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San Jose

Este documento del Papa Francisco habla sobre san José y su papel como padre amado de Jesús. Describe la vida de san José según los evangelios y cómo ha sido venerado a lo largo de la historia de la Iglesia como patrono y protector. El Papa también reflexiona sobre la humildad y el servicio de san José como modelo para todos.

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Este documento del Papa Francisco habla sobre san José y su papel como padre amado de Jesús. Describe la vida de san José según los evangelios y cómo ha sido venerado a lo largo de la historia de la Iglesia como patrono y protector. El Papa también reflexiona sobre la humildad y el servicio de san José como modelo para todos.

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Del Santo Padre Francisco

Con corazón de padre: así José amó a Je- y de Jerusalén, donde


sús, llamado en los cuatro Evangelios «el estaba el templo. Cuan-
hijo de José»[1]. do, durante una pere-
Los dos evangelistas que evidencia- grinación a Jerusalén,
ron su figura, Mateo y Lucas, refieren perdieron a Jesús, que
poco, pero lo suficiente para enten- tenía doce años, él y
der qué tipo de padre fuese y la mi- María lo buscaron
sión que la Providencia le confió. angustiados y lo
Sabemos que fue un humilde encontraron en el
carpintero (cf. Mt 13,55), despo- templo mientras
sado con María (cf. Mt 1,18; Lc discutía con los
1,27); un «hombre justo» (Mt 1,19), doctores de la ley
siempre dispuesto a hacer la (cf. Lc 2,41-50).
voluntad de Dios manifestada Después de Ma-
en su ley (cf. Lc 2,22.27.39) y ría, Madre de Dios,
a través de los cuatro ningún santo ocupa
sueños que tuvo (cf. tanto espacio en el
Mt 1,20; 2,13.19.22). Magisterio pontifi-
Después de un lar- cio como José, su
go y duro viaje de esposo. Mis pre-
Nazaret a Belén, decesores han
vio nacer al Mesías en un pesebre, porque en profundizado en el mensaje contenido en
otro sitio «no había lugar para ellos» (Lc 2,7). los pocos datos transmitidos por los Evan-
Fue testigo de la adoración de los pastores gelios para destacar su papel central en la
(cf. Lc 2,8-20) y de los Magos (cf. Mt 2,1-12), que historia de la salvación: el beato Pío IX lo
representaban respectivamente el pueblo de declaró «Patrono de la Iglesia Católica»[2], el
Israel y los pueblos paganos. venerable Pío XII lo presentó como “Patro-
Tuvo la valentía de asumir la paternidad no de los trabajadores”[3] y san Juan Pablo
legal de Jesús, a quien dio el nombre que II como «Custodio del Redentor»[4]. El pue-
le reveló el ángel: «Tú le pondrás por nom- blo lo invoca como «Patrono de la buena
bre Jesús, porque él salvará a su pueblo de muerte»[5].
sus pecados» (Mt 1,21). Como se sabe, en los Por eso, al cumplirse ciento cincuenta
pueblos antiguos poner un nombre a una años de que el beato Pío IX, el 8 de diciem-
persona o a una cosa significaba adquirir bre de 1870, lo declarara como Patrono de
la pertenencia, como hizo Adán en el relato la Iglesia Católica, quisiera —como dice
del Génesis (cf. 2,19-20). Jesús— que “la boca hable de aquello de lo
En el templo, cuarenta días después del que está lleno el corazón” (cf. Mt 12,34), para
nacimiento, José, junto a la madre, presentó compartir con ustedes algunas reflexiones
el Niño al Señor y escuchó sorprendido la personales sobre esta figura extraordina-
profecía que Simeón pronunció sobre Jesús ria, tan cercana a nuestra condición hu-
y María (cf. Lc 2,22-35). Para proteger a Je- mana. Este deseo ha crecido durante estos
sús de Herodes, permaneció en Egipto como meses de pandemia, en los que podemos
extranjero (cf. Mt 2,13-18). De regreso en su experimentar, en medio de la crisis que nos
tierra, vivió de manera oculta en el pequeño está golpeando, que «nuestras vidas están
y desconocido pueblo de Nazaret, en Galilea tejidas y sostenidas por personas comu-
—de donde, se decía: “No sale ningún profe- nes —corrientemente olvidadas— que no
ta” y “no puede salir nada bueno” (cf. Jn 7,52; aparecen en portadas de diarios y de revis-
1,46)—, lejos de Belén, su ciudad de origen, tas, ni en las grandes pasarelas del último
3

