La bandera
Su creación
A mediados de febrero de 1812, Belgrano instaló en Rosario dos baterías de artillería a efectos de impedir
el paso de los navíos realistas por el río Paraná. Denominó a los dos
campamentos Libertad e Independencia, respectivamente.
Manuel Belgrano se dirigió por nota a los miembros del Triunvirato, sugiriéndoles que establecieran la
escarapela nacional que debían utilizar las tropas. Le respondieron que la escarapela debía ser de dos
colores, blanco y azul celeste.
En el momento de inaugurar la batería Libertad, el 27 de febrero de 1812, Belgrano presentó a sus tropas
una bandera confeccionada por María Catalina Echavarría de Vidal, que tenía dos paños verticales, uno
blanco –del lado del asta- y otro celeste. Mientras flameaba la bandera, arengó a sus soldados diciendo
que: “… la América del Sud será el templo de la Independencia y de la Libertad…”
Los miembros del Triunvirato desautorizaron el acto de Belgrano porque comprometía la política prudente
que el Ejecutivo sostenía respecto a la declaración de la independencia del país.
Desconociendo la oposición del gobierno, Belgrano marchó al norte con sus tropas y se hizo cargo del
ejército. El 25 de mayo de 1812, aniversario de la Revolución, hizo bendecir y jurar en Jujuy la bandera
celeste y blanca.
Será el Congreso de Tucumán quien apruebe oficialmente en 1816 el pabellón nacional.
La bandera
Los colores
¿Por qué se eligieron esos colores para la Bandera Nacional? Esta es una pregunta que se han hecho los
historiadores desde siempre y muchas son las hipótesis que se han formulado en torno a este tema.
Veamos:
Sentimiento religioso: Los colores celeste y blanco figuran en el manto de la Virgen María. Belgrano rindió
culto a la Virgen de Luján, bajo cuya advocación se inició el Consulado de Buenos Aires.
Cruz y banda real: Figuraban en ambos símbolos de la orden de Carlos III y figuraron también como
insignia de la soberanía castellana y aragonesa, en la banda de los Reyes Católicos. Los partidarios de
Fernando VII y la Junta Gubernativa los emplearon en oposición al rojo de los partidarios de José Bonaparte.
Insignia del Consulado: La bandera izada al frente del Consulado de Buenos Aires ostentaba los colores
celeste y blanco, los mismos del manto de la Virgen protectora del mismo.
Distintivo de la resistencia durante las invasiones inglesas: Fue celeste el color de los moños, lazos y
cintas que utilizaron desde el 14 de julio de 1806 para reconocerse entre sus miembros. Los usaron en los
ojales de los chalecos y casacas.
Divisa de la Sociedad Patriótica: El color celeste fue típico en las cintas que como divisa usaron los
miembros de la Sociedad Patriótica entre 1810 y 1811.
Divisa de los morenistas: En oposición a los saavedristas, tal como consta ea el sumario instruido a raíz
de la asonada del. 5 y 6 de abril, los morenistas utilizaron cintas azules y blancas.
Color incásico: El azul constituyó color predilecto en los ornamentos áulicos de los Incas del Perú.
Influencia de otras ideas revolucionarias: El azul -excluido el rojo como color dominante en la insignia
española- habría sido tomado de la nueva bandera de Francia, país al que pertenecían muchos de los
escritores, filósofos, economistas, etc., de cuyas ideas se nutrieron los prohombres de Mayo.
Concepción ideológica: El azul (azur o blao en el arte heráldico o blasónico) simboliza los ideales de
justicia, verdad y fraternidad, señalados en nuestro escudo por el campo superior de la elipse.
Concepción poética: El azul y el blanco tendrían origen en la concepción poética que los presupone como
inspirados del cielo y las nubes.
Adaptado de Fernández Belisario y Castagnino, Eduardo: Guión Belgraniano, Buenos Aires, Ediciones
López Negri, 1951, p. 172-174.
