FACULTAD DE TEOLOGÍA DEL URUGUAY
“MONS. MARIANO SOLER”
Metodología de la Investigación
La misericordia de Dios proclamada por María en el Magnificat
Trabajo final del curso
Estudiante: Márgare VAIRO (3.455.048-9)
Docente: Pbro. Dr. Valentín GOLDIE
Montevideo, julio, 2023
LA MISERICORDIA DE DIOS
PROCLAMADA POR MARÍA
EN EL MAGNIFICAT
La misericordia de Dios se ha manifestado en diversas ocasiones a lo largo de la
Historia de la Salvación. Varios han sido aquellos que han tenido un rol preponderante en
el manifestar y recordar a los hombres la fidelidad del Señor a su Promesa. La persona que
ha cantado con más fuerza la realidad de un Dios Padre misericordioso, que nunca ha
dejado de actuar en favor de su Pueblo, es María. En la visita a su prima estalla en un
cántico de alabanza por las obras que Dios ha hecho en ella, y en ella, a toda la humanidad.
En el presente trabajo buscamos ver de qué manera Dios manifiesta su gran
misericordia. Sabemos que lo ha hecho de diversas formas y a través de diferentes
personajes de la historia de Israel. María ha cantado esa misericordia del Padre, ha
reconocido y bendecido al Señor por Su obrar. A ella la podemos llamar, con firmeza,
Madre de misericordia porque encarna el lado femenino de la ternura de Dios. Copartícipe
de tan excelsa gracia, dona lo que ha recibido.
Dividimos a este artículo, por su brevedad, en tres secciones articuladas por algunos
apartados. En la primera sección trataremos de ver cómo se relaciona María con la
Misericordia de Dios. Es fundamental descubrir cuál es la experiencia vivida en primera
persona. Valorar lo que está como fundamento de un reconocimiento y adhesión a un
proyecto. Ser testigo de la misericordia de Dios para luego transformarse en canal y
concluir con el ser signo eficaz del amor misericordioso. En una segunda sección queremos
compartir lo que ella ha compartido con nosotros en su cántico. Entrever, con una intuición
que llega desde la fe, el proceder de Dios. Descubrir cómo actúa nuestro Padre. Leer Su
pedagogía. Encaminar el conocimiento por experiencia de la persona, del pueblo, hasta
reconocer la fidelidad que excede todo derecho. Es sólo Gracia. La tercera sección quiere
subrayar cómo el Magnificat es expresión viva de ese encuentro entre la criatura y Dios,
entre Dios y su pueblo. Un verdadero encuentro exige un intercambio, un diálogo, y por
ende una respuesta. Escucha atenta y adhesión de la voluntad que requiere libertad. La
libertad de quien es pobre y se despoja libremente de su yo para unirse al Yo del amado.
2
Concluiremos afirmando que a través de su cántico María nos da a conocer el rol
preponderante que ocupa en la Historia de la Salvación. María es Modelo, Madre,
“sacramento” de misericordia. Gracias a su sí incondicional, viviendo en pobreza y entrega
total al proyecto de Dios, puede ser llamada y reconocida por todas las generaciones como
la bienaventurada.
1. María y la misericordia divina
Es indudable que María y misericordia divina están entrelazadas en una única
realidad dentro de la Historia de la Salvación. Porque «Dios es Amor» (1Jn1 4,8), se ha
querido manifestar y se manifiesta siempre, concretamente, usando testigos y mediadores
que hablen su mismo lenguaje de amor, para después transformarlos en verdaderos canales
de su divina misericordia.2
1.1. María, testigo inminente de la misericordia
«Por la elección que Dios ha hecho de ella y por su libre asentimiento es, en primer
lugar, testigo eminente de la misericordia divina».3 De frente a una experiencia vital, nadie
puede quedar paralizado y en silencio. El alma de una persona agradecida, desborda de
frente a la acción de quien es el centro de la propia vida y dador de los mayores dones.
Ser testigo es una de las características de María que la hacen partícipe activa en la
Historia de la Salvación poniendo de relieve la misericordia, atributo del Padre.
La relación entre las nociones de misericordia y de salvación divina entendida esta
última como «perdón del pecado e irrupción en la historia de la nueva vida en Cristo»,4 se
despliega como caridad y misericordia entendida como compasión. Perdón del pecado de la
humanidad entera, no del pecado de María que en previsión de los méritos de su Hijo fue
concebida sin pecado.
