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Historia General Iv - Resumen General 2018

El documento presenta un programa de historia general que abarca desde los siglos XV al XVIII en Europa Occidental, con un enfoque en las transformaciones económicas, políticas, sociales y culturales. Incluye temas como la expansión económica, la revolución agrícola, el proceso de urbanización, las monarquías absolutas, los conflictos religiosos y el pensamiento político de la época.

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Historia General Iv - Resumen General 2018

El documento presenta un programa de historia general que abarca desde los siglos XV al XVIII en Europa Occidental, con un enfoque en las transformaciones económicas, políticas, sociales y culturales. Incluye temas como la expansión económica, la revolución agrícola, el proceso de urbanización, las monarquías absolutas, los conflictos religiosos y el pensamiento político de la época.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

HISTORIA GENERAL IV – Programa 2018


Europa occidental y su proyección entre los siglos XV y XVIII (1400-1800).
Bases económicas, políticas, sociales y culturales del Mundo Moderno.

UNIDAD I

TRANSFORMACIONES EN LAS RELACIONES SOCIALES EN EL MUNDO RURAL Y EN EL URBANO Y EN


EL PENSAMIENTO POLÍTICO EN LA TEMPRANA MODERNIDAD.

1) La expansión económica europea en los siglos XV y XVI.

KRIEDTE, Peter, Feudalismo tardío y capitalismo mercantil, Capítulo 1, La época de la revolución de


los precios y el proceso socioeconómico. La manufactura, el comercio, las finanzas.

WALLERSTEIN, Immanuel, El moderno sistema mundial, Tomo I. La agricultura capitalista y los


orígenes de la economía-mundo europea en el S XVI, Capítulo 2, La nueva división europea del
trabajo: 1450-1640.

AMELANG, James, El Burgués, Capítulo 12, El Hombre Barroco.

2) Los avances de la transición.

CAMPAGNE, Alejandro, Feudalismo tardío y revolución. Campesinado y transformaciones agrarias en


Francia e Inglaterra (siglos XVI-XVIII), Capítulo 5, La comunidad rural preindustrial: campos abiertos y
propiedad colectiva, Capítulo 6, La vía inglesa hacia el capitalismo agrario (1): los cercamientos y las
transformaciones en el derecho de propiedad y Capítulo 7, La vía inglesa hacia el capital agrario (ii):
la revolución y las transformaciones en las técnicas de producción.

CARZOLIO, María Inés, Ecos recientes de un debate inconcluso acerca de la Revolución Agrícola en
Inglaterra y de la transformación de su economía agraria entre 1500 y 1850.

a) Comienzos de la agricultura para el mercado en Inglaterra.


De los campos abiertos a los cercamientos parlamentarios de la segunda mitad del siglo XVIII.
El surgimiento de nuevas relaciones de propiedad capitalista en el campo y sus resultados
(arrendamiento, trabajo asalariado y aumento de la marginación).
Debate acerca del papel de los cercamientos parlamentarios en Inglaterra.
La revolución de la producción agrícola: nuevas técnicas de producción y nuevas relaciones
sociales en el trabajo campesino.

BRENNER, Robert, Las raíces agrarias del capitalismo europeo.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

ALLEN, Robert., La reinterpretación de la Revolución Agrícola Inglesa y Las dos Revoluciones Agrícolas
Inglesas, 1450-1850.

b) La evolución de la comunidad y del trabajo campesino en Francia y España y la


conservación de los comunes en ambos reinos. Consolidación de las formas domésticas
tradicionales.

CAMPAGNE, Alejandro, Feudalismo tardío y revolución. Campesinado y transformaciones agrarias en


Francia e Inglaterra (siglos XVI-XVIII). Capítulo 8, La vía francesa hacia el capital agrario: los
fundamentos campesinos del absolutismo.

3) El proceso de urbanización europea.


Cambios y transformaciones en las ciudades en la Edad Moderna

4) Organización de las manufacturas urbanas.


Monopolios y corporaciones gremiales. Problemas

DOBB, Maurice, Estudios sobre el desarrollo del capitalismo, Capitulo 3, Los comienzos de la
burguesía, y Capítulo 4, El surgimiento del capital industrial.

5) Importancia de la protoindustria como forma transicional en Inglaterra.


Transformación de las relaciones de producción y génesis de la protoindustria.
El productor separado de sus medios de producción (Verlagssystem) y embrionaria
organización de la producción manufacturera por el capital.
Desarrollo de las fuerzas productivas: estructura demográfica y economía de la familia
protoindustrial.

KRIEDTE, P., MEDICK, SCHLUMBOHM, J., Industrialización antes de la industrialización: la producción


manufacturera de mercancías en las zonas rurales durante el período de formación del capitalismo,
Capítulo 1, Génesis, contexto agrario y situación del mercado internacional, Capítulo 2, La economía
familiar protoindustrial, Capítulo 3, Estructuras y papel del crecimiento de la población en el sistema
protoindustrial y Capítulo 5, Excursus: sobre el significado del marco político e institucional de la
protoindustrialización.

6) Expansión ultramarina y esclavitud. Acumulación originaria.

[Link], Acumulación originaria, comercio triangular y tráfico de esclavos.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

UNIDAD II

LAS MONARQUÍAS ABSOLUTISTAS. PROBLEMAS, MODELOS.


EL CONFLICTO RELIGIOSO. LA SOCIEDAD CORPORATIVA.

1) Problemas en torno a la formación del Estado moderno: cuestionamientos acerca de su


modernidad, de su absolutismo y de su estatalidad. El problema genealógico.

DUCHHARDT, Heinz., La época del Absolutismo, Absolutismo.

HENSHALL, Nicolas, El absolutismo, ¿un mito? Revisión de un concepto historiográfico clave, El


absolutismo de la Edad Moderna 1550-1700 ¿Realidad política o propaganda?

DE DIOS, Salustiano, Realidad e imágenes de poder, El Estado Moderno, ¿un cadáver historiográfico?

2) Las monarquías absolutas: El modelo estatal.


La centralización de las estructuras de poder: la fiscalidad, el derecho, el ejército.

ANDERSON, Perry, El Estado Absolutista, El Estado Absolutista en Occidente.

DUCHHARDT, Heinz, La época del absolutismo, Capítulo 3, El absolutismo europeo.

3) El modelo jurisdiccional: los condicionantes estructurales del poder político (estructuras


financieras y político-administrativas).
Las burocracias administrativas: los oficiales de la Corona.
La cuestión del poder soberano. Los límites constitucionales al poder de la monarquía en la
sociedad corporativa.
Las comunidades territoriales y su actuación en Cortes, Parlamentos y asambleas.

HESPANHA, Antonio Manuel, Vísperas del Leviatán. Instituciones y poder político (Portugal, siglo
XVII), La teoría corporativa de la sociedad y sus reflejos en la distribución social del poder político y El
poder preeminente.

FERNANDEZ ALBALADEJO, P., Las Cortes de Castilla y León en la Edad Moderna, Cortes y poder real:
una perspectiva comparada.

PEREYRA, Osvaldo Héctor, El Antiguo Régimen. Sociedad, política, religión y cultura en la Edad
Moderna, Capítulo 2, El poder jurisdiccional: elementos para su comprensión.

CARZOLIO, María Inés, El Antiguo Régimen. Sociedad, política, religión y cultura en la Edad Moderna,
Capítulo 1, La construcción del espacio político en la Europa Moderna.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

4) La Corte y la sociedad cortesana.


El reordenamiento social y la consolidación del sistema jerárquico.
Patronazgo y elites de poder. Redes sociales.
Recomposición y funciones del estamento nobiliario: Papel político de los señoríos.

ELIAS, Norbert, La sociedad cortesana, Capítulo V, Etiqueta y ceremonial: conducta y mentalidad de


hombres como funciones de las estructuras de poder de su sociedad, Capítulo VI, La vinculación del
rey por la etiqueta y las oportunidades de prestigio y Capítulo VII, Devenir y cambio de la sociedad
cortesana francés, como funciones de los globales desplazamientos sociales de poder.

MARTINEZ MILLAN, José, La Corte de la Monarquía Hispánica.

IMIZCOZ BEUNZA, José María, Elites, poder y red social. Las élites del País Vasco y Navarra en la Edad
Moderna (Estado de la cuestión y perspectivas), Comunidad, red social y élites. Un análisis de la
vertebración social en el Antiguo Régimen.

5) Las resistencias al absolutismo y los actores sociales:


la crisis de la Monarquía Hispánica y el conflicto de la Fronda Francesa.

ELLIOTT, John Huxtable, Revoluciones y rebeliones en la Europa Moderna, Revueltas en la monarquía


española.

6) La emergencia de nuevas potencias en Europa Oriental y Centro Oriental.

DUCHHARDT, Heinz, La época del Absolutismo, Cambio estructural en Europa oriental y centro-
oriental: guerra del Norte, ascenso de la Rusia de Pedro I, acceso de Prusia y Austria a la categoría de
grandes potencias.

7) Las Reformas Religiosas.


La Reforma en la ruptura de la universitas cristiana y de su universo político.
La Contrarreforma, el debate interno y la persecución católica de la disidencia.
Las culturas populares.

CAMERON, Euan, Historia de Europa Oxford: el siglo XVI, Capítulo 5, Las turbulencias de la fe.

BUBELLO, Juan Pablo, El Antiguo Régimen. Sociedad, política, religión y cultura en la Edad Moderna,
Capítulo 4, Las reformas religiosas en la Europa Moderna, un estado de la cuestión.

UNCAL, Lucía, El Antiguo Régimen. Sociedad, política, religión y cultura en la Edad Moderna, Capítulo
5, Debates en torno al concepto de cultura popular en el Antiguo Régimen.

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WOLIN, Sheldon, Política y perspectiva. Continuidad y cambio en el pensamiento occidental, Capítulo


5, Lutero: lo teológico y lo político.

GUINZBURG, Carlo, El queso y los gusanos. El cosmos según un molinero del siglo XVI.

DEDIEU, Jean-Pierre., Inquisición española, poder político y control social, Capítulo 1, Los cuatro
tiempos de la Inquisición, Capítulo 7, El modelo religioso: las disciplinas del lenguaje y de la acción,
Capítulo 8, El modelo religioso: rechazo de la reforma y control del pensamiento y Capítulo 9, El
modelo sexual: la defensa del matrimonio cristiano.

UNIDAD III

LA CRISIS SISTÉMICA DE LOS SIGLOS XVII Y XVIII. PERDIDA DEL CONSENSO DEL ABSOLUTISMO. EL
PARLAMENTARISMO.

1) Las vertientes de la polémica historiográfica acerca de la crisis del siglo XVII.

BENIGNO, Francesco, Espejos de la revolución. Conflicto e identidad política en la Europa Moderna,


Volver a pensar la crisis del siglo XVII.

HOBSBAWM, Eric, Crisis en Europa (1560-1660), La crisis del siglo XVII.

WALLERSTEIN, Immanuel, El moderno sistema mundial, Introducción. ¿Hubo una crisis en el siglo
XVII? y La fase B.

2) Los límites del sistema.


La pauperización de las clases productoras. Revueltas populares y campesinas.
Ampliación del mercado de mano de obra.
Pobreza, criminalidad, segregación social.
Las crisis de las fortunas nobiliarias.

GEREMEK, Bronislaw, La piedad y la horca, Capítulo 2, La sociedad moderna y el pauperismo, Capítulo


3, La nueva política social y Capítulo 4, Prisiones para los pobres.

WOOLF, Stuart. Los pobres en la Europa moderna, Estamento, clase y pobreza urbana.

3) Las alternativas al absolutismo.


Las revoluciones en Inglaterra y los Países Bajos.
El ideario popular extremista.
El debate constitucional y el parlamentarismo en Inglaterra.

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DUCHHARDT, Heinz, La época del Absolutismo, Alternativas al Absolutismo y La Glorious Revolution.

SMIT, Jacobus Wilhelmus, Revoluciones y rebeliones, La Revolución de los Países Bajos.

4) La crisis de la Monarquía Española.

ELLIOTT, John Huxtable, La rebelión de los catalanes. Un estudio sobre la decadencia de España
(1598-1640).

5) La crisis del sistema en Francia antes de la Revolución Francesa.

ORY, Pascal, Nueva historia de las ideas políticas, La política de la Ilustración.

6) Debate en torno a la participación de la Ilustración en el estallido de la Revolución Francesa


Caracterización de la Ilustración a través de Kant.
Sobre la prédica ilustrada y su capacidad revolucionaria.

KANT, Immanuel, Filosofía de la Historia, Respuesta a la pregunta ¿Qué es la Ilustración?

CHARTIER, Roger, Sociedad y escritura en la Edad Moderna, Representaciones y prácticas. Revolución


y lectura en la Francia del siglo XVIII.

VOVELLE, Michel, El hombre de la Ilustración, Introducción: el hombre y la Ilustración.

7) La construcción del concepto de Antiguo Régimen a través de la Ilustración y del


movimiento revolucionario francés.

GOUBERT, Pierre, El Antiguo Régimen, Tomo 1, Capítulo 1.

UNIDAD I

TRANSFORMACIONES EN LAS RELACIONES


SOCIALES EN EL MUNDO RURAL Y EN EL
URBANO Y EN EL PENSAMIENTO POLÍTICO EN
LA TEMPRANA MODERNIDAD.

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1) La expansión económica europea en los siglos XV y XVI.

KRIEDTE, P., Feudalismo tardío y capitalismo mercantil. Capítulo 1: La época de la revolución


de los precios y el proceso socioeconómico. La manufactura, el comercio, las finanzas.

El crecimiento de la población

A partir de la segunda mitad del siglo XV la población creció en Europa paulatinamente,


aunque con interrupciones, y ya en el siglo XVI el crecimiento disminuyó.
En algunas regiones, la población creció con mayor intensidad, como en Europa septentrional
y noroccidental, mientras que en otras regiones, como en Europa central, occidental y meridional, el
crecimiento fue de menor intensidad. Esta diferenciación puede verse como un primer indicio de la
diferenciación económica que se daría en el siglo XVI, donde el Norte de Europa tendría más peso que
el Sur.
En cuanto a los mecanismos sociales de control para impedir que se produjeran tensiones
entre el número de población y los recursos agrícolas, se deben mencionar a dos: el
condicionamiento del matrimonio a la existencia de una fuente de ingresos completa (explotación
campesina o taller artesanal), y el celibato forzoso de aquellas partes de la población que no
disponían de una fuente de ingresos completa (siervos, criadas, aprendices, etc.). Las consecuencias
eran una edad de casamiento y una proporción de solteros relativamente altas. La fertilidad fue
manejada en la Europa preindustrial por medio de la edad de casamiento y, en segunda línea, por la
frecuencia de casamientos.
A mediados del siglo XV, como había abundancia de tierras sin cultivar, los mecanismos de
control se aflojaron, con lo que la edad de casamiento disminuyó.
El crecimiento de la población de fines del siglo XV y principios del siglo XVI no fue tanto la
consecuencia de una mayor fertilidad como de una menor mortalidad. El vínculo entre ciclo de
cosechas y mortalidad se debilitó, a la vez que retrocedió la mortalidad por las pestes.
El crecimiento de la población disminuyó en la segunda mitad del siglo XVI (ca 1550dC), desde
la crisis de hambre de comienzos de la década del setenta. La edad de casamientos aumentó. La
población y los recursos ya se habían separado demasiado. Al hambre, a las epidemias y a las guerras
les correspondió la función de crear un nuevo equilibrio entre ellos.

La expansión de la agricultura

Dos factores fueron determinantes de la crisis agraria de la baja Edad Media: un proceso de
ampliación de la superficie cultivada y un proceso de intensificación. Por un lado se transformaron
tierras de cereales en praderas y campos de pastoreo, es decir, se limitó la agricultura y se alentó la
ganadería, y por otro lado aparecieron en su lugar cultivos intensivos tales como viñedos, frutales y

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plantas comerciales. Los dos procesos tenían una causa común: la disminución de la población a fines
de la Edad Media.
En el siglo XVI, bajo la presión de una población en aumento, se invirtió sobre todo el primer
proceso y menos, en cambio, el segundo. Había que alimentar un número de seres humanos que se
multiplicaba rápidamente y esto solo era posible si se volvía al cultivo de cereales, que necesitaba
menos espacio.
Pero con esto no estaba resuelto el problema. Fue necesario abrir a la explotación nuevas
tierras. Según una crónica de 1550, “ningún rincón, ni en los bosques más salvajes ni en las más altas
montañas, quedó sin desmontar ni poblar”.
Visto en su conjunto, el proceso de expansión agraria fue extensivo. Las superficies de cultivo
se extendieron, y no tuvo lugar una intensificación de la producción. Este modelo básico solo fue
quebrantado en algunos lugares del Norte de Italia, los Países Bajos e Inglaterra, donde reinaban
condiciones favorables para la comercialización de la agricultura.

Las relaciones de producción agrarias comenzaron a desarrollarse en direcciones opuestas


en Europa Occidental, que se inclinó hacia una agricultura comercial (sobre todo Inglaterra), y Europa
Oriental, con la refeudalización de la agricultura; así también, esta última quedo en dependencia
económica, y como proveedora de cereales y madera, de la Europa de Occidente.

En Inglaterra, la agricultura y la ganadería comenzaron a entrar en una relación de


complementación recíproca, con rotación de cultivos; en cuanto a la estructura social, el campo había
sido cercado o por lo menos aislado, teniendo como consecuencia el fin de la utilización común de
los campos de labranza que caracterizaba el cultivo por hojas trienales con sus openfields. Marc Bloch
llamaría a esto como el triunfo del “individualismo agrario”.
Las relaciones de producción tradicionales (la utilización común de las tierras de labranza y
de las dulas) se habían convertido en un obstáculo para el desarrollo de las fuerzas productivas
agrícolas y por ello fueron eliminadas; sin embargo, no hay que sobrestimar el alcance de los
cercamientos en el siglo XVI y comienzos del XVII. El crecimiento de la población desencadenó un
asalto a las tierras comunes y sin cultivar, que de este modo corrían el peligro de quedar retiradas de
la explotación común. Los grandes campesinos y terratenientes trataron de impedirlo iniciando los
cercados. El aumento de la población elevó además los precios, con lo que también de la parte de la
demanda estaban dadas las condiciones para subir la producción y fijar la propiedad de la tierra
eliminando pretensiones de terceros. A esto se agrega el elemento decisivo de que la demanda no
se concentraba exclusivamente en productos alimenticios de origen vegetal sino que se seguía
expandiendo la demanda de lana de la industria textil inglesa: el comercio de la lana se convirtió así
en precursor del capitalismo en el campo.
Los protagonistas del movimiento de enclosures fueron en primer lugar los terratenientes
(landlords). La revolución de los precios los había colocado en una situación difícil: mientras que sus
rentas eran estacionarias, los precios subían; por eso, cuando tenían libertad de acción, elevaban las
cargas feudales o incorporaban tierras de los campesinos a su dominio, para cercarlas y entregarlas
a arrendatarios adinerados.

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Las tensiones que introdujo el crecimiento de la población en el sector agrario aparecieron


en el continente (salvo los Países Bajos) con mayor intensidad que en Inglaterra. La vuelta al cultivo
de cereales adoptó formas más extremas. Al mismo tiempo, los comienzos de una agricultura
orientada al mercado se mantuvieron dentro de límites más estrechos.
En Francia, la ganadería fue sacrificada en beneficio de la agricultura. En casi todos lados se
sustituyó la enfiteusis por el arriendo. Francia era más atrasada que Inglaterra, y se amalgamaban
elementos feudales y capitalistas.
En España, el rápido crecimiento de la demanda de productos alimenticios de primera
necesidad volvía cada vez más difícil seguir imponiendo una política que daba claramente prioridad
a la ganadería ovina respecto de la agricultura.
En Italia la agricultura hizo progresos significativos. Al mismo tiempo aparecieron procesos
regresivos que empeoraron la situación de los campesinos, al igual que en España. La muy avanzada
comercialización de la agricultura italiana se llenó con contenidos casi feudales.
En Alemania triunfó la agricultura, y la ganadería pasó a estar al servicio de ella, como
proveedora de fuerza de tiro y de abono. El proceso de conversión a los cereales fue extensivo, no
intensivo. Paralelamente al poco desarrollo de las fuerzas productivas se solidificaron las relaciones
de producción feudales. Sin embargo, comenzó una oposición entre la renta feudal directa recaudada
por los señores y la renta feudal indirecta recaudada por el Estado, lo que dejó al campesinado con
un margen de movimiento que le ofrecía una buena posibilidad de sobrevivencia.
En los Países Bajos, la agricultura del siglo XVI alcanzó el mayor grado de intensidad. Las
condiciones marginales para este desarrollo de la agricultura holandesa fueron por un lado la alta
proporción de población urbana y el desarrollo de la producción manufacturera y por otro las
importaciones de cereales provenientes de la zona del mar Báltico.

Los anillos en torno a los Países Bajos

Wilhelm Abel ha hablado de los “anillos de Thunen” que comenzaron a formarse en el siglo
XVI alrededor de los Países Bajos y, en sentido más amplio, de Europa Occidental. Después de la zona
intensiva venía un anillo de cereales en el que prevalecía el cultivo por hojas trienales. A éste le seguía
una zona de praderas que abastecía con ganado a Europa Occidental. La producción se ordenaba
alrededor del centro de consumo de los Países Bajos siguiendo la ley de intensidad decreciente a
crecientes distancias del mercado.
En su carácter de “metrópoli”, los Países Bajos obligaban a sus abastecedores de materias
primas a formar estructuras productivas orientadas de acuerdo a las condiciones del mercado en el
rincón noroccidental de Europa. Las relaciones de intercambio entre ellos y la zona del mar Báltico
adquirieron un carácter casi colonial.

La segunda servidumbre y el Estado Feudal.

El auge agrario secular de la alta Edad Media, en cuyo transcurso se había disuelto la
organización servil del trabajo rural, relajando la adscripción de los campesinos a la tierra a favor de

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un derecho de posesión relativamente favorable y perdiendo importancia la renta en trabajo, llegó a


su fin con la crisis agraria de la baja Edad Media.
Las zonas que se habían vuelto desiertas crearon las condiciones materiales para la expansión
de las explotaciones propias de la nobleza y la Iglesia. La disminución de la fuerza de trabajo, que los
señores feudales trataban de enfrentar con la adscripción a la gleba de sus campesinos, estableció
las condiciones sociales para el surgimiento de la, denominada por Engels, “segunda servidumbre”.
El Estado, por su parte, se convirtió en un juguete de la clase feudal, susceptible de cualquier
manejo que pudiera canalizar la creciente presión de los señores sobre los campesinos.
Le correspondió al auge ligado a las exportaciones del siglo XVI liberar las fuerzas que
provocaron la sustitución de la explotación censualista medieval por la de dominios señoriales basada
en el trabajo servil de campesinos dependientes. Buscando una salida a la crisis de sus ingresos que
se prolongaba desde la baja Edad Media y deseosos de participar en la favorable coyuntura, los
señores feudales ampliaron sus explotaciones y elevaron las rentas en trabajo.
Parecen haber existido dos “tipos de dominios señoriales” (Topolski): uno estaba ligado al
mercado de exportación, otro al mercado interno. Por lo tanto, la demanda externa (en mayor
medida) y la demanda interna (en menor medida) contribuyeron conjuntamente, aunque de manera
diferente, a realizar la transición al dominio señorial.

La re-feudalización de Rusia

Aquí también se puede ver la nueva importancia de la nueva división mundial del trabajo y el
mercado correspondiente. En el siglo XVI, Rusia estaba aún fuera de los “anillos de Thunen”. A pesar
de ello se inició una evolución muy similar a la de Europa centro-oriental. Las condiciones previas
eran aquí la disminución de la fuerza de trabajo y la desertización de amplias zonas rurales como
consecuencia de las pestes, hambres y guerras de la baja Edad Media. Las reservas de los señores se
ampliaron. Se inició la transición a los dominios señoriales. El régimen autocrático y los señores
feudales no encontraron para la despoblación de país más respuesta que intensificar el vínculo a la
tierra de los campesinos y concentrarse totalmente en la formación de los dominios señoriales.

LA MANUFACTURA, EL COMERCIO Y LAS FINANZAS

La época de crisis de la baja Edad Media había afectado a la economía manufacturera menos
que a la agricultura, puesto que sus productos tenían una demanda elástica respecto del ingreso. Los
impulsos que sacaron en el siglo XVI a la economía manufacturera de la crisis de los siglos XIV y XV
tenían su origen en la demanda de la creciente población y en las posibilidades que ofrecían los
mercados surgidos con la expansión de ultramar.
La tasa de crecimiento de la demanda fue disminuyendo sin embargo cada vez más hacia
fines de siglo, ya que la inflación reducía el poder adquisitivo de los consumidores; además, la
demanda tenía que concentrase cada vez más exclusivamente en los productos alimenticios de
primera necesidad.

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El mundo no europeo, especialmente las colonias americanas, adquirieron una creciente


importancia como mercado de las mercaderías elaboradas europeas, incomparable sin embargo con
la que tendrían en los siglos XVII y XVIII.

La distribución regional de la producción manufacturera: los textiles

Visto en su conjunto, el proceso de crecimiento desencadenó importantes desplazamientos


de la distribución regional de la producción manufacturera. Mientras que a comienzos del siglo XVI
el sur de Alemania, el sur y centro de Italia y el sur de los Países Bajos eran indudablemente las zonas
principales de producción manufacturera, en el curso de los decenios siguientes el norte de los Países
Bajos, Inglaterra y Francia tomaron la delantera. Las antiguas potencias manufactureras decayeron.
España y Polonia se convirtieron en países importadores.
Tanto por su contribución a la creación global de valor como por el número de personas
ocupadas, la principal manufactura era la producción textil. Esto se debía a la circunstancia de llenar
la necesidad humana básica más importante después de la alimentación. Los principales productores
eran Inglaterra (principalmente), Francia, Alemania y los Países Bajos.
Salvo la fabricación del hilo, la ubicación de las manufacturas textiles seguía siendo en la
mayoría de los casos la ciudad; solo en la segunda mitad del siglo (ca 1550dc) aumentaron los indicios
de que se extendería al campo. Ya en la baja Edad Media la manufactura se trasladó de la ciudad al
campo y se asentó en los pequeños cottages de los productores agrarios que tenían poca tierra o
carecían de ella. El trabajo a domicilio era en general la forma de organización de la manufactura
textil que trabajaba para mercados distantes. Mientras que la producción estaba organizada
artesanalmente o en forma de economía familiar, no solo la venta de mercaderías terminadas sino
también la compra de las materias primas había pasado al capital mercantil; los pequeños
productores comenzaron a depender del comerciante que los abastecía con materias primas, les
daba créditos y se había hecho cargo de la distribución.

Otras industrias: minería, siderurgia y metalurgia.

La minería, la siderurgia y metalurgia estaban en el siglo XVI lejos de tener la importancia de


la manufactura textil, aunque, sin embargo, en ellas se formaron mucho antes relaciones de
producción inequívocamente capitalistas. La forma de organización predominante era el trabajo
familiar. El capital mercantil se veía con frecuencia en la necesidad de tomar bajo su dirección
especialmente la extracción. La tendencia a la formación de grandes sociedades correspondió a una
concentración de la fuerza de trabajo hasta entonces desconocida. Las repetidas huelgas, ya desde
el siglo XVI, anunciaban el antagonismo entre capital y trabajo.
Las fuerzas de energía sobre las que se podía apoyar el crecimiento de la economía
manufacturera eran aun muy limitadas, por lo cual se tornó necesario sustituir la madera (sustancia
orgánica) por el carbón (sustancia inorgánica) para que la manufactura del hierro no quedara
encerrada en los límites que le imponía la restringida cantidad disponible de madera. Inglaterra fue
pionera en la minería del carbón, que adquirió rápidamente rasgos capitalistas.

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La preeminencia de la circulación por sobre la producción.

En la jerarquía de las esferas económicas, el primado le correspondía a la de la circulación y


no a la de la producción (“el comercio dominaba a la industria” diría Marx). El capital comercial
encontró en la industria domiciliaria la organización adecuada que le permitía dirigir la producción
desde la esfera de la circulación.

La formación de un mercado mundial: el comercio europeo y el comercio intercontinental.

En el siglo XVI el comercio aumentó en toda Europa. Así, el comercio europeo comenzó a
convertirse en mercado mundial.
Sin embargo, no hay que olvidar que solo en Europa central, en la zona del Báltico y del mar
del Norte y en las costas atlánticas el comercio adquirió una estructura moderna: abarcaba bienes
de consumo masivo, sobre todo cereales, ganado, cobre, textiles, productos de metal y sal. El
comercio intercontinental, en cambio, seguía aun en gran medida el modelo tradicional (especias y
metales preciosos). El carácter especulativo de los mercados de estos productos forzó la acumulación
del capital, pero al mismo tiempo lo mantuvo alejado de la esfera de la producción y contribuyó así
a conservar las relaciones de producción. Esto remite a las fuerzas que impulsaron la expansión
portuguesa y española a ultramar: la búsqueda de oro y el empeño en monopolizar el comercio de
especias.

Colonialismo y búsqueda de metales

La economía europea crecía desde mediados del siglo XV. Este crecimiento solo podía seguir
su curso si se disponía de dinero metálico en cantidad suficiente. El proceso de resurgimiento de la
economía occidental desencadeno un segundo proceso que culmino con el sometimiento del mundo
no europeo, comenzando en la Península Ibérica para continuar en América. A la nobleza se le abría
una posibilidad de aumentar sus ingresos, por lo cual se aliaba con los intereses mercantiles. La crisis
se trasladó al exterior. El saqueo, el pillaje y la explotación abierta fueron los contenidos
fundamentales del sistema colonial del siglo XVI.

El mercado mundial asimétrico

A pesar de la estructura aun profundamente tradicional del comercio europeo de ultramar,


a principios del siglo XVI comenzaron a perfilarse ya las líneas básicas de un mercado mundial
asimétricamente constituido. Las metrópolis de Europa occidental integraron a las regiones más o
menos dependientes de ellas dentro de un sistema de división del trabajo por principio desigual.
Mientras se reservaban la producción de productos manufacturados, la periferia quedaba limitada a
la producción de alimentos de primera necesidad (Europa centro-oriental) y de metales preciosos
(América). Básico para este sistema era la diferencia fundamental en la organización del trabajo:
trabajo formalmente libre en un caso, trabajo esclavo y servil en el otro.
Asia se encontraba todavía fuera de este sistema de división desigual del trabajo.

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El desplazamiento del comercio europeo: Amberes y Amsterdam.

Vinculados con la expansión a ultramar se produjeron en Europa desplazamientos


claramente reconocibles. Amberes (Bélgica)1 se convirtió en la plaza comercial más importante. Los
paños ingleses, la plata y el cobre de Europa central y las especias coloniales formaban la base de su
potente posición económica, y el comercio con las regiones coloniales constituía su elemento
dinámico. En Amberes se entrelazaron el auge del comercio continental, sostenido por el capital
comercial del sur de Alemania, y la expansión del comercio intercontinental.
Cuando Amberes comenzó a decaer cada vez más como consecuencia de convulsiones
políticas y religiosas a partir de fines de la década 1570, fue Ámsterdam la que recogió su herencia.
A diferencia de ésta, que había debido su ascenso a la mediación del comercio entre Inglaterra,
Europa central y el mundo de ultramar, la columna vertebral del comercio de Ámsterdam estaba
constituida por los productos de la región Báltica y del Atlántico.
Al finalizar el siglo XVI, Holanda era la mayor potencia comercial europea.

La evolución de las técnicas comerciales: los préstamos.

Las formas organizativas y las técnicas comerciales evolucionaron con lentitud. En el siglo
XVI, más que transformaciones radicales, se difundieron las conquistadas alcanzadas en Italia.
Una de las bases más importantes del florecimiento de las altas finanzas durante el siglo XVI
fue, además del comercio, el brusco crecimiento de las necesidades monetarias del Estado. En
España, entre 1520 y 1600, los gastos estatales aumentaron un 80%, sin que se produjera un
aumento proporcional de los ingresos. Por eso se vio obligada a pedir préstamos. Algo similar ocurrió
en una serie de otros Estados.
Cuanto mayor fuera el Estado, más necesitado estaba de los servicios de intermediarios de
las grandes casas comerciales, pues con su extensión crecía la distancia entre las regiones en las que
se recaudaban los ingresos y aquellas en las que se los necesitaba. Solo con la ayuda del capital
financiero internacional y pasando por ferias y bolsas era posible llevar la plata americana a los
escenarios bélicos del imperio español.

LA REVOLUCIÓN DE LOS PRECIOS Y EL PROCESO SOCIOECONÓMICO.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

En el curso del siglo XVI los precios de los cereales subieron en Inglaterra, los Países Bajos,
Francia, Alemania, España, Austria y Polonia entre el 250 y el 650%. Los precios de los productos
manufacturados no aumentaron en la misma proporción, si bien crecieron a más del doble. El nivel
de precios comenzó a crecer a más tardar a comienzos de la centuria.

¿Incidencia de los metales preciosos?.

En la medida en que no se incluya la producción de plata de Europa central, ya por esa razón
resulta problemático, pues, responsabilizar de la revolución de los precios a las importaciones
españolas de oro y plata de América, ya que solo adquirieron grandes proporciones en la segunda
mitad del siglo (ca 1550dc).
El aumento de la cantidad de dinero circulante bajo las condiciones de una economía en
crecimiento es mucho más reflejo que la causa de ese proceso de crecimiento. Fuerzas de carácter
real y no monetario fueron las desencadenantes de la revolución de los precios, correspondiéndole
a la plata española una importancia secundaria.

Las diferencias entre la evolución de los precios agrícolas y los manufacturados: demanda elástica e
inelástica.

Las diferencias en la evolución de los precios de los productos alimenticios y manufacturados


solo pueden explicarse por la diferente elasticidad de demanda de ambos grupos de bienes ante una
población en crecimiento.
La demanda de bienes de necesidad vital no es elástica; la subida de los precios no provoca
una disminución de la demanda. En cambio, en los bienes que no son de primera necesidad, la subida
de los precios tiene consecuencias negativas sobre la demanda.
Si se expande la población y la oferta no lo hace en la misma proporción, los precios de los
productos alimenticios aumentan por lo tanto más que los de los productos manufacturados. Esto es
lo que sucedió en el siglo XVI. Por otra parte, el crecimiento de la demanda sin crecimiento
correspondiente de la oferta puso en movimiento los costos de producción. La productividad
disminuyó.

Crecimiento de la renta de la tierra y caída de los salarios reales

El aumento inflacionario de los precios era solo la cara exterior de la revolución de los precios
del siglo XVI. Paralelamente, se produjo en el ámbito de la distribución del ingreso, un crecimiento
de la renta de la tierra y una caída de los salarios reales.
La nobleza rural logró los mejores resultados cuando amplió sus explotaciones propias y las
arrendó, como en Inglaterra y el oeste de Francia, o las explotó directamente con trabajo servil, como
en Europa central y oriental.

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En Europa Occidental la tasa de cargas feudales en un primer momento disminuyó, mientras


que al este del Elba2 la balanza se inclinó claramente en favor de la nobleza.
La caída de los salarios, por su parte, tuvo como causa principal el crecimiento de la
población, que multiplicó la oferta de trabajo sin que aumentara correspondientemente su demanda.
A su vez, el descenso de la productividad provocó el descenso de los salarios.

El preludio a la crisis del siglo XVII

Esta arrasadora dinámica del siglo XVI desembocó en una crisis general. Las condiciones del
crecimiento se transformaron en condiciones de la decadencia. El rápido aumento de la población,
que a comienzos de la onda secular había sido uno de los impulsos esenciales del crecimiento, se
convirtió en una traba que lo contuvo.
Mientras se estancaba o disminuía la producción de alimentos, seguía aumentando el
número de personas que había que alimentar. La brecha entre la población y los recursos se
ampliaba. Los precios subían. Al mismo tiempo se agudizaban los conflictos entre los campesinos, los
señores feudales y el Estado por la distribución del producto agrario.
En Europa Occidental los señores feudales trataron de invertir la tendencia descendente de
la tasa de cargas feudales; en Europa centro-oriental y oriental se siguieron aumentando las
prestaciones personales. El peso tributario aumentó. La crisis maltusiana que se iba preparando se
transformó en una crisis social. Las crisis de abastecimiento fueron ganando fuerza. Por otro lado, al
descender los salarios y aumentar los precios, se concentraba más exclusivamente el ingreso en los
productos alimenticios de primera necesidad, con lo que los productos manufacturados tenían que
limitarse, y también entraron en crisis.
A su vez, como consecuencia de la desigualdad en el ingreso y la propiedad, la acumulación
coexistía con el aumento de la pauperización (pobres, vagabundos y bandidos) y proletarización.

El desposeimiento del campesinado y la polarización social.

La formación de una capa de productores agrarios con poca o ninguna tierra no puede
atribuirse solamente al crecimiento de la población; no menos importante era el proceso de
acumulación que afecto a la sociedad campesina y provocó a veces una polarización social dentro de

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la comunidad aldeana. Mientras que algunos campesinos conseguían ampliar sus propiedades, la
mayoría caída en la marginalidad. El movimiento secular de subida de los precios y descenso de los
salarios creó condiciones favorables para el proceso de acumulación, que se aceleró a continuación
de las crisis de hambre de fines del siglo XVI y comienzos del XVII.

La Alta Nobleza: diferencias entre Occidente y Oriente.

En Francia e Inglaterra la alta nobleza se encontró con grandes dificultades.


La vieja nobleza de espada francesa, la “noblesse d´epée”, se empobreció y no rara vez tuvo
que dejar sus posesiones a sus acreedores burgueses. Solo pudo afirmarse en los casos en que supo
adecuar la explotación de sus bienes a las condiciones de una época en que subían los precios
agrarios.
En Inglaterra, mientras prosperaban la “gentry” y los “yeomen”, la aristocracia no logró en
un primer momento adaptarse a las nuevas condiciones económicas.
En Polonia, la estructura de la propiedad rural se desarrolló en una dirección totalmente
opuesta a la de Inglaterra. Los magnates aumentaron su ventaja sobre la nobleza mediana y pequeña
aprovechando sistemáticamente las posibilidades de la exportación de cereales. Así perdía su base la
democracia de la nobleza del siglo XVI.

El Campesinado doblemente oprimido: levantamientos y revueltas.

Las crecientes tensiones que existían dentro de la estructura social europea se descargaron
en un gran número de estallidos de violencia, levantamientos y revueltas. Entre ellas ocupa
indudablemente un lugar especial la guerra de los campesinos iniciada en Alemania en 1525.
El campo de conflictos más importante fue la servidumbre ya que aunque se había debilitado
desde fines del siglo XV, la situación económica de los campesinos no se había distendido sino
empeorado a causa del aumento de la presión interna y externa.
A partir del momento en que comenzó a crecer nuevamente la población empeoró la relación
entre población y tierras disponibles, surgió una multitud de pequeños terrenos y las fincas a veces
se dividieron. Aumentaron los conflictos por la distribución de los recursos en el interior de la aldea.
Los señores elevaban a veces las cargas feudales introduciendo tributos a los cambios de
propiedad. Además trataban de limitar los derechos de aprovechamiento de los bosques.
Las exigencias tributarias del Estado territorial hacían también lo suyo para restringir aun más
el margen de alimentación. El proceso de territorialización tomó como objeto a la comunidad
campesina y le limitó sus posibilidades de movimiento.

El traspaso de la inversión del sector manufacturero al agrícola

El proceso socioeconómico no solo exigía que la distribución de la riqueza y el ingreso fuera


desigual sino que además hacia que el capital se retirara del sector manufacturero-comercial y se
invirtiera en tierras. Familias de comerciantes se convirtieron en señores feudales adaptándose así a
un orden social opuesto a aquel del que habían surgido.

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La estratificación estamentaria y las jerarquías de status: Francia e Inglaterra.

El sistema de estratificación estamentario-feudal recibido de la Edad Media se mantuvo hasta


muy entrada la Edad Moderna. Estaba ordenado verticalmente en capas (en forma de pirámide) e
iba desde los pobres que carecían de tierras y bienes hasta la alta nobleza. Abarcaba en principio a
toda la sociedad, aunque en sus partes inferiores se había dividido en campo y ciudad.
Junto con este sistema de estratificación estamentario-feudal habían surgido, por ejemplo
en Inglaterra, jerarquías de status determinadas por la dimensión profesional (comerciantes, jueces,
clero y funcionarios de la administración). Mientras que entre 1540 y 1640 la población total solo se
duplicó, las clases superiores se triplicaron. La proporción de tierras cultivadas perteneciente a la
“gentry” subió a casi el doble.
En el continente el sistema de estratificación tradicional se mostró mucho más resistente.
Mientras que para la “gentry” inglesa el comercio resultaba cada vez más atractivo, en el continente
hacia fines del siglo se fortaleció la tendencia a concebirse como parte de la sociedad feudal y a
considerar a la mercancía como una etapa en el camino hacia las clases nobles. El camino hacia ese
objetivo pasaba por la adquisición de tierras y, sobre todo en Francia, por la obtención de cargos.
Amplios sectores de la burguesía francesa ascendieron a la clase feudal como “noblesse de robe”.
Mientras que en Inglaterra la crisis de la aristocracia allanaba el camino a la revolución, las
dificultades económicas de la “noblesse d´epée” le abrían a la corona francesa la posibilidad de
quitarle todas sus funciones “estatales” y de erigir con la ayuda de la “noblesse de robe” un sistema
de dominio absolutista. Al finalizar un siglo de una expansión sin precedentes todo tendía al
fortalecimiento de las estructuras sociales tradicionales.

WALLERSTEIN, I., El moderno sistema mundial, Tomo I. La agricultura capitalista y los orígenes
de la economía-mundo europea en el S XVI, Capítulo 2. La nueva división europea del trabajo:
1450-1640.

La doble orientación política y económica

Para Wallerstein, el desarrollo de una economía-mundo europea basada en el modo de


producción capitalista se da a partir del siglo XVI (1500dc).
Sin embargo, mientras que las decisiones económicas estaban orientadas primariamente
hacia la economía-mundo, es decir hacia el afuera y un mercado de exportación, las decisiones
políticas lo hacían principalmente dirigidas hacia las estructuras internas que detentaban el control
legal, ya sean Estados Nacionales, Ciudades-Estados o Imperios, en el seno de la economía-mundo.
Esta doble orientación entre lo económico y lo político no pueden estar disociadas ni discutidas por
separado.

La unificación económica europea: precios y salarios.

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Una de las características de esta economía-mundo fue la inflación secular, la llamada


“revolución de los precios”. Mientras en el siglo XV, las tres áreas principales de comercio europeo
(la Mediterránea Cristiana, el Noroeste y Europa oriental) estaban en tres niveles de precios
diferentes (altos-bajos, respectivamente), a principios del siglo XVI se produjo una fantástica
dispersión de precios, desapareciendo a largo plazo las discrepancias regionales, lo que nos da la
pauta de la creación de esta economía-mundo al interior de Europa.
Desde principio del siglo XVI en adelante, tanto los salarios y los precios comenzaron a ser
cada vez más cercanos, a pesar de (o mejor dicho “a causa de”) las direcciones diametralmente
opuestas de su desarrollo social y económico.
La variable fundamental para entender esto es la emergencia del capitalismo como modo
dominante de organización social de la economía. (Aunque resulta saludable recordar que, al menos
en este punto, no había un solo capitalismo, sino varios capitalismos europeos, cada uno con sus
zonas y circuitos)

Caída global de los salarios reales y reestructuración del mapa económico.

Nos encontramos en este período con una importante caída de los salarios, que puede ser
explicada a través del análisis de tres factores estructurales.
Por un lado nos encontramos con las Ilusiones monetarias y la discontinuidad de las
demandas salariales, es decir la incapacidad para percibir con precisión los aumentos inflacionarios
graduales. Incluso si eran percibidos, los salarios sólo podían ser negociados con ciertos intervalos.
Por otra parte, los salarios estaban fijados por costumbre, contrato o estatuto, interviniendo
el Estado para prohibir los aumentos salariales.
Finalmente nos encontramos también con un retraso en sus pagos (por ejemplo: cobraban
una vez al año, lo que en una era inflacionaria significaba dinero depreciado.
Las excepciones a estas bajas se dieron en las ciudades del centro-norte de Italia, y las de
3
Flandes . Eran los antiguos centros de comercio y por lo tanto los trabajadores eran relativamente
fuertes como fuerza política-económica. No obstante, esta fuerza de los trabajadores y el progreso
del capitalismo fue lo que originó que estos centros declinaran como centros industriales en el siglo
XVI, dejando paso a los recién llegados que serían los triunfadores finales: Holanda, Inglaterra y, en
menor medida, Francia.

El control del trabajo: centro, semi-periferia y periferia

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Debemos preguntarnos por qué existieron en el mismo momento histórico y en el interior


del mismo sistema-mundo económico distintos modos de organizar el trabajo (esclavitud, re-
feudalismo, trabajo asalariado, autoempleo). La respuesta radica en que cada modo de control del
trabajo es el más adecuado para tipos particulares de producción, se trate de plantaciones, crianza
de ganado, cultivo de granos (más especialización) o industria.
La economía mundo estaba basada precisamente sobre el supuesto de que existían tres
zonas (centro, semi- periferia y periferia) que tenían de hecho distintos modos de control del trabajo.
De no haber sido así, no hubiera sido posible garantizar el tipo de flujo de excedente que hizo posible
que apareciera el sistema capitalista.

El feudalismo clásico y la segunda servidumbre

En la forma feudal por excelencia el terrateniente (señor) producía primariamente para una
economía local, y su poder derivaba de la debilidad de una autoridad central. Los límites económicos
de su presión explotadora venían determinados por sus necesidades estamentales y por los costos
de la guerra.
En la segunda servidumbre que se desarrolló en Europa Oriental, el terrateniente producía
para una economía-mundo capitalista. Los límites económicos venían determinados por la curva de
la oferta y la demanda de un mercado.
Podemos pensar por lo tanto que es una forma híbrida, en tanto se origina en el seno del contexto
de relaciones internacionales de tipo capitalista pero utilizando mano de obra servil.
Las dos áreas se convirtieron en partes complementarias de un único sistema más complejo,
la economía mundo europea, en la cual Europa Oriental tenía el papel de productora de materias
primas para el Occidente en plena industrialización.
A partir del siglo XV, los productos que fluían del Este al Oeste eran fundamentalmente
bienes masivos tales como cereales, madera y, más adelante, lana. En sentido inverso fluían textiles,
sal, vinos y sedas.
En Europa Oriental la debilidad de las ciudades fue un rasgo fundamental para que se
desarrollara esta divergencia.

La encomienda americana

La encomienda en la América española fue una creación directa de la corona. Su función


fundamental fue la de suministrar fuerza de trabajo para las minas y las haciendas ganaderas, asi
como para trabajar la seda y suministrar productos agrícolas a los encomenderos y a los trabajadores
de las minas y las ciudades. La encomienda fue en su origen un privilegio feudal, el derecho a obtener
servicios de trabajo de los indios. Sin embargo, esta pronto se transformó en empresa capitalista.

La complementariedad

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En las áreas geográficamente periféricas de la economía-mundo emergente había dos


actividades primarias: minería y agricultura. La tecnología se basaba en ambos casos en el uso
intensivo de mano de obra, y el sistema social se basaba en la explotación del trabajo.
En el centro de la economía-mundo, es decir la Europa Occidental, la situación era diferente
y encontramos una coerción menor o cuanto menos indirecta. Allí las ciudades florecieron, nacieron
industrias y los mercaderes se convirieron en una fuerza económica y política significativa. La
inclusión de las otras dos áreas en la economía liberó mano de obra en las áreas del centro para su
especialización en otras labores.
La expansión del siglo XVI no fue solo una expansión geográfica sino también económica. Nos
encontramos con un periodo de crecimiento demográfico, de mayor productividad agrícola y de
innovaciones tecnológicas aplicadas a la industria. Podemos ver el establecimiento de un comercio
regular entre Europa y el resto del mundo.

La semiperiferia y la aparcería

Debemos analizar la producción agrícola de la semi-periferia, que era un punto intermedio


entre ambos polos, atendiendo a la complejidad de las instituciones económicas, el grado de
retribución y la forma de control del trabajo.
La periferia utilizaba trabajo forzoso, el centro mano de obra libre, y en la semi-periferia se
desarrolló una forma intermedia, la aparcería, como una alternativa extendida.
Al aumentar las dificultades económicas de los señores feudales en los siglos XIV y XV, los
dominios eran arrendados cada vez más en esta forma.
Desde el punto de vista del campesino, la aparecería tal vez sea preferible al trabajo obligado
en cultivos para el mercado, pero no demasiado. El ingreso neto es bajo, aunque en tiempos de
prosperidad pueda aumentar. La coerción a través del endeudamiento es tan real como la coerción
legal.
Las clases terratenientes del sur de Francia y del Norte de Italia eligieron el camino
intermedio de la aparcería como respuesta parcial a la creación de una economía-mundo capitalista

AMELANG, James. S., El Burgués, El Hombre Barroco.

Diferentes acepciones de un mismo término


Para la gente del barroco4, “burgués” significaba muchas cosas, de las cuales dos definiciones
tenían que ver con el rango social.

4
El Barroco fue un período de la historia en la cultura occidental originado por una nueva
forma de concebir el arte (el estilo barroco) y que, partiendo desde diferentes contextos histórico-
culturales, produjo obras en numerosos campos artísticos: literatura, arquitectura, escultura, pintura,
música, ópera, danza, teatro, etc.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

En Europa del Noroeste, un burgués era un habitante de la ciudad con ciertos derechos y
privilegios. Para estar en esta categoría había que nacer en la ciudad o residir mucho tiempo en ella
y tener una mínima riqueza, determinada generalmente por la propiedades urbana, es decir que no
alquilaba y pagaba impuestos a la comuna.
En algunos países, para ser burgués había que tener un título legal que indicara un
determinado estatus y rango, una actividad económica de carácter rentista y un estilo de vida casi
nobiliario. En este segundo sentido el burgués era un hombre de solvencia económica, gran
respetabilidad y parte de la elite municipal.
Por otra parte, el término sugería una serie de relaciones sociales. Para la clase baja era
“jefe”, propietario rico con relación empresarial con sus inferiores. Para la nobleza, burgués era una
palabra que se usaba de manera peyorativa, porque para estos el burgués era ridículo, de malos
modales y con una incorrección social en general.
Con el tiempo los historiadores ampliaron la definición usándola para referirse a la clase
media.

La burguesía como capa media heterogénea.

La burguesía o clase media ocupa una franja más amplia de individuos: artesanos y tenderos
más ricos, banqueros, profesionales, comerciantes y funcionarios bajos de la burocracia estatal.
Desde el punto de vista de clase o estamento, es desigual internamente, con conflictos y tensiones,
donde a veces las relaciones sociales implicaban una subordinación directa de estratos bajos por los
altos.
A pesar de estas diferencias había un mínimo común que identificaba a esta clase media-
burguesía: la posesión de algún tipo de propiedad. La respetabilidad y la relativa seguridad inherente
a la propiedad de capital era el aglutinante económico y social que mantenía unido este grupo
heterogéneo.

La elite burguesa

Para Amelang el interés reside, no en el conjunto de esta clase, sino en los estratos más altos:
los comerciantes, profesionales y funcionarios que constituían la elite municipal no perteneciente a
la nobleza, vistos por sus contemporáneos como los verdaderos burgueses de la época barroca,
llamados en varias partes de Europa “ciudadanos”. Eran ricos y cultos, consumían todo tipo de

Se manifestó principalmente en la Europa occidental, aunque debido al colonialismo también


se dio en numerosas colonias de las potencias europeas, principalmente en Latinoamérica.
Cronológicamente, abarcó fines del siglo XVI, todo el XVII y principios del XVIII, con mayor o
menor prolongación en el tiempo dependiendo de cada país.
Se suele situar entre el Manierismo y el Rococó, en una época caracterizada por fuertes
disputas religiosas entre países católicos y protestantes, así como marcadas diferencias políticas
entre los Estados absolutistas y los parlamentarios, donde una incipiente burguesía empezaba a
poner los cimientos del capitalismo.

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productos materiales e intelectuales. Había una burguesía rural, pero era menos notoria y de menos
peso que la urbana.

Entre la producción, el comercio y el consumo.

El burgués dividía sus actividades económicas en producción y consumo, pero su riqueza les
permitía escoger entre una gama más amplia de cada esfera. El comercio tenía especial importancia
no solo por el elevado número de habitantes de las ciudades cuyo medio de vida era ese, sino
también porque los grandes mercaderes especializados en el comercio a larga distancia resultaron
ser a menudo los miembros más distinguidos de su clase debido a los vínculos que la burguesía
estableció con el poder político gracias a su enorme riqueza.
La industria contribuyó también a acrecentar las fortunas de los burgueses. Los maestros
artesanos de los más diversos tipos de comercio llegaban con frecuencia a amasar fortunas
considerables, base de su asenso social posterior, que les alejaba de la esfera denigrante del trabajo
manual de la que en principio poseían. Las profesiones “liberales” (jueces, abogados, comerciantes
en el “negocio del conocimiento”) engrosaban las filas de la burguesía.
En muchas ciudades europeas, la actividad económica que mas anhelaba la burguesía era no
ejercer actividad alguna, sino vivir de rentas (inversiones en deuda del Estado, hipotecas de bienes
raíces, acciones, etc) con la intención de imitar el estilo de vida de la aristocracia, distanciándose
algunos burgueses de actividades productivas. Ligado a esta idea estaba la tendencia de los cargos
públicos, sobre todo en Francia y Castilla, donde el Estado central representaba un papel importante
en el paso de la clase media empresarial a la económicamente pasiva. El burgués no era
necesariamente capitalista, ni este era necesariamente burgués, dada la actitud de los plebeyos ricos
de abandonar cualquier papel activo en la economía.
En cuanto al consumo no se puede hablar de pasividad. El burgués gastaba grandes
cantidades de dinero en la mejora de su espacio físico inmediato (materiales duraderos y cristales),
artículos de lujo y confort, y productos derivados de la expansión colonial que antes solo consumían
los ciudadanos de la aristocracia nobiliaria. En consecuencia, el lujo se convirtió cada vez más en un
concepto relativo, gracias a la mayor difusión de una creciente variedad de productos. Crece de esta
manera un mercado dedicado al arte y a artículos refinados y se transforma espacialmente la ciudad
con una preferencia de la burguesía de vivir en el centro de la misma.
La burguesía, como clase social reconocida, podía constituir un grupo bastante grande, pero
el burgués verdaderamente rico era poco frecuente y vivía en un círculo numéricamente reducido y
socialmente exclusivo.

El burgués y la ciudad: los consumos culturales del hombre instruído

El burgo o ciudad constituía el eje central de la existencia de la clase media. En la época


barroca se exaltaba el lugar privilegiado de la ciudad para llevar a cabo la actividad favorita del

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burgués: el consumo. Muchas descripciones de ciudades de esa época resaltaban los beneficios
materiales de la vida urbana, describiendo todos los productos que podían comprarse en distintos
comercios.
Pero no todo el gasto se traducía en objetos materiales. La época barroca demostró ser
fructífera para el desarrollo y difusión de nuevos modelos de consumo cultural. Algunos usos de la
época del término “burgués” iban asociados a la vulgaridad, falta de galantería y educación, pero en
la realidad el burgués se iba refinando a medida que se ampliaba su papel como consumidor de
cultura con objetos tangibles tales como libros, obras de arte y periódicos. La erudición y el contacto
regular con la palabra impresa fue durante mucho tiempo una faceta decisiva de las clases medias
urbanas.
Fue precisamente durante el Barroco cuando nuevas y más refinadas formas de expresión
cultural empezaron a formar parte de la vida diaria de los habitantes más ricos de la ciudad. Cultura
y clase quedaron estrechamente vinculadas a medida que la reivindicación de superioridad social se
fue encauzando a través de la adopción por parte de los burgueses de un nuevo modelo de ocio
asentado en la exhibición de modelos culturales diferenciados o incluso superiores. Como
consecuencia nació un modelo de comportamiento tanto social como moral: el del hombre instruido.
Fueron los nobles y la elite rentista, y no el conjunto de la clase media, los que adoptaron mejor el
nuevo modelo de consumo masivo de cultura, dado que a muchos burgueses les costaba
compatibilizar sus deseos de una vida espiritual más noble con las exigencias prácticas de los
negocios.
Si bien la ciudad era el centro en tanto instrumento para la comercialización de mercancías
culturales, es cuestionable que la cultura urbana implicara a los burgueses en una genuina
participación en esa vida espiritual. El discurso que destacaba la ciudad del XVII como lugar
privilegiado para el consumo cultural generará un discurso contrario que criticaba lo artificial y
superficial de la vida urbana y sus pretensiones de superioridad cultural. Un intelectual de la época
(La Bruyère) criticaba a los trepadores sociales que intentaban librarse de su origen social a través
del gasto excesivo y la absurda ostentación, y a su modelo, a la nobleza, una clase vanidosa,
derrochadora y mochila pesada para la sociedad.

El burgués y la ciudad: la política, el gobierno municipal y la disputa a nivel nacional.

Otra relación que tenía lugar entre el burgués y la ciudad está fundada en la política. Eran
más importantes los asuntos municipales que nacionales, en tanto representaban la mayor parte de
sus compromisos y de sus intereses. Las obligaciones cívicas de todo tipo absorbían la mayor parte
de su tiempo. Los trabajos cotidianos de la ciudad eran para ellos un derecho y una obligación.
Había una concepción colectiva de la forma en que la administración debía ser compartida
entre todos los habitantes “respetables” de la sociedad. Los burgueses tenían acceso directo a
diversas formas inmediatas de participación en la vida municipal.
El gobierno local estaba reservado a sus estratos más altos y en muchas ciudades
comerciantes y banqueros manejaban las finanzas del municipio. Pero también la burguesía
reclamaba un papel en la administración pública a nivel regional y nacional. Esto apenas se daba (o
se intentó dar) en Inglaterra y Holanda, dado que en las monarquías absolutistas del continente

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prevalecían modelos más cerrados para la participación política de la burguesía a nivel nacional,
cuando no local. De todos modos, la burguesía intentó hacer valer sus derechos de forma directa
(revoluciones como La Fronda) o indirecta (no sofocaba revoluciones campesinas).

La mentalidad burguesa: vida espiritual, individualismo, vida privada y familia.

Para estudiar la mentalidad del burgués urbano hay que tener en cuenta la influencia del
factor religioso (nociones de fe, santidad y pecado). Lo que más distinguía su vida espiritual era su
carácter altamente personal, en tanto intentaba llegar a lo divino a través de lo intelectual y de forma
individual, lo que lo alejaba de la religión popular (religiosidad moderna).
Entre la esfera pública de su actividad diaria y el retirado santuario de fe individual, estaba el
mundo privado del ciudadano de clase media y su familia mas allegada. Esta intimidad era causa y
consecuencia de lo que se denomina individualismo burgués, fenómeno cuya dimensión más
significativa consistía en una perceptible retirada hacia la privacidad.
No era un individualismo total como el del siglo XIX, sino que aún se estaba construyendo, y
se distinguía sobre todo por su enfoque familiar. Ésta era el otro extremo donde el burgués se
refugiaba del mundo urbano.
A diferencia de la familia noble interesada por el honor y el linaje, la familia burguesa se
remitía a la unidad nuclear de las dos generaciones de padres e hijos. Nace una familia nuclear que
ya no es una unidad económica, sino una unidad doméstica, privada y de refugio. El ascenso de la
familia nuclear a una posición preeminente en los nuevos modelos de contacto e intercambio social
fue el cambio más importante en cuanto a valores y comportamientos que sufrió la burguesía en este
período.
Nace una nueva moral que a diferencia de la heroica de la aristocracia, esta daba importancia
a la piedad, la sobriedad y la espontánea aceptación de responsabilidades, reconciliando dos
exigencias enfrentadas: el bien público frente al interés privado.

La “mediocridad” burguesa

La clase media era la parte situada en el centro del orden social, marcada por una relación
de distancia con la nobleza y con la plebe, esta última distancia marcada por temor a la pobreza, al
cambio de posición social, y en la amenaza a la propiedad y al orden que suponían las clases
“peligrosas”.
Con los nobles entraba en juego múltiples fronteras que separaban al burgués más rico de la
aristocracia. De ahí que los plebeyos que llegaron a la nobleza tenían conciencia de sus limitaciones
por no haber nacido aristócratas.
Esta mediocridad era característica principal de la burguesía. De este sentimiento de
mediocridad deriva el apego del burgués por el orden, y el temor al desorden. Pero esta idea no era
contraria a la noción de movilidad social, especialmente ascendente, como avance y promoción. Con
este apego al orden y al ordenancismo guarda relación la acusada racionalidad burguesa, una
confianza en la razón y en los procedimientos lógicos que precedió a la deificación posterior de
aquella por parte del Iluminismo.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

2) Los avances de la transición.

CAMPAGNE, Alejandro, Feudalismo tardío y revolución. Campesinado y transformaciones


agrarias en Francia e Inglaterra (siglos XVI-XVIII)

5. LA COMUNIDAD RURAL PREINDUSTRIAL: CAMPOS ABIERTOS Y PROPIEDAD COLECTIVA.

El término de la aldea: viviendas, ager y saltus.

