Manual de Razonamiento Probatorio
Manual de Razonamiento Probatorio
razonamiento
probatorio
J O R D I F E R R E R B E LT R Á N
COORDINADOR
Sistema Bibliotecario de la Suprema Corte de Justicia de la Nación
Catalogación
PO
H125.113 Manual de razonamiento probatorio / coordinador Jordi Ferrer Beltrán ; esta obra estuvo a cargo de la Dirección
M368m General de Derechos Humanos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación ; presentación Ministro Arturo
Zaldívar ; introducción Jordi Ferrer Beltrán. -- Primera edición. -- Ciudad de México, México : Suprema Corte de
Justicia de la Nación, 2022.
1 recurso en línea (xviii, 480 páginas ; 24 cm.)
Contenido: Prueba, hechos y verdad / Daniel González Lagier -- Los momentos de la actividad probatoria en el
proceso / Jordi Ferrer Beltrán -- La conformación del conjunto de elementos de juicio I : proposición de pruebas / Jordi
Ferrer Beltrán -- La conformación del conjunto de elementos de juicio : admisión de pruebas / Carmen Vázquez y
Mercedes Fernández López -- La conformación del conjunto de elementos de juicio III : principios generales de la
práctica de la prueba / Mercedes Fernández López -- La conformación del conjunto de elementos de juicio : la práctica
de la prueba pericial y de la prueba testifical / Carmen Vázquez -- La valoración de la prueba I : la valoración individual de
la prueba / Carmen Vázquez y Mercedes Fernández López -- Inferencia probatoria y valoración conjunta de la prueba
/ Daniel González Lagier -- La decisión probatoria / Jordi Ferrer Beltrán -- La motivación sobre los hechos / Jordi Ferrer
Beltrán
ISBN 978-607-552-268-5
1. Pruebas – Razonamiento jurídico – Doctrina – Criterio jurisprudencial – México 2. Etapas probatorias – Elementos
del proceso 3. Admisión de pruebas – Analisis 4. Ejecución de pruebas 5. Prueba testimonial 6. Prueba testimonial
7. Valoración de pruebas I. Ferrer Beltrán, Jordi, coordinador, autor de introducción II. Zaldívar Lelo de Larrea, Arturo,
1959- , escritor de presentación III. México. Suprema Corte de Justicia de la Nación. Dirección General de Derechos
Humanos
LC KGF2640
Prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio, sin autorización escrita de los titulares de los derechos.
El contenido de los documentos que conforman esta obra es responsabilidad exclusiva de los autores y no representa en
forma alguna la opinión institucional de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Esta obra estuvo a cargo de la Dirección General de Derechos Humanos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Primera Sala
Ministro Jorge Mario Pardo Rebolledo
Presidente
Segunda Sala
Ministro Alberto Pérez Dayán
Presidente
Presentación ......................................................................................... IX
Introducción ........................................................................................ XIII
Capítulo I
Prueba, hechos y verdad
Daniel González Lagier ................................................................................ 1
Capítulo II
Los momentos de la actividad probatoria en el proceso
Jordi Ferrer Beltrán ...................................................................................... 47
I. Introducción........................................................................... 49
V
VI
VII
VIII
Presentación
En los últimos diez años, el derecho en nuestro país ha atravesado una verdadera
revolución. La reforma constitucional de 2011 en materia de derechos humanos,
interpretada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, dio lugar a un nuevo
paradigma a partir del cual el lenguaje del derecho se ha transformado. En esta
década se amplió el parámetro de regularidad constitucional, se consignaron herra
mientas interpretativas novedosas, se estableció la vinculatoriedad de las senten
cias emitidas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y recientemente
se afirmó la obligación de las juzgadoras y los juzgadores federales de realizar un
control oficioso de convencionalidad de todas las normas sujetas a su conoci
miento, entre muchos otros logros.
IX
X Manual de razonamiento probatorio
Así, los Manuales abordan temas que han sido poco explorados en la formación
de las impartidoras y los impartidores de justicia, aun cuando resultan trascenden
tales para su labor. Algunos Manuales desarrollan conocimientos transversales a
la función jurisdiccional, con independencia de la materia. Otros buscan profun
dizar sobre temas específicos en diversas materias como penal, civil o laboral.
La correcta valoración de las pruebas, el cause que conecta los hechos y la averi
guación de la verdad, no serían posibles sin la racionalidad de las pruebas dentro
de los procesos judiciales, en ese sentido, el razonamiento probatorio es un tema
que cada vez cobra mayor relevancia en la actividad jurisdiccional, pues constituye
un conocimiento central en la práctica diaria de las personas juzgadoras.
Presentación XI
Con una estructura clara y didáctica, el texto ofrece aportaciones teóricas y acadé
micas, así como análisis de criterios jurisprudenciales que han definido y creado
estándares del razonamiento de la prueba, con el fin de ofrecer a las personas
operadoras de justicia de nuestro país un panorama tanto teórico como práctico
para identificar la forma en la que opera el razonamiento de la prueba en cada
uno de los tres momentos de la actividad probatoria, siendo éstos: el momento
de la conformación del conjunto de elementos de juicio o pruebas, el de la valo
ración y el de la decisión sobre los hechos.
Para ello, las personas autoras abordan a lo largo del Manual algunos puntos
clave: las intersecciones entre un buen razonamiento probatorio, una correcta
aplicación del derecho manteniendo la encomienda de protección y garantía de
los derechos humanos, la identificación de buenas prácticas en la institución
probatoria y las deficiencias en el actual escenario del razonamiento probatorio.
Asimismo, se proponen estrategias para analizar casos sustentando las decisiones
judiciales en el razonamiento y la verdad, se identifican los diversos aspectos del
razonamiento en los distintos tipos de prueba, se analizan las exigencias que la
racionalidad impone en la fase de valoración de la prueba, distinguiendo entre
XII Manual de razonamiento probatorio
Por ello, con miras a proporcionar herramientas que auxilien a las personas juz
gadoras en su labor jurisdiccional en materia de razonamiento probatorio, to
mando en cuenta la importancia que conlleva la racionalidad de las pruebas para
garantizar la objetividad en las decisiones judiciales, se ha creado este Manual el
cual estoy convencido, facilitará el cumplimiento de esa labor.
XIII
XIV Manual de razonamiento probatorio
A partir de esa asunción, el manual adopta una clasificación de las etapas proce
sales sobre la prueba, en función del tipo de actividad que se realiza en cada
una de ellas. Esas etapas, o momentos de la actividad probatoria, pueden dividirse
en tres. El primer momento corresponde a la conformación del conjunto de
elementos de juicio o pruebas que luego se tomarán en consideración para deci
dir. Este momento incluye desde la proposición de prueba y su admisión hasta la
práctica de las pruebas en el juicio oral. El segundo es el momento de la valo
ración de la prueba, que incluye la valoración individual de la fiabilidad de cada
una de las pruebas admitidas al proceso y la valoración en conjunto de las pruebas
a los efectos de determinar el grado de corroboración que otorgan a cada hipó
tesis fáctica sobre el caso. Finalmente está el momento de la decisión sobre los
hechos, en el que la persona juzgadora debe decidir y motivar qué hipótesis
pueden considerarse probadas y qué hipótesis, en cambio, no alcanzan esa consi
deración, sobre la base de las reglas procesales que regulen esa decisión —presun
ciones, cargas y estándares de prueba— y de las conclusiones sobre el grado de
corroboración probatoria alcanzado. Con estas dos asunciones básicas —el obje
tivo de la averiguación de la verdad y la clasificación de los momentos de la
actividad probatoria—, el manual pretende mostrar cómo debemos operar en
cada uno de esos momentos de la actividad probatoria para maximizar las proba
bilidades de acierto de la decisión sobre los hechos —i.e., la probabilidad de que
lo que se declare probado coincida con la verdad—. La mayoría de la literatura
en materia de prueba, especialmente en español, ha puesto el énfasis en la valo
ración de la prueba, y, menos, en el primero y el tercero de los momentos de la
actividad probatoria. En cambio, una particularidad importante de este manual
es que se pondrá una atención especial en el momento de la conformación del
acervo probatorio. Permítaseme una metáfora culinaria que puede resultar gráfica
para entender la razón de esa propuesta: si queremos cocinar un buen platillo,
no basta con desarrollar una buena técnica de cocina, es fundamental disponer
de buenos ingredientes, elegir una excelente materia prima. Es en el momento de la
XVIII Manual de razonamiento probatorio
Una vez presentado el contenido básico que el lector encontrará en este manual,
conviene realizar una advertencia acerca de lo que el libro no es: en efecto, este
no es un texto de derecho probatorio mexicano; el objetivo principal del tra
bajo no es describir las normas procesales sobre la prueba ni tampoco la jurispru
dencia al respecto. Sin duda, las autoras y los autores de este libro no seríamos
los más adecuados para una labor de ese tipo. Por eso, tanto la legislación como las
decisiones judiciales mexicanas estarán presentes en el texto que sigue a corte de
ejemplos de buenos o malos diseños procesales, de mejores o peores decisiones
judiciales en materia probatoria, sin que para nosotros constituyan necesariamente
un criterio al que apegarse.
No pretendemos que este manual sea una herramienta autosuficiente, pero sí que
constituya un instrumento útil para la capacitación inicial del personal judicial
y también para su formación continuada, sirviendo de apoyo para la docencia de
capacitadores o de texto de consulta y referencia en el trabajo diario de las per
sonas juzgadoras. Con ello, esperamos contribuir a la mejora de la formación de
las juzgadoras y los juzgadores mexicanos y, en consecuencia, de la administra
ción de justicia.
Las normas jurídicas pueden verse como instrumentos de los que dispone la
jueza o el juez para resolver los conflictos jurídicos que se le plantean. Tales normas
tienen una estructura condicional que correlaciona un supuesto de hecho —que
se refiere genéricamente a una clase o tipo de hechos— con una consecuencia
jurídica. Las normas le dicen al juez qué decisión debe tomar si se produce un
caso de un determinado tipo de hechos. Por ello, la persona juzgadora debe esta
blecer si estos hechos han tenido lugar, como paso previo para la resolución del
conflicto. El Derecho, por tanto, tiene la pretensión de reaccionar con determi
nadas soluciones jurídicas —sanciones u otro tipo de efectos jurídicos— ante
distintas situaciones que puedan darse en la realidad. Esta pretensión es funda
mental para su función como guía de la conducta, resolución de conflictos y
ordenación de la sociedad.
3
4 Manual de razonamiento probatorio
Podemos decir, por ejemplo, que Ticio acusa a Cayo de haber matado a Sempro
nio; por lo que es a Ticio a quien le corresponde la prueba de esos hechos (prueba
como actividad); para ello dispone de varias pruebas: declaraciones de testigos,
informes periciales, etcétera (prueba como “medios de prueba”); y como resultado
de todo ello ha quedado probado que Cayo fue el culpable (prueba como resul
tado o los hechos probados). A estos sentidos hay que añadir un cuarto: para pasar
de la información obtenida a través de los medios de prueba a los hechos probados
es preciso un razonamiento, que puede ser muy complejo, al que en ocasiones
también se le llama “prueba”. Para deshacer la ambigüedad, a este sentido de
“prueba” podemos llamarlo razonamiento probatorio. Un razonamiento —o infe
rencia, o argumento— es un conjunto de enunciados que expresan razones que
apoyan una conclusión. La prueba de un hecho, en este sentido, es el razonamien
to —o el conjunto de razonamientos— que trata de mostrar que tenemos suficientes
razones para aceptar que ese hecho ha ocurrido, que ha tenido lugar.
Sea cual sea el sentido de “prueba” que estemos usando, estará estrechamente
relacionado con la noción de “hecho”. Por tanto, un paso previo para entender
el razonamiento probatorio, la actividad de probar o qué es un dato probatorio
es esclarecer este concepto; no obstante, aunque en el trabajo y en las discusiones
de los juristas hay implícito un concepto de “hecho”, no es fácil sacarlo a la luz de una
manera precisa y clara.
La definición clásica de los juristas de “hecho jurídico” lo define como todo aquel
fenómeno o acontecimiento de la realidad, mencionado en el antecedente de una
Prueba, hechos y verdad 5
norma jurídica, al que ésta anuda ciertas consecuencias jurídicas. Pero estas
aproximaciones sustituyen el “hecho” por expresiones sin definir, como fenómeno
o acontecimiento, por lo que no nos permiten avanzar mucho. Se trata, además,
de una definición que pone el acento en qué es lo que hace que un hecho sea
jurídico, más que en aclarar qué es un hecho.1 Otras veces, se contrapone “hecho jurí
dico” a “acto jurídico”, señalando la diferencia entre aquello que nos sucede
—hechos— y aquello que hacemos —actos—. Pero cuando hablamos de “la prue
ba de los hechos” nos referimos a un sentido más amplio de “hecho”, que no
incluye sólo a acontecimientos ajenos a la voluntad humana: el objeto de la prueba
puede ser tanto aquello que hacemos como aquello que nos sucede. Los intentos
de aclarar el concepto general de “hecho” de los juristas, por lo común, han sido
muy limitados —a diferencia de sus esfuerzos para definir algunos tipos de hechos
en particular, como las acciones o las omisiones—.
1
Cf. Aguiló, Teoría general de las fuentes del Derecho (y del orden jurídico), pp. 52 y ss.
6 Manual de razonamiento probatorio
Por tanto, de acuerdo con esta concepción, debe trazarse una distinción entre, por
un lado, el mundo y, por otro, el lenguaje y el pensamiento. Los hechos están en el
mundo; nuestras creencias acerca de ellos forman parte del pensamiento —que
expresamos por medio del lenguaje— y la relación entre los hechos y las creencias
es una relación de verdad o falsedad, esto es, nuestras creencias —y las oracio
nes que las expresan— son verdaderas cuando se corresponden con los hechos
a los que se refieren, y falsas si no se corresponden con ellos.
3. Hechos y objetos
La anterior definición implica que los hechos y las entidades u objetos son
cosas distintas, porque los objetos no hacen verdaderas o falsas a nuestras creencias
—salvo indirectamente en la medida en que están involucrados en los objetos—
2
Russell, “La filosofía del atomismo lógico”, en La concepción analítica de la filosofía, p. 144.
3
Cf. Russell, El conocimiento humano, p. 156.
4
Id.
Prueba, hechos y verdad 7
Dado que los objetos no hacen por sí solos verdaderas o falsas a nuestras creen
cias o afirmaciones, y dado que la finalidad de la prueba —en los casos centra
les— es establecer la probable verdad de ciertas afirmaciones, entonces las cosas
particulares, por sí mismas, no pueden ser el objeto de la prueba. Lo que puede
probarse es la existencia de un objeto—que sí es un hecho— pero no, el objeto
en sí. Una pistola no puede probarse, pero sí que esa pistola estaba en posesión
de un sujeto o que fue el arma utilizada para tal homicidio o que ha sido recien
temente usada. Esto es, los hechos son acontecimientos que “les ocurren” a los
objetos o propiedades que pueden predicarse de ellos.
5
Russell, “La filosofía… cit.”, p. 145.
6
Miranda, La mínima actividad probatoria en el proceso, pp. 34 y 35.
8 Manual de razonamiento probatorio
se tiene en cuenta la distinción entre “hechos” y “objetos” —puesto que una mesa es
un objeto, y no un hecho— lo que demuestra el argumento es que no es posible
probar objetos, no que no sea posible probar hechos. La posesión o no de las
cualidades que se predican de la mesa del ejemplo son hechos, y es precisamente
lo que hay que probar.
4. Hechos genéricos
y hechos individuales
7
Esta distinción es una extensión de la distinción de G. H. von Wright entre “acciones genéricas” y
“acciones individuales”. Von Wright, Norma y acción. Una investigación lógica, p. 45.
Prueba, hechos y verdad 9
entre hechos brutos, hechos percibidos y hechos interpretados.8 Podemos llamar hecho
bruto al hecho entendido como un puro acontecimiento empírico, realmente
ocurrido, independiente de toda observación, esto es, desnudo de subjetividades
e interpretaciones; hecho percibido al conjunto de datos o impresiones que el hecho
bruto causa en nuestros sentidos y transmite a nuestro cerebro; y hecho interpre-
tado a la descripción o interpretación que hacemos de tales datos sensoriales. Así,
no es lo mismo el hecho real de que Juan agita su brazo, la percepción que un
observador tiene de ese movimiento, esto es, los datos sensoriales que tal hecho
externo causa en su cerebro, y la interpretación que hace de esos movimientos,
como un saludo, una amenaza, un aviso de algún peligro, etcétera. Cuando se dice
que los hechos son independientes del observador y sus creencias, nos referimos
al primer sentido de “hecho”, esto es, a los hechos brutos.
6. Hechos naturales
y hechos institucionales
8
Cf. González Lagier, Quaestio Facti. Ensayos sobre prueba, causalidad y acción, cap. I.3.2.
9
Cf. Searle, Actos de habla, pp. 58-61.
10 Manual de razonamiento probatorio
sistema, y también que tales normas “se usaron” adecuadamente por los sujetos
que pretendían contraer matrimonio.
1. Cognoscitivismo y escepticismo
El cognoscitivismo ingenuo se basa en una imagen muy extendida acerca del mun
do, probablemente la imagen de sentido común, de acuerdo con la cual los hechos
—y, en general, la realidad— son plenamente objetivos y los conocemos porque
“impactan” en nuestra conciencia por medio de nuestros sentidos. Esta concep
ción puede precisarse por medio de dos tesis:
Para esta representación del mundo, los hechos son datos brutos, evidentes y no
problemáticos ofrecidos por la realidad.10 Si dudamos acerca de si un hecho ocu
rrió, nuestra duda se deberá a un problema de falta de información: si no podemos
establecer la verdad de la proposición “Cayo mató a Sempronio” es simplemente
10
Andrés Ibáñez, “Acerca de la motivación de los hechos en la sentencia penal”, en Doxa, p. 263.
Prueba, hechos y verdad 11
2. El escepticismo (o no cognoscitivismo)
entre los juristas
11
V. Bunge, Racionalidad y realismo.
12 Manual de razonamiento probatorio
no por los hechos en sí, los cuales son o no son y en consecuencia, a decir
de Serra, no requieren ser probados, siendo así que, además, los hechos se
caracterizan por ser fenómenos exteriores ya acontecidos, no presencia
dos, por tanto, por el juez ni susceptibles de volver a acaecer; el objeto de
la prueba viene determinado por las afirmaciones que respecto de los tales
hechos realizan las partes.12
12
Asencio, Prueba prohibida y prueba preconstituida, p. 15.
Prueba, hechos y verdad 13
13
Cf. Gascón, Los hechos en el Derecho. Bases argumentales de la prueba, pp. 42 y ss.
14 Manual de razonamiento probatorio
14
Cf. Asencio, op. cit., p. 15.
Prueba, hechos y verdad 15
15
Gascón, op. cit., p. 121.
16
Alchourrón y Bulygin, Análisis lógico y derecho, pp. 309 y ss.
16 Manual de razonamiento probatorio
17
V. Ferrer, Prueba y verdad en el Derecho.
Prueba, hechos y verdad 17
Todas estas dificultades, las relacionadas con la percepción y las relacionadas con
la interpretación de los hechos, constituyen escollos que el juez debe superar a la
hora de valorar la prueba de los mismos. Por ejemplo, supongamos que Marco,
un testigo con credibilidad, afirma que vio a Cayo golpeando a Sempronio; el juez,
antes de inferir de esta afirmación que realmente Cayo golpeó a Sempronio, debe
asegurarse de que Marco no sufrió ningún error de percepción —por ejemplo,
20 Manual de razonamiento probatorio
puede que en realidad no fuera Cayo el agresor, sino otro sujeto— ni ningún error
de interpretación —puede que en realidad lo que estuvieran haciendo fuera sólo
jugar—. Pero, además, los problemas de percepción y de interpretación pueden
afectar directamente al juez: es posible que el juez haya oído mal a Marco, o que
interpretara mal lo que quería decir o los gestos con los que Marco representaba
lo que creyó ver. En definitiva, los problemas de percepción y de interpretación
plantean un problema al juez, al menos en dos momentos: por un lado, quien
juzga debe asegurarse de que las percepciones y las interpretaciones de los he
chos que se le presentan en el proceso son correctas; por otro lado, debe asegu
rarse de que sus propias percepciones e interpretaciones de las acciones realizadas
por las partes para probar los hechos del caso son también correctas. Dicho
de otra manera, la distinción entre hecho bruto, la percepción de un hecho y la
interpretación de un hecho no sólo se da entre la realidad y —por ejemplo— los
testigos, sino también entre las declaraciones de los testigos —que, no olvide
mos, son también hechos— y quien juzga.
Las anteriores consideraciones, en definitiva, no nos llevan a rechazar que sea po
sible establecer la verdad de los enunciados, sino a ser conscientes de que tal ver
dad es relativa a una red de conceptos y, por tanto, en este sentido, contextual.
En realidad, estas teorías —y alguna otra, como la del consenso, para la que un
enunciado es verdadero si hay acuerdo, real o potencial, acerca de ella— no tienen
18
Cf. Jakobs, “Sobre el tratamiento de los defectos volitivos y de los defectos cognitivos”, en Estudios de
Derecho penal, p. 128.
24 Manual de razonamiento probatorio
A) Hechos físicos:
1. Independientes de la voluntad:
1.1. Estados de cosas (“La puerta estaba abierta”).
1.2. Sucesos (“La puerta se cerró”).
1.3. Acciones involuntarias: actos reflejos (“Dio un manotazo
dormido”) y omisiones involuntarias (“Se quedó dormido y
no me despertó”).
2. Dependientes de la voluntad:
2.1. Acciones positivas:
19
Cf. Ferrajoli, Derecho y razón. Teoría del garantismo penal, p. 66.
Prueba, hechos y verdad 25
B) Hechos psicológicos:
1. Estados mentales:
1.1. Voliciones: Deseos (“deseaba ser rico”) e intenciones (“tenía
la intención de matarlo para heredar su fortuna”).
1.2. Creencias (“Creía que podría envenenarlo con pequeñas dosis
de cianuro”).
1.3. Emociones (“Sentía una gran animadversión hacia su vecino”).
2. Acciones mentales (“calculó mentalmente las consecuencias”,
“decidió hacerlo”).
Como podemos ver, el eje central de esta clasificación es la distinción entre los
hechos físicos, los hechos mentales o psicológicos y las relaciones de causalidad.
Los hechos físicos los conocemos a través de la observación empírica —y de in
ferencias a partir de ella—; los hechos psicológicos son subjetivos, en el sentido
de que pertenecen de una manera especial al sujeto que los experimenta, y existe
una asimetría entre la manera como son conocidos por éste o por terceros: En pri
mera persona, el conocimiento de los estados mentales o hechos psíquicos se
realiza por medio de la consciencia o introspección, sin necesidad de observa
ción; en cambio, en tercera persona, estos hechos se han de inferir a partir de la
observación de la conducta externa del sujeto. Las relaciones de causalidad, por
su parte, pueden darse entre hechos físicos, entre hechos mentales, o entre unos
y otros.
26 Manual de razonamiento probatorio
Dada esta vinculación entre la prueba y la definición de los tipos de hechos que
tratamos de probar, las definiciones y teorías conceptuales que asumimos ocupan
20
Cf. González Lagier, Las paradojas de la acción (Acción humana, Filosofía y Derecho), cap. 3.
Prueba, hechos y verdad 27
VIII. Peculiaridades de
algunos de los tipos de hechos
más relevantes para el Derecho
1. El concepto de acción21
En la gran mayoría de casos, el objeto de la prueba es una acción realizada por una
persona. Ahora bien, el término “acción” es muy ambiguo: hablamos de acciones
humanas —“La acción de Pedro no estuvo bien”—, de acciones de los animales
—“La acción de las cigüeñas es buena para la agricultura”—, de acciones de
objetos inanimados —“La acción del viento erosiona las montañas”—, de actos
reflejos —como cuando Don Quijote le dice a Sancho que “los primeros mo
vimientos no son en mano del hombre”—, de acciones mentales —“Calculó
mentalmente las consecuencias”—, de “acciones procesales” —“Pedro tiene una
acción procesal para reclamar su parte en la herencia”—. Aquí nos limitaremos a
las acciones cuyo agente es un ser humano, externas —es decir, que pretendan
producir un cambio en el mundo físico, externo, dejando de lado por tanto a las
acciones mentales— y voluntarias —esto es, que exista una conexión entre la
intención de producir un cambio y el movimiento corporal que realizamos para
ello; con esto quedan excluidos casos como dar vueltas en la cama dormido o
hablar en sueños, que no controlamos y, por tanto, suelen ser asimilados a los
sucesos—.
21
Resumo aquí algunas de las tesis expuestas en González Lagier, Quaestio Facti… cit., cap. V.
28 Manual de razonamiento probatorio
Podemos partir de la idea intuitiva de que debemos distinguir entre las cosas que
hacemos y las cosas que nos suceden. De acuerdo con esto, cuando actuamos
somos sujetos activos: actuar consiste en producir —o intentar producir— “a vo
luntad” un cambio en el mundo. Si aceptamos esta aproximación, nos encontra
mos con que muchas de nuestras acciones se adaptan al siguiente esquema:
Por ejemplo, el agente tiene la intención de abrir una ventana, por lo que realiza
ciertos movimientos de su cuerpo —girar la mano, presionar la manija de la
ventana, etcétera— que producen la apertura de esta. Ahora bien, nuestros mo
vimientos corporales, al poner en marcha una cadena de consecuencias, pueden
dar lugar —en combinación con otros factores— a cambios que no habíamos
querido y, quizá, ni siquiera previsto. Por ejemplo, al abrir la ventana puede que
entre una corriente de aire y se desordenen los papeles que hay sobre la mesa.
Probablemente siempre que actuamos iniciamos una cadena de consecuencias
más o menos relevantes, aunque no siempre somos conscientes de ello.
Es importante tener en cuenta que rara vez hacemos referencia directa a los mo
vimientos corporales cuando nos referimos a una acción. Normalmente, nuestras
descripciones de la acción incluyen más información: describimos, individuali
zamos y nombramos a las acciones a la luz de sus efectos y de las circunstancias
en las que tienen lugar. Una misma acción puede describirse como “apretar el
Prueba, hechos y verdad 29
I MC C1 C2 C3 ... Cn
interpretación
22
V. Danto, Acciones básicas.
Prueba, hechos y verdad 31
Una intención puede verse como un tipo de deseo que tiene las si
guientes características peculiares —entre otras—.23
ii. Expresa una actitud favorable hacia una acción que vence a posibles
razones en contra —si tenemos la intención de hacer algo es por
que pensamos que las razones para hacerlo son más fuertes que
las razones para no hacerlo; en caso contrario, cambiamos nues
tra intención—.
23
Sobre las diferencias entre deseos e intenciones, V. Moya, The philosophy of action. An introduction.
32 Manual de razonamiento probatorio
Una vez que se han determinado los elementos de las acciones y la distinción
entre acciones intencionales y no intencionales, podemos inferir algunas conclu
siones para la prueba de este tipo de hecho: La prueba de una acción intencional
de provocar el cambio C1 —por ejemplo, la muerte de una persona— requiere
que queden acreditados los siguientes aspectos:
24
Cf. Cruz, “Origen y desembocadura de la acción: El sujeto inevitable”, en Crítica, p. 110.
25
Cf. Guiborg, El fenómeno normativo, pp. 49 y ss.
34 Manual de razonamiento probatorio
Es importante señalar que, cuando decimos que éstos son los aspectos que deben
quedar acreditados, no quiere decir que haya que dirigir los esfuerzos probato
rios o argumentativos a cada uno de ellos con la misma intensidad, sino a aque
llos que son puestos en duda o problematizados. Algunos de estos elementos
serán obvios a la luz del contexto, y otros serán más complicados de establecer. Por
ejemplo, que la acción del agente era voluntaria —que no fue accidental, sino
realizada conscientemente o con algún propósito— es algo que suele presumirse
sin más —y es quien lo niegue el que debe probar la ausencia de voluntariedad
en la acción—. En cambio, el contenido de la intención, el propósito con el que
se actuó, requiere un razonamiento complejo. Más adelante le dedicaremos un
apartado.
2. Las omisiones
Las consideraciones que hemos estado haciendo hasta ahora estaban centradas
en las acciones positivas, es decir, en aquellos cambios que producimos en el
mundo por medio de nuestros movimientos corporales. Sin embargo, es usual
—en contextos de atribución de responsabilidad— referirse también a las omi
siones como un tipo de acción. Por ejemplo, se nos censura por no ceder el asiento
en el autobús a una persona mayor, por no prestar dinero a un amigo en apuros
o por no evitar un accidente si está en nuestra mano hacerlo sin exponernos a
ningún peligro. Todos éstos son casos de omisiones. Algunas omisiones tienen
relevancia jurídica: Por ejemplo, la omisión del deber de socorro se castiga con
independencia de que se produzca o no algún resultado lesivo —en estos casos
los penalistas hablan de omisiones propias o puras—; otras veces, lo que se castiga
es “causar” un resultado lesivo por omisión, por ejemplo, no impidiendo, pu
diendo hacerlo, que una persona tome un veneno —en estos casos, los penalistas
hablan de comisión de un delito por omisión—.
Las acciones —positivas— y las omisiones se han considerado las dos caras del
comportamiento humano; sin embargo, el paralelismo entre unas y otras no es com
pleto. Una manera de compararlas consiste en analizar la relación de las omisio
nes con cada uno de los elementos de las acciones:
26
V. Feinberg, “Acción y responsabilidad”, en La filosofía de la acción; Cf. Nino. Introducción a la filosofía de
la acción humana, pp. 114 y ss.
38 Manual de razonamiento probatorio
porte más lento—. En los casos en los que la razón para actuar consiste
en un deber la omisión se valora negativamente, pero en los demás
casos no. Es un error —bastante común— pensar que todas las omi
siones requieren nuestra desaprobación. Como ocurre con las accio
nes, las omisiones pueden ser valoradas positivamente —como
cuando decimos aliviados que Jack el Destripador omitió matar a un
transeúnte con el que se cruzó una noche—, negativamente —como
en los casos de omisión del deber de socorro— o bien ser indiferentes
—como en el ejemplo del hábito de vestir de negro—. Una cosa es que
el sentido de omisión dependiente de un deber sea el que resulta más
relevante para el Derecho y la moral, y otra es que omitir sea siempre
una conducta reprobable.
27
Resumo las principales tesis del título González Lagier, “La prueba de la intención y el principio de
racionalidad mínima”, en Jueces para la democracia.
40 Manual de razonamiento probatorio
las emociones— tienen unas características peculiares que los distinguen marca
damente de los hechos externos. Por ejemplo: tenemos acceso a ellos por medio
de la consciencia —es decir, un tipo de conocimiento al margen de la evidencia
empírica— o de inferencias a partir de ella; y tienen un modo subjetivo de exis
tencia —los dolores, temores, sensaciones, deseos, etcétera, pertenecen al sujeto
de una manera exclusiva y sólo ese sujeto es consciente directamente de ellos—.
Los hechos externos, por el contrario, sólo pueden ser conocidos a partir de
la observación empírica —y de inferencias a partir de ella— y son objetivos, en el
sentido de que existen con independencia de su percepción por parte de los
sujetos.
Ahora bien, tratar la determinación de los estados mentales como una cuestión
de imputación puede desvirtuar el sentido de la norma si ésta exige que haya
dolo o que esté presente algún tipo especial de motivación y conducir a una es
pecie de responsabilidad objetiva, donde no se sancionaría a un sujeto de manera
acorde con sus estados subjetivos, sino simplemente porque su conducta externa
manifiesta ciertas circunstancias objetivas. Por ello, los criterios que se propon
gan para atribuir estos estados mentales deben tener, en última instancia, una
función cognoscitiva: es decir, no deben ser arbitrarios o ir orientados a un obje
tivo que no sea tratar de asegurarse de que la atribución es correcta, en el sentido
de que se corresponde con el estado mental que el sujeto realmente tuvo; al fin y
al cabo los estados mentales, aunque sean de un tipo peculiar, son hechos, y la
prueba de los mismos debe ir orientada también a descubrir la verdad sobre su
concurrencia en el caso.
Este principio está fundado conceptualmente —si el sujeto no elige el medio que
cree más adecuado para el fin F, no diríamos que tiene la intención de conseguir
F—, y también empíricamente —atribuimos intenciones exitosamente de manera
cotidiana, de no ser así, la vida social, la coordinación con los demás, la compren
sión de sus acciones, incluyendo sus acciones comunicativas, sería imposible—,
esto es, no es un principio arbitrario, y podemos usarlo para la prueba de la
intención por medio del siguiente esquema de razonamiento:
1. Los agentes realizan la acción que creen más adecuada para lograr el fin
que persiguen (PRM).
42 Manual de razonamiento probatorio
4. La relación causa-efecto
El último de los tipos de hecho que vamos a tratar en este capítulo es el constituido
por las relaciones de causalidad. Como es sabido, la aplicación de las normas
jurídicas requiere, en no pocas ocasiones, atribuir efectos causales a determina
das acciones, a sucesos producidos por acciones o incluso a hechos que no son
el resultado de acciones.
Como señala Feinberg, en realidad, el suceso que llamamos “causa” rara vez es
un suceso individual y aislado, sino más bien es un suceso o estado de cosas que
se encuentra en conexión con otros, formando lo que se llama un contexto causal
—o, si se quiere, causa completa—. Cada uno de los elementos del contexto
causal no es por sí solo suficiente para producir el resultado, pero en conjunción
con el resto de elementos del contexto causal se convierte en condición suficiente
del mismo. Así, por ejemplo, cuando decimos que la causa de un incendio fue el
cigarro que arrojamos al bosque, estamos suponiendo tácitamente que están pre
sentes otras condiciones sin las cuales el efecto no se hubiera producido —por
ejemplo, la presencia de oxígeno en el aire—. Si decimos que arrojar el cigarro
ha sido la causa del incendio, y no decimos que la causa fue, por ejemplo, la
presencia de oxígeno en el aire es porque individualizamos este suceso como
el elemento anormal en el contexto. Es la normalidad o anormalidad en el con
texto lo que señala a un elemento como causa y nos permite priorizarla frente al
resto de condiciones. Pero esta normalidad o anormalidad depende de las circuns
tancias contextuales. En un experimento científico, en el que se crean condi
ciones de laboratorio, la presencia no querida del oxígeno sí puede ser considerada
causa de un incendio.28
28
Feinberg, op. cit., p. 163; Nagel, La estructura de la ciencia, p. 80. Para un resumen de algunas teorías
acerca de la causalidad V. González Lagier, op. cit. Sobre la idea de necesidad natural, véase von Wright,
op. cit.