show pero, sin lugar a dudas, están escri- al haber convertido su vocación humana
biendo hoy los acontecimientos decisivos de amor doméstico en la oblación sobrehu-
de nuestra historia: médicos, enfermeros y mana de sí mismo, de su corazón y de toda
enfermeras, encargados de reponer los pro- capacidad en el amor puesto al servicio del
ductos en los supermercados, limpiadoras, Mesías nacido en su casa»[8].
cuidadoras, transportistas, fuerzas de segu- Por su papel en la historia de la salva-
ridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y ción, san José es un padre que siempre ha
tantos pero tantos otros que comprendie- sido amado por el pueblo cristiano, como lo
ron que nadie se salva solo. […] Cuánta gente demuestra el hecho de que se le han dedi-
cada día demuestra paciencia e infunde es- cado numerosas iglesias en todo el mundo;
peranza, cuidándose de no sembrar pánico que muchos institutos religiosos, herman-
sino corresponsabilidad. Cuántos padres, dades y grupos eclesiales se inspiran en su
madres, abuelos y abuelas, docentes mues- espiritualidad y llevan su nombre; y que
tran a nuestros niños, con gestos pequeños desde hace siglos se celebran en su honor
y cotidianos, cómo enfrentar y transitar diversas representaciones sagradas. Mu-
una crisis readaptando rutinas, levantando chos santos y santas le tuvieron una gran
miradas e impulsando la oración. Cuántas devoción, entre ellos Teresa de Ávila, quien
personas rezan, ofrecen e interceden por el lo tomó como abogado e intercesor, enco-
bien de todos»[6]. Todos pueden encontrar mendándose mucho a él y recibiendo todas
en san José —el hombre que pasa desaper- las gracias que le pedía. Alentada por su ex-
cibido, el hombre de la presencia diaria, dis- periencia, la santa persuadía a otros para
creta y oculta— un intercesor, un apoyo y que le fueran devotos[9].
una guía en tiempos de dificultad.
San José nos recuerda que todos los
que están aparentemente ocultos o
en “segunda línea” tienen un prota-
gonismo sin igual en la historia de
la salvación. A todos ellos va dirigi-
da una palabra de reconocimiento y
de gratitud.

1. Padre amado
La grandeza de san José consiste
en el hecho de que fue el esposo de
María y el padre de Jesús. En cuan-
to tal, «entró en el servicio de toda la econo- En todos los libros de oraciones se en-
mía de la encarnación», como dice san Juan cuentra alguna oración a san José. Invoca-
Crisóstomo[7]. ciones particulares que le son dirigidas to-
San Pablo VI observa que su paternidad dos los miércoles y especialmente durante
se manifestó concretamente «al haber he- todo el mes de marzo, tradicionalmente de-
cho de su vida un servicio, un sacrificio al dicado a él[10].
misterio de la Encarnación y a la misión re- La confianza del pueblo en san José se
dentora que le está unida; al haber utilizado resume en la expresión “Ite ad Ioseph”,
la autoridad legal, que le correspondía en la que hace referencia al tiempo de hambru-
Sagrada Familia, para hacer de ella un don na en Egipto, cuando la gente le pedía pan
total de sí mismo, de su vida, de su trabajo; al faraón y él les respondía: «Vayan donde
4

José y hagan lo que él les diga: «Para que no me


diga» (Gn 41,55). Se trataba engría tengo una espi-
de José el hijo de Jacob, a na clavada en el cuerpo,
quien sus hermanos ven- un emisario de Satanás
dieron por envidia (cf. Gn que me golpea para que
37,11-28) y que —siguiendo no me engría. Tres ve-
el relato bíblico— se con- ces le he pedido al Se-
virtió posteriormente en ñor que la aparte de mí,
virrey de Egipto (cf. Gn y él me ha dicho: “¡Te
41,41-44). basta mi gracia!, porque
Como descendiente de mi poder se manifiesta
David (cf. Mt 1,16.20), de plenamente en la debi-
cuya raíz debía brotar Je- lidad”» (2 Co 12,7-9).
sús según la promesa he- Si esta es la perspec-
cha a David por el profeta Natán (cf. 2 Sam tiva de la economía de la salvación, debe-
7), y como esposo de María de Nazaret, san mos aprender a aceptar nuestra debilidad
José es la pieza que une el Antiguo y el Nue- con intensa ternura[12].
vo Testamento. El Maligno nos hace mirar nuestra fragi-
lidad con un juicio negativo, mientras que
el Espíritu la saca a la luz con ternura. La
2. Padre en la ternura ternura es el mejor modo para tocar lo que
es frágil en nosotros. El dedo que señala y el
José vio a Jesús progresar día tras día juicio que hacemos de los demás son a me-
«en sabiduría, en estatura y en gracia ante nudo un signo de nuestra incapacidad para
Dios y los hombres» (Lc 2,52). Como hizo el aceptar nuestra propia debilidad, nuestra
Señor con Israel, así él “le enseñó a caminar, propia fragilidad. Sólo la ternura nos salva-
y lo tomaba en sus brazos: era para él como rá de la obra del Acusador (cf. Ap 12,10). Por
el padre que alza a un niño hasta sus me- esta razón es importante encontrarnos con
jillas, y se inclina hacia él para darle de co- la Misericordia de Dios, especialmente en el
mer” (cf. Os 11,3-4). sacramento de la Reconciliación, teniendo
Jesús vio la ternura de Dios en José: una experiencia de verdad y ternura. Pa-
«Como un padre siente ternura por sus hi- radójicamente, incluso el Maligno puede
jos, así el Señor siente ternura por quienes decirnos la verdad, pero, si lo hace, es para
lo temen» (Sal 103,13). condenarnos. Sabemos, sin embargo, que la
En la sinagoga, durante la oración de Verdad que viene de Dios no nos condena,
los Salmos, José ciertamente habrá oído el sino que nos acoge, nos abraza, nos sostie-
eco de que el Dios de Israel es un Dios de ne, nos perdona. La Verdad siempre se nos
ternura[11], que es bueno para todos y «su presenta como el Padre misericordioso de la
ternura alcanza a todas las criaturas» (Sal parábola (cf. Lc 15,11-32): viene a nuestro en-
145,9). cuentro, nos devuelve la dignidad, nos pone
La historia de la salvación se cumple nuevamente de pie, celebra con nosotros,
creyendo «contra toda esperanza» (Rm 4,18) porque «mi hijo estaba muerto y ha vuelto
a través de nuestras debilidades. Muchas a la vida, estaba perdido y ha sido encontra-
veces pensamos que Dios se basa sólo en la do» (v. 24).
parte buena y vencedora de nosotros, cuan- También a través de la angustia de José
do en realidad la mayoría de sus designios pasa la voluntad de Dios, su historia, su pro-
se realizan a través y a pesar de nuestra de- yecto. Así, José nos enseña que tener fe en
bilidad. Esto es lo que hace que san Pablo Dios incluye además creer que Él puede ac-
5

