanda
que la institución pagaba los rubros salariales acorde a
los laudos respectivos, por lo que no existe diferencia
salarial de especie alguna. El agravio expresado por la
demandada al apelar el punto está debidamente fundado, a
diferencia de lo que sostiene la Sala. La forma de
cálculo descripta es detallada, concisa y precisa, no da
lugar a dudas y determina que no existe margen salarial
alguno.
El Tribunal incurre en un
error flagrante de interpretación de la norma de
Derecho, dado que del acta del consejo de salarios de
fecha 31 de julio de 2019 (fs. 229-256) y del recibo de
egreso agregado a fs. 131, surge que el actor percibía
por concepto de sueldo básico, la suma de $ 77.041,
monto al cual la demandada añadía la antigüedad y los
promedios por destajos, por lo que no solo se ajustaban
las sumas percibidas a los valores establecidos en el
laudo respectivo, sino que los superaba ampliamente.
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b) En cuanto a la
aseveración del Tribunal de que no se discriminaba el
rubro licencia en los recibos de salario
En los recibos de salario,
la licencia estaba bajo el rótulo “sueldo básico”. Así
surge de la prueba testimonial, en declaración de la
testigo Gabriela Garbarino, quien expresó que el rubro
licencia se abonaba en los recibos con el código 101, el
cual corresponde al “Promedio de destajo por licencia
reglamentaria”, y aclaró que el mismo “se paga cuando la
persona hace uso de su licencia reglamentaria, por todos
los variables que cobraba el actor, se promediaba el año
anterior a salir de licencia (...)”.
La discriminación fue
hecha en forma clara y precisa. De la simple lectura del
recibo de salario, se puede deducir claramente el rubro
objeto de impugnación.
c) La cantidad de licen-
cias impagas y su número de jornales
El Tribunal peca al
afirmar que al actor no le fueron bien abonadas las
licencias, pues como bien sostiene la sentencia de
primer grado, dicho rubro se abonaba en los recibos con
el código 101, correspondiente al promedio de destajo
por licencia reglamentaria.
Surge de la prueba
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testimonial que la empresa lleva un registro de las
licencias gozadas por los trabajadores, tanto de los
días que le corresponde a cada trabajador como los días
que hacen uso.
d) Horas de policlínica
impalas.
No puede sostenerse, como
mal señala el Tribunal, que los traslados entre las
policlínicas se trata de un “trabajo habitual en
policlínica”, ni tampoco que el actor “no estaba
descansando sino haciendo algo que beneficia al
empleador”. Los argumentos expuestos por la Sede son
meros indicios o conjeturas, sin base probatoria alguna
y sin ningún tipo de sustento.
La Sala peca de sobremane-
ra al interpretar el art. 6 del Decreto Reglamentario de
fecha 29 de octubre de 1957, pues el lapso de treinta
minutos que le llevaba al accionante el traslado de una
policlínica a la otra no está comprendida en el Decreto,
extremo que determina una errónea aplicación de la norma
de derecho.
e) Diferencias por pacien-
tes vistos en policlínicas.
En lo que refiere a los
pacientes vistos en policlínicas, la Sala entendió que
la demandada no controvirtió este rubro de vista forma,
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pues no desarrolló fundamento alguno de su supuesta
controversia haciendo referencia nuevamente a un
supuesto error de interpretación de los recibos, que
luego no logró demostrar.
Al respecto, adujo la
recurrente que el Tribunal parece no querer o no
comprender el convenio colectivo que regula el sector de
referencia.
En este sentido, surge de
la novación contractual que la empresa remuneraba al
accionante la suma de $ 5.367,77 por 17,3 horas de
policlínicas mensuales, sin embargo lo hacía por debajo
del laudo en tanto a setiembre de 2008 remuneraban las
horas a un valor de $ 310,27 cuando el laudo establecía
un valor hora mínimo de $ 332,06. Esta novación tenía
los valores vigentes a enero de 2008, pero el aumento de
2008 se firmó en el mes de octubre de dicho año,
retroactivo a julio de 2008. No obstante, el sueldo
básico sí tiene el aumento de 6,85% correspondiente, no
generándose merma salarial alguna.
No puede sostener el
Tribunal que no se desarrolla fundamento alguno, cuando
en forma clara, precisa y contundente, se demuestra que
no existió merma salarial alguna y, menos aún,
diferencias por pacientes vistos en policlínica.
f) Incidencias del fondo
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de categorías.
En lo que refiere a las
incidencias del fondo de categoría, el Tribunal dispone
que la demandada no controvierte el rubro, pero no le
asiste razón, dado que, como fuera expresado, no existe
diferencia salarial alguna en los rubros que se
abonaban, por lo que tampoco se configuraban diferencias
en lo que refiere al presente rubro.
Pero además, el actor
reconoció que la institución pagaba dicha partida,
determinando en este sentido la materialización del art.
153 del C.G.P. (confesión judicial – hecho no
controvertido). Por ende, el Tribunal no puede ingresar
en el análisis de este rubro, al haberse configurado una
confesión judicial, lo que sella la suerte del
accionante y determina una errónea aplicación de la
norma de derecho (art. 153 C.G.P.).
g) Visitas sanatoriales.
En lo que respecta a las
visitas sanatoriales, otra vez el Tribunal peca de
sobremanera al interpretar el convenio y, sobre todo, la
esencia y la propia función del médico. En aplicación de
las reglas de la sana crítica y de la libre convicción,
resulta un hecho evidente, notorio, que la labor de todo
médico implica efectuar un seguimiento de la recupera-
ción del paciente. Se trata de un acto esencial,
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inherente a la función del médico y que, por tanto, no
da lugar a remuneración alguna.
h)Diferencias por activi-
dad quirúrgica.
En cuanto a este rubro,
nuevamente el Tribunal incurre en graves errores de
índole jurídico y aritmético, al interpretar errónea-
mente el convenio colectivo aplicable a obrados.
Las intervenciones quirúr-
gicas de aquellos médicos que ya cobraban intervenciones
se pagaban al valor del laudo sin el 5% del fondo de
categoría, porque el cálculo del fondo de categoría se
hacía sobre el total del nominal, y siguiendo este
procedimiento, no existe discriminación salarial alguna.
Idénticas consideraciones
merecen el reclamo de diferencias salariales por pago
incorrecto de las dos cirugías mayores garantizadas: la
empresa pagaba el valor antiguo o viejo, y en un renglón
a continuación, con otro concepto, abonaba el rubro
salarial que correspondiese por el acto u operación
realizada, que sumada al salario básico, determinaba su
salario total. No hay ninguna discriminación salarial.
En consecuencia, el
Tribunal no solo incurre en este aspecto en una errónea
interpretación del convenio colectivo, sino también en
un absurdo evidente, notorio, al extraer conclusiones
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que procuran destruir el preciso, detallado y correcto
razonamiento que se hace para la liquidación de los
sueldos, lo cual no deja margen de dudas respecto a que
no hay merma salarial alguna.
i) Despido abusivo.
El Tribunal condena a un
despido abusivo que lejos estuvo de existir. Es un hecho
evidente, notorio, claro, que Casa de Galicia está
atravesando un momento crítico desde el punto de vista
financiero y que ello derivó en que se adoptaran
decisiones de índole estratégicas para poder sanear esas
dificultades.
Tanto de la prueba
testimonial como documental surge fehacientemente
acreditado que no existió indicio alguno de despido
abusivo, sino todo lo contrario. Tal como surge a fs.
488/490, las bajas se produjeron por motivos de
reestructura.
Los despidos no solo se
notificaron por telegrama colacionado, sino también a
través de llamados telefónicos por parte del departa-
mento de personal (fs. 639).
El Tribunal incurrió en
errores graves, flagrantes y groseros al condenar a la
demandada al despido abusivo, cuando no se configuraron
ninguno de los elementos que lo caracterizan.
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En este sentido, se ha
incurrido en una infracción a las normas que informan la
valoración de la prueba, en particular, la sana crítica.
Tan grosero y tan flagrante es el error en la valoración
de la prueba que hace el Tribunal, que no hace otra cosa
que determinar que deba anularse la sentencia en lo que
hace al punto objeto de impugnación.
En definitiva, solicitó
que se case la sentencia impugnada en lo que hace a los
agravios articulados en el presente recurso.
IV) Análisis Sustancial.
A modo de introducción,
cabe señalar que el recurso deducido por la parte
demandada evidencia, en casi todos sus capítulos,
ostensibles carencias alegatorias.
En efecto, respecto a la
mayor parte de los rubros objeto de condena, la
recurrente no ataca en forma debida, conforme lo exige
la ley (art. 273 C.G.P., aplicable al proceso laboral
por la remisión efectuada por el art. 18 de la Ley Nº
18.572), los distintos argumentos decisivos del fallo.
Como se desarrollará más
adelante, se observa que en varios de los capítulos en
que se divide el recurso, la impugnante no logra
efectuar un planteo claro, preciso y detallado que
permita advertir la existencia de un error en la
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interpretación y aplicación del Derecho por parte de la
Sala, pasible de ser corregido en casación.
Existen diversos pasajes
del libelo que resultan de muy difícil intelección. La
recurrente parece olvidar que el recurso de casación
debe ser autosuficiente, o sea, debe bastar su lectura,
sin necesidad de recurrir a otras actuaciones del
expediente, para lograr comprender cuál es la incorrecta
interpretación o aplicación de la norma de derecho en
que ha incurrido el Tribunal que dictó la sentencia
atacada.
Cabe recordar, en tal
sentido, que la precisión, claridad y suficiencia
constituyen la clave de bóveda para la apertura de la
actividad controladora en casación. Tal como ha dicho la
Corporación sobre la suficiencia de la argumentación:
“La enunciación del motivo
debe ser clara y expresa, de modo que permita
individualizar concretamente el vicio que justifica la
impugnación. (Cf. DE LA RÚA, Fernando. ‘El recurso de
casación. En el Derecho Positivo Argentino’, Víctor P.
DE ZAVALÍA-Editor, Buenos Aires, 1968, pág. 223).
El recurso de casación
debe evitar hacer desarrollos de carácter general y debe
procurar desarrollar un esquema argumental concreto y
específico con relación a lo que es objeto de la crítica
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(Cf. MOLINA SANDOVAL, Carlos A. ‘Recurso de Casación’,
ADVOCATUS, 1ª Edición, Córdoba, 2016, pág. 232.
Como ha sostenido la Corte
en múltiples ocasiones, el requisito fundamental del
recurso de casación consiste en individualizar el
agravio, de modo que, a través de los motivos, también
pueda individualizarse la violación de la ley que lo
constituye (cf. sentencias Nº 280/1997, 543/2000,
6/2007, 125/2008, 310/2009, 1.216/2010, 2.914/2011,
806/2012, 251/2013, 466/2013, 64/2014 y 1.109/2018, por
citar solo algunas)” (Cfme. sentencias Nos. 1.410/2019 y
285/2021, entre muchas otras).