1
Primera carta del Apóstol San Juan. Todas las abreviaciones bíblicas están tomadas de la Biblia de
Jerusalén, Nueva Edición Manual. Las otras abreviaciones en este trabajo son: Cf.: confrontar; DCE: Carta
Encíclica Deus Caritas Est; LG: Constitución Dogmática Lumen Gentium; RM: Carta Encíclica
Redemptoris Mater; tr.: traductor; trs.: traductores.
2
Cf. Antonio Aranda, «La misericordia divina y el misterio de María», Estudios Marianos 83 (2017): 155.
3
Aranda, «La misericordia divina y el misterio de María», 155.
4
Aranda, «La misericordia divina y el misterio de María», 161.
3
El hijo que le ha de nacer no sólo es Kyrios y Theós, sino Sotér, Salvador. En el
Magnificat María celebra al Dios Salvador, lo canta como “mi Salvador”.5
Reconociendo en sí misma la acción misericordiosa del Padre, acepta el proyecto de
Dios y su colaboración en el proyecto de salvación desde una nueva perspectiva: la
misericordia. «Y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen»
(Lc 1, 50).
María es testigo del cumplimiento de la promesa. Ella considera su elección como el
cumplimiento de una promesa ancestral.
El Magnificat es la recapitulación de la entera historia de la salvación. Dios cumple
su promesa. Él es fiel.
Si bien no se puede llamar, al Verbo encarnado, la misericordia divina encarnada,
la revelación de su misterio es plena manifestación del amor misericordioso por el hombre,
del Padre. Cristo es la manifestación histórica plena de la divina misericordia. María ha
podido experimentar que la encarnación del Verbo en ella es la expresión más profunda de
la misericordia de Dios.6
«Alaba mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador,
porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava. […] Santo es su nombre y su
misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen» (Lc 1, 46b-48. 49b-
50). Su misericordia “de generación en generación” toca a María que lo reconoce y canta
Sus favores.
El Padre la elige para hacer notar que la obra de la salvación proviene de Él. No
depende de la grandiosidad de la persona, de sus dones humanos, de su inteligencia, de su
bondad, ni siquiera de un trabajo de voluntad personal. Él se revela y elige al más humilde,
a quien se sabe creatura, hijo, dependiente absoluto de Aquel a quien ha puesto al centro de
su vida. Él es el único salvador y Señor. María su esclava.
En Su amor preveniente, el Padre usa misericordia en María para actuar el momento
cumbre de Amor misericordioso: su encarnación, muerte y resurrección. Porque le plugo,
proyectó actuar con misericordia, proyectó salvarnos, y a través de su Madre, dice todo el
5
Cf. Aranda, «La misericordia divina y el misterio de María», 163.
6
Cf. Aranda, «La misericordia divina y el misterio de María», 170-171.
4
amor que se hace expresión de comunión entre todos los hombres. María y misericordia de
Dios son sinónimos si así lo podemos expresar.
1.2. María, mediadora y canal de misericordia
La alegría de María transmite el sentido profundo de su creaturalidad, de su
dependencia absoluta de Dios.
María es, por excelencia, la mediadora y la voz más elocuente del Padre. Nadie
como ella es intérprete fiel del mensaje de salvación. Ella no puede no gozar de la
participación más elevada de los atributos de Dios.
El misterio de María, de su propia historia de salvación, de su ser “misericordiada”
y, por serlo, transformarse en Madre misericordiosa, nos ayuda a descubrir en su cántico la
desbordante, agradecida y gozosa participación como canal de la gracia.«A ella la
encontramos desde el principio movida a misericordia, en las bodas de Caná de Galilea,
donde suscita con su intercesión el comienzo de los milagros de Jesús; y la encontramos
también atrayendo, antes de Pentecostés, la misericordia divina al implorar con sus
oraciones el don del Espíritu, que en la Anunciación la había cubierto con su sombra». (LG
59).
En su maternidad María no puede no ser compasiva con la miseria de sus hijos. Se
hace una con el Hijo y envuelve a los hijos con su misericordia. Ella sabe cuán alto es el
precio de la misericordia divina porque en primera persona es quien lo conoce más a
fondo.7 Tomando sus palabras en el cántico, alabando al Padre, nosotros podríamos
proclamar, refiriéndonos a ella: su misericordia llega a sus fieles [a sus hijos], de
generación en generación. Porque su maternidad no ha quedado a los pies de la Cruz en el
evento histórico de nuestra salvación, sino que ha trascendido y trasciende toda la historia
humana.
