1 de Marzo: Derrota de Tacuarí
Tras la retirada de la Batalla de Paraguay las tropas de Manuel Belgrano se
atrincheran en la margen meridional del río Tacuarí. Siete horas duraron las
acciones.
El amanecer del 9 de Marzo las tropas de Belgrano de 250 hombres, debió
enfrentar a 2.000 que atacaban por tres puntos diferentes. Al frente, los
cañones truenan durante una hora, cuando un oficial llega hasta Belgrano para
anunciarle que, remontando el río, por el flanco izquierdo, avanzan cuatro botes
armados y varias canoas con enemigos prestos a desembarcar. Además, por el
flanco derecho, se acerca una fuerte columna.
Sin perder el ánimo, Belgrano da rápidamente las órdenes:
- Mayor Celestino Vidal: rechace el avance de la izquierda. Mayor general
Machain: tome 150 hombres y salga al encuentro del ataque por la derecha,
pero verifique sí se trata del grueso del ejército enemigo, en cuyo caso
repliéguese hasta aquí.
Mientras Vidal y Machain salen al galope a cumplir su misión, Belgrano se
queda a defender el paso del Tacuarí, para aguantar el ataque enemigo.
Vidal logra rechazar la flotilla paraguaya gracias a un nutrido fuego de
mosquetería. Al mismo tiempo, el general en jefe desbarata las baterías
ubicadas en la orilla opuesta. Machain olvida las órdenes de Belgrano y ataca
la división enemiga, que no tarda, en engrosarse con los nuevos efectivos
ocultos en la espesura. Los realistas, en un movimiento de pinzas, cubren
también la retaguardia porteña, implacablemente asediada. Machain se ve
obligado a rendirse, con su artillería y una carreta de municiones.
Siete horas duraron las acciones y si bien concluyó con la derrota de las tropas
de Belgrano. Con el armisticio de Tacuarí, Belgrano ha hecho prender la idea
revolucionaria en el general Cabañas y en sus oficiales. Pronto, la llama se
extenderá a todo el Paraguay, a pesar de las reservas del Gobernador Velasco
y del Cabildo asunceño.
20 de Junio: Derrota de Huaquí
La batalla de Huaqui fue una batalla librada entre las fuerzas realistas del
Virreinato del Perú, bajo el mando de José Manuel Goyeneche, y las tropas de
la Primera Junta, comandadas por Antonio Gonzalez Balcarce durante la
primera expedición al Alto Perú. Tuvo lugar el 20 de junio de 1811, junto al río
Desaguadero, en las cercanías del pueblo de Huaqui, en el departamento de
La Paz, actual Bolivia. La batalla de Huaqui fue una victoria contundente de los
realistas leales al Consejo de Regencia de España e Indias.
Tras la victoria obtenida por las tropas criollas en Suipacha, el Ejército del
Norte de la Primera Junta de Gobierno de Buenos Aires continuó hacia el norte
del Alto Perú y el 20 de junio de 1811 se encontraron las dos fuerzas
beligerantes junto al río Desaguadero, donde tuvo lugar la batalla.
Desarrollo de la batalla de Huaqui
Al amanecer del día 20 de junio de 1811, las alturas de los cerros que las
tropas españolas debían conquistar habían sido tomadas por gran número de
tropas criollas, caballería y fusileros que hacían fuego sobre los españoles con
acompañamiento de granadas y hondas. Sin embargo el ejército realista les
puso en fuga en pocas horas.
Cuando las fuerzas del Ejército del Norte tuvieron noticia de la aproximación de
Goyeneche a Huaqui, salieron de dicha población Castelli, Balcarce y Montes
de Oca al mando de 15 piezas de artillería y 2.000 hombres tomando una
posición sobre el camino a Huaqui casi inexpugnable entre la laguna y los
montes superiores. Entonces Goyeneche ordenó el avance introduciéndose
bajo fuego enemigo sin contestar con un fusilazo mientras el batallón del
coronel Picoaga rompía el fuego, contestado por los independentistas con
enorme energía.