En la especie, como se
verá más adelante, las consideraciones efectuadas por la
recurrente respecto a varias de las argumentaciones
expuestas por la Sala, no pasan de ser meras expresiones
de disconformidad con lo resuelto por el Tribunal, que
de ninguna manera cumplen con las exigencias previstas
en el art. 273 del C.G.P., en tanto no se articulan
agravios concretos y fundados, pasibles de ser atendidos
en casación.
En relación a las
exigencias formales del recurso de casación, ha señalado
De la Rúa:
“(...) la casación exige
la cita concreta de las leyes que se dicen violadas y el
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porqué de esa infracción (...) [lo que] constituye una
carga para el recurrente de inevitable cumplimiento
(...) es inadmisible [el recurso de casación] si
denuncia en forma genérica la violación de una ley sin
especificar cuáles preceptos de ésta son los
transgredidos o se limita a la invocación genérica de
una ley (...) Tampoco son idóneas para fundar el recurso
las generalizaciones conceptuales pues la Corte no es
una tercera instancia y las disconformidades
conceptuales y genéricas de los que litigan, en tanto no
resulten objetivamente vinculadas a la denuncia de
alguna infracción de las reglas positivas del derecho
escrito o de los principios que lo rigen, son
inoperantes para abrir su jurisdicción extraordinaria
(...) Pero además de señalar e individualizar cuál sea
la norma violada, el recurso debe demostrar el vicio o
el error en que incurrió la sentencia (...) Para cumplir
este aspecto el recurrente debe impugnar idóneamente los
elementos que sustentan el fallo, explicando en base a
los presupuestos del pronunciamiento, en qué ha
consistido la infracción, cuál es su influencia en el
dispositivo y cómo y por qué éste debe variar” (Cfme. De
la Rúa, Fernando, El recurso de casación. En el Derecho
Positivo Argentino, Víctor P. de Zavalía, Buenos Aires,
1968, págs. 461/464).
En la misma obra, añade el
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citado autor:
“El recurrente debe
explicar con fundamentos jurídicos la razón de su aserto
dando razón de cada una de las violaciones que imputa a
la decisión, indicando en qué consiste la transgresión
(...) rebatiendo las motivaciones legales del fallo,
determinando en forma clara y concreta cuál es la
violación alegada o demostrando la aplicación errónea o
por qué causa la sentencia incurre en la infracción que
se le atribuye. Por ello es insuficiente el recurso que
no expone los motivos por los cuales se consideran mal
aplicados determinados dispositivos legales (...)”
(Cfme. De la Rúa, Fernando, El recurso de casación...,
págs. 467 y 468).
En varios de los pasajes
del presente recurso de casación, la demandada realiza
críticas genéricas respecto a ciertas afirmaciones del
Tribunal, pero sin explicar en forma precisa en qué ha
consistido la infracción a la norma de derecho en que
habría incurrido la Sala, cuál es la influencia de ese
desajuste normativo en la parte dispositiva de la
sentencia y cómo y por qué ésta debería variar.
Por tal razón, esta
Corporación desestimará varios de los planteos de la
insurgente.
A continuación se exami-
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narán los distintos agravios expuestos por la
recurrente, en el mismo orden en que fueron articulados.
a) Agravio respecto a lo
sostenido por la Sala en relación al pago de los rubros
salariales y su adecuación a los laudos respectivos.
La recurrente deduce
agravio, en primer lugar, contra la decisión del
Tribunal relativa a la existencia de diferencias
salariales, esto es, de falta de adecuación entre los
rubros salariales abonados por la demandada y lo
acordado en los laudos respectivos de los Consejos de
Salarios.
En relación al punto,
estima esta Corporación en mayoría integrada por los
Sres. Ministros Dres. Martínez, Pérez, Sosa y Scavone,
que el recurso resulta inadmisible, en tanto se dirige
contra un aspecto en el que existen dos pronunciamientos
coincidentes sin discordia (art. 268 inc. 2 C.G.P.).
En efecto, en la sentencia
de primera instancia se condenó a la accionada a pagar
al actor las “diferencias en salario impago”. La
demandada expresó agravios al respecto en su recurso de
apelación, los que fueron desestimados por el Tribunal
en la sentencia aquí impugnada (véase fs. 807 y vto.).
En consecuencia, se asiste a un supuesto de “doble
confirmatoria”, lo que se traduce en la inadmisibilidad
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de este sector de la recurrencia.
La Corporación en la
mayoría referida adhiere a la postura que sostiene que,
aunque las sentencias de primera y segunda instancia no
resulten totalmente coincidentes en su parte
dispositiva, no resulta posible reexaminar en casación
aquellos puntos sobre los cuales han recaído dos
pronunciamientos coincidentes, y así se ha pronunciado
en Sentencias Nos. 1296/2019, 160/2016 y 359/2017, entre
otras.
La redactora, por su
parte, en cuanto a la admisibilidad del recurso de
casación, disiente con el enfoque de la mayoría que
considera que no resulta admisible el recurso cuando en
relación a parte del objeto de la pretensión exista un
doble pronunciamiento conteste sin discordia. Por cuanto
considera que existe otra lectura posible de la
disposición del artículo 268 inciso 2º del C.G.P. que la
que hace la mayoría, a la que en esta ocasión no tiene
el honor de acompañar.
En efecto, el punto ha
sido objeto de tratamiento por la doctrina y ha generado
divergencias en la jurisprudencia de esta Corporación.
Por un lado, la tesis mayoritaria en jurisprudencia de
la Corporación ha sostenido una interpretación restric-
tiva del referido precepto legal. Ha considerado que
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todos aquellos aspectos de la sentencia que hayan sido
confirmados íntegramente en segunda instancia y no hayan
sido objeto de discordia, aun cuando otros aspectos de
la sentencia hayan sido modificados o respecto de los
cuales haya existido discordia, no son pasibles de
revisión en la instancia casatoria.
A esa tesis se ha opuesto
una posición más amplia sobre los requisitos de
admisibilidad del recurso, que entiende que siempre que
el Tribunal de segunda instancia revoque en forma total
o parcial la sentencia de primera instancia o que la
confirme pero con discordia, la sentencia, en su
integralidad, es pasible de ser revisada en casación.
Esta tesis fue impulsada
inicialmente por la discordia estampada por la Dra.
Selva KLETT a la Sentencia de esta Corporación Nº
465/2005 y, tras sus huellas, enarbolada por la doctrina
especializada (en tal sentido véase BARREIRO, María
Virginia y TEJERA, Mariela. “Admisibilidad de la
casación ante la doble confirmatoria y sin discordia”;
LANDONI SOSA, Ángel; GONZALEZ MIRAGAYA, Santiago y
CABRERA ORCOYEN, Rafael. “Procedencia del recurso de
casación y alcance en hipótesis de confirmatoria parcial
de la sentencia apelada” ambos en [Link]: “XIVas Jornadas
Nacionales de Derecho Procesal, Colegio de Abogados -
IUDP, Colonia del Sacramento, 2009, págs. 187/196 y
21
151/168 respectivamente, y LANDONI SOSA, Ángel. “El
recurso de casación”, XVIIas Jornadas Nacionales de
Derecho Procesal, Colegio de Abogados del Uruguay –
IUDP, Rivera, 2015, págs. 229/254).
Al entender de la redac-
tora, la presente tesis es la que mejor se condice no
solamente con el texto legal, sino con el sistema
procesal en su conjunto. En particular, es la que mejor
realiza el principio de libertad impugnativa, que está
consagrado en el art. 244.1 C.G.P.; cualquier restric-
ción a la libertad de impugnación -como la que en este
caso consagra la disposición legal en estudio- debe
interpretarse con sentido restrictivo.
La disposición en cuestión
(art. 268 C.G.P.), se limita a determinar las sentencias
que pueden ser objeto del recurso, pero en ningún
momento limita el contenido de éste o establece qué
partes de la sentencia pueden recurrirse o no. La tesis
restrictiva, como observa al entender de la Sra.
Ministra Dra. Minvielle con acierto la doctrina
(siguiendo a la discordia de la Dra. KLETT), implica una
división artificial de la sentencia que no surge del
texto de la disposición normativa.
La expresión legal impide
distinguir entre los distintos puntos que se trata y
resuelve la sentencia, por lo que siempre que exista
22
revocación parcial o discordia, todo el contenido de la
sentencia resulta pasible de ser revisado. Basta con la
modificación de la sentencia dictada en primera
instancia -o la presencia de una discordia total o
parcial- para que la Corte pueda ingresar a analizar
todos los puntos objeto del debate (Cfme. BARREIRO,
María Virginia y TEJERA, Mariela. “Admisibilidad...”,
cit., págs. 192/193 y LANDONI SOSA, Ángel. “El
recurso...”, pág. 236).
La redactora comparte
enteramente la línea argumental sostenida en la
multicitada discordia de la Dra. KLETT a la Sentencia de
la Corte Nº 435/2015, en la que la referida Magistrada
estampó lo siguiente:
“La expresión utilizada
por el legislador pone de manifiesto la premisa de que
en el acto procesal sentencia, en su aspecto
dispositivo, puede reconocerse un ‘todo’ y -desde luego-
‘partes’ que integran ese todo. En tal sentido, el fallo
de segunda instancia debe pronunciarse sobre todos los
puntos objeto del proceso y objeto de agravio, puestos a
su consideración por el recurrente (principio de
congruencia, art. 257 C.G.P.), no pudiendo omitir
pronunciamiento sobre ninguno de aquéllos.
Por consecuencia, ha de
entenderse la expresión ‘confirme en todo’, en su
23
sentido natural y obvio, atendiendo a principios básicos
del Ordenamiento Procesal; es decir, la expresión ‘en
todo’ es equivalente a ‘todos los puntos puestos a
consideración del tribunal de segunda instancia en el
memorial de agravios’, siendo la conclusión obvia: el
recurso de casación no procede -y ésta es la única
limitación que puede admitirse surge del texto legal-
siempre que el fallo de segunda instancia confirme todos
y cada uno de los puntos, objeto de su decisión.
En definitiva, lo que la
Ley prevé, es que existan dos fallos, totalmente
coincidentes, y que los mismos comprendan todos los
puntos litigiosos (en todo), como supuesto determinante
de la improcedencia del recurso de casación.
(...)
La claridad y contundencia
del texto en examen no permite la división de la
sentencia de segunda instancia en parte confirmatoria y
parte revocatoria, resultando suficiente para la
habilitación del recurso respecto de todos los temas,
la existencia de discrepancias entre los dos órganos
judiciales involucrados en la decisión, cuya revisión
mediante el recurso de casación se pretende.
(...)
Por ende no resulta
atendible la distinción entre parte confirmatoria y
24
parte revocatoria de la sentencia, como se dijo. Tampoco
resulta autorizada por la Ley, porque ello implicaría
desconocimiento del principio de igualdad constitu-
cional, establecer la distinción que realiza la Suprema
Corte, entre aspectos más o menos importantes, dentro de
los temas abordados en las sentencias, cuando alude a
‘un elemento menor’ (sentencias Nos. 1.071 y 1.125/01).
