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Impacto del COVID-19 en la Educación

El documento describe los efectos de la pandemia de COVID-19 en diferentes ámbitos como la salud mental, la educación y las desigualdades. Explica cómo el cierre de escuelas afectó de manera desproporcionada a ciertos grupos y aumentó las brechas educativas preexistentes.

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Impacto del COVID-19 en la Educación

El documento describe los efectos de la pandemia de COVID-19 en diferentes ámbitos como la salud mental, la educación y las desigualdades. Explica cómo el cierre de escuelas afectó de manera desproporcionada a ciertos grupos y aumentó las brechas educativas preexistentes.

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Introducción

El objetivo del presente trabajo es hacer una primera aproximación a los desafíos y
lecciones de la crisis generada por la pandemia de COVID-19 o la pandemia

Es una enfermedad que se extiende a muchos países y continentes, traspasa gran


número de fronteras, supera el número de casos esperados y persiste en el tiempo;
además, ataca a casi todos los individuos de una localidad o región.
Por orden de importancia en cuanto al grado de extensión de una enfermedad o el
número de personas afectadas se habla de endemia, epidemia y pandemia (esta
última cuando afecta a poblaciones de todo el mundo.
En pocas palabras, el término pandemia hace referencia a la afectación geográfica o
numérica en cuanto al número de casos afectados y nunca referencia a la gravedad
clínica del proceso.

“COVID-19” es el acrónimo del término en inglés “coronavirus disease 2019”, que


significa “enfermedad del coronavirus 2019”. Es una infección del tracto respiratorio
causada por un nuevo tipo de coronavirus que comenzó en el año 2019. Una infección
del tracto respiratorio es una enfermedad que afecta la nariz, la garganta, las vías
respiratorias o los pulmones. La COVID-19 es muy contagiosa y se propaga fácilmente
de una persona a otra.

Mas adelante estaremos abordando algunos de los ámbitos más destacados en la


pandemia.
Antecedentes históricas de la pandemia

A finales del 2019 en el mes de diciembre, Wuhan, China se convirtió en el


epicentro de un brote de neumonía de etiología desconocida que no cedía ante
tratamientos actualmente utilizados. En pocos días los contagios aumentaron
exponencialmente, no solo en China Continental sino también en diferentes
países. El agente causal fue identificado, un nuevo coronavirus (2019-nCoV)
posteriormente clasificado como SARS-CoV2 causante de la enfermedad
COVID-19. El 11 de marzo del 2020 la Organización Mundial de Salud declara
a esta enfermedad como una pandemia. La presente revisión tiene como
finalidad exponer las causas y el origen de esta pandemia, así como las
posibles medidas para contenerla.

En diciembre del 2019, la provincia de Hubei en Wuhan, China, se convirtió en


el epicentro de un brote de neumonía de causas desconocidas. 1 Un grupo de
pacientes se presentó a diferentes hospitales con diagnósticos de neumonía de
etiología no conocida. La mayoría de estos pacientes fueron vinculados
epidemiológicamente a un mercado mayorista de pescados, mariscos y animales
vivos y no procesados en la provincia de Hubei.2,3

El gran crecimiento económico de las regiones del sur de China, llevó a una alta
demanda de proteína animal, incluyendo animales exóticos, como culebras,
civetas, pangolines y murciélagos. Las deficientes medidas de bioseguridad en
los mercados de alimentos, han permitido que los virus se transmitan entre
animales y desde animales a humanos.4 A esta transmisión de enfermedades de
animales a humanos se le conoce con el término de zoonosis. 5 Durante la
epidemia del SARS en 2002-2003, la rápida diseminación global se vio
favorecida por el desconocimiento inicial en relación al manejo de los pacientes
contagiados y el tráfico aéreo internacional.4 Lo mismo ha sucedido en esta
ocasión con el SARS-CoV2.