tuar incluso a través de nuestros miedos, de haberle informado que los que intentaban
nuestras fragilidades, de nuestra debilidad. matar al niño habían muerto, le ordenó que
Y nos enseña que, en medio de las tormen- se levantara, que tomase consigo al niño y a
tas de la vida, no debemos tener miedo de su madre y que volviera a la tierra de Israel
ceder a Dios el timón de nuestra barca. A (cf. Mt 2,19-20), él una vez más obedeció sin
veces, nosotros quisiéramos tener todo bajo vacilar: «Se levantó, tomó al niño y a su ma-
control, pero Él tiene siempre una mirada dre y entró en la tierra de Israel» (Mt 2,21).
más amplia. Pero durante el viaje de regreso, «al ente-
rarse de que Arquelao reinaba en Judea en
lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de
3. Padre en la obediencia ir allí y, avisado en sueños —y es la cuarta
vez que sucedió—, se retiró a la región de
Así como Dios hizo con María cuando le Galilea y se fue a vivir a un pueblo llamado
manifestó su plan de salvación, también a Nazaret» (Mt 2,22-23).
José le reveló sus designios y lo hizo a tra- El evangelista Lucas, por su parte, relató
vés de sueños que, en la Biblia, como en to- que José afrontó el largo e incómodo viaje
dos los pueblos antiguos, eran considerados de Nazaret a Belén, según la ley del censo
uno de los medios por los que Dios manifes- del emperador César Augusto, para em-
taba su voluntad[13]. padronarse en su ciudad de origen. Y fue
José estaba muy angustiado por el em- precisamente en esta circunstancia que
barazo incomprensible de María; no quería Jesús nació y fue asentado en el censo del
«denunciarla públicamente»[14], pero deci- Imperio, como todos los demás niños (cf. Lc
dió «romper su compromiso en secreto» (Mt 2,1-7).
1,19). En el primer sueño el ángel lo ayudó a San Lucas, en particular, se preocupó de
resolver su grave dilema: «No temas aceptar resaltar que los padres de Jesús observaban
a María, tu mujer, porque lo engendrado en todas las prescripciones de la ley: los ritos de
ella proviene del Espíritu Santo. Dará a luz la circuncisión de Jesús, de la purificación de
un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, María después del parto, de la presentación
porque él salvará a su pueblo de sus peca- del primogénito a Dios (cf. 2,21-24)[15].
dos» (Mt 1,20-21). Su respuesta fue inmedia- En cada circunstancia de su vida, José
ta: «Cuando José despertó del sueño, hizo lo supo pronunciar su “fiat”, como María en la
que el ángel del Señor le había mandado» Anunciación y Jesús en Getsemaní.
(Mt 1,24). Con la obediencia superó su drama José, en su papel de cabeza de familia,
y salvó a María. enseñó a Jesús a ser sumiso a sus padres,
En el segundo sueño el ángel ordenó a
José: «Levántate, toma contigo al niño y a
su madre, y huye a Egipto; quédate allí has-
ta que te diga, porque Herodes va a buscar
al niño para matarlo» (Mt 2,13). José no dudó
en obedecer, sin cuestionarse acerca de las
dificultades que podía encontrar: «Se levan-
tó, tomó de noche al niño y a su madre, y se
fue a Egipto, donde estuvo hasta la muerte
de Herodes» (Mt 2,14-15).
En Egipto, José esperó con confianza y
paciencia el aviso prometido por el ángel
para regresar a su país. Y cuando en un ter-
cer sueño el mensajero divino, después de
6

