Mettà: Amor Universal y Práctica
Mettà: Amor Universal y Práctica
ACHARYA BUDDHARAKKHITA
Introducción
Mettà nos convierte en una fuente pura de bienestar y seguridad para los demás. Igual que
una madre da su propia vida para proteger a su hijo, así mettà sólo da y nunca desea nada a
cambio. Promover el propio interés de uno es una motivación primordial de la naturaleza
humana. Cuando este anhelo es transformado en el deseo de promover el interés y la felicidad
de los otros, no sólo es un anhelo básico de búsqueda personal de superación, sino que la
mente se vuelve universal por haber identificado su propio interés con el interés de todos. Al
producir este cambio uno también promueve su propio bienestar en la mejor manera posible.
Mettà es la actitud protectora e inmensamente paciente de una madre que sortea todas las
dificultades por su hijo y siempre lo ampara a pesar de su mal comportamiento. Mettà es
también la actitud de un amigo que quiere darnos lo mejor para favorecer nuestro bienestar.
Si estas cualidades de mettà son cultivadas adecuadamente mediante mettà-bhàvanà —la
meditación del amor universal— el resultado es la adquisición de un tremendo poder interior
que preserva, protege y sana tanto a uno mismo como a los demás.
Aparte de sus elevadas connotaciones, hoy mettà es una necesidad pragmática. En un mundo
amenazado por todo tipo de destructividad, mettà en acto, palabra y pensamiento es el único
medio constructivo para traer concordia, paz y mutuo entendimiento. En efecto, mettà es el
medio supremo, puesto que constituye el principio fundamental de toda religión, como así
también la base para toda actividad benevolente destinada a promover el bienestar humano.
El presente trabajo apunta a la exploración de las diversas facetas de mettà, tanto en la teoría
como en la práctica. El examen de los aspectos doctrinales y éticos de mettà procederá a
través del estudio del popular Karanìya Mettà Sutta, el “Himno del Amor Universal” del
Buddha. En conexión con este tema también veremos algunos otros textos cortos que versan
sobre mettà. La explicación de mettà-bhàvanà, la meditación del amor universal, ofrecerá
instrucciones prácticas para desarrollar este tipo de contemplación tal como consta en los
principales textos de meditación de la tradición Buddhista Theravada, el Visuddhimagga, el
Vimuttimagga y el Patisambhidàmagga.
Appakicco ca sallahukavutti
Santindriyo ca nipako ca
Dìghà và ye mahantà và
Majjhimà rassakànukathùlà
Bhùtà và sambhavesì và
Byàrosanà patighasaññà
Evampi sabbabhùtesu
Mettañ ca sabba-lokasmim
Dassanena sampanno
Kàmesu vineyya gedham
Los antecedentes históricos que llevaron al Buddha a exponer el Karanìya Mettà Sutta son
explicados en el comentario escrito por Àcariya Buddhaghosa, quien había recibido el sutta de
una ininterrumpida línea de Ancianos que se remontaba a los días del mismo Buddha.
Se dice que quinientos monjes recibieron instrucciones del Buddha sobre técnicas particulares
de meditación convenientes para cada temperamento individual. Entonces, ellos fueron a las
estribaciones de los Himalayas y dedicaron los cuatro meses del retiro de las lluvias a vivir una
vida de abstinencia e intensiva meditación. En aquellos días, uno o dos meses antes que el
retiro de las lluvias comenzara, monjes de todas partes del país se reunirían donde el Buddha
se encontrara para recibir instrucciones directas del Supremo Maestro. De este modo,
regresarían a sus monasterios, viviendas del bosque o ermitas para realizar una vigorosa
tentativa de liberación espiritual. Así fue cómo estos quinientos monjes fueron hasta donde
residía el Buddha, el monasterio construido por Anàthapindika en el Bosque de Jeta en
Sàvatthì.
Los habitantes del lugar estaban llenos de alegría de ver a los monjes, ya que pocas veces una
comunidad de monjes había ido de retiro a esa parte de los Himalayas. Estos piadosos devotos
dieron de comer a los monjes y les suplicaron que se quedaran como sus invitados,
prometiendo construir a cada uno de ellos una cabaña cerca del bosque sobre el trecho de
arena, de modo que pudieran pasar sus días y sus noches sumergidos en la meditación bajo las
antiguas ramas de los majestuosos árboles. Los bhikkhus estuvieron de acuerdo y los devotos
del área pronto construyeron pequeñas cabañas al borde del bosque, proporcionando a cada
una de ellas una cama de madera, un taburete y recipientes para el agua para beber y asearse.
Después que los monjes se instalaron satisfactoriamente en esas cabañas, cada uno seleccionó
un árbol para meditar bajo él día y noche. Ahora, se dice que estos grandes árboles eran
habitados por deidades de los árboles, quienes habían construido una mansión celestial
usando convenientemente los árboles como base. Estas deidades, por reverencia a los monjes
meditantes, se hicieron a un lado con sus familias. La virtud era reverenciada por todos,
particularmente por las deidades, y cuando los monjes se sentaron bajo los árboles, las
deidades, que eran cabeza de familia, no querían permanecer sobre ellos. Pensaron que los
monjes permanecerían sólo por una noche o dos, y con mucho gusto soportaron la molestia.
Pero como los días pasaban y los monjes aún seguían ocupando las bases de los árboles, las
deidades se preguntaron cuándo se marcharían. Eran como aldeanos desposeídos cuyos
hogares habían sido requisados por los oficiales de un visitante de la realeza, y se quedaron
vigilando desde lejos con preocupación, preguntándose cuándo los recobrarían.
