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La Segunda República: Reformas y Conflictos

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Tema 15: La Segunda República (1931-36)

La Constitución de 1931 y el bienio reformista. El bienio de centro derecha.

Frente Popular.

I.- Introducción

La Segunda República (1931-1936) fue una etapa relevante de la historia de España del siglo XX
en la que se abordó un intento de modernización política del país, que quiso adecuar su marco
legislativo e institucional a los acelerados cambios producidos en este periodo. Se consolida una
pujante sociedad de masas, progresivamente secularizada, más participativa y urbana. Estos
cambios no terminaron de imponerse a la resistencia de la vieja sociedad caciquil, clientelar,
tradicional y agraria y sus valores. Esta tensión no resuelta entre ambos sectores conducirá a una
guerra civil.

La República surgió del intento del régimen monárquico de volver a la situación anterior a la
Dictadura en 1923, incluidas sus prácticas electorales fraudulentas. Frustrada cualquier posibilidad
de acuerdo con la oposición republicana aglutinada en el Pacto de San Sebastián, el gobierno
Aznar convocó elecciones municipales el 12 de abril de 1931. Los monárquicos obtuvieron mayoría
de concejales por el control de los caciques en las zonas rurales. Sin embargo las candidaturas
republicanas triunfaron en la mayoría de las capitales de provincia y en grandes ciudades. El triunfo
de las candidaturas republicanas en las grandes ciudades precipitó el 14 de Abril de 1931 la proclamación
de la República. La amplitud del movimiento popular llevó a que el rey Alfonso XIII, aislado y sin apoyos, se
exiliara.

II.- Desarrollo.

Inmediatamente se formó un Gobierno Provisional presidido por Alcalá Zamora y formado por
republicanos de izquierda y derecha, socialistas y nacionalistas. El gobierno debía dirigir el
país hasta que unas nuevas Cortes Constituyentes dieran forma al nuevo régimen y dotar a la
república de una constitución. Fueron unas elecciones libres de las prácticas fraudulentas del
sistema caciquil y que dieron una amplia mayoría a la coalición de republicanos y socialistas, los
partidos de la derecha conservadora y antirrepublicana quedaron reducidos a pequeñas minorías.
II.1 La Constitución de 1931

Las Cortes Constituyentes elaboraron y aprobaron la primera constitución republicana de la historia


de España. Su aprobación es el resultado del compromiso de los republicanos de izquierdas y
los socialistas para establecer un régimen democrático, parlamentario y moderno, descentralizado
y en el que se recogía la función social de la propiedad.

El origen de la soberanía era explícitamente el pueblo y por ello se definía España como “una
república democrática de trabajadores de toda clase”. También contenía una amplia declaración
de derechos y libertades. Así reconoció el derecho de voto a las mujeres, el matrimonio civil y el
divorcio. También se incluyó el derecho a una educación primaria y gratuita.

Se reconoció el derecho a la propiedad privada, pero se asumió el principio de que la riqueza del
país quedaba subordinada a los intereses de la economía nacional. La propiedad privada podría
ser objeto de expropiación forzosa por utilidad social, con la correspondiente indemnización.

Se estableció una radical división de poderes, con una sola cámara el Congreso de los
Diputados, (se eliminaba el Senado, identificado con las viejas oligarquías) con amplia capacidad
legislativa y de control político del gobierno. La jefatura del Estado se atribuyó al presidente, que
podía nombrar y destituir al presidente del gobierno. Podía disolver las Cortes dos veces como
máximo. En el ámbito judicial se introdujo la institución del jurado y se creó un Tribunal de
Garantías Constitucionales, importante novedad, encargado de solucionar los recursos de
inconstitucionalidad que se interpusiesen a las leyes que se aprobasen en el futuro.

Aspectos especialmente polémicos se abordan en el texto constitucional: Se produce la


separación Iglesia- Estado, la eliminación de la financiación estatal de la Iglesia, la
aconfesionalidad de éste, la libertad de cultos y enseñanza laica. Se prohibió a las congregaciones
religiosas ejercer la enseñanza, el comercio y la industria. Se disolvió la Compañía de Jesús, cuyos
bienes fueron nacionalizados.