Son múltiples los efectos psicosociales que puede experimentar una población
expuesta a una epidemia. Así, por ejemplo, después del brote del SARS-CoV en
Taiwán, se evidenció una perspectiva pesimista de la vida en alrededor de un
10% de la población en los meses posteriores al brote, acompañada de una
prevalencia de morbilidad psiquiátrica del 11,7%. (12) Durante la misma época
en Singapur, cerca del 27% de los trabajadores de la salud reportaron síntomas
psiquiátricos luego de la epidemia. (13) Así mismo, se halló que el 20% de los
médicos y enfermeras sufrieron TEPT, el análisis mostró que aquellos que
percibieron apoyo de supervisores y colegas fueron menos propensos al TEPT
(9). En esa línea de investigación, un estudio en Hong Kong reportó que el 89%
de los trabajadores de la salud que se encontraban en situaciones de alto riesgo
informaron síntomas psicológicos. (14, 15) Otro estudio de cohorte realizado en
la misma región halló que en los profesionales de salud había tasas más altas
de TEPT en comparación con los sobrevivientes del SARS-CoV (40.7% vs 19%),
(3) la incidencia acumulada de trastornos mentales en los sobrevivientes fue del
58.9%, distribuidos así: 44% trastornos depresivos, 47.8
La pandemia en el ámbito educativo
En el ámbito educativo, gran parte de las medidas que los países de la región
han adoptado ante la crisis se relacionan con la suspensión de las clases
presenciales en todos los niveles, lo que ha dado origen a tres campos de
acción principales: el despliegue de modalidades de aprendizaje a distancia,
mediante la utilización de una diversidad de formatos y plataformas (con o sin
uso de tecnología); el apoyo y la movilización del personal y las comunidades
educatvas, y la atención a la salud y el bienestar integral de las y los
estudiantes.
Los cierres de escuelas provocados por el coronavirus afectaron
desproporcionadamente a los niños y las niñas, porque no todos tuvieron las
oportunidades, las herramientas o el acceso necesarios para seguir
aprendiendo durante la pandemia.
Para millone de estudiantes, el cierre de escuelas no será una interrupción
temporal de su educación, ino un final abrupto de la misma.
La educación debería estar en el centro de los planes de recuperación de todos
los gobiernos, para que la educación sea gratuita y accesible a todos los niños
y las niñas del mundo.
‘Los años no les esperan’: el aumento de las desigualdades en el derecho a la
educac la pandemia de Covid-19”), documenta cómo el cierre de escuelas
provocado por el Covid afectó a los niños, niñas y adolescentes de forma
desigual, ya que no todos tuvieron las mismas oportunidades, las herramientas
o el acceso necesarios para seguir aprendiendo durante la pandemia. La gran
dependencia desaprendizaje en línea exacerbó la distribución desigual
existente en la educación, reveló Human Rights Watch. Muchos gobiernos no
contaban con las políticas, la infraestructura ni los recursos necesarios para
desarrollar el aprendizaje en línea de manera que se garantizara que todos los
niños y las niñas pudieran participar en igualdad de condiciones.
“Ahora que millones de niños y niñas se vieron privados de una educación
durante la pandemia, es el momento de reforzar la protección del derecho a la
educación mediante la reconstrucción de sistemas educativos mejores, más
equitativos y sólidos”,, investigadora principal de educación de Human Rights
Watch.
Para millones de estudiantes, el cierre de las escuelas no será una interrupción
temporal en su educación, sino un final abrupto de la misma, advirtió Human
Rights Watch. Muchos niños y niñas comenzaron a trabajar, se casaron, se
convirtieron en madres o padres, están desilusionados con la educación y han
llegado a la conclusión de que no pueden ponerse al día, o sobrepasan ya la
edad para recibir la educación gratuita u obligatoria garantizada por las leyes
de su país.

Incluso para los estudiantes que regresaron a clases, o que regresarán a sus
aulas, los datos y estudios sugieren que durante años seguirán sintiendo las
consecuencias del aprendizaje que perdieron durante la pandemia.
El daño a la educación de muchos niños y niñas se basa en problemas
preexistentes: uno de cada cinco niños estaba sin escolarizar incluso antes de
que el Covid-19 comenzara a propagarse, según datos de la ONU. El cierre de
escuelas provocado por el Covid-19 tiende a perjudicar especialmente a los
estudiantes de grupos que son sujetos de discriminación y exclusión de la
educación incluso antes de la pandemia.
Entre ellos se encuentran los niños y las niñas que viven en la pobreza;
los niños, niñas y adolescentes con discapacidad; las minorías étnicas y
raciales de un país; las niñas de países con desigualdades de género; niños y
niñas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero (LGBT); los niños y
“Los gobiernos contaban con años de pruebas sólidas que les mostraban
exactamente qué grupos de niños y niñas tenían más probabilidades de sufrir
educativamente durante el cierre de las escuelas, y sin embargo son ellos los
que se han enfrentado a algunas de las mayores barreras para continuar sus
estudios”, dijo Martínez. “La mera reapertura de las escuelas no deshará el
daño, ni siquiera garantizará que todos los niños y las niñas vuelvan a la
escuela”.
Los niños y niñas de familias con bajos ingresos corrían un mayor riesgo de
verse excluidos del aprendizaje en línea porque no podían permitirse un
internet o unos dispositivos suficientes. Las escuelas con recursos
históricamente insuficientes, y con alumnos que ya se enfrentaban a mayores
obstáculos en su aprendizaje, tuvieron que esforzarse especialmente para
llegar a sus alumnos a través de las brechas digitales. Los sistemas educativos
a menudo no han proporcionado formación en materia de alfabetización digital
a estudiantes y docentes para garantizar que puedan utilizar estas tecnologías
con seguridad y confianza.
La educación debe estar en el centro de los planes de recuperación de todos
los gobiernos, dijo Human Rights Watch. Los gobiernos deberían abordar tanto
el impacto de la pandemia en la educación de los niños como los problemas
preexistentes. A la luz de las profundas presiones financieras sobre las
economías nacionales a causa de la pandemia, los gobiernos deberían
proteger y priorizar la financiación de la educación pública.