Legislación
Cuando el gobierno de Buenos Aires se entera que Belgrano había izado el 27 de
febrero de 1812 una bandera celeste y blanca frente a las costas del río Paraná y había
hecho que sus soldados le juraran fidelidad le envió un Oficio que decía:
"La situación presente, como el orden y consecuencia de principios a que
estamos ligados, exige por nuestra parte en materias de la primera entidad
del Estado que nos conduzcamos con la mayor circunspección y medida;
por esto la demostración con que Vuestra Señoría inflamó a las tropas de
su mando enarbolando la bandera blanca y celeste, es a los ojos de este
gobierno de una influencia capaz de destruir los fundamentos con que se
justifican nuestras operaciones y las protestas que hemos anunciado con
tanta repetición, y que en nuestras comunicaciones exteriores constituyen
las principales máximas políticas que hemos adoptado. Con presencia de
esto y de todo lo demás que se tiene presente en este grave asunto, ha
dispuesto este gobierno, que sujetando Vuestra Señoría sus conceptos a
las miras que reglan determinaciones con que él se conduce, haga pasar
como un rasgo de entusiasmo el enarbolamiento de la bandera blanca y
celeste, ocultándola disimuladamente y sustituyéndola con la que se le
envía, que es la que hasta ahora se usa en esta fortaleza y que hace el
centro del Estado; procurando en adelante no prevenir las deliberaciones
del gobierno en materia de tanta importancia [€¦]"
Recién el 20 de julio de 1816 se reconoce la actitud asumida por Belgrano al izar una
bandera nacional en 1812. En esa ocasión, el Congreso reunido en Tucumán establece:
€œElevadas las Provincias Unidas en Sud América al rango de una
Nación después de la declaratoria solemne de su independencia, será su
peculiar distintivo la bandera celeste y blanca que se ha usado hasta el
presente y se usará en lo sucesivo exclusivamente en los Ejércitos,
buques y fortalezas, en clase de Bandera menor, ínterin, decretada al
término de las presentes discusiones la forma de gobierno más
conveniente al territorio, se fijen conforme a ella los jeroglíficos de la
Bandera nacional mayor. Comuníquese a quienes corresponda para su
publicación.€•
Francisco Narciso de Laprida, Presidente. Juan José Paso, Diputado
Secretario.
El día 8 de junio de 1938, el Congreso de la Nación estableció por Ley Nacional Nº
12.361, que el día del fallecimiento del General Manuel Belgrano (20 de junio) debía
ser considerado día feriado nacional en conmemoración del Día de la Bandera.
Posteriormente, el 24 de abril de 1944, el Ministerio del Interior pautó los patrones para
Bandera Nacional, la Banda Presidencial, el Escudo Argentino y el Himno Nacional. El
Decreto Nº 10302/44 establecía:
Art. 2º - La Bandera Oficial de la Nación es la bandera con sol, aprobada
por el "Congreso de Tucumán", reunido en Buenos Aires el 25 de febrero
de 1818. Se formará según lo resuelto por el mismo Congreso el 20 de
julio de 1816, con los colores "celeste y blanco" con que el General
Belgrano creó el 27 de febrero de 1812 la primera enseña patria. Los
colores estarán distribuidos en tres fajas horizontales, de igual tamaño,
dos de ellas celeste y una blanca en el medio. Se reproducirá en el centro
de la faja blanca, de la bandera oficial, el Sol figurado de la moneda de
oro de ocho escudos y de la plata de ocho reales que se encuentra
grabado en la primera moneda argentina, por Ley de la Soberana
Asamblea General Constituyente de 13 abril de 1813, con los treinta y
dos rayos flamígeros y rectos colocados alternativamente y en la misma
posición que se observa en esas monedas. El color del Sol será el
amarillo del oro.
Belgrano
Su vida
El 3 de junio de 1770 nació Manuel Belgrano en Buenos Aires. La casa de la familia estaba ubicada en la
calle Santo Domingo 430 (actualmente, la calle lleva el nombre Belgrano). Así se presenta en su
Autobiografía:
“El lugar de mi nacimiento es Buenos Aires; mis padres, don Domingo
Belgrano y Peri conocido por Pérez, natural de Onella, y mi madre, doña
María Josefa González Casero, natural también de Buenos Aires. La
ocupación de mi padre fue la de comerciante, y como le tocó el tiempo del
monopolio, adquirió riquezas para vivir cómodamente y dar a sus hijos la
educación mejor de aquella época".
