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El juicio de amparo y la ensefianza del derecho procesal
HECTOR FIX-ZAMUDIO
I. Problemas que plantea el estudio del amparo mexicano . 425
IL. Diversas etapas que se han seguido en el estudio del am-
paro. . 427
UL, Teoria general del proceso, derecho procesal constitucio-
nal y derecho de amparo . 430
IV. Autonomia del amparo respect del derecho constitu.
cional . Loe oe 44d
V. Problemas metodoldgicos . to 1. AB
VI. Terminologia . an . 448
VIL. La enseftanza del derecho de “amparo eee ee 451EL JUICIO DE AMPARO Y LA ENSENANZA DEL.
DERECHO PROCESAL
A Niceto Alcalé-Zamora y Castillo
Héctor Frx-Zamupto *
SUMARIO:
1. Problemas que plantea el estudio del amparo mexicano.
UL. Biversas etapas que se han seguido en ef estudio del amparo. Ul, Teo-
rla general del proceso, derecho procesal constitucional y derecho de an
paro, IV, Autonomia del amparo respecto del derecho constitucional.
V. Problemas metodoldgicos. VI. Terminologia. VII. La enseitanza del
derecho de amparo
1 Problemas que plantea el estudio del amparo mexicano
1, A mds de un siglo del establecimiento de la institucién juridica
més apreciada y entrafablemente querida por el pueblo mexicano y en
primer término por sus juristas, no nos hemos puesto de acuerdo sobre
su naturaleza, sobre su contenido, su estructura, ctcéiera, todo lo cual
determina que se produzcan serias dudas respecta de su encuadramiento
dentro del campo, del derecho.
La circunstancia de que la disciplina que se imparte en Ja Facultad
de Derecho de la Universidad Nacional Auténoma de México y en
varias escuclas de derecho de la republica, leve el nombre hibrido de
“garantias y amparo”, produce desorientacién respecto del método que
debe seguirse para su ensefanza.
_Particularmente resulta dificil establecer la delimiracién de la mate-
en relacién con dos ramas del conocimiento juridico que se disputan
su encuadramiento. Es decir, no puede afirmarse a primera vista si se
trata de una disciplina sustantiva que pertenece al campo del derecho
constitucional, o una de cardcter instrumental que se desarrolla dentro
del terreno del derecho procesal.
2. Con motivo de Iu aparicién de la sexta edicién del excelente y
fundamental libro de Ignacio Burgoa sobre El juicio de amparo,! se
* Director ¢ investigador del Instituto de Investigaciones Juridicas de ta Univer-
sidad Nacional Auténotma de México.
1 Editorial Portia, México, 1968, Actualmente se ha publicado Ia novena edicién
de este libro, por fa misma Editorial Porrita en el aio de 1973, y las palabras previas
a la mencionada sexta edicién aparecen en las paginas 21-23.426 HECTOR FIX-ZAMUDIO
produjo una apasionante polémica entre el citado tratadista y el desta-
cado jurisconsulto recientemente fallecido, Santiago Ofiate,? precisa-
mente sobre la forma en Ia cual debe abordarse el estudio y, por con-
siguiente, la ensefianza de los problemas fundamentales del juicio de
amparo.
De acuerdo con a situacién actual, Ia interrogante puede formularse,
en esencia, respecto a la vinculacién del amparo con la “teoria general
del proceso” y, consiguientemente, con el derecho procesal.
En owas palabras, es preciso preguntarnos si resulta conveniente que
los profesores de esa materia calificada por los programas como “ga-
rantias y amparo” utilicen, respecto de este ultimo, el método de la
ensefianza del derecho procesal, o si por el contrario estan obligados a
emplear criterios especificos y peculiares, que se apartan esencialmente
de los del mismo derecho procesal.
En efecto, en tanto que Ignacio Burgoa sostiene en las interesantes
palabras que preceden a a mencionada sexta edicién de su libro que:
“Resulta, pues, inaceptable la pretensién de querer incrustarlo (cl
amparo) dentro de una ‘teoria general de proceso’ originada en el pro
ceso civil, 0 sea en um proceso que es diferente del amparo por su
motivacion y telcologia...” 8
Santiago Ofiate afirmaba que: “...se tendré que convenir cn que cl
amparo ¢s un capitulo del derecho procesal y estd vinculado a la doc-
trina del proceso, ..""*
Esta controversia, como puede comprenderse, no es puramente aca-
démica, sino que se refleja profundamente en los programas que se han
elaborado para a exposicién de la materia en las facultades y escuelas
de derecho de la reptiblica, asi como la vinculacién que deba estable-
cerse respecto a la recientemente establecida “teoria general del proceso”
en Ja Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autonoma de
México. *
Por tales motivos, resulta indispensable replantear la problematica
procesal det juicio de amparo, con la pretensién de aportar algunos cri-
terios que permitan resolver uno de los aspectos esenciales de nuestra
disciplina.
2Polémica que puede consultarse en Ios peri
El Heraido, de 2 y 5 de julio, de 1968.
BEL juicio de amparo, cit, p. 22.
4 .Excelsior, 7 de junio de 1968, p. 7-A.
5 fr. Carlos, Eduardo B., Acotaciones al problema de la unidad del derecho pro-
cesal, en Revista de Derecho Procesal, aiio 1x, vol. 1, Buenos Aires, 1951, p. 179,
autor que afirmaba con agudert que la solucién que al efecto se adopte no sdlo
definiré una actitud intelectual y una orientacién cientifica a seguir, sino que habra
de proyectarse invariablemente en la ensefianza y en Ia exposicién de la asignatura,
dicos Excelsior del 7 de junio yJUICIO DE AMPARO ¥ ENSENANZA DEL DERECHO PROCESAL 427
Il. Diversas etapas que se han seguido en el estudio del amparo
3. El juicio de amparo mexicano ha sido analizado de diversas ma-
neras desde su consolidacién definitiva en los articulos 101 y 102 de
la Constitucién de 1857, a través de su incontenible desarrollo que
desembocé en una transformacién radical en la Carta Fundamental de
1917 y las subsecuentes reformas constitucionales y legales, hasta Hegar
a la tiltima que entré en vigor el mes de octubre de 1968.
Resulta evidente que la institucién aparecié en la citada Carta de
1857, después de haberse conformado en los antecedentes de Ja Consti-
tucién yucateca de 1841 y del Acta de Reformas de 1847, como un
instrumento dirigido en forma exclusiva a la proteccién de los derechos
del hombre o “garantias individuales”, consagrados en el mismo tex-
to de la Constitucién federal, y a través de los primeros, también la tutela
del equilibrio del régimen federal, evitando o reprimiendo las invasio-
nes que las autoridades respectivas pudiesen efectuar en telacién con
las esferas federal 0 local, respectivamente,
4. No resulta extrafio, por el contrario muy explicable, que los culti-
vadores clisicos de nuestra disciplina lo fuesen eminentes constitu-
cionalistas, tales como José Maria Lozano, Ignacio Luis Vallarta, Ignacio
Mariscal, Isidro Montiel y Duarte, Silvestre Moreno Cora y Emilio Ra-
basa, para no citar sino algunos, que analizaron la institucion desde
el angulo del derecho constitucional.
A esta doctrina clasica también la podemos calificar de ortodoxa, en
virtud de que en ella se advierte la preocupacién de sus principales
exponentes para preservar la puteza constitucional del amparo contra
Tos avances del llamado “control de Iegalidad”, que se hace sentir des-
de los primeros tiempos en virtud de la interpretacién que podemos
estimar “artificiosa” del articulo 14 de la Constitucién de 1857, y que
resulta tan conocida que sobre ello no necesitamos insistir. ©
Esta orientacién culmina con los trabajos fundamentales de Emilio
Rabasa, quien calificé de “degeneracién” el desenvolvimiento del am-
paro que terminé por absorber la impugnacién de todas las resoluciones
judiciales? y luché denodadamente para rescatar la pristina funcién
estrictamente constitucional del amparo.
5. Paralelamente a a anterior aparecié una corriente que es posible
considerar como exegética o procedimentalista® ya que se caracteriza
6 Cfr. Fix-Zarmidio, Héctor, El juicio de amparo, México, 1964, p. 121, 127 y 259.
TEL articulo 14, p. 95-102; El juicio constitucional, 2 ed. conjunta, México, 1955,
p. 813 y 8: La Constitucién y Ia dictadura, 3% ¢d., México, 1956, p. 220-221.
8Sobre la etapa procedimentalista en cl estudio del proceso, cfr. Niceto Aleala-
Zamora y Castillo, Proceso, autocomposicién y autodefensa, México, 1947, p. 100-103;
y 24 ed., México, 1970, p. 104-108,428 HECTOR FIX-ZAMUDIO
por el andlisis puramente formal y descriptive de las disposiciones Je-
gales que sucesivamente han regulado el juicio de amparo.
Este criterio, que era el predominante para todas las disciplinas juri-
ricas durante el siglo x1x, se puede advertir, respecto de Ja materia que
examinamos, particularmente en varias obras publicadas durante el
propio siglo pasado y primeros aios del presente, tales como las de
Fernando Vega,® Manuel Ruiz Sandoval, 1° Federico M. del Castillo
Velasco, 11 Francisco Cortés"? y, muy especialmente, Ja de Deme-
trio Sodi.
6. Corresponde a Ignacio Burgoa ¢1 mérito indiscutible de iniciar el
estudio sistemdtico del juicio de amparo en la primera edicién de su
libro del mismo nombre, publicado en el aio de 1943,1* y que ha
seguido perfeccionando en las subsecuentes ediciones de 1946, 1950, 1957,
1962, 1970, 1971 y 1973, todas las cuales han servido de guia y modelo
a los tratadistas que han abordado la institucién en una forma siste-
miitica.