Estas medidas tuvieron consecuencias muy graves pues tuvieron la oposición radical de toda la
derecha católica y la Iglesia, que no se consideraron compatibles con el nuevo régimen ni con la
Constitución a partir de ese momento. La falta de consenso de todas las fuerzas políticas en este
asunto enturbiaría la vida política durante todo el periodo republicano.

En cuanto al tema de los regionalismos, la Constitución en sí no concedía ninguna autonomía,


sino que sentaba las bases para las mismas y encomendaba al parlamento la deliberación de los
posibles estatutos de autonomía, pero dentro de una concepción d un Estado "integral”
II.2 –El bienio reformista (1931-1933)

Tras aprobarse la Constitución, se inició un nuevo período con un gobierno presidido por Manuel
Azaña y formado por republicanos de izquierda y socialistas. Niceto Alcalá Zamora fue elegido
Presidente de la República.

La labor del nuevo gobierno estuvo dirigida a abordar una serie de reformas inmediatas que
pretendían una modernización política y social de España. Aunque limitaban y reducían los
privilegios de las élites respondían a las expectativas de cambio de las clases medias y el
movimiento obrero.

Las reformas acometidas fueron las siguientes:

La reforma militar. El Gobierno republicano abordó la difícil tarea de modernizar el Ejército, sus
principales carencias eran: la abundancia de mandos, escasa formación de los soldados y material
anticuado. Azaña ofrece la jubilación anticipada con el sueldo íntegro a un buen número de
oficiales. También se abolió la Ley de Jurisdicciones de 1906. Una importante parte de la
oficialidad, a pesar de su juramento de fidelidad al orden republicano, emprendieron una dura
campaña contra el nuevo régimen, también lo hicieron los sectores políticos conservadores que
acusaron a Azaña de “triturar” al Ejercito.

La República no se atrevió a disolver la Guardia Civil, aunque si creó la Guardia de Asalto, una
fuerza leal que actuó como policía urbana.

La política religiosa. El gobierno estaba decidido a establecer una clara separación Iglesia-Estado
y a reducir la influencia de la Iglesia sobre la sociedad española. Se desarrollaron una serie de
leyes según los principios secularizadores de la Constitución y que provocaron la beligerancia de la
Iglesia contra la República, como la Ley de Divorcio de 1932 y la Ley de Confesiones y
Congregaciones Religiosas de 1933, por la que el Estado dejaba de realizar aportaciones a la
Iglesia y ordenaba el cierre de los centros docentes religiosos, lo que desencadenó una nueva
ofensiva del clero y de la prensa católica.

La reforma educativa. Convencido de que el atraso español podía superarse mediante un buen
sistema educativo. La base de las medidas que se tomaron en este campo era hacer de la
educación gratuita y laica un derecho universal. Durante el bienio se construyeron 13.000 escuelas
y el número de maestros paso de
36.000 a 51.000, mejorando sustancialmente su plan de estudios. Se duplicó en número de
Institutos de Bachillerato. También se implantó la coeducación y se alentaron novedades
pedagógicas como las actividades al aire libre, las clases de música y educación física y el
abandono de castigos físicos y humillantes en el aula.

La política educativa se dirigió también a la extensión de la cultura popular. Se multiplicó la red de


bibliotecas en las escuelas primarias. Se crearon las Misiones Pedagógicas, destinadas a la
extensión de la cultura en las áreas rurales.