Manuel Belgrano, Autobiografía.
Hacia 1750, el padre de Belgrano pasó de Génova a Cádiz para ejercer el comercio y después de
naturalizarse español, viajó a Buenos Aires donde prontamente, se convirtió en un prominente comerciante.
Con una buena posición económica, le brindó a sus hijos varones una buena educación. Así lo recuerda
Belgrano:
"Me proporcionó la enseñanza de las primeras letras, la gramática latina,
filosofía y algo de teología en el mismo Buenos Aires. Sucesivamente me
mandó a España a seguir la carrera de las leyes, y allí estudié en Salamanca;
me gradué en Valladolid, continué en Madrid y me recibí de abogado en la
cancillería de Valladolid.
Confieso que mi aplicación no la contraje tanto a la carrera que había ido a
emprender, como el estudio de los idiomas vivos, de la economía política y
al derecho público, y que en los primeros momentos en que tuve la suerte de
encontrar hombres amantes al bien público que me manifestaron sus útiles
ideas, se apoderó de mí el deseo de propender cuanto pudiese al provecho
general, y adquirir renombre con mis trabajos hacia tan importante objeto,
dirigiéndolos particularmente a favor de la patria.”
Manuel Belgrano, Autobiografía.
Estudió las primeras letras en su casa, con maestros particulares, como era habitual en esa época. Luego,
ingresó al Real Convictorio Carolino donde se graduó en 1786. Viajó a España y se graduó en Leyes en la
Universidad de Salamanca a los diecinueve años de edad.
Aún en España, complementó sus estudios con la lectura de las obras de Montesquieu y de los
enciclopedistas (Diderot, D'Alembert, Rousseau, Voltaire, D'Holbach, Quesnay y Turgot). Se interesó
mucho por las ideas de Gaspar de Jovellanos, que por entonces, había redactado un informe sobre la ley
agraria, criticando las formas en las que se explotaba la tierra en Andalucía, ya que se producía poco;
propuso formas alternativas de división de la tierra y el aumento de producción de la misma. También
estudió idiomas y realizó prácticas profesionales en algunos bufetes de abogados.
En 1794, regresó a Buenos Aires, habiendo sido designado Secretario del Real Consulado.
Sus amores
Uno de los mitos de la historia argentina puso en duda la masculinidad de Manuel Belgrano. Tal vez, sus
modos delicados, su voz aflautada, la enfermedad venérea que padecía (sífilis), las representaciones
generadas a través de la iconografía, contribuyeron a la construcción de esta idea. Pero para ser fieles a la
historia, debemos decir que hubo en la vida de Belgrano muchas mujeres, tanto en España durante su
juventud como en el Río de la Plata y, a pesar de estar ocupado en actividades periodísticas, políticas y
militares, no dejó de destinar tiempo a cultivar relaciones amorosas.
En la época, las tertulias eran espacios apropiados para mostrar en sociedad las cualidades de las jóvenes
casamenteras y para arreglar su matrimonio. El matrimonio de las hijas de las familias de la elite era una
cuestión de importancia, ya que de esa manera, se controlaban los destinos de la descendencia. Por eso,
en los arreglos matrimoniales el amor era lo de menos. Sólo en algunos casos, se iniciaba una relación
amorosa, tal es la historia de Belgrano y María Josefa Ezcurra.
En una de las tertulias que frecuentaba, conoció a María Josefa Ezcurra en 1802, cuando él había regresado
a Buenos Aires. Era la mayor de la familia Ezcurra. Ella había contraído matrimonio con Juan Esteban
Ezcurra, un primo que llegado de Navarra, había logrado hacer fortuna rápidamente pero que, disconforme
con los ideales de la Revolución de Mayo, regresó a la península ibérica y dirigió sus negocios desde allí.
