Elementos necesarios para tener una vida coherente y consistente
Fundamento correcto
Motivación correcta
Medios correctos
Virtud correcta
Meta correcta
Fundamento Correcto: el estándar divino es mucho más alto que hacer lo bueno o
correcto.
Los hechos de Amasías fueron rectos a los ojos del Señor, pero no se portó con total
sinceridad.(2 Cr 25:2) DHH
E hizo lo recto ante los ojos del SEÑOR, aunque no de todo corazón. LBLA
La inclinación del corazón es vital
El AMOR
28
Uno de los maestros de la ley religiosa estaba allí escuchando el debate. Se dio
cuenta de que Jesús había contestado bien, entonces le preguntó: De todos los
mandamientos, ¿cuál es el más importante? 29 Jesús contestó: El mandamiento más
importante es: “¡Escucha, oh Israel! El SEÑOR nuestro Dios es el único SEÑOR. 30 Ama
al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con
todas tus fuerzas”[g]. 31 El segundo es igualmente importante: “Ama a tu prójimo como
a ti mismo”[h]. Ningún otro mandamiento es más importante que estos.( Mr 12:28-31)
“Si lo que llamamos amor no nos lleva más allá de nosotros mismos, entonces no
es amor”— Oswald Chambers
Para clarificar la visión del amor, el Internet da algunas definiciones.
“Amor es cuando tú vas a comer fuera y dejas que alguien coma de tus
papas fritas sin siquiera tocar una de las suyas”
“Amor es cuando despiertas y la persona con la que soñaste descansa
plácidamente a tu lado”
“Amor es cuando tú le dices a alguien que te gusta su camisa, aun cuando él
la usa todos los días”
“Amor es cuando tu perrito lame tu cara con entusiasmo a pesar de que tú
lo dejaste solo todo el día”
“Amor es cuando dos personas usan solo un tercio de una cama king size”.
“Amor es historias que nunca serán contadas”
El profesor Paul Wong, PhD, Director de Investigación y Profesor del Departamento
de Consejería Sicológica de Trinity Western University. que “el amor como una
estructura triangular, consistente en tres componentes: Intimidad (familiaridad),
pasión, y compromiso/decisión.
¿Qué significa en un sentido práctico amar a Dios? Significa tenerlo a Él como
nuestro único Dios, adorarle como Él lo ha prescrito en Su Palabra, reverenciar Su
nombre y apartar un día de cada siete para adorarle y servirle en una forma
especial. Eso es lo que nos enseña la primera tabla de la ley.
¿Por qué los cristianos amamos a Dios? El salmista hace tres mil quinientos años
esbozó una respuesta personal: “… Tú has rescatado mi alma de la muerte, Mis ojos
de lágrimas, Mis pies de tropezar… Tú desataste mis ataduras” (Sal. 116:8,16b)
En primer lugar, amo a Dios porque me rescató de la muerte. La más grande
muestra de mi separación de Dios es mi propia temporalidad, la realidad de
que la muerte es inevitable. Pablo lo dijo muy claramente, “Porque la paga
del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús
Señor nuestro” (Ro. 6:23). Ya no ando tratando infructuosamente de
encontrarle sentido a la temporalidad. Estoy vivo, y esta vida es eterna.
En segundo lugar, amo a Dios que ha rescatado mis ojos de lágrimas. ¿Qué
significa eso? Que la transformación que el Señor produjo en mi vida me
rescató también de los errores, fracasos, y pecados que me hubieran
producido lágrimas a mí y a los que están cerca de mí. Sin duda, al estar con
Cristo hay lágrimas que ya no derramaré. ¡Gracias, Señor!
Tercer lugar, amo a Dios que ha rescatado mis pies de tropezar. El Señor que
me ha rescatado no solo me ha libertado, sino que también me ha
fortalecido. Ha cambiado mi corazón de piedra en un corazón de carne y ha
puesto su Espíritu en mí para ser guiado a toda verdad. Ahora gozo de una
estabilidad que no es pasividad (como quien deja que la vida le pase por
delante), sino que es como la estabilidad que los buenos neumáticos le dan
a los autos cuando a gran velocidad se adhieren al pavimento en medio de
las curvas.
Entonces, el amor que el Señor demanda es la respuesta al profundo amor
conocido que Él primero nos ofreció en la creación y en la redención. Es el amor se
hizo evidente en la obra gloriosa de nuestro Señor Jesucristo, quien no dudó en
dar su vida por nosotros en la cruz.
“Si te amo, cuando estabas lleno de corrupción; ¿no escuchará tus oraciones ahora
que te ha hecho heredero del cielo?” — Charles Spurgeon.
35
El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis
discípulos» (Jn 13:35)
Amar es buscar el máximo beneficio en las personas que amo.
“Si ves a los demás cristianos como tu enemigo, ¡estás peleando la batalla
equivocada!” — Miguel Núñez.
¿Cómo puedo yo amar al prójimo como a mí mismo en una forma práctica? Allí
tenemos la segunda tabla de la ley. “El amor no hace mal al prójimo. Por tanto, el
amor es el cumplimiento de la ley”, (Ro 13:10) Amar a Dios y al prójimo es igual a:
esforzarse en el poder del Espíritu Santo a vivir a la altura de las escrituras.
“Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque también los pecadores
aman a los que los aman”, (Lc 6:32)
El amor a Dios y la ley de Dios no son dos cosas antagónicas, sino más bien
complementarias. No es una cosa o la otra, sino más bien una cosa y la otra.
Necesitamos amar, pero necesitamos también una ley que nos diga lo que implica
este amor en un sentido práctico.
Dice Ernest Reisenger al respecto: “Establecer una falsa antítesis entre la ley y el
amor (como si éstas fuesen ideas opuestas y en conflicto) es una de las formas más
sutiles de socavar los Diez Mandamientos, la moral bíblica, y el verdadero
cristianismo. Ciertamente hay una diferencia entre la ley y el amor, pero hay
también una conexión inmutable. El dejar de ver esta relación que no cambia ha
guiado a muchos a incontables errores, herejías, y descalabro espiritual”.
El amor nunca podrá ser definido a cabalidad, pero sí podrá ser gozado en toda su
hermosa complejidad.
Ahora, el amor entre los cristianos también es una prueba de nuestra filiación con
Dios y es parte de nuestra obediencia (Jn. 13:34) 34
Así que ahora les doy un nuevo
mandamiento: ámense unos a otros. Tal como yo los he amado, ustedes deben amarse unos
a otros.
Lo opuesto al amor cristiano es la disensión, el poner tropiezos, y el levantar
intereses egoístas por sobre el bien común de nuestros hermanos y la iglesia.
El amor de Cristo es un amor inmerecido que enriquece en todo sentido, siendo
fructífero y evidente en nuestras vidas; no es teórico, es gratificante, es
esperanzador y es fuerte e irrompible. Por eso, si el amor de Cristo reina en la
iglesia, es imposible que se permita la disensión, el egoísmo y nos conduce a a una
vida de coherencia estableciéndonos en un fundamento correcto.