0% encontró este documento útil (0 votos)
22 vistas6 páginas

Supuestos básicos en grupos según Bion

El documento describe los conceptos de supuestos básicos propuestos por Bion para analizar el funcionamiento emocional de los grupos. Bion identificó tres supuestos básicos: dependencia, ataque-fuga y apareamiento. Los supuestos básicos se refieren a un nivel emocional primitivo que puede interferir con el funcionamiento racional del grupo.

Cargado por

Ayma Ramirez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
22 vistas6 páginas

Supuestos básicos en grupos según Bion

El documento describe los conceptos de supuestos básicos propuestos por Bion para analizar el funcionamiento emocional de los grupos. Bion identificó tres supuestos básicos: dependencia, ataque-fuga y apareamiento. Los supuestos básicos se refieren a un nivel emocional primitivo que puede interferir con el funcionamiento racional del grupo.

Cargado por

Ayma Ramirez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Bion realizó una primera experiencia con grupos como psiquiatra militar inglés durante la Segunda Guerra

Mundial. Estaba encargado de un hospital de unos 400 hombres donde se volvía imposible realizar abordajes
psicoterapéuticos individuales y en el que reinaba la indisciplina y la anarquía. Se le ocurrió ver en ello una
situación psicoanalítica en la que el “paciente era una comunidad”. Su objetivo fue obligar a esta colectividad
a tomar conciencia de sus dificultades, a constituir un grupo propiamente dicho y volverse capaz de
organizarse a sí misma.
Después de la guerra, Bion se ocupó de la readaptación de los veteranos y antiguos prisioneros de guerra a
la vida civil, con un método de psicoterapia de grupo que se planteaba como objetivo "tratar de comprender
las tensiones que se manifiestan en el curso de las sesiones, entre sus integrantes".
Estas primeras experiencias fueron organizando las producciones teóricas de Bion sobre lo grupal. Muy
sintéticamente, enunció que el comportamiento de un grupo se efectúa a dos niveles, el de la tarea común
y el de las emociones comunes; el primer nivel es racional y consciente: todo grupo tiene una tarea que él
mismo se da, el éxito de la misma depende del análisis correcto de la realidad exterior, de la distribución y
ordenada coordinación de los roles en el interior del grupo, de la regulación de las acciones por medio de la
búsqueda de las causas de éxitos y fracasos y de la articulación relativamente homogénea de medios y
objetivos.
Destacó que los individuos reunidos en un grupo se combinan en forma instantánea e involuntaria para actuar
según unos estados afectivos que denominó “supuestos básicos”; Describió tres supuestos básicos a los que
el grupo sin reconocerlos se somete alternativamente; expresan algo así como fantasías grupales, de tipo
omnipotente y mágico, acerca del modo de obtener sus fines, de satisfacer sus deseos. Todos ellos son
producciones grupales que tienden a evitar las frustraciones inherentes al aprendizaje por experiencia, en
tanto esto implica esfuerzo, dolor y contacto con la realidad. Los denominó supuesto básico de dependencia,
supuesto básico de ataque y fuga y supuesto básico de apareamiento.
La narrativa de un grupo bajo el supuesto básico de dependencia sustenta el argumento por el cual el grupo
está reunido para que alguien, de quien este depende en forma absoluta, provea la satisfacción de todas sus
necesidades y deseos; implica la creencia colectiva de que ese alguien tendrá por función proveer seguridad
al grupo; es la creencia de una deidad protectora cuya bondad, potencia y sabiduría no se cuestionan.
El supuesto básico de ataque y fuga consiste en la convicción grupal de que existe un enemigo y que es
necesario atacarlo o huir de él, en tanto la única actividad defensiva frente a este objeto es su destrucción
(ataque) o evitación (huida).
Por último, cuando opera el supuesto básico de apareamiento sus integrantes producen una creencia
colectiva e inconsciente por la cual un hecho futuro o un ser no nacido resolverá sus problemas; constituyen
una esperanza de tipo mesiánico, lo importante en este estado emocional es la idea de futuro más que la
resolución en el presente.
Se ha considerado a los supuestos básicos como reacciones grupales defensivas a las ansiedades psicóticas,
reactivadas por el dilema del individuo dentro del grupo y la regresión que este dilema le impone.

Los supuestos básicos refieren a un nivel emocional primitivo que coexiste según Bion con otro nivel de
funcionamiento que es del grupo de trabajo. En síntesis, la actividad de un grupo de trabajo se ve
frecuentemente interferida por la aparición de factores emocionales; esta aparición puede ser en forma de
dependencia, de agresión y huida, o por la formación de un apareamiento mesiánico.

