La ciudad bajo el lente de la
antropología
Claudia Teresa Gasca Moreno
Miguel Ángel García Gómez
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• El objetivo es retomar la discusión sobre la situación actual de la disciplina
antropológica en contextos urbanos lo que supone una revisión crítica de lo
que se ha entendido como ciudad, desde donde ha sido abordada, así como
sus perspectivas de desarrollo teórico metodológico.
La ciudad como lugar antropológico
• La ciudad es un contenedor de hechos sociales, de cultura, de prácticas
cotidianas; sin embargo, todo este contenido no bastaría para una
comprensión totalizadora si partimos de la idea de que el espacio de la urbe
se convierte en lugar cultural (antropológico) a partir de las prácticas
cotidianas de sus habitantes (urbanitas).
• ¿A que se alude cuando es citado el concepto; Urbanita? Es quien nace, crece
y vive en el ámbito urbano, en la ciudad, en sus calles y plazas.
• La fundación de muchas de las ciudades novohispanas en el siglo XVI fue el
proceso a partir de dos universos: el europeo encarnado en los
conquistadores españoles; y, el natural encarnado por los grupos nativos
que, sometidos a la servidumbre, pusieron en escena la vida colonial. Con
ello, las ciudades novohispanas resultantes, no tenían límites físicos, se
extendían hasta el horizonte, siempre podían crecer, no tenían murallas.
• De hecho, los espacios de la evangelización tuvieron que incorporar nuevas
espacialidades para las prácticas en las que participaban los naturales, como
la capilla abierta, creada para que éstos recibieran la palabra en el espacio
abierto, no confinados por los muros del templo, como hacían los españoles.
• Con el pasar de las vicisitudes de tales eventos acaecidos, los naturales, en
los cambios generacionales, habían olvidado sus prácticas al exterior,
adoptando las formas españolas del culto intramuros.
• Y subsecuentemente con ello, el culto a la Virgen de Guadalupe; los rituales,
danzas y fiestas populares, en este contexto, es formador de identidad. Es
decir, reproducen en los nuevos habitantes el sentido de pertenencia que ha
estado presente a partir de la construcción del monumento o de la calle. Por
ejemplo, el arco de la calzada de León, Guanajuato, ciudad mexicana del
Bajío, asimismo, acaece algo análogo en Europa; como el Coliseo en Roma o
la Torre Eiffel en París.
• Prima facie, la ciudad de hoy es la suma de tiempos, en la que conviven
elementos de materialidad del tiempo de su fundación o de los primeros
siglos de su existencia, i. e.; barrocos y neoclásicos de los siglos XVI, XVII,
XVIII, XIX y XX.
Historia, forma y estructura de
ciudad como antropología urbana
• En el siglo XX fue de la consolidación de la vida en ciudades, lo que
suscitaría la migración campo-ciudad. Agregado a lo anterior, fue una de las
primeras aproximaciones de las ciencias sociales para estudiar los cambios
las actitudes y formas de interrelación emergentes en las personas que
cambiaban la vida del campo por el escenario urbano, con lo cual se
enfrentaban a condiciones de entorno distintas: la quietud del campo, la
comunidad rural, la cercanía de los contactos interpersonales; esta
migración se dio progresivamente, durante la primera mitad del siglo XX en
ciudades mexicanas.
• Estos procesos lograron consolidarse hasta que finalmente, la vida en el
campo se convirtió en un referente nostálgico, lejano a la nueva realidad de
las ciudades que crecían a medida que el siglo XX avanzaba.
• Los lugares de la ciudad del pasado pueden estar asociados con algún
momento determinado: desde el recuerdo de sus padres, a los olores o
sabores de la infancia o a la memoria de la propia ciudad, un hecho
definitorio del carácter cultural, una catástrofe que modificó o no la vida de
las familias. De esta forma, los monumentos son ciertamente los puntos de
referencia que el transeúnte identifica para no perder la memoria de su
ciudad, pero también para no “perderse” en la ciudad.
La búsqueda de coordenadas teóricas
de la antropología urbana
• Ergo, debido a lo anterior nos exige redefinir ciertamente qué entendemos
por ciudad y cómo podemos estudiarla. Para ilustrar, verbigracia: la ciudad
es el núcleo de la modernidad donde debido a esto; se rompen las relaciones
de pertenencia y los contactos intensos en las relaciones comunitarias del
campo.
• En adicion, Licona propone emprender investigaciones sobre los espacios
públicos de forma etnográfica sobre todo cuando no existen trabajos previos
a fin de aproximarse a las formas de habitar y significar la ciudad. Para él,
la noción de espacio brinda la oportunidad de emprender estudios sin perder
la profundidad de la experiencia urbana.
• Augé, entre otros; plantea que el habitar está relacionado con la manera en
la que la cultura se manifiesta en el espacio mediante la intervención
humana. Por lo tanto, habitar es un fenómeno cultural enmarcado en el
tiempo porque es una actividad incesante e inagotable que se reproduce
continuamente. La antropología urbana pasó de considerar a las ciudades
como meros contenedores de grupos y relaciones a entenderlas como un ente
en continua construcción que se reconfigura a partir de fenómenos
expresivos de los sujetos que las habitan.
Objeto y método: los antropólogos
urbanos y la ciudad
• Sin duda, el método etnográfico es el predilecto para explorar las ciudades
desde una dinámica distinta a la que estaba acostumbrado el antropólogo,
puesto que logra incentivar la comprensión y traducción de la actuación de
sujetos localizados en la ciudad y del sentido que dicha actuación toma para
ellos en circunstancias dadas.
• Asimismo, la mirada antropológica radica en que el investigador cede el
micrófono a la ciudad; la deja hablar a través de sus usuarios, habitantes,
vecinos, jóvenes, amas de casa, estudiantes y otros actores cuyas
experiencias individuales y colectivas permiten reunir un conjunto de voces
que la ciudad quiere o –tiene que– decir.
Consideraciones finales: la ciudad y
sus posibilidades
• Grosso modo, la antropología cuando se orienta al estudio de la ciudad, se
abre la posibilidad de estructurar su método a la comprensión de las
prácticas de los urbanitas, que éstos hacen de los bordes urbanos, o la
ritualidad de reconocerse habitantes de un barrio, de una calle, como signo
de identidad, pero a la vez declararse un habitante de una ciudad como una
persona particular, que ha materializado sus espacios simbólicos y
materiales de una manera que lo diferencia de otra ciudad, al igual que sus
actitudes y comportamientos.
Dziękuję!