Por este camino han seguido los trabajos de Romeo Leon Orantes, %
Jorge Trueba Barrera, #* Octavio A. Hernandez, 7 Mariano Azuela, 18
Luis Bazlresch, ® y Arturo Gonzéles Cosio.
7. Al lado de esta corriente moderna en el estudio —y ensefanza— del
juicio de amparo mexicano, ha surgido ota, que si bien todavia mino-
ritaria, ha venido ganando adeptos entre los tratadistas mexicanos y
es la que podemos calificar de procesalista, en el sentido de que, sin
desconocer los aspectos peculiares de Ja institucién, se examina tomando
en consideracién los lineamientos de la cortiente cientifica del dere-
cho procesal, que se inicié en Alemania cn la segunda mitad del siglo
9 La nueva ley de amparo, México, 1883, que comenta Ia ley de la materia de 1882,
30 Manual de procedimientos en el juicio de amparo, México, 1896, quien analiza
el mismo ordenamiento citade en la note anterior.
11 Manual sobre procedencia y sustanciacién de tos juicios de amparo, 2 ed.
México, 1899, comentario al capitulo respective det Cédigo de Procedimientos Fe-
derales de 1897.
2 Et juicio de ampuro al atcance de todos, México, 1907, el cual comenta el citado
Codigo de Procedimicntos Federales de 1897, en Ja parte relativa al referido juicio
de amparo.
18 Procedimientas federales, México, 1912, quien estudia las disposiciones respec-
tivas del Cédigo Federal de Procedimientos Civites de 1908.
MY cuyos mérites sefialé con gran profundidad el tratadista Alfonso Noriega,
distinguido cultivador de esta disciplina, en el prélogo a esa primera edicién de
1943, que se reproduce en lus siguientes.
Il juicio de amparo, 8 ed., Puebla, 1957.
GEL juicio de amparo en materia de trabajo, México, 1963,
17 Curso de anipaio, instituciones jundamentates, México, 1966.
18 futroducrion ai estudio del anrparo, lecciones, Monterrey, 1968,
19 Cwso elemental del juicio de amparo, Guadalajara, Jalisco, 1972
20 Fi jnicio de amparo, México, 1973,JUICIO DE AMPARO ¥ ENSENANZA DEL DERECHO PROCESAL 429
XIX #!_y pas posteriormente a Italia, pais en el cual ha tenido un flore-
cimiento extraordinario, * y actualmente también a Espaiia y Latino-
america. *4
8. Creemos haber tenido el privilegio de iniciar esta corriente con
nuestra sencilla tesis profesional intitulada La garantia jurisdiccional
de la Constitucién Mexicana (México, 1955), que Ieva el subtitulo
significative de ensayo de una esiructuracin procesal del amparo, “4 ins-
pirada en las ensefianzas del distinguido procesalista Niceto Alcala-Za-
mora y Castillo sobre la unidad del derecho procesal,25y en cuanto
a la trilogia estructural de nuestra institucién que puso de relieve al
sostener que: “el amparo mexicano ¢s a Ia vez recurso de inconstitucio-
nalidad, de amparo de garantias individuales y de casacién.” 24
Esta nueva etapa sc ha desarrollado con bastante rapidez, ya que la
orjentacion procesal predomina en numerosos trabajos recientes que
estudian ¢] juicio de amparo, y para no citar sino Jos libros, prescin-
diendo de numerosos articulos y estudios monograficos, podemos mencio-
nar las obras de Alejandro Rios Espinoza; ** J. Ramén Palacios; 2
Humberto Brisefio Sierra; ?® Juventino V. Castro, *® y Ia mds reciente
del distinguido profesor emérito de la Facultad de Derecho de la Uni-
versidad Nacional Auténoma de México, Alfonso Noriega Canttt, que
no obstante el nombre modesto de Lecciones de amparo (México, 1975),
debe considerarse como un verdadero tratado sobre la materia.
21 Gfr, Goldschmidt, James, Teoria general del proceso, 2¢ ed., Buenos Aires, 1961,
pid ys.
22 Cfr., cl fundamental estudio de Allorio, Enrico, “Reflexiones sobre el desenvol-
vimiento de la ciencia procesal”, en el volumen Problemas de derecho procesal, tad.
de Santiago Sentis Melendo, t. 1, Buenos Aires, 1963, p. 101-137.
28 Al respecto pucde consultarse a Sentis Melendo, Santiago, Teoria y toniva del
proceso, t. 1, Buenos Aires, 1959, dedieado en gran parte a un examen del procesalis-
mo argentine, y en general de América y Espaiia, p. $498; cfr. el documentado
panorama que sobre esta materia reatiza Niceto Alcali-Zamora y Castillo, en su
libro Veinticinca afos de evolucién del derecho procesal (1940-1965), México, 1968,
esp. p, 1-16, 71-73; 75-79; 87-90; 91-92.
24 Reproducida posteriormente cn nuestro libro Bl juicio de anparo, México, 1964,
. S141,
r Expuesta cn varios cnsiyos, pero esencitlmente en su fundamental monogtalia
“Trayectoria y contenido de una teoria general del proceso”, publicada primera-
mente en Jus, nim, 149, México, marzo de 1950, p. 153-177, y posteriormente incor-
porada a Ia obra del mismo autor intitulala Estudios de Teoria general e historia
del proceso (1945-1972), tomo 1, México, 1974, p. 505-523.
26 Proceso, autocomposicin y autodefensa, cit., p. 230, nota 394,
27 Anparo y casacidn, México, 1960,
28 Instituciones de amparo, 2 ed., Pucbla, 1969.
%® Teorta y tenica det amparo, 2 vols., Puebla, 1966, y El amparo mexicano,
México, 1971.
Hacia ef amparo evolucionado, México, 1971, y Lecciones de garantias y amparo,
México, 1974,430 HECTOR FIX-ZAMUDIO
9. Para conchuir esta rapida y superficial descripcién de los diversos
aiiterios que han imperado para el estudio de nuestra institucion, debe-
mos sciialar que, con independencia de los cuatro sectores que hemos
indicado, sigue siendo materia de estudio para los cultivadores del dere-
cho constitucional, en virtud de que las bases fundamentales del amparo
estin consignadas, en forma pricticamente reglamentaria, en las frac-
ciones 1 a xvr del articulo 107 de la Carta federal, y por tal motivo
su anilisis figura en las dos obras esenciales redactadas por Miguel Lanz
Duret*' y Felipe Tena Ramirez, Jos cuales han realizado aportacio-
nes muy importantes a la propia institucién que examinamos.
ILL. Teoria general del proceso, derecho procesal constitucional
10. Una de las cuestiones esenciaies que deben dilucidarse para tomar
partido respecto al andlisis del amparo desde el punto de vista procesal,
radica en las relaciones entre nuestra disciplina y la Hamada “teoria
general del proceso”.
Precisamente en este aspecto es donde los puntos de vista de las dos
corrientes predominantes en la actualidad, son irreconciliables, si toma-
mos en consideracion que ¢l distinguido tratadista Ignacio Burgoa en
las palabras introductorias a la sexta edicién de su libro, ya menciona-
das anteriormente, no obstante reconocer que el juicio de amparo jamas
ha perdido su naturaleza procesal, sosticne en forma tajante que resulta
inaceptable la pretensién de incrustarlo dentro de una teorfa general
del proceso.
El mismo autor afirma, tanto en su prdlogo, como en varias partes de
su fundamental estudio, que la pretendida vinculacién del amparo con
la teoria general del proceso implica una injustificada “extranjeriza-
cién”, cn cuanto significa la referencia a los autores alemanes e italianos,
cuyas opiniones deben considerarse “extraias”, en cuanto provienen de
tratadistas que no han abrevado en la fuente misma de su esencia juri-
dica, pues no se reficren al amparo ni han tenido contacto con él como
materia de investigacion, #4
11. Por nuestra parte, tenemos Ja firme conviccién contraria de que
el andlisis de nuestra m:xima institucién procesal debe apoyarse esen-
cialmente en Ja concepcidn unitaria del derecho procesal, que es precisa-
St Derecho constitucional mexicano, 54 ed., actual
Gil, México, 1959, p. 316-519.
22 Derecho constitucional mexicano, 128 ed., México, 1973, p. 498-572,
48 Palabras previas del autor sobre Ia sexta edicién, en El juicio de amparo, cit.,
p. 28.
ada por Roberto CastrovidoJUICIO DE AMPARO Y ENSENANZA DEL DERECGHO PROCESAL. 431
mente Ia que ha desembocado en la existencia de una teorfa general
del proceso, pero que también se ha denominado “teoria general, in-
troduccién, 0 parte general, del derecho procesal”. #
12, 2En qué consiste esta teorfa general del proceso, que parece tan
esotérica a varios de los cultivadores del juicio de ampato mexicano?
Se trata en realidad de una conclusién muy simple, que consiste en
sostener la existencia de una serie de conceptos comunes a todas las
ramas de enjuiciamiento, los cuales pueden estudiarse en su aspecto
gencrico, sin perjuicio de los aspectos peculiares que asumen en cada
una de las disciplinas especificas.