A ella la encontramos movida a misericordia en la cotidianidad. Reflejo fiel de la
misericordia de Dios manifestada en la paciente espera de nuestros tiempos.8
María viene a nuestro encuentro como aquel canal de misericordia que nos trae a
Jesús. No viene sola. Como en el encuentro con santa Isabel nos trae al Salvador. No es un
7
Cf. Aranda, «La misericordia divina y el misterio de María», 170.
8
Cf. José María Arnaiz, «Llevar la vida consagrada a la Visitación de María a Isabel y la Visitación a nuestra
vida cotidiana», CLAR, n.º 2 (2016): 31.
5
encuentro cualquiera, es el encuentro de y en una realidad que va más allá de lo
simplemente humano. Porque llena de Dios nos trae a Dios.
Se cumple en nosotros y en nuestro hoy, una nueva visitación. El encuentro
cotidiano con María, mediadora de Gracia, Madre de Misericordia, nos lleva a la esperanza
de una fecundidad en el presente que va más allá de nuestras capacidades o de nuestros
límites. Nuestra memoria se vuelve memoria agradecida viendo el pasaje del amor
misericordioso en nuestra historia. Transforma nuestra pasión evangelizadora en una pasión
comprometida y nuestra esperanza se torna activa, dinamizadora.9
El encuentro se hace comunicación que conlleva, a su vez una exigencia: el
acompañamiento. La Gracia vivida en comunidad enriquece. María e Isabel se acompañan,
no sólo se acogen y se animan y esto se transforma en una bendición para ambas. 10
1.3. María, “Sacramento” del amor misericordioso de Dios
Sacramento o misterio. ¿Cómo podemos definir a estas palabras?
Sabemos que misterio es una realidad divina, trascendente y salvífica que se
manifiesta visiblemente de alguna manera, no totalmente, por ser trascendente. Es signo e
instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano.
De María podríamos afirmar que es ese canal eficaz de la misericordia de Dios. Si
bien no se podrá definir con una certeza de dogma, aseverar de María, como dicho en LG 1
acerca de la Iglesia, es “como sacramento”, no es del todo erróneo, teniendo en cuenta las
salvedades.
Nombrada Madre de la Iglesia, no puede, como Madre, no tener las características
de quien ejerce esa maternidad.
En María encontramos la seguridad de una Mujer y Madre, portadora de los
atributos divinos. Participando con su Hijo de la obra salvadora del Padre; manifestando en
su vida terrena la adhesión total, fiel y humilde al proyecto de su y nuestro creador es,
además de testigo, mediadora y canal de misericordia, “sacramento” del Amor
misericordioso de Dios que se inclina hacia la humanidad para salvarla.
9
Cf. Arnaiz, «Llevar la vida consagrada a la Visitación de María a Isabel y la Visitación a nuestra vida
cotidiana», 32.
10
Cf. Arnaiz, «Llevar la vida consagrada a la Visitación de María a Isabel y la Visitación a nuestra vida
cotidiana», 33.
6
En el Magnificat María canta grandes prodigios, celebra altos misterios, reconoce
beneficios magníficos. Canta al Creador que lleva en su seno. Canta la misericordia de un
Dios que nos otorga el mayor de los beneficios en un acto extremo de misericordia, ¡la
salvación!11 Su canto no es un canto estéril. Es cántico fecundo que la transforma en ese
“ser sacramento”.
Donando, regalándose, Dios es un Dios alegre. No regala misericordia desde una
postura de lástima hacia su creatura. Porque es Amor, es feliz en su amar. También bajo
este aspecto podemos afirmar que María es sacramento de esa felicidad y alegría en la
vivencia y en el donar misericordia. En su cántico son prácticamente las primeras palabras
usadas por nuestra Madre. El Magnificat se desarrolla en un “clima de magnificación”, de
exaltación de Dios y de las grandes obras que Él realizó en el mundo a favor y a través de
María. Es un himno de gratitud.12
Porque vacía de sí misma, ante Dios y ante los hombres, canal perfecto y
sacramento de la misericordia.13 Ella hace “eficaz” ese regalo para nosotros.