44 Manual de razonamiento probatorio
Para determinar el punto 3, es obvio que el juez puede verse influido por las
normas jurídicas, por ejemplo, si ha habido infracción de un deber al producir p.
Esto último pone de manifiesto, por cierto, cómo en la prueba de algunos tipos
de hechos —la relación de causalidad entre un evento y un resultado, pero tam
bién en las omisiones y en las acciones no intencionales— se entrelazan cuestio
nes fácticas y cuestiones normativas —la existencia de un deber, la relevancia
normativa de un resultado, etcétera—.
Bibliografía
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(coord.), Le ragioni del garantismo. Discutendo con Luigi Ferrajoli, G. Giappi
chelli Editore, Torino, 1993.
I. Introducción
49
50 Manual de razonamiento probatorio
Algunos autores clásicos, que han tenido gran impacto hasta nuestros días, seña
laron que la existencia en los sistemas procesales de reglas que limiten las posi
bilidades de averiguación de la verdad tiene como consecuencia que no pueda
ya sostenerse que ese es el objetivo de la prueba en el proceso judicial. Así, muy
claramente sostuvo Carnelutti que:
basta un límite mínimo a la libertad de búsqueda del juez para que el proceso de
búsqueda de la verdad degenere en un proceso formal de fijación; en otros términos,
la medida del límite es indiferente para la naturaleza del proceso. La verdad es
como el agua: o es pura o no es verdad. Cuando la búsqueda de la verdad material
está limitada en el sentido de que ésta no puede ser conocida en todo caso y mediante
cualquier medio, con independencia de si el límite es más o menos riguroso, el
resultado es siempre el mismo: no se trata ya de una búsqueda de la verdad material
sino de un proceso de fijación formal de los hechos.2
1
Puede verse un mayor desarrollo de la relación entre el objetivo de la averiguación de la verdad y la
capacidad motivadora del derecho en Ferrer Beltrán, La valoración racional de la prueba, pp. 29 y ss.
2
Carnelutti, La prova civile, pp. 33-34. Las cursivas son del autor.
Los momentos de la actividad probatoria en el proceso 51
Las tesis teóricas de Carnelutti, que acaban de citarse, han tenido una importan
tísima repercusión en la dogmática procesal italiana, así como también en la espa
ñola y latinoamericana,3 y pueden también encontrarse fácilmente tesis análogas
en la literatura anglosajona. Sin embargo, se trata de tesis que exageran mucho el
impacto de las reglas procesales contraepistemológicas.4 Asumirlas sería tanto
como decir, en realidad, que basta un límite mínimo al derecho fundamental a la
libertad de información —para priorizar el derecho a la intimidad, por ejemplo—
para que ya no pueda sostenerse que seguimos teniendo derecho a la libertad de
información. No es ese el modo en que, razonablemente, reconstruimos el con
flicto de derechos y tampoco parece razonable que lo utilicemos para reconstruir
el conflicto de objetivos en el proceso.
3
V. una crítica de las tesis de Carnelutti en Sentís Melendo, La prueba, pp. 114 y ss.; y en Devis Echandía,
Teoría general de la prueba judicial, pp. 2931.
4
Gascón distingue entre reglas epistemológicas, o garantías de verdad, y reglas contraepistemológicas,
para dar cuenta de que no todas las reglas jurídicas sobre la prueba pueden entenderse como obstáculos
epistemológicos impuestos por el derecho. V. Gascón, Los hechos en el derecho. Bases argumentales de la
prueba, pp. 115, 125 y ss.
52 Manual de razonamiento probatorio
5
Evito, así, las distinciones entre pruebas e indicios, o entre datos de prueba, medios de prueba y pruebas,
que se han usado para distinguir los elementos de juicio en función del momento procesal en que nos
encontremos o de si se han practicado ya en contradicción en audiencia oral o no. Desde un punto de vista
Los momentos de la actividad probatoria en el proceso 53
y lo más fiable posible sobre los hechos del caso, a los efectos de adoptar posterior
mente la decisión. El objetivo de la averiguación de la verdad impone en este momen
to la meta de conseguir un acervo probatorio que sea lo más rico y fiable posible,
porque rige la máxima epistemológica de que cuanto más completa y fiable sea
la información sobre los hechos de que dispongamos, mayor será la probabilidad
de acierto en la decisión.
epistemológico todo son pruebas, practicadas o no: son elementos de juicio que aportan información
sobre los hechos. Sucede que, hasta que las pruebas no se han practicado en contradicción, la informa
ción que nos aportan es menor y puede que menos fiable, del mismo modo que tenemos menos infor
mación sobre una fruta antes de abrirla y probarla. Pero eso no impide que un melón sea un melón,
aunque no lo hayamos abierto o que una naranja sea una naranja antes de ser exprimida. Por eso, usaré
los términos elementos de juicio y pruebas como sinónimos y, en particular, prescindiré de la distinción entre
datos de prueba, medios de prueba y pruebas, que Carmen Vázquez, en el mismo sentido, ha calificado de
“absurda y confusa” —Cf. Vázquez, “Los retos de las pruebas periciales a partir del nuevo Código Nacio
nal de Procedimientos Penales. Apuntes desde la epistemología jurídica”, en Problema. Anuario de Filoso-
fía y Teoría del Derecho, p. 344, nota 3—.
6
A las que habrá que añadir, en su caso, los hechos admitidos por todas las partes y los denominados
«hechos notorios», de los que suele decirse que no necesitan prueba.
7
Cf. Stein, F., El conocimiento privado del juez, pp. 71 y ss., y 150 y ss.; y Damaška, The Faces of Justice
and State Authority: A Comparative Approach to the Legal Process, pp. 30, 138 y 170171.
8
Cf. Gascón, “Sobre la racionalidad de la prueba judicial”, en Prassi giuridica e controllo di razionalità,
pp. 112113; Miranda Estrampes, El concepto de prueba ilícita y su tratamiento en el proceso penal, pp. 55 y ss.
9
Por ello, como he justificado con mayor detalle en Ferrer Beltrán, Prueba y verdad en el derecho, pp. 90
y ss. —y volveremos sobre ello en el capítulo 10 de este manual—, no puede explicarse el resultado de la
valoración de la prueba en el derecho mediante la noción de convicción judicial o de creencia. La creencia,
por decirlo de un modo simple, es siempre all things considered, mientras que el resultado de la valoración
de la prueba es siempre contextual: su justificación es relativa a ese conjunto de elementos de juicio.
54 Manual de razonamiento probatorio
De este modo, adquiere una importancia destacada el estudio de los filtros para
la admisión de pruebas en el proceso. Un primer filtro, de orden epistemológico,
prescribe la admisión de toda prueba que aporte información relevante sobre los
hechos que se juzgan.10 Una prueba es relevante si aporta apoyo o refutación de
alguna de las hipótesis fácticas del caso a la luz de los principios generales de la
lógica y de la ciencia.11 Puede considerarse este filtro, en realidad, como un prin
cipio general de inclusión. Funcionaría, así, prescribiendo la admisión de toda
prueba relevante que no deba excluirse por aplicación de alguno de los filtros
adicionales impuestos por las reglas jurídicas. La diferencia con otros ámbitos de
la experiencia es que en ellos es común que ese sea el único filtro. La particularidad
jurídica es que se añade un buen número de reglas jurídicas de exclusión, que
operan como filtros más finos que se aplican sobre las pruebas relevantes: no se
admiten las pruebas obtenidas en violación de derechos fundamentales, no se ad
miten los testigos de referencia, no se admiten —con salvedades— las pruebas
que no puedan practicarse en el curso del proceso con la debida aplicación del
principio de contradicción, etcétera. En ocasiones, se explicitan listas tasadas de
medios de prueba admisibles, no admitiéndose las informaciones que puedan
obtenerse mediante las denominadas “pruebas atípicas”. Además, algunos sujetos
cuentan con lo que la doctrina anglosajona denomina privileges, de modo que se les
exime de aportar información relevante para el caso (abogados —respecto de la
10
Cf. Bentham, Tratado de las pruebas judiciales, p. 391; Taruffo, La prueba de los hechos, pp. 364 y ss.; y
Gascón, Los hechos en el derecho… cit., p. 115.
11
Cf. Twining, Rethinking Evidence. Exploratory Essays, p. 179. El artículo 346 del Código Nacional de
Procedimientos Penales distingue entre pertinencia y utilidad. Una prueba será pertinente si versa sobre
hechos controvertidos, jurídicamente relevantes para la consecuencia jurídica pretendida. Será útil, en
cambio, si contribuye al esclarecimiento de los hechos aumentando o disminuyendo la probabilidad de que
sea verdadera alguna de las hipótesis fácticas en conflicto. Ambos criterios, pertinencia y utilidad, quedan
recogidos ya en la noción epistemológica de relevancia de la prueba: una prueba será relevante si aumenta
o disminuye la probabilidad de que sea verdadera una hipótesis sobre un hecho que, a su vez, sea rele
vante para la decisión.
Los momentos de la actividad probatoria en el proceso 55
Como ya señaló Bentham,12 buena parte de esas reglas que excluyen elementos de
juicio relevantes se justifican en la protección por parte del derecho de valores dis
tintos a la averiguación de la verdad: la intimidad y otros derechos fundamentales,
la autonomía individual, las relaciones familiares, la celeridad del procedimiento.
En otros casos, en cambio, se excluyen elementos de juicio por considerarlos de
bajo valor epistemológico ante el peligro de que una mala valoración tienda a darles
más valor del que tienen. Éste es el caso, por ejemplo, de la exclusión del testigo de
referencia. El número y el alcance de las reglas jurídicas que regulan la conformación
del conjunto de elementos de juicio varía en función de los distintos ordenamientos
y, dentro de ellos, en función de los tipos de proceso y jurisdicción. Quizás pueda
decirse, de manera general, que son más abundantes y detalladas en los ordenamien
tos de common law, respecto de los que se ha desarrollado, además, una basta lite
ratura. Damaška sostiene la tesis de que la falta de una exigencia jurídica de motivación
del juicio sobre los hechos en los ordenamientos de common law explica la especial
proliferación en ese ámbito de reglas jurídicas que excluyen pruebas que se con
sidera que aportan información poco fiable para evitar que en la valoración de éstas
se les otorgue un peso excesivo.13 En algún sentido, estas reglas pretenden garan
tizar ex ante una mayor racionalidad general de las decisiones sobre los hechos a
12
Cf. Bentham, op. cit., pp. 391 y 395.
13
Cf. Damaška, Evidence Law Adrift, pp. 41-46. Pero no es éste el único motivo que explica la tradicional
proliferación de reglas de exclusión de pruebas en los sistemas de common law. Hay que añadir también,
por ejemplo, la presencia generalizada —quizás en decadencia— de la institución del jurado compuesto
exclusivamente por personas legas —cf. ibid., pp. 53-54— como órgano decisor sobre los hechos del caso
y al que se pretende instruir detalladamente sobre las reglas que deben guiar su función.
56 Manual de razonamiento probatorio
costa de excluir elementos de juicio que, aun con un valor relativamente escaso,
pudieran aportar informaciones relevantes. En los ordenamientos de civil law, en
cambio, es habitual que el control de la racionalidad de la decisión se realice ex post
mediante la motivación. Así, por ejemplo, ante una prueba o un tipo de prueba
de muy baja fiabilidad, el control de racionalidad podrá funcionar a posteriori
siempre que se exija al decisor o decisora sobre los hechos probados que justifique
por qué ha declarado probados esos hechos y cuál ha sido el apoyo empírico en el
que ha basado su decisión. Podrá comprobarse, entonces, si el decisor o decisora
ha otorgado un peso excesivo a una prueba cuya fiabilidad resulte cuestionada.
En cambio, si no se exige motivación de la decisión sobre los hechos, el único
modo de asegurar normativamente que no se tome la decisión sobre la base de
pruebas poco o nada fiables es, directamente, excluirlas del conjunto de elemen
tos de juicio disponibles.14
Sin embargo, debe cuestionarse si es razonable que todo el debate sobre la fiabi
lidad de las pruebas se traslade a la valoración de la prueba o si, en los casos más
claros de falta de fiabilidad suficiente, las pruebas debieran ser excluidas en el trá
mite de admisibilidad —en la etapa intermedia, en los tipos de proceso que la
tienen—. Esto último permitiría depurar el debate probatorio y sería una muy
sana medida de economía procesal, al no permitir el ingreso de pruebas que pue
den tener mayores efectos perjudiciales que la información relevante que puedan
aportar.
14
A pesar de ello, en ausencia de motivación detallada no hay forma de comprobar las razones que se
han usado para adoptar la decisión. Podrá sólo controlarse si, a la luz de los elementos de juicio dispo
nibles en el proceso, esa decisión resulta suficientemente justificada o no, realizando para ello una
nueva valoración de éstos.
15
Este punto será desarrollado oportunamente en el capítulo 4 de este manual.
Los momentos de la actividad probatoria en el proceso 57
Por lo que hace a lo primero, es crucial que el país disponga de laboratorios foren
ses suficientes y bien equipados de acuerdo con la ciencia y la tecnología existentes
en el momento; también, que las personas peritas tengan la capacitación adecuada
y sean suficientes para el volumen de trabajo que se genere. Las pruebas pericia
les relevantes para acreditar un hecho serán de peor calidad, o directamente no se
llevarán a cabo, si los laboratorios no están bien dotados, si el personal que trabaja
en ellos no está bien capacitado o si el volumen de trabajo o el área de expertise de
quienes realicen el peritaje no son los debidos. Así, por ejemplo, si el volumen
de trabajo de las personas peritas forenses no permite dedicar ni por asomo el tiempo
que requiere la realización cuidadosa de un cierto tipo de pericia psicológica, no
podremos esperar que el resultado tenga la fiabilidad adecuada para disminuir
el riesgo de error de la decisión sobre los hechos. Para seguir con la pericia psico
lógica, si la expertise de quienes realizan una pericia de credibilidad es en la
58 Manual de razonamiento probatorio
16
Baste otro ejemplo español de este tipo de problemas que resultará muy elocuente: en 2020 se abrieron
diligencias penales a raíz de diversas querellas contra el delegado del Gobierno en Madrid y el director
del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias por haber autorizado una manifesta
ción masiva de reivindicación de la igualdad de género con ocasión del 8 de marzo. La cuestión en de
bate era si habían primado en esa autorización razones de coincidencia ideológica del Gobierno español
con las organizaciones convocantes por encima de la información epidemiológica disponible ya en
esas fechas, que estaría indicando, en cambio, que esas manifestaciones masivas no deberían haberse
realizado. En este último caso, sería relevante estimar el número de contagios a que pudieron dar lugar
y, consiguientemente, los ingresos hospitalarios y las muertes que se produjeron y pudieron haberse
evitado. La jueza encargada del caso pidió un informe pericial al médico forense adscrito al juzgado,
quien concluyó que el conocimiento epidemiológico disponible en los primeros días de marzo de 2020
obligaba ya a tomar medidas que impidieran las concentraciones masivas. Sin discutir ahora el conte
nido del informe, resulta relevante destacar que el médico forense que realizó el informe sobre uno de
los desafíos epidemiológicos más importantes de los últimos cien años está especializado en psicoterapia:
no basta con disponer de un cuerpo de médicas y médicos forenses a disposición de los jueces, sino que
éste debe tener la formación y experiencia adecuadas para cada tipo de caso y debe ser designado en
función de ellas.
17
La regulación prevista en los artículos 277-279 del Código Nacional de Procedimientos Penales será
objeto de análisis en el capítulo 7, en el que se mostrarán algunas de sus deficiencias en relación con
los conocimientos científicos adquiridos en la materia. En España, un paso adelante significativo en este
sentido lo ofrecen los artículos 306 a 308 del Anteproyecto de Ley de Enjuiciamiento Criminal: se prevé
la exposición sucesiva de las personas que integran la rueda —no simultánea—, que el número de
personas que integran la rueda sea al menos de seis, que la persona que dirija la rueda no conozca quién
de los integrantes es la persona sospechosa, que si son varios los testigos que realizarán la identificación
se haga por separado y de forma incomunicada entre ellos o que la diligencia se grabe íntegramente.
Todas ellas son medidas que aumentan la fiabilidad del resultado. Una vez más, no basta con que se
disponga de una prueba relevante en el procedimiento, sino que ésta se practique de la forma más ade
cuada para que pueda arrojar información de la mayor fiabilidad posible.
Los momentos de la actividad probatoria en el proceso 59
hechos, valorando en qué casos conviene hacerlo así, no sólo para los testigos me
nores.18 Es necesario prever normativamente soluciones adecuadas para afrontar
de manera racional el desacuerdo entre peritos, adoptando técnicas como el hot
tubbing para someter a estas expertas y expertos a un cierto tipo de careo. Todas
estas técnicas y algunas otras serán abordadas en el capítulo 6 de este manual.
18
La no previsión en la regulación mexicana de la posibilidad de preconstituir la prueba es un grave
déficit que empobrece el acervo probatorio y, en algunos casos, puede hacer imposible obtener prueba
suficiente para acreditar los hechos. Conviene, pues, mejorar en este punto de manera sustancial el dise
ño procesal.
19
Para evitar esta situación, la persona juzgadora podrá usar, en el caso del proceso penal federal, la
facultad que le otorga el artículo 372 del Código Nacional de Procedimientos Penales, según el cual
“el Órgano Jurisdiccional podrá formular preguntas para aclarar lo manifestado por quien deponga, en
los términos previstos en este Código”.
60 Manual de razonamiento probatorio
Una vez cerrada la composición del conjunto de elementos de juicio que deberá
valorarse —con una simplificación quizás excesiva, pero elocuente: una vez de
clarado el proceso visto para sentencia—, se pasa al segundo momento. Debe ahora
procederse a la valoración de los elementos de juicio disponibles en el proceso.
También esa valoración puede estar guiada jurídicamente y hasta puede el derecho
imponer un determinado resultado probatorio. Estaremos, en ese caso, ante un
sistema de prueba legal o tasada —que puede ser más o menos estricto—. Ahora
bien, si el sistema jurídico prevé para el caso la libre valoración de la prueba,
Los momentos de la actividad probatoria en el proceso 61
entonces deberá valorarse el apoyo que cada elemento de juicio aporta a las hipó
tesis fácticas en conflicto, de forma individual y en conjunto. Con ello, deberá
obtenerse un resultado que nos permita saber el grado de confirmación del que
dispone cada una de esas hipótesis.
20
Cf. Ferrer Beltrán, Prueba y verdad en el derecho, cit., pp. 104 y ss.
21
Entre muchos otros, cf. Damaška, Evidence Law Adrift, cit., p. 21; Twining, op. cit., p. 194: y Taruffo,
“Modelli di prova e di procedimiento probatorio”, en Rivista di diritto processuale, p. 429.
22
Popper, Búsqueda sin término. Una autobiografía intelectual, p. 140.
23
Cf. Thayer, A Preliminary Treatise on Evidence at the Common Law, p. 275.
62 Manual de razonamiento probatorio
Así pues, las limitaciones jurídicas que excluyen pruebas relevantes en el momento
de la conformación del conjunto de elementos de juicio hacen que el conjunto sea
epistemológicamente más pobre —aunque pueda haber buenas razones para ha
cerlo, basadas en otros objetivos del proceso—. Del mismo modo, inciden ahí otras
notas definitorias del contexto de la prueba jurídica, como las limitaciones tem
porales, las limitaciones de recursos humanos y materiales, la falta de neutralidad
de la intervención de las partes al aportar elementos de juicio, etcétera. También
estas circunstancias producen, en general, que el conjunto de elementos de juicio
disponible sea más pobre. Pero una vez ese conjunto está ya delimitado, la ope
ración de valorar lo que de él se puede racionalmente inferir no difiere en nada de la
que se puede realizar en cualquier otro ámbito de la experiencia y está sometida
a los controles de la racionalidad general.24 Supóngase, por ejemplo, que, después
de un accidente en una central nuclear que esté produciendo vertidos altamen
te contaminantes al ambiente, el gobierno del país reúna de urgencia a un comité
científico con los mayores expertos en energía nuclear, ingeniería, arquitectura,
resistencia de materiales, etcétera. Constituido el comité, el gobierno les da 24 horas
para que informen acerca de cuál es la mejor manera de atajar el vertido. Eviden
temente, la finalidad práctica de la decisión que el comité debe tomar aconseja
que ésta sea muy rápida, y ello impacta en que quizás no puedan llegar a tener a su
disposición toda la información relevante. Quizás, también, alguna información
no pueda recabarse porque para hacerlo se pondrían en grave peligro vidas huma
nas —cuya protección es un objetivo del gobierno—. Todo ello puede hacer más
pobre el conjunto de elementos de juicio con el que el comité deberá tomar su
decisión, pero ello no impide que la valoración del conjunto efectivamente dis
ponible deba hacerse con el objetivo de la averiguación de la verdad. De algún
modo, lo que el gobierno encarga al comité científico es esto: a partir de la mejor
24
Cf. Gascón, Los hechos en el derecho, cit., p. 49.
Los momentos de la actividad probatoria en el proceso 63
información que se pueda recabar en el tiempo otorgado, haga una valoración racio
nal para determinar cuál es la hipótesis mejor fundada —i. e., más probablemente
verdadera— sobre cómo detener el vertido nuclear.
25
Por ello, tiene razón Miranda Estrampes cuando sostiene que la vigencia del principio de libre valora
ción de la prueba no incide en modo alguno en la cuestión de si deben ser o no utilizables en el proceso
las pruebas ilícitas. La admisibilidad o no de las pruebas ilícitas es cuestión que se plantea en el momento
de la conformación del conjunto de elementos de juicio, mientras que el principio de la libre valoración de
la prueba rige, precisamente, en el momento de la valoración del conjunto ya formado. La objeción que
me merece la tesis de Miranda Estrampes es que, para sostener esto, no es necesario en absoluto debilitar
o negar la relación teleológica entre prueba y verdad, como él si supone. Basta, eso sí, con observar que
la averiguación de la verdad no es el único valor que importa al derecho a la hora de regular los filtros
que admiten o rechazan la incorporación de pruebas al conjunto. V. Miranda Estrampes, op. cit., pp. 53 y
ss., y la bibliografía allí citada.
26
La certeza racional, o corroboración absoluta, es, como ya hemos dicho, inalcanzable en cualquier ámbito
del conocimiento y, por tanto, también en el proceso. Por supuesto, ello no impide que la persona
64 Manual de razonamiento probatorio
pruebas aportadas. Para ello no basta ya con la valoración de la prueba: dos per
sonas que otorguen la misma fiabilidad a las pruebas presentadas en el proce
dimiento, como resultado de su valoración individual de la prueba, y que atribuyan
el mismo grado de corroboración a una hipótesis fáctica, como resultado de su
valoración de conjunto, pueden aún discrepar racionalmente acerca de si ese
grado de corroboración es suficiente o no para considerar la hipótesis como pro
bada. Si esto es así, la valoración de la prueba subdetermina la decisión probatoria
o, en otras palabras, no la determina por completo. Para hacerlo, falta incluir en
la ecuación el estándar de prueba aplicable al caso. Un estándar de prueba es una
regla jurídica que establece cuál es el umbral de exigencia probatoria para poder
considerar como probada una hipótesis para ese tipo de decisión en ese tipo de
procedimiento.
juzgadora pueda adquirir la certeza psicológica de que un hecho ha ocurrido, pero esa certeza es irrele
vante desde el punto de vista justificativo de la decisión. Volveremos sobre este punto en el capítulo 10.
27
No es claro cuál es el umbral que impone este estándar de prueba por la imprecisión de su formulación.
Volveremos sobre este tema en el capítulo 9. Una exposición detallada puede verse también en Ferrer
Beltrán, Prueba sin convicción. Estándares de prueba y debido proceso, pp. 210 y ss.
28
V., entre otros muchos, Stein, A., Foundations of Evidence Law, pp. 121-122; y, extensamente, Ferrer
Beltrán, Prueba sin convicción, cit., pp. 150 y ss.
Los momentos de la actividad probatoria en el proceso 65
Es importante destacar que las decisiones sobre los hechos que hay que adoptar en
un procedimiento judicial no se reducen a la decisión final, a los efectos de la
sentencia. Habrá que decidir, por ejemplo, si los elementos de juicio disponibles
son suficientes para ordenar la entrada en domicilio a los efectos de un registro
domiciliario, si son suficientes para adoptar una medida cautelar, si lo son para
abrir juicio y si lo son para condenar. Aunque en un proceso civil las decisiones
sobre la suficiencia probatoria son menos numerosas durante el procedimiento,
también pueden ser diversas. Habrá que distinguir, por ejemplo, el umbral de exi
gencia probatoria para adoptar una medida cautelar o para sentenciar. Para tomar
cada una de esas decisiones se requiere que esté determinado cuál es el umbral a
partir del cual se entenderá que el grado de corroboración alcanzado con base en los
elementos de juicio disponibles es suficiente. Vale la pena señalar que, en ocasio
nes, se niega que pueda hablarse de estándares de prueba para decisiones que
deben adoptarse antes del juicio oral, puesto que se reserva el término prueba para
los elementos de juicio una vez practicados en contradicción en la audiencia oral.
Sin embargo, éste es sólo un debate terminológico que aquí poco importa: en
todos los casos estamos ante decisiones en las que debe determinarse si tenemos
información que corrobore suficientemente una hipótesis fáctica a los efectos de
la decisión; que denominemos o no pruebas a esas informaciones y que, consi
guientemente, a la determinación del umbral de suficiencia de aquella información
fáctica la denominemos, o no, estándar de prueba no debe esconder que se trata
del mismo fenómeno y el mismo tipo de reglas.
último aspecto puede estar determinado, aunque no es necesario, por reglas espe
cíficas sobre la carga de la prueba, pero en él también pueden incidir otro tipo de
reglas sobre la decisión probatoria: las presunciones. Dedicaremos el capítulo 9
de este manual a esos tres tipos de reglas sobre la decisión probatoria: están
dares de prueba, reglas sobre la carga de la prueba y presunciones.
V. El derecho a la prueba
y su impacto en cada uno
de los momentos de la
actividad probatoria
Una intuición ampliamente compartida acerca del derecho es que una de sus fun
ciones principales es dirigir la conducta de los destinatarios de sus normas. Así, se
supone que lo que se pretende al promulgar normas jurídicas es que sus destina
tarios realicen o se abstengan de realizar determinadas conductas, por ejemplo,
pagar impuestos, matar, conducir por la derecha, etcétera.
Si esto es así, conviene partir de esa intuición fundamental para determinar la fun
ción que cumple el proceso judicial en el esquema general de funcionamiento del
derecho. Se estará de acuerdo conmigo en que no habré aportado nada a la cul
tura jurídica si digo que el proceso judicial tiene como función básica la determi
nación de la ocurrencia de determinados hechos a los que el derecho vincula
Los momentos de la actividad probatoria en el proceso 67
Aunque ésta parezca una verdad banal, tiene importantes implicaciones teóricas
respecto de la determinación judicial de los hechos. En efecto, ello conlleva que
deba sostenerse que, prima facie, son las descripciones de esos hechos las que se
incorporan al razonamiento judicial a los efectos de la aplicación de las normas.
De otro modo, los ciudadanos no tendrían ninguna razón para comportarse con
forme con lo prescrito por el derecho. En otras palabras, sólo si de alguna forma es
la descripción de las conductas de los destinatarios de las normas lo que se incor
pora al razonamiento judicial, esas conductas resultarán relevantes para la apli
cación de las consecuencias jurídicas previstas en las normas; en caso contrario, si
la determinación de los hechos por parte de las personas juzgadoras fuera cons
titutiva de esos hechos, sin pretensión alguna de buscar la verdad sobre éstos, no
podría motivarse la conducta de los ciudadanos puesto que ésta resultaría irrele
vante al efecto de aquella aplicación.
29
Así lo ha reconocido la Suprema Corte de Justicia de la Nación en sentencia recaída en Amparo Directo
en Revisión 2655/2010, que afirma claramente que “el derecho a la prueba es una vertiente o especifi
cación del debido proceso o garantía de audiencia”.
30
Taruffo, “Il diritto alla prova nel processo civile”, en Rivista di diritto processuale, pp. 77-78.
68 Manual de razonamiento probatorio
Si esto es así, conviene analizar más detalladamente en qué consiste ese derecho
a la prueba y las implicaciones que tiene tanto para la propia noción de prueba
judicial como para cada uno de los momentos de la actividad probatoria. Com
prender adecuadamente el alcance del derecho fundamental a la prueba sitúa, pues,
la averiguación de la verdad como un objetivo necesario para que tenga sentido
ese propio derecho fundamental. Esto cambia completamente los términos del deba
te, porque ahora el objetivo de la averiguación de la verdad ya no resulta sólo de una
pretensión teórica, sino que deviene imprescindible para cumplir con lo impuesto
por los derechos fundamentales en los ámbitos constitucional y convencional.
La debida protección de este derecho supone que se imponga a las personas juz
gadoras y tribunales el deber de admitir todas las pruebas relevantes aportadas
Los momentos de la actividad probatoria en el proceso 69
por las partes, es decir, deberán ser admitidas todas aquellas pruebas que hipotéti
camente puedan ser idóneas para aportar, directa o indirectamente, elementos de
juicio acerca de los hechos que deban ser probados.31 Por otro lado, supondría una
violación del derecho a la prueba la limitación a la posibilidad de aportar pruebas
relevantes impuesta, no ya por el órgano juzgador, sino legislativamente. En ese
sentido, deben considerarse inconstitucionales aquellas limitaciones a la posibilidad
de aportar pruebas que no resulten justificadas en la protección de otros derechos
fundamentales en conflicto,32 como es el caso de las listas tasadas de medios de
prueba utilizables en ciertos tipos de procedimiento.33 Esto tiene también un claro
impacto, como se verá en el capítulo 4, en lo que respecta a la exclusión de prue
bas relevantes basadas en su ilicitud: puede decirse que, cuando una parte pretende
incorporar al acervo probatorio del proceso una prueba relevante que ha sido
obtenida en violación de derechos fundamentales, estamos ante una típica situación
de conflicto de derechos. El derecho a la prueba determinaría el carácter debido de
su admisión, mientras que la protección de otros derechos fundamentales, como
la intimidad, el secreto de las comunicaciones o la inviolabilidad del domicilio,
darían cobertura jurídica a la exclusión de la prueba. En esa situación, deberá
optarse por priorizar alguno de los derechos en conflicto, ponderándolos. En el
caso de México, ha sido el propio legislador constitucional quien ha establecido,
en el artículo 20, A, fracción IX, la nulidad de las pruebas obtenidas en violación
de derechos fundamentales, priorizando así la protección de éstos frente al derecho
31
Cf. Taruffo, Studi sulla rilevanza della prova, pp. 54 y ss. Así ha sido reconocido también por la Corte
Interamericana de Derechos Humanos —Corte IDH—, en jurisprudencia que ha desarrollado y aplicado
el artículo 8.2.f) de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. V., por ejemplo, la sentencia
del caso Ricardo Canese vs. Paraguay, serie C, núm. 111. Conviene destacar que la dicción literal del artículo
8.2.f) se limita al proceso penal y a la utilización por la defensa de pruebas periciales o testificales. Sin
embargo, el derecho a la prueba no debe limitarse a las pruebas personales, ni a una de las partes en el
proceso penal y ni siquiera al proceso penal. Por ello, bien entendido, el derecho a la prueba es de
aplicación general, para cualquier tipo de prueba, para cualquier parte y para todo tipo de procedimien
to judicial en el que deba determinarse la ocurrencia de un hecho como condición de aplicación de una
consecuencia jurídica.
32
Cf. Perrot, “Le droit a la preuve”, en Effektiver Rechtsschutz und Verfassungsmässige Ordnung - Effectiveness
of Judicial Protection and Constitutional Order, pp. 96100 y 110111.
33
Obsérvese que, en ese caso, si una de las partes dispone de medios de prueba no incluidos en la lista de
pruebas típicas se puede encontrar impedida de demostrar los hechos en los que basa sus pretensiones,
que es precisamente lo que quiere evitarse con el derecho a la prueba.
70 Manual de razonamiento probatorio
Cabe añadir que una concepción robusta del derecho a la prueba no puede con
formarse con cualquier forma de práctica de la prueba en el proceso. En ese
sentido, deberá garantizarse la participación de las partes a través del principio
de contradicción.38 Es muy importante subrayar aquí que el principio de con
tradicción tiene un fundamento epistemológico, que se añade a su faceta de ga
rantía o de derecho de las partes; es decir, el principal fundamento del principio
de contradicción radica en que hace posible “verificar in itinere la calidad de la
prueba”.39
34
Lo que ha sido refrendado también por la jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación
—SCJN—. V. al respecto, por ejemplo, SCJN, Amparo Directo en Revisión 1621/2010, de 15 de junio
de 2011.
35
V., por ejemplo, Primer Tribunal Colegiado en Materias Penal y Administrativa del Décimo Séptimo
Circuito, Amparo en Revisión 192/2017. Ello no impide en absoluto que la ilicitud cometida pueda
tener consecuencias administrativas —disciplinarias, por ejemplo—, penales o civiles —una indemni
zación por daños, por ejemplo—.
36
Cf. Perrot, op. cit., pp. 108 y ss.; Taruffo, “Il diritto alla prova”, cit., pp. 92 y ss.; y Picó i Junoy, El derecho
a la prueba en el proceso civil, pp. 2122.
37
V. SCJN, Amparo Directo en Revisión 2655/2010, que considera que el derecho de defensa, del que
deriva también el derecho a la prueba, incluye “la oportunidad de ofrecer y desahogar pruebas”. El Tribu
nal Constitucional español, por su parte, también ha dicho claramente que “el efecto de la inejecución
de la prueba es o puede ser el mismo que el de su inadmisión previa [...]” —Tribunal Constitucional de
España, STC 147/1987—.
