Casos Prácticos de Derecho Penal
Casos Prácticos de Derecho Penal
CASOS PRÁCTICOS
Hechos probados: El 3 de diciembre de 2000, sobre las 1.54 horas, se dio aviso por
parte de la central costera de la Guardia Civil a las patrullas que se encontraban en la
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zona, del avistamiento de la embarcación sospechosa del transporte ilícito de
inmigrantes y/o drogas que se dirigía a la zona conocida por "el tolmo" en el término
municipal de Tarifa (Cádiz). En la embarcación iban un total de veinte inmigrantes
indocumentados y de origen marroquí. Una vez fueron desembarcados en la costa de
Tarifa, empezaron a alejarse de la misma andando, sin saber que se dirigían a una zona
en la que se encontraban varios guardias civiles que habían acudido de inmediato tras
recibir el aviso de la central. Entre estos agentes se encontraba el acusado Gregorio.
Tras oír el grito de "alto a la guardia civil", los inmigrantes se dispersaron y se inició
una persecución. Uno de los inmigrantes, Romeo, que huía en solitario, fue perseguido
por Gregorio, que en ese momento estaba provisto de una linterna. Como quiera que
Romeo siguió corriendo sin atender las órdenes de alto del agente, Gregorio sacó su
arma reglamentaria e hizo un disparo intimidatorio al aire, con lo que consiguió que el
inmigrante se detuviera frente a un terraplén. En ese preciso momento, estando el
inmigrante de espaldas, Gregorio se acercó por detrás con una linterna en una mano y la
pistola en la otra, llevando el dedo en el gatillo, sin haber puesto el seguro de ningún
tipo y estando el arma en condiciones aptas para disparar. Gregorio sujetó a Romeo por
uno de los brazos. En ese momento Romeo se giró y Gregorio perdió el equilibro a
consecuencia de lo resbaladizo y húmedo del terreno y la pendiente del lugar. Durante
su caída al suelo, Gregorio apretó el gatillo en un movimiento reflejo, disparándose el
arma.
A consecuencia de este disparo una bala impactó a Romeo en la zona axilar
posterior, a la altura de la 5ª costilla, tras haber rozado su brazo izquierdo. Este le
produjo un shock hipovolémico-hemorrágico a causa del cual falleció
Se declaran probados, los siguientes hechos: “El acusado, Francisco Javier C.P.,
mayor de edad y sin antecedentes penales, Brigada del Ejército, portador del virus
V.I.H. y conocedor de ello, tras la práctica de varias pruebas, con resultado positivo, la
última de ellas de las al menos tres practicadas, por el método Wester-Blot, realizada el
22.01.93, se desplazó, por destino profesional, a finales de dicho mes, a Santa Cruz de
Tenerife, donde se incorporó el cinco de febrero siguiente. Días después conoció a Ana
G.F., mayor de edad, separada, con la que ocho o diez días después mantuvo relaciones
sexuales a sabiendas él del resultado positivo indicado, haciéndolo sin tomar como
medida preventiva, la de usar preservativo, al menos en varios de tales contactos
sexuales, y sin haberle comunicado a aquélla tal padecimiento, ni conocerlo la misma.
… [Ana] resultó contagiada de dicha enfermedad o virus, la que le fue diagnosticada
tras varias pruebas positivas, la última de ellas el 26 de mayo siguiente, de 1993. Dicha
relación sentimental y sexual, duró hasta finales de marzo de 1993. Más tarde, también
ocultando su situación de contagio del V.I.H., y aún sabiendo que … [Ana había sido
contagiada del V.I.H], mantuvo relaciones sexuales con María B.P., mayor de edad
quien, sin embargo, no resultó contagiada según las pruebas que, a tal efecto se le
practicaron, lo que tuvo lugar entre los meses de septiembre a diciembre del mismo
año”.
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- Tema 9. El tipo imprudente de acción
RJ 2002\278
Texto:
En el recurso de casación por infracción de Ley que ante Nos pende, interpuesto por
la Acusación Particular constituida por Carmen P. S., Ramón R. L. y Sergi R. P., contra
sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Barcelona, Sección 10ª, que absolvió a
Angel T. M. por un delito de homicidio con imprudencia, y se le condena por una falta
de imprudencia leve con resultado de muerte; los componentes de la Sala Segunda del
Tribunal Supremo que al margen se expresan se han constituido para la deliberación y
Fallo, bajo la Presidencia del Primero de los indicados y Ponencia del Excmo. Sr. D.
José Antonio Marañón Chávarri, siendo también parte el Ministerio Fiscal y como parte
recurrida el acusado Angel T. M. y Angeles R. A., representado por el procurador señor
S. F., y la Acusación Particular representados por la Procuradora señora P. M.
ANTECEDENTES DE HECHO
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de don Manuel T. M., y Honda matrícula B-...-OC, propiedad de don Javier María P. D.,
que se hallaban debidamente estacionadas en el andén derecho del Paseo de Gracia, en
sentido de mar a montaña. A consecuencia de la colisión, la conductora de la
motocicleta B-...-MH, doña Sandra R. P. sufrió lesiones de tal gravedad que le
ocasionaron la muerta instantánea por hemorragia subaracnoídea, doña Sandra R. P.
tenía 23 años de edad, era soltera y convivía con sus padres don Ramón R. L. y doña
Carmen P. S. y su hermano don Sergi R. P. Las motocicletas B-...-MH, B-...-GN y B-...-
OC resultaron con desperfectos tasados pericialmente en 631.652 pesetas, 122.308
pesetas y 46.342 pesetas, respectivamente. Todos los perjudicados han renunciado al
ejercicio de las acciones civiles que pudieran corresponderles por los hechos».
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FUNDAMENTOS DE DERECHO
PRIMERO 1.-El primer motivo del recurso de casación de Ramón R. L., Sergio R. P.
y Carmen P. S., se formuló al amparo del art. 849.2º de la LECrim por error en la
apreciación de la prueba, basado en documentos que obran en la causa -certificado
expedido por los aparatos de medición del grado de alcoholemia y certificación de
revisión y calibrado de los referidos instrumentos-, que demuestran la equivocación del
Juzgador sin resultar contradichos por otros elementos probatorios. […] el motivo
primero del recurso debe ser desestimado […].
SEGUNDO 1.-El segundo motivo del recurso de casación de Ramón R. L., Sergio R.
P. y Carmen P. S. se formuló al amparo del art. 849 de la LECrim por indebida
aplicación del art. 621.2º del CP [después de la LO 1/2015 sería el art. 142.2 CP] y
correlativa indebida inaplicación del art. 142 del mismo Cuerpo Legal [después de la
LO 1/2015 sería el art. 142.1 CP], por cuanto la conducta verificada por el recurrente,
ponderada la grave infracción de las normas de cuidado que supuso, y el
desatendimiento a las más esenciales medidas de diligencia que comportó, debía llevar a
considerar la imprudencia cometida como grave, y por tanto constitutiva de delito y no
de falta. Estima el recurrente que la mera conducción en estado de embriaguez, como la
llevada a cabo por el señor T., entrañaba ya un comportamiento temerario, pero aun
prescindiendo del estado de intoxicación etílica del acusado, la conducta de éste en la
ocasión de autos integraba imprudencia grave y por tanto delito.
Se considera en el recurso que la realización de una maniobra prohibida, como la que
verificó el señor T., sin señalizar, ni cerciorarse de la posición de los demás vehículos,
revela una desatención del conductor más que grave.
Entiende el recurrente que la imprudencia del acusado es apreciable, siguiendo
cualquiera de los criterios establecidos por la jurisprudencia para la valoración de la
imprudencia.
Habría que tachar de grave la imprudencia de T., a juicio del recurrente, siguiendo el
criterio de la peligrosidad de la conducta y de la previsibilidad de los resultados lesivos,
puesto que en el caso de autos era claramente previsible que el giro prohibido a la
derecha -realizado además sin comprobar, ni advertir la presencia de otros vehículos-
era capaz de producir lesiones a quien circulase en línea recta por el carril contiguo.
También estima el recurrente que la imprudencia del acusado es calificable de grave,
atendiendo al criterio de la exigencia de la evitabilidad dado que era asequible y sencilla
la acción que hubiera debido realizar el señor T. para conjurar el resultado, que se
hubiese evitado si éste hubiese mirado al carril contiguo de la derecha, lo que le hubiese
permitido comprobar que por el circulaba, la motocicleta Suzuki conducida por Sandra
R. P.
Estima el recurrente que para subsumir la imprudencia en la modalidad de grave
debe atenderse también a la entidad de los bienes jurídicos que la conducta discriminada
pone en peligro, entendiendo que cuando tales bienes tienen el máximo valor, y
consisten por ejemplo en la vida de otras personas, las exigencias de cuidado son
mayores.
En suma, se considera en el recurso que, por haber omitido el señor T. las normas
más elementales y esenciales de cuidado y diligencia, debe estimarse su conducta
constitutiva, no de una falta de homicidio por imprudencia leve, sino de un delito de
homicidio por imprudencia grave, por el que debería de ser condenado a la pena de
veinte meses de prisión y tres años de privación del permiso de conducir; entendiendo el
recurrente que de apreciarse la concurrencia de ambos delitos, el del art. 379 y el del art.
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142 del CP debería de sancionarse por el más grave, de conformidad con lo dispuesto en
el art. 383, e imponerse la pena de cuatro años de prisión y 6 años de privación del
permiso de conducir.
2. El Ministerio fiscal impugnó el motivo segundo, por considerar razonadas y
razonables y ajustadas a las máximas de experiencia las consideraciones realizadas por
la sentencia recurrida para motivar el fallo.
El recurrido señor T. también se opuso al motivo segundo, por entender que la
gravedad de la imprudencia del acusado no podría basarse en la alcoholemia del mismo,
que no se había considerado probada, y por estimar que la maniobra realizada por el
señor T. no integraba imprudencia grave, dado que consta en el relato fáctico que
circulaba a velocidad moderada y que el cambio de carril se hizo de forma paulatina,
por lo que no puede imputarse al acusado una falta total de cuidado y la previsión de un
resultado tan grave como el que se produjo.
3. Según doctrina de esta Sala, manifestada entre otras, en las sentencias 9-6-1982,
18-3-1990 y 1841/2000 de 1-12, para distinguir la imprudencia grave del nuevo Código
Penal, -temeraria en el de 1973- de la leve en el nuevo Código, y simple en el anterior,
habrá de atenderse: 1º A la mayor o menor falta de diligencia mostrada en la acción u
omisión; 2º A la mayor o menor previsibilidad del evento que sea el resultado; y 3º A la
mayor o menor gravedad de la infracción del deber de cuidado que según las normas
socioculturales, del agente se espera. Según la sentencia 413/1999 de 18-3 concurrirá la
imprudencia temeraria, y a partir del nuevo Código Penal, la grave, cuando en la
conducta del acusado se aprecia la ausencia de las más elementales medidas de cuidado,
causante de un efecto lesivo o dañino fácilmente previsible, y el incumplimiento de un
deber exigido a toda persona en el desarrollo de la actividad que ejercita. La desatención
a las más elementales normas de cautela y a los deberes de cuidado más esenciales
caracteriza la imprudencia temeraria y la grave, según la doctrina de esta Sala contenida
en las sentencias 920/1999 de 9-6 (RJ 1999, 4134) y 1658/1999 de 24-11 (RJ 1999,
8887).