Como un río que desborda cuando las aguas abundan, empapando todo lo que lo
circunda, así María, porque llena hasta el extremo, en su vaciamiento interior, de la Gracia
divina, llena de estos mismos bienes a la humanidad.
2. En el Magnificat María nos habla del “proceder de Dios” a lo largo de
la Historia de la Salvación
Hasta ahora el cántico de María es un himno de alabanza a la misericordia de Dios.
Ella expresa su maravilla de frente al proceder del creador. Tomando conciencia de esta
realidad canta y nos ayuda a descubrir la misericordia de Dios actuada en aquellos que, en
sintonía con Su Palabra, saben “leer” el pasaje de Dios en la Historia de Salvación personal,
y del pueblo.
El júbilo de María no es otra cosa que la alegría por la obra de la redención, por la
que Dios ha revelado su grandeza “viniendo” a salvar a su pueblo. Lejos de ser un Dios
11
Cf. Boff, Clodovis. 2023. Lectura sociomariológica de los textos marianos del Nuevo Testamento,
tr.: María del Pilar Silveira. [Link]
12
Cf. Boff 2023.
13
Cf. Boff 2023.
7
“justiciero”, se muestra benévolo, inclinándose hacia la creatura herida por el pecado,
libremente, por propia opción alejada de Él, le ofrece la gratuidad de la salvación.14
Las palabras de María, nacen de la misma Palabra de Dios. «(María) habla y piensa
con la Palabra de Dios […] La Palabra de Dios se convierte en palabra suya» (DCE 41).
2.1. El “proceder de Dios” con María
Misericordia, misericordia, misericordia… Podríamos llamarla “misericordia
preveniente”. Porque en vistas de la misión de la Madre: dar a luz al Verbo, la colma de la
Gracia de la pureza.
Inmaculadamente concebida, sin mancha alguna de pecado y virginalmente madre
antes, durante y después del parto, María se hace una con el Padre para dar lugar a la Gracia
que se derramará sobre todos los hijos.
Si el proceder de Dios se dio de esta manera, no es de menor importancia el hecho
de la respuesta de María. Su “sí” nos lleva a recordar al sí de Abraham. El «nada es
imposible para Dios» (Lc 1, 37), dicho por el ángel, nos recuerdan al «¿es que hay algo
extraordinario para Dios?» (Gn 18, 14) dicho a Abraham. Así como a él se le atribuye el ser
padre de los creyentes, a ella se le puede atribuir con firmeza el título de “Madre de los
creyentes”.15
Creer y esperar como María el cumplimiento de la promesa de Dios, es el camino de
cada cristiano, de cada bautizado. La actitud, el “proceder” de Dios con María, es el mismo
proceder que Él tiene con cada uno. Espera la confianza de los hijos, a diferencia de la
desconfianza que generó el primer pecado.
Sana a la humanidad desde “las raíces” de su propia fragilidad, pasando por el
enaltecer a la más pequeña de sus siervos.
El Magnificat no es un hecho aislado, sino que está situado en el contexto amplio de
la Historia de la Salvación.
María, como de hecho el resto del pueblo de Israel, esperaba ese momento de la
historia. Como segundo momento de su cántico el evangelista pone de relieve los motivos
de estas alabanzas, de este júbilo.
14
Cf. Pedro Cabello Morales, «Como vuestro Padre es misericordioso», Isidorianum 25, n.º 50 (2016): 296.
15
Cf. Cabello Morales, «Como vuestro Padre es misericordioso», 296.
8
El himno retoma el «fiat» dicho en la Anunciación donde María también se
reconoce como esclava, como sierva.16
Cabello Morales afirma: «Es propio de la verdadera humildad saber situarse
correctamente. Las alabanzas de Isabel (Lc 1, 42-43) no son rechazadas por María ni se las
apropia indebidamente, sino que las “encauza” a Dios, reconociendo que todo en ella es
obra de su gracia, don de haberse “fijado” en ella».17 Humildad que es asumida por la
Virgen como verdadero humus que da lugar a la siembra para una buena y abundante
cosecha.
Es actitud y modo cierto del “proceder” de Dios el mirar la situación de pobreza de
sus fieles. «[Dios] me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva» (Lc 4, 18). Su
estar atento a la aflicción del pueblo y no quedarse “mudo”. Manifiesta su misericordia y la
transmite a través de los más pequeños, de los anawin, aquellos que reconocen la propia
pobreza delante del Señor, aquellos que se saben “nada” sin Dios. «Su amor preferencial
por los pobres está inscrito admirablemente en el Magnificat de María» (RM 37).18 Y así
“procede” con ella.