El comandante de las tropas criollas ordenó a uno de sus edecanes que
transmitiera la orden de atacar al flanco derecho del Ejército Realista,
manteniendo cubierto el camino con el batallón de Piérola y destacó tres
compañías para que avanzasen dispersas por el frente mientras él, con el resto
de tropa en columna atacaba por la izquierda. A pesar de esto y de que la
caballería argentina trató de detener el empuje, fue arrollada por el ímpetu y
valor de la furia española, huyendo despavoridamente. Goyeneche dio orden
de perseguirlos y consiguió tomar el pueblo de Huaqui.
24 de septiembre: Victoria de Tucumán
La Batalla de Tucumán fue un enfrentamiento armado librado el 24 y 25 de
septiembre de 1812 en las inmediaciones de la ciudad argentina de San Miguel
de Tucumán, durante el curso de la Guerra de Independencia de la Argentina.
El Ejército del Norte, al mando del general Manuel Belgrano a quien secundara
el coronel Eustoquio Díaz Vélez en su carácter de mayor general, derrotó a las
tropas realistas del brigadier Juan Pío Tristán, que lo doblaban en número,
deteniendo el avance realista sobre el noroeste argentino. Junto con la batalla
de Salta, que tuvo lugar el 20 de febrero de 1813, el triunfo de Tucumán
permitió a los rioplatenses o argentinos confirmar los límites de la región bajo
su control.
El Ejército del Norte, al mando del General Manuel Belgrano a quién
secundara el coronel Eustoquio Díaz Vélez en su carácter de Mayor General,
derrotó a las tropas realistas del general Pío Tristán, que lo doblaban en
número, deteniendo el avance realista sobre el noroeste argentino.
Junto con la Batalla de Salta, que tuvo lugar el 20 de febrero de 1813, el triunfo
de Tucumán permitió a los rioplatenses confirmar los límites de la región bajo
su control y consolidar la Revolución Americana.
La victoria de Tucumán y su consecuencia, el triunfo de Salta, son las dos
únicas batallas campales que se libraron en el actual territorio argentino,
durante la guerra de la independencia. La de Tucumán fue fundamental para la
gesta. Detuvo un avance realista que, sin ese hecho, hubiera tenido gravísimas
consecuencias.
La mitad de nuestro territorio hubiera sido dominada por los españoles, como
prolongación del control del Alto Perú, que ya ejercían tras el desastre de
Huaqui. Y hubieran podido conectarse los centros realistas alto peruanos con
los de Montevideo. En esas condiciones, es forzoso pensar que no hubiera
podido declararse la independencia en 1816, como tampoco armarse la
posterior campaña libertadora de San Martín. Sin duda, la liberación estaba en
el alma de los pueblos y se habría logrado finalmente. Pero hubiera costado
muchos más años y mucha más sangre.
Asamblea del Año XIII
El último día del mes de enero de 1813 inició sus sesiones la Asamblea General
Constituyente -convocadas por el Triunvirato el año anterior- con dos objetivos muy
claros: declarar la independencia y dictar una constitución para el estado naciente.
Esta Asamblea despertó muchas expectativas, tranquilizó el panorama político, y
aunque algunos dudaban de sus alcances y representatividad, las provincias del
interior enviaron sus diputados a la misma. José Gervasio de Artigas, aunque se
manifestaba descontento con la política localista de Buenos Aires vio en la
Asamblea la posibilidad de darle una nueva estructura política al país.
A diferencia de lo que sucedido con los órganos de gobierno anteriormente, los
miembros de la Asamblea no juraron fidelidad al rey Fernando VII de España y ésta
declaró soberana, es decir superior a cualquier otra autoridad, inclusive al Triunvirato
que la había convocado. Pero, lamentablemente, no pudo concluir con ninguno de los
objetivos que se había propuesto.