Estuvieron casados durante nueve años; ella quedó en Buenos Aires gozando de las libertades de una
viuda sin hijos de los que hacerse cargo.
Luego de la creación de las baterías sobre el río Paraná para impedir el avance de los realistas y de
enarbolar por primera vez la bandera de la patria, Belgrano regresó a Buenos Aires. Se encontraron
nuevamente y se enamoraron, él tenía algo más de cuarenta años y ella tan sólo veintisiete.
Cuando le ordenaron a Belgrano partir hacia el norte para comandar el ejército patriota, el amor hizo que
María Josefa lo siguiera por Salta, Tucumán y Jujuy sin temer a los peligros a los que se enfrentaba. Sin
embargo, temía a la opinión de los miembros de la sociedad cuando conocieran que ella no respetaba las
rigurosas normas éticas de la época ya que, sin estar casada con Manuel Belgrano estaba esperando un
hijo de él.
Avanzado el embarazo, ella no podía continuar viajando con el ejército, decidieron entonces que el niño
naciera en Santa Fe, en la estancia de unos amigos. El 30 de julio de 1813 nació un varón. Sin apellido, fue
bautizado en la catedral de Santa Fe. El nacimiento se mantuvo en absoluto secreto.
Los padres no reconocieron al niño, que fue entregado a una de las hermanas de María Josefa, Encarnación
Ezcurra casada con Juan Manuel de Rosas. Esta pareja adoptó al niño dándole el nombre de Pedro Pablo
Rosas y Belgrano.
En 1812, Belgrano y María Dolores Helguero tuvieron un primer encuentro. Él habría quedado prendado
por la hermosura de la joven y le habría prometido matrimonio.
Debido a los trajines de la guerra, debieron distanciarse pero cuando se reencontraron, vivieron un intenso
romance, fruto del cual Dolores quedó embarazada.
Belgrano marchó a cumplir con sus obligaciones militares y los padres de Dolores la obligaron a casarse
con otro hombre. Durante este matrimonio, nació la hija de Belgrano; luego, el esposo de Dolores la
abandonó.
El 4 de mayo de 1819 nació Manuela Mónica del Corazón de Jesús, cuando Belgrano ya estaba muy
enfermo. Habiendo solicitado licencia para atender sus afecciones, viajó a Tucumán para conocer a su hija,
pero no pudo disfrutarla por muchos tiempo.
Alejado de sus amores y vencido por la enfermedad, murió en Buenos Aires a los pocos meses.
Sus hijos
A veces, era preferible la infelicidad a soportar el reproche social por no haber respetado las normas
establecidas. Una mujer casada debía respetar a su marido aunque –como en los casos de María Josefa y
de María Dolores- su esposo no conviviera con ella, la hubiera abandonado y no hubiera regresado nunca.
No podía volver a casarse a menos que enviudara. Belgrano sabía que el esposo de Dolores se había
trasladado al Alto Perú y recurría a informantes para conocer si aún vivía, porque de lo contrario, podría
contraer nupcias con su amada.
Esta concepción social, llevó a Belgrano a no reconocer a sus hijos, como modo de no deshonrar el buen
nombre de sus madres. Es por eso, que ni siquiera los reconoce en su testamento.
Belgrano había solicitado a Encarnación Ezcurra y Juan Manuel de Rosas -los tíos de Pedro Pablo, que lo
adoptaron y lo criaron- que cuando fuera mayor de edad, se le informara que él era su verdadero padre, lo
que fue cumplido.
El hijo mayor de Belgrano se instaló en la zona de los actuales distritos de Azul y Olavarria, donde Rosas,
le había obsequiado enormes extensiones de tierra. Fue designado juez de paz y comandante militar
interino de esos pagos y se dedicó a las tareas vinculadas a la explotación ganadera. Se casó en 1851 con
Juana Rodríguez con la que tuvo dieciséis hijos.