38
Cf. Taruffo, “Il diritto alla prova”, cit., p. 98; y Picó i Junoy, op. cit., p. 22.
39
Taruffo, La prueba de los hechos, cit., p. 430.
Los momentos de la actividad probatoria en el proceso 71
40
El artículo 372 del Código Nacional de Procedimientos Penales parecería dar un margen muy estre
cho al control del interrogatorio por parte de la jueza o el juez, al indicar que ésta o éste deberá “abste
nerse de interrumpir dicho interrogatorio salvo que medie objeción fundada de parte”. Sin embargo,
cabe entender en el sentido defendido en el texto la excepción a la necesidad de la iniciativa de parte
prevista también en el mismo artículo, de modo que el juzgador podrá también interrumpir el interro
gatorio cuando “resulte necesario para mantener el orden y decoro necesarios para la debida diligencia
ción de la audiencia”. Dejando al margen la referencia al decoro, puede entenderse que la referencia al
mantenimiento del orden no se limita al buen comportamiento de todos los agentes del proceso o del
público durante la audiencia, sino que incluye el orden en la forma de conducir el interrogatorio, de
72 Manual de razonamiento probatorio
Resulta claro que estas dos últimas posibilidades tienen por finalidad enriquecer
el conjunto de elementos de juicio disponibles al momento de adoptar la decisión
sobre los hechos. Y ese enriquecimiento no es sólo cuantitativo, sino cualitativo,
por cuanto constituye, precisamente, oportunidades para el desafío de las res
pectivas hipótesis fácticas. La proposición de pruebas contrarias puede buscar
directamente la falsación de una hipótesis o la corroboración de una hipótesis
fáctica distinta incompatible con la anterior. La prueba sobre la prueba, por otro
lado, supone un control sobre la fiabilidad de las pruebas existentes, que la con
firme o la impugne. Se trata de pruebas que no versan directa ni indirectamente
sobre los hechos del caso, sino sobre otras pruebas, y son esenciales en muchos
casos para una correcta valoración individual de la prueba, en aras de determinar
el grado de fiabilidad que ofrece. Se trata, por ejemplo, del careo entre testigos que
realizan declaraciones contradictorias, del peritaje psicológico sobre los testigos
modo que el desahogo de la prueba sea compatible con el objetivo de averiguación de la verdad consa
grado en el artículo 20, A, fracción I, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Siendo así, la persona juzgadora podría ejercer la capacidad de dirección y control de la práctica de la
prueba, limitando las actuaciones antiepistémicas de las partes.
Los momentos de la actividad probatoria en el proceso 73
Como ha señalado Taruffo, el reconocimiento del derecho de las partes a que sean
admitidas y practicadas las pruebas relevantes para demostrar los hechos que
fundamentan su pretensión es “una garantía ilusoria y meramente ritualista si no
se asegura el efecto de la actividad probatoria, es decir, la valoración de las pruebas
por parte del juez en la decisión”.41
41
Taruffo, “Il diritto alla prova”, cit., p. 106.
42
Picó i Junoy, op. cit., p. 28.
74 Manual de razonamiento probatorio
Por otro lado, está claro que no basta con tomar en consideración todas las pruebas
admitidas y practicadas. Es necesario también que la valoración de éstas, indivi
dual y conjunta, se adecue a las reglas de la racionalidad. Sólo así podrá entenderse
que se respeta el derecho de las partes a probar, esto es, a producir un determi
nado resultado probatorio que sirva de fundamento a sus pretensiones. Es más,
sólo si se garantiza que los hechos probados a los que se aplicará el derecho han sido
obtenidos racionalmente a partir de los elementos de juicio aportados al proceso
puede garantizarse también un nivel mínimamente aceptable de seguridad jurídica.
4) Finalmente, el último elemento que permite dotar del alcance debido al dere
cho a la prueba es la obligación de motivar las decisiones judiciales. Aunque es poco
común hacer referencia a este aspecto en términos de derecho subjetivo, no se
encuentra razón alguna para no hablar de un derecho a obtener una decisión
suficiente y expresamente justificada.43 En el ámbito del razonamiento sobre los
hechos, esa justificación deberá versar tanto sobre los hechos que la jueza o el
juez declare probados como sobre los hechos que declare no probados.
43
Taruffo, “Il diritto alla prova”, cit., p. 112.
Los momentos de la actividad probatoria en el proceso 75
Bibliografía
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Sentencias de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos
Sentencias de la
Suprema Corte de Justicia de la Nación de México
Sentencias del
Tribunal Constitucional de España
I. Introducción
Sin embargo, una cosa es que las partes tengan un derecho fundamental que les
garantice que puedan aportar al proceso las pruebas relevantes de que dispongan
y otra, muy distinta, que puedan hacerlo en exclusiva. Esto nos sitúa de lleno ante
la cuestión de si está justificado, y en qué términos, otorgar poderes probatorios
a la persona juzgadora. En casi todos los países de Latinoamérica, así como en
España e Italia, se han alzado voces radicalmente contrarias al otorgamiento de esos
poderes y a su ejercicio, con un impacto importante en nuestra cultura jurídica.1
1
V., por todos, Montero Aroca, “Nociones generales sobre la prueba (entre el mito y la realidad)”, en
Cuadernos de Derecho Judicial. La prueba, y Los principios políticos de la nueva Ley de Enjuiciamiento Civil.
81
82 Manual de razonamiento probatorio
Lejos de usar el bisturí, las grandes críticas a los poderes probatorios de la per
sona juzgadora se caracterizan muy habitualmente por un tratamiento muy gené
rico de los problemas implicados, caracterizado por: i) una grosera confusión
ideológica, y hasta histórica, que asimila los sistemas procesales que otorgan
poderes probatorios a sistemas políticos autoritarios;2 ii) un tratamiento unitario
de los poderes probatorios de la persona juzgadora, habitualmente reducido a
la capacidad de ordenar pruebas de oficio, al que se considera merecedor de un
rechazo general; iii) la apelación a la pérdida de imparcialidad como argumento
contra los poderes probatorios; y iv) la negación de la búsqueda de la verdad como
objetivo para la prueba en el proceso judicial. Hemos ya analizado en los capítulos
precedentes este último punto; en este capítulo haremos lo propio con los demás.
Los poderes del juez y la oralidad; Alvarado Velloso, Debido proceso versus pruebas de oficio; y, en Italia,
Cipriani, “Il processo civile tra vecchie ideologie e nuovi slogan”, en Rivista di diritto processuale.
2
V. Montero Aroca, “Nociones generales sobre la prueba (entre el mito y la realidad)”, en Cuadernos de
Derecho Judicial. La prueba, pp. 29 y ss. Una certera crítica al respecto puede verse en Oteiza, “El juez
ante la tensión entre libertad e igualdad”, en Revista de Derecho Procesal, p. 220; y en Taruffo, “Poderes
probatorios de las partes y del juez en Europa”, en La prueba, pp. 159 y ss.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 83
Sin embargo, claro está, ese no es el único modelo de juez ni de proceso judicial.
Mirjan Damaška4 presentó una dicotomía entre dos grandes modelos de proceso:
aquel dirigido a la resolución de conflictos y aquel dirigido fundamentalmente
a la implementación de políticas públicas mediante la aplicación del derecho
previamente establecido por el legislador. El primero de ellos tiende hacia un ideal
de justicia procedimental,5 en el que la persona juzgadora desempeña un papel de
árbitro de una contienda de la que es espectador necesariamente pasivo, y en la
que son las partes quienes gobiernan el proceso, determinando su objeto, esta
bleciendo los hechos en disputa y los que quedan fuera del litigio, delimitando
las pruebas sobre las que se tomará la decisión y determinando el resultado del
proceso mediante su actuar procesal, especialmente en la práctica de las pruebas.
Además, claro está, aunque no es incompatible con ella, resolver el conflicto no
requiere como finalidad la búsqueda de la verdad sobre los hechos ocurridos.6
3
Se trata de lo que Roscoe Pound denominó en 1906 concepción deportiva de la justicia, cuya exage
ración consideraba una de las causas de la insatisfacción popular con la administración de justicia.
V. Pound, “The Causes of Popular Dissatisfaction with the Administration of Justice”, en Federal Rules
Decisions, p. 281.
4
Cf. Damaška, The Faces of Justice and State Authority: a Comparative Approach to the Legal Process, pp. 71 y ss.
5
Cf. ibid., pp. 102-103; y, en el mismo sentido, Jolowicz, “Adversarial and Inquisitorial Models of Civil
Procedure”, en International and Comparative Law Quarterly, p. 285.
6
Cf. Damaška, op. cit., pp. 122-123.
84 Manual de razonamiento probatorio
derecho vigente7 y, de este modo, implementar las políticas públicas que el Estado
busca conseguir a través del derecho.
Es claro también que los dos modelos de proceso identificados por Damaška
son en buena parte la traslación al diseño procesal de líneas ideológicas más gene
rales: una visión liberal,10 o neoliberal si se prefiere, del Estado y una concepción
7
Como ha mostrado Caracciolo —“Justificación normativa y pertenencia. Modelos de decisión judi
cial”, en Análisis filosófico, p. 43—, no hay forma de “aplicar” una norma general a un hecho distinto del
previsto en el propio antecedente de la norma y tampoco se aplica la norma cuando el enunciado fác
tico que describe la ocurrencia del hecho es falso. En otros términos, en esos casos, la norma individual
contenida en el fallo de la sentencia no está justificada por las premisas de partida.
8
En parecidos términos, respecto del proceso civil, se pronunciaba Liebman —Manual de Derecho Proce
sal Civil, p. 286—, para quien “el Estado aunque no esté interesado en el objeto de la controversia, no
puede ser sin embargo indiferente al modo en que el proceso se desarrolla y se concluye”.
9
En el mismo sentido, cf. Abel Lluch —Iniciativa probatoria de oficio en el proceso civil, p. 160—, Picó i
Junoy —El juez y la prueba. Estudio de la errónea recepción del brocardo iudex iudicare debet secundum
allegata et probata, non secundum conscientiam y su repercusión actual, p. 112— y Jolowicz, op. cit., p. 286.
Por su expresividad y por provenir de un país anglosajón con un modelo de proceso claramente adver
sarial, vale la pena mencionar lo dicho por la jurisprudencia australiana: “No se espera de los jueces
modernos que permanezcan tan inescrutables como esfinges hasta el momento de pronunciar sentencia”
(Johnson vs. Johnshon —unreported, HC of A, Gleeson CJ, Gaudron, McHugh, Gummow, Kirby, Hayne,
Calliman JJ, 7 de septiembre de 2000— párr. 13; citado a través de Epstein, “The Quiet Revolution in
Australia-The Changing Role of the Judge in Civil Proceedings”, en The Reforms of Civil Procedure
in Comparative Perspective, p. 200).
10
Es claro que en la literatura procesal se usa el término liberal para referirse a una ideología distinta y en
buena parte opuesta a la que se hace referencia con el mismo calificativo en la filosofía política anglo
sajona. En este sentido, un autor paradigmático de la filosofía política liberal, como Rawls, se expresa
en términos que lo sitúan en la concepción publicista del proceso judicial o como mecanismo de
implementación de políticas públicas:
“Si las leyes se dirigen a personas racionales para guiar su conducta, los tribunales han de ocuparse de
aplicar y dotar de vigencia a esas normas de un modo apropiado. Hay que hacer un esfuerzo para deter
minar cuándo se ha producido una infracción e imponer la pena correcta. Por ello, un sistema jurídico
debe tomar medidas para garantizar que los juicios y audiencias se desarrollen adecuadamente y debe
contener normas sobre la prueba que garanticen unos procedimientos de investigación racionales. Aunque
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 85
haya variaciones en dichos procedimientos, el Estado de Derecho requiere alguna forma de debido proceso:
esto es, un proceso razonablemente diseñado para determinar la verdad, de forma compatible con los
otros objetivos del sistema jurídico” —Rawls, A Theory of Justice, p. 210—.
11
Decía Calamandrei, en este sentido, que la concepción publicista del proceso —en referencia al
civil— “es la antítesis de la concepción estrictamente individualista que reducía el proceso a una lucha
encarnizada de egoísmos” —Istituzioni di diritto processuale civile, I, p. 224—.
12
Puede verse una estupenda presentación histórica de la influencia del pensamiento de Klein y de
Wach, especialmente centrada en el impacto en la procesalística civil italiana, en Carrata, “La funzione
sociale del processo civile, fra XX e XIX secolo”, en Rivista Trimestrale di Diritto e Procedura Civile.
13
Esto no es incompatible con otras tesis funcionales del derecho que pongan el acento en el control
social, en la seguridad jurídica, en el monopolio de la violencia, etcétera. Todas ellas podrían ser, desde
esta perspectiva, funciones secundarias que servirían al objetivo fundamental de prevenir, gestionar y
resolver conflictos.
86 Manual de razonamiento probatorio
Cabe sostener que lo que caracteriza al derecho, por diferencia de cualquier otro
método de ADR, es que aquel pretende resolver conflictos mediante normas
generales y abstractas. Esto tiene importantes implicaciones, puesto que supone,
por ejemplo, que los conflictos que aborda el derecho son conflictos genéricos
y no individuales. Esto es, no un conflicto definido por coordenadas espacio-
temporales —la muerte de Pedro el día X en el lugar Y—, sino una clase de
conflictos definida por alguna propiedad común —los casos de muerte no natu
ral a manos de un tercero—. Esto incide de manera crucial en qué va a ser
considerado valioso a los efectos de calificar una solución como adecuada para
un conflicto.
14
Carrata —op. cit., pp. 87-90— identifica, en efecto, tres sentidos en los que, desde una concepción
publicista del proceso, se le puede atribuir una función social: 1) como un mecanismo de tutela de los
derechos, con pretensión de justicia, eficiencia y efectividad, de modo que garantice la seguridad jurí
dica de los ciudadanos; 2) como un mecanismo de promoción social de los desfavorecidos o de las
partes más débiles, con el objetivo de conseguir una mayor igualdad material; y 3) como un meca
nismo para favorecer el bienestar social —restableciendo la paz social, facilitando la mejora de la eco
nomía, etcétera—. Es claro que los tres sentidos no son incompatibles, pero pueden ser perfectamente
sostenidos de manera independiente.
15
Debe advertirse que no es exclusivo del denominado derecho público que el proceso judicial sea, en
este modelo, un mecanismo de aplicación al caso concreto de las políticas públicas implementadas por
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 87
En esa lógica, la persona juzgadora de cada caso no puede tener autonomía para
la atribución de soluciones individuales a los conflictos que se le planteen, diver
gentes de las soluciones genéricas previstas por las normas. Si así se hiciera —y
cuando así se hace— fallaría la seguridad jurídica, de modo que fracasaría la pre
visibilidad de las soluciones. Por ello, resulta extraño a este método de resolución
de conflictos el reconocimiento del valor del acuerdo de voluntades.
Como puede observarse, pues, las lógicas del derecho y de los ADR son absolu
tamente distintas, tanto desde el punto de vista de su técnica de resolución de
conflictos como de los valores a los que se da preferencia. Eso no implica, por
supuesto, que el derecho desconozca el valor de la autonomía individual y el
valor del acuerdo para la solución de los conflictos. Implica, más bien, que el legis
lador adopta una decisión previa: deja a la autonomía las decisiones particulares
que no le interesa regular y opta por la regulación jurídica para los conflictos que
el derecho. También a través del derecho privado se implementan políticas públicas, determinando el
alcance de la autonomía individual, las consecuencias jurídicas del ejercicio de esa autonomía y, en oca
siones, preestableciendo la solución para determinados conflictos en los que el Estado decide no otorgar
autonomía a los particulares. Sobre este punto puede verse, por ejemplo, aplicado al derecho de daños,
Papayannis, El derecho privado como cuestión pública, pp. 203 y ss. Y aun si no se admite el carácter, al
menos parcialmente, público del derecho privado, de ahí no se inferiría el carácter privado del proceso
judicial de derecho privado. En otros términos, la disponibilidad del proceso, característica de la mayo
ría de los procesos de derecho privado, no lo exime del carácter público ni de su función de aplicación
del derecho. En este sentido, entre otros muchos, puede verse Devis Echandía, “La iniciativa probato
ria del juez civil en el proceso contemporáneo”, en Revista de Derecho Procesal Iberoamericana, p. 68; y
Picó i Junoy, op. cit., pp. 104 y ss.
16
Salvo, claro está, el arbitraje. En ese caso, no obstante, la solución sigue siendo una solución indi
vidual para un caso o conflicto individual, de forma que la solución será valiosa si se adapta a las
especificidades concretas del caso, cosa que no ocurre en las soluciones jurídicas. Por otro lado, con
viene advertir que normalmente se matiza que no todo acuerdo es admisible para los ADR, sino sólo
acuerdos calificados por el respeto a ciertas condiciones de fair play procedimental, pero ello no obsta
al punto esencial del argumento presentado, i. e., que el criterio fundamental de corrección es el acuerdo
entre las partes del conflicto individual y no la aplicación de reglas generales preestablecidas.
88 Manual de razonamiento probatorio
1. La búsqueda de la verdad
17
A veces también se adoptan soluciones intermedias, permitiendo a las partes —o a alguna de ellas—
decidir si aceptan la aplicación de la regulación jurídica o prefieren una solución distinta. Es el caso,
por ejemplo, de la regulación jurídica de la sucesión intestada —aplicable sólo en el caso en que el
causante no haya realizado testamento—, o de los delitos de acción privada —que sólo se enjuician
bajo el impulso procesal de quien afirma haber sido víctima del delito—.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 89
Por todo ello, la prueba como actividad procesal tiene la función de compro
bar la producción de los hechos condicionantes a los que el derecho vincula
consecuencias jurídicas o, lo que es lo mismo, determinar el valor de verdad
de las proposiciones que describen la ocurrencia de esos hechos condicio
nantes.
18
Cf. Taruffo, La prueba de los hechos, p. 400; y Andrés Ibañez, “«Carpintería» de la sentencia penal
(en materia de «hechos»)”, en Poder judicial, p. 395.
19
Cf. Montero Aroca, Los principios políticos de la nueva Ley de Enjuiciamiento Civil. Los poderes del juez y
la oralidad, pp. 116 y ss.
90 Manual de razonamiento probatorio
Sin embargo, como bien ha señalado Taruffo, esta asimilación esconde una desta
cable confusión en el uso del término inquisitivo, con una carga emotiva también
reseñable, que lo vincula con el modelo propio de la Santa Inquisición, “en cuyos
procesos la persona investigada no tenía ningún poder de defensa frente a un
tribunal omnipotente […], con la finalidad de generar una valoración negativa
sobre todo aquello a lo que viene referido”.20
Las cosas son, en cambio, mucho más difusas de lo que las etiquetas de sistema
inquisitivo y adversarial parecen indicar. Así, basta ver, por ejemplo, que de las
doce cuestiones que Andrews22 identificó que están bajo el control de las partes en
un sistema adversarial, la gran mayoría de ellas también lo está en los sistemas
habitualmente considerados como inquisitivos. La realidad más bien mostraría
que no hay sistemas puramente adversariales ni puramente inquisitivos, sino
más bien una gradación de sistemas más o menos adversariales o más o menos
inquisitivos,23 lo que hace muy poco útil el uso de esas etiquetas presentadas como
dicotómicas.24
20
Taruffo, “Poderes probatorios de las partes… cit.”, p. 160.
21
Sobre la deformación del brocardo clásico en su recepción por la procesalística alemana y de ahí por
la italiana, española y latinoamericana, v. el excelente estudio de Picó i Junoy —op. cit., pp. 43 y ss.—;
también, al respecto, Nieva Fenoll, “La cattiva reputazione del principio inquisitorio”, en Rivista trimestrale
di diritto e procedura civile, pp. 947 y ss.
22
Cf. Andrews, “The Adversarial Principle: Fairness and Efficiency”, en Reform of Civil Procedure, p. 169.
23
Cf. Jolowicz, op. cit., p. 281.
24
V., en el mismo sentido, Damaška, op. cit., p. 5; Summers, Fair Trials. The European Criminal Procedural
Tradition and the European Court of Human Rights, pp. 310; Dondi, Ansanelli y Comoglio, Procesos civiles
en evolución. Una perspectiva comparada, pp. 2835, 55 y ss.; y Aguirrezabal Grünstein y Pérez Ragone,
“Aportes para una conducción colaborativa del proceso civil chileno: pensando una nueva justicia”, en
Revista de Derecho Privado, pp. 2989; entre otros muchos.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 91
El punto de partida, como no puede ser de otro modo, será siempre en quién
queremos depositar la iniciativa de activar el proceso judicial. Dependiendo del
tipo de proceso o jurisdicción en que nos encontremos, podemos optar por
situarla enteramente en las partes —en aplicación del principio dispositivo— o
en la persona juzgadora o en alguna combinación entre ellas. Pero una vez acti
vado el mecanismo del proceso judicial, el modelo de proceso que aquí se ha
defendido supone que éste está guiado, por lo que a la prueba se refiere, por
el objetivo de la averiguación de la verdad.26 Por ello, deberemos preguntarnos
cuál es el reparto de poderes probatorios entre las partes y la persona juzgadora
que resulta más adecuado para la consecución de ese objetivo, sin dejar de prestar
atención también a otros objetivos, como la celeridad del procedimiento o los
costos económicos de éste, para el Estado y para las partes.
25
Cf. Taruffo, “Poderes probatorios de las partes… cit.”, pp. 109 y ss.
26
Como bien señala Nieva Fenoll —op. cit., pp. 947 y ss.—, conviene mantener separados el principio
dispositivo y el principio de aportación de parte. El primero incluiría el poder de iniciar el proceso y de
continuarlo, así como la determinación del objeto del proceso. El segundo, en cambio, supondría que
sólo las partes pueden aportar pruebas al proceso para acreditar sus alegatos fácticos. Es claro que las
razones para fundar o rechazar cada uno de esos principios son diversas, pudiéndose perfectamente
sostener uno sin el otro, lo que impone la necesidad de no confundirlos —v. ibid., p. 952 y las referencias
allí citadas—.
92 Manual de razonamiento probatorio
Para abordar la relación entre los poderes probatorios de las partes y de la persona
juzgadora y el objetivo de la averiguación de la verdad es necesario evitar dos
simplificaciones muy habituales. En primer lugar, debe rechazarse de plano la
asimilación entre un modelo de proceso dirigido a la averiguación de la verdad y
el proceso íntegramente centrado en la persona juzgadora. Por un lado, es eviden
te que permitir la aportación de pruebas de parte —sin por ello negar necesaria
mente poderes probatorios de oficio a la jueza o el juez— es un buen mecanismo
para mejorar la riqueza del acervo probatorio con el que se dirimirá el pro
ceso, puesto que el conocimiento de las pruebas y el acceso a éstas que las par
tes suelen tener pueden ser muy útiles para la averiguación de la verdad. Por el
contrario, la persona juzgadora debería invertir esfuerzos y recursos en entrar
en conocimiento de la existencia de esas pruebas y para acceder a ellas y ponerlas
a disposición del proceso. Por otro lado, la participación de las partes en la prác
tica de contradecir las pruebas —que no excluye tampoco necesariamente la
participación de la jueza o el juez— es también un mecanismo cognoscitivo de
gran valor para mejorar el conjunto de elementos de juicio del proceso, tanto
cuantitativamente —mediante la presentación de pruebas sobre la prueba, por
ejemplo— como cualitativamente —aportando información sobre la fiabilidad
de pruebas ya incorporadas al expediente—. Todo ello permite concluir que un
proceso completamente centrado en la persona juzgadora sería un sistema
muy ineficiente para la satisfacción del objetivo de la averiguación de la verdad
sobre los hechos.
27
Cf. Jolowicz, op. cit., p. 283; y Taruffo, “Poderes probatorios de las partes… cit.”, p. 175.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 93
28
Es muy interesante también integrar en este punto la jurisprudencia que en materia de derecho del
consumo ha desarrollado el Tribunal de Justicia de la Unión Europea: así, contra la imagen del juez
pasivo, el Tribunal ha promovido la declaración de oficio por parte de las juezas y los jueces de cláusu
las abusivas no alegadas por las partes, siempre que ello resulte del expediente judicial —lo que limita
incluso el poder exclusivo de las partes de delimitar el objeto del proceso—, en aras de la efectividad
de las políticas públicas de protección de los consumidores. V., al respecto, una buena presentación y
análisis en Nieva Fenoll, “La actuación de oficio del juez nacional europeo”, en Diario La Ley.
94 Manual de razonamiento probatorio
una realidad social con una gran discriminación por razón de género, donde
será muy común que una de las partes esté desaventajada, que hacerlo para una
sociedad igualitaria. O, por lo que hace a la defensa y representación procesal
de las partes, tampoco es lo mismo diseñar un proceso para un país donde
hay buena formación jurídica, controles de calidad para el acceso a la abogacía
y capacitación continuada de los profesionales, o para un país con grandes
desigualdades en la formación, miles de abogadas y abogados formados en malas
facultades y sin controles de calidad en el acceso a la abogacía: un proceso cen
trado en las partes requiere disponer de buenos profesionales que lleven a cabo
su defensa.
Por ello, una vez rechazadas las dos simplificaciones mencionadas, conviene
hacer un mapa de los poderes probatorios en el proceso judicial.29 A partir de
ahí, podrá y deberá estudiarse qué reparto de poderes probatorios entre las partes
y la persona juzgadora es más adecuado para el objetivo de la averiguación de la
verdad. No lo serán, desde luego, las opciones que se sitúan en los extremos:
29
Una excepción al tratamiento reduccionista de los poderes probatorios del juez es el trabajo de Devis
Echandía, “Facultades y deberes del juez en el moderno proceso civil”, en Revista de Derecho Procesal
Iberoamericana, pp. 425531. En ese artículo, el maestro colombiano identifica siete facultades proba
torias que el juez podía ejercer de oficio en el proceso civil colombiano de la época. Una diferencia
importante entre la interesante aproximación de su trabajo y la que abordo aquí es que el mapa que
propongo no se limita a las facultades del juzgador o juzgadora, sino que incluye también las de las
partes y, por lo que hace a la persona juzgadora, tampoco se limita a las facultades oficiosas.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 95
30
Seguramente la lista no es exhaustiva, pero cuanto más completa sea la imagen de los poderes proba
torios posibles, mejor nos guiará en su atribución y distribución. En todo caso, me limitaré aquí a los
poderes probatorios relativos a la incorporación de prueba al proceso. En la misma línea de lo sostenido
en este capítulo, he presentado en Ferrer Beltrán, “Los poderes probatorios del juez y el modelo de
proceso”, en Cuadernos electrónicos de filosofía del derecho, pp. 97 y ss., una lista de poderes probatorios
de la persona juzgadora menos amplia por lo que respecta a la incorporación de pruebas, pero que
incluye la práctica de la prueba y las decisiones sobre el resultado probatorio.
96 Manual de razonamiento probatorio
31
Diremos que una prueba es relevante para probar un determinado hecho si la prueba puede aumen
tar o disminuir la probabilidad de que la hipótesis de que ese hecho ocurrió sea verdadera. O, en
términos de Taruffo —La prueba, p. 38— una prueba es relevante si, y sólo si, se puede fundar en ella
—por sí sola o conjuntamente con otras— una conclusión sobre la verdad del enunciado fáctico
a probar.
32
Volveré enseguida sobre este punto, que será analizado también con mayor detalle en el capítulo 4 de
este manual. En materia penal, al respecto puede verse el reconocimiento de la facultad de las partes en
el artículo 262 del Código Nacional de Procedimientos Penales y los criterios de admisión en el artículo
346 del mismo Código.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 97
cambio, la cuestión acerca de los modos en que debe llevarse a cabo la proposi
ción de prueba y el momento procesal en el cual realizarla. Es claro, respecto de
este último aspecto, que la proposición de prueba debe realizarse en un momen
to muy inicial del procedimiento, pero queda por determinar si las partes tienen
oportunidad de solicitar posteriormente, incluso en segunda instancia, la incor
poración de nuevas pruebas debido a que no conocían su existencia anterior
mente o no disponían de ellas, o si se admite la proposición de nuevas pruebas
durante el desarrollo de la práctica de la prueba por razón de su relevancia so
brevenida. Casi todos los ordenamientos prevén la posibilidad para las partes
de proponer la admisión de pruebas nuevas cuya existencia desconocían o de las
que no disponían en el momento inicial de proposición de pruebas, lo que tiene
un perfecto fundamento epistemológico en aras de enriquecer el acervo probato
rio con el que se tomará la decisión sobre los hechos.
33
Como se prevé, por ejemplo, en el artículo 6 del Código Nacional de Procedimientos Penales.
98 Manual de razonamiento probatorio
34
Evidentemente, si se interpreta el criterio en el sentido de que la prueba pericial será admisible cuando
la persona juzgadora estime que necesita el conocimiento experto para decidir, ello deja en manos
de la jueza o el juez, y sin control posible alguno, la potestad de admitir o inadmitir la prueba a su entera
voluntad. Un análisis de este criterio puede verse en Vázquez, “La admisibilidad de las pruebas pericia
les y la racionalidad de las decisiones judiciales”, en Doxa, pp. 119 y ss.
35
Algo así sucede con lo previsto en el artículo 346 del Código Nacional de Procedimientos Penales.
Así, por ejemplo, la letra b) del epígrafe 1º considera impertinentes los medios de prueba que versen
sobre hechos no controvertidos, y la letra c) califica exactamente esas mismas pruebas como innecesa
rias. Puede verse un análisis de los criterios de admisibilidad de la prueba en el proceso penal mexicano
en Vázquez, “Los retos de las pruebas periciales a partir del nuevo Código Nacional de Procedimientos
Penales. Apuntes desde la epistemología jurídica”, en Problema. Anuario de filosofía y teoría del derecho,
pp. 358 y ss. Volveremos sobre ello en el capítulo 4.
36
Así lo prevén también expresamente algunos ordenamientos procesales, como la Regla 401 de las
Federal Rules of Evidence estadounidenses, que establece que “son relevantes los medios de prueba que
tienden a hacer que la ocurrencia de algún hecho […] sea más probable, o menos probable, de lo
que sería sin esos medios de prueba”.
37
También se establece así, expresamente, en algunos ordenamientos procesales, como es el caso de la
Regla 402 de las Federal Rules of Evidence estadounidenses. Al respecto, v. Taruffo, La prueba, cit.,
pp. 38-41. Lo mismo puede decirse del artículo 283 de la Ley de Enjuiciamiento Civil española, aunque
en este caso utilice la terminología de la impertinencia y la inutilidad de la prueba.
100 Manual de razonamiento probatorio
En cualquier caso, por lo que aquí importa, es la jueza o el juez quien tiene la
facultad de decidir sobre la admisión de la prueba propuesta por las partes, apli
cando los criterios legalmente determinados al efecto y con el margen de discre
cionalidad que esos criterios le entreguen.
38
Los poderes de dirección de proceso del juez inglés, a partir de las Civil Procedure Rules de 1998, son
especialmente intensos e incluyen otros tantos aspectos no específicamente relacionados con la propo
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 101
sición de prueba —v., por ejemplo, la larga lista de facultades de dirección contenida en la Regla 1.4).
Al respecto, v. Zuckerman, Zuckerman on civil procedure. Principles of practice, pp. 3132; y “Court Control
and Party Compliance: The Quest for Effective Litigation Management”, en The Reforms of Civil Procedure
in Comparative Perspective, pp. 148 y ss. Una evolución parecida se puede registrar en la legislación
procesal civil australiana, sobre la que puede verse Epstein, op. cit., pp. 185 y ss.
39
El concepto de laguna probatoria apela a la ausencia de pruebas relevantes: pruebas que deberían estar
en el acervo probatorio del proceso y no han sido incorporadas.
40
Literalmente, el artículo 429.1, párrafos tercero y cuarto, establece que “Cuando el tribunal considere
que las pruebas propuestas por las partes pudieran resultar insuficientes para el esclarecimiento de los
hechos controvertidos lo pondrá de manifiesto a las partes indicando el hecho o hechos que, a su juicio,
podrían verse afectados por la insuficiencia probatoria. Al efectuar esta manifestación, el tribunal,
ciñéndose a los elementos probatorios cuya existencia resulte de los autos, podrá señalar también la
prueba o pruebas cuya práctica considere conveniente.
En el caso a que se refiere el párrafo anterior, las partes podrán completar o modificar sus proposiciones
de prueba a la vista de lo manifestado por el tribunal.”
102 Manual de razonamiento probatorio
41
En el mismo sentido, V., respecto de Estados Unidos, Davis y Hershkoff, “Contracting for Procedure”,
en William and Mary Law Review, pp. 525 y ss.
42
Para una oposición absoluta a este tipo de acuerdos, basada en la concepción publicista del proceso
y una concepción racional de la prueba dirigida a la averiguación de la verdad como corresponden
cia, v. Taruffo, “¿Verdad negociada?”, en La prueba. También Picó i Junoy —“Repensando los pactos
procesales probatorios desde las garantías constitucionales del proceso”, en Revista Eletrônica de
Direito Processual, pp. 156 y ss.— se pronuncia en el mismo sentido y añade el argumento de que no serían
admisibles los acuerdos probatorios que limiten el derecho fundamental a la prueba, en su faceta del
derecho a aportar todas las pruebas relevantes de que se disponga, dado que, como derecho fundamen
tal, es indisponible. Por ello, este autor solo entiende admisibles los acuerdos probatorios que “favorez
can o potencien” la actividad probatoria. Una oposición también matizada, que limita la posibilidad de
realizar acuerdos probatorios al ámbito de lo disponible por las partes, puede verse en De Paula Ramos,
“Convenções probatórias no processo civil. Negociando o que é negociável”, en Justiça consensual:
acordos penais, cíveis e administrativos.