Es cierto que se trata de una materia en vias de formacién y que
no existe un acuerdo total entre los tratadistas respecto a su contenido,
pero como lo ha sostenido uno de sus mas brillantes cultivadores, Nice-
to Alcali- Zamora y Castillo, no por ello carece de conceptos fundamen-
tales, y que para formar parte de una disciplina auténoma representa
mds una aspiracién que una realidad, aun cuando constantemente se
va enriqueciendo con nuevas investigaciones. *
Podemos discutir, por otra parte, el contenido y la extensién de estos
Tineamientos generales, como se controvierte apasionadamente el conte-
nido y los limites de disciplinas tales como Ia teorfa general del derecho,
la (eoria general del Estado o la teoria general del contrato, de las
obligaciones, del delito, etcétera,
Pero lo que nos parece indiscutible es que, en la situacién actual de
los conceptos genéricos de las diversas disciplinas, si es que pretendemos
elevarnos sobre los aspectos particulares y no volver a caer en la exége-
sis que caracterizaba el estudio del derecho en el siglo xix.
13. Precisamente, uno de los motivos por los cuales los cultivadores
de las disciplinas naturales y fisicomatematicas exponen dudas sobre el
caracter cientifico del estudio del derecho radica en una aparente di-
ferencia entre la orientacién sistematica y generalizadora de los datos
de la experiencia en ambos campos de la investigacién,® y en esto
34 Cf, Alcali-Zamora y Castillo, Niceto, “La teoria general del proceso y Ia en-
sefianza del derecho procesal”, en Revista [beroamericana de Derecho Procesal, Madrid,
1968, sobretiro, p. 31 y s., trabajo incorporado a la obra ya citada, Fsludios de
Teoria general e historia del proceso, tomo 1, p. 525-610.
35°Trayectoria y contenido de una teoria general del proceso”, y “La teoria ge-
neral del proceso y Ia enseftanza del derecho procesal”, en el volumen ya citado
Estudios de teorla general € historia del proceso, vol. 1, p. 513 y 593-397, respecti-
vamente.
$6 Cfr. Garcia Maynez, Eduardo, Légica del concepito juridico, México, 1959, p. 38
y 8, seflala, por el contratio, las grandes semejanzas cn 1a formacién de conceptos
abstractos tanto en las disciplinas naturales como en las culturales, especialmente
en Ia ciencia que se ocupa del conocimiente del derecho.432 HECTOR FIX-ZAMUDIO
tenemos grande culpa los juristas que nos aferramos a una exagerada
especializacién, con sacrificio de los conceptos generales. #7
No se trata tampoco de crear abstracciones ajenas a la realidad, sino
conformar con los datos de la experiencia, ya que nuestra dlisciplina es
fundamentalmente empirica, 5 los aspectos comunes a todas las disci-
plinas procesales, como lo ha puesto de relieve la ciencia procesal con-
tempordnea.
En consecuencia, podemos concluir en el sentido de que Ia teoria ge-
neral de] proceso no surgié a priori, sino que se fue perfilando debido
a los descubrimientos logrados por los cultivadores de las distintas ramas
instrumentales, empezando por la ciencia del derecho procesal civil, de
Ta cual se recibié el impulso inicial, pero fue continuada por los tra-
iadistas del derecho proceyal penal, luego los del derecho procesal ad-
ministrativo, laboral, constitucional, etcétera.
14. Diferimos de Ta idea que se desprende de las palabras de Ignacio
Burgoa en el sentido de que la teoria general del proceso est referida
unica o preterentemente al derecho proces] civil, pues si bien surgieron
varios conceptos en esta rama del enjuiciamiento, que posteriormente
han Ilegado a ser de cardcter general, de ninguna manera resultan pri-
vativos de la misma, ni Jos especificos de esta ultima pretenden exten-
derse de manera forrada a otras disciplinas procesales, como una especi
de imperialismo del proceso civil sobre los dema
Suscribimos a esie respecto la profunda observacién del procesalista
espafiol Victor Fairén Guillén en cuanto sostiene que el problema de
Ja constitucién de una tworia general del derecho procesal —o del pro-
ceso— y que no debe confundirse con Ja construccién unitaria del proce-
so en su totalidad, significa Hegar en la unidad cientifica hasta alli
donde sea posible, sin forzar la esencia de los conceptos; fijarnos, ante
todo, en sus diferencias, ahondar en ellas; de ello extraer primero la
falta de conwadicciones fundamentales, y de ahi caminar por Ja via sin-
tética hasta donde sea metédicamente posible. #9
15. Ya el ilustre Carnelutti habia utilizado la metifora del tronco y
las ramas, equiparando al primero, que nutre a las segundas con el
aspecto comin, y las diversas ramas representarian los enjuiciamientos
cfr. mudio, Héctor, “En tomo a Jos problemas de la metodologia del
Derecho”, en Revista de la Facultad de Derecho de México, wim. 62, abril-junio
de 1966, p. 407-476; Id. “Ref-exiones sobre Ia investigacion juridica”, en et volumen
colectivo Conferencia sabre fa ensefianza det derecho y el desarvalta Faiparatso, 5
al 9 de abril de 1972), Santiago de Chile, 1973, p. 195-223
8 Para la evolucién del derecho procesal cientifico y sus diversas escuelas, debe
consultarse la excelente y completa exposicién de Aragoneses Alonso, Pedro, Proceso
y derecho procesal, Madvid, 1960, p. 562 y 5.
89 "Ideas sobre una teoria general del derecho procesal”, en Revista de Derecho
Proresal, mim. 1, Madvid, enero-marzo de 1966, p. 29.JUICIO DE AMPARO Y ENSENANZA DEL DFRECHO PROCESAL 433
particulares, dotados de autonomia pero unidos al propio tronco
comin, 4°
Por nuestra parte hemos empleado en anteriores trabajos el simil
de la “federacién procesal”, en el sentido de que los principios genera-
les integran el sector central que regula todo el territorio, en tanto
que las entidades auténomas estan constituidas por Jos diversos enjui-
ciamientos particulares, regidos por principios peculiares, pero vincula-
dos a los linexmientos de cardcter general, que imperan en totos los
sectores especificos. #1
Esta misma idea la expresaba el procesalista argentino Eduardo B.
Carlos, en cuanto sostenia la posibilidad y aun Ia necesidad de una
teoria general que vincule a las diversas disciplinas procesales a una ra-
ma general que abarque el estudio del derecho procesal y sus nociones
sistematicas. 42
16. También es preciso poner de relieve que cada una de las ramas
particulares van conformando los lineamientos que posteriormente pue-
den adquirir cardcter general, al establecerse sus aspectos comunes y
separando los especificos, pero al mismo tiempo, estos principios o con-
ceptos abstractos y generales revierten sobre las disciplinas auténomas
para lograr una mayor sistematizacién y ordenacién cientifica de
los aspectos individuales.
Se trata de una labor de compenetracién cientifica de caracter reci-
proco, ya que mientras las diversas ramas procesales aportan sus descu-
brimientos a la naciente teoria general del proceso o del derecho pro-
cesal, los conceptos fundamentales que van formando ¢l patrimonio
comtin de todas esas disciplinas, van otorgando a cada uno de los diver-
sos enjuiciamientos una armazdn sistematica que permite una solidez
cientifica cada vez mayor, que no podria adquirirse si se estudiaran
aisladamente, como lo demuestra el florecimiento de todas las disciplinas
procesales en cuanto se logré ese fructifero intercambio entre el centro
y la periferia. *
17. Una ver establecida la existencia y necesidad de una asignatura
general, es preciso ahora delimitar el territorio en el cual se encuentra
el juicio de amparo: mexicano.
40Citado por Alcald-Zamora y Castillo, “La tcoria general del proceso y 1a ense-
fianza del derecho procesal”, cit., p. 583 y nota 82.
41Gfr. Fix-Zamudio, Héctor, “Introduccién al estudio del derecho procesal social”,
en Revista Iberoamericana de Devecho Procesal, Madrid, 1965, p. 28-30.
#2 Introduccidu al estudio det derecho procesal, Buenos Aires, 1959, p. 92; Id. dco-
laciones «l problema de la unided del derecho procesal, cit., p. 171-172.
42 Gfr. Alealé-Zamora y Castillo, Niceto, Trayectoria y contenido de una teoria
general del proceso, cil. p. 514-515; Gonzilex Pérer, Jestis, Derecho procesal adminis-
trative, tomo 1, 2% ed., Madrid, 1964, p, 102-103.434 HECTOR ¥IX-ZAMUDIO
Al respecto conviene tener en cuenta que asi como en un principio
del venerable tronco del derecho civil sustantivo se desprendid el de-
recho procesal civil, como disciplina auténoma, paulatinamente se
fueron independizando de sus respectivas materias también sustantivas,
el derecho procesal penal, el procesal administrativo, el procesal laboral,
etcétera, y que mas recientemente ha aparecido una nueva disciplina
en plena formacién y que podemos calificar como “derecho procesal
constitucional”. +
En efecto, a primera vista podemos descubrir la influencia indudable
que ejerce la materia sustantiva sobre Jas normas instrumentales que
le sirven para realizarse, a través del proceso. A este respecto, el ilustre
jurista Florentino Piero Calamandrei, con su gran penetracién juridica,
habia adyertido que toda norma de derecho sustantivo puede penetrar
en el proceso como fuente del deber del organo judicial de dar a su
providencia cierto contenido. 4
18. Pero la separacién entre el derecho constitucional y su respec-
tiva disciplina instrumental ha sido lenta y dificil, tomando en con-
sideracion que asi como ocurre todavia actualmente con numerosas
disposiciones del derecho internacional publico, las de derecho consti-
tucional han carecido durante mucho tiempo de sancidn, y por lo tanto
se ejaba su ejecucién a la buena voluntad de las antoridades que debian
cumplirlas, ya que no podia exigirse coactivamente su realizacién.