según el mandamiento de Dios (cf. Ex 20,12). razonamientos para dar paso a lo que acon-
En la vida oculta de Nazaret, bajo la guía tece y, por más misterioso que le parezca,
de José, Jesús aprendió a hacer la voluntad lo acoge, asume la responsabilidad y se re-
del Padre. Dicha voluntad se transformó en concilia con su propia historia. Si no nos re-
su alimento diario (cf. Jn 4,34). Incluso en conciliamos con nuestra historia, ni siquie-
el momento más difícil de su vida, que fue ra podremos dar el paso siguiente, porque
en Getsemaní, prefirió hacer la voluntad siempre seremos prisioneros de nuestras
del Padre y no la suya expectativas y de las con-
propia[16] y se hizo «obe- siguientes decepciones.
diente hasta la muerte La vida espiritual
[…] de cruz» (Flp 2,8). Por de José no nos muestra
ello, el autor de la Carta una vía que explica, sino
a los Hebreos concluye una vía que acoge. Sólo a
que Jesús «aprendió su- partir de esta acogida, de
friendo a obedecer» (5,8). esta reconciliación, pode-
Todos estos aconte- mos también intuir una
cimientos muestran que historia más grande, un
José «ha sido llamado significado más profun-
por Dios para servir di- do. Parecen hacerse eco
rectamente a la persona las ardientes palabras de
y a la misión de Jesús Job que, ante la invita-
mediante el ejercicio de ción de su esposa a rebe-
su paternidad; de este larse contra todo el mal
modo él coopera en la que le sucedía, respondió:
plenitud de los tiempos «Si aceptamos de Dios los
en el gran misterio de la bienes, ¿no vamos a acep-
redención y es verdaderamente “ministro tar los males?» (Jb 2,10).
de la salvación”»[17]. José no es un hombre que se resigna pa-
sivamente. Es un protagonista valiente y
fuerte. La acogida es un modo por el que se
4. Padre en la acogida manifiesta en nuestra vida el don de la for-
taleza que nos viene del Espíritu Santo. Sólo
José acogió a María sin poner condicio- el Señor puede darnos la fuerza para acoger
nes previas. Confió en las palabras del án- la vida tal como es, para hacer sitio incluso
gel. «La nobleza de su corazón le hace supe- a esa parte contradictoria, inesperada y de-
ditar a la caridad lo aprendido por ley; y hoy, cepcionante de la existencia.
en este mundo donde la violencia psicológi- La venida de Jesús en medio de nosotros
ca, verbal y física sobre la mujer es paten- es un regalo del Padre, para que cada uno
te, José se presenta como figura de varón pueda reconciliarse con la carne de su pro-
respetuoso, delicado que, aun no teniendo pia historia, aunque no la comprenda del
toda la información, se decide por la fama, todo.
dignidad y vida de María. Y, en su duda de Como Dios dijo a nuestro santo: «José,
cómo hacer lo mejor, Dios lo ayudó a optar hijo de David, no temas» (Mt 1,20), parece
iluminando su juicio»[18]. repetirnos también a nosotros: “¡No tengan
Muchas veces ocurren hechos en nues- miedo!”. Tenemos que dejar de lado nuestra
tra vida cuyo significado no entendemos. ira y decepción, y hacer espacio —sin nin-
Nuestra primera reacción es a menudo de guna resignación mundana y con una forta-
decepción y rebelión. José deja de lado sus leza llena de esperanza— a lo que no hemos
7