En el caso del proceso civil mexicano, la posibilidad de realizar negocios procesales sobre el proce
dimiento probatorio parece claramente vedada por el artículo 85 del Código Federal de Procedimientos
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 103
Es habitual que las posiciones más generosas respecto del posible alcance de los
negocios procesales, en general, y de los probatorios, en particular, se concentren
en el proceso civil, basándose en una muy amplia concepción del principio dispo
sitivo. Sin embargo, conviene destacar, por un lado, que ello desemboca en una
especie de procedimiento civil a la carta, difícilmente compatible con las teorías
publicistas del proceso;43 y, por otro lado, que otorgar a las partes una facultad
irrestricta de realizar acuerdos sobre el procedimiento probatorio será también
incompatible con el otorgamiento de otras facultades a la jueza o juez. Esto no
es sorprendente, puesto que la lógica de un proceso muy centrado en las
partes es incompatible, por ejemplo, con la atribución a la persona juzgadora de
la facultad de ordenar la incorporación de pruebas de oficio al proceso.
Más allá de los acuerdos procesales en sentido estricto, que tienen por objeto
negocial las características del procedimiento, hay un espacio para el acuerdo entre
las partes que no es propiamente procesal pero que tiene un impacto directo en
el proceso. Me refiero al acuerdo sobre los hechos. En el ámbito civil ello tiene
como consecuencia directa que esos hechos dejen de ser objeto de prueba y que,
en consecuencia, se acepten como dados y, en su caso, se proceda sólo a la discu
sión acerca de las consecuencias jurídicas de su ocurrencia. En el proceso penal
este tipo de acuerdos se han difundido en nuestros sistemas a través de la impor
tación de la institución estadounidense del plea barganing, que ha dado lugar a lo
que en buena parte de Latinoamérica se denomina juicios o procedimientos abre
viados y, en España, a las sentencias de conformidad. Se trata, en resumen, de
acuerdos entre la fiscalía y la defensa mediante los cuales el imputado acepta la
comisión del delito, tal como es descrito por la fiscalía, y esta última disminuye
la petición de pena. Como ha mostrado Langer,44 este tipo de procedimientos no
Civiles, que establece que “Ni la prueba, en general, ni los medios de prueba establecidos por la ley, son
renunciables”.
43
Precisamente por ello, de manera muy expresiva escribe contra esa posibilidad Judith Resnik: “Las
cortes no están `al servicio´ de las partes; las cortes tienen independencia respecto de las partes, no sólo
para dar voz a los intereses de otras partes, sino como instituciones que expresan el interés público y
responden ante él” —“Whose Judgment? Vacating Judgements, Preferences for Settlement, and the Role
of Adjudication at the Close of the Twentieth Century”, en UCLA Law Review, p. 1527—.
44
Cf. Langer, “La dicotomía acusatorio-inquisitivo y la importación de mecanismos procesales de la
tradición anglosajona. Algunas reflexiones a partir del procedimiento abreviado”, en El procedimiento
abreviado, pp. 111-112.
104 Manual de razonamiento probatorio
Esta facultad del órgano judicial se configura como un límite, en el caso de existir,
a la facultad de las partes de adoptar acuerdos probatorios. El alcance del límite y,
como contracara, de la facultad de las partes dependerá no sólo de que esta última
esté condicionada a la validación u homologación judicial, sino también del carác
ter reglado o discrecional de esa homologación y de cuán precisas sean las con
diciones que la regulación establezca para ese control judicial.
Las cosas parecen distintas en el caso de los acuerdos probatorios en sede penal
que dan lugar a un procedimiento abreviado. En el caso mexicano, ello es ya claro
45
Langer distingue seis maneras en que se puede trazar la distinción entre sistemas inquisitivos y
adversariales o acusatorios. Así, los procedimientos abreviados podrían entenderse como acusatorios en
la medida en que la negociación entre las partes es un elemento natural de esos sistemas. En cambio,
pueden ser considerados inquisitivos en la medida en que la admisión de la culpabilidad se obtiene
mediante mecanismos coercitivos o porque no se desarrollan en audiencia pública y oral.
46
Establecidos esos criterios, prevé el artículo 190 del Código Procesal Civil brasileño que “De oficio o
a petición de parte, el juez controlará la validez de las convenciones previstas en este artículo, recha
zando su aplicación sólo en los casos de nulidad o de inclusión abusiva en contratos de adhesión o en
los que alguna parte se encuentre en manifiesta situación de vulnerabilidad”.
47
Cf. Nogueira, “Sobre os acordos de procedimento no processo civil brasileiro”, en A, Negócios Processuais,
vol. 1, p. 111; y Cabral, Convenções Processuais, pp. 283 y ss.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 105
a partir de la dicción de la fracción séptima del artículo 20, A): “[...] Si el impu
tado reconoce ante la autoridad judicial, voluntariamente y con conocimiento de
las consecuencias, su participación en el delito y existen medios de convicción sufi
cientes para corroborar la imputación, el juez citará a audiencia de sentencia. […]”
—cursiva añadida—. Así pues, no es sólo necesario un acuerdo libre de voluntades
entre las partes para el reconocimiento de los hechos, sino que la jueza o el juez
de control deberá cerciorarse de que consten en la carpeta de investigación
elementos de juicio suficientes para corroborar la imputación, al margen del reco
nocimiento del propio imputado. Insiste en la misma línea el artículo 203 del
Código Nacional de Procedimientos Penales. Ello nos sitúa ante dos requerimien
tos de la mayor importancia: 1) responder a la pregunta acerca de cuál es el umbral
de suficiencia, i. e., el estándar de prueba, que debe satisfacer el acervo probato
rio de cargo; y 2) que la jueza o el juez del caso realice una valoración probatoria
de ese acervo para controlar que cumple con el estándar de prueba requerido.48
En cualquier caso, resulta claro que estamos aquí ante condiciones que van más
48
La Suprema Corte de Justicia de la Nación —SCJN—, en cambio, ha negado persistentemente que
sea necesaria la valoración de la prueba de cargo por parte de la persona juzgadora para determinar
que “existen medios de convicción suficientes para corroborar la imputación”. V., por ejemplo, Amparo
Directo en Revisión 6389/2015, Contradicción de Tesis 56/2016 y Amparo Directo en Revisión
950/2019. La misma tesis puede encontrarse, por ejemplo, en el Acuerdo Plenario del Pleno Jurisdic
cional Nacional Penal y Procesal Penal peruano de 2930 de abril de 2021Tema 2. Como bien ha
mostrado Veleda —“Decidir sin probar: acuerdos sobre los hechos en el proceso penal”, en Manual sobre
Derechos Humanos y prueba en el proceso penal, pp. 341 y ss.—, no hay forma de controlar la suficien
cia de los elementos de juicio si no es realizando esa operación que llamamos valoración de la prueba
y aplicando posteriormente un estándar de prueba para determinar si el grado de corroboración alcan
zado por la hipótesis acusatoria es suficiente. Temo que estamos aquí ante un efecto perverso de esa
confusa clasificación de los elementos de juicio en datos de prueba, medios de prueba y pruebas del
artículo 261 del Código Nacional de Procedimientos Penales: siendo que se denomina prueba en el Código
a los medios de prueba ya desahogados en audiencia bajo los principios de inmediación y contradic
ción, por definición no hay pruebas en el procedimiento abreviado si éste consiste, precisamente, en una
terminación anticipada antes del juicio oral. Y si los elementos de juicio aportados por la fiscalía no
pueden ser llamados pruebas, entonces parece que no podemos hablar de valoración de la prueba ni de la
aplicación de un estándar de prueba. En cambio, lo que tenemos son elementos de juicio —datos de
prueba, dice el artículo 203 del Código— que no han sido practicados, pero que aportan información
sobre los hechos, y la jueza o el juez deberá valorar qué grado de corroboración de la hipótesis acu
satoria aportan y si éste es suficiente. Podemos no llamarlos pruebas, pero la operación intelectual es
exactamente la misma. Como señalé en el capítulo anterior, la opción terminológica del Código Nacional
de Procedimientos Penales equivale a no llamar melones a los melones sino hasta que los tenemos abier
tos y servidos en la mesa: lo podemos hacer, pero corremos el riesgo de confundirnos y pensar que lo
que tenemos antes y después de abrirlos son dos frutas distintas.
106 Manual de razonamiento probatorio
allá del acuerdo de voluntad de las partes e imponen, pues, límites a esos acuer
dos que deberán ser objeto del control judicial.
Sin embargo, son varias las razones que parecen aconsejar una solución distinta,
consistente en el no reconocimiento de esa facultad. Muñoz Sabaté50 ha destacado
que el reconocimiento a la parte proponente de la facultad de renuncia a la prueba
49
Sí lo prevé expresamente, por ejemplo, el artículo 288.1 de la Ley de Enjuiciamiento Civil española.
En el ámbito penal, en cambio, no hay en España una previsión expresa de esa facultad de las partes,
aunque ha sido reconocida jurisprudencialmente de forma continuada. Valga por todas la mención a la
STS 1041/2000, en la que se puede leer: “La facultad de las partes a renunciar a las pruebas propuestas
está reconocida por un uso forense inveterado y determina que deba dejar de practicarse la prueba renun
ciada, si no ha sido también solicitada por las otras partes” —F. J. 4º—. Por lo que hace a la doctrina,
puede verse cuanto afirma Montero Aroca —La prueba en el proceso civil, p. 84—: “La proposición de
un medio de prueba por una parte, e incluso su admisión por el juez, no obliga a la parte a practicar
ese medio, siendo indudable que la parte puede renunciar al mismo antes de que se practique”.
50
Cf. Muñoz Sabaté, Fundamentos de la prueba judicial civil, pp. 210-211.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 107
no practicada puede dar lugar a una deslealtad procesal, puesto que la otra parte
pudo no proponer la misma prueba, confiada en que ya había sido propuesta —y
ya tendría la oportunidad de contrainterrogar al testigo—, de modo que la re
nuncia posterior conllevaría un efecto sorpresivo y una indefensión para ella.
A esa razón convendría añadir otra, más decisiva, de corte epistemológico: debe
partirse de la constatación de que la prueba propuesta fue considerada relevante,
razón por la cual fue admitida; la renuncia posterior, pues, supone la exclusión
de una prueba relevante del proceso, lo que empobrece el acervo probatorio y
disminuye la probabilidad de acierto de la decisión —porque cuanto más rico
y fiable sea el conjunto de elementos de juicio que se utilice para decidir, mayor
será la probabilidad de que la decisión que resulte fundada en ese conjunto se
corresponda con la verdad—. Si estamos, pues, interesados en la corrección ma
terial de la decisión, no parece haber buenas razones para permitir la renuncia
estratégica de las pruebas relevantes ya admitidas.51
51
Puede suceder, por ejemplo, que el cambio de circunstancias, el paso del tiempo o la propia dinámica
del proceso haga pensar a la parte que propuso una prueba que ésta puede finalmente resultar perjudi
cial para sus intereses. En ese caso, claramente, se produce un conflicto entre los intereses de la parte
proponente de la prueba y el objetivo procesal de la averiguación de la verdad, que no puede ser resuelto
más que a favor de este último.
108 Manual de razonamiento probatorio
Picó i Junoy,52 sería mejor entender que la prueba se “adquiere” para el proceso
en el momento de su admisión —por efecto de la decisión judicial al efecto—,
perdiendo desde ahí la parte proponente la disponibilidad sobre ésta.53
A pesar de ello, cabe todavía la posibilidad de que la parte que propuso una
prueba ya admitida pueda proponer su exclusión o desistimiento, justificando
que la práctica probatoria ya desarrollada muestra su redundancia y, consiguiente
mente, que los costes de adquirir la prueba o de practicarla son mayores que su
utilidad para la determinación de la verdad sobre los hechos. Recordemos que
uno de los criterios que determinan la admisión o la exclusión de una prueba es
la redundancia de ésta respecto de otras pruebas también propuestas. Una prueba
redundante es relevante si se toma en consideración de manera aislada, porque
aumenta o disminuye la probabilidad de que una hipótesis sobre los hechos sea
verdadera. Sin embargo, si se pone en relación con las otras pruebas propuestas
y ya practicadas, es posible que se pueda hacer la previsión de que no apor
tará información adicional que justifique los costes cognitivos —de gestión de la
información—, de tiempo y dinero que supondrían su adquisición y práctica.
Frente a previsiones o juicios hipotéticos, cabe también la posibilidad de que
esa conclusión no fuera evidente en el momento de la admisión de la prueba —lo
que justificó su admisión—, pero que una vez practicadas otras pruebas ya resulte
clara la redundancia. Si ese fuera el caso, seguir adelante con su adquisición y
práctica pudiera representar un dispendio de recursos temporales, económicos
y cognitivos. Del mismo modo que se requiere para la admisión de la prueba,
conviene que este trámite esté también sometido a contradicción, de forma que
la otra parte pueda pronunciarse al respecto, alegando a favor de la relevancia
52
Cf. Picó i Junoy, “El principio de adquisición procesal en materia probatoria”, en Diario La Ley,
p. 1308.
53
Así ha sido entendido, por ejemplo, por la Corte Suprema de Costa Rica para el proceso penal. Al res
pecto, puede verse la sentencia de la Sala Tercera de 11 de mayo de 2007, resolución 0045-2007, que
afirma que “debe señalarse que en virtud del principio de comunidad de la prueba, aquella que ha sido
aceptada para la fase de juicio se convierte en común a todas las partes, de manera que incluso el que
se prescinda de ella por la parte que la ofreció, no significa su exclusión automática, pues puede revestir
interés y habrá que escuchar el criterio de las restantes partes para tomar una decisión”.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 109
de la prueba. Escuchadas las partes, la decisión final debería ser adoptada por la
persona juzgadora sobre la base de si la prueba es o no redundante.54
Sin embargo, cabe también aquí una posibilidad que haría razonable la atribu
ción muy limitada de esta facultad: si, una vez adquiridas y practicadas otras
pruebas, la persona juzgadora estima de manera justificada que la práctica de
una prueba inicialmente admitida no aportará información adicional que aumente
o disminuya la probabilidad de que alguna de las hipótesis fácticas sea verdadera.
En ese supuesto, razones de eficiencia y economía procesal aconsejarían que la
jueza o el juez pueda excluir una prueba cuya redundancia resulta evidente de
forma sobrevenida.55
54
Muñoz Sabaté —op. cit., p. 210— y Valmaña Cabanes —“El principio de adquisición procesal y su
proyección sobre la prueba no practicada”, en Indret, Revista para el Análisis del Derecho, p. 16— han pro
puesto, para el proceso civil, una solución intermedia, según la cual la parte que no propuso la prueba
debería tener la oportunidad de hacerla suya ante el desistimiento de la parte proponente. Lo mismo
sostiene, para el proceso penal, Talavera —La prueba en el nuevo proceso penal, p. 84—. Esta solución
deja en manos de las partes —en plural, no sólo de la proponente— el destino de la prueba. En mi
opinión, en cambio, debería ser la autoridad judicial quien, al igual que respecto de la admisión de
la prueba, se expida sobre su exclusión posterior una vez constatada su redundancia.
55
La Regla 403 de las Federal Rules of Evidence estadounidenses prevé expresamente esa posibilidad,
así como el artículo 209 del Código Procesal Civil italiano y, de manera mucho más amplia y discrecio
nal, el artículo 149 del Código Procesal Civil francés.
110 Manual de razonamiento probatorio
En todo caso, conviene insistir una vez más en que la decisión de exclusión de
la prueba por su redundancia se funda en un juicio hipotético según el cual su
potencial resultado probatorio coincidirá con otras pruebas ya practicadas, lo que
aconseja un uso muy cuidadoso y restringido a supuestos muy claros. En ningún
caso se justificará usar esta facultad, por ejemplo, para excluir una prueba de
descargo con el argumento de que la hipótesis de la culpabilidad —civil o penal—
ya está suficientemente acreditada, porque la redundancia supone precisamente
que las pruebas arrojen el mismo resultado probatorio y no el opuesto.
El derecho a la prueba de las partes avala que éstas puedan presentar las pruebas
periciales de parte de que dispongan para fundar sus pretensiones fácticas. Sin
embargo, en ocasiones se prevé un sistema indirecto, de tal modo que deba ser
la jueza o el juez quien realice el nombramiento del perito, a instancia de parte,
y fije los extremos sobre los que dicha persona experta deberá pronunciarse.
En esos casos, cabe la posibilidad de que se otorgue a la parte proponente la
facultad de identificar a la persona que estima adecuada para la tarea y proponer los
extremos del peritaje.56 También es posible que las partes consensuen la persona y
los puntos a debatir o incluso que lleven a cabo un acuerdo probatorio al respecto.
56
Esta es una de las interpretaciones posibles del artículo 103 del Código Nacional de Procedimientos
Penales mexicano. La otra interpretación es que posibilita la designación de un perito de confianza de
la jueza o el juez. Al respecto, v. Vázquez, “Los retos de las pruebas periciales…”, cit., pp. 348-350.
Idéntica situación se plantea en el caso previsto en el artículo 414 del mismo Código.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 111
57
Un ejemplo de esta facultad es lo previsto en el artículo 414 del Código Nacional de Procedimientos
Penales mexicano: “Si en el curso de la audiencia inicial, aparecen indicios de que el imputado está en
alguno de los supuestos de inimputabilidad previstos en la Parte General del Código Penal aplica
ble, cualquiera de las partes podrá solicitar al Juez de control que ordene la práctica de peritajes que
determinen si efectivamente es inimputable y en caso de serlo, si la inimputabilidad es permanente o
transitoria y, en su caso, si ésta fue provocada por el imputado. […]”
112 Manual de razonamiento probatorio
pero con ciertos límites, como en el caso del proceso civil alemán, en el que la
jueza o el juez puede ordenar de oficio cualquier tipo de pruebas, excepto las
pruebas testificales; o el Código General del Proceso colombiano, que también
atribuye a la persona juzgadora un poder general, con el límite de que sólo podrá
ordenar pruebas testificales si los testigos han sido nombrados o aparecen
mencionados en otras pruebas o en cualquier acto procesal de las partes. Aún
otros ordenamientos atribuyen específicamente algunas concretas facultades
de iniciativa probatoria, como por ejemplo la regla 614.a de las Federal Rules of
Evidence estadounidenses, que atribuye a la persona juzgadora la potestad de
ordenar de oficio la adquisición y práctica de pruebas testificales no solicitadas
por las partes; o la regla 706 de las mismas Federal Rules of Evidence,58 que atri
buye a la persona juzgadora la facultad para ordenar de oficio pruebas pericia
les, designando también a las personas expertas.59
En todo caso, si se otorga en alguna medida esta facultad, será importante deter
minar el momento procesal en que la jueza o el juez podrá ordenar la aportación
y práctica de pruebas no propuestas por las partes: ¿sólo en el momento de pro
posición y admisión de pruebas?,60 ¿durante toda la fase probatoria?, ¿con qué
límites? Conviene señalar que la relevancia de una prueba para la decisión del
caso puede resultar evidente sólo durante o después de la práctica de otras pruebas,
58
Que, conviene recordar, son aplicables tanto al proceso civil como al penal.
59
Una presentación de la regulación en un buen número de ordenamientos de nuestra área cultural
puede verse en Parra Quijano, Racionalidad e ideología en las pruebas de oficio, pp. 6783.
60
También puede ser de interés aquí tomar en consideración si, en el diseño procesal de que se trate, la
persona juzgadora de admisión de la prueba y el de juicio son el mismo o no.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 113
ya sea porque un posible testigo fue mencionado en ellas, por ejemplo, o porque
el desacuerdo entre peritos hace necesario adoptar nuevas medidas para resol
verlo. Por ello, parece oportuno que la posibilidad de ordenar pruebas de oficio
se extienda hasta la finalización de la fase de prueba del proceso.
Y, claro está, será importante que las partes tengan la posibilidad, no sólo de
participar en contradicción de la práctica de las pruebas ordenadas de oficio,
sino que tengan también la posibilidad de proponer en ese momento procesal
nuevas pruebas que puedan poner en cuestión la fiabilidad de la prueba adqui
rida de oficio. Una vez más, el principio de contradicción como mecanismo epis
temológico indica que esa posibilidad siempre debe existir, de modo que se
equilibre de nuevo el reparto de poderes probatorios.
La llamada doctrina de las cargas probatorias dinámicas puede y debe ser utilizada
por los estrados judiciales en determinadas situaciones en las cuales no funcionan
adecuada y valiosamente las previsiones legales que, como norma, reparten los
esfuerzos probatorios. La misma importa un desplazamiento del onus probandi,
según fueren las circunstancias del caso, en cuyo mérito aquél puede recaer, verbi
61
Sobre la carga dinámica de la prueba se ha escrito mucho en estos últimos años. Por todos, v. Peyrano
y Chiappini, “Lineamientos de las cargas procesales dinámicas”, en El Derecho, pp. 1005 y ss.; y Peyra
no, Cargas probatorias dinámicas. Sin embargo, no se trata de una idea nueva en absoluto: ya fue incor
porada al derecho danés, por ejemplo, a inicios del siglo XX, a raíz de la influencia de Tybjerg. Puede
verse una presentación al respecto en Strandberg, “Standards of Evidence in Scandinavia”, en Standards
of Proof in Europe, pp. 154 y ss.
114 Manual de razonamiento probatorio
62
Peyrano, op. cit., pp. 19-20. Cursiva en el texto original.
63
Además, ello puede tener también un importante impacto en la seguridad jurídica. Al respecto,
v. De Paula Ramos, La carga de la prueba en el proceso civil. De la carga al deber de probar, pp. 53 y ss.;
Ferrer Beltrán, “La carga dinámica de la prueba. Entre la confusión y lo innecesario”, en Contra la carga
de la prueba, pp. 78-9. También la “Declaración del Instituto Panamericano de Derecho Procesal sobre la
teoría de las cargas probatorias dinámicas”, en Revista Latinoamericana de Derecho Procesal.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 115
En segundo lugar, la idea de dar cuenta del tipo de deber implicado en la pre
gunta sobre quién debe aportar prueba al procedimiento a partir de la noción de
64
Puede verse una exposición más detallada de estos dos sentidos de carga de la prueba y de los pro
blemas de su vinculación en Ferrer Beltrán, “La carga dinámica de la prueba… cit.”, pp. 56-63; volve
remos sobre ello en el capítulo 9 de este manual.
116 Manual de razonamiento probatorio
65
El principio de adquisición procesal fue formulado por primera vez a principios del siglo XX por
Chiovenda, para quien “del hecho de que las actividades procesales pertenecen a una relación única
deriva también otro principio importante, y es que los resultados de las actividades procesales son
comunes entre las partes (adquisición procesal). En otras palabras, cuando la actividad de una parte es
perfecta y completa para producir sus efectos jurídicos, éstos pueden ser utilizados por la otra parte”
—Chiovenda, Principios de derecho procesal civil, II, pp. 215-216—. Aunque el principio de adquisición
procesal no se limita, obviamente, a la prueba, tiene en ella una directa aplicación, lo que implica que
los resultados de la actividad probatoria de una parte no le pertenecen, y pueden perfectamente bene
ficiar los intereses y pretensiones de cualquier otra parte en el proceso.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 117
Queda por determinar si, a pesar de los problemas teóricos señalados, la inversión
de la carga objetiva de la prueba puede ser un mecanismo efectivo para producir
los incentivos para que la parte que tiene mejor acceso a una prueba relevante la
aporte al procedimiento. Ello es especialmente importante en el caso de que
la parte que saldría beneficiada por la insuficiencia de la prueba sobre algún hecho
específico disponga de pruebas relevantes a favor de la hipótesis sobre los
hechos formulada por la parte contraria. Imaginemos, por ejemplo, al médico
demandado por responsabilidad civil médica que dispone de pruebas relevantes
para probar su negligencia. En esos casos, invertir la carga de la prueba, atribu
yéndosela al médico demandado, no sería en absoluto un incentivo para que esas
pruebas sean allegadas al procedimiento. En esa situación, lo que es esperable
es que el médico no aporte esas pruebas y, en cambio, allegue al proceso otras
que pudieran ser útiles para eximirle de su responsabilidad. La inversión de la
carga objetiva de la prueba no funciona en absoluto en esos casos para establecer
los incentivos adecuados para maximizar que las pruebas relevantes se aporten
al proceso.66
66
En otros términos, si lo que se busca con la inversión dinámica de la carga de la prueba es equilibrar
la debilidad de una parte frente a la fortaleza de la otra, que dispone de las pruebas que la primera
necesita, éste es un mecanismo totalmente inadecuado para ello y puede producir incluso el efecto
contrario al buscado.
118 Manual de razonamiento probatorio
aquí otros mecanismos más eficientes para producir los incentivos adecuados
para maximizar que se alleguen al proceso las pruebas relevantes. La inversión
de la carga objetiva de la prueba no funciona para ello en estos casos, puesto que
las dos partes disponen de pruebas relevantes para el proceso y conceptualmente
es imposible atribuir la carga a las dos.67
Quedará por determinar también cuál sea la consecuencia del incumplimiento del
deber de aportar la prueba impuesto por la persona juzgadora. De ello dependerá
en buena medida la capacidad que tenga esta facultad probatoria de generar incen
tivos efectivos a las partes para que aporten las pruebas relevantes que estén a su
disposición, aunque puedan resultar perjudiciales para sus intereses. De cual
67
Ello equivaldría a decir que, en caso de insuficiencia probatoria, pierden las dos partes, lo que clara
mente no tiene ningún sentido.
68
Respecto de esta confusión, v. De Paula Ramos, La carga de la prueba… cit., pp. 61 y ss.; y Ferrer
Beltrán, “La carga dinámica… cit.”, pp. 77 y ss.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 119
Llegados hasta aquí, conviene recapitular e ir concluyendo. Dos han sido las tesis
principales sobre las que se ha basado el análisis de este capítulo: 1) cualquier
respuesta que se dé a la cuestión de la distribución de poderes probatorios entre
69
Es muy clara en este sentido la sentencia 9193-2017 de la Corte Suprema colombiana, que interpreta
el artículo 167.2 del Código General del Proceso. Esto es, dicho sea de paso, lo que en mi opinión
ocurre en la mal llamada presunción de paternidad cuando el demandado en un proceso civil de deter
minación de la paternidad se niega a prestar muestras para hacer una prueba de ADN: es el demandado
quien dispone de la muestra y por ello se le impone la obligación de ofrecerla, con la sanción de la
pérdida del proceso y, por tanto, la atribución de la paternidad, si se niega.
120 Manual de razonamiento probatorio
las partes y la persona juzgadora depende del modelo de proceso que se adopte.
Aquí se ha defendido una concepción publicista del proceso, según la cual
éste tiene como función básica la implementación a los casos concretos de las
opciones de política pública que han sido decididas en sede legislativa —inclu
yendo la constitucional y convencional—. Ello permite también cumplir a través
del proceso una función social, pero para ello es imprescindible que la prueba
esté dirigida a la averiguación de la verdad; y 2) acerca de los poderes probatorios
para la proposición y admisión de la prueba, no son de utilidad las miradas
reduccionistas que fijan únicamente su atención en la facultad judicial de orde
nar pruebas de oficio: conviene tener en mente el mapa de facultades probatorias
posibles y juzgar a partir de él cuáles de éstas se estiman apropiadas y cuál es su
distribución más equilibrada entre la persona juzgadora y las partes a los efectos
de maximizar las posibilidades de tener un conjunto de elementos de juicio rico
y fiable, de modo compatible con la mayor celeridad, menor coste y mayor efi
ciencia del proceso.
70
En el mismo sentido, v. Bachmaier Winter, “Editorial dossier «Sistemas procesales penales e impar
cialidad del juez»: Imparcialidad y prueba en el proceso penal – reflexiones sobre la iniciativa probatoria
del juez”, en Revista Brasileira de Direito Processual Penal, pp. 505 y 523-524.
122 Manual de razonamiento probatorio
71
Cf. Papayannis, “Independence, impartiality and neutrality in legal adjudication”, en Revus, Journal
for Constitutional Theory and Philosophy of Law, p. 39.
72
Cf. Bachmaier Winter, op. cit., p. 511. En un sentido muy parecido se expide el Código Modelo de
Conducta Judicial de la American Bar Association, accesible en castellano aquí: «[Link]
[Link]/content/dam/aba/administrative/professional_responsibility/mcjc_migrated/[Link]».
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 123
73
La prevención de la parcialidad —en forma de sesgos o prejuicios de la persona juzgadora—, está en
el fundamento de un buen número de reglas procesales, como por ejemplo las que establecen la nece
saria iniciación del proceso a instancia de parte, la selección de la jueza o el juez predeterminado por la ley
o la atribución a personas distintas de las labores de instrucción, admisión de la prueba y enjuiciamiento
en los procesos penales. V., al respecto, Bachmaier Winter, op. cit., p. 504. Ese es el fundamento también
de las reglas que regulan la abstención y la recusación judicial, sobre las que puede verse Jiménez Asensio,
Imparcialidad judicial y derecho al juez imparcial, pp. 77 y ss.
74
Cf. Papayannis, “Independence, impartiality… cit.”, pp. 3637; Vázquez, “La im/parcialidad pericial y
otras cuestiones afines. Confiabilidad, desacuerdos y sesgos de los expertos”, en Isonomía, p. 97; e id.,
“La imparcialidad, la independencia y la objetividad pericial. Los factores humanos de los expertos”,
en La prueba pericial a examen. Propuestas de lege ferenda, pp. 2127.
75
Cf. Taruffo, “La cultura de la imparcialidad en los países del Common Law y del derecho continental,
en Estudios de Derecho Judicial, p. 111.
124 Manual de razonamiento probatorio
Con ese esquema en mente, podemos ahora analizar las tres facultades probato
rias “sospechosas” —recordemos: la facultad de realizar indicaciones probatorias
a las partes respecto de los hechos a probar y/o las pruebas a aportar, la facultad
de ordenar de oficio la incorporación al proceso de pruebas y la facultad de im
poner deberes de producción de pruebas a las partes—.
76
Hay, además, buenas razones de economía procesal para un régimen de este tipo: ¿qué sentido tiene
que empleemos recursos y tiempo en la continuación de procesos con acervos probatorios deficientes,
cuyas lagunas eran detectables desde el inicio y conducirán muy probablemente a resultados de ausen
cia de prueba suficiente?
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 125
ficable y podría ser objeto de control a posteriori y ser reconocida como causa
bastante para fundar un recurso.
Un mal uso o un abuso de esta facultad, en cambio, puede dar lugar a decisiones
judiciales parciales, porque de manera deliberada la persona juzgadora única
mente ordene pruebas que pudieran tener un resultado probatorio favorable a
126 Manual de razonamiento probatorio
una de las partes.77 Esto es poco común y resulta fácilmente controlable a posteriori.
Además, en la mayoría de los casos no es tan simple “hipotizar” el resultado pro
batorio de una prueba al momento de ordenarla, por lo que no se puede dar
por descontado a qué parte beneficiará.78 Sin embargo, el ejercicio desmedido de
esta facultad de ordenar pruebas de oficio puede dar lugar a otro tipo de parcia
lidad más difícilmente controlable, porque es inconsciente: la asunción de una
posición investigadora por parte de la persona juzgadora que la haga susceptible
de asumir sesgos —como el de la confirmación— que hagan que tienda a sobre
valorar las pruebas favorables a su hipótesis investigadora respecto de las que la
contradigan. Para evitar ese tipo de sesgos, muchos ordenamientos han optado
por atribuir las funciones de instrucción y enjuiciamiento a personas distintas.
Cuando la prueba de oficio haya sido ordenada por la jueza o el juez de control
o de admisibilidad de la prueba, siempre que sea una persona distinta de la de
enjuiciamiento, el diseño procesal otorgaría ya bastante protección ante el peli
gro. Sin embargo, la relevancia de una prueba puede hacerse evidente durante o
después de la práctica de otras pruebas y, en ese momento, sería ya el órgano
encargado del enjuiciamiento quien podría ejercer la facultad de ordenar una
prueba de oficio. Para esas situaciones, es conveniente también tener criterios
legales claros para el uso de la facultad en comento que minimicen el riesgo de
parcialidad inconsciente.
77
Como ya comenté respecto de la facultad judicial de indicar lagunas probatorias, un buen profiláctico
contra el uso parcial de la facultad de ordenar pruebas de oficio puede ser configurar el ejercicio de esa
facultad como un deber para la persona juzgadora. Así se establece, por ejemplo, en el artículo 170 del
Código General del Proceso colombiano: “El juez deberá decretar pruebas de oficio [...] cuando sean
necesarias para esclarecer los hechos objeto de la controversia”.
78
Cf. Taruffo, “La cultura de la imparcialidad… cit.”, p. 115.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 127
79
Picó i Junoy, El juez y la prueba… cit., pp. 117-118. Una posición muy parecida ha sido adoptada por
el Tribunal Constitucional español, al sostener que “en relación con la cuestión que aquí nos ocupa, la
iniciativa probatoria de oficio, la garantía de la imparcialidad objetiva exige, en todo caso, que con
su iniciativa el juzgador no emprenda una actividad inquisitiva encubierta. Sin embargo, esto no signi
fica que el juez tenga constitucionalmente vedada toda actividad procesal de impulso probatorio, por
ejemplo, respecto de los hechos objeto de los escritos de calificación o como complemento para con
trastar o verificar la fiabilidad de las pruebas de los hechos propuestos por las partes” —Tribunal Consti
tucional de España, Sala Segunda, STC 188/2000, F. J. 2º—. Respecto de la exigencia de posibilitar la
contradicción de las partes, es muy claro el artículo 170 del Código General del Proceso colombiano,
que prevé expresamente que “[l]as pruebas decretadas de oficio estarán sujetas a la contradicción de las
partes”.