La comunidad campesina era la unidad agrícola fundamental en el campo preindustrial.


Estaba conformada por una institución fundamental: el autogobierno local. Toda comunidad rural
estaba compuesta por 3 sectores distintos: las viviendas y huertos, la tierra cultivable (ager) y los
bienes comunales (saltus).
El ager conformaba la sección principal de la comunidad rural. Ninguna familia hubiera
sobrevivido solamente con producto de su huerta. Todas las cargas y tributos caerían sobre el
producto agrícola generado por el ager.
El saltus era un complemento esencial para la supervivencia de los pequeños y medianos
productores directos. Estaban conformados mayormente por terreno virgen deshabitado: bosques,
montes, pradera, paramos. Solo los propietarios de la comunidad podían acceder a los recursos
generados por el saltus: combustible, madera, forraje, frutos silvestres.

El sistema de open fields: propiedad individual y usufructo colectivo.

En gran parte de los Estados Occidentales, el ager y las tierras cultivables se distribuían según
un peculiar complejo de sistemas de organización del espacio: el régimen de campos abiertos u open
field.
Los campos abiertos eran extensiones de terreno en los cuales las parcelas de varias
propiedades se hallaban dispersas y entremezcladas. No se trataba de una forma de propiedad
colectiva o comunal, sino que cada propiedad poseía títulos de propiedad individual. Las parcelas no
se confundían en un todo indiviso, sino que simplemente eran bienes de usufructo individual
mezclados entre sí.
Si la propiedad de parcelas dispuestas por el ager era individual, la organización agrícola debía
tener forzosamente carácter comunal, en tanto hacía falta una organización colectiva eficiente para
tornar viable el usufructo individual.
La primera tarea colectiva era la división de tierras en 3 campos según el sistema de rotación
trienal (barbecho-cereal de invierno-cereal de primavera). Por otra parte, se establecía que las
distintas fases del ciclo agrícola (estercoladura-labranza-siembra-cosecha) debían tener lugar en

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

periodos fijos. En cualquier caso, el producto de cada parcela quedaba siempre en manos de cada
productor individual.
Los derechos colectivos durante determinados momentos del año convertían al ager en
terreno del usufructo colectivo, adquiriendo la apariencia de una propiedad colectiva similar al saltus.
Algunas prácticas que imponían temporariamente el usufructo colectivo sobre los bienes de
propiedad individual eran el derecho a llevar a pastar rebaños al suelo en barbecho para contribuir
con la estercoladura, y el gleaning. Éste era un derecho comunal que beneficiaba a los pobres y
marginales, en tanto les permitía ingresar a las parcelas individuales para juntar granos y semillas que
hubieran quedado en el suelo. Esto ocurría unas pocas horas durante unos pocos días.

El saltus o common lands

El termino rural que podía considerarse como propiedad colectiva era el saltus. Los bienes
comunales no eran tierras sin dueño, sino que la propiedad correspondía al titular del señorío dentro
del cual se hallaba la comunidad. Los señores cedían a perpetuidad estas tierras, aunque en este caso
no era en beneficio de una persona sino de toda la comunidad.
El saltus no era común a todas las aldeas sino a los propietarios. De todas formas, con
frecuencia la comunidad permitía que vagabundos y marginales se instalasen en ellas de forma
precaria.
Allí podían encontrarse elementos que sirvieran como combustible (tales como madera seca)
matorrales, helechos, raíces, frutos secos, trufas, hierbas medicinales, frutos del bosque y flores.

Common lands y common fields

En definitiva, las parcelas inmersas en un sistema de campos abiertos eran de propiedad


individual pero con un régimen diferente al de la propiedad absoluta de la tierra. En el open field, los
dueños de las parcelas tenían derechos exclusivos de propiedad sobre los mismos pero no el derecho
exclusivo de uso. Por ellos el matiz idiomático (saltus-common lands y ager-common fields) daba
cuenta de la diferencia esencial entre ambos regímenes.
El common lands esera terreno de un señor y cuyo usufructo era colectivo
permanentemente. El common field eran propiedades individuales donde vecinos adquirían
derechos de usos durante un tiempo delimitado.
En el antiguo open fields, en síntesis, los propietarios poseían diferentes derechos: la
propiedad de parcelas en el ager, la propiedad de viviendas y huertos de aldea, derechos
permanentes sobre el saltus y derechos comunales temporarios sobre propiedades individuales del
ager.
El sistema de campos abiertos combinaba el beneficio personal en el comunal, el derecho de
propiedad colectiva con el individual. Todo ello contribuía a conformar una cosmovisión de vida ajena
al individualismo, una estrategia de socialización colectiva y sistema de valores comunitarios.

Disputas entre señores y comunidades

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Las disputas entre señores y comunidades por el usufructo de los bienes colectivos fueron
permanentes. Estas se presentaban cuando los primeros intentaban incorporar el saltus en sus
reservas dominicales y cuando pretendían cercar sus propiedades.

Administrando las riquezas de todos: el usufructo de los comunales

Tanto los derechos de pastoreo como del bosque (recursos del saltus) estaban claramente
regulados y la comunidad tenia accesos a ellas en forma ordenada y selectiva. Las disposiciones
comunales eran establecidas por las asambleas de vecinos y reforzadas por tribunales públicos y
señoriales.
La regulación efectiva de los pastos comunales era significativa para los niveles de
productividad de la economía campesina. Un control cuidadoso de la pradera colectiva permitía el
aumento del número de cabezas de ganado de la comunidad. Los derechos de pastoreo estaban
estrictamente limitados a los vecinos de la comunidad, con prohibición explícita de ingreso para
propietarios de parroquias aledañas. Los vecinos con pocos animales no podían ceder a los vecinos
de otras comunidades la porción sobrante de sus derechos. El excedente debía repartirse en
beneficio de los restantes propietarios de la aldea.
Los estatutos de la mayoría de los open fields ingleses sugieren que durante el siglo XVIII, las
autoridades locales hacían todos los esfuerzos posibles para mantener las tierras comunitarias en
buen estado. Establecían cuotas para ingreso de animales, incentivaron el cultivo de forrajeras,
explotaron en forma pareja las secciones del prado, trataban de prevenir la difusión de enfermedades
y buscaban facilitar la cría selectiva del ganado. El discurso de partidarios del cercamiento que hacía
referencia a comunales devastados, animales descuidados, mal nutridos y promiscuamente
entremezclados, no coincide con la preocupación por la explotación racional de los productos
colectivos.

El bosque y las dinámicas de subsistencia e intercambios comunales.

El bosque constituía lo esencial de recursos provistos por el saltus. Estos recursos eran
esenciales para la supervivencia de los no propietarios. En el bosque se obtenían recursos para
ingresar en la red de intercambios con los otros vecinos, reforzando la ética mutualista. También los
animales (gansos, vacas, ovejas, cerdos) podían alimentarse en los yermos y bosques.
Como los aldeanos vendían en el mercado muchos de los productos que recogían en el
bosque, los comunales podían considerase como una fuente de empleo, siendo para todos una parte
vital de la economía.
El tiempo que se empleaba en apacentar cerdos o gansos, recoger madera, juntar frutos, era
tiempo que no estaba disponible para los empleadores. Esta libertad les permitía emplear su tiempo
en otras actividades. Para los impulsores del enclosure este estilo de vida propiciaba la vagancia y
ocio social. La eliminación de este sistema contribuiría al mejor funcionamiento del mercado libre de
trabajo que el capital necesitaba.
Pero la independencia respecto de la economía de mercado tenía otros motivos: los recreos,
reuniones y celebración rurales también eran expresión de la peculiar economía del campesino. Los

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contactos sociales creaban vínculos y obligaciones. Con menos horas de trabajo se obtenía lo
necesario para la reproducción del grupo familiar.
El bosque comunal establecía una suerte de igualdad entre los miembros de la comunidad.
Caridad y solidaridad. Hoy por ti mañana por mí, sintetiza la lógica del funcionamiento de las redes
comunitarias.
Tras la importancia de los cercamientos parlamentarios, los campesinos ya no fueran capaces
de reconstruir las antiguas redes de solidaridad y seguridad social que habían conocido, el don y
contradon. Deberán pedir permiso para ingresar allí donde sus antepasados vivieron y trabajaron. Si
obtenían permiso para ingresar al bosque era ahora un privilegio, no un derecho que les era propio.

Los conflictos intra campesinos: la otra cara de la solidaridad rural

En el apartado anterior busco remarcar la importancia que los recursos del saltus tenia para
la supervivencia de pequeños y medianos productores. También se vio las oportunidades que aquel
ofrecía para la construcción de espacios de socialización y redes de seguridad social: ¿Significa ello
que la comunidad rural carecía de conflictos?
A mediados del siglo XVII el señor feudal comenzó a proclamar su dominio absoluto sobre
pastos comunales con un objetivo: consensuar el uso de los prados y arrendarlos a terceros, cercarlos
y dedicarlos a la producción agrícola.
Por muchas décadas, los esfuerzos del señor fueron en vano. Los aldeanos continuaron enviando su
ganado a pastar en el comunal.
Sin embrago ¿eran los pobres los que apacentaban sus animales en los comunales? ¿Quiénes
se beneficiaban con el usufructo de la propiedad colectiva?
Eran esenciales los baldíos para la reproducción del campesinado de subsistencia. En primera
instancia la respuesta parece afirmativa pero cambia si observamos la calidad y cantidad de ganado
introducido en el prado.
Las ovejas eran ideales para el emprendimiento comercial de envergadura. Los aldeanos que
pugnaban por ingresar en comunales contra la voluntad del señor eran pobres y mini feudatarios
pero formaban parte del engranaje de la ganadería comercial.
Introducían en los comunales las ovejas de mercaderes a cambio de una parte de los
beneficios. Los capitalistas proporcionaban animales y los pequeños productores sus derechos
colectivos. El prado colectivo era el nexo para una alianza entre los agentes del naciente capital
agrario y el campesinado modesto.
¿Que buscaban en cambio los señores cuando propiciaban el cercado y arrendamiento de los
comunales? Los cercamientos de comunales en el siglo XVIII no eran más que intentos de redefinición
de los límites de la reserva comunal, una brutal redistribución territorial en beneficio de la clase
señorial.

Los límites de la solidaridad en el open field: diferenciación social.

La agricultura cooperativa de campos abiertos, ¿difuminaba los conflictos internos por el


usufructo de recursos locales? El hecho de que las normas colectivas que regulaban el acceso a los

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comunales tuvieran que ponerse por escrito es la más clara prueba de que las disputas por recursos
no estaban ausentes y que el mutualismo y la cooperación tenían sus límites. Las regulaciones
colectivas buscaban encauzar los conflictos evitando que los aldeanos se enfrenten abiertamente
unos con otros.
Cuando se preguntaba a los campesinos si deseaban subdividir los comunales, los pobres
votaban a favor de la partición, porque carecían por completo de ganado y no obtenían beneficio
alguno. Las únicas voces discordantes eran las de los campesinos más prósperos, quienes tenían los
derechos de pastura y los rebaños importantes en cada localidad.
En la Francia pre revolucionaria, en 1768, el intendente de Lorena decía que el enclosure
producía un inevitable incremento de la producción agrícola en sus tierras, sin embargo el
cercamiento general provocó una cerrada oposición.
Mientras que en Inglaterra los cercamientos se realizaban mediante leyes en el parlamento,
en Francia el procedimiento requería la aprobación unánime de todos los propietarios. Sin embargo,
los campesinos más ricos fueron los que se opusieron y no contribuyeron a la realización de las obras.
El cercamiento tuvo fundamentalmente un coste sideral, producto de las dificultades para
lograr el consenso de los propietarios grandes y medianos, y absorbió muchos años de beneficios que
el intendente esperaba obtener de su emprendimiento.
Las verdadera barrera contra el avance del capital agrario era el comportamiento parasitario
de los propietarios más ricos, sumado a un problema legal que dificultaba la supresión del régimen
abierto.

6. LA VÍA INGLESA HACIA EL CAPITALISMO AGRARIO (1): LOS CERCAMIENTOS Y LAS


TRANSFORMACIONES EN EL DERECHO DE PROPIEDAD.

La vía clásica hacia el capitalismo.

Esta vía supone la desaparición del campesinado de subsistencia y el reemplazo por una
nueva estructura social formada por terratenientes, arrendatarios y asalariados. Esta transformación
demanda dos procesos simultáneos y complementarios: la transformación en el sistema productivo
y la transformación en el régimen de propiedad de la tierra.
Esta superposición produjo una transformación cualitativa de la estructura económica y
social inglesas, generando un aumento del producto agrario, de la proletarización y el éxodo masivo
de la zona rural hacia centros urbanos, alterando la distribución espacial de la población
económicamente activa.

Los cercamientos generales: el ocaso del open-field entre los siglos XVII y XIX.

La noción de cercamiento abarcaba dos procesos diferentes: el cercado de las parcelas de


propiedad individual dispersas por el ager y el cercado del saltus. Tras los cercos y vallas nacían los
private property rights.

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Cuando los cercamientos afectaban simultáneamente a la totalidad de los saltus y ager


estamos en presencia de una transformación revolucionaria de los regímenes de propiedad, de las
técnicas de cultivo, de las relaciones sociales y de las mentalidades colectivas.
Los cercamientos generales se podían realizar mediante tres mecanismos: por unidad de
posesión; por acuerdo mutuo; o por ley. El más expeditivo era la sanción de una ley. Este fue el caso
del parlamento ingles en el siglo XVIII y XIX. En Inglaterra y Francia en los siglos anteriores los
cercamientos solo pudieron realizarse mediante los dos primeros.
Tradicionalmente la historiografía prestó especial atención a dos fases agudas del desarrollo
de los enclosures: la era Tudor y el siglo XVIII. En ambos casos los cercados atraparon la atención del
Estado: mientras en los siglos XV y XVI el Parlamento dicto actos oponiéndose, en los siglos XVIII y XIX
esta inmensa institución los aprobó y fomentó, imponiendo el cercamiento general en numerosas
aldeas.
Pero los cercamientos ingleses no se limitaron a los siglos anteriores mencionados. Las
investigaciones recientes han permitido revisar la cronología demostrando que fue durante el siglo
XVII cuando el fenómeno se difundió con mayor velocidad.

Las políticas en torno a los cercamientos: el despoblamiento rural vs el aumento de las rentas.

Enclosing y engrossing fueron dos de los tópicos más controvertidos en la Inglaterra de los
Tudor. Aunque los dos fenómenos podían darse por separado, siempre se los asociaba juntos, ya
que ambos eran los causantes del despoblamiento rural. Asi mismo, se lo asociaba con otro
fenómeno: la reversión de tierras agrícolas en praderas para la cría de ganado.
Los cercamientos no generaron controversia mientras los baldíos y tierras vírgenes fueron
abundantes, pero los serios desacuerdos comenzaron cuando a raíz del crecimiento económico y
demográfico del siglo XVI los comunales resultaron insuficientes.
Cuando hacia finales del siglo XV la población comenzó a crecer, las reversiones y los cercados
continuaron, fomentados por las nuevas condiciones de mercado, el incremento local e internacional
de la demanda de lana, provocado por el desarrollo de la producción textil. Aun cuando este comercio
lanar declino en 1550 y favoreció la producción de granos, el cercamiento no cesó.
Los primeros reclamos en contra de los cercamientos llegaron al Parlamento durante el siglo
XV, aunque el Parlamento se preocupo realmente en 1488 con el avance de los enclosures y el
despoblamiento del campo. El primer obstáculo que encontraron estos tempranos actos anti
enclosure era la postura de los terratenientes, quienes veían en los cercados un procedimiento eficaz
para aumentar su renta propietaria.
A partir de 1590 las transformaciones en la coyuntura económica nacional obligaron a revisar
los criterios que sustentaban la legislación agrícola desde los tiempos de Tudor. En 1593 por ejemplo
la baratura del grano llevo directamente al Parlamento a abolir todos los estatutos contrarios a la
conversión de las tierras de labranza en pasturas.
La convicción de que los cercamientos eran perversos parecía haber llegado a su fin. Por motivos de
estrategia política (aumento numero de labradores y exportación de grano) la reina Elizabeth optaba
por la defensa de la agricultura.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Pero los debates que tuvieron lugar entre 1597 y 1601 sugieren que el peso de la opinión del
Parlamento se desviaba hacia la lógica acumulación/expropiación impulsada por un capital agrario
en ciernes.
En 1630 la visión sobre el problema agrario había cambiado. En 1640 el despoblamiento rural
seguía siendo un mal a combatir, solo que ya no se asumía que los cercamientos fueran siempre
responsables del fenómeno.
A principios del XVII había comenzado un nuevo método de cercamiento que no provocaba
despoblamiento: acuerdo mutuo entre propietarios. El alejamiento de la crisis de escasez –por el
avance del capital agrario- y estos procedimientos consensuados contribuyeron a este cambio radical
en la percepción de los enclosures a principios del XVII.
Cuando el Parlamento volvió a ocuparse del tema a mediados del siglo XVIII fue para impulsar
de forma decidida las transformaciones demandadas por el capitalismo agrario.

El ocaso de una era: los enclosures parlamentarios durante los siglos XVIII y XIX.

Los cercamientos del siglo XVIII eran mayoritariamente leyes o actas del Parlamento. En la
práctica implicaba el reordenamiento general de la propiedad territorial en un área determinada. No
estuvieron ausentes los cercamientos por acuerdo mutuo o por unidad de posesión pero se hallan
en minoría frente al más rápido procedimiento de leyes parlamentarias.
En el siglo XVI el objetivo principal de los cercados era la conversión de la tierra en pastos
para la cría de ganado. En el XVIII era la aplicación de los adelantos técnicos y agronómicos que
supuestamente posibilitarían el incremento revolucionario de la productividad agrícola.
En el siglo XVI los cercados fueron combatidos por el Estado central pero en el XVIII fueron
impulsados por los legisladores y ministros de la corona.
El trámite parlamentario comenzaba una vez que el petitorio reunía el número de firmas
necesarias. El procedimiento era extremadamente oneroso. Una vez que el parlamento votaba el
enclosure comenzaba la tarea de la ejecución in situ. Los agentes del Estado iban al terruño y median
parcelas, estimaban rentas, etc. Había que levantar cercados, trazar una nueva red de caminos,
reorganizar las vías de drenaje; era una reorganización del espacio, de la economía, de las relaciones
sociales y la cultura de la comunidad campesina.

La proletarización del campesinado

La mayor catástrofe la ocasionaba la desaparición de la propiedad colectiva. Más serio es el


caso de los cottagers sin parcelas, aquellos que no poseían una casa y huerta en la aldea. Con el
régimen de campos abiertos compensaban su falta de parcelas en el ager con lo que obtenían en los
comunales. Pero más grave fue el caso de los squatters, los que vivían precariamente en el saltus
tolerados por la comunidad. La proletarización plena e inmediata era, en su caso, la única
consecuencia posible.
Los pequeños propietarios, tentados por las ofertas de compra que ofrecían los
terratenientes y atemorizados por la desaparición de los derechos comunales e incapaces de aplicar
la nueva tecnología, vendían sus propiedades en forma masiva.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Esta expulsión del campesinado de subsistencia por medio de los mecanismos del mercado,
constituye la consecuencia esencial de la abolición del régimen de open-fields. Los mecanismos
coercitivos, la fuerza del Estado y la violencia de la ley se limitaban a la aprobación y ejecución de las
actas.
El engrossing y la expropiación final, sin embargo, tenían lugar gracias a una multitud sigilosa
de transacciones privadas, cotidianas, convenidas sin ruido alguno, que ocurrían sin que el
Parlamento o institución alguna del Estado intervinieran en forma directa.
Así, en medio siglo, desaparecieron en el campo ingles decenas de miles de fincas.

7. LA VÍA INGLESA HACIA EL CAPITAL AGRARIO (II): LA REVOLUCIÓN Y LAS TRANSFORMACIONES EN


LAS TÉCNICAS DE PRODUCCIÓN.

Junto a la transformación en la propiedad de la tierra, se requirió en Inglaterra un segundo


campo de transformación: los avances en las técnicas de producción agrícola.
Junto con los enclosures, el sistema Norfolk sintetizó el conjunto de cambios cualitativos
característicos de la vía inglesa hacia el capitalismo.

El aumento demográfico y de la producción de alimentos en el siglo XVII

Inglaterra produjo en el siglo XVII una transformación en el volumen de la producción de


alimentos que permitió alcanzar niveles de crecimiento demográficos inesperados.
Durante la era pre industrial los precios de los alimentos acompañan el aumentar la
población. Sin embargo, la comparación entre la evolución de los precios y el crecimiento
demográfico refuerza la existencia de una ruptura cualitativa hacia fines del siglo XVIII, y a partir de
1781 la correlación desaparece y los precios comenzaron a caer aún cuando el aumento demográfico
no se detuvo.

La transformación de las técnicas agrícolas

Existen dos vías posibles para explicar el incremento de la producción agrícola: por extensión
de tierras ocupadas, es decir debido a un crecimiento de orden cuantitativo, o por crecimiento
cualitativo debido al aumento de la productividad de la tierra.
La evidencia nos muestra que a mediados del siglo XVI (ca 1550dc) poca tierra nueva quedaba
disponible, por lo que considerar que el ascenso de la productividad fue producto de la
transformación en las técnicas de producción es una explicación más plausible para el aumento de la
producción de alimentos.
Los principales factores que sustentaron la revolucionaria transformación de la producción
agrícola fueron:
a) la Inversión de capital para la recuperación, producción e incorporación al sistema productivo de
pantanos y páramos a través del drenaje.
b) la eliminación del barbecho como forma de reponer el nitrógeno del suelo.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

c) la introducción de cultivos forrajeros para reponer los minerales del suelo y servir de pastura para
los animales.
d) la difusión de nuevos cultivos. Los cambios en la combinación de cultivos alimenticios podrían
provocar un incremento en la productividad de tierra cuando especies de bajo rendimiento eran
reemplazadas por otros de alto rendimiento. Se produjo la declinación del centeno por el trigo y la
difusión de la papa. La importancia reside en que el trigo y la papa proveían más calorías que el
centeno.
e) la especialización regional. Ésta posee la ventaja que al adscribir en cada región los cultivos más
apropiados para la calidad de suelo, aumenta el volumen global de productos agrícolas. Entre 1661
y 1740 se detecta claramente la emergencia de patrones regionales distribuidos por el reino, con la
consolidación de un Oeste ganadero y un Este agrícola. Para mediados de siglo XVIII ya había
alcanzado su pleno desarrollo.
Cuando estos factores fueron introducidos en conjunto los resultados fueron espectaculares.

De la agricultura convertible al sistema Norfolk5: la duplicación de los rendimientos agrícolas.

El sistema de agricultura convertible tuvo su apogeo entre 1590 y 1660. En este, las praderas
eran transformadas por varios años en campos de cultivos y luego revertían a su condición original
de pasturas durante un lapso de 20 años para que se produjera la recuperación plena de los
nutrientes de la tierra, entre ellos el nitrógeno.
Desde fines del siglo XVII se percibe un retroceso en el empleo del sistema de agricultura
convertible. La principal renovación del sistema de cultivo fue el sistema Norfolk o de rotación
cuatrienal, que terminó siendo la mejor forma de integración de la agricultura y la ganadería.
En lugar del barbecho, los cereales se alternaron con plantas forrajeras como el trébol y el
nabo, por lo que el aumento en la superficie cultivada se complementaba con un aumento de
nitrógeno y un descenso de pestes y enfermedades.
Las diferencias en los volúmenes de producción en los 2 sistemas (trienal y cuatrienal) son
revolucionarios, ya que prácticamente se duplican las cantidades sin alterar la superficie de la granja.
El sistema cuatrienal no se consolidó hasta después de 1800, y su plena difusión debe situarse
en la primera mitad del siglo XIX. Es precisamente entonces cuando se percibe un crecimiento sin
precedentes del producto agrícola nacional y un aumento de la productividad del suelo.

5
Región de Norfolk, donde se emplea el sistema que lleva su nombre.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

El reemplazo del barbecho con cultivos forrajeros, pieza clave dentro sistema Norfolk,
introdujo la novedad esencial sin agotar el suelo. La superficie cultivada con cereales pudo
extenderse hasta abarcar el 50% la tierra, al tiempo que el otro 50% era sembrado con forrajeras,
que permitía alimentar rebaños más extensos y que a su vez proveían abono más importante.
Por primera vez la economía de escasez, de crisis, de mortalidad y de hambrunas cedía lugar
a una era de abundancia en la producción de alimentos.

CARZOLIO, María Inés. Ecos recientes de un debate inconcluso acerca de la Revolución


Agrícola en Inglaterra y de la transformación de su economía agraria entre 1500 y 1850

La autora presenta los principales puntos de un debate no resuelto entre dos libros que
reúnen interpretaciones diferentes sobre la revolución agrícola inglesa.

Overton: el Sistema Norfolk y la visión tradicional.

El eje de la obra de Mark Overton está constituída por la tesis de que la revolución agrícola
se produjo durante el siglo que transcurrió entre 1750-1850, y que no hubo una anterior a la misma.
Los dos rasgos característicos del cambio agrario habrían sido el aumento de la producción y
de la productividad y la transformación de las estructuras agrarias en estrecha relación. La esencia
de la revolución agrícola se centró asi entonces en el aumento de la productividad.
Overton representa la visión tradicional acerca de la revolución agraria y su relación con la
aplicación del sistema de rotación cuatrienal Norfolk (nabos, cebada, trébol, trigo) que fue vista como
la responsable de las mejoras sin precedentes en los rendimientos de las cosechas y de la producción,
ya que habría permitido escapar a la agricultura inglesa de un círculo vicioso de relaciones entre
ganadería y cereales, previniendo los aumentos de los precios del producto al extender el área
cultivada y suprimir el barbecho.
Este círculo vicioso habrá sido roto al reemplazar al barbecho por el cultivo de forrajeras. La
importancia del forraje radica en las propiedades de fijar el nitrógeno atmosférico, nutriente valioso
para los cultivos de cereal, que deben absorberlo a través de sus raíces. Por lo tanto, se inauguró un
modo de obtener una espiral ascendente del progreso productivo en la medida en que se podía
obtener más alimentos con la misma superficie de cultivo.
Los nuevos cultivos forrajeros, la rotación del Nortfolk, la conversión de la agricultura familiar
y los cercamientos parlamentarios, sumados a otro grupo de elementos importantes como la cría de
animales, el drenaje de los campos y las nuevas maquinarias, justificaban el carácter revolucionario
del periodo, en tanto se calcula que en 1850 la agricultura inglesa alimentaba unas 6.500.000
personas más que en 1750. Aunque también se cultivaba mayor extensión, el aumento era resultado
en gran parte del aumento en la productividad por unidad de superficie.
Esta interpretación indica una relación entre modelos demografistas y mercantil, por cuanto
ambas priorizan el factor demanda.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Overton: la reorientación de la producción del ámbito local al gran mercado

Overton examina también los cambios institucionales que se producen en este período. El
periodo anterior se caracterizaría por una agricultura de subsistencia, signada por la pequeña
producción que se comerciaba directamente en mercados locales. En el periodo que transcurre entre
1750 y 1850 se produce una nueva orientación hacia el mercado, actuando mercaderes
intermediarios y grandes explotadores. Ambos momentos se caracterizan por la preeminencia de
relaciones sociales y dominación diferentes.

Allen: la revalorización de la innovación campesina.

A lo largo del tiempo se conformaría una imagen tradicional de revolución agrícola con el
supuesto de que la agricultura tradicional era incapaz de modernizarse.
El aumento de la productividad fue relacionado con la paulatina desaparición de la
producción familiar, la explotación en pequeña escala, los estados feudales, la propiedad comunal y
los campos abiertos; siendo reemplazadas por el cercamiento, la explotación en gran escala y la
empresa capitalista e individualista.
Sin embargo, la investigación a escala local modificó los supuestos en los que se había basado
la imagen y la versión tradicional del cambio revolucionario, comenzando a ponerse en duda para la
propia Inglaterra, país que la inspiró.
El cuestionamiento más radicalizado llega de la mano de Robert Allen que refuta en varios
puntos la síntesis de Overton y plantea que la imagen tradicional de la revolución agrícola no se
cumple en Inglaterra.
Este autor no emplea técnicas diferentes de investigación, sino que utiliza una perspectiva
diferente al revalorizar la capacidad innovadora de la pequeña explotación familiar en los open fields,
cuestionando la interpretación de los cercamientos como el cambio fundamental en la producción
agrícola. Para Allen, hay que pensar una secuencia diversa de avances en agricultura la inglesa desde
la Baja Edad Media hasta 1850, teniendo en cuenta que el aumento de la productividad se produjo
por unidad de superficie debido al aumento de la productividad por trabajador y de la renta agraria.

Allen: configuración y cronología del modelo


Allen cuestiona la visión macro que al abordar la Revolución Agrícola piensa a los
cercamientos, el accionar de los terratenientes emprendedores y la gran explotación como
condiciones del aumento de la producción y la reducción de mano de obra.
El autor reduce la importancia del impacto de los cercamientos y adelanta el inicio de la
revolución agrícola al siglo XVII, cuando aún predominan los yeomen que cultivan en régimen de
campos abiertos.
Postula un cambio en cuanto a los agentes de la Revolución Agrícola, cuyo signo era la
precariedad de sus derechos sobre la tenencia, pero que obtenían entre tanto ganancias a través del
aumento de la producción o de la disminución de los costes y compartían los riesgos de la
experimentación de modo cooperativa.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

El autor no desconoce que los cercamientos produjeron un cambio técnico en la agricultura


entre mediados del siglo XVIII y mediados del XIX, pero también haya un crecimiento sostenido y
duplicado de la producción entre 1520 y 1740.
Este aumento fue logrado por medianos agrícolas yeomen en el régimen de tierras abiertas,
y ni los cercamientos ni la agricultura capitalista tuvieron protagonismo en este proceso.
Posteriormente se produjo un estancamiento y un nuevo incremento solo a partir del 1800, por lo
que concluye que si los cercamientos parlamentarios incrementaron la producción, no tuvieron un
efecto inmediato.
Fijar la cronología de los fenómenos relacionados es importante en dos puntos: para
relacionar el cambio institucional y la modernización agrícola (poder pensar la relación entre
cercamientos y grandes explotaciones agrarias) y para establecer el vínculo entre Revolución Agrícola
e Industrial.

Allen: el aumento de la productividad por unidad de superficie sembrada y de la productividad del


trabajo.

El aumento de la productividad implica la intensificación de la capacidad de cada trabajador


de producir materias primas para ofrecer sustento a quienes están fuera de la producción agrícola.
Allen, utilizando procedimientos y técnicas de Wrigley, quien comparo la productividad de
Francia, Inglaterra y Países Bajos en la Edad Moderna, constató un incremento de la población y un
descenso general de los ingresos per cápita en Europa, pero en Inglaterra la producción por
trabajador aumentó entre 1600 y 1750 y experimento un leve retroceso en la segunda mitad del siglo
XVIII, lo que cuestiona los efectos de los cercamientos parlamentarios.
Todos los países fueron presentando cambios desde la Baja Edad Media, pero en 1600 la
productividad inglesa se disparó en lugar de disminuir como era la tendencia general de Europa.
Allen disminuye el valor atribuido a la protoindustria y afirma que el éxito ingles depende
más de una agricultura productiva y de una economía urbana potente.

Overton: el aumento de la productividad debido a la recuperación de tierras y la aplicación de nuevas


tecnologías.

Overton estima que el aumento de la productividad de las tierras del siglo XV seria atribuible
al efecto de un aumento en la aplicación de trabajo a la agricultura, unida al rescate de tierras
cultivables. Pero en ese siglo el aumento de la producción por unidad de superficie se correspondía
con una reducción en la productividad del trabajo.
Desde 1650, sin embargo, hay pruebas de que ambos (tierras cultivables y productividad)
estaban aumentando. Es comparable que entre 1700 y 1850 la productividad del trabajo en la
agricultura se dobló.
Para Overton en el aumento de la producción influyen factores como la recuperación de
tierras, cambios en la superficie de pastos y tierras cultivables, rotación de cultivos, reducción de
barbechos, cultivo de forrajes. Todos los factores estaban interconectados.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La clave del desarrollo fue la integración de pasturas, cereales y ganadería. Simultáneamente


la integración de forrajes y grano empezó probablemente en el siglo XVI y se convirtió en formula
agrícola en el XVII, pero no fue hasta el siglo XVIII con el Norfolk, que se alió con una expansión
significativa del área cultivada y condujo al crecimiento de la producción y de la productividad.

Allen: análisis comparativo de los cercamientos.

La cuestión consiste en dilucidar qué factores incidieron en el trabajo de la producción y de


la productividad.
Es importante la observación de Allen acerca de que “la comparación” solo puede ser entre
pueblos que se encuentren en tierras de las mismas características, los mismos entornos naturales.
Por ellos compara los rendimientos de los cultivos en sistema de campos abiertos y en cercamientos
entre 3 categorías de distritos: tierras pesadas, tierras ligeras y pastos, entre la Edad Media y 1800.
Los cercamientos superaban en rendimiento a los campos abiertos solamente en los distritos
agrícolas de suelos pesados, en los cuales la clave del ascenso de la productividad fue el drenaje, que
requería la cooperación de muchísimos agricultores.
En las tierras abiertas se lograban ¾ partes del aumento de los rendimientos del medioevo
hasta el 1800 respecto a los cercamientos.
En las tierras ganaderas de pastos la producción “disminuyó” porque producía menos ingreso
por unidad de superficie que los cereales.
En cuanto a la ocupación y costes laborales, en los distritos cultivables el impacto fue mínimo
y en los ganaderos, la ocupación cayó paralelamente a la caída del producto. Producción y renta son
variables distintas.

Allen: cercamientos en clave tradicional y refutaciones.

La versión tradicional de la Revolución Agrícola en la interpretación de Allen sostuvo dos


puntos esenciales.
Por un lado, los agricultores de los cercamientos tenían más probabilidades de adoptar
pautas de cultivo innovadoras en comparación con los de los campos abiertos. La rotación de cultivos
se asumía de forma unánime en los cercamientos, en tanto que en los campos abiertos los
agricultores no lo hacían de igual manera.
Por otra parte, la renta por unidad de superficie era más alta en el cercamiento que en los
campos abiertos. Desde el punto de vista del terrateniente, ésta era su mayor ventaja. Los
cercamientos conducían a sistemas más intensivos con aumento del empleo, costos más elevados y
un aumento de la producción.
Allen cuestiona la aceptación generalizada de estos estos argumentos, ya que ese fue el
efecto del cercamiento en los suelos pesados. En tierras livianas y de pastos las rentas suben más
que la producción o el ahorro de los costos, generando un aumento en las rentas para la nobleza
rural y aristocracia.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

De todas maneras, las aldeas con cercamientos eran las que presentaban un
comportamiento moderno maximizador de la renta y probablemente adoptaron los nuevos métodos,
en cambio, la adaptación a éstos en las aldeas con campos abiertos fue modesto.
La reorganización de las tierras en explotaciones más extensas comenzó en el siglo XVII y se
impuso en el XVIII. Sin embargo, los rendimientos aumentaron en las explotaciones de todos los
tamaños entre 1550 y 1725.
El aumento del tamaño de las explotaciones tuvo efectos sobre la productividad por la via
del empleo de la mano de obra: las explotaciones mayores empleaban menos trabajadores por
unidad de superficie que las pequeñas. La consecuencia fue el aumento de la producción por
trabajador.

Allen: la toma de decisiones en los campos abiertos.

Allen se remonta a la opinión de los intelectuales del siglo XVIII con respecto a las prácticas
de los agricultores de campos abiertos. Un contemporáneo, H. S. Homer, considera a los campos
abiertos como un obstáculo para acordar cualquier mejora a causa de que el número de propietarios
era un obstáculo para lograr la unanimidad en la toma de decisiones sobre la producción.
Sin embargo, una ley de 1773 permitía gestionar el sistema con ¾ partes de los votos, y los
campesinos que cultivaban en campos abiertos incorporaron nuevos cultivos, lo que pone en
entredicho la unanimidad necesaria invocada por Homer.
Para comprender el proceso de toma de decisiones en los campos abiertos, fue preciso volver
a las fuentes no estadísticas, donde Allen halló ejemplos de una mayor flexibilidad. Se adoptaron
formas mixtas y acuerdos que permitían la experimentación de los más emprendedores mediante el
cercamiento de una parte de los campos abiertos para ensayar nuevos cultivos, los cuales podían
generalizarse luego a través de ordenanzas.
La alternancia de pastos y cultivos fue practicada por los agricultores en regímenes de
campos de abiertos, de manera que no parecen haber constituido un obstáculo a las innovaciones.
Los campos abiertos, por consiguiente, eran capaces de introducir mejoras y cuando
predominaron, de los siglos XVI hasta principios del XVIII, testimoniaron un aumento de la producción
y de la productividad.

Allen: ¿Por qué desaparecieron los campos abiertos?

Las aldeas con campos sin cerca elegían normalmente un tipo de técnica que no era
maximizadora de la renta6.
Si se trataba de tierras pesadas donde se requerían disciplinas colectivas y una coordinación,
se convertía el cercamiento. En las tierras livianas con arrendatarios, estos podrían haber optimizado
sus rentas, pero al no incrementar sus propios ingresos, sino solo los del arrendador, no tenían
incentivo para cambiar sus prácticas.

6
Cantidad de dinero u otro beneficio que produce regularmente un bien.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

En el caso de la conversión en pasturas, se disminuía l demanda de trabajo al tiempo que se


incrementaba el precio de los arrendamientos.
Los cercamientos, según Allen, acaban con la posibilidad de elección del arrendatario, pues
la competencia resolvió el problema a favor de quienes adoptaban técnicas maximizadoras de renta.
Antes del siglo XVIII, muchos agricultores de campos abiertos tenían las tierras con derechos
vitalicios y podían esperar mayores ingresos si adoptaban cambios técnicos. Sin embargo, hacia 1800
estos pequeños agricultores fueron desapareciendo porque los propietarios no renovaban sus
derechos sobre la tierra para consolidarlas en explotaciones de mayor tamaño que arrendaban por
tiempos más cortos, lo cual redujo la posibilidad de innovación en los campos abiertos y su
desaparición con los cercamientos parlamentarios.

Allen y Overton: las incidencias de los cercamientos.

Overton considera que el campesinado autosuficiente tiende a disminuir desde el siglo XVI y
que los cercamientos parlamentarios fueron solamente el golpe de gracia.
PARA ALLEN, LA PRINCIPAL CONSECUENCIA ECONÓMICA DE LOS CERCAMIENTOS DEL SIGLO
XVIII FUE LA REDISTRIBUCIÓN DE LA RENTA AGRÍCOLA EXISTENTE, NO UN INCREMENTO DE LA
PRODUCTIVIDAD.
En cuanto al empleo y productividad del trabajo, para Overton los cercamientos que no
redujeron la superficie dedicada al cultivo del cereal no tuvieron efecto sobre la ocupación, no así los
que se transformaron en pasturas. Las explotaciones más grandes redujeron el numero de
trabajadores por unidad de superficie, aunque esta situación se compensó con el aumento de la tierra
dedicada a forrajes, con lo que el nivel del empleo se mantuvo invariable, la productividad del trabajo
constante y la producción agrícola estable después de 1750.
En cambio, Allen sostiene que fue la elevada productividad del trabajo y no la de la tierra la
que hizo que la agricultura inglesa fuera extraordinariamente productiva a principios del siglo XIX.
Por otra parte, en lo que respecta a la inversión de capital, las grandes explotaciones tenían acceso a
créditos más baratos.
Para Allen, Overton no se aventura en este análisis sino que sigue los lineamientos
tradicionales de la historiografía sobre la agricultura inglesa.

Allen y Overton: el rol de los yeomen en las innovaciones.

Las comparaciones estadísticas entre los cultivos en campos abiertos y en cercamientos no


muestran efectos decisivos sobre la producción o el empleo, pues el crecimiento que se produce
entre 1600 y 17000 fue obra de los yeomen7.
Allen les atribuye tres cambios importantes: el cultivo de legumbres, la mayor producitivdad
del ganado y la mejora de las semillas.

7
Un yeoman, especialmente en la época isabelina de finales del XVI y comienzos del XVII, era un
campesino libre que poseía una pequeña propiedad.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Fue importante el cambio en los métodos de labranza y el cultivo de plantas fijadoras del
nitrógeno, que aumentaron los niveles de este en el suelo, incrementando los rendimientos.
Esos cambios se comprueban en los cultivos de los campos abiertos, contradiciendo a los
historiadores que dicen que no habrían podido ser introducidos en ellos.
Las semillas pudieron mejorar por dos vías que aun no han sido estudiadas: la potenciación
del comercio interregional y la selección de semillas por los agricultores.
Overton estima que a pesar de los cambios introducidos en estos siglos ( la abolición de los
comunales y la emergencia de una nueva estructura de clases) los fundamentos de la economía
agraria precapitalista persistieron, con lo que limita radicalmente el valor de la actuación de los
yeomen.
A pesar de reconocer las rotaciones y las mejoras introducidas en los métodos de cultivo
entre los siglos XVI y XVIII, Overton vuelve a las conclusiones de E. L. Jones en los ’60. Este autor
consideró que a mediados del siglo XVII la agricultura inglesa pasó por una transformación en sus
técnicas ampliando el mercado, pero que su fase revolucionaria había transcurrido durante el
Commonwealth y los periodos de restauración.
Jones argumentó también que la importancia del siglo siguiente a 1650 se debe a una serie
de limitadas innovaciones. Estas resultaron en el aumento de la producción de cereal por unidad de
superficie y en un aumento en el producto total.
En contraste con el siglo siguiente, el crecimiento de la población quedó estancado después
de 1650dc. Para Overton, esta ralentización del crecimiento demográfico se debió a factores
malthusianos, que probarían la insuficiencia de las innovaciones anteriores al siglo XVIII.

Allen y Overton: balance final

El análisis efectuado por ambos historiadores es divergente y asi también su metodología.


Overton realiza planteamientos a nivel macro, con perspectivas cronológicas y espacialemnte
amplias, mientras que Allen plantea un análisis micro, no solo por la escala crono-espacial, sino por
la consideración de toda la información en juego al desplegar un estudio comparativo de la evolución
de la producción y de la productividad entre regiones, países y períodos.
En ambos autores, la teoría se halla por delante de la confirmación, por la imposible
constatación empírica y la fragmentación de los datos correspondientes a épocas anteriores a 1700.
Tenemos entonces dos propuestas de revolución agrícola. Por un lado está la que tiene su
momento culminante a partir de mediados del siglo XVIII, de acuerdo a la versión tradicional que
comparte Overton. Por el otro lado, nos encontramos con la propuesta de Allen, que sostiene que la
revolución fue doble, teniendo lugar la primera durante el siglo XVII, fruto del esfuerzo productivo e
innovador de los yeomen en campos abiertos, y la segunda a mitad del siglo XVII y principios del XIX,
siendo los terratenientes y los cercamientos parlamentarios los protagonistas.
Las revoluciones de Allen se diferencian entre sí en cuanto a que la primera de ellas
incrementó tanto la producción como la productividad por unidad de superficie, mientras que la
segunda, sin aumentar notablemente la productividad por unidad de superficie, establece una nueva
relación entre el rendimiento del trabajo y la productividad, lo que se traduce en el aumento de la
renta de los terratenientes.

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El aspecto central de la confrontación de ambos trabajos es del de que se está en presencia


de dos modelos diferentes de Revolución Agrícola Inglesa, o meor dicho, de dos Revoluciones
Agrícolas Inglesas, antes o después de 1750, lo que implica un énfasis diferente en la preeminencia
de relaciones sociales y de dominación, distintas en cada caso
Overton presenta una revolución que culmina a mediados del siglo XVIII, cuyo protagonista
es el terrateniente impulsor de los cercamientos y a quien se suele atribuir la aplicación de los
avances técnicos que dan por resultado el aumento de la productividad.
Allen plantea dos revoluciones, disociando ese momento posterior a 1750, considerandolo
una mera apropiación de la expansión productiva por parte de los terratenientes a través de
relaciones de dominación. Para él, el verdadero protagonista de la revolución es el yeomen, cuyo
esfuerzo productivo e innovador se habría aplicado en los cultivos en campos abiertos durante el
siglo XVII.
Los dos modelos impulsan prácticas diferentes. Esto es visible cuando se compara la
evolución de los campos abiertos y cercamientos.
Los cercamientos resultaron convenientes en tierras pesadas, que requerían disciplina
colectiva y coordinación de esfuerzos, vale decir, el empleo de técnicas maximizadoras de la renta.
El caso óptimo de cercamiento eran las pasturas, al caer la demanda de trabajo y al aumentar el
precio de los arrendamientos aunque redujera el producto, evolucionando hacia una concentración
de la propiedad de la tierra.
Los campesinos en campos abiertos de tierras livianas elegían una técnica que no era
maximizadora de la renta. La rotación de nortfolk aumenta la renta y no los de trabajo, por lo que los
campesinos no se veían impulsados a cambiar sus prácticas por otras que beneficiaran al arrendador
pero no sus ingresos. Pero no desaparecieron hasta que las relaciones de dominación condujeran a
los cercamientos parlamentarios.

2) Los avances de la transición.


a) Comienzos de la agricultura para el mercado en Inglaterra.
De los campos abiertos a los cercamientos parlamentarios de la segunda
mitad del siglo XVIII.
El surgimiento de nuevas relaciones de propiedad capitalista en el campo y
sus resultados (arrendamiento, trabajo asalariado y aumento de la
marginación).
Debate acerca del papel de los cercamientos parlamentarios en Inglaterra.
La revolución de la producción agrícola: nuevas técnicas de producción y
nuevas relaciones sociales en el trabajo campesino.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

BRENNER, R., Las raíces agrarias del capitalismo europeo.

En su primer artículo Brenner partía de la idea de que los sistemas de distribución social de
la propiedad, una vez establecidos, fijaban unos límites estrictos e imponían pautas generales al curso
de la evolución económica.
En el seno de estructuras de propiedad diferentes y de equilibrios de poder distintos, las
tendencias demográficas o mercantiles, juntamente con el factor precios, presentaban diversas
opciones y riesgos y, por tanto implicaban respuestas dispares que tenían consecuencias desiguales
para la economía como un todo (a diferencia del planteo de muchos demografistas).
Las estructuras de clases tienen que ser centrales en cualquier análisis de la evolución de la
economía a largo plazo de la Europa preindustrial.
Los límites puestos a la auto reproducción de la clase señorial y campesina son característicos
de la economía pre industrial y pre capitalistas, habiendo una tendencia secular hacia la caída de la
productividad del trabajo y, en última instancia, una crisis económica a gran escala.
Brenner afirma que la interrupción de un proceso de crecimiento autosostenido derivó de la
evolución paralela de dos aspectos de las relaciones de clases: el derrumbe del sistema señorial de
extracción del excedente por medios extra económicos por un lado, y el debilitamiento de los
campesinos en cuanto a su posibilidad de conseguir la propiedad plena de la tierra por el otro.
En Inglaterra la relación señor propietario/arrendatario-capitalista/trabajador asalariado fue
una de las bases de la transformación de la agricultura, en el resto de Europa se mantuvo el anterior
esquema (tenencias campesinas, extracción de excedente por vías extra económica).
Las diferentes evoluciones regionales dependían de las formas de las diversas distribuciones
de las propiedades de la tierra, resultados de la resolución de la lucha de clases que se da a partir de
la reacción señorial.

El modelo demográfico y las relaciones de clases.


Critica al modelo demográfico y el modelo mercantil o de comercialización.

Brenner no contradice los grandes ciclos agrarios de doble fase vinculados al cambio
demográfico planteados por los demografistas. De hecho dice que este modelo cíclico de doble fase
permaneció vigente en la economía de la mayor parte de Europa en la Edad Media e incluso en la
Moderna en algunas zonas. Su intención es exponer las limitaciones de los modelos neo
malthusianos/ricardiano presentados por los intérpretes demografistas como explicación actualizada
de los modelos a largo plazo de la distribución del ingreso, de las fluctuaciones cíclicas y del no
desarrollo económico relacionado con lo anterior.

Cambio demográfico y distribución del ingreso

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Brenner aclara, ante la crítica de Postan y Hatcher, que él no critica el modelo general de los
demografistas sino que este modelo de ganancias de factores demográficamente determinados no
sirve para la explicación de la distribución del ingreso entre las clases sociales.
Su argumento consistía en que las modificaciones de la escala relativa de factores con efectos
sobre los cambios demográficos tenían alguna consecuencia en la distribución del ingreso en la
Europa medieval únicamente si se refractaban, por así decirlo, a través del prisma de las oscilantes
relaciones sociales de propiedad y de los equilibrios fluctuantes de las fuerzas de clases. Entonces la
distribución del ingreso, ocasionada por cambios demográficos introducidos por los precios o la
relativa escasez de factores, dependían de la relación de fuerzas entre las clases (ejemplo si los
campesinos lograron establecer censos fijos, o los señores tenían el poder de modificarlos a su
antojo).
Los demografistas, en cambio, ven el tema de la extracción del excedente o las relaciones de
clases como una variable dependiente de sus modelos de población. Así adjudicaron al desarrollo
demográfico no sólo la relación precios/escasez de factores, sino incluso el incremento de la
capacidad del señor para imponer derechos sobre sus colonos, etc. Por lo mismo, mediante el declive
demográfico explican el declive de la servidumbre en Europa occidental.
Pero a esto, Brenner dice que los mismos componentes demográficos en el mismo período
se vieron acompañados por tendencias opuestas en la distribución del ingreso en diversas regiones
europeas. Ejemplos paradigmáticos de esta son Inglaterra y Francia en los siglos XII y XIII, en el primer
caso se refuerza la propiedad señorial y la capacidad de crear exacciones (arbitrarias), mientras en el
segundo se refuerza la posición de los campesinos.

El gran ciclo agrario

Las dificultades con las que se enfrentan los intérpretes demográficos para explicar sus ciclos
de estancamiento a largo plazo son tal vez tan espinosas como las relativas a la distribución del
ingreso. Lo que se cuestiona es la utilidad del modelo malthusiano para definir con precisión el marco
específico de este gran ciclo agrario.
En primer lugar la aparición de una súper población estuvo directa y estrictamente
relacionada con la distribución del ingreso y de la riqueza, sin mencionar la disponibilidad de tierra
no cultivable.
En segundo lugar, se supone que el mecanismo malthusiano ha funcionado como un proceso
de reajuste homeostático para equilibrar la población trabajadora con los recursos potenciales de la
sociedad (teniendo en cuenta el nivel tecnológico existente). Pero, en realidad, este requisito previo
no tuvo necesariamente que cumplirse en la Europa pre industrial, dado que la producción y la
distribución estaban muy condicionadas por las relaciones de extracción de excedente entre señores
y campesinos.
De hecho, la caída de la población no consiguió restablecer las condiciones para una
recuperación económica (de acuerdo con los principios malthusianos) en la mayor parte de Europa
a partir de mediados del siglo XIV. Afectados por el descenso de sus ingresos (como resultado del
descenso poblacional), los señores echaron mano de su capacidad coercitiva, incrementando las
exacciones (rentas y derechos señorial) generando luchas intestinas, así se siguen debilitando las

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

fuerzas productivas campesinas, generando descenso demográfico adicional, o sea un espiral


descendente más que un reajuste maltusiano.

Del estancamiento maltusiano al desarrollo económico

Debido a que los demografistas no integran sus explicaciones del gran ciclo agrario en una
teoría del atraso y del desarrollo económico, no pueden ofrecer una explicación satisfactoria, tanto
para la forma específica del estancamiento que ellos han definido, como para las fuerzas que han
permitido la ruptura de un estancamiento hacia un crecimiento económico regular.
El planteo de Le Roy Ladurie afirma que su modelo homeostático también integra una
tendencia unilineal hacia un capitalismo agrario. Brenner dice que no hubo un impulso unilineal hacia
el capitalismo. En Europa del Este los señores consolidan la servidumbre, en Francia la propiedad
campesina permanece casi intacta convirtiéndose con el Absolutismo Estatal, pero Inglaterra se
allana el camino para capitalismo agrario. Aquí se ven también las diferentes respuestas que
adoptaron las clases feudales dominantes frente a problemas y condiciones similares. Trayectorias
opuestas en la formación de clases en el seno del feudalismo europeo, y las luchas de poder que los
fundamentan. Para Le Roy Ladurie el efecto del conflicto es puramente superficial.

Estructuras y organización de clase y desarrollo feudal en Europa medieval.

Brenner discute con Le Roy y con Bois y lo acusan de politizar su análisis de la economía
feudal. Dice Bois que su manía por la lucha que clases le impide ver la ley económica interna de la
sociedad feudal, lo cual sería la caída de la tasa de apropiación feudal. Para Brenner es fundamental
en su análisis la fusión entre lo político y económico, características definitorias de la estructura de
clases y del sistema de producción de feudal.
Las diversas formas de desarrollo de este sistema de expropiación de excedente por
mecanismos extra económicos ofrece la clave para comprender la evolución de la economía feudal.

Generalizaciones en torno al desarrollo de la crisis feudal.

a) Posesión campesina y extracción del excedente por medios extra económicos.

Para este periodo (finales del Edad Media, principios de la Moderna), las actividades
productivas las realizaban campesinos en posesión de la tierra y del utillaje necesario para procurarse
la subsistencia. La reproducción de los campesinos, por tanto, no requería una intervención
económica ni una contribución productiva por parte de los señores. Éstos, para asegurarse una renta,
tenían que poder ejercer algún control sobre los campesinos, y ello fue posible gracias a la capacidad
para ejercer directamente este poder.
Se tendía a asegurar la posesión campesina bien por el creciente reforzamiento de las
comunidades campesinas, bien por la división de la soberanía. La soberanía dividida implicaba
competencias entre señores que impedían cualquier tipo de colaboración mutua, por consiguiente,

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

obligaba a los señores a ceder tierra a los campesinos sobre bases más o menos permanentes, como
un incentivo para que permanecieran en sus tierras y pagaran sus censos.
A su vez esta dispersión del poder también dificultaba que los campesinos lograran obtener
la propiedad plena de la tierra ya que estaban obligados a buscar la protección de un señor, con el
fin de evitar que los otros señores les arrebataran sus tierras.
En consecuencia, es preciso entender que las formas y las condiciones que definían las
posibilidades de los señores para ejercer su poder sobre la renta como relación social, constituyó lo
esencial de su formación como clases dirigentes y marcaron profundamente las líneas de desarrollo
de todo el sistema de producción.
En determinados momentos, debido al crecimiento demográfico, (que genera una creciente
demanda de tierra), los campesinos deben volverse arrendatarios del señor. De esta manera el señor
puede obtener rentas sin tener que recurrir a métodos extra económicos. Pero la mejor forma de
mantener su poder era mediante la extracción del excedente con mecanismos compulsivos extra
económicos, el anterior mecanismo terminaba dependiendo de otro factor, como por ejemplo del
crecimiento demográfico.
Las disposiciones que sancionaban la extracción de la renta en un primer momento tomaron
la forma de derechos jurisdiccionales sobre colonos, pero con posterioridad se identificaron con los
mecanismos de propiedad y/o control de cargos públicos, lo que les dio derechos a participar de
extracción centralizadas, es decir en la fiscalidad estatal.
En cuanto a Bois, Brenner critica su forma de analizar la evolución de la economía feudal en
su conjunto, sólo por la fórmula económica. Dice Brenner que en la medida en que el sistema feudal
de relaciones de clase estaba políticamente constituido, éstas tendían a imponer una dinámica extra
económica al curso evolutivo de la economía feudal.
Por supuesto que las posibilidades de apropiación del excedente de los señores se veían
limitadas por las posibilidades de producir que tenían los campesinos, por lo tanto, la estructura de
la producción de los campesinos, como dice Bois, marcó profundamente la economía feudal. Pero el
sistema de extracción del excedente fue desarrollándose de acuerdo con su propia lógica y hasta
cierto punto sin referencia alguna a las exigencias de la producción campesina, como una función de
las necesidades crecientes de los señores de un consumo políticamente motivado.
El desarrollo económico feudal presentaba una situación conflictiva ambivalente entre la
auto-reproducción campesina y el consumo improductivo mediante la apropiación del excedente de
los señores.

b) Señores, campesinos y descenso de la productividad.

Discutiendo con Hatcher y Postan, Brenner va a comenzar por sostener que la estructura de
la propiedad fundamentada en la compulsión extra económica sobre los campesinos, se halla en la
raíz del descenso de la productividad, y por ende en las diversas formas en que se manifestó la crisis
feudal.
Para Postan y Hatcher el descenso de la productividad se debe al atraso en la tecnología y a
la falta de inversión señorial. Frente a esto hay que decir que muchas de las técnicas y tecnologías
que luego se usaron en la Revolución Agraria en Inglaterra ya existían a fines de la Edad Media.

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Entonces lo que en realidad pasaba es que había una incapacidad de la economía feudal de utilizar
las posibilidades existentes, de ahí también que hubiese baja inversión.
Primero, no existía la necesidad por parte de los señores ni de los campesinos, de ajustarse
al mercado, lo cual exigiría la competencia y máximo de la productividad. Además, cuando los señores
buscaron aumentar la productividad, lo hicieron más mediante la intensificación del trabajo, por
ejemplo, reforzando la servidumbre, que invirtiendo en adelantos técnicos. Las inversiones se
canalizaron más hacia la apropiación de tierras que hacia las mejoras en el capital fijo.
En el siglo XIII (1200dC) , con el crecimiento demográfico, se da una fuerte baja en los salarios,
a la vez que subió el precio de la tierra. Los señores comenzaron a cambiar la renta en trabajo por la
renta en moneda o a lo sumo en especie. Todo esto confluye para limitar las posibilidades de los
campesinos para desarrollar sus fuerzas de producción.
Los campesinos, en sus pequeñas parcelas buscaban que el cultivo sirviera para asegurarles
su subsistencia, y sólo lo sobrante era vendido en el mercado. Esto era un importante obstáculo para
la especialización comercial. A su vez los campesinos se negaban a vender su tierra, y de hecho la
dividían para dar a sus hijos. Este fuerte parcelamiento de las tierras también frenaba cualquier
posibilidad de desarrollo en la economía agraria.

c) Formas de desarrollo feudal: de la colonización a la acumulación política.

Los señores elegían invertir, entonces, en la conservación de más tierras. Además de


incorporar nuevas tierras o comprar las que ya se cultivaban, los señores por regla general sólo
podían aumentar sus ingresos bien apropiándose de la tierra de otros señores, bien por una mayor
extracción de sus colonos. Para estas formas de aumentar la productividad es necesaria la
acumulación política, lo cual permite la apropiación de tierras y la compulsión hacia el campesinado,
pero ¿hasta qué punto los señores, tanto a nivel individual como colectivamente, podían obtener un
excedente social por medio de la acumulación política? Los mismos medios de control y compulsión
que un señor utilizaba sobre campesinos, poder y/o jurisdicción, terminó por constituir un peligro
para los otros señores. El resultado fue la generalización de la conflictividad inter señorial, lo que hizo
que la acumulación política fuera una necesidad real junto al éxito de la acumulación política
implicada en el aumento del poder militar y/o de la autoridad jurisdiccional que proporcionara unas
ganancias que cubrieran ampliamente sus inmensos costes, los cuales a medida que pasaba el
tiempo, se fueron incrementando paulatinamente.
La acumulación política, de acuerdo con lo antes dicho, necesitará perpetuarse, necesitará
aumentar la cantidad de tierras y el número de hombres para poder acaparar eficazmente los
recursos que asume y que permitirían, con posterioridad, ejercer más poder, mas fuerzas.
Pero a su vez la acumulación política también significó un proceso cualitativo que suponía
una mayor organización interna de la clase dirigente feudal. En primer lugar los señores necesitaron
de formas de cooperación política más amplias y elaboradas que le permitieron extraer excedentes
de las comunidades campesinas, las cuales, iban mejorando su organización interna, y también
contrarrestar los efectos de la movilidad de los campesinos.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

En segundo lugar, los señores exigían formas políticas más desarrolladas que les facilitaron
una protección recíproca de sus propiedades, lo que suponía fijar unos derechos mediante la
promulgación y reforzamiento de las leyes.
Por último, la intensificación de la competencia entre los señores exigía formas de
organización militar más elaborada, la organización de los vasallos en torno a un señor con objetivos
bélicos externos proporcionará la base inicial para la cohesión señorial. Por consiguiente, la guerra
durante todo el período feudal, se convirtió en el mecanismo más importante para conseguir la
centralización política.
Es decir, una de las bases fundamentales, para la acumulación consistió en el desarrollo del
estado feudal. Lo que quiere decir el autor es que mientras que continuara dándose la
desorganización y competitividad entre los mismos señores feudales, estos continuarían siendo
vulnerables no tan sólo frente a la depredación externa, sino a la erosión de su situación del dominio
sobre los campesinos, osea su decadencia, como clase dirigente.
El éxito económico de los señores, individualmente y como clase, dependió de la
construcción del estado feudal, mayor centralización política que permitió conseguir más
acumulación política.
En cuanto a la definición del feudalismo, Brenner, critica dos tendencias. Básicamente la que
ve al feudalismo sólo como forma de gobierno y lo centra en las relaciones de vasallaje para explicar
el fenómeno y la específicamente económica, que olvida lo fundamental de este sistema que es la
extracción extra económica y por tanto por medios políticos.
En este contexto, el comercio estuvo relacionado con las necesidades de consumo de los
señores, consumo políticamente motivado y en crecimiento paralelamente a la acumulación política.
Como el excedente campesino iba llegando a sus límites e incluso iniciaba un descenso a
causa de la caída de la población, los señores aceleraron la construcción de instrumentos más
poderosos para redistribuirlos por medio de la coerción y la guerra, de ahí que se crearon las
condiciones para las crisis catastróficas que harán conjuntamente a la estructura económica y a la
social.
Ya a esta altura no funciona el mecanismo malthusiano de equilibrar población con
producción.