4. Con apoyo en la doctrina expuesta en el precedente apartado, el motivo segundo
del recurso de los acusadores particulares, debe ser estimado.
No cabe basar el homicidio por imprudencia grave en la alcoholemia de Angel T. M.
en la acción de autos, ya que la intoxicación alcohólica del acusado no se ha estimado
probada por la Audiencia de Barcelona, y en el motivo primero del recurso de casación
se ha rechazado admitir la alcoholemia por el cauce del art. 849.2º de la LECrim.
Pero, sí cabe fundar la imprudencia grave de T. con resultado de muerte en el relato
fáctico de la sentencia recurrida, puesto que la narración revela que el acusado omitió la
cautela esencial de constatar si estaba libre de vehículos el carril situado a la derecha de
aquel por el que Angel circulaba, y que realizó una acción sumamente peligrosa,
integrante de un riesgo no permitido -ya que estaba prohibido por señales horizontales
el giro a la derecha- al trasladarse desde el carril por donde circulaba al contiguo
derecho, para desplazarse a la calle de Caspe, sin tener constancia de si por este carril
circulaban vehículos, y sin haber avisado previamente la maniobra mediante indicadores
de un intermitente. La acción automovilística de Angel T. supuso la omisión de deberes
elementales de cuidado y la creación de un grave riesgo, previsible por el acusado, ya
que circulaba por vías centrales muy importantes de Barcelona en hora de tráfico
normal, como era las cuatro de la tarde, debiendo haber previsto el acusado que
circulasen otros vehículos por el contiguo carril de la derecha, a los que podía
interceptar el paso. El cambio de carril del Volkswagen Santana B-...-GP, conducido
por Angel, fue determinante del alcance lateral a la motocicleta Suzuki GS 500 B-...-
MH, que concedía Sandra R. P., que fue sorprendida por la maniobra prohibida y no
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señalizada de T., ocasionando la colisión de los vehículos el arrastre de Sandra por la
calzada y su fallecimiento.
A la conclusión de que la imprudencia de Angel T. M. fue grave se llega, según lo
razonado en el párrafo precedente, partiendo del dato de que el acusado no se percató de
la circulación de la motocicleta Suzuki por el carril contiguo de su derecha. Claro está
que la imprudencia sería más reprochable si Angel se hubiese dado cuenta de la
presencia de la motocicleta antes de realizar la maniobra de invasión del carril derecho,
ya que entonces podría considerarse su actuación como un supuesto de culpa con
previsión.
Finalmente, no deben considerarse desvirtuadores de la imprudencia delictiva los
datos tenidos en cuenta por la Audiencia y señalados por la representación del recurrido,
referentes a la moderada velocidad a que circulaba el acusado y a la forma paulatina de
introducirse en el carril contiguo, ya que, de todas formas, la acción fue peligrosísima,
al suponer el alcance y arrollamiento de la motocicleta.
FALLO
ANTECEDENTES DE HECHO
FUNDAMENTOS DE DERECHO
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SEGUNDO En atención a la gravedad del hecho y circunstancias personales del
acusado, según previene la regla 1ª del art. 66 del CP, procede imponer a Angel T. M. la
pena de un año de prisión y la de tres años de privación del permiso de conducir.
FALLO
Hechos probados: El procesado Demetrio estuvo, junto con otras personas, en el Bar
el Pino, también conocido como la discoteca, sito en la Plaza de San Antonio núm. 9 de
la localidad de Chañe. En un momento de la noche se produjo un incidente entre el
grupo de Demetrio y dos personas de otro grupo, llamadas Florentino y Horacio, porque
al parecer Florentino se dirigió a las dos mujeres del grupo de Demetrio.
Sobre las 2 de la madrugada, tras acabar la sesión de música en el local, Horacio, que
se encontraba muy embriagado, salió a la calle. Sin que conste la causa, Demetrio le
propinó a Horacio un fuerte puñetazo en el ojo derecho, a la altura de la ceja, que le hizo
caer al suelo donde se golpeó violentamente en la cabeza. A causa del puñetazo Horacio
resultó con fractura del techo de la órbita derecha. Como consecuencia de la caída tuvo
una fractura craneal en la zona fronto-parietal occipital izquierda que le produjo un
hematoma generalizado a nivel de dicha región con edema cerebral generalizado,
hematoma extradural, hemorragia subaracnoidea difusa, lesiones de tal gravedad que
produjeron su fallecimiento el día siguiente, por el traumatismo cráneo encefálico
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dictada por la Sección Primera de la AP A Coruña que le condenó por delito de
homicidio doloso en grado de tentativa y por delito de homicidio imprudente, los
componentes de la Sala Segunda del TS que al margen se expresan se han constituido
para la votación y fallo bajo la Presidencia y Ponencia del Excmo. Sr. D. Carlos
Granados Pérez, siendo también parte el Ministerio Fiscal, y estando dicho recurrente
representado por el Procurador Sr. Aguilar Fernández.
ANTECEDENTES DE HECHO
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M. ingresó en el Complejo Hospitalario de Santiago a las 14,57 h del citado día,
presentando las siguientes lesiones: herida inciso contusa en tercio inferior del brazo
derecho. Herida inciso contusa en la cara anterior de la pierna izquierda, fractura-
arrancamiento del epiloconodolo humeral derecho. Herido inciso contusa en pierna
derecha. Contusiones múltiples. Precisó para su curación férula posterior de escayola en
la extremidad superior derecha, sutura de puntos sueltos de las heridas. El tiempo de
consolidación de las lesiones reseñadas fue de unos 310 días, precisando tratamiento
médico por el Servicio de Traumatología hasta su curación, estando incapacitado para
sus ocupaciones habituales totalmente 97 días, y los restantes la incapacidad fue parcial.
El quantum doloris fue calificado por los facultativos forenses de moderado, y el
perjuicio estético de muy ligero, atendiendo a la localización de los daños, edad,
profesión, y situación social.
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del CP vigente]. Cuarto. En el cuarto motivo del recurso, formalizado al amparo del
núm. 1.º del art. 849 de la LECrim., se invoca infracción, por aplicación indebida, del
art. 407 del CP [art. 138 del CP vigente].
FUNDAMENTOS DE DERECHO
PRIMERO. En el primer motivo del recurso, formalizado al amparo del art. 5.4 de la
LOPJ, se invoca vulneración del derecho de presunción de inocencia que proclama el
art. 24.2 de la Constitución. […] El motivo no puede ser estimado. […]
SEGUNDO. En el segundo motivo del recurso, formalizado al amparo del núm. 2.º
del art. 849 de la LECrim., se invoca error en la apreciación de la prueba basado en
documentos que obran en autos que demuestran la equivocación del juzgador sin
resultar contradichos por otros elementos probatorios. […] El motivo debe ser
desestimado.
TERCERO. En el tercer motivo del recurso, formalizado al amparo del núm. 1.º del
art. 849 de la LECrim., se invoca infracción, por aplicación indebida, de los arts. 407 y
565 del CP [arts. 138 y 142 del CP vigente].
Se supedita al éxito del anterior motivo y se alega que al no haber quedado acreditado
que Germán M. fuese el autor de los hechos no se le puede condenar por delito de
homicidio.
El relato fáctico, que ha quedado inalterable y que debe ser rigurosamente respetado,
describe que el acusado agredió con el instrumento de labranza que portaba a su esposa
al errar el golpe que iba dirigido a su oponente José B. L., cuando la víctima se
interpuso en la trayectoria para separar a ambos contendientes.
El supuesto enjuiciado constituye una modalidad de error de tipo denominada
aberratio ictus o error en el golpe en el que el objeto lesionado es distinto al que se
quería lesionar.
Esta Sala --confrontar SS 612/2001, de 29 Mar. y 1472/2001 de 11 Jul.-- tiene
declarado que el error en el golpe o aberratio ictus, consecuencia de una falta de
acierto en la dirección del ataque, bien por falta de puntería o porque un tercero se
interpone en la trayectoria, resulta irrelevante o intrascendente si existe identidad en el
bien jurídico protegido, señalando la sentencia de esta Sala de 8 May. 1995 que la Ley
determina de modo no individualizado el objeto de protección.
Así las cosas, cumplida la imputación objetiva al haberse verificado que el resultado
es la realización del peligro jurídicamente desaprobado creado por la acción del
recurrente quien tenía conocimiento y representación del peligro que creaba con su
acción, concurrirían, según los hechos que se declaran probados, cuantos elementos
objetivos y subjetivos caracterizan el delito doloso de homicidio y ello plantearía una
calificación jurídica que pudiera desfavorecer los intereses del recurrente, lo que no es
permitido por el principio que impide la reformatio in peius.
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Sin embargo, habrá que tener en cuenta las circunstancias concretas del hecho que
nos ocupa.
En los casos de aberratio ictus la doctrina coincide en señalar que en estos
supuestos el autor proyecta una acción sobre un objeto determinado, pero, a causa de la
deficiente realización de la misma, ésta recae sobre otro objeto de idéntica protección y
calificación jurídica. Y para una más correcta calificación jurídica se sostiene
igualmente, por una parte de la doctrina, que se debe tener en cuenta si el segundo
objeto sobre el que recayó y sufrió la lesión estaba o no a la vista del autor. Si
ciertamente estaba a su vista, se debe admitir el llamado dolo alternativo cuando el
desarrollo causal no era improbable; en este sentido se ha pronunciado la sentencia de
esta Sala de 20 Abr. 1994. Por el contrario, en aquellos casos en los que no estaba a la
vista del autor el objeto sobre el que recayó su acción, la doctrina dominante sostiene
que el sujeto debe responder por tentativa de homicidio respecto del objeto determinado
sobre el que proyectó la acción, en este caso José B. L., en concurso ideal con homicidio
imprudente respecto al objeto sobre el que recayó su acción, en este caso su esposa
María Ermitas G. B., ya que el autor, en este segundo supuesto, no ha tenido un
conocimiento del desarrollo del suceso que sea suficiente como para permitir afirmar
que el resultado acaecido sobre un objeto similar, pero que no es la meta de su acción,
deba imputársele a título de dolo.
Y como no consta en los hechos que se declaran probados que cuando el recurrente
inició su agresión tuviese a la vista a su esposa, sobre quien recayó el golpe con la
azada, aparece, pues, correcta, de acuerdo con la doctrina antes expuesta, la calificación
jurídica de los hechos realizada por el Tribunal de instancia de homicidio en grado de
tentativa respecto a José B. L. y homicidio imprudente con relación a María Ermitas G.
B., ya que la insuficiencia del conocimiento del acusado Germán en el desarrollo del
suceso respecto a la ubicación de su mujer no impide la calificación de imprudencia
temeraria (CP de 1973) realizada por el Tribunal de instancia ya que de no haber
omitido elementales medidas de precaución y cautela hubiese tenido cabal conocimiento
del peligro jurídicamente desaprobado que generaba con su acción, con relación a la
fallecida. […].