Por etapas arribaron a Sàvatthì, fueron ante el Bendito, se postraron a sus pies y relataron sus
espantosas experiencias, solicitando patéticamente otro lugar. El Buddha, con su poder
paranormal, exploró toda la India, pero sin hallar ningún lugar excepto el mismo sitio donde
ellos podrían alcanzar la liberación espiritual. Les dijo: “Monjes, ¡regresen al mismo lugar! Es
solamente esforzándose allí que podrán destruir las impurezas interiores. ¡No teman! Si
quieren liberarse del acoso de las deidades aprendan este sutta. Será tanto un tema de
meditación como una fórmula para la protección (paritta)”. Entonces el Maestro recitó el
Karanìya Mettà Sutta —el Himno del Amor Universal— que los monjes aprendieron de
memoria en presencia del Señor. De este modo, regresaron al mismo lugar.
Mientras los monjes se aproximaban a sus viviendas en el bosque recitando el Mettà Sutta,
pensando y meditando en la esencia de su significado, los corazones de las deidades se
tornaron tan plenos de cálidos sentimientos de buena voluntad que se materializaron con
forma humana y recibieron a los monjes con gran piedad. Tomaron sus cuencos, los
condujeron a sus habitaciones, les suministraron agua y alimento y, luego, reasumiendo su
forma normal, les invitaron a ocupar las bases de los árboles y a meditar sin ninguna duda o
temor.
Además, durante los tres meses de la residencia de las lluvias, las deidades no sólo cuidaron de
los monjes en todo sentido, sino que se aseguraron que el lugar estuviera completamente libre
de todo ruido. Gozando de perfecto silencio, al final de la estación de las lluvias todos los
monjes alcanzaron el pináculo de la perfección espiritual. Cada uno de los quinientos monjes
se convirtió en Arahat.
En efecto, tal es el poder intrínseco en el Mettà Sutta. Quien con firme fe recite el sutta,
invocando la protección de las deidades y meditando sobre mettà, no sólo se protegerá a sí
mismo en todo sentido, sino que también protegerá a todos aquellos a su alrededor, y logrará
un progreso espiritual que puede ser verificado verdaderamente. Ningún mal puede
sobrevenir a una persona que sigue el camino de mettà.
El Mettà Sutta está compuesto de tres partes, cada una de las cuales se enfoca en un aspecto
distinto de mettà. La primera parte (líneas 3 a 10) cubre aquel aspecto que requiere de una
minuciosa y sistemática aplicación del amor benevolente en la conducta diaria de uno. La
segunda parte (líneas 11 a 20) alude al amor benevolente como una técnica diferente de
meditación o cultura de la mente que conduce al samàdhi —consciencia superior inducida por
la absorción. Y la tercera parte (líneas 21 a 40) subraya un compromiso total con la filosofía del
amor universal y sus extensiones personales, sociales y empíricas —amor benevolente a través
de todas las actividades corporales, verbales y mentales.
Mettà ha sido identificado como aquel factor específico que “madura” el mérito acumulado
(puñña) adquirido a través de las diez vías para la adquisición de mérito (dasapuñña-
kiriyavatthu)[1], como la práctica de generosidad, virtud, etc. Es mettà quien lleva a la madurez
las diez exaltadas cualidades espirituales conocidas como “perfecciones” (pàramità)[2].
De este modo, la práctica de mettà puede asemejarse a plantar un gran árbol, desde el
momento en que la semilla es sembrada hasta el momento en que el árbol está pesadamente
cargado con deliciosas frutas y expande ampliamente su dulce aroma, atrayendo miríadas de
criaturas hacia él para disfrutar de su sabrosa y nutritiva generosidad. La germinación de la
semilla y el crecimiento de la planta son ocasionados por la primera parte del sutta. En la
segunda parte, el árbol, robusto y desarrollado, está totalmente cubierto con fragantes y
bonitas flores, captando todas las miradas sobre sí.
Como modelo de conducta, el primer aspecto de mettà hace crecer nuestra vida como un
árbol, provechosa, generosa y noble. Mettà, como meditación, genera ese florecimiento
espiritual con el cual la vida entera de uno se vuelve una fuente de alegría para todos. La
tercera parte contempla en esta imagen la fructificación de aquel proceso de desarrollo
espiritual por medio del cual uno produce una aplicación ilimitada del amor espiritual que
puede condicionar poderosamente a la sociedad en su conjunto y conducirnos a la cumbre de
la realización trascendental.
La mente humana es como una mina que contiene una fuente inagotable de poder espiritual e
insight[3]. Este inmenso potencial interno de mérito puede ser explotado en su totalidad
solamente a través de la práctica de mettà, como es evidente en la descripción de mettà como
aquella “fuerza maduradora” que madura los méritos inactivos. El Mangala Sutta dice que sólo
después de que uno haya efectuado una elevada relación interpersonal (por la frecuentación
de buena compañía, etc.), elige el entorno correcto para que los méritos del pasado
fructifiquen. Este hallazgo de fruición es exactamente lo que hace mettà. La mera anulación de
la mala compañía viviendo en un ambiente refinado no es suficiente; la mente tiene que ser
cultivada a través de mettà. De ahí la alusión a la fructificación del mérito pasado.
La Ética de Mettà
Ética, en el contexto buddhista, es la recta conducta que trae felicidad y paz a la mente y
nunca da surgimiento a remordimiento, preocupación o inquietud. Este es el beneficio
psicológico inmediato. La recta conducta también lleva a un feliz renacimiento, permitiendo a
un aspirante futuros progresos en el camino hacia la liberación espiritual. Además es la base
para progresar en el Dhamma aquí y ahora. En otras palabras, el recto lenguaje, la recta acción
y el recto sustento del Noble Óctuple Sendero del Buddha constituyen la recta conducta en el
mejor de los sentidos.
Càritta y vàritta son así practicados a través del mettà expresado en la acción verbal y corporal;
la felicidad interior y el deseo altruista resultantes son reflejados por el mettà de acción
mental del aspirante, tal como lo encontramos en la conclusión de la estrofa:
Un análisis del patrón de comportamiento y rasgos recomendado por el Mettà Sutta para una
interacción significativa, tanto en referencia a las personas individualmente como a la sociedad
en su conjunto, nos provee de suficiente insight sobre las numerosas implicaciones del sutta
para la salud mental.