2.2. El “proceder de Dios” en los diversos grupos y Su fidelidad
«Su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen» (Lc 2,
50). Hasta este momento María ha “estallado” en un canto de alabanza, de alegría y júbilo
por el actuar de Dios en su vida. Reconoce su pequeñez y lo exalta. Pero no se detiene en
ella. Pasa enseguida a generalizar y presenta a un Dios que habitualmente actúa de ese
modo. Subraya ese “modo de proceder habitual de Dios” de forma permanente, para
manifestar siempre su renovada misericordia.19
En el Magnificat podemos apreciar el uso de siete verbos en aoristo, una forma
verbal que “prolonga” la acción en el tiempo. Hace proezas, dispersa a los soberbios,
derriba del trono a los poderosos, enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de
bienes, a los ricos los despide, auxilia a Israel…20
16
Cf. Cabello Morales, «Como vuestro Padre es misericordioso», 296.
17
Cf. Cabello Morales, «Como vuestro Padre es misericordioso», 296-297.
18
“Destacado en el original”.
19
Cf. Cabello Morales, «Como vuestro Padre es misericordioso», 298.
20
Cf. Cabello Morales, «Como vuestro Padre es misericordioso», 298.
9
Si bien en la Nueva Edición Manual de la Biblia de Jerusalén encontramos esos
verbos traducidos como una acción ya acabada en el tiempo: desplegó la fuerza de su brazo,
dispersó a los de corazón altanero, derribó a los potentados de sus tronos, exaltó a los
humildes, a los hambrientos colmó de bienes, despidió a los ricos, acogió a Israel su siervo;
sabemos que en Dios el tiempo “no existe”, y su misericordia permanece.
Podemos ver cómo es el “proceder” de Dios: siempre del lado del más débil, del
último. Tiene misericordia. Vemos cómo el Dios de la misericordia devuelve al último, en
un cierto sentido, la dignidad. Los coloca “en el podio”. Los enaltece, los colma de bienes.
María es imagen de los últimos. Ella está «impregnada del espíritu de los “pobres de
Yahvé” que en la oración de los Salmos esperaban de Dios su salvación, poniendo en Él
toda su confianza».21 Pero ella no canta solamente una liberación humana, por importante
que sea, sino que canta la salvación escatológica de Dios. En el texto final del Magnificat
es clara esta dimensión y su base es esta liberación soteriológica.22
3. El Magnificat: expresión de encuentro de Dios con su Pueblo
El Magnificat canta el misterio del encuentro entre Dios y el Pueblo elegido, y en él
con toda la humanidad. Es un encuentro de amor que hace concreto el proyecto de la
salvación.
En el cántico de alabanza que eleva María al Creador, la misericordia se manifiesta
también como relación, y ésta transparentada en una acción muy concreta: la visita de
María a su prima Isabel como “signo” de la visita de Dios; en primer lugar a la Virgen y en
ella a todo el Pueblo, a toda la humanidad.
María sigue siendo «el lugar visible del favor de Dios para toda la humanidad»23
proclamando el cumplimiento universal de la Promesa. Es el lugar visible del encuentro de
Dios con su Pueblo, encuentro que ella declara para siempre. Ya no se trata de “encuentros
esporádicos”, sino encuentros en la sencillez de la vida de todos los días.24
Podríamos decir que en la Visitación María vive el segundo encuentro con Dios. El
primero, en la Anunciación.
21
Cf. Cabello Morales, «Como vuestro Padre es misericordioso», 298.
22
Cf. Boff 2023.
23
Uriel Salomón Salas, «El Magnificat». CLAR 56, n.º 2 (2018): 120.
24
Cf. Salomón Salas, «El Magnificat», 120.
10
3.1. Encuentro y respuesta al encuentro en la libertad
«El tema de la visita forma una inclusión al principio y al final del Benedictus y
señala, por tanto, la gratitud, la alabanza y la acción de gracias a Dios por su visita».25
Estas actitudes de gratitud las vemos concretizadas en una respuesta de obediencia
filial que implica, una vez más, la renuncia a todo proyecto humano. Para María tener que
partir seguramente no fue algo fácil. Fue necesaria de parte de ella una adhesión consciente
y libre. Un sí pleno. Un sí que no admite demoras. Por eso: «se dirigió con prontitud a la
región montañosa, a una población de Judá» (Lc 1, 39b). La Gracia y la acción del Espíritu
actúan en el sí renovado de María.