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Demografía y desarrollo en el período de crecimiento económico (1150-1300)

El punto más débil de Bois y de los demografistas es la no aceptación de la fusión entre lo


económico y lo político. Si bien hay divergencias entre sus teorías, todos adolecen del mismo defecto:
no tienen en cuenta la evolución divergente de aquellos mecanismos de extracción extra económica.

a) La economía francesa en el siglo XIII: ¿una tasa decreciente en la renta feudal?

La línea directriz que utiliza Bois en su análisis de la economía feudal es lo que conceptualiza
como la tendencia a una tasa decreciente de la apropiación feudal, lo que es cierto para la
Normandía, y de hecho para gran parte en Francia en el período analizado.
En Francia, particularmente en el Norte durante el siglo XIII son de poca importancia las
prestaciones personales y tienen escasa incidencia la renta del censo enfitéutico ya que la inflación
redujo las rentas monetarias que los señores percibían. En consecuencia, la proporción más rentable
de los ingresos señorial la constituían las entradas procedentes de los dominios ya que éstas, al
contrario de lo que ocurría con los censos enfitéuticos, podían ajustarse a las fluctuaciones de los
precios.
La clase señorial francesa tuvo una gran incapacidad para conseguir el poder adecuado para
extraer las rentas necesarias. En esto están todos de acuerdo, en el sentido de que acabó en crisis.
Pero la pregunta es ¿Cuál fue el origen del declive de la tendencia? ¿Por qué se produce esta tasa
descendente de la renta feudal en la Francia del siglo XIII?
Para Bois es la propia estructura de producción feudal la que a largo plazo resultó favorable
a los campesinos. Pero lo que tendría que contestar que es que los señores, frente a la posición
campesina no pudieron imponerse mediante los mecanismos extra económico.
La insuficiencia del razonamiento de Bois se puede demostrar mejor incidiendo en el hecho
de que el declive de la tasa de rentas feudal no hubiera ocurrido si los señores hubieran sido capaces
de incorporar nuevos y más amplios derechos feudales o de incrementar el tamaño de sus dominios,
o tal vez hubiera sido suficiente con reconvertir la renta en especie, y/o extraer derechos
proporcionales a la cosecha, más que una cantidad absoluta.

b) La economía inglesa en el signo XIII: ¿determinó demográficamente la prosperidad señorial?

El modelo de Bois se ajusta al caso francés, pero no al inglés. En Inglaterra, a fines del siglo
XIII más de un tercio de la tierra cultivada lo constituían tendencias sujetas a todo tipo de derechos
arbitrarios que iban acrecentándose.
Los señores ingleses controlaban el 50 % de la población total procedente de los colonos
villanos, mientras que en Francia controlaban un 10%, y además en Inglaterra seguían vigentes las
prestaciones en trabajo servil. Para Bois y los demografistas esto es resultado, de nuevo, del
crecimiento demográfico. Brenner no niega esto, pero dice que no es el crecimiento demográfico
sólo, en sí mismo, lo que posibilitó ésto, sino que de nuevo dependerá de si los señores tienen
suficiente poder para imponerse.

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Durante el siglo XII la tendencia había sido a la consolidación de los censos fijos, lo cual
favorecía a los campesinos pero en el siglo XIII, al contrario de lo que Bois supone, se produce una
modificación en esta tendencia, aunque sigue el crecimiento de la población.
Los señores reafirmaron sus derechos e incrementaron las exacciones. Cuestión que se
manifestó por ejemplo en la fuerte diferenciación entre campesinos libres y no libres. Vemos
entonces que en Inglaterra el tema de la distribución del ingreso terminó teniendo menos relación
con la cuestión de la población y la producción, que con la estructura de la propiedad y la correlación
de fuerzas.
En el siglo XIII la distribución del ingreso favoreció a los señores y estuvo en contra de los
colonos no libres, villanos. En Francia a principios del siglo XIV, los campesinos del norte habían
alcanzado de manera efectiva derechos de propiedad sobre sus tierras, rentas fijas, prestaciones
mínimas y el derecho a la transmisión. Esto contrastaba con lo que sucedía en Inglaterra.

c) Estados feudales y evolución económica; Inglaterra vs. Francia

Brenner, frente a la realidad de un siglo XIII que en Francia significaba conquistas campesinas
y en Inglaterra reacción señorial, lo que plantea con su análisis es que esto es el efecto de diferentes
equilibrios de poder, consecuencia de vías divergentes en la organización política y conflicto de clase.
En Inglaterra se da la centralización del Estado tempranamente, lo cual indica un mayor nivel
de auto organización de la clase señorial. En esta también tiene que ver con la tradición normanda.
La relación entre la aristocracia y la monarquía era de mutua dependencia. De hecho, los señores
feudales, encabezados por los grandes magnates, controlaban todos los sectores de la administración
real. Constituían el núcleo en la organización militar del monarca y por último controlaban los
recursos financieros de la corona.
El crecimiento de un poderoso Estado monárquico en Inglaterra significó no tanto una simple
evolución política como la consolidación de relaciones sociales de clase que permitieron una fuerte
acumulación en el terreno económico.
El reforzamiento de la monarquía a finales de siglo XII se reflejó en la reconstrucción del
poder señorial sobre el campesinado. El crecimiento de la autoridad monárquica encontró su máxima
expresión en el desarrollo de la justicia real y de la common law.
Para Brenner, el elemento clave a largo plazo para el desarrollo y consolidación de una
monarquía centralizada en Francia, especialmente a partir de fines del siglo XIII, consiste en la
superioridad relativa de su sistema de extracción de excedente centralizado, (sobre todo la fiscalidad
estatal), sobre la jurisdicción descentralizada en señores y de los reales magnates.
La dinastía de los Capetos, a diferencia de lo que pasa en Inglaterra, surge como un
acumulado político feudal entre muchos otros, surge y se establece como un señorío eminente frente
y contra los señoríos más localizados pero además, en Francia la monarquía aceptará las apelaciones
campesinas contra los señores, mientras que en Inglaterra la monarquía garantizaba a los señores
sus derechos arbitrarios contra el campesinado.
La debilidad de la clase señorial francesa la lleva a depender de la administración real. A largo
plazo, el incremento de la extracción de excedentes centralizada sirvió para reorganizar a la

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aristocracia, puesto que permitió que los señores domésticos entraran en la administración real, e
influyo en que los magnates se convertirán en cortesanos, aliándose con la monarquía.
En Inglaterra sucedió lo contrario, en tanto aquí la posición de los señores era fuerte, lo cual
permitió el éxito de la extracción de excedentes descentralizado, es decir la servidumbre. Así, los
señores aseguraron su propiedad.

El estallido de la crisis feudal y las formas en que se manifestó.

Las relaciones de propiedad determinaron una tendencia a largo plazo hacia la baja de la
productividad, que no es lo mismo que la tendencia al descenso de la tasa de la renta feudal.

La crisis de las ganancias señoriales y sus resultados

Con la crisis del siglo XIV hubo descenso demográfico, pero no hubo conexión maltusiana. De
hecho, luego siguió el descenso demográfico y productivo, estancamiento y, en algunos lugares, de
enormes catástrofes.
Brenner en principio está de acuerdo con Bois, en el sentido de que hubo una profunda crisis
de los rendimientos señoriales. De ahí la reacción aristocrática, que tuvo consecuencias en las fuerzas
productivas del campesinado lo que a su vez originó un descenso demográfico.
Según los lugares cambian las formas en que los señores hacen frente a sus problemas de
ingresos, con incidencia en el desarrollo económico a largo plazo.
En el norte de Francia el aparato del Estado creció, se hizo más efectivo e incrementó sus
exacciones, utilizándose parte de las ganancias para equilibrar la intensificación de la crisis de los
ingresos señoriales. En este caso, la aceleración de la centralización política, en los siglos XIV y XV, a
causa de la acumulación política, abortó el necesario reajuste maltusiano, y en vez de ello sumergió
al sistema en una crisis generalizada de larga duración.
Mientras en Inglaterra, por ejemplo, la crisis de los señores intenta paliarse mediante un
fortalecimiento de las exacciones descentralizadas, servidumbre, en Francia la opción había sido la
fuerte centralización fiscal y la guerra, lo cual será un duro golpe para las economías campesinas.

EL RESULTADO DE LA CRISIS FEUDAL Y LOS DIFERENTES MODELOS DE DESARROLLO

A partir de mediados del siglo XV (1450dc) y en la mayor parte de Europa occidental,


fueron desapareciendo las condiciones que habían originado la crisis, iniciándose un nuevo
periodo de expansión económica.
Los campesinos reanudaron el cultivo de las mejores tierras, generando un incremento de
la productividad. A su vez disminuyeron la incidencia y la destructividad de las guerras externas,
reflejo tal vez del cansancio y la desorientación de la nobleza. Paralelamente iba reduciéndose el
peso de las exacciones nobiliarias sobre el campesinado, al menos temporalmente, y el impacto
de la peste sobre el conjunto de la población fue desapareciendo.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

En este contexto empezó una nueva fase de crecimiento de la población y expansión de


los cultivos que impulso un crecimiento de la producción, que generó a su vez un alza de los
ingresos tanto de los señores como de los campesinos.
El correspondiente aumento de la demanda proporcionó la base para una nueva era de
expansión de la industria y del comercio europeo, alcanzando este una proyección impensable
con anterioridad y dirigiendo sus miras hacia América y la ruta marítima de Oriente.
A pesar de ello, la actividad comercial europea a comienzos de la Edad Moderna mantuvo
gran parte de sus características medievales. Permanecía fuertemente condicionada por la
producción de textiles de alta calidad, que en este período ya se fabricaban en Inglaterra y los
Países Bajos, y por la producción de vino, complementándose el comercio con la seda y especias
traídas de Oriente. Estas mercancías habitualmente se dirigían al consumo de la clase dirigente,
intercambiándose en buena medida por alimentos básicos procedentes de la expansión del
mercado cerealícola que involucraba a la agricultura de la Europa del Este.

La tesis de Brenner

BRENNER PLANTEA QUE LAS DISTINTAS RESPUESTAS ECONÓMICAS DE LAS DIFERENTES


REGIONES EUROPEAS A LOS NUEVOS RIESGOS Y LAS OPORTUNIDADES DERIVADAS DEL NUEVO
PERÍODO DE EXPANSIÓN ECONÓMICA ESTABAN MUY CONDICIONADAS POR LOS MODELOS DE
CONTROL SOCIAL DE LA PROPIEDAD DE LA TIERRA, ES DECIR POR LOS SISTEMAS DE EXTRACCIÓN
DE EXCEDENTE QUE SURGIERON A PARTIR DE LA CRISIS DE LOS INGRESOS SEÑORIALES A FINES
DEL PERÍODO MEDIEVAL.
LA ESTRUCTURA DE LA PROPIEDAD NO ERA MÁS QUE EL RESULTADO, A LARGO
PLAZO, DE PROCESOS DIVERGENTES EN LA FORMACIÓN DE LAS CLASES AGRARIAS Y DE
LOS CONFLICTOS DE CLASE. A través de estos procesos el campesinado europeo pudo fijarle
límites más o menos favorables para ellos a los mecanismos de extracción de excedente que
pretendían desarrollar las clases dirigentes para asegurar su reproducción.
Si analizamos el surgimiento de la servidumbre en el Este, el auge del Absolutismo Estatal
en conexión con la consolidación de la propiedad campesina en Francia y el desarrollo de relaciones
capitalistas en torno a la tierra paralelas al establecimiento de una nueva forma de Estado en
Inglaterra, veremos que fue posible en cada caso desarrollar una nueva estrategia en la extracción
del excedente agrario gracias al nivel cada vez más elevado de auto-organización y concentración
de la clase dirigente en cada una de las regiones citadas, pudiendo ser visto este proceso como
una continuación o culminación de la tendencia presentada por el sistema feudal en su conjunto.
Por último, Brenner considera que los diferentes sistemas de propiedad establecidos
fueron responsables de la definición de muy opuestos modelos de evolución económica en las
diversas regiones europeas, de las diferentes formas de involución agrícola y de la crisis general
que tuvo lugar en la mayor parte del continente, así como de la ruptura del crecimiento auto-
sostenido que se estaba dando en Inglaterra.

Las raíces de la divergencia

a) El auge y el declive de la servidumbre: el Este frente al Oeste

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Los señores y los campesinos en el Este

Postan y Hatcher niegan que el descenso de la población a partir del siglo XV y la amenaza
paralela a los ingresos señoriales supusieron un importante estímulo para que se produjera la
nueva situación servil de los campesinos en la Alemania al este del rio Elba, es decir la utilización
de derechos jurisdiccionales extraeconómicos para poder obtener un mayor excedente en una
situación de descenso de la renta y aumento.
No es una coincidencia que, en Prusia, por ejemplo, el reforzamiento de los controles
señoriales sobre el campesinado tales como la restricción de la movilidad, asi como el
afianzamiento de las rentas señoriales se promulgara inmediatamente después de las primeras
grandes pérdidas demográficas ocurridas durante las guerras de comienzos del siglo XV. Estas
ordenanzas hacen referencia explícita a la existente falta de mano de obra.
Los historiadores en general están de acuerdo en que durante la segunda mitad del siglo
XV (1450dC), los señores consiguieron buenos resultados en sus intentos de dominar a los
campesinos prusianos, fijando controles más severos y exigiendo prestaciones más onerosas.
El auge de la servidumbre en Alemania oriental no dependió de una modificación en
aumento de la población, puesto que la servidumbre ya se encontraba bien establecida mucho antes
del inicio del aumento demográfico, hacia la mitad del siglo XVI (1550). Es decir que el resurgimiento
de la servidumbre en el Este no se encuentra relacionada con el aumento demográfico.
Fue la implantación de la servidumbre en la Alemania oriental, en condiciones de un rápido
descenso demográfico, lo que llevo a Brenner a poner en entredicho la opinión ampliamente
aceptada que postulaba que una caída paralela de la población en Europa Occidental podía explicar,
de manera unilateral, el declive y la desaparición de la servidumbre. En conclusión, la demografía
no es necesariamente condicionante del auge o el declive de la servidumbre.
A finales del siglo XIV y durante todo el XV los señores en Europa occidental no
consiguieron superar la crisis de sus ganancias por la vía del reforzamiento de la servidumbre, a
pesar de que intentaron utilizar esta vía, mientras que los señores al este del Elba fueron muy
capaces de conseguirlo.
Para poder explicar esto es importante remitir al desarrollo de las tierras al este del Elba,
acentuando su carácter de colonización. Los grandes magnates de Alemania oriental y Polonia
dirigieron y controlaron, desde sus comienzos, un proceso de desarrollo agrario atrasado,
imponiendo formas de asentamiento campesino obsoletas. Por el contrario, en Europa occidental
los señores tuvieron que imponer su orden “desde afuera” para controlar las comunidades
campesinas surgidas hacía ya bastante y mucho mejor organizadas, que contaban además con
una tradición de resistencia y lucha por sus derechos.
Es decir que MIENTRAS LOS SEÑORES DE EUROPA ORIENTAL PUDIERON SOLVENTAR EL
DESCENSO DE SUS GANANCIAS MEDIANTE EL REFORZAMIENTO DE LA SERVIDUMBRE CAMPESINA,
ESTA OPCIÓN FUE INVIABLE PARA LOS DE EUROPA OCCIDENTAL DEBIDO AL MAYOR DINAMISMO
Y COMBATIVIDAD DE LOS CAMPESINOS DE AQUELLO. ES DECIR QUE ES FUNDAMENTAL LA ACCIÓN
DE ESTOS.

De la colonización a la explotación

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Wunder considera contradictorio este planteamiento, ya que se pregunta cómo los


campesinos alemanes al Este del Elba que eran los que gozaban de la mayor libertad y garantías
por parte de sus señores en toda Europa pudieron ser los que aceptaron más fácilmente la re-
feudalización.
Brenner plantea que los campesinos obtuvieron en un principio excelentes condiciones
para su asentamiento en la zona, aunque como clase permanecían en una situación de
inferioridad frente a los señores, quienes para estimular la repoblación se habían visto obligados
a ofrecer condiciones favorables para atraer nuevos colonos y beneficiarse posteriormente de su
explotación. En la medida en que iban canalizando una corriente continua de colonos hacia nuevas
tierras, pudieron establecer una relación distendida con ellos, participando en los beneficios
originados por la roturación de estas tierras, estimulando una mayor productividad y evitando los
costes de los mecanismos de coerción. Los señores eran quienes garantizaban las condiciones y
los campesinos las recibían.
Se trata de un proceso muy diferente del que tuvo lugar en varias regiones de Europa
occidental donde los campesinos obtenían mejoras gracias a su resistencia frente a los señores y a
las posibilidades de auto-organización del gobierno. En este sentido, los campesinos del este se
veían en situación de inferioridad, y la misma se hizo manifiesta cuando los señores cambiaron su
estrategia política, optando por una intensificación de las exacciones y los controles sobre e
campesinado, para contrarrestar de este modo el problema de la escasez de mano de obra. Los
cagaron como desde arriba de un palo, básicamente.

Señores dispersos, campesinos unidos

La repoblación en el Oeste fue mucho más compacta que en el Este, siendo corriente en
este último que hubiera una correlación entre pueblos y señoríos, es decir que la norma era un
pueblo/un señorío, en contraposición a lo que sucedía en el Oeste.
Este desajuste entre pueblos y señoríos en el Oeste produjo una división de autoridad que
permitió a los campesinos unas posibilidades de maniobra aparentemente imposibles para los
campesinos del Este. Los campesinos del Oeste pudieron mantenerse unidos colectivamente
frente a un señor que podía exigir jurisdicción tan solo sobre parte del pueblo, es decir que se
presenta una situación de jurisdicción compartida. Es más, el campesino del Oeste pudo
desarrollar una red de solidaridad entre pueblos con más facilidad que los señores, quienes se
veían desbordados y desorganizados por el laberinto de jurisdicciones separadas por medio de las
que, de forma individual, dominaban a los campesinos.
El origen de estas diferencias, que evidencian la desventaja del campesinado del Este con
respecto al del Oeste, puede que se encuentre en el desarrollo tardío de la zona oriental y en su
carácter de área de colonización.
En realidad, la actuación directa de los señores en el proceso de colonización les permitió
establecer un modelo de repoblación que, a largo plazo, les facilitó un dominio sobre la economía
de la región.

El caso de Prusia Oriental

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Brenner analiza el caso de Prusia Oriental y particularmente la región de Samland, donde


ocurrieron importantes revueltas campesinas durante 1525 debido al tipo de evolución agraria que
había experimentado, diferente el resto del Este, de la mano de los caballeros teutones, ayudando
a consolidar un campesinado más fuertemente cohesionado. En el siglo XV, cuando gradualmente
desapareció la Orden Teutónica, y en su lugar apareció una nueva clase de caballeros terratenientes,
este campesinado pudo conseguir, temporalmente, una cierta capacidad de maniobra impensable
para el resto del campesinado de la Alemania del Este.
En 1525, en la mayor parte del territorio de Alemania occidental tuvieron lugar revueltas
campesinas, pero no ocurrió lo mismo en la parte oriental del país, con la excepción mencionada.
Lo que hay que preguntarse es por qué hubo una oposición tan débil en el Este frente a lo que
aconteció en el Oeste, y por qué esta oposición tuvo lugar en las comunidades campesinas
prusianas de la región de Samland y no en otros lugares, si de hecho los campesinos de la región
al Este del Elba en general estaban sufriendo un importante deterioro de su situación.
¿Por qué el largo periodo de rebeliones que enfrentaron a las comunidades campesinas y
a los señores en Alemania occidental posibilitó mejoras para los campesinos mientras que en el
Este resurgió la servidumbre?

La consolidación de los señores en el Este

Wunder define el comercio de cereales como la condición básica del surgimiento de la


servidumbre en Alemania oriental, a la vez que señala que desde finales de la Baja Edad Media
los problemas del descenso de las ganancias forzaron a los señores a buscar nuevas soluciones.
Sin embargo, no explica por qué la sumisión de los campesinos a la servidumbre fue una opción
viable para los señores del Este y no para los del Oeste, que se enfrentaban con problemas
similares.
Los señores de Europa oriental pudieron introducir la servidumbre como último recurso
solo gracias a la consolidación de su propia organización política, ya que de otra forma la crisis de
las ganancias señoríales hubiera conseguido la desintegración de las monarquías del Este.
Nos encontramos con un desarrollo dual que tuvo lugar en toda la región desde fines del
período medieval. En primer lugar, no hubo un desarrollo a largo plazo de la cohesión interseñorial
a nivel local y provincial, tal como se puede ver en Polonia. En segundo lugar, nos encontramos con
la consolidación del poder señorial a nivel nacional gracias a la aparición de los grandes señoríos
jurisdiccionales. Al establecer estas instituciones de gobierno, los señores de Europa oriental
fueron edificando una forma de Estado que se adecuaba a sus necesidades.
Se trataba de un Estado en el que los señores se podían auto-representar y proteger sus
derechos sobre las tierras y los campesinos, y difería bastante de las formas que iban apareciendo
en la mayor parte de los países de Europa occidental. Sin embargo, en algunos aspectos presentaba
similitudes, en tanto eran una manifestación del avance de la auto-concienciación y auto-
organización de la aristocracia, así como de su capacidad de reproducción, inmediatamente
después de la crisis señorial y del periodo de rebeliones campesinas de fines de la Edad Media.
La reorganización política de los señores del Este les permitió beneficiarse del inicio de la
expansión europea del siglo XVI (1500), pero su creciente capacidad para extraer excedente y
acumular creó a largo plazo el potencial para un desajuste del sistema. El crecimiento de la

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agricultura a base de la ampliación del tamaño de los dominios y del incremento de las prestaciones
laborales solo posibilitó unas formas limitadas de desarrollo.
El crecimiento del producto de los señores dependió del aumento de la extensión de los
dominios a expensas de las tenencias campesinas, deteriorándose las principales fuerzas
productivas del sistema. Un declive rápido de la productividad obligó a los señores a incrementar
las exacciones, intensificándose a su vez las luchas intestinas de la clase dirigente a la vez que se
producían campañas bélicas hacia el exterior, generándose en conjunto un panorama que derivó
en la crisis general del siglo XVI en toda Europa oriental.

b) El surgimiento de relaciones de propiedad capitalistas sobre la tierra: Inglaterra versus Francia.

LO QUE FUNDAMENTA LA DIFERENCIA DE LA EVOLUCIÓN ECONÓMICA DE FRANCIA E


INGLATERRA DURANTE LA EDAD MODERNA FUERON SUS DISTINTAS ESTRUCTURAS
PRODUCTIVAS DE CLASE.
Por un lado, la acertada actuación dirigida a debilitar la posesión campesina y el
establecimiento de relaciones capitalistas de clase se encuentran en la base de la transformación
de la agricultura y del alza de la productividad agrícola en Inglaterra durante la Edad Moderna.
Por el otro, la consolidación de la producción, fundamentada en los pequeños poseedores
campesinos, especialmente en relación con la nueva forma de extracción centralizada por parte
del Estado absolutista, fue responsable del estancamiento y de una eventual crisis agraria en
Francia.

Francia

La resistencia campesina. Los señores y la administración pública.

El fracaso de la agricultura francesa en el intento de ofrecer una alternativa al alza de los


precios y al surgimiento del mercado a comienzos del siglo XVI se relaciona, según Bois, con la
postura defensiva del campesinado. Sin embargo, para Brenner, la interpretación de Bois revela
la tendencia mecanicista de su aproximación general.
Bois dice que los campesinos en esa zona resistieron mejor la expropiación de tierras que
en cualquier otro lado, en tanto los colonos ya empezaban a ser propietarios, lo que en última
instancia sería consecuencia de la caída a largo plazo de la tasa de apropiación.
Para Brenner, sin embargo, el planteo tendría que ser presentado a la inversa. En realidad
la caída de la tasa de exacción feudal, que los señores en la primera mitad del siglo XVI fueron
incapaces de detener, fue el resultado y no la causa del aumento de la propiedad campesina.
La postura defensiva del campesinado fue la causa de la caída de la tasa de exacción
feudal.
Esta propiedad campesina en el siglo XVI significó la conclusión de un prolongado proceso
dirigido a fijar las exacciones señoriales y a convertir la tenencia campesina en hereditaria.
Es importante pensar cuál fue el origen de la propiedad plena, en el siglo XIII, y es
fundamental articularla con la larga historia de las luchas campesinas en el continente contra una
clase feudal todavía no bien organizada.

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Bois presupone que la seguridad del campesinado francés en la tenencia de la tierra


durante el siglo XVI puede explicarse mejor por un cierto relajamiento de las presiones señoriales,
atribuible a los beneficios que algunos señores estaban obteniendo del Estado absolutista. Según
este autor, los señores que habían conseguido alguna forma de salvación en el servicio al Estado
estaban menos inclinados a explotar nuevas vías económicas.
Esta idea es falsa, ya que las inclinaciones de los señores se definían por su posición de
clase, y en particular por su limitada capacidad para ejercer cualquier poder de clase contra los
campesinos, según Brenner.
Es muy posible que a los señores franceses les hubiera gustado quitarles las tierras a sus
colonos, ya que este era el único medio para obtener rentas más elevadas, sin embargo no
pudieron hacerlo debido al poder de los campesinos, a veces expresado por medio de revueltas
que les ayudaron a mantener su situación.
Esta posición de los campesinos fue lo que hizo que los señores buscaran otras formas de
ingreso por medio del servicio al Estado, accediendo a cargos públicos o efectivizando la fiscalidad.
La incorporación de los señores a la administración pública y su control del sistema fiscal
tuvo más adelante importantes consecuencias para el fortalecimiento del campesinado y para las
posibilidades económicas de la producción campesina.
Los señores, al dedicarse a la administración del Estado, reforzaron el poder global de la
administración monárquica y de la jurisdicción de la misma, limitando la jurisdicción local del
señor y su capacidad para actuar contra los campesinos.
Bois se ve obligado a admitir que si bien el Estado continuaba siendo un elemento del
feudalismo, a la vez lo debilitaba al convertirse en competidor de los señores como consecuencia
de los cambios en los mecanismos de extracción de excedente.

Los campesinos y el Estado. La propiedad campesina y la monarquía.

Brenner discute con Croot y Parker, que niegan que la monarquía francesa fuera un poder
crucial para la protección de los campesinos, rechazando incluso que los campesinos franceses
tuvieran unos derechos de propiedad más seguros que los ingleses. Argumentan que, en el largo
plazo, los impuestos de la corona sobre la tierra arruinaron al campesinado francés, con lo que
Brenner concuerda. Sin embargo, si bien la fiscalidad debilitaba en el largo plazo a la propiedad
campesina, la justicia real ayudaba a garantizar los derechos de los campesinos, y particularmente
a mantener y proteger la propiedad campesina.
Croot y Parker no llegan a entender las diversas formas de intervención estatal para ayudar
a mantener la propiedad campesina en Francia.
En primer lugar, tras la devastación demográfica y el abandono de la tierra del período
bajo-medieval y durante el siglo XV, la monarquía permitió la consolidación de la tenencia
campesina hereditaria. A lo largo de este período se fueron desocupando grandes extensiones de
tierra que había sido otorgada en enfiteusis, pero fue difícil para los señores incorporarla a sus
dominios, ya que la monarquía defendía los derechos de los campesinos y de los herederos
legítimos de antiguos ocupantes. En el período de recuperación económica la posición de los
campesinos como poseedores de una tenencia a censo se fue consolidando ya que por primera
vez se hacían contratos mediante documentos escritos, lo que proporcionó incluso una mayor
protección en los tribunales de justicia.

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En segundo lugar, durante los siglos XV y XVI el Estado se dedicó a abolir lo que quedaba
de la servidumbre y a impedir la aplicación de rentas señoriales arbitrarias, reconociendo y
consolidando los logros conseguidos mediante acciones directas del campesinado.
En tercer lugar, desde mediados del siglo XV, la monarquía decretó una serie de
ordenanzas en apoyo de las costumbres locales, fijando los derechos campesinos,
proporcionándoles un respaldo total a nivel legal, consolidándose de forma definitiva la
propiedad campesina en buena parte de Francia.
Por último, la monarquía decidió dejar en manos de las comunidades campesinas toda la
responsabilidad en la recolección de la talla real, es decir del impuesto anual. Esto reforzó a la
comunidad campesina, sobre y contra el señorío, pero también allanó el terreno para facilitar el
aumento de una extracción centralizada por parte del Estado del excedente, que fue
reemplazando las decadentes cargas descentralizadas de los señores.

Los señores, el Estado absolutista y la extracción de excedente del campesinado.

El hecho es que a pesar de los enormes incentivos proporcionados por los precios en
rápido ascenso de comienzos del siglo XVI hay pocos indicios de una reacción señorial ante las
posibilidades del contexto. La explicación es muy sencilla: los señores ya no disponían de
suficientes poderes feudales para establecer su derecho de propiedad sobre la tierra y así poder
fijar rentas económicas.
El Estado absolutista, que tenía sus bases en la fiscalidad y en los cargos públicos, se fue
desarrollando en conflicto con, y a expensas de, las antiguas formas descentralizadas de
extracción feudal, por lo que muchos señores de modo individual fueron los perdedores en este
proceso. Como resultado, el auge del absolutismo provocó una oposición sistemática por parte
de la clase señorial.
Las reacciones señoriales contra la monarquía interrumpían de forma periódica la
expansión de la organización del Estado absolutista en Francia, en levantamientos tales como la
Fronda, aunque este se pudo desarrollarse de forma más o menos estable debido a la progresiva
incorporación de buena parte de los señores a los cargos estatales.
La monarquía absoluta no tuvo más alternativa que aliarse e incorporar a los grandes
señores feudales que aún en el siglo XVII mantenían autonomía.
En resumen, el Estado absolutista no fue un simple garantizador de las antiguas formas
de propiedad basadas en la extracción señorial descentralizada, sino que supuso la
transformación del viejo sistema. La monarquía francesa no tenía otra alternativa que reconstruir
el poder de la clase dirigente, aunque sobre bases diferentes. Para consolidar su poder, la corona
tuvo que asegurar la lealtad de sus nuevos servidores, y solo pudo hacerlo garantizando los
derechos de propiedad de estos sobre parte del excedente extraído del campesinado.
Mientras que en el período medieval esto se realizaba mediante la concesión de un feudo,
en el periodo absolutista se concede un cargo, primero vitalicio y luego hereditario.
Un sistema más eficaz en la extracción de excedente del campesinado exigiría un Estado
más eficiente en estrecha colaboración con la organización política de la clase dirigente. Este
sistema significaba la renovación de la dependencia de la corona con respecto a una renovada
clase dirigente ciertamente independiente, y que definía su modo de reproducción por medio del

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control de los cargos públicos. Esta independencia de la clase dirigente se consolidó en 1604 con la
declaración de la posibilidad de heredar los cargos.

Desarrollo económico: ciclos y crisis.

La nueva cristalización de las relaciones de clase iba a ser desastrosa para el desarrollo
económico.
La propiedad campesina se consolidó con posterioridad y sus antiguas limitaciones
siguieron teniendo vigencia, en tanto hubo un fracaso en la especialización y la introducción de
mejoras técnicas, asi como una tendencia a la subdivisión más que a la acumulación.
Para empeorar las cosas, el nuevo sistema de extracción de excedente era más eficaz que
el antiguo, pero se orientó hacia un consumo suntuario individualizado o hacia la guerra.
Durante la segunda mitad del siglo XV (1450dC), el campesino medio francés consiguió un
fuerte control sobre la tierra, poniendo en marcha el ciclo de aumento demográfico que
conduciría al declive que ya vimos.
Durante la segunda mitad del siglo XVI (1550dC), parece que en Francia se alcanzaron los
niveles de población y producción del siglo XIV, surgiendo a su vez luchas para redistribuir el
cuantioso ingreso, en tanto se había producido un aumento importante de los impuestos.
Del estancamiento y declive que ya se evidenciaban a mediados del siglo XVI, el nivel de
la economía francesa fue descendiendo hasta llegar a la crisis general del siglo XVII. Después de
décadas de destrucción ocasionadas por el ejército y los impuestos, el siglo XVI finalizó en una
catástrofe derivada de la caída de la población y de la producción.
Después de un breve periodo de recuperación, en el siglo XVII, y particularmente a partir
de 1630dC, fueron apareciendo desequilibrios continuados en la economía como resultado de
guerras exteriores y de guerras civiles.

Inglaterra

La respuesta señorial a la crisis

Para explicar la aparición de relaciones capitalistas de propiedad de la tierra en Inglaterra,


Bois afirma que la nobleza se enfrentó con un campesinado cuyos derechos habían sido
demasiado bien establecidos para que fuera posible un retorno a servidumbre, pero no lo
suficiente como para permitirle el mantenimiento del control sobre la tierra cuando se enfrentaba
con las presiones señoriales. Es decir que los señores pudieron entonces continuar debilitando y
expropiándole tierras a los campesinos.
Para Bois, el declive de la tasa de la renta no funcionó de la misma forma en Inglaterra que
en Francia, estando los señores ingleses mejor situados a la hora de recuperar su posición de
preeminencia.
Brenner no opina igual. Par él fue precisamente la auto-organización avanzada de la clase
dirigente inglesa la que permitió que la forma descentralizada de extracción de excedente se
mantuviera a pesar de las crisis del siglo XIV, pero que sin embargo no podían contraatacar la
resistencia y la movilidad campesina, ni prevenir el declive de la servidumbre y la caída de las
rentas a largo plazo.

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Durante un tiempo la aristocracia inglesa se vio compensada por la guerra exterior, pero
una vez finalizada, debió enfrentarse con sus propios recursos.
Como resultado de la crisis global de las ganancias señoriales, no era posible mantener las
bases cimentadas de la monarquía y de la aristocracia en Inglaterra, produciéndose
enfrentamientos al interior de la misma y conflictos interclasistas que condujeron al
derrumbamiento del gobierno y a las guerras civiles que marcaron la segunda mitad del siglo XV
(1450dC).
La incapacidad de los señores ingleses tanto para someter al campesinado como para
iniciar una salida hacia el absolutismo les forzó a buscar nuevas formas para salir de la crisis de
sus ganancias. Los señores se vieron obligados a utilizar los poderes feudales que les quedaban
para optar por lo que al final se transformó en desarrollo capitalista.
El permanente control que tenían sobre la tierra demostró ser su carta más importante,
en tanto los colonos no podían convertirse en arrendatarios.

El contraste entre Francia e Inglaterra

Brenner plantea las diferencias entre Francia e Inglaterra.


Los señores ingleses controlaban en sus dominios un porcentaje mucho más elevado de
tierra cultivada que el que controlaban los señores franceses.
A su vez, otra gran parte de la tierra en Inglaterra era de tenencia villana, es decir que
estaba sujeta a exacciones arbitrarias por parte de los señores, y la justicia rural no intervenía,
mientras que en Francia el régimen era de tenencia a censo, libre de imposiciones arbitrarias y
poseída realmente por los campesinos.
Finalmente, el descenso de la población acrecentó este contraste. En Francia las tierras
desocupadas se encontraban protegidas de la expropiación señorial, mientras que en Inglaterra
los señores podían incorporar las tierras de enfiteusis a sus dominios, ya que no había leyes que
lo prohibieran.
El poder y los derechos feudales mantenidos por los señores ingleses a lo largo de todo el
periodo medieval les proporcionaron una base para establecer, mantener y ampliar su control
sobre la tierra en épocas siguientes, gozando de una posición mucho más fuerte sobre el
campesinado que los señores franceses.

La recuperación y la diferenciación económica

La propiedad de la tierra proporcionaba a los señores ingleses el derecho de arrendar sus


tenencias a precios competitivos, por lo tanto en los momentos de creciente competencia por la
tierra, el mercado de arrendamientos les proporcionó las bases para la recuperación de sus
ingresos.
Los primeros pasos para la diferenciación económica como resultado del surgimiento de
grandes arrendatarios campesinos se vieron facilitados por el mantenimiento de las
exportaciones de lana mientras se producía en paralelo una caída de la población. Es decir que
menos gente produce la misma cantidad.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

El impulso generado por el cambio de la actividad comercial, caracterizada por crecimiento


de la producción de tejidos para la exportación, influyó de manera decisiva sobre este proceso de
diferenciación.

La declinación de las viejas relaciones feudales y el nuevo sistema de relaciones sociales


capitalistas

FINALMENTE, LA CRECIENTE DESVIACIÓN DE LA POBLACIÓN HACIA ACTIVIDADES


INDUSTRIALES DETERMINÓ EL INCREMENTO DE LA DEMANDA DE PRODUCTOS AGRÍCOLAS, QUE
A SU VEZ PRODUJO UN ALZA DE PRECIOS DE LOS ALIMENTOS, QUE PRECEDIÓ AL CRECIMIENTO
DE LA PRODUCCIÓN AGRÍCOLA Y DE LA PRODUCTIVIDAD.
EL DESARROLLO AGRÍCOLA SE PRODUJO EN EL MARCO DE UN TÍPICO PROCESO
CAPITALISTA, CONDICIONADO POR EL NUEVO SISTEMA DE RELACIONES SOCIALES EN EL QUE LOS
ORGANIZADORES DE LA PRODUCCIÓN Y LOS PRODUCTORES DIRECTOS YA NO POSEÍAN TODOS
SUS MEDIOS DE REPRODUCCIÓN, VIÉNDOSE OBLIGADOS A PRODUCIR SISTEMÁTICAMENTE PARA
UN MERCADO.
Uno de los resultados de este proceso fue una creciente competencia entre colonos para
obtener la tierra, y también una competencia entre los señores para conseguir colonos, lo que
originó un descenso en los costes de producción (mucha fuerza de trabajo disponible a cambio de
un salario menor), lo que a su vez estimuló la especialización y la introducción de mejoras. Este
proceso progresivamente dio lugar a la sustitución de los pequeños poseedores campesinos por
los grandes arrendatarios capitalistas, consolidando de esta forma una transformación agrícola.
A medida que la coyuntura para la producción agrícola y para la comercialización se fue
haciendo más favorable, fue declinando el potencial económico de las viejas relaciones feudales,
frenándose cualquier intento para la reorganización feudal hacia la acumulación política,
derivando en la consolidación de la monarquía, que garantizaría la paz y estabilidad tanto a
señores como a campesinos, en pos de que pudieran continuar desarrollando sus actividades
productivas y comerciales.
Durante la Edad Moderna la tendencia hacia la creciente auto-centralización de la clase
terrateniente en Inglaterra se amplió, pero a la vez nos encontramos con un Estado en proceso de
centralización, que se iba afianzando en el seno de los diferentes estratos de propietarios de la
tierra, a la vez que debilitaba la resistencia de los terratenientes, que adoptaron las estrategias
económicas derivadas del nuevo sistema de explotación de la tierra.

Los terratenientes capitalistas.

La conformación de la propiedad privada absoluta de los señores sobre y contra la


posesión campesina iba paralela al surgimiento gradual de un tipo diferente de Estado que a su
vez iba controlando el monopolio del poder sobre y contra los poderes privados de los grandes
señores feudales.
Pero el Estado que surgió durante el período Tudor en Inglaterra (1485dC-1603dC) no fue
un Estado absolutista, sino que nos encontramos con la formación de una jerarquía tripartita
capitalista que nos presenta a señores comerciantes, arrendatarios capitalistas y trabajadores
asalariados.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Al ser capaces de beneficiarse del alza de las rentas de la tierra, las clases terratenientes
inglesas no tenían por qué acudir de nuevo a la coacción extraeconómica para obtener un
excedente, pero tampoco necesitaban los servicios del Estado para poder apropiarse del
excedente a través de los cargos públicos. Lo que necesitaban de éste era que no les resultara
excesivamente oneroso y que les asegurara el orden y protegiera la propiedad privada.
Los señores ingleses consiguieron su objetivo durante los siglos XVI y XVII (1500-1800)
gracias al reforzamiento de la institución parlamentaria como su instrumento más eficaz de
control centralizado sobre el gobierno y gracias a un creciente control de los cargos públicos, sobre
todo a nivel local.
Los dos intentos de absolutismo real fueron pronto abortados y no surgió ningún tipo de
estructura de fiscalidad estatal que actuara como ave de presa sobre una economía en desarrollo.
Sin embargo, es característico que a pesar de que el Estado estuviera totalmente
controlado por la clase terrateniente, tan solo proporcionaba beneficios directos a los cargos
públicos mientras que quienes trabajaban en la administración local no estaban remunerados.
El nuevo Estado imponía cargas mínimas. Desde finales del siglo XVII en adelante, cuando
se aumentaron los impuestos, estos recayeron sobre los miembros de la clase terrateniente que
controlaba el Estado.
Todo ello contrasta con la situación en Francia, donde una prueba evidente de pertenecer
a la clase dirigente consistía justamente en estar exento del pago de impuestos al Estado.
Para sintetizar, a finales del siglo XVII la evolución de Inglaterra hacia un capitalismo
agrario supuso el fin del período en que se fundían lo económico y lo político, y contempló el
surgimiento de una separación institucional entre el Estado y la sociedad civil.
La irrupción del desarrollo económico se manifestó sobre todo en el incremento de la
productividad del trabajo. La acumulación y la directa aplicación del poder para redistribuir un
producto social estrictamente limitado dejaron de ser el requisito fundamental para el triunfo de la
clase dirigente.
El desarrollo inglés se diferenció del que tuvo lugar en muchas zonas del continente en
dos aspectos cruciales e interrelacionados: se presentó aquí el surgimiento de una ARISTOCRACIA
CAPITALISTA que controlaba una REVOLUCIÓN AGRÍCOLA.

Consecuencias de las divergencias: señores, campesinos y agricultura capitalista (1450-1750).

Brenner dice que se ha puesto en duda la complejidad e importancia de las estructuras de


propiedad surgidas en la Edad Moderna para el futuro curso del desarrollo económico.
Las criticas tienen que ver en general con la opinión que el autor tiene sobre el distinto
significado que tuvo la consolidación de la propiedad campesina en relación con el surgimiento
del absolutismo en Francia, y la aparición de la relación terrateniente/arrendatario y
capitalista/trabajador asalariado en Inglaterra, y los efectos que las mismas tuvieron para la
distribución de la riqueza y para el desarrollo de las fuerzas productivas.

a) Formas y evolución de la propiedad de la tierra.

En Inglaterra se produjo la aparición de una clase de grandes agricultores comerciales a


partir de un proceso de diferenciación económica del campesinado, mientras que en Francia nos

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

encontramos con la atomización y nivelación social del campesinado. Lo que importa es explicar
las causas de estas diferentes situaciones, siendo que el punto de partida económico fue más o
menos el mismo.
Tanto en Francia como en Inglaterra existía a finales del siglo XV (ca 1480dC) un
campesinado de tipo medio que controlaba tenencias bastante extensas y que tenía una posición
preeminente. Sin embargo, el campesinado y la propiedad campesina experimentaron una
evolución radicalmente distinta en los dos países, incluso con la existencia de fuerzas de mercado
que se hicieron sentir en ambos lugares y que generaron incentivos para intentar obtener un
beneficio por medio de la acumulación de tierras, originando un proceso de diferenciación.
Para explicar este contraste en la evolución de los dos países es indispensable recurrir a
los diferentes sistemas de propiedad que encuadraban las actividades del campesinado de Francia
y de Inglaterra, ya que estos sistemas permitieron al campesinado de cada país responder de
manera distinta a condiciones de mercado más o menos similares.

El campesinado inglés.

La diferenciación del campesinado inglés estuvo condicionada por las nuevas relaciones
de propiedad, no teniendo más elección que responder al surgimiento del mercado a través de la
competencia. Los campesinos redujeron los costos, iniciaron un proceso de especialización,
acumularon excedente e introdujeron innovaciones y mejoras.
Esta situación de competencia no fue más que el resultado de otra situación previa: los
campesinos estaban separados de la posesión de la tierra, es decir que eran arrendatarios
desprovistos del acceso directo a los medios de subsistencia, sujetos a un sistema de rentas
competitivas.
En este contexto, los grandes arrendatarios que podían producir para un mercado, también
podían lograr acumular tierra a expensas de los pequeños agricultores, desplazándolos de las
tenencias ofreciendo a los señores rentas más elevadas y seguras, o pujando por aquellas tenencias
que llegaban directamente al mercado.
A su vez, si los señores deseaban obtener la máxima renta por sus tierras, tenían que
competir para conseguir los mejores arrendatarios.
No fue el surgimiento del mercado por sí mismo lo que aceleró el proceso de
diferenciación del campesinado en Inglaterra asi como surgimiento de grandes labradores
comerciantes (yeomen), sino que fueron las relaciones sociales de propiedad la causa de que los
agricultores ingleses dependieran totalmente de una producción competitiva.

El campesinado en Francia

En Francia, los campesinos al ser virtualmente propietarios de sus tierras no se


enfrentaron ni con la pérdida de sus arrendamientos ni con un alza de los derechos señoriales o
competidores para sus tenencias.
Mientras tuvieran una parcela que produjera lo suficiente para alimentarles a ellos y sus
familias, y pagar los impuestos, no se veían obligados a vender su posesión y a competir en el
mercado para poder sobrevivir.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Pocos tenían posibilidades para acumular, ya que seguían un modelo de subsistencia, y a


la muerte del padre se dividía la tierra entre los hijos como herencia. Cualquier intento de
diferenciación que pudiera haber posibilitado el surgimiento de una clase de yeomen se habría
visto aplastado por el peso de las parcelaciones.

La evolución de la distribución de la propiedad de la tierra: demografía y mercado.

La institucionalización de diferentes sistemas de propiedad en Inglaterra y Francia empezó


a condicionar una separación definitiva de las direcciones de sus economías a partir de la última
mitad del siglo XV (1450 d.C). Esto se manifestó principalmente en la divergencia que se presenta
en la evolución de la distribución de la propiedad de la tierra en los dos países.
Esta evolución fue en primera instancia el resultado de una diferencia en los regímenes
demográficos de cada país, y en segunda instancia del resurgimiento del mercado, que tuvo
efectos contrapuestos en Francia y en Inglaterra.
En muchos lugares de Francia después de 1450dC se produjo un rápido cambio en el
comportamiento demográfico. 100 años después la población francesa ya había alcanzado los
niveles máximos de comienzos del siglo XIV (1300 dC). El contraste con Inglaterra está muy claro,
ya que en este país la población permaneció estancada casi hasta 1510dC, y el proceso de
crecimiento fue muchísimo más lento, llegando recién hacia el 1700dC a alcanzar los mismos niveles
del siglo XIV.
En Francia se posibilita por un lado un rápido avance demográfico debido a la posibilidad
de obtener tierra y por el otro una extrema división de la propiedad, debido a la temprana edad
del casamiento y a la parcelación de acuerdo a la cantidad de hijos.
En Inglaterra, por el contrario, debido a la perdida de la posesión plena por parte de los
cultivadores directos y por el surgimiento de la tenencia comercializada, los pequeños
arrendatarios no tuvieron más elección que considerar sus tenencias como inversiones
comerciales, debiendo ser evitada la subdivisión, en tanto las pequeñas parcelas no eran
rentables económicamente. Se tuvo que adaptar entonces el número de hijos por familia a las
exigencias económico-productivas, teniendo lugar un matrimonio más tardío, un tamaño menor de
las familias e incluso se debía mandar a los hijos fuera del hogar para integrarlos en otras
ocupaciones. Se generó por lo tanto un crecimiento poblacional lento.

En este mismo período, el impacto del mercado sobre los diferentes sistemas de
propiedad constituyó una poderosa fuerza que condicionó la evolución contrapuesta de la
distribución de la propiedad en ambos países. Esto puede demostrarse mediante la comparación
del desarrollo de las áreas mas comercializadas de Francia con las de Inglaterra en el período que
va desde mediados del siglo XV a la segunda mitad del siglo XVI.
Es ejemplar tomar a París para este análisis. La ciudad creció, se produjo una suba de los
precios y hubo posibilidades de acumulación para unos pocos campesinos, mientras que otros se
vieron forzados a vender sus tierras debido a los elevados costos de subsistencia o siguieron
produciendo y subdividiendo la propiedad.
En Inglaterra, tuvo lugar un proceso continuado de consolidación de grandes tenencias y
unidades de cultivo a expensas de las pequeñas.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Mientras que el modelo de evolución agraria de Francia desde 1450dC no presentaba


ninguna fisura importante con respecto al periodo medieval debido a que continuaba dominado
por poseedores campesinos, el de Inglaterra experimentó una ruptura fundamental que tendría
consecuencias decisivas para el posterior desarrollo de la producción.

Relaciones de propiedad y productividad

El sistema de producción francés, basado en un pequeño campesinado que poseía sus


medios de subsistencia, suponía una barrera para el desarrollo cualitativo de la agricultura que
exigía el crecimiento económico sostenido de principios de la Edad Moderna. Por el contrario, el
sistema inglés preparaba el terreno para el posterior cambio definitivo.

Posesión campesina en Francia versus tenencia capitalista en Inglaterra

Francia: estancamiento y declive

Frente al crecimiento masivo de la demanda, que se expresó en el alza de los precios de


los alimentos, el control campesino de la producción impidió un crecimiento del producto. Debido
al crecimiento de la población, los campesinos con parcelas cada vez mas pequeñas se vieron
forzados a dedicar porciones cada vez mayores de sus tierras a la producción para la subsistencia.,
generándose una disminución del cultivo de productos comerciales, tales como el lino y el
cáñamo. También disminuyeron los productos animales.
Se llevaba cada vez menos grano al mercado, a pesar del aumento de los precios del
mismo.
Las técnicas de producción se estancaron en toda Francia. No hay indicio alguno de que se
diera cualquier tipo de medida innovadora o de adelanto en la agricultura campesina durante el
siglo XVI, o incluso hasta fines del XVII.
Ya en las primeras décadas del siglo XVI empezó a decaer la productividad per capita,
generando nuevas crisis de subsistencia, precios muy elevados y unos niveles de producción
agrícola que no se alcanzaron de nuevo hasta el siglo XVIII: la agricultura francesa de base
campesina se hallaba en una situación de estancamiento y declive.

La Revolución Agrícola en Inglaterra.

En Inglaterra, por el contrario, nos encontramos a lo largo de la Edad Moderna con una
revolución agrícola.
Disponiendo de una tecnología dirigida a la producción agrícola mixta que permitiera
abaratar la producción de alimentos, era necesario un nuevo tipo de racionalidad, que permitiera
integrar y reforzar la agricultura y la ganadería. La producción animal tuvo que incrementarse en
relación a los cultivos, para proporcionar tracción y abono, contrarrestando la tendencia al declive
de la fertilidad del suelo.
En Francia, la producción campesina de subsistencia tendió a combinar las producciones
agrícola y ganadera, haciendolas competitivas entre sí, primando la producción de alimentos de
consumo inmediato por sobre el cultivo de plantas forrajeras y la producción ganadera. Esto

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suponía una barrera a todo tipo de transformación futura, mientras que el surgimiento del
sistema de propiedad capitalista en Inglaterra facilitó dicha transformación, no solo consolidndo
una tendencia hacia la especialización y las mejoras, reforzada por la competencia, sino
generando una clase de agricultores capitalistas que podían arriesgarse e invertir, permitiendo
llevar adelante la agricultura a gran escala.
Es necesario recalcar que las ventajas del sistema de la agricultura capitalista, en
comparación con el sistema fundamentado en la agricultura campesina, no se limitan a las
actividades agrícolas concretas, sino que hay que tener en cuenta la tendencia hacia la
consolidación, por medio de la via competitiva, de una dirección hacia la especialización y la
mejora.
En Inglaterra no se dio tan solo un temprano desarrollo de un complejo sistema de
especialización regional interdependiente, sino una evolución y transformación continua de este
sistema a medida que se empezó a disponer de nuevas técnicas.
Esto se puede ejemplificar con el surgimiento del sistema de agricultura mixta, en el que
incrementar la producción de cultivos forrajeros permitía mantener un ganado estable, que a su
vez ayudaba a producir mayor cantidad de granos. Durante el siglo XVII se ve una transformación
general de las áreas donde con anterioridad se habían producido granos a favor de las actividades
ganaderas.
Aquí se contempla que durante el siglo XVII se produce una transformación general de las
áreas donde anteriormente se producían granos a favor de los ganaderos. A su vez la despoblación y
liberación de fuerza de trabajo abrió el camino para el resurgimiento de nuevas industrias.

Las explotaciones de los grandes arrendatarios en Francia e Inglaterra

El sistema de producción caracterizado por los grandes dominios de Francia a principio de la


Edad Moderna reflejaba la existencia de situaciones diferentes de reproducción a las que
predominaban en Inglaterra.
El incremento de los impuestos, combinados con los efectos devastadores de los conflictos
bélicos en tierras de los campesinos, contribuyeron en Francia a debilitar la propiedad campesina,
sumada a la tendencia a la parcelación existente en las familias campesinas.
La apropiación de tierras campesinas dejó a muchos con tenencias muy pequeñas como para
sobrevivir teniendo que buscar contratos y empleos complementarios. El descenso de la
productividad limitó al mercado y al sector industrial dejando pocas alternativas fuera de la
agricultura.
Para los terratenientes, un buen medio para obtener ganancias elevadas era el aumento de
la renta campesina. Un mismo dominio era dividido en pequeñas posesiones y éstas arrendadas a
pequeños cultivadores. Los señores tenían una actitud pasiva en relación a sus propiedades,
realizando pocas mejoras y comprando cada vez más tierra.
Las distintas condiciones socio-productivas en Francia e Inglaterra a fines del siglo XVII
generaban diferentes estrategias para proteger y mejorar los ingresos señoriales.
En Inglaterra los ingresos de los señores dependían de la capacidad de los arrendatarios para
cultivar la tierra a base de inversión de capital. El éxito económico dependía más de la acumulación

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

y de la innovación. La simbiosis señores/arrendatarios tuvo una evidente racionalidad económica


condicionando la dinámica de desarrollo agrícola.
La diferencia cualitativa entre los grandes propietarios de Inglaterra y Francia se manifestó
durante el periodo del descenso del precio del trigo a fines del siglo XVII.
En Inglaterra, la tierra cerealera supuso la intensificación de la expansión de formas
avanzadas en la producción cerealicola y ganadera, con utilización de forrajes y cercamientos. La
edificación de unidades de producción, la inversión de capital y la aceleración en las inversiones era
lo que se exigía.
En cambio, los señores en Francia continuaban favoreciendo el aumento de la renta que se
mantuvo elevadas gracias a la demanda de tierras por parte los campesinos semi desposeídos, que
pretendían intensificar su fuerza para poder pagar a sus señores.

Producción agraria: comparación a largo plazo de Inglaterra y Francia

El resultado a largo plazo de la operatividad de los sistemas de relaciones de propiedad social


de Inglaterra y Francia supuso únicamente intensificar la profunda divergencia de sus respectivos
sistemas de reproducción agrícola.
Esta conclusión fue contestada por los revisionistas que pretenden negar lo que hace tiempo
se tiene como ortodoxo. Afirman que la inferioridad de la agricultura francesa con respecto a la
inglesa en los siglos XVI y XVII radica en la mayor vulnerabilidad de Francia frente a las devastaciones
bélicas.
Otros historiadores afirman que, sobre todo a principio del siglo XVIII, la agricultura francesa
experimentó un crecimiento impresionante que pudo compararse a Inglaterra.
La postura revisionista ha sido ampliamente desacreditada, y por otra parte se ha llegado a
la conclusión de que el estancamiento de la agricultura duró por lo menos hasta 1750.
La evidencia para Inglaterra también es bastante clara. La población había aumentado el
doble en 1700 y la crisis de subsistencia pertenecía al pasado. La mitad de la población ya no vivía de
la agricultura, por lo que dependía de los productos agrícolas.
¿Qué ocurrió en el siglo XVIII? En este periodo, el crecimiento agrícola francés e inglés se
fundamentó esencialmente en un consumo de grano per cápita constante. La opinión de los
reservistas de que el aumento agrícola inglés en el siglo XVIII no es más elevado que el francés se
fundamenta en datos demográficos obsoletos. Datos más recientes comprueban que la población
inglesa creció más rápidamente.

La agricultura francesa e inglesa en una perspectiva europea

El desarrollo de la agricultura europea durante la Edad Moderna tiende a confirmar los


sistemas de relaciones sociales y el modelo de comportamiento que acabamos de exponer.

El caso Holandés.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Lo que resulta más significativo de la estructura agraria holandesa a principios del siglo XVI
es su absoluta diferencia con el modelo campesino del resto de la Europa occidental. En Holanda
nunca hubo una clase señorial fuertemente enraizada capaz de extraer un excedente por medios de
coacción extra económica.
Tampoco hubo un campesinado tradicionalmente patriarcal y poseedor con acceso directo a
sus medios de producción. Aparentemente la producción podía funcionar sobre una base de
ganadería estable y productos lácteos. Como resultado de esta situación los campesinos no tuvieron
más elección producir para el intercambio, ya que para subsistir debieron adquirir grano en el
mercado.
Bajo la presión de un poderoso mercado urbano, se dio un proceso de aumento económico
fundamentado en la fuerza de trabajo y la competencia de una producción mercantil altamente
especializada, que ayudó eliminar a los pequeños colonos y constituir grandes propiedades sobre la
base de inversión de capital y transformaciones tecnológicas.

El caso de Flandes

En general, los pequeños agricultores no poseían sus propios medios de subsistencia.


Durante el periodo de recuperación del campo, justo después de la caída demográfica en la época
medieval, se inició un importante proceso de separación de los campesinos de la posesión de la tierra
al reconvertir los señores las tenencias enfitéuticas en tierras de arrendamiento.
A principios del período moderno, la agricultura estaba bajo el control tanto de arrendatarios
comerciantes como de pequeños campesinos libres. Ambos tuvieron que producir para un mercado
y especializarse para poder sobrevivir.
Lo que facilitó esta especialización para el mercado fue la disponibilidad de cereales
importados de Europa oriental, que proporcionó a los agricultores la posibilidad de liberarse de las
exigencias de producir para sus necesidades.
A su vez la facilidad que tenían los campesinos flamencos para acceder a los grandes centros
industriales les proporcionó mercados seguros lo que hizo arriesgada la especialización. Por último,
la proximidad de los agricultores a ciudades les permitió conseguir fertilizantes que constituyeron la
clave de la transformación de agricultura.
Es importante subrayar que estos pequeños agricultores no producían alimentos básicos,
sino que se fueron especializando en todo tipo de cultivos industriales, lácteos y horticultura.

Las relaciones entre determinados sistemas de propiedad y vías de evolución económica no


se gobiernan por leyes metafísicas. En especial una vez que se manifestaron las transformaciones de
un desarrollo capitalista en varias regiones de Europa, estas trasformaron irremediablemente las
condiciones y procesos análogos en otros lugares.
Los incentivos para producir para sobrevivir disminuyeron y aumentó el estímulo para
producir para un mercado. Esto incentivó la especialización y acudir a un mercado para solventar sus
necesidades básicas con el desarrollo de fertilizantes y con el aumento de conocimientos biológicos.
Este desarrollo, naturalmente facilitó una transición de la agricultura campesina a la
agricultura capitalista, sin necesidad de mecanismos extra económicos para separar los productos

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directos de su medio de subsistencia, es decir, por medio de la continuidad de la unidad de


producción familiar.

Industria, agricultura y desarrollo económico

Lo que permitió que la economía inglesa iniciara una vía de desarrollo imposible para sus
vecinos continentales fue el aumento de la productividad agrícola como parte de la transformación
de las clases agrarias o relaciones de propiedad.
Esta vía se distingue por un proceso de industrialización continuada y un aumento económico
general a lo largo de un período en que la crisis general azotaba al resto de las economías europeas,
hasta la época de Revolución industrial.
Lo que en realidad demarca a la economía inglesa del resto de las economías continentales
en el S XVII consiste no sólo en su capacidad para mantener un incremento demográfico más allá de
antiguos límites maltusianos, sino también en su capacidad de aguantar un aumento industrial y un
aumento económico general frente a la crisis y estancamiento de las industrias textiles de
exportación. De hecho, se fundamentó en un mercado nacional en expansión, el cual hundió sus
raíces en la transformación de la producción agrícola.