Los gobiernos y las escuelas deberían analizar quiénes abandonaron la


escuela y quiénes regresaron y asegurarse de que los programas de regreso a
la escuela busquen a todos los que la abandonaron, incluso proporcionando
beneficios financieros y sociales. El alcance de las campañas de regreso a la
escuela debe ser amplio y acoger a los niños, niñas y jóvenes que ya estaban
fuera del sistema educativo cuando las escuelas tuvieron que cerrar.
Todos los gobiernos, así como los donantes y los actores internacionales que
los apoyan, deberían ser firmes en sus compromisos para fortalecer los
sistemas de educación pública inclusiva. La construcción de sistemas más
sólidos requiere una inversión adecuada y una distribución equitativa de los
recursos, así como la rápida eliminación de las políticas y prácticas
discriminatorias, la adopción de planes para reparar el derecho a la educación
de millones de estudiantes y la provisión de una conexión a Internet asequible,
fiable y accesible para todos los y las estudiantes.
“La educación de los niños se perdió en un esfuerzo por proteger las vidas de
toda la población del coronavirus”, dijo Martínez. “Para compensar su, los
gobiernos deben estar a la altura del desafío y hacer que la educación sea
gratuita y esté disponible para todos los niños y niñas del mundo”.
Las décadas de progreso lento pero constante en la educación de más niños y
niñas en todo el mundo terminaron abruptamente en 2020. En abril, una cifra
sin precedentes de 1.400 millones de estudiantes se quedó fuera de sus
escuelas de preescolar, primaria y secundaria en más de 190 países, en un
esfuerzo por frenar la propagación del coronavirus, según la UNESCO. Las
escuelas de algunos países volvieron a retomar sus actividades, o se abrieron
para algunos alumnos, mientras que en otros no han vuelto a la escolarización
presencial desde entonces. Durante el cierre de las escuelas, en la mayoría de
los países, la educación se trasladó a Internet o se impartió de otra manera a
distancia, pero con grandes diferencias en cuanto a acogida y calidad.
Cuestiones como el acceso a Internet, la conectividad, la accesibilidad, la
preparación del material, la formación del cuerpo docente y la situación en el
hogar, influyeron mucho en la viabilidad de la enseñanza a distancia.
Human Rights Watch encontró tendencias y patrones comunes en todos los
países, pero no hizo conclusiones generalizadas sobre cómo la pandemia
afectó a la educación y a otros derechos de los niños y niñas en países
individuales. Entrevistó a personas de 60 países: Alemania, Armenia, Australia,
Bangladesh, Bélgica, Brasil, Burkina Faso, Camboya, Camerún, Canadá,
República Centroafricana, Chile, China, República Democrática del Congo,
Corea del Sur, Costa Rica, Croacia, Dinamarca, Ecuador, España, Estados
Unidos, Finlandia, Francia, Ghana, Grecia, Guatemala, India, Indonesia, Irán,
Irak, Israel, Italia, Japón, Jordania, Kazajstán, Kenia, Kirguistán, Líbano,
Madagascar, Marruecos, México, Nepal, Nigeria, Nueva Zelanda, Países Bajos,
Papúa Nueva Guinea, Pakistán, Polonia, Reino Unido, Rusia, Serbia, Siria,
Sudáfrica, Sudán, Suecia, Suiza, Tailandia, Uganda, Venezuela y Zambia.
Principio del formulario