Fs cierto que los griegos y los romanos ensayaron diversos sistemas
para impedir la violacién o restaurar las disposiciones fundamenta-
les que regian la estructura de su organizacién politica, y asi podemos
mencionar a los Eforos espartanos, el Aeredpago ateniense, el Tribuno
de la Plebe, la doble magistratura y el Senado romanos, etcétera, pero con
independencia de la imperteccion y tosquedad de estos instrumentos,
ninguno de ellos significaba la existencia de una verdadera controversia
que se resolviera supra partes ante un drgano ptblico de cardcter im-
parcial. #6
19. E] mérito de haber establecido por vez primera un instrumento
auténticamente procesal para la realizacién coactiva de las disposiciones
constitucionales contenidas en la Carta Fundamental, corresponde a
los constituyentes de Filadelfia, que apoyados en la practica de los ui-
bunales coloniales y aun de los ingleses (cuando revisaban los fallos de
los primeros); y en las ideas del ilustre lord Edward Coke —que para-
[Link], El juicio de amparo, cit, p. 47-82.
45 Instituciones de derecho procesai civil segin cf nuevo Gédigo, trad. de Santiago
Sentis Melendo, t. 1, Buenos Aires, 1962, p. 371.
46 Cfr, para el examen de estos sistemas, Schmitt, Cal, La defensa de la Consti
tucién, trad, de Manucl Sanchez Sarto, Barcelona, 1981, p. 9-20; Fix-Zamudio, Héctor,
“Introduccién al estudio de Ia defensa de la Constitucién”, en Boletin Mexicano de
Derecho Comparudo, wim. 1, encro-abril de 1968, p. 89-91JUICIO DE AMPARO Y ENSENANZA DEL DERECHO PROCESAL 435
déjicamente no se impusieron en Inglaterra debido a la supremacia ab-
soluta del Parlamento— establecieron los principios de la Hamada “re-
visién judicial de la constitucionalidad de las leyes” en el articulo
tercero de la Constitucién federal de 1787. 47
Este instrumento jurisdiccional ha tenido un desenvolvimiento pau-
jatino pero constante en los Estados Unidos, esencialmente por obra
de la jurisprudencia de Ia Suprema Corte Federal, #* pero este desarrollo
puede considerarse esencialmente pragmatico ya que no es posible esti-
mar que se hubiese establecido simulténeamente una disciplina procesal
de caracter sistematico y, lo que resulta mas significative, se ha negado
al sistema estadounidense el cardcter de verdadera jurisdiccién cons-
titucional. #”
20. Por ello nos adherimos plenamente 2 la autorizada opinién de
Niceto Alcalé-Zamora y Castillo en cuanto considera al distinguido ju-
risconsulto Hans Kelsen, como el fundador de esta rama procesal, * por
haber iniciado Ja sistematizacién de los conceptos que habian surgido
empiricamente en la practica del derecho constitucional estadounidense
y de otros paises que siguieron su ejemplo. *
21. Las profundas ideas del jefe de la escuela vienesa tuvieron reali-
zacién pratica a través del establecimiento de una corte constitucional
(Verfassungsgerichtshof) , como tribunal especifico para resolver las con-
troversias respecto a las disposiciones de la Garta Fundamental, en los
términos de los articulos 137 y siguientes de la Constitucién de 1° de
47 Cfr. Cappellctti, Mauro, El control judicial de la constitucionatidad de las leyes
en el derecho comparado, trad. de Cipriano Gémex Lara y Héctor Fix-Zamudio,
México, 1966, p. 19 y s., Id., Judicial Review in the Contemporary World, Indiana,
Kansas Gity, New York, 1971, p. 36-41; Grant, J. A. C., EL control judicial de la
constiiucionalidad de tas leyes. Una coniribucién de las Américas a In ciencia politica,
México, 1963, p, 24 y s3 Bittencourt, Lucio, O contréle jurisdicional da constitu-
rionalidade das (cis, % ed, actualizada por Jost Aguiar Dias, Rio de Janeiro, 1968,
Dy s.
PBA cate respeeto puede cousultarse el excclente estudio de Boechart Rodrigues,
Leda, La Suprema Corte y el derecho constitucional norteamericano, trad. de Justo
Pastor Benitez, México, 1965; asi como el libro de Evans Hughes, Charles, La Supre-
ma Corte de tos Esiados Unidos, trad. de Roberto Molina Pasquel y Vicente Herrero,
2 ed., México, 1971.
49Fsta cs la opinion del tratadista aleman Jerusalem, Die Staatsgerichtsbarkeit
(La jurisdiccién politica), Tubingen, 1930, p. 44-72, citado por Alcalé-Zamora_y
Castillo, Niceto, en Proceso autocomnposicién y autodefensa, cit, p. 215, nota 865,
DOOD. ult. cit, p. 215-216,
51 Debe citarse como esencial en esta materia el estudio det propio Kelsen intien-
lado “La garantie jurisdictionnelle de la Constitution (La justice constitutionnel) ",
publicado cn Ia Revue de droit public et la science politique en France et a Vetvanger,
©. 45, Paris, 1928, p. 127-257, y reproducido ct Annuaire de Institut Internationale
de Droit Public, Paris, 1929, p. 52-143; trad. espaiiola de Rolando Tamayo y Salmo-
xin con el ttulo “La garantia jurisdiccional de la Constitucién”, en Anuario Juridico,
1, México, 1947, p. 471-515.436 HECTOR FIX-ZAMUDIO
octubre de 1920, reformada esencialmente, en este aspecto, por la
Ley Constitucional federal de 7 de diciembre de 1929, 5%
En esta segunda postguerra el ejemplo de la jurisdiccidn constitucio-
nal austriaca, que por otra parte fue restablecida nuevamente por ley
constitucional de 1° de mayo de 1945 (con varias modificaciones poste-
riores) , se ha extendido considerablemente con la creacién de tribunales
especificos para conocer de las controversias constilucionales, en las le-
yes fundamentales de Italia (1948); Reptiblica Federal Alemana (1949) ;
Chipre (1960); Turquia (1961); Yugoslavia (1963 y 1974); Greci
(1968), Trak (1968); Guatemala (1965) y Chile (1970), como se expli-
card mis adelante al hacer referencia a los Grganos que tienen a su
cargo cl control constitucional. +
22. Y nuevamente han sido los tratadistas italianos y alemanes los
que han creado un cuerpo de doctrina verdaderamente impresionante
sobre los lineamientos de esta jurisdiccién constitucional, a tal grado
que podemos afinmar que se ha conformado una disciplina auténoma
de perfiles propios y definides —pero siempre vinculada a la teoria ge-
neral del proceso o del derecho procesal—, que se ocupa del estudio
de los instrumentos procesales establecidos por las mismas cartas funda-
mentales para la tutela de sus propias normas, y que ya hemos calificado
como “derecho procesal constitucional”.
28. Pero también en América Latina, como ha ocurrido en otras ramas
del enjuiciamiento (procesal penal, administrativo, laboral, agrario,
52 Debe tomarse en consideracién que las ideas de Kelsen inspivaron previamente
el establecimiento de una corte constitucional, regulada por el capitulo preliminar
de la Carta Fundamental de Checoslovaquia de 29 de febrero de 1930, cfr, Mirkine
Guetzevitch, Boris. Las nuevas Constituciones del mundo, tad, csuafiola, Madrid,
1931, p. 16, y 229-280,
58 Gjr, Cappelletd, Mauro, £1 control judicial de la constitucionalidad de las leyes,
cit,, p. 55-58; Werner, Leopold, Die dster reichischen Bundsverfassungsgesetze (Las
leyes federales constitucionates austriacas), Wien, 1963, p. 113-120; Frisch Philip,
Walter, “La forma en que se plasmé la teoria pura del derecho de Hans Kelsen
en Ja jurisdiccion austriaca creada por él, trad, de Elsa Bieler, en Juridica, Anuario
de Ja Escuela de Derecho de la Universidad Iberoamericana, México, julio de 1970,
p. 120-180; Melichar, Exwin, “Die Verfassungsgerichtsbarkeit in Osterreich” (La jue
Tisdiccién constitucional en Austria), en el volumen Ferjassungsgerichtsbarkeit in der
Gegenwart (La jurisdiccién constitucional en cl presente), Kéln-Berlin, 1962, p. 440-
445: Ermacora, Felix, Der Verfassungsgerichtshof (La Corte Constitucional), Graz,
Austria, 1956, p. 76-81.
54 Gjr. Fix-Zamudio, Héctor, “Introduccién al estudio procesal comparative de la
proteccién interna de los derechos humanos", en el volumen Veinte ajios de evolu-
cién de los derechos humanos, México, 1974, esp. p. 221-247.
35Como seria imposible proporcionar en una nota siquiera una imagen aproxi-
mada de la doctrina yermano-italiana sobre cl proceso constitucional nos remitimos
a nuestras monogralias, Veinticinco aiios de evolucién de ta juslicia constitucional
(1910-1963), México, 1968, esp. p. 68-81; © “Introduccién al estudio procesal com-
parative de la proteccién interna....”, cil, p. 227-210.JUICIO DE AMPARO ¥ ENSENANZA DEL DERECHO PROCESAL 437
eteétera) , se ha iniciedo la configuracién de esta disciplina instrumental
que se ocupa del estudio de las disposiciones procesales tutelares de la
constitucién, y aun cuando, con las excepciones de la Corte de Consti-
tucionalidad de Guatemala** y del Tribunal Constitucional introdu-
cido en las reformas de 1970 a la Constitucién de Chile? —suprimido
este Ultimo por Ja junta militar que tomé el poder en septiembre de
1978—, no se han establecido en la mayor parte de nucstros paises juris
dicciones constitucionales especificas, ello no impide que ya sea con-
siderable el acervo doctrinal y jurisprudencial que justifican la existencia
de esta nueva rama procesal constitucional. 58
24. No es ésta la oportunidad de profundizar sobre los lineamientos
de esta reciente disciplina de cardcter procesal, pues basta a nuestro
propésito comprobar su existencia auténoma, * lo que resulta evidente,
y subsecuentemente procurar el encuadramiento del estudio del juicio
de amparo en relacién con esta asignatura.