Habilidad no es sólo mera eficiencia o destreza, sino hacer algo bien, considerando no causar
inconvenientes a los demás. Ya que un hombre hábil puede volverse muy presumido, al
practicante se le aconseja que sea “honesto y justo”, mientras es “apacible en lenguaje, dócil y
sin orgullo” —en efecto, una perfecta síntesis y equilibrio de rasgos.
El que tiene contento es “fácil de sustentar”. La frugalidad, por consideración a los demás, es
un rasgo noble. Uno llega a mostrar refinamiento a tal punto que reduce sus propias
necesidades como ejemplo para los demás y como forma de no incomodarlos. Más grosera y
materialista se vuelve una persona, más aumentan sus necesidades. El criterio para juzgar la
salud mental de una cierta sociedad es, de este modo, la disminución de necesidades, es decir,
el elemento de la satisfacción.
Una vida materialista y egocéntrica está caracterizada no sólo por un incremento de las
necesidades sino también por la inquietud, proyectándose en la existencia con muchas
obligaciones e hiperactiva, carente de moderación y autocontención. Mettà, que promueve el
bienestar de todos, tiene que ser naturalmente construido sobre tales cualidades de sobrio
humanismo como es reflejado en el hecho de tener unas pocas tareas significativas y selectas
que conducen al máximo bienestar de todos.
Vivir una vida simple, como expresión de mettà, implica una reorientación de nuestra
perspectiva y conducta, incluso en nuestro mundo competitivo, ávido de placer y de
mentalidad posesiva. Un hombre de vida simple es apacible, pero eficiente y efectivo, y posee
contención sobre sus facultades sensoriales, siendo moderado, frugal y controlado. Para tal
persona, la cultura mental a través de la meditación se torna natural y sin ningún esfuerzo: de
ahí el atributo “tranquilo en sus sentidos”.
Una persona que vive de esta manera, ahora se sumerge en el cultivo de la ilimitada mente de
mettà mediante determinadas técnicas de meditación como está previsto en la parte restante
del sutta.
Mettà también es llamado paritta —una fórmula espiritual capaz de salvaguardar nuestro
bienestar, protegernos contra todo peligro y rescatarnos de la desgracia y el infortunio.
Los monjes no podían permanecer y meditar en aquel hermoso bosque provisto con todas las
facilidades porque las deidades eran hostiles y tuvieron que abandonar el lugar. Al armarse
con la protección del Mettà Sutta, que recitaron y meditaron durante todo el viaje, en el
momento en que llegaban al lugar, las deidades ya estaban esperándolos plenas de
sentimientos de amistad. La hostilidad se había convertido en hospitalidad.
Objetivamente, mettà, como fuerza del pensamiento, es capaz de influir en cualquier mente
en cualquier lugar, desarrollada o no-desarrollada. La irradiación de mettà puede no sólo
calmar a una persona o remover los dardos del odio de su interior, sino que, en algunos casos,
puede incluso curarla de una severa enfermedad. Es una experiencia común en los países
buddhistas ver cómo la gente es curada de todo tipo de enfermedades y liberada del
infortunio mediante la recitación del paritta. De modo que mettà es verdadero poder de
sanación. En este sentido mettà actúa como paritta, una fórmula de sanación que proporciona
protección.
La Psicología de Mettà
f) al proyectar el pensamiento, “Que todos los seres sean amistosos y carezcan de hostilidad”;
g) al proyectar el pensamiento, “Que todos los seres sean felices y carezcan infelicidad”;
h) al proyectar el pensamiento, “Que todos los seres gocen de bienestar y carezcan de
aflicción”;
En estas ocho maneras uno ama a todos los seres; por lo tanto, esto es llamado amor
universal. Y puesto que uno concibe (interiormente) esta cualidad (del amor), ella es de la
mente. Y como esta mente es libre de todo pensamiento de malevolencia, el agregado del
amor, la mente y la liberación son definidos como amor universal que conduce a la liberación
de la mente.
Del pasaje anterior vemos que mettà implica la “disminución” de los rasgos negativos por una
enérgica puesta en práctica de las correlativas virtudes positivas. Es sólo cuando uno practica
enérgicamente el no-hostigamiento hacia todos los seres que puede disminuir la tendencia de
hostigar a los demás. Del mismo modo, es con las otras cualidades de inofensividad, no-
tormento, no-destrucción y no-exasperación en acto, palabra y pensamiento que uno puede
disminuir las características negativas de ser ofensivo, de atormentar a otros, de destructividad
y de exasperación. Además de tal conducta positiva y principio de vida, uno también cultiva la
mente a través de una técnica específica de meditación denominada mettà-bhàvanà, que
genera poderosos pensamientos de amor espiritual que crece sin límites, volviéndose auto-
consciente, infinito y universal.
Pensamientos que desean que todos los seres sean amistosos y nunca hostiles, felices y nunca
infelices, experimentando bienestar y nunca aflicción, implican no sólo atenuación o carencia
de límites, sino también la completa liberación de la mente. De ahí lo apropiado de la
expresión “amor universal que conduce a la liberación de la mente”.
La sustitución de un rasgo negativo por el opuesto positivo implica naturalmente una actitud
ante la vida muy desarrollada y madura. La habilidad de no hostigar, no ofender, no torturar,
no destruir y no exasperar significa un modo de comportamiento muy refinado, bello y
amoroso en un mundo donde la interacción entre los seres humanos crea tanta tensión y
miseria.
De acuerdo con el Visuddhimagga, mettà es un “solvente” que “diluye” no sólo nuestros
propios contaminantes psíquicos de ira, resentimiento y ofensividad, sino también los de los
demás. Después de tomar una actitud de amistad, incluso el hostil se vuelve un amigo.