El condicionamiento del desarrollo industrial europeo por la base agraria feudal: Holanda

El hecho de que el desarrollo industrial de Europa continental continuará condicionado por


su base agraria feudal en la Edad Moderna se confirma por el lento ritmo de desarrollo en lugares
tales como las Provincias Unidas. A principios del siglo XVII, la mercante holandesa dominaba el sector
de transportes comerciales europeos y tuvo posibilidades de constituirse en sector dinámico de la
economía.
El problema se presentó porque todo este desarrollo se veía estimulado por, y dependía de,
el aumento general de la economía europea en los siglos XVI y XVII. Los sectores industriales y
agrícolas para poder sobrevivir, estaban fuertemente vinculados a las importaciones de granos de
Europa Oriental.
Por culpa de su total integración en el sistema económico europeo, la economía holandesa
no pudo defenderse por sí misma cuando llegó la crisis. Habían construido un edificio excesivamente
elevado sobre bases demasiado frágiles.

La interdependencia agrícola-industrial inglesa.

Al contrario de Holanda, la economía inglesa durante la Edad Moderna vio cómo se iba
consolidando una mutua interdependencia y un desarrollo conjunto de los sectores agrícola e
industrial.
La producción inglesa había iniciado una orientación hacia el desarrollo de un mercado
interior. Al mismo tiempo aumento el comercio de importación tales como frutos de España, especias
de las Indias orientales, tabaco de América.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Hubo un aumento demográfico e incluso así, los precios dejaron de aumentar, lo que
permitió un aumento de los salarios reales. La industria vivía de la agricultura y a su vez estimulaba
futuras mejoras agrícolas.
De este modo se fue consolidando un espiral ascendente que desembocó en la Revolución
Industrial.

ALLEN, Robert C., La reinterpretación de la Revolución Agrícola Inglesa y Las dos Revoluciones
Agrícolas Inglesas, 1450-1850.

El punto de vista tradicional vs la reinterpretación: el rol de los cercamientos vs el rol de los yeomen.

En los últimos años la reinterpretación de la revolución agrícola inglesa ha cambiado


radicalmente. Desde el punto de vista tradicional los cercamientos y las grandes explotaciones
capitalistas constituían el motor del progreso. Así, la versión convencional de la revolución agrícola
se puede reducir a un organigrama que va de los terratenientes emprendedores a los cercamientos
y a las grandes explotaciones, para pasar posteriormente a una mayor producción y a una reducción
de la mano de obra y, finalmente, a la revolución industrial propiamente dicha (esta es incluso la
versión de Marx).
Los últimos descubrimientos desacreditaron la importancia de los cercamientos, y
trasladaron la cronología de la Revolución Agrícola un siglo antes, al XVII, época en que todavía
predominaban los campesinos acomodados tipo yeomen en el régimen de open-fields. Según la
nueva perspectiva, fueron justamente los yeomen (y no los grandes terratenientes o agricultores de
la historia convencional) los que comenzaron la revolución agrícola. Estos fueron los que para
protegerse de los aumentos del arrendamiento aumentaban la producción y estas ganancias eran su
incentivo para la innovación.

Un cambio de cálculos: de lo macro a lo micro.

Los argumentos macro han sido esgrimidos por Overton, principal defensor de la versión
convencional. Esta visión intenta inferir el crecimiento de la producción agrícola a partir de cambios
en la población, las rentas, los precios, etc.
Los cálculos tradicionales ligan directamente el crecimiento de la población con el
crecimiento de la producción y aseguran que éste último se dio luego de 1750 con los cercamientos.
Allen toma los mismos datos y hace una relectura, planteando hubo un crecimiento sostenido de la
producción desde 1520 hasta 1740, el cual se habría logrado por los medianos agricultores yeomen
en regímenes de open-field.
Por otra, parte sólo encontró un crecimiento insignificante de la producción desde 1740 a
1800, siendo después de esta última fecha cuando realmente comenzó a incrementarse la
producción de alimentos.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Productividad del trabajo.

El aumento de la producción representa una dimensión de la Revolución Agrícola, y su


historia pone en entredicho a la versión convencional, pero el tema de la productividad es todavía
más importante. Para calcular esto hay que tomar la producción combinada con la fuerza de trabajo
agrícola.
La mayoría de los países del continente muestran una reducción de la productividad del
trabajo entre 1500 y 1800, lo que expresa un incremento de la población y una disminución de los
ingresos. Por otra parte, tradicionalmente se destacan las dos revoluciones agrícolas de principios de
la Edad Moderna, la inglesa y la holandesa.
Sin embargo, se constata que la producción por trabajador se incrementó en la agricultura
inglesa entre 1600 y 1750, para luego experimentar un ligero retroceso a partir de esta fecha,
poniendo en cuestionamiento la progresividad de los cercamientos parlamentarios.

Los cercamientos y las grandes explotaciones: estudios estadísticos.

Lo primero que se desprende de los datos es que efectivamente hubo una revolución. En
cuanto a la productividad, está la cuestión de si efectivamente aumentó con los cercamientos.
Hay muchos estudios sobre los rendimientos, y si se comparan los rendimientos medios de
los campos abiertos y los cercados es un punto de partida para ver el impacto del cercamiento. Pero
se deben tomar pueblos que se encuentren en los mismos entornos naturales. Se ve que hubo
mejoras con los cercamientos, pero son insignificantes.
Entre la Edad Media y el 1800, en las Midlands8 los rendimientos se duplicaron, y es
importante ver qué proporción de aquel aumento se debió a los agricultores de los open-fields.
La situación cambia según los suelos. En los suelos ligeros, el sistema Norfolk era el más
rentable. Mientras que en los distritos ganaderos las ventajas de las explotaciones eran mayores, y
allí el cercamiento suponía a menudo la conversión de la actividad agrícola en pecuaria.
La única zona donde se muestra que los agricultores de las zonas cercadas presentaban una
gran ventaja en términos de rendimientos del cultivo eran los distritos agrícolas de suelos pesados.
La clave aquí para el aumento de la productividad era el drenaje, lo cual exigía la concentración
parcelaria.

8
Mapa de la zona de las Midlands en Inglaterra.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Los cercamientos no produjeron más ocupación, pero tenían a su favor la mayor posibilidad
de introducir innovaciones.
Un segundo indicador de la ventaja de los cercamientos era la renta, ya que la misma por
hectárea era más elevada en los pueblos cercados que en los abiertos.
Por otro lado, no es explicación del crecimiento de la producción global entre 1550 y 1725 el
hecho de que hubiera explotaciones más extensas. Lo que si sucedió es que la explotación extensa
utilizaba menos mano de obra y aumentaba la producción por trabajador, es decir, aumentaba la
productividad.
Esta visión de los cercamientos se corresponde con los cálculos totales de la producción
agrícola y la productividad del trabajo.
En realidad, los cercamientos del siglo XVIII tuvieron un impacto mínimo sobre la producción por
hectárea, pero sí se produce una expansión de la mejora de los suelos.

Las pequeñas explotaciones y el crecimiento en producción y productividad.

Las comparaciones estadísticas entre open-fields y cercamientos, además de las que se


establecen entre pequeñas y grandes explotaciones, demuestran que la reorganización agraria del
siglo XVIII apenas tuvo algún efecto sobre la producción o el empleo. De hecho el crecimiento de la
productividad previo a 1740 fue obra de los pequeños agricultores del open-field, aquellos yeomen
ingleses.
Un factor importante para este mejoramiento de la productividad debe haber sido una
mejora en los métodos de nitrogenar la tierra.
En los siglos XVI y XVII se introducen los guisantes y las judías en el cultivo de los open-fields,
lo que contradice a los historiadores que argumentaban que los nuevos cultivos no se podían
introducir en los open-fields. Además, esto quizás explica el aumento de los rendimientos en el siglo
XVII.
Quizás los agricultores en régimen de open-fields potenciaron sus rendimientos aumentando
el tamaño y la calidad de sus rebaños, lo cual implica más estiércol que también incrementa el
nitrógeno en la tierra. El problema es que en realidad la densidad del ganado no pareció aumentar
entre 1550 y 1750.
Una tercera razón sería el mejoramiento de las semillas. Esto tendría que ver con la selección de
semillas y con el comercio interregional. Como sea, esto tiene que seguirse estudiando. Lo que
importa destacar es que el régimen de open-fields no fue impedimento para practicar estas mejoras.

Decisiones de cultivo en los open-fields: el caso de los nabos.

Los agricultores en régimen de open-fields si bien no habían introducido el sistema de Norfolk, si


empezaron a sembrar trébol y nabos, y otros nuevos cultivos.
Una pregunta que surge entonces es como cuadrar esto con la conclusión de Homer según la
cual el requisito de la unanimidad impedía cambios en la rotación. Para esto hay que volver a analizar
el proceso de toma de decisiones en la agricultura comunal. Analizando las fuentes se ve que el
proceso de toma de decisiones resulto ser mucho más flexible de lo que se imaginó Homer.

71
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Analizando las fuentes, para Spelsbury se ve como a principios del siglo XVIII el conde deja de
renovar a los campesinos los contratos para sus tenencias hereditarias. Cuando iban falleciendo los
campesinos establecidos, la tierra pasaba a heredad del señor y se combinaba con antiguas tenencias
hereditarias para dar lugar a explotaciones de varios cientos de hectáreas, que se cedían en
arrendamiento a corto plazo con rentas acorde al mercado. Eran explotaciones capitalistas en el
sentido de que requerían la contratación de mucha mano de obra. Hacia 1800 el modo de producción
de los yeomen había sido superado, ya que toda la tierra se encontraba reorganizada mediante
grandes explotaciones con rentas de la tierra en permanente ascenso.
Cuando a finales del siglo XVII se empieza a extender el nuevo cultivo del pipirigallo, este no se
introduce en los open-fields como parte de la rotación anual, sino que varias parcelas alargadas son
segregadas del resto de la partida y cultivadas como prados mejorados. En el acuerdo esta práctica
se denomina inclossing.
Tres supervisores eran elegidos entre los copyholders para determinar cuándo se sembraría el
prado y cuando podrían pastar en ella el rebaño del pueblo. Cualquier incumplimiento era penalizado
con multas que recaudaba el señor. El acuerdo de Taston para el pipirigallo creó un prado mejorado
que funcionaba a la manera de un open-field.
Para la creación de tales prados se requirió un acuerdo unánime. Claro que esto implicó muchas
discusiones, muchas veces la unanimidad se conseguía luego de amenazar a los que no querían
acordar.
Sin embargo la solución más frecuente en Spelsboury consistió en hacer que la introducción de
nuevos cultivos fuese voluntaria. Por ejemplo, se convierte cierta cantidad de terreno en régimen de
every year´s land. Aquí el copyholder podía usar su every year´s land como quería. Los copyholder
emprendedores podían proceder con experimentos. Así es como se introdujo el nabo, y luego, a
través de una ordenanza, se convierte en obligatorio. En 1762 el cultivo de nabos pasó de las tierras
cercadas para pipigallo a los propios open-fields. Este mismo año se introduce el trébol en los open-
fields.
Así en los open-fields se dio lugar a la posibilidad de experimentar. Había dos razones por las
cuales este era un entorno adecuado para la experimentación: las unidades de operación eran las
parcelas, y no los campos, y no todo el mundo en cada parcela estaba obligado a hacer lo mismo. Se
utilizaba el principio de voluntariedad.
A finales del siglo XVIII la mayoría no había puesto toda la tierra en el sistema Norfolk de rotación
cuatrienal. En su lugar evolucionó un sistema complejo que incorporaba los nuevos cultivos, pero
también antiguas prácticas, como por ejemplo la utilización del barbecho.

Conclusión

Un amplio número de investigaciones ha demostrado que los open-field eran capaces de


mejoras, y cuando predominaron en los siglos XVI, XVII y principios del XVIII, fueron testimonio de un
aumento considerable de la producción y la productividad. Siguiendo ese mismo enfoque, los
cercamientos parlamentarios no lograron a menudo generar demasiada producción extra ni
prescindir de demasiada mano de obra.
Es importante tomar nuevas fuentes, y reinterpretar las tradicionales.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Cercamientos, métodos agrícolas y crecimiento de la productividad en el sur de las Midlands.

Las mediciones de campo y los argumentos teóricos son los elementos imprescindibles para
comprender la relación entre los cercamientos y los avances en la agricultura.
Se analiza el desarrollo agrícola en el sur de las Midlands para lo cual se divide la región en
distritos naturales que son razonablemente homogéneos. Queda dividido en tres distritos: tierras de
cultivo pesadas o densas, tierras de cultivo ligeras y pastos. El criterio de división es que un mismo
sistema de agricultura maximiza la renta a lo largo del distrito.
En las tierras de pasto la renta se maximiza con el pasto permanente. En las tierras livianas de
cultivo, con el sistema Norfolk. En las tierras pesadas no se podían plantar nabos, lo que maximizaba
la renta aquí era el esquema de rotación tradicional (barbecho, trigo, judías). El sistema de drenaje
representaba un serio problema en este distrito.
La zona del sur de las Midlands experimentó dos oleadas de cercamientos pre-parlamentarios
(1450-1525; 1575-1650) y cercamientos parlamentarios (1760-1780; 1795-1815). En los distritos de
tierras de cultivo, los cercamientos se produjeron fundamentalmente entre 1795 y 1815.

Comparación de la agricultura de campos abiertos con la de cercamientos (1750-1850):

Distrito de tierras de cultivo densas.

Según las descripciones de Parkinson, aquí apenas había diferencias entre las aldeas con
campos abiertos y los cercados. En todos los casos alrededor del 80% de la tierra era cultivo. Apenas
había tierras comunales, incluso en aldeas con campos abiertos. La tierra de cultivo se dedicaba a
cereales y judías. Menos de un tercio era barbecho. Solo de forma muy modesta se cultivaba trébol,
en especial en las aldeas con cercamientos.
La diferencia más importante entre las aldeas con cercamientos y los campos abiertos residía
en los rendimientos de los cultivos. Los números muestran que fue únicamente en el distrito de
tierras cultivables sólidas donde los cercamientos fueron asociados a grandes incrementos. Aquí el
aumento de los rendimientos se logró gracias fundamentalmente a la instalación del sistema de
hoyos de drenaje.
Según las ecuaciones, la única variable significativa que afecta a la producción es la presencia
de un sistema de drenaje extensivo y completo. Los cercamientos en sí mismos no tienen ningún
impacto sobre la producción.
Pero a la vez, los datos muestran que era mucho más probable que fueran las aldeas con
cercamientos y no de campos abiertos los que adoptaran un sistema de drenaje. Los cercamientos
estaban muy correlacionados con la modernización.

Distrito de tierras de cultivo ligeras.

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Aquí el sistema Norfolk y las mejoras en la organización de la ganadería constituyeron la base


de los avances. Aunque la producción de cereal no aumentó bajo este sistema, el valor de la tierra
creció debido al aumento del beneficio por oveja.
De los datos se deducen dos conclusiones importantes: que las aldeas con cercamientos
practicaban la ganadería en mucha menor medida que las aldeas con campos abiertos. La segunda,
que el cultivo del trébol y nabos también estaba asociado a los cercamientos.
Las aldeas con cercamientos presentaban un comportamiento decididamente moderno,
dándose generalmente la rotación Norfolk o similar. El barbecho era escaso y en todas las aldeas se
cultivaba nabo.
En contraste, las aldeas abiertas estaban muy atrasadas, sus patrones de cultivo eran
arcaicos. El sistema Norfolk no se generalizó tan fácilmente. O sea, las aldeas con campos abiertos no
eran reacias a los nuevos métodos, pero su adaptación a estos era más modesta.

Distrito de pastos.

La transformación de la tierra de cultivo en pastos, aquí, supuso el cambio que incremento


la eficiencia. En los cercamientos parlamentarios esa conversión fue prácticamente total. En este
distrito se maximiza el valor de la tierra manteniendo la mayor parte en forma de pastos.
De los datos se desprende que el uso de la tierra en las aldeas con campos abiertos era
radicalmente distinto del de las propiedades cercadas.
Los campesinos del open-field transformaron parte de la tierra en pastos permanentes,
practicando una forma de ganadería más intensiva que los del distrito de las tierras únicamente de
cultivo. Aun así, dedicaban mucha menos tierra a pastos que los agricultores de tierras cercadas.
Una vez más, la acusación de que los agricultores de tierras sin cercar eran insensibles a las
innovaciones no se desprende directamente de los informes históricos, pero si es cierto que
practicaban un sistema de agricultura que generaba menos renta que el sistema adoptado por los
agricultores de las aldeas con cercamientos.

Resumen

Podemos sacar tres conclusiones: las explotaciones con cercamientos habían llegado más
lejos que los abiertos a la hora de adoptar métodos maximizadores de la renta, los agricultores de
campos abiertos habían adoptado estos métodos, pero en menor medida, y las diferencias entre
campos abiertos y cerrados persistieron durante mucho tiempo.

Crecimiento de la productividad (1450-1800).

El análisis anterior parece dar una valoración bastante adversa del open-field. Pero hay que
recordar que la agricultura del open-field se basaba en el cereal, y que en este sistema los agricultores
revolucionaron dicha actividad en el primer período de la etapa moderna.

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Comparada con el incremento de la producción de cereales entre la Edad Media y el siglo


XIX, la diferencia entre los rendimientos de la agricultura de campos abiertos y los de cercamientos
al final del siglo XVIII era pequeña.

Incentivos en los campos abiertos.

La agricultura de los open-fields no es que respondía más lentamente a los beneficios


potenciales, sino que tiene un nivel de equilibrio distinto en su elección de la técnica. El problema
teórico que se plantea es explicar qué tipo de incentivos utilizaron las instituciones relacionadas con
este tipo de agricultura.
En el sistema de los open-fields, para tomar técnicas innovadoras hacía falta un acuerdo de
la comunidad. En el caso del sistema Norfolk, este elevaba las rentas de la tierra, pero no los ingresos
de los arrendatarios, con lo que estos no tenían incentivos para modernizarse.
Los cercamientos acabaron con el poder de los agricultores para actuar de este modo. En las
aldeas con cercamientos no había restricciones para que un propietario o agricultor tuviera tierras
bajo un uso maximizador de la renta, y, así, la competencia por las tierras hizo que adoptaran las
técnicas que maximizaban la renta.
Con la independencia de lo que hicieron los otros miembros de la aldea, un arrendatario que
no quisiera organizar la tierra de esa manera podía ser sustituido por otro que si lo hiciera. Esta
sustitución no era posible en las aldeas de los open-fields porque los arrendatarios estaban sujetos
al reglamento de la aldea.

Las dos revoluciones agrícolas inglesas (1450-1850).

Allen confronta con la teoría tradicional acerca de la Revolución Agrícola, y sostiene que esta
fue de los pequeños agricultores durante el siglo XVII en el régimen de los open-fields. La revolución
de los terratenientes (cercamientos y fusión de tierras para lograr grandes explotaciones), solo
contribuyo en pequeña medida para aumentar la productividad.
Respecto a esta Revolución Agrícola de los terratenientes surgieron, básicamente, dos
interpretaciones distintas: la marxista y la conservadora.
La opinión marxista es que los cercamientos aumentaron el rendimiento y redujeron la mano
de obra. La población sobrante marcho a las ciudades para ingresar como mano de obra industrial.
Para los conservadores los cercamientos llevaron a una agricultura más intensiva en capital
que elevo el empleo y el output, la cantidad producida y volcada al mercado.
Por tanto marxistas y conservadores coinciden en el sentido de ver en los cercamientos y
grandes haciendas un incremento de la eficiencia y una contribución al desarrollo económico.
Allen en este capítulo va a ocuparse de los rendimientos por acre y del output por trabajador.
Estos indicadores se multiplicaron por dos entre fines de la Edad Media y el siglo XIX. Gran parte de
este crecimiento (tanto en los rendimientos como en el trabajo) fue gracias a los pequeños
campesinos del open-field.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

A la pregunta de si fueron los cercamientos los que multiplicaron por dos los rendimientos
de los cultivos, Allen responde que no. Pero si no fueron los cercamientos, o la extensión de las
explotaciones las causas del crecimiento de los rendimientos ¿cuáles fueron las causas?

La innovación campesina

Un candidato es el mejoramiento de las semillas. Así se dieron mejoras en el trigo. Si la mejora


de las semillas fue la base del crecimiento de los rendimientos, no resulta sorprendente que los
campesinos de los open-fields fueran realmente innovadores. Los agricultores, individualmente
podían elegir sus semillas, como ocurrió anteriormente con algún tipo de cultivo como el nabo.
Además los incentivos para elevar la productividad eran especialmente fuertes en el siglo
XVII, ya que la mayor parte de los agricultores tenían la tierra arrendada por períodos de tiempo muy
largos y con derechos de arrendamiento muy beneficiosos.
El crecimiento de los rendimientos fue un aspecto del progreso que experimento la
agricultura inglesa a principios de la era moderna, el crecimiento de la productividad del trabajo fue
otro. Estos dos avances están relacionados.
El impacto global de la Revolución Agrícola de los terratenientes fue la expulsión de mano de
obra de la agricultura, la fusión de granjas redujo el nivel de empleo y los cercamientos tuvieron el
mismo efecto cuando conllevaban una transformación de cultivo en pastos. Los datos de Young
contradicen sus opiniones sobre el tema y sostienen la teoría marxista al respecto.
Así, frente a la tesis tradicional, la mayoría de las investigaciones al respecto ha establecido
que la agricultura a pequeña escala suele ser eficiente y además, capaz de modernizarse. Todo esto
lleva además a una reinterpretación de la Revolución Agrícola inglesa.
Los resultados presentados por Allen muestran que los pequeños agricultores de las zonas
de los open-fields fueron los máximos responsables del aumento de los rendimientos a principios de
la Inglaterra moderna, y también fueron los causantes del 50% del crecimiento de la productividad.
Por último; si, como se ha argumentado, los agricultores en los open-fields eran eficientes
¿Por qué se cercaron los campos? Hubo diversas razones.
En primer lugar, los granjeros en open-fields no eran tan proclives como los de los cercados
a trasformar su tierra en pastos, porque este cambio reducía la demanda de su trabajo. Por
consiguiente, el cercamiento de las tierras era un requisito previo para llevar a cabo una
transformación de cultivos en pastos a gran escala.
En segundo lugar, la inclinación a las innovaciones por parte de los agricultores en open-
fields, en cuanto al cultivo del cereal disminuyó con el tiempo. Esto quizá tiene que ver con las nuevas
formas de arrendamiento que surgieron después del 1700. En el siglo XVII muchos agricultores de los
open-fields tenían sus tierras en unos términos muy beneficiosos y a largo plazo. En consecuencia,
sus rentas de arrendamiento no aumentaron cuando aumentaba la eficiencia.
Pero en el siglo XVIII estas formas de arrendamiento fueron reemplazadas por otras, por un
período de tiempo más corto. Las mejoras en la productividad aquí, derivaban en arrendamientos
más caros, pero no en unos ingresos mayores para los explotadores directos.

Los cercamientos en el siglo XVIII: eficiencia y consecuencias sobre la distribución.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Los cercamientos fueron iniciados invariablemente por los propietarios de la tierra porque
esperaban que los granjeros arrendatarios les pagaran rentas más elevadas cuando las tierras
estuvieran cercadas. Y esto fue así, pero ¿porque las rentas aumentaron?
Hay dos opciones: la primera implica que los cercamientos aumentaron la eficiencia lo cual
permite exigir más renta. La segunda, es que los cercamientos pudieron haber supuesto una
redistribución de la renta de los explotadores directos en favor de los propietarios de la tierra. Los
datos apuntan más hacia esta segunda opción.
¿Por qué los cercamientos ofrecían una posibilidad considerable para que se produjera una
redistribución de la renta agrícola? Los resultados demuestran que los cercamientos no elevaban, en
realidad, la eficiencia de la producción por acre, de hecho, todo lo contrario.
Entonces ¿por qué en los campos cercados sube el valor de los arrendamientos? Esto puede
tener que ver con el tratamiento de los derechos comunales en el sistema de open-fields. Pero hay
pruebas de que son justamente los derechos comunales y la calidad de la tierra lo que explica el
elevado excedente por acre generado por las granjas en las zonas de open-fields.

Conclusiones

Los datos recopilados por Arthur Young en sus viajes por Inglaterra nos permiten obtener dos
conclusiones. En primer lugar, solo la mitad de los excedentes generados por las granjas en open-
fields correspondía al terrateniente en forma de arrendamientos, y la Iglesia y el Estado, en forma de
diezmos y tasas. Por lo tanto, la introducción de la libre competencia en el mercado de
arrendamientos de las granjas multiplicaría por dos aproximadamente la renta por arrendamiento y
disminuiría sustancialmente los ingresos del explotador directo. En segundo lugar, los cercamientos
no dieron lugar a un incremento de la eficiencia.
La conclusión general es que la principal consecuencia económica del cercamiento de los
cultivos en open-fields en el siglo XVIII fue la redistribución de la renta agrícola existente, no la
creación de renta adicional causada por un incremento de la eficiencia.
El resultado: las explotaciones cercadas y sin cercar eran igual de eficientes.
La oleada de cercamientos puede ser considerada la primera reforma de la tierra promovida
por el Estado, cuyo efecto principal fue redistribuir la renta en favor de los ya ricos terratenientes.

2) Los avances de la transición.


b) La evolución de la comunidad y del trabajo campesino en Francia y
España y la conservación de los comunes en ambos reinos.
Consolidación de las formas domésticas tradicionales.

CAMPAGNE, Alejandro, Feudalismo tardío y revolución. Campesinado y transformaciones


agrarias en Francia e Inglaterra (siglos XVI-XVIII). Cap. 8. La vía francesa hacia el capital agrario:
los fundamentos campesinos del absolutismo.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La vía campesina hacia el capital agrario.

La monarquía francesa mantuvo siempre un claro interés por la preservación de las


comunidades rurales y por su capacidad de reproducción económica. La monarquía inglesa en
cambio sólo mostró interés cuando el despoblamiento rural pareció amenazar la tranquilidad del
reino.
En principio, la monarquía francesa halló en esta política una oportunidad para debilitar a los
señores y reconstituirse. La aparición del impuesto directo convirtió a la defensa del censive 9 en
condición sine quo non para la reproducción de la monarquía, siendo que el privilegio fiscal de la
nobleza puso un claro límite a sus posibilidades de avanzar sin la porción del suelo francés en manos
de los campesinos.
Si los open field y bienes comunales fueron los enemigos a vencer por el capital agrario en
Inglaterra, en Francia se debía liquidar a los señores y los regímenes feudales de propiedad para
liberar a las comunidades campesinas de las constricciones rurales.

Primer acto: la justicia real o el temperamento de la reina blanca.

A principios del siglo XX, Bloch descubrió un hecho que señala el claro antecedente de las
pretensiones titulares sobre la comunidad de campesinos que el Estado central reivindicaría. En
1246/7dC comunidades de Notre Dame pidieron la cartera de franquicia para librarse de las tallas
que los señores querían imponer.
Cinco años después, una de las siete aldeas, se negó a pagar una talla señorial que los
canónigos querían imponer (los pobladores de las otras seis aldeas la acusaron la resistencia.) Los
clérigos respondieron con violencia y aprisionaron a los cabecillas.
Blanca de Castilla respondió al pedido de los aldeanos y ofreció la mediación de la justicia
real en el conflicto entre señores y campesinos. Pero los enemigos se rehusaron y la regente penetró
por la fuerza y ordenó la libertad de los campesinos. El hecho trascendente aquí es que la corona
había logrado imponer su condición soberana superior, por encima de las jurisdicciones señoriales.
Con la ayuda de la reina los campesinos habían ganado el litigio en la esfera política

Segundo acto: la renta feudal centralizada a la institución de Felipe el hermoso.

9
La enfiteusis, también denominado censo enfitéutico, es un derecho real que supone la cesión
temporal del dominio útil de un inmueble, a cambio del pago anual de un canon o rédito. La enfiteusis
es un régimen compartido de tenencia de tierra que lleva consigo la disociación del dominio entre el
dominio directo, correspondiente al propietario, y el útil, el de la persona que usa y aprovecha la
finca. La falta de pago del canon por parte del titular del dominio útil puede llevar consigo el comiso
de ese dominio por el titular del dominio directo, que vuelve a la situación de la propiedad anterior
a la institución de la enfiteusis. El dominio útil implica que el enfiteuta podía decidir sobre el destino
económico de la tierra y modificarlo cuanto quisiera siempre y cuando abonara el canon anual.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Cuando la monarquía logró finalmente imponer el pago de una imposición general de


carácter permanente, un impuesto directo percibido de un extremo a otro del territorio, el camino
quedó allanado para la construcción del Estado feudal centralizado.
Los campesinos cumplieron un papel relevante en esta segunda fase de reconstrucción del
poder estatal.
Desde comienzos del reinado de Felipe IV El Hermoso (1285-1314), resultaba evidente que
los ingresos ordinarios de la corona, provistos por los recursos que generaba el dominio real, no
bastaban ya para el mantenimiento de la corona y, eran completamente insuficientes en tiempos de
guerra.
Desde el siglo XI, la monarquía contaba con el derecho de exigir a sus vasallos ayudas
extraordinarias, aunque limitadas y que suponían una resistencia por parte de éstos.
Con demasiada frecuencia, la monarquía de finales del siglo XIII debía recurrir a estrategias
informales para obtener recursos extras, tales como pedir donativos a la nobleza y extorsionar a los
banqueros.
La monarquía debía quebrar este círculo vicioso que la colocaba al borde de la legalidad
feudal. Para ello, Felipe IV buscó introducir en la estructura política una imposición de carácter
general, que terminó convirtiéndose en la base del impuesto directo permanente sobre el cual se
sustentó la monarquía durante los cinco siglos siguientes.
La monarquía pretendió, con ello, apoderarse de una fracción del excedente campesino,
hasta entonces exclusivamente en manos de la nobleza feudal gracias a la percepción descentralizada
de los tributos señoriales.
Los juristas de Felipe El Hermoso empezaron a defender la tesis de que el rey no sólo tenía
poder sobre sus vasallos directos, sino sobre los vasallos de sus vasallos, es decir sobre toda la
totalidad de pobladores del reino, tanto libres como no libres, siendo los primeros un grupo que ia
en aumento gracias a la difusión de las cartas de franquicia a comienzos del siglo XIV.
Para imponer una renta feudal centralizada, Felipe II debió sellar un pacto con la nobleza
feudal, que persistió en Francia hasta el estallido de la revolución. La aristocracia no solo quedaba
eximida del pago de la imposición general, sino que se quedaba con una parte.
Los señores aceptaron que la monarquía penetrara en sus jurisdicciones y absorbiera
centralizadamente una parte del excedente campesino.
Dada la exención de la propiedad eclesiástica, y los privilegios obtenidos por muchas grandes
ciudades, EL IMPUESTO DIRECTO SE CONVIRTIÓ EN UN TRIBUTO DE BASE CAMPESINA QUE
TRANSFORMÓ AL ESTADO FRANCÉS EN UNA ESTRUCTURA CON FUNDAMENTOS ESENCIALMENTE
AGRARIOS.
Durante los cuarenta años siguientes, los sucesores de Felipe IV utilizaron los mismos
mecanismos para continuar percibiendo estos ingresos, y aunque no logaron imponer de manera
permanente este tributo, acostumbraron a los súbditos a reconocer al rey de Francia como el rentista
del suelo más poderoso.

La captura del buen rey Juan.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La siguiente fase permitió el establecimiento permanente del impuesto directo sobre los
grupos no privilegiados.
La monarquía aprovechó la crisis provocada por la captura del rey Juan II durante la batalla
de Poitiers en 1356 y el pedido de rescate desorbitante. Esta situación de debilidad permitió instaurar
de manera permanente los dos pilares básicos sobre los que el fisco francés se sustentó hasta finales
del Antiguo Régimen: un impuesto directo y un conjunto de impuestos indirectos al consumo, que
gravaban un grupo reducido de productos básicos, tales como la sal y el vino.
A diferencia del impuesto directo, los impuestos al consumo recaían con mayor peso sobre
los habitantes de las ciudades.
El conjunto de impuestos al consumo era esencialmente a un grupo reducido de productos
básicos, tales como el vino y la sal. Este impuesto a diferencia del impuesto directo recaía
mayormente sobre los habitantes de las ciudades.
Juan II fue liberado en 1360, pero como la guerra continuaba, en 1363, antes de su muerte,
logró imponer la aceptación de un impuesto directo permanente a cubrir los costos de la misma. El
interminable conflicto con Inglaterra había permitido al Estado feudal francés imponer la idea de la
necesidad de contribuciones generales de carácter permanente.
Juan II le lega a Carlos V un aparato fiscal centralizado de dimensiones inéditas, como jamás
antes había disfrutado ninguno de sus antecesores.
Un vez en el poder, Carlos V decidió continuar con la política que pretendía asociar a la
nobleza feudal con los beneficios producidos por la renta feudal centralizada.
El Rey Sabio regionalizó la percepción y la ejecución de las partidas, siendo cada provincia
encargada de estas tareas.
Finalmente, la exención impositiva de la nobleza se generalizó a todo el estamento, sin
importar si efectivamente prestaban servicios en la guerra.
A pesar de la solidez que el sistema fiscal estaba adquiriendo, en su lecho de muerte, Carlos
V decidió abolir el impuesto directo, siendo que la guerra ya había finalizado. Posteriormente, Carlos
VI lo reinstauró, adquiriendo a partir de entonces la denominación de “taille”, nombre con el que se
lo conoció hasta finales del Antiguo Régimen.

El triunfo único el desquite del delfín.

La fase final de organización de un mecanismo centralizado de extracción de excedente


campesino tuvo a Carlos VII como protagonista.
Su primer aporte fue independizar al Estado feudal de la necesidad de solicitar la autorización
previa de las asambleas estamentales para poder gravar al campesinado. A partir de 1451, cuando la
Guerra de los Cien Años terminaba, Carlos VII recaudó el impuesto por su propia autoridad, quedando
el papel de las provincias reducido a la distribución y percepción dentro de su jurisdicción de los
montos que anualmente fijaba el estado feudal centralizado.
El segundo aporte fue la prohibición definitiva de la percepción o imposición de tallas por los
señores banales dentro de sus jurisdicciones.
El triunfo del poder del Estado era absoluto.

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Durante el resto del siglo XV, la monarquía definió el conjunto de grupos y estamentos
eximidos del pado del impuesto directo. El privilegio alcanzó a los eclesiásticos, universitarios, a la
nobleza en su conjunto, a las ciudades privilegiadas y a los oficiales de las casas más importantes.
Estableciido en forma definitiva, el impuesto directo, herramienta fundamental en la
reconstrucción del poder del Estado, se convirtió en un tributo esencialmente de base campesina.

Tercer actor. La integridad del censive o el legado de santa Juana.

A partir de las características que adquirió el impuesto directo en los siglos XIV y XV, la
integridad del censive ocupada por campesinos se transformó en un objetivo estratégico de la
monarquía.
La finalización de la Guerra de los Cien Años era un momento ideal para limitar las
pretensiones de la propiedad noble sobre estas tenencias enfitéuticas.
Cuando los señores comenzaron a impulsar la reconstrucción económica de sus dominios, se
encontraron con una dificultad inesperada: la indefinición jurídica que pesaba sobre las tenencias
abandonadas. ¿A quiénes pertenecían?
Durante el siglo XIII, los señores conservaban el derecho de recuperar estas tenencias a censo
por si mismos, sin intervención de la monarquía, cuando se acumulaban tres años de atraso en el
pago de las cargas.
Sin embargo, a partir del siglo XIV, la costumbre y la Corona se volvieron más exigentes en la
defensa de la propiedad campesina. La protección de la patrimonialidad plena de las parcelas que
integraban el censive era una consecuencia directa del proceso de construcción de la fiscalidad
estatal.
Los nobles ya no pudieron recuperar por si mismos los dominios útiles alguna vez enajenados,
sino que debían realizar un procedimiento destinado a alertar a los posibles herederos, y
posteriormente acudir a la justicia real.
El hecho trascendente que reside aquí son los obstáculos que la monarquía colocaba a la
pretensión de los señores de avanzar sobre la propiedad campesina. Con astucia, la estrategia del
estado central contribuirá a reforzar, al mismo tiempo, las vías directa e indirecta de apropiación de
la riqueza campesina, aunque la primera de ellas tenía por entonces un status prioritario.
Las normas impuestas por el estado feudal dificultaban la apropiación de tenencias a causa de un
periodo que hubiera sido extremadamente favorable para el avance de la propiedad señorial. La
exigencia de re censar las parcelas enfitéuticas abandonadas supuso el mantenimiento de tierras bajo
propiedad campesina.

Cuarto acto: la minoridad del campesino o la obsesión del rey sol.

Para mediados del siglo XVII, el mantenimiento de la integridad del censive había dejado de
ser el problema clave. Para garantizar la reproducción económica de sus campesinos, la monarquía
debía ahora proteger sus bienes comunales.
A principios del reinado de Luis XIV, el Rey Sol, el principal problema que enfrentaban los
campesinos era el endeudamiento en que caían por expensas ordinarias y extraordinarias.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La principal herramienta que las comunidades rurales tenían para acceder al crédito era el
ofrecimiento de sus bienes comunales como garantía. Pero los costos podían ser muy altos: si la aldea
perdia sus comunales, las sucesivas recaudaciones de fondos de emergencia deberían descansar en
la imposición de cargas colectivas sobre los vecinos, que redundaría en una competencia directa con
los impuestos estatales.
La perdida de grandes porciones del saltus, por otra parte, pondría también en peligro la
reproducción económica de las comunidades rurales y, en consecuencia, la viabilidad misma de un
impuesto directo de base campesina. Por lo tanto, el Estado Absolutista tenía un doble interés en la
conservación de la propiedad colectiva en las aldeas.
Desde comienzos de la década de 1660, la Corona lanzó una ambiciosa campaña para que
las aldeas recuperaran sus comunales alienados, y aprobó numerosos edictos para verificar y
supervisar el endeudamiento campesino. El Estado Absolutista puso al servicio de proyecto una desus
herramientas paradigmáticas: los intendentes. Este funcionario adquirió la tutela sobre las
comunidades rurales, transformándose en guardián de sus derechos y bienes colectivos.
Los objetivos del programa de verificación de deudas no se llevaron nunca plenamente a la
práctica y pocas comunidades recuperaron sus comunales perdidos, pero los edictos lograron
detener el proceso de endeudamiento y evitaron continuar alineando sus terrenos.
La solvencia de la aldea era un asunto crítico, porque la capacidad de la corona para pagar
sus deudas dependía de la seguridad de sus ingresos fiscales, que a su vez dependían de la capacidad
de pago de los campesinos.
La nueva legislación real no solo incrementó el poder de los intendentes, sino que sentó dos
principios que se convertirían en los fundamentos jurídicos de la relación entre dichos funcionarios y
las comunidades rurales.
Los edictos otorgaron a las comunidades campesinas un status de minoridad permanente,
transformando al rey en su tutor.
La monarquía declaró que los derechos y bienes colectivos que las comunidades
usufructuaban desde tiempos inmemoriales eran derechos y facultades públicas, quedando por lo
tanto sujetos a la jurisdicción real, lo que le permitía al Estado tutelar la asamblea de vecinos, pieza
clave del autogobierno campesino.
En consecuencia, el proceso que comenzó como un programa para la regularización de las
finanzas de la aldea, adquirió una significación política más allá de los objetivos originarios.
La supervivencia de las aldeas francesas fue el resultado de la política de Luis XIV y sus
sucesores. Al otorgar a los intedentes la misión de verificar las deudas de las comunidades
campesinas, el Rey Sol proveyó a los pequeños productores directos con una fabulosa fuente de
protección. El intendente podía ayudar a las comunidades a resistir las exacciones y los abusos
cometidos por los señores y recaudadores.
Es cierto que Luis actuó para proteger su porción del excedente campesino, pero el efecto
de largo plazo fue impedir una declinación mayor de las comunidades rurales.

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3) Organización de las manufacturas urbanas.


Monopolios y corporaciones gremiales.

DOBB, Maurice, Estudios sobre el desarrollo del capitalismo, Cap. 3, Los comienzos de la
burguesí, y Cap. 4, El surgimiento del capital industrial.

Las diferencias al interior de la burguesía

No es fácil determinar en qué medida las comunidades urbanas que eventualmente


conquistaban autonomía parcial o completa respecto de la autoridad feudal fueron, en sus
comienzos, comunidades igualitarias.
En las ciudades más grandes además de los burgueses moraban cierto número de familias
aristocráticas más antiguas. En muchas ciudades italianas, al parecer, estas familias feudales no solo
dominaban el gobierno urbano, convirtiendo a la ciudad, junto con el campo circundante, en una
república feudal-comercial, sino que emplearon sus privilegios feudales para adquirir derechos
exclusivos en el comercio a larga distancia.
También se pueden encontrar, desde muy temprano, por ejemplo en Inglaterra, distinciones
dentro de la misma burguesía entre un estrato superior y otro inferior. Igualmente en Inglaterra las
diferencias no fueron muy grandes antes del siglo XIV. Parece que incluso los que vendían al menudeo
y los artesanos podían pertenecer a la Guilda10, pero una condición era ser ciudadano, o sea, ser
poseedor de un lote o casa dentro del ejido urbano. En los primeros gremios no había casi diferencia
de posición social entre un comerciante, un maestro y un oficial.

El régimen de pequeña producción y la imposibilidad de acumulación capitalista.

Con el pasar del tiempo, a medida que la población crecía en población y tamaño, los dueños
originarios de la tierra urbana se enriquecieron, vendiéndola o arrendándola. Sin embargo, al
comienzo, la base de la sociedad urbana, como decía Marx, estaba en el “régimen de pequeña
producción” (o sea, un sistema en que la producción era realizada por pequeños productores,
propietarios de sus medios de producción, que comerciaban libremente sus productos).
En este marco, pocas posibilidades pudieron haber de acumulación de capital, aparte de
golpes de fortuna o del incremento en los valores de la tierra urbana. Es evidente que la fuente de

10
La guilda es una corporación de mercaderes o comerciantes; una forma habitual de asociación
durante la Baja Edad Media. Funcionaba institucionalmente de forma equivalente a los gremios de
artesanos, es decir, como la reunión de un grupo de personas que comparten una actividad común,
eligen cargos directivos, se dotan a sí mismos de reglas determinadas que obligan a todos ellos y
comparten los mismos derechos o libertades.

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acumulación de capital no debe hacerse dentro de este régimen de pequeña producción


(cuidadosamente conservado por el artesano de las ciudades), sino fuera de él.
Se darán desarrollos que muy pronto desarticularán la primitiva simplicidad de estas
comunidades urbanas; surgirá una clase privilegiada de burgueses que, desprendiéndose de la
producción, empiezan a dedicarse de manera exclusiva al comercio mayorista.
El ingreso de esta burguesía, más allá de la forma inmediata que revistiese, necesariamente
representaba una participación en el producto del campesino labrador o del artesano urbano –
deducción de un producto que, de otro modo, hubiera pasado a manos de los productores mismos
o como renta feudal, a la aristocracia. ¿Por qué mecanismo atrajo el capital mercantil hacia si esta
participación?

El capital mercantil y el comercio mayorista: la ganancia de enajenación.

Los liberales sostenían que el mismo proceso de “comerciar” producía ganancia. El autor
sostiene que es cierto que la apertura comercial facilita muchas cuestiones de la vida cotidiana, pero
que el comercio mismo fuera útil o incrementara la suma de bienes de uso, no alcanza a explicar
porque su ejercicio rendía un excedente tan considerable, fuera del alcance de la artesanía por si
sola: no explica porque el comercio era la base de una ganancia diferencial tan grande.
La explicación es doble. En primer lugar, buena parte del comercio en esos tiempos, en
especial el comercio exterior, consistía o bien en explotar una ventaja política, o bien en un pillaje
apenas disimulado.
En segundo lugar, la clase de mercaderes, en cuanto cobró formas organizativas, se apresuró
por adquirir derechos monopólicos que lo protegieran de la competencia y contribuyeran a volcar en
su favor los términos del intercambio en sus tratos con el productor y el consumidor.
Lo primero corresponde a lo que Marx llamo “acumulación originaria”. Lo segundo sería una
“explotación a través del comercio”, o sea: Marx define la ganancia comercial de este periodo como
“ganancia de enajenación”; en muchos casos la ganancia no se obtiene mediante la explotación de
los productos del propio país, sino sirviendo de vehículo al cambio de los productos de sociedades
poco desarrolladas comercialmente y en otros aspectos y mediante la explotación de ambas esferas
de producción: ”comprar barato para vender caro, es la luz del comercio”.
No se trata pues de un intercambio de equivalentes. La falta de desarrollo de mercado,
precisamente, proporcionó al capital mercantil su dorada oportunidad.

La acumulación capitalista y el rol de las ciudades.

Por tanto, en la medida que perduraron estas condiciones primitivas del mercado, lo hicieron
también las condiciones excepcionales de ganancia de los comerciantes. El comercio fue disolvente
de las relaciones feudales, pero el capital mercantil siguió siendo en gran medida un parasito del viejo
orden.
Cuando el capital empieza a acumularse aparece ahora la posibilidad de la usura, a costa de
los pequeños productores y también de la decadente sociedad feudal y de la corona.

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Al comienzo, el control ejercitado por la corporación de mercaderes y la administración


municipal sobre el mercado, sin duda fue un recurso para beneficiar a la ciudad como cuerpo
colectivo en sus tratos con el campo, por un lado, y con los comerciantes extranjeros por el otro. Las
ciudades consiguen el derecho (arrancado a los señores) de cobrar tasas y portazgos de mercado.
Más importante era el derecho que tenía la autoridad municipal de establecer regulaciones
acerca de quién podía comerciar y cuando, y así poseía un considerable poder para volcar a favor de
los ciudadanos la balanza de todas las transacciones del mercado. Se establecían los precios máximos
y mínimos y los lugares donde podían comerciar.
En definitiva, era la Guilda de mercaderes la que establecía los términos del intercambio en
su ciudad. Los extranjeros, por ejemplo, solo tenían permitido tratar con ellos, y solo en época de
feria se les permitía poner tienda y vender a todo el mundo. Muchas veces estos extranjeros
conseguían prerrogativas de la corona, lo cual era tema de disputa con los gobiernos municipales.
Por otro lado, estaban las diversas regulaciones de los gremios, destinadas a restringir la
competencia entre los propios artesanos de la ciudad.
El derecho de poseer un mercado libre de competidores dentro de cierta área fue, por lo
tanto, un privilegio celosamente buscado y defendido. Un monopolio local de esta índole fue el eje
de la famosa política de Stafle.

La competencia entre ciudades.

Estos derechos constituían muchas veces conflictos y competencias entre ciudades, lo cual
muchas veces desembocaban en enfrentamientos.
En una etapa más avanzada, este monopolio urbano cobro la forma de lo que puede
denominarse un “colonialismo urbano” en relación al campo. Hasta en Inglaterra se encuentra con
mucha frecuencia que ciertas ciudades extendían su autoridad al distrito circundante y, con ello,
presionaba sobre aldeas para que comercien exclusivamente en el mercado de la ciudad en cuestión.
En Europa continental estaba mucho más desarrollada la tendencia a que ricas repúblicas
burguesas dominaran y explotaran un hinterland11 rural; las comunas italianas, las ciudades
imperiales de Alemania y las ciudades holandesas y suizas, se convertían de este modo en pequeños
principados.
Entre las ciudades, a su vez, se daba una fuerte competencia, e incluso disputa, por el
monopolio de determinadas rutas de comercio y comercialización de mercancías. El monopolio
permitía imponer los términos del intercambio y a su vez esto procuraba el poder de unas ciudades
sobre otras, además del control del hinterland.
Por ejemplo, la Liga Hanseática (si bien no es una ciudad sino una corporación) se empeñó
en aislar a las ciudades interiores de todo vínculo directo con el Báltico y en impedir a las demás
ciudades que entraran en contacto con los mercados interiores.

La ganancia de los mercaderes.

11

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Todo indica que estas medidas más ambiciosas son producto, no tanto del interés colectivo
de la ciudad, como del interés de clase de un sector acomodado de mercaderes mayoristas que,
desde tiempo atrás, habían logrado el exclusivo control del gobierno urbano.
El sistema de control de mercado y de monopolio urbano que se acaba de describir, podía
ser empleado, con particular ventaja, por un grupo de negociantes especializados cuya ganancia
consistiera en el margen entre dos conjuntos de precios: los precios a que podían comprar la
producción local al aldeano o el artesano y aquellos a que podían revenderla al extranjero o al
consumidor urbano, o también, los precios a que podían adquirir artículos exóticos de lejanas
comarcas, y aquellas que podían obtener de adquirientes locales.
Así mismo, el mercader siempre trataba de mermar el poder de los gremios. A su vez,
trataban de superar las restricciones que quizás se le imponían como comerciante extranjero en
alguna ciudad, llegando a acuerdos comerciales con los mercaderes locales.
Reciprocas concesiones comerciales de este tipo formaron la base, por ejemplo, de la Hansa
de la Alemania del norte y de las ciudades flamencas. Y, en verdad, cuando el crecimiento del capital
comercial hubo alcanzado esta etapa, fue posible que comerciantes exportadores o mayoristas
dirigieran sus esfuerzos colectivos, directamente, a debilitar el régimen de monopolio urbano a fin
de fortalecer el monopolio de su propia organización interurbana.

La organización de intereses comerciales: las corporaciones y el control político de las ciudades.

El nacimiento, en las ciudades, de una organización de intereses comerciales, distinta del


artesanado, cobró, de manera casi universal, dos formas paralelas.
En primer lugar, un elemento comerciante, salido del artesanado y apartado de la
producción, formó organizaciones exclusivamente comerciales que procedieran a monopolizar cierta
esfera particular del comercio mayorista.
En segundo lugar, estas nuevas organizaciones de comerciantes muy pronto pasaron a
dominar el gobierno municipal y a emplear su poder político en promover sus principios y subordinar
a los artesanos.
Los burgueses más ricos se reúnen en corporaciones, con un derecho de ingreso muy
restrictivo. Estos se conforman en el “patriciado”, y comienzan a tener el control político de las
ciudades. Eran ellos los que ahora designaban a los echevins (cargo municipal antes elegido por todo
el cuerpo urbano) que eran funcionarios encargados de supervisar los oficios, regular los salarios, y
controlar el mercado urbano. Así, el gobierno en las ciudades, paso de democracia y plutocracia, y
luego a oligarquía.
En algunas ciudades como Florencia, las actividades bancarias y de préstamo de dinero
llegaron a sobrepasar, por su importancia, al comercio.
Se puede decir entonces que durante el siglo XIII y en especial en el XIV los burgueses más
ricos fueron usurpando los poderes de la ciudad a los otros sectores, como por ejemplo las artes
menores.
La Guilda de los mercaderes se va convirtiendo en una organización cada vez más cerrada,
que excluía a los otros sectores del comercio mayorista. Antes las guildas no tenían estas

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características, eran más abiertas y democráticas, y fue en el transcurso de estos dos siglos que al
parecer perdió su función originaria, y no conserva más que el nombre.
Al mismo tiempo, se forman nuevas corporaciones de mercaderes compuestas enteramente
por comerciantes, diferentes de los artesanos y con derechos de monopolio en alguna rama
particular del comercio mayorista. En ciertos casos, la antigua Guilda única se dividió en cierto
número de compañías especializadas (por ejemplo: vendedores de paño, tenderos y vendedores de
cuero).
En las ciudades en el siglo XIV se ven aparecer, entonces, tanto compañías generales de
mercaderes, como organizaciones más especializadas.
En Inglaterra el derecho de elección parece haber prevalecido un tiempo, puesto que todos
los ciudadanos participaban en las elecciones municipales; y aún en caso de que los burgueses más
ricos gobernaran, lo hacían con el consentimiento de toda la ciudad. Alrededor del año 1300 “un
cuerpo selecto, aristocrático, usurpo el lugar del concejo publico de los ciudadanos” y, hacia el final
del reinado de Eduardo III, la mayoría de los burgueses “carecía por entero del derecho de sufragio
en las elecciones parlamentarias”. Los demás sectores urbanos se quejaban de esta situación.
En Londres obtuvo su constitución la primera de las famosas Livery Companies (compañías
cuyos miembros usaban libreas). Eran las mayores compañías de Londres, tenían el derecho de elegir
el mayor y a los otros magistrados municipales. En esta época es muy común que aparezca una
diferenciación de jerarquía social entre potentiores, mediocres e inferiores.
En la practica el gobierno de la ciudad (alcaldes, alguaciles y regidores) siempre terminaban
saliendo de la primera jerarquía, miembros de alguna de las Livery Companies, así se perpetuaban
así mismos en el poder.

El artesanado: entre la subordinación y la incorporación.

En este marco, los que empiezan a especializarse en el comercio comienzan a someter a los
artesanos, obligándoles a vender sus productos solo a ellos. Hay que recordar que muchos de
aquellos mercaderes venían también de algún sector del artesanado, comienzan a subordinar a otras
ramas artesanales y se convierten en empresarios de la industria. El sometimiento del oficio al
elemento comercial fue total.
La nueva aristocracia mercantil no constituía un circulo enteramente cerrado para quienes
disponían de dinero para comprarse su lugar en ella; en efecto, en los siglos XV y XVI constantemente
se infiltraron en sus filas los maestros artesanos más ricos, quienes tendían a trocar el artesanado
por el comercio y hasta a convertirse en patronos de otros artesanos.
Sí tenían más problemas para entrar a alguna de las compañías comerciales, para lo cual, por
ejemplo, deberían abandonar su oficio, o luchar para que su propio gremio de artesanos alcanzara la
condición de un organismo comercial. En este segundo caso, generalmente se sucedía una
competencia por los puestos Del gobierno de la ciudad entre la nueva compañía y las anteriores.

Las posibilidades del comercio exterior y las relaciones con la Corona.

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Se produjo, si, cierta infiltración en los estratos privilegiados a medida que en los propios
oficios se acumulaba capital, pero la posición monopolista del capital comercial en Inglaterra
difícilmente se debilitó con ello y tampoco sufrió retardo el incremento de su riqueza.
Con el crecimiento del mercado y en especial, del comercio exterior, el número de personas
dentro de los estratos privilegiados pudo crecer sin provocar una seria saturación.
El mercado interno se expandía por el crecimiento de las ciudades, la multiplicación de los
mercados y la penetración de la economía monetaria en los señoríos (trabajo asalariado, arriendo de
las reservas a cambio de rentas en dinero).
Pero fue el comercio exterior el que proporciono las mayores oportunidades y fortunas. Por
algún tiempo, comerciantes extranjeros se adueñaron de este campo, con privilegios especiales de
la Corona inglesa (mercaderes de la Hansa flamenca e italianas).
Fue imposible socavar la posición privilegiada de las corporaciones extranjeras mientras no
hubo comerciantes ingleses con fortuna suficiente para financiar los gastos del rey, en particular sus
guerras.
Hacia el final del siglo XIII y todavía más en el siglo XIV, la Corona empezó a contar con
ingresos recolectados mediante un impuesto a la exportación de lana y con empréstitos tomados de
los exportadores ingleses de ese producto; por su parte, los comerciantes ingleses, organizados en la
Compañía de Stafle, podían sacar ventajas de las necesidades de la realeza, trocando prestamos por
derechos de monopolio sobre el valioso comercio de exportación de la lana.
Más adelante se verá que exportar paño es mucho más lucrativo que exportar lana. Así se
compite con la Stafle de Brujas, es decir, con los paños flamencos, que justamente se hacían con la
lana que exportan comerciantes ingleses con derechos monopólicos (o sea. La Stafle de Brujas).
En esta nueva actividad de la exportación de paños, los iniciadores parecen haber sido los
sederos, que empezaron a establecer agentes en lugares como Brujas, Amberes y Bergen. En el siglo
XV gran número de ricos mercaderes provenientes de diversos lugares de Inglaterra constituyen la
“Compañía de Mercaderes Aventureros” y, al parecer, obtuvieron derechos exclusivos sobre el
comercio de paños entre Inglaterra y Holanda, Brabantes y Flandes. La guerra comercial entre los
comerciantes de paños y la Hansa fue prolongada y dura.
A medida que la Corona, en los siglos XV y XVI, apoyó cada vez más a los comerciantes
ingleses de paños, su posición en la competencia se fortaleció cada vez mas mientras que, al mismo
tiempo, caducaban los privilegios de los extranjeros en Inglaterra.
En 1614 se prohibió oficialmente la exportación de lana inglesa (lo que fue una concesión a
la industria textil), lo cual no solo afecto a los mercaderes extranjeros, sino también a los
comerciantes ingleses de la Stafle, que tuvieron que volcarse al mercado interno, donde obtienen el
monopolio.
Hacia mediados del siglo XVI, comerciantes británicos se habían aventurado lo bastante lejos,
tanto por el Mar del Norte como por el Mediterráneo, como para inaugurar unas cinco o seis nuevas
compañías generales, cada cual con privilegios en una zona nueva. En 1553 se fundó la Compañía de
Rusia, luego la Compañía de África, la Compañía del Este (Eastland-las tierras del Báltico, excepto
Rusia) que poco después de su fundación logró abrir una importante brecha en el monopolio de la
Hansa al obtener el derecho de tratar directamente con ciudades prusianas. Un año antes se había
fundado la Compañía de España. Se fusionan las Compañías de Turquía y Venecia y se funda la

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Compañía del Levante, etc. Quienes dominaban, entonces, estas redes de comercio a larga distancia
con la poderosa Compañía de Mercaderes Aventureros con su centro en Londres, los cuales evitaban
los intermediarios.

La serrata de los gremios.

Con el pasar del tiempo los requisitos de entrada a las compañías eran cada vez más estrictos.
Lo mismo ocurría con los gremios de artesanos. Hay una tendencia a convertir la posibilidad de llegar
a ser maestro y tener un taller propio en algo hereditario. Esto es para controlar la competencia.
Resultado de todo esto fue por ejemplo, una creciente tendencia, de la época de los Tudor,
a que los oficiales que no podían costearse la maestría trabajaran secretamente para evadir la
jurisdicción del gremio. Frente a esto los gremios agudizaban su control. A su vez, a los mercaderes
les convenían estos artesanos que competían con el gremio y vendían más barato.
Resultado de esto fue que hubiera un sector exclusivo de artesanos que combatían la
competencia lo cual les permitía acumular, y por otro lado, gran cantidad de dependientes
asalariados y jornaleros que no podían llegar a ser maestros y aunque fueron quizás miembros del
gremio no tenían participación ni eran protegidos por él. Todo lo contrario.
Así se fue constituyendo una nueva masa de asalariados. Pero la acumulación del capital
mercantil no se apoya todavía acá.

La nueva aristocracia y el retardamiento de las fuerzas capitalistas.

Un rasgo de esta nueva burguesía mercantil es la facilidad con la que esta clase estableció
compromisos con la sociedad feudal, una vez que hubo obtenido sus privilegios.
Hacia fines del siglo XVI esta nueva aristocracia, celosa de sus prerrogativas de reciente data,
se habían convertido en una fuerza conservadora, más que revolucionaria, y su influencia, junto con
la de las instituciones por ella promovidas –como las Compañías privilegiadas- retardaría el desarrollo
del capitalismo como modo de producción, en vez de acelerarlo.

CAP. 4. EL SURGIMIENTO DEL CAPITAL INDUSTRIAL.

El capital comercial y la transformación del modo de producción.

Marx, en sus notas de carácter histórico sobre el capital comercial, ha señalado que éste, en
su primera etapa, mantuvo una relación puramente externa con el modo de producción, que
permanecía independiente del capital y sin ser afectado por él; el comerciante era meramente “un
editor” (verleger), cuyo fin era obtener ganancias con las diferencias de precios entre distintas áreas
productivas.
Más tarde, sin embargo, el capital comercial comenzó a ligarse al modo de producción, en
parte a fin de explotarlo más efectivamente y, en parte, a fin de transformarlo para obtener mayores
ganancias y ponerlo al servicio de mercados más vastos.

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Este desarrollo, indico Marx, siguió dos vías principales: un sector de productores mismos
acumuló capital, se dedicó al comercio y luego empezó a organizar la producción sobre una base
capitalista; la segunda, un sector de la clase mercantil existente empezó a “apoderarse directamente
de la producción”; con ello “influyo históricamente como transición” pero, llegado el momento, “este
método se interpone en todas partes al verdadero régimen capitalista de producción y desaparece
al desarrollarse este”.
Los datos indican que para mediados del siglo XVI ya se estaba transformando el modo de
producción en Inglaterra, lo cual tiene que ver con los acontecimientos políticos del siglo XVII que
tienen todos los rasgos de revolución burguesa clásica.
Sin embargo, como sucede en los períodos de transición ambas vías se entrecruzan. Pero si
es clara una tendencia al creciente predominio del capital sobre la producción.
En un principio se ve al elemento mercantil someter al artesanado. Más tarde el elemento
artesanal ira logrando su independencia respecto de los mercaderes constituyéndose como nuevo
organismo privilegiado, en épocas de los Estuardo, el cual estaba bajo el control, a su vez, de una
pequeña oligarquía de capitalistas acomodados.
Más adelante irán apareciendo sociedades de acciones (debido a la creciente necesidad de
un capital inicial grande para poner a funcionar una empresa en un momento de innovaciones
técnicas) empezando a emplear obreros asalariados a escala considerable.

El capitalismo agrario.