A primera vista y desde el Angulo formal, podria afirmarse que el
conocimiento de nuestra institucién queda comprendida plenamente
dentro de esta rama procesal constitucional, puesto que la finalidad
aparente del juicio de amparo mexicano radica en Ja tutela de los de-
rechos de la persona humana consagrados constitucionalmente (es decir,
Jas Hamadas “garantias individuales”), asf como la proteccién, a través
de los primeros, del equilibrio del sistema federal, como la lectura de
Jas tres fracciones del articulo 103 de la Carta Federal nos indican clara-
s6La Corte de Constitucionalidad de Guatemala es un tribunal especifico para
conocer de Ia inconstitucionalidad de las leyes cuando son impugnadas por el Conse-
jo de Estado, el Colegio de Abogados, el Ministerio Puiblico, por disposicién det
presidente de la Repablica, y por cualquier persona 0 entidad afectada con el auxitis
en este tiltimo caso, de diez abogados en cjercicio, en Ja inteligencia de que los
fallos de la propia corte tienen efectos generales, y que al Iado de esta impugnacién
objetiva existe Ia via de amparo para reclamar Ja inconstitucionalidad de las leyes
con efectos particulares, fr. Fix-Zamudio, Héctor, Feinticinco aitos de evolucién...,
cit., p. 41-44; Introduccion al estudio procesal comparativo, cit., p. 220-221; Aguirre
Godoy, Mario, Derecho procesat civil, tomo 1, Guatemala, 1973, p. 182-133.
87 Cfr. Silva Basenfiin, Alejandro, “EL Tribunal Constitucional” en cl_volumen
colectivo Reforma Constitucional de 1970, Santiago de Chile, 1970, p. 199-274.
58 Cfr. Fix-Zamnudio, Héctor, “La proteccién procesal de tas garantias individuales
en América Latina”, en Revista Iberoamericana de Derecho Procesal, nim. 3, Madrid,
1967, p. 9-85; reproducide en cl Boletin def Colegio de Abogados de Guatemuta, aito
xv, nitms. 1 y 2, Guatemaix, encro-abril, mayo-agosio, de 1967, p. 218 y 222, y
actualizado en Reuista de ia Comision Internacional de Juristas, Ginebra, diciembre
de 1968, p. 69-111,
59 En la inteligencia de que csa autonomia, como la de cualquier otra rama pro-
cesal, slo puede concebitse para efectos dicicticos, ya que en la prictica no se prescn-
ta con la nitidez con la cual podemos conccbirla para efectos de estudio, cfr. Gonzd-
lez Pérez, Jesits, Derecho procesal administrative, cit, tomo 1, p. 85, nota 103.438 HECTOR FIX-ZAMUDIO
mente; % y ademas dehemos tomar en cuenta que los principios esen-
ciales de la institucin estin consignados en forma detallada en el ar
ticulo 107 de la misma Ley Fundamental, que de esta manera adquiere
el rango de “garantia institucional de canicter constitucional” en la
terminologia de Carl Schmitt. *
25. Pero si nos preocupamos por ahondar la naturaleza procesal del
juicio de amparo, que no puede quedarse en su examen estrictamente
formal, nos encontramos que al haber incorporado instituciones que nada
tienen de constitucional, puesto que se refieren a lo que se ha calificado
como “control de la legalidad”, y mas particularmente, a la impugna-
cion de las resoluciones judiciales por indebida o incorrecta aplicacién
de las disposiciones legales ordinarias o secundarias, un amplio sector
del propio amparo no puede incorporarse a Ia citada disciplina procesal
constitucional, ®
26. Esto lo ha aryertido claramente Ja doctrina extranjera, precisa-
mente por observar Ja institucién desde cl exterior y a través del angulo
de los principios generales, y en este sentido el procesalista espafiol
Jestis Gonuilez Pérez afirma que el amparo mexicano no puede encerrar-
se en alguna de las ramas en que tradicionalmente se viene dividiendo
el derecho procesal, por la sencilla razén de que afecta a todas, 0 al
menos a varias de ellas, ®
Si no nos quedamos en Ia superficie, sino que penctramos més pro-
fundamente en la cnirafia misina del amparo mexicano, su aparente
unidad queda desvirtuada al observar una amalgama de instituciones
procesales con perfiles propios, que se encuentran vinculadas por algu-
nos principios genéricos, pero cada una de ellas con aspectos peculiares
bastante marcados. “
27, Basta rellexionay que todo acto de autoridad, ya sea administra-
tiva, judicial o legislativa, se pucde impugnar a través del juicio de
amparo, y que todo procedimiento, que absolutamente toda controversia
6 Sobre Ja finalidad estrictamente constitucional del juicio de amparo, cfr, Burgoa,
Ignacio, Kl juicio de amparo, cit, p. 189-174; Herndndez, Octavio, Curso de am-
paro..., cit, p. By s.
%: Teoria de la Gonstitucién, trad. de Francisco Ayala, México 1952, p. 197 y 8,
en ef sentido de que determinadas institucioncs juridicas se clevan al rango constitu:
cional (en este caso, el amparo}, con el objeto de otorgarles firmeza y permanencia,
sustrayéndolis a la via legistativa ordinaria.
62 Cfy. Fix-Zamudio, Héctor, “Reflexiones sobre La naturaleza procesal del amparo",
en Revista de ia Facuitad de Derecho de México, nm, 56, octubre-diciembre de
1964, p. 985 y s.
68 Derecho procesal administrativo, cit, to 1, p. 242-245.
64 Estos principios genéricos corresponden a los que la doctrina ha calificado como
“principios juridicos fundamentales del juicio de amparo”, cfr. Burgoa, Ignacio, El
juicio de amparo, cit., p. 250-290.JUICIO DE AMPARO Y ENSENANZA DEL DERECHO PROCESAL 439
(0 litigio) desemboca en wltima instancia en los tribunales federales,
precistinente por conducto del mismo juicio de amparo, para Hegar a la
conclusién de que nuestra maxima institucién procesal no puede quedar
encerrada en los Imites del derecho procesal constitucional, sino que
debe examinarse con los elementos de todas las disciplinas procesales.
28, Por ello es que hemos cnsayado una divisién por sectores, exclu-
sivamente didactica, ya que 1a realidad no admite estos parcelamientos,
para poder estudiar nuestro juicio de amparo con criterio derivado
de la ciencia procesal, y por ello cs que hemos hablado de “amparo de
la libertal”, “amparo contra leyes”, “amparo judicial o casacién", “am-
paro administrative” y “amparo en materia agraria’.
De estos cinco scctores, sdlo los dos primeros y ocasionalmente el am-
paro contra actos de autoridades administrativas, pueden quedar com-
prendidos dentro de la disciplina del derecho procesal constitucional;
en cuanto al que calificamos amparo de Ia libertad es similar en prin-
cipios formativos y procedimiento al tradicional habeas corpus, puesto
que esi dirigido a la tutela de los particulares contra actos de auto-
ridad que pongan en. peligro la vida, ataques a la libertad personal
fuera de proceiimiento judicial y los prohibidos por el articulo 22
constitucional. 6%
29, El amparo contra las disposiciones legales que sc estiman contra-
vias a la Carta federal, es tal vez el sector mas vinculado con la mate-
ria constitucional, como lo ha advertido claramente el tratadista Mariano
Azela, y, tinalmente, Ia tutela de una gran parte de los derechos del
hombre consagrados constitucionalmente sc logra, aun cuando con un
procedimiento poco efectivo, a través de la impugnacién de actos o
resolucioncs de jas autoridades administrativas.
30. Pero tratindose de Ia impugnacién de las resoluciones judiciales,
sélo excepcionalmente, cuando se reclama la inconstitucionalidad de
la ley aplicable por considerar violado el articulo 138 de la Ley Suprema
lo que sucede en nuestro sistema muy rara vez—, puede hablarse
de un problema procesal constitucional, ya que en todos los demis
865 Cr, Fix-Zamuslio, Héctor, Et juirio de amparo, cit,, esp. p. 376-383; estos mismos
sectores son abordados por e] tratadista italiano Mauro Secci en su estudio traducido
por nosotros con el titulo de: “Lincamientos constitucionales y procesales del juicio
de amparo mexicano”, on Boletin del Instituto de Derecho Comparado de México,
tin, 60, septiembre-diciembre de 1967, p. 462-487.
86 Cyr. lox derechos enumerades en el articuto 17 de Ia Ley de Amparo.
67 Aportacién al estudio del amparo contra leyes, en Revista Juridica Peracruzana,
Jalapa, marzo de 1957, p. 7.
8x Cfr. Fix-Zamudio, Héctor, “La adecuacién del proceso a la proteecién de los
derechos, en “Revista de la Faculiad de Derecho de Mexico, wim. 61, enero-marzo
de 1966, p. 97-110.