Belgrano tuvo ocasión de conocer a Manuela Mónica de la que debió distanciarse cuando su estado de
salud se agravó y decidió viajar a Buenos Aires. En ese momento, remitió una misiva al Cabildo de
Tucumán, a través de la cual declaraba: “[…] Que la cuadra de terreno, contenida en la donación que me
hizo la M.I. Municipalidad y consta de los documentos antecedentes, con todo lo que en ella edificado por
mí, pertenece por derecha de heredad a mi hija Manuela Mónica del Corazón de Jesús, nacida el 4 de mayo
de 1819 en esta capital y bautizada el 7, siendo sus padrinos la Sra. Dña. Manuela Liendo y Don Celestino
Liendo, hermanos y vecinos de la misma. Para que conste la firmo hoy 22 de enero de 1820 en la valerosa
Tucumán, rogando a las juntas militares, como a las civiles, le dispensen toda justa protección”.
Manuela Mónica vivió con su madre hasta 1825, cuando se trasladó a Buenos Aires para quedar al cuidado
de sus tíos Juana y Domingo Belgrano, cumpliendo el deseo de su padre. Con ellos vivió en el actual distrito
de Azul (Provincia de Buenos Aires), donde conoció a su hermano Pedro Pablo que tenía allí sus campos.
Cultivaron una profunda relación y se presume que fue su hermano quien le presentara a su futuro esposo,
Manuel Vega Belgrano, un pariente político con quien se casó Manuela en 1852 y tuvo tres hijos.
Manuel Belgrano sabía que su hijo no necesitaría su protección económica por eso, lo poco con lo que
contaba trató de dejarlo para su hija. En un escrito citado por Mitre, Belgrano solicita a su hermano, el
sacerdote Domingo Estanislao Belgrano "[…] que, pagadas todas sus deudas, aplicase todo el remanente
de sus bienes a favor de una hija natural llamada Manuela Mónica, de edad de poco más de un año, que
había dejado en Tucumán".
Belgrano
Sus ideas
Manuel Belgrano (1770-1820), hijo de un rico comerciante genovés, nació en Buenos Aires el 3 de junio de
1770. Estudió leyes en Salamanca y Valladolid (España) y en 1794 regresó a Buenos Aires, haciéndose
cargo de la secretaría del Consulado de Comercio, tarea que desempeñó hasta 1810 con pequeños
intervalos.
Desde su puesto de funcionario o a través de publicaciones como el "Semanario de Agricultura" y el "Correo
de Comercio", desplegó una activa propaganda contra el monopolio comercial español, fomentó los
intereses económicos del Plata, fundó las Academias de Náutica y de Dibujo.
Al formarse la Junta de Gobierno el 25 de mayo de 1810, Belgrano fue elegido vocal de la misma. Tradujo
un libro de Economía Política, redactó escritos sobre el tema y trató de interesar en los principios
fundamentales de la economía política a un grupo de jóvenes que como él deseaban lo mejor para su patria.
Participó en el proceso de la Reconquista y Defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas y de
las Guerras de Independencia.
Presentamos a continuación, algunas ideas que nos acercan al pensamiento de Manuel Belgrano.
Las memorias del Consulado de Buenos Aires y
Artículos del Correo de Comercio
El Real Consulado de Buenos Aires era una de las instituciones coloniales más importantes junto al Virrey
y al Cabildo. Se instaló en Buenos Aires en 1794 a pedido de los comerciantes. El Consulado dependía
directamente de la Corona española y debía guiarse según las normas establecidas por la Casa de
Contratación de Sevilla. La creación del Consulado correspondía a las reformas que los reyes borbónicos
habían diseñado para España y sus colonias con la finalidad de reestructurar la economía.
Se organizó como un cuerpo colegiado con funciones de tribunal comercial que debía arbitrar en pleitos y
denuncias presentadas por los comerciantes y controlar en el manejo de la Aduana. También estaba
destinado a propiciar el fomento económico y en este campo, desempeñó un importante rol Manuel
Belgrano, que había sido designado secretario perpetuo de la institución.