La reforma agraria. El desigual reparto de la tierra era un problema que se arrastraba en España
desde siglos. Extensos latifundios en Extremadura y Andalucía, campesinos empobrecidos y
arrendatarios explotados demandaban al nuevo gobierno la solución de sus problemas. Sin
embargo, el proyecto de reforma agraria chocaba con la oposición de los latifundistas y de los
partidos de derecha y centro que obstaculizaron su tramitación en el Congreso. Finalmente se
aprobó la Ley de Bases de la Reforma Agraria que pretendía la modernización técnica, acabar
con el latifundismo y redistribuir la propiedad mediante el asentamiento de campesinos en las
tierras expropiadas. Para su aplicación se creó el Instituto de Reforma Agraria. Pero sus
resultados fueron limitados, solo hubo 12.000 asentamientos en dos años. Entre las causas del
fracaso de la ley hay que señalar su complejidad técnica, su escaso presupuesto y la oposición de
los grandes propietarios. La lentitud en su aplicación, el paro y la frustración de los jornaleros del
campo derivaron en insurrecciones anarquistas que desembocaron en duros y trágicos
enfrentamientos con las fuerzas de orden público.

La reforma laboral. Iniciada desde el Ministerio del Trabajo por el socialista Largo Caballero, con
leyes como la de Contratos de Trabajo, que regulaba los convenios colectivos en temas como la
jornada laboral o el trabajo de mujeres y niños y otras leyes que favorecían la posición de los
trabajadores y sindicatos y encontraron la cerrada oposición de los empresarios.

Los estatutos de autonomía. Uno de los problemas que se arrastraba desde la Restauración era
establecer una distribución territorial del Estado que permitiera satisfacer las aspiraciones de las
regiones con sentimientos nacionalistas. La constitución intentó resolver este problema mediante el
reconocimiento del derecho de las regiones a establecer un gobierno autónomo.

Las Cortes aprueban el Estatuto de autonomía catalán: Cataluña se convierte en región autónoma
dentro del Estado español. Dirigida por un presidente, un parlamento y un consejo ejecutivo Su
propio gobierno (Generalitat) con facultades legislativas y ejecutivas en Hacienda, Economía,
Educación y Cultura, Transportes y Comunicaciones. Comparte con el gobierno central, la
administración de impuestos y el orden público. El gobierno de Madrid se reservaba el ejército y
Asuntos Exteriores. Se declara la cooficialidad del castellano y el catalán. En el P. Vasco y Navarra:
El problema autonómico se retrasa por falta de acuerdo de las fuerzas políticas vascas. Otras
regiones inician los trámites pero no llegan a realizarse porque estalla la guerra.
La crisis económica, la línea radical propiciada por la CNT y la negativa de la patronal a las
reformas llevaron a un marco de fuertes tensiones sociales. Los enfrentamientos entre huelguistas
y la Guardia Civil fueron frecuentes y a menudo violentos. Los debates en Cortes del Estatuto de
Cataluña y la Ley de Reforma Agraria provocaron una oposición cerrada en las fuerzas de derecha.
En este contexto general Sanjurjo intentó un golpe de estado militar en Sevilla agosto de 1932.
Mal preparada y con desigual apoyo en el ejército, fracasó. La reacción de las fuerzas que
apoyaban al gobierno fue inmediata.

Pese al fracaso de Sanjurjo, el gobierno republicano-socialista daba muestras de claro desgaste.


En ese contexto, se produjeron los graves incidentes de Casas Viejas, en los que la Guardia de
Asalto sitió y mató a un grupo de campesinos anarquistas.

El escándalo consiguiente llevó al gobierno a la decisión de convocar nuevas elecciones en


noviembre de 1933. Para estas elecciones, la derecha se había reorganizado.
II.3 El bienio de centro-derecha (1933-1936)

Tras las elecciones, Lerroux formó un gabinete conformado exclusivamente por miembros de su
partido. La CEDA apoyó al gobierno desde el Parlamento. Leeros se vio así obligado a iniciar lo
que los grupos de derecha reclamaban, una política de rectificación de las reformas del bienio
anterior. Esta nueva política se concretó en la paralización de las reformas iniciadas:

Paralización de la reforma agraria, con la consiguiente expulsión de las tierras que habían
ocupado de miles de jornaleros. Se designan para puestos clave del Ejército a militares claramente
antirrepublicanos como Franco, Goded o Mola. Esta nueva política fue completada con una
amnistía para los participantes en el golpe de Sanjurjo en 1932.