60 Gfr. Fix-Zamudio, Héctor, El juicio de amparo, cil. p. 175-180 y 247-249.440 HECTOR FIX-ZAMUDIO
casos, que forman un porcentaje muy elevado de la totalidad de los
juicios de amparo, se discuten cuestioncs relativas a la aplicacién de
leyes ordinarias, y por ello podemos hablar de wna casacién federal o
nacional, que abarca todas Jas ramas de enjuiciamitnto —civil, mercan-
til, penal, laboral y, recientemente, también administrativa.
81. Esta divisién que hemos formulado por imperativos de cardcter
didactico ha sido criticada severamente por el tratadista Ignacio Bur-
goa, el cual estima que todos los derechos del gobernatlo estiin protegides
por el amparo, sin que su variadisima gama autorice a subdividirlo o
clasificarlo, pues en el. supucsto contrario habria tantas especies de
ampzaro cuantos fuesen Jos derechos tutelados, mismos que pueden ser
afectados indistintamente por cualquier acto de autoridad, y agrega
que nuestra clasificacién parte de cuatro criterios diferentes los cuales
siendo susceptibles de extenderse prolijamente, proporcionarian un nu-
tridisimo niimero de “tipos” de amparo, lo que sc antoja ilégico. 7
E] mismo autor, partidario de una tesis unitaria en cuanto al examen
del amparo, reconoce que tratar de condensar este concepto tinico en
una definicién correcta expone a los riesgos de ia tautologia o a crrores
por exceso o dclecto, y Mega a Ja conclusién de que el amparo consti-
tuye un verdadero juicio o accién sui generis distinto ¢ independiente,
en el cual surge el acto reclamado.
32. En consecuencia, para evitar los problemas derivados de la dili-
cultad de delimitar una materia tan compleja como Ja del amparo
mexicano, resulta necesario realizar una clasificacién por sectores, como
Ia que hemos intentado, y esta divisin sélo puede efectuarse de acuerdo
con los principios generales de la teorfa general del proceso o del
derecho procesal, ya que si acudimos a ellos al menos podemos orien-
tarnos dentro de un campo tan amplio y complicado.
Por otra parte, si como Jo ha advertido Ja doctrina extranjera, el jut:
cio de amparo mexicano abarca o comprende pricticamente todas Jas
ramas de cnjuiciamiento, con mayor razén resulta necesaria su vincus
JOEn Jas reforms legislativas y constitucionales a la legislacion de amparo que
entraron en vigor en cl mes de octubre de 1968, se equipararon las sentencias
de los tribunales adminisirativos con las dictadas por los tribunales judiciales ordi-
narios, ul ercarse ¢l amparo administrative divecto © de una sola instuncia, cfr.
ix-Zamudio, Héctor, “Reformas constitucionales al poder judicial federal", en Re-
vista de la Facultad de Derecho de México, mim, 65, México, encro-marzo de 1967,
p. 97.
TLEI juicio de amparo, cit., p. 169-170, sin embargo el cratadista mexicano Mariano
Azucla, frente al mismo problema ha sostenido que cl intento de regir el juicio de
amparo por idénticas normas y la pretensién de explicarlo mediante una’ doctyina
unitaria, parecen destinadas fatalmente al fracaso, 4 portacién al estudio del amparo
contra leyes, cit, p. 8.
TOp, ull, cit, p. 171TH.JUICIO DE AMPARO ¥ ENSESANZA DEL DERECHO PROGESAL 441
lacién con los principios generales como tmico medio para lograr una
sistematizacidm satislactoria, 7%
IV. Aiitonomia del amparo respecto del derecho constitucional
83. Aun cuando a primera vista pudiera parecer evidente que el juicio
cle amparo es una institucién claramente procesal y por lo tanto autd-
noma respecto det derecho sustantivo, particularmente del constitucio-
nal, desde el punto de vista doctrinal todavia no se reconoce plenamente
est separacién, que ha sido alcanzada claramente cn Jas restantes ramas
del enjuiciamiento,
En efecto, hasta hace poco empo la doctrina mayoritaria encabezada
por el distinguide tratadista de Ja materia Ignacio Burgoa, estimaba
que cn tanto que en otras disciplinas procesales se habla alcanzado la
autonomia de la accién respecto de la muateria sustantiva correspon-
diente, especialmente en Ja civil, esto no ocurrit en el amparo, ya que
por imperative cel articulo 103 constitucional se requeria, para Ja exis:
tencia de ln propia accién, la violacién de los derechos fundamentales
del quejoso. ™
Este es también el criterio expuesto por Felipe Romero Rebolledo,
autor de la tmica monograffa que existe sobre la accién de amparo, 7
y éste parece ser también el criterio de Romeo Leén Orantes, 76
$4. Desde el momento en que elaboramos nuestro primer trabajo sobre
la materia adoptamos decididamente la tesis de la autonomia y, ademas,
el concepto de 1a accién como derecho abstracto de obrar, 7” y ya cn el
afio de 196% el joven jurista Jorge Trucha Barrera, al hacer referencia
a la doctrina sobre Ia accién procesal, acepta su autonomia, y lo que
es mas signilicativo, se afilia a la corriente que la considera como un
derecho subjective publico paralelo al derecho constitucional de peti-
cién.
85. El criterio sobye Ia autonomia de la accién de amparo ha ganado
decisivamente terreno y a partir de la sexta edicién publicada en 1968,
y en las postariores, dé su excelente libro, el mismo Ignacio Burgoa se
afilia a la corriente autonomista, pero todavia con algunas limitaciones,
79 Cfr. Fix-Zamucdio, Héctor, “Reflexiones sobre la naturaleza procesal del amparo”,
cit, p. 959-963,
TAEL juicio de amparo, 44 cd., México, 1957, p. 308-309; y 5* ed., México, 1962,
p. 285-284.
7 La accion de amrparo, tsis, México, 1951, p. 52.
WEL juicio de amparo, cil, p. 205 y s.
La garantia jurisdiccionat de la Constitucién Mexicana, cit., incorporado tam-
bign a Juicio de amparo, cit., p. 97-108.
38 El juicio de amparo en materia de trabajo, cit, p. 183-186.442 HECTOR FIX-ZAMUDIO
en virtud de que si bien acepta que esta separacién entre la accién
y el derecho sustantivo es de cardcler procesal 0 real, no existe en un
terreno estrictamente Igico-jividico, ya que de acuerdo con Ja lectura
del articulo 103 constitucional se Hega a Ia conclusién —agrega el des-
tacado tratadista— de que Ia procedencia del amparo se suscita siempre
y cuando exista una violacién a las garantias individuales, una vulne-
racién o restriccién a Ia soberania de los Estados o a una invasién por
parte de éstos a Ja csfera de competencia de la autoridad federal.
36, E] mismo procesalista mexicano Eduardo Pallares, que durante
mucho tiempo defendié cl punto de vista contrario a la autonomia de
la accién respecto del derecho sustantivo,™ adopta con posterioridad
una actiitud ecléctica al distinguir entre el derecho “constitucional” y
“procesal” de accidn, *! para finalmente afiliarse a la opinién que la
califica como derecho subjetivo piiblico de caracter constitucional. ©
Sin embargo, este avance respecto del criterio tradicional se ve oscu-
recido por una serie de imprecisiones, que a nuestra modo de ver obe-
decen precisamente a la resistencia de los tratadistas de amparo para
acudir a los conceptos genéricos obienidos por la teoria general del
proceso 0 del derecho procesal, uno de cuyos elementos de estudio esta
constituido precisamenie por el andlisis general de la accién.
$7. Efectivamente, en los mencionados tratadistas se advierte, no obs-
tante haber aceptado Ia autonomia de la accién de amparo, una con-
fusién entre jas dos grandes corrientes modernas sobre esta institucién
procesal, o sea la que pretende caracterizarla como “derecho concreto
a una sentencia favorable”, que es precisamente el punto de vista de
procesalistas tan destacados como Giuseppe Chiovenda, * Piero Cala-
mandrei* y James Goldschmids, ** en relacién con otro criterio mas
reciente, que arranca de las ideas preconizadas por el ilustre Francesco
Carnelutti, quien caracterizé a la accién como un derecho subjetivo pit
TEI juicio de amparo, cit., % ed. p. 292-295,
80 Tratado de las acciones civiles, 2 cd., México, 1945, p. 40 ys.
81 Derecho procesal civil, México, 1961, p. 148 y 8.
42 Diccionario tedrico y prictico del juicio de amparo, México 1967, p. 14.
84 Cfr, Aleali-Zamora y Castillo, Niceto, “Ensefianzas y sugerencias de algunos pro-
ecsalistas sudamericanos acerca de la accién”, en la obra citada Estudios de teoria
general € historia del proceso, tomo 1, p. 322-324.
#4La accién en el sistema de los derechos”, incluido en la obra Ensayos de Dere-
cho Procesal Civil, trad. de Santiago Sentis Metendo, Buenos Aires, 1949, t. 1, p.
29 y 8: Instituciones de derecho procesal civil, trad. de Emilio Gémez Orbaneja, t.
a, Madrid, 1954, p. 25 y sz Principios de derecho procesal civil, trad. de Jost Santais
Santal6, t. 1, Madrid, 1992, p. 60 ys.
85 Instituciones de derecho procesal segtin el nucvo Codigo, cit, t 1 p. 256-257:
“La relatividad del concepto de accin”, en ef volumen Estudios sobre ef proceso
civil, Gad, de Santiago Sentis Melcndo, Buenos Aires, 1962, p, 155-160.