Queda claro en este análisis que sólo cuando uno tiende a ver lo bueno en las personas, y
prefiere el bienestar de otros y, consecuentemente, es inofensivo (al remover todo fastidio o
herida) y promueve activamente dicho bienestar, mettà funciona como un solvente. Se dice
que el propósito último de mettà es alcanzar el insight trascendental, y si eso no es posible, al
menos llevar al renacimiento en la sublime esfera del mundo de Brahma, además de traer paz
interior y un saludable estado de la mente aquí y ahora. De ahí la promesa del Buddha en el
Mettà Sutta:
El amor aparta la malevolencia, que es la más dañina de las emociones. Por eso se ha dicho:
“Porque esto es el abandono de la malevolencia, amigos, a saber, la liberación de la mente
forjada a través del amor universal” (Dìgha Nikàya, III. 234).
En la práctica de mettà es importante comprender las emociones que le anulan, tanto por ser
parecidas como por ser distintas. El Visuddhimagga las denomina “los dos enemigos —el
cercano y el remoto—”. Codicia, lujuria, afecto mundano, sensualidad, se dice que son
“enemigos cercanos” porque son similares en las tendencias. El lujurioso también ve el “lado
bueno” o “la belleza”, y así queda involucrado. El amor debe estar protegido contra esto para
que las máscaras de estas emociones no engañen al meditador.
Malevolencia, ira y odio, son emociones distintas, por lo tanto constituyen el “enemigo
remoto”. El enemigo remoto puede ser distinguido fácilmente, de modo que no hay que
temerle sino que hay superarlo por la proyección de una fuerza superior, aquella del amor.
Pero uno tiene que ser cauteloso con el enemigo cercano porque genera auto-engaño, que es
lo peor que le puede suceder a un individuo.
Se dice que mettà comienza solamente cuando existe entusiasmo en la forma de un deseo de
actuar. Habiendo comenzado mediante un fervoroso esfuerzo, sólo puede continuarse cuando
los cinco impedimentos mentales —deseo sensual, malevolencia, pereza y sopor, inquietud y
preocupación, y duda— son dominados. Mettà alcanza la consumación en el logro de la
absorción (jhàna).
Meditación de Mettà
Existen varias formas de practicar mettà-bhàvanà, la meditación del amor universal. Tres de
los principales métodos serán explicados aquí. Estas instrucciones, basadas en fuentes
canónicas y comentarios, intentan explicar la práctica de la meditación de mettà en una forma
clara, simple y directa, de modo que nadie que desee dedicarse seriamente a la práctica
encontrará duda alguna acerca de cómo proceder. Para instrucciones detalladas sobre la teoría
y práctica de mettà-bhàvanà el lector puede consultar el Visuddhimagga, Capítulo IX.
MÉTODO 1
Siéntate en una postura cómoda en un lugar tranquilo —un santuario, una habitación
tranquila, un parque o cualquier otro lugar que proporcione privacidad y silencio. Mantén los
ojos cerrados, repite la palabra “mettà” durante algún tiempo y evoca mentalmente su
significado —amor como opuesto a odio, resentimiento, malevolencia, impaciencia, orgullo y
arrogancia, y como un profundo sentimiento de buena voluntad, simpatía y bondad que
promueve la felicidad y el bienestar de los otros.
Ahora visualiza tu propio rostro con un feliz y radiante humor. Todo el tiempo ve tu rostro
como en un espejo, contémplate a ti mismo en un estado de ánimo alegre y ponte en ese
mismo estado durante la meditación. Una persona en un estado de felicidad no puede
enojarse o abrigar pensamientos y sentimientos negativos. Habiéndote visualizado en un
estado de ánimo de felicidad, ahora ataca con el pensamiento: “Que yo esté libre de
hostilidad, libre de aflicción, libre de angustia; que yo viva feliz”. Mientras te inundas con el
pensamiento-fuerza positivo del amor, te vuelves como una vasija llena cuyo contenido está
listo para desbordarse en todas las direcciones.
Luego, visualiza a tu profesor de meditación, si vive; si no, elige algún otro profesor o persona
venerable viva. Contémplalo en un estado de ánimo feliz y proyecta el pensamiento: “Que mi
profesor esté libre de hostilidad, libre de aflicción, libre de angustia; que él viva feliz”.
Entonces, piensa en otras personas que sean venerables y que también estén vivas —monjes,
profesores, padres, ancianos— y, con intensidad, extiende hacia cada uno de ellos el
pensamiento de mettà en la manera ya mencionada: “Que ellos estén libres de hostilidad,
libres de aflicción, libres de angustia; que ellos vivan felices”.
La visualización tiene que ser clara y el pensamiento-irradiación tiene que ser bien “deseado”.
Si la visualización es hecha deprisa o el deseo es llevado a cabo en forma superficial o
mecánica, la práctica será de poco provecho, para luego convertirse en el mero pasatiempo
intelectual de pensar acerca de mettà. Uno debe comprender claramente que pensar acerca
de mettà es una cosa, y hacer mettà, proyectar enérgicamente el deseo-fuerza del amor
benevolente, es otra bastante diferente.
Nota que sólo debe ser visualizada una persona viva, no una persona muerta. La razón de esto
es que la persona muerta, habiendo cambiado de forma, estará fuera de foco para la
proyección de mettà. El objeto de mettà es siempre un ser viviente, y el pensamiento-fuerza se
volverá inefectivo si el objeto no está vivo.
Mientras esparces mettà hacia los miembros de tu propia familia, debes tener cuidado al
pensar sobre alguien muy querido, como tu esposa o esposo, al final de este círculo. La razón
de ello es que la intimidad entre marido y mujer introduce el elemento del amor mundano, el
cual mancha a mettà. El amor espiritual debe ser el mismo hacia todos. Del mismo modo, si
uno ha tenido un malentendido o pleito temporario con algún miembro de su familia o
pariente, éste debería ser visualizado en una etapa posterior para evitar recordar el
desagradable incidente.