Conciliación con la Iglesia Católica y muestra de ello es la paralización de las reformas educativas.
Se registra un parón en el programa de construcciones escolares y la anulación de la enseñanza
mixta.

También se registran enfrentamientos con los nacionalismos periféricos. Se frena el proyecto de


Estatuto de Autonomía vasco, presentado por el PNV y hay enfrentamientos con la Generalitat
catalana, que presidía Lluís Companys, dirigente de ERC, desde enero de 1934.

En un contexto de crisis económica internacional y de triunfo de los extremismos en Europa con el


triunfo de Hitler en 1933 y la consolidación de la dictadura de Stalin en la URSS, la lucha política se
radicalizó en nuestro país. España se polarizó entre las "derechas" y las "izquierdas".

Derechas: La CEDA de Gil Robles agrupaba a las clases medias y populares católicas. Las
Juventudes de Acción Popular (JAP), organización juvenil del partido, tenían ya en aquel momento
rasgos claramente fascistas. En Renovación Española, dirigida por Calvo Sotelo, se agrupaban los
monárquicos con posturas cada vez más extremistas y antidemocráticas. Finalmente, la Falange
Española de José Antonio Primo de Rivera se fusionó en 1934 con las Juntas de Ofensiva Nacional
Sindicalista (JONS) de Ledesma. Quedaba así constituido el núcleo político de ideología fascista en
España.

Izquierdas: La Izquierda Republicana de Manuel Azaña agrupaba el centro-izquierda que había


optado por una política de reformas y de alianzas con el movimiento obrero. El PSOE, el mayor
partido obrero, estaba dirigido por un grupo de líderes a menudo enfrentados. Indalecio Prieto y
Largo Caballero representaban el ala más moderada y más radical del partido. En general, el
PSOE vivió un claro proceso de radicalización. El PCE buscaba una alianza de la izquierda contra
el fascismo. La experiencia alemana y el ascenso de Hitler en enero de 1933 habían hecho
rectificar a Stalin y buscar alianzas con todas las fuerzas de centro-izquierda. La CNT seguía ligada
a la acción revolucionaria, aunque había quedado muy mermada tras el fracaso de la insurrección
de diciembre de 1933.
Revolución de Octubre de 1934

La creciente tensión entre los dos polos políticos culminó con la entrada de tres ministros de la
CEDA en el gobierno en octubre de 1934. Esta remodelación del gobierno fue interpretada por la
izquierda como el anuncio del triunfo inminente del fascismo en nuestro país. La cada vez más
radicalizada izquierda, PSOE, UGT, CNT, PCE, llamó a la huelga general contra el gobierno. El
seguimiento fue muy desigual. El movimiento fracasó en Madrid. El gobierno acuarteló a las tropas
y detuvo a los principales dirigentes socialistas y comunistas. En Barcelona, Companys, desde la
presidencia de la Generalitat, dirigió una insurrección con claro matiz independentista. La revuelta
fue rápidamente reprimida por del Ejército.

Lo peor ocurrió en Asturias. Aquí la huelga general triunfó y degeneró en una verdadera
revolución organizada por la UGT y la CNT. La persistencia de la insurrección llevó al gobierno a
optar por la represión más brutal. La Legión, dirigida por el general Franco, fue la encargada.

El balance de la Revolución de Octubre de 1934 fue aterrador: más de mil trescientos muertos, el
doble de heridos, treinta mil detenidos, entre ellos Companys, Azaña, que no había apoyado el
levantamiento, y los principales dirigentes del PSOE como Prieto o Largo Caballero.

La reacción del gobierno de derechas fue el endurecimiento de su política: se suspendió el estatuto


de autonomía de Cataluña y se redactó una nueva Ley de Reforma Agraria, que en la práctica era
una verdadera contrarreforma.