En una situación extraordinaria, como la vivida actualmente, los agentes


educativos se han visto forzados a aplicar estrategias que les permitan
continuar con los eventos de enseñanza-aprendizaje de forma remota; sin
embargo, dichas estrategias no son iguales a lo que un proyecto de educación
a distancia formal requiere para estructurarse.
Dentro de estas situaciones se necesitan habilidades que ayuden a adaptarse
a una forma de vida que no es parte de la normalidad. Según la UNESCO, más
de 861.7 millones de niños y jóvenes en 119 países se han visto afectados al
tener que hacer frente a la pandemia que ha ocurrido este año (Villafuerte,
2020). En un escenario educativo, se está acostumbrado a seguir un
calendario, una planeación y un ritmo que han llevado tiempo de elaboración y
que han sido diseñados tomando en cuenta contenidos y cargas horarias de
una forma de enseñanza bien conocida, que es la presencial. En el aula, el
profesor conoce sus materiales, sabe en qué momentos va empleando sus
estrategias de enseñanza, las modifica con base en la respuesta de sus
alumnos, interactúa naturalmente con ellos y sabe qué evaluará en cada clase.
Pero, ¿qué sucede cuando, de un momento a otro, docente, alumno e
institución educativa se ven obligados a mudarse a una forma diferente de
llevar a cabo los eventos de enseñanza-aprendizaje? A pesar de que se
pueden utilizar herramientas tecnológicas para solventar la distancia física,
éstas requieren un uso en contexto, planeado y con sentido para dar forma al
evento educativo. Si bien la educación a distancia no es la solución perfecta, se
puede ver que es necesario que instituciones, docentes, alumnos y familia
estén dispuestos a adaptarse y a tomar aspectos útiles de ésta, teniendo una
aproximación y una apropiación de lo que es.
Educación presencial y educación a distancia no son lo mismo. Si se piensa
que son iguales por tratarse de educación, es un error. Es cuestión de cómo se
construye el evento educativo en cada una. Los elementos propios de la
educación a distancia –que la hacen diferente de la educación presencial–
impactan en el actuar docente, el aprendizaje del alumno y la consecución de
los objetivos programáticos e institucionales. Una diferencia evidente es el uso
de la tecnología como un mediador de la educación a distancia. En general, la
presencia de las tecnologías ha empujado a la sociedad hacia un cambio de
paradigma en la vida cotidiana, desde los aparatos que tenemos en el hogar
hasta las formas en que nos comunicamos. La educación no queda fuera de
los escenarios en los que dichas tecnologías tienen efectos. Las ya conocidas
Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), entendidas como el
conjunto de herramientas, soportes y canales para el acceso y el tratamiento
de la información, permean los procesos educativos en distintas partes del
mundo.
El aula (presencial o virtual) es una comunidad en la que alumnos con
convergencias y divergencias conviven día a día y participan de un mismo
evento educativo, que es interpretado desde cada realidad de una forma
diferente. En un país en el que, aunque se ha alcanzado la universalidad
educativa en el nivel primaria en educación presencial, menos de la mitad de la
población tiene acceso a las tecnologías y la otra mitad está en situación de
pobreza, es difícil imaginar que el recurso tecnológico sea una solución total.
Apenas 44.3% de los hogares cuenta con computadora, 56.4% cuenta con
conexión a Internet y 10.7% acceden a Internet fuera de su hogar (INEGI,
2020). Como lo señalan Lizarazo y Andión (2013) las transformaciones
tecnológicas no son sólo cuestiones técnicas; es decir, los dispositivos y
sistemas técnicos rebasan el carácter puramente instrumental, ya que éstos
surgen en un sistema de relaciones, costumbres y conocimientos, se articulan
en redes complejas que van conformando entornos, mientras que las fuerzas y
los proyectos históricos dominantes de la modernidad han apostado por la
extensión, la generalización y la intensificación del modo de vida tecnológico.
Sin embargo, si se quiere ver la tecnología como parte de una solución, como
elemento con la potencia de estimular y transformar el acto educativo, es
necesario, por un parte, acortar la brecha digital y, por otra, tener un enfoque
que resalte la experiencia del aprendizaje, así como la consolidación de la