En el encuentro se establece una relación buena a tal punto de hacer “salir” del
corazón de María toda su riqueza.26
Es una relación constructiva que ayuda a dar sentido a la vida de todos los días.
Podríamos decir que ayuda a transformar lo ordinario del cotidiano en algo realmente
extraordinario. Y no sólo esto, sino que nos ayuda a dar un sentido a cada cosa, a cada
evento; aquello que nos recuerda san Pablo en su primera carta a los Corintios: «Por tanto,
ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios» (1Cor,
10, 31).
María sabe de la necesidad de su prima anciana y se dirige a su encuentro para
compartir con ella la cotidianidad de mujeres encinta, milagrosamente encinta. Una muy
joven, la otra muy anciana.
El espíritu de servicio de la Madre del Salvador se concretiza y comienza una
relación humana verdadera y profunda, motivo de reciprocidad en la relación de donde
brota el Magnificat.27
Los dos vientres que se encuentran en la visitación, signo de vida, son el encuentro
de las dos Alianzas de la historia de la salvación. La primera Alianza representada por
Isabel y la segunda y definitiva representada por María. «Dios visita a su pueblo en los
misericordiosos y son éstos quienes lo llevan a los otros». 28 Lo llevan en y con toda su
25
Carlo Maria Martini, El Evangelio de María, (Cantabria: Sal Terrae, 2018), 21.
26
Cf. Martini, El Evangelio…, 27.
27
Cf. Martini, El Evangelio…, 25-26.
28
Cf. Ana Francisca Vergara Abril, «Dios visita a su pueblo en María», Albertus Magnus 7, (2016): 132, doi:
[Link]
11
persona. Una vez más podemos decir: “como sacramento” de esa realidad que se hace
palpable y en cierto modo visible y más cercana.
La presencia de María hace saltar de gozo a Juan en el seno de Isabel. Ella con su
presencia “comunica al Salvador” que es reconocido por el precursor. Al mismo tiempo
hace surgir en Isabel el espíritu de profecía que le hace comprender el momento y la
maternidad de la joven prima.29
Si en la Anunciación María vive “sola” el encuentro, en la Visitación éste es
“compartido”, visto y proclamado por su prima.
Dios misericordia se manifiesta en un encuentro donde la relación de bondad
despierta la libertad de la elegida que adhiere al Misterio para el bien de sus hermanos, para
llevar a cabo el proyecto de salvación del género humano.
3.2. María, modelo de libertad y pobreza evangélica
El cumplimiento de las promesas es la manifestación del Amor del Padre por su
pueblo. María forma parte del coro que proclama esa verdad definiéndose a partir de lo que
Dios ha hecho en su vida.
«Porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava. Desde ahora todas las
generaciones me llamarán bienaventurada» (Lc 1, 48). María reconoce su pequeñez de
frente a la grandeza divina.
María es la pobre por excelencia, y no por ser carente de algo, sino por su
experiencia de Dios, principalmente la de Su justicia y misericordia.30 Pobreza que va de la
mano de la humildad y no entendida como “sumisión pasiva”. María es una mujer fuerte y
determinada, firme, libre. Características todas de quien está en Dios y llena de Su Espíritu.
María no obedece porque sí. Como joven madre, se presenta como una mujer madura,
decidida.31
María manifiesta su libertad y su pobreza en el entusiasmo, en la exaltación de
ánimo de frente a la realidad en la que ha sido “envuelta”. «Para los griegos la palabra
entusiasmo enthousiasmos significa “tener un dios dentro de sí”. La persona entusiasmada,
29
Cf. Martini, El Evangelio…, 25-26.
30
Cf. Salomón Salas, «El Magnificat», 122.
31
Vergara Abril, «Dios visita a su pueblo», 126.
12
por lo tanto, es aquella guiada por la fuerza y la sabiduría de un dios capaz de hacer que
ocurrieran cosas».32 «Porque ha hecho en mi favor cosas grandes el Poderoso» (Lc 1, 49)
Podemos decir, entonces, que porque entusiasta: libre y pobre. Su libertad donada a
Dios, crece. Y a diferencia de la primera Eva, más libre porque más obediente. Rica en su
pobreza, nos ha enriquecido y enriquece a todos.