Luego, debes visualizar personas neutrales, personas que ni te agraden ni desagraden, como
vecinos, colegas del trabajo, conocidos, etc. Habiendo irradiado pensamientos de amor hacia
cada uno en este círculo neutral, debes ahora visualizar personas hacia las cuales sientes
desagrado, hostilidad o prejuicios, incluso aquellas con las cuales puedas haber tenido un
malentendido temporario. Mientras visualizas a las personas que te desagradan, para cada una
tienes que repetir mentalmente: “Yo no tengo hostilidad hacia él/ella, que él/ella no tenga
ninguna hostilidad hacia mí. ¡Que él/ella sea feliz!”
De esta manera, mientras uno visualiza a las personas de los diferentes círculos, “rompe la
barrera” causada por los gustos y las aversiones, el apego y el odio. Cuando uno es capaz de
considerar a un enemigo sin malevolencia y con la misma dosis de buena voluntad que tiene
para con un amigo muy querido, mettà, entonces, adquiere una imparcialidad suprema,
elevando la mente hacia arriba y hacia fuera como en un movimiento en espiral de círculos
expansivos hasta volverse ilimitada.
Por visualización entendemos “llamar a la mente” o hacer visible ciertos objetos, como una
persona, un área, una dirección o una categoría de seres. En otras palabras significa imaginar a
las personas hacia las cuales los pensamientos de amor tienen que ser proyectados o
extendidos. Por ejemplo, imagina a tu padre, visualiza su rostro muy alegre y radiante y
proyecta el pensamiento hacia la imagen visualizada diciendo mentalmente: “¡Que él sea feliz!
¡Que él esté libre de enfermedades o problemas! Que él goce de buena salud”. Puedes usar
cualquier pensamiento que promueva su bienestar.
La fórmula para irradiar mettà que aquí es utilizada deriva del antiguo Patisambhidàmagga:
“Que ellos estén libres de hostilidad, libres de aflicción, libres de an-gustia; que ellos vivan
felices” (averà hontu, abyàpajjhà hontu, anighà hontu, sukhì attànam pariharantu). El
comentario explicativo de estos términos es muy significativo. “Libre de hostilidad” (averà)
significa ausencia de hostilidad originada a causa de uno mismo o de otros, o a causa de uno
mismo debido a otros o de otros debido a uno mismo u otros. Nuestra propia ira hacia
nosotros mismos puede tomar la forma de auto-compasión, remordimiento o una
conmovedora sensación de culpa. Puede ser condicionada por la interacción con los demás. La
hostilidad combina la ira y la enemistad. “Libre de aflicción” (abyàpajjhà) significa ausencia de
dolor o sufrimiento físico. “Libre de angustia” (anighà) significa ausencia de sufrimiento
mental, congoja o ansiedad, que a menudo resulta en hostilidad o aflicción corporal. Es sólo
cuando uno está libre de hostilidad, aflicción y angustia que “vive feliz”, es decir, se conduce a
sí mismo con soltura y felicidad. De este modo, todos estos términos están interconectados.
Por orden entendemos visualizar objetos, uno después del otro, tomando el camino de menor
resistencia, en una secuencia gradual que expande progresivamente el círculo y, con ello, la
mente misma. El Visuddhimagga es enfático acerca de este orden. Según Àcariya Buddhaghosa
uno tiene que comenzar la meditación de mettà visualizándose a sí mismo y, posteriormente,
a una persona por la cual uno tenga veneración, a continuación a los seres queridos, luego a la
gente neutral, después a las personas hostiles. Mientras uno irradia pensamientos de amor en
este orden, la mente rompe todas las barreras entre uno mismo, alguien a quien respetamos,
los seres queridos, las personas neutrales y las personas hostiles. Todos llegan a ser vistos
como iguales con los ojos del amor benevolente.
MÉTODO 2
Imagina a las personas que residen en tu casa como si formaran un conjunto, entonces abraza
a todos ellos en tu corazón irradiando pensamientos de mettà: “Que todos aquellos que
habitan en esta casa estén libres de hostilidad, libres de aflicción, libres de angustia; que todos
vivan felices”. Habiendo visualizado tu propia casa de esta manera, debes ahora visualizar la
casa contigua y todos sus residentes, y luego la próxima casa, y la siguiente, y así
sucesivamente hasta que todas las casas en esa calle sean cubiertas de la misma forma por un
amor benevolente ilimitado. Luego el meditador tiene que dedicarse a la próxima calle, y a la
siguiente, hasta cubrir todo el vecindario. Después, extensión por extensión, en una misma
dirección, debe ser visualizada claramente e inundada con rayos de mettà en abundante
medida. De esta forma hay que cubrir el pueblo o la ciudad entera; luego hay que cubrir el
distrito y todo el estado con pensamientos de mettà.
Posteriormente debes visualizar estado tras estado, comenzando por el tuyo propio, luego el
resto de los estados en las diferentes direcciones: este, sur, oeste y norte. Así, debes cubrir la
totalidad de tu país, visualizando geográficamente la gente de dichas tierras sin distinción de
clase, raza, secta o religión. Piensa: “¡Que todos en estas tierras vivan en paz y bienestar! ¡Que
no haya guerras, ni disputas, ni desgracias, ni enfermedades! Resplandecientes de amistad y
buena fortuna, de compasión y sabiduría, que todos en este gran país gocen de paz y
plenitud”.
Ahora debes cubrir todo el continente, país por país, en todas las direcciones, este, sur, oeste y
norte. Imaginando geográficamente cada país y su gente de acuerdo con sus apariencias,
debes irradiar en abundante medida pensamientos de mettà: “¡Que ellos sean felices! ¡Que no
haya disputas ni discordia! ¡Que la buena voluntad y la comprensión prevalezcan! ¡Que la paz
sea con todos!”
Después tienes que dedicarte a todos los continentes —África, Asia, Australia, Europa, América
del Norte y del Sur— visualizando país por país y pueblo por pueblo, abarcando el globo en su
totalidad. Imagínate a ti mismo en un punto particular del globo y, entonces, proyecta
poderosos rayos de mettà envolviendo una dirección del globo, luego la siguiente, luego otra y
así sucesivamente hasta que el globo entero esté inundado y envuelto completamente por
cálidos pensamientos de amor universal.