La tesis postulada por la Suprema Corte de Justicia
consagra una división artificial de la sentencia, no
recogida en el texto legal y de difícil concreción en
casos que ostenten una complejidad mayor, de los que
fueron objeto de las sentencias mencionadas. Muchas
veces existe inescindibilidad de las cuestiones, que
requiere el tratamiento conjunto de los temas, no siendo
sustentable la posibilidad de separar -tajantemente- las
cuestiones que fueron objeto de tratamiento diverso, por
haber sectores confirmados y sectores revocados. A su
vez, ninguna trascendencia tiene para resolver el punto
que el recurrente no se agravie sobre el único aspecto
en que existe revocatoria, porque ese no es un requisito
establecido por la Ley para declarar la admisibilidad
del recurso; es precisa y obvia (como en todo medio
impugnativo), la existencia de agravio; pero basta que
el agravio refiera a alguno de los puntos de la
sentencia para que proceda la casación, respecto de todo
el material litigioso procesado, dentro de los márgenes
25
legales de la recurrencia, desde luego”.
Con tales entendimientos,
entiende la redactora que no resulta obturada la
posibilidad de revisar, en esta oportunidad, los
aspectos del pronunciamiento del primer grado que fueron
confirmados por la sentencia de segunda instancia
hostilizada mediante el recurso de casación en examen. Y
ello, desde el momento en que la sentencia objeto del
recurso de casación no confirmó en todo y sin discordias
la de primera instancia, sino que revocó algunos puntos
de la primera.
Pero desde luego que, como
su posición sobre la admisibilidad del recurso es
minoritaria, resulta estéril ingresar a examinar esos
puntos sobre los que, a juicio de quienes conforman la
mayoría del Cuerpo, está vedado el control en la
instancia casatoria.
b) Agravio en cuanto a la
aseveración del Tribunal de que no se discriminaba el
rubro licencia en los recibos de salario.
c) Agravio respecto a la
cantidad de licencias impagas y su número de jornales.
Estos dos agravios se
analizarán en conjunto, pues refieren al mismo rubro y
siguen una misma línea argumental.
Expresa la recurrente que,
26
en los recibos de salario, la licencia estaba bajo el
rótulo “sueldo básico”, tal como surge de la prueba
testimonial: declaración de la testigo Gabriela
Garbarino, quien expresó que el rubro licencia se
abonaba en los recibos con el código 101, el cual
corresponde al “Promedio de destajo por licencia
reglamentaria”.
Entiende que la discrimi-
nación fue hecha en forma clara y precisa, pues de la
simple lectura del recibo de salario se puede deducir
claramente el rubro objeto de impugnación.
Reitera que surge de la
prueba testimonial que la empresa lleva un registro de
las licencias gozadas por los trabajadores, tanto de los
días que le corresponde a cada trabajador como los días
que hacen uso.
De este modo, la demandada
plantea su discrepancia con la valoración probatoria
ensayada por la Sala respecto a determinados medios de
prueba, en lo que hace a la apreciación del pago del
rubro licencia (si se efectuaba en forma correcta o
incorrecta). En concreto, la recurrente refiere a cómo
fue apreciada por el Tribunal la declaración de la
testigo Gabriela Garbarino y la prueba documental
consistente en los recibos de sueldo del actor.
En este punto, emerge de
27
la sentencia atacada que el órgano de segunda instancia
realizó un extenso desarrollo y concluyó que la
accionada había incumplido con su carga probatoria, al
no haber aportado al proceso determinados registros que
fueron mencionados por los testigos (relativos a los
días que le corresponde a cada trabajador y a los días
de licencia de que hacen uso) y al haber pretendido
probar el pago de las licencias con recibos que no se
encontraban correctamente escriturados (al pretender
incluir la licencia dentro del rubro “sueldo básico”)
(véase fs. 808 vto./810).
Pues bien.
A juicio de esta
Corporación, resulta claro que el agravio ligeramente
ensayado por la recurrente no satisface las exigencias
formales imperantes en el grado.
Respecto a la errónea
valoración de la prueba, invocada como causal de
casación (art. 270 del C.G.P.), es criterio de la Corte,
en mayoría, que:
“A pesar de que la
referida disposición prevé, incluso, como causal de
casación la infracción a las reglas legales de
admisibilidad o de valoración de la prueba, el ámbito de
la norma queda circunscripto a la llamada prueba legal,
o sea aquella en que la propia ley prescribe que
28
verificándose ciertos presupuestos por ella misma
indicados, el Juez, aunque opine distinto, debe darle el
valor y eficacia previamente fijados en forma legal; o
en el caso de apreciación librada a las reglas de la
sana crítica, cuando incurre en absurdo evidente, por lo
grosero e infundado”.
“Es jurisprudencia cons-
tante de esta Corporación que tanto la revisión de la
plataforma fáctica, como la revalorización de la prueba,
no constituyen motivo casable, por cuanto el ingreso a
ese material convertiría esta etapa casatoria o de
revisión meramente jurídica, en una tercera instancia no
querida por el legislador (cf. Sentencias Nos. 6, 124,
158 y 165/91; 24 y 58/93; 35, 47 y 59/94, 14/96 y
716/96, entre otras)”.
“A mayor abundamiento: ‘El
ingreso al material fáctico en instancia casatoria
requiere una condición o código de acceso ineludible: es
menester que el error en la valoración de la prueba en
que haya incurrido la Sala de mérito configure un
absurdo evidente, un razonamiento notoriamente ilógico o
aberrante, en suma, que la infracción a la regla de
derecho contenida en el Artículo 140 C.G.P., revista una
excepcional magnitud, fuera de toda discusión posible
(cf. Sentencias Nº 2/2000, 228/06, entre otras)’.
En definitiva, cuando la
29
valoración probatoria efectuada en la sentencia cuya
casación se contradice abiertamente las reglas de
valoración previstas en los Artículos 140 y 141 del
C.G.P. y ello emerge de la forma en que se han
estructurado los agravios, aun cuando el impugnante no
haya invocado, expresamente, la existencia de absurdo
evidente o arbitrariedad, la Corte está habilitada para
ingresar al estudio del caudal fáctico allegado y
valorar la prueba aplicando las normas referidas” (Cfme.
sentencia Nº 250/2013; véase también la sentencia Nº
593/2017, entre muchas otras).
Como se ha dicho en
anteriores ocasiones por la Corporación, el sistema de
valoración de la prueba consagrado en el C.G.P. otorga
al juzgador libertad para apreciar su eficacia
persuasiva, con el único límite de exigir la
razonabilidad en su juicio, esto es, ajustado a las
leyes de la lógica y de la común experiencia, de modo de
permitir el control de su logicidad.
No basta que el recurrente
alegue error en la valoración de la prueba, sino que es
menester que explique claramente en qué consiste el
error aberrante o el absurdo evidente; solamente en
dicho caso estará habilitada la Corte a ingresar en la
revisión del material fáctico. En otros términos, no
cualquier caso de falta de razonabilidad habilita la
30
revisión, sino solo aquellos en los que se aprecie una
valoración de la prueba que pueda ser tildada de
arbitraria o manifiestamente absurda.
En el subexamine, el
embate crítico formulado por la demandada contra la
valoración probatoria ensayada por el Tribunal en
relación al pago del rubro licencia, se introdujo sin
cumplir con las exigencias formales de admisión en el
grado casatorio.
En efecto, el libelo
recursivo no pasa de ser una mera crítica de carácter
general a la valoración probatoria realizada por la
Sala, sin denunciarse concretamente dónde radicaría la
supuesta arbitrariedad o incongruencia en la apreciación
del material probatorio efectuada por el órgano de
segunda instancia. La impugnante no cumplió con la
exigencia de argumentar en qué consiste el error
aberrante o el absurdo evidente en que habría incurrido
el Tribunal.
De acuerdo con los
términos en que se estructuró la impugnación, la causal
referida (errónea valoración de la prueba) no ha sido
plasmada en términos que habiliten su análisis en
casación.
En consecuencia, el
planteo recursivo intentado por la demandada respecto a
31
la valoración probatoria ensayada por la Sala respecto
al pago (correcto o incorrecto) del rubro licencia, no
puede prosperar.
A criterio del Sr.
Ministro Dr. Tabaré Sosa, en el punto, el agravio no
cumple con el mínimo de autosuficiencia para ser
atendido en casación, pues lo dicho por la Sala no
resultó ni siquiera controvertido en debida forma.
En el punto entendió la
Sala: “la carga de la prueba de que el pago se realizó
correctamente recaía sobre la demandada empleadora y lo
tenía que hacer mediante prueba idónea, objetiva,
documental y no mediante testigos que son sus propios
dependientes, lo que resulta una prueba inadmisible
(art. 144.1 del C.G.P.). Y tenía que demostrar que los
recibos reflejaban la realidad. La recurrida pretende
justificar la no incorporación de la documentación sobre
las licencias en función de que ‘recién en los últimos
tiempos fue que se implementó un control con la cantidad
de licencia por cada funcionario ya que lo que se hacía
antes, no era llevar un listado, sino que se incluían
los días de licencias en la liquidación final’. Pero
dicho fundamento no puede ser compartido en modo alguno,
por cuanto desde siempre, la doctrina y la
jurisprudencia laboralista ha sostenido que en función
de lo que disponen las normas legales y reglamentarias
32
(como los Decretos 337/992, 108/007, y posteriores) ‘el
medio fehaciente de justificar la extinción de las
obligaciones del empleador con el trabajador, son los
recibos de pago, referidos a cantidades concretas y
debidamente individualizadas, es decir que el recibo
debe especificar a qué concepto se refiere el pago, así
como el monto correspondiente a cada rubro’ (...) Debe
verse que los testigos refieren a una forma de pago (‘se
les pagaba dentro del sueldo’, Gabriela Garbarino a fs.
477 y ss.), lo que evidentemente no cumple con el
requisito de documentar correctamente qué es lo que se
paga en cada recibo, por lo que la demandada no puede
pretender beneficiarse con su incorrecto proceder. La
testigo Garbarino identifica al código 101 con las
licencias (fs. 479), pero eso no se compadece tampoco
con la exigencia de documentar en forma expresa cada
rubro y el monto que se paga por el mismo. No es
admisible que se pretenda que un determinado código, por
ejemplo 101 que por ejemplo figura en el recibo de fs.
128 surge que es Prom destajos x LR, signifique pago de
licencias máxime cuando ni siquiera se aportó
documentación sobre las licencias. Y a su vez debe verse
que la propia testigo Garbarino admite que con solo
analizar un recibo no puede saberse cuántos días de
licencia gozó (fs. 480). A ello se suma que la testigo
Laura Durante manifestó que llevan un registro ‘de los
33
días que le corresponden a cada trabajador y de los días
que hacen uso’, agregando que el actor tiene mucha
antigüedad por lo que le deben corresponder entre 36 a
38 días. Y lo mismo declaró la testigo Silvana Rago a
fs. 489 en relación a la existencia de tales registros
que no fueron aportados por la accionada. Vale decir
entonces, que existe prueba relevante que la demandada
no fue aportada al proceso, tal como lo señala la propia
sentencia recurrida (fs. 690), sin que a accionada
sostenga que esa afirmación es equivocada”.