elegido, pero está (Sal 68,6) y nos ordena amar


allí. Acoger la vida al extranjero[20]. Deseo ima-
de esta manera ginar que Jesús tomó de las
nos introduce en actitudes de José el ejemplo
un significado para la parábola del hijo pró-
oculto. La vida de digo y el padre misericordio-
cada uno de no- so (cf. Lc 15,11-32).
sotros puede co-
menzar de nuevo
milagrosamente, 5. Padre de
si encontramos la valentía
la valentía para
vivirla según lo creativa
que nos dice el
Evangelio. Y no Si la primera etapa de
importa si ahora toda verdadera curación
todo parece haber interior es acoger la propia
tomado un rumbo historia, es decir, hacer espa-
equivocado y si cio dentro de nosotros mis-
algunas cuestiones son irreversibles. Dios mos incluso para lo que no hemos elegido
puede hacer que las flores broten entre las en nuestra vida, necesitamos añadir otra
rocas. Aun cuando nuestra conciencia nos característica importante: la valentía crea-
reprocha algo, Él «es más grande que nues- tiva. Esta surge especialmente cuando en-
tra conciencia y lo sabe todo» (1 Jn 3,20). contramos dificultades. De hecho, cuando
El realismo cristiano, que no rechaza nos enfrentamos a un problema podemos
nada de lo que existe, vuelve una vez más. detenernos y bajar los brazos, o podemos
La realidad, en su misteriosa irreductibili- ingeniárnoslas de alguna manera. A veces
dad y complejidad, es portadora de un sen- las dificultades son precisamente las que
tido de la existencia con sus luces y som- sacan a relucir recursos en cada uno de no-
bras. Esto hace que el apóstol Pablo afirme: sotros que ni siquiera pensábamos tener.
«Sabemos que todo contribuye al bien de Muchas veces, leyendo los “Evangelios
quienes aman a Dios» (Rm 8,28). Y san Agus- de la infancia”, nos preguntamos por qué
tín añade: «Aun lo que llamamos mal (etiam Dios no intervino directa y claramente. Pero
illud quod malum dicitur)»[19]. En esta pers- Dios actúa a través de eventos y personas.
pectiva general, la fe da sentido a cada acon- José era el hombre por medio del cual Dios
tecimiento feliz o triste. se ocupó de los comienzos de la historia de
Entonces, lejos de nosotros el pensar que la redención. Él era el verdadero “milagro”
creer significa encontrar soluciones fáciles con el que Dios salvó al Niño y a su madre.
que consuelan. La fe que Cristo nos enseñó El cielo intervino confiando en la valentía
es, en cambio, la que vemos en san José, que creadora de este hombre, que cuando llegó
no buscó atajos, sino que afrontó “con los a Belén y no encontró un lugar donde María
ojos abiertos” lo que le acontecía, asumien- pudiera dar a luz, se instaló en un establo y
do la responsabilidad en primera persona. lo arregló hasta convertirlo en un lugar lo
La acogida de José nos invita a acoger más acogedor posible para el Hijo de Dios
a los demás, sin exclusiones, tal como son, que venía al mundo (cf. Lc 2,6-7). Ante el pe-
con preferencia por los débiles, porque Dios ligro inminente de Herodes, que quería ma-
elige lo que es débil (cf. 1 Co 1,27), es «padre tar al Niño, José fue alertado una vez más
de los huérfanos y defensor de las viudas» en un sueño para protegerlo, y en medio de
8

la noche organizó la huida a Egipto (cf. Mt familias, como muchos de nuestros herma-
2,13-14). nos y hermanas migrantes que incluso hoy
De una lectura superficial de estos re- arriesgan sus vidas forzados por las adver-
latos se tiene siempre la impresión de que sidades y el hambre. A este respecto, creo
el mundo esté a merced de los fuertes y que san José sea realmente un santo patro-
de los poderosos, pero la “buena noticia” no especial para todos aquellos que tienen
del Evangelio consiste en mostrar cómo, a que dejar su tierra a causa de la guerra, el
pesar de la arrogancia y la violencia de los odio, la persecución y la miseria.
gobernantes terrenales, Dios siempre en- Al final de cada relato en el que José es
cuentra un camino para cumplir su plan el protagonista, el Evangelio señala que
de salvación. Incluso nuestra vida parece a él se levantó, tomó al Niño y a su madre e
veces que está en manos de fuerzas supe- hizo lo que Dios le había mandado (cf. Mt
riores, pero el Evangelio nos dice que Dios 1,24; 2,14.21). De hecho, Jesús y María, su ma-
siempre logra salvar lo que es importante, dre, son el tesoro más preciado de nuestra
con la condición de que tengamos la misma fe[21].
valentía creativa del carpintero de Nazaret, En el plan de salvación no se puede se-
que sabía transformar un problema en una parar al Hijo de la Madre, de aquella que
oportunidad, anteponiendo siempre la con- «avanzó en la peregrinación de la fe y man-
fianza en la Providencia. tuvo fielmente su unión con su Hijo hasta
Si a veces pareciera que Dios no nos ayu- la cruz»[22].
da, no significa que nos haya abandonado, Debemos preguntarnos siempre si esta-
sino que confía en nosotros, en lo que pode- mos protegiendo con todas nuestras fuerzas
mos planear, inventar, encontrar. a Jesús y María, que están misteriosamen-
Es la misma valentía creativa que mos- te confiados a nuestra responsabilidad, a
traron los amigos del paralítico que, para nuestro cuidado, a nuestra custodia. El Hijo
presentarlo a Jesús, lo bajaron del techo (cf. del Todopoderoso viene al mundo asumien-
Lc 5,17-26). La dificultad no detuvo la auda- do una condición de gran debilidad. Nece-
cia y la obstinación de esos amigos. Ellos sita de José para ser defendido, protegido,
estaban convencidos de que Jesús podía cuidado, criado. Dios confía en este hombre,
curar al enfermo y «como no pudieron in- del mismo modo que lo hace María, que en-
troducirlo por causa de la multitud, subie- cuentra en José no sólo al que quiere salvar
ron a lo alto de la casa y lo hicieron bajar en su vida, sino al que siempre velará por ella
la camilla a través de las tejas, y lo colocaron y por el Niño. En este sentido, san José no
en medio de la gente frente a Jesús. Jesús, al puede dejar de ser el Custodio de la Iglesia,
ver la fe de ellos, le dijo al paralítico: “¡Hom- porque la Iglesia es la extensión del Cuerpo
bre, tus pecados quedan perdonados!”» (vv. de Cristo en la historia, y al mismo tiempo
19-20). Jesús reconoció la fe creativa con la en la maternidad de la Iglesia se manifies-
que esos hombres trataron de traerle a su ta la maternidad de María[23]. José, a la vez
amigo enfermo. que continúa protegiendo a la Iglesia, sigue
El Evangelio no da ninguna información amparando al Niño y a su madre, y nosotros
sobre el tiempo en que María, José y el Niño también, amando a la Iglesia, continuamos
permanecieron en Egipto. Sin embargo, lo amando al Niño y a su madre.
que es cierto es que habrán tenido necesi- Este Niño es el que dirá: «Les aseguro
dad de comer, de encontrar una casa, un tra- que siempre que ustedes lo hicieron con
bajo. No hace falta mucha imaginación para uno de estos mis hermanos más pequeños,
llenar el silencio del Evangelio a este res- conmigo lo hicieron» (Mt 25,40). Así, cada
pecto. La Sagrada Familia tuvo que afrontar persona necesitada, cada pobre, cada perso-
problemas concretos como todas las demás na que sufre, cada moribundo, cada extran-
9