128 Manual de razonamiento probatorio
para detectar esa disposición mental y someterla al propio control de las partes y,
en su caso, de órganos judiciales superiores. Tener a la persona juzgadora callada
y pasiva no impide la enfermedad de la parcialidad, sino que en muchas ocasio
nes puede simplemente esconderla e impedir su detección.80
80
Aunque no es objeto de este capítulo, la misma reflexión puede plantearse respecto de la participa
ción de la persona juzgadora en la práctica de la prueba: se debe valorar si es preferible que la parcialidad
de la jueza o el juez se explicite en su participación en la práctica de la prueba, de modo que pueda ser
incluso motivo de recurso de la posterior decisión, o bien que se mantenga oculta sin esa posibilidad
de control. En mi opinión, resulta preferible la primera opción, por lo que tampoco el posible abuso
parcialmente dirigido de la participación de la persona juzgadora en la práctica de la prueba es razón para
impedir esa participación. Un claro ejemplo de ello puede encontrarse en el caso que ha dado lugar
a una reciente condena a España por parte del Tribunal Europeo de Derechos Humanos —TEDH—: el
caso Otegui Mondragón y otros vs. España. La condena trae causa de la inadmisión de la recusación por
parte de los demandantes de la presidenta de la Sección Cuarta de la Audiencia Nacional en un proce
dimiento por pertenencia a banda armada. La presidenta del tribunal había integrado, a su vez, el
tribunal que juzgó un caso previo de enaltecimiento del terrorismo que se siguió contra uno de los
demandantes, Arnaldo Otegui. En ese caso previo, la presidenta del tribunal preguntó al acusado
si condenaba el terrorismo, a lo que él se negó a contestar. Ante la negativa a responder, la presidenta
comentó “ya sabía [yo] que no me iba a responder a esa pregunta”. El acusado fue condenado y la
defensa recurrió la condena alegando que el comentario de la presidenta del tribunal permitía albergar
dudas respecto de su imparcialidad. El Tribunal Supremo español, en sentencia de 2 de febrero de 2011,
acogió el argumento de la defensa y afirmó que “[l]a pregunta formulada por la Presidenta del Tribunal
y, muy especialmente, su reacción al negarse el recurrente a contestar, pueden interpretarse, desde
perspectivas objetivas, como una expresión de una opinión ya formada, previamente o al inicio del jui
cio, acerca del significado que cabría otorgar a las palabras pronunciadas por el recurrente” y de una
idea preconcebida de su culpabilidad. Por ello, el Tribunal Supremo anuló la sentencia y ordenó la
repetición del juicio con otra composición del tribunal.
En el caso posterior que da origen a la condena del TEDH, en cambio, la defensa solicitó la recusación
de esa misma presidenta del tribunal por las dudas que el mencionado antecedente introducía res
pecto de su imparcialidad para juzgar de nuevo a los mismos imputados, ahora por otros delitos. Esa
recusación fue inadmitida y los acusados fueron condenados. Ello dio origen al recurso ante el TEDH,
que condenó a España, al considerar que las buenas razones por las que prosperó la recusación en el
caso precedente debieron aplicarse también en el segundo caso. Lo interesante para el punto que estoy
tratando es que fue el hecho de que la magistrada pudiera formular preguntas y lo hiciese lo que permi
tió detectar una posible parcialidad. Dicha parcialidad no se originó en las preguntas formuladas ni
en el comentario posterior, sino que estaba ya subyacente y fueron las preguntas las que permitieron
precisamente detectarla.
Ésta parece ser también la doctrina que asume el Tribunal Supremo español, que, en una reciente senten
cia —STS 129/2021, F.J. 1º— se refiere a la autorrestricción con la que las juezas y los jueces y tribu
nales deben afrontar los poderes probatorios, sin que ello impida su participación en la práctica de la
prueba. Así, en el caso de la prueba personal, “el juez no puede mostrarse pasivo cuando, por ejemplo,
no alcanza a entender las conclusiones o las bases metodológicas de los dictámenes periciales o determi
nadas afirmaciones o descripciones de los testigos. En estos casos, la intervención aclaratoria del juez
deviene obligada”, después de lo cual acaba concluyendo que “[n]eutralidad y pasividad no son con
ceptos equiparables pues entrañan valores o concepciones del proceso muy diferentes”.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: proposición de pruebas 129
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Sentencias de la
Suprema Corte de Justicia de la Nación de México
Primera Sala
Sentencias del
Tribunal Constitucional de España
Sentencias del
Tribunal Supremo de España
Sentencias de la
Corte Suprema de Justicia de Colombia
I. Criterios generales de
admisibilidad de las pruebas
Si hay algo que distingue la prueba jurídica de cualquier otro ámbito del razo
namiento es que “el conjunto de elementos de juicio que podrá y deberá ser tomado
en consideración está formado únicamente por las pruebas aportadas y admitidas al
proceso”.1 Paradójicamente, sin embargo, la admisión de las pruebas es quizá
la etapa probatoria menos “puesta en práctica” en nuestros sistemas de justicia.
El funcionamiento habitual de la admisión ha sido, por un lado, que los abogados
y las abogadas simplemente enlisten todos los criterios previstos en el orde
namiento, sin hacer mayor esfuerzo argumentativo sobre cómo cada una de las
pruebas que ofrecen los satisfacen; y, por otro lado, las personas juzgadoras pa
recen haber asumido una actitud de laissez faire, admitiendo todo lo ofrecido y,
en el mejor de los casos, desplazando al momento de la valoración probatoria lo que
debería ser decidido en el de la admisión de la prueba.2 La única excepción es el
criterio de licitud de la prueba, que no sólo se ha debatido en la admisión, sino
que incluso ha dado lugar a la creación del “juez de control” o “de garantías” en
1
Ferrer, La valoración racional de la prueba, p. 42.
2
Por supuesto que no pueden obviarse los incentivos que podrían tener las personas juzgadoras para asu
mir esta actitud, entre ellos, por ejemplo, evitar que las partes retrasen el procedimiento presentando algún
recurso disponible en el sistema jurídico para cuestionar una decisión de exclusión de alguna prueba.
139
140 Manual de razonamiento probatorio
materia penal, con el objetivo de dejar fuera del juicio oral la información obte
nida en violación de garantías fundamentales; sin contaminar así, a quien debe
tomar la decisión final sobre el caso.
Una vez examinados los medios de prueba ofrecidos y de haber escuchado a las
partes, el Juez de control ordenará fundadamente que se excluyan de ser rendidos
en la audiencia de juicio, aquellos medios de prueba que no se refieran directa o
indirectamente al objeto de la investigación y sean útiles para el esclarecimiento
de los hechos, así como aquellos en los que se actualice alguno de los siguientes
supuestos:
IV. Por ser aquellas que contravengan las disposiciones señaladas en este Código
para su desahogo.
En el caso de que el Juez estime que el medio de prueba sea sobreabundante, dis
pondrá que la parte que la ofrezca reduzca el número de testigos o de documentos,
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 141
cuando mediante ellos desee acreditar los mismos hechos o circunstancias con la
materia que se someterá a juicio.
Lo primero que podría comentarse sobre este artículo es que sufre de una mala
técnica legislativa, que no sólo lo hace confuso, sino que incluso literalmente dice
que hay que excluir pruebas útiles, lo cual es un flamante error. Aunado a lo ante
rior, probablemente se podría plantear alguna cuestión de constitucionalidad en lo
referente al punto IV, pues la exclusión de pruebas que contravengan disposiciones
de un código podría afectar el derecho fundamental a la prueba derivado del ar
tículo 20 constitucional.3 En todo caso, más allá de las deficiencias del artículo, me
interesa hacer un análisis de los criterios que rigen la admisión en general y, para
hacerlo, asumiré que una mejor redacción de ese texto normativo podría ser:
3
También plantea un debate muy interesante sobre las llamadas “pruebas prohibidas” cuando específica
que no se admitirá ninguna información relacionada con la conducta sexual de una (supuesta) víctima
de delitos sexuales.
142 Manual de razonamiento probatorio
Responder la primera cuestión nos lleva ante todo a preguntarnos por la relevancia
jurídica o relevancia de los hechos; en cambio, responder la pregunta sobre con
qué información se prueban los hechos nos aboca ante todo a la relevancia pro
batoria o relevancia de las pruebas —o, como suele ser identificado en muchos
códigos procesales, la pertinencia de las pruebas—.4
Una vez establecida la regla general de que son los hechos jurídicamente relevan
tes los que deben probarse, hay que mencionar dos excepciones que identifican
hechos (jurídicamente relevantes) que no es necesario probar: los hechos notorios
y los hechos no controvertidos. El CNPP hace alusión a ambos; aunque, a decir
4
Aunque hay autores que distinguen entre relevancia probatoria y pertinencia, V. por ejemplo, Dei
Vecchi, “Admisión y exclusión de pruebas: índice para una discusión”, en Pensar la prueba, p. 36.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 143
verdad, poca luz nos aporta sobre su significado, por lo que es necesario hacer al
guna especificación más aquí.
Una buena referencia para tratar los hechos notorios son las Federal Rules of
Evidence estadounidenses —en adelante, FRE—, concretamente la regla 201, que
establece:
El tribunal puede declarar un hecho como notorio [judicial notice] si ese hecho no
es susceptible de una disputa razonable debido a que:
(1) es ampliamente conocido [generally known)] dentro del ámbito territorial del
tribunal del juicio
(2) puede ser determinado de forma acertada y fácilmente de fuentes cuya fiabili
dad no puede ser razonablemente cuestionada.
A partir de dicho artículo, se podría decir que hay dos tipos de notoriedad en la
categoría de “hechos notorios”: la conocida y la cognoscible de forma fácil y fiable.
El Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación se ha pronunciado sobre el
primer tipo de notoriedad en la siguiente tesis de jurisprudencia:
Quizá la categoría que más problemas genera sería la que la Corte identifica como
“circunstancias comúnmente conocidas en un determinado lugar, de modo que
toda persona de ese medio esté en condiciones de saberlo”; o, en su caracteriza
ción del “hecho notorio desde el punto de vista jurídico”, la exigencia de que sea
“conocido por todos o casi todos los miembros de un círculo social”. Como bien
dicen Anderson, Schum y Twinning, “en una sociedad dinámica, multicultural y
con múltiples clases, no es posible suponer un consenso cognitivo extensivo a través
de las clases o culturas, o incluso dentro de las culturas. La idea de un consenso
cognitivo que comprende un acervo común de conocimientos o creencias es alta
mente problemática”.7 Entre los problemas que se presentan podemos identificar:
5
Tesis: P./J. 74/2006, Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Novena Época, registro digital:
174899.
6
Cf. Taruffo, La prueba, p. 144. Por supuesto, dicho conocimiento tiene una función innegable en el
razonamiento probatorio. Como dice Zuckerman “No importa si un juez está valorando pruebas cir
cunstanciales o la credibilidad de los testigos, no puede sino utilizar su propio conocimiento y expe
riencia del mundo”. Cf. Zuckerman, On Civil Procedure. Principles of Practice, p. 1035.
7
Anderson, Schum y Twining, Analysis of evidence, p. 335.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 145
• Cuán precisas deben ser las proposiciones que van a ser asumidas como
hecho notorio.
• Cuál es exactamente la base empírica que debe considerarse.
• Cuán general debe ser el conocimiento del hecho en la sociedad de
referencia.
• Si el objeto de conocimiento general se limita a proposiciones fácticas
o puede incluir también algún tipo de evaluación.
Por otro lado, podría cuestionarse cuál es la base empírica que la persona juz
gadora debe considerar para asumir la notoriedad. En el ejemplo que estamos
usando, podrían tomarse en cuenta al menos dos opciones: “que las personas
crean x con algún grado de certeza” o “el estatus de verdadero o falso del conte
nido proposicional”. Evidentemente se trata de cuestiones bien diferentes.
En tercer lugar, habría que ver cuál es el nivel de generalidad exigido, es decir,
qué parte de la población deberíamos tomar como referencia. La Suprema Corte
alude, por ejemplo, a “los miembros de un círculo social”, pero habría que deter
minar exactamente qué se entiende por “círculo social”: ¿un grupo de personas
con un determinado poder adquisitivo?, ¿un grupo de personas con un nivel de
formación?, ¿un grupo de personas que viven en una determinada ubicación
geográfica? De hecho, esto último había sido tradicionalmente el criterio empleado,
la ubicación geográfica, pero habría que preguntarse si sigue teniendo sentido en la
era de Internet, que trasciende claramente esos límites geográficos. En todo caso,
siguiendo con el ejemplo, deberíamos preguntarnos cuál sería el círculo social a
considerar si se quisiera establecer como hecho notorio que las mujeres asumen
el rol de cuidadoras —o cuestiones más concretas en función de las respuestas
que se den a los puntos anteriores—.
146 Manual de razonamiento probatorio
Finalmente, por supuesto, queda la cuestión de si los hechos notorios deben ser
cuestiones puramente fácticas o también podrían considerarse cuestiones fácti
cas mezcladas con ciertas valoraciones. Por ejemplo, imagínese que se quiera
asumir como hecho notorio que la mayoría de los miembros de ese círculo social
creen que las mujeres tienen “naturaleza” de cuidadoras o que deben ser cuida
doras, más allá de si de hecho la mayoría de las mujeres entre los miembros de un
círculo social se dedican a las labores de los cuidados. Evidentemente, los dos
primeros tienen componentes evaluativos importantes, a diferencia de este último
que más bien describiría una situación.8
Ahora bien, si, como decía Taruffo, la determinación de un hecho como notorio
depende de la cultura de la persona juzgadora, entonces a lo anterior habría que
sumar los posibles problemas de la pobreza o riqueza cultural de las personas
juzgadoras que tienen que decidir. En la época actual, no obstante, quizá es
demasiado restrictivo hacer que los hechos notorios dependan de la cultura de
un juez, considerando nuevamente que estamos en la era de Internet y que ahí
se podría identificar información de notoriedad cognoscible. Esta situación nos
lleva a la segunda categoría de notoriedad antes identificada.
Sobre los hechos de notoriedad cognoscible encontramos varias tesis de los órga
nos del Poder Judicial Federal ante la invocación por parte de los jueces federales
de versiones electrónicas de resoluciones almacenadas y capturadas en el Sistema
Integral de Seguimiento de Expedientes —SISE—. Así, por ejemplo, la siguiente
tesis aislada, refiriéndose a esa facultad judicial, dice:
8
Otra cosa es, desde luego, la explicación de por qué sería el caso de que, en una sociedad determinada,
la mayoría de las mujeres se dedicara a las labores de los cuidados. Claramente hay razones de género
que explicarían esa circunstancia.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 147
Empero, en forma alguna dicha potestad autoriza al juzgador para indagar más
allá de lo públicamente cognoscible y disponible con motivo de su función judi
cial, pues hacerlo implicaría que la información obtenida no constituya propia
mente un hecho notorio, sino el fruto de una pesquisa injustificada.
[…] cuando el Juez cite como hecho notorio determinaciones que obran en expe
dientes diversos sometidos a su jurisdicción —por ejemplo, para verificar la firma
del quejoso en otra demanda de amparo—, dicho ejercicio debe regirse por el
principio de razonabilidad y limitarse a circunstancias fácticas de conocimiento
accesible, indubitable y sobre el cual no se advierta discusión...9
Aunque hay muchas tesis sobre la materia, esta llama la atención precisamente
porque hace alusión a las pesquisas injustificadas y sus frutos y, también por qué
nos lleva a preguntarnos dónde está el límite de la cognoscibilidad. Desafortuna
damente, parece que esta tesis establece demasiados límites: disponibilidad con
motivo de la función judicial, accesibilidad, que sean indubitables y la ya antes
mencionada “que no se advierta discusión”. Es comprensible que, dado que el cri
terio está haciendo referencia a las resoluciones almacenadas en el SISE, se haga
alusión a la accesibilidad debido a la función judicial, ¿pero hasta dónde llegaría
ese límite? No parece ir muy lejos si consultamos otras tesis que consideran otros
tipos de hechos notorios, por ejemplo, el salario mínimo,10 las condiciones gene
rales de trabajo publicadas en las páginas electrónicas de los organismos públi
cos11 y los datos de las páginas electrónicas oficiales que las entidades de gobierno
utilizan para poner sus servicios a disposición del público. Los tres ejemplos
comparten el hecho de ser datos publicados por el Estado y, por tanto, más bien
accesibles a todo interesado y no sólo a la función jurisdiccional. Ahora, en este
9
Tesis: I.9o.P.16 K (10a.), Gaceta del Semanario Judicial de la Federación, Tribunales Colegiados de Cir
cuito, Décima Época, registro digital: 2022122.
Las cursivas son añadidas.
10
Como ejemplo puede verse la tesis aislada en materia laboral Tesis: III.4o.T.60 L (10a.), Gaceta del
Semanario Judicial de la Federación, Tribunales Colegiados de Circuito, Décima Época, registro digital:
2022523.
11
Cf. La tesis aislada en materia laboral intitulada “Contratos colectivos de trabajo. Cuando se encuen
tran publicados en medios electrónicos de las empresas productivas del estado o sus sindicatos, tienen
el carácter de hechos notorios y no son objeto de prueba, aunque no se hayan exhibido en el juicio
respectivo.” Tesis: VII.2o.T.311 L (10a.), Semanario Judicial de la Federación, Tribunales Colegiados de
Circuito, Undécima Época, registro digital: 2023616.
148 Manual de razonamiento probatorio
punto, en cambio, vale la pena atender a otro de los criterios mencionados antes, el
de la fiabilidad de las fuentes de información. Al respecto, veamos la siguiente tesis:
Por tanto, si la información cargada en el portal aludido está regulada por la Ley
de Operación e Innovación Digital para la Ciudad de México, cuyo objeto consiste
en implementar un “gobierno abierto” en el que la información de interés general
sea transparente y se difunda a todo interesado; aunado a que su artículo 5, frac
ciones VI y XVIII, establece como principios rectores los de “certeza y seguridad
jurídica” que garantizan que la información se extrajo de la fuente originaria la
cual no ha sido modificada ni alterada, y el de “calidad” que estatuye que la infor
mación ahí cargada se integra con datos ciertos, que son conservados de forma
permanente, salvo sus actualizaciones, y que mantienen disponibles las versiones
históricas que les precedieron; se colige que ese hecho notorio es útil para acredi
tar que el bien raíz litigioso ha sido utilizado para fines de interés público, como
parte de la infraestructura de la red de transporte público de dicha ciudad, pues
proviene de una fuente fidedigna que, al estar normada, hace prueba plena de la fiabi-
lidad de su contenido.12
12
Tesis aislada en materia civil; Tesis: I.3o.C.450 C (10a.), Semanario Judicial de la Federación, Tribunales
Colegiados de Circuito, Undécima Época, registro digital: 2023779.
Las cursivas son añadidas por la autora.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 149
Hay un último punto al que vale la pena aludir sobre los hechos notorios y es que
una de las condiciones fundamentales para la aceptabilidad de la decisión judi
cial que asume un hecho como notorio es que no resulte controvertible para las
partes o no sea motivo de disputa razonable. Ello tiene total sentido si conside
ramos que el derecho a la prueba faculta a las partes a presentar cuantos elementos
de juicio relevantes consideren para defenderse, obviamente tomando en cuenta
el thema probandum. La cuestión radicará obviamente en el criterio de “razonabili
dad”, sobre el que tendría que pronunciarse explícitamente el juzgador que pre
tenda asumir como notorio determinado hecho que alguna de las partes quisiera
controvertir. Como dice Zuckerman, “el test de no ser susceptible de discusión
es clave para identificar cuándo un juez puede adecuadamente prescindir de las
formalidades de la prueba”.13 Y precisamente por el derecho a la prueba, diría
que la regla de decisión en estos casos debería ser flexible a las partes que argu
mentan que un hecho debe ser objeto de prueba.
Una vez vistos los hechos notorios, vale la pena hacer algunas mínimas consi
deraciones sobre los “hechos incontrovertidos” a los que se refiere el legislador
mexicano en el CNPP y que tampoco serían objeto de prueba. Si no queremos
atribuirle al legislador cierta reiteración con los hechos notorios que son incon
trovertidos, debemos asumir que la referencia es a hechos no alegados por las
partes o que han sido admitidos por ellas. Si esto es así, uno podría decir que el
legislador incorpora aquí de alguna manera una concepción privatista del proceso
penal, pues deja a las partes el control sobre qué hechos se debaten.14 No se habla
en el CNPP del principio dispositivo, típicamente civilista, pero sí de los acuer
dos probatorios. El artículo 345 del ordenamiento procesal establece:
13
Zuckerman, op. cit., p. 1036.
14
Sobre las concepciones privatista y publicista del proceso, me remito al capítulo 3 de este manual.
150 Manual de razonamiento probatorio
En estos casos, el Juez de control indicará en el auto de apertura del juicio los
hechos que tendrán por acreditados, a los cuales deberá estarse durante la audien
cia del juicio oral.
Los acuerdos probatorios conforman un tema amplio sobre el que cabría realizar
un trabajo independiente —poniendo énfasis en la legitimidad de la figura, o en
la necesidad de que se tenga un descubrimiento probatorio en condiciones para
que la aceptación del acuerdo sea racional, o en los incentivos perversos que ha
generado para las fiscalías la posibilidad de negociar con el sospechoso o acusa
do, entre un largo etcétera—.15 En este espacio simplemente me interesa llamar
la atención sobre una suerte de paradoja que se produce a partir de la acertada
disposición legislativa que obliga a las personas juzgadoras a autorizar los acuer
dos si, y sólo si, los considera justificados a la luz de los antecedentes de investiga-
ción que acreditarían el hecho.16 ¿Cuál es la paradoja? Que supuestamente estamos
hablando de hechos que no requieren prueba, pero, en cambio, se exige a las
juezas y los jueces un análisis de la información presentada por la acusación
para autorizar un acuerdo probatorio.
15
V. un estupendo trabajo al respecto en Veleda, “Decidir sin probar: acuerdos sobre los hechos en el
proceso penal. Sobre la justificación epistémica de la condena, el control judicial de los acuerdos y el de
recho al recurso”, en Manual de derechos humanos y prueba en el proceso penal.
16
Consideración que tiene nivel constitucional, pues el artículo 20 de la Carta Magna, apartado A,
fracción VII, también se refiere a los acuerdos probatorios que podrían llegar incluso a la terminación
anticipada del proceso judicial.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 151
entre datos de prueba, medios de prueba y pruebas propiamente dichas; más allá
de lo confuso que resultan estas distinciones en el mismo CNPP, parecería que
la diferencia relevante es que se trata de información que es sometida a controles
distintos en diferentes etapas, pero a final de cuentas, es información que susten
ta una u otra decisión. Si asumimos que “prueba” es toda información relevante
para la toma de una decisión, entonces, con independencia de las formalidades
del código, estaríamos ante una prueba o conjunto de pruebas que deberían
analizarse para validar un acuerdo.17
La Corte considera que las personas juzgadoras no valoran los elementos de con
vicción, sino que sólo revisan su “congruencia, idoneidad, pertinencia y suficien
cia”. El punto crítico es que valorar la prueba precisamente consiste en analizar
la congruencia existente entre la información que constituye el conjunto probatorio,
17
Como ya se dijo también en el capítulo 3, p. 105.
18
Tesis aislada en materia penal; Tesis: 1a. CCXII/2016 (10a.), Gaceta del Semanario Judicial de la Fede-
ración, Primera Sala, Décima Época, registro digital: 2012313.
152 Manual de razonamiento probatorio
Más allá de los problemas analizados sobre qué hechos deben probarse —o no—,
vale la pena enfatizar la importancia de la fijación de los hechos controvertidos, que
no sólo permitirá una simplificación de lo que será objeto del juicio oral propia
mente,20 también impactará en la decisión sobre la admisión de pruebas relevan
tes, permitiendo tomar decisiones correctas al respecto. Y, precisamente entrando
ya en los hechos que sí requieren prueba, veamos ahora la relevancia probatoria
o pertinencia de los elementos de juicio. La relevancia de las pruebas es precisa
mente el criterio fundamental para poder decidir cuestiones de admisibilidad.
19
Los criterios de idoneidad y pertinencia son más bien atinentes a la admisión de pruebas y, por ello,
serán tratados en el próximo apartado.
20
Sólo de esta manera se puede dar cumplimiento al llamado “principio de concentración” de la audien
cia del juicio oral.
21
Taruffo, La prueba, op. cit., p. 38.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 153
Lo anterior exige que las personas juzgadoras analicen cada uno de los diversos
elementos de prueba y por ello se dice que esta decisión es individual. No obstan
te, ello no supone necesariamente una suerte de atomismo mediante el que se
aísle una prueba del resto, por el contrario, a veces es necesario hacer razonamien
tos holistas en los que se considere cómo se impactan mutuamente las pruebas
ofrecidas entre sí. Por ejemplo, cuando se ofrecen las llamadas “pruebas sobre la
prueba”, que no están directamente relacionadas con los hechos del caso, pero sí
que pretenden cuestionar una prueba que podría estar directamente relacionada
con los hechos del caso. Si no consideramos esa otra prueba, podría tildarse de
irrelevante una prueba sobre la prueba.23
22
Como dice Ferrer Beltrán, op. cit., p. 69: “el juicio [de relevancia] consiste en conjeturar si la prueba,
en el caso de resultar exitosa, tendrá o no incidencia en la probabilidad de la hipótesis”.
23
El razonamiento holista en la admisión de las pruebas ha sido objeto de discusión: por ejemplo, V.
Haack, Filosofía del derecho y de la prueba. El debate gira en torno al famoso caso en materia de prueba
pericial Daubert vs. Merrell Dow, en donde el tribunal excluyó pruebas periciales por considerar que en
sí mismas no satisfacían un criterio de admisibilidad, cuando en realidad tuvo que haberlas tomado en su
conjunto para decidir.
154 Manual de razonamiento probatorio
o indirecta, con los hechos jurídicamente relevantes.24 Dado que podrían cambiar
los hechos jurídicamente relevantes o las proposiciones fácticas con las que se
relaciona indirectamente determinada información, debemos decir que el juicio
de relevancia también es dinámico, pues depende de las circunstancias concretas de
cada caso existentes al momento de determinar la admisibilidad.25
Ahora bien, ¿cómo puede relacionar la persona juzgadora las informaciones que
aportan las pruebas con las hipótesis sobre los hechos a los efectos de decidir
sobre la relevancia de las primeras? La respuesta, tan simple como compleja, es
la siguiente: a través de su conocimiento del mundo. Ese conocimiento del mun
do se refleja, nuevamente, en el uso de generalizaciones empíricas. Siguiendo a
Anderson, Schum y Twining, las generalizaciones pueden tener como fuente el
conocimiento científico, el conocimiento general aceptado como bien establecido
en una comunidad, la experiencia de primera mano personal o compartida en
una comunidad y las creencias —sin base experiencial—.26 Nótese, en todo caso,
el papel determinante que tiene el conocimiento del mundo del sujeto que decide
sobre la relevancia. Que una prueba parezca relevante para una persona, como
dice Haack, depende de su background, que puede estar conformado por proposi
ciones verdaderas o falsas;27 por generalizaciones empíricas bien fundadas o por
prejuicios y estereotipos. Que sea una cosa o la otra determinará la corrección de
la decisión judicial sobre la relevancia probatoria.
24
Cf. Muffato, “Materiales para un análisis de los conceptos de relevancia probatoria y causal”, en Causa-
lidad y atribución de responsabilidad, p. 46: “la relevancia es una propiedad relacional. Algo, un ítem x, es
relevante no por (para o en) sí mismo, sino en relación con un ítem distinto (x es relevante para y)”.
25
A esta característica Muffato la identifica como “propiedad relativa” y dice: “la variable x es relevante
a la luz o en virtud de un contexto C y con referencia a ciertos criterios […]: un cambio de contexto (context
shift) o de criterios afecta directamente la relevancia de una premisa”. Cf. Muffato, op, cit., p. 48.
26
Cf. Anderson, Schum y Twining, op. cit., p. 326.
27
Cf. Haack, Evidence and Inquiry: Towards Reconstruction in Epistemology, p. 87.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 155
28
Tanto en términos genéricos (“las pruebas de ADN tienen una altísima fiabilidad”), como en su apli
cación al caso (“esta prueba de ADN en este caso específico es altamente fiable”). La fiabilidad de los
tipos de pruebas, como la prueba pericial o la testifical, será abordada en los capítulos 6 y 7 de este
mismo manual.
29
Anderson, Schum y Twining, op. cit., p. 267.
30
La sentencia del tribunal de Ica (Perú) señala: “La supuesta personalidad que presenta la misma (tí
mida) no guarda relación con la prenda íntima que utilizó el día de los hechos, pues por la máxima de
la experiencia, este tipo de atuendo interior femenino suele usarse en ocasiones especiales para momen
tos de intimidad, por lo [que] conlleva a inferir que la agraviada se había preparado o estaba dispuesta
a mantener relaciones sexuales con el imputado”.
156 Manual de razonamiento probatorio
ese delito y muchos menos la vestimenta de una mujer dice algo sobre su con
sentimiento a mantener relaciones sexuales.
El ejemplo anterior nos debe permitir ver que es posible introducir información
como relevante a un proceso judicial que es sólo producto de creencias equivo
cadas o de sesgos y prejuicios. Obviamente ese tipo de “información” no debe
entrar al proceso judicial, quizá mucho menos por medio del background de los
jueces. Por ello, la formación judicial que permita modificar esas creencias falsas
es fundamental desde esta etapa probatoria inicial. Cuando no se hace un correc
to juicio de relevancia de las pruebas e ingresa información irrelevante los resul
tados pueden ser fatales: a veces no sólo se pierden recursos en la práctica de
pruebas que no brindan razones epistémicas sobre los hechos del caso, sino que
pueden ser activadoras de sesgos para los abogados, los fiscales, el tribunal de en
juiciamiento, etcétera.
¿Cuánto debe una prueba impactar la probabilidad de la hipótesis para ser admi
sible? Es una cuestión que la relevancia misma no responde, de modo que se re
quieren otras reglas de decisión sobre esta cuestión. Como, por ejemplo, la regla
de exclusión de prueba superflua o sobreabundante. A diferencia de la relevancia,
que se trata de un juicio individual —es decir, sobre cada uno de los elementos de
prueba—, para considerar si determinada información es superflua o sobreabun
dante necesitamos hacer un juicio comparativo entre la probabilidad de que sea
verdadera o falsa la hipótesis sobre los hechos a partir del acervo probatorio, in
cluyendo esa información y sin incluirla. Esto es así porque la redundancia supo
ne que ya se cuenta con información —mediante otras pruebas del mismo tipo y
de distinto tipo— sobre el hecho en cuestión y, por tanto, el impacto en la proba
bilidad de la o las hipótesis sobre los hechos puede ser mínimo. Precisamente por
ello, atendiendo a un juicio costo-beneficio tal información resulta inútil.32
Por ejemplo, imaginemos que una parte quiere traer a diez peritos de la misma
especialidad que afirman exactamente lo mismo para probar un hecho o a 20
31
Dei Vecchi, op. cit., p. 35; se centra precisamente en esta cuestión cuando dice que “una prueba es rele
vante si tenerla en cuenta cambia el estatus de justificación epistémica de la proposición en cuestión”.
32
El juicio costo-beneficio deberá tomar en consideración el costo de admitir y practicar la prueba (que
puede ser económico, de tiempo y también de gestión del aumento de información) y el beneficio
epistémico que esa prueba pueda aportar. Utilidad y superfluidad o sobreabundancia son conceptos
diferentes, pero coextensivos.
158 Manual de razonamiento probatorio
Por otro lado, si consideramos que un conjunto de elementos de juicio será más
completo cuántas más pruebas relevantes sobre los hechos lo conformen y que
cuánto más completo sea mayor será la probabilidad de acercarnos a lo que real
mente sucedió, entonces hay que adoptar una suerte de regla proadmisión.33
Si tenemos esa regla, ante una duda sobre la relevancia de determinada informa
ción, lo mejor sería admitirla y no excluirla.
En este punto vale la pena hacer una matización, atendiendo al llamado “peligro
de desborde” de la información para una persona ante un conjunto de pruebas
sobreinclusivo. Si pensamos en seres humanos reales, no ideales, hay que tomar
en cuenta las limitaciones humanas para el procesamiento de información en un
tiempo limitado. También por ello algunos ordenamientos prevén la exclusión
de pruebas relevantes si su valor probatorio es menor que el peligro de generar
prejuicios, confusión, pérdida de tiempo u otras razones.34 Este tipo de disposi
ciones normativas tienen sentido cuando hay una persona juzgadora que decide
33
Cf. Ferrer Beltrán, op. cit., p. 69.
34
Como lo prevén las FRE, concretamente la regla 403.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 159
la admisión de pruebas diferente al juez o jueces que deciden el caso, puesto que
se tiene como objetivo eliminar potenciales contaminaciones en el proceso de
análisis de la información.35 Probablemente el peligro de desborde admita algún
matiz puesto que, aunque fuera la misma persona juzgadora la que admite y deci
de, la información presente en la admisión y la que se obtendrá en la práctica de
las pruebas idealmente será muy diferente, pues en esta última se “exprimirán”
todos los detalles de las pruebas generando más información.
Para cerrar este apartado, hay que decir que la relevancia de las pruebas es con
dición necesaria para la admisión de un elemento de juicio ofrecido, pero no es
condición suficiente. Así, todo elemento probatorio admitido debe ser relevante,
pero no todo elemento relevante es jurídicamente admisible, aun cuando, en
principio, epistemológicamente y hasta constitucionalmente —en observancia al
derecho a la prueba— habría razones para admitirlo. En este contexto, existen
diversos criterios jurídicos de exclusión de pruebas que han pasado el filtro de la
relevancia, lo que ha dado pie históricamente a un debate sobre si tales criterios
de exclusión deberían permanecer o no.
35
V. una crítica a esta regla en Laudan, Truth, Error and Criminal Law, pp. 47 y ss.
160 Manual de razonamiento probatorio
[e]xiste un acuerdo universal, fuera del derecho, en el sentido de que aquellos que
están encargados de tomar decisiones pueden desempeñar tal encargo de la mejor
y más informada manera si tienen conocimiento de tanta información relevante
como sea posible. […] Excluir pruebas relevantes, y no redundantes, […] dismi
nuye la probabilidad de que personas, en principio, racionales lleguen a conclu
siones correctas.36
36
Ibid., p. 46.
37
Cf. Ferrer, op. cit., p. 42.