Debes ahora proyectar en la inmensidad del espacio poderosos rayos de mettà hacia todos los
seres que viven en otras dimensiones, primero en las cuatro direcciones cardinales —este, sur,
oeste y norte—, luego en las direcciones intermedias —noreste, sureste, suroeste, noroeste—
y después hacia arriba y hacia abajo, cubriendo las diez direcciones con abundantes e
inmensurables pensamientos de amor universal.
MÉTODO 3
Irradiación Generalizada
1. “Que todos los seres (sabbe sattà) estén libres de hostilidad, libres de aflicción, libres de
angustia; que ellos vivan felices”.
2. “Que todos aquellos que respiran (sabbe pànà) estén libres de hostilidad, libres de aflicción,
libres de angustia; que ellos vivan felices”.
3. “Que todas las criaturas (sabbe bhùtà) estén libres de hostilidad, libres de aflicción, libres de
angustia; que ellas vivan felices”.
4. “Que todos aquellos con existencia individual (sabbe puggalà) estén libres de hostilidad,
libres de aflicción, libres de angustia; que ellos vivan felices”.
5. “Que todos aquellos que han encarnado (sabbe attabhàvapariyàpanna) estén libres de
hostilidad, libres de aflicción, libres de angustia; que ellos vivan felices”.
Irradiación Específica
1. “Que todas las mujeres (sabbà itthiyo) estén libres de hostilidad, libres de aflicción, libres de
angustia; que ellas vivan felices”.
2. “Que todos los varones (sabbe purisà) estén libres de hostilidad, libres de aflicción, libres de
angustia; que ellos vivan felices”.
3. “Que todos los Nobles (sabbe ariyà) estén libres de hostilidad, libres de aflicción, libres de
angustia; que ellos vivan felices”.
4. “Que todos los seres mundanos (sabbe anariyà) estén libres de hostilidad, libres de aflicción,
libres de angustia; que ellos vivan felices”.
5. “Que todos los dioses (sabbe devà) estén libres de hostilidad, libres de aflicción, libres de
angustia; que ellos vivan felices”.
6. “Que todos los seres humanos (sabbe manussà) estén libres de hostilidad, libres de aflicción,
libres de angustia; que ellos vivan felices”.
7. “Que todos aquellos en estados de desgracia (sabbe vinipàtikà) estén libres de hostilidad,
libres de aflicción, libres de angustia; que ellos vivan felices”.
Irradiación Direccional
I. 1. “Que todos los seres en dirección al este estén libres de hostilidad, libres de aflicción,
libres de angustia; que ellos vivan felices”.
2. “Que todos los seres en dirección al oeste estén libres de hostilidad, libres de aflicción, libres
de angustia; que ellos vivan felices”.
3. “Que todos los seres en dirección al norte estén libres de hostilidad, libres de aflicción, libres
de angustia; que ellos vivan felices”.
4. “Que todos los seres en dirección al sur estén libres de hostilidad, libres de aflicción, libres
de angustia; que ellos vivan felices”.
5. “Que todos los seres en dirección al noreste estén libres de hostilidad, libres de aflicción,
libres de angustia; que ellos vivan felices”.
6. “Que todos los seres en dirección al suroeste estén libres de hostilidad, libres de aflicción,
libres de angustia; que ellos vivan felices”.
7. “Que todos los seres en dirección al noroeste estén libres de hostilidad, libres de aflicción,
libres de angustia; que ellos vivan felices”.
8. “Que todos los seres en dirección al sureste estén libres de hostilidad, libres de aflicción,
libres de angustia; que ellos vivan felices”.
9. “Que todos los seres en dirección hacia abajo estén libres de hostilidad, libres de aflicción,
libres de angustia; que ellos vivan felices”.
10. “Que todos los seres en dirección hacia arriba estén libres de hostilidad, libres de aflicción,
libres de angustia; que ellos vivan felices”.
II 1-10. “Que todos aquellos que respiran en dirección al este ... hacia arriba estén libres de
hostilidad, libres de aflicción, libres de angustia; que ellos vivan felices”.
III. 1-10. “Que todas las criaturas en dirección al este ... hacia arriba estén libres de hostilidad,
libres de aflicción, libres de angustia; que ellas vivan felices”.
IV. 1-10. “Que todos aquellos con existencia individual en dirección al este ... hacia arriba estén
libres de hostilidad, libres de aflicción, libres de angustia; que ellos vivan felices”.
V. 1-10. “Que todos aquellos que han encarnado en dirección al este ... hacia arriba estén
libres de hostilidad, libres de aflicción, libres de angustia; que ellos vivan felices”.
VI. 1-10. “Que todas las mujeres en dirección al este ... hacia arriba estén libres de hostilidad,
libres de aflicción, libres de angustia; que ellas vivan felices”.
VII. 1-10. “Que todos los varones en dirección al este ... hacia arriba estén libres de hostilidad,
libres de aflicción, libres de angustia; que ellos vivan felices”.
VIII. 1-10. “Que todos los Nobles en dirección al este ... hacia arriba estén libres de hostilidad,
libres de aflicción, libres de angustia; que ellos vivan felices”.
IX. 1-10. “Que todos los seres mundanos en dirección al este ... hacia arriba estén libres de
hostilidad, libres de aflicción, libres de angustia; que ellos vivan felices”.
X. 1-10. “Que todos los dioses en dirección al este ... hacia arriba estén libres de hostilidad,
libres de aflicción, libres de angustia; que ellos vivan felices”.
XI. 1-10. “Que todos los seres humanos en dirección al este ... hacia arriba estén libres de
hostilidad, libres de aflicción, libres de angustia; que ellos vivan felices”.
XII. 1-10. “Que todos aquellos en estados de desgracia en dirección al este ... hacia arriba estén
libres de hostilidad, libres de aflicción, libres de angustia; que ellos vivan felices”.