jero, cada prisionero, cada enfermo son “el él, Jesús aprendió el valor, la dignidad y la
Niño” que José sigue custodiando. Por eso alegría de lo que significa comer el pan que
se invoca a san José como protector de los es fruto del propio trabajo.
indigentes, los necesitados, los exiliados, En nuestra época actual, en la que el tra-
los afligidos, los pobres, los moribundos. bajo parece haber vuelto a representar una
Y es por lo mismo que la Iglesia no puede urgente cuestión social y el desempleo al-
dejar de amar a los más pequeños, porque canza a veces niveles impresionantes, aun
Jesús ha puesto en ellos su preferencia, se en aquellas naciones en las que durante dé-
identifica personalmente con ellos. De José cadas se ha experimentado un cierto bien-
debemos aprender el mismo cuidado y res- estar, es necesario, con una conciencia reno-
ponsabilidad: amar al Niño y a su madre; vada, comprender el significado del trabajo
amar los sacramentos y la caridad; amar a la que da dignidad y del que nuestro santo es
Iglesia y a los pobres. En cada una de estas un patrono ejemplar.
realidades está siempre el Niño y su madre. El trabajo se convierte en participación
en la obra misma de la salvación, en oportu-
nidad para acelerar el advenimiento del Rei-
6. Padre trabajador no, para desarrollar las propias potenciali-
dades y cualidades, poniéndolas al servicio
Un aspecto que caracteriza a san José de la sociedad y de la comunión. El trabajo
y que se ha destacado desde la época de la se convierte en ocasión de realización no
primera Encíclica social, la Rerum novarum sólo para uno mismo, sino sobre todo para
de León XIII, es su relación con el trabajo. ese núcleo original de la sociedad que es la
San José era familia. Una familia que carece de trabajo
está más expuesta a dificultades, tensiones,
fracturas e incluso a la desesperada y des-
esperante tentación de la disolución.
¿Cómo podríamos hablar de digni-
dad humana sin comprometer-
nos para que todos y cada uno
tengan la posibilidad de un
sustento digno?
La persona que traba-
ja, cualquiera que sea su
tarea, colabora con Dios
mismo, se convierte un
poco en creador del mun-
do que nos rodea. La crisis
de nuestro tiempo, que es
una crisis económica, so-
cial, cultural y espiritual,
puede representar para
todos un llamado a re-
descubrir el significado,
la importancia y la ne-
cesidad del trabajo para
dar lugar a una nueva
un carpintero que trabajaba honestamente “normalidad” en la que nadie quede excluido.
para asegurar el sustento de su familia. De La obra de san José nos recuerda que el mis-
10

mo Dios hecho hombre no desdeñó el traba- toda su vida[25].