38
Un ejemplo interesante en este debate se ha dado en el contexto de la violencia de género en España,
con la regla de la dispensa de declarar a los cónyuges prevista por la Ley de Enjuiciamiento Criminal en
su artículo 416. Si bien no es propiamente una regla de exclusión, sí que deja fuera información rele
vante para el caso. En lo que aquí importa, como dice la “Guía de actuación con perspectiva de género
en la investigación y enjuiciamiento de los delitos de violencia de género”: El carácter perverso de la dis
pensa a no declarar en los delitos de violencia de género se pone de manifiesto diariamente en el servi
cio de guardia, durante la investigación del hecho delictivo y en la celebración del juicio. Esta excepción
del deber de declarar del testigo nació para dar solución al conflicto en el que se colocaba a los testigos/
familiares del presunto autor de un hecho delictivo al obligarles a declarar bajo juramento de decir la
verdad contra ellos frente el deber de colaborar con la justicia y los deberes de solidaridad familiar.
La dispensa ha de entenderse como un beneficio para el testigo, si bien en muchos casos se utiliza como
una garantía o se ejerce en interés del inculpado. De esta forma se consolida como un instrumento de
revictimización, presión y coacción silenciosa para la víctima, quien se acoge a la dispensa, por miedo,
presión o por razones distintas de la primacía de la solidaridad familiar”.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 161
Además de estos criterios generales que aquí se han tratado, nuestros sistemas
jurídicos prevén otros criterios no epistémicos de admisibilidad de las pruebas y,
por supuesto, criterios sobre la admisión de pruebas específicas. En lo que sigue
abordaremos ambas cuestiones.
Junto a otras reglas propias del marco institucional en el que se desarrolla la acti
vidad probatoria, como sucede con los plazos procesales39 —y, específicamente,
los que marcan el principio y el fin de la actividad probatoria— o con los límites
relativos a quiénes pueden proponer pruebas, conviven otro tipo de límites que
afectan a la conformación del conjunto de elementos probatorios y, en particular,
impiden que cierta información llegue a incorporarse al proceso. En efecto, una vez
39
Específicamente los que marcan el principio y el fin de la actividad probatoria.
162 Manual de razonamiento probatorio
40
En palabras de Taruffo, que ofrezca “una base cognitiva para establecer la verdad de un hecho en liti
gio”. Cf. Taruffo, op. cit., p. 38.
41
Andrés Ibáñez, Justicia penal, derechos y garantías, pp. 28 y 29.
42
Andrés Ibáñez, “En materia de prueba: sobre algunos cuestionables tópicos jurisprudenciales”, en
Quaestio facti, p. 78.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 163
43
Con los matices que deben tomarse en consideración en el sistema mexicano, donde la decisión sobre
la admisión de la prueba corresponde a la persona juzgadora de la audiencia preliminar y no al compe
tente para el enjuiciamiento.
44
Cf. Andrés Ibáñez, Tercero en discordia, p. 259.
45
Una muy reciente reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal española ha dado el paso de regular
la declaración de los menores de catorce años y de personas con discapacidad en los procesos dirigi
dos al enjuiciamiento de delitos contra las personas como prueba anticipada, lo que supone que debe
practicarse antes del juicio y con la asistencia del letrado de la defensa para garantizar la contradicción;
V. LECrim, nuevo art. 449 ter. Lo que era una posibilidad que no excluía automáticamente la comparecencia
del declarante en el juicio oral, se convierte ahora en la regla general, a la que no se prevé excepción
alguna.
46
Cf. Ferrer Beltrán, op. cit., p. 42 y Taruffo, La prueba de los hechos, pp. 337 y ss.
47
Cf. Ferrer Beltrán, op. cit., pp. 42 y 43.
164 Manual de razonamiento probatorio
Y es que, no cabe duda, uno de los presupuestos de los que debemos partir es la
idea de que la búsqueda de la verdad es uno de los principales fines del proceso.
No podría ser de otro modo si estamos de acuerdo con la necesidad de adoptar
un modelo procesal y probatorio de tipo cognoscitivista,48 el único que permite
dar cuenta de modo razonable —con todos los matices que sea necesario incor
porar— de cómo deben adoptarse las decisiones judiciales. A diferencia de lo
que sucede en otros ámbitos de conocimiento, como el científico y el histórico, en
el ámbito judicial nos encontramos en un contexto institucionalizado sometido
a límites que no siempre contribuyen a alcanzar dicho fin o que incluso chocan
frontalmente con él. Tales límites o restricciones responden a la protección de
ciertos valores sustantivos en unos casos y, en otros, a la protección de garantías
procesales y derechos fundamentales. Solo mediante el justo equilibrio entre ambos
fines —el de la búsqueda de la verdad o el de la protección de otros fines social
o constitucionalmente relevantes— cabe legitimar el ejercicio del ius puniendi.
En consecuencia, la concurrencia de ambos tipos de fines supone la necesidad de
aceptar que el sistema de justicia penal caerá en errores derivados de la existencia
de límites a la búsqueda de la verdad, si bien el alto estándar de prueba fijado en
este ámbito supondrá que tales errores caigan del lado de la absolución de culpa
bles y no de la condena inocentes.
48
Cf, Gascón, Los hechos en el Derecho. Bases argumentales para la prueba, pp. 47 y ss.
49
Cf., Andrés Ibáñez, Justicia penal… cit, pp. 24-29. La naturaleza epistémica del derecho a la
presunción de inocencia fue objeto de discusión en los trabajos de Atienza, “Sobre la argumentación
en materia de hechos. Comentario crítico a las tesis de Perfecto Andrés Ibáñez”, en Jueces para la demo-
cracia, pp. 88-89 y Andrés Ibáñez. La dimensión epistémica de las garantías procesales es compartida
por Ramírez Ortiz, “Verdad, proceso y Derecho penal (interrogatorios en la habitación 101)”, Jueces para
la democracia, p. 23, que destaca que ello se pone de manifiesto en dos realidades procesales de índole
metodológico que coadyuvan en la búsqueda de la verdad, pues su vigencia determina, por un lado,
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 165
que la acusación reciba el tratamiento de mera hipótesis (objeto, pues, de confirmación) y, por otro
lado, que toda la actividad probatoria deba someterse a contradicción.
50
En la sentencia del Tribunal Constitucional español núm. 91/2021, de 22 de abril, puede verse una
síntesis de su interpretación del derecho fundamental a la prueba.
51
Taruffo, op. cit., p. 58.
52
Cf. Andrés Ibáñez, “En materia de prueba… cit”, p. 79.
166 Manual de razonamiento probatorio
legitimación democrática del sistema de justicia.53 Sin duda, ésta es la idea que
subyace a los postulados de la teoría penal y procesal del enemigo, inicialmente
formulada para afrontar fenómenos delincuenciales de extrema gravedad y que,
poco a poco, de manera silenciosa y apartándose cada vez más de ese justo equilibrio
entre verdad y garantías, se está instaurando peligrosamente como única manera
de entender la actividad probatoria y, en último término, como respaldo de quie
nes apuestan por la epistemología como criterio último y casi único que debe
determinar el resultado de la prueba y del proceso. Acuñada sugerentemente por
Ubertis como “epistemología inquisitiva”,54 esta manera de entender la prueba y el
método probatorio, escorada hacia la verdad material o sustancial y que pretende
ignorar —en su versión más extrema— los límites impuestos por las garantías
procesales y otros valores dignos de protección, responde a una concepción auto
ritaria del proceso que muy difícilmente puede engranarse con las exigencias del
debido proceso que sí son respetadas en una —bien entendida— verdad formal
dimanante de la actividad probatoria desarrollada en este marco institucional.55
Es muy revelador que quienes adoptan una perspectiva crítica del garantismo
parten de la distinción entre acusados culpables y acusados inocentes, un presu
puesto metodológico en frontal oposición al que adoptamos quienes situamos a
la presunción de inocencia en la cúspide del sistema de garantías penales y pro
batorias que debe amparar por igual a todos los ciudadanos sometidos a un
proceso penal.56
53
Éste es el modelo de justicia penal que defiende Laudan, op. cit.
54
Ubertis, Elementos de epistemología del proceso judicial, p. 109.
55
Cf. Ferrajoli, Derecho y razón. Teoría del garantismo penal, pp. 44 y 45.
56
V. las tesis de Laudan, “The presumption of innocence: material or probatory?”, en Legal Theory,
p. 339; éste es uno de los principales ejemplos de esta corriente crítica, por cuanto el autor parte
expresamente de la distinción entre inocente material (quien no ha cometido los hechos) e inocente desde
el punto de vista probatorio (aquel cuya culpabilidad no ha sido demostrada) y entre sus correlativos
culpable material (autor del delito) y culpable desde el punto de vista probatorio (aquel respecto del
que se ha alcanzado el estándar de prueba exigido para considerarle autor de los hechos). Asumen este
mismo enfoque Aguilera García y Calixto Contreras, “Aportaciones al mejoramiento de la investigación
del delito para promover la averiguación de la verdad y apuntalar el respeto al derecho de presunción de
inocencia”, en Archivos de Criminología, Seguridad Privada y Criminalística, pp. 141 y ss.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 167
57
Ramírez Ortiz, op. cit., 24.
58
Cf. Guzmán, La teoría del estándar objetivo de prueba y el garantismo penal: dos perspectivas, pp. 91 y 92.
59
Laudan los califica como “clase privilegiada de testigos” y, respecto de ellos, señala que “se trata de
prácticas probatorias [que] obstaculizan la posibilidad de que el jurado llegue a veredictos correctos,
pues le impiden el acceso a pruebas relevantes, a menudo sumamente relevantes […]. En todo caso
[…] estas reglas incrementan la probabilidad de llegar a veredictos erróneos en global, absoluciones
falsas y condenas falsas, a diferencia de lo que haría un conjunto de reglas menos favorables a las abso
luciones”; Cf. Laudan, op. cit., pp. 198-199. Sobre ello se extiende especialmente en las páginas 230 a
236 y concluye considerando que la eliminación de este privilegio acabaría por provocar que los acu
sados no se sincerasen con sus cónyuges o sus abogados (cosa que, en este último caso, los acusados
culpables al parecer de Laudan, ya hacen). Yo diría más bien que la eliminación o restricción de este
privilegio más allá de lo necesario para proteger las relaciones de confianza en las que se basa terminaría
por incrementar exponencialmente el número de falsos testimonios y de sanciones por incumplimiento
del deber de colaboración con la justicia y por tanto no redundaría en un significativo aumento de
sentencias ajustadas a la realidad de los hechos.
168 Manual de razonamiento probatorio
60
Reformado por la Ley Orgánica 8/2021, de 4 de junio con el objetivo de reducir drásticamente su
operatividad en el ámbito de las relaciones familiares, lo que no deja de plantear problemas en relación
con los supuestos en los que el declarante se ve privado de la dispensa y movido por ello a prestar un
testimonio falso.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 169
61
Bachmaier Winter, “Principios de inmediación y confrontation: paralelismos, diferencias y tendencias
en la prueba testifical”, en Fundamentos de Derecho probatorio en materia penal, p. 287. Sobre las conse
cuencias de la ausencia de confrontación (confrontation clause) en el sistema judicial americano, el alcance
de la regla de exclusión del hersay y, por último, los límites a la regla de exclusión basados en la fiabili
dad del testimonio no sometido a confrontación, se extiende la autora en las páginas 295 a 301.
62
Se trata de actuaciones en las que la contradicción se encuentra fuertemente limitada, al no existir
todavía una acusación formal ni se conoce todavía el resultado definitivo de las investigaciones, V. al
respecto Ramírez Ortiz, La prueba en los delitos contra la indemnidad sexual, p. 23.
170 Manual de razonamiento probatorio
63
Cf. Montesinos, “Especificidades probatorias en los procesos por violencia de género”, en Revista de
Derecho Penal y Criminología, p. 135.
64
Cf. Maravall Buckwalker, “El derecho del niño a acogerse a la dispensa del deber de declarar. Reflexio
nes desde el Derecho Internacional de los Derechos Humanos”, en Indret. Revista para el análisis del
Derecho, p. 6.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 171
Esta nueva lectura de la dispensa, sumamente restringida —y, por tanto, alineada
con el principio general de admisión y práctica de pruebas relevantes—, no eli
mina por completo los problemas epistémicos que se suscitan en torno a su uso,
que siguen residiendo en la existencia de distintas declaraciones con contenido
diverso, quedando supeditadas las que pueden resultar más fiables y los elemen
tos probatorios que las corroboren a que la víctima o el testigo decida no retrac
tarse o incluso no declarar. De ahí que deba reflexionarse seriamente sobre la
conveniencia de practicar como prueba anticipada aquellas declaraciones que sue
len tener lugar al inicio de las actuaciones —generalmente más espontáneas—,
de modo que, al ser practicadas con suficiente garantía de contradicción, puedan
alcanzar valor probatorio al margen de la voluntad posterior de la víctima de
acabar con el procedimiento, perdonar al investigado, modificar su testimonio
para no perjudicarle o incluso, más allá de lo que la dispensa le permite, no compa
recer al llamamiento judicial.66
En definitiva, partiendo de la idea de que estas dispensas suponen una fuerte limi
tación al acceso de información relevante al proceso, es preciso realizar una lectura
lo más restringida posible de los supuestos en los que pueden invocarse. De ahí
que deba destacarse que, si llega a prestarse, la declaración debe ser evaluada para
determinar su fiabilidad, y ello porque la dispensa no ampara al declarante que
realiza una declaración falsa. El sentido de la dispensa es permitir al beneficiado
por ella guardar silencio para no perjudicar su relación personal o familiar, pero
65
Una problemática que está muy presente en la práctica judicial y de difícil solución hasta que la re
forma del artículo 416 LECrim ha puesto coto (al menos, formalmente) al impedir al testigo acogerse
a la dispensa cuando está o ha estado personado en el procedimiento como acusación particular.
Un detallado e interesantísimo análisis de este tema lo realiza del Moral García en un trabajo sobre un
voto particular de su autoría a una sentencia en la que se discutía sobre esta cuestión. Cf. Del Moral
García, “Derecho a no declarar contra un pariente y ejercicio de acusación particular: ¿derechos incom
patibles?”, en Revista Aranzadi de Derecho y Proceso Penal, pp. 387 y ss.
66
En este mismo sentido, Cf. Cabiale y Cueto, “La necesidad de revisar la jurisprudencia sobre las con
secuencias del empleo de la dispensa en el juicio (especialmente en materia de violencia doméstica y de
género)”, en Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología. Acompañada de la escrupulosa investiga
ción en las causas en las que la principal información pueda venir de la mano de un familiar del acusado.
Cf. Montesinos García, op. cit., p. 165.
172 Manual de razonamiento probatorio
Por lo que se refiere a la dispensa del deber de declarar por parte de profesionales
amparados por el derecho-deber de guardar secreto profesional, son destacables al
gunas semejanzas en su régimen jurídico respecto de la dispensa basada en lazos
familiares. Al igual que en este caso, debe realizarse una lectura lo más restringida
posible que permita articular de manera equilibrada las relaciones entre el secreto
profesional y la relación de confianza que éste protege, por un lado, y el acceso a
información relevante como medio para llegar a una sentencia ajustada a la rea
lidad de los hechos y legítima, por otro. En primer lugar, quien ha tenido cono
cimiento de unos hechos en el ejercicio de su profesión, no sólo puede, sino que
debe en todo caso hacer valer ese deber deontológico y jurídico por el que, sin
excepción, se le prohíbe desvelar dichas informaciones. De lo contrario, esto es,
de existir situaciones en las que cediera tal deber frente a otras circunstancias
que pudieran considerarse de mayor peso, se quebraría la relación de confianza que
fundamenta ese deber de secreto y que da sentido a servicios públicos esenciales
que, de otro modo, quedarían desprovistos de su principal salvaguarda. Es el caso,
por ejemplo, del secreto profesional en el ámbito sanitario, del secreto del abogado o
del secreto que deben guardar traductores e intérpretes en el ejercicio de sus
funciones. Es preciso destacar que la dispensa o privilegio de no declarar no al
canza a la información de la que estos profesionales hayan tenido conocimiento
por medios ajenos a la relación de confianza que la justifica, por lo que el deber
de colaboración se extiende siempre a tal información. En consecuencia, la negati
va a declarar en estos casos podría ser objeto de sanciones disciplinarias o penales.
67
CNPP, art. [Link] se dice expresamente en el artículo, pero se entiende como deber implícito en el de
contestar a las preguntas si el declarante decide no acogerse a la dispensa. V. también LECrim, art 416; en
el caso español, este artículo permite al declarante que se acoge a la dispensa hacer constar las manifes
taciones que considere oportunas, en el bien entendido que lo hace sometido al deber de veracidad.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 173
Mención especial merecen dos supuestos, por cuanto carecen de la especial sal
vaguarda del secreto profesional en el ámbito procesal y no pueden justificar un
régimen excepcional al deber de colaboración. El primer supuesto es el de los
abogados que forman parte de la estructura empresarial (in-house counsel). Con
independencia de que el ordenamiento de cada país pueda establecer un están
dar mayor de protección, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos —en ade
lante TEDH— consideró en un primer momento que los ordenamientos jurídicos
que no amparan el secreto de estos profesionales no vulneran el Convenio Euro
peo de Derechos Humanos —CEDH—68 al realizar una interpretación restrictiva
del secreto profesional, limitándolo a los casos en que el letrado no desempeña
funciones de defensa procesal —ámbito exclusivo en el que surge el deber de
guardar secreto—, sino únicamente de asesoría, al margen de las responsabilidades
que pudieran derivarse en el ámbito disciplinario y penal por su colaboración en
la aportación de información. En especial, en su sentencia de 6 de diciembre de
2012, Michaud vs. Francia, el TEDH basó el deber de colaboración del in-house
counsel en razones formales, vinculadas exclusivamente a su condición de abo
gado de empresa. Sin embargo, se ha entendido, con buen criterio, que debe
atenderse más bien al tipo de actividad desarrollada, de modo que debiera resultar
amparado por el deber-derecho de secreto cuando realice labores de defensa
procesal, mientras que el desempeño de las que puedan calificarse de mera ase
soría jurídica o de gestión empresarial escaparía de dicha protección y se encon
traría sometido al deber de colaboración con la justicia.69 Más recientemente, en
su sentencia de 4 de febrero de 2020 —Kruglov y otros vs. Rusia—, el TEDH ha
matizado su postura y ha considerado, en esta línea, que el ejercicio de funciones
de asesoramiento legal —por tanto, el que realizan habitualmente los abogados
68
TEDH, Michaud vs. Francia.
69
Cf. Goena Vives, “El secreto profesional del abogado in-house en la encrucijada: tendencias y retos en
la era del compliance”, en Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología, pp. 7, 8, 11 y ss.
174 Manual de razonamiento probatorio
70
Cf. Rodríguez Lainz, “Sobre el alcance del secreto profesional en las profesiones jurídicas ante la ju
risdicción penal; a propósito de la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos del caso
Kruglov y otros v. Rusia”, en La Ley, p. 9.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 175
A. Hechos objeto de un
razonamiento presuntivo
Por lo que se refiere al efecto que producen las presunciones sobre el derecho a
proponer pruebas, es preciso señalar que no todas las presunciones provocan el
efecto de limitar el acceso de información al proceso y son contrarias, por tanto,
al principio general de admisibilidad de la prueba relevante. Por ello, se debe partir
de lo que se ha denominado “concepción plural” de las presunciones para dar
cuenta de las importantes diferencias que se dan entre ellas. Gama Leyva distin
gue los siguientes tipos de presunciones en atención a sus efectos: presunciones
legales absolutas, presunciones legales relativas, presunciones jurisprudenciales y
presunciones judiciales.71 Me centraré en los dos primeros tipos.
71
Gama Leyva, “Concepciones y tipología de las presunciones en el derecho continental”, en Revista de
Estudios de la Justicia, pp. 76 y ss.
72
La misma en ambos casos: “Si X (o probado X), entonces (debe entenderse probado) Y”.
73
En el caso de las presunciones legales relativas, su estructura completa sería “Si X (o probado X),
entonces (debe entenderse probado) Y, salvo prueba en contrario”.
176 Manual de razonamiento probatorio
tanto, los hechos presumidos iuris et de iure están excluidos del objeto de prueba
—dejando a salvo los hechos que constituyen el hecho base o los indicios base
de la presunción, que conforman la condición de aplicación que ha de quedar
acreditada para que pueda concluirse que existe el hecho presumido—. Puede
afirmarse, pues, que las presunciones absolutas o iuris et de iure —aunque no sea
ésta su finalidad principal— tienen el efecto de evitar que la parte a la que le co
rrespondería probar el hecho presumido tenga que probarlo, pero sin eximirle
de probar el antecedente —o el estado de cosas que actúa como antecedente o
ratio—,74 por lo que se limitan a facilitar la prueba de los hechos y tienen, por
tanto, un efecto directo sobre la admisión de pruebas.
Con este tipo de presunciones, poco usadas en la práctica por la rigidez de sus con
secuencias, se persigue vincular al juez decisor a la aplicación de una consecuen
cia jurídica determinada basada en un razonamiento presuntivo —con finalidad
no necesariamente epistémica— formulado previamente por el legislador.75
Como ha destacado Gama Leyva, al igual que las ficciones jurídicas, las presun
ciones absolutas realizan una equiparación entre hechos y estados de cosas,76 a lo
que podría añadirse que, a diferencia de las presunciones relativas o iuris tantum,
persiguen finalidades que pocas veces tienen que ver con el descubrimiento de
la verdad.
74
Ibid., p. 79.
75
Id.
76
Id.
77
Cf. González Lagier, “Presunción de inocencia, verdad y objetividad”, en Prueba y razonamiento proba
torio en Derecho. Debates sobre abducción, p. 97.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 177
Un ejemplo muy ilustrativo de lo que se viene señalando sobre el efecto que las
presunciones causan sobre el objeto de la prueba —y, en definitiva, sobre la ad
misión de pruebas relevantes— nos lo proporciona la regla presuntiva que encierra
el delito de enriquecimiento ilícito, presente en muchos códigos penales. Una de
las dificultades más importantes en la persecución de los delitos económicos
vinculados al sector público es la obtención de pruebas. Precisamente, el delito
de enriquecimiento ilícito se plantea como medio para sortear dichas dificultades
al exigir que se acredite el carácter desproporcionado del enriquecimiento y que, a
partir de él, pueda concluirse razonablemente el carácter ilícito de su origen. Al tra
tarse de un delito con un único elemento típico que, además, puede ser relati
vamente fácil acreditar —incremento patrimonial desproporcionado respecto de
los ingresos lícitos declarados—, su prueba plantea menos problemas que otros
tipos penales, ya que permite castigar hechos que, de otra manera, quedarían
impunes si no se pudiera acreditar el acto ilícito del que traen su causa. Ésta es la
razón principal que ha motivado que se haya promovido su tipificación en muchos
países,79 siendo América Latina el ámbito donde ha encontrado un mayor respaldo
mediante su introducción en la gran mayoría de códigos penales.
En el caso mexicano, el artículo 224 del Código Penal Federal señala que
78
En julio de 2010, se aprobó una ley que modifica el texto de la sección correspondiente del Código
Penal y en la actualidad es necesario que la persona haya sido absuelta por sentencia firme.
79
En el ámbito latinoamericano, V. Convención Interamericana contra la corrupción, art. IX, suscrita en
Caracas el 29 de marzo de 1996 y en vigor desde el 6 de marzo de 1997.
180 Manual de razonamiento probatorio
en otra hipótesis del presente Título. En este caso se aplicará la hipótesis y la san
ción correspondiente, sin que dé lugar al concurso de delitos.
B. Hechos no discutidos
y acuerdos probatorios
80
Por ejemplo, en los términos del CNPP, art. 345.
81
Carnelutti, La prueba civil, p. 9.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 181
tido, sino que este permanece dentro de los límites de lo incierto. Como señala
Taruffo, genera un importante margen de error considerar que la persona juzga
dora tiene que dar el hecho no discutido por cierto, lo que hace que, particu
larmente en el ámbito penal, no sean asumibles las consecuencias de incorporar
este tipo de exigencias y limitaciones a la prueba, dado el evidente interés público
en el descubrimiento de los hechos y la importancia de la verdad como medio de
legitimación de la decisión.82 Reglas de este tipo sólo pueden ser explicadas
desde la necesidad de lograr salidas rápidas al proceso —no digamos cuando se
trata de fórmulas de terminación anticipada de las actuaciones por los acuerdos
alcanzados con la fiscalía, como el plea bargaining americano o la conformidad
española—, por cuanto lo simplifican y favorecen la descongestión de los tribu
nales, pero redundan en una evidente pérdida de justicia de la decisión judicial83 y,
podríamos añadir, de la legitimación del sistema judicial en su conjunto. De ahí
que, supuestos como los acuerdos probatorios y la admisión de hechos, deban
interpretarse en el sentido de relevar a la parte proponente de los hechos de la
carga de probarlos, pero sin que ello impida que se aporten pruebas sobre su
falsedad o incluso que la persona juzgadora cuestione su veracidad cuando
entren en contradicción con otros hechos que hayan resultado probados.84
82
Cf. Taruffo, op. cit., pp. 147150.
83
Ibid., pp. 147 y 148.
84
Ibid., pp. 149 y 150.
85
Al respecto, resultan sumamente interesantes las valoraciones de Gascón Inchausti y Lascuraín
Sánchez relativas a las circunstancias que envuelven la aceptación de acuerdos con la fiscalía y que,
lejos de lo que pudiera pensarse, no se encuentran necesariamente relacionadas con la autoría de los
hechos. V. Lascuraín Sanchez y Gascón Inchausti, “¿Por qué se conforman los inocentes?”, en Indret.
Revista para el análisis del Derecho.
182 Manual de razonamiento probatorio
86
Se recomienda la lectura del trabajo de Bachmaier Winter, “Justicia negociada y coerción. Reflexiones
a la luz de la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos”, en Revista General de Derecho
Procesal. En él, se realiza un análisis particularmente crítico de la sentencia del TEDH Natsvlishvili y
Togonidze vs Georgia, en la que el Tribunal avaló la renuncia a las garantías probatorias que supone la
aceptación de un acuerdo con la acusación silenciando las evidentes muestras de coacción que soportó
el investigado para aceptar la pena propuesta por la fiscalía. El caso, relativo al acuerdo alcanzado en
un proceso penal en Georgia, puede extrapolarse, en mayor o menor grado, a cualquier otro país en el
que este tipo de acuerdos se buscan por todos los medios para alcanzar una sentencia condenatoria
rápida.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 183
El artículo 346 del CNPP es parco al establecer los supuestos en los que debe
inadmitirse la prueba propuesta, por lo que es preciso acudir a otros preceptos
del código que vienen a completar sus disposiciones. En particular, por lo que se
refiere a la prueba ilícita, el artículo 357 establece que las pruebas obtenidas con
violación de derechos fundamentales —aquellas que se entienden como pruebas
ilícitas en sentido estricto— no pueden surtir efectos, de modo que la adverten
cia legislativa no sólo prevé su exclusión en la audiencia intermedia, sino que
alcanza también a aquellos supuestos en los que la declaración de ilicitud no se
ha producido en ese momento y, por tanto, la prueba ha logrado superar el filtro
de la etapa intermedia ante el juez de control y ha alcanzado el juicio oral, situa
ción en la que el precepto prohíbe que la sentencia se fundamente en tal prueba.
87
V. Asencio, “La STC 97/2019, de 16 de julio. Descanse en paz la prueba ilícita”, en La Ley; Cf. Ibáñez,
Prueba y convicción judicial en el proceso penal, pp. 181205.
88
V. Laudan, op. cit.
184 Manual de razonamiento probatorio
89
Pastor Borgoñon, “Eficacia en el proceso de las pruebas ilícitamente obtenidas (a propósito de la sen
tencia núm. 114/1984 de 29 de noviembre (BOE de 21 de diciembre de 1984), dictada por el Tribunal
Constitucional en el recurso de amparo 167/1984”, en Justicia. Revista de Derecho Procesal, pp. 355 y 356.
90
Ibid., p. 361.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 185
Para muchos de nosotros ésta [la regla de exclusión] es un ultraje no sólo a la bús
queda de la verdad sino a los principios básicos de igualdad procesal de las partes
y de protección al inocente. Esta regla ofrece garantías muy amplias a aquel que
es probablemente culpable, mientras hace muy poco o nada para salvaguardar los
intereses de quien es probablemente inocente. Peor aún, supuestamente está regida
por la preocupación de impedir actos ilegales de la policía; sin embargo, no san
ciona de forma alguna tales comportamientos cuando se dirigen hacia cualquier
otro que no es el acusado.
Nadie cuestiona que muchas de las pruebas incautadas en registros ilegales pue
dan ser sumamente relevantes, esto es, que fortalecerían la creencia de una persona
razonable en la probabilidad de que el acusado ha cometido el delito que se le
imputa. Y tampoco hay dudas de que muchos de los culpables de delitos graves
caminan libremente gracias a esta regla de exclusión (se ha estimado que la exclu
sión de pruebas ilícitas socava, lo que de otra manera sería un enjuiciamiento
efectivo, aproximadamente el 5 por 100 del total de los casos de delitos graves y
aproximadamente un 30 por 100 de los casos de droga). Por tanto, la eliminación
de esta regla es muy conveniente, siempre y cuando estemos un tanto preocupados
por la verdad y ampliamente preocupados por la justicia. Si tomamos seriamente
la idea […] respecto a que el juzgador de los hechos debe conocer todas las prue
bas relevantes, entonces se debe abandonar la exclusión de pruebas que se han
obtenido ilegalmente.91
91
Laudan, op. cit., pp. 259 y 260.
186 Manual de razonamiento probatorio
92
Este garantismo “más mesurado” estaría representado por las tesis de Larry Laudan frente al garan
tismo “extremo” de Luigi Ferrajoli, en palabras de Aguilera García, “¿Garantismo extremo o mesurado?
La legitimidad de la función jurisdiccional penal: construyendo el debate Ferrajoli–Laudan”, en Isono-
mía, pp. 61-93.
93
Ibid., pp. 89 y ss.
94
Cf. Beltrán Núñez, “La prueba de defensa”, La prueba en el proceso penal II, en Cuadernos de Derecho
Judicial, pp. 469 y ss; Estrampes, “La regla de la exclusión de la prueba ilícita: historia de su nacimiento
y de su progresiva limitación”, en Jueces para la Democracia, p. 65; o De la Oliva Santos, “Sobre la inefi
cacia de las pruebas ilícitamente obtenidas”, en Tribunales de Justicia, p. 10.
95
Es la doctrina asumida por el Tribunal Supremo español desde 2017 a partir del famoso caso Falciani,
STS 116/2017, que ha sido confirmada por el Tribunal Constitucional, STC 97/2019.
96
Y, con mayor razón, cuando así se estipula en un texto constitucional, V. Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos, art. 20, apartado A, fracción IX.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 187
de contar con otras respuestas sancionadoras que puedan reforzar el efecto disua
sorio de la regla de exclusión, que viene a sumarse —por cuanto no son incom
patibles— a su indiscutible carácter de regla que respalda la supremacía de los
derechos en el ordenamiento jurídico y, por tanto, también en el marco del pro
ceso penal.
III. Admisibilidad de
la prueba pericial
97
Para una descripción detallada del caso y un análisis al respecto V. Vázquez, De la prueba científica a
la prueba pericial.
98
Para responder a esta cuestión, V. Schauer, “Is Expert Evidence Really Different?”, en Notre Dame Law
Review; a su vez, Schauer se pregunta si la prueba pericial es diferente del resto de elementos de juicio
en el sentido en que se generan más riesgos para su sobrevaloración y, por ello, su admisión debe ser
distinta al resto. Por otra parte, V. Allen, “The Conceptual Challenge of Expert Evidence”, en Law and
Economic Series; donde Allen se pregunta por el encaje de la prueba pericial en sistemas donde las prue
bas deben ser comprendidas, procesadas y deliberadas por quien debe tomar la decisión del caso y, en
este modelo, argumenta que es necesario ir más allá de la admisión.
188 Manual de razonamiento probatorio
El término junk science en EUA fue popularizado por Peter Huber en su obra
Galileo´s revenge: Junk science in the Courtroom. Huber consideraba ahí que la
good science sería la ciencia del consenso y la revisión por pares; mientras que
la junk science sería el “espejismo de la ciencia real, muy parecida en la forma,
pero sustancialmente muy diferente”. Esta suerte de propuesta de Huber supone
que la ciencia tiene ciertas características diferenciadoras de otras áreas o activida
des. Precisamente este supuesto ha llevado la discusión sobre la “ciencia basura” a
la distinción más amplia entre lo que es ciencia y lo que no es ciencia, o el estatus
de cientificidad de determinado conocimiento, método, teoría, etcétera.99 Así,
bajo el presupuesto de que todo lo científico y sólo lo científico es fiable, se su
pone que bastaría con analizar o determinar si un método o conocimiento, etcé
tera es ciencia.
En filosofía de la ciencia se ha debatido desde hace mucho sobre si hay una línea
clara de demarcación que nos permita distinguir la ciencia de la no-ciencia. A esa
empresa se le ha llamado “el problema de la demarcación”. Y actualmente hay un
consenso en catalogarlo como un pseudoproblema,100 pues no sólo no hay una
línea de demarcación que nos permita claramente hacer la distinción que se
buscaba, sino que es un error considerar “ciencia” y “fiabilidad” como términos
coextensivos. En otras palabras, no todo lo que pudiera ser identificado como
99
Cf. Haack, “Six Signs of Scientism”, en Logos and Episteme. Haack, asumiendo una actitud crítica ante
esta cuestión, alude al “cientifismo”, como una actitud deferencialista ante aquello que se presenta como
científico.
100
V. al respecto, Laudan, “The Demise of the Demarcation Problem”, en Physics, Philosophy and
Psychoanalysis. También V. un análisis de Laudan sobre un caso anterior a Daubert en donde se discute
sobre la cientificidad del conocimiento materia de un proceso judicial. Laudan, “Science at the Bar:
Causes of Concern”, en Science, Technology & Human Values.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 189
La otra línea argumental para implantar una etapa de admisibilidad más exigente
fue la protección al jurado lego de sus malas decisiones respecto el conocimiento
científico. Bajo el presupuesto de que los jurados son incapaces de valorar ade
cuadamente el conocimiento experto, se dice, hay que protegerlos evitando que
escuchen aquel de nula o baja calidad. Y, para ello, se pueden identificar al menos
tres estrategias:
101
Recientemente se ha traducido al castellano un fantástico trabajo de Haack donde desarrolla sus
argumentos para no considerar que cientificidad y fiabilidad son términos coextensivos. V. Haack, “El
largo brazo del sentido común. En lugar de una teoría del método científico”, en Ciencia y Justicia.