Explicación
En esta técnica de universalización de mettà, cada una de las cinco categorías de irradiación
generalizada se refiere a la dimensión total de la existencia animada, sintiente u orgánica,
perteneciente a las tres esferas mundanas, a saber, kàmaloka, la esfera de la existencia
sensorial donde el deseo es la principal motivación; rùpaloka, el reino de los resplandecientes
dioses Brahmà con forma sutil; y arùpaloka, el reino de los seres sin forma con pura vida
mental. Sea un “ser”, o aquel que “respira”, o una “criatura”, o aquel que posee “existencia
individual”, o aquel que está “encarnado” —siempre en referencia a la totalidad de la
existencia animada—, la distinción existente entre cada término expresa comprensivamente
cierto aspecto de la vida en su integridad.
Mientras visualiza cada categoría uno debe tener en mente el aspecto específico expresado
por su designación. Si uno entrena la mente en la manera de un “ejercicio mental”, después de
haberla ejercitado con los primeros dos métodos, el significado de los términos no-específicos
o generalizados se volverán claros. Para cuando uno haya completado los dos métodos, la
consciencia estará suficientemente desarrollada y será ilimitada. Y con tal consciencia, cuando
cada uno de estos conceptos universales ha sido asimilado, la universalización sobreviene sin
esfuerzo. Esto puede estar indicando que la visualización ya no es de objetos individuales, sino
de un concepto que es total e ilimitado. La irradiación, en este caso, se vuelve una “corriente”
de amor en abundante cantidad hacia el objeto mental conceptualizado —todos los seres,
todas las criaturas, etc.
Cada una de las siete categorías de irradiación específica comprende una parte del rango total
de la vida y, en combinación con las otras, expresa el todo. Itthì se refiere al principio femenino
en general, incluyendo a todos seres femeninos entre los devas, seres humanos, animales,
demonios, espíritus y habitantes del infierno. Purisa denota al principio masculino evidente en
todas las esferas de existencia, y ambos, itthì y purisa juntos, comprenden la totalidad.
Nuevamente, desde otro ángulo, los ariyas o seres espiritualmente transformados, y los
anariyas o seres mundanos sujetos a la rueda del renacimiento, comprenden la totalidad. Los
ariyas son aquellos que han entrado en el camino trascendental; se los halla en el mundo
humano y en los mundos celestiales y, por consiguiente, constituyen la punta de la pirámide
de la existencia sintiente. Los seres mundanos están en todas las esferas de existencia y
constituyen el cuerpo de la pirámide desde la base hasta la cúspide, por así decir. De igual
manera, las tres categorías de deva, manussa y vinipàtika —dioses, seres humanos y aquellos
caídos en estados de desgracia— comprenden la totalidad en términos de status cosmológico.
Los devas, los resplandecientes seres celestiales, comprenden la capa superior, los seres
humanos la capa intermedia y los vinipàtikas la capa inferior de la montaña cosmológica.
Cuando uno proyecta este anhelo total de que otros vivan felices, libres de hostilidad, aflicción
y angustia, no sólo se eleva a sí mismo a un nivel donde prevalece la verdadera felicidad, sino
que pone en movimiento poderosas vibraciones que conducen a la felicidad, apaciguan la
enemistad, alivian la aflicción y la angustia. Veremos, por consiguiente, que el amor universal
infunde simultáneamente bienestar y felicidad y remueve el sufrimiento mental y físico
causado por los contaminantes mentales de la hostilidad, la enemistad y la ira.
Uno duerme feliz; despierta feliz; no tiene malos sueños; es estimado por los seres humanos;
es estimado por los seres no-humanos; los dioses lo protegen; ni fuego, ni venenos, ni armas le
hacen daño; la mente consigue concentración rápidamente; la expresión del rostro es serena;
muere sin perturbación; e incluso, si no lograra alcanzar estados superiores, al menos
alcanzará el estado del mundo de Brahma.
Las diversas aplicaciones de mettà, como las indicadas por los términos “practicado”,
“desarrollado”, etc., significan una fuerza bien estructurada producida no sólo en las horas
específicas de meditación, sino también al convertir todas nuestras obras, palabras y
pensamientos en actos de mettà.
Por “desarrollado” (bhàvita) entendemos los diversos procesos de cultivo interno e integración
mental llevados a cabo por la práctica de la meditación del amor universal. Puesto que la
meditación produce una unificación de la mente por la integración de las diversas facultades,
es denominada desarrollo de la mente. El Buddha enseñó que el mundo mental en su totalidad
es desarrollado por la práctica de la meditación del amor universal, llevando a la liberación de
la mente y a la transformación de la personalidad.
“Usado como vehículo propio” (yànikata) significa un “compromiso total” con el ideal de mettà
como el único método válido para la solución de los problemas interpersonales y como un
instrumento para el crecimiento espiritual. Cuando mettà es la única “modalidad de
comunicación”, el único vehículo, la vida automáticamente se convierte en una “morada
divina” como se menciona en el Mettà Sutta.
“Hecho el fundamento de la propia vida” (vatthikata) es hacer de mettà la base de nuestra
existencia en todos los aspectos. Se convierte en el principal recurso, el puerto, el refugio de
nuestra vida, haciendo el refugio en el Dhamma una realidad.
“Plenamente establecido” (anutthita) se refiere a una vida que está firmemente arraigada en
mettà, que tiene anclaje en mettà bajo toda circunstancia. Cuando mettà es practicada sin
esfuerzo, ni siquiera por error uno viola las leyes del amor universal.
“Bien consolidado” (paricita) quiere decir que uno está tan habituado a mettà que permanece
inmerso en ello sin esfuerzo, tanto en la meditación como en la conducta cotidiana.
Los beneficios de mettà son verdaderamente grandes y profundos. Para un seguidor del
Buddha es un instrumento supremo que puede ser esgrimido con provecho dondequiera.