El planteo de los supuestos básicos como organizadores implica una búsqueda de un sistema de legalidades propio,
específico del campo grupal; según Anzieu, hasta Bion la comprensión psicoanalítica de los grupos consistía en un
psicoanálisis aplicado al grupo ya que, hasta entonces los grupos no se habían considerado aun dentro de esta disciplina
como un posible campo, de descubrimientos. La noción de supuestos básicos es un primer intento, dentro de los
aportes psicoanalíticos, de tomar a los grupos ya no como un campo de aplicación sino como un campo de
descubrimiento.

No habría que subestimar que uno de los resortes de esta posibilidad haya sido la falta de urgencias explicitada por
Bion de denominar psicoanalíticos a los tratamientos grupales por él desarrollados.

La noción de supuesto básico como organizador grupal, opera restrictivamente en la lectura de los acontecimientos
grupales, tipificando los mismos según “contenidos” preestablecidos; asimismo, suelen inducir en el coordinador un
adentro grupal ilusorio, cerrando su lectura hacia el grupo plegado sobre sí mismo (grupo isla).
Para Bion los grupos, en tanto espacios de producción colectiva, constituyen un campo de descubrimiento que necesita,
para su elucidación, la creación de instrumentos conceptuales específicos. Si bien capturado en la narrativa kleiniana,
supo puntualizar una serie de acontecimientos específicamente grupales a los que intentó comprender a través de la
producción de conceptos también específicos. Es decir que, desde un lugar de escucha analítica, no aplicó el corpus
psicoanalítico “in toto”, sino que dejó planteada la necesidad de instrumentos conceptuales específicos de la
grupalidad, abriendo así el campo grupal como espacio de producción teórica y no como un mero campo de aplicación
del psicoanálisis.

René Kaes, mantiene operante su preocupación por la articulación de lo que él llama “grupo adentro “ y el
“grupo afuera”, o sea grupalidad interna y grupo real. Puntualiza que el grupo, como objeto representado, es
una imagen cuyos referentes son a la vez endopsíquicos y externos, es decir, correspondientes a la realidad
material y social.
La reducción realista ignora el hecho de que el proceso grupal es tributario del objeto-grupo representado;
inversamente, la reducción psicologista desconoce la existencia en el proceso grupal de la determinación por
su base material. Estos dos tipos de reducción cumplen una función análoga de enmascaramiento de la
discontinuidad entre la realidad psíquica y la realidad social. Se vuelve necesario por lo tanto comprender en
primer lugar, la razón de tales reducciones y pensar las formas de articular tanto lo que se confunde como lo
que se separa.
Por otra parte, tal articulación no podrá evitar los reduccionismos señalados en tanto no se abandone la
epistemología de las ciencias positivas, en la cual aun hoy se fundamentan las Ciencias Humanas, ya que
dicha epistemología supone un objeto discreto, autónomo, reproducible, no contradictorio y unívoco; implica
una lógica de lo Uno, donde la singularidad del objeto teórico no debe verse afectada, dado su aislamiento
metodológico por las condiciones de posibles aproximaciones con otros campos disciplinarios.
En “El dispositivo grupal” ya se había señalado que una eventual teoría de los grupos no había constituido su
objeto teórico, indicando que esto pudiera deberse a la insuficiencia de abordajes realizados desde un solo
campo disciplinario dados los múltiples atravesamientos de los grupos, como así también las dudas
epistémicas que ofrece la posibilidad de postulación de un objeto formal abstracto grupo. De todos modos
las exigencias de buscar, por ejemplo, “el objeto formal abstracto” de una disciplina, operaron en nuestro
medio, en la década del 70, tanto en un sentido positivo corno en un sentido negativo. En el primer aspecto
actuaron como denunciantes de la falta de sostén teórico de la mayoría de las técnicas grupales; en el
segundo aspecto, en el terreno de las psicologías, quedaron devaluados todos aquellos campos disciplinarios
entre ellos el grupal- que no quedaran claramente incluidos dentro del campo psicoanalítico, en tanto este
era el único campo que había constituido su “objeto formal abstracto”.