En la agricultura en el siglo XVI también se estaban dando cambios, algunos mercaderes de


las ciudades invierten en la compra de señoríos, ya sea para especular, para arrendar y extraer rentas,
o invirtiendo capital en mejoras y poniendo a producir en forma de explotación capitalista y con
obreros asalariados, como pasaba con la tierra de pastoreo.
Es la época de los primeros cercamientos, cuyas víctimas fueron los cultivadores pequeños
que quedaban desposeídos pasando a engrosar las filas del proletariado o semiproletariado rural.
También es la época del cultivo campesino independiente por parte de terrazgueros que
arrendaban, por fuera de un sistema de campos abiertos. Dentro de este sector se desarrolla un
sector de campesinos más ricos o yeomen, que a medida que prosperaban iban arrendando o incluso
comprando mas lotes, que practicaban la usura, y más tarde se convirtieron en grandes arrendatarios
que explotaban su tierra mediante trabajadores asalariados. Estos yeomen parecen haber sido los
promotores de los nuevos métodos de cultivo.
Tenemos entonces dos tendencias, la primera es la del nacimiento de una clase capitalista
de entre las filas de los productores mismos (yeomen), que en no pequeña medida contribuyeron los
rápidos cambios de precios del siglo XVI, con la depresión de los salarios reales y la “inflación de
ganancias” consiguientes, además de la usura.
La segunda tendencia, la penetración en la producción desde afuera, por parte del capital
comercial, muy posiblemente fue promovida por una competencia cada vez mayor en los mercados
existentes, provocado por un incremento de las riquezas y del número de miembros de la burguesía
comercial, lo que tendió a reducir las oportunidades de lograr ganancias puramente especulativas y
a engendrar un mayor acercamiento a los “mercados perfectos” de un período posterior.

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La incidencia del mercader y el capital en el proceso productivo: el cambio en el modo de producción.

Sin embargo, esto no parece ser todavía la situación en el comercio externo. En el mercado
interno es diferente, manejado por nuevos comerciantes, marginados por los antiguos del comercio
de exportación.
Los grandes mercaderes exportadores se esforzaban por mantener su privilegio y monopolio,
en esto se basaba su beneficio, en el mercado interno lo conveniente era mantener alta la oferta
respecto a la demanda, para abaratar los costos del suministro de lana.
La idea de la corporación era justamente crear un exceso de oferta en el mercado de compra
y un exceso de demanda en el mercado de venta.
La forma principal que asumieron estos intentos de abaratar el suministro, fue el
establecimiento de una relación particular de dependencia entre una clientela exclusiva de
artesanos, y un mercader-patrono que les “encargaba” trabajos para su realización. La oferta podía
abaratarse bajando la remuneración del artesano y mejorando la organización del trabajo.
Cuando este control hubo alcanzado cierto punto, empezó a alterar el carácter de la
producción misma: “el mercader fabricante ya no se basaba, simplemente en el régimen existente
de producción, redoblando la presión económica sobre los productores, sino que, al cambiar el
régimen de producción crecía su productividad intrínseca. Aquí es donde aparece el cambio
cualitativo real”.
Esto se liga al surgimiento de entre las filas de los productores mismos, de un elemento
capitalista, mitad fabricante, mitad comerciante, que empezó a subordinarse y a organizar aquellos
estratos desde los que tan recientemente se había elevado.

La primera etapa de la transición: la Industria Rural a Domicilio y la oposición gremial.

La primera etapa de esta transición (la del vuelco del capital comercial a un control cada vez
mayor de la producción: el mercader- patrono) parece haber transcurrido durante el siglo XVI en las
industrias textiles, del cuero y pequeña metalurgia.
Era necesario acabar con las restricciones de los gremios, por lo que se establecen artesanos
en los suburbios y el campo, por lo cual hay grandes disputas con los gremios.
En esta etapa, hubo pocos cambios en los métodos de producción y todavía menos en la
técnica productiva. El papel progresivo del mercader-fabricante se circunscribió aquí a extender la
producción artesanal y derribar las barreras levantadas por el monopolio urbano tradicional.
Así es que va surgiendo la INDUSTRIA RURAL A DOMICILIO, a pesar del combate de los
gremios que a su vez presionaban para la promulgación de leyes que prohibieron la producción
artesanal por fuera del ámbito urbano y el gremio.
La prueba más clara de que existió un movimiento general al sometimiento de los artesanos
a un movimiento mercantil lo proporciona el desarrollo de las doce grandes Livery Companies de
Londres, compuestas desde un principio, o algunas con posterioridad, exclusivamente por
comerciantes, en especial mayoristas y exportadores. Mientras una oligarquía mercantil controlaba
las Livery Companies, estos, a su vez, controlaban el gobierno municipal de Londres.

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Las Guildas de estas Compañías a la vez incentivaban y organizaban la industria rural en el


campo, con lo cual entraban en conflicto con los fabricantes y comerciantes de paños en ciudades de
provincias.
En esta rivalidad entre provincias y metrópolis, o seria entre gran y pequeño capital, los Tudor
y los Estuardo se mostraban más cercanos a la influencia restrictiva de los gremios. Por lo cual en el
decenio de 1620 se enfrentaron a los Estuardo los poderosos intereses comerciales.
Pero hacia mediados del siglo XVII, un sector de los propios oficios paso a tener interés en
extender la industria y eludir las tradicionales restricciones gremiales.

La clase del mercader-patrono al interior de los gremios mismos.

Para el siglo XVII se asiste entonces a los primeros pasos de un notable desplazamiento del
centro de gravedad: el predominio, cada vez mayor, de una clase de mercader-patronos, surgida de
entre las filas de los propios artesanos, de entre los yeomen y de las grandes compañías.
Comienza entonces una enorme disputa. Este nuevo elemento, el mercader-patrono salido
de las filas del artesanado, luchara por tener participación en el gobierno de la compañía (manejado
enteramente por el elemento mercantil) o de lo contrario intentar formar su propia compañía
independiente.
Este es el origen de las nuevas organizaciones surgidas durante los Estuardo, que
rápidamente caían bajo la dependencia de un elemento capitalista nacido de ellos. De modo que las
organizaciones (gremios) constituidas para defender al pequeño maestro contra determinado tipo
de capitalistas, se convirtieron en el instrumento de su sujeción a otro tipo.
Estos nuevos patronos, artesanos enriquecidos, dominaban y controlaban al resto del
artesanado. A su vez intentaban multiplicar el número de artesanos que ellos podían emplear
(violando las regulaciones tradicionales de aprendizaje). Frente a esto, los artesanos más pequeños
parecen haber hecho causa común con las Livery (quienes estaban al frente de las Compañías,
dedicadas exclusivamente al comercio de exportación).

Las industrias y los avances técnicos.

Por esta época aun no estaban dadas las condiciones y la tecnología para que la producción
manufacturera localizada en una fábrica fuese más redituable que la Industria Rural a Domicilio.
Exceptuando bastones y tintorerías, la producción fabril de artículos textiles siguió siendo
excepcional hasta la segunda mitad del siglo XVIII. Sin embargo, los casos que encontramos son
significativos, en cuanto indicios de la existencia de capitalistas de considerable envergadura,
deseosas de invertir en la industria, asi como de los comienzos de un proletariado industrial.
En cierto número de industrias, ya los adelantos técnicos habían alcanzado un grado
suficiente de desarrollo para dar base a la producción de tipo fabril. Por ejemplo, la minería, donde
aparecen bombas para desagitar.
Aparecen también altos hornos y molineros cortadores, etc. todo esto requería grandes
inversiones. A su vez esto permitía emplear gran cantidad de obreros.

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A pesar de los avances en la técnica que posibilitarán grandes transformaciones a futuro,


aquí aún sigue teniendo más peso la producción bajo el sistema doméstico. Pero además aquellos
casos, como se verá, en buena parte estuvieron capitaneados por aristócratas, cuyas actividades
fomentaba la Corona mediante concesión de privilegios especiales.
Hay que tener en cuenta que estos talleres fabriles son mas una “manufactura” que otra
cosa; es decir, el trabajo se realiza mediante herramientas por lo que siguen siendo artesanales.
La condición del artesano en el régimen de industria domestica es la de estar subordinando
al capital, al elemento mercantil-fabricante. Así la condición social del artesano empezaba ya a
aproximarse a la de un simple asalariado, y en este sentido el sistema se encontraba mucho más
cerca de la “manufactura” que de las viejas artesanías urbanas, aunque en el proceso productivo
todas estas se asimilaron diferenciándose de la producción fabril de la Revolución Industrial.
Pero la relación que subordina ahora la producción al capital debe considerarse la línea
esencial de separación entre el viejo modo de producción y el nuevo, aun cuando los cambios
técnicos asociados a la revolución industrial necesitaban completar la transición.
La industria domestica se convierte ahora en una prolongación de la fabricas. A veces, en
especial en el siglo XVIII encontramos que un fabricante capitalista de paños emplea,
simultáneamente, obreros en sus hogares y obreros reunidos con telares instalados por él en un
único lugar de trabajo.

La hegemonía del capital sobre la industria, la dependencia del artesano y la resistencia del mediano
propietario.

La industria domestica capitalista, además, no solo allanó el camino a un apreciable cambio


en el proceso de producción, sino que ella misma lo realizó; la hegemonía cada vez mayor del capital
sobre la industria en este periodo, por lo demás, estuvo muy lejos de constituir meramente un
crecimiento parasitario.
Sucesivas etapas de producción se encontraban organizadas como una unidad más intima
con el resultado de que, no solo se extendió la división del trabajo entre etapas sucesivas de
producción, o entre obreros dedicados a fabricar elementos que debían reunirse en un producto
terminado, sino que se ahorró tiempo en el traspaso de materias primas de una a otra etapa, con lo
que podía obtenerse un proceso más equilibrado. La “manufactura” también permitía un mayor
control de los trabajadores.
La “manufactura” crea una de las condiciones “materiales” para el empleo de maquinaria,
que no es más que una combinación de instrumentos simples, mediante la división del trabajo.
Luego va a aparecer el telar, o maquinaria de tejido. Estas eran muy caras, por lo que eran
los capitalistas los que podían comprarla, y las arrendaban a los trabajadores. Así, el tema del capital
fijo fue lo que llevo a que el trabajador quedara bajo el poder del capitalista (como el caso de la
industria ferrifera).
En otros casos el capital fijo aun no era importante, por lo que la industria domiciliaria pasará
bajo el control del capital debido a la dificultad del artesano para adquirir sus materias primas y el
costo de estas.

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Sin embargo esto es secundario para explicar la situación de dependencia del artesano. Más
bien era la situación de pobreza de un artesano lo que lo llevaba a ser dependiente.
En este punto quizás sea válido afirmar que la posesión de tierra fue la base de esa
independencia que retuvo al artesano domestico durante este primer periodo de la producción
capitalista, de este modo podía ser independiente del crédito y el favor de un mercader comprador,
podía escoger cliente, así como el momento de venta, y esperar, si con ello tenía la oportunidad de
obtener un precio mejor.
Parece probable que precisamente el artesanado pobre y su consiguiente necesidad de
créditos, alentaron la creciente tendencia a que los telares cayeran en manos de los capitalistas: el
artesano, sin duda, empeñaba el telar a su patrono en la primera oportunidad, como garantía de un
adelanto de dinero.
La industria doméstica, así como su incompleta sujeción al capital, conservaron sus
fundamentos mientras resistió la porfiada independencia de una clase de campesinos
independientes arrendatarios, de medianos recursos.
De este modo, la pequeña propiedad de la tierra y la pequeña propiedad de los medios de
producción en la industria, marcharon juntas. Solo cuando la concentración de la propiedad
terrateniente hubo progresado lo bastante para sellar la muerte de la clase de los yeomen, cayeron
los cimientos de la industria domestica.

El surgimiento anterior del capital comercial y la producción capitalista en el continente.

En los Países Bajos y en ciertas ciudades italianas, estos desarrollos de la producción


capitalista que encontramos en la Inglaterra de Isabel y de los Estuardo pueden describirse, ya
cumplidos, en fecha muy anterior.
Esta temprana aparición del capitalismo se ligó, sin duda, al precoz surgimiento en ciudades
flamencas (siglo XII e incluso antes) de una clase de hombres miserables, mano de obra barata.
Hacía el 1200 los gremios, en muchos casos, se habían convertido en corporaciones
exclusivas de los mercaderes ricos, quienes monopolizaban el comercio mayorista. Los artesanos que
dependían del comercio extranjero, terminaban dependiendo del capitalista. El resultado fue la
aparición de un sistema de “encargos” muy difundido, organizado por capitalistas que entregaban
trabajo a domicilio a artesanos dependientes.

El ascenso del patriciado en Flandes y los Países Bajos: la Hansa, su apogeo y decadencia.

El ascenso de esta nueva fuerza, el capital comercial, sectores del cual empezaba a volcarse
a la producción aun en fecha tan temprana, tuvo importantes consecuencias para el gobierno
municipal de las principales ciudades flamencas.
Pronto se manifestaron dos tendencias ligadas entre sí. El poder político, en las principales
ciudades, pasó a manos de la clase de burgueses más ricos, que vino a darse el nombre de
“patriciado”. Los funcionarios municipales llamados echevins, cuyo papel era supervisar los oficios,
regular los salarios y controlar el mercado urbano, fueron ahora designados por este patriciado entre
sus miembros, en vez de ser elegidos por todo el cuerpo burgués.

94
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Al mismo tiempo, el patriciado de diversas ciudades de los Países Bajos llegó a recíprocos
acuerdos, y formaron una Hansa12. Los gobiernos municipales empiezan a dictar regulaciones que
favorecían a la Hansa. Los artesanos se vieron obligados a tratar solo con los mercaderes de la Hansa.
El localismo urbano más antiguo había cedido ante la influencia de una organización de clase que
ejercitaba un monopolio del comercio mayorista.
Pero no en todas las ciudades el poder pasó de modo tan completo a esta oligarquía
burguesa. En algunas siguió prevaleciendo en la clase feudal. En ambos casos, se produjo una alianza
social a la vez que política, entre los familiares feudales y los burgueses más ricos.
Pero ya en el siglo XIII hay levantamientos de los oficios contra los grandes capitalistas,
muchas de las cuales parecen haber sido fomentadas por la Iglesia y por sectores de la nobleza feudal.
En esta etapa el patriciado lograba mantener su predominio con ayuda de una severa represión. “La
Hansa de las diecisiete ciudades... parece haber perdido todo otro objetivo, excepto promover los
intereses del gobierno patricio contra los reclamos de los obreros”.
Pero a comienzos del siglo XIV, la lucha armada estallo de nuevo, Felipe El Hermoso apoyaba
al patriciado, y los artesanos acudieron al Conde de Flandes, lo que le dio el carácter de guerra
nacional entre Francia y Flandes. La guerra estalló en 1302 con un levantamiento general y terminó
en 1320 con una victoria flamenca. El resultado fue una reafirmación de los derechos de los oficios
en el gobierno municipal y el retorno a las regulaciones gremiales y el localismo urbano, lo que
conllevo el retroceso de la producción capitalista.
La Hansa fue privada de su exclusivo monopolio y algunos artesanos (los más ricos)
obtuvieron el derecho de dedicarse al comercio mayorista.
Sin embargo, en el siglo XV, una alianza de los grandes capitalistas con los príncipes y la
nobleza en Flandes, bajo la jefatura de Felipe el Bueno de Borgoña (alianza que suscito armonía
comercial de las ciudades), procedió a someter la autonomía de las ciudades a una administración
centralizada. Varias ciudades opusieron resistencia a esta usurpación de sus derechos. Pero
finalmente fueron vencidas, así le paso a Lieja, Brujas, etc.
En lo sucesivo, el control de la administración urbana fue compartido por los funcionarios del
príncipe; el gobierno central participó en la designación de los magistrados municipales; se estableció
un derecho de apelación contra la autoridad municipal ante un tribunal nacional, se destruyó el
dominio urbano sobre poblaciones y aldeas vecinas, aboliéndose los privilegios especiales de escala.

La reestructuración del poder burgués.

12
La Liga Hanseática, del alemán Hansa, es decir “guilda”, fue una federación comercial y defensiva
de ciudades del norte de Alemania y de comunidades de comerciantes alemanes en el mar Báltico,
los Países Bajos, Suecia, Polonia y Rusia, así como regiones que ahora se encuentran en las repúblicas
bálticas. El desarrollo de la cooperación comercial vino como consecuencia de la fragmentación
política y territorial que creaba inseguridad e inestabilidad comercial. La Liga Hanseática emergió
como un conjunto de acuerdos de cooperación y confederación para colaborar en las rutas marítimas
hacia Occidente y Oriente. La dirección central recayó en Lübeck, reuniéndose allí la primera Dieta
en 1356 y adquiriendo la Liga una estructura oficial en lo que se considera como su fecha de
fundación.

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Con ello se despejo el escenario para una nueva dominación del patriciado burgués,
favorable a un desarrollo al menos parcial de la producción capitalista, aun cuando el sometimiento
de los gremios y del localismo urbano se había comprado al precio de una alianza del capital comercial
con los restos del poder feudal.
Tanto nacional como localmente, la “rica clase de mercaderes proveía el personal de la
administración y sesionaba en las asambleas del Estado”. Como resultado de estas nuevas
condiciones se produjo un impresionante resurgimiento de la industria rural, en especial bajo la
forma de manufactura”.

El caso de Italia: la alianza entre la aristocracia mercantil y la nobleza feudal.

La situación de las ciudades de Italia del norte, así como de algunas de la Renania, no parece
haber sido muy diferente; con una particularidad: en Italia, príncipes feudales y, en particular, la
Iglesia, tenían suficiente poder para impedir que las repúblicas burguesas alcanzaran, alguna vez, otra
cosa que autonomía condicionada, y también, para lograr que, aun dentro de las repúblicas, la
oligarquía mercantil compartiera el poder, por lo general, con las familias feudales más antiguas,
propietarias de tierra, que ejercitaban ciertos derechos tradicionales en la ciudad o sus contornos.
Para 1338, en Florencia existían hasta 200 talleres dedicados a la fabricación de paños que
empleaban un total de 30.000 obreros. Sin embargo, en general para quienes disponían de capital,
resultaba más lucrativo dedicarse al comercio de exportación o arrendar las rentas papales y
conceder préstamos hipotecarios sobre las tierras de los príncipes que dedicarse a la producción.
Al igual que en Flandes, el predominio de la oligarquía mercantil fue resistido. El siglo XIV
asistió a cierto número de levantamientos democráticos de artesanos y gremios menores; y durante
algún periodo prevaleció un régimen más democrático en ciertas ciudades. Pero, por regla general,
sin embargo, la firme alianza de la aristocracia mercantil y bancaria de las ciudades con la nobleza
feudal, resulto demasiado sólida para el movimiento democrático.
En cuanto a las ciudades donde todavía persistía el monopolio urbano, lo que más tarde
parece haber doblegado este monopolio en aquellas ciudades donde todavía persistía, no fue el
surgimiento de una clase capitalista interesada en el comercio interregional y la promoción de una
industria rural dependiente, sino el poderío de los príncipes y de la nobleza rural, los que aseguraron
el derecho de la campaña a comprar y vender donde quisiera, empleando su influencia para privar a
las ciudades de muchos de sus derechos de escala.
El régimen gremial conservó su vigencia dentro de los límites de la ciudad, pero no sobre un
hinterland rural, por lo cual la prosperidad de muchas de estas ciudades decayó, pero sin que una
industria rural vigorosa pasara a ocupar su lugar.

El desarrollo francés.

Si bien en la mayoría de las ciudades de Francia algo que pudiera denominarse producción
capitalista probablemente surgió mucho después que en Flandes y en Italia del Norte, el posterior
desarrollo del nuevo orden económico siguió, aquí, más de cerca al modelo ingles que en otras partes
de Europa continental.

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Todas las industrias nuevas son industrias centralizadas que reclutaban sus numerosos
obreros entre el ejército de desocupados, en continuo crecimiento.
En el siglo XVII, el siglo de las regulaciones de Colbert, encontramos al mismo tiempo un muy
desarrollado sistema de industria dependiente organizada por mercaderes fabricantes, y también,
manufacturas capitalistas que empleaban considerables capitales y a veces centenares de
asalariados. La “espantosa miseria” de este periodo desemboco en estallidos intermitentes de
revueltas e insurrecciones en Paris, Lyón y Normandía.

El retardamiento de las fuerzas productivas en el continente.

En el caso de Italia, Alemania y los Países Bajos (y en menor medida Francia), lo notable no
es tanto la fecha temprana –en comparación con Inglaterra- en que apareció la producción
capitalista, cuanto que el nuevo sistema no logró crecer mucho más allá de su precoz adolescencia.
Pareciera como si el éxito y la madurez misma del capital mercantil y usurero en estos ricos centros
de comercio de gran escala de Europa continental, en vez de fomentar la inversión en el proceso
productivo, la hubiesen retardado.
Por lo menos, es claro que un pleno desarrollo del capital comercial y financiero no es, por
si, garantía de que la producción capitalista se desarrollara a su sombra, así como que, aun cuando
ciertos sectores de capital comercial se hayan volcado a la industria, empezando a dominar el modo
de producción y transformándolo al mismo tiempo, ello no necesariamente implica un total cambio.
Considerada a la luz de un estudio comparativo del desarrollo capitalista, la tesis de Marx de
que, en esta etapa, el ascenso de una clase de capitalistas industriales surgida de las filas de los
propios productores es condición de toda transformación revolucionaria de la producción, empieza
a adquirir una importancia decisiva.

Los prerrequisitos para el crecimiento de la producción capitalista: el quebrantamiento del localismo


urbano y de los monopolios.

Resulta evidente que el quebrantamiento del localismo urbano y de los monopolios de los
gremios de artesanos constituye un prerrequisito del crecimiento de la producción capitalista, sea
bajo su forma manufacturera o bajo su forma doméstica. Y en esto se empeñan, precisamente
aquellos sectores del capital comercial que han empezado a controlar la industria. Pero hay un
segundo esencial prerrequisito: la necesidad, para el propio capital industrial, de emanciparse de los
restrictivos monopolios en que el capital comercial está ya atrincherado en la esfera del comercio.
Sin este segundo prerrequisito, quedara poco espacio para un ensanchamiento considerable
de la inversión industrial, y las ganancias que proporciona la inversión en la industria y, por lo tanto,
la posibilidad de una acumulación de capital específicamente industrial, con toda probabilidad serán
escasos, al menos por contraposición a los réditos que arrojan las actividades exportadoras,
cuidadosamente monopolizadas.
Por esta razón, precisamente, cobran tal importancia las luchas políticas de este periodo, a
la par que resultan tan complejas y cambiantes los alineamientos sociales que forman la base de
estas luchas.

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Quizás debiéramos un tercer prerrequisito, como digno de mencionar junto a los otros dos.
Probablemente es necesario, también, que existan condiciones que favorezcan –y no obstruyan- la
inversión de capital en la agricultura: no en el mero sentido de la hipoteca de tierras pertenecientes
a destacados dignatarios feudales o de la compra de un registro de rentas de terrazgueros, sino en
cuanto al desarrollo de una real explotación agraria capitalista junto a las formas de “acumulación
originaria” que han sido por lo general, su acompañamiento (lo que contribuye a la creación de un
proletariado rural y la formación a su vez de un mercado interno).
Había similitudes entre la monarquía de los Tudor y la de Felipe el Bueno de los Países Bajos
luego del sometimiento de la autonomía municipal a una administración nacional. Pero quedaban
importantes diferencias entre ambos: si bien las filas de las viejas familias nobles de Inglaterra
quedaron relegadas y la aristocracia se reclutó en buena parte entre plebeyos nouveaux miches, las
tradiciones e intereses de una aristocracia feudal continuaron dominando grandes sectores del país
así como la dirección del Estado, cuyas medidas mostraron particular inclinación por la estabilidad
del viejo orden.
Al mismo tiempo, la propiedad terrateniente pasaba, en buena parte, a manos de una clase
de ricos comerciantes: clase que, en lo esencial, debía su posición a los privilegios de que gozaba por
la partición de las pocas y exclusivas compañías que detentaban el monopolio sobre ciertas esferas
del comercio exterior.
De su apoyo tanto financiero como político había pasado a depender la nueva monarquía
que, en ocasiones, suscribió acciones en la más rentable de sus empresas comerciales. A cambio,
esta alta burguesía recibió de manos de la realeza títulos y cargos que le proporcionaron un lugar en
la Corte donde, por esa época, residía el centro del poder político real.
Aquí estos grandes mercaderes de las grandes compañías no necesitaban inmediatamente
confrontarse con las bases del monopolio urbano, como si paso en los Países Bajos entre los oficios
y Hansa interurbana.

La disputa por los monopolios: intereses contrapuestos.

El ataque a las restricciones de los gremios de artesanos y al poder económico de los poderes
municipales provino de aquella generación más nueva de mercaderes capitalistas que comenzaban
a desarrollar la industria doméstica. Estos mismos, por no ser admitidos en las privilegiadas
compañías exportadoras, entraron en un agudo conflicto con los monopolios comerciales que
restringían su mercado y deprimían el precio al que podían vender sus productos. Este antagonismo
estuvo particularmente marcado entre comerciantes y mercaderes fabricantes de provincias y
mercaderes exportadores de Londres.
En general la monarquía favorecía a estos grandes comerciantes de Londres. Poco o nada se
hizo para favorecer a los demás mercaderes, a pesar de sus propuestas. Por otro lado, en la disputa
entre gobiernos municipales y nueva industria, el Estado tendió a apoyar a los gobiernos municipales
y por tanto el viejo orden. Entonces el Estado estaba en contra de la nueva industria, así como de los
cercamientos en esta etapa, en el sentido de que la mano de obra fuera a parar a las fincas de la
nobleza rural únicamente.

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Los gérmenes de un movimiento en favor del libre comercio, según esto, se encontraban
entre los intereses inmediatos de los terratenientes que practicaban cercamientos, de comerciantes
y de fabricantes de paños de provincias, así como de aquellos miembros de las Livery Companies de
Londres vinculados a la industria rural.
Aquí no debe haber malentendidos. El libre comercio buscado era condicional y limitado, no
concebido como un principio general, a la manera del siglo XIX, sino como propuestas ad hoc,
destinada a eliminar ciertas restricciones específicas que perjudicaban a los “quejosos”.
Pero la antipatía por determinadas restricciones se transformo en un movimiento general
contra el monopolio, por la costumbre de los Estuardo de vender monopolios para la iniciación de
nuevas industrias.
Es claro que el principal objetivo de estas concesiones era fiscal. Estos monopolios favorecían
a la gente de la Corte o cercanas. En general este sistema de monopolios era paralizante y restrictivo,
tanto por la exclusividad de los derechos de patente concedidos como por el estrecho círculo a que
ellos se circunscribían comúnmente.
¿Quiénes estaban en contra de este estado de las cosas? Quienes tenían intereses en las
industrias más nuevas, o los artesanos más acaudalados que querían establecerse como inversores y
patronos.
En fin, el sistema de patentes de los Estuardo beneficiaba en definitiva a promotores nobles
que gozaban de riqueza y de influencia. Intereses burgueses de provincias resultaron especialmente
agobiados por esta política de los Estuardo –conceder privilegios a corporaciones exclusivas,
reducidas y autorizadas a controlar una industria en todo el país en interés de un pequeño círculo de
la metrópolis. El círculo de intereses perjudicados era vasto. Además, estos monopolios hacían que
los precios de los productos subieran, incluso hasta los intereses de algunas de las grandes compañías
comerciales de Londres resultaron afectadas por el sistema.

Las disputas parlamentarias y el estallido revolucionario en relación a la disputa comercial.

La oposición a los monopolios libró sus primeras batallas parlamentarias en 1601 y de nuevo
en 1604, al introducirse un proyecto que abolía todo privilegio sobre el comercio exterior. Se señaló
en qué medida el régimen existente favorecía a Londres, hundiendo en la miseria a los demás puertos
comerciales; se propuso, además, que las compañías para el comercio exterior estuvieran abiertas a
cualquier persona, sin distinción. Luego de esporádicas escaramuzas, la oposición volvió al ataque en
1624 con el Acta General antimonopolio, pero tuvo poco éxito.
PUEDE DECIRSE QUE ESTA LUCHA DEL PARLAMENTO CONTRA PRIVILEGIOS Y MONOPOLIOS
CONCEBIDOS POR LA REALEZA –a la vez que el rechazo del derecho de imponer arbitrariamente
cárcel o impuestos-, CONSTITUYEN EL MOTIVO CENTRAL DEL ESTALLIDO REVOLUCIONARIO DEL
SIGLO XVII.
Al comienzo del Parlamento largo, según parece, hasta los miembros de las compañías
comerciales de Londres se inclinaron por el partido parlamentario. En 1641 un realista es elegido
Lord Mayor. Pero el concejo de los Comunes era partidario del Parlamento, casi en su totalidad.
Incluso, hasta algunos miembros de las grandes compañías, por distintas razones, entre los

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partidarios de Cromwell, obviamente en el ala más de derecha dentro del campo parlamentario, por
lo mismo estos no estaban muy de acuerdo con una ruptura con la Corona.
Pero si bien Londres, con su comercio y sus industrias, constituía el principal baluarte de la
revolución, fueron las provincias las que prestaron gran parte del apoyo de masas para la revolución;
y precisamente, la rivalidad entre intereses industriales o semi industriales de provincias y el capital
comercial –más privilegiados- de la metrópolis, que ya vimos, sin duda fue factor importante en el
antagonismo que empezó a agudizarse a mediados del decenio de 1640 entre presbiterianos e
independientes. La división del país entre los partidarios del Rey y del Parlamento, siguió muy de
cerca líneas económicas y sociales, obviamente.
En términos generales parece correcto afirmar que aquellos sectores de la burguesía que
tenían raíces en la industria, ya fueran fabricantes de paños de provincias o mercaderes de una Livery
Company de Londres que emplearon su capital en reorganizar la industria rural, fueron activos
partidarios de la causa parlamentaria (en texto Pág. 205-206 figuran las facciones realistas y las
parlamentarias).
Pero el ejército cromwelliano y los independientes, que constituían la fuerza motriz de la
revolución, reclutaron su poderío principal en los centros fabriles de las provincias y, como es sabido,
en sectores de la nobleza rural y en el tipo de campesinado independiente arrendatario (yeomen)
mediano y pequeño, que preponderaba en el Este y Sudeste. Tras Cromwell se alienan las masas
trabajadoras artesanas, aprendices, terrazgueros y campesinos, con sus peligrosas tendencias
“niveladoras”. Además, estaba el tema del puritanismo.
La cuestión de la tierra desempeño un papel muy importante, aunque solo fuera como
trasfondo, en los desacuerdos internos de la causa parlamentaria, y quizás haya sido esto la principal
causa del compromiso eventual que represento la restauración.

La revolución del siglo XVII: alcances y limitaciones.

Así, en Inglaterra se manifestó, con notable claridad, ese rasgo contradictorio que se
encuentra en toda revolución burguesa: esa revolución requiere por cierto el empuje de sus
elementos más radicales para llevar hasta el fin su misión emancipadora; pero el movimiento está
destinado a dejar grandes sectores de la burguesía tan pronto como aparecen estos elementos
radicales, precisamente porque ellos representan a los humildes o los desposeídos, cuyas
pretensiones cuestionan los derechos de la gran propiedad.
La revolución del siglo XVII introdujo cierto número de cambios que revestían sustancial
importancia para el desarrollo del capitalismo, y que la restauración no fue capaz de revertir.
Por ejemplo, los privilegios de las compañías monopolistas fueron grandemente reducidas, y
hay ciertos indicios de que el resultado final de este debilitamiento de los monopolios fueron una
extensión del comercio y una baja en los precios de exportación y de los beneficios de las compañías
dedicadas al comercio exterior.
Otra cuestión es que con la restauración la Corona no pudo recuperar su perdido instrumento
de poder ejecutivo independiente. La Corte se encontraba subordinada al Parlamento.
Los comunes habían reforzado su control sobre las finanzas. El campo de la actividad
industrial ya no fue obstaculizado por concesiones de monopolio de parte de la realeza y, exceptuada

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

la Compañía de las Indias Orientales, los privilegios exclusivos de las compañías de comercio exterior
habían disminuido. Comenzaba en su lugar a predominar el novedoso tipo de compañías por
acciones, en que el capital era el Rey.

5) Importancia de la protoindustria como forma transicional en Inglaterra.


Transformación de las relaciones de producción y génesis de la
protoindustria.
El productor separado de sus medios de producción (Verlagssystem) y
embrionaria organización de la producción manufacturera por el capital.
Desarrollo de las fuerzas productivas: estructura demográfica y economía de
la familia protoindustrial.

KRIEDTE, P., MEDICK, SCHLUMBOHM, J., Industrialización antes de la industrialización: la


producción manufacturera de mercancías en las zonas rurales durante el período de
formación del capitalismo.

Conceptualizando la protoindustria.

Primero es necesario abordar la conceptualización de la protoindustria, que es,


esencialmente, la industria doméstica.
La nueva escuela alemana, por ejemplo, en su intento de convertir el concepto de industria
doméstica en una categoría histórica, la interpretó como un estado transitorio entre la artesanía y la
fábrica y, por lo tanto, como un peldaño intermedio entre la fábrica propiamente dicha y la
producción artesanal.
Gracias a los trabajos de Schmoller y Bucher se reinterpretó, y se consideró que la industria
domestica tiene formas sociales y de organizaciones específicas que la caracterizan como una forma
típica de empresa. Por ejemplo, la interacción de dos clases sociales, basada en una relación
estrictamente desigual, en la cual el proceso de producción - constituido principalmente por
industrias domésticas y explotaciones familiares - estaba organizado y dominado por comerciantes y
por verlegers13 .
Fueron los historiadores norteamericanos Mendels y Tilly quienes recogieron las nuevas
tendencias de fines de los setenta, y no solo acuñaron el término de “protoindustrialización”, sino
que además crearon una nueva concepción general que permite pensarlo como un proceso
económico integral.

13
Verleger es el mercader-empresario.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

¿Qué es la protoindustrialización? Puede pensarse a la protoindustria como “la


industrialización previa a la industrialización” y definirse como el desarrollo de aquellas pequeñas
regiones rurales en la que la mayoría de la población vivía completamente, o en gran parte, de la
producción manufacturera masiva dirigida a los mercados interregionales o internacionales.
Considerando toda la época, forma parte del proceso de transformación que afectó en
Europa a las sociedades agrarias sometidas al sistema feudal, empujándolas hacia el capitalismo
industrial.
En un análisis más detallado puede verse que la protoindustrialización solo podía
establecerse allí donde el sistema feudal se había debilitado, o había iniciado ya un proceso de
desintegración.
Los representantes de la nueva escuela histórica estaban de acuerdo en que la industria
domestica había tenido una importancia básica para el desarrollo económico, sobre todo a principios
de la Edad Moderna. Según Schmoller, la industria domestica, como forma peculiar de empresa,
constituye desde el siglo XIV al XVIII el modo de producción dominante para el abastecimiento de los
grandes mercados.

Génesis, contexto agrario y situación del mercado internacional.

La división del trabajo: producción agrícola y manufacturera entre el campo y la ciudad.

Durante la Edad Media surge una división del trabajo mediatizada por el mercado, donde al
campo se le adjudicaba la producción agrícola y a la ciudad la producción manufacturera. Esto estaba
sujeto a que se habían dado dos condiciones previas: tenía que darse un excedente agrario con el
que poder alimentar a la población no empleada en el sector primario, y a la vez tenía que producirse
un crecimiento demográfico suficiente para el desarrollo de las ciudades nacientes. Ambas
condiciones están funcionalmente relacionadas.
Sin embargo, la división del trabajo, que de este modo se produjo entre el campo y la ciudad,
tuvo un alcance limitado. Para la economía campesina el principio de mercado continuó siendo
periférico. Esta economía producía principalmente valores de uso y no valores de cambio. Gran parte
de sus necesidades materiales y no solo las correspondientes a productos básicos de alimentación,
estaban cubiertas por la producción de la propia economía doméstica.

El freno al desarrollo de las fuerzas productivas.

El autor plantea que donde se mantenía esta división del trabajo era un freno a la continuidad
del desarrollo de las fuerzas productivas.
La economía campesina sólo podía presentar una demanda relativamente importante en el
mercado después de haberse abierto a la especialización en la oferta de productos agrarios o de
manufactura domestica rural.
Pero esta nueva etapa de la división social del trabajo sólo podía lograrse eliminando la
privilegiada posición de la ciudad en el proceso general económico de producción e intercambio,

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

creando paralelamente centros rurales de producción manufacturera y mercados de abastecimiento


local.
Este proceso había comenzado en la economía simple de mercado de la Alta Edad Media y
había ido fortaleciéndose alimentado por la existencia de un capital mercantil.
O sea, la protoindustria va a nacer en el mundo rural no en las ciudades, y la aparición de una
producción manufacturera en el mundo rural debe su génesis al propio desarrollo del contexto
agrario.

Factores de influencia en el sector agrario: el paro estacional, la necesidad de ingresos


complementarios y el desajuste demográfico.

La vinculación del cultivo agrícola al ritmo de las estaciones está relacionada con fuertes
fluctuaciones en la demanda de trabajo. En una economía agraria dependiente de trabajadores
asalariados, el desempleo se manifiesta abiertamente en las épocas del año de menor intensidad de
trabajo. El paro estacional fue un requisito para el desarrollo de la manufactura en el campo.
La situación económica de la familia campesina dependía fundamentalmente de la extensión
y calidad de sus tierras, lo que determinaba también la necesidad de buscar una ocupación
complementaria. En las comarcas donde el rendimiento del suelo era escaso, los campesinos se veían
obligados a buscar otros ingresos adicionales.
En los siglos XVII y XVIII se da un incremento de la población que compensa las pérdidas de
la Edad Media y a su vez produce un desarrollo económico. No obstante, este crecimiento no pudo
seguir el ritmo del crecimiento demográfico, ya que el plusproducto no fue empleado de forma
rentable, sino absorbido por la población creciente.
Aquí entra en vigor la ley de productividad decreciente del suelo. Al agotarse las tierras
fértiles, los campesinos cultivaron terrenos marginales. A causa de esta productividad marginal
decreciente, decayó también la renta per cápita.
Los cambios en las tendencias seculares tuvieron como consecuencia que, al agotarse las
tierras fértiles, los campesinos pusieran en cultivo terrenos marginales y, lo que es más importante,
que en las regiones con una tradición sucesoria proindiviso14 surgiera un amplio sector de
campesinado sin tierra, mientras que en las regiones con sucesión igualitaria la fragmentación del
suelo fue adquiriendo proporciones extraordinarias.
A consecuencia de estas tendencias, que se repetían a cada ciclo con más intensidad, la
estructura social de las zonas rurales cambió radicalmente.

El empobrecimiento del campesinado.

14
Pro indiviso es una expresión jurídica de origen latino que hace referencia a la situación de una
cosa o derecho que pertenece a varias personas en común, sin que existan partes diferenciadas a
cada uno de los propietarios o titulares del derecho. Cuando existe la copropiedad, la cosa o el
derecho pertenece a varias personas, sin que pueda decirse qué parte específica corresponde a cada
uno, pues el bien o derecho pertenece a todos, sin división material de las partes.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

En el siglo XVIII, el grueso de la población ya estaba compuesto por campesinos que no


poseían tierra suficiente para alimentar a su familia, y por lo tanto eran una clase social con escasa o
ninguna propiedad.
Este proceso de diferenciación del campesinado va llevando a una polarización de la sociedad
rural. Los medianos campesinos tienden a desaparecer, quedando grandes campesinos propietarios
y pequeños campesinos desposeídos.
Vemos entonces que aquellas familias cuyas granjas no rendían lo suficiente para cubrir las
necesidades vitales, tenían dos alternativas: intentar asegurar su sustento mediante una explotación
más intensa de su tierra; o buscar ocupaciones secundarias, trabajar en las reservas del señor o en
las grandes explotaciones de los campesinos ricos o en ocupaciones no agrícolas, como la industria
domestica que se convirtió en la solución más plausible. Tanto en las zonas rurales agrícolas como en
las pecuarias la única alternativa al desempleo fue la manufactura rural.

El desarrollo de la Industria Rural a Domicilio, el rol de los señores y las exacciones al campesino.

Ahora, para que se desarrollasen estas industrias rurales a domicilio era importante la
reacción del señor feudal y de la comunidad de la aldea.
Las industrias rurales pudieron desarrollarse sólo en aquellas zonas en donde las propias
comunidades y los señores feudales carecían del poder suficiente para imponer una cohesión social.
En las zonas donde existía dicha cohesión, el señor feudal reaccionó intentando impedir la
partición de las tierras y suprimiendo el mercado de las propiedades. La cohesión tuvo que debilitarse
o disolverse para que pudieran desarrollarse los procesos de crecimiento demográfico y
diferenciación social. Por ejemplo, en Europa Centro-Oriental y Oriental los señores ejercieron un
dominio mucho más directo y firme sobre los campesinos, de modo que no quedaba margen para el
desarrollo de industrias rurales.
Pero el desarrollo de la Industria Rural en una región no dependía tanto de la cuantía de los
tributos feudales como de su forma de pago. El plustrabajo social podía ser expropiado como
prestaciones de trabajo, o como pago en especie o dinero, correspondiendo cada sistema a un tipo
diferente de relaciones de producción. Por ejemplo, en contraste con los pagos en dinero, las
prestaciones de trabajo inhibieron la diferenciación del campesinado.
La transición de pago de tributos en dinero puso en movimiento un proceso de diferenciación
que, además de aumentar el número y tamaño de los grupos rurales que dependían de una
ocupación secundaria para subsistir, llego a estimular en algunos casos el surgimiento de un
empresariado rural.
Otro factor más tardío fue el movimiento de cercados que puso de manifiesto el creciente
“individualismo agrario” y los procesos de diferenciación y polarización del campesinado hicieron una
profunda mella en el sistema social de las zonas rurales.

El desarrollo paradigmático de Europa Oriental en contraste con el caso Inglés.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Durante el siglo XVIII, al este del Elba la demanda de cereales en los mercados de Europa
occidental impulsó la transición de una economía feudal basada en el pago de tributos a otra que se
basaba en prestaciones de trabajo en las tierras del señor, produciendo una refeudalización.
El monocultivo de cereales y sus correspondientes sistemas de trabajo no permitió la
concentración de la industria manufacturera rural, con un crecimiento demográfico limitado. Al
necesitar el trabajo servil, el señor protegió la economía de los pequeños campesinos que le
proporcionaban la mano de obra y los animales y esto inhibió la diferenciación del campesinado y el
surgimiento de un proletariado rural. En el caso en que se dio la manufactura no se desarrolló por
que estuvo inserta dentro del sistema de obligaciones tributarias.
En Europa centro oriental por ser zona montañosa no se podían cultivar cereales y no existió
la refeudalización.
En cambio en Occidente, Inglaterra fue el más afectado por el desarrollo de las nuevas
relaciones rurales de producción. Se descartó la apropiación del plustrabajo social y se adoptó un
sistema de rentas de arrendamientos, transformándose la renta feudal en renta capitalista del suelo.
La producción manufacturera rural no tenía en ningún sitio un desarrollo tan parejo a la
reorganización de las relaciones de producción según las leyes del mercado como en Inglaterra.
Porque el crecimiento de la población, el proceso de división social del trabajo y la demanda en
aumento de la lana, por parte de una industria textil en expansión, convergieron en un efecto
simultaneo que contribuyó a la destrucción de las estructuras agrarias tradicionales.
El movimiento de cercados que puso de manifiesto el creciente “individualismo agrario” y los
procesos de diferenciación y polarización del campesinado hicieron un profundo quiebre en el
sistema social de las zonas rurales.
El número de familias que se veían obligadas a buscar una ocupación secundaria fue
aumentando rápidamente. Con la estratificación de la sociedad agraria inglesa en grupos de
terratenientes, arrendatarios y trabajadores del campo, las estructuras tradicionales se
desintegraron por completo.

Los factores de influencia ajenos: la demanda externa.

Existieron factores de influencia ajenos al sector agrario, y fue necesaria su interacción con
los factores del sector agrario para que la producción manufacturera rural alcanzase la fase que
denominamos protoindustrialización.
El capital mercantil tuvo que desarrollar y explotar la infrautilizada capacidad de producción
de las zonas rurales ya que las ciudades no tenían un potencial productivo suficiente para abastecer
la demanda, debido a la gran cantidad de mano de obra que precisaba la producción manufacturera
preindustrial.
Por este motivo, fue preciso movilizar el potencial de mano de obra rural y, dada la baja
elasticidad de oferta de la economía urbana, el capital mercantil no tuvo otro remedio que trasladar
la producción al campo.
La demanda de los mercados exteriores fue generalmente el principal impulsor de este
movimiento, haciendo posible que la capacidad productiva desaprovechada de las zonas rurales –la
mano de obra sobre todo y las materias primas en menor grado- encontrara una nueva salida.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Las limitaciones gremiales.

Pero lo más decisivo no fue la falta de elasticidad de la oferta en la economía urbana, además
de esto, las relaciones de producción urbanas estaban adicionalmente restringidas por los gremios.
La finalidad de estos consistía en asegurar el bienestar de sus miembros, y trataban de controlar la
expansión de los talleres individuales, dificultando su crecimiento para impedir que pudieran poner
en peligro a otros.
Para conseguir esto, los gremios limitaban la producción de los artesanos y controlaban la
competencia de precios y calidades, impedían la introducción de nuevas técnicas y productos y
limitaban el acceso al mercado. Para poder evitar todos estos impedimentos, el capital comercial se
volcó hacia las zonas rurales donde a menudo los gremios fueron incapaces de afrontar la
competencia y sucumbieron.

Los costos de las materias primas.

No menos importante fue el factor de los costes, que favorecía el traslado de la producción
manufacturera al campo. Las materias primas eran con frecuencia más baratas en las zonas rurales,
y los impuestos que oprimían a los artesanos eran más bajos en el campo que dentro de las murallas
de las ciudades.
Pero sobre todo hay que considerar lo siguiente: cuando los artesanos rurales poseían un
pedazo de tierra, y por tanto una base de subsistencia agrícola, podían renunciar a una parte de su
salario o sea que podían trabajar por un salario que no llegara a cubrir los costes de la reproducción
de su fuerza de trabajo ni los costes de renovación de los medios de producción. Los comerciantes y
empresarios (verleger) aprovecharon esta situación, pagando salarios más bajos que en las ciudades
porque los gremios no llegaban al campo, obteniendo así un beneficio diferencial.

La Protoindustrialización: Orígenes, relaciones interregionales, indicadores.

Las primeras regiones en las que se dio una concentración de producción manufacturera
rural surgieron durante la Edad Media, en Inglaterra, en el sur de los Países Bajos, y en las regiones
montañosas del sur de Alemania.
Pero el impulso decisivo para la protoindustrialización vino a finales del siglo XVI y durante el
siglo XVII. Las fuerzas que lo originaron eran de la misma naturaleza que las que venían actuando
desde finales del siglo XIII, pero habían adquirido una nueva dimensión: los cambios cuantitativos en
la demanda y en la oferta se combinaron, dando lugar a un proceso acumulativo que condujo a una
nueva fase.
La lentitud del ciclo coyuntural agrícola, las tendencias periódicas de crecimiento
demográfico, el creciente desempleo en las zonas rurales debido al desarrollo demográfico, y las
crisis agrícolas del siglo XVII y de principios del XVIII, contribuyeron para crear una situación favorable
para la instalación de industrias rurales.
A estos podemos añadirles, un incremento en la demanda doméstica, y una demanda
internacional en rápida expansión que se reflejaba bastante bien en los mercados coloniales.

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Las industrias rurales concentradas en las regiones ganaderas se encontraban finalizando un


proceso que había empezado con la crisis del siglo XVII, cuando la producción agraria comenzó a
experimentar diferentes cambios de localización. Una serie de regiones pasaron de la agricultura a la
ganadería, porque a causa de la depresión general de los precios, no podían soportar la competencia
de otras regiones más eficientes en el cultivo de cereales. Estas nuevas regiones ganaderas
precisaban de las industrias rurales para compensar el desempleo que generó el abandono del cultivo
de cereales.
Por su limitada capacidad productiva, las ciudades no pudieron adaptarse a la nueva
constelación de factores. El capital comercial optó por la utilización de recursos rurales.
La protoindustria fue la solución para el conjunto de problemas que surgieron tanto en el
sector agrario como en el de la producción manufacturera, problemas que ninguno de los dos
sectores podía resolver aisladamente. La problemática venía dada por el crecimiento demográfico y
el proceso de diferenciación de la población rural y por la baja elasticidad de oferta de la economía
en la ciudad.
La disparidad existente entre oferta y demanda sólo puede ser compensada mediante un
abastecimiento procedente del comercio exterior.

El contexto agrario.

Según el modelo de especialización agraria, el campesino que tenía tierras se centró en la


producción agrícola y desechó la producción artesanal de productos de consumo. Los campesinos
con escasa tierra y productividad marginal en descenso se especializaron en la manufacturación para
el mercado de productos que antes eran para su propio consumo.
La agricultura de subsistencia constituyó la base agraria de la protoindustria.
Hay que considerar la estructura social que regulaba el uso de las tierras. En las regiones
donde esta estructura era flexible, la agricultura podía llegar a un alto grado de intensificación. Pero
cuando el inflexible sistema de cultivo trienal y de rotación obligatoria imponía rigidez, la agricultura
seguía manteniendo su carácter de cultivo extensivo. En tales circunstancias resultaría difícil la
combinación de la actividad agrícola y la producción manufacturera, y la familia protoindustrial
podría preferir el trabajo más fácil realizado en el hogar que las arduas labores del campo.
La agricultura comercial sólo se desarrolló en zonas con un alto grado de urbanización. Un
alto grado de urbanización era el demandante de estos productos, había una tensión porque la ciudad
se llevaba parte de la mano de obra que necesitaba la agricultura.
En general, no se desarrolló en estos lugares industria rural, pero en los casos en que sí, fue
gracias a las ciudades. Fue en ellas donde se dio el impulso para la comercialización de la agricultura
y para la expansión de la producción manufacturera, que tuvieron procesos de desarrollos
simultáneos, y tarde o temprano competirían por la explotación del potencial de mano de obra rural.
Las regiones dedicadas a la ganadería comercial, actividad con una baja intensidad de trabajo,
permitió y fue base de una progresiva expansión de la producción manufacturera.
La diferencia en las regiones de protoindustria fue que en las de agricultura de subsistencia
tenían que importar los productos que precisaban de las regiones circundantes para cubrir sus déficit
de alimentos, mientras que la agricultura comercial era autosuficiente.

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En el siglo XVII no hubo aumento de la población, incluso hubo zonas donde hubo declive,
aunque no llegó a una escasez de mano de obra. En el siglo XVIII, por otra parte, hubo un rápido
crecimiento demográfico, superando la escasez.
El productor rural de manufactura permanecía en su pequeña parcela de tierra y sólo cuando
la demanda estacional de mano de obra se elevaba se ofrecía como jornalero. Por lo que el producto
agrario no disminuía. El mercado de la mano de obra, los requerimientos de la agricultura y de la
protoindustria en esta primera fase no entraron en conflicto.
El sector agrario proporcionó para el desarrollo de la protoindustria mano de obra, capital,
habilidades comerciales y empresariales, productos y contribuciones de mercado.
En Europa centro-oriental y oriental la nobleza fue retirándose de las actividades
empresariales y solidificó la relación de dependencia tributaria a la que se hallaban sometidos los
productores de protoindustria. En general fueron una traba para el proceso de protoindustria.
Por el contrario, los campesinos ricos y con orientación empresarial, así como la burguesía
local tuvieron un papel estratégico en el proceso de protoindustria: fueron intermediarios entre los
productores domésticos y los comerciantes, constituyeron el personal del Verlag (middlemen) o
sistema de trabajo a domicilio.
A menudo era este personal de Verlag el que se encargaba de las labores de apresto y
acabado de productos, fueron estos middlemen los verdaderos agentes del proceso de producción,
familiarizados con sus necesidades. Para la formación de este grupo intermediario era imprescindible
que las relaciones agrarias permitieran un máximo de seguridad social en la estructura de la población
rural, condición que se dio más en Europa occidental que en Europa centro-oriental y oriental.
Las regiones con una producción manufacturera desarrollada no necesitaron producir un
excedente agrario. Los pequeños productores de manufacturas conservaban una base de
subsistencia en la agricultura, aunque esta fuera muy limitada y al ser la producción manufacturera
una ocupación secundaria para ellos el abastecimiento de alimentos no era al menos en teoría un
problema importante.
Pero los mecanismos de crecimiento demográficos característicos de la fase de
protoindustria fomentaron el crecimiento de una población no respaldada por un patrimonio
agrícola. Para que la protoindustria se expandiera sin conducir a una crisis de hambre, se incrementó
el excedente agrario.
Muchas regiones de protoindustria y sobre todo las de agricultura de subsistencia, se hicieron
dependientes de las regiones adyacentes para el abastecimiento de sus productos básicos lo que
generó una división interregional del trabajo. Esto sólo se podía dar en zonas donde la productividad
de la agricultura era muy alta y generaba amplios excedentes. Esta limitación de la protoindustria fue
salvada, pero ello trajo sus consecuencias. En el siglo XVIII esto se dio en muy pocas zonas de Europa
continental.
En Inglaterra las condiciones fueron favorables. La crisis de fines del XVII y principios del XVIII
se superaron por avances en la productividad, introduciendo el sistema de rotación de cultivos. Se
formaron regiones agrarias claramente diferenciadas y la protoindustria se concentró en regiones
ganaderas.

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La desintegración de la economía campesina posibilitó un nuevo modo de producción agraria


plenamente orientado hacia el mercado, Inglaterra fue poco afectada en el proceso de protoindustria
por la limitación de la oferta.
El sector agrario abastecía a la protoindustria con alimentos básicos, pero también con
materias primas y combustibles. Con frecuencia estas dos funciones resultaron incompatibles, ya que
el crecimiento demográfico implicaba una expansión territorial del cultivo de cereales en detrimento
del cultivo de fibras vegetales, de los campos de pastos, praderas y bosques.
Este conflicto pudo ser superado en los Países Bajos y en Inglaterra introduciendo nuevas
técnicas de aprovechamiento intensivo del suelo como rotación de cultivos y alternación con pastos,
que permitieron una mayor diversificación agrícola.
Inglaterra superó la crisis del siglo XVII por sus avances experimentados en la productividad.
La coyuntura agraria del siglo XVIII en el continente generó mayores ingresos, pero al seguir
sometidos al sistema feudal, el sector agrario demandó pocos productos manufacturados en el
mercado interno.
En Europa Central y Oriental las relaciones de producción impidieron que la economía
campesina pudiera especializarse. Solamente en algunas regiones privilegiadas se reestructuró la
mano de obra campesina favoreciendo la producción agrícola dirigida al mercado, en detrimento de
la producción artesanal de manufacturas destinadas a cubrir las propias necesidades.
En Inglaterra, baja el nivel adquisitivo de los agricultores, pero se mantiene el de los
asalariados. Por lo que no colapsó el sistema, al contrario, dio como resultado una expansión de los
mercados internos por sucederse un aumento de los salarios medios. En Alemania y Francia, al
contrario, fue crítico.
El progreso de la productividad de la agricultura inglesa aseguró a la protoindustria una
expansión y estabilización de los mercados interiores. El incremento del input de trabajo y capital
mejoró las condiciones naturales del suelo haciendo que la agricultura fuera menos dependiente de
los ciclos de la naturaleza. Se amortiguaron las crisis periódicas que determinaban la economía
preindustrial.
Las crisis de tipo antiguo eran crisis de escasez, que se iniciaban con una mala cosecha que
disparaba los precios de los productos alimenticios básicos, se extendía al sector industrial mermando
su poder adquisitivo, que quedaba absorbido por los productores del sector agrario, y esto solo
beneficiaba a los pocos productores agrarios que llevaban grano al mercado a pesar de la mala
cosecha.
Aquellos países como Inglaterra en los que la participación del sector agrario en el producto
social se había reducido a un 50% en el transcurso del siglo XVIII estuvieron más protegidos contra
los efectos de las crisis de las cosechas que aquellos países en los que seguía predominando el sector
agrario.
La diferencia en lograr esto estuvo en las relaciones de producción: donde seguía existiendo
el colectivismo de aldea y donde el poder feudal seguía imponiendo exacciones sobre gran parte del
producto agrario, el camino hacia un incremento significativo de la productividad estuvo bloqueado.
La protoindustria se vio frenada por las relaciones de producción existentes, pero fue a la vez
el fermento que fomento a la vez su progresiva desintegración.

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Junto a diferentes grados de dominación feudal emergieron en las regiones industriales


nuevas relaciones de dependencia de naturaleza esencialmente capitalista.

Condiciones en el mercado mundial.

La demanda interna debido a su baja elasticidad, no hubiera sido suficiente por si sola para iniciar el
proceso de protoindustria: tuvo que ser asistida y complementada por una expansión de la demanda
exterior.
La única posibilidad de superar las limitaciones del mercado interno e incrementar la demanda de
productos manufacturados fue la apropiación de la potencia adquisitiva extranjera. Esto es válido
para los países donde la agricultura no consiguió generar el efecto renta (trabajadores asalariados
con sueldos altos) durante la crisis del siglo XVII y comienzos del XVIII como para Inglaterra. Fue esta
combinación entre la relativamente amplia demanda interior y una demanda exterior en expansión
lo que aseguró a Inglaterra una ventaja sobre el resto de los países europeos: apoyada por un
mercado nacional fuerte la industria inglesa estuvo más protegida contra las oscilaciones del mercado
internacional.
Cuando por algún motivo caía la demanda interna se compensaba con la demanda externa y
viceversa. Se complementaban. Al abrirse el comercio, las regiones podían superar las limitaciones
que les imponía el mercado local y poner en funcionamiento recursos que hasta el momento habían
estado sin utilizar. Se intensificaba la división del trabajo y por consiguiente también la productividad
y a su vez los ingresos monetarios creados automáticamente por el comercio exterior potenciaban el
proceso económico. Desde el comienzo, la industria rural dependía del comercio exterior tanto en
Inglaterra como en el continente.
La protoindustria obtuvo su base mercantil durante el siglo XVI. El renacimiento del comercio
internacional y la expansión en ultramar de las naciones europeas coincidieron y se potenciaron
mutuamente, comenzando a configurarse los rasgos de la estructura asimétrica del mercado
mundial. Modelo centro (manufacturas) y periferia (materias primas): el centro (Europa occidental)
impuso a la periferia (Europa central oriental y América) una división del trabajo que impedía su
desarrollo autónomo, reduciéndolas a partes funcionales del proceso de reproducción de las
economías de Europa occidental. La periferia se vio sujeta a unas condiciones de trabajo que se
basaban en la servidumbre y en la esclavitud, mientras que las metrópolis tenían un sistema de
trabajo formalmente libre. Lo que produjo una relación de intercambio desigual. La compensación
por el trabajo contenido en los productos intercambiados era mucho menor en la periferia que en
las metrópolis.
El comercio europeo se vio gravemente afectado por la crisis del siglo XVII. Europa centro oriental
dejo de participar considerablemente en el mercado internacional. Los países del Mediterráneo, que
tradicionalmente habían constituido una zona de desarrollo sufrieron un estancamiento o declive.
Italia, España y Portugal comenzaron a integrarse en la periferia y el centro de la economía mundial
se desplazó hacia el norte de Europa Occidental que había sido menos afectado por la crisis. Hasta
después del siglo XVII no se vieron signos de recuperación económica.
La crisis del siglo XVII pudo ser mitigada por el desarrollo del comercio del Atlántico que a su vez
contribuyo a estimular la recuperación económica durante el XVIII. El sistema comercial del Atlántico,

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basado en relaciones de intercambio desigual y en violencia, comenzó con las plantaciones de Brasil,
del Caribe y las colonias americanas en el siglo XVII. Esta red de mercados consistió en que los países
de Europa occidental y central daban productos manufacturados, medios de transporte y bienes de
capital; África esclavos para las plantaciones; las regiones del trópico americano tabaco, azúcar y
algodón (XVIII); y Norteamérica madera, cereales y pieles. En el XVIII se incluyen en la estructura Rusia
y Asia como parte de la periferia. El lino se hizo dependiente de la economía del Atlántico y fue en
este ámbito donde se adoptaron las decisiones determinantes de dicha industria.
La protoindustria se desarrollaba entre dos mundos: el limitado mundo de la aldea y el mundo sin
fronteras del comercio; entre la economía agraria y el capitalismo comercial. El sector agrario
proporcionó para el desarrollo de la protoindustria: mano de obra, capital, habilidades comerciales y
empresariales, productos y contribuciones al mercado. El capital mercantil abrió el camino de la
producción manufacturera rural hacia los mercados internacionales de cuya capacidad de expansión
dependía este sector para poder emprender la fase de la protoindustria. La dualidad estructural de
las sociedades preindustriales europeas fue un terreno fértil para el desarrollo del capitalismo.
La simbiosis entre capital mercantil y sociedad campesina marcó por tanto una de las fases del camino
hacia el capitalismo industrial.