En otras palabras, a
juicio de la Sala: a) la demandada tenía la carga de
probar que el pago se realizó en debida forma; b) lo
debía realizar mediante prueba objetiva, idónea y
documental. No mediante testigos; c) el medio fehaciente
por excelencia a los efectos de acreditar la extinción
de las obligaciones son los recibos de pago (conforme
decretos vigentes en la materia); d) la declaración de
la testigo al referirse que “se le pagaba dentro del
sueldo” no cumple con documentarse en forma el pago; e)
La testigo Garbarino refiere al código 101, pero tal
punto no cumple con las exigencias legales de documentar
el rubro y su monto; f) no es lógico que un rubro “101”
que figura en el recibo de fs. 128 surge que es “Prom
destajos x LR”, signifique pago de licencias; g) la
propia testigo Garbarino admite que con solo analizar un
34
recibo no puede saberse cuántos días de licencia gozó;
h) se analizó la declaración de la testigo Durante; i)
por último, enfatizó que la testigo Rago mencionó
registros que ni siquiera fueron aportados por la
demandada al proceso.
Ahora bien, frente a estos
diversos argumentos brindados por la Sala, el recurrente
se limitó a señalar que el rubro licencia se abonaba con
el código 101 conforme declaró Garbarino.
De la mera lectura de los
fundamentos dados por la Sala y el reproche formulado
por el recurrente se observa, a criterio del Sr.
Ministro, la fragilidad y la insuficiencia del agravio.
El Tribunal analizó la declaración de Garbarino y, más
aún, sopesó el cúmulo probatorio y quién tenía la carga
de probar, Frente a la construcción de la Sala –que
podrá o no compartirse- no alcanza con que el recurrente
se limite a señalar que Garbarino declaró que el rubro
101 era licencias, cuando la Sala dio nueve argumentos
para señalar lo contrario a lo dicho por el recurrente.
A criterio del Sr.
Ministro Dr. Sosa, lo anterior determina el rechazo del
recurso.
d) Agravio respecto al
rubro “horas de policlínica impagas”.
La demandada también
35
deduce agravio respecto al rubro “horas de policlínica
impagas”, que el Tribunal –a diferencia del a quo-
condenó a abonar, acogiendo en este punto la apelación
que había sido interpuesta por el accionante contra la
sentencia de primera instancia.
El razonamiento de la Sala
en relación a este punto fue el siguiente:
“2 - Otro agravio de la
parte actora refiere a las horas de policlínica impagas.
En lo sustancial sostiene que en la demanda no se
reclamó tiempo in itinere sino tiempo de trabajo
efectivo integrante de la jornada de trabajo diaria
prefijada, que no le era remunerada, por lo que sostiene
que no es aplicable la norma del decreto del 20/10/57
invocada por la demandada y en la cual se funda la
decisión de la impugnada. No se trata de un tiempo de
trabajo diferente, ajeno a la jornada de trabajo fijada
por la empleadora. El hecho de que en [dicho] horario
parte del mismo se utilizara para trasladarse de una
policlínica a otra de la empresa es irrelevante,
demostrativo de la jornada pero no hace aplicable el
decreto pretendido por cuanto era horario que estaba a
disposición de la empresa, integrando la jornada del
actor. Lo cierto es que el actor tenía un horario que
emerge de los registros de marcas los días martes de 13
a 17:30 horas, debiendo por tanto remunerársele por 4
36
horas y media de función en policlínica, pese a ello la
demandada le remuneraba solamente 4 horas.
También en este punto
asiste razón al recurrente, de acuerdo al contenido del
reclamo de fs. 286 vta. y 287 no se demandó por tiempo
in itinere sino por incumplimiento en el pago de todo el
tiempo de trabajo en policlínicas que fue fijado por la
propia empleadora. Al actor se le remuneraban 17,3 horas
de policlínica, lo que equivale a 4 horas de policlínica
por semana, pero en realidad trabajaba en el horario de
13 a 17:30 horas o sea que no se le remuneraba media
hora de trabajo semanal. La cuestión es que el actor
sostuvo que su horario de trabajo era de 13 a 17:30
horas y que la jornada se fraccionaba en 2 bloques de
policlínicas pues las tareas las cumplía en dos lugares
distintos que requerían su traslado del Centro a
Carrasco.
Por lo tanto, no es
aplicable el Decreto del 20/10/1957 invocado por la
demandada pues lo que este regula en los arts. 6 y 9 son
los traslados que toma a su cargo el empleador,
tratándose de una hipótesis que nada tiene que ver con
la de autos.
Lo relevante es que no
hubo controversia alguna y mucho menos categórica en
relación a que el horario de policlínica fijado al actor
37
era de 13 a 17:30 horas ni se aportó prueba de que tal
modificación en el lugar de ejecución del trabajo no
fuera dispuesta por la propia empleadora.
Debe verse que claramente
no se trata de un reclamo de tiempo in itinere ni de
horas extra, sino de tiempo de trabajo habitual en
policlínica y claramente, si no estaba descansando sino
haciendo algo que beneficia al empleador (trasladándose
de una policlínica a otra dentro del horario habitual de
trabajo), se trata claramente de tiempo de trabajo
efectivo que debe ser remunerado, por consiguiente, este
agravio también será estimado” (fs. 810 vto./811).
Frente a este claro y
fundado razonamiento del Tribunal, la demandada se
limita a señalar en su recurso de casación que los
argumentos expuestos por la Sala “son meros indicios o
conjeturas, sin base probatoria alguna y sin ningún tipo
de sustento” y que “el Tribunal peca de sobremanera a la
hora de interpretar el Decreto de referencia [refiere al
Decreto Reglamentario de fecha 29 de octubre de 1957],
pues el lapso de treinta minutos que le llevaba el
traslado de una policlínica a la otra no está
comprendida en el Decreto” (fs. 825).
Resulta claro que el
agravio no está suficientemente fundado, en tanto carece
de un mínimo desarrollo argumental, pasible de modificar
38
la solución a la que arribara la Sala.
No es suficiente con
denunciar un supuesto error de interpretación de una
norma, sin explicar en qué consiste el error y cuál ha
sido la consecuencia de ese yerro en la aplicación
concreta realizada en el caso por el Tribunal.
A criterio de este Cuerpo,
claramente el agravio no cumple con las exigencias
formales del recurso de casación previstas en el
artículo 273 del C.G.P.
A su vez, a criterio de la
Sra. Ministra Dra. Scavone, la recurrente centra su
embate crítico en la interpretación de una norma,
Decreto Reglamentario del 29/10/1957 sobre tiempo in
itinere, que no resulta aplicable a la hipótesis
esgrimida (tiempo de trabajo habitual o efectivo en
policlínica).
Por todos los fundamentos
expuestos, corresponde la desestimación del agravio en
estudio.
e) Agravio respecto al
rubro “pacientes vistos en policlínicas”.
En lo que refiere al rubro
“pacientes vistos en policlínicas”, la Sala sostuvo:
“(...) el reclamo se
encuentra en la demanda a fs. 291 vta. y ss. donde se
39
explica la normativa de la cual surge la pretensión de
pago por cantidad de pacientes vistos en policlínica,
tratándose de un complemento que se paga mediante un
complejo sistema de franjas que deben calcularse de
acuerdo a la cantidad de horas de policlínica cumplidas
por el trabajador médico, destacándose que por acta de
29/12/2011 se disminuyó la cantidad de pacientes a ver a
5 por hora, ajustando las franjas y señalándose que la
empresa no detalla en forma alguna los pacientes que
veía el actor en su consulta de policlínica, sino que
únicamente establece unidades y luego la franja
involucrada y un monto remunerado por cada franja siendo
así imposible comprobar con certeza cuanto se pagaba
como valor unitario por cada paciente visto. De todos
modos, sostuvo que tomando la información que emerge de
los recibos de sueldo, las unidades de pacientes que
figuran en los mismos no se condicen con las cantidades
de horas cumplidas por el actor (5 pacientes por hora de
policlínica), sino que figuran muchos menos por lo que
destacó la necesidad de que la empresa aportara la
agenda de todos los pacientes vistos por el actor, lo
que fue intimado e incumplido por la empresa en la
diligencia preparatoria practicada en autos.
Pues bien, la demandada no
controvirtió este rubro de vista forma, pues refiere a
él a fs. 361, pero no desarrolla fundamento alguno de su
40
supuesta controversia haciendo referencia nuevamente a
un supuesto error de interpretación de los recibos, que
luego no logra demostrar.
Es claro entonces que la
demandada no planteó controversia clara y categórica en
relación a este rubro y efectivamente la recurrida (fs.
701) se basó en lo que expresó la demandada en el
numeral 90 de fs. 361 que refiere al pago de
intervenciones quirúrgicas, lo que no tiene nada que ver
con lo reclamado o sea que la sentencia no se encuentra
debidamente fundada.
En definitiva, no ha
existido controversia, además de que la demandada no
aportó la prueba sobre el número de pacientes agendados
y atendidos efectivamente por el accionante...” (fs. 811
vto./812).
En su recurso de casación,
la demandada aduce al respecto que el Tribunal parece no
querer o no comprender el convenio colectivo que regula
el sector de referencia. Refiere a las cifras que
emergen de la novación contractual y su adecuación
respecto al laudo.
Añade que no puede
sostener el Tribunal que no se desarrolla fundamento
alguno para controvertir el rubro en examen, cuando en
forma clara, precisa y contundente se demostró que no
41
existió merma salarial alguna y, menos aún, diferencias
por pacientes vistos en policlínica.
Nuevamente estima esta
Corporación que el planteo no satisface las exigencias
formales, incumpliéndose lo dispuesto en el art. 273 del
C.G.P., amén de lo cual, tampoco se atacan todos los
argumentos fundantes del fallo (art. 270 C.G.P.).
La Sala condenó a la
empresa accionada a abonar el rubro “pacientes vistos en
policlínicas” en base a dos argumentos: i) la demandada
no controvirtió este rubro de vista forma, pues refiere
a él a fs. 361, pero no desarrolla fundamento alguno de
su supuesta controversia; ii) la demandada no aportó la
prueba sobre el número de pacientes agendados y
atendidos efectivamente por el accionante.
La recurrente en casación
solo expresa discrepancias (que no llegan a erigirse en
un agravio correctamente fundado) contra el primero de
tales argumentos, pero nada dice en relación al segundo,
lo que de por sí impide el progreso de su planteo.
Cuando una sentencia se
fundamenta en varios argumentos o, conforme a la
perspectiva de la Teoría de la Argumentación, en una
argumentación que, conforme a su estructura, puede
calificarse como múltiple, la ley procesal impone al
recurrente atacar todos los extremos determinantes del
42
fallo (art. 270 C.G.P).
En relación a esta
cuestión, ha expresado la Corporación reiteradamente que
“(...) cuando una sentencia se apoya en varios
fundamentos, se necesita atacarlos todos para que
prospere el recurso, pues si se deja de atacar
cualquiera de ellos (...) no se casa la sentencia (...)