confianza de los docentes, dando importancia a la identificación de los
problemas y sus soluciones (Buckingham, 2008). Y es que no se trata de
adoptar o no la tecnología, sino de verla como una parte de la realidad que
afecta nuestro entorno, por lo que es pertinente buscar la forma en que se va a
volver parte de la vida y cómo impactará en la búsqueda de soluciones a
diferentes problemáticas. Pero antes de que ocurra una apropiación de la
tecnología, nos enfrentamos a otra problemática: la escisión
digital, entendiendo por ésta no una separación entre aquellas personas que
tienen y las que no acceso a las TIC, sino atendiendo a las diferencias que
existen entre el mundo de los distintos alumnos, docentes y sistemas
educativos. Desde este enfoque se puede identificar el desnivel entre las
competencias informáticas de maestros y alumnos, en el que estos últimos
rebasan a los primeros en el manejo técnico de la herramienta; también se
puede reconocer la diferencia generacional, según la cual los maestros
consideran que pertenecer a otra generación es razón per se para tener un
manejo y una noción diferente de tecnología y, por último, está la diferencia en
el uso de la tecnología, mientras los jóvenes siguen un uso lúdico, los maestros
van por un uso serio y formal (Lizarazo y Paniagua, 2013).
Además del recurso tecnológico, la educación presencial y la educación en
línea se distinguen por el formato de los materiales y recursos didácticos que
se pueden emplear, así como por la disponibilidad de ellos, concentrados ahora
en un solo dispositivo. Este dispositivo permite tener acceso instantáneo a una
cantidad inmensa de información. Sin embargo, debe existir una habilidad para
seleccionarla y procesarla adecuadamente, ya que “las tecnologías inteligentes
como Internet no pueden considerarse simples vehículos que transportan la
información, sino que, al ampliar y complejizar el proceso de acceso,
procesamiento y expresión del conocimiento, modifican sustancialmente la
manera en la que el individuo se construye a sí mismo, comprende el contexto
y se comprende a sí mismo” (Pérez, 2012, p. 55). Una vez más, esto nos
remite a que, más allá del recurso tecnológico, se encuentra la redefinición de
los lugares de los actores y las relaciones que establecen, lo que genera una
dinámica particular.
Otro punto de distinción es la relación humana que se puede establecer en
estos dos escenarios. Mientras que en un aula el profesor tiene la inmediatez
de la comunicación con sus alumnos, en un evento a distancia la interacción
depende de conexiones, velocidad de transmisión de datos, video y audio de
calidad. Estar en dos dimensiones en vez de tres es un factor de agotamiento
psicológico y hay que emplear mayor esfuerzo en expresarse y en comprender
al otro (Mendiola, 2020). Esto debe pensarse, sobre todo, ya que el profesor es
el guía del evento educativo, pero su labor se complejiza al encontrar alumnos
que pueden tomar diferentes roles de acuerdo con sus características
personales y de aprendizaje: aquellos que son expertos en la tecnología,
aquellos que se sienten cómodos en el ambiente virtual y ayudan a otros,
aquellos que tienen dificultades en el manejo de tecnologías o bien aquellos
que encuentran irrelevante la educación a distancia. El tiempo juega un papel
importante en estas interacciones. Aunque puede haber momentos en que, a
través de alguna herramienta, docente y alumno coincidan, hay actividades que
el alumno puede realizar en el horario que él logre organizar y que depende de
otros factores, por ejemplo, de la disponibilidad de equipo y de conexión en su
hogar o bien el tiempo y lugar para ir a un establecimiento donde pueda
acceder a dichos elementos.
Cabe destacar también que hacer para entregar y hacer para aprender es
diferente. Distintos contenidos implican distintas maneras de aprenderlos. Final
del formulario
La educacion en el ámbito personal
En el ámbito personal, esta pandemia ha sido un poco difícil porque hemos
estado alejados de nuestras familias y nuestras familias se han sentido también
temerosas por esta enfermedad, de que nosotros enfermemos; pero ha sido
todo un reto, cuidar a los nuestros y a nosotros también dando un apoyo a las
personas que más lo necesitan, que pasaron por ansiedad y perdidas y las
familias de nosotros han sido pacientes y han esperado por nosotros, y siempre
están orando porque salga lo mejor.