Sin embargo, las disensiones en el seno del gobierno eran crecientes. Las diferencias entre el
Partido Radical y la cada vez más extremista CEDA eran evidentes. Un ejemplo de la orientación
de la CEDA fueron los nombramientos que hizo Gil Robles, como nuevo ministro de Defensa.
Militares claramente contrarios a la república y la democracia fueron designados para puestos clave
en la estructura del Ejército. Franco, por ejemplo, fue nombrado jefe del Estado Mayor.

La crisis definitiva vino con un escándalo de corrupción, el escándalo del Estraperlo, que afectó a
altos cargos gubernamentales. Lerroux y el Partido Radical cayeron en un descrédito total. La
aparición de nuevos escándalos precipitó el fin de la legislatura y la convocatoria de nuevas
elecciones a Cortes en febrero de 1936.
II.4 Las elecciones de 1936 y el Frente Popular

En un ambiente de creciente radicalización, se presentaron las siguientes candidaturas a las


elecciones de febrero de 1936:

Frente Popular: pacto electoral firmado en enero de 1936 por Izquierda Republicana, PSOE, PCE,
POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) y Esquerra Republicana de Catalunya. Este pacto
agrupaba a todas las izquierdas. La CNT, con muchos presos en la cárcel, no pidió la abstención y
apoyó de forma tácita a la coalición de izquierdas.

La coalición de los grupos de derecha, formada por la CEDA y Renovación Española, acudió con
un programa basado en el miedo a la revolución social. La Falange y el PNV se presentaron por su
cuenta.

La victoria fue para el Frente Popular, que basó su triunfo en las ciudades y las provincias del sur y
la periferia. Mientras, la derecha triunfó en el norte y el interior del país.

Tras las elecciones, Manuel Azaña fue nombrado Presidente de la República. Se formó un
gobierno presidido por Casares Quiroga y formado exclusivamente por republicanos de izquierda,
sin la participación del PSOE. Así, el nuevo gobierno nacía debilitado.

El nuevo gabinete inició rápidamente la acción reformista: Amplia amnistía para todos los
represaliados tras octubre de [Link] del Estatuto catalán. Alejamiento de Madrid
de los generales más sospechosos de golpismo. Franco, Mola y Goded fueron destinados a
Canarias, Navarra y Baleares. Reanudación de la reforma agraria. Esta medida fue rápidamente
desbordada por la acción de los jornaleros que se lanzaron a la ocupación de fincas.

Tramitación de nuevos estatutos de autonomía. El Estatuto de Galicia, fue aprobado en plebiscito


en junio de 1936, y el del País Vasco estaba prácticamente terminado en julio de 1936.
III. Conclusión

Mientras, el ambiente social era cada vez más tenso. La izquierda obrera había optado por una
postura claramente revolucionaria y la derecha buscaba de forma evidente el fin del sistema
democrático. Desde el mes de abril se sucedieron los enfrentamientos violentos callejeros entre
grupos falangistas y milicias socialistas, comunistas y anarquistas.

Mientras la conspiración militar contra el gobierno del Frente Popular avanzaba. Por un lado,
había una trama política conformada por los principales líderes de los partidos: Gil Robles, Calvo
Sotelo, José Antonio Primo de Rivera. Por otro lado, crecía el número de generales implicados:
Franco, Goded, Fanjul, Varela... Emilio Mola, destinado en Pamplona, se convirtió en el jefe de la
conspiración, el "director" del golpe. La salida antidemocrática tenía valedores internacionales. Muy
pronto se iniciaron los contactos con Mussolini y Hitler.

El 12 de julio era asesinado por extremistas de derecha un oficial de la Guardia de Asalto, el


teniente Castillo. La respuesta llegó la siguiente madrugada con el asesinato del líder de derechas
José Calvo Sotelo por parte de un grupo de miembros de las fuerzas de seguridad. El
enfrentamiento era inevitable.

El gobierno de Casares Quiroga, que no había decidido tomar medidas pese a las continuas
advertencias de las organizaciones obreras, vio como el 17 de julio de 1936 el ejército de
Marruecos iniciaba la rebelión contra el gobierno de la República. El triunfo parcial del golpe
desencadenó la guerra civil.

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