El conocimiento experto en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Suprema Corte de Justicia de la Nación.
102
Un ejemplo al respecto que ha sido históricamente debatido en los tribunales son los llamados “de
tectores de mentiras”, en muchos países la jurisprudencia ha prohibido su uso como prueba. Un trabajo
que describe el tratamiento jurídico de estos instrumentos en diversos sistemas jurídicos es el de Villa
marín, Neurociencia y detección de la verdad y del engaño en el proceso penal. El uso del escáner cerebral
(fMRI) y del brainfingerprinting (P300). Vale la pena notar que hay distintos detectores, desde los viejos
instrumentos de medición de meras respuestas fisiológicas hasta los modernos instrumentos supuesta
mente basados en la neurociencia que registran ciertos movimientos cerebrales.
190 Manual de razonamiento probatorio
Si, en opinión de los legisladores, una cierta categoría de elementos de juicio suele
inducir al jurado a error, ellos están facultados para exigir o permitir que tales
pruebas se mantengan fuera del alcance de los jurados. Éste es un ejemplo de lo que
llamo paternalismo epistémico. […] El tribunal sustituye con su propia expecta
tiva sobre el error del jurado la expectativa del jurado mismo.105
103
Vale la pena llamar la atención sobre el hecho de que en sistemas que obligan al juzgador a motivar
sus decisiones, la supuesta contaminación aún podría ser controlable sin necesidad de excluir elemen
tos de juicio por ello. Esto obviamente presupondría un correcto funcionamiento de la motivación, es
decir, que de hecho las personas juzgadoras justifiquen sus decisiones y no que únicamente expliquen
el íter mental que los llevó a tomar una decisión o, peor aún, que únicamente hagan una especie de
resumen con el contenido, las pruebas, etcétera.
104
Para un análisis exhaustivo y también crítico del paternalismo, V. Maniaci, Contra el paternalismo
jurídico.
105
Cf. Goldman, “Epistemic Paternalism: Communication Control in Law and Society”, en Journal of
Philosophy, passim.
106
Cf. Dei Vecchi, “A modo de colofón: De la ciencia a la teoría general de la prueba jurídica, pasando
por la prueba pericial”, en Anuario de la Sociedad Chilena de Filosofía Jurídica y Social, pp. 115 y ss. Dei
Vecchi desarrolla esta crítica a Goldman.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 191
La tercer y última línea argumentativa para implantar una etapa de admisión más
exigente para la prueba pericial tiene que ver propiamente con el diseño normati
vo del sistema estadounidense, concretamente con que en el pretrial las partes
tienen la llamada carga de producción de pruebas. Esta estructura supone la divi
sión de funciones del juez profesional y del jurado, donde el primero se encarga
de las cuestiones de derecho y el segundo de las cuestiones de hecho.108 Siendo
107
Un estudio interesante es el de Freckelton, et al., donde muestran cómo la formación que tienen los
ciudadanos impacta en el desempeño de los jurados, que son una muestra de aquellos. Por lo que los es
tudios que pudieran hacerse sobre la capacidad de los jurados para decidir racionalmente con ciencia
dependen también de esta variable. Así, por ejemplo, en Australia el 74,1% de los jurados que fueron
encuestados en el estudio referenciado tenía conocimientos en ciencias o matemáticas gracias al énfa
sis en dichas áreas en la educación básica. V. Freckelton, Goodmanm, et al., Expert Evidence and Criminal
Jury Trials.
108
Aquí vale la pena ir con cuidado, dado que, como afirman Allen y Pardo, entre otros, no hay una
distinción nítida entre ambas cuestiones. Allen y Pardo, “The Myth of the Law-Fact Distinction”, en
Northwestern University Law Review, p. 1770.
[s]ólo hay diferencias pragmáticas. [… L]o que inició como una defensa de una distinción “analítica”
entre el derecho y los hechos acabó en la disolución de toda diferencia, dado que toda determinación
de los hechos es implícitamente una determinación normativa y, por ello, en ese sentido, jurídica. Esto
192 Manual de razonamiento probatorio
Para entender mejor es necesario fijarnos en un panorama más amplio del siste
ma estadounidense, concretamente la suma de su adversarialismo, el discovery,
no significa que la distinción doctrinal entre `derecho´ y `hechos´ no sea importante; sólo significa que
debe ser decidida de manera funcional y no por referencia a supuestas diferencias ontológicas, episte
mológicas o analíticas entre dichos conceptos.
109
En los procesos civiles estadounidenses el estándar de prueba es la preponderancia de las pruebas.
En los casos donde estaba en juego la prueba de una causación específica, desde 1982 en el caso Cook
vs. United States, tal estándar se ha interpretado como “un incremento del riesgo en más del doble”.
Es decir, si tomamos como ejemplo el caso Daubert, diríamos que se tenía que probar que la ingestión
materna del Bendectin aumentó en más del doble la probabilidad de que los niños hubiesen nacido
con defectos congénitos. Para un análisis muy detallado sobre estas cuestiones, V. Haack, “Risky Business”.
en Causalidad y atribución de responsabilidad.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 193
los pre-hearings y la concentración del juicio oral en una sola audiencia. Si bien
es cierto que, qua sistema adversarial, las partes tienen el control de la informa
ción con la que se tomarán las decisiones, más importante aún es que tienen
mecanismos para acceder a la información que consideran relevante para defender
su caso y que ésta debe ser presentada no sólo resumidamente en los escritos
correspondientes, sino que es explicada en una audiencia ante el juez profesio
nal, quien tiene discrecionalidad para gestionar esta etapa procesal de manera tal
que luego pudiese ser posible —fáctica y racionalmente— la concentración de
todo el caso en una sola audiencia para su decisión final. Todos los mecanismos
e incentivos anteriores, en su conjunto, suelen tener como resultado un cúmulo de
información lo suficientemente amplio como para que la persona juzgadora de la
causa pueda decidir racionalmente la satisfacción de la carga de producción de
pruebas y si el caso continúa o no a la siguiente etapa procesal.
¿Qué pasa en los sistemas con una dinámica diversa, donde no hay cargas de
producción acompañadas por un mecanismo de descubrimiento de información
relevante entre quienes tienen la facultad —y obligación— de presentar las prue
bas o, dónde aun habiéndolos, es deficiente la información que se presenta o
donde el ejercicio de las facultades probatorias de la persona juzgadora puede
impactar seriamente en los planteamientos o estrategias de defensa de las partes?
La respuesta sería que establecer una admisibilidad de pruebas rígida resultaría
sumamente peligrosa, pudiendo potencialmente dejar sin prueba o sin caso a las
partes, por lo que no sería aconsejable en términos abstractos.
Una vez que hemos visto las tres líneas argumentales sobre la implementación de
una etapa de admisión más rígida, veamos ahora cuáles son los criterios que la
Corte estadounidense dictó en el caso Daubert y que, además, han sido también
usados en algunas tesis de la SCJN, aunque trasplantados como criterios de valo
ración, no de admisión.110
110
La jurisprudencia de la SCJN introdujo los criterios Daubert en la contradicción de tesis 154/2005-
PS. Es curioso advertir que la litis del caso resuelto por la Corte era la constitucionalidad de dictaminar
como medida de apremio una prueba pericial de ADN en un caso en el que el demandado en un juicio
de reconocimiento de paternidad se negara a hacerse dicha prueba. Por ello no es claro la relevancia de
la pregunta que se plantea la Corte al introducir estos criterios, “¿qué tipo de hallazgos científicos pue
den aceptar los jueces?”
194 Manual de razonamiento probatorio
El caso Daubert fue resuelto por la Corte Suprema estadounidense en 1993, quien
lo atrajo para resolver cuáles debían ser los criterios de admisión que deberían
observarse en materia de prueba pericial. No hay que olvidar que estamos ha
blando de una cuestión de derecho y que, por tanto, se buscaba dar cierta segu
ridad jurídica sobre los criterios de admisión que iban a aplicarse en los juicios
federales, lo que no era nada claro.111
Una de las primeras decisiones que explicitó la Corte es que la decisión de admi
sión debía concentrarse en los principios y la metodología subyacentes a la prue
ba en cuestión y no en sus conclusiones. Este punto es importante sobre todo
para quienes han trasplantado los criterios Daubert a la valoración de la prueba
pericial suponiendo que con ellos se satisface tal tarea. Es importante porque
ninguno de los cuatro criterios nos informa sobre cómo ha sido aplicado un método
o técnica al caso concreto y, al ser ésta una cuestión fundamental en la valoración
de la prueba pericial no puede obviarse. En efecto, un método o técnica tan am
pliamente fiable como los empleados en las pruebas de ADN pudiesen ser apli
cados de forma equivocada y, por tanto, no ameritar ningún valor probatorio pese
a su validez y fiabilidad genérica.
111
Había una suerte de controversia sobre los criterios aplicables dada la promulgación de las Federal
Rules of Evidence y en las que nada se decía sobre la “aceptación general de la comunidad experta” que
estaba siendo usado como criterio de admisión. Para más detalles de este debate V. Vázquez, op. cit.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 195
presión sanguínea y, por tanto, había que medirla.112 ¿Qué es lo que se pretende
medir? Que alguien miente o dice la verdad, entonces: ¿el aumento de la presión
sanguínea nos informa algo al respecto? No, el instrumento empleado sólo mide
la presión sanguínea y es el sujeto que lleva a cabo el análisis quien infiere a partir
de ello si una persona miente o dice la verdad. No es pues un instrumento válido
para medir si alguien miente; y, por tanto, ya no podemos preguntarnos cuán
bien lo mide.
112
En nuestro país, se siguen empleando los viejos detectores de mentiras en las llamadas “evaluaciones
de control de confianza” y tal uso ha sido avalado por la SCJN como constitucionalmente válido. Cf. SCJN,
Primera Sala, Amparo en Revisión 83/2015. En tal decisión se dice, no obstante que su “falibilidad,
desde un punto de vista aislado, hace que el contenido de los dictámenes relativos constituyan un mero
indicio para evaluar la conducta de los sujetos examinados, pero de ningún modo son elementos deci
sivos, y mucho menos el único que pueda dar soporte constitucional a la determinación de la autoridad
de separar al servidor público de su cargo; toda vez que, se insiste, su valoración se adminicula con
otras evaluaciones, a saber, la patrimonial y de entorno social, psicométrica y psicológica, médica y
demás que establezcan las normas aplicables”.
No se especifica qué información se toma en cuenta para pronunciarse sobre su fiabilidad y menos aún
se dice cuán fiable está siendo considerado un detector de mentiras. No puedo dejar de enfatizar la
existencia de varios estudios empíricos que cuestionan incluso su validez científico-técnica, con inde
pendencia de lo que resuelva cualquier tribunal.
113
En México tenemos un buen ejemplo de ello (aunque también es una experiencia tragicómica) con
los llamados Detectores Moleculares GT200 (popularmente conocidos como “la ouija del diablo”). Que
son una suerte de pistolita con una antena giratoria que fue utilizada por el ejército mexicano para su
puestamente detectar e identificar drogas y explosivos. En octubre de 2011 se llevó a cabo un experi
mento doble ciego para comprobar su eficacia y resultó que, en diecisiete de veinte intentos, “el GT200
falló en las más de 1.600 píldoras de anfetamina y cuatro balas escondidas en una caja de cartón elegida
al azar de entre ocho cajas idénticas distribuidas en un salón de baile de 90m20m”. No obstante, con
esos aparatos inválidos y no fiables se encarceló a ciudadanos. Cf. “Effectiveness of the GT200 Molecular
Detector: A Double-Blind Test”, en IEEE Technology and Society Magazine, p. 1.
196 Manual de razonamiento probatorio
La Corte hizo una matización nada desdeñable sobre estos cuatro criterios. Dijo
que se trataba de una mera recomendación o sugerencia; y, por tanto, explícita
mente señaló la posibilidad de usar cualquier otro criterio emitido por los tribunales
estadounidenses115 o propuesto por la literatura jurídica.116 Se apuntó, entonces,
que el listado no era exhaustivo ni definitivo, sino ilustrativo y flexible.
114
La Corte consideró que una técnica que sólo contase con una aceptación mínima en la comunidad
de referencia tendría que verse con escepticismo (Cf. Supreme Court, 509 U.S. 579, 113 S. Ct. 2786,
p. 81). Sin embargo, se puede observar una ligera modificación cuantitativa entre el criterio Frye de la
“aceptación general en la comunidad de referencia” y el criterio de “una amplia aceptación de la comu
nidad” del caso Daubert.
115
Como un ejemplo se puede citar, entre tantos otros, el caso Christophersen vs. Allied – Signal Corp, 939
F.2d 1106, donde se alegaba que la exposición al níquel había causado el mortal cáncer de colon del
esposo de la actora. En ese caso, el tribunal formuló cuatro criterios para valorar la admisión de pruebas
científicas: a) la cualificación del perito como experto; b) si los hechos considerados por el experto son
del mismo tipo de hechos que considerarían otros expertos en la materia; c) si para llegar a su conclu
sión el experto empleó una metodología bien fundada; y d) el perjuicio que su potencial valoración
inadecuada pudiera causar.
116
Explícitamente la Corte citó, por un lado, el “Weinstein´s Evidence Manual” de Weinstein y Berger,
donde se sugieren como criterios de admisibilidad: La aceptación general de la técnica empleada; la
preparación del experto y su nivel académico; el uso de la técnica en el caso concreto; el potencial rango
de error; la existencia de literatura especializada; su grado de innovación o novedad, y la dependencia de
los resultados de la interpretación subjetiva del experto. Y, por otro lado, citó el título “Scientific Evidence:
Defending a New Approach to Admissibility” de McCormick, sugiriendo como criterios: el grado poten
cial de error de la técnica empleada; la existencia y el cumplimiento de estándares durante su uso; la
existencia, dentro de las características de la técnica, de ciertas precauciones; su analogía con otras
técnicas científicas cuyos resultados son admisibles; la aceptación de la técnica en su correspondiente
comunidad científica; la naturaleza y amplitud de la inferencia realizada; la claridad y simplicidad con
las que la técnica es descrita y sus resultados explicados; la posibilidad de que el tribunal y el jurado
puedan verificar los basic data; la viabilidad de que otros expertos puedan probar y evaluar la técnica;
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 197
Los cuatro criterios Daubert han sido interpretados de maneras muy diversas
por los distintos tribunales estadounidenses —y traducidos también de distin
tas maneras a diversos idiomas por tribunales y estudiosos del derecho de otros
sistemas—.117 Sin embargo, hacer aquí un recuento de todo ello, además de so
brepasar los límites de este trabajo, es de poco interés para nuestros objetivos.
Si queremos considerar la potencialidad de Daubert como criterios de admisión
que valoran la calidad de las pruebas periciales, resulta más relevante analizar
brevemente cada uno de los criterios que lo conforman.
El primer criterio Daubert, “si la teoría puede ser (y ha sido) sometida a prueba”, ha
sido considerado como un criterio eminentemente filosófico; incluso porque la
Corte hizo varias citas a filósofos de la ciencia. Una de sus citas principales fue Karl
Popper y, por ello, se ha interpretado como un criterio popperiano que aludiría
a la posibilidad de que las teorías científicas sean refutadas mediante enuncia
dos contrastadores.118 Pero ello supondría un problema puesto que Popper sólo
se compromete con algún tipo de potencial sometimiento a prueba y no con una
justificación epistémica vigente, para lo cual sería necesario algún tipo de juicio
retrospectivo sobre la hipótesis o la teoría o la afirmación respectiva. Por ello, la
apelación a Popper en el ámbito probatorio podría tener como consecuencia que
una prueba que bajo dicho criterio fuera considerada científica debiera ser admi
tida como tal aun cuando se demuestre de hecho falsa o cuando ni siquiera se
tenga información sobre si de hecho superó, o no, los test a los que fue sometida
en el área de conocimiento correspondiente.119
su valor probatorio en las circunstancias del caso; y la corrección que observó el experto en la aplicación
de la técnica.
117
En México, en la jurisprudencia 154/2005-PS, fueron traducidos como: “Que la evidencia científica
sea fidedigna, esto es, que se haya arribado a ella a través del método científico, para lo cual se requiere,
generalmente, que la teoría o técnica científica de que se trate:
a. Haya sido sujeta a pruebas empíricas, o sea, que la misma haya sido sujeta a pruebas de refutabilidad;
b. Haya sido sujeta a la opinión, revisión y aceptación de la comunidad científica;
c. Se conozca su margen de error potencial, y
d. Existan estándares que controlen su aplicación.”
118
Para una crítica a la utilidad de este criterio para los fines de la Corte, V. Haack, Filosofía del derecho…
cit, pp. 203 y ss.
119
Peor aún, la filosofía de la ciencia de Popper resulta inadecuada para lo que se pretende porque él
explícitamente afirma que el grado de corroboración de una teoría no dice nada acerca de su fiabilidad.
198 Manual de razonamiento probatorio
La cita de Popper quizá podría reconstruirse con el giro que también se ha señalado
en su propia teoría, pensando más bien en el “carácter empírico” de los enuncia
dos. Así, jurídicamente diríamos que una prueba científica debería admitirse
cuando pueda tenerse información empírica sobre su verdad o falsedad.120 Como
bien señala Haack, considerar si el testimonio ofrecido ha sido sometido a alguna
prueba es un buen criterio cuando el supuesto experto no ha hecho esfuerzo algu
no para comprobar o demostrar la solidez de sus afirmaciones.121 En este sentido,
serviría como una especie de recordatorio para que las personas juzgadoras, en
el hipotético caso de lo que no lo hubiesen considerado, exijan al perito que fun
damente empíricamente sus afirmaciones.122
Además, también dice que el hecho de que una teoría hubiese sido corroborada, incluso ampliamente,
nada dice sobre su verdad, ni siquiera sobre su probabilidad. Y el grado de corroboración en un tiempo
dado depende del número y la severidad de los test a los que fue sometida para falsarla, por lo que la
corroboración sería únicamente un reporte del pasado. Cf. Popper,” Objective Knowledge. An Evolu
tionary Approach”, en Conocimiento objetivo, pp. 2934.
120
El problema que surge aquí, al menos al interior de la teoría de Popper, es que utilizaba el término
“prueba” (e “investigación” y “conocimiento”) sin referencia alguna a la verdad. Cf. Haack, Evidence and
inquiry… cit., p. 97.
121
Ibid., p. 171.
122
Empíricamente, no teóricamente; es decir, no se trata sólo de que los peritos expliquen sus supuestos
fundamentos, sino que presenten información empírica sobre el funcionamiento actual de lo que afir
man. Sobre este punto, véase Vázquez, op. cit., pp. 198 y ss.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 199
Pero, más allá de lo anterior, las publicaciones permiten hacer públicas las ideas,
los métodos, las teorías que desarrolla un investigador, y esa publicidad, en el
mejor de los casos, permitiría que otros expertos se pronunciasen sobre lo publi
cado o incluso buscasen reproducir lo que aquel dice haber hecho. Cuando ese
control público sucede, su importancia es mayor que la mera revisión por pares,
sobre todo cuando se trata de un público extenso y especializado. Así pues, es lo
que sucede después de la publicación lo que nos brinda más y mejor información
sobre la calidad de lo afirmado en ésta:123 ¿qué críticas ha recibido la publicación en
cuestión que, por ejemplo, revelen errores o defectos metodológicos? ¿existen otras
publicaciones que confirmen, los experimentos realizados?, etcétera.
Ahora bien, todo lo anterior, evidentemente tiene lugar al interior del área de
conocimiento misma, son los propios expertos quienes tienen un mejor acceso a
esta información y quienes son capaces de valorar las consecuencias respectivas.
Pero ¿es útil para la valoración judicial de la calidad de las pruebas periciales?,
¿cómo podría un lego, como el juez, evaluar las consecuencias de tales críticas
para las afirmaciones del experto?
123
Para un desarrollo estupendo sobre este punto Cf. Haack, Filosofía del derecho… cit, pp. 237 y ss.
124
Como afirma Mayo, en el contexto del conocimiento experimental, conviene “aprender cuáles son
los diferentes tipos de error, qué es lo que específicamente se aprende cuando se reconoce un error,
200 Manual de razonamiento probatorio
En todo caso, una tasa de error cuantitativa tiene dos valores: la tasa de error de
falsos positivos —consistente en la posibilidad de que una prueba dé un resul
tado positivo cuando debió ser negativo— y la tasa de falsos negativos — la posi
bilidad de que una prueba dé un resultado negativo cuando debió ser positivo—.
Si usamos como ejemplo la identificación de las huellas dactilares, un falso positivo
ocurriría si mediante una técnica concreta se concluye que dos huellas tienen
una misma fuente pero, de hecho, no la tienen; y un falso negativo ocurre si me
diante la técnica concreta en cuestión se concluye que las dos huellas no tienen
una misma fuente cuando, de hecho, sí la tienen.127 Para obtener la ratio respectiva
habría que hacer una operación consistente en dividir los falsos positivos entre el
número de muestras comparadas que tienen fuentes diferentes; y los falsos nega
tivos entre el número de muestras comparadas que tienen fuentes coincidentes.
cómo se identifica precisamente cuándo es culposo, cómo crece nuestra habilidad para detectar y corregir
errores, y cómo está relacionado este conocimiento con el crecimiento del conocimiento científico”;
Cf. Mayo, Error and the Growth of Experimental Knowledge, xii. O, en el propio contexto de las pruebas
periciales, la National Academy of Science estadounidense en su Report on Forensic Science, p. 188,
afirma: “una agenda de investigación completa debe incluir estudios para establecer las fortalezas y limi
taciones de cada procedimiento, fuentes de sesgos y variación, cuantificación de las incertezas creadas
por estas fuentes, mediciones del rendimiento, los pasos procedimentales en el proceso de analizar
pruebas forenses y los métodos para continuar monitoreando y mejorando los pasos de tal proceso”.
125
A ello “colaboran” también algunos peritos que caen en esto.
126
Cf. Meixner y Seidman, “The Hidden Daubert Factor: How Judges Use Error Rates in Assessing
Scientific Evidence”, en Wisconsin Law Review, p. 1070.
127
Según el informe del PCAST, en las impresiones latentes “la tasa de falsos positivos pudiera llegar a ser
tan alta como de 1 error cada 306 casos de acuerdo con el estudio del FBI y de 1 error cada 18 casos
según un estudio realizado por otro laboratorio criminalístico”.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 201
sobre todo, no respecto el uso que hace cada uno de esos sujetos de la técnica en
análisis —aunque esto también podría medirse, es comprensible que las áreas de
conocimiento se ocupen menos de ello—. Desgraciadamente, como se ha mos
trado, en las ciencias forenses particularmente,128 este tipo de información empí
rica muchas veces no se tiene, es más, la única información sobre la fiabilidad de
algunos métodos o técnicas periciales parecería ser el hecho de que se ha usado
de forma continuada en los procesos judiciales;129 un hecho que en sí mismo nada
dice sobre su fiabilidad.
128
Dos informes demoledores sobre esto han sido el conocido como NAS report y el PCAST report.
El primero, de 2009, “Strengthening Forensic Science in the United States: A Path Forward” del Committee
on Identifying the Needs of the Forensic Sciences Community, perteneciente al National Research Council
de Estados Unidos. El segundo, de 2016, “Forensic Science in Criminal Courts. Ensuring Scientific
Validity of Features Methods Comparisons” del President´s Council of Advisors on Science and
Technology.
129
Al respecto, V. Edmond, “Cuando el derecho es poco fiable: respuestas jurídicas a la prueba de huellas
dactilares latentes”, en Quaestio Facti.
130
Aunque este gran paso, en el sistema estadounidense, se dio desde 1923 en el caso Frye. Al respecto,
V. Vázquez, op. cit.
131
Esta concepción de la medicina fue adoptada en SCJN, Amparo en Revisión 1049/2017. Se trata de una
muy novedosa decisión en el ámbito de la responsabilidad médica, donde generalmente sólo se alude
a los llamados “documentos de consenso”, que han tenido un gran impacto en la determinación de los
casos, pero sin considerar los fundamentos de dichos documentos. Al respecto, V. Vázquez, “El están
dar de diligencia en la responsabilidad médica. La medicina basada en la evidencia y los patrones vs.
202 Manual de razonamiento probatorio
las circunstancias del acto médico y la expertise”, en Ciencia y Justicia. El conocimiento experto en la
Suprema Corte de Justicia de la Nación.
132
Quesada, Saber, opinión y ciencia, p. 263.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 203
Como puede verse, los criterios Daubert tienen importantes cuestiones que pu
dieran representar un problema para identificar la fiabilidad de los métodos y
técnicas empleados por los peritos. En su mejor versión, no se trata de criterios que
sean directa y fácilmente aplicables como si de una suerte de receta de cocina se
tratase. Aunque no puede negarse que Daubert nos brinda algunas pautas míni
mas, por un lado, sobre el fundamento empírico que deben presentar los exper
tos y la importancia que tiene la comunidad experta para avalar esos fundamentos
empíricos; y, por otro lado, brindan un par de criterios que podrían ser útiles en
algunos casos para algunas pruebas periciales, como las publicaciones o el rango
de error. Pero, más allá de esto, lo que vale la pena resaltar es la incidencia que
esos criterios han tenido en la cultura jurídica y científica del mundo anglosajón,
preocupándose por desarrollar o identificar los fundamentos empíricos corres
pondientes y estableciendo estrategias para la mejora del conocimiento experto
que llega a los tribunales.
Finalmente, para cerrar este apartado, no hay que olvidar que si alguno de estos,
u otros, criterios son considerados adecuados para llevar a cabo una admisibilidad
más rígida, entonces deberían estar previstos explícitamente en el ordenamiento
respectivo, las juezas y los jueces no pueden sacar de su chistera criterios no
previstos legislativamente. Y, precisamente en esa línea, corresponde ahora ver
cuál es la situación en el ordenamiento mexicano.
133
Cf. Faigman, Legal Alchemy: The Use and Misuse of Science in the Law, pp. 62 y 63.
204 Manual de razonamiento probatorio
Ya antes tratamos el tema de la relevancia probatoria, por lo que no hace falta ahon
dar más en ello. No obstante, sí vale la pena insistir en que, para poder juzgar
adecuadamente la relevancia de una prueba pericial se debe contar con informa
ción suficiente sobre el caso que se está presentando y para ello la completitud de
los escritos de las partes es clave. Pero, a su vez, el acceso a la información es fun
damental para que las partes puedan ofrecer escritos lo suficientemente informativos.
134
Tribunal Supremo, Sala 1ª, fundamento jurídico 4º (RJ 1994/848).
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 205
si se ha recurrido a los peritos es, precisamente, porque el Juez no posee los cono
cimientos especializados suficientes para esclarecer la situación concreta por sí; en
tonces no puede, luego que ha conocido las conclusiones del especialista, dejarlas
de lado sin razones válidas.136
A contrario sensu, podría decirse entonces que si la persona juzgadora posee los
conocimientos especializados suficientes no habría que recurrir al perito. Esta
interpretación subjetiva de “necesidad” tiene varios problemas. Uno de ellos es
distinguir entre (i) el juez cree que no la necesita y (ii) el juez de hecho no la nece
sita. Claramente podría darse el caso de que la autoevaluación del juez fuese
errónea, creyendo que no requiere de un experto para tomar la decisión, cuando
en realidad sí lo requiere. Pero hay problemas aún más importantes, ¿esto resulta
compatible con el derecho a la prueba de los ciudadanos?, ¿qué implicaciones
tendría para una potencial segunda instancia?, ¿cómo podrían saber las partes que
ofrecen la prueba pericial si el juzgador la necesitará —cuando al ofrecerla
podrían desconocer quién les juzgará—?
Por todo esto, en mi opinión, condicionar la admisión de una prueba pericial pre
sentada por las partes a las necesidades cognitivas de un juzgador resulta insosteni
ble. En cambio, hay otra forma más prometedora de interpretar dichas necesidades
epistémicas y que pasa por relacionarlas con la actividad o la función de los jueces, no
de un juez concreto, en materia de valoración de las pruebas —tanto en lo indi
vidual como en conjunto—. Y es que cualquier inferencia sobre la verdad o la
falsedad de los hechos debe ser realizada por el juzgador, y no por un perito; por
135
Lo que hace suponer una diferencia con el criterio de relevancia y también con el criterio de la
redundancia.
136
SCJN, Tesis 98/2008.
206 Manual de razonamiento probatorio
ello, debe inadmitirse una prueba pericial sobre la credibilidad de un testigo que
concluye, por ejemplo, que lo dicho por el testigo es verdadero —o falso—.
Por otro lado, las credenciales del experto son una cuestión fundamental que hay
que tener en cuenta para permitir que un tercero participe en el proceso judicial
y, por ende, se deben considerar en la admisión de la prueba pericial y no dejarlas
hasta su valoración. Ello no quiere decir que no se pueda volver a considerar qué
credenciales tiene un experto al valorar la prueba pericial, sino que simple y
sencillamente no puede considerarse hasta esa etapa.
Las siguientes tesis aisladas nos permitirán plantear algunas cuestiones relevan
tes sobre las credenciales de los expertos:
[…] cuando un dictamen sea rendido por un perito, cuyo campo de especializa
ción carezca de vinculación o proximidad con la materia respecto a la cual el dictamen
fue emitido, el mismo carecerá de alcance probatorio alguno, pues de lo contrario
se caería en el absurdo de otorgarle valor demostrativo a la opinión de una persona
cuya experticia carece de una mínima relación con el campo de conocimientos que
el dictamen requiere. Sin embargo, cuando el campo en el que se encuentra reco
nocido como experto determinado perito posea un cierto grado de vinculación con la
materia en torno a la cual versa el peritaje, el mismo podrá generar convicción en
el órgano jurisdiccional, pero ello dependerá del grado de proximidad entre una
materia y la otra, así como de un análisis estricto del contenido del dictamen, esto
es, el mismo podrá tener valor probatorio en la medida en que supere un examen
más escrupuloso de razonabilidad llevado a cabo por el juzgador.137
[…] entre mayor sea el grado de especialización del perito sobre la materia a dictaminar,
mayor será el grado de convicción que puede generar en el juzgador. Sin embargo, si
bien la especialización como cualidad de los peritos, en principio, conlleva la
aportación de conocimientos de mayor calidad científica sobre algún tema en espe
cífico, ello no implica que el juzgador deberá otorgar en automático pleno valor
probatorio a este tipo de dictámenes frente al rendido por alguien que no tenga
137
Tesis: 1a. CCXCIV/2013 (10a.), Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Primera Sala, Décima
Época, registro digital: 2004759.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 207
dicha especialización, ni tampoco que deba negarle cualquier tipo de valor con
victivo a este último, sino simplemente que superada la idoneidad del perito para
ejercer el cargo, entre menor sea la proximidad del grado de experticia con rela
ción al objeto de la prueba pericial, el juzgador deberá realizar un examen más
escrupuloso de razonabilidad sobre dicho dictamen a efecto de determinar su
valor convictivo. Lo anterior resulta aplicable a la pericial médica, pues el solo
hecho de que un dictamen se emita por un médico que no es especialista no im
plica que carezca de valor probatorio, pues en términos del artículo 346 del Có
digo de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, aplicable para la Ciudad
de México, dicho perito, en tanto cuente con un título profesional que lo acredite como
médico, puede emitir un dictamen en materia médica; por lo que ante la concurrencia
de su dictamen con los emitidos por médicos especialistas, el juzgador deberá
realizar un análisis más escrupuloso de razonabilidad sobre el rendido por aquél,
a efecto de verificar que la información brindada resulte útil e idónea para la solu
ción del caso, para lo cual deberá exponer las razones por las cuales considera que
dicho dictamen tiene valor probatorio a pesar de la menor proximidad entre la
capacidad científica del perito y la materia de la prueba; de ahí que el valor pro
batorio de los dictámenes periciales en materia médica no viene determinado
necesariamente por la especialización de los peritos, sino fundamentalmente por
la idoneidad de la información científica aportada y su utilidad para la solución de la
controversia, lo cual deberá valorar el juzgador en cada caso concreto.138
Ambas tesis hacen muy bien en señalar que uno de los puntos clave de la valoración
de la prueba pericial son las afirmaciones del experto, más allá de las credenciales
que le acreditan. No obstante, también se introduce un criterio bastante proble
mático con las referencias a “la proximidad del grado de experticia con relación
al objeto de la prueba pericial” o, peor aún, a una “mínima relación con el campo
de conocimientos”. Me parece que estos criterios están confundiendo el “ser exper
to” y “tener un título” cuando, en realidad, son cuestiones diferentes.
Es innegable que en nuestras sociedades actuales los títulos son la manera habi
tual de atribuir expertise en función de la formación recibida y las evaluaciones
138
Tesis: 1a. XXX/2018 (10a.), Gaceta del Semanario Judicial de la Federación, Primera Sala, registro
digital: 2016484.
208 Manual de razonamiento probatorio
realizadas, pero ese juicio o decisión de atribución no sólo tiene limitaciones, sino
que, además, puede estar equivocado. Es decir, es perfectamente posible atribuir
expertise a quien no es realmente un experto. ¿Qué es pues “ser experto”? Ser ex
perto es una propiedad disposicional, es saber cómo llevar a cabo cierto tipo de
actividades, no sólo poseer un conjunto de conocimientos proposicionales
—saber que—.139 La expertise de un sujeto, entonces, se articula en un cúmulo
de proposiciones, pero también de habilidades o capacidades no necesariamente
explícitas en principios o teorías.