La pandemia en el ámbito económico

La pandemia de COVID19 generó una onda expansiva que afectó a toda la


economía mundial y desencadenó la mayor crisis en más de un siglo. Esto
condujo a un aumento drástico de la desigualdad interna y entre los países .
Las observaciones preliminares sugieren que la recuperación tras la crisis será
tan desigual como sus impactos económicos iniciales: las economías
emergentes y los grupos desfavorecidos necesitarán mucho más tiempo para
sobreponerse a las pérdidas de ingresos y medios de vida causadas por la
pandemia.
A diferencia de lo que sucedió en muchas crisis anteriores, en el inicio de la
pandemia se puso en marcha una respuesta decidida y de gran magnitud a
través de políticas económicas que, en términos generales, lograron mitigar los
costos humanos más graves a corto plazo. Sin embargo, la respuesta a la
emergencia también dio lugar a nuevos riesgos —como el fuerte aumento de
los niveles de deuda privada y pública en la economía mundial— que, si no se
abordan con determinación, pueden poner en peligro la recuperación
equitativa.
Los impactos económicos de la pandemia fueron especialmente graves en las
economías emergentes, donde las pérdidas de ingresos pusieron de manifiesto
y exacerbaron ciertos factores de fragilidad económica preexistentes. A medida
que avanzaba la pandemia en 2020, se vio con claridad que muchos hogares y
empresas no estaban preparados para soportar una alteración de semejante
duración y escala en sus ingresos. Diversos estudios basados en datos
anteriores a la crisis indican, por ejemplo, que más del 50 % de los hogares de
las economías emergentes y avanzadas no podrían sostener el consumo
básico durante más de tres meses en caso de perder sus ingresos. Del mismo
modo, las reservas de efectivo de una empresa promedio alcanzarían para
cubrir los gastos correspondientes a menos de 55 días. Muchos hogares y
empresas de economías emergentes ya cargaban con niveles de deuda
insostenibles antes de la crisis y tuvieron dificultades para hacer frente a los
pagos cuando la pandemia y las medidas de salud pública conexas provocaron
una disminución abrupta en sus ingresos.
La crisis tuvo un impacto drástico en la pobreza y la desigualdad en todo el
mundo. La pobreza mundial se incrementó por primera vez en el curso de una
generación, y las desproporcionadas pérdidas de ingresos sufridas por las
poblaciones desfavorecidas condujeron a un enorme aumento de las
desigualdades internas y entre los países. Según los datos de diversas
encuestas, en 2020 el desempleo temporal entre los trabajadores que solo
tienen educación primaria completa se elevó en el 70 % de los países. La
pérdida de ingresos también fue mayor entre los jóvenes, las mujeres, los
autónomos y los trabajadores ocasionales con niveles más bajos de educación
formal. Las mujeres se vieron particularmente afectadas por la pérdida de
ingresos y de puestos de trabajo, dado que era más probable que estuvieran empleadas en
los sectores más afectados por los confinamientos y por las medidas de
distanciamiento social.

La pandemia en el ámbito comunitario


En situaciones de emergencia surge la solidaridad y se generan iniciativas que
refuerzan la acción comunitaria. Estamos viviendo tiempos para la salud comunitaria.
en los que nacen multitud de iniciativas de apoyo entre personas de nuestros barrios y
pueblos para que nadie quede atrás. Unas procede del tejido ciudadano del ámbito
personal . La aportación desde cada uno de estos ámbitos es fundamental, pero para
que de verdad puedan mejorar las condiciones de vida y que nadie quede en
elabndono debemos ser capaces de articular una acción comunitaria [Link]
participación y la orientación comunitaria de la atención y acciones de los
sistemas de salud (SS) son esenciales en la respuesta a la enfermedad por
COVID-19. Es preciso involucrar a las comunidades, desde el cumplimiento de
medidas de confinamiento, los pasos a tomar en distintas fases o la creación
conjunta del nuevo escenario social. No existe una solución clara de arriba
hacia abajo para la pandemia, siendo clave trabajar con una orientación hacia
la promoción de la salud (PS) y, por ende, hacia la acción comunitaria y la
reorientación comunitaria de los servicios que nuestras instituciones prestan
actualmente1.
En este momento social, económico, sanitario y vital se precisa un abordaje
centrado en la PS con perspectiva salutogénica con acciones orientadas a la
protección de personas, familias o comunidades vulnerables o a trabajadores
de primera línea. También la utilización de las ciencias sociales para
comprender la complejidad de lo que sucede respetando la cultura, la
diversidad o las necesidades de personas y comunidades2. Se requiere
fortalecer las redes sociales, utilizar el sentido común sin obsesionarse con la
evidencia, involucrando a las comunidades en la respuesta a la COVID sin
descuidar el apoyo y el desarrollo de otras actuaciones de PS que no son
COVID2-4. Las áreas de acción de PS de Ottawa (elaboración de políticas
públicas saludables, creación de entornos de apoyo, fortalecimiento de la
acción comunitaria, desarrollo de habilidades personales y reorientación de los
servicios de salud con enfoque de salutogénico) siguen vigentes y urge
tenerlas presentes en las respuestas individuales y colectivas l SS en la
«COVID mediante y durante»5-8.
La atención comunitaria es parte de la Atención Primaria (AP)9. Tiene como
objetivo la atención al conjunto de una comunidad buscando resultados en
salud con su participación. Requiere intervenir sobre determinantes de salud y
enfermedad, para lo que es necesario identificar necesidades y activos para la
salud para priorizar y actuar conjuntamente con equidad. Problemas de salud
emergentes como dependencia, inmigración en exclusión social, salud mental,
riesgo cardiovascular, o nuevas enfermedades como la COVID-19, tienen
origen multicausal y precisan de la intervención intersectorial con diferentes
miradas. La AP en este momento no puede en su labor asistencial estar de
espaldas obviando esta realidad, contradiciendo su naturaleza y praxis8-10.
Orientación comunitaria en la práctica, la atención y la salud comunitaria son
esenciales en el abordaje del «mediante y durante de la COVID», y
un derecho de la población que la sanidad pública las impulsen y refuercen.
La pandemia en el ámbito económico
La pandemia de COVID19 generó una onda expansiva que afectó a toda la
economía mundial y desencadenó la mayor crisis en más de un siglo. Esto
condujo a un aumento drástico de la desigualdad interna y entre los países .
Las observaciones preliminares sugieren que la recuperación tras la crisis será
tan desigual como sus impactos económicos iniciales: las ecoemergentes y los
grupos desfavorecidos necesitarán mucho más tiempo para sobreponerse a las
pérdidas de ingresos y medios de vida causadas por la pandemia.
A diferencia de lo que sucedió en muchas crisis anteriores, en el inicio de la
pandemia se puso en marcha una respuesta decidida y de gran magnitud a
través de políticas económicas que, en términos generales, lograron mitigar los
costos humanos más graves a corto plazo. Sin embargo, la respuesta a la
emergencia también dio lugar a nuevos riesgos —como el fuerte aumento de
los niveles de deuda privada y pública en la economía mundial— que, si no se
abordan con determinación, pueden poner en peligro la recuperación
equitativa.