PARTE DISPOSITIVA
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- TEMA 10. EL TIPO DE OMISIÓN
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El Castro. Una vez allí, fue examinada por el médico de guardia Dr. Felipe quien, tras
apreciar la existencia de una lesión de rodilla derecha, con subluxación posterior,
fractura del peroné proximal con arrancamiento y desplazamiento y posible fractura del
platillo tibial interno, y de prescribir reposo en la cama, pierna en alto con férula y
analgésicos, le comunicó telefónicamente al Dr. Jesús Carlos el ingreso de la paciente a
su cargo el cual, informado de estos extremos, no consideró oportuno visitarla hasta las
11 horas del día 27 de febrero de 2015.
El acusado, en el periodo comprendido entre la noche del día 27 de febrero de 2015 y
la mañana del día 1 de marzo de 2015, durante el cual la paciente estaba a su cargo,
omitió (…) la realización de pruebas diagnósticas complementarias, tales como un eco-
doppler o una arteriografía/Angio TAC, que resultaban aptas para descartar la existencia
de lesiones vasculares en la arteria poplítea o que permitiesen su diagnóstico y
tratamiento en tiempo idóneo, a pesar de que los traumatismos de alta energía en las
rodillas llevan asociados, en un gran número de ocasiones, de forma concomitante a
otras lesiones multiligamentosas o neurológicas, lesiones vasculares en la poplítea.
Como consecuencia de esta conducta (…) y de la consiguiente falta de utilización de las
pruebas diagnósticas precisas y del retraso asociado en el diagnóstico de la lesión
traumática en la capa íntima de la arteria poplítea, que originó una trombosis arterial y
que evolucionó en una isquemia irreversible, fue finalmente precisa la amputación
supracondilea -por encima de la rodilla- de la pierna de la paciente Isidora .
Tales pruebas diagnósticas no se efectuaron por el acusado el día 27 de febrero de
2015 a pesar de que, en la primera noche y madrugada en el centro hospitalario, Isidora
se quejó de dolor intenso durante la noche y la madrugada. (…) El acusado solicitó la
práctica de una RMN que se efectúa por duplicado.-
con y sin contraste.- después de la cual, diagnosticado un síndrome compartimental, se
indicó por el acusado cirugía urgente para esa misma tarde a las 19:30 horas, en la que
se le efectuó a la paciente una fasciotomía longitudinal y drenaje del hematoma,
artrocentesis e infiltración, dejando la herida abierta con apósitos y colocación de una
nueva férula. Subida la paciente nuevamente a planta, el personal de enfermería
constató esa noche "poca sensibilidad, lento llenado capilar, (...) a última hora del turno
refiere dolor que cede mínimamente con analgesia pautada, (…) por lo que se decidió
llamar al médico de guardia y, por indicación de este, se avisó nuevamente al acusado
de la situación clínica, el cual comunicó que pasaría a valorarla por la mañana.
Las referidas pruebas complementarias tampoco se efectuaron el sábado día 28 de
febrero de 2015 cuando el curso evolutivo de la paciente, tras la cirugía, sigue siendo
tórpido y evidenciaba una precaria situación vascular, toda vez que el propio acusado
constató esa mañana que la circulación seguía siendo precaria, que tenía algo de
sensibilidad solo en el 5º dedo pero el resto insensibles y ausencia de movilidad del pie,
prescribiendo la administración de más analgésicos y la realización de curas para el día
siguiente (…)
No fue hasta aproximadamente las 12:00 horas de la mañana del día 1 de marzo de
2015, en la siguiente visita y exploración del acusado a la paciente, después de la
realización de las curas, cuando se prescribió por el acusado la realización de un angio-
TC para descartar o confirmar patología tipo obstrucción arterial. No obstante, y aun
sospechando la existencia de compromiso vascular y a pesar del tiempo de evolución
(…), el acusado permitió que la práctica de esta prueba se demorase hasta las 19:00
horas del día 1 de marzo de 2015, momento hasta el que no se disponía de técnico para
su práctica en el referido centro, sin adoptar medidas alternativas posibles tales como el
traslado de la paciente a otro centro médico en el que se pudiese proceder a la
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realización inmediata y sin dilaciones, con el consiguiente riesgo de agravaciones y
lesiones irreversibles.
El indicado angio-Tc MMII fue realizado sobre las 20.00 horas de esa tarde y
evidenció la interrupción abrupta del medio de contraste en el segmento distal de la
segunda porción de la arteria poplítea, con importante hematoma adyacente, compatible
con la sección de la arteria poplítea a dicho nivel. Informado el Dr. Jesús Carlos por el
Dr. Manuel, sobre las 21:00 horas, del resultado del angio- TC, el acusado no acordó ni
solicitó ni adoptó las medidas necesarias para el traslado inmediato de la paciente para
la realización de las intervenciones por un especialista en cirugía vascular, tendentes a la
revascularización del miembro inferior, y permitió que el traslado al hospital Povisa de
Vigo no se realizara hasta las 13:30 horas del día siguiente, 2 de marzo de 2015, más de
15 horas después de conocer el resultado del referido angio-TC, obviando la urgencia
del cuadro clínico e incrementando los plazos para su adecuado tratamiento, en términos
que comprometían la viabilidad de la extremidad.
Como consecuencia de lo anteriormente expuesto, y luego de la exploración en el
Servicio de Urgencias de Povisa, tras el ingreso de la paciente, a las 13:38 horas del día
2 de marzo de 2015, (…) se efectuó un nuevo angio TC que puso de manifiesto la
oclusión de la arteria poplítea derecha en su tercera porción recanalizando en extremo
distal de la poplítea previo a la salida tibial anterior, y se procedió a una cirugía re-
vascularizadora con by pass femoro-poplíteo urgente. Se efectuó un by pass de primera
porción de arteria poplítea a 3º porción de dicha arteria del miembro inferior derecho
con safena intervenida, que se rehízo hasta en tres ocasiones, sin conseguir percusión
distal a causa del tiempo transcurrido de isquemia aguda de la extremidad, que
condicionó un espasmo severo irreversible de la arteria poplítea y los troncos distales.
Por lo expuesto, y dada la imposibilidad de re- vascularización y la isquemia severa e
irreversible de la zona afectada, a Isidora le fue indicada y practicada la amputación
supracondílea del miembro inferior derecho en quirófano, el día 4 de marzo de 2015,
“La procesada Ana María A. J., de 26 años de edad, en la tarde del día 1 de febrero
de 1996 mantuvo en el domicilio familiar de Bembibre una agria discusión con su
esposo Avelino T. A., de 56 años de edad, con quien convivía no obstante la Sentencia
de separación de 14 diciembre 1993. En el transcurso de la discusión, Avelino le
manifestó que le quitaría a los hijos y que echaría de la casa a su hermano y también
procesado Jesús A. J. de 30 años de edad, en cuya búsqueda salió de la vivienda sobre
las 20 horas, encontrándole en el Bar "Cafetín" en compañía de los también procesados
Juan José R. F. de 16 años de edad y Pedro R. A. de 17 años. Tras relatarles la discusión
mantenida con su esposo les propuso que si le mataban les haría entrega de 50.000
pesetas a lo que accedieron los otros tres procesados. No lo hicieron motivados por la
recepción de dicha cantidad, pues conocían las muy graves dificultades económicas de
Ana María y la práctica imposibilidad de dicha entrega dineraria, sino por el
resentimiento que Jesús tenía hacia su cuñado, solidarizándose con él Juan José y Pedro,
acordando matar a Avelino. Al salir del bar Juan José fue a su domicilio en el que se
apoderó de un cuchillo, trasladándose al bar "El Quijote" donde le esperaban los otros
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tres procesados y en el que continuaron hablando todos juntos sobre la forma de realizar
el hecho, haciendo entrega del cuchillo a Jesús.
Posteriormente los cuatro procesados se trasladaron al Bar "El Candil" en el que
concretaron la forma de ejecución de lo acordado. Ana María mandaría a su esposo a
una zona conocida por "El Santo", en la que esperarían los otros tres procesados hasta
que apareciese Avelino a quien apuñalaría Jesús, y si éste no podía con él intervendrían
Juan José y Pedro. Ana María se trasladó a su domicilio, dirigiéndose los otros tres
procesados a dicho lugar, portando Jesús el cuchillo de 12 cm de hoja y cogiendo Juan
José una barra de hierro de 120 cm de largo y Pedro una estaca de madera de 75 cm de
largo. Los tres estuvieron esperando durante una hora aproximadamente el paso de
Avelino. Este no apareció en el lugar, al ser advertido por su esposa que no saliese de
casa pues había unas personas que le estaban esperando para matarle, sin que llegase a
conocimiento de los otros tres procesados la referida advertencia”.
16
Sofocación por oclusión de orificios respiratorios como consecuencia de la ropa hallada
en el interior de la bolsa o la propia bolsa. Sofocación por oclusión intrínseca de las vías
respiratorias como consecuencia de la introducción de los tejidos con los que fue
arrojado a través de la cavidad bucal, lo que podría haber ocurrido por ejemplo al
desencadenarse el reflejo de succión del niño, durante el llanto o al realizar
inspiraciones profundas. Sofocación por compresión toraco-abdominal al caer sobre su
cuerpo bolsas de basura arrojadas con posterioridad. Asfixia posicional al quedar el
menor en una postura de la que no puede liberarse y que altera la dinámica respiratoria.
Una vez extraído fuera del contenedor:
Politraumatismo como consecuencia del vaciamiento del contenedor sobre el camión
así como la grave destrucción corporal producida por la prensa de basura.
Complicaciones derivadas de las múltiples lesiones y alteraciones fisiológicas
descritas anteriormente en caso de no haberse producido un fallecimiento inmediato.
En el caso de no producirse el fallecimiento se debe hacer constar que podrían
haberse producido un amplio abanico de lesiones que derivaran en múltiples secuelas de
diferente índole.
Por último, cabe reseñar que la falta de alimentación prolongada en un recién nacido
provoca además un riesgo de deshidratación/inanición que puede suponer trastornos
metabólicos que deriven en secuelas o incluso en el fallecimiento del menor.
17
- TEMA 12. AUTORÍA Y PARTICIPACIÓN
I.- “Se estima probado y así se declara que el día 18 de diciembre de 2002, sobre las
14,00 horas D. Gonzalo, mayor de edad y sin antecedentes penales, nacido el 24 de julio
1945, se encontró a la puerta del bar "Chicho", sito en Salvaterra de Miño, a D. Luis
Pablo, manteniendo entre ambos una conversación sin agresividad verbal ni física,
entrando posteriormente ambos en el interior del citado bar. Los dos se acomodaron en
la barra del mismo y pidieron un café cada uno, si bien D. Gonzalo le indicó al
camarero Sr. Bernardo que le pusiera el café que regresaba ahora, abandonando el local
en ese instante. En el interior del mencionado establecimiento no se dirigieron la
palabra, ni dieron muestras de la existencia de algún conflicto entre ambos. A los pocos
minutos, y después de tomar su café, D. Luis Pablo lo abandona también. Transcurridos
entre tres y cinco minutos vuelve a entrar al bar, ahora corriendo, D. Luis Pablo,
perseguido por D. Gonzalo, y sus hijos (gemelos) D. Mauricio y D. Luis, ambos
mayores de edad y sin antecedentes penales, nacidos el día 5 de marzo de 1984. En el
tiempo que D. Luis Pablo se tomaba su café, D. Gonzalo se dirigió a su domicilio
situado a unos 100 metros del bar "Chicho", con la intención de regresar, acompañado
de sus hijos para propinar una paliza, asumiendo cualquier resultado contra su
integridad física, incluida la muerte, que pudiera derivarse de la misma, a D. Luis Pablo.