La legislación real estableció que el secretario del Consulado debía escribir cada año una memoria sobre
alguna de las cuestiones que correspondían a la actividad del Consulado. Las sesiones anuales de la
institución debían abrirse con la lectura de la memoria correspondiente.
Las memorias incluían consejos prácticos basados en las ideas económicas en boga en Europa,
fundamentalmente influidas por la fisiocracia. Estos escritos contienen lo más importante del pensamiento
de Manuel Belgrano fundamentalmente en lo relativo a la necesidad de liberalizar el comercio rioplatense
del fuerte proteccionismo español con el fin de beneficiar a los comerciantes criollos. Además, en ellos,
hacía hincapié en la necesidad que el comercio, la industria y la educación tenían para el crecimiento del
Río de la Plata.
Estas ideas también fueron publicadas en diversos artículos del semanario Correo de Comercio, periódico
dirigido por Belgrano.
Belgrano
Sabías que...
En el Museo Municipal de Artes Plásticas Dámaso Arce de Olavaria, se expone un retrato de Manuel
Belgrano de altísimo valor histórico.
Se trata de una pintura realizada por el artista francés Francois-Casimir Carbonnier durante la estadía de
Belgrano en Londres en 1815 cuando fue enviado en misión diplomática por el gobierno.
Olavarría fue lugar de residencia de una rama de la familia Belgrano. La obra fue adquirida y donada por el
desaparecido Banco de Olavarria; fue declarada Patrimonio Municipal de esa localidad de la provincia de
Buenos Aires en 1996.
Actualmente, el propietario del inmueble que ocupara el Banco de Olavarría, reclama la devolución del
cuadro afirmando que el mismo, estaba incluido en el inventario cuando adquirió el edificio.
Esta controversia aún no se halla resuelta.
El lunes 2 de julio de 2007 los periódicos, las radios y los canales
de televisión informaron acerca del robo del reloj de Belgrano que
encontraba exhibido en una de las vitrinas del Museo Histórico
Nacional.
Era un reloj de oro de bolsillo con una cadena de cuatro eslabones
que le había obsequiado el rey Jorge III de Inglaterra. Se trataba
de uno de los pocos bienes materiales con los que contaba
Belgrano.
Como se hallaba en la pobreza -el gobierno le debía 18 meses de
sueldo- antes de morir se lo entregó su médico, el doctor Redhead,
en pago por los servicios y cuidados que le había brindado.
El reloj sigue sin aparecer.
La Asamblea del año XIII premió a Manuel Belgrano con 40.000
pesos por las victorias obtenidas frente a los españoles en las
batallas de Salta y Tucumán. Belgrano donó el dinero para la
construcción de cuatro escuelas públicas en Santiago del Estero,
Tucumán, Jujuy y Tarija (que pertenece actualmente a Bolivia): "He
creído propio de mi honor y de los deseos que me inflaman por la
prosperidad de mi patria destinar los expresados 40.000 pesos para
la donación de cuatro escuelas públicas de primeras letras en que
se enseñe a leer y a escribir, la doctrina cristiana y los primeros
rudimentos y obligaciones del hombre en sociedad", expresó el
general.
Los sucesivos gobiernos dieron otros destinos a ese dinero y las escuelas demoraron mucho en ser
construidas. La escuela de Santiago del Estero se construyó en 1822, la de Tarija en 1974 y la de Tucumán
en 1998. La última de las escuelas fue levantada en Jujuy, en el barrio Campo Verde, de la capital de esa
provincia y fue inaugurada el 6 de julio de 2004.
La visionaria idea de Belgrano acerca de la importancia de destinar fondos a la educación se hizo esperar
tan sólo 191 años.
Filmografía
Presentamos películas argentinas que rescatan episodios del nacimiento de la Nación
Argentina y corporizan a los hombres y mujeres que conformaban la sociedad en
tiempos de la guerra de independencia, sus modos de vida y pasiones.
Título: El tambor de Tacuarí
Año: 1958
Género: Biográfico
Realizador: Carlos Borcosque
Guión: Hugo Mac Dougall
Duración original: 76 min.