jo. La pérdida de trabajo que afecta a tantos Nadie nace padre, sino que se hace. Y no
hermanos y hermanas, y que ha aumentado se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino
en los últimos tiempos debido a la pandemia por hacerse cargo de él responsablemente.
de Covid-19, debe ser un llamado a revisar Todas las veces que alguien asume la res-
nuestras prioridades. Imploremos a san José ponsabilidad de la vida de otro, en cierto
obrero para que encontremos caminos que sentido ejercita la paternidad respecto a él.
nos lleven a decir: ¡Ningún joven, ninguna En la sociedad de nuestro tiempo, los ni-
persona, ninguna familia sin trabajo! ños a menudo parecen no tener padre. Tam-
bién la Iglesia de hoy en día necesita padres.
La amonestación dirigida por san Pablo a
7. Padre en la sombra los Corintios es siempre oportuna: «Podrán
tener diez mil instructores, pero padres no
tienen muchos» (1 Co 4,15); y cada sacerdote
u obispo debería poder decir como el Após-
tol: «Fui yo quien los engendré para Cristo
al anunciarles el Evangelio» (ibíd.). Y a los
Gálatas les dice: «Hijos míos, por quienes
de nuevo sufro dolores de parto hasta que
Cristo sea formado en ustedes» (4,19).
Ser padre significa introducir al niño en
la experiencia de la vida, en la realidad. No
para retenerlo, no para encarcelarlo, no para
poseerlo, sino para hacerlo capaz de elegir,
de ser libre, de salir. Quizás por esta razón la
tradición también le ha puesto a José, junto
al apelativo de padre, el de “castísimo”. No
es una indicación meramente afectiva, sino
la síntesis de una actitud que expresa lo
contrario a poseer. La castidad está en ser
libres del afán de poseer en todos los ámbi-
tos de la vida. Sólo cuando un amor es casto
es un verdadero amor. El amor que quiere
poseer, al final, siempre se vuelve peligroso,
aprisiona, sofoca, hace infeliz. Dios mismo
amó al hombre con amor casto, dejándolo
El escritor polaco Jan Dobraczyński, en libre incluso para equivocarse y ponerse en
su libro La sombra del Padre[24], noveló la contra suya. La lógica del amor es siempre
vida de san José. Con la imagen evocadora una lógica de libertad, y José fue capaz de
de la sombra define la figura de José, que amar de una manera extraordinariamen-
para Jesús es la sombra del Padre celestial te libre. Nunca se puso en el centro. Supo
en la tierra: lo auxilia, lo protege, no se apar- cómo descentrarse, para poner a María y a
ta jamás de su lado para seguir sus pasos. Jesús en el centro de su vida.
Pensemos en aquello que Moisés recuerda La felicidad de José no está en la lógica del
a Israel: «En el desierto, donde viste cómo auto-sacrificio, sino en el don de sí mismo.
el Señor, tu Dios, te cuidaba como un padre Nunca se percibe en este hombre la frustra-
cuida a su hijo durante todo el camino» (Dt ción, sino sólo la confianza. Su silencio per-
1,31). Así José ejercitó la paternidad durante sistente no contempla quejas, sino gestos
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concretos de confianza. El mundo necesita «Levántate, toma contigo al niño y a su


padres, rechaza a los amos, es decir: rechaza madre» (Mt 2,13), dijo Dios a san José.
a los que quieren usar la posesión del otro
para llenar su propio vacío; rehúsa a los que El objetivo de esta Carta apostólica es que
confunden autoridad con autoritarismo, crezca el amor a este gran santo, para ser im-
servicio con servilismo, confrontación con pulsados a implorar su intercesión e imitar
opresión, caridad con asistencialismo, fuer- sus virtudes, como también su resolución.
za con destrucción. Toda vocación verdade- En efecto, la misión específica de los
ra nace del don de sí mismo, que es la madu- santos no es sólo la de conceder milagros
ración del simple sacrificio. También en el y gracias, sino la de interceder por noso-
sacerdocio y la vida consagrada se requiere tros ante Dios, como hicieron Abrahán[26]
este tipo de madurez. Cuando una vocación, y Moisés[27], como hace Jesús, «único me-
ya sea en la vida matrimonial, célibe o virgi- diador» (1 Tm 2,5), que es nuestro «abogado»
nal, no alcanza la madurez de la entrega de ante Dios Padre (1 Jn 2,1), «ya que vive eter-
sí misma deteniéndose sólo en la lógica del namente para interceder por nosotros» (Hb
sacrificio, entonces en lugar de convertirse 7,25; cf. Rm 8,34).
en signo de la belleza y la alegría del amor Los santos ayudan a todos los fieles «a
corre el riesgo de expresar infelicidad, tris- la plenitud de la vida cristiana y a la per-
teza y frustración. fección de la caridad»[28]. Su vida es una
La paternidad que rehúsa la tentación prueba concreta de que es posible vivir el
de vivir la vida de los hijos está siempre Evangelio.
abierta a nuevos espacios. Cada niño lleva Jesús dijo: «Aprendan de mí, que soy man-
siempre consigo un misterio, algo inédito so y humilde de corazón» (Mt 11,29), y ellos
que sólo puede ser revelado con la ayuda a su vez son ejemplos de vida a imitar. San
de un padre que respete su libertad. Un pa- Pablo exhortó explícitamente: «Vivan como
dre que es consciente de que completa su imitadores míos» (1 Co 4,16)[29]. San José lo
acción educativa y de que vive plenamente dijo a través de su elocuente silencio.
su paternidad sólo cuando se ha hecho “in- Ante el ejemplo de tantos santos y san-
útil”, cuando ve que el hijo ha logrado ser tas, san Agustín se preguntó: «¿No podrás
autónomo y camina solo por los senderos tú lo que éstos y éstas?». Y así llegó a la con-
de la vida, cuando se pone en la situación versión definitiva exclamando: «¡Tarde te
de José, que siempre supo que el Niño no amé, belleza tan antigua y tan nueva!»[30].
era suyo, sino que simplemente había sido No queda más que implorar a san José la
confiado a su cuidado. Después de todo, eso gracia de las gracias: nuestra conversión.
es lo que Jesús sugiere cuando dice: «No
llamen “padre” a ninguno de ustedes en la A él dirijamos nuestra oración:
tierra, pues uno solo es su Padre, el del cie- Salve, custodio del Redentor
lo» (Mt 23,9). y esposo de la Virgen María.
Siempre que nos encontremos en la con- A ti Dios confió a su Hijo,
dición de ejercer la paternidad, debemos en ti María depositó su confianza,
recordar que nunca es un ejercicio de pose- contigo Cristo se forjó como hombre.
sión, sino un “signo” que nos evoca una pa-
ternidad superior. En cierto sentido, todos Oh, bienaventurado José,
nos encontramos en la condición de José: muéstrate padre también a nosotros
sombra del único Padre celestial, que «hace y guíanos en el camino de la vida.
salir el sol sobre malos y buenos y manda Concédenos gracia, misericordia y
la lluvia sobre justos e injustos» (Mt 5,45); y valentía,
sombra que sigue al Hijo. y defiéndenos de todo mal. Amén.
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Roma, en San Juan de Letrán,