Aun cuando sean fundados alguno o algunos de los motivos
alegados por el recurrente en casación para impugnar la
sentencia del tribunal, ella no es casable si se apoya
en otra u otras razones no combatidas por el recurrente.
Entonces, tratándose de la impugnación por la causal
primera, en cuyo campo es de rigor que se demuestre la
infracción ya directa, ya indirecta, de la Ley
sustancial, es preciso que por el recurrente se ataquen
todos los fundamentos de derecho de esta especie, sobre
cualquiera de los cuales, aunque no hubiese sido
expresamente considerado por el juzgador, pudiera la
sentencia quedar en pie” (cf. Hernando Morales Molina,
Técnica de Casación Civil, Ed. Academia Colombiana de
Jurisprudencia, Bogotá, año 2014, pág. 115) (Cfme.
Sentencia de la Suprema Corte de Justicia Nº 860/2017;
en el mismo sentido, véanse las sentencias Nos.
1617/2018, 1.155/2019, 1.295/2019 y 37/2020, entre
otras).
Con tales entendimientos,
43
debe razonablemente convenirse que la omisión de
controvertir uno de los argumentos determinantes del
fallo –en lo que respecta a la condena a abonar el rubro
en análisis- sella la suerte de la recurrencia.
f) Agravio en cuanto al
rubro “incidencias del fondo de categorías”.
En lo que refiere al rubro
“incidencias del fondo de categorías”, la impugnante
sostiene que no le asiste razón al Tribunal cuando
expresa que la demandada no controvirtió el rubro, dado
que “no existen diferencias salariales algunas en los
rubros que se abonaban, por lo que en consecuencia,
tampoco se configuraban diferencias en lo que refiere al
fondo de categoría” (fs. 826).
Agrega la recurrente que,
“por si fuera poco, el propio actor, Daniel Corradi,
reconoció que la institución pagaba dicha partida,
determinando en este sentido la materialización del
artículo 153 del C.G.P. (confesión judicial – hecho no
controvertido)”, lo que determina que el Tribunal no
puede ingresar en el análisis de este rubro, al haberse
configurado una confesión judicial (fs. 826).
Sobre el punto, considera
esta Corporación, en primer lugar, que la afirmación de
la recurrente relativa a que no existen diferencias
salariales está notoriamente infundada, por lo que no
44
constituye un agravio pasible de ser siquiera evaluado,
al incumplir –nuevamente- las exigencias previstas en el
art. 273 del C.G.P.
Por su parte, en cuanto a
la alegada “confesión” del actor respecto a que a la
institución le pagaba dicha partida, es claro que ello
resulta irrelevante, pues lo que el Tribunal ha
condenado a pagar es la diferencia entre lo que la
demandada abonaba por concepto de “incidencias del fondo
de categorías” y lo que debía abonar por este rubro
(véase fs. 812 y vto.).
En otros términos, no se
condena a abonar un rubro totalmente impago por la
empleadora, sino la diferencia entre lo que la empresa
pagó y lo que –a juicio de la Sala- debió pagarse. En
consecuencia, el hecho de que el actor haya expresado
que la demandada le pagaba la partida en cuestión,
carece de toda relevancia, pues es ajeno a la discusión;
y corresponde por tanto, desestimar el agravio.
g) Agravio respecto al
rubro “visitas sanatoriales”.
Al analizar la procedencia
de este rubro, expresó el Tribunal:
“En autos el actor reclamó
el pago de 2 visitas sanatoriales por paciente
intervenido quirúrgicamente (fs. 294-295).
45
La demandada sostuvo que
el actor no tenía visitas sanatoriales y que debe
distinguirse lo que es la visita sanatorial propiamente
dicha del seguimiento posoperatorio que se realiza al
paciente y que es de la esencia de todo cirujano (fs.
366 y vta.). Sin embargo, como bien lo expresa el
recurrente a fs. 761 vta. si la visita sanatorial
posoperatoria estaría comprendida en la labor de todo
cirujano, no se explica cuál sería la razón por la cual
la visita sanatorial está expresamente prevista como un
complemento salarial variable por cada paciente atendido
y lo mismo podría decirse entonces de los otros
complementos que se abonan” (fs. 813).
En su recurso de casación,
al abordar el presente rubro, la demandada afirma que el
Tribunal erra al interpretar el convenio y, sobre todo,
la esencia y la propia función del médico.
Sostiene que, en aplica-
ción de las reglas de la sana crítica y de la libre
convicción, resulta un hecho evidente, notorio, que la
labor de todo médico implica efectuar un seguimiento de
la recuperación del paciente, tratándose de un acto
esencial, inherente a la función del médico, que por
tanto no da lugar a remuneración alguna, habiendo
incurrido la Sala en un absurdo evidente.
En el punto, si bien la
46
recurrente habla de “infracción en las normas de sana
crítica y libre convicción” y de “absurdo evidente” (fs.
826 vto.), en puridad no está cuestionando la valoración
de la prueba ensayada por el Tribunal, sino la
calificación de las visitas a pacientes operados que
realizaba el actor luego de las cirugías.
En tal sentido, la Sala
coincidió con el accionante respecto a que tales visitas
a pacientes debían ser calificadas como “visitas
sanatoriales” y, por ende, debían abonarse conforme lo
previsto en el laudo (como un complemento salarial),
mientras que la demandada considera que aquéllas forman
parte del seguimiento post operatorio que se realiza al
paciente, que es de la esencia de todo cirujano, y por
tanto no dan lugar a remuneración alguna (igual criterio
fue sustentado por el decisor de primera instancia).
Y bien. A juicio de la
mayoría de esta Corporación, conformada por los Sres.
Ministros Dres. Martínez, Pérez, Scavone y la redactora,
le asiste razón a la recurrente en su planteo.
En este sentido, el
Tribunal de Apelaciones del Trabajo de 2º Turno, en
Sentencia Nº 273/2017, ha expresado en posición que
comparte la mayoría:
“En lo que respecta al
agravio por el rechazo de la condena al pago de las
47
visitas sanatoriales, el Colegiado advierte que el actor
en su demanda expresa: ‘12. El actor tenía a su cargo,
primero por su guardia y pacientes operados, y luego por
su cargo como consultante y pacientes operados, la
visita de los pacientes internados, lo que asimismo se
adicionaba a las que le correspondían por cada paciente
por él operado.
De esta forma el actor
realizaba reiteradas y múltiples visitas sanatoriales,
las cuales nunca fueron remuneradas correctamente, pese
a estar expresamente previstas en el laudo vigente (ver
punto 6 de planilla SAQ) el pago de una suma por cada
visita realizada, por el contrario se remuneraba una
suma ficta y fija sensiblemente inferior al laudado.
Basta ver los registros
horarios para comprobarse que la Visita se realizaba de
Lunes a Sábado y generalmente se controlaban un promedio
mínimo de 2 pacientes por día’ (Fojas 795 vuelto - 796).
Frente a ello, la
demandada al contestar la demanda dice: ‘Capítulo III Mi
representada no debe nada al actor en concepto de
salario variable.
8. Las visitas sanatoria-
les al paciente integran la prestación médica cumplida
con el acto quirúrgico (planilla D).
8.1. Ante todo cabe una
48
elemental constatación: el actor no recibía el pago de
visitas porque estas integran la diligencia media que
debe cumplir un médico al operar.
Es decir y los testigos lo
reforzarán, va de suyo que cuando un médico opera
necesariamente debe también cumplir coligadamente con el
acto quirúrgico con el seguimiento del paciente hasta su
egreso’ (Fojas 860 vuelto - 861).
El Tribunal, comparte la
posición de la Sentencia de primer grado cuando entiende
que el acto quirúrgico por el cual el médico cirujano
comprende el seguimiento y visita a su paciente para
valorar su evolución luego de cumplida la operación. No
puede separarse la actividad de visita al paciente
operado del acto quirúrgico en sí mismo considerado, ya
que la misma integra un todo resultante de la
intervención quirúrgica y por otro lado, no se
individualiza en forma concreta en qué laudo se funda el
reclamo.
(...)
El control en las visitas
que efectúa el cirujano es consecuencia de la operación
cumplida y se reitera, integra el todo del acto
quirúrgico por el que se le remunera”.
En consonancia con los
conceptos vertidos en la sentencia transcripta,
49
considera la mayoría de esta Corporación, que el acto
quirúrgico desempeñado por el cirujano comprende el
seguimiento y la visita a su paciente para valorar su
evolución luego de cumplida la operación.
En consecuencia, no
corresponde abonar en forma separada, como un rubro
aparte, las visitas realizadas por el cirujano a sus
propios pacientes en el tiempo inmediato siguiente a la
operación. Las “visitas sanatoriales”, previstas en el
laudo deben ser interpretadas como aquellas visitas que
el cirujano efectúa a otros pacientes, no a los que él
mismo operó. Las mismas son parte de la etapa
postoperatoria, que incluye el período entre que el
paciente es operado y su alta definitiva. En esta etapa
el principal objetivo está íntimamente conexo con la
evolución del paciente luego de la intervención,
corrigiendo anormalidades y previniendo complicaciones
que puedan derivar del acto quirúrgico. Por ende la
actividad desplegada por el galeno en esas visitas está
inescindiblemente vinculada al acto quirúrgico y es
comprensiva de la diligencia media que debe cumplir un
médico al operar. No se trata de determinar si el punto
6 del Listado incluye toda “visita sanatorial”, sino
establecer los límites y alcance de la actividad
quirúrgica ya remunerada, con un criterio razonable.
En este caso la norma no
50
genera dudas interpretativas que habiliten convocar el
principio in dubio pro operario. Por el contrario la
delimitación del alcance del acto quirúrgico convoca el
principio de razonabilidad, porque como dice Chaim
Perelman “ningún derecho puede ser ejercido de un modo
no razonable, porque lo que no es razonable no es
derecho” (citado en Principios del Derecho del Trabajo,
Plá Rodríguez, pág. 312).
En consecuencia, coincide
la mayoría de esta Corporación, con el criterio
sustentado por el a quo en la sentencia de primer grado,
a cuyos desarrollos cabe remitirse (véase fs. 708/710).
h) Agravio por el rubro
“diferencias por actividad quirúrgica”.
En cuanto a este rubro en
particular, expresó el Tribunal en su sentencia:
“También es de recibo el
agravio sobre las diferencias por actividad quirúrgica
que en realidad refiere a las diferencias salariales en
los actos reconocidos por la empresa a fs. 290 y vta. y
se complementa con lo reclamado como diferencias por el
Fondo de categorías en la demanda a fs. 295 y ss. Y la
demandada se limitó a realizar una afirmación genérica
en el sentido de que debía considerarse que en el monto
pagado por cirugías se habría incorporado el fondo de
categorías. Sin embargo, no hay prueba alguna de tal
51
afirmación, ni prueba que con ello se hubiera alcanzado
los mínimos del laudo.
Y como bien lo expresa el
apelante, lo cierto es que la partida ‘fondo de
categorías’ es una partida expresamente prevista en el
laudo y como tal independiente de los restantes
complementos salariales que prevé el laudo, de manera
que no se puede imputar esta partida a cuenta de los
actos quirúrgicos adeudados como parece sostener la
demandada.