86 Derecho procesal civil, ad. de Leonardo Prieto Castro, Barcelona, 1936, p. 96.JUICIO DE AMPARO Y ENSENANZA DEL DERECHO PROGESAL 443,
blico frente al Estado para solicitar la prestacién jurisdiccional, ** que
puede calificarse como “derecho abstracto de obrar”, y que ha sido
ampliamente desarrollada por varios procesalistas iberoamericanos, men-
cionando particularmente a los que han tenido una influencia decisiva
en el ambiente latinoamericano; nos referimos a Fduardo J. Couture, *8
Hugo Alsina, Jaime Guasp, ® Victor Fairén Guillén" y, fundamen-
talmente para los mexicanos, Niccto Alcald-Zamora y Castillo.
38. La concepcidn de Ja accién como derecho concreto a una sentencia
favorable no resulta compatible con e1 diverso criterio que lo caracteriza
como un derecho abstracto de obrar, ya que si bien ambos afirman la
autonomia de la accién respecto del derecho sustantivo, se separan esen-
cialmente en relacién con el angulo conforme al cual analizan Ia ins-
titucién genérica, y la razén de la diferencia entre ambas corrientes
radica en el concepto que se tenga de otra institucién cuyo examen ha
sido abordado por Ja doctrina de Ja ciencia del proceso, es decir, la
pretension, °
89. La doctrina del derecho (0 posibilidad) abstracto de obrar, que
es la dominante en la actualidad,°* separa nitidamente Ja accién de
Ja pretensién, estimando esta ultima como a afirmacién de un sujeto
de derecho de merecer la tutela juridica y, por supuesto, la aspiracién
concreta de que ésta se haga efectiva,*" y ha puesto de relieve que
aquellos tratadistas, todos ellos ilustres, que se afilian a la corriente
del derecho concreto a una sentencia favorable, confunden la accién
St Sistema de derecho procesal civil, ad. de Niceto Aleal-Zamora y Castillo y
Santiago Sentis Mclendo, t. 1, Buenos Aires, 1944, p. 687 y 83 Instituciones del prow
ceso civil, p. 317 y 82 Leceiones sobre ef proceso penal, trad, de Santiago Scntis Me-
lendo, t. 1, Buenos Aires, 1950, p. 11 y s.
88 Fundamentos del derecho procesal civil, $¢ ed., Buenos Aires, 1958, p. 67-69.
89 Tratado tedrico-prictico de derecho procesal civil y comercial, % ed. t. 1, Buenos
Aircs, 1956, p, 352-537.
90 Comentarios a la Ley de Enjuiciamiento Civil, t. 1, Madrid, 105, p. 983 y 83
“La pretensién procesal”, en Revista de Derecho Procesal, Buenos Aires, 1951, pri-
mera parte, p. 350 y s.
91" Accién”, en Revista de Derecho Procesal, Buenos Aircs, 1950, primera parte,
p. 47 ys; “Ideas sobre una teoria general det derecho procesal”, en Revista de
Derecho Procesal, nim. 1, Madrid, abril-junio de 1965, p. 57 y
92 Ensefianzas y sugerencias de algunos procesalistas sudamericanos acerea de la
accién, cit., p. 340-346,
93 Cfr. Guasp, Jaime, Fa pretensién, cit., p. 383-592; Sentis Melendo, Santiago, “Ac-
cin y pretensién”, en Revista Iberoamericana de Derecho Procesal, mim, 1, Madrid,
1967, p. 7-53; Reimundin, Ricardo, Los conceptos de pretensién y accién en ta doctrina
actual, Buenos Aires, 1966.
4Nos remitimos a los autores sefialados en las notas 87 a 93, y ademés a Ia
fundamental monografia de Pakelis Alejandro, Accién, trad. de Santiago Sentis Me-
lendo, en Revista de Derecho Procesal, Bucnos Aires, 1948, primera parte, p. 115-171.
95 Gfr. Couture, Eduardo J., Fundamentos del derecho procesal civil, cit. p. 72.444 HECTOR FIX-ZAMUDIO
propiamente dicha con la pretensién y mas especificamente, con la pre-
tension fundada. %%
Si se tomara en cuenta Jo anterior, que en realidad no es tan com-
plicado como a primera vista se piensa,% se simplificarian las dudas
€ imprecisiones de los cultivadores del derecho de amparo, que por una
parte, segiin hemos visto, se suman a los que sostienen que la accién
¢s un derecho subjetivo ptiblico paralelo al derecho constitucional de
peticién, * pero en cambio invocan la autoridad del ilustre Chiovenda
para analizar Jos presupuestos y los clementos del derecho de acciém
de ampare, no obstante que pertenecen a puntos de vista completa-
mente distintos y que solamente coinciden en el concepto de Ia auto-
nomia.
40. En consecuencia, si bien constituye un punto de vista pacifico, al
menos recicntemente, el de la autonomia de la accién de amparo res-
pecto del derecho constitucional sustantiva —y para los que afirmamos
que el propio amparo abarca practicamente a todas las ramas de enjui-
ciamiento, en relacién con las respectivas disciplinas también sustan-
tivas—, en cambio no existe precision respecto a la naturaleza, presu-
puestos y elementos de la propia accién de amparo, precisamente, a
nuestro modesto modo de ver, por Ja negativa a acuiir al auxilio de les
conceptos genéricos de la teoria del proceso, con mayor razon cuanto
que en estricto sentido, la accién es puramente abstracta y tinica en
todos los campos de enjuiciamiento, pues Jo que le da contenido con-
creto es precisamente la pretension. 1°
41. Por tanta, sélo por motivos didicticos se habla de accién civil,
penal, administrativa o constitucional, e inclusive de acciones concretas
en cada una de estas ramas procesales, pues lo que realmente existe es
el derecho de accion abstracto, gencrico, unitario; es decir, un derecho
subjetivo publico frente a los tribunales, paralelo al derecho de peticién,
96 Por este motivo, cl tratadista espafiol Jaime Guasp ha propuesto que el con-
cepto de accion sea elaborade fucra del dambito del derecho procesal y su_Iugar
en esta disciplina debe ocuparlo el concepto de pretension, Comentarios a la Ley
de [Link] Givil, cit, tomo 1, p. 335 y 8.
97 No advertimos en tos tratadistas que se afilian a la covriente mayoritaria en eb
estudio de la accién de amparo, la referencia a las distintas corientes doctrinales
que han estudiado los conceptos de accidn y pretension, cfr. Burgoa, Ignacio, El
juiio de anparo, cit. p. 803-304; Trucba Barrera, Jorge, Bf juicio de amparo en
materia de trabajo, cit, p. 183-188,
9S En nuestro sistema constitucional el derecho gentrico de peticén esté consagra-
do por ef articu’o 8? de la Ley Suprema, en tanto que el de accién debe considerarse
inserto cn el diverso articulo 17 del mismo codigo fundamental.
99 Nos remitimos a este respecto a lo que se expresa en la nota 96.
100 Por tal motivo, una gran parte de las ideas expresadas por los tratadistas Bur-
goa, Ledn Orantes, Trucba Barrera, etcétera, sobre Ia accién de amparo, particu-
larmente por lo que respects a sus elementos, en realidad se reficren a Ja pretensién,JUICIO DE AMPARO Y ENSENANZA DEL DERECHO PROCESAL 445
que se concreta por las pretensiones, éstas si, civiles, penales, adminis-
trativas o constitucionales, de los que ejercitan ese mismo derecho tnico
de accién, 1
Estimamos que desde un dngulo estricto no se puede admitir gue exista
© se configure una accién de amparo, sino que se trata de la accion
genérica, que se concreta o individualiza, cuando se pretende quc el
juez del amparo otorgue Ja proteccién dle la justicia federal, al alegarse
violacién de los derechos del quejoso.
V. Problemas metodoldgicos
42. Al abordar este tema nos queremos referir exclusivamente a las
dificultades que se presentan para determinar cules deben ser los ins-
trumentos concepttales que deben utilizarse para estudiar y comprender
esa materia tan compleja que conocemos con ¢l nombre de “juicio de
amparo”.
Estamos conscientes de que existe un sdlo método para el conoci-
miento del inmenso territorio del derecho, y que se pucde calificar como
metodo juridico, que corresponde a la que se denomina “metodologia
del derecho”, en ¢l sentido de Ia disciplina que se ocupa del estudio de
los instrumentos técnicos necesarios para conocer, elaborar, aplicar y
ensefiar el objeto del conocimicnto que denominamos “derecho”. 1°
43. Pero, exclusivamente para efectos ditlacticos se puede hablar de
un método adecuado a cada una de las ramas en que es necesario di-
vidir ese inmenso tertitorie juridico, y que esta constituide por Jos
medios técnicos peculiares de las diversas disciplinas, y habiendo es-
tablecido a nuestro modo de ver de mancra indiscutible, que el amparo
¢s una institucién estrictamente procesal, debe encaminarse de acuerdo
con los principios generates de Ia ciencia del derecho procesal.
44. Ahora bien, Ja primera interrogante que debemos formularnos
es Ja relativa al criterio de acuerdo con el cual debe examinarse la
institucién del amparo: es decir, si primero debemos acudir a las dis-
posiciones legales que lo regulan, o bien se debe partir de un dngulo
doctrinal para analizar Ja propia institucién de acuerdo con los con-
ceptos fundamentales precstablecidos.
Este dilema no es tan simple como pudiera creerse, ya que muchas
de las discrepancias que se observan cn la doctrina provienen del pun-
to de partida; es decir, si primero debe acudirse a los conceptos generales
101 El concepto unitario de aceién es cl que se ha abierto paso en la doctrina
procesal mis reciente.