Las derrotas sufridas por el Ejército del Norte, en Vilcapugio y Ayohuma,
empeñado en la lucha contra las fuerzas realistas enviadas desde el Virreinato del
Perú complicaron la situación interna. El avance realista sobre territorio argentino era
una posibilidad cercana, que ponía en peligro la causa de la revolución.
En el ámbito internacional, el fracaso de la campaña de Napoleón Bonaparte en
territorio ruso significaba la desintegración de su imperio, y consecuencia, los
monarcas europeos retornaban a sus tronos usurpados. En estas circunstancias, el
rey Fernando VII de regreso a España, se proponía recuperar sus posesiones,
disponiendo pera ello el envío de refuerzos para luchar contra los
revolucionarios americanos.
Estos acontecimientos sumieron en la indecisión a la Asamblea, temerosa de
adoptar medidas de fondo que luego no pudiera sostener.
A pesar de no realizar los principales fines propuestos, la Asamblea se abocó al
dictado de numerosas disposiciones fundamentales.
Promulgó leyes sobre la organización de la administración pública como un
Reglamento de Justicia, creando las Cámaras de Apelaciones. Prohibió la aplicación
de tormentos para investigación de la verdad.
Dispuso la creación de un órgano ejecutivo que concentraba todo el poder en
una sola persona, con el nombre de Director, y un Consejo de Estado, con fines de
asesoramiento al nuevo ejecutivo.
Mandó a abolir el escudo de Armas de España, y la efigie de los antiguos
monarcas fue sustituida en las monedas por el escudo nacional. En los documentos
públicos se suprimió toda invocación al rey de España, reemplazándola por “la
soberanía de los pueblos, cuya voluntad representan los diputados”.
Estableció la libertad de vientres, que garantizaba la libertad e igualdad a todos
los hijos de esclavas que nacieran en adelante en el territorio de las Provincias Unidas.
Suprimió los títulos de nobleza y eliminó el mayorazgo, por el cual desde antiguo,
heredaba toda la fortuna del padre el hijo mayor. Suprimió también las encomiendas y
las mitas.
Por último declaró fiesta cívica al 25 de Mayo y encargó la composición de una
canción patria, que sería nuestro himno nacional.
Si bien esta Asamblea no hizo la explícita declaración de la Independencia, su
fecunda labor legislativa ratificó, indirectamente, la vocación independentista de los
patriotas.
3 de Febrero: Combate de San Lorenzo
El Combate de San Lorenzo tuvo lugar el 3 de febrero de 1813.
Montevideo estaba sitiado por el ejército de José Rondeau, de modo que los
españoles tenían que hacer uso del mar para abastecerse. Frecuentemente
una escuadrilla realista salía de Montevideo en dirección al Paraná, y sus
hombres merodeaban las costas robando los ganados. Una expedición
compuesta de once embarcaciones, que había salido de Montevideo con el
propósito indicado, fue seguida paralelamente por tierra por el coronel de
Granaderos a caballo José de San Martín, al frente de 125 hombres de su
regimiento. Las fuerzas de San Martín se adelantaron, deteniéndose cerca de
la posta de San Lorenzo, situada 26 kilómetros al norte del Rosario. En tal lugar
existe el convento de San Carlos, en donde encerró San Martín a sus
granaderos, de modo que la escuadrilla española no pudo observarlos, cuando
los españoles desembarcaron, los granaderos sable en mano, los persiguieron
obligándolos a huir despavoridos. Algunos se arrojaron al río desde la barranca
y perecieron ahogados. En la persecución rodó el caballo de San Martín, que
quedó apretándole una pierna. Un enemigo iba a clavarle la bayoneta, pero en
el preciso instante se interpuso el sargento Juan Bautista Cabral, que salvó a
San Martín y con él, como bien se ha dicho, la libertad de medio continente .
20 de febrero: Victoria de Salta
El 20 de febrero de 1813 se enfrentaron las tropas patriotas al mando del Gral.
