IDENTIDAD
La identidad es un conjunto de características propias de una persona o un grupo y
que permiten distinguirlos del resto.
El evangelio no solo se trata de “qué creemos”, sino también de “qué somos”.
El evangelio nos sella, nos marca, nos dignifica, nos identifica como
pecadores perdonados. Sin embargo, aunque podamos considerarnos
“orgullosamente evangélicos”, fácilmente olvidamos frecuentemente qué es lo que
el evangelio proclama: el perdón de pecados a través de la obra expiatoria de
Cristo.
¿Quién soy en Dios? (la batalla del hijo de Dios)
La identidad es un tema «candente» en nuestra cultura y en nuestras iglesias, La
cultura ha moldeado y seguirá moldeando las identidades.
Estas narrativas culturales están por todas partes, son poderosas e informan y
moldean nuestras identidades... Hay muchos otros factores que moldean y forman
nuestra identidad y de los que debemos ser conscientes. Por nombrar algunos,
pensemos en cómo la tradición familiar nos da una idea de quiénes somos. Piensa
en cómo la biología nos dice que somos hombres o mujeres, altos, bajos, etc., y por
lo tanto nos da los bloques para construir identidades.
George MacDonald, escribió: «Preferiría ser lo que Dios eligió para hacerme, que la
criatura más gloriosa que se me pudiera ocurrir; porque haber sido pensado, nacido
en el pensamiento de Dios, y luego hecho por Dios, es lo más apreciable, grandioso y
precioso de todo el pensamiento».
Somos propensos a crear identidades arraigadas en cualquier cosa que no sea
Dios
Imágenes de personas que cambiaron su identidad.
3
Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del
linaje real de los príncipes, 4 muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de
buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen
entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las
letras y la lengua de los caldeos. 5 Y les señaló el rey ración para cada día, de la
provisión de la comida del rey, y del vino que él bebía; y que los criase tres años,
para que al fin de ellos se presentasen delante del rey. 6 Entre estos estaban Daniel,
Ananías, Misael y Azarías, de los hijos de Judá. 7 A estos el jefe de los eunucos puso
nombres: puso a Daniel, Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías,
Abed-nego. (Dn 1:3-7)
Cambio de los nombres hebreos por nombres de los dioses de Babilonia.
Ananias – Sadrac: Su nombre hebreo era Azarías, que quiere decir “Dios se
ha revelado”, pero los caldeos lo cambiaron por Sadrac, que significa
“mandamiento de Aku (dios de la Luna)”, siendo este último una deidad
babilónica.
Misael - Mesac. (El que es lo que es Aku). Uno de los compañeros de Daniel.
Su nombre hebreo •“Misael” significa “El que es lo que Dios es”, pero los
caldeos le cambiaron el nombre sustituyendo la palabra “Dios” por “Aku”,
que era una deidad que representaba a la luna.
Daniel - Beltsasar Nombre que le fue puesto a Daniel “Jehová es mi Juez”
cuando fue introducido en la corte caldea Los eruditos entienden que sale
de la expresión Balat-sarri-usur (Proteged la vida del rey). En griego es
Baltasar.
Azarias - ABED-NEGO Nombre que fue puesto a uno de los tres compañeros
de Daniel Su nombre hebreo era Azarías, que quiere decir “Jehová ha
ayudado o ayuda”, pero los caldeos lo cambiaron por Azarias. que significa
Siervo de •Nebo, siendo este último una deidad babilónica.
Tu verdadera identidad es quien Dios dice que eres. Nunca descubrirás quién eres
mirando en tu interior o escuchando lo que otros dicen. El Señor tiene la primera
palabra porque te hizo. Él tiene la palabra diaria porque tú vives delante de Su
rostro. Él tiene la última palabra porque administrará tu «revisión integral de vida»
final.
Tu verdadera identidad te conecta inseparablemente con Dios. Todo lo que
aprendes sobre quién es Dios —Su identidad— se correlaciona específicamente
con algo que eres tú. Por ejemplo, «tu Padre conoce tu necesidad» significa
que siempre eres un hijo dependiente. «Jesucristo es tu Señor» significa que
siempre eres un siervo.