[21] Cf. S. Rituum Congreg., Quemadmodum Deus (8 di-
8 de diciembre, Solemnidad de ciembre 1870): ASS 6 (1870-71), 193; B. Pío IX, Carta ap. In-
la Inmaculada Concepción de la clytum Patriarcham (7 julio 1871): l.c., 324-327.
Bienaventurada Virgen María, del año [22] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium,
2020, octavo de mi pontificado. 58.
[23] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 963-970.
[24] Edición original: Cień Ojca, Varsovia 1977.
[25] Cf. S. Juan Pablo II, Exhort. ap. Redemptoris custos,
7-8: AAS 82 (1990), 12-16.
[26] Cf. Gn 18,23-32.
[1] Lc 4,22; Jn 6,42; cf. Mt 13,55; Mc 6,3. [27] Cf. Ex 17,8-13; 32,30-35.
[2] S. Rituum Congreg., Quemadmodum Deus (8 diciem- [28] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium,
bre 1870): ASS 6 (1870-71), 194. 42.
[3] Cf. Discurso a las Asociaciones cristianas de Trabaja- [29] Cf. 1 Co 11,1; Flp 3,17; 1 Ts 1,6.
dores italianos con motivo de la Solemnidad de san José [30] Confesiones, 8, 11, 27: PL 32, 761; 10, 27, 38: PL 32, 795.
obrero (1 mayo 1955): AAS 47 (1955), 406.
[4] Exhort. ap. Redemptoris custos (15 agosto 1989):
AAS 82 (1990), 5-34.
[5] Catecismo de la Iglesia Católica, 1014.
[6] Meditación en tiempos de pandemia (27 marzo
2020): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua
española (3 abril 2020), p. 3.
[7] In Matth. Hom, V, 3: PG 57, 58.
[8] Homilía (19 marzo 1966): Insegnamenti di Paolo VI,
IV (1966), 110.
[9] Cf. Libro de la vida, 6, 6-8.
[10] Todos los días, durante más de cuarenta años,
después de Laudes, recito una oración a san José to-
mada de un libro de devociones francés del siglo XIX,
de la Congregación de las Religiosas de Jesús y Ma-
ría, que expresa devoción, confianza y un cierto reto
a san José: «Glorioso patriarca san José, cuyo poder
sabe hacer posibles las cosas imposibles, ven en mi
ayuda en estos momentos de angustia y dificultad.
Toma bajo tu protección las situaciones tan graves
y difíciles que te confío, para que tengan una buena
solución. Mi amado Padre, toda mi confianza está
puesta en ti. Que no se diga que te haya invocado en
vano y, como puedes hacer todo con Jesús y María,
muéstrame que tu bondad es tan grande como tu
poder. Amén».
[11] Cf. Dt 4,31; Sal 69,17; 78,38; 86,5; 111,4; 116,5; Jr 31,20.
[12] Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre
2013), 88, 288: AAS 105 (2013), 1057, 1136-1137.
[13] Cf. Gn 20,3; 28,12; 31,11.24; 40,8; 41,1-32; Nm 12,6; 1 Sam
3,3-10; Dn 2; 4; Jb 33,15.
[14] En estos casos estaba prevista la lapidación (cf.
Dt 22,20-21).
[15] Cf. Lv 12,1-8; Ex 13,2.
[16] Cf. Mt 26,39; Mc 14,36; Lc 22,42.
[17] S. Juan Pablo II, Exhort. ap. Redemptoris custos
(15 agosto 1989), 8: AAS 82 (1990), 14.
[18] Homilía en la Santa Misa con beatificaciones, Vi-
llavicencio – Colombia (8 septiembre 2017): AAS 109
(2017), 1061.
[19] Enchiridion de fide, spe et caritate, 3.11: PL 40, 236.
[20] Cf. Dt 10,19; Ex 22,20-22; Lc 10,29-37.

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