Los impactos económicos de la pandemia fueron especialmente graves en las


economías emergentes, donde las pérdidas de ingresos pusieron de manifiesto
y exacerbaron ciertos factores de fragilidad económica preexistentes. A medida
que avanzaba la pandemia en 2020, se vio con claridad que muchos hogares y
empresas no estaban preparados para soportar una alteración de semejante
duración y escala en sus ingresos. Diversos estudios basados en datos
anteriores a la crisis indican, por ejemplo, que más del 50 % de los hogares de
las economías emergentes y avanzadas no podrían sostener el consumo
básico durante más de tres meses en caso de perder sus ingresosii. Del mismo
modo, las reservas de efectivo de una empresa promedio alcanzarían para
cubrir los gastos correspondientes a menos de 55 días. Muchos hogares y
empresas de economías emergentes ya cargaban con niveles de deuda
insostenibles antes de la crisis y tuvieron dificultades para hacer frente a los
pagos cuando la pandemia y las medidas de salud pública conexas provocaron
una disminución abrupta en sus ingresos.

La crisis tuvo un impacto drástico en la pobreza y la desigualdad en todo el


mundo. La pobreza mundial se incrementó por primera vez en el curso de una
generación, y las desproporcionadas pérdidas de ingresos sufridas por las
poblaciones desfavorecidas condujeron a un enorme aumento de las
desigualdades internas y entre los países. Según los datos de diversas
encuestas, en 2020 el desempleo temporal entre los trabajadores que solo
tienen educación primaria completa se elevó en el 70 % de los países. La
pérdida de ingresos también fue mayor entre los jóvenes, las mujeres, los
autónomos y los trabajadores ocasionales con niveles más bajos de educación
formal. Las mujeres se vieron particularmente afectadas por la pérdida de
ingresos y de puestos de trabajo, dado que era más probable que estuvieran
empleadas en los sectores más afectados por los confinamientos y por las
medidas de distanciamiento social.

Entre las empresas se observan patrones similares. Las más pequeñas, las
informales y las que tenían acceso limitado al crédito formal se vieron más
afectadas por las pérdidas de ingresos que generó la pandemia. Cuando se
inició la crisis, las compañías más grandes tenían capacidad para cubrir los
gastos de hasta 65 días, mientras que las medianas podían hacer frente a
59 días y las pequeñas empresas y las microempresas, a 53 y 50 días,
respectivamente. Por otro lado, las microempresas y las pymes están
sobrerrepresentadas dentro de los sectores más afectados por la crisis, como
los servicios de alojamiento y alimentación, el comercio minorista y los servicios
personales,