Cap. 2. "La economía familiar protoindustrial"


En las sociedades agrarias no capitalistas el hogar y la familia del campesino constituían la unidad de
producción, de consumo y de reproducción, y representaban la base del poder económico y
sociopolítico. Esta unidad, caracterizada por Brunner como “das ganze haus” (toda la casa) continuó
siendo uno de los elementos fundamentales del sistema socioeconómico durante la protoindustria.
Al igual que en la economía agraria, el sistema de producción de la industria rural estaba basado en
la economía domestica de los pequeños productores: la protoindustria puede ser considerada
básicamente industria domestica.
La reproducción de los productores manufactureros –que poseían poco o ninguna tierra- quedó
desvinculada de la necesaria “reproducción social” que requería el relativamente rígido sistema de
propiedad rural. La producción, el consumo y la reproducción fueron progresivamente desligándose
de su base agraria y comenzaron a estar determinados por el mercado.
Desde esta perspectiva la protoindustrialización se nos presenta como una fase de transición entre
las sociedades agrarias precapitalistas y el capitalismo industrial.
La característica principal de la lógica de la economía familiar no consistía en maximizar los beneficios
y conseguir un excedente monetario sino que se centraba en satisfacer las necesidades de
subsistencia. Sus esfuerzos productivos están dirigidos a garantizar la subsistencia de la familia. Por
eso el interés fundamental está en la producción de valores de uso.
El esfuerzo productivo de la familia aumenta o disminuye de acuerdo con un sistema autorregulador
que no depende enteramente de las condiciones externas de producción. Las necesidades básicas
insatisfechas ejercen una fuerte presión que hacía aumentar el esfuerzo de trabajo. El factor decisivo
es la preservación de la subsistencia familiar. Es por esto que cuando el nivel de subsistencia se ve
amenazado, la autoexplotacion de la familia a través de su trabajo puede llegar a ser superior a la
explotación externa que implicarían las relaciones de producción de un sistema de capitalismo
integral.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

En la economía familiar, la producción artesanal era una actividad complementaria, ya que la


agricultura representaba la base de su subsistencia. Además, la actividad artesanal podía adaptarse
a los requerimientos de la actividad agrícola en los períodos de menor actividad. Pero la familia
campesina solo recurría a esta posibilidad cuando la autoexplotacion en el sector agrario no
garantizaba su subsistencia.
En los años de mala cosecha y alza de precios, los pequeños productores se veían obligados a comprar
sus alimentos y endeudarse para poder pagarlos. En estas circunstancias, es que los pequeños y
desposeídos campesinos pasaron a dedicarse a la producción manufacturera, para compensar, a
través de ingresos monetarios adicionales, el empeoramiento de su condición de subsistencia
originado por la pérdida total o parcial de la tierra.
En este escenario, es que se explica la tendencia endémica al endeudamiento, característica de los
productores rurales.
Por una parte, poseer o tener arrendada una tierra y una casa era una condición necesaria para poder
producir y sobrevivir. Pero por otro lado, el apego de la familia campesina a esta “condición” los
llevaba, ineludiblemente, al deterioro de las condiciones de producción. Para el productor rural, la
posesión o alquiler de la casa, campos y medios de producción no era capital real o potencial, sino
los medios que servían para garantizar la subsistencia de su familia. Esto explica que los productores
rurales adquieran bienes raíces sin haber ahorrado, pagando precios excesivos y contrayendo
deudas, todo por ese “instinto de supervivencia”.
Los intentos del campesino-artesano para preservar la independencia de su economía familiar de
subsistencia, bajo las condiciones impuestas por una organización capitalista de mercado, trajeron
consigo el progresivo endeudamiento y la miseria del productor. Este proceso contribuyó a la gradual
separación de la “ganzes haus” de su base agraria, lo que hizo que la familia pasara a depender de
los ingresos monetarios, forzándola a rendir un plustrabajo (no remunerado) sin que a pesar de ello
quedara garantizada su subsistencia.
El efecto macroeconómico reside principalmente en el hecho de que la economía familiar del
productor manufacturero permitía al comerciante, o proveedor del trabajo a domicilio, la realización
de un “beneficio diferencial” específico. Este beneficio diferencial era superior a los beneficios que
hubieran podido obtenerse bajo las relaciones de producción de la industria urbana controlada por
gremios, y también era superior a las ganancias que se hubieran podido obtener en una relación de
producción de trabajo asalariado en las manufacturas.
Las características del modo de producción social de la industria rural están condicionadas
principalmente por el arraigamiento en el proceso de trabajo familiar, proceso que permitió al
productor doméstico seguir ejerciendo un control fáctico sobre el proceso de producción, a pesar de
que las materias primas, los productos acabados y también su tierra, casa y medios de producción
pasaran progresivamente a formar parte de la propiedad del comerciante capitalista o Verlegen. En
la fase de la protoindustrialización, el incremento del capital no significó un aumento equivalente del
control del capitalista sobre el proceso de producción, sino que en general solo contribuyó a
aumentar su control sobre el producto.
La subsistencia de la familia dependía ahora del potencial productivo de ambos cónyuges y sus hijos.
Por lo tanto, la necesidad de emplear el máximo potencial de fuerza de trabajo familiar, no sólo

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contribuyó a adelantar la edad del casamiento, sino también a tener más hijos, ya que así aumentaba
el rendimiento familiar que hacía posible la subsistencia de la familia.
La familia continuaba produciendo hasta que conseguía asegurar su subsistencia, pasando después a
disfrutar del ocio, o a trabajar más para cubrir otras necesidades adicionales de naturaleza material
o cultural.

Cap. 3. "Estructuras y papel del crecimiento de la población en el sistema protoindustrial"


El crecimiento demográfico significó un estímulo esencial para la protoindustria: tuvo importante
influencia en su formación y en su posterior estancamiento.
En el plano demográfico esta problemática se manifestó como una “hiperacción” procreativa, que
dio lugar a una rápida expansión de la población, que tendía a ser excesiva para los recursos
existentes. Este tipo de crecimiento demográfico parece ser característico de la fase de expansión de
la protoindustria.
El concepto de “sistema demoeconómico”, es un modelo hipotético, la protoindustria debe ser
considerada una fase especial, delimitada regionalmente, de la historia de la transformación de las
sociedades agrarias configurada por factores demográficos. El aumento de la población afectó al
proceso y sistema protoindustrial, sobre todo por medio de la oferta de mano de obra. Esta oferta
respondía a un aumento de la demanda de mano de obra manufacturera, derivada a su vez de la
demanda suprarregional y colonial de productos industria. Pero esto no se produjo como una simple
función lineal de la demanda en respuesta a los impulsos originados por el mercado. Dada una
determinada demanda de mano de obra, la respuesta procreativa de los productores domésticos
tendía a producir un exceso de oferta de mano de obra; este exceso favorecía un crecimiento
extensivo de la industria. Y no una expansión basada en el aumento de la productividad mediante la
intervención de un capital fijo.
La expansión cuantitativa de la producción y del número de unidades productivas estuvo unida a la
perpetuación de un modo de producción atrasado, carente de una intensidad de capital y de una
tecnología significativa. (“expansión estática”).
La expansión de la población en regiones rurales con industria manufacturera parece ser una
consecuencia característica del modo de producción de la industria doméstica y de su
correspondiente economía familiar, bajo las condiciones macroeconómicas específicas de la industria
rural. Estas sociedades presentan una dinámica de crecimiento considerable, pero sujetas a
interrupciones periódicas: se dan fases de expansión y fases de estancamiento. Este patrón de
desarrollo tuvo una importancia decisiva para la protoindustria, ya que una fuerte expansión de la
población traía consigo el subempleo de los productores marginales (pequeño y subcampesinado) de
las regiones agrarias; lo que con frecuencia daba lugar a zonas de concentración de producción
manufacturera “monoindustriales”.
El “modo de población” de las sociedades agrarias estaba caracterizado por una serie de controles
sociales del crecimiento, que regulaban la interacción de las variables económicas, demográficas y
socioestructurales, en un intento de mantener el status quo, asegurando así una relativa estabilidad
de la población, ajustada a los limitados y más o menos inflexibles recursos económicos.
Este sistema de regulación estaba estrechamente vinculado al hogar y la familia, y sostenido por las
estructuras jerárquicas y de propiedad de las respectivas sociedades agrarias. Estos vínculos estaban

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

reforzados además por los mecanismos de control feudal y gubernamental, dando lugar a un patrón
de comportamiento procreativo socialmente diferenciado. Una relativamente alta edad de
casamiento era un arma de control que mantenía la natalidad dentro de ciertos límites y que podía
llegar incluso a impedir el matrimonio y la procreación de las clases más bajas. De este modo,
sometiendo a una parte de la población a la pobreza, provisional o definitiva, y obligándola a
emplearse como criados y sirvientes en puestos de trabajo que no permitían un procreación legítima,
el sistema impedía que la totalidad de la población cayera en el abismo malthusiano.
La flexibilidad y la capacidad de adaptación estaban basadas en los cambios en la edad de casamiento
y en menor grado en la frecuencia del matrimonio. Cuando se rompía el equilibrio entre la población
y los recursos existentes, ambas variables funcionaban como decisivos mecanismos internos de
regulación demográfica.
El crecimiento demográfico y la renta real, la natalidad y la mortalidad, estaban vinculados a unos
mecanismos de adaptación que no permitían ni un continuo aumento de la población basado en una
ampliación de los recursos, ni un crecimiento económico permanente fomentado por el aumento de
la población.
La expansión de la población se convirtió en la fuerza motriz de la expansión económica pero el
aumento de la población, el alza de los precios de cereales, la elevación de las rentas del suelo y el
descenso del rendimiento marginal en la agricultura llevaron cada fase de expansión demográfica de
crecimiento económico hacia un rápido final.
La protoindustria rompió con este sistema demoeconómico (el “modo de población”) que había
regulado las sociedades feudales: se establece una nueva relación entre las variables económicas y
demográficas. Entre el crecimiento demográfico y la expansión económica se estableció una relación
de mutua aceleración.
La efectividad de esta nueva relación exigía la desintegración de las estructuras institucionales del
poder feudal, así como en la comunidad de aldea, que habían garantizado “un control de crecimiento
social” mediante la vinculación de las posibilidades de procreación a la propiedad y a la herencia.
Pero además, la dinámica de crecimiento de las poblaciones protoindustriales no estuvo basada en
una serie de condiciones previas de carácter negativo (como el debilitamiento del control feudal),
sino que también estuvo positivamente basada en las nuevas circunstancias coyunturales y
estructurales del propio sistema de protoindustria. A medida que los productores manufactureros
fueron perdiendo su base agraria, se fueron haciendo más dependientes de las fluctuaciones de la
demanda de mercancías industriales en los mercados internacionales. La mayor elasticidad de la
demanda de los mercados internacionales de mercancías manufacturadas alteró la elasticidad de la
demanda de mano de obra industrial.
El crecimiento de la población siguió generando un aumento de la demanda de productos agrarios y,
en consecuencia, un aumento de precios de estos productos. Pero el mecanismo tradicional de
rectificación del desequilibrio entre la población y el desarrollo económico dejó de funcionar en un
momento decisivo: la demanda de mano de obra industrial dejó de estar necesariamente vinculada
a los movimientos a corto y largo plazo de los precios agrarios. El empleo de los productores
manufactureros rurales podía mantenerse y aunque su producción era profundamente afectada por
las fluctuaciones de la demanda en los mercados internacionales, estas fluctuaciones no tenían una
repercusión negativa sobre el desarrollo de la población de las regiones con concentración industrial.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La expansión de la producción se basa en la procreación de la población industrial, la política


mercantilista fomentaba el aumento de la población. Garantizar un balance positivo de población y
de empleo, intentando para ello utilizar medidas políticas, llegó a adquirir tanta importancia como
conseguir un balance comercial positivo.
La afirmación de Marx de que “el desarrollo de la población resume el desarrollo de las fuerzas
productivas” es fundamental para la “acumulación primitiva” del capitalismo protoindustria. Por
tanto, el crecimiento de la población representaba una importante “base de valorización”. Para el
progreso protoindustrial la expansión del sistema protoindustrial solo era posible si estaba apoyada
por un crecimiento continuo del número de trabajadores y por una elevación del nivel de empleo.
Las condiciones “óptimas” se darían sólo cuando la “población industriosa” creciera a un ritmo que
(de acuerdo con una determinada demanda de mano de obra) conservara las condiciones marginales
de subsistencia de los productores, impidiendo al mismo tiempo la continua expansión de la oferta
de alimentos y el aumento de los salarios reales.
La oferta y la demanda en los mercados internacionales regulaban los precios de los productos, pero
no la remuneración de cada familia de productores. Bajo las condiciones marginales que
generalmente dominaban la producción y reproducción de la industria doméstica rural, la flexibilidad
económica de la familia dependía fundamentalmente del empleo de toda su fuerza de trabajo
disponible. Pero la familia sólo podía maximizar los beneficios de su actividad cuando conseguía los
máximos ingresos posibles con unos costes de reproducción relativamente bajos.
Dentro de cada familia de productores, la estructura y el transcurso del proceso de procreación se
convirtieron en un elemento esencial en la lucha por conseguir y mantener un nivel mínimo de
subsistencia. Un temprano casamiento llegó a hacerse necesario sobre todo a causa de las
condiciones marginales de subsistencia de los productores manufactureros rurales pobres, esto junto
con un creciente número de hijos harían disminuir los costes de la reproducción familiar, debido al
aumento de la “renta total del trabajo de la familia”.
Un matrimonio temprano permitía superar lo antes posible la fase crítica de empobrecimiento que
se iniciaba en el ciclo familiar con el nacimiento del primer hijo.
Los hijos representaban un “capital vivo” que servía para mantener a los padres en su vejez y, en
menor grado, para aumentar las posibilidades de consumo de los padres. Por tanto, los primeros
nacimientos representaban para la familia un factor de coste, que iba unido a un gran riesgo debido
a la alta tasa de mortalidad. Sólo después de superar los peligros de la mortalidad infantil podían los
niños ser integrados en la unidad de producción familiar; y sólo entonces el rendimiento de su trabajo
llegaría a superar los costes de (re)producción. Para asegurar que uno o dos hijos llegaran a alcanzar
la edad de trabajar, se necesitaba un número mayor de nacimientos. Lo que contaba para la familia
era el efecto renta positivo que tendría sobre su “renta total del trabajo” la futura fuerza de trabajo
de cada hijo, así como el aumento de las posibilidades de supervivencia de la familia a largo plazo,
incluida también una seguridad para los padres cuando, en la segunda fase crítica del ciclo familiar,
la edad redujera su capacidad de trabajar y los hijos fueran sucesivamente abandonando el hogar.
La familia tras haber perdido su base agraria sólo disponía de un abundante recurso: su propia fuerza
de trabajo. La familia de productores manufactureros domésticos se reproducía abundantemente,
pero no para acumular y consumir “excedentes”, sino para poder sustentarse de su trabajo.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La inelasticidad e inercia del comportamiento procreativo de los productores manufactureros rurales


indica que el crecimiento de la población protoindustrial estaba determinado por las fuerzas ajenas
a las fluctuaciones cíclicas del margen del consumo. La reproducción biológica de la fuerza de trabajo,
y la continua regeneración de la capacidad productiva de la unidad familiar, resultaron ser (dentro de
ciertos límites) factores autónomos en el mantenimiento de la subsistencia de la economía familiar.
Para la unidad familiar individual puede resultar completamente lógico tener el mayor número
posible de hijos, en una economía en la que la vida se desarrolla cerca del límite de subsistencia; sin
embargo, el consiguiente elevado número de nacimientos puede ir en detrimento de la economía en
general. A corto plazo, la dinámica reproductiva de la población protoindustrial hizo posible la
supervivencia de las familias individuales; pero a largo plazo, y en el plano macroeconómico, la
inelasticidad de esta dinámica conducía a un desarrollo malthusiano de la oferta de mano de obra.
Dicha dinámica no se adaptaba suficientemente a las fluctuaciones de la demanda de mano de obra,
perpetuando así la miseria y la marginación de los pequeños productores manufactureros, en la
misma medida que funcionaba como fuerza motriz del desarrollo y la expansión del capitalismo
industrial.
Las regiones con una fuerte concentración de industria rural presentaban tasas de crecimiento que
son frecuentemente superiores a la de las regiones agrarias, al menos durante el período de
surgimiento y expansión de la industria rural, antes de la segunda mitad del siglo XVIII. El crecimiento
de la población protoindustrial se realizó a nivel local, como un proceso de reestructuración social en
las aldeas.
Aunque los orígenes de la protoindustria estuvieron fuertemente vinculados a los ciclos seculares de
la coyuntura agraria y a los correspondientes aumentos de población. Su continua expansión se
caracteriza en cambio, precisamente, por una tendencia a desvincularse de las coyunturas agrarias.
La crisis del siglo XVII, sobre todo, tuvo aquí un significado de ruptura. Esta crisis inició una nueva fase
en la que se intensificó la división del trabajo en la producción agrícola comercial y a la producción
industrial. A partir de entonces, el crecimiento regional de la población se desarrolló siguiendo las
líneas específicas con diferentes velocidades y ritmos. El desarrollo demográfico de las regiones
protoindustriales tendió a desvincularse cada vez más de los ciclos agrarios seculares y siguió una
línea de crecimiento relativamente continuo.
La expansión de la población protoindustrial se realizó como un proceso de crecimiento autónomo
de las poblaciones rurales base de las regiones, proceso que fue sobre todo el resultado de un
excedente de nacimientos a consecuencia del movimiento “natural” de la población y de los
inmigrantes rurales.
La variable crítica de la función del crecimiento de la población protoindustrial parece ser la temprana
edad de casamiento. Esta variable afecta la crecimiento demográfico de dos modos diferentes: de un
modo lineal, debido al aumento de la población producido a consecuencia del aumento de la
duración del matrimonio y, por lo tanto, del número de hijos; y de un modo estructural, por la
sucesiva estructuración de las edades y aumentaba la frecuencia de los nacimientos en un período
de tiempo determinado.
La mortalidad es una variable de menor importancia con respecto a la anterior. La disminución de la
edad de casamiento, el aumento de la fecundidad matrimonial, el incremento de la nupcialidad logró
compensar a esta variable.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Cap. 5."Excursus: sobre el significado del marco político e institucional de la protoindustrialización"


Con todos estos cambios dados, fue necesario establecer un poder político que garantizara la base
legal de estas relaciones. Este poder tenía que ser superior, permanente e institucional; es decir, por
encima tanto de los productores como de quienes se apropiaban del plusproducto. El reconocimiento
y la seguridad de la propiedad sobre las mercancías destinadas al intercambio, así como la libertad y
la igualdad formal de quienes realizaran la transacción de compraventa del mercado, y su
legitimación como propietarios de la mercancía y el dinero intercambiado, constituyen en principio
las condiciones básicas que posibilitan el intercambio de mercancías en los mercados de productos y
de “factores”. Pero este período tenía dos características importantes: el orden legal basado en la
libertad y la igualdad formal y el concepto absoluto de propiedad privada estaban en sus inicios
(difería de una sociedad a otra) y en el período inicial de implantación de este orden se hace mucho
más patente el significado básico del poder absoluto que en el período posterior, en el cual el propio
proceso de producción reproduciría sus condiciones sociales (en este período inicial tendió a
manifestarse en forma de acción física violenta).
La expansión de las relaciones de mercado hizo posible y necesaria la aparición del Estado
“moderno”, pero no significa que los objetivos y actividades de este como la de sus funcionarios
estuvieran determinados en un principio por intereses económicos y políticos consientes para eso. El
principal interés de los gobernantes durante esta época era aumentar su poder político y sus
recaudaciones de impuestos, y la política económica era considerada un instrumento para alcanzar
sus objetivos.
En general existía una correlación entre el desarrollo económico y el desarrollo institucional, que se
basaba en una reciprocidad dialéctica: un mayor desarrollo en la producción y comercialización de
los productos internacionales, se difundiría más rápido en aquellos países en los que el antiguo marco
legal de la industria y de la agricultura fuera más débil, en los que existiera una mayor protección de
la propiedad y una mayor movilidad en los mercados de productos y factores, y en los que las
instituciones políticas dieran mas importancias a los intereses de comercio y de la industria y a la
modernización de la agricultura. Esta correlación se nota al principio de la protoindustria cuando
aparecen los conflictos con el monopolio que ostentaban las ciudades sobre la producción
manufacturera de mercancías, así como las reglamentaciones impuestas por los gremios, que
limitaban la competencia mediante el control de volumen, la organización y las técnicas de
producción. Los comerciantes, los verleger, y en algunos casos los señores feudales interesados en la
implantación de la protoindustria, consiguieron en general persuadir al poder político para que
legalizara o al menos tolerara las industrias rurales de exportación. Los gobiernos a su vez estaban
interesados en integrar la actividad económica de las ciudades dentro de un marco de economía
territorial que abarca toda el área bajo su control. Cuando esto no era así (como en el imperio alemán)
los empresarios se iban a zonas lejos del poder directo de los gobiernos.
En las zonas donde existía la “segunda servidumbre”, para que se diera protoindustria fue necesario
un interés de los señores feudales por la economía de exportación, y básicamente esta industria no
se daba en aquellos lugares donde los señores se apropiaban del plustrabajo.
Por lo general la protoindustrialización se centraba en la producción masiva de mercancías para
mercados relativamente lejanos, precisando buenas condiciones para el intercambio. Resultaba

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

fundamental que las naciones grandes garantizaran una situación legal que permitiera sus cálculos
económicos a compradores y vendedores. En los países más desarrollados aumentaron los estímulos
y las posibilidades para crear mercados internos más extensos e integrados, se eliminaron aranceles
internos (sobre todo en las rutas internas de transporte), derechos de emporio, y otros impedimentos
al libre comercio. El comercio con los países y continentes lejanos solo podía establecerse si se
desarrollaban instituciones de crédito protegidas por los gobiernos. Así, una de las funciones del
poder político consistió en sustituir su explotación arbitraria en forma de exacción feudal, las
confiscaciones imprevistas, la piratería y el robo, por la libertad legal, la igualdad formal y la
protección de la propiedad privada. Otro aspecto es que el poder político contribuyó a establecer y
mantener la desigualdad económica, que era una condición importante para el progreso de la
industria y el comercio en aquel tiempo, a menudo mediante el empleo de la violencia, reprimiendo
a pequeños comerciantes que en tiempo de crisis querían atentar contra grandes comerciantes,
considerando que atentaban contra las leyes de la libertad del comercio.
La connotación clasista de los principios generales de la libertad y la igualdad ante la ley y la
protección de la propiedad privada se hace más patente con el paso del kaufsystem al verlagssystem.
Cuando los productores eran dueños de sus medios de producción, debían esforzarse más porque su
margen de ganancia era mínimo entre la compra de materia prima y la venta del producto. Pero al
penetrar el capital la esfera de producción, recibiendo los productores una retribución por pieza
producida, el fraude se convirtió en un impedimento para la organización racional de la industria, que
tenía que ser favorable al verleger en relación costo beneficios, a través de leyes contrarias a los
productores y represión del ejército a huelgas para aumento de sueldos. El papel económico de la
violencia y el poder coactivo es más evidente en las relaciones internacionales: la rivalidad económica
fue el factor de numerosas guerras en este período, dado que se trataba de arrebatar al contrario
parte del comercio, producción, etc. La posibilidad de incrementar su potencial militar y fiscal, para
así fortalecer su posición en la lucha competitiva internacional, se había convertido en un estímulo
inmediato para los gobiernos.

6) Expansión ultramarina y esclavitud. Acumulación originaria.

[Link], Acumulación originaria, comercio triangular y tráfico de esclavos.

La acumulación originaria.

Al abordar el período final de la Edad Media, Marx propone en su análisis el concepto de


“acumulación originaria”, refiriéndose a ésta como la primera acumulación proveniente de la escisión
entre productorxs directos -es decir, campesinxs- y sus medios de producción. Esto no sólo convierte
a los medios de producción en capital, sino que también hace de lxs campesinxs, trabajadorxs
asalariadxs.

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De acuerdo con Marx, hubo varios factores que se combinaron dando lugar a la acumulación
originaria.
No cabe aquí sólo centrarnos en la dinámica propia del modo de producción feudal que
posibilitó este desarrollo, pues es necesario analizar otro factor muy importante en el rumbo del
comercio en los siglos posteriores: el sistema colonial.
Siguiendo en la línea de Marx, el sistema colonial se funda sobre una violencia brutal, pero
muy diferente a la coerción característica del feudalismo; se apoya en el Estado para acelerar el
proceso transicional.

El comercio triangular.

El comercio triangular, que comienza a desarrollarse con la conquista de América, consistía en la


provisión de materias primas por parte del mencionado continente, así como la provisión de mano
de obra esclava de parte de África, y de manufacturas de Inglaterra.
Comprender la lógica de este desarrollo comercial, que impulsó también muy fuertemente la
industria naval, nos permite analizar la configuración condicionada por la expansión -sin pretender,
al usar esta palabra, quitarle gravedad al saqueo y la conquista brutal, tanto económica como
culturalmente, sobre poblaciones originarias- del Viejo Mundo sobre África y América.

El tráfico de esclavos.

El tráfico de esclavxs africanxs, intensificado notablemente desde el 1400, marcó de forma


imborrable la construcción de sociedades en dicho continente. Estas sociedades que fueron, junto
con sus protagonistas, olvidadas, o descriptas de forma tal que sus sujetxs parecían seres carentes
de raciocinio, son sociedades fuertemente segmentadas y basadas en el linaje, lo cual es en gran
medida producto de este contexto económico político de los siglos XV-XVI a nivel europeo y de la
América colonial. Así, el siglo XVIII llegó ser, de acuerdo con Wolf, “la edad de oro de la esclavitud”,
y África continuaba siendo su centro.

El rol de Inglaterra.

En cuanto al continente americano en pleno proceso de colonización, y su relación con Inglaterra


en este esquema triangular, es importante remarcar que las colonias no podían producir
manufacturas ni comprar otras que no fuesen inglesas. A su vez, debían utilizar navíos de este país.
A cambio de esto, obtenían allí el “beneficio” del monopolio del comercio de materias primas. El
algodón y el azúcar fueron dos de las materias primas que mayor cambio produjeron en la industria
británica.
De todo el desarrollo del comercio triangular, Inglaterra se vio claramente beneficiada. Sin
embargo, no fue sólo este aspecto el que posibilitó en su totalidad el despegue económico que tuvo
este país, sino que éste fue también producto del crecimiento del mercado interno y -algo
fundamental y que marca una ruptura con respecto del sistema feudal- la reinversión del beneficio
para la generación de nuevos capitales.
Como vemos, entonces, es posible establecer una línea clara entre el comercio triangular, el
tráfico de esclavos y la acumulación originaria que dio pie al desarrollo del capitalismo inglés.
Las prácticas propias de la dinámica triangular reproducían en gran medida lógicas nuevas,
capitalistas.

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UNIDAD II

LAS MONARQUÍAS ABSOLUTISTAS.


PROBLEMAS, MODELOS.
EL CONFLICTO RELIGIOSO.
LA SOCIEDAD CORPORATIVA.

1) Problemas en torno a la formación del Estado moderno:


cuestionamientos acerca de su modernidad, de su absolutismo y de su
estatalidad. El problema genealógico.

DUCHHARDT, Heinz., La época del Absolutismo, Absolutismo.

Problemas historiográficos

Se ha intentado tipificar el absolutismo en base al modelo de “tres grados”: absolutismo


clásico, cortesano e ilustrado.
Este modelo que actuó como estímulo ha sido progresivamente rechazado por no poder
probarse en toda su pureza en ninguna parte, y ahora, en su lugar, se habla de diferentes “formas de
manifestación” del absolutismo clásico.

La postura revisionista: la fragilidad del sistema y la pervivencia estamentaria.

La imagen tan cerrada del Estado absolutista ha comenzado a vacilar en diversos puntos y en
su lugar aparece un organismo estatal bastante frágil cuya característica habría sido el compromiso
entre el príncipe y los intereses estamentales feudales que continúan profundamente arraigados.
Esta “revisión” es, ante todo, una reacción contra la investigación tradicional que se remonta
al siglo XIX y que buscaba en el absolutismo el momento natal del Estado moderno de poder (con la
centralización política, la disciplina de la población, la formación de un gran mercado interior, y la
institución de un ejército permanente).
Los revisionistas evaluaron que el sistema sociopolítico del absolutismo mostraba mucha
menos armonía y coherencia de lo que hasta entonces se había supuesto y por tanto debía atenderse
a sus condiciones estructurales, llevando a cabo una investigación de carácter socio-histórica.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Precisamente en las monarquías con mayor número de habitantes (Austria, España y Francia)
el absolutismo estuvo muy lejos de ese grado de homogeneización y nivelación del conjunto de sus
súbditos y de aquella racionalidad de la organización política exigida por su teoría. Encontramos, por
ejemplo, problemas en la financiación del Estado, la extendida práctica del tráfico de cargos y la
dependencia de prestamistas ajenos a la corte.
Además, la influencia a menudo restringida, pero siempre activa, de las antiguas instituciones
estamentales llevaron a archivar la idea de la perfección monolítica del sistema absolutista.

El Absolutismo desde la historia de las ideas: las leyes fundamentales y la limitación regia.

Las investigaciones más orientadas hacia la historia de las ideas demuestran que incluso en
la doctrina política de la época no se atribuía al príncipe en modo alguno una arbitrariedad sin límites,
sino que en ella se exigía una limitación de las prerrogativas regias mediante las llamadas leyes
fundamentales.

La postura marxista: el Absolutismo y las relaciones de clase tardo-feudales.

Para el marxismo el absolutismo desempeña un papel histórico secundario: en un desarrollo


“normal” el Estado absoluto, es el resultado de las relaciones de clase del feudalismo tardío, que
debe dar paso a la revolución burguesa capitalista. Por esto, se han ocupado más de la realidad
económica y social bajo el absolutismo que de éste mismo.

El alcance del estado absolutista.

Por otra parte, se ha cuestionado el verdadero alcance del poder del estado absolutista, su
capacidad de disciplina social y su llegada hasta todos los súbditos, es decir, la capacidad que tenía
para “alcanzar” verdaderamente al individuo particular y vincularlo al Estado de la forma deseada.

Continuidades del feudalismo medieval según Durchardt.

No hay una ruptura aguda entre el feudalismo medieval y las estructuras más flexibles que le
siguieron.
Durante gran parte de la Edad Moderna, la manipulación por parte del monarca de la
sucesión de feudos y de los matrimonios de herederos era una técnica clave de gobierno. El
feudalismo medieval tardío había pasado su cénit como sistema militar, pero la continuidad entre el
lazo feudal y la clientela es obvia.
La Edad Moderna, así como aceptaba la propiedad de la tierra en sentido moderno, estaba
saturada del concepto medieval de propiedad como un complejo de derechos (entre ellos la justicia
local).
Igualmente, el dinasticismo medieval seguía siendo el motivo principal de la política nacional
e internacional. La rebelión en la Edad Moderna todavía requería un miembro de la familia real para
otorgarle credibilidad y la mayoría de las guerras se hacían para perseguir reivindicaciones dinásticas.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Al revés, gran parte de la resistencia que los monarcas absolutos encontraron se explica por
la incapacidad del dinasticismo para ofrecer el foco de unidad y lealtad suministrado por el
nacionalismo en el siglo XIX.

HENSHALL, N., El absolutismo, ¿un mito? Revisión de un concepto historiográfico clave, El


absolutismo de la Edad Moderna 1550-1700 ¿Realidad política o propaganda?

Un cambio de paradigma: de la confrontación y la coerción al consenso y la colaboración.

Entre los 20’ del siglo XIX y los 40’ del siglo XX, “absolutismo” significaba el enemigo
autocrático de la consultación, el adversario despótico de los derechos, el usurpador burocrático de
las elites naturales de la sociedad, el monopolio total del poder.
Sin embargo, las investigaciones recientes revelan algo distinto. Por ejemplo, los Borbones
reconocieron los estamentos como organismos de consulta mostrando que no eran autocráticos. Los
respetaron como custodios de las libertades.
Henshall plantea la tesis de que la monarquía de la Edad Moderna requiere un nuevo
paradigma, basado en el consenso y la colaboración en vez de la confrontación y coerción.

Cambio hacia un enfoque comparativo en vez de nacional.


El mito del parlamentarismo inglés.

El autor examina los cambios recientes que se han producido en la perspectiva histórica y
que han disuelto muchos de los contrastes tradicionales entre Gran Bretaña y el continente.
Muchos historiadores ven una monarquía británica con una fuerte prerrogativa real, una
corte dominante y reuniones irregulares de las asambleas estamentales inglesas, irlandesas y
escocesas.
Poner el estado inglés en la misma categoría que el holandés forma parte del mito Whig: el
último fue una república durante la mayor parte de ese periodo, y el primero solo durante 11 años.
España fue consideraba por los ingleses del siglo XVII como la esencia del despotismo,
estando las libertades y las propiedades de los súbditos a la merced de los caprichos del señor. Pero
la situación española era comparable a la suya propia, ya que las prerrogativas de la corona en Castilla
estaban más limitadas por obligaciones contractuales que en cualquier monarquía.
El hombre responsable de la afirmación de que los parlamentos tenían algo especialmente
ingles fue Fortescue. Él proclamó que su monarca era el único que necesitaba el consentimiento de
su parlamento para la legislación y la tributación, mientras que el monarca francés se podía valer de
sí mismo con la propiedad de los súbditos.
Fortescue no estaba sugiriendo que el rey tenía un solo poder que compartía con el
Parlamento, sino que tenía dos: uno compartido con el parlamento y otro por sí solo. Fortescue tenía
razón en cuanto a la monarquía inglesa, pero no en cuento a las demás. Sus motivos (quitarle puntos

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a los franceses) eran tácticos, pero el daño estaba hecho. Su engañosa división de monarquías en dos
categorías pasó a la mitología política inglesa.

Cambio del interés en el discurso más que en un estudio tradicional de la teoría política.

Ahora, la conciencia política se considera definida por los discursos disponibles, articulados
por el clero, los abogados y los políticos más que por los filósofos políticos. Ellos representan una
mentalidad más que un modo de teorizar.
El discurso de la Edad Moderna propone tres tipos de gobierno (en lo que no se incluye el
absolutismo que supuestamente separaba Inglaterra del continente).

La monarquía.

Estaban por un lado la mayoría de los gobernantes “absolutos”, en el sentido de que


monopolizaban las prerrogativas principescas de guerra y paz, patronazgo y distribución de cargos y
no reconocieron ninguna limitación legítima de sus decisiones. La monarquía es absoluta por
definición. Quiere decir el gobierno de uno, el poder absoluto convertía los intereses, las capacidades
y las decisiones de un hombre en la fuerza motriz del gobierno.
En la Baja Edad Media, los monarcas de la Europa Occidental monopolizaron las prerrogativas
que anteriormente habían sido duplicadas por otros. El derecho crucial de hacer la guerra fue
reservado a la corona.
El poder absoluto era compatible con una participación desde abajo. Los monarcas solo
monopolizaban legítimamente lo que se conocía como “asuntos de estado”: en lo demás, tenían que
conseguir el consentimiento.
El poder absoluto terminaba donde empezaban los derechos de los súbditos y no implicaba
ningún derecho de pisotearlos. Había una sensibilidad acerca de lo que el gobierno podía y lo que no
podía hacer.
El poder absoluto no era visto como una amenaza de los derechos legales: investía a los
gobernantes con fuerza para protegerlos. Al reducir la autoridad absoluta y limitarla a una sola, los
contemporáneos regímenes de Inglaterra y del continente se convirtieron en miembros de la misma
especie: la monarquía.

El despotismo.

Algunos gobernantes se consideraron “despóticos” o “arbitrarios” porque fueron más allá de


las prerrogativas reconocidas e invadieron los derechos de sus súbditos. La invasión de derechos de
propiedad sin consentimiento fue considerada como una “fuerza ilegítima”.
El principio de que los gobernantes debían consultar a sus súbditos, cuyos derechos estaban
en juego, habían penetrado en la cultura política de la Europa Occidental.
La doctrina de que las acciones despóticas eran anticonstitucionales no fue inventada por los
parlaments, altos tribunales de justicia franceses rebeldes en el siglo XVIII, sino que fue enunciada
por Bossuet, teórico oficial de Luis XIV.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La tendencia republicana.

Algunos gobernantes fueron considerados como inclinados hacia acomodos “republicanos”


porque permitieron la intrusión en las prerrogativas principescas por parte de los consejos,
comisiones o asambleas estamentales. Los pueblos se quejaron cuando el príncipe no gobernaba por
si solo: el orgullo de Luis XIV era que sí lo hacía.

Había un tipo de gobierno legítimo (monarquía) y dos pre versiones de él (despotismo y


republicanismo).
La monarquía degeneraba hacia el despotismo cuando monopolizaba los poderes que debía
compartir y se inclinaba hacia el republicanismo cuando compartía los poderes que supuestamente
debía monopolizar. La distinción vital era entre monarquías absolutas y despóticas, que tenían puntos
de vista opuestos sobre los derechos de sus súbditos.
Era el deber del gobernante mantener una constitución equilibrada. Los gobernantes
franceses e ingleses actuaban mediante la manera prerrogativa como consultiva. Esta es la razón por
la que los contemporáneos se referían enigmáticamente a los mismos gobiernos como absolutistas
y como limitados. Ambos términos se consideran mutuamente excluyentes, porque se referían a
distintas áreas de la actividad gubernamental que tenían reglas distintas.
El poder absoluto y el limitado fueron vistos como simbióticos y complementarios. Una
monarquía absoluta que no era despótica en algún sentido era limitada. Pero el desarrollo debía poco
a la lógica y mucho a la propaganda.
Locke y Bossuet dan definiciones idénticas del despotismo, pero el segundo separa el poder
absoluto del despótico, mientras que el primero los equipara. Por definición, ya no era posible para
los gobiernos absolutos ser limitados a la vez. En el siglo XVIII, los ingleses habían olvidado el sentido
original no-despótico de la palabra. Pronto, esto llegó a Francia.
Bossuet luchaba por mantener la distinción entre el poder absoluto, defensor de los derechos
de sus súbditos y el poder despótico arbitrario, su opresor.
La elite europea tenía una cultura en común: era deseable reivindicar la legitimación de las
normas políticas clásicas. “Absolutismo” es ajeno a este discurso. Representa una norma
gubernamental y tiene connotaciones despóticas. En el discurso anterior a la Ilustración no puede
hacer las dos cosas.

Cambio hacia el estudio de los estados internacionales, en vez de nacionales.

El enfoque británico en vez del inglés ha revelado paralelismos con las monarquías del
continente. Hay una resistencia a equiparar el “absolutismo” con el auge del Estado nacional y se
sospecha de las descripciones globales como “absolutistas” de imperios que encerraban distintas
formas de leyes constitucionales.

La construcción permanente del Absolutismo y la continuidad de las estructuras feudales.

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Los historiadores han destacado las contingencias en vez de las estructuras. Esto ha
debilitado el concepto de “absolutismo” como tipo de sociedad. El énfasis se pone en la autonomía
de la esfera política y constitucional y en la medida en la que ésta generó una fuerza propia.
La armonía interna era frágil porque dependía de la habilidad de los monarcas hereditarios
individuales de mantener juntas, con pocos recursos y menos fuerza, a las comunidades políticas
fragmentadas.
El “absolutismo” no puede ser tratado como un desarrollo lineal, con un monarca
construyendo sistemáticamente sobre la política de su predecesor. En vez de ver absolutismo como
un empuje hacia poderes nuevos, puede ser presentado como una estrategia de recuperación
después de los golpes naturales a los que las monarquías estaban sujetas.
Recientemente, se ha destacado más la continuidad que el cambio. El absolutismo, que por
era definición un distanciamiento de las formas de gobierno medievales, ha sido cuestionado.
Los gobernantes absolutistas del siglo XVII tardío pueden ser vistos como reparadores del
consenso corona-elites después de que su autoridad había sido destrozada por la Reforma, las
guerras religiosas, la Guerra de los 30 Años, y la Crisis General del siglo XVII.
No hay una ruptura aguda entre el feudalismo medieval y las estructuras más flexibles que le
siguieron. Durante gran parte de la Edad Moderna, la manipulación por parte del monarca de la
sucesión de feudos y de matrimonios herederos era una técnica clave de gobierno. La rebelión en la
Edad Moderna todavía requería un miembro de la familia real para otorgarle credibilidad y la mayoría
de las guerras se hacían para perseguir reivindicaciones dinásticas.
Se ha sugerido que el rasgo distintivo del absolutismo de la Edad Moderna consistía en que
las elites locales estuvieran subordinadas a la corona, pero siempre lo habían estado. Los grupos de
poder independientes de la Edad Media son un mito romántico.
Los gobernantes aseguraron el control explotando el poder, la ambición y las rivalidades
locales en vez de esquivarlos. En cada estado europeo, la administración local seguía siendo asunto
de las elites territoriales o urbanas establecidas.
El cliché de que los gobernantes absolutos desafiaron el papel de la nobleza en el gobierno
central finalmente es refutado por el estudio más completo de la nobleza europea publicado hasta
ahora. La propia elite existente se convirtió en una nobleza de servicio. En el proceso fue
profesionalizada y sufrió un cambio estructural, ya que el estatus social llegaba a depender del cargo
en el gobierno más que del título nobiliario heredado.

El desplazamiento del interés de la perspectiva burocrática a la social: la relación entre el Absolutismo


y las comunidades y las limitaciones que éstas le presentaron.

Una nueva conciencia de la monarquía absoluta como un producto social ha tendido a alinear
el continente con Inglaterra, considerándose que las relaciones personales y sociales predominan
sobre los valores burocráticos.
Las estructuras institucionales no eran monolíticas, como en el modelo tradicional, sino
dominadas por fracciones en competencia entre sí, reconociendo lealtades rivalizantes entre
familiares y patronos existentes.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Muchos rasgos del gobierno de la Edad Moderna reflejan la textura de su sociedad. Mucho
de lo que los historiadores vieron como síntomas de la inutilidad y marginalización de las asambleas
estamentales (debates largos, palabrería vacía) simplemente es el camino por el cual la gente llegaba
al consenso en la sociedad Moderna. Tanto la monarquía inglesa como las continentales forjaron mas
enlaces con las comunidades de los que el termino absolutismo sugiere.
El poder estatal era inseparable del orden social en cualquier nivel y estaba intrincado en una
compleja red de valores y relaciones sociales. Así pensado, la gente local era la responsable de gran
parte de la regulación atribuida al absolutismo.
El comportamiento religioso, moral, sexual, social y económico, así como la educación y la
beneficencia fueron supervisados como nunca antes.

El rol de la Corte.

Aunque los monarcas absolutos monopolizaron el poder en la cima, lo compensaron


respaldando a los grupos de elite y reforzando las estructuras de poder colectivas y patriarcales. El
atribuir la extensión del gobierno a la política real olvida su respuesta a la presión desde abajo.
La cortesana respuesta de la monarquía contribuía a un consenso de la elite que las
connotaciones coercitivas de absolutismo no captan. No era tanto un gobierno por órdenes como
una manipulación y socialización. La cortesía y la etiqueta eran las herramientas reales para someter
a aristócratas anárquicos.
La corte funcionaba como cámara principal para los grupos de interés que competían por la
merced real en la mascarada, en el cuarto del consejo, detrás del escenario y en la cama. La exclusión
de facciones importantes precipitaba las crisis políticas. Los cambios en el favor real de la corte
requerían la construcción de un nuevo sistema de clientela en las provincias.

El Absolutismo y las nociones en torno a la formación del Estado Nacional: violencia o consenso.

Los historiadores nacionalistas promovieron la identidad nacional y buscaron los orígenes del
estado nacional, localizándolo en el novedoso monopolio de poder monárquico absoluto situado.
Sus regímenes fueron transformados en absolutismos, imponiendo el monopolio de la
violencia legítima y creando estabilidad por la fuerza.
Berlín era una escuela influyente en historiadores que respondía a la creación del Imperio
Alemán durante el poderío armado, produciendo un mito histórico para legitimarlo: el estado militar.
La revolución militar de los siglos XVI y XVII expandía el número de tropas: por eso había ejércitos
permanentes y burocracias centralizadas para respaldarlos.
Estas, en cambio, provenían de la capacidad administrativa y coercitiva para acabar con la
dependencia real de las asambleas estamentales representativas y las noblezas reales. Estas
instituciones con un poder por derecho propio y por ende con una voluntad propia fueron
marginadas como cuerpos consultivos y reemplazados como órganos administrativos por
mecanismos que debían su poder solamente al gobernante y por eso estaban bajo su control. El útero
del estado moderno fue la guerra.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La investigación reciente ha cuestionado el relato de la formación del estado. Los


historiadores políticos más que los militares proponen ahora un modelo de consenso más que de
fuerza para el gobierno de la Edad Media.
Las estructuras políticas determinaron la capacidad de guerra más que la guerra a las
estructuras políticas. Ahora parece dudoso que la guerra promoviera el crecimiento de la burocracia
estatal.
Inicialmente no hubo una correlación entre el tamaño del ejército y el crecimiento de los
mecanismos fiscal-burocráticos: los gobiernos simplemente desplazaron la organización hacia
empresarios privados y el coste hacia las poblaciones locales alrededor de cuarteles.
¿La necesidad de fuerzas armadas y los imperativos fiscales marginaron a las asambleas
estamentales o las hicieron esenciales? El modelo absolutista es el gobernante estimulado por la
guerra a suprimir las asambleas estamentales y los nobles, a abolir las exenciones fiscales y a recaudar
los ingresos por medio de una burocracia estatal eficiente, mientras que impone su voluntad por la
fuerza de las armas.

La superación del Absolutismo como propaganda postrevolucionaria en el siglo XIX.

Finalmente, gran parte de la historiografía del siglo XIX ahora se revela como propaganda. No
aspira a investigar los estados dinámicos de la Edad Moderna como a equipar los modernos estados
nacionales de un pedigrí.
Los absolutistas ahora se ven como quienes solucionaban problemas de forma pragmática y
no como innovadores que implementaron diseños teóricos.
El concepto absolutismo surgió de un discurso nuevo, inventado por la Revolución Francesa,
que ignoró las costumbres antiguas del Antiguo Régimen. Usar esta definición significa aceptar la
propaganda de los revolucionarios como realidad histórica.
“Autoridad absoluta” es distinta a “absolutismo”. La primera es una especie de autoridad
coexistente con otras; la segunda una agenda de confrontación. Absolutismo significaba despotismo.
En los 20’ del siglo XIX, absolutismo y monarquía despótica eran alternativas contrarias entre
sí. Entonces fueron proyectadas hacia atrás sobre el antiguo Régimen, en el que el gobernante estaba
forzado a operar tanto de fuerza absoluta como de forma limitada.
La singularidad de la representación inglesa dependía de la disposición del derecho romano
de vincular a las comunidades locales a las promesas hechas en su nombre por sus representantes.
Esto apenas fue establecido en el continente: por eso, los monarcas preferían tratar con las ciudades
y comunidades individuales. El recurso de consulta no terminó: continuó a nivel inferior. La autoridad
no fue centralizada sino devuelta. Y las cortes fueron socavadas no por el poder de la corona sino por
el poder de las ciudades.
Historiadores del siglo XIX, presentaron las relaciones entre los monarcas y las asambleas
estamentales en sus propios términos de confrontación. La obsesión por las asambleas como control
del poder real es inapropiada. Existían para legitimar su expansión.
Los historiadores revisionistas ingleses destacan la cooperación más que el conflicto entre el
monarca y las asambleas.

127
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

El Absolutismo como construcción teórica anacrónica.

Los historiadores del s XIX vieron el absolutismo y el despotismo como términos que se
podían intercambiar, y que conferían el monopolio del poder al gobernante y negaban los derechos
y la participan de sus súbditos.
Como “Renacimiento” o “Ilustración”, “Absolutismo” significa ahora cualquier cosa que los
historiadores quieran. Pero a diferencia de ellos, absolutismo no fue un término coetáneo.
Los historiadores de la Edad Moderna seguramente no tienen ninguna obligación de luchar
con el significado de una palabra que la gente de la Edad Moderna no habría reconocido.
El absolutismo como sistema de gobierno sólo existió en el siglo XIX, y su definición original
corresponde al concepto de despotismo de la Edad Moderna. Pero el despotismo fue considerado
como una disfunción por la gente de la Edad Moderna, mientras que el absolutismo definía las
normas gubernamentales.
Crea confusión el describir una asociación consensual entre el monarca y la comunidad con
una palabra usada hasta el decenio de 1970 para sugerir lo opuesto.

DE DIOS, Salustiano, Realidad e imágenes de poder, El Estado Moderno, ¿un cadáver


historiográfico.

Problematizando conceptos: lo Moderno

El texto realiza reflexiones sobre la razón o sinrazón de continuar manteniendo la categoría


historiográfica de Estado Moderno. Para esto, es necesario un análisis crítico de los términos
contenidos en el binomio Estado y Moderno.
El término Moderno es el que ofrece menor consistencia, porque parece carecer de cualquier
sustantividad, con virtualidades exclusivas de orden cronológico.
Lalinde remarcó la paradoja de designar la organización política correspondiente a los siglos
XVI al XVIII, simultáneamente como Estado Moderno y Antiguo Régimen. “Moderno” sólo serviría
para oponerse a lo medieval y a lo contemporáneo.

Problematizando conceptos: Castilla en el siglo XV, ¿Estado o Monarquía Católica?

Con respecto al Estado el problema de fondo es si se debe negar condición estatal a las
organizaciones anteriores a la revolución burguesa.
Según de Dios, en Castilla se dieron las condiciones suficientes para que se pueda hablar de
Estado a partir de las últimas décadas del siglo XV, habiendo mediado un cambio de estructuras
políticas, no sociales, desde una situación preponderante de las relaciones feudovasalláticas a otra
de centralización absolutista.

128
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Tales condiciones son principalmente tres. Por un lado, la existencia de una fuerte
centralización cortesana15, con la creación de un conjunto de instituciones de gobierno y justicia, que
solo concluye posteriormente a la derrota de las Comunidades.
En segundo lugar, la formación de una comunidad política territorial definida, con sus
fronteras y la conciencia de sus habitantes de pertenecer a un reino, por encima de los lazos
personales de fidelidad y vasallaje.
Finalmente, la aparición de un poder soberano, en el sentido de un poder que no reconoce
otro superior en el orden interno y es independiente de cualquier potestad externa. La soberanía se
manifiesta fundamentalmente en la suprema jurisdicción, la facultad de dar leyes generales, el
derecho de gracia y todo cuanto encerraba el gobierno superior del reino, desde la designación de
oficios a la imposición de tributos. Se desconocía la separación de poderes, y se concentraban todos
ellos en el rey, que se convierte en monarca absoluto. Así, absolutismo no deviene de “absoluto”,
sino de “absuelto” (de poderes superiores).
Por su parte, Fernández Albaladejo piensa que la Monarquía Católica (Hispana) no evolucionó
hacia un auténtico Estado porque no era laica.
Él y Lalinde coinciden en que, en vez de hablar de Estado Moderno, Estado absoluto o
Monarquía absoluta, se debería hablar de Monarquía Católica para los siglos XVI y XVII.
Sin embargo, de Dios plantea que nada fuerza a concluir que las organizaciones políticas
territoriales de carácter confesional dejen de ser Estados por tal condición. Más allá de la importancia
del laicismo en los Estados actuales, plantea que la Iglesia y el papado fueron pioneros tanto en la
doctrina de la soberanía y del absolutismo, y que, de hecho, el verdadero modelo de monarca
absoluto lo representaba el papa.
Clavero señala que para que podamos hablar de Estado es necesario que tal entidad esté
separada de la sociedad, dejando de participar directamente en la sustracción del producto del
trabajo, y que monopolice el poder político y fiscal.
A su vez, presupone la eliminación del privilegio jurídico y la proclamación de un nuevo orden,
estatal, basado en la libertad e igualdad, en el que no tienen cabida los señoríos. Si no es Estado, es
monarquía, que él también califica de católica. Pero el monarca ni era absoluto ni soberano. La
persona de la monarquía, el estado de la monarquía, no eran cualitativamente diferentes de las otras
personas y de los otros estados existentes en el seno de la sociedad señorial.

El Estado y su expresión socio-histórica concreta.

Más allá de todo esto, de Dios vuelve a plantear que todo redunda en el contenido que le
demos a Estado, y que, si tenemos en cuenta las tres condiciones antes mencionadas, se puede
hablar de Estado en los siglos XVI-XVIII.

15
Cortes era la denominación de las instituciones parlamentarias propias de cada uno de los reinos
cristianos peninsulares medievales y el Antiguo Régimen en España y Portugal. Las Cortes
estamentales eran aquellas en las que participaban representantes de los diferentes estamentos:
clero, nobleza y común o pueblo llano, representado por la oligarquía urbana de ciertas. Las Cortes
suponían la explicitación y renovación periódica de la relación política entre el rey y el reino.

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Sin embargo, cree que habría que ver en este Estado una forma histórica determinada,
situada en un tiempo concreto.
También, piensa que es preferible por sus connotaciones jurídico-políticas la denominación
de Estado absoluto, o absolutista, a la de Estado moderno. Plantea que aún en el supuesto caso
extremo de rechazar el concepto de Estado, no hay que resignarse a considerar conceptos como los
de absolutismo y soberanía.

La soberanía del monarca y sus facultades absolutas.

Los términos “soberano” y “absoluto” aparecen una y otra vez referidos como atributos
propios del poder del príncipe en los documentos de la Corte castellana. Soberano sería el poder que
no reconoce superior, mientras que absoluto sería la desvinculación del monarca respecto del
derecho positivo16.
Conceptos unidos íntimamente entre sí, ya que, por ser soberano, por concentrar en sí los
más diversos poderes, carece de cualquier control institucional, nadie puede juzgarle, y no está atado
al derecho positivo.
En la legislación, sólo el rey tiene capacidad de dar leyes generales (con o sin las cortes) para
todo el reino. Por otro lado, los señores apelaban ante los tribunales reales, pero no a la inversa,
además de que los conflictos interseñoriales se resolvían ante las instancias judiciales de la
monarquía.
Al rey también le correspondía el gobierno superior del reino. Desde lo que podemos llamar
orden público, a la provisión de beneficios y dignidades eclesiásticas, pasando por el abastecimiento
de la población y los más variados negocios, sin olvidar que la convocatoria y disolución de Cortes era
una prerrogativa regia.
A su vez, cabe destacar el derecho de gracia, por su importancia dentro de los privilegios
regios, las regalías de la Corona, y por su conexión con el poder absoluto, con el absolutismo, en un
mundo de privilegio. Porque si la persona privilegiada de rey puede a su vez otorgar mercedes y
privilegios y confirmar, casar y anular cualquier acto es por su condición de absoluto.
En cambio, los señores no podían realizar una cantidad de actividades, como alzar
juramentos, sobreseer pleitos, dispensar leyes, otorgar privilegios, etc., que son exclusivas del rey.
Estas son actuaciones imprescindibles para la continuidad del régimen de privilegio, propio de la
sociedad feudo-señorial, convirtiéndose en necesario el poder absoluto del príncipe, es decir el
absolutismo monárquico.
El absolutismo representaría entonces una forma histórica de poder político, asentada sobre
la realidad de los señoríos y corporaciones privilegiadas.

16
El derecho positivo es el derecho que está escrito. A diferencia del derecho natural (inherente al
ser humano) y del consuetudinario (dictado por la costumbre), el derecho positivo es impuesto
colectivamente a favor de normar la convivencia de las personas, sancionado por las instituciones del
Estado conforme a lo establecido en un código común —un cuerpo de leyes escritas— que, a su vez,
pueden ser cambiadas por consenso. Se trata de leyes fundamentadas en un pacto jurídico y social.

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Sin embargo, el poder soberano y absoluto del príncipe tenía sus límites: los mismos que
derivaban del contexto de la sociedad, de modo que podía contribuir a la reproducción de la clase
señorial, pero no a su disolución. Esta última sería una labor revolucionaria, no propia de la
monarquía absoluta sino de los regímenes liberales, que encumbraron a una nueva clase social: la
burguesa-capitalista.
El triunfo de la burguesía supondría no sólo la abolición del privilegio de los señoríos y de la
monarquía absoluta y sus órganos de gobierno, sino también una nueva forma de organización
política, que no se basada en relaciones feudovasalláticas, sino en estructuras centralizadas, con un
poder soberano y absoluto y una comunidad política territorialmente definida, con su ideología, la
que aportaban juristas y teólogos, y también con su cultura, la del Humanismo, la del Renacimiento
o la del Barroco.

2) Las monarquías absolutas: El modelo estatal.


La centralización de las estructuras de poder:
la fiscalidad, el derecho, el ejército.

ANDERSON, Perry, El Estado Absolutista, El Estado Absolutista en Occidente.

Para Anderson, las crisis de los siglos XIV y XV pusieron de manifiesto los límites del modo de
producción feudal y una de las resultantes de ese proceso fue en el siglo XVI la aparición del Estado
Absolutista de Occidente, que representó una ruptura con la formación piramidal de la sociedad del
medioevo.

Carácter feudal de la Monarquía Absolutista

Las monarquías absolutas introdujeron ejércitos y una burocracia permanente, un sistema


nacional de impuestos, un derecho codificado y los comienzos de un mercado unificado.
Todas estas características parecen ser eminentemente capitalistas, y coinciden con la
desaparición de la servidumbre, que era la institución nuclear del primitivo modo de producción
feudal en Europa.
Las descripciones hechas por Engels y Marx del absolutismo como un sistema estatal que
representa el equilibrio entre la burguesía y la nobleza, o incluso un dominio abierto del mismo
capital, han parecido con mucha frecuencia plausibles.
Sin embargo, un estudio más detenido de las estructuras del Estado absolutista en Occidente
niega inevitablemente la validez de tales juicios.
El fin de la servidumbre no significó la desaparición de las relaciones feudales. La coerción
privada extraeconómica, la dependencia personal y la combinación del productor inmediato con los

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instrumentos de producción no desparecieron necesariamente cuando el excedente rural dejó de


pagarse en renta de trabajo y pasó a dinero. Mientras el trabajo no se separó de las condiciones
sociales de su existencia para transformarse en fuerza de trabajo, las relaciones de producción rurales
continuaron siendo feudales.
Durante toda la Temprana Edad Moderna, la clase económica y políticamente dominante
fue, pues, la misma que en la era medieval: la aristocracia feudal.
Esta nobleza sufrió una profunda transformación durante los siglos siguientes al fin de la Edad
Media, pero desde el comienzo hasta el final de la historia del absolutismo nunca fue desalojada de
su dominio del poder político.
El Absolutismo fue un aparato reorganizado y potenciado de dominación feudal, destinado a
mantener a las masas campesinas en su posición social tradicional a pesar y en contra de las mejoras
que habían conquistado por medio de la amplia conmutación de las cargas, en un período de
desarrollo de una economía de mercado.
El Absolutismo nunca fue un árbitro entre la nobleza y la burguesía, ni un arma de la
burguesía sino un caparazón de la nobleza.

La centralización y el beneficio de la aristocracia.

Al quedar debilitado el poder de clase de los señores por la desaparición gradual de la


servidumbre, el resultado fue un desplazamiento de la coerción política en un sentido ascendente,
desde una soberanía fragmentada propia de la formación social feudal hacia una cima centralizada y
militarizada: el Estado Absolutista.
Con el desarrollo de las relaciones mercantiles, la disolución de los lazos primarios entre la
explotación económica y la coerción político-legal, condujo no sólo a una creciente proyección de
esta última sobre la cúspide monárquica del sistema social, sino también a un fortalecimiento
compensatorio de los títulos de propiedad que garantizaban aquella explotación.
El efecto final de la redistribución del poder social de la nobleza fueron la maquinaria del
Estado y el orden jurídico absolutistas, cuya coordinación habría de aumentar la eficacia del dominio
aristocrático al reducir a un campesinado no servil a nuevas formas de dependencia y explotación.
Los estados monárquicos del Renacimiento fueron ante todo y sobre todo instrumentos
modernizados para el mantenimiento del dominio nobiliario sobre las masas rurales.

El papel de la burguesía mercantil.

Al mismo tiempo, la aristocracia tenía que adaptarse a una nueva antagonista: la burguesía
mercantil que se había desarrollado en las ciudades medievales.
De hecho, fue precisamente la intromisión de esta tercera presencia lo que impidió que la
nobleza occidental ajustara cuentas con el campesinado al modo oriental, esto es, aniquilando su
resistencia y encadenándolo al señorío.
Entre los años 1450 y 1500, las monarquías absolutas unificadas de Occidente dieron sus
primeros pasos y superaron las crisis de la economía feudal gracias a una nueva combinación de los

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factores de producción donde por primera vez incidieron los avances tecnológicos de la minería, la
producción monetaria, la imprenta, los galeones de tres mástiles y las conquistas ultramarinas.
Las Monarquías Absolutistas eran un reagrupamiento feudal contra el campesinado, pero
tras la disolución de la servidumbre apareció la burguesía urbana con una serie de avances
tecnológicos y comerciales que desarrolla las manufacturas preindustriales en un volumen
considerable.
El orden estatal era cada vez más feudal y la sociedad se hacía cada vez más burguesa.

Derecho romano: civil y público.

