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Cuentos de Tiempo y Reflexión

El documento cuenta tres historias cortas sobre regalos misteriosos que tienen el poder de detener el tiempo, liberar recuerdos y vislumbrar el pasado y el futuro a través de una ventana mágica.

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Mafe Albarracín
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Cuentos de Tiempo y Reflexión

El documento cuenta tres historias cortas sobre regalos misteriosos que tienen el poder de detener el tiempo, liberar recuerdos y vislumbrar el pasado y el futuro a través de una ventana mágica.

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El Regalo Especial

Había una vez un pequeño pueblo rodeado de colinas verdes y prados florecientes. En ese pueblo
vivía una niña llamada Clara, cuya risa resonaba por las calles como melodía de alegría.

Un día, Clara encontró un paquete en la puerta de su casa. Sin remitente ni nota, solo un papel que
decía: "Para la dueña de la risa más hermosa". Intrigada, Clara abrió el paquete y encontró un
pequeño y brillante reloj de arena.

El misterioso regalo tenía el poder de detener el tiempo durante unos momentos. Clara, con su
corazón lleno de curiosidad, decidió probarlo. Giró la pequeña perilla del reloj y, de repente, el
mundo a su alrededor se congeló.

Descubrió que podía explorar cada rincón del pueblo sin que nadie se diera cuenta. Se deslizó por
las calles, jugó con las hojas suspendidas en el aire y escuchó el silencioso murmullo de los pájaros
inmóviles en los árboles.

Un día, mientras jugaba en el jardín congelado, vio a un anciano alimentando a los pájaros. Se
acercó y le preguntó por qué dedicaba tanto tiempo a esos pequeños seres alados. El anciano sonrió
y le contó historias de la vida y el valor de apreciar cada momento.

A medida que pasaban los días, Clara compartió el secreto de su reloj con los habitantes del pueblo.
Juntos, descubrieron la magia de detener el tiempo y encontrar alegría en los detalles cotidianos.

Con el tiempo, el reloj de arena se convirtió en un tesoro compartido por todos. En lugar de robarles
momentos, les recordó apreciar cada risa, cada abrazo y cada puesta de sol.

Así, el pequeño pueblo aprendió que el regalo más especial no era el tiempo detenido, sino el
tiempo compartido, vivido plenamente y lleno de amor.

"El Último Mensaje"

Había una vez, en un pequeño pueblo al borde del bosque, una anciana llamada Amelia. Vivía sola
en una pintoresca casa con techo de paja. A pesar de su avanzada edad, Amelia era conocida por su
vitalidad y alegría contagiosa.

Una tarde, mientras paseaba por el mercado del pueblo, Amelia encontró una tienda de
antigüedades. Allí, entre polvorientos objetos, descubrió una vieja máquina de escribir. Aunque no
la necesitaba, algo en esa máquina llamó su atención. Compró la reliquia y la llevó a casa.

Esa noche, Amelia decidió escribir un mensaje en la máquina. En lugar de dirigirlo a alguien en
particular, dejó que sus pensamientos fluyeran. Escribió sobre sus recuerdos, sueños y lecciones
aprendidas. Con cada palabra, sentía que liberaba algo que había guardado durante mucho tiempo.

Días después, Amelia se enteró de que la tienda de antigüedades cerraría. Decidió visitarla una
última vez para despedirse de la máquina de escribir. Al llegar, encontró al dueño empaquetando
sus pertenencias.
—"¡Ah, Amelia! Sabía que vendrías", dijo el dueño, sorprendido.

—"¿Cómo lo supo?", preguntó Amelia.

—"Mire el mensaje en la máquina de escribir", respondió el dueño.

Amelia leyó el último mensaje que había escrito. Pero algo había cambiado. En lugar de sus
palabras, encontró una respuesta:

"Querida Amelia, gracias por tus recuerdos y sueños compartidos. Tu mensaje llegó a tiempo. Soy
un viejo espíritu atrapado en esta máquina. Tu sinceridad me ha liberado. Ahora, es mi turno de
liberarte. Que encuentres paz y felicidad en cada palabra que escribas. Con gratitud, El Espíritu
de la Máquina de Escribir."

“La Ventana del Tiempo"

En el tranquilo pueblo de Pineda, existía una casa antigua y misteriosa. La leyenda decía que esa
casa tenía una ventana especial, conocida como "La Ventana del Tiempo". Según la historia, aquel
que mirara a través de ella podría vislumbrar momentos del pasado o del futuro.

Una tarde de verano, Lucas, un joven curioso de Pineda, decidió investigar la veracidad de la
leyenda. Se aventuró hacia la casa abandonada y, con un escalofrío de emoción, se asomó a través
de la Ventana del Tiempo.

Para su sorpresa, vio a su abuelo cuando era joven, jugando en el mismo patio donde ahora se
encontraba. Los ojos de Lucas se llenaron de lágrimas al ver a su abuelo radiante de juventud y
alegría. Pero lo más sorprendente fue cuando, de repente, la imagen cambió, y vio a sí mismo,
décadas mayores, compartiendo risas con sus propios nietos.

Intrigado, Lucas regresó al día siguiente con su mejor amigo, Elena. Juntos miraron a través de la
ventana y descubrieron momentos entrelazados de historias pasadas y futuras. Vieron momentos
alegres y tristes, pero cada visión estaba conectada de alguna manera con sus propias vidas.

Emocionados, Lucas y Elena compartieron su descubrimiento con otros habitantes del pueblo.
Pronto, la Ventana del Tiempo se convirtió en un lugar de encuentro, donde las generaciones se
mezclaban a través de los cristales del pasado y el futuro.

Un día, al mirar a través de la ventana, Lucas y Elena se vieron a sí mismos envejecidos, pero
rodeados de risas y amor. Comprendieron que la vida es un ciclo interminable de experiencias
compartidas.

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