La decisión de la recurri-
da se base prácticamente en lo declarado por la testigo
Garbarino a fs. 477 Jefa de La Sección de liquidaciones
de la demandada (fs. 704), testigo obviamente sospechosa
(art. 157 del C.G.P.). Y la defensa de la demandada fue
por demás confusa pues en los numeral 135 y 136 a fs.
366 expresó: Las intervenciones quirúrgicas de aquellos
médicos que ya cobraban intervenciones se pagaba el
valor del laudo sin el 5% del fondo de categoría, porque
el cálculo del fondo de categorías se hacía sobre el
total nominal y siguiendo este procedimiento no existe
discriminación salarial alguna’. Agregando que ‘Las
consideraciones son las mismas en lo que obedece al
reclamo de diferencias salariales por pago incorrecto de
las 2 cirugías mayores garantizadas: la empresa pagaba
el valor antiguo o viejo y en un renglón a continuación,
52
con oro concepto, abonaba el rubro salarial que
correspondiese por el acto u operación realizada, que
sumada al salario básico, determinaba en definitiva, su
salario total, que en ningún concepto, sufría
discriminación alguna’.
Sin embargo, no se aportó
prueba alguna de tal alegación. Y no se controvirtió en
forma clara y categórica la precisa liquidación
presentada por la parte actora a fs. 276.
(...) era carga de la
demandada demostrar de modo fehaciente que lo abonado
por dichas cirugías se correspondía exactamente con lo
previsto en la novación de contrato de fecha 1/11/2008
(fs. 17) y en los laudos y es claro que no cumplió con
dicha carga probatoria (...)” (fs. 813/814).
Frente a esta extensa y
clara fundamentación de la Sala para amparar el agravio
ensayado en su momento por el actor y condenar al pago
de las diferencias salariales por actividad quirúrgica,
la recurrente señala en su libelo que el Tribunal
“incurre en graves errores de índole jurídico y
aritmético, al interpretar erróneamente el convenio
colectivo aplicable a obrados” (fs. 826 vto.).
Afirma al respecto que
“Las intervenciones quirúrgicas de aquellos médicos que
ya cobraban intervenciones se pagaban el valor del laudo
53
sin el 5% del fondo de categoría, porque el cálculo del
fondo de categoría se hacía sobre el total del nominal,
y siguiendo este procedimiento, no existe discriminación
salarial alguna”. Y añade que idénticas consideraciones
merecen el reclamo de diferencias salariales por pago
incorrecto de las dos cirugías mayores garantizadas: “la
empresa pagaba el valor antiguo o viejo, y en un renglón
a continuación, con otro concepto, abonaba el rubro
salarial que correspondiese por el acto u operación
realizada, que sumada al salario básico, determinaba su
salario total” (fs. 827).
Concluye entonces la
recurrente que el Tribunal no solo incurre en este
aspecto en una errónea interpretación del convenio
colectivo, sino también en un absurdo evidente al
extraer conclusiones que procuran destruir el preciso,
detallado y correcto razonamiento que se hace para la
liquidación de los sueldos.
En este sector del recur-
so, la impugnante denuncia una interpretación errónea,
por parte de la Sala, del “convenio colectivo aplica-
ble”, pero a juicio de esta Corporación no logra expli-
car con claridad, suficiencia y precisión cuál sería la
interpretación correcta de la normativa y qué resultado
arrojaría tal intelección en el cálculo de las
diferencias salariales en examen.
54
Pero además de ello,
nuevamente la recurrente olvida atacar parte de los
argumentos determinantes del fallo.
En efecto, la Sala
consideró que la demandada no había aportado prueba
alguna de su alegación relativa a cómo se pagaban las
dos cirugías mayores garantizadas y que no había
controvertido en forma clara y categórica la precisa
liquidación presentada por la parte actora a fs. 276.
Agregó que era carga de la demandada demostrar de modo
fehaciente que lo abonado por dichas cirugías se
correspondía exactamente con lo previsto en la novación
de contrato de fecha 1/11/2008 y en los laudos y que es
claro que no cumplió con dicha carga probatoria.
Contra tales argumentos,
determinantes de la decisión del Tribunal de condenar al
pago del presente rubro, nada expresó en concreto la
recurrente, lo que sella la suerte de este sector de la
impugnación.
i) Agravio por la condena
a indemnizar por “despido abusivo”.
Respecto a este rubro, sin
perjuicio de lo defectuoso que se presentan los
fundamentos desarrollados por la recurrente, los Sres.
Ministros Dres. Martínez, Pérez, Sosa y la redactora,
consideran que adoptando un criterio flexible, es
55
posible entender que ha logrado fundar el agravio de
forma suficiente –aunque escasa- y, por lo tanto, se
ingresará a su estudio.
En primer lugar, los Sres.
Ministros Martínez, Pérez y la redactora, estiman
oportuno precisar que no corresponde modificar la
plataforma fáctica que el Tribunal ha tenido por
acreditada. Como ha sostenido esta Corporación, la
revalorización de la prueba no constituye motivo de
casación, por cuanto el ingreso a ese material
convertiría esta etapa casatoria o de revisión meramente
jurídica en una tercera instancia no querida por el
legislador. En virtud de lo dispuesto por el art. 270
del C.G.P. (de aplicación por remisión del art. 18 Ley
Nº 18.572, en la redacción dada por el art. 7 de la Ley
Nº 18.847), el ámbito de la norma queda circunscripto a
la llamada prueba legal, o sea, aquella en que la propia
Ley prescribe que, verificándose ciertos presupuestos
por ella misma indicados, el Juez, aunque opine
distinto, debe darle el valor y eficacia previamente
fijados; o, en el caso de apreciación librada a las
reglas de la sana crítica, cuando incurre en un absurdo
evidente, grosero e infundado.
En el caso, a pesar de los
rimbombantes calificativos que utiliza la recurrente
para denunciar los supuestos de apartamientos de la sana
56
crítica en los que habría incurrido el Tribunal, no se
trata más que de una simple disconformidad con la
interpretación realizada por éste.
De la prueba glosada en
autos puede entenderse -con cierto grado de
razonabilidad-, que no surge suficientemente acreditada
la existencia de dificultades económicas o una
reestructuración, tal como alega Casa de Galicia.
La valoración realizada
por el ad quem podrá ser más o menos compartible, pero
no puede tacharse como absurda o apartada de la sana
crítica.
Conforme jurisprudencia de
la Corte (Sentencia Nº 1.190/2019, entre muchas otras),
esta situación tiene una doble consecuencia: impide en
el grado la revalorización de los hechos tenidos por
acreditados en segunda instancia y, por lo tanto,
determina la inmutabilidad de dicha plataforma fáctica.
Ahora bien, sin perjuicio
de lo antedicho, los Sres. Ministros Dres. Martínez,
Pérez, Sosa y la redactora, señalan que resulta
revisable la calificación jurídica que ha realizado el
Tribunal sobre los hechos que ha tenido por acreditados.
Esta Corporación ha
sostenido en diversos fallos que el concepto de despido
abusivo es quaestio iuris. En consecuencia, la
57
corrección de la calificación jurídica realizada por los
órganos de mérito respecto a los hechos configurativos
de un supuesto de despido abusivo, es revisable en sede
de casación, por implicar infracción de derecho. Así se
ha sostenido, por ejemplo, en Sentencias Nos. 50/1993,
767/1994, 185/1998, 111/2001, 554/2008, 462/2010 y
619/2017.
De forma previa a ingresar
al análisis de la existencia o no de un despido abusivo
en el caso concreto, es conveniente, a criterio de la
Sra. Ministra Dra. Elena Martínez, señalar las distintas
posturas que, a la fecha, existen sobre la vinculación
entre despido abusivo y la falta de motivación o causa
en el despido, así como con las circunstancias
particulares de cada trabajador.
El Tribunal de Apelaciones
de Trabajo de 1º Turno, en la sentencia que nos ocupa –y
que sirve para ilustrar su posición sobre el tema-,
expresó que: “la empleadora tenía la carga de probar
porqué eligió al Dr. Corradi y no a otros cirujanos
generales para cesarlo, en base a un criterio lícito y
no en base a una decisión arbitraria o motivada en otros
aspectos no válidos. (...).
De modo entonces que en la
medida en que la demandada pretendió justificar el
despido en una supuesta reestructura, debió explicitar
58
claramente y probarla, asumió la carga de probarla
(...).
La Sra. Ministra Dra.
Rosina Rossi en su voto entiende que todo despido debe
ser causado, no solo en el caso de un médico con más de
40 años de labor, sino en todos los casos, aún el del
que trabajó un mes, porque la pérdida de la fuente del
salario, sin motivación, constituye una forma de
discriminación, vale decir, un trato arbitrario, no
compartiendo la idea de que en Uruguay el despido es
libre, por cuanto, despedir constituye un acto de poder
del empleador que puede usarlo en forma legítima o
ilegítima y como es un acto de poder, tiene que invocar
y demostrar las razones”.
Por su parte, el Tribunal
de Apelaciones de Trabajo de 3º Turno, en Sentencia Nº
187/2019, ha señalado que: “Existe pues, en la teoría
del derecho civil un cambio de paradigma en cuanto a la
determinación o no de abuso de derecho, que implica que
el Juez a tal efecto no solo deba considerar la conducta
del sujeto que usa de un derecho, sino también, y
especialmente, las consecuencias que ese uso del derecho
tiene en otro sujeto que también tiene un derecho
tutelado. La existencia de equilibrio y razonabilidad
entre los beneficios de aquel y el perjuicio de éste
será uno de los elementos a considerar a efectos de
59
determinar si se configura o no un supuesto de abuso del
derecho. En otras palabras, si el perjuicio que causa
quien usa de un derecho es desproporcionado con el
beneficio que obtiene, nos encontramos ante un supuesto
de culpa o negligencia, ‘exceso’ en el uso del derecho,
y por lo tanto debe responder por el daño que cause.
(...) debe ponderarse asimismo la ventaja que obtuvo el
empleador con el despido para así determinar si existió
o no equilibrio y razonabilidad entre las ventajas de
una parte y los intereses sacrificados. Y ello por
cuanto en caso de que no exista equilibrio y
razonabilidad entre uno y otro cabe concluir que el
empleador actuó en forma culpable, negligente, al no
ponderar las consecuencias que el uso excesivo de su
derecho podía ocasionar, o sea con abuso de derecho y en
consecuencia debe responder por los daños extra
tarifados que su conducta le ocasiona al trabajador”.
En otra línea, el Tribunal
de Apelaciones de Trabajo de 2º Turno, en Sentencia Nº
165/2021, manifestó: “V) El que el empleador no haya
tomado en cuenta la edad, la antigüedad o la posibilidad
de conseguir otro trabajo para el actor, convierte el
despido quizás en injusto, pero no en ilícito.
Afirmó la Suprema Corte de
Justicia en Sentencia 377/2009 y 100/2010: ‘La
indemnización por despido abusivo procede cuando existe
60
culpa o falta del patrono’.