El derecho romano era ideal para la práctica mercantil en la faz urbana, sobre todo en cuanto
a la concepción distintiva de una propiedad privada absoluta e incondicional.
El resurgir del derecho romano en Europa Occidental estuvo íntimamente ligado al
crecimiento del capitalismo urbano y rural ya que económicamente hablando respondía a los
intereses de la burguesía (comercial y manufacturera). La recepción del derecho romano en la Europa
renacentista fue, pues, un signo de la expansión de las relaciones capitalistas en las ciudades y en el
campo.
Pero también servía a las exigencias constitucionales de los Estados Feudales reorganizados
hacia el incremento de los poderes centrales. El sistema legal romano comprendía dos sectores
distintos y aparentemente contrarios: el derecho civil y el derecho público. En éste, la voluntad del
príncipe tenía fuerza de Ley, fundamental para el ideal de las monarquías renacentistas.
La idea de que los príncipes y soberanos estaban libres de obligaciones legales propició las
bases jurídicas para anular los privilegios medievales, ignorar los derechos tradicionales y someter
las libertades privadas.
El auge de la propiedad privada desde abajo se vio equilibrado por el aumento de la autoridad
pública desde arriba, encarnado en el poder del monarca.
El principal efecto de esta adopción del derecho romano fue el reforzamiento del dominio
de la clase feudal tradicional. La aparente paradoja de este fenómeno quedó reflejada en toda la
estructura de las monarquías absolutas: el ejército, los impuestos, la diplomacia, el comercio y la
burocracia.

La burocracia.

Aunque todavía extremadamente imperfecto e incompleto, el crecimiento en racionalidad


formal de los sistemas legales de la primera Europa moderna fue obra, preponderantemente, del
absolutismo aristocrático.
No obstante, el modo de integración de la nobleza feudal en el estado absolutista fue la
compra de cargos, y de alguna manera la burocracia frenó el ascenso del capital mercantil.
Las cargas impositivas recaían sobre el pueblo y la clase señorial estaba exenta de ello. Esto produjo
recurrentes estallidos de revueltas.

El ejército.

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La formación de un ejército era fundamental ya que la expansión de la clase dominante a


través de la guerra era la forma de expandir la extracción de excedente.
La guerra era, posiblemente, el modo más “racional” y más “rápido” de que disponía
cualquier clase dominante en el feudalismo para expandirse.
La nobleza fue una clase terrateniente cuya profesión era la guerra: su vocación social no era
un mero añadido externo, sino una función intrínseca a su posición económica. La clase dominante
feudal era esencialmente móvil, en un sentido en que la clase dominante capitalista nunca pudo serlo
después, porque el mismo capital es por sí mismo internacionalmente móvil y permite que sus
propietarios están fijos nacionalmente; pero la tierra es nacionalmente inmóvil y los nobles tienen
que viajar para tomar posesión de ella.
Los estados absolutistas reflejaban esa racionalidad arcaica en su más intima estructura. Eran
máquinas construidas especialmente para el campo de batalla. Y, en palabras de Maquiavelo, la
guerra era el destino de los príncipes.

La diplomacia.

El mecanismo supremo de la diplomacia era el matrimonio.

Comercio y capital manufacturero y mercantil.

La contradicción del Absolutismo era que representaba la protección de la propiedad y los


privilegios aristocráticos, pero al mismo tiempo daba los medios por lo que se aseguraba los intereses
básicos de las nacientes clases mercantiles y manufactureras.
Una de las razones de este equilibrio era que el capital manufacturero y mercantil no
necesitaba aún gran cantidad de mano de obra por lo que no rompía el orden agrario feudal que
encerraba a la gran masa del pueblo y que serían los futuros asalariados del consumo capitalista
industrial. Esos capitales podían desarrollarse dentro de los límites establecidos por el marco feudal
reorganizado.
Por otra parte, las funciones del Absolutismo no se redujeron a su sistema de impuestos y de
cargos. El mercantilismo alentaba la exportación de bienes a la vez que prohibía la de metales
preciosos y de moneda.
El mercantilismo era la teoría de intervención del estado político en el funcionamiento de la
economía en interés de prosperidad de ésta y del poder de aquel.
Además, la teoría mercantilista era profundamente “belicista” al hacer hincapié en la
necesidad y rentabilidad de la guerra.
En la lucha contra sus rivales las monarquías tenían un gran interés en acumular metales
preciosos y promover el comercio bajo sus banderas. La centralización económica, el proteccionismo
y la expansión ultramarina engrandecieron al último Estado feudal a la vez que beneficiaban a la
primera burguesía. Engrandecían el ingreso fiscal de las primeras y proporcionaba oportunidades de
crecer a los segundos.

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Era un Estado basado en la supremacía social de la aristocracia y limitado por los imperativos
de la propiedad de la tierra. La nobleza podía depositar el poder en la monarquía y permitir el
enriquecimiento de la burguesía. Las masas estaban aún a su merced.
La dominación del estado Absolutista fue la dominación de la nobleza feudal en la época de
la transición al capitalismo. Su final señalaría la crisis de poder de esa clase: la llegada de las
revoluciones burguesas y la aparición del estado capitalista.

La paradoja del absolutismo en Occidente.

Inmensamente engrandecido y reorganizado, el Estado feudal del absolutismo estuvo, a


pesar de todo, constante y profundamente sobredeterminado por el crecimiento del capitalismo en
el seno de las formaciones sociales mixtas del primer período moderno.
Estas formaciones eran, desde luego, una combinación de diferentes modos de producción
bajo el dominio –decadente –de uno de ellos: el feudalismo. Todas las estructuras del estado
absolutista revelan la acción a distancia de la nueva economía que se abría paso en el marco de un
sistema más antiguo.
La aparente paradoja del absolutismo en Occidente fue que representaba
fundamentalmente un aparto para la protección de la propiedad y los privilegios aristocráticos, pero
que, al mismo tiempo, los medios por los que se realizaba esta protección podían asegurar,
simultáneamente, los intereses básicos de las nacientes clases mercantil y manufacturera.

Relación entre la nobleza y la monarquía

La “ramificación” del sistema político feudal en la Baja Edad Media, con el desarrollo de la
institución de los Estados a partir del tronco principal, no transformó las relaciones entre la
monarquía y la nobleza en ningún sentido unilateral.
Esas instituciones fueron llamadas a la existencia fundamentalmente para extender la base
fiscal de la monarquía, pero a la vez que cumplían ese objetivo, incrementaron también el potencial
control colectivo de la nobleza sobre la monarquía. No deben considerarse pues, ni como meros
estorbos ni como simples instrumentos del poder real; más bien, reprodujeron el equilibrio original
entre el soberano feudal y sus vasallos en un marco más complejo y eficaz.
No obstante, esto no quita el hecho de que el contraste entre el antiguo modelo de
monarquía medieval y el de la primera época del absolutismo no haya resultado lo suficientemente
drástico para la nobleza de la época que experimentó una lenta reconversión, a pesar y en contra de
la mayoría de sus instintos y experiencias anteriores (autonomía política, ejercicio militar de la
violencia privada, lealtad vasallática, etc).
El siglo XVII fue escena de repetidas rebeliones locales nobiliarias contra el Estado absolutista
de Occidente. Pero esta reacción nunca pudo convertirse en un salto unido y total de la aristocracia
contra la monarquía, porque ambas estaban unidas entre sí por un cordón umbilical de clase;
tampoco hubo en este siglo ningún caso de rebelión “puramente” nobiliaria.

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El modelo característico fue, más bien, una explosión sobredeterminada en la que una parte
“regionalmente” delimitada de la nobleza levantaba la bandera del separatismo aristocrático y a la
que se unían, en un levantamiento general, la burguesía urbana y las muchedumbres plebeyas.
Esto fue necesariamente así porque ninguna clase dominante feudal podía echar por la borda
los avances alcanzados por el absolutismo –que eran, además, la expresión de profundas necesidades
históricas que se abrían paso por sí mismas en todo el continente –sin poner en peligro su propia
existencia.
Pero el carácter parcial o regional de esas luchas no minimiza su significado: los factores de
autonomismo local se limitaban a “condensar” una desafección difusa, que frecuentemente existía
en toda la nobleza, y le daban una forma político-militar violenta.

Limitaciones de las Monarquías Absolutistas

El mismo término de “absolutismo” era incorrecto. Ninguna monarquía occidental ha gozado


nunca de un poder absoluto sobre sus súbditos, en el sentido de un despotismo carente de trabas.
Todas se han visto limitadas, incluso en el cenit de sus prerrogativas, por ese entramado de
concepciones designadas como derecho “divino” o “natural”. Por ejemplo, tropas que se rehusaban
a cruzar ciertas fronteras sin el permiso de sus señores.
Tampoco pudieron alcanzar una centralización administrativa ni una unificación jurídica
completas. Los particularismos corporativos y las heterogeneidades regionales heredadas de la época
medieval caracterizaron al Antiguo Régimen hasta su derrocamiento final.
La monarquía absoluta de Occidente estuvo siempre, de hecho, doblemente limitada: por la
persistencia de los organismos políticos tradicionales que estaban por debajo de ella y por la
presencia de la carga excesiva de una ley moral situada por encima de ella.
En otras palabras, el poder del absolutismo operaba, en último término, dentro de los
necesarios límites de la clase cuyos intereses afianzaba.

Diferencias regionales.
A pesar de las caracterizaciones generales del absolutismo en Occidente, Anderson reconoce
grandes variaciones territoriales que habrían de tener consecuencias cruciales para el desarrollo
posterior en cada uno de los países.

España.

Nacida de la unión de Castilla y Aragón con el matrimonio de Isabel y Fernando, tuvo en sus
comienzos un gran impacto entre el resto de las monarquías a causa de su poder y riqueza
desproporcionados que tenía a disposición. Pueden mencionarse sus conexiones matrimoniales, el
control sobre América, la expansión comercial ultramarina y la expansión de su producción de lana.
Pero, igualmente, la misma fortuna de su primitiva pero lucrativa economía de extracción, la
empujó a no promover el desarrollo de manufacturas ni fomentar la expansión de empresas
mercantiles.

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De hecho, aplastó la vitalidad urbana de la Italia del norte 17 y aplastó las florecientes ciudades
de la mitad de los Países Bajos, las dos zonas más avanzadas de la economía europea a comienzos
del siglo XVI.18
Con la ampliación de la órbita internacional de los Habsburgo19 comenzaron también las
continuas guerras europeas que habrían de ser el precio del poderío español en el continente, y su
consecuente gasto público. Crecieron tanto las presiones fiscales como el endeudamiento.
El Imperio español se estaba haciendo económicamente insostenible.
El descubrimiento de metales americanos no tuvo consecuencias positivas para la economía
española: el oro como entró, salió por la poca especialización manufacturera española.
A la vez creció el cultivo especializado de vino y olivos y tierras para la lana, causando
dificultades para el abastecimiento alimenticio.
El comercio de contrabando de las colonias americanas en perjuicio de los ingresos de la
corona y la supremacía marítima de Inglaterra y Holanda ya eran muy visibles.
Además, el Estado Monárquico español no pudo nunca superar las profundas divisiones
internas. Hacia finales del siglo XVII, con la toma del poder por los Borbones, se profundizó la
racionalización burocrática y la centralización política, pero ya era demasiado tarde.
Hasta la invasión napoleónica, más de la mitad de las ciudades españolas no estaban bajo
jurisdicción monárquica, sino bajo jurisdicción señorial o clerical. Estas “combinaciones de soberanía
y propiedad” fueron una reveladora supervivencia de los principios de señoría territorial en la época
del absolutismo. El Antiguo Régimen conservó sus raíces feudales en España hasta el último día.

17
Italia española es una denominación de uso historiográfico para designar al conjunto de territorios
italianos dependientes de la Monarquía Hispánica del Antiguo Régimen (siglos XVI, XVII y XVIII). Estos
fueron, en uno u otro momento, el Ducado de Milán, los Presidios de Toscana, el Marquesado de
Finale y los reinos de Nápoles, Sicilia y Cerdeña.

18
19
La Casa de Habsburgo (Casa de Austria) fue una de las más influyentes y poderosas casas reales de
Europa. Los Habsburgo ocuparon el trono del Sacro Imperio Romano Germánico de forma continuada
entre 1438 y 1740. También ocuparon en distintos momentos los tronos de los reinos de España,
Portugal, Bohemia, Inglaterra, Hungría y Croacia y el Segundo Imperio Mexicano.

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Francia.

El absolutismo no gozó aquí de unas ventajas tan tempranas como en España, en la forma de
un lucrativo imperio ultramarino. Pero, al mismo tiempo, tampoco tuvo que enfrentarse en el interior
a los permanentes problemas estructurales de unir reinos dispares, con unos legados políticos y
culturales radicalmente opuestos (aunque sí contaba con mucha más población).
La historia de la construcción del absolutismo francés habría de ser la de una progresión
“convulsiva” hacia un Estado monárquico centralizado, repetidamente interrumpida por recaídas en
la desintegración y en la anarquía provincial, seguidas de una reacción intensificada hacia la
concentración del poder monárquico, hasta que al final se construyera una estructura
extremadamente sólida y estable.
Las tres grandes rupturas del orden político fueron:

1) La guerra de los Cien Años en el siglo XV20: al final, promovió la creación de un ejército regular en
lugar del tradicional servicio de caballería señorial, y la promulgación de los impuestos necesarios
para ello.
Por otra parte, la imposibilidad de convocar a los Estados Generales por parte de los reyes
franceses frustró la aparición de un Parlamento nacional en la Francia renacentista, a causa del
encasillamiento regional del poder señorial local, pero a largo plazo, facilitó la tarea del absolutismo.

2) Las guerras de religión en el siglo XVI21 : la lucha interfeudal desatada entre las principales casas
nobiliarias fue acompañada de fuertes radicalizaciones en la ciudad y en el campo (en donde las
guerras tuvieron efectos devastadores) dando lugar a una reunificación a la clase dominante.

20
La guerra de los Cien Años fue un conflicto armado entre los reinos de Francia e Inglaterra que duró
116 años (24 de mayo de 1337-19 de octubre de 1453)6789. El conflicto fue de raíz feudal, pues su
propósito era resolver quién controlaría las tierras adicionales que los monarcas ingleses habían
acumulado desde 1154 en territorios franceses, ya que ascendió al trono de Inglaterra Enrique II
Plantagenet, conde de Anjou. La guerra se saldó con la derrota de Inglaterra y la consecuente retirada
de las tropas inglesas de tierras francesas.
La rivalidad entre Francia e Inglaterra provenía de la batalla de Hastings (1066), cuando la victoria del
duque Guillermo de Normandía le permitió adueñarse de Inglaterra. Ahora los normandos eran reyes
de una gran nación y exigirían al rey francés ser tratados como tales, pero el punto de vista de Francia
no era el mismo: el ducado de Normandía siempre había sido vasallo, y el hecho de que los
normandos hubiesen ascendido al trono de Inglaterra no tenía por qué cambiar la sumisión
tradicional del ducado a la corona de París.
21
Las Guerras de religión de Francia fueron una serie de enfrentamientos civiles que se desarrollaron
en el reino de Francia y en el reino de Navarra durante la segunda mitad del siglo XVI.
El detonante de las Guerras de Religión fueron las disputas religiosas entre católicos y protestantes
calvinistas, conocidos como hugonotes, exacerbadas por las disputas entre las casas nobiliarias que
abanderaron estas facciones religiosas, en especial los Borbón y los Guisa.
Por añadidura, la guerra civil francesa tuvo dimensiones internacionales, implicando en la lucha a la
potencia protestante del momento, la Inglaterra de Isabel I, con la máxima defensora del catolicismo

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Esta comenzó a cerrar filas tan pronto como existió un peligro real de levantamiento desde
abajo: este fue el momento de madurez del Estado absolutista con los Borbones.
Esta consolidación de la monarquía fue paralela al crecimiento de la burguesía comercial
urbana y la promoción del comercio de exportación (mercantilismo).
La complejidad de la arquitectura del Estado fue la que permitió una unificación lenta pero
ininterrumpida de la clase noble, que se adaptó gradualmente al nuevo molde centralizado, sujeto al
control público, mientras todavía ocupaba a título privado posiciones y gozaba de la autoridad local
en los “parlaments” provinciales.
Pero, asimismo, proliferó la extensión de la venta de cargos y la improvisación financiera
tanto en la política exterior como interior. La proeza de integrar a la naciente burguesía francesa en
el circuito del Estado feudal mediante la compra de cargos igualmente representaba una inversión
tan rentable que el capital se desviaba continuamente de las aventuras manufactureras o mercantiles
hacia una colusión usurera con el Estado absolutista. Y, obviamente, el peso de todo este aparato
cayó sobre los pobres.
El Estado feudal reorganizado golpeó sin piedad a las masas rurales y urbanas, dando lugar a
un creciente número de revueltas.

3) La Fronda en el siglo XVII22 : en cierto sentido, la Fronda puede considerarse como la “cresta” más
alta de esta larga ola de rebeliones populares, en la que durante un breve período algunos sectores
de la alta nobleza, de la magistratura, de los titulares de cargos y de la burguesía municipal utilizaron
a las masas descontentas para sus propios fines contra el Estado absolutista.

y mayor potencia de la época, la España de Felipe II. Debido a ello, el conflicto influyó de manera
determinante en el éxito de la rebelión de las Provincias Unidas contra el dominio español y en la
expansión de las confesiones protestantes en el Sacro Imperio Romano Germánico, regido por el tío
de Felipe II, el emperador Fernando I de Habsburgo.
El conflicto acabó con la extinción de la dinastía Valois-Angulema y el ascenso al poder de Enrique IV
de Borbón, que tras su conversión al catolicismo promulgó el Edicto de Nantes en 1598, garantizando
una cierta tolerancia religiosa hacia los protestantes. Sin embargo, los conflictos entre la Corona y los
hugonotes se reavivaron periódicamente, hasta que el nieto de Enrique IV, Luis XIV, revocó tal
tolerancia con el Edicto de Fontainebleau de 1685, proscribiendo toda religión excepto la católica, lo
que provocó el exilio de más de 200 000 hugonotes.
22
La Fronda es un conjunto de movimientos de insurrección ocurridos en Francia durante la regencia
de Ana de Austria, y la minoría de edad de Luis XIV, entre 1648 y 1653.
Este periodo de revueltas marca una reacción frente a la creciente autoridad de la monarquía en
Francia, que había incrementado su poder bajo los reinados de Enrique IV y Luis XIII (este último con
el cardenal Richelieu como primer ministro). Con la muerte de Richelieu en 1642 y, después, la de
Luis XIII en 1643, el poder real se debilita bajo la organización de una regencia.
Esto se agrava por la difícil situación financiera generada por la intervención en la Guerra de los
Treinta Años, además de las ganas de revancha de muchos nobles que habían sufrido una pérdida de
poder e influencia por las medidas de Richelieu. Esta situación genera una conjunción de múltiples
oposiciones al poder real, ya sean parlamentarias, aristocráticas o populares.

139
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Aunque la presión social desde abajo fue probablemente más apremiante, la Fronda fue en
realidad menos peligrosa para el Estado monárquico que las guerras de religión, porque las clases
propietarias estaban ahora más unidas.
En efecto, a pesar de todas las contradicciones existentes, el proceso de fusión permitido por
la coexistencia de los dos sistemas dentro de un mismo Estado acabó por asegurar una solidaridad
mucho más rápida contra las masas.
La misma profundidad del malestar popular revelado por la Fronda recortó la última ruptura
emocional con la monarquía protagonizada por la aristocracia disidente. En adelante, la aristocracia
habría de sentar cabeza bajo el absolutismo consumado y solar de Luis XIV, sin parangón en ningún
otro país de Europa occidental.
Por ejemplo, los Estados provinciales ya no pudieron discutir ni negociar impuestos y la
nobleza tuvo que vivir en Versalles por lo que quedó separada del señorío efectivo sobre sus dominios
territoriales. Aunque también derivó en cierta arrogancia del absolutismo borbónico que acabó por
“encerrarse en Versalles”.
Los fracasos militares en el exterior y las crisis agrarias y de hambre, llevaron a la crisis del
absolutismo francés.
Francia nunca logró tener una posición dominante en Europa Occidental como España la
había tenido durante casi 100 años. Su consolidación interior coincidió con el predominio de Holanda
e Inglaterra con los cuales no pudo competir eficazmente.
En este contexto, ganó terreno la nobleza y conservó su riguroso estatuto feudal. La
disminución simultánea del acceso de los plebeyos al Estado feudal, y el desarrollo de una economía
comercial al margen de éste, emanciparon a la burguesía de su dependencia subalterna del
absolutismo.
La revancha que se tomó en la guerra de independencia norteamericana contra Londres, sin
embargo, fue lo que provocó la definitiva crisis fiscal del absolutismo francés en el interior.

Inglaterra.

En términos generales, la que fue la monarquía medieval más fuerte de Occidente produjo
finalmente el absolutismo más débil y de más corta duración.
Inglaterra experimentó una variante del poder absolutista particularmente limitada en todos
los sentidos. Aunque, naturalmente, algunas pautas medievales de gran importancia se conservaron
y heredaron, se dio lugar a una peculiar ruptura política.
La primera centralización administrativa del feudalismo normando había generado una clase
noble muy reducida y unificada regionalmente, sin magnates territoriales semiindependientes que
se pudieran comparar a los del continente. Los señores eclesiásticos tampoco dispusieron nunca de
enclaves señoriales amplios y consolidados. La monarquía feudal inglesa evitó así los diversos peligros
para el gobierno unitario a los que se enfrentaron los soberanos feudales de Francia, Italia o
Alemania.
Pero en este mismo proceso, al poder personal del monarca le siguieron muy pronto las
tempranas instituciones colectivas de la clase dominante feudal, dotadas de un carácter unitario
excepcional: los “parliaments”.

140
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Estas instituciones, que también estaban en el continente, aseguraron una limitación


negativa tradicional del poder legislativo real. Esto habría de tener una gran importancia en la época
del absolutismo ya que se aceptó que ningún monarca podía decretar nuevas leyes sin el
consentimiento del Parliament.
Desde el punto de vista estructural este veto correspondía estrechamente a las exigencias
objetivas del poder de la clase noble. Así, mientras los verdaderos poderes ejecutivos de los reyes
medievales ingleses fueron normalmente mucho mayores que los de los monarcas franceses, nunca
consiguieron, por esa misma razón, la relativa autonomía legislativa de la que finalmente gozaron
estos últimos.
El predominio inglés durante la mayor parte de la guerra de los Cien Años fue sobre todo
producto de la solidez y la integración política de la monarquía feudal inglesa. La capacidad
administrativa de ésta para explotar su patrimonio y agrupar a su nobleza fue hasta el mismo final de
la guerra, mucho mayor que la de la monarquía francesa.
La crisis matrimonial de Enrique VIII movilizó en su favor a la clase terrateniente en la disputa
con el papado y el imperio y aseguró la aprobación de la incautación política de la Iglesia por el Estado
en Inglaterra.
La nueva monarquía Tudor23 carecía de un sólido aparato militar. Mientras se consolidaba al
interior, la posición geopolítica de Inglaterra en el exterior había experimentado, lenta y
silenciosamente, un cambio radical. Francia y España marcaron ventajas decisivas gracias a la
superioridad demográfica y económica.
Los excesivos costos de las empresas militares en el continente fueron cubiertos en parte por
la venta de las propiedades de la Iglesia. El déficit y a la larga esta transferencia de propiedades no
sólo debilitó al Estado, sino que reforzó mucho a la “gentry”, principal compradora de estas tierras,
y cuyo número y riqueza creció rápidamente a partir de entonces. En este contexto aislacionista se
produjo una desmilitarización excepcionalmente prematura de la clase noble.
Esto permitió una conversión gradual de la aristocracia hacia las actividades comerciales,
mucho antes que cualquier otra clase rural comparable en Europa. El predominio de la producción
de lana aceleró de forma natural esta tendencia a la vez que la industria rural proporcionaba salidas
naturales para las inversiones de la “gentry”.
La idiosincrasia de la clase terrateniente inglesa de la época del absolutismo tenía que estar
pues, históricamente entrelazada: era insólitamente civil y comercial por su educación, y plebeya por
su rango.
El correlato de esta clase era un Estado que tenía una pequeña burocracia, una fiscalidad
limitada y carecía de ejército permanente.

23
La Casa de Tudor o Dinastía Tudor gobernó el reino de Inglaterra desde 1485 hasta 1603.
Su historia está entrelazada con los acontecimientos más importantes y dramáticos de la historia
moderna de Europa y del mundo, pues bajo su gobierno comenzó la exploración inglesa de América.
Por ello se la considera como la familia real inglesa más famosa y controvertida.
Son un ejemplo de las monarquías autoritarias con las que compitieron y se relacionaron en el
escenario de la Europa occidental del Antiguo Régimen.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La tendencia intrínseca de la monarquía Tudor fue sorprendentemente igual a la de sus


adversarios continentales, pero los límites de su desarrollo fueron establecidos por el carácter de la
nobleza que la rodeaba.
Con la llegada de la dinastía Estuardo24 en el siglo XVII, en el contexto de un rápido avance
del capitalismo agrario y mercantil y de la “gentry” inglesa, el reforzamiento político del Estado feudal
ya no correspondía, por tanto, al carácter social de la mayor parte de la clase social sobre la que
inevitablemente tenía que apoyarse. Tampoco existía ningún peligro social procedente de abajo que
obligara a reforzar los lazos entre la monarquía y la “gentry”.
Mientras el absolutismo continental se había construido sobre sus ejércitos, por una extraña
ironía, el absolutismo insular sólo podía existir con sus débiles ingresos mientras no tuviera necesidad
de crear un ejército.
En efecto, sólo el Parlamento podía proveer los recursos necesarios, pero una vez convocado
era seguro que comenzaría muy pronto a desmantelar la autoridad de los Estuardo.
Por idénticas razones históricas, la creciente rebelión política contra la monarquía no poseía
en Inglaterra los instrumentos precisos para una insurrección armada contra ella; incluso la oposición
de la “gentry” carecía de un núcleo central para un asalto constitucional contra el gobierno personal
del rey mientras no hubiera una convocatoria del Parlamento.
El punto muerto entre ambos antagonistas se quebró con el estallido de levantamientos en
Escocia e Irlanda. El absolutismo inglés finalmente pagó el precio por su falta de fuerzas armadas.
La lucha por conseguir el control del ejército inglés, que ahora era preciso crear para suprimir
la insurrección irlandesa, condujo al Parlamento y al rey a la guerra civil.
El absolutismo inglés se vio arrastrado a la crisis por el particularismo aristocrático y la
desesperación de los clanes en su periferia; esto es, por fuerzas históricamente retrasadas respecto
a él. Pero fue derribado en su centro por una “gentry” comercializada, una city capitalista y un
artesanado y una yeomen plebeyos: fuerzas que iban delante de él.
Antes de que pudiera alcanzar la edad de su madurez, el absolutismo inglés fue derribado
por una revolución burguesa.

Absolutismo en Oriente.

Después de la gran crisis de los siglos XIV y XV, la consecuencia política fue un absolutismo
oriental, coetáneo del occidental pero de origen básicamente distinto. El Estado absolutista del Oeste
fue el aparato político reorganizado de una clase feudal que tras la desaparición de la servidumbre
se tuvo que adaptar a una economía crecientemente urbana, y que no controlaba por completo. Por
el contrario, el Estado absolutista del Este fue la máquina represiva de una clase feudal que acababa
de liquidar las tradicionales libertadas comunales de los pobres. Fue un instrumento para la
consolidación de la servidumbre, en un paisaje limpio por completo de vida urbana o resistencias
autónomas. La reacción feudal en el Este significaba que era necesario implantar desde arriba, y por

24 24
La Casa de Estuardo fue la dinastía reinante en Escocia desde 1371 hasta 1603 y desde
entonces en el conjunto formado por esta con Inglaterra e Irlanda hasta 1714, exceptuando el
periodo de la República (1649-1660).

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la fuerza, un mundo nuevo. La dosis de violencia que se introdujo en las relaciones sociales fue, por
tanto, mucho mayor. El Estado absolutista del Este nunca perdería las marcas de esta experiencia
originaria.
Factor externo
Para Anderson, el desarrollo desigual del feudalismo dentro de Europa encontraba su expresión más
característica no en la balanza comercial, sino en la balanza de las armas entre las respectivas
regiones del continente. En otras palabras, la primera mediación entre Este y Oeste en estos siglos
fue militar. Fue, entonces, la presión internacional del absolutismo occidental, aparato político de
una aristocracia feudal más poderosa, dominante en sociedades más avanzadas, lo que obligó a la
nobleza oriental a crear una máquina estatal igualmente centralizada para sobrevivir (Expansión de
Suecia).
Así, al mismo tiempo que divergían las relaciones infra-estructurales de producción, tuvo lugar en
ambas zonas una paradójica convergencia de las superestructuras (índice, por supuesto, de lo que en
último término era un modo de producción común). La forma concreta que adoptó la amenaza militar
del absolutismo occidental fue, afortunadamente para la nobleza oriental, indirecta y transitoria. A
pesar de todo, es sorprendente hasta qué punto sus efectos actuaron como catalizador del modelo
político del Este.
Factor interno
Con todo, este absolutismo también estuvo sobredeterminado, inevitablemente, por el desarrollo de
la lucha de clases dentro de las formaciones sociales del Este. Llama la atención una coincidencia
inicial: la decisiva consolidación jurídica y económica de la servidumbre, precisamente durante las
mismas décadas en que se echaron con firmeza las bases políticas del Estado absolutista.
La formación del absolutismo oriental estuvo determinado por un acuerdo en el cual la nobleza
votaba los impuestos para un ejército permanente y el príncipe promulgaba ordenanzas por las que
ataba irremediablemente a la tierra a la fuerza de trabajo rural. Los impuestos además habrían de
cargarse sobre las ciudades y los campesinos, pero no sobre la nobleza. Fue un pacto que aumentó
tanto el poder político de la dinastía sobre la nobleza como el poder de la nobleza sobre el
campesinado. Así las nuevas monarquías –Hohenzollern, Habsburgo y Romanov –aseguraron la
inquebrantable supremacía política de la nobleza sobre las ciudades (y por tanto la inexistencia de
una clase burguesa fuerte).
La razón interna más fundamental del absolutismo del Este radica, sin embargo, en el campo. Su
compleja maquinaria de represión estaba dirigida primordial y esencialmente contra el campesinado.
El descenso demográfico de esta época creo, o agravó, una constante escasez de trabajo rural para
el cultivo de la tierra. El primer objetivo de la clase terrateniente no era tanto, como en Occidente,
fijar el nivel de las cargas que debía pagar el campesino, como detener la movilidad del aldeano y
atarle a la tierra. Del mismo modo, en grandes zonas de Europa oriental, la forma más típica y eficaz
de la lucha de clases protagonizada por el campesino era simplemente huir, esto es, desertar
colectivamente de la tierra y dirigirse a nuevos espacios deshabitados e inexplorados.
Las leyes señoriales que ataban al campesinado a la tierra ya se habían aprobado en la época
precedente, pero, su cumplimiento era normalmente muy imperfecto. La misión del absolutismo fue,
en todas partes, convertir la teoría jurídica en práctica económica. Ninguna red de jurisdicciones de
señores individuales, por muy despóticos que fueran, podía enfrentarse con este problema de forma

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adecuada. Estos conflictos no terminaron hasta que se estableció una autocracia central, estable y
poderosa, con un aparato coercitivo de Estado, capaz de imponer la adscripción a la tierra en todo el
territorio.
Características
Los rasgos específicos de la variante oriental de esta máquina feudal fortificada fueron:
1-Aparato militar: en primer lugar, la influencia de la guerra en su estructura fue más preponderante
incluso que en el Oeste, y tomó formas sin precedentes. Por ejemplo, la burocracia prusiana nació
incluso como una rama del ejército. La atención preferente del Estado absolutista a la guerra
correspondía a movimientos de conquista y expansión mucho mayores que los que tuvieron lugar en
Occidente. La cartografía del absolutismo del Este corresponde estrechamente a su estructura
dinámica.
2-Relación entre la monarquía y la aristocracia feudal: la militarización extrema del Estado estaba
ligada, además, estructuralmente a la naturaleza de la relación funcional entre los propietarios
feudales y las monarquías absolutas. De hecho, la diferencia fundamental entre las variantes oriental
y occidental puede verse en los respectivos modos de integración de la nobleza en la nueva
burocracia creada por ellas.
La venta de cargos no existió en Prusia ni en Rusia en volumen considerable. El nuevo Estado prusiano
impuso una creciente probidad financiera sobre su administración. No se permitió la compra por los
nobles de posiciones rentables en la burocracia. Si había fraudes y malversaciones, pero este
fenómeno no era más que una variedad directa y primaria del peculado y el robo, aunque en una
escala enorme y caótica. La venta de cargos propiamente dicha –en cuanto sistema regulado y legal
de reclutamiento de una burocracia –nunca llegó a establecerse seriamente.
Para Anderson las razones de esta diferencia general entre el Este y el Oeste se encuentran en
conexión con la existencia de una clase comercial local. En otras palabras, la venta de cargos en
Occidente correspondió a la sobredeterminación del último Estado feudal por el rápido crecimiento
del capital mercantil y manufacturero. El vínculo contradictorio que el capital establecía entre el cargo
público y las personas privadas reflejaba las concepciones medievales de soberanía y contrato, en las
que todavía no existía un orden público impersonal. Pero simultáneamente era un vínculo monetario,
que reflejaba la presencia y la interferencia de una economía monetaria y de sus futuros dueños, la
burguesía urbana. La naturaleza mercantil de la transacción era también, por supuesto, un indicio de
la relación interclasista establecida entre la aristocracia dominante y su Estado: la unificación por
medio de la corrupción y no de la coacción produjo un absolutismo más suave y avanzado.
En el Este, por el contrario, no había ninguna burguesía urbana que pudiera modificar el carácter del
Estado absolutista, el cual, por tanto, no fue atemperado por un sector mercantil. La consecuencia
fue que el híbrido fenómeno de la venta de cargos resultó impracticable. Los principios feudales puros
habrían de dirigir la construcción de la maquinaria estatal.

DUCHHARDT, Heinz, La época del absolutismo, Capítulo 3, El absolutismo europeo.

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Sigue siendo difícil describir de manera concluyente el absolutismo europeo, sobre todo
porque presentó diversos desarrollos, se manifestó en fases no coincidentes en el tiempo y nunca se
realizó de forma pura.
La soberanía absoluta del príncipe es en primer lugar el intento de responder con la
ampliación de competencias y de poder a los retos planteados en el interior de los Estados y en sus
relaciones mutuas: las guerras civiles confesionales generan situaciones de crisis que desde el
derecho público parecen casi no tener salida y demuestran la impotencia de las antiguas fuerzas del
orden.
Así, el absolutismo es ante todo una respuesta al proceso de confesionalización de Europa y
a la competencia entre Estados.
Pero su influencia se extendió mucho más allá de esa época: el dualismo entre príncipe y
estamentos, como representantes del país, el reparto del poder y la soberanía entre varios
portadores, se supera a favor de la potestad absoluta del príncipe, que se estiliza en encarnación
exclusiva del Estado, dirigiendo la administración, el funcionariado y el ejército en un punto central
del mismo, al racionalizarlo y modernizarlo, dando así al proceso de estatalización un impulso
duradero.
Al hacerlo así, relega la autonomía regional de la nobleza y apoya cada vez más su soberanía
en la burguesía, cuyo capital y disponibilidad personal acompañan al ascenso de la monarquía
absoluta.
Desde Bodin, aparecen criterios y tratados constitutivos de la “soberanía” y el príncipe
absoluto (es decir, dependiente solo de Dios), como por ejemplo su derecho exclusivo de legislación
e interpretación de la ley y la prohibición estricta de oponerle resistencia. También la filosofía del
Estado de Hobbes podía utilizarse al servicio del absolutismo monárquico.
En la realización práctica, el objetivo estaba dirigido a la extensión del Estado a costa de
antiguos privilegios y de los individuos que detentaran alguna soberanía, a la concentración y
monopolio de la autoridad y el poder del Estado en la persona del príncipe, capaz de despertar e
instrumentalizar nuevas formas dirigidas a la modernización de su Estado, y al aumento de su
prestigio. Como ejemplo se presenta la Francia de Luis XIV, aunque no fue tan “absoluto” como se
había supuesto, y nunca fue copiado en ninguna parte.
Luis XIV, que no por casualidad eligió como símbolo al Sol, tomó en sus manos el gobierno en
un momento favorable para el fortalecimiento monárquico (las tensiones internacionales habían
remitido, había antagonismos entre confesiones, la oposición había sido acallada después de la
Fronda y el fortalecimiento estatal había progresado).
El rumbo principal quedaba prefijado: para impedir la amenaza constante de la
desintegración territorial y social y garantizar la seguridad interior y exterior era necesario excluir y
reducir todas las autoridades intermedias semiautónomas y autónomas; construir una
infraestructura estatal dependiente de la corona; fortalecer el ejército permanente y el monopolio
del ejercicio del poder por parte del Estado; e incrementar la capacidad contributiva de los súbditos
erigiendo un aparato fiscal y administrativo modernizado para su financiación.

La inclusión de la nobleza.

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Luis XIV practicó la política de atraer a su corte a la parte más influyente de la nobleza, con
la doble intención de incrementar el esplendor de su reinado y poder así controlar y domesticar
permanentemente a los potenciales nuevos frondistas.
El Rey Sol integró a la noblesse d´epée en el absolutismo cortesano, la alejó del aparato del
poder y la limitó a tareas representativas y militares exactamente controladas, neutralizándola como
potencial foco de amenaza.
Así también, la pugna por el fortalecimiento de las tendencias encaminadas a una iglesia
nacional fue en un primer momento la de mayor éxito, aunque menos éxito tuvo la lucha contra
movimientos como los hugonotes y jansenistas. Esto permite demostrar que el absolutismo estuvo
muy lejos de conseguir todos los objetivos postulados por su teoría.
En lugar del primer ministro, cuyo cargo fue suprimido al igual que otros, como gran
almirante y canciller, aparecieron varios ministros burgueses que detentaban el privilegio de la
consulta directa. Podría verse un signo general del absolutismo en su fase de formación en el hecho
de que el príncipe recurriera en un principio más decididamente a consejeros y ministros burgueses
y que solo después de la plena domesticación de la nobleza volviera a tenerla en cuenta.
La necesidad de mayor efectividad y eficiencia fue también lo que aceleró la formación de un
aparato administrativo dependiente de la corona.
A su vez, los estamentos provinciales seguían teniendo un importante derecho de consulta
general y fiscal. De la misma manera tampoco el derecho estaba ni mucho menos unificado.

El ejército.

La larga guerra europea y la inseguridad fueron para muchos soberanos europeos la excusa
para no desarmarse, perpetuar el ejército permanentemente y hacer de él un instrumento de poder
siempre dispuesto a intervenir en política interior y exterior.
Se modernizó, se adoptaron nuevas técnicas, se institucionalizaron sistemáticamente los
organismos para el aprovisionamiento, se fortaleció la disciplina, se suprimieron las autonomías de
los oficiales, se introdujeron administradores civiles, y se privó a los jefes de las decisiones de
campaña, que quedaron en manos del Estado.
Esta subordinación del ejército es un ejemplo de que la tesis de las “limitaciones” del reinado
de Luis XIV solo es cierta parcialmente.

La administración fiscal.

El incremento de las tareas militares, las necesidades financieras en la administración y la


costosa política exterior obligaron a la creación de una administración fiscal del Estado. El cuerpo de
intendentes desempeño una función clave.
Pero no se podía girar indefinidamente el tornillo de los impuestos. El Estado vio la salida, en
Francia y en Europa, en la elevación de la capacidad contributiva general del país, que solo pudo
conseguirse mediante el encauzamiento dirigista de la economía del Estado, la cual no podía
entusiasmarse por una reforma tributaria dirigida a la recaudación y negadora de privilegios.

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La doctrina denominada “mercantilismo”, según la cual el aumento del poder estatal tiene
que producirse por la expansión de la economía, se convirtió en la glorificación del absolutismo. Sin
embargo, el Estado en el papel de empresario resultó ser un mero esbozo, a pesar de los numerosos
éxitos a corto plazo.
El modelo francés del absolutismo, que fortaleció el dominio del Estado sobre los súbditos y
dio un impulso de desarrollo y modernización a la sociedad y a las instituciones, se vio elevado por la
mayoría de los Estados del continente a la categoría de modelo luminoso.
El ejército se fue convirtiendo en símbolo del despliegue de poder del Estado, pero aún más
en un factor de integración social, una ruda impulsora de la economía pública y un reto para la
totalidad de la administración, a la que obligó a modernizarse.
La variedad alemana del mercantilismo, el “cameralismo”, no se aventuró a intervenir de
forma tan amplia en la vida económica y encontró sus propios límites sobre todo en la ausencia de
unidad económica que caracterizaba a los Estados territoriales, lo que hace imposible pasar por alto
cierta diferencia entre el oeste y el este precisamente en la esfera del absolutismo económico. Pero
el objetivo político, el incremento del gobierno absoluto del príncipe, de la concentración de poder
en el soberano, fue el mismo en principio en todas partes.
En la Europa no francesa había que contar con fuerzas opuestas retardatarias y con una
menor decisión por parte de los príncipes, de forma que en estos casos el “absolutismo” solo llego a
plasmarse de manera fragmentaria.
Lo que daba al modelo francés su fascinación era la perfecta acomodación de sus elementos
particulares, lo concorde con las metas de la época de su rigurosa voluntad de racionalización para
dar al Estado el carácter de una máquina, de un “sistema” perfecto.
En ninguna parte de Europa fue el absolutismo del príncipe una unidad tan orgánica y un
sistema complementario tan perfecto como en Francia, más allá de sus carencias. Y en ningún otro
lugar tuvo tampoco tanto éxito, pues fue aquí donde logró con mayor amplitud su objetivo último: la
penetración, homogeneización y disciplina de las asociaciones de sus súbditos desde un punto de
vista político, jurídico, religioso y cultural.
Sin embargo, es necesario destacar que el absolutismo francés no fue una construcción
diseñada en la mesa de dibujo sino en la práctica, muy lejos de la armonía monolítica y caracterizada
por una compleja coexistencia de instituciones, tendencias y motivos nuevos y viejos, absolutistas y
feudal-estamentales.

La corte.

La corte fue en igual medida lupa y espejo del absolutismo europeo. Además del aspecto
funcional de poner un alojamiento a disposición de los príncipes, sus colaboradores y su clientela,
evolucionó hasta convertirse cada vez más en una institución del Estado, y en una función geométrica
ordenadora para la totalidad del Estado, desde cuyo centro podía observarse el país en todas
direcciones de una manera ideal, en un escenario sobre el cual la presencia del gobernante se
convirtió en representación.
La representación de la corte y por medio de ella, la cantidad y calidad del gasto cortesano,
fueron para el príncipe barroco absolutista un medio político para mantenerse en pugna competitiva

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en el seno del Imperio y en el plano internacional, en un reto cuyo punto de gravedad se situaba mas
y mas en la arquitectura.
La actividad constructora del gobernante puede calificarse casi de barómetro de su poder
político. La función del gasto cortesano podía consistir también en dar expresión y fuerza a
determinadas expectativas y pretensiones.
Pero la función principal de la corte, concluida la guerra que había consumido sus fuerzas y
afectado sus riquezas, era la de atraer al entorno del príncipe a la nobleza, económicamente
debilitada y políticamente incontrolable, para tenerla allí bajo su control con mayor eficacia y
domesticarla.
La tesis formulada por Norbert Elías en su examen de la corte de Luis XIV, según el cual la
sociedad cortesana habría sido una figuración social que solo pudo formarse en la especial
constelación del absolutismo europeo, es no solo una interpretación sólida, sino también un principio
aplicable a casi todo el viejo continente.
El conjunto incomparable del palacio, jardines, teatro e iglesia fue la respuesta, acorde con
la época, al proceso de consolidación del soberano y la ampliación del Estado: un escenario artificial
para una autorrepresentación refinada y para disciplinar socialmente el conflicto entre el orden
estricto de la corte y el afán de notoriedad.
La concentración de poder en manos del príncipe absoluto se consiguió generalmente sin
que se alteraran los fundamentos legales formales de la soberanía.
Lo que hizo que el absolutismo no se pervirtiera hasta convertirse en un despotismo sin
barreras no fue una fijación de la autoridad del soberano por parte del derecho positivo, sino un
consenso general sobre principios irrevocables e irrenunciables, un conjunto solido de títulos de
derecho e instituciones fundadas en el derecho natural, como la forma de Estado y la propiedad, en
las que no podía entrometerse el soberano.
La fijación de la autoridad absoluta del gobernante según el derecho positivo fue excepcional
en Europa y solo se encuentra en Escandinavia: en la “Lex Regia” danesa, además de en las
declaraciones de soberanía suecas de 1682/1893.

3) El modelo jurisdiccional: los condicionantes estructurales del


poder político (estructuras financieras y político-administrativas).
Las burocracias administrativas: los oficiales de la Corona.
La cuestión del poder soberano. Los límites constitucionales al poder
de la monarquía en la sociedad corporativa.
Las comunidades territoriales y su actuación en Cortes, Parlamentos
y asambleas.

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HESPANHA, Antonio Manuel, Vísperas del Leviatán. Instituciones y poder político (Portugal,
siglo XVII), La teoría corporativa de la sociedad y sus reflejos en la distribución social del poder
político y El poder preeminente

El pensamiento individualista y el social medieval.

Desde el siglo XVIII, el individualismo ha propuesto una imagen de la sociedad centrada en el


individuo, en la irreductibilidad de su naturaleza ontológica y sus fines.
El colectivo no adquiriría naturaleza diferente de las realidades individuales, el fin de la
sociedad no era otra cosa que la suma de los fines de sus miembros y la utilidad general se confundía
con la que resultaba de la suma de lo que era útil a cada individuo.
Esto no era así para el pensamiento social medieval, que al contrario estaba dominado por la
idea del cuerpo, o sea de organización supraindividual que perseguía la consecución de fines propios
y autoorganizadas o autoregida en función de estos fines.

La escuela corporativista.

Aunque la historiografía actual critique el legado de Gierrke lo cierto es que es él quien está
en la base de la llamada escuela corporativista aquella a la que se adhirió una buena parte de la
historiografía europea en el periodo de entreguerras en parte como reacción contra la historia
retrospectiva del liberalismo y del constitucionalismo.
Pasado este período los atractivos teórico-metodológico de la escuela corporativista se
atenuaron. Recientemente con la renovación del interés por la historia de las mentalidades los
historiadores han comenzado a comprender el sistema social moderno también a partir de la
consideración del modo en que él mismo se comprendía a sí mismo.

El pensamiento social y político medieval: el cuerpo social.

El pensamiento social y político medieval está dominado por la existencia de un orden


universal que abarcaba a los hombres y a las cosas y que orientaba a todas las criaturas hacia un
objetivo último que el pensamiento cristiano identificaba con el propio creador, que cada parte del
todo cooperaba de forma diferente en la realización del destino cósmico.
Ligada a ésta, la idea de dependencia de todos los órganos de la sociedad y por tanto de la
imposibilidad de un gobierno absolutamente centralizado.
El gobierno debería por lo tanto ser mediato: debería reposar en la autonomía político-
jurídica de los cuerpos sociales y respetar su articulación natural.
La existencia de una cabeza no es pues la de destruir la autonomía de cada cuerpo social sino
la de, por un lado, representar externamente la unidad del cuerpo y, por otro, mantener la armonía
entre todos sus miembros atribuyendo a cada uno de aquellos lo que le es propio.
Y es así que la realización de la justicia acaba por confundirse con el mantenimiento del orden
social y político establecido.

149
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Por último, forma parte de este patrimonio ideológico la idea antes esbozada de que cada
cuerpo social como cada órgano corporal tiene su propia función, de modo que a cada cuerpo le
debe ser conferido la autonomía necesaria para que la pueda desempeñar.
A esta idea de autonomía funcional de los cuerpos va ligada la idea de autogobierno, por lo
cual el pensamiento jurídico medieval entiende el poder de hacer leyes y estatutos, de dar
magistrados, de juzgar conflictos y de emitir órdenes.
El surgimiento de estas concepciones en la teoría filosófico-social encontró su
correspondencia en el dominio de la dogmática jurídica. En ella aparecieron nuevos instrumentos
conceptuales que permitieron justificar desde el punto de vista doctrinal y regular desde el punto de
vista institucional, nuevas realidades sociales y nuevas composiciones del poder:
1- la construcción dogmática de la personalidad colectiva
2- el reconocimiento jurídico del derecho de asociación
3- el abierto reconocimiento del carácter originario o natural de los poderes políticos de los
cuerpos, de su capacidad de autogobierno y de su autonomía ante cuerpos políticos que abarcaran
más.
4- La matización en el concepto de iurisdicto.

Todas estas novedades nacen de la discusión de un problema central desde el punto de vista
político; definir la naturaleza y límites de los poderes políticos de aquellos grupos sociales a los que,
más tarde, Montesquieu llamará cuerpos intermedios.
Los apoyos que los juristas podían encontrar en las fuentes humanistas para resolver la
cuestión de saber cuáles eran las facultades jurídicas políticas naturales de los cuerpos eran
contradictorios. De hecho, al lado de conocidas máximas de sentido absolutista se encuentran otras
que ligan la facultad estatutaria a un acto colectivo de voluntad.
Para justificar el autogobierno de las ciudades, principalmente en sus facultades estatutarias,
los legistas van a utilizar sobre todo las distinciones que la ley Omnes populi hacía entre el derecho
común y el derecho propio y, combinando con esto, los textos sobre la lex regia van a fundar la validez
del derecho propio en el pacto constituido entre los miembros de una ciudad. También el texto del
Código sobre la Costumbre ofrece la ocasión para que se reflexione sobre las relaciones entre ley y
costumbre.
El hecho de que el autor intente describir el aparato dogmático del derecho común referente
a la construcción jurídica de los cuerpos se justifica por el papel central que tiene como inversión
simbólica. A decir verdad, esta dogmática es el medio a través del cual la autorepresentación de la
sociedad del Antiguo Régimen asegura su reproducción política en el tiempo.
De hecho, no se trata de proposiciones meramente especulativas sobre el ser de la sociedad,
se trata por el contrario de proposiciones dogmáticas que presuponen una verdad y se destinan a
modelar normativamente una sociedad. A través de ellas y de las reglas concretas sobre el gobierno
de la ciudad que de ellas continuamente se desprenden, la imagen corporativa se institucionaliza,
transformándose en una máquina de reproducción de símbolos, pero más que eso de permanente
actualización de esos símbolos en normas efectivas y en resultados práctico institucionales.
Resultados estos que, por su parte, de nuevo recurren al esquema teórico dogmático para
legitimarse, en un permanente e interminable juego de reflejos

150
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El poder preeminente

El objetivo de este capítulo es hacer un balance final, para saber qué espacio queda para la
monarquía en esta constelación de polos de poder.

Los límites del poder monárquico


Por regla general hablar de los límites del poder real en el Antiguo Régimen ha sido ocuparse
de las relaciones entre poder y las Cortes. De esto ha sido responsable la literatura política del siglo
XVIII, en un momento en el que el modelo doctrinalmente establecido para fijar límites al poder real
no era otro que el constitucional y parlamentario.
En este siglo, la literatura sobre la teoría política del siglo XVII ha llamado la atención sobre
el hecho de que, en la doctrina tradicional de la constitución, las Cortes desempeñaban un papel
relativamente lateral o instrumental y que las limitaciones al poder del rey dependían esencialmente
del modo en que eran entendidos, por un lado, la naturaleza y los fines de la sociedad, y por otro, las
relaciones entre poder real y los demás poderes políticos coexistentes en la sociedad del Antiguo
Régimen.
La limitación del poder real dependería, en resumen, de un conjunto de normas de gobierno,
provenientes de la deontología25 del oficio de reinar, normas que sujetarían al rey, tanto a la
observancia de los fines últimos de la sociedad (ley divina, moral) como el respeto de los equilibrios
tradicionales que se daban en esta (justicia).

El lugar de las Cortes.

Las cortes en esta época no son, según una visión “parlamentarista”, ni un forum decisivo
entre el poder real y el resto, ni la única forma conocida de auscultación, mucho menos de
representación y resistencia.
Las Cortes eran el estado popular, quizá el último medio de defensa pactista y colectiva de
sus derechos. En esta perspectiva las cortes no institucionalizaban, en general, un derecho nuevo de
los pueblos, sino que eran una instancia que defendía los ya existentes, y cuya eficacia era distinta en
la cual la ausencia del carácter jurisdiccional era compensada por la eficacia crecida que nacía de una
toma de posición colectiva.
La participación de todos es requerida, porque sólo el acuerdo de cada uno de los respectivos
titulares puede autorizar al rey a tomar medidas que afecten a derechos adquiridos por particulares,
y no por una idea contractualista de manifestación de la voluntad de la comunidad en términos de
“voluntad general”.

25
La deontología es la rama de la ética que trata de los deberes, especialmente de los que rigen
actividades profesionales, así como el conjunto de deberes relacionados con el ejercicio de una
profesión. Es la teoría, en ética normativa, según la cual existen ciertas acciones que se deben realizar,
y otras que no se deben realizar, más allá de las consecuencias positivas o negativas que puedan
traer.

151
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Hoy el poder político no pretende un dominio completo de todas las relaciones de la vida
social, también reconoce límites a su ejercicio, que son a su vez definidos por el propio poder político.
Corresponde esto a la teoría política del siglo XVII, pues partiendo de una idea de contrato
social en el que los individuos abandonan sus prerrogativas en manos del Leviatán, se construyen
espacios de autonomía de los particulares. Espacios que, una vez enajenados por los ciudadanos no
son más que en resultado de la concesión del poder de la constitución.
Así, los derechos particulares ante el Estado son tutelados por procesos jurídicos diferentes,
procesos de derecho público, en todo distintos a la tutela privada.

Por otro lado (y en diferencia), también se habla del “sistema patrimonialista” del poder, de
confusión entre jurisdicción y dominio o de “cosificación” del poder político.
La dogmática jurídica utilizó la figura de la propiedad para conceptuar el derecho que el
príncipe tenía sobre el reino y sobre las cosas que éste contenía. La idea era que el poder político
guardaba parentesco con el dominio y que las facultades que lo integraban se insertaban en la esfera
jurídica del príncipe.
Estaban así en principio a salvo de las intervenciones del poder:
- Las propiedad de los súbditos sobre sus propias cosas
- Los derechos nacidos de pacto o contrato reconocido por el derecho de gentes.
- Los privilegios concedidos en virtud de un servicio prestado o por prestar
- Los derechos adquiridos por sentencia
- Los derechos adquiridos por nominación testamentaria
Los límites aquí mencionados no eran absolutos e insuperables.
Primero, porque el rey disponía de la facultad de revocar o rescindir los contratos injustos e
inmorales, después porque los derechos adquiridos no prevalecían contra la potestad extraordinaria
del soberano.
Por otro lado, también estaban en los casos particulares los derechos nacidos de ciertas
donaciones regias y de nombramiento para oficio público.

El espacio de acción de la Corona.

En el espacio definido externamente por estos límites la Corona podía actuar, aunque según
determinados modelos que eran diseñados por la teoría política de la época, en la que las estrategias
coyunturales fueron creando novedades, invariablemente en el sentido de ampliar los medios de
acción de la monarquía.
Primero están los medios por los cuales la Corona construyó su poder:
1- las atribuciones jurídicas del rey: de acuerdo con la teoría corporativa de la sociedad y del
poder, era ante todo la de garantizar la justicia. Pero estos eran considerados poderes-deberes,
vinculados a ciertas finalidades pero que no podían ser usados arbitrariamente (por ejemplo, el límite
sobre el poder legislativo, que debía de respetar a la ley natural y a la divina)
2- secundariamente la de garantizar la paz, de acá nacía no solo su derecho de hacer la tregua,
la guerra y la paz, sino también su derecho a regular las formas privadas de desagravio, de autorizar
porte de armas, de proteger a súbditos, y de castigar.

152
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3- Después vienen los poderes que el rey tenía como cabeza simbólica del reino. El derecho al
uso de los símbolos reales y del reino y por extensión el derecho a conferir blasones y dignidades
inferiores, el derecho a disponer del reino o parte de él.
4- Otros poderes del rey derivaban del dominio general y eminente que se entendía que tenía
sobre todo el reino (disponer sobre cosas, imponer cargas y tributos, etc.).
5- Por último, otro grupo de prerrogativas del rey es la que fueron concedidas por el pueblo
como detentador de la Corona del reino, para sustento digno de su casa (baldíos, bosques, etc),
llamados derechos reales.
Por muy rigoroso que fuera el régimen de su invocación, el poder extraordinario del rey
permite, como ya hemos visto, quebrar el cerco de hierro de los derechos particulares. Pese a las
virtualidades que le eran abiertas por la invocación de las potestad extraordinaria, la capacidad de
acción del rey era, como se ha visto, limitada en este plano de los mecanismos jurídico-
jurisdiccionales.
Espacios a que se aplica muy bien la elaboración teórica de Foucault sobre los dispositivos de
poder, concepto con el que reacciona contra una concepción de poder y de estrategias políticas
reducidas a lo jurídico. Gobernar en este sentido es estructurar el campo de acción de los otros.
En los siglos XVI y XVII de nuevo, las donaciones de bienes de la Corona o de los realengos
son raras, siendo sustituidas por una nueva fuente de remuneración, originada por la reacción de un
nuevo dispositivo. Con esto el autor se refiere a los mecanismos que proporciona la expansión
norteafricana y ultramarina.
Por su parte, la administración interna del reino no ofreció muchas posibilidades de creación
de espacios en que se pudiese expandir el poder real.
Se ve, así, como junto al exiguo espacio dejado a la acción de la corona por la teoría jurídica
de la protección de los derechos particulares, fue surgiendo una nueva área de intervención real,
libre de derecho y de sus matrices particularistas y progresivamente equipada con eficaces
mecanismos de disciplina, que funcionaban a favor del príncipe.
Pero, por esto mismo, éste siguió abandonando a los polos políticos competidores del núcleo
duro del poder jurídico-institucional, dando a la Iglesia y a los señores importantes prerrogativas, por
lo cual solo volverá a batirse a finales del siglo XVIII.

Los oficiales: instrumentos u obstáculos.

En la teoría política liberal, a la burocracia no se le reservaba un lugar como centro autónomo


de poder. El estado monopolizaba, frente a la sociedad civil, todo el poder político y la burocracia
aparecía como un mero instrumento a través del cual el primero se relacionaba con la segunda.
La burocracia no era un centro autónomo de poder, sino un elemento del poder del Estado.
Poder que ella racionalizaría y pondría al servicio del interés general.
Es Marx quien, en su crítica radical de la teoría política del liberalismo burgués, sacude el
mito de la irrelevancia de la política de la burguesía, ya que su interés no es el general sino el de
defender sus propios intereses.
Del clásico J. Vicens Vives se distinguen dos líneas fundamentales en su historia de la
burocracia, donde la que toma el autor es aquella que, venida de la historia del poder, está orientada

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hacia el estudio de la oficialidad como polo político en el seno del sistema del poder. Lo que se va a
preguntar el autor entonces es como dadas una cierta construcción dogmática y una determinada
práctica institucional del oficio público, surge un funcionamiento político autónomo, un papel propio
en el juego global del sistema del poder. En una palabra, como un centro estructural del poder
político, pero un centro anónimo.
De la unión entre magistratura y poder viene, en primer lugar, la caracterización del oficio
como honor y el consiguiente estatuto de los agentes políticos-administrativos. De este estatuto
forma parte la concepción de que el ejercicio de la magistratura ennoblece. Además, esta idea de
naturaleza honoraria del oficio provoca una aproximación entre oficio y feudo, o entre oficio y
señorío. Por último la concepción honoraria repercute en la conceptualización de las ganancias de
los magistrados.
El régimen de patrimonialización de los oficios se construía en torno a la idea de que estos,
después de adquirirlos se incorporan al patrimonio, quedando sujetos al régimen general de las cosas
patrimoniales.
Desde las fuentes romanas estaba siempre presenta la idea de que el poder de los oficiales
provenía de una delegación del príncipe, imposibilitado de realizar sus tareas en toda la república.
Fue justamente por medio de esta figura de las magistraturas como la doctrina se pudo expandir a
partir del S XV mucho más allá de la justicia.
Otros dos puntos importantes son el de la herencia de los oficios (favorecía a la consolidación
de las familias, en tanto lazos parentales como económicamente) y el de la venalidad (imposibilidad
de vender los cargos sin previa autorización). Igualmente siempre había lugar para la “corrupción”, o
para perseguir fines personales, arrendar los cargos, etc.
El poder de este grupo protoburocráctico no pude ser mayor por dos razones: por un lado
por el carácter letrado de sus cargos (que exigía estudios y práctica) y porque ideológicamente este
grupo nunca tuvo legitimación autónoma, siempre fue subsidiaria de la legitimación de la Corona.
De los oficiales subalternos, los paradigmáticos son los de justicia y dentro de ellos, los escribanos
(política alta, central o regional) y los notarios (política local). Si bien son dos grupos diferenciados al
mismo tiempo comparten algo en las fuentes de su poder, es seguro que algo tendrían en común sus
estrategias de poder.

FERNANDEZ ALBALADEJO, P., Las Cortes de Castilla y León en la Edad Moderna, Cortes y poder
real: una perspectiva comparada.

El análisis de las relaciones entre cortes y poder real cuenta con una muy larga y acreditada
tradición historiográfica.

Historiografía francesa.

Salvando la lógica posición pro-parlamentaria de los ilustrados, los historiadores del siglo XIX
hubieron de hacer frente a una delicada cuestión: cómo justificar un pasado absolutista sin que ello

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implicase al mismo tiempo alguna especie de valoración negativa en relación con la actitud que esa
monarquía absoluta había mantenido para con los Estados Generales26.
Viollet sugirió que el escaso papel jugado por la gran asamblea francesa se había debido a
que ésta nunca había sido representativa del sentimiento nacional y en realidad los Estados
Generales habían sido un accidente antes que una verdadera institución.
Lemaire demuestra hasta qué punto las leyes venían actuando a lo largo del antiguo régimen,
como autentico límite al poder monárquico.
Si algo puede deducirse del recorrido historiográfico que el autor ha hecho es la necesidad
de abordar las relaciones entre Cortes poder real a partir de unas perspectivas no exclusivamente
parlamentarias, es decir insertando su historia dentro del correspondiente entramado político
constitucional.
No parece necesario indicar que el cabal desarrollo de este planteamiento exige una
necesaria consideración comparativa si quiere valorarse adecuadamente el grado de originalidad.

Inglaterra, el rol del parlamento y el mito de Fortescue.

Pocas obras han ejercido una influencia tan decisiva como la de Fortescue en la formulación
de la singularidad parlamentaria inglesa, entendida desde entonces como resultado de la
implantación de un régimen monocrático27 y consultivo a la vez, y dentro del cual el parlamento
jugaría ya un papel de cierta importancia.
Koenigsberger rechaza la idea de que las instituciones parlamentarias hayan sido “monopolio
de Inglaterra en el siglo XV” y retoma y amplia la aludida comparación. Pero con ello hace suyo
también el supuesto sobre el que Fortescue basa su comparación: la consideración de que el análisis
del parlamento resulta fundamental si quiere entenderse adecuadamente la lucha por el poder en la
Europa moderna.
Sin desestimar los aspectos positivos de esta propuesta, pero no es seguro que a fines del
siglo XV los parlamentos se hubiesen consolidado como un foco en torno al cual ya girase la actividad

26
Los Estados generales en la Francia del Antiguo Régimen eran asambleas convocadas por el Rey de
manera excepcional y a la que acudían representantes de los llamados tres estamentos o estados: el
clero (primer estado), la nobleza (segundo estado)1 y los representantes de las ciudades que
disponían de consistorio (Tercer estado).
Estaban compuestos por diputados elegidos con un mandato de sus electores, y la orden del día se
redactaba con base en los cuadernos de quejas, establecidos por los notables provinciales de los tres
órdenes o estamentos.
Dichos estamentos se reunían por separado y contaban cada uno con un número igual de
representantes. El sistema de voto utilizado era estamental: un voto contaba para cada una de las
cámaras, con lo que el clero y la nobleza, tradicionalmente aliados, no dejaban opción al Tercer
Estado para que se oyese su voz.
27
La monocracia es un sistema de gobierno en el cual el titular de la soberanía es un único individuo.
Es el jefe único quien expresa la voluntad definitiva del Estado. Es ayudado por funcionarios en las
labores del gobierno, pero jurídicamente están subordinados a su voluntad.

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política. Y sobre todo, debe admitirse también la posibilidad de que la lucha política no llegase a
discurrir por ellos en ningún momento.
Los trabajos que se vienen haciendo actualmente sobre Fortescue demuestran que se tienen
que manejar con prudencia sus observaciones.
Gobernar sin el parlamento no era considerado, en ese período, como una decisión
inconstitucional. El parlamento era convocado cuando el monarca lo creía oportuno. El parlamento
continuaba siendo un “parlamento del Rey”, era convocado para cooperar con el monarca, no para
oponerse a él, su obligación era proporcionar concilium cuando aquél lo solicitaba. De hecho,
Fortescue no pone demasiado énfasis en los poderes del Parlamento.
En Inglaterra todavía el derecho es soberano, es el derecho el que hace que sus gentes vivan
mejor que la de Francia, ese derecho no es otro que el derecho común, de él derivan tanto la
prerrogativa regia como los poderes del parlamento

La ampliación de funciones del parlamento: de lo judicial a lo legislativo y la potencial conflictividad.

El resultado de todo esto fue que hacia 1580 el parlamento prácticamente comenzó a ser
reconocido como un instrumento de gobierno, aunque formalmente todavía no pudiera considerarse
como tal. La legislación emanada del parlamento, los estatutos, adquirieron carácter
omnicompetente. Como consecuencia de ello la actividad legislativa del parlamento comenzó a
sobreponerse a su originaria actividad judicial.
En realidad, el clima de cooperación en el que se venían desarrollando las relaciones entre
monarca y parlamento no daba lugar a que pudieran plantearse conflictos entre ambos tipos de
normas. Este armónico equilibrio de fuerzas quedó reflejado en la expresión “king in-parliament”,
pero hasta entonces se había hablado de rey y parlamento.
En esta comparación compuesta, la absorción de “cabeza” por el “cuerpo” era relativa. El
monarca disponía de un haz de poderes de naturaleza extraparlamentaria, aunque no extrajurídica.
Esos poderes aparecían fundados y autorizados de una vez por el derecho común y solo podían ser
utilizados en aquellas cuestiones que tocasen al bien común, no pudiendo invocarse por tanto en
perjuicio de los derechos particulares.
El sistema encerraba una innegable dosis de potencial conflictividad, dado el carácter incierto
de la frontera que separaba el territorio de la prerrogativa de lo que concernía a los derechos
particulares.
La estabilidad de esta etapa fundacional resultó definitiva en el afianzamiento de esa nueva
realidad corporativa, sobre todo si se tiene en cuenta el notable incremento que simultáneamente
se produjo en los representantes de la realeza en el parlamento.
Fue precisamente esta transformación la que posteriormente permitiría contra argumentar,
y no solo con doctrina, el intento de los Estuardo por hacer de nuevo de la “cabeza” la parte capital
de ese cuerpo político. Ello daría lugar como es sabido a una reacción de sentido contrario cuyas
conclusiones ultimas fueron ejemplarmente recogidas en los trabajos de Gerard Winstanley. En ellos,
sin ningún tipo de antigüedad podía afirmarse que el parlamento solo era la cabeza del Poder en una
República, abriéndose el camino al establecimiento de lo que llegaría a ser una auténtica soberanía
parlamentaria

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Francia.

A comienzos del siglo XVI tenía cierta audiencia la imagen de que el monarca francés gozaba
de un poder absoluto. Al parecer, el emperador Maximiliano I de Habsburgo28 había llegado a afirmar
que los súbditos de Francisco29 I obedecían a este como las bestias a su dueño; por otro lado, la
historiografía le asignó un papel como padre fundador del absolutismo francés.
Gino Glora ha apuntado la necesidad de rechazar la imagen absolutista del derecho
continental legada por Fortescue, argumentando fundadamente sobre los inconvenientes que del
tratamiento del derecho común se han seguido.
Lewis, en relación con la trascendencia ejemplarizante que había venido dándose al
parlamento inglés como piedra angular en el sistema político, critica principalmente el hecho de que
la ausencia de una institución de esas características permita detectar sin más la presencia de
regímenes absolutistas.
J. Russell Major reivindicó la necesidad de abordar el entramado representativo francés
desde una amplia perspectiva. Para este autor la existencia en Francia de toda una serie de asambleas
provinciales y corporaciones de rango menor suplieron en gran medida la labor de los Estados
Generales.
Parece razonable por tanto admitir que la no convocatoria de Estados Generales entre 1484
y 1560, como asimismo el hecho de que solo fuesen convocados en cuatro ocasiones entre esa fecha
y 1614, no impide la caracterización de la monarquía francesa como una monarquía consultiva antes
que absoluta.
Bodin30 ,en el extremo opuesto de Fortescue, llegaría incluso a homologar el parlamento de
Inglaterra con los Estados Generales. La peculiaridad y aparente mayor grandeza del parlamento
inglés, aclara correctamente Bodín, procedía de que en esa institución se solapaban de una parte los
estados en cuerpo y de otra, la Corte Suprema de Justica.
Fue precisamente esta última institución, el Parlamento de París, la que en Francia llegaría a
sustituir a los Estados. E

28
Maximiliano I (1459) fue archiduque de Austria (1483-1519), rey de Romanos (1483-1519) y
emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (1508-1519).
29
Francisco I de Francia conocido como el Padre y Restaurador de las Letras, el Rey Caballero y el Rey
Guerrero, fue consagrado como rey de Francia el 25 de enero de 1515 en la catedral de Reims, y
reinó hasta su muerte en 1547.
30
Jean Bodin (1530-1596) fue un destacado intelectual francés que desarrolló sus ideas en los campos
de la filosofía, el derecho, la ciencia política y la economía. Junto con el Cardenal Richelieu y sus
juristas, se lo considera como uno de los fundadores del absolutismo francés.
A través de su obra hizo notables aportes a la Teoría del Estado. Al respecto puede mencionarse su
libro Los Seis Libros de la República, en donde estableció tempranamente el concepto de "soberanía"
y los fundamentos que inspirarían posteriormente a Hobbes y Locke; las bases teóricas de la
monarquía absoluta (poder de mando, poder absoluto, poder indivisible, poder perpetuo). Otras
contribuciones incluyen la supervisión de los poderes de los jueces y la administración y el
establecimiento de distinciones fundamentales entre el Estado y el gobierno.

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Este desplazamiento había empezado a fines del S XV, ejemplificándose simbólicamente en


la posición independiente que comenzó a ocupar la justicia. Dado que la administración de justicia
correspondía en pleno al parlamento, ello significaba que se le reconocía condición de estado
particular, formando parte del cuerpo político del monarca, aunque con completa autonomía dentro
del mismo.
Claude Seysel reafirmó que era a los parlamentos y no a las asambleas a quienes les tocaba
jugar un papel central dentro del entramado político del reino.
Así, los Estados Generales quedaban prácticamente al margen en relación con el manejo de
los frenos diseñado por Seyssel para contener al poder monárquico: la policía, la justicia y la religión.
La actividad de esos tres frenos hacía que el monarca no fuese totalmente absoluto.
Ya para mediados del siglo XVI no existía ninguna posibilidad de que los Estados Generales
pudiesen llegar a amenazar la posición ganada por el Parlamento.

Castilla.

Aquí se da una imagen bien distinta. La tesis que viene proponiéndose de unas cortes en alza
durante la primera mitad del siglo XVII introduce, prescindiendo de detalles, nuevas e interesantes
perspectivas para una mejor inteligencia de lo sucedido en esa centuria, y compromete
particularmente la habitual caracterización absolutista del orden político implantado por la
monarquía católica en Castilla.
El auge parlamentario de la primera mitad del siglo XVII resulta sin embargo más
problemático y de un alcance menor en relación con lo que a primera vista puede parecer.
En este sentido, el momento verdaderamente crucial de las Cortes Castellanas hay que
situarlo en la primera mitad del siglo XV. Entonces, y como consecuencia de la inestabilidad política
subsecuente a la revolución trastámara31, quebró definitivamente la posibilidad de que en este reino
llegara a asentarse una asamblea interestamental y orgánica.
Las asambleas que posteriormente continuaron celebrándose, por más que intentaran
hacerse pasar por unas verdaderas cortes no podían acreditarse nunca como tales.

31
La Primera Guerra Civil Castellana (1366-1369) fue fruto de la división durante el reinado de Alfonso
XI de la corte de Castilla: una encabezada por la reina María de Portugal, y otra por la amante del rey,
Leonor de Guzmán, y que dio al soberano diez hijos, incluido Enrique de Trastámara. El conflicto, a
veces descrito como una guerra de sucesión, fue más allá de los dos pretendientes al trono. La
rebelión de Enrique de Trastámara, que se sostuvo con el apoyo de la nobleza castellana, frente al
rey Pedro I de Castilla, intentó recortar las atribuciones de este y, sobre todo, su influencia política.
Esta alianza entre el hijo bastardo del rey Alfonso XI y la nobleza fue percibida por la población como
un obstáculo a las leyes que Pedro promulgó en las Cortes de Valladolid de 1351, que promovían el
comercio, la artesanía y la seguridad de las personas.
Como resultado, el pueblo llano apoyó al rey Pedro I, dándole el sobrenombre de Justiciero, mientras
que sus enemigos lo apodaron el Cruel.
Pedro I de Castilla, el Cruel o el Justiciero, realizó una política de fortalecimiento de la autoridad real
frente a la alta nobleza, al tiempo que comenzó una guerra contra Aragón.
En 1366 Enrique de Trastámara, hijo bastardo de Alfonso XI, regresó desde Francia, depuso a Pedro
I de Castilla y se proclamó rey en el monasterio de Las Huelgas.

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El proceso de creación del derecho territorial no pudo sustanciarse en Castilla a partir de la


colaboración entre corte y monarcas. De ahí que estos se viesen obligados a resolver la situación
estableciendo normas generales a través de disposiciones que, como la pragmática, atestiguaban
inequívocamente.
Ni el papel al que quedaban limitadas las cortes, ni el hecho de que a partir de 1445 se
aceptase que formalmente el poder de dictar normas generales residía en el monarca, autorizan la
conclusión de que con ello el absolutismo hubiese tomado ya carta de naturaleza en Castilla.
La presencia de una suerte de gobierno de ley, con directa fundamentación en el derecho
natural es fácilmente perceptible a través de las abundantes pistas que Sánchez de Arévalo o Palacios
Rubios dejaron.
Así, la falta de protagonismo de las cortes en los últimos tiempos de la Baja Edad Media no
supuso alternativamente la implantación de ninguna especie de absolutismo temprano. Sucedía
sencillamente que el juego que en otras circunstancias se hubiese desarrollado en las cortes había
pasado a realizarse aquí en el seno de unas bien constituidas corporaciones urbanas, ellas mismas
pequeñas asambleas.
Amparadas por un entramado judicial y una jurisprudencia instruida en los principios del
derecho común, estas corporaciones tenían asegurada una posición estable en el conjunto del
sistema, independientemente de los conflictos que eventualmente pudieran suscitarse con las
restantes entidades que formaban parte del mismo.
Postergadas a un papel secundario en relación con las corporaciones urbanas, nada impedía
que por razones de simple oportunidad política las cortes pudiesen llegar a disfrutar de algún
reconocimiento.
A la vista de la resistencia urbana será el propio monarca quien intente promover y dar mayor
consistencia a las cortes, una pretensión que las ciudades rechazarán de plano. Para ellas las
decisiones últimas habían de producirse en los cabildos y no a través de ninguna asamblea superior
interpuesta. Las cortes podrían ser un intermediario, pero nada más que eso.

PEREYRA, Osvaldo Héctor, El poder jurisdiccional: elementos para su comprensión.

La cultura estatalista.

Reflexionar sobre el problema del espacio jurisdiccional en las sociedades de Antiguo


Régimen es situarnos en el hiato abierto en el pasaje a la modernidad de la cultura occidental.
Sin duda, como individuos ubicados en la tensión modernidad/ postmodernidad nos
hallamos hoy impregnados de una “cultura estatalista” la cual es fruto emergente de lo que el
historiador británico Eric Hobsbawm definió brillantemente como “las revoluciones burguesas”.
Las coordenadas ordenadoras del discurso político de nuestra modernidad se encuentran
estructurado en tres aspectos fundacionales:

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1. La ciudadanía (entendida en términos de derechos propios e inalienables de todos los habitantes


de una nación).
2. La igualdad frente a la ley (en relación a un marco jurídico regulatorio general, abstracto, racional,
absoluto y jerarquizado).
3. La pertenencia a una comunidad política (los llamados estados-nación, territorialmente
consolidados en términos de fronteras y donde la forma estatal -poder legítimo de dominio político-
ejerce plena soberanía).
En este sentido lo que entendemos por estado-nación es por lo tanto una invención política
extremadamente exitosa que, desde finales de la edad Moderna, subvierte “revolucionariamente” el
orden político-social imperante en la Europa de las monarquías Absolutistas.

El modelo jurisdiccionalista.

En tiempos anteriores a esta ruptura no existía la figura del “ciudadano” sino la del “súbdito”
persona sujeta a la autoridad de un superior al que tiene la obligación de obedecerle.
De este modo, entre el rey o príncipe (cabeza del cuerpo político) y el pueblo (miembros
diferenciados en diversos estamentos) hay un vínculo de obediencia directa.
En dicho ensamblado corporativo tampoco podemos encontrar la idea de “individuo” pues
cada persona era reconocida en función al cuerpo político al que pertenecía y en el que se encontraba
adscripto, sea éste la nobleza, la iglesia, la ciudad, el gremio, la familia, etc., lo que termina ubicando
al rey como el centro dispensador de “gracias” y “privilegios” pasible de otorgar discrecionalmente
sus favores legitimando así la movilidad ascendente o descendente.
Tampoco debemos olvidarnos que al contrario de las sociedades contemporáneas que basan
su organización en el “principio de la igualdad” de sus miembros, en las sociedades de cuño Antiguo
Régimen el principio constitutivo era la “desigualdad originaria”.
Es por ello que si bien todos son súbditos -pues se encuentran de una u otra manera sujetos
a la autoridad del monarca- la enorme variabilidad en la posición social de los mismos puede
reducirse analíticamente a solo dos grandes grupos de referencia: los “grupos privilegiados” y los “no
privilegiados”.
El reconocimiento de esa diferencia es tanto político como social, es decir, se encuentra
anclado en un sistema de status.
Resumiendo: frente a la que podríamos definir como una “cultura estatalista” (nacida en la
modernidad europea y desarrollada ampliamente en la edad Contemporánea) se yergue, en este tipo
de sociedades pre-capitalistas, lo que podríamos definir como una “cultura jurisdiccionalista”,
constituida sobre ejes y axiomas muy diferentes a los nuestros y donde el poder político se
materializaba en la “potestas” (potestad) o poder jurisdiccional, la “jurisdictio” (juris-dictio = decir el
derecho), noción que simplemente hace referencia a la posibilidad por parte del titular legítimo de
la misma de establecer derecho y administrar justicia, es decir, de ejercer el dominio político sobre
los hombres.
En este sentido, la jurisdicción aludía al poder privativo del señor sobre el espacio de lo
“público”, entendido éste sencillamente como la esfera exterior al ámbito doméstico.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

El orden revelado.

Para los contemporáneos, el poder jurisdiccional remitía por esencia a la idea de un orden
general y natural, instituido y querido por Dios para toda la creación.
Dicha idea es diametralmente opuesta y contraria a la nuestra de soberanía nacional,
cimentada en el vínculo vertical sostenido entre la sociedad y el poder político, por que más bien
discurre en el fortalecimiento de los “vínculos horizontales”, es decir, en la asociación entre las partes
complejas que para su plena realización como “cuerpos perfectos” deben estar natural y
jerárquicamente organizados en una estructura con cabeza y miembros.
Encontramos esta idea de orden natural revelado por Dios a los hombres que se hallaba en
la base y uniformaba al conjunto de las diversas prácticas jurídico-políticas en estas sociedades de
Antiguo Régimen y que necesariamente se objetivaba en una constitución de tipo tradicional, que
involucraba al mismo tiempo a los múltiples estamentos y corporaciones, encarnando cada una de
ellas los diversos cuerpos políticos complejos que conformaban las monarquías, con sus propios
derechos y privilegios.
Dicha cultura del orden revelado” se asentaba doctrinalmente en la tradición y la costumbre.

La pluralidad jurisdiccional y la pretensión monárquica centralizadora.

Tenemos una monarquía constituida por una pluralidad jurisdiccional.


Las sociedades del Antiguo Régimen estaban organizadas en una diversidad de
ordenamientos jurídicos parciales, muchas veces superpuestos y contrarios, que respondían, por su
propia lógica y natural disposición, al conjunto plural de “corpores”, cada uno con su propia
“jurisdicción” y por lo tanto con capacidad de autodeterminación (dictar sus propias normas) y
autorregulación (administración).
En el vértice superior de este esquema se encontraba el monarca con la pretensión de
situarse por encima de estos cuerpos parciales como creador y legitimador, en última instancia, de
sus derechos y privilegios, así como dispensador de gracias y preservador del orden instituido, es
decir, conservando las diferencias naturales entre las partes que la constituyen.
De esta manera, en el tránsito de la edad Media a la edad Moderna tenemos un derecho
regio que con una evidente fuerza expansiva aspira a convertirse en el ordenamiento jurídico
principal subsumiendo así al conjunto de espacios jurisdiccionales menores bajo su órbita.

La monarquía y los espacios jurisdiccionales.


La doble dimensionalidad de la justicia.

En las sociedades de Antiguo Régimen lo jurídico solo puede entenderse como parte de un
complejo normativo mucho más vasto y abarcativo cuya legitimación central de conjunto es de raíz
religiosa. De allí que el rey pueda ser considerado vicario de Dios en la tierra y, por lo tanto, único
dispensador de la gracia, facultad de perdonar o suspender la aplicación de la ley.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

El rey es así, ante todo, juez supremo y como tal máxima autoridad de la administración de
justicia en un reino. En función a esta suma potestad, el monarca podía delegar la jurisdicción de
parte de sus territorios a otros señores (laicos o religiosos) o a las propias ciudades (entendidas
también como señoríos colectivos) para que ellos administren la justicia, es decir, gobiernen en su
nombre.
La justicia adquiría una doble dimensionalidad.
Centralizadas en la figura del monarca, la justicia distributiva era su facultad por la cual, en
uso de su magnificencia y liberalidad, podía otorgar discrecionalmente privilegios y mercedes.
Por otro lado, la justicia conmutativa, se encontraba delegada en los distintos órganos de
administración de justicia.
Tenemos así un sistema piramidal donde el rey ejercía de vértice y era el punto focal en que
debía referenciarse todo el complejo conjunto de administración de justicia.

Las instancias locales de justicia.

A nivel local, existía lo que podría denominarse una primera instancia de justicia o justicia
ordinaria, ya que atendía los casos dentro del ámbito local de sus competencias pudiendo sus
disposiciones ser apeladas a instancias superiores.
Sin embargo, junto con la justicia ordinaria también actuaba la justicia delegada, ya que en
ciertas circunstancias específicas el monarca podía enviar comisionados para resolver casos
particulares y que fallaran en su nombre, los llamados jueces delegados o jueces comisarios.
Este cuadro local se complejiza si a esta primera instancia sumamos también las llamadas
justicias específicas, aquellas que tenían injerencia y competencias sobre asuntos particulares tales
como los alcaldes de la Mesta o los alcaldes de la Hermandad, etc.
En los espacios jurisdiccionales cedidos por el rey a los señores de vasallos, la situación se
repetía. El señor delegaba a sus propios agentes la administración de justicia y la recaudación de sus
tributos.

La justicia eclesiástica.

Sin embargo, la complejidad jurisdiccional no termina allí ya que existía, de modo paralelo y
sobre todo en los primeros tiempos de la edad Moderna, una activa justicia eclesiástica que muchas
veces tendía a inmiscuirse en los espacios propios de la jurisdicción real.
Especialmente en los extensos señoríos eclesiásticos, la administración de justicia estaba
formalizada a través de sus propios agentes. El abad y el obispo eran el centro de esta estructura de
administración de justicia en los espacios jurisdiccionales dependientes de la Iglesia.

La superposición jurisdiccional.

En la práctica concreta, esta pluralidad de instancias que conformaban el abigarrado cuadro


de la administración de justicia en estas sociedades de Antiguo Régimen llevaba a permanentes

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superposiciones y disputas entre las partes actuantes: es decir entre la justicia real, la señorial o la
eclesiástica.

La dirimición de conflictos por vías infra-judiciales: el arbitraje.

A pesar de esta sorprendente mamushka de esferas jurisdiccionales actuantes en las


sociedades de Antiguo Régimen, también es necesario destacar que no todos los conflictos se
resolvían por la vía judicial.
Debemos tener en cuenta que se hallaba conformada una esfera supletoria de resolución de
los mismos que algunos autores han definido como el de la infrajudicialidad. Me estoy refiriendo con
ello a las “mediaciones” y “arbitrajes” que dirimían los conflictos entre particulares y formaba parte
de toda una “cultura del pleito” extendida sobre el conjunto del tejido social.
En casi toda Europa durante la Edad Moderna los arbitrajes, amparados por las tradiciones y
costumbres, formaban parte de la vida cotidiana, tanto como los conflictos que se producían todos
los días. Estos arbitrajes, también llamados composiciones entre las partes o compensaciones, tenían
una dimensión retributiva, pues el protagonista del agravio debía reparar el daño a su víctima.
Esta esfera, verdaderamente parajudicial, se hallaba legitimada por los antiguos usos y
costumbres, así como por la tradición de las comunidades actuando como primer espacio de
negociación, desplegándose dentro de cánones y normas que podríamos entender a medio camino
entre la justicia oficial y la popular.
Es posible así comprender que solo una parte de los pleitos, querellas, disputas y conflictos
llegaban así a la instancia de judicialización plena y del proceso judicial propiamente dicho.
En este sentido debemos entender que lo que podemos definir por conflictividad al interior
de las sociedades de Antiguo Régimen supera, por mucho, la documentación hallada en los llamados
archivos judiciales.

Articulación social / articulación jurisdiccional: lo jurídico como garantía de la constitución antigua.

No es desacertado inferir que la articulación jurisdiccional corresponde necesariamente al


propio orden constitucional antiguo que determinaba el armazón político de estas sociedades de
Antiguo Régimen.
La propia legitimación y finalidad del poder era conservar el orden instituido, y para ello todo
acto de poder legítimo tiene fuerza imperativa en tanto el titular del mismo tiene la facultad de dictar
derecho (juris-dictio).
Sin embargo, ello no significa en modo alguno arbitrariedad, ya que esta autoridad se
encontraba limitada tanto por las costumbres como por el derecho natural, por ende la imposición
arbitraria podía ser considerada simplemente tiranía.
La facultad del monarca de modificar por voluntad imperativa el universo normativo solo
podía ser entendida y tolerada como servicio, y su finalidad era garantizar el orden constituido dando
así solución a aquellos problemas que no encontraban resolución por las vías tradicionales.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

El ejercicio de la gracia o el otorgamiento de privilegios por parte del monarca eran


instrumentos que servían para aquilatar el orden instituido y que siempre debían ser utilizados
cuidadosamente dentro de la doctrina de la justa causa.
Como cabeza de un cuerpo político múltiple a manera de la monarquía, el rey debía respetar
los derechos de los miembros con sus fueros y privilegios antiguosen tanto de ellos deriva la propia
constitución de la monarquía, a través de la incorporación voluntaria y libre al conjunto por parte de
cada uno de los cuerpos parciales, definido en términos de una sujeción voluntaria, facultativa y
delegada al rey por parte de las comunidades, siempre y cuando éste se comprometa a respetar los
derechos, privilegios y libertades del cada una de la partes que conforman el reino.
Existe un pacto de sujeción voluntaria en cuanto se respeten los derechos estatutarios
propios de las partes.
Es por ello que la doctrina política de la época entendía como causa justa el derecho de
resistencia de la comunidad cuando el rey se transformaba en tirano, entendiéndolo como el
avasallamiento de los derechos propios de las comunidades.
En este sentido, el poder del soberano tomaba su legitimidad del hecho mismo de ser él
guardián del orden instituido materializándose ello en la forma misma que adoptaba la práctica
concreta de la administración real, donde actuaba más como dispensador que como legislador.

El poder legítimo y la justica.

Lo que podemos percibir es un modelo judicial de gobierno orgánicamente constituido que


tiende a organizar el mismo a través de la relación, siempre compleja y a veces conflictiva, entre los
distintos cuerpos parciales que conforman la monarquía.
Ésta actúa, en su función legitimadora, con una impronta garantista (de los derechos,
libertades y privilegios antiguos) desde una posición de mediación y resolución de conflictos.
Es por ello que, si bien es posible analíticamente para el historiador separar gobierno y
justicia, en la práctica efectiva su combinación es inseparable en cuanto todo poder legítimo es
entendido como tal por su capacidad inherente de ejercer justicia.

De la forma que adquiere “la monarquía administrativa”: los agentes y las justicias.

Si el orden es instituido por Dios y el monarca es vicario de Dios en la tierra correspondería a


la cabeza administrar justicia. Para ello el poder político es el vértice de un aparato, más o menos
extenso, de agentes encargados de gestionarla territorialmente.
Si la justicia es considerada como preservadora del orden social y de la unión de las partes,
es claro que los agentes encargados de administrarla tendrían que cumplir con una serie de
preceptos y comportamientos morales que los identifiquen en su alto oficio que es en sí garantía de
la salud del cuerpo político.
Quienes actuaban en nombre del rey en la administración de justicia debían adornarse de las
virtudes propias del príncipe para servir en su oficio tales como conocimiento, rectitud, entereza,
templanza, modestia y piedad, es decir, todo un conjunto de valores morales que se componían en
reflejo, en tanto el juez era entendido como alter ego del rey, del poder que los había investido.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

En este sentido la imagen del juez recto en las sociedades de Antiguo Régimen está concebida
dentro de ideales paternalistas.
Consecuentemente, lo que va avanzando en la edad moderna es la formación y el aumento
de este cuerpo de oficiales encargados de la administración de justicia a través de cuadros cada vez
más amplios de letrados o togados (funcionarios expertos en leyes que no pertenecían a la nobleza).
Estos sujetos tenían como ventaja funcional, en primer lugar, el conocimiento técnico-
administrativo necesario del derecho y de los procedimientos jurídicos, y en segundo lugar, se
hallaban mucho más desligados de las fidelidades inter-personales de los grupos nobiliarios locales
donde ejercían su oficio, lo que les otorgaba amplios márgenes de actuación.
La imagen imperante del funcionario de justicia en la edad Moderna, como la del juez, estaba
constituida dentro del ideal paternalista. En la práctica, el amplio grado de discrecionalidad que
tenían en el ejercicio de sus funciones los agentes de administración justicia en los distintos espacios
jurisdiccionales bajo su poder hacía que muchas veces este alto ideal fuese en sí inalcanzable.
Las ambiciones personales, sumadas a las fidelidades particulares con los grupos de poder
locales, hacía a los agentes de justicia vulnerables al juego de intereses predominantes en cada
territorio.
Aparecía así esbozado lo que se puede denominar la contracara, el mal uso de la justicia, a
través de los abusos cometidos por estos funcionarios.

De la dinámica de articulación de control de las “justicias”: Los juicios de residencia, las visitas y las
pesquisas.

A fin de alcanzar estos altos ideales, los funcionarios de la administración de justicia fueron
sometidos a todo un sistema de control en el territorio a su cargo lo cual constituyó una pieza clave
del poder monárquico en la búsqueda de desarraigar las desviaciones personales y malos hábitos que
mostraban los jueces en las comunidades donde actuaban y que ponían en riesgo la paz y sosiego.
Corregir y controlar estas desviaciones proporcionaba sentido a la idea misma del rey como
tutor del reino a través de la necesidad de la monarquía de incardinar a los jueces dentro del propio
modelo ideal de justicia.
Y ello no era un simple acto de control administrativo formal, sino una acción performativa
de todo el edificio jurídico.
El mismo orden jurídico no era producto de disposiciones normativas generales y abstractas
que permitieran, bajo un pautado procedimiento, la objetivación del fallo, sino que se encontraba
cimentado en la propia conciencia del juzgador y, por lo tanto, la garantía final del conjunto del
sistema era esencialmente de “orden moral” -no procedimental como en las sociedades
contemporáneas- por lo que la objetivación de las decisiones descansaba en el propio
comportamiento justo del juez frente a los ojos de la comunidad.
Es por ello que el modelo ideal del juez del Antiguo Régimen fue el de oficiales exentos de
cualquier pasión humana y animados por la búsqueda de la verdad y la razón otorgada por su
entendimiento del derecho.

Los juicios de residencia.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Los juicios de residencia cumplían una función de disciplinamiento de los agentes de primera
instancia.
Éstos se llevaban a cabo al término de sus funciones y consistían en investigar su actuación y
su cumplimiento de las normativas reales. Se efectuaba en cuatro instancias: las pesquisas secretas,
los capítulos, las demandas y las querellas de los particulares.
El proceso duraba cerca de cincuenta días en los cuales se incluían las declaraciones de los
vecinos del lugar, quienes concurrían a declarar sobre el comportamiento y buen uso del oficio por
parte del juez saliente.
Terminadas las averiguaciones se procedía al descargo frente a las imputaciones realizadas y
posteriormente se pronunciaba la sentencia.
De esta manera el juicio de residencia se fue convirtiendo en una pieza clave de la monarquía
para controlar y supervisar el buen desempeño en sus cargos de los agentes de justicia.
Las visitas.

El procedimiento de las visitas era también otra de las fórmulas de fiscalización que tenía la
Corona de Castilla para controlar el desempeño de los agentes de justicia en pleno ejercicio de su
cargo.
Era realizado por el llamado juez visitador (comisionado especialmente para esa tarea) quien
recogía el testimonio de los vecinos e inmediatamente se iniciaba la etapa de descargo de los oficiales
imputados los cuales desconocían la identidad y declaraciones realizadas por los testificantes en su
contra.
Una vez que finalizaba la instrucción tenía lugar la determinación de la visita realizada por el
Consejo de Castilla a través de la información suministrada por el visitador, quien se limitaba a definir
los cargos que se imputaban a los oficiales.
Algunas veces, durante la instrucción se podía suspender en su oficio a algún oficial, imponer
multas, así como ordenar restituciones financieras.

Los procedimientos de pesquisa.

Finalmente, los llamados procedimientos de pesquisa tenían carácter excepcional y eran


dispuestos por el rey, o en su ausencia, por el Consejo Real.
Eran procedimientos de carácter extraordinario y se hallaban considerados como
subsanatorios a los fallos realizados por la justicia ordinaria. Su acción de justicia es sumarísima y
tiene carácter estrictamente correctivo sobre delitos graves o casos arduos donde la justicia ordinaria
-por insuficiencia o negligencia- debe ser tutelada.

Conclusiones.

Lo sostenido hasta aquí nos permite subrayar una serie de características distintivas que
presenta este modelo jurisdiccionalista de administración de justicia en las sociedades de Antiguo
Régimen.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

1. Se basa en una organización judicial que podríamos definir como acumulativa, donde se
ve superponer -unos sobre otros- oficiales y aparatos de justicia procedentes de diversas
realidades de poder así como de etapas históricas disímiles.
La coexistencia de los mismos produce una enorme confusión en términos de las
competencias propias de cada uno de ellos, pero es clara también la disposición política
de la monarquía de subordinar al conjunto de justicias menores locales e intermedias a
la justicia superior.
2. Existen injerencias entre las distintas esferas de justicia: inferior, intermedia y superior
remitiendo y tomando sentido todas ellas en la esfera personal de justicia del Rey.
3. El principio actuante es el de la justicia retenida en la figura del monarca y de allí
delegada a los órganos dependientes de la casa real.
4. Se encuentra basada en el principio de indiferencia, pues en las sociedades de Antiguo
Régimen la administración de justicia es en sí mismo un acto de gobierno. Las dos caras
de una misma moneda.
Hablamos así de orden jurídico-político basado en la figura del monarca donde se
confundían las prerrogativas de tipo judicial y gubernativas, dicha indiferencia de esferas
no puede más que reproducirse -hacia abajo- en los agentes que gozan de la delegación
real de la misma.

Todas estas características distintivas, sin ser las únicas posibles de relevar, definen
claramente el aspecto que presentan estos ordenamientos jurisdiccionales propios de las sociedades
Antiguo Régimen.
Por su sentido, forma y función que adopta el aparato de administración jurídico-político de
las monarquías se diferencia claramente de la concepción contemporánea de gestión y
administración de la justicia.

CARZOLIO, María Inés, La construcción del espacio político en la Europa Moderna.

El espacio está investido de una significación cultural que se construye con códigos, con la
práctica social de los hombres, vale decir, como el conjunto de relaciones de los hombres entre sí y
con su entorno.
Estas relaciones no se dan solamente en el plano económico (producción, distribución,
consumo), sino además en el social, el simbólico, el político, y con el entorno.
La naturalización de la extensión organizada se convierte en la Edad Moderna, en el territorio
estatal y por consiguiente en el espacio político.

La territorialidad premoderna: el señor feudal y la patrimonialización del poder.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Las formas de territorialidad premodernas concebían el espacio político como aquel habitado
por una comunidad que posee una misma autoridad política y que es regida por un mismo estatuto.
El señor feudal detentaba sobre sus tierras un poder de dirección al que sumó nuevos
poderes de administración y gobierno.
La coincidencia entre el espacio de comunidad de vida, de derecho y territorio caracterizó a
las estructuras políticas premodernas.
Estas características llevan a la patrimonialización del poder, puesto que el poder político se
vuelve patrimonio del señor, emancipándolo de otras formas de poder.

Origen y construcción del espacio organizado.

El espacio geográfico como extensión, una vez convertido en espacio social por ocupación o
apropiación, posee una significación cultural que se construye con la práctica social de los hombres
y que se manifiesta en el conjunto de relaciones de los hombres entre sí y con su entorno.
Hace algunos años, la idea de la construcción humana del espacio fue monopolizada por la
de que la acción humana que le otorgaba sentido se limitaba a las relaciones económicas de
producción, de distribución y de consumo., en la actualidad plenamente superada por la apreciación
de otros ámbitos por parte de los historiadores.
Los códigos sociales organizan el espacio mediante una simbología social por medio de la cual
lo transforman en una realidad portadora de sentido que lo convierten en un difusor más de los
valores sociales y políticos dominantes y de su imagen del orden social.
Ello se expresa a su vez en una cultura jurídico política que se fundamenta en una concepción
del mundo y del hombre que, no solo le da sentido, sino que contribuye a su legitimación como parte
del orden existente en cada formación social. De allí que el territorio y la división política del mismo
puedan transformarse en instrumentos de poder tanto para la organización y perpetuación de ciertos
grupos sociales en el poder como para la expropiación de otros grupos que no dominan las mismas
tecnologías políticas.
La pluralidad del espacio es consecuencia de la autonomía relativa de los diferentes niveles
de la práctica humana en el seno del sistema social.
Hay un proyecto político implícito en cada organización político-administrativa del espacio
que puede identificarse, así como puede hacerse lo propio con las consecuencias espaciales de una
forma determinada de organización del poder.

Origen del espacio político de un sistema de poder de carácter tradicional.

El espacio político de un sistema de poder de carácter tradicional tiene su origen en la casa,


donde las personas reconocen un mismo paterfamilias. El conjunto evoluciona en los siglos
medievales hacia el territorio de un señor o de una comunidad de padres de familia a quienes
corresponden los poderes de administración y de gobierno (jurisdicción) Se trata de comunidades
domésticas integradas no por individuos sino unidades domésticas.
Como su organización se basa en la tradición, la legitimidad política exige condiciones de
estabilidad de la vida comunitaria que permitan la internalización de las tradiciones comunes.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

El espacio de relación puede regirse por normas respetadas por la costumbre o sancionadas
jurídicamente. Pero, además, la acuñación de unas estructuras de legitimación basadas en la
patrimonialización de las funciones y de los cargos que provocan una miniaturización del espacio
político.
Esto significa que una vez atribuidos a un señor o a una comunidad, esos PODERES se
incorporaban al patrimonio de su titular y se convertían en INDISPONIBLES PARA CUALQUIER OTRO
PODER POLÍTICO.
De esa manera se fragmentaba la política, limitada a la jurisdicción correspondiente, y se
miniaturizaban las relaciones de poder. Esta forma de entender el espacio en tanto territorio
comenzó a modificarse con el surgimiento de la modernidad.
Pero durante la Edad Media y hasta el siglo XVII, la cristalización de las relaciones entre el
poder, la comunidad y el territorio, al mantenerse durante generaciones, llegan a naturalizarse de
manera que comienza a considerarse al territorio como portador de significaciones políticas, jurídicas
y administrativas naturales.
Si la indisponibilidad resultaba de la conjunción entre poder y tradición, resulta fundamental
para caracterizar al territorio la dimensión político-jurisdiccional.

La territorialización del poder.

La territorialización del poder surgió a consecuencia de la disolución de las estructuras


político-jurídicas de naturaleza personal, de las comunidades basadas en el parentesco.
Conforme se va produciendo el progreso del poder centralizado de las monarquías
modernas, se produce también una modificación de los espacios jurisdiccionales de los poderes
locales, indicio de que se diluye la indisponibilidad por naturaleza de los espacios políticos.
En tanto la ampliación del ámbito de ejercicio del poder real como la justicia va a hallar
resistencias, la organización territorial real logrará avanzar en dominios como la organización militar
y fiscal, logrando conformar una redistribución asimétrica en esos espacios, ajenos a las estructuras
tradicionales, y favorables al desarrollo de un territorio unificado y centralizado.

4) La Corte y la sociedad cortesana.


El reordenamiento social y la consolidación del sistema jerárquico.
Patronazgo y elites de poder. Redes sociales. Recomposición y funciones
del estamento nobiliario: Papel político de los señoríos.

ELIAS, Norbert, La sociedad cortesana, Capítulos V, VI y VII.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La etiqueta y el ceremonial: el peso de lo simbólico.

La etiqueta y el ceremonial, como el que se da en el orden de entrada en el dormitorio del


rey, sorprende, en primer lugar, en la meticulosa exactitud de la organización. No se trata, sin
embargo, como es obvio, de una organización racional en sentido moderno, pese a que cada “paso”
esté previamente determinado, sino de un tipo de organización donde cada uno recibe el carácter
de prestigio que está vinculado con él, en cuanto símbolo de la respectiva distribución del poder.
Lo que en el marco de la actual estructura social tiene, por lo general, aunque no siempre, el
carácter de funciones secundarias, poseía aquí ampliamente el de las funciones primarias.
El rey utilizaba sus instalaciones más privadas para definir diferencias de rango y para repartir
distinciones, demostraciones de gracia o, por el contrario, de desaprobación.
Con esto queda ya insinuado que la etiqueta tenía, en la estructura de esta sociedad y de
esta forma de gobierno, una función simbólica de gran importancia.

La competencia por el status.

La etiqueta y el ceremonial siguió existiendo y estando en movimiento, pues lo impulsaba


hacia delante un motor infatigable: la competencia por las oportunidades de status y de poder que
tenían los allí involucrados en su relación recíproca, así como frente a los excluidos, y su necesidad
de un prestigio netamente escalonado.
Esta continua competencia por oportunidades de poder, status y prestigio era el factor
dominante, en virtud del cual, en esta estructura de poder dividida jerárquicamente, todos los
participantes se condenaban recíprocamente al ejercicio de un ceremonial que se había hecho una
carga.
Ninguna de las personas que constituían la configuración tenía la posibilidad de poner en
camino una reforma de la tradición. Todo intento de reforma, aun del más pequeño cambio, traía
consigo ineludiblemente una sacudida y una disminución o incluso una derogación de ciertos
privilegios y prerrogativas de personas y familias concretas.
Tocar tales oportunidades de poder, más aún derogarlas, era una especie de tabú para la
capa dominante de esta sociedad. El intento habría tenido en contra amplias capas de los
privilegiados que, quizá no sin razón, temían que todo el sistema de poder que les otorgaba privilegios
se viera amenazado o que se derrumbara si se tocaba el más mínimo detalle del orden tradicional. Y
así todo siguió como antes hasta la Revolución.
Sin duda alguno hubiera podido decir “no participo más en el ceremonial” y algunos nobles
quizá lo hicieron, pero ello importaba de inmediato la renuncia de las prerrogativas, la pérdida de las
oportunidades de poder y el hundirse ante los demás, en otras palabras, una humillación y, hasta
cierto punto, una auto-rendición.

La etiqueta como instrumento de poder real

El rey no se atiene solamente a la jerarquía tradicional. La etiqueta tiene por doquiera


campos de acción de los que él se sirve como mejor le parece para determinar, aun en lo pequeño,

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

el prestigio de los hombres de la corte. El aparato de la etiqueta en las manos del rey, constituye un
instrumento de poder sumamente flexible.
La jerarquía dentro de la sociedad cortesana estaba determinada, sin ninguna duda,
primariamente por el rango de su casa, por su título oficial. Pero, al mismo tiempo, se producía una
jerarquía efectiva en la sociedad cortesana, muy diferenciada, todavía no institucionalmente
sancionada y rápidamente cambiante, que influía y modificaba aquella jerarquía y que estaba
determinada por el favor del rey, de manera que la jerarquía efectiva dentro de la sociedad cortesana
oscilaba constantemente.

Racionalidad cortesana y racionalidad burguesa.

La racionalidad de los cortesanos es distinta a la de los profesionales-burgueses. Ambas


tienen en común conceder mayor importancia a las consideraciones orientadas a la realidad de más
largo plazo, que a los efectos momentáneos. Pero en el tipo profesional-burgués de dirección de la
conducta, el cálculo de la ganancia y la pérdida de oportunidades de poder financiero desempeñan
en su tipo de “racionalidad”, un papel primario, mientras que en el tipo cortesano-aristocrático lo
juega el cálculo de la ganancia y la pérdida en las oportunidades de poder del prestigio y el status.
La opinión social tiene un significado y una función totalmente distintos de los que posee en
toda amplia sociedad profesional-burguesa. Tal opinión fundamenta la existencia.
En la corte, no importaba nunca la realidad sino siempre lo que significaba respecto de
determinadas personas. De ahí la importancia que adquiría la etiqueta y el ceremonial para la nobleza
cortesana.
Podemos pensar, por ejemplo, en la importancia del “honor”: un noble empeñaba su vida
por su honor; prefería perder su vida que la pertenencia a su sociedad, esto es, su segregación de la
multitud circundante, sin la cual la vida no tenía ningún sentido para él.
En la valoración de la aristocracia cortesana, la posesión de capital era, en última instancia,
un medio para un fin: su importancia radicaba fundamentalmente en ser condición para el
mantenimiento de una “realidad social”, cuyo meollo estaba constituido por el destacarse de la masa
de los hombres, por el status de miembro de una capa privilegiada y por una conducta que ponía de
relieve.

Equilibrio de las tensiones.

La vida en la sociedad cortesana no era de ningún modo pacífica.


Era grande la capa de hombres que se hallaban vinculados en un círculo duradera e
inevitablemente, que se presionaban unos a otros y luchaban por las oportunidades de prestigio y
por su posición en la jerarquía del prestigio cortesano. Los asuntos, intrigas, contiendas por el rango
y el favor no conocían tregua.
Cada uno dependía de los demás y todos, del rey. Cualquiera podía dañar a cualquiera. Quien
hoy tenía un elevado rango, podía hundirse mañana. No había ninguna seguridad.
Por ello, todos debían buscar alianzas con otros hombres que gozaran de la más alta
estimación posible, evitar enemistades innecesarias, planear con precisión la táctica de la lucha con

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

los enemigos inevitables, dosificar del modo más exacto, según el propio rango y estimación, la
distancia y el acercamiento en la conducta hacia los demás.
La competencia de la vida cortesana obliga así a un control de los afectos a favor de una
conducta exactamente calculada y matizada en el trato de los hombres.

El rey y el equilibrio de las tensiones.

El rey se encuentra dentro de la corte en una situación única. Todos y cada uno de los demás
están expuestos a una presión de abajo, de los lados, y de arriba. Sólo el rey no experimenta ninguna
presión de arriba.
Pero, por cierto, la presión que ejercen contra él los que tienen un rango inferior no es
menospreciable, y sería insoportable y lo aniquilaría en un instante si todos los grupos sociales –y
aunque sólo sean los cortesanos –que le están subordinados, tuvieran una misma orientación en
contra suya.
Pero no la tienen: el potencial de acción determinado por la interdependencia de aquellos
sobre los que él reina se encuentra orientado a luchas entre ellos mismos, y, por consiguiente, queda
anulado su efecto sobre el rey.
Puede decirse en sentido estricto inmediatamente de la corte, como campo primario de
acción y de dominio del rey. Aquí no sólo compite hasta cierto grado cada individuo con todos los
otros por las oportunidades de prestigio, sino que asimismo diversos grupos luchan entre sí.
Como es obvio, al rey se le presenta aquí una tarea de dominio completamente específica:
debe vigilar sin interrupción que las tendencias de los cortesanos que los oponen unos a otros se
desenvuelvan según su deseo. De este modo el rey “dividía y vencía”.
Pero no sólo dividía. Lo que puede observarse en él es una exacta ponderación de las
relaciones de fuerza de su corte y un meticuloso balanceo del equilibrio de tensiones que de esta
manera se originaba en la corte como resultado de las presiones y contrapresiones.
Este era, pues, uno de los métodos a través de los cuales el rey impedía que la sociedad
cortesana se uniera en su contra, y favorecía y mantenía el equilibrio de tensiones deseado por él,
que constituía la condición de su poder.

Las diferencias con el poder carismático.

Las transformaciones y la pérdida de este equilibrio otorgaban la decisiva oportunidad al que


se manifiesta como portador del carisma. El poder carismático en una crisis del poder; no presenta
ninguna estabilidad, a no ser que la crisis, la guerra y la revuelta se conviertan en fenómenos
constantes y normales de una sociedad.
Tal elevación es extraordinaria, comparada con lo cotidiano tradicional y con las formas
usuales de promoción de una determinada organización social de poder.
El soberano, como se decía, debe dirigir con todo cuidado las tensiones, cultivar las celopatías
y conservar meticulosamente la dispersión de los grupos y de la dirección de sus metas, y, por tanto
de la presión de los mismos.

172
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Una cosa totalmente distinta sucede con el autócrata, ejecutor de un profundo cambio social
de la estratificación o agrupación y representante carismático del poder. Aquí son peligrosas las
celopatias, las rivalidades y las tensiones que se crean dentro del grupo central. Están, por cierto,
siempre presentes, pero no deben manifestarse con mucha fuerza; deben ser reprimidas, pues aquí
lo importante es orientar hacia fuera la fuerza, los objetivos, y, por tanto, la presión social de todos
los hombres unidos en este grupo, contra el relajado campo social y el campo más amplio de poder,
que debe ser conquistado.
El carismático grupo central ofrece oportunidades de ascenso, totalmente específicas. Aquí
pueden mandar hombres que allí no tendrían nada que mandar. Además, regularmente, el detentor
carismático del poder, a diferencia de un poder consolidado fuera de su grupo central, no dispone de
un firme aparato de poder y administración.
Así como el soberano cortesano gobierna a su gusto a los hombres de su grupo central en
virtud de la necesidad que éstos tiene del distanciamiento u de la competencia por el prestigio y el
favor que de él dependen, el jefe carismático dirige a su grupo central en el ascenso, en virtud de la
necesidad de promoción, cubriendo el riesgo y la angustia del ascenso, que frecuentemente produce
vértigo.
Ambos tipos de gobernantes necesitan, por consiguiente, poseer cualidades distintas para
realizar las tareas de su gobierno. Dentro del carismático grupo central no hay ninguna posición, ni
siquiera la del jefe, ninguna jerarquía, ningún ceremonial, ningún ritual que no esté determinado por
su orientación a la meta común del grupo.

Luis XIV32 como autócrata conservador.

El enorme poder y autoridad de Luis XIV tiene su origen en la semejanza de su persona con
el espíritu de su tiempo. Su conducta podía ser calificada de “pasiva”, comparada con la mucha más
“activa” del gobernante conquistador y carismático; pero “activa” y “pasiva” son dos conceptos
demasiado poco matizados frente a esta diferenciada realidad social.
El autócrata conquistador impulsa a su mismo grupo central a estar en acción. Y cuando falla,
fracasa con frecuencia la actividad del grupo.
El autócrata conservador es sostenido y mantenido en su posición, en cierto modo, por la
envidia, las oposiciones y tensiones en su campo social, que creó su función; sólo necesita invertir en
estas tensiones para regularlas y crear organizaciones que mantengan las tensiones y diferencias y
facilitan una vista de conjunto sobre ellas.
El gobernante carismático se acerca, en cierto aspecto, a los hombres, animado,
comprometiéndose activamente, imponiendo el cumplimiento de sus ideas.

32
Luis XIV de Francia (1638-1715), llamado el Rey Sol o Luis el Grande fue rey de Francia y de Navarra
desde el 14 de mayo de 1643 hasta su muerte. Fue uno de los más destacados reyes de la historia
francesa. Siendo su reinado el más duradero en la historia, consiguió crear un régimen absolutista y
centralizado, hasta el punto que su reinado es considerado el prototipo de la monarquía absoluta en
Europa.

173
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A un soberano del tipio de Luis XIV, se acercaba uno, se le proponía algo, se le suplicaba por
algo y cuando él había escuchado los pros y los contras de boca de diversos hombres que se
preocupaban por él, decidía. En cierto modo, las energías le eran llevadas, él se reservaba y sabía
servirse de ellas. No necesitaba tener ninguna gran idea propia y tampoco la tenía; las ideas de los
demás llegaban hasta él como un torrente y él sabía aprovecharse de ellas.
Dentro de la cadena de interdependencias, todo hombre dependía y se inclinaba, por razones
de prestigio, a vigilar que los demás cumplieran puntualmente y según lo prescrito, los pasos que les
correspondían. De aquí que para el individuo era extraordinariamente difícil, si es que no imposible,
salirse de lo establecido.
Si no hubiesen existido tal organización, etiqueta y ceremonial, el individuo, según su parecer,
hubiese podido desaparecer por algún tiempo; un campo de acción relativamente grande hubiera
estado a disposición de su propio criterio.
El aparato cortesano de la etiqueta y del ceremonial, empero, sometía ampliamente no sólo
los pasos de cada individuo a la vigilancia del autócrata, sino que asimismo inspeccionaba a muchos
miles y actuaba hasta cierto punto como un aparato de señales, mediante el cual todo capricho, todo
arrebato, toda falta del individuo, por cuanto molestaba más o menos a los demás y lesionaba sus
reivindicaciones de prestigio,, se hacía públicas y llegaban pasando a través de toda la serie de
miembros intermedios hasta el rey.
A los soberanos de un tipo claramente definible, perteneces los reyes franceses del antiguo
régimen; éstos eran por el tipo de su conducta, de sus motivaciones y ethos, aristócratas cortesanos,
representantes de una capa social que debe ser calificada de un modo negativo y neutro, de capa sin
ingresos por trabajo, esto es, una capa ociosa.

El rey como el primer noble.

El hecho de que el rey francés se sintiera como un noble, como el primer gentilhombre, y lo
pregonase, el hecho de que haya sido educado en la urbanidad y mentalidad aristocráticas y, en ellas,
haya formado su obrar y pensamiento, es un fenómeno que no puede entenderse del todo si no se
investiga los orígenes y evolución de la monarquía francesa desde la Edad Antigua, pasando por la
Edad Media.
Lo importante es captar que en ese país, precisamente porque una rica y sólida tradición
cultural aristocrática continuó expandiéndose sin ninguna ruptura propiamente dicha –a diferencia
de los sucedido en numerosas regiones alemanas – a lo largo de toda la Edad Media y hasta la Edad
Moderna, el rey, como miembro de esta tradición, necesitaba la sociabilidad, el trato con los que
gozaban de igual mentalidad, y estaba ligado a ella más fuertemente que los reyes de países donde
entra la Edad Media y la Moderna hay un profundo corte o donde la cultura aristocrática se
conformaba de una manera menos rica y peculiar.
Pero no es menos importante una segunda circunstancia que depende de lo anterior y que
fácilmente se pasa por alto. Es cierto que los reyes franceses, a lo largo de los siglos, hasta Enrique

174
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IV33 y propiamente hasta Luis XIV, estuvieron involucrados en una lucha todavía no decidida, no con
la nobleza en cuanto tal, pues facciones de la misma habían combatido siempre a su lado, pero sí, al
menos, con la alta aristocracia y sus seguidores.
Por origen y mentalidad, los reyes estaban vinculados con la nobleza. Por la evolución social
de Francia, éstos alcanzaban cada vez más, desde la posición de un primus inter pares, una posición
de poder que aventajaba con mucho las posiciones de todos los demás nobles de su reino.
La solución de los conflictos resultantes de estas simultáneas pertenencia y distancia,
constituyó la corte.

¿Por qué el rey necesitaba a la nobleza?

Toda institución es el producto de una distribución muy determinada de los pesos del poder
en el equilibrio de tensiones de grupos humanos interdependientes. La corte no es una agrupación
histórica arbitraria o accidentalmente formada, sobre cuyo porqué no es posible ni necesario
interrogarse, sino una configuración de hombres de determinadas capas que se reproducían
incesantemente de esta manera porque ofrecía a los hombres así relacionados oportunidades para
satisfacer diversas necesidades o dependencias, creadas socialmente en ellos de modo
ininterrumpido.

El rango.

Los nuevos títulos nobiliarios que el rey otorgaba estaban todavía vinculados con la
propiedad rural y sus rentas, pero el rango ya no dependía, o no estaba exclusivamente ligado con el
rango tradicional relacionado con una determinada tierra, sino que representaba una distinción
concedida por el rey, a la que se vinculaban funciones de dominio cada vez menores.
Puede afirmarse con razón que, con el resultado de las Guerras de Religión34, el combate
entre la monarquía y la nobleza quedó decidido en lo fundamental y se abrió la brecha para la
monarquía absolutista.

33
Enrique de Borbón (1553-1610) fue rey de Navarra con el nombre de Enrique III entre 1572 y 1610,
y rey de Francia como Enrique IV entre 1589 y 1610, primero de la casa de Borbón en este país,
conocido como Enrique el Grande o el Buen Rey.
A menudo es considerado por los franceses como el mejor monarca que ha gobernado su país,
siempre intentando mejorar las condiciones de vida de sus súbditos.
34
A finales del siglo XV y comienzos del XVI, la monarquía francesa había ampliado
extraordinariamente las bases de su poder territorial, financiero, económico y militar, estableciendo
un gobierno hasta cierto punto centralizado. El equilibrio entre nobleza y monarquía se mantuvo
durante los reinados de Francisco I y Enrique II, que se apoyaron en la nobleza para poder gobernar,
buscando su consejo y auxilio, pero sin dejarse dominar y sin tolerar ninguna oposición a su poder.
Una nueva alta nobleza había prosperado al amparo de la monarquía tras la desaparición de
los grandes ducados de Borgoña y Bretaña. Las familias nobiliarias más importantes del momento
eran los Guisa, los Borbón y los Montmorency, que se enfrentarán entre sí a lo largo de las Guerras
de Religión. Estas tres grandes familias ejercían el control del gobierno central, a través del favor del
Rey, y el gobierno local, por medio de una red de clientelas.

175
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La expropiación de los feudos eclesiásticos hecha por Francisco I y su utilización para


recompensar los servicios que ciertos hombres habían hecho al rey, creó una situación que contenía
el germen de duraderos conflictos de interés entre la nobleza y la Iglesia.

Hablando en general, lo que encontramos en las luchas de las centurias XVI y XVII son:
• Por una parte, “corporaciones burguesas” que ya se han hecho numerosas, ricas y, en
consecuencia, poderosas y conscientes de sí mismas para oponer la más viva resistencia a las
pretensiones de dominio y poder de la nobleza, aunque, con todo, todavía no son capaces ni bastante
fuertes para reivindicar el poder.
• Por otra parte, se encuentra una nobleza que todavía posee la suficiente fuerza para
obstaculizar a las capas burguesas presionantes y de afirmarse frente a ellas, aunque ya es demasiado
débil, sobre todo en el aspecto económico, para dirigir su poder contra tales capas.
Es un dato determinante de este conjunto que, para esta época, ya han escapado de manos
de la nobleza las funciones de administración y jurisprudencia y que, en virtud de tales funciones, se
han constituido ricas y, por consiguientes, poderosas corporaciones burguesas –en particular, el
Parlamento –, por así decirlo, como la capa dominante de la burguesía.

Ese equilibrio se rompió al morir Enrique II en 1559. Al ser los reyes Francisco II y Carlos IX
demasiado incapaces o demasiado jóvenes para reinar, la competencia de la nobleza por el favor del
rey se convirtió en una lucha por controlar el poder real.
El resultado inmediato fue la ruptura del equilibrio del poder político, ya que la casa
Montmorency, opuesta de antemano a la política real, se encontraba firmemente unida entre sí y
con otros grupos por la religión, lo que hizo posible la formación de verdaderos partidos políticos,
tan poderosos que llegaron a tomar el poder. La explicación de por qué estas guerras en Francia se
alargaron 36 años, reside precisamente en la transformación de las confesiones en partidos: el
Partido Hugonote y la Liga Católica. El primero aparece como consecuencia de la politización de la
Iglesia Reformada, y en defensa de su fe escogida frente a los intentos católicos de frenar su
expansión, y la segunda como reacción a los éxitos y excesos de los hugonotes, ya en plena lucha por
el poder entre la casa de Borbón y la casa de Guisa-Lorena.
A lo largo de las Guerras de Religión, la monarquía, cuya existencia nunca llegó a ser
cuestionada, perdió el control de la situación y se vio incapaz de reprimir o poner fin a la lucha de
partidos, resultando vanos los esfuerzos desplegados por los dos últimos Valois (Carlos IX, Enrique III
y su madre Catalina de Médicis) para preservar el poder real ante el colapso del orden político.
Por