Así, en escasos minutos D. Gonzalo, después de comunicar a sus hijos la presencia en el
citado local de D. Luis Pablo, deciden acudir en grupo al mismo para actuar contra
aquél. En el camino que media ente el domicilio de D. Gonzalo y sus hijos y el bar
"Chicho" (unos 100 metros de distancia) se estaba realizando una obra en toda la calle
consistiendo en enterramiento de cable eléctrico para alumbrado público. Lo que
aprovechó D. Luis para, llevado por el mismo propósito antes indicado, coger una barra
de hierro de aproximadamente un metro de longitud, hexagonal y de unos tres
centímetros de diámetro, y que es observado por su padre y su hermano que asumen su
utilización en la agresión referida. Caminando de forma apresurada primero D. Luis, e
inmediatamente tras él su padre y hermano, al llegar a las inmediaciones del
mencionado establecimiento, D. Luis Pablo que en ese momento se encontraba ya fuera
del mismo y tenía intención de introducirse en su vehículo, se percata de la presencia de
los anteriores que empiezan a correr hacia él, primero D. Luis que portaba la barra de
hierro con las dos manos. En ese momento y percibiendo que la intención de aquéllos
era agredirle, se introduce corriendo en el bar "Chicho" con la finalidad de huir y
escapar de los anteriores y buscar refugio, pidiendo a gritos en el interior del bar que
cerraran la puerta, que les pararan, que le iban a matar. D. Luis Pablo entra al
establecimiento por la puerta principal después de cruzar la terraza cubierta, y corre en
dirección a la barra. Se introduce por el final de la misma hacia su interior y de ahí a la
cocina por la puerta principal que se encuentra en el interior de la barra. Inmediatamente
tras él entra en la citada cocina y por la misma puerta D. Luis. A la par, por la otra
puerta existente en la cocina, en la misma pared que la anterior, pero que comunica con
una sala anexa del local, entran D. Gonzalo y su hijo Mauricio, cerrando a D. Luis Pablo
toda posibilidad de huída, acorralándolo en la cocina. Sin mediar palabra alguna y en
cuestión de breves segundos, D. Luis procede a descargar un brutal golpe con la barra
de hierro sobre la cabeza de D. Luis Pablo a consecuencia del cual se desploma en el
suelo, quedando tendido totalmente inconsciente en un abundante charco de sangre. […]
A continuación los tres, padre e hijos, abandonan el bar "Chicho" sin prestar ningún tipo
de auxilio a la víctima. […] Con anterioridad a los hechos relatados existía un conflicto
18
entre un hermano de D. Luis Pablo, llamado Mauricio, y los hijos de D. Gonzalo, pero
no consta que existiera conflicto o incidente alguno entre éstos y la víctima.
II.-A consecuencia de la agresión, D. Luis Pablo sufrió traumatismo craneoencefálico
abierto, con pérdida de conciencia, escala Glasgow 3, y otras lesiones”.
Hechos probados: Darío padece un retraso mental grave que le impide comprender la
licitud o la ilicitud de ciertos actos y que anula totalmente su capacidad para consentir
una relación sexual. El acusado Luis Francisco aprovechó su condición de cierta
familiaridad o amistad con Darío para ir a su casa y convencerle de que lo acompañase
al domicilio de Carlos Jesús. Al llegar allí, tanto Luis Francisco como Carlos Jesús, le
dijeron a Darío que entrase en un cobertizo. Una vez que Darío entró, el acusado Carlos
Jesús, con el ánimo de atentar contra la indemnidad sexual y pese a que conocía que
Darío tiene un retraso mental grave, cerró la puerta del cobertizo con llave, lo tiró sobre
un colchón, le quitó los pantalones y la ropa interior, e introdujo el pene en el orificio
anal, mientras que el otro acusado Luis Francisco miraba desde fuera a través de la
ventana. Después, Luis Francisco acompañó de nuevo a Darío hasta dejarlo en su casa".
Hechos probados: Los acusados Juan Ignacio, Alfonso, Ángel Daniel (…) se
pusieron de acuerdo para perpetrar un robo en la joyería sita en la calle Guipúzcoa nº
65, en la ciudad de Barcelona, mediante el uso de una navaja, como instrumento para
intimidar a la persona que lo regentaba, a fin de apoderarse de las joyas que
encontrasen, asumiendo todos ellos que la navaja podía ser utilizada y causar daño a la
víctima. A tales fines se repartieron los papeles a desempeñar cada uno de ellos.
De esta forma sobre las 12.34 horas del día 16 de octubre de 2010 Ángel Daniel se
dirigió a la joyería antedicha, regentada por Leandro y siguiendo el plan que habían
tramado todos los acusados y, fingiendo ser un cliente, con la cara descubierta y
portando una gorra, llamó al timbre para que el joyero le abriese la puerta, y una vez en
su interior mantuvo la puerta abierta, a fin de que entraran los otros dos procesados,
Juan Ignacio, portador de una navaja y Alfonso, portador de una bolsa de dimensiones
grandes, los cuales accedieron al interior de la joyería, llevando ambos en la cabeza un
casco de moto integral con la visera bajada que cubría sus rostros y guantes puestos, a
fin de no dejar huellas. Ambos habían previamente llegado a la joyería conjuntamente
con una moto matricula ....-BMM , propiedad de Plácido, la cual había sido sustraída el
día 6 de octubre por personas no identificadas.
Una vez dentro, Juan Ignacio simuló dar un golpe a Ángel Daniel, el cual según el
plan trazado se tiró al suelo y permaneció en esa posición, al tiempo que los otros dos,
mediante la exhibición de la navaja que portaba Juan Ignacio, conminaron al Sr.
Leandro, a que les abriese la caja fuerte y les entregase las joyas y objetos de valor,
acorralándolo detrás del mostrador, ante lo cual, éste y, en un instinto de conservación,
roció con un spray a Juan Ignacio, no logrando efecto alguno al portar el casco integral
con la visera bajada. De forma inmediata, Juan Ignacio (…) le clavó la navaja que
llevaba, en el pecho, en la zona del corazón, sin posibilidad real y efectiva de defensa
por parte de Leandro, (…) cayendo de forma fulminante al suelo.
19
A continuación, los acusados se apoderaron de parte de las joyas que había en el
local, y salieron a los pocos segundos de haber perpetrado la muerte a Leandro, huyendo
en la misma moto que habían dejado estacionada al lado de la joyería. El acusado Ángel
Daniel permaneció en el lugar de los hechos, manteniendo la simulación acordada de ser
una víctima, hasta que llegó la policía.
A consecuencia del apuñalamiento, Leandro sufrió una herida inciso punzante entre
la 4ª y 5ª costilla izquierdas que le causó la perforación del pericardio lo que le provocó
la muerte.
20
izquierda con edema palpebral y dificultad para la apertura de párpados; erosiones en
cara interna de labio inferior y de mejilla izquierda, hematoma leve e hiperemia en cara
interna labio inferior; y factura del suelo de la órbita del ojo izquierdo, sin alteraciones
anatómicas ni funcionales oculares ni focalidades neurológicas salvo alteraciones
sensitivas en parte de la región infraorbitaria izquierda. Estas lesiones precisaron para su
curación de una primera asistencia facultativa consistente en diagnóstico, tratamiento
médico con analgésicos y AINES; tardaron en curar 45 días de los cuales 15 estuvo
impedido para sus ocupaciones habituales y le dejaron secuelas consistentes en
afectación de nervios craneales - V, nervio trigémino y parálisis inferior hipo/anestesia
rama maxilar.
21
- Tema 14. La imputación personal o culpabilidad
RJ 2005\7511
Texto:
ANTECEDENTES DE HECHO
22
diversas partes de su cuerpo mientras le repetía que la iba a matar, no consiguiendo tal
propósito por la reacción de Dña. Catalina, quien logró parar algunas de las cuchilladas
con las manos y sujetar por las muñecas a D. Federico, impidiendo con ello que las
cuchilladas fueran de mayor profundidad, profiriendo gritos de socorro que fueron
atendidos por agentes núm. NUM002 y núm. NUM003 de la Policía Local de Tossa de
Mar quienes, tras varios requerimientos infructuosos y tras verse obligado el agente
núm. NUM003 a encañonar con su arma reglamentaria a D. Federico, lograron que este
último soltara el cuchillo que en aquel momento blandía en sus manos y que depusiera
su actitud. Como consecuencia de la agresión descrita Dña. Catalina sufrió lesiones
consistentes en herida inciso-cortante de 6 centímetros de longitud en la zona media de
la hemicara derecha, herida incisa de 5 centímetros de longitud en el parietal derecho,
herida en el frontal izquierdo, 11 heridas erosivas inciso-cortantes dispuestas
paralelamente sobre la zona media del tórax, 3 heridas erosivas inciso-cortantes en la
espalda, herida incisa en la cara anterior del muslo derecho, heridas incisas en los dedos
de la mano izquierda, herida contusa sobre el lateral izquierdo de la lengua, equimosis
de 10 por 7 centímetros sobre mama derecha, múltiples equimosis en antebrazos, manos
y en la zona escapular y múltiples erosiones en antebrazos y manos; lesiones que
precisaron para su curación, además de una primera asistencia facultativa, de
tratamiento quirúrgico consistente en la sutura de las heridas, las cuales tardaron en
sanar 21 días, de los cuales 7 estuvo impedida para el normal desempeño de sus
ocupaciones habituales, quedándole como secuelas cicatriz de 2,5 centímetros en zona
parietal derecha, cicatriz de 1,5 centímetros en zona frontal izquierda y marca
hiperpigmentada de 4 centímetros en el muslo izquierdo. En el momento de cometer los
hechos D. Federico se encontraba afectado por un brote psicótico, secundario al
consumo de sustancias estupefacientes, lo que distorsionaba gravemente su percepción
de la realidad y anulaba completamente sus facultades volitivas.
23
CUARTO El recurso interpuesto por la representación de la Acusación Particular
Catalina, lo basó en los siguientes MOTIVOS DE CASACION:
I.-Al amparo del artículo 849.2 LECrim, al haber incurrido en error de hecho en la
apreciación de la prueba, rechazando la aplicación de la eximente incompleta del
artículo 21.1, en relación con los artículos 20.2 y 68 del Código Penal, como pretendía
la acusación, y aplicando, en su lugar, la eximente completa del artículo 20.1º del citado
Código.
II.-Por quebrantamiento de forma al amparo del artículo 851.1, inciso tercero, de la
LECrim, por entender que la sentencia impugnada ha incurrido en el vicio de
predeterminación del fallo.
FUNDAMENTOS DE DERECHO
24
SEGUNDO El otro motivo del recurso se articula al amparo del artículo 849.2 LECrim,
al haber incurrido en error de hecho en la apreciación de la prueba, rechazando la
aplicación de la eximente incompleta del artículo 21.1, en relación con los artículos 20.2
y 68 del Código Penal, como pretendía la acusación, y aplicando, en su lugar, la
eximente completa del artículo 20.1º del citado Código. Sostiene el recurrente que la
sentencia recurrida establece en su segundo fundamento de derecho que cuando se
cometieron los hechos enjuiciados el acusado se hallaba afectado por un brote psicótico,
secundario al consumo de estupefacientes, lo que distorsionaba gravemente su
percepción de la realidad y anulaba completamente sus facultades volitivas. Sin
embargo, alega que tal manifestación es errónea y está en contradicción con los
documentos obrantes a los folios 44 y 60 de las actuaciones.