Si aceptamos que ser experto es una facultad disposicional, entonces ser experto
no es reducible a ningún criterio formal consistente en calificaciones, credencia
les o acreditaciones. Ahora bien, ¿cómo entonces podemos identificar quién es
experto? Fundamentalmente a través de una especie de historial sobre la actualiza
ción de su propiedad disposicional en casos pasados, en la resolución de proble
mas que le fueron presentados, etcétera. Por supuesto, esto conlleva más trabajo
en la identificación de un experto que el simple paso de pedirle su título.140
139
Un ejemplo clásico de la distinción entre saber qué y saber cómo es el andar en bicicleta. Es posible
que un individuo tenga todos los conocimientos sobre las partes de una bicicleta, los movimientos que
se deben hacer y los que no se deben hacer, los músculos que trabajan al realizar tal actividad, etcétera,
pero bien podría no saber andar en bicicleta; o tener conocimientos sobre cómo se lleva a cabo una
cirugía y ser un buen cirujano, aunque, claramente, un individuo sin conocimientos proposicionales
en cirugía no podría ser un buen cirujano. El cirujano debió adquirir conocimiento proposicional du
rante su formación profesional o mediante sus propias inducciones y observaciones, pero también hubo
de adquirir en la práctica un gran número de habilidades. Por ello, se afirma que para adquirir estas
capacidades es necesario tener alguna aptitud proposicional; aunque bien es cierto que de la actualización
de esas capacidades no se infiere la actualización de sus aptitudes proposicionales. V. Ryle, The concept
of mind.
140
En esta línea podríamos constituir historiales de los peritos sobre sus actuaciones en casos pasados
o atender a dichas actuaciones. De hecho, por ejemplo, el Código General del Proceso colombiano en su
artículo 226, que regula el contenido de los dictámenes periciales, establece que los expertos deben
declarar:
(5) La lista de casos en los que haya sido designado como perito o en los que haya participado en la
elaboración de un dictamen pericial en los últimos cuatro años. Dicha lista deberá incluir el juzgado o
despacho en donde se presentó, el nombre de las partes, de los apoderados de las partes y la materia
sobre la cual versó el dictamen. (6) Si ha sido designado en procesos anteriores o en curso por la misma
parte o por el mismo apoderado de la parte, indicando el objeto del dictamen. (8) Declarar si los exáme
nes, métodos, experimentos e investigaciones efectuados son diferentes respecto de los que ha utilizado
en peritajes rendidos en anteriores procesos que versen sobre las mismas materias. En caso de que sea
diferente, deberá explicar la justificación de la variación.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 209
Esta diferencia entre “ser experto” y “tener un título” podría dotar de sentido a la
idea de que “en tanto cuente con un título profesional que lo acredite como mé
dico, puede emitir un dictamen en materia médica”, aunque nos lleva por un
camino muy diferente al planteado por la tesis aislada. Claramente, hay conocimien
tos médicos que un médico general y un médico especialista podrían compartir;
podría ser el caso que el primero tuviera experiencia en cierto tipo de casos o
actos médicos que ordinariamente trata el especialista y, por tanto, tener algún
nivel de expertise en esa cuestión concreta. Pero, entiéndase bien, no es el mero
hecho de tener una titulación compartida lo que haría razonable que admitiéra
mos el testimonio de un médico general, sino que es experto en ese tipo concreto
de casos o actos médicos. Por ello, debería acreditar no que tiene un título en
medicina, sino su historial en esas cuestiones más concretas.
Distinguir entre “ser experto” y “tener un título” también nos permite criticar la
asunción del criterio que dice que “la especialización como cualidad de los peri
tos, en principio, conlleva la aportación de conocimientos de mayor calidad
científica sobre algún tema en específico”. ¿Cuál es la crítica? Si el criterio está
considerando la titulación, de ninguna manera se sigue que esa atribución de
expertise conlleve la aportación de conocimientos de mayor calidad. Mucho menos
en los tiempos actuales donde las llamadas “universidades patito” desafortunada
mente tanto han crecido en nuestro país; instituciones que ofrecen una formación
de baja o nula calidad en su oferta de enseñanza. Pero no solamente hay que
observar las instituciones de educación, también el graduado pudo haber hecho
pocos esfuerzos para ser genuinamente un experto en su área. Sea como sea, del
mero hecho de tener una especialización, no podemos inferir la calidad de quien
ejerce esa especialización.
Un tercer punto digno de comentar sobre los criterios antes citados es la “valora
ción reforzada” del dictamen que se exige al juzgador cuando la proximidad del
grado de experticia fuera menor. Textualmente se dice “el juzgador deberá realizar
un examen más escrupuloso de razonabilidad sobre dicho dictamen a efecto de
determinar su valor convictivo”. Más allá de preguntarnos qué significa que un
dictamen sea razonable, antes habría que ver cuán informativos son los dictáme
nes que llegan al proceso judicial e incluso atender a los extremos del peritaje
210 Manual de razonamiento probatorio
A. las hipótesis y los hechos materiales en los que se basa cada una de las
opiniones expresadas en el informe (puede adjuntarse una carta de
instrucciones);
C. (si procede) indicar que una determinada cuestión, tema o asunto queda
fuera del ámbito de competencia del perito;
141
Además de la presentación de informes completos, se podrían prever otras herramientas para incen
tivar que en la práctica de la prueba pericial bajo el principio de contradicción se debatan las cuestiones
más sustantivas. Al respecto, V. Vázquez, Manual de prueba pericial, p. 110.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: admisión de pruebas 211
Como el lector puede concluir, esta regulación no sólo acierta en el blanco pi
diendo información detallada sobre los fundamentos que tiene el experto para
afirmar lo que afirma, sino que también insta al experto a limitarse a su ámbito
de conocimiento; a reconocer si y cómo lo dicho, escrito o hecho por otros ha
influido en su razonamiento pericial; e incluso impulsa a explicitar posibles de
bilidades en sus opiniones. Me parece claro que el juzgador que tiene que hacer
un examen escrupuloso de informes periciales con este tipo de contenido, tendría
muchas herramientas para poder llevar a cabo la tarea que se requiere. Además,
no podemos soslayar la obligación que tendría el perito de limitarse a aquello
que es su ámbito de expertise, no de titulación.
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Tesis: 1a. XXX/2018 (10a.), Gaceta del Semanario Judicial de la Federación, Prime
ra Sala, Décima Época, registro digital: 2016484.
Tesis 154/2005PS.
Tesis 98/2008.
Primera Sala
I. Introducción
225
226 Manual de razonamiento probatorio
1
El Código Nacional de Procedimientos Penales atribuye esa función al juez de la etapa intermedia, en
adelante CNPP.
2
Cf. Ramos Méndez, El proceso penal, p. 155.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: principios generales... 227
3
V. Tribunal Constitucional, sentencia 33/2000. Esta sentencia todavía hoy es ampliamente citada.
4
Andrés Ibáñez, “Acerca de la motivación de los hechos en la sentencia penal”, en Doxa. Cuadernos de
Filosofía del Derecho, p. 261.
5
La que limitadamente puede tener lugar en ese momento previo al juicio.
228 Manual de razonamiento probatorio
dimiento— para evitar que pruebas sorpresivas no sean objeto de examen deta
llado por falta de tiempo.6
6
Un análisis más detallado de algunos límites al principio de contradicción en relación con algunas
pruebas personales puede verse en el capítulo séptimo de este manual.
230 Manual de razonamiento probatorio
7
En España, las estipuladas en la Ley Orgánica 19/1994, de 23 de diciembre, de protección a testigos y
peritos en causas criminales; en México, las medidas de protección aludidas en la Ley Federal para la
protección a personas que intervienen en el procedimiento penal, de 8 de junio de 2012.
8
TEDH, Lüdi vs. Suiza, relativo a la ocultación de identidad de un agente policial que actuó como agente
infiltrado.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: principios generales... 231
reservada para evitar que pueda recibir presiones para no declarar o cambiar el
sentido de su testimonio o represalias por haber declarado.9 Es decir, existe en
estos casos un juicio ponderado, motivado y sujeto a revisión, que ha supuesto
la adopción de medidas de protección legalmente previstas —adicionales o no a la
ocultación de la identidad— que pueden levantarse si concurre una modifica
ción en las circunstancias y el órgano judicial considera que debe prevalecer el
derecho de defensa sobre posibles riesgos para la persona que testifica o su fami
lia. En el resto de los casos —confidentes y testigos anónimos, de cuya identidad
nada conoce el órgano judicial— se produce una quiebra del derecho de defensa
difícilmente salvable que los mantiene extramuros de la investigación y de la
sentencia penal, ya que sus declaraciones no pueden alcanzar valor probatorio
alguno.10 El mismo tratamiento ha de recibir quien colabora con una investiga
ción en curso en el seno de una empresa a través de un canal de denuncias que
garantice la confidencialidad. La información obtenida en estos casos habrá
de ser objeto de comprobación, pero en ningún caso tendrá fuerza probatoria.
La razón de ser de esta opción no hay que buscarla sólo en razones de índole garan
tista desconectadas de otro tipo de fines, sino que cuenta también —y creo que,
sobre todo— con un fundamento de índole epistémica: ¿cómo valorar la fiabilidad
de la persona declarante y de su declaración si desconocemos su identidad?
La corroboración es condición necesaria, pero no suficiente para valorar la cali
dad de la información que proporcione. Su coincidencia con elementos que
contribuyen a dicha corroboración puede ser fruto de la casualidad o de la
reconstrucción a posteriori de los hechos, por lo que la valoración de posibles
causas para actuar de manera deshonesta es un requerimiento que debe evaluar
se junto con la corroboración. El TEDH lo ha manifestado con claridad en su
extensa y consolidada jurisprudencia sobre el tratamiento procesal de testigos,
que exige conocer su identidad para permitir a la defensa detectar motivos que
puedan poner en entredicho su fiabilidad.11 Por ello considera imprescindible
—en términos generales respecto de los testigos ausentes, pero es doctrina también
9
Cf. Díaz Maroto y Villarejo, “Algunos aspectos jurídico-penales y procesales de la figura del «arrepen
tido»”, La Ley, p. 7.
10
TEDH, Windisch vs. Austria y Taal vs. Estonia. Por ello, el TEDH ha manifestado que el ámbito natural
del confidente es la fase de investigación. V. también TEDH, Texeira de Castro vs. Portugal y Kostovski vs.
Holanda.
11
TEDH, Brzuszczyski vs. Polonia; Garofolo vs. Suiza y Tseber vs. República Checa.
232 Manual de razonamiento probatorio
aplicable al caso de los testigos anónimos— que se adopten las medidas necesa
rias para permitir el control, al menos judicial, de la fiabilidad de la persona que
declara.12 Ello supone disponer todo lo necesario para que la persona acusada
pueda interrogarle —cuanto esté testificando o en un momento posterior—13 y
que su declaración no sea la única prueba relevante, sino que vaya acompañada
de otras que la corroboren.14
12
TEDH, Avetisyan vs. Armenia.
13
TEDH, Lucà vs. Italia.
14
Tribunal Supremo, 182/2017 y 315/2020.
15
TEDH, Lucà vs. Italia.
16
Cf. Miranda Estrampes, “La declaración del coimputado como prueba de cargo suficiente: análisis
desde la perspectiva de la doctrina del TC (radiografía de un giro constitucional involucionista)”, en
Revista Xuridica Galega, p. 16.
17
V. Alcácer Guirao, “La devaluación del derecho a la contradicción en la jurisprudencia del TEDH”,
en InDret. Revista para el análisis del Derecho.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: principios generales... 233
1. Igualdad de partes
2. Publicidad
18
Ibid., pp. 9 y ss.
19
CNPP, art. 5.
234 Manual de razonamiento probatorio
suerte de acto ritual. En segundo lugar, porque tal práctica parte de una concep
ción desacertada acerca de cómo tienen lugar en realidad los procesos delibera
tivos. Las decisiones en los órganos colegiados no siempre se toman en una única
reunión de los magistrados, sino que en muchas ocasiones son necesarios varios
encuentros en los que se va formando la decisión, no siempre de manera lineal,
sino con avances y retrocesos y con cambios de criterio basados en razones que
no necesariamente van a trasladarse después a la fundamentación de la senten
cia. La publicidad es garantía que debe predicarse del acto de juicio, pero que en
modo alguno debe proyectarse también sobre la formación de la decisión judi
cial, cuya publicidad se garantiza sobradamente mediante la exposición de los
razonamiento jurídicos y fácticos que la sustentan.20
3. Oralidad
El juicio, por definición, se celebra bajo la estricta vigencia del principio de ora
lidad. Prácticamente toda la prueba se va a practicar de manera oral, pues se garan
tiza así una mayor espontaneidad y se ofrecen mayores elementos de juicio
al tribunal que ha de valorarla. La oralidad facilita, además, la inmediación.21
Resulta también, como ya se ha señalado, un presupuesto básico del examen
contradictorio de la prueba. En ausencia de oralidad, el principio de contradicción
no deja de ser un sucedáneo y su efectivo ejercicio resulta comprometido. Lo ante
rior se puede apreciar con la tradicional fórmula de “dar por reproducida” toda
la prueba documental en el acto del juicio oral, evitando su lectura. Andrés Ibáñez
ilustra esta idea con un sugerente pasaje del diálogo platónico de Sócrates con
Fedro. En éste, hacia el final, Sócrates reniega de las palabras escritas, y su plan
teamiento, traído a este contexto, no podría ser más elocuente.
20
Cf. Ibáñez, op. cit., p. 259.
21
Cf. Bachmaier Winter, “Principios de inmediación y confrontation: paralelismos, diferencias y ten
dencias en la prueba testifical”, en Fundamentos de Derecho probatorio en materia penal, p. 285.
236 Manual de razonamiento probatorio
o leerlas creéis que piensan; pero pedidles alguna explicación sobre el objeto que
contienen y os responden siempre la misma cosa. Lo que una vez está escrito
rueda de mano en mano, pasando de los que entienden la materia a aquellos para
los que no ha sido escrita la obra, y no sabiendo, por consiguiente, ni con quién
debe hablar, ni con quién debe callarse. Si un escrito se ve insultado o despreciado
injustamente, tiene siempre la necesidad del socorro de su padre; porque por sí
mismo es incapaz de rechazar los ataques y de defenderse.22
4. Continuidad y concentración
IV. Inmediación
22
Tomo la idea de Andrés Ibáñez, pero la cita literal del pasaje se corresponde con la de la obra de
Platón, Fedro.
23
CNPP, arts. 7 y 8.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: principios generales... 237
24
Cf. Andrés Ibáñez, “Acerca de la motivación… cit”, p. 297.
25
Bachmaier Winter, op. cit., p. 292.
26
Andrés Ibáñez, “En materia de prueba: sobre algunos cuestionables tópicos jurisprudenciales”, en
Quaestio facti, p. 81.
238 Manual de razonamiento probatorio
27
Ley de Enjuiciamiento Criminal, (LECrim), reforma de los arts. 790 y ss., operada por la Ley 41/2015,
de 5 de octubre.
28
En concreto, el Tribunal Constitucional se apoyó en las sentencias del TEDH, Jan Äke vs. Suecia; Fejde
vs. Suecia y Helmers vs. Suecia; caso Ekbatani vs. Suecia; casos Cooke vs. Austria y Stefanelli vs. San Marino;
caso Constantinescu vs. Rumanía y caso Tierce y otros vs. San Marino.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: principios generales... 239
Bibliografía
29
Cf. Ibáñez, op. cit., p. 59; Barreiro, “Las sentencias absolutorias y los límites del control del razo
namiento probatorio en apelación y casación (STC 167/2002)”. Jueces para la Democracia, pp. 79 y 80.
30
Entre otras muchas, en las sentencias del Tribunal Constitucional 1/2020; 88/2013; 146/2017.
240 Manual de razonamiento probatorio
Del Moral García, A., “Justicia penal y corrupción: déficits, resultados, posibili
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La conformación del conjunto de elementos de juicio: principios generales... 241
I. Introducción
245
246 Manual de razonamiento probatorio
En los últimos años, la ciencia y diversos estudiosos del derecho han ofrecido
resultados empíricos y argumentos sólidos que nos llevan a repensar cuál es la
mejor manera de desahogar la prueba pericial o la prueba testifical. Contrario a
lo hecho por el legislador mexicano, se sugiere tratar de manera diferente a peri
tos y testigos, tomando en consideración sus claras y relevantes diferencias. En la
prueba pericial, el perito viene a exponer el razonamiento inferencial que sobre
el caso ha realizado; en la prueba testifical, en cambio, el testigo no viene a expo
ner las inferencias que ha realizado, sino que acude exclusivamente a relatar lo
que vio, lo que oyó, lo que presenció. Como veremos, esa diferencia marca im
portantes pautas para uno y otro tipo de prueba: una de ellas es que la práctica
de la prueba pericial debe hacerse teniendo en mente el objetivo de conocer
su fiabilidad; y, en cambio, la práctica de la prueba testifical debe hacerse de tal
manera que logremos proteger cierta fiabilidad del testimonio —su exactitud—.
Otra diferencia relevante es que las entrevistas e interrogatorios a las que es so
metido un testigo antes del juicio oral son potenciales factores de distorsión de
la memoria y, por ello, deberíamos atenderlos a efectos de valorar la exactitud
de un recuerdo. En cambio, los expertos pueden sufrir sesgos cognitivos que
impactan en su proceso de razonamiento, por ejemplo, por su contacto con cier
ta información.
Incluso paradójicamente, puede decirse que si hay algo que comparten la prueba
pericial y la prueba testifical es que la valoración judicial de ambas ha girado en
torno al sujeto —quién o cómo es el perito o el testigo— cuando debería centrarse
en las afirmaciones que hacen. Este punto es relevante para empezar el abordaje de
la práctica de estos elementos de juicio, pues tener claro el objeto de valoración
nos ayudará a plantear las estrategias para obtener la información relevante que
permita llevar a cabo la tarea judicial.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: la práctica... 247
Hay que decir que lo anterior supone una relación del principio de contradic
ción con la fiabilidad de la prueba pericial; pues la contradicción constituye una
herramienta no sólo para conocer o identificar mejor la calidad de este elemento
de juicio, sino también para someter a más controles lo hecho y dicho por el
experto.1 Todo ello de ninguna manera obsta a su faceta como garantía procesal
de las partes, tal como dice la siguiente tesis en materia penal:
1
Esto, como se verá más adelante, no es así cuando se trata de la prueba testifical. Por el contrario, las
intervenciones que se hagan pueden dañar la memoria creando “falsos recuerdos” o declaraciones que,
pese a ofrecer más información, son también menos exactas.
248 Manual de razonamiento probatorio
El principio de contradicción que rige el sistema penal acusatorio tiene por objeto
garantizar que las partes procesales tengan igualdad de oportunidades ante el
juez, acorde con la etapa procesal en que se desarrollen; para presentar y argumentar
sus casos en los que se sustente la imputación o la defensa, apoyados en los datos
que consideren pertinentes y conducentes, lo cual permitirá al juzgador imponerse
directamente de los puntos de vista opuestos, en relación con las teorías del caso
formuladas tanto por el Ministerio Público como por el imputado y su defensor.2
Tal criterio parece sugerir precisamente la doble faceta del principio de contra
dicción: como garantía procesal fundamental de las partes y como herramienta
cognoscitiva de las personas juzgadoras.3 Obviamente, el correcto funcionamiento
de esas facetas dependerá en buena medida del trabajo que hagan los abogados
y las abogadas, quienes, idealmente, como dice Taruffo, “deberían poder influir
sobre la decisión, en la medida en que someten al juez hipótesis racionales, aun
que obviamente distintas, de valoración de pruebas”.4 Ahora bien, todo esto se
pierde en la medida en “que la contradicción entre las partes se transforma en
una lucha sin exclusión de golpes o en un ejercicio de retórica dirigido a influir
en el juez más que a someterle a argumentos racionales”.5 Por eso, es dable decir que
el contradictorio requiere de buenos abogados, capaces de presentar argumentos
sólidos ante el juez.6
2
Tesis: 1a. CCL/2011 (9a.), Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Primera Sala SCJN, Décima
Época, registro digital: 160186.
3
Sobre este doble aspecto en materia civil V. Taruffo, La prueba de los hechos; Taruffo, Simplemente la
verdad: El juez y la construcción de los hechos; y Gamba, “Contraddittorio, principio del (Diritto processuale
civile)”, en Enciclopedia del Diritto. En materia penal. V. Ubertis, Prova e contradditorio; y Ubertis, “Contra
dditorio e difesa nella giurisprudenza della Corte europea dei diritti dell´uomo: riflesi nell´ordinamento
italiano”, en Cassazione penale. En general, para un desarrollo del tema V. Ferrer, Valoración racional de la
prueba y Tuzet, Filosofia della prova giuridica.
4
Taruffo, La prueba… cit, p. 434.
5
Ibid., p. 435.
6
V. un reciente estudio del CEJA, El ejercicio de la abogacía en América Latina. En la búsqueda de una
agenda de trabajo, sobre la formación de los abogados en algunos países latinoamericanos, entre ellos,
México. Desafortunadamente, este estudio muestra grandes debilidades en los abogados, en el ejercicio
de la profesión. La conclusión lacerante es que los abogados parecen haberse convertido en un obstáculo
para el acceso a la justicia.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: la práctica... 249
los déficits de información del juez, que tiene que tomar una decisión habiendo
comprendido lo que el experto afirma sobre el caso. Y ello puede suceder por
múltiples razones, por ejemplo, porque no cuestionan adecuadamente y el juez
sigue teniendo dudas, pero también pese a un buen cuestionamiento de las partes
alguna duda del juez puede persistir. Si asumimos que las juezas y los jueces deben
comprender las pruebas presentadas para tomar una decisión racional, entonces
lo mejor que puede pasar a las partes es que aquellos resuelvan sus dudas du-
rante la práctica de las pruebas y no que, habiéndose quedado con ellas, las satis
fagan preguntando a un experto de su confianza o incluso consultando otras
fuentes que, evidentemente, las partes desconocerán y no tendrán ninguna posi
bilidad de contradecir. Por ello, no debemos aspirar a que las personas juzga
doras permanezcan totalmente pasivos, callados durante la práctica de la prueba
pericial.7
¿Cuándo una pregunta es aclaratoria y cuándo no? Es difícil establecer una suerte
de definición o de criterios que permitan delimitar el punto, pero se podrían
pensar en al menos dos condiciones —no conjuntamente— necesarias: (i) que la
pregunta sea sobre algo afirmado por el experto; y (ii) que esa pregunta no exija
7
La preocupación por la imparcialidad judicial no es un buen argumento para ello, pues los sesgos
cognitivos que pudiera sufrir un juez están en su cabeza y se activan al procesar información, al razonar,
pudiendo favorecer indebidamente, pero de manera absolutamente inconsciente, a una de las partes.
8
Hay tesis que recalcan esta cuestión, como la siguiente que afirma:
“esta […] disposición es coherente y resulta plenamente justificada, máxime si con el interrogatorio
de las partes, se observa por el Juez, alguna duda en la declaración del testigo o perito cuando en una
respuesta se hace alusión a una expresión técnica realizada por el perito, o bien, un testimonio que
presente multiplicidad de expresiones que requieran de una aclaración expresa por el testigo”. Tesis:
II.1o.39 P (10a.), Semanario Judicial de la Federación, Tribunales Colegiados de Circuito, Décima Época,
registro digital: 2012497.
250 Manual de razonamiento probatorio
Para empezar, habría que distinguir entre “proponer hipótesis” y “hechos hipoté
ticos”. La propuesta de las hipótesis que el experto debe analizar es una cuestión
fundamental que, como hemos visto, debería ser debatida desde el primer
momento que se le llama; la práctica de la prueba de ninguna manera es una etapa
procesal apropiada para ello, salvo casos excepcionales en los que tendríamos
que pedir metapericiales. Muy diferente de lo anterior es el planteamiento de
hechos hipotéticos, entendidos como hechos no reales o sobre los que no tenemos
información, que no han sido pasados por el tamiz de la relevancia u otros crite
rios de admisibilidad, etcétera. Esa permisión del CNPP no sólo rebasa los límites
de las preguntas aclaratorias, además podría ser una fuente para introducir infor
mación no controlada previamente.
Una de las limitantes que señala, por ejemplo, la antes mencionada tesis aislada
II.1o.39 P (10a.), es que no se introduzcan “circunstancias no expuestas en las
preguntas de los interrogatorios de las partes, ya que el juzgador no es un litigante,
por lo que debe formular preguntas aclaratorias neutras”. Se pueden identificar
al menos dos errores en este razonamiento: (i) si asumimos que las preguntas
formuladas por las partes atienden a sus intereses, se está diciendo que el juez
solo puede preguntar dentro de un contexto donde las preguntas que le sirvan
de base ya no son neutras; y (ii) si la noción de “pregunta neutral” quiere decir
que la respuesta nunca debe favorecer a ninguna de las partes, se está pidiendo
algo imposible porque ese resultado no necesariamente puede ser controlado por
9
CNPP, art. 372.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: la práctica... 251
Otra cuestión que el criterio anterior alza es la limitación a las preguntas de los
abogados, entiendo que ello es congruente con la idea de que el tribunal de
enjuiciamiento sólo puede valorar “lo que manifieste el perito sobre su experti
cial, producto del interrogatorio y contrainterrogatorio que realicen las partes”.11
Si el argumento de esto es que todo aquello que sea considerado como prueba
tiene que presentarse de forma oral, se termina convirtiendo a la oralidad en un
formalismo absurdo. El objetivo de la oralidad debe ser permitir una mejor
contradicción de las pruebas, no hay que interpretarla como una especie de ritual
o sacralizarla en sí misma sin atender a su objetivo. Esto es importante porque,
en mi opinión, debería considerase el informe pericial como parte de aquello
que debe valorarse y, por ende, debería estar también en el centro de la práctica
de la prueba. De hecho, hay algún estudio empírico que muestra que cuando se da
acceso a los juzgadores de los hechos a un resumen escrito del informe pericial
su comprensión mejora.12
10
Por ello, deberíamos entender que la parcialidad judicial está relacionada con favorecer indebida
mente a una de las partes, no con cualquier decisión que resulte favorable a una de ellas. Si es entendido
de esta última manera, obviamente, sería imposible decidir el caso.
11
Tesis: XVII.2o.6 P (10a.), Gaceta del Semanario Judicial de la Federación, Tribunales Colegiados de
Circuito, Décima Época, registro digital: 2021538.
12
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252 Manual de razonamiento probatorio
(a) las hipótesis y los hechos materiales en los que se basa cada una de las opinio
nes expresadas en el informe (puede adjuntarse una carta de instrucciones);
(b) las razones, la bibliografía u otros materiales utilizados para justificar cada una
de dichas opiniones;
(c) (si procede) indicar que una determinada cuestión, tema o asunto queda fuera
del ámbito de competencia del perito;
(d) los exámenes, pruebas u otras investigaciones en las que se haya basado el
perito, identificando a la persona que los haya realizado y su cualificación;
(e) en qué medida cualquier opinión que el perito haya expresado supone que ha
aceptado la opinión de otra persona y, siendo así, se debe identificar esa otra per
sona y la opinión expresada por ella;
(f) una declaración de que el perito ha realizado todas las indagaciones que consi
dera convenientes y apropiadas (salvo las cuestiones identificadas explícitamente
en el informe) y de que no se ha ocultado al tribunal ninguna cuestión de impor
tancia que el perito, según su conocimiento, considere relevante;
(g) cualquier reserva en sus opiniones expresadas en el informe sin la cual éste
es o pudiera ser incompleto o inexacto;
(i) cuando el informe sea extenso o complejo, se debe acompañar un breve resu
men al principio del informe.
artículo identificado como 394-482, titulado “Contenido del informe”, que exige
“la identificación detallada de todos los datos e informaciones tomados en conside
ración para elaborar el dictamen”.13 Entre esos datos, obviamente, podría haber
información sobre el caso que sería mejor que el tribunal de enjuiciamiento sólo
escuchara en el juicio oral para evitar posibles contaminaciones cognitivas, aun
que esto no necesariamente será así en todos los casos y, precisamente por ello,
podría decidirse el acceso del juez al informe pericial en función del tipo de datos
que sobre el caso contiene.
13
Además de esto, el artículo exige como parte del contenido del informe pericial: a) Su concreto
objeto.
b) La titulación y experiencia profesional del perito y de todas las personas que hayan participado en la
realización de la pericia. En su caso, se especificará la concreta intervención de cada uno, así como
si las operaciones que llevó a cabo las realizó bajo la supervisión del perito. d) La descripción de los
procedimientos y técnicas utilizados en la realización de la pericia, así como la de los fundamentos en
que se basan. e) Las publicaciones especializadas que avalen los procedimientos y técnicas empleados
y los fundamentos en que se basan. f) Las conclusiones que se formulen, que habrán de expresarse de
forma clara y comprensible.
14
V. A los autores clásicos sobre el tema Tversky y Kahneman, “Judgment under uncertainty: Heuristics
and biases”, en Science; quienes demostraron que las personas confiamos de manera natural en los
heurísticos y que, aunque muchas veces ello nos beneficia en nuestro proceso de conocimiento, hay
situaciones en las que producen errores sistemáticos en él. Un libro muy popular al respecto es Pensar
rápido, pensar despacio de Kahneman.
254 Manual de razonamiento probatorio
generados por influencia de información sobre los hechos del caso que es irrele
vante para el análisis que debe hacer un perito —aun cuando podría ser relevante
para el caso—. En efecto, se trata de información a la que no deberían estar
expuestos los peritos por ser irrelevante para sus operaciones periciales, aun
cuando sea relevante para la resolución del caso. Entre esa información se encon
trarían detalles sobre los antecedentes delictivos de la persona sospechosa, infor
mación sobre una posible confesión del delito por parte de ella, información
sobre la implicación de la persona sospechosa derivada de otras pruebas encontra
das en la escena del delito, etcétera. Toda esta información que puede ser contami
nante cognitivamente para un experto tiene otro efecto perverso y es que una
conclusión pericial que pareciera corroborar la confesión u otro tipo de pruebas
existentes en el expediente, en realidad sólo influyeron erróneamente en el razo
namiento hecho por el experto, llevándole directamente a un resultado compati
ble con esa información, pero de ninguna manera corroborándola.15
Otro de los temas que las regulaciones sobre el contenido del informe pericial
antes citadas nos permiten plantear es qué pasa si el experto se ha basado en infor
mación generada por otros, lo que no suele ser raro tal como funciona el cono
15
Cf. Kassi, Dror, et al., “The Forensic Confirmation Bias: Problems, Perspectives, and Proposed
Solutions”, en Journal of Applied Research in Memory and Cognition, p. 50.
16
Y también del tipo de sesgo que pueda generar. Así, por ejemplo, para los sesgos contextuales por
contaminación con información han sido ampliamente sugeridos: (i) procedimientos ciegos como el
desenmascaramiento secuencial linear de información (linear sequential unmasking); (ii) el modelo de los
administradores de la información sobre el caso (case managers´ model); y las alineaciones o filas de
pruebas (evidence line-ups).
17
V. Dror, “Letter to the editor—combating bias: the next step in fighting cognitive and psychological
contamination”, en Journal of Forensic Science.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: la práctica... 255
cimiento experto. Aquí nos podemos encontrar con dos situaciones: que la pericia
haya sido realizada en un laboratorio donde participan varias personas; o que haya
sido hecha por una única persona, pero que ésta se base en trabajos realizados
por otras. En primer lugar, debe resultar obvio que el perito tiene la obligación
de explicitar claramente esta situación, pues es relevante para valorar cómo ha
sido aplicado al caso concreto un método o técnica particular y si, por ejemplo,
todas las personas implicadas tienen la expertise necesaria para ello, o si pudo
haber espacios para la contaminación cognitiva —porque digamos, una sola per
sona recogió la muestra y la analizó, etcétera—.18 En segundo lugar, hay otra
discusión que ha tenido un largo recorrido en Estados Unidos19 y, en cambio, nulo
en nuestros sistemas: hasta qué punto es compatible en el derecho de defensa el uso
de información generada por quien no puede ser cuestionado en ejercicio del princi
pio de contradicción. Responder a esta cuestión, obviamente, supone interpretar el
principio de contradicción y sus posibles limitantes en el ámbito de la prueba peri
cial tomando en cuenta el carácter social o colectivo del conocimiento experto.
Pese a este origen, estas cuestiones pueden ser fácilmente ampliadas a todo el
ámbito experto de las pruebas periciales si consideramos su funcionamiento
18
Esto no supone que necesariamente se le exija al perito que exhiba materialmente los documentos
justificativos de los estudios o análisis en que se haya apoyado para emitir su opinión. Tal como lo
sostiene la tesis aislada en materia civil: Tesis: I.8o.C.305 C (9a.), Semanario Judicial de la Federación
y su Gaceta, Tribunales Colegiados de Circuito, Décima Época, registro digital: 160504.
19
Desde 2004 en el caso Crawford vs Washington y, más recientemente, en 2012, el caso Williams vs
Illinois, ambos resueltos por la Corte Suprema estadounidense.
20
Mnookin y Kaye, “Confronting Science: Expert Evidence and the Confrontation Clause”, en Pennsylvania
State Law Research Paper, p. 100.
256 Manual de razonamiento probatorio
social; dado que se usa conocimiento generado por otros todo el tiempo, habiendo
entonces una dependencia epistémica entre diversos individuos y grupos.21 Así
pues, un experto que usa determinado instrumento en su laboratorio segura
mente no habrá hecho el trabajo de generar información sobre la fiabilidad de
este, sino que se fía del trabajo que otros han hecho al respecto para, a su vez,
hacer el propio. En esta línea, me parece que, sin lugar a dudas, lo que debería
exigirse es la explicitación de cualquier dependencia epistémica existente en el
razonamiento del experto, de tal manera que permita a las partes cuestionar
también tal información. Pero ¿es esto suficiente?
21
En el ámbito del conocimiento científico precisamente por ello se habla de “división del trabajo
cognitivo”. Sobre estas cuestiones sociales concretamente en el funcionamiento de la ciencia, V. Haack,
Defending Science -within reason.
22
Corte Suprema de Perú, Acuerdo Plenario No. 22007/CJ116.
La conformación del conjunto de elementos de juicio: la práctica... 257
23
Como su nombre lo dice, a grandes rasgos consiste en que el experto observa activamente a grupos
o comunidades en su vida cotidiana. La observación participante exige la inmersión en un contexto
social del investigador (observador) durante un tiempo suficiente para conseguir la información deseada.
Por supuesto, hay en estas líneas precedentes con al menos do