Conclusiones
La misericordia de Dios se ha manifestado a lo largo de toda la Historia de la
Salvación. El Señor, eligiendo a un pueblo y dentro de él a algunas personas para ser
portavoces y testigos de Su amor, se manifiesta misericordioso a través de varias
intervenciones.
Llegado el momento que Dios estableció para la venida de su Hijo, eligió a María.
Sobre ella posa su mirada de predilección. La llama y en su libertad la elegida responde con
total disponibilidad y abandono.
Desbordante de la vida de Dios en ella, María se transforma en canal de gracia para
toda la humanidad. Como madre del Salvador participa con Él de la obra de salvación que
el Padre ha pensado desde siempre para todo el género humano.
A los pies de la Cruz, Jesús nos la regala como Madre. Pero ella ha sido madre
desde siempre porque ha asumido en primera persona la misma misión del Hijo.
Su rol es muy definido, sumamente “claro”, fuerte. Nos habla de la gran misión que
Dios le encomendó y que no terminó en el momento de la Anunciación.
María ha sido llamada para decir con toda su vida, acompañando al pueblo elegido
y en éste a toda la humanidad, la necesidad del verdadero abandono en Dios. Abandono a
Su proyecto en pos de la salvación. Llamada a ser signo evidente, eficaz, de la misericordia
de Dios, se transforma en el rostro visible, femenino, materno del Creador.
María, testigo de la misericordia del Padre ha sido llamada a ser Madre de
misericordia. Ha sido y es la expresión más genuina de ese Amor insondable del Padre.
En el cántico del Magnificat proclama la grandeza del Señor, su compasión. Un
papel importante y muy significativo que traduce el recorrido de la historia de la salvación.
32
Vergara Abril, «Dios visita a su pueblo», 131.
13
Ayudó y hoy nos sigue ayudando aún, a reconocer el pasaje de Dios en la historia. Permitió
y permite hacer memoria de las proezas realizadas en pos de la salvación.
14
Bibliografía
Aranda, Antonio, «La misericordia divina y el misterio de María», Estudios Marianos 83,
(2017): 155-183.
Arnaiz, José María, «Llevar la vida consagrada a la Visitación de María a Isabel y la
Visitación a nuestra vida cotidiana», CLAR, n.º 2 (2016): 29-41.
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Morla Asensio, Víctor y García Rodríguez, Santiago, trs., Biblia de Jerusalén, Nueva
Edición Manual. Bilbao: Desclée De Brouwer, 2009.
Boff, Clodovis, Lectura sociomariológica de los textos marianos del Nuevo Testamento, tr.
María del Pilar Silveira. [Link]
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(2016): 287-334.
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1964.
Juan Pablo II. Carta Encíclica Redemptoris Mater. Roma, 1987.
Martini, Carlo María, El Evangelio de María. Cantabria: Sal Terrae, 2018.
Salas, Uriel Salomón, «El Magnificat», CLAR 56, n.º 2, (2018): 115-123.
Vergara Abril, Ana Francisca. «Dios visita a su pueblo en María», Albertus Magnus7
(2016): 123-135, doi: [Link]
15
Índice
LA MISERICORDIA DE DIOS PROCLAMADA POR MARÍA
EN EL MAGNIFICAT…………………………….………………………….……….…. 2
1. María y la misericordia divina……………..………………………………………..… 3
1.1. María, testigo inminente de la misericordia…..…..…………………………..3
1.2. María, mediadora y canal de misericordia…….…………………………...…5
1.3. María, “Sacramento” del amor misericordioso de Dios…………………...…6
2. En el Magnificat María nos habla del “proceder de Dios”
a lo largo de la Historia de la Salvación…………………………………………...….7
2.1. El “proceder de Dios” con María…..…..……………………..……………....8
2.2. El “proceder de Dios” en los diversos grupos y Su fidelidad……………..… 9
3. El Magnificat: expresión de encuentro de Dios con su Pueblo…………………...... 10
3.1. Encuentro y respuesta al encuentro en la libertad……………..………..….. 11
3.2. María, modelo de libertad y pobreza evangélica……………………………. 12
Conclusiones………………………………………………………………………..……. 13
Bibliografía…………………………………………………………………………….… 15
Índice……………………………………………………………….………………..…… 16
16