Belgrano y las realistas comandadas por el Gral. Tristán. En ambos bandos
habían españoles y americanos, el mismísimo Tristán era peruano e
inicialmente había estado del lado de la revolución pero, según Bernardo Frías,
la dureza de Castelli lo volcó al campo realista participando en Desaguadero,
desastre patriota.
Del lado de la revolución combatió Arenales, que era español. También en la
población salteña había una profunda división entre patriotas y realistas,
independientemente del lugar de nacimiento.
En la batalla de Salta se desplegó por primera vez en combate la bandera
celeste y blanca creada por Belgrano, “la cual según su profético deseo de
hacía un año, estaba reservada para aparecer cubriendo las tropas de la
independencia el día de la gran victoria “.
14 de Noviembre: Derrota de Ayohúma
El 14 de noviembre de 1813 se produce la Victoria realista en Ayohuma (en
quechua cabeza de muerto). El 5 de octubre de 1813, el General Manuel
Belgrano había llegado con su ejército derrotado al pueblo de Macha, cerca de
Ayohuma. En seguida envió pedidos de auxilio a los gobernadores, requiriendo
refuerzos para continuar la lucha contra los realistas. El General Díaz Vélez le
sugirió que se retirara a Potosí para preparar mejor sus defensas, pero
Belgrano no siguió su consejo. Álvarez de Arenales desde Cochabamba, Ortiz
de Ocampo desde Charcas y Warnes desde Santa Cruz de la Sierra mandaron
refuerzos. De esta forma, el ejército patriota llegó a tener unos 3.400 hombres
aunque con solo un tercio de veteranos y una artillería deficiente. Belgrano
confiaba en la calidad de su caballería; la batalla fue muy cruenta, triunfando
los españoles. Tres cuartas partes del ejército patriota quedó en el campo y los
sobrevivientes se retiraron finalmente a Potosí.
29 de Noviembre: Derrota de Sipe Sipe
La derrota de las fuerzas patriotas en Sipe-Sipe, el 29 de noviembre de 1815,
fue un duro revés para las aspiraciones independentistas más osadas, al
cerrarse definitivamente el paso norteño hacia el Alto Perú. Sin embargo,
habría tiempos de revancha, que lo encontrarían al general José de San Martín
cruzando los Andes y liberando a Chile y Perú por el paso andino.
La planicie de Sipe-Sipe se encontraba unos 20 kilómetros al oeste del valle de
Cochabamba (centro de la actual Bolivia). Constituía éste junto a las ciudades
de Oruro y Potosí, un triángulo neurálgico del escenario colonial, cuya
conquista y asentamiento de fuerzas podía dar un vuelco a la guerra por la
independencia. Lo entendieron así los realistas, pero quizás no tanto los
patriotas quienes, en esta ocasión, pusieron en juego más las divisiones
internas que la necesidad de doblegar el dominio español.
Tras algunas derrotas que provocaron el repliegue del Ejército del Norte hacia
Potosi, el comandante José Rondeau, reemplazante entonces de San Martín,
decidió lanzar la ofensiva sobre el ejército realista. No contaba entonces con
las fuerzas de Martín Miguel de Guemes, ni con los refuerzos porteños. Al
avanzar hacia el Norte, fue repelido y debió retirarse al Este, hacia
Cochabamba. Allí, con más de 3000 milicianos, esperó el enfrentamiento con
las fuerzas realistas, comandadas por el entonces general Joaquín de la
Pezuela –luego anteúltimo Virrey del Perú, que contaba con numerosos
refuerzos.
La mayor disciplina, número y armamento de los españoles decidieron la suerte
del combate, ocasionando a los patriotas más de 1000 bajas. La larga
campaña al Alto Perú comenzada en 1810 había fracasado y esta derrota sólo
logrará ser revertida con la incursión del Ejército de los Andes a través de
Chile. Recordamos la fecha de esta batalla con el digno elogio que el general
Pezuela hiciera sobre la combatividad del ejército patriota derrotado por sus
fuerzas.