Sin duda, la lógica del objeto discreto ha demostrado ocasionar problemas para comprender las
transferencias mutuas entre los distintos niveles ya que desde ella no puede pensarse la articulación de las
formaciones de lo singular y lo colectivo. En la actualidad se abre la expectativa con respecto a las
investigaciones sobre la lógica de la paradoja y de lo discontinuo; pueden otorgar aportes significativos para
comprender, desde epistemologías transdisciplinarias, tales espacios.
A partir de estas consideraciones podría iniciarse, al hacer visible una suerte de agotamiento de las lógicas
de objeto discreto para pensar lo grupal. De ser así, queda planteado un desafío en la indagación de los nudos
teóricos grupales: reflexionar sobre la pertinencia de enfoques epistemológicos transdisciplinarios.

Un criterio transdisciplinario supone replantear varias cuestiones. En primer lugar, un trabajo de elucidación
crítica sobre los cuerpos teóricos involucrados, que desdibuje una intención legitimante de lo que ya se sabe
para poder desplegar la interrogación de hasta dónde sería posible pensar de otro modo. Implica asimismo
el abandono de cuerpos nacionales hegemónicos de disciplinas “reinas” a cuyos postulados, códigos y orden
de determinaciones se subordinan disciplinas satelizadas; sobre estos presupuestos se crean las condiciones
para la articulación de contactos locales y no globales entre diferentes territorios disciplinarios, como así
también que aquellos saberes que las disciplinas hegemónicas habían satelizado, recobren su potencialidad
de articulaciones multivalentes con otros saberes a fines.
De esta forma los cuerpos teóricos funcionan como “cajas de herramientas”, es decir, aportan instrumentos
y no sistemas conceptuales; instrumentos teóricos que incluyen en su reflexión una dimensión histórica de
las situaciones que analizan; herramienta que junto a otras herramientas se produce para ser probada en el
criterio de su universo, en conexiones múltiples, locales y plurales con otros quehaceres teóricos. Se hace
clara entonces la diferencia con producciones teóricas que se transforman en concepciones del mundo, que
se autolegitiman en el interior de su universo teórico institucional y que por lo mismo exigen que toda
conexión con ellas implique instancias de subordinación a la globalidad de su cuerpo teórico.
Aquí es pertinente distinguirlos criterios epistemológicos transdisciplinarios de la “epistemología
convergente” de Pichon Riviére. Ambos intentan dar respuesta a problemáticas que resistan ser reducidas a
un solo campo disciplinario, pero los caminos elegidos son diferentes. La “epistemología convergente” aspira
a que en tal convergencia todas las Ciencias del Hombre funcionen como una unidad operacional y aporten
elementos para la construcción de los esquemas referenciales del campo grupal. Una epistemología que haga
posible una “Teoría del Hombre Entero”. Como puede observarse esta opción epistémica se sustenta en una
noción de hombre muy característica de los paradigmas humanísticos vigentes en los años 60; en la ilusión
de lo Uno, donde en su convergencia las diferentes disciplinas pudieran conformar un discurso totalizador.
Donde si bien evitan el reduccionismo de dar cuenta del campo grupal desde una sola disciplina, poniendo
las diferentes ciencias en interrelación, no cuestionan a las ciencias positivas en la territorialización de sus
saberes.
Los criterios transdisciplinarios se sustentan, justamente, a partir de una elucidación crítica de este tipo de
localizaciones, buscando nuevas formas de articular lo uno y lo múltiple. En su propuesta de contactos locales
y no globales localizan un “thema” en su singularidad problemática y éste es atravesado por diferentes
saberes disciplinarios; sin embargo no pretenden unificarlos en una unidad globalizante. Por lo tanto, más
que una búsqueda de universales, indaga matrices generativas, problemas en relación a los cuales los
atravesamientos disciplinarios puedan dar cuenta de las múltiples implicancias del tema en cuestión. Esto
hace posible elucidar tanto las convergencias como las divergencias disciplinarias en relación al mismo.
Este movimiento que propone el atravesamiento de diferentes áreas de saberes, a partir de “themas” a
elucidar, sostiene varias y complejas implicancias, En primer lugar, cuando cierta región de una disciplina se
transversaliza con otros saberes, pone en crisis muchas de sus zonas de máxima evidencia. En segundo lugar,
exige la constitución de redes de epistemología crítica abocadas a la elaboración de aquellos criterios
epistémicos que en su rigurosidad hagan posible evitar cualquier tipo de patch-works teóricos. En tercer
lugar, y ya en el plano de las prácticas, vuelve necesaria otra forma de constitución de los equipos de trabajo;
si no hay disciplinas “reinas” tampoco habrá profesiones hegemónicas, Este pluralismo no es sencillo de
lograr.