‘No basta, entonces, con
que el despido parezca como injustificado para que se
configure una hipótesis de despido abusivo, sino que el
trabajador debe probar que existió dolo, culpa o
negligencia de parte del empleador. Es el despido
abusivo o ejercicio abusivo de rescindir el contrato de
trabajo, que implica causas dolosas, ilícitas, mal
intencionadas y con ánimo de dañar económica o
moralmente al trabajador, lo que genera la aplicación de
las normas del abuso de derecho’.
En autos la demandada no
se opone al pago de la indemnización por despido
tarifada y no manifiesta causa alguna de disconformidad
con la tarea del trabajador, que corresponda analizar.
Pero es facultad del empleador si existe alguna causa
que no le conforma del trabajador, o no puede hacerse
cargo de la erogación, o no necesita más de sus tareas,
cesarlo siempre que pague las indemnizaciones
correspondientes. Y no se pruebe la ilicitud, dolo de
ese despido.
Y en este caso así ha
sucedido. (...)
Afirma la Suprema Corte de
Justicia: ‘Todo cese decidido por el empleador y que
genere la indemnización tarifada es injusto, pero
61
injusto como consecuencia del ejercicio de una facultad
de arbitrio; lo que no debe confundirse con el ejercicio
abusivo o arbitrario o ilícito de dicha facultad, que
supone una desviación grave y una conducta,
particularmente lesiva del empleador’ en (sent 264/2007)
(Reglas jurisprudenciales sobre despido abusivo Univ de
Montevideo)”.
En síntesis, pueden
observarse tres grandes posturas: por una parte, a
criterio del Tribunal de Apelaciones de Trabajo de 1º
Turno, si el empleador manifiesta la existencia de un
motivo que justifique el despido, debe probarlo, so pena
de tener por cierto lo alegado por el actor y condenar
al pago de despido abusivo.
Con la particularidad de
que, a criterio de la Dra. Rossi, todo despido debe ser
causado so pena de tacharse de abusivo.
Por otro, el Tribunal de
Apelaciones de Trabajo de 3º Turno, destaca la necesidad
de realizar un test de proporcionalidad entre el
beneficio obtenido por el empleador y el perjuicio
causado al trabajador despedido y, en aquellas hipótesis
en que se verifique la existencia de una desproporción
entre uno y otro parámetro, deberá indemnizarse al
trabajador con la tarifa especial del despido abusivo.
Y finalmente, el Tribunal
62
de Apelaciones de Trabajo de 2º Turno, estima que la
sola circunstancia de no tomar en cuenta circunstancias
como la edad, tiempo de trabajo en la empresa o
posibilidad de conseguir otro empleo, no convierte al
despido en abusivo. Recuerda que cesar al trabajador
forma parte de las facultades del empleador y que,
aunque este se presente como injustificado, no deberá
pagar despido abusivo salvo que se logre probar que
existió dolo, culpa o negligencia de parte del
empleador.
Repasadas estas posturas,
estima la mayoría de esta Corporación conformada por los
Sres. Ministros Dres. Martínez, Pérez, Sosa y la
redactora que no resulta compartible lo expuesto por el
Tribunal de Apelaciones de 1º Turno, ni la postura de la
Dra. Rossi en particular, por cuanto, si el empleador
expone un motivo por el cual se despidió al trabajador y
luego no lo logra acreditar, lo que no se habrá probado
es la causa del despido, volviéndose el mismo un despido
incausado, pero esto no implica que necesariamente haya
sido abusivo.
Por su parte, si bien en
algunas ocasiones especiales, puede resultar compartible
el criterio que expone el Tribunal de Apelaciones de
Trabajo de 3º Turno, sobre todo cuando se alega que se
han causado graves perjuicios al trabajador y escasos
63
beneficios al empleador, en el caso, el actor no ha
alegado –y menos probado- los daños que el despido le
causó, por lo que el test de proporcionalidad no puede
ser aplicado.
Finalmente, se estima
acertada la postura del Tribunal de Apelaciones de 2º
Turno, la cual se alinea con lo que ha señalado este
Cuerpo. No es posible equiparar, sin más, un despido
incausado a un despido abusivo. Todo empleador tiene
derecho a despedir a un trabajador, aun sin expresión de
causa, o con una mera alegación consistente en el ahorro
de un gasto para destinarlo a inversión, o para mejorar
el margen de ganancias y únicamente deberá abonar la
indemnización especial si se prueba que ese despido,
aunque incausado, respondió a dolo o culpa del propio
patrono.
Aclarado esto, veamos el
caso concreto.
En autos, la alegación que
realiza el Dr. Corradi no se corresponde con una típica
situación de despido abusivo, como podría ser el caso de
un dirigente sindical que es despedido por el patrono,
precisamente, por motivos antisindicales.
El actor manifiesta que
trabajó por más de 43 años para la empleadora sin haber
sido sancionado, que el despido se realizó sin una
64
comunicación personal, sino que únicamente se le envió
una nota que mencionaba que su despido se debía a una
reestructuración y que no le dieron un preaviso que
permitiese recoordinar intervenciones quirúrgicas, lo
que configuraría un abuso de derecho.
El trabajador actor no
argumentó y menos aún demostró, que el despido se
tratase de una represalia adoptada en su contra, que el
empleador tuviese animosidad contra él y que por ello
hubiese utilizado la facultad del despido para causarle
un daño. Tampoco alegó culpa o negligencia; simplemente,
señaló su fidelidad para con la empresa y que lo
despidieron mediante una nota y sin preaviso.
Como se reseñó supra, el
Tribunal cimentó la calificación del despido abusivo en
la circunstancia de que Casa de Galicia argumentó, como
justificativo del despido, la existencia de una
reestructura interna a causa de problemas económicos que
no logró probar.
La mayoría de esta Cuerpo
conformada por los Sres. Ministros Dres. Martínez,
Pérez, Sosa y la redactora, no comparte lo concluido por
el Tribunal, en tanto, si no se logró demostrar la causa
del despido, en todo caso se estará frente a un despido
incausado y, en todo caso, injusto desde la óptica del
empleado, pero no frente a un despido abusivo.
65
En Sentencia Nº 619/2017
la Corporación sostuvo: “Corresponde recordar al efecto
que el Profesor De Ferrari ha señalado que la
indemnización por despido abusivo procede cuando existe
culpa o falta del patrono (Derecho del Trabajo, 1969, T.
II, págs. 431 y ss.); Plá Rodríguez refiere que: ‘Es una
aplicación de los principios generales de la
responsabilidad civil que se suele ejercer en aquellos
casos en que resulta particularmente chocante o
arbitrario el despido’ (Los Principios del Derecho del
Trabajo, pág. 174); Mantero afirma que no sólo el
despido que tiene una causa ilícita es abusivo sino
también el que obedece a una causa aparentemente lícita
pero que se cumple con intención de dañar (R.D.L., T.
XV, pág. 400).
Al efecto la Corte en
Sentencia Nº 767/94 ha dicho que: ‘...no basta,
entonces, con que el despido parezca como injustificado
para que se configure una hipótesis de despido abusivo,
sino que el trabajador debe probar que existió dolo,
culpa o negligencia de parte del empleador...’ ‘...el
despido abusivo o ejercicio abusivo de rescindir el
contrato de trabajo, que implica causas dolosas,
ilícitas, mal intencionadas y con ánimo de dañar
económica o moralmente al trabajador, lo que genera la
aplicación de las normas del abuso del derecho’”.
66
Más recientemente, en
pronunciamiento Nº 243/2013 se expresó: “En relación a
la figura del despido, la Corte ha consignado, en
reiterados pronunciamientos, que si bien el empleador
tiene derecho a despedir al trabajador sin otra
limitante que el pago de la indemnización tarifada,
existen casos excepcionales, cuando existe un ejercicio
abusivo de tal derecho, en los cuales corresponde
resarcir ese daño adicional como indemnización del
despido abusivo (por ejemplo: Sentencias Nos. 431/1987,
50/1993, 48/1994, 767/1994, 797/1996, 9/1997, 523/2000,
33/2006, 415/2012.
La Corporación ha señalado
en tal sentido que ‘la resolución unilateral del
contrato de trabajo, derecho que en principio asiste a
ambas partes de la convención, cuando se produce por
voluntad del empleador puede comprometer su
responsabilidad, conforme a los principios objetivos de
indemnización (forfaitaire) previstos por las Leyes de
la materia; aún más allá, cuando en el ejercicio de su
facultad contractual se advierte exceso notorio o abuso
de derecho (Ley No. 10.489 y concordantes, y art. 1321
del C. Civil, respectivamente)’ (Sentencia No.
431/1987). La Corte ha sostenido en forma pacífica que
existe despido abusivo cuando el mismo obedece a una
causa antijurídica y que esta figura jurídica debe
67
quedar reservada para situaciones excepcionales
particularmente arbitrarias o de ejercicio grosero de la
facultad de despedir (Sentencias Nos. 50/1993, 767/1994,
185/1998, 393/2000, 111/2001, 554/2008)’”.
En el caso concreto, el
actor ni siquiera ha alegado la existencia de un motivo
ilegítimo en su contra. No alcanza con destacar la falta
de sanciones, el haber trabajado 43 años en el mismo
lugar, o la falta de un preaviso para calificar el
despido como abusivo, pues ello no determina que haya
existido dolo, culpa o negligencia de parte del
empleador. Y recaía sobre el actor la carga de alegar y
demostrar la existencia de dolo o culpa del demandado
(art. 139, C.G.P.).
Lo anterior, ha sido
sostenido por la Corporación que en tal sentido ha
señalado: “Al efecto, habrá de tenerse en cuenta que no
basta con que el despido parezca como injustificado para
que se configure una hipótesis de despido abusivo, sino
que el trabajador debe probar que existió dolo, culpa o
negligencia de parte del empleador, en el entendido de
que el despido abusivo o ejercicio abusivo de rescindir
el contrato de trabajo implica la demostración de causas
dolosas, ilícitas, mal intencionadas y con ánimo de
dañar económica o moralmente al trabajador, lo que -una
vez probado- genera la aplicación de las normas del
68
abuso del derecho. Asimismo, habrá de tenerse presente
que se trata de una figura jurídica excepcionalísima,
reservada para situaciones particularmente arbitrarias o
de ejercicio grosero del derecho de despedir, ya que en
nuestro ordenamiento jurídico prima el derecho del
empleador de culminar la relación laboral en forma
unilateral, bastando solamente con que pague la
indemnización tarifada al trabajador (Cfme. Sentencias
Nos. 619/2017, 325/2015, 328/2915, 600/2012 y
537/2000)”.
Como también señaló la
Corporación en Sentencia Nº 1.213/2018: “Acreditar un
despido abusivo por un motivo injusto o irregular,
requiere demostrar la existencia de la intención de
despedir por ese propósito.
Como enseña SARTHOU, el
despido abusivo tiene muchas veces una ‘impureza
causal’, que está dada por las particularidades que
rodean el ejercicio de la facultad rescisoria. No es la
mera finalidad del patrono de desligarse del vínculo,
sino que su voluntad está animada de un elemento
adicional, doloso.