Intérpretes: Juan Carlos Barbieri,
Francisco Martínez Allende, Norma
Jiménez, Homero Cárpena, Ricardo
Trigo Un realista a las órdenes de Machain
Resumen argumental: En vísperas de presenta el ultimátum a las tropas
la Revolución de Mayo un mestizo patriotas ubicadas en Tacuarí. Belgrano
correntino huérfano llega a Buenos y sus colaboradores deciden dar batalla
Aires para vivir con su tío quien se a pesar de la superioridad numérica del
hallaba al servicio del virrey Cisneros. enemigo.
El tío considera que el padre del niño
ha sido un traidor por conspirar contra
el virrey. El niño descubre su padre no
ha muerto y que milita a las órdenes
de Belgrano. Luego del 25 de mayo de
1810 el muchacho se enrola como
tambor del ejército patrio.
Título: Bajo el signo de la patria
Año: 1970
Género: Histórico - Biográfico
Realizador: René Mugica
Guión: Isaac Aisemberg
Duración original: 110 min.
Intérpretes: Ignacio Quirós, Héctor
Pellegrini, Ricardo Paisano (h),
Enrique Liporace, Roberto Airaldi,
Mario Lozano, Leonor Benedetto, Belgrano hace bendecir la Bandera en la
Rodolfo Machado. Catedral de Jujuy durante la
Resumen argumental: El film conmemoración del segundo aniversario
presenta la vida del General Manuel de la Patria.
Belgrano desde que toma el mando del Belgrano ordena que el pueblo de Jujuy
Ejército del Norte hasta que, junto a abandone la ciudad y deje tierra
sus hombres, vence al enemigo en la arrasada al enemigo.
batalla de Salta en febrero de 1813.
Titulo: Güemes, la tierra en armas
Año: 1971
Género: Histórico - Biográfico
Realizador: Leopoldo Torre Nillson
Guión: Leopoldo Torre Nillson,
Rodolfo Tórtola, Ulyses Petit de
Murat, Beatriz Guido, Luis Pico
Estrada, inspirado en el poema
dramático €œLa tierra en armas€• de
Juan Carlos Dávalos y Ramón
Serrano.
Duración original: 100 min.
Intérpretes: Alfredo Alcón, Norma
Aleandro, Gabriela Gilli, José Slavin,
Mercedes Sosa, Alfredo Duarte, José
Oroño
Resumen argumental: La película
aborda la vida de Martín Miguel de
Güemes junto a sus montoneras y su
lucha contra los realistas y a favor de
la independencia.
Galería de Imágenes
Convento de San Bernardo, Salta
Itinerario de la expedición de Belgrano al
Paraguay, 1810-11.
Retrato de Maniel Belgrano, de Charbonier.
(Museo Historico Nacional).
Batalla de Tucuman en 1812. Reproducción de un cuadro
evocativo.
En el camino. Lit. de C. Morel.
En el campo. Lit. de C. Morel.
Segunda campaña al Alto Perú:
itinerario, por Alfredo R. Burneo-Merlin.
Belgrano hace jurar a sus tropas obediencia a la
Asamblea del año 13. Óleo de Luis Servi.
Batalla de Salta, 20 de febrero de 1815. Óleo de A. Papi.
Salta: el cabildo histórico.
Fragmento del original de la capitulación
de Salta.
El príncipe regente de Portugal y Carlota
Joaquina. Dib. De F. Barto Lozzi, Lisboa,
1805. (Col. Assunçao, Montevideo).
Manuel Belgrano. Dibujo de Gericault.
Pistola obsequiada a Manuel Belgrano por el Cabildo
Abierto de Buenos Aires (Museo hist. Nac.)
Belgrano hace bendecir la bandera por el Canónigo
Gorritien la Catedral de Jujuy. Óleo de Luis de Servi.
El doctor Gaspar Francia. Dib.
De Demersay.
La catedral de Asunción, Paraguay.
Grabado de la época colonial.
Vista de la ciudad de Salta. Acuarela de Bernes e Irigoyen.
Antiguo convento de Jujuy.