12 Chr, ¥ ‘amudio, Héctor,
derecho”, cit, p. 482 y
‘En tomo a los problemas de la metodologia del446 HECTOR FIX-ZAMUDIO
de la ciencia del proceso, o debe darsele la primacia al derecho positivo
y a la jurisprudencia, sobre los primeros.
45. En el primer caso, el estudio del amparo se inicia de acuerdo con
una base doctrinal y en el segundo se parte del examen particulari-
zado de la reglamentacidn legal y jurisprudencial, a través de “concep-
tos y principios propies”, haciendo a un lado o apreciando de manera
accesoria a los aspectos de caricter general, que se consideran ajenos
a la disciplina, e inclusive de caracter “extranjerizante’, en virtud de
Jas aportaciones fundamentales de la doctrina germanoitaliana y tam-
bién latinoamericana.
46. Por nuestra parte, en forma decidida somos partidarios de co-
menzar ¢] esiudio tomando en cuenta los conceptos doctrinales y de allf
descender hacia el derecho positivo para sistematizar los datos que éste
nos aporte de acuerdo con los principios genéricos, y en un segundo
término llevar hacia el terreno de los principios gencrales aquello que
hubi¢semos podido abstraer de la observacién particular.
Primeramente, ¢s necesario claborar la doctrina procesal del amparo
con el objeto de cstar en aptitnd de examinar, con posterioridad, sus
elementos bajo la proyeccién de los altos conceptos juridicos, 0 para
decirlo con Niccto Alcali-Zamora y Castillo, que en esto sigue al pro-
cesalista alemin Wilhelm Kisch: junto a la descripcién ha de figurar
la construccién de las instituciones procesales.
47. Lo anterior no implica que se haga a un lado al derecho positive
con el propésito de tcorizar con abstraccién de las disposiciones legales
y Jas tesis de jurisprudencia; todo Io contrario, éstos son los datos
fundamentales con los cuales se debe trabajar, pero analizados debida-
mente a través de una base doctrinal, ya que coincidimos con el trata-
dista argentino Eduardo B. Carlos, cuando afirma que la ley positiva
en modo alguno ha de ser cl punto de iniciacidn de los estudios, sino
que a ella se ha de egar después de haberse formada el concepto de
la institucién de que se trata, 1°
De invertir los términos y concretarnos a los datos positivos de ma-
nera exclusiva o primordial, se corre el peligro de adoptar una actitud
localista y particular, que, por muy respetable que se le considere, estara
limitada forzosamente a la ordenacién de los datos legislativos y juris.
prudenciales sin poder aprovechar el riquisimo acervo que nos propor
ciona la doctrina que se ya acrecentando con los estudios de los
cultivadores de todas las disciplinas procesales, tanto nacionales como
extranjeros, y que estén construyendo un patrimonio comin, del cual
pedemos también aprovecharnos, y ademés contribuir con los descu-
103En su trabajo inedito intitulado Estudio acerca del concepto, método, fuentes
y programas del derecho procesal, p. 89 del ejemplar mecanografiado.
104 Introduccion al estudio del derecho procesal, cit, p. 92.JUICIO DE AMPARO Y ENSENANZA DEL DERECHO PROCESAL 447
brimientos que podemos realizar en ¢sa veta tan amplia y compleja
como la de nuestra maxima institucién procesal.
48. En consecuencia, y afiliandonos a una opinién que ha sido pre-
conizada por los procesalistas mds emincntes, los aspectos fundamentales
de Ia teoria proccsal, a través de la cual debe examinarse nuestra ins-
titucién, configuran lo que se ha denominado trilogia estructural, es
decir, los conceptos bisicos de accion, jurisdiccién y proceso. 166
Si nos apoyamos en estas tres instituciones procesales fundamentales,
¢s posible sistematizar los datos que nos proporciona el derecho positivo
que regula cl juicio de amparo, como Io pretende Ia nueva doctrina
procesal a ka cual nos hemos afiliado firmemente.
49. Esta base tedrica indispensable no tiende en manera alguna a
deformar o desvirtuar nuestra institucién, ni pretende despojarla de
sus caracteristicas peculiares que se han venido conformando a través
de una experiencia centenaria de Ia legislacion, la jurisprudencia y la doc-
trina mexicanas, sino que por cl contrario, tiene ¢l propdsito de otor-
garle un cardcter de mayor firmeza cientifica y de esta manera poder
llevarlo al dominio internacional.
Si bien es verdad que el jurista mexicano esté en aptitud de exportar
los principios inherentes ai juicio de amparo, esto s6lo puede hacerlo
si se le otorga un carécter doctrinal que petmita incorporarlo a la cien-
cia del proceso, que ya ha asumido un cardcter ecuménico.
50. El éxito de los procesalismos aleman, italiano y ahora del latino-
americano, radica en su abandono del estudio exclusivo de sus institu-
ciones estrictamente nacionales y positivas —que tampoco se descuidan—,
clevindose sobre el simple anilisis de la legislacion particular, para
intentar una tcoria general, que precisamente por ello se ha calificado
de cientifica, y que de esta manera pudo ser exportada y aprovechada
por Tos tratadistas de otros paises, sin que éstos pensaran en ningtin
momento en la extranjerizacién de sus instituciones propias, ya que
en cse supuesto no se esta aplicando el derecho italiano, alemin, espa-
fiol, etcétera, sino la ciencia procesal universal. 17
105 Denominacién afortunada que se debe al procesalista argentino J. Ramiro Po-
detti, “Trilogia estructwal de la ciencia del proceso civil”, en Revista de derecho
procesal, Buenos Aires, 1944, primera parte, p. 113, y s.: Teoria y Técnica del proce-
so civil, Buenos Aires, s.L, p. 64 ys.
108 Cfr. Alcaldé-Zamora y Castillo, Niceto, Ensefanzas y sugerencias, cit, p. 322-523;
Id., Proceso, atilacomposiciin y autodefensa, cit., p. 103-104; Carlos, Eduardo B., In-
troduccién al estudio del derecho procesal, city pr MIB y 8
107 Gfr. El documentado estudio de Altorie, Enrico, “Reflexiones sobre el desen-
volvimiemto de la ciencia procesal”, trad. de Santiago Sentis Mclendo, en Revista de
Derecho Procesal, Buenos Aires, 1951, primera parte, p. 7-945 incluide posteriormente
en la obra Problemas de derecho procesal, cit., t. 4, p. 101-109,448 HECTOR FLX-ZAMUDIO
VI. Terminologia
51. Otro aspecto importante que debemos dilucidar es el relativo a la
terminologia que debe utilizarse en cl campo del estudio del juicio de
amparo, que adolece de serius imprecisiones, empezando por el nom-
bre mismo, tanto de la institucién, como de Ja disciplina que lo estudia.
En efecto, podemos observar que desde el nacimiento mismo del am-
paro, tanto Ia doctrina como la legislacién y la jurisprudencia, han
ignarlo, si tomamos en
cuenta, en primer término, que el articule 25 del Acta de Reformas de
1847, que lo consagré en el orden nacional, habla de “proceso”; el ar-
ticulo 102 de la Constitucién de 1857 Io designa como “juicio”, en tanto
que cl articulo 107 de la Carta Fundamental vigente se refiere a “con-
trovers
incurrido en constantes confusiones para des
52. Por su parte, varias de las leyes reglamentarias, inclusive los pro-
yeetos que las antecedieron, "8 0 sean las de 26 de noviembre de 1861;
20 de enero de 1869, y 14 de diciembre de 1882, se referian al amparo
con el nombre de “recurso”, y no fue sino hasta el Cédigo de Proce.
dimicntos Federales de 6 de octubre de 1897, cuando definitivamen-
te se le designd como “juicio”, que ha seguide conservando a través
del Cédigo Federal de Procedimientos Civiles de 26 de diciembre de
1908 y de las Leyes Reglamentarias de 18 de octubre de 1919 y de las
de 30 de diciembre de 1935, todavia en vigor, aunque con varias refor-
mas posteriores. 11°
53. En cuanto a a doctrina, ademis de utilizar las anteriores, tam-
bién ha creado otras denominaciones tues como la de “juicio constitu-
cional” debida a uno de los tratadistas mas destacados de la materia o
168 Nos referimos a los proyectos de Vicente Romero, presentados a la Ciimara de
Diputados en ef atio de 1819, cfr. Ofate, Santiago, “EL primer proyecto de ley de Am-
4849", en Boletin de Informacion Judicial. nam. 98, México, octubre de 1955,
paro:
p. 555 y si el mis conocido de Jos¢ Urbano Fonseca que data de febrero de 1852,
comsignado en Ta obra de Lonma, José Maria, fsiudin det derecho constitucional
patio en lo velativo a los derechos det hombre, México, 1876, seimpreso. por Edito-
Fial Pornia, en 1972, p. 418-422; y finalmente del diputado Domingo Maria Pérez
Fernandez, que data de 1857, uanscrito por José Alivedo Zarzoza Cartillo, La primera
Ley de Amparo (esis), México, 1967, p. 157-162.
100 En la parte conducente de la exposicién de motivos del citado Cédigo se
expresaba: “Como la interpretacion viciosa de ciettos conceptos ha dado lugar a
insisientes contioversias, a Ia vez que ¢l establecimiento de bases que falsean el pen-
samicnto constiucioual, ha sido ahora necesario fijar de modo terminante Ta natu-
raleza del amparo, Vandndoto juicio, como realmente lo Hama la Constitucién (de
1857) y procurando sostener este caricter en todo el capitulo...”
10 Cfr, Ignacio Burgoa, El juicio de ampavo, cit., p. 130-136.
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