Las respuestas gubernamentales a corto plazo ante la pandemia fueron


extraordinariamente rápidas y abarcadoras. Los Gobiernos aplicaron
numerosos instrumentos de política que no tenían precedentes o que nunca se
habían utilizado a esa escala en las economías emergentes. Como ejemplos
cabe citar las cuantiosas medidas de apoyo directo a los ingresos, las
moratorias de las deudas y los programas de adquisición de activos
implementados por los bancos centrales. Estos programas variaron
considerablemente en tamaño y alcance, en parte debido a que muchos países
de ingreso bajo tuvieron dificultades para movilizar recursos dado su acceso
limitado a los mercados de crédito y los elevados niveles de deuda pública que
se registraban ya antes de la crisis. Como consecuencia, la magnitud de la
respuesta fiscal en relación con el PIB fue uniformemente grande en casi todos
los países de ingreso alto y uniformemente pequeña o inexistente en los de
ingreso bajo. En los países de ingreso mediano, la respuesta fiscal mostró
variaciones significativas, lo que refleja marcadas diferencias en la capacidad y
la voluntad de los Gobiernos para destinar recursos a los programas de apoyo.
La pandemia en el ámbito psicológico

EL COVID-19 afecta de distintas maneras en función de cada persona. La


mayoría de las personas que se contagian presentan síntomas de intensidad
leve o moderada, y se recuperan sin necesidad de hospitalización.
En la actualidad la COVID-19 afecta el sistema respiratorio, pero también tiene
impacto psicológico. En los peores casos, los cambios y las dificultades que
llegaron con la pandemia pueden aumentar el riesgo de suicidio. Expertos
creen que se debe a los duelos o pérdidas significativas acumuladas durante
los últimos meses, como la muerte de seres queridos y la imposibilidad de salir
a la calle sin miedo al contagio.
Del mismo modo, niveles de estrés, ansiedad elevada generada por el temor a
contagiarse y estar en situaciones críticas de la enfermedad, pues los brotes de
enfermedades infecciosas son uno de los tipos de desastres más angustiantes
para manejar psicológicamente debido a la incertidumbre que causan.
Mantenerse en un estado de preparación para una amenaza durante un
período prolongado tiene un costo real en nuestros cuerpos y mentes, por lo
que es esencial reconocer y atender nuestro estrés para evitar que se vuelva
abrumador.
Consecuencias psicológicas de la cuarentena y el aislamie nto social:

-Manifestaciones psicológicas negativas de mayor frecuencia: Dentro de las


manifestaciones reportadas con mayor frecuencia son:

• Trastornos emocionales
• Depresión
• Estrés
• Apatía
• Irritabilidad
• Insomnio
• Trastorno de estrés postraumático
• Ira y agotamiento emocional
Conclusión

Para concluir este trabajo Primero, debeos protegernos y cuidarnos y en todos los
ámbitos la pandemia ha influido de manera significativa.

Segundo, debemos prestar más atención tanto a la salud como a la actividad


económica una vez que se flexibilice el confinamiento, para que los lugares de
trabajo sean seguros y se respeten los derechos de las mujeres y las poblaciones
en riesgo.

Tercero, debemos poner en marcha ya una recuperación inclusiva, ecológica y


sostenible y centrada en el ser humano en que se aproveche el potencial de las
nuevas tecnologías para crear empleos decentes para todo el mundo, así como las
maneras creativas y positivas en que las empresas y los trabajadores se han
adaptado a los tiempos que corren.

Se habla mucho de la necesidad de una “nueva normalidad” después de la crisis.

Pero no olvidemos que, antes del COVID-19, el mundo estaba lejos de ser normal.

El aumento de las desigualdades, la discriminación de género sistémica, la falta de


oportunidades para la juventud, el estancamiento de los salarios, el cambio
climático fuera de control... Nada de eso era “normal”.

La pandemia ha puesto de manifiesto enormes deficiencias, fragilidades y fisuras.

El mundo laboral no puede ni debe ser igual que antes de la crisis.

RECOMENDACIONES

Ha llegado el momento de adoptar medidas coordinadas a nivel mundial, regional y


nacional para crear trabajo decente para todo el mundo como base de una
recuperación ecológica, inclusiva y resiliente. Por ejemplo, algo que podría ayudar
en gran medida a avanzar en esa dirección es gravar con impuestos las emisiones
de carbono, en lugar de las nóminas de sueldos.

Si se adoptan medidas inteligentes y oportunas a todos los niveles y se toma como


guía la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, podemos salir fortalecidos de la
crisis, con mejores empleos y un futuro mejor, más equitativo y más ecológico para
todo el mundo.
BUENOS CONSEJOS PARA LA PREVENCION

1. Lavarse las manos. ...


2. Limpieza de superficies. ...
3. Informarse. ...
4. Evitar los viajes. ...
5. Cuidado al toser o estornudar. ...
6. Si es mayor, evitar las áreas muy concurridas. ...
7. Quedarse en casa si se está enfermo. ...
Cuidadornos.

Bibliografía
, [Link]
Response-to-COVID-19.

[Link]

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