Cuando nos olvidamos de Dios, nos olvidamos de quiénes somos
Una identidad verdadera y duradera es un don de la gracia de Cristo. Él da una
nueva identidad en un acto de misericordia. Luego, Su Espíritu la convierte en una
realidad viva a lo largo de toda la vida. Lo conocerás como realmente es cuando lo
veas cara a cara y sabrás plenamente quién eres
Tu nueva y verdadera identidad te conecta con los demás hijos de Dios en un
llamado común. No es individualista. Eres un miembro del cuerpo vivo de Cristo.
Mi identidad no se encuentra en mis actos de perfección, sino en el perdón
que obtengo en Cristo a pesar de mis actos de imperfección.
El nivel de sanidad de tu identidad es de donde brota todo en tu vida, si quieres ser
mejor esto brota de mi identidad, lo que hago brota de lo que soy.
Necesitamos sanar nuestra identidad.
Estas son las últimas palabras de David: «David, hijo de Isaí;
David, el hombre que fue elevado tan alto;
David, el hombre ungido por el Dios de Jacob;
David, el dulce salmista de Israel, [a] declara: (2 S 23:1)
Hijo de Isaí = David reconoce de donde lo saco Dios para darle identidad de rey.
Hasta su padre lo veía como sirviente, no como hijo (DIA DE LA UNCIÒN)
Tu fidelidad cuando te traten menos te va a posicionar para momentos
extraordinarios
Dios va usar tu trasfondo e historia para levantarte y darte algo extraordinario – el
diablo va usar tu trasfondo e historia para limitarte y quebrarte
David conocía su origen pero no se limitó a su origen
David honró a su padre Isaí pero confió en su padre celestial.
El SEÑOR es mi pastor; tengo todo lo que necesito. 2 En verdes prados me deja
descansar; me conduce junto a arroyos tranquilos.3 Él renueva mis fuerzas. Me guía
por sendas correctas, y así da honra a su nombre. 4 Aun cuando yo pase por el valle
más oscuro,[a] no temeré, porque tú estás a mi lado. Tu vara y tu cayado me protegen
y me confortan. 5 Me preparas un banquete en presencia de mis enemigos. Me
honras ungiendo mi cabeza con aceite. Mi copa se desborda de bendiciones.
6
Ciertamente tu bondad y tu amor inagotable me seguirán todos los días de mi vida,
y en la casa del SEÑOR viviré por siempre. (Salmos 23:1)
Cosas que Dios sano de Isaí en la vida de David
1. Identidad: Soy quien Dios dice quién soy
Y ustedes no han recibido un espíritu que los esclavice al miedo. En cambio,
recibieron el Espíritu de Dios cuando él los adoptó como sus propios hijos. [a] Ahora lo
llamamos «Abba, Padre»[b]. (Ro 8:15)
Tu Isaí es enfermizo, pobre, adicto, iracundo, promiscuo, celoso, solitario,
amargado, pobre, feo, fracasado, desanimado, deprimido.
Isaí es tu origen no tu identidad. David no se limitó al origen de su padre terrenal.
2. Su cultura: Puedo vivir como Dios dice que puedo vivir Me guía por
sendas correctas, y así da honra a su nombre V3 sendas correctas (Cultura de
fe – lenguaje de honra – Lenguaje de gracia).
No estas condenado a repetir la cultura de Isaí (Pasado) quizá Isaí nos enseñó a no
creer en nosotros mismos, a criticar, a pensar mal de las personas, Dios me enseña
la honra, el perdón, la integridad.
Hay cosas en tu casa que no son parte de la cultura del reino, (Ej. mi papa) si
dentro de la cultura de tu casa hay algo que no honra la cultura del Cristo, no eres
un mal hijo rompiendo tu lealtad a esa cultura.
3. Su prosperidad: Puedo tener lo que Dios dice que puedo tener.
El SEÑOR es mi pastor; tengo todo lo que necesito V1 La meta de David nunca
fue heredar lo de sus papa, ser igual a su papá, tampoco superar a su papá,
fue ser justo.
Lo único que le pido al SEÑOR
—lo que más anhelo—
es vivir en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida,
deleitándome en la perfección del SEÑOR
y meditando dentro de su templo. (Sal 27:4)
Contemplación = Identidad = Propósito.
Dios es digno de lo primero y lo mejor de mi vida.