Y agrega, ‘El receso
patronal complejo e impuro es el campo propio y natural
del llamado despido abusivo. Se configura cuando el
receso unilateral ejercido por el patrono no se limita a
69
la extinción del contrato, sino por existir mala
intención, culpa grave y aún culpa leve causa un
perjuicio, no por la circunstancia misma del despido
sino por la complementariedad antijurídica en que está
envuelto’ (Cfme. SARTHOU, Helios: ‘Aspectos ontológicos
del despido abusivo’, Revista del Colegio de Abogados
del Uruguay, T. XI, Diciembre de 1988, págs. 67/68 y 71;
véase también RASO DELGUE, Juan: ‘Despido abusivo’ en
AA. VV.: ‘Derecho del Trabajo’, T. II (Juan Raso Delgue:
Director – Alejandro Castello: Coordinador), F.C.U.,
Montevideo, 2015, pág. 304)”.
La no acreditación de la
reestructura económica por parte del demandado solo
determina que en autos no surja probada la causa del
despido, pero si el actor pretendía que se lo calificara
como abusivo, debía haber ido más lejos, partiendo de
las propias alegaciones iniciales (demanda).
Por lo tanto, considerando
la plataforma fáctica –inmutable- que ha tenido por
acreditada la Sala, estima la mayoría de esta
Corporación, que no se desprenden elementos probatorios
que indiquen la existencia de un comportamiento ilícito
o antijurídico del empleador, no se han demostrado
motivos antijurídicos del despido, ni en su finalidad,
ni en la forma, por lo que corresponde acoger el recurso
de casación interpuesto en este punto y revocar la
70
sentencia en cuanto condenó a Casa de Galicia a pagar
despido abusivo.
En definitiva, por los
fundamentos expuestos, la Suprema Corte de Justicia
debidamente integrada, en mayoría,
FALLA:
AMPÁRASE PARCIALMENTE EL
RECURSO DE CASACIÓN MOVILIZADO, Y EN SU MÉRITO, ANÚLASE
LA SENTENCIA EN CUANTO CONDENÓ A CASA DE GALICIA A
ABONAR DIFERENCIAS POR VISITA SANATORIAL Y DESPIDO
ABUSIVO.
EN LO RESTANTE, DESESTÍMASE EL
RECURSO DE CASACIÓN, SIN ESPECIAL CONDENACIÓN PROCESAL
EN EL GRADO.
A LOS EFECTOS FISCALES, FÍJANSE
LOS HONORARIOS FICTOS EN 20 B.P.C.
NOTIFÍQUESE A DOMICILIO,
PUBLÍQUESE, HÁGANSE LAS DEVOLUCIONES QUE CORRESPONDIEREN
Y, OPORTUNAMENTE, DEVUÉLVASE.
DR. JOHN PÉREZ BRIGNANI
PRESIDENTE DE LA SUPREMA
CORTE DE JUSTICIA
DRA. ELENA MARTÍNEZ
MINISTRA DE LA SUPREMA
CORTE DE JUSTICIA
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DRA. BERNADETTE MINVIELLE SÁNCHEZ
MINISTRA DE LA SUPREMA
CORTE DE JUSTICIA
DISCORDE –EN PARTE-: Por
entender que en lo atinen-
DR. TABARÉ SOSA AGUIRRE
te al rubro “visitas sana-
MINISTRO DE LA SUPREMA
CORTE DE JUSTICIA toriales” corresponde de-
sestimar el agravio interpuesto por la parte demandada,
siendo ello así por lo subsiguiente.
Sobre el punto, el
Tribunal señaló: “El agravio también es de recibo,
compartiendo este Tribunal la jurisprudencia citada por
el recurrente a fs. 761 vta. a 763 en la que incluso la
Suprema Corte de Justicia hace referencia a una
sentencia de esta Sala (fs. 762). En los casos en que
este Tribunal no hizo lugar a este rubro fue con
fundamento en la falla en la carga de la afirmación, lo
que no acontece en el caso de autos. En autos el actor
reclamó el pago de 2 visitas sanatoriales por paciente
intervenido quirúrgicamente (fs. 294-295). La demandada
sostuvo que el actor no tenía visitas sanatoriales y que
debe distinguirse lo que es la visita sanatorial
propiamente dicha del seguimiento posoperatorio que se
realiza al paciente y que es de la esencia de todo
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cirujano (fs. 366 y vta.). Sin embargo, como bien lo
expresa el recurrente a fs. 761 vta. Si la visita
sanatorial posoperatoria estaría comprendida en la labor
de todo cirujano, no se explica cuál sería la razón por
la cual la visita sanatorial está expresamente prevista
como un complemento salarial variable por cada paciente
atendido y lo mismo podría decirse entonces de los otros
complementos que se abonan. En consecuencia, éste
agravio también será estimado por lo que se revocará la
recurrida y se condenará a la demandada al pago de este
rubro de acuerdo a lo reclamado y liquidado en la
demanda”.
A juicio de la Sala,
corresponde condenar al pago del rubro dado que el
propio laudo contempla que la visita sanatorial es un
complemento salarial variable por cada paciente
atendido. En otras palabras, la partida corresponde en
aplicación del numeral 6 del listado de remuneraciones
anestésico quirúrgicas que integran el laudo del grupo
15 (fs. 813 de la sentencia que remite a la fs. 761 vto.
de la apelación formulada por la actora).
Ahora bien, frente al
encuadre de la Sala –el cual podrá compartirse o no- el
recurrente se limita a señalar que se infringieron las
normas de la sana crítica y libre convicción, pues es un
hecho evidente que todo médico debe efectuar un
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seguimiento de la recuperación del paciente.
Tal explicación, no cumple
con los requisitos del artículo 273 del C.G.P. En
efecto, si la Sala aplicó el numeral 6 del listado de
remuneraciones anestésico quirúrgicas que integran el
laudo del grupo 15, lo que debió hacer el recurrente –y
no hizo- es explicar los motivos por los cuales estima
que la norma no resulta aplicable. Va de suyo que la
justificación de si una norma es o no aplicable no se
vincula con la valoración probatoria.
En conceptos trasladables
de GUASP: “Finalmente, en el recurso de casación, como
requisito objetivo de la máxima importancia, se
encuentra la causa de la impugnación (...) para que la
casación proceda es preciso que se dé una justificación
objetiva, legalmente establecida, que funciona, por
tanto, auténticamente como un motivo del recurso. Hay,
pues, que estudiar aquí este requisito objetivo del
motivo del recurso, sin duda la exigencia de mayor
significación y alcance de todas las que a esta
impugnación hacen referencia” (GUASP, Jaime, Derecho
Procesal Civil, T. II, p. 824, Ed. Inst. de Est.
Políticos, 3ª Ed., Madrid, 1968).
Asimismo, la técnica
recursiva, la carga de fundamentar es descripta por
HITTERS, cuando analiza la expresión de agravios en
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estos términos: “Como todos los pedimentos que se llevan
a cabo en el proceso, el que argumenta este medio de
embate debe ser concreto, preciso y claro; en una
palabra suficiente” y más adelante concluye: “...hace
falta que el quejoso ponga de manifiesto los errores de
la providencia impugnada” (HITTERS, J.C., “Técnica de
los recursos ordinarios”, Ed. LEP La Plata, 2000, Pág.
440).
El incumplimiento releva-
do, su forma deficitaria, determina el rechazo del
agravio por estrictas cuestiones formales.
DISCORDE: En cuanto al
agravio por la condena a
DRA. MARÍA VERÓNICA SCAVONE
MINISTRA indemnizar el despido
abusivo.
En mi opinión el agravio
no sortea el control de admisibilidad (art. 273 C.G.P.).
Si bien el art. 14 C.G.P.
establece un claro mandato al interpretar las normas
procesales, destacando su carácter instrumental, en
tanto al decir de Couture el proceso no es sino el
desenvolvimiento de los derechos sustanciales que
preserva la Constitución, la parquedad de la
argumentación desplegada no cumple ni aún con un
criterio flexible, mínimamente con las exigencias
legales en ésta instancia.
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En su exposición de fs.
827-828 vto., el recurrente manifiesta que “es un hecho
evidente, notorio, claro, que no cabe lugar a dudas que
Casa de Galicia está atravesando un momento crítico
desde el punto de vista financiero y que ello determinó
que se adopten decisiones de índole estratégica para
poder sanear esas dificultades” (num. 55). Luego remite
en forma genérica a las fs. 488-490 (declaración
testimonial de la empelada de la Institución Silvana
Rago) y a fs. 639 (donde se ubica la última foja de su
alegato); para finalmente en el numeral 61 y luego de
diversas citas doctrinarias, concluir que el Tribunal
incurrió en errores “graves, flagrantes y groseros”.
Sobre éstas bases dos son
las cuestiones a anotar.
Primero que el embate
crítico se encuentra dirigido contra la valoración
probatoria efectuada por la Sala de Primer Turno -quien
entendió que en autos no surge acreditada la reestruc-
tura alegada- pero sin argumentar concretas hipótesis de
absurdo evidente o arbitrariedad manifiesta en el
razonamiento que pretende criticar.
Segundo la recurrente
nuevamente olvida realizar una crítica articulada de la
totalidad de los fundamentos del fallo.
Surge de la sentencia del
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Tribunal de Apelaciones de Trabajo de 1er. Turno
impugnada que el despido abusivo al que se condena se
basa en: a) que la demandada no explicitó y
consecuentemente tampoco probó las razones por la que
eligió al Dr. Corradi en lugar de a otros cirujanos en
base a un criterio lícito y b) que la demandada no alegó
en debida forma ni probó en qué consistió concretamente
la reestructura. Por el contrario entendió la Sala que
de la prueba testimonial diligenciada, emergían hechos
que si bien no fueron alegados por la demandada eran
contrarios a su propio interés, tal como la realización
de reformas edilicias.
Sobre el primer literal
–se comparta o no el razonamiento del Tribunal- no
advierto que el recurrente haya dedicado ni una línea a
cuestionarlo.
Y en cuanto al segundo
punto la argumentación ensayada con vocación crítica,
vuelve a ser imprecisa e insuficiente. La remisión
genérica a una declaración testimonial o a una
manifestación de su alegato, no puede entenderse como
una crítica razonada de los resuelto por la Sala de
primer Turno, declaración que por otra parte en algún
pasaje resulta nuevamente contraria sus intereses. Así
Ragio, quien trabaja en personal y liquida las
intervenciones de Casa de Galicia, hace referencia a que
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el actor fue despedido por una reestructura pero que no
sabe cual fue la reestructura (fs. 490), por lo que no
se comprende a cabalidad en qué forma ese testimonio
viene en auxilio de la demandada.
En conclusión no advierto
que la magra argumentación ensayada pueda satisfacer las
exigencias del art. 273 C.G.P. y por ende exclusivamente
por éstas razones formales, voto por desestimar el
recurso deducido en éste punto.
DR. JUAN PABLO NOVELLA HEILMANN
PRO SECRETARIO DE LA SUPREMA
CORTE DE JUSTICIA
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