El Poder de Mettà
El beneficio subjetivo del amor universal es bastante evidente. El goce de bienestar, la buena
salud, la paz de la mente, los rasgos radiantes y el afecto y la buena voluntad de todos son, de
hecho, grandes bendiciones de la vida resultantes de la práctica de la meditación de mettà.
Pero lo que es aún más maravilloso, es el impacto que mettà tiene en el entorno y en los otros
seres, incluyendo animales y devas, como las escrituras Pali y los comentarios ilustran con
varias historias memorables.
Una vez el Buddha volvía de su ronda de limosnas junto a su séquito de monjes. Mientras se
acercaban a la prisión, en consideración a un fuerte soborno de Devadatta, el malvado y
ambicioso primo del Buddha, el ejecutor dejó suelto al feroz elefante Nàøagiri, que era
utilizado para la ejecución de criminales. Como el intoxicado elefante corrió hacia el Buddha
barritando aterrorizado, el Bienaventurado proyectó poderosos pensamientos de mettà hacia
el mismo. El Venerable Ànanda, asistente del Buddha, se preocupó tan profundamente por la
seguridad del Maestro que corrió frente a él para protegerlo, pero el Buddha le pidió que se
hiciera a un lado ya que la protección del amor en sí mismo era más que suficiente. El impacto
de la irradiación de mettà del Buddha fue tan inmediato y arrollador que para cuando el
animal se le acercó estaba completamente domado, como si un pobre borracho se hubiera
puesto sobrio de repente por el mágico poder de un hechizo. El elefante, se dice, se inclinó en
reverencia a la manera en que un elefante entrenado lo hace en un circo.
Visàkha decidió visitar Sri Lanka y pasar el resto de su vida allí como monje. En consecuencia,
cedió su gran fortuna a su esposa e hijos y abandonó el hogar con sólo una monada de oro. Se
detuvo por algún tiempo en la ciudad portuaria de Tàmralipi (la moderna Tamluk) esperando
un barco y, durante ese período, se dedicó a los negocios haciéndose con mil monedas de oro.
Finalmente llegó a Sri Lanka y se dirigió a la ciudad capital de Anuràdhapura. Allí fue hasta el
famoso Mahàvihàra y solicitó el permiso del abad para ingresar a la Sangha. Mientras era
conducido a la casa del capítulo para la ceremonia de ordenación, la bolsa que contenía las mil
monedas de oro se soltó de su cinturón. Cuando se le preguntó: “¿Qué es eso?”, él dijo:
“Tengo mil monedas de oro, señor”. Cuando le dijeron que un monje no puede poseer ningún
dinero, él respondió: “Yo no quiero poseer esto sino deseo distribuirlo entre todos los que
vengan a esta ceremonia”. Entonces abrió su bolsa y sembró todo el patio de la casa del
capítulo diciendo: “Nadie que haya venido a presenciar la ordenación de Visàkha se irá con las
manos vacías”.
Después de pasar cinco años con su profesor, decidió ir al famoso bosque de Cittalapabbata,
donde vivía un buen número de monjes con poderes sobrenaturales. De modo que se dirigió al
monasterio de Cittalapabbata en la jungla. En su trayecto llegó a una bifurcación en el camino
y se detuvo preguntándose qué rumbo tomar. Ya que él había estado practicando la
meditación de mettà asiduamente, encontró a cierto deva que vivía allí en una roca que con
una mano le señaló su camino. Al llegar al monasterio de Cittalapabbata en la jungla, ocupó
una de las cabañas.
Había permanecido allí por cuatro meses, y estaba pensando partir a la mañana siguiente,
cuando oyó a alguien llorar. Entonces preguntó: “¿Quién es?”. El deva que vivía en el árbol
manila al final del paseo dijo: “Venerable señor, yo soy Maniliya” —que significa perteneciente
al árbol manila.
“¿Por qué estás llorando?”
“Venerable señor, desde que tu vives aquí, los devas y otros seres no-humanos se tratan unos
a otros con benevolencia. Cuando te hayas ido comenzarán nuevamente sus discusiones y
riñas”.
“Bien, si mi vida aquí hace que todos ustedes vivan en paz, eso es bueno”. Y, de este modo, se
quedó por otros cuatro meses. Se dice que cuando nuevamente pensó marcharse, otra vez la
deidad lloró. Así este Anciano se quedó permanentemente y allí alcanzó el Nibbàna. Tal es el
impacto de mettà-bhàvanà en los otros, incluso en los seres invisibles.
Tenemos también la famosa historia de la vaca. Parece que una vaca estaba dando leche a su
ternero en el bosque. Un cazador que quería matarla arrojó una lanza que, al chocar contra su
cuerpo, rebotó como una hoja de palmera. Tan poderosamente fuerte es mettà —amor
benevolente. Este no es el caso de alguien que ha desarrollado mettà-samàdhi. Es un simple
caso de la consciencia del amor por la prole.
En verdad, del poder de mettà nunca se puede hablar lo suficiente. Los comentarios del Canon
Pali está repletos de historias, no sólo de monjes, sino también de personas ordinarias que
superaron diversos peligros, incluyendo armas y venenos, a través de la pura fuerza de mettà
—amor desinteresado.
Pero no hay que confundir mettà con un mero sentimiento. Es el poder del fuerte. Si los líderes
en las diferentes esferas examinaran a mettà, no encontrarían ningún principio o pauta de
acción que posea mayor eficiencia y provecho a todo nivel.
En todo, el hombre es la unidad última. Si el hombre decidiera sustituir, con mettà como
política de acción, la agresión y la malevolencia, el mundo se convertiría en una verdadera
morada de la paz. Porque es sólo cuando el hombre tenga paz dentro de sí, e ilimitada
benevolencia para con los demás, que la paz en el mundo será real y duradera.
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[3] Insight: Visión clara y penetrante de la verdadera naturaleza de las cosas, conocimiento
intuitivo, vipassanà, paññà. (N. del T.)
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Acharya Buddharakkhita
ISBN 955-24-0036-8
Traducción al español
E-mail: aopleon@[Link]