En función de lo aquí esbozado es que se ha propuesto pensar los grupos, más como campos de
problemáticas. En ese sentido es que se los enuncia como “nudos teóricos”, aludiendo al desdisciplinamiento
disciplinario que se vuelve necesario instrumentar para su conceptualización. De tal manera, una eventual
teoría de los grupos tendrá que bascular permanentemente, en un doble movimiento, investigando en la
especificidad de lo que en un grupo acontece y trabajando -al mismo tiempo- el entramado de tal
especificidad en inscripciones más abarcativas.
En cada acontecimiento grupal operan todas las inscripciones transversalmente; La noción de atravesamiento
se ofrece como una herramienta válida en el desdibujamiento de los grupos islas, como también para
repensar lo singular y lo colectivo por fuera de la tradicional antinomia individuo-sociedad. Al pensar los
grupos en el atravesamiento de sus múltiples inscripciones se crean las condiciones de posibilidad e incluirlos
en campos de análisis más abarcativos. Este criterio permite trabajar el desdibujamiento del grupo-isla ya
que necesariamente remite al anclaje institucional de los grupos. Al mismo tiempo, contribuye a desmarcar
la antinomia individuo-sociedad en tanto implica significantes sociales operando, no como efecto de
influencia sobre el individuo, sino como fundantes del sujeto.
Pichon Riviere, pasa paulatinamente del psicoanálisis a la psicología social ya que cada vez le fue interesando
más el aspecto social, las actividad, los grupos en la sociedad. Ello implicó abandonar la concepción
psicoanalista ortodoxa, a la cual se había entregado con tanta pasión. La ruptura al psicoanálisis significó un
verdadero obstáculo epistemológico, una aguda crisis que le llevó muchos años superar.
La psicología social, ofrece una mayor capacidad operacional y la posibilidad de hacer accesible el análisis a
grupos de personas que no podían costearse un tratamiento individual. Es una “democratización” del
psicoanálisis, y por lo tanto lo hace más útil, eficaz para la sociedad.
El ECRO, es un rasgo fundamental de su método dialéctico, ya que es el desdoblamiento de lo que es uno y
el conocimiento de sus partes contradictorias. El ECRO, es decir, el Esquema Conceptual, Referencial y
Operativo, es un instrumento con el que se opera en el campo de la psicología social.
Cuando se habla de “esquema”, hablamos de un conjunto articulado de conocimientos. Y entendemos por
“esquema conceptual “ a los sistemas de ideas que alcanzan una vasta generalización. Son síntesis, más o
menos generales, de proposiciones que establecen las condiciones según las cuales se relacionan entre sí los
fenómenos empíricos. Es un conjunto de conocimientos que proporciona líneas de trabajo e investigación.
El descubrimiento se hace posible por la adecuación del esquema conceptual del investigador a las
características del fenómeno a investigar. Un esquema conceptual es un conjunto organizado de conceptos
universales que permiten una aproximación adecuada al objeto particular. Se facilita así el enfrentamiento
de la situación concreta a indagar o resolver. Una vez elaborado el esquema conceptual, su transmisión es
rápida, fácil, es decir, el esquema conceptual es aprendible y transmisible.
Por lo tanto, podemos decir que el ECRO es un modelo. Es una simplificación o aproximación de los hechos
naturales estudiados que por su contribución lógica, enriquece la comprensión que por analogía nos permite
la comprensión de ciertas realidades. El ECRO es, entonces, instrumento de aprehensión del sector de la
realidad que nos proponemos estudiar.
Un elemento fundamental de nuestro ECRO es el criterio de operatividad. En nuestro esquema conceptual,
la operatividad representa lo que en otros esquemas es el criterio tradicional de verdad. Si con nuestro ECRO
enfrentamos una situación social concreta, no nos interesa solo que la interpretación sea exacta, sino,
fundamentalmente nos interesa la adecuación en términos de operación. Es decir, la posibilidad de promover
una modificación creativa o adaptativa según un criterio de adaptación activa a la realidad. Por eso hemos
dicho, que la psicología social es direccional y significativa, en el sentido de que está orientada al cambio.
Este criterio de operatividad es el que se incluye en nuestro esquema conceptual orientándolo hacia la
operación.

Pichon Riviere, califica a un grupo como “operativo” cuando apunta hacia una dirección determinada, para
comprenderla y dirigirla. El grupo operativo es nuestro instrumento para el logro de una praxis. Considera
grupo operativo en la medida en que permite aprender a pensar, a vencer a través de la cooperación y la
complementariedad en las tareas las dificultades de aprendizaje, es terapéutico. Es decir, el grupo operativo
ayuda a superar el estancamiento enriqueciendo el conocimiento de sí y del otro en las tareas.

También podría gustarte