En desarrollo de la censura casacional, se dice que el documento obrante al folio 44,
consistente en el informe del médico forense de 31 de diciembre de 2002 se indica que
el acusado puede sufrir un trastorno en el contenido del pensamiento, pero también que
no se aprecian alteraciones en la percepción.
En cuanto al documento del folio 60, se trata del Informe de un especialista en
medicina psiquiátrica, de 16 de enero de 2003, en él se dice que el acusado se encuentra
bien orientado en el espacio y el tiempo y su persona, con una conversación coherente,
no apreciándose trastornos sensoperceptivos, ni del curso o del contenido del
pensamiento.
Estos dictámenes periciales designados como los documentos que sustentan el reproche
casacional acreditarían, según el recurrente, que en el momento de la comisión de los
hechos las capacidades intelectivas o volitivas del acusado no estaban anuladas y sí sólo
disminuidas, no siendo aplicable la eximente completa de alteración mental y sí sólo la
eximente incompleta y, al no haber entendido así, la Sala sentenciadora ha incurrido en
la infracción anunciada.
Es de significar, sin embargo, que el dato fáctico que se reputa de erróneo no es
consecuencia de los dictámenes periciales que indican el motivo. Es necesario señalar
en relación al de la médico-forense del folio 44, que en sus conclusiones ya advierte que
«se trata de un individuo que probablemente sufra un trastorno psiquiátrico», por lo que
explícitamente «se aconseja que sea examinado por un psiquiatra para diagnóstico», lo
que evidencia lo dubitativo del informe y su ineptitud para acreditar de la manera
irrefutable y concluyente que exige el motivo, la equivocación que se atribuye al
juzgador.
El solicitado informe psiquiátrico fue elaborado por el Dr. Jesús Carlos, especialista en
psiquiatría (folio 58), el 16 de enero de 2003 y en el mismo se consigna que, además de
haber sido diagnosticado el informado de politoxicomanía y «trastorno paranoide de la
personalidad», «no se aprecian trastornos sensoperceptivos ni del contenido del
pensamiento».
Hasta aquí los dictámenes periciales mencionados por el recurrente en apoyo de su
impugnación casacional. Sin embargo, omite éste toda referencia al nuevo Informe
elaborado por Dr. Jesús Carlos el 2 de agosto siguiente, tras diversas sesiones de
reconocimiento del paciente (folios 52 a 56 del rollo de Sala), en el que se establecen
como conclusiones diagnósticas: «Dependencia a la cocaína, actualmente en remisión;
Dependencia a la heroína, actualmente en remisión; Transtorno paranoide de la
personalidad. Federico, en el momento de los hechos su conducta venía condicionada
por su dependencia a los tóxicos y su estado psicopatológico».
También omite el recurrente las numerosas y relevantes manifestaciones efectuadas por
la forense y psiquiatra mencionados y por el también médico-forense D. Manuel en el
25
juicio oral en el momento de la práctica de la prolija prueba pericial, en la que
efectuaron ampliaciones, observaciones y concreciones de sus respectivos dictámenes
previos, estableciéndose la confirmación del trastorno paranoide y la aparición de un
brote psicótico, «en fase aguda porque estaba en tratamiento con metadona y lo había
dejado y había tomado cocaína y alcohol» (folios 5 a 7 del Acta del Juicio Oral),
expresando los médicos-forense que «aceptan que el acusado tuvo un brote psicótico
como reacción a los tóxicos, [y] que si se tiene la personalidad un poco alterada se es
más propenso a los brotes sicóticos», concluyendo la Dra. Amanda que «no se puede
decir que las capacidades cognitivas o volitivas estuvieran anuladas porque no estaban
delante, pero sí que estaban muy disminuidas. Que el delirio podía ser muy fuerte».
Es importante subrayar que la convicción del Tribunal sentenciador sobre el estado
mental del acusado no se fundamenta en los informes periciales elaborados en fase
sumarial, sino en las profusas pruebas periciales practicadas en el juicio oral con la
presencia de los especialistas que de manera extensa expusieron ante los jueces sus
opiniones y consideraciones como expertos y que, en buena medida, modificaban
sustancialmente los diagnósticos contenidos en los informes elaborados durante la
instrucción del procedimiento.
Por tanto, ha sido la valoración unitaria de todos los elementos probatorios practicados
en el juicio oral lo que conforma la convicción del Tribunal sentenciador en relación
con el estado mental del acusado al ejecutar la acción, explicitándose en la motivación
fáctica de la sentencia el resultado valorativo de la amplia y plural prueba pericial de
manera tan razonada como convincente, señalando «que los tres peritos médicos que
depusieron en el plenario coincidieron en afirmar que el día de autos D. Federico se
hallaba en un episodio o brote psicótico con ideación delirante, habiendo reseñado en tal
sentido la Doctora Amanda que ratificaba su informe obrante a los folios 146 a 148 (en
el que se hacía constar que la conducta de D. Federico estuvo motivada por un trastorno
que padeció de manera aguda y que coincidió con la abstinencia de metadona y el
consumo de alcohol y cocaína, y que el día de autos presentaba sintomatología
psicopatológica positiva), que padecía un delirio, que mezclaba ideas, que tenía los ojos
muy abiertos, que, en caso de haber estado en brote psicótico el día de autos, éste
hubiera estado relacionado con el consumo de tóxicos y hubiera provocado que el
acusado sufriera una grave distorsión de la realidad que le hubiera impedido actuar de
otra manera y que no puede decir que las capacidades intelectivas o volitivas estuvieran
anuladas porque no estaba delante cuando ocurrieron los hechos, pero que el delirio
podía ser muy fuerte; añadiendo el Doctor Manuel que también ratificaba el precitado
informe, que D. Federico sufría el día de autos un brote psicótico secundario al
consumo de tóxicos, que si se tiene la personalidad alterada se es más propenso a los
brotes psicóticos, que en un brote psicótico se tiene baja tolerancia a la frustración, por
lo que puede ocurrir que se resista a la detención y que si hizo constar en el informe que
sus capacidades intelectivas y volitivas estaban muy disminuidas, y no anuladas, fue
porque no estaba en el lugar de los hechos cuando éstos se produjeron, por lo que no
podía descartar totalmente que existiera alguna posibilidad, aunque lejana, de que el
acusado hubiera podido contenerse; y asegurando Don Jesús Carlos que en el primer
informe (folio 58) recogió que D. Federico padecía politoxicomanía y un trastorno
paranoide de la personalidad (en realidad en dicho informe se limitaba a describir que el
acusado había sido diagnosticado de tales dolencias) y que en el segundo informe
(folios 52 al 58 del rollo), emitido tras la práctica de nuevas entrevistas y de un test de
personalidad, podía asegurar que el día de autos el acusado tenía muy gravemente
alteradas sus facultades y que podía hallarse en fase aguda o brote psicótico porque
26
cuando lo detuvieron decía cosas incoherentes y porque, al parecer, había dejado el
tratamiento de metadona y había tomado cocaína y alcohol».
27
y anulaba completamente sus facultades volitivas, según se declara expesamente
probado en el «factum» de la sentencia. Debemos añadir en este punto que la doctrina
de esta Sala tiene establecido que lo que los jueces valoran para formar su convicción
sobre los hechos acaecidos es aquello que ven y escuchan durante la práctica de las
pruebas, no lo que con mayor o menor acierto y detalle el actuario haga constar en el
Acta del Juicio. En este punto debe quedar meridianamente claro que el Tribunal
sentenciador no está condicionado para redactar la declaración de hechos probados por
el contenido del Acta, en la que el Secretario del Tribunal «hará constar sucintamente
cuanto importante hubiese ocurrido» en el Juicio (art. 743 LECrim), sin necesidad, por
lo tanto, de dejar constancia de los pormenores de lo que en la Vista acontezca. Los
jueces efectuarán la valoración de las distintas pruebas practicadas a su presencia
conforme a lo que aquéllos hayan percibido por sí mismos, pues justamente en esto
radica la apreciación en conciencia de las pruebas practicadas en el juicio de que habla
el art. 741 LECrim, por más que en el Acta no quede constancia exacta y literal,
completa y detallada de la práctica y desarrollo de las pruebas (lo que ni exige la Ley,
como hemos visto, ni resulta físicamente posible en la mayoría de los casos), pues la
experiencia nos demuestra que en demasiadas ocasiones, ni en el Acta se registra la
totalidad de lo manifestado, ni tampoco concuerdan exactamente lo declarado con lo
que figura en el documento, lo que, por lo demás, es perfectamente comprensible dada
la deficiente mecánica con que se desarrolla esta labor.
La función que corresponde a esta Sala Segunda como Tribunal de casación consiste en
verificar que los elementos fácticos que figuran en la sentencia son el resultado de la
actividad probatoria válida practicada en la instancia, siendo suficiente para ello
comprobar que en el Acta consta que se ha practicado prueba testifical o pericial de
cualquier otra clase acerca de tales extremos, pero sin que le esté permitido revisar la
valoración de dichas pruebas ni sustituir el resultado valorativo alcanzado por los jueces
a quibus por otro diferente so pretexto de «diseccionar» el contenido del Acta oficial
para constatar la milimétrica exactitud entre el «factum» y el repetido documento
(véanse SSTS de 11 de junio de 1999, 16 de mayo de 2000 y 18 de febrero de 2002,
entre otras).
Y, desde luego, los documentos que sustentan el motivo casacional carecen
manifiestamente - según hemos explicado- de aptitud para demostrar de la manera
incuestionable, definitiva e irrefutable que exige esta clase de reproche, la equivocación
del juzgador de instancia.
En todo caso, no parece ocioso señalar que, como ya argumentaba la sentencia de esta
Sala del Tribunal Supremo de 3 de mayo de 1995 ( RJ 1995, 3899) la determinación de
la capacidad de culpabilidad se lleva a cabo mediante una división de tareas entre los
peritos y los jueces, en la que aquéllos determinan los aspectos biológico-psicológicos,
mientras éstos valoran las consecuencias para la capacidad de comprender y de dirigir
las acciones. Sin embargo, puntos de vista recientes afirman que ello sólo es correcto si
lo que se pretende es formular un juicio sobre la libertad de la voluntad de un sujeto.
Por el contrario, si el juicio se refiere a motivabilidad del autor por medio de normas
jurídicas los conocimientos empíricos no pueden ser ignorados en la determinación de
la capacidad del autor. El juicio correspondiente, por lo tanto, se debe llevar a cabo
mediante un método comparativo que partirá de la comprobación del grado de
relevancia de la enfermedad mental, para establecer luego si es posible afirmar en el
caso una modificación profunda de la personalidad que supere los límites de la
normalidad y que, a su vez, haya afectado la capacidad de obrar con sentido. Sobre estas
bases la doctrina estima, en general, que en los casos de auténticas psicosis (tal es el
caso de la esquizofrenia), en principio, cabe admitir la ausencia de capacidad de
28
comprensión y de autoconducción, sobre todo cuando alcanzan una considerable
intensidad. En la práctica, y sin perjuicio del tiempo transcurrido, la ciencia médica y la
jurídica continúan, como se ve, dando valor, de alguna manera, a las palabras de uno de
los más grandes especialistas médicos en cuestiones de capacidad de culpabilidad: «de
la existencia de la perturbación producida por una enfermedad mental deducimos,
calladamente, la incapacidad de actuar según la comprensión, teniendo en cuenta el
grado de la perturbación». La opinión dominante sostiene, en este sentido, que la
capacidad de culpabilidad se debe excluir cuando la perturbación producida por
enfermedad mental tenga una intensidad considerable. Por el contrario, la
inimputabilidad o incapacidad de culpabilidad no requiere una eliminación completa de
la voluntad, pues si ello ocurriera, en realidad, se excluiría la acción, que -como se
admite en general- requiere, en todo caso, un comportamiento voluntario.
En el caso que ahora se juzga decía la sentencia mencionada, no existe ninguna duda
sobre el estado patológico del procesado y tampoco ha tenido dudas el Tribunal a quo
sobre la profundidad del mismo, pues -como se dijo- en los hechos probados ha
establecido que «sus facultades volitivas estaban intensamente disminuidas» por un
trastorno delirante.
En tales condiciones, es claro que el resto de voluntad que se entiende habría tenido el
recurrente no permite considerar que hubiera podido realmente motivarse por el deber
jurídico. En verdad, cuando la afección es tan profunda, más que de un saldo de
voluntad -por lo demás difícilmente mensurable-, se hace referencia a un estado en el
que el agente no ha perdido completamente la conciencia. Esta equiparación de
actuaciones conscientes con actuaciones voluntarias no parece terminológicamente
adecuada a las concepciones científicas hoy dominantes.
En suma: los casos de intensa perturbación producida por una esquizofrenia paranoide
sumada a una ideación delirante, que afecta esencialmente los controles del
comportamiento deben ser considerados según el art. 8,1º CP [art. 20.1 CP vigente],
dado que en tal caso el agente ya no puede ser destinatario de una norma que no lo
puede motivar de una manera jurídicamente relevante.
Recordemos, finalmente, que la fórmula legal de la capacidad de culpabilidad
establecida en el art. 20.1 CP, contiene dos elementos. Uno, la alteración o anomalía
psíquica, denominado en la doctrina elemento biológico o psiquiátrico, que depende
totalmente de una comprobación médica. Otro, de naturaleza normativa, que se refiere a
la incidencia de la alteración o anomalía en la capacidad cognoscitiva y volitiva del
sujeto, sobre el cual no cabe una determinación puramente médica y que requiere una
valoración jurídica razonada por parte del órgano juzgador (véase STS de 19 de
septiembre de 2000), que es lo que ha hecho en el caso presente el Tribunal a quo
ponderando de las pruebas periciales -y testificales- practicadas a su presencia.
29
Porque, en efecto, lo que resulta patente es la peligrosidad objetivada del acusado
debida a la combinación de los graves trastornos mentales de aquél y de su adicción a
nocivas sustancias estupefacientes, peligrosidad cuya indudable gravedad queda
acreditada por la anormal y homicida conducta del acusado contra su compañera que
refleja el «factum», y que se cierne como una permanente amenaza sobre la misma con
el acusado en libertad y que, de otra parte, nada excluye que pueda proyectarse sobre
cualquier otro miembro del grupo social en determinadas circunstancias, y cuya
protección y seguridad debe ser un factor de singular relevancia a la hora de adoptar la
medida cautelar en supuestos como el presente. Todo lo cual hace insuficiente la medida
acordada al amparo del art. 104 CP, siendo necesario, en aras de la protección de la
comunidad, disponer el internamiento en un centro psiquiátrico por tiempo máximo de
ocho años, sin perjuicio de lo dispuesto en el art. 97 del mencionado Código, a cuyo
efecto la responsabilidad de adoptar alguna de las decisiones previstas en el citado
precepto, recae esencialmente en el Tribunal sentenciador que deberá ponderar
escrupulosamente su decisión.
En este extremo, el recurso se estima, debiéndose declarar de oficio las costas
procesales de esta instancia casacional.
FALLO
ANTECEDENTES DE HECHO
30
ÚNICO Procede dar por reproducidos e incorporados al presente, los hechos probados
de la sentencia de instancia dictada por la Audiencia Provincial de Gerona, Sección
Tercera, y que, a su vez, consta transcrita en la sentencia primera de esta Sala.
FUNDAMENTOS DE DERECHO
FALLO
Que debemos absolver y absolvemos al acusado Federico del delito de homicidio y del
delito de lesiones que le venían siendo imputados, por la concurrencia de la
circunstancia eximente de alteración mental, aplicando como medida de seguridad el
internamiento en centro psiquiátrico por tiempo máximo de ocho años, sin perjuicio de
que la efectividad de tal medida quede supeditada al examen de la situación actual del
recurrente, pudiendo el Tribunal sentenciador, en ejecución de esta medida, tomar las
decisiones oportunas, que previene el art. 97 CP.
Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Colección Legislativa lo
pronunciamos, mandamos y firmamos.
Voto Particular
31
profiriendo gritos de socorro que fueron escuchados por agentes de la policía local que
acudieron en su auxilio quienes, tras varios requerimientos infructuosos y tras verse
obligado uno de ellos a encañonar con su arma reglamentaria al acusado, lograron que
este último soltara el cuchillo que en aquel momento blandía en sus manos y que
depusiera su actitud. Como consecuencia de la agresión descrita, Catalina sufrió
lesiones consistentes en herida inciso-cortante de 6 centímetros de longitud en la zona
media de la hemicara derecha, herida incisa de 5 centímetros de longitud en el parietal
derecho, herida en el frontal izquierdo, 11 heridas erosivas inciso-cortantes dispuestas
paralelamente sobre la zona media del tórax, 3 heridas erosivas inciso-cortantes en la
espalda, herida incisa en la cara anterior del muslo derecho, heridas incisas en los dedos
de la mano izquierda, herida contusa sobre el lateral derecho de la lengua, equimosis de
10 por 7 centímetros sobre la mama derecha, múltiples equimosis en antebrazos, manos
y en la zona escapular y múltiples erosiones en antebrazo y manos; a continuación se
señala el tiempo en que tardo en curar y las secuelas padecidas. Por último, se dice que
el acusado se encontraba afectado por un brote psicótico, secundario al consumo de
sustancias estupefacientes, lo que distorsionaba gravemente su percepción de la realidad
y anulaba completamente sus facultades volitivas. En su parte dispositiva, el Tribunal
de instancia dicta un fallo en el que absuelve libremente al acusado del delito de
homicidio y del delito de lesiones de los que venía siendo acusado, por la concurrencia
de una eximente completa de alteración mental, imponiéndole durante cinco años la
medida de seguridad de tratamiento externo en un centro de deshabituación de drogas y
en un centro psiquiátrico, y se establecen las responsabilidades civiles.
El error que se dice cometido en ese relato fáctico consiste en que la víctima no está de
acuerdo en lo que se declara probado respecto a la capacidad de culpabilidad del
acusado como consecuencia del consumo de sustancias estupefacientes y especialmente
que se diga que tenía sus facultades volitivas completamente anuladas ya que eso no
aparece en los informes médicos que obran en la causa; muy al contrario, en el informe
emitido por la médico forense, que está incorporado al folio 44, se dictamina que el
acusado, a pesar de sufrir un trastorno en el contenido del pensamiento, es un individuo
consciente y orientado, en el que no se aprecian alteraciones de la percepción; y en el
informe de fecha 16 de enero de 2003, emitido por médico especialista psiquiátrico, se
dictamina que el acusado se encuentra bien orientado en el espacio y el tiempo y su
persona, con una conversación coherente, no apreciándose trastornos sensoperceptivos,
ni del curso ni contenido del pensamiento.
Por todo ello entiende la recurrente y víctima que en el momento de la comisión de los
hechos las capacidades intelectivas o volitivas del acusado no estaban anuladas y sí sólo
disminuidas, y que en lugar de la eximente completa de alteración mental debió
apreciarse una incompleta, discrepando de la sentencia absolutoria del Tribunal de
instancia en la que únicamente se impone al acusado una medida de seguridad
consistente en tratamiento externo.
Lo cierto es que en los informes médicos señalados en el recurso y examinados todos
los demás a los que se refiere la Sentencia de la mayoría, en ninguno de ellos se
dictamina que las facultades del acusado estuviesen anuladas, a pesar de los muchas
esfuerzos que se hacen para querer encontrar lo que los especialistas no han dicho, ni
que estuviera, por consiguiente, privado de comprender la ilicitud del hecho o de actuar
conforme a esa comprensión.
La víctima, que mantenía una relación de pareja con el acusado, sufrió una gravísima
agresión, con múltiples puñaladas, que no le causaron la muerte por la oportuna
intervención de unos agentes policiales que acudieron al oír sus gritos pidiendo auxilio,
víctima que había recibido expresas amenazas de muerte, además de soportar, como se
32
dice en los hechos probados, la agresividad del acusado, cuyas alteraciones psíquicas
derivan del consumo de sustancias estupefacientes.
Consta en los informes periciales que obran en las actuaciones que no es el primer brote
psicótico que sufre como consecuencia del consumo de sustancias estupefacientes, y
que el padecido, en los hechos enjuiciados, fue debido a que abandonó un tratamiento
con metadona y consumió cocaína y alcohol.
Así las cosas, es perfectamente lógico que la víctima muestre su preocupación y solicite
la revocación de una sentencia que ampara al acusado con una eximente completa por
una alteración mental que debería haber previsto, por no ser la primera vez que sus
facultades se ven seriamente afectadas por el consumo de drogas, tratándose, por
consiguiente, de la situación que viene expresamente recogida en los números 1º y 2º
del artículo 20 del Código Penal, y lo que es más grave, situación que no es de excluir
en un futuro, en cuanto desatienda los tratamientos de deshabituación, como ha hecho
en otras ocasiones, y la pregunta que la víctima se puede hacer no puede ser más
sencilla: sí se produce una nueva agresión, que puede ser la definitiva, ¿también estaría
amparado por una eximente completa?.
Es cierto que todo acusado tiene derecho a la tutela judicial efectiva de jueces y
tribunales, la cuestión es si las víctimas de gravísimos hechos delictivos están
igualmente amparadas.
Es doctrina reiterada de esta Sala que no constituyen documentos, a estos efectos
casacionales, los dictámenes periciales, en cuanto se trata de pruebas personales que no
pierden dicho carácter por el hecho de aparecer documentadas en las actuaciones, con la
única excepción de que la prueba pericial sea única e inequívoca y el Tribunal
sentenciador la haya incorporado de modo incompleto o fragmentariamente o que
tratándose de varios dictámenes coincidentes la Audiencia ha llegado a conclusiones
divergentes con las de los citados informes o, incluso, diametralmente opuestas o
contrarias a lo expuesto por los peritos.
Quien formula este voto particular considera que esa excepción se puede afirmar en el
presente recurso, ya que el Tribunal sentenciador se ha apartado de todos los informes
periciales al incluir en el relato fáctico una anulación de las facultades volitivas que
ningún dictamen pericial, ni sus ampliaciones en el acto del plenario sostienen. Y llama
la atención que la sentencia de la mayoría quiera encontrar su fundamento en
declaraciones testificales, y entre ellas las del propio acusado, para desvirtuar lo que
dicen los informes periciales médicos, o se diga, para rechazar el recurso, que la víctima
no ha tenido en cuenta que uno de los peritos, concretamente Don. Jesús Carlos, hubiese
emitido un segundo dictamen que a juicio de la mayoría desvanece los argumentos de la
recurrente, cuando lo cierto es que tampoco sustenta esa anulación de facultades, y lo
único que varía, respecto al inicial dictamen, en el que se dictaminaba la ausencia en el
acusado de trastornos sensoperceptivos y del contenido del pensamiento, es que en el
segundo se dice que su conducta venía condicionada por su dependencia a los tóxicos y
su estado psicológico, lo que deja en el aire la intensidad de ese condicionamiento, sin
que debamos entrar a considerar la circunstancia de que el primer informe lo emitió
como perito oficial, a instancia del Juez de Instrucción, y el segundo informe lo hizo
como psiquiatra particular a petición de la letrado de la defensa, como consta al folio 6º
del acta del juicio oral; y asimismo se dictamina en ese segundo dictamen, como recoge
la sentencia de la mayoría, que la dependencia del acusado al consumo de sustancias
estupefacientes están en remisión, lo que pudo ser tenido en cuenta por el Tribunal de
instancia al acordar exclusivamente un tratamiento externo, situación que siempre será
posible, especialmente si cuenta con informes como el que comentamos, aunque
33
inicialmente se acuerde lo contrario, a tenor de lo previsto en el artículo 97 del Código
Penal.
Por todo lo que se deja expresado, se discrepa de la mayoría al mantener la eximente
completa, y considero que debió estimarse este extremo del recurso, apreciándose una
eximente incompleta, con la correspondiente condena al acusado, como se interesaba
por el Ministerio Fiscal y la acusación particular, sin perjuicio de tener en cuenta la
previsión que viene establecida en el artículo 104 del Código Penal respecto a la
aplicación de las medidas a que se refieren los artículos 101, 102 y 103 del mismo texto
legal. Con ello se conseguiría hacer efectiva la tutela judicial a que tiene derecho, y en
este caso especialmente requerida, la víctima de los graves hechos cometidos.
Madrid a 11 de octubre de 2005
- STS 782/2016, de 19 octubre (ver arts. 181, 182, 183 y 183 quater CP)
Hechos probados: Pascual, mayor de edad (nacido el año 1986) conocía a Laura
(nacida el año 2000) porque era amigo del padre de la menor. En el año 2015, Pascual
comenzó a contactar con ella a través de la red social Facebook. Ambos comienzan una
relación sentimental a raíz de la cual, el 20.7.15, con el consentimiento de la menor
mantuvieron, en el domicilio del acusado, una relación sexual con penetración vaginal,
con consentimiento de la menor. El 16 de Agosto Pascual pidió a la menor que le
practicara una felación, a lo que ésta accedió, y, finalmente, el acusado volvió a
penetrarla vaginalmente. El acusado conocía que Laura tenía 14 años, pero no sabía que
era delictivo mantener relaciones sexuales con ella cuando era menor de 16 años, ya que
no utilizó los medios a su alcance para informarse de ello.
34
RJ 2006\3312
Ver arts. 181, 182, 183 y 183 quater CP
Sentencia Tribunal Supremo núm. 411/2006 (Sala de lo Penal), de 18 abril
Jurisdicción: Penal
Recurso de Casación.
Ponente: Excmo. Sr. D. Juan Ramón Berdugo y Gómez de la Torre.
En el recurso de casación por infracción de Ley que ante Nos pende, interpuesto por
Carlos Antonio, contra sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Logroño,
Sección Primera, que condenó al acusado, por un delito de abusos sexuales; los
componentes de la Sala Segunda del Tribunal Supremo que al margen se expresan se
han constituido para la deliberación y Fallo, bajo la Presidencia del Primero de los
indicados y Ponencia del Excmo. Sr. D. Juan Ramón Berdugo Gómez de la Torre,
siendo también parte el Ministerio Fiscal y estando dicho recurrente representado por el
Procurador Sr. González Moreno
ANTECEDENTES DE HECHO
HECHOS PROBADOS:
I.- El acusado, Carlos Antonio, de 24 años de edad, natural de Ecuador, sin antecedentes
penales, durante el mes de septiembre de 2003, entabló una relación de amistad con la
menor E., de doce años de edad. El día cinco de octubre del mismo año, fueron juntos al
domicilio del acusado, donde mantuvieron relaciones sexuales consentidas, con
penetración vaginal. El procesado era conocedor de la edad que tenía E., aunque
desconocía que este acto pudiera ser delictivo.
II.-En el momento de los hechos la menor de edad presentaba una madurez mental
superior a su edad cronológica.
Por su parte, el acusado, que no sufre alteración de sus facultades mentales y tiene un
coeficiente intelectual normal, presentaba un bajo nivel cultural y un grado de madurez,
sensiblemente inferior a su edad cronológica.
FUNDAMENTOS DE DERECHO
PRIMERO […]
35
CUARTO El motivo cuarto por infracción de Ley art. 849.1 LECrim. por considerar
indebidamente aplicado el art. 14.3 CP al apreciarse el error de prohibición en su
modalidad de vencible, en lugar de invencible.
Argumenta el motivo que la sentencia recurrida estima probado que el acusado, de 24
años de edad, presentaba un bajo nivel cultural y un grado de madurez sensiblemente
inferior a su edad cronológica, y en el Fundamento Jurídico tercero que Carlos Antonio
tenia en convencimiento sincero de que las relaciones sexuales mantenidas con la menor
de trece años no constituían un ilícito penal, dado que en su país, Ecuador, hay personas
que contraen matrimonio a esa edad, convencimiento que la Sala extrae del examen
psicológico efectuar al proceso por los médicos forenses que valoran su sinceridad en
este punto. […]
SEXTO Pues bien, en el caso que analizamos nos encontramos, con dos personas de
nacionalidad ecuatoriana, una menor entre 12 y 13 años con una madurez mental
superior a esa edad los médicos forenses en el acto del juicio señalaron que presenta una
personalidad y mentalidad muy madura, aproximadamente representaría 17 años y
conocía lo que eran las relaciones sexuales y sus consecuencias, y el acusado de 24 años
con un bajo nivel cultural y un grado de madurez sensiblemente inferior a su edad
cronológica, hasta el punto de que la propia sentencia, fundamento derecho primero,
admite que incluso los factores psicológicos, puntualmente observados, apuntan a un
mayor grado de madurez en la víctima que en el acusado, y una única relación sexual
entre ambos, que se consideraban mutuamente novios, no solo consentida por la menor,
sino que incluso los informes antes indicados consideran que era ella quien en esa
relación presentaba una personalidad más fuerte y llevaba las riendas de la relación,
siendo especialmente significativas sus manifestaciones tanto en la exploración judicial
en el mes de octubre de 2004, nada más ocurrir los hechos, («que está bien, que quiere a
su novio, que le considera como su novio, que le quiere y por eso lo hizo, que él no la
forzó»), como en el plenario de 21.1.2005, («conocía en qué consistían las relaciones
sexuales, estaba informada por el Colegio. Acudieron a casa de Carlos Antonio. El
acusado no le hizo ninguna propuesta, tampoco hablaron de acostarse, comenzaron a
besarse y era algo que apetecía a los dos. Su relación con Carlos Antonio fue voluntaria
y consentida.. No se sintió presionada y sabia lo que era la relación sexual y sus
consecuencias...»).
36
ANEXO: CASO COMENTADO
- CASO PRÁCTICO:
37
De acuerdo con la doctrina seguramente mayoritaria, la decisión sobre si un
determinado comportamiento supone iniciar la ejecución del correspondiente delito es
una decisión que depende de la descripción legal del hecho típico (en este caso: matar),
entendido como un hecho que crea (u omite controlar) un riesgo penalmente relevante
para el bien jurídico protegido. Por lo tanto, es una decisión que también depende de la
peligrosidad de la conducta realizada, valorada ex ante, con arreglo al criterio del
hombre medio, atendiendo al plan del autor y, también, a la función preventiva del
Derecho penal.
Aunque no se haya producido el resultado de muerte, el disparo de Benjamín es una
conducta que, valorada desde una perspectiva ex ante (justo antes de apretar el gatillo),
con arreglo al criterio del hombre medio colocado en la posición del autor, crea un
riesgo de producir aquel resultado típico (la muerte de otra persona). Ese riesgo es
elevado, no es un riesgo adecuado socialmente, y Carlos no consiente en su creación.
Por lo tanto, atendiendo también a la inmediatez con la que pudo producirse el resultado
típico, debe afirmarse que el disparo de Benjamín supone la creación de un riesgo
penalmente relevante: un riesgo abarcado por el tipo del delito, en este caso, el tipo del
delito de homicidio. Si entendemos que, pese a no producirse la muerte de Carlos,
también conociendo todas las características del hecho, desde una perspectiva ex post,
se puede seguir afirmando el peligro del disparo dirigido a su cabeza, estaremos ante
una tentativa idónea.
Partiendo de que la forma en que Benjamín pensaba matar a Carlos era,
precisamente, el disparo realizado y de que, por lo tanto, no era necesaria la realización
de nuevos actos, además de peligroso en relación con la producción del resultado típico
(la muerte de otra persona) y la lesión del bien jurídico que trata de protegerse mediante
la incriminación del homicidio (la vida humana independiente), el disparo realizado por
Benjamín con dolo de matar, supone —como ya adelantábamos— la realización de
todos los actos ejecutivos.
El tipo objetivo de los delitos intentados también requiere que no se produzca la
consumación, y que su ausencia no se deba, precisamente, al desistimiento voluntario
del autor. La concurrencia de estos elementos no plantea problemas en el caso ahora
analizado. Si no se produjo la muerte de Carlos fue porque la bala que iba dirigida a su
cabeza no le alcanzó, y nada indica que ello se debiera a la intervención activa y
voluntaria de Benjamín.
La tentativa es siempre un delito doloso. Por lo tanto, el tipo subjetivo de la tentativa
requiere el conocimiento y voluntad de la realización de los elementos del tipo objetivo.
Requiere también un elemento subjetivo del injusto, consistente en la voluntad de
realizar todos los actos ejecutivos y alcanzar la consumación. Atendiendo a la
configuración externa de la actuación de Benjamín (un disparo dirigido a la cabeza de
Carlos) podemos deducir que actuó con la intención de generar un peligro para la vida
de éste y producir la muerte (dolo directo de primer grado). Si ello se rechazara, lo que
resulta muy difícil de negar es que Benjamín conocía el riesgo que originaba, y aceptaba
la producción de la muerte, lo que supone la presencia del dolo directo de segundo
grado o, por lo menos, del dolo eventual.
Al ser Benjamín quien realiza personal y directamente los elementos del tipo del
delito de tentativa de homicidio, se le debe considerar autor (directo) de la misma.
En la actuación de Benjamín no concurren causas de justificación (ni legítima defensa,
ni estado de necesidad, ni el cumplimiento de un deber o ejercicio de un derecho) que
excluyan la antijuricidad de la conducta típica. Tampoco hay elementos para pensar
que Benjamín pudo haber incurrido en un error sobre la concurrencia de los elementos
38
objetivos de una causa de justificación; por el contrario, era consciente de la ausencia
de causas de justificación.
Tampoco se aprecia un error de prohibición, ni circunstancias —como anomalías o
alteraciones psíquicas, intoxicación, déficit en la percepción o miedo insuperable (cfr.
arts. 20.1, 20.2, 20.3 y 20.6 CP)— que permitan afirmar que la capacidad de Benjamín
para motivarse por la norma infringida (la prohibición de matar) era inferior a la normal,
lo que supondría la exclusión o disminución de la imputación personal de (o la
culpabilidad por) la realización del hecho típico y antijurídico.
39
Rodrigo le preste la moto a su hermano, no son suficientes para afirmar que la
contribución de Rodrigo tiene tanta importancia como para considerarla similar (a
efectos de pena) a la de un autor y, por lo tanto, entendemos que no supone la
realización del tipo objetivo del delito de cooperación necesaria en la tentativa de
homicidio. Nos inclinamos por considerar que supone la realización del tipo objetivo de
la complicidad. Sin embargo, el tema es discutible y, por lo tanto, no sería descabellado
considerar que, por su importancia, la aportación de Rodrigo sí supone la realización del
tipo del cooperador necesario. De todos modos, conviene destacar el carácter activo y
no meramente omisivo de la cooperación de Rodrigo, pues éste no se limita a omitir la
neutralización del riesgo que origina su hermano (por ejemplo, avisando a Carlos de las
intenciones de aquél, o impidiendo que Benjamín dispare). Al concertar la cita y
facilitar el medio de transporte, Rodrigo contribuye eficaz y causalmente a la propia
aparición de ese riesgo, materializado en la ejecución de la tentativa por parte de
Benjamín. Concurren, así, todos los elementos del tipo objetivo de la complicidad: una
contribución menos importante que la del cooperador necesario, pero penalmente
relevante, que favorece la realización de un hecho delictivo por parte del autor.
La participación de Rodrigo es dolosa, pues actúa con conocimiento y voluntad de
favorecer el hecho del autor, y de que éste se cometa: conoce y acepta el homicidio de
Carlos por parte de Benjamín, y también conoce y acepta que su actuación favorece la
comisión de tal hecho. Adviértase que estos elementos subjetivos y el acuerdo (parece
que tácito) entre el Benjamín y Rodrigo no son suficientes para considerar que también
éste último es (co)autor de la tentativa de homicidio.
La cooperación dolosa de Rodrigo supone la realización de un hecho típico y,
también, antijurídico, pues no concurren causas de justificación. Nada se dice sobre la
concurrencia de circunstancias que permitan negar o cuestionar la normalidad de la
capacidad de Rodrigo para motivarse por la norma que infringe (la que prohíbe la
complicidad en un homicidio), ni tampoco se dice nada que permita apreciar un error de
prohibición. Por lo tanto, debe concluirse que también a Rodrigo se le puede imputar
personalmente el hecho típico y antijurídico que realiza o, dicho de otro modo, se le
puede considerar plenamente culpable del mismo.
40
tentativa de homicidio. Si a ello le añadimos la concurrencia del tipo subjetivo de la
tentativa: el dolo, y la voluntad de realizar todos los actos ejecutivos (cuando no se han
realizado ya dolosamente) y de alcanzar la consumación, entonces deberíamos concluir
que el disparo de Carlos supone la realización del tipo del delito de tentativa homicidio.
En cualquier caso —prescindiendo aquí de las diferencias que presentan las distintas
modalidades del delito doloso de lesiones—, resulta evidente que el disparo de Carlos
supuso la realización del tipo (básico) del delito consumado y doloso de lesiones. En
cuanto a la parte objetiva del tipo, debe afirmarse que, valorado ex ante, con arreglo al
criterio del hombre medio con los conocimientos superiores que tuviera el autor, el
disparo suponía la creación de un peligro para la integridad física y la salud de
Benjamín. Se trataba de un peligro elevado, no adecuado socialmente, ni consentido por
aquél y, por lo tanto, un peligro penalmente relevante: abarcado por el tipo objetivo del
delito de lesiones; dicho de otro modo: un riesgo cuya aparición, cuando no concurren
causas de justificación, intenta prevenir el Derecho penal a través de la incriminación
del delito de lesiones y la amenaza de la pena correspondiente. Además de suponer la
creación de un riesgo típicamente relevante, el disparo causó efectivamente el resultado
previsto en el tipo del delito de lesiones: un menoscabo en la integridad y/o la salud del
sujeto pasivo. La afirmación de una relación causal entre el disparo de Carlos y las
lesiones sufridas por Benjamín se apoya en el concepto de causa que, de forma
ampliamente mayoritaria, se utiliza en la doctrina y la jurisprudencia penal: el concepto
que ofrece la teoría de la equivalencia de las condiciones, según el cual toda condición
del resultado es causa del mismo. Mediante la fórmula de la condicio sine qua non,
podemos afirmar que el disparo es condición de la lesión y, por lo tanto, causa de la
misma: si eliminamos mentalmente el primero, sin incorporar cursos lesivos meramente
hipotéticos, desaparece también el resultado lesivo. Finalmente, concurre también el
tercero de los requisitos del tipo objetivo de los delitos de resultado consumados y
realizados (cometidos) activamente. Me refiero a la relación de riesgo entre la conducta
y el resultado típico, que permite la imputación objetiva de éste último a la conducta.
Para la imputación objetiva del resultado al comportamiento peligroso que lo ha
causado, es necesario —además de la relación causal y de la creación de un riesgo
penalmente relevante— que el resultado sea, precisamente, la realización o concreción
del riesgo que hemos considerado penalmente relevante. Así sucede en el caso
examinado, pues el peligro penalmente relevante para la integridad física y la salud de
Benjamín, que determinaba la consideración del disparo como un comportamiento
penalmente relevante era, precisamente, el peligro de que el disparo provocara su caída
o alcanzara a su cuerpo. Y este es precisamente el riesgo que se ha acabado
materializando, concretando en las lesiones sufridas por Benjamín.
En relación con el tipo subjetivo, los hechos permiten afirmar que Carlos disparó con
dolo de lesionar: con la intención de originar o, por lo menos, conociendo y aceptando
que originaba, un riesgo penalmente relevante para la integridad física y la salud de
Benjamín.
Los comportamientos típicos son antijurídicos, salvo que concurra alguna causa de
justificación (o el autor haya incurrido en un error objetivamente invencible, no
imprudente, sobre los presupuestos objetivos de una causa de justificación). Al estar
relacionado con el disparo previo de Benjamín, constitutivo de una agresión ilegítima,
parece oportuno plantear si el disparo de Carlos está amparado por la legitima defensa,
una causa de justificación que excluiría su carácter antijurídico. La legítima defensa se
regula en el art. 20.4 CP. Uno de los elementos objetivos de esta eximente es que la
actuación defensiva se produzca mientras es posible la defensa y, por lo tanto, mientras
que la agresión ilegítima a bienes personales es actual. De la descripción de los hechos
41
que analizamos parece deducirse que el disparo de Carlos es posterior al de Benjamín y
que, además, se produce cuando no existía un riesgo efectivo e inmediato de nuevos
disparos o agresiones por parte de aquél, que pudieran justificar la actuación de Carlos.
Ello comporta que su disparo deba considerarse como un exceso extensivo en la
“defensa”. Al ser la actualidad de la agresión ilegítima un requisito esencial de la
legítima defensa, su ausencia impide apreciar la eximente completa y, también, una
eximente incompleta de legítima defensa (cfr. art. 21.1 CP). Si, por el contrario, se
entendiera que el disparo de Carlos se produjo justo antes de que disparara Benjamín y,
por lo tanto, cuando la agresión ilegítima a bienes jurídicos personales sí era actual,
deberíamos proceder al análisis de los otros elementos de la legítima defensa: la
racionalidad del medio empleado para impedir o repeler la agresión, y la ausencia de
provocación. Sobre todo si se entiende que el disparo de Carlos iba dirigido a la pierna
y se produjo sin dolo de matar, podría considerarse que suponía el medio idóneo menos
lesivo de impedir la lesión del bien jurídico amenazado y, por lo tanto, el medio
racionalmente necesario para impedir o repeler la agresión. Al concurrir también el
requisito objetivo de la ausencia de provocación, y el elemento subjetivo consistente en
el conocimiento de la concurrencia de los elementos objetivos de la legítima defensa,
podría afirmarse que las lesiones están justificadas y, por lo tanto, no son antijurídicas.
Si se afirmara la existencia de una agresión ilegítima y actual no provocada, pero se
negara la necesidad concreta del medio empleado para impedirla, por considerar que
existían medios de defensa menos lesivos e igualmente idóneos, estaríamos ante un caso
de exceso intensivo, que permitiría apreciar la eximente incompleta de legítima defensa.
La descripción de los hechos no permite excluir totalmente otra hipótesis: que Carlos
pensara que Benjamín estaba a punto de realizar un segundo disparo y, por lo tanto,
creyera erróneamente que sí concurría una agresión ilegítima y actual. En este supuesto,
lo que debería analizarse es el carácter vencible o invencible del error, y si concurren los
otros elementos de la legítima defensa (la utilización del medio racionalmente
necesario, y la ausencia de provocación), además de mencionar la discusión doctrinal
sobre si la regulación legal del error sobre los presupuestos objetivos de una causa de
justificación se encuentra en el apartado 1º del art. 14 CP, o bien en el apartado 3º.
Finalmente, debe mencionarse que, incluso admitiendo que la agresión ya no era
actual cuando Carlos disparó, y que él conocía que no existía un riesgo actual para sus
bienes jurídicos, no puede descartarse que la agresión inmediatamente anterior
disminuyera de forma relevante su capacidad de motivarse por las normas que prohíben
lesionar y matar a terceros. En tal caso, debería analizarse la relevancia y las
consecuencias que puede tener una disminución de la capacidad normal de motivarse
por las normas, y mencionar que sólo cuando la disminución es muy intensa puede
negarse la imputación personal del hecho típico y antijurídico al sujeto (en otros
términos: la culpabilidad), debiendo acudirse a estimar una eximente incompleta (art.
21.1 CP) u otras atenuantes cuando sea menos intensa la disminución de la capacidad de
motivarse por las normas. En el caso que estamos analizando, no parece acertado
apreciar una eximente completa de trastorno mental transitorio, ni tampoco la
correspondiente eximente incompleta. Sólo parece razonable tomar en consideración la
posibilidad de apreciar la atenuante de arrebato u obcecación (art. 21.3 CP).
Siendo todas estas hipótesis razonables y ajustadas a la descripción inicial de los
hechos, yo me inclinaría por considerar que el disparo de Carlos se produjo cuando la
agresión ilegítima de Benjamín ya no era actual y siendo él consciente de esta
circunstancia, si bien es posible apreciar en su actuación la atenuante de arrebato u
obcecación prevista en el art. 21.3 CP.
42
Si admitimos que la actuación de Carlos es constitutiva de un delito de tentativa de
homicidio y, también, de un delito doloso y consumado de lesiones, la cuestión que se
plantea es si la relación entre ambos es la de un concurso de delitos o un concurso de
leyes.
43
algunas de las penas accesorias allí previstas. Además, podría imponerse alguna de las
penas accesorias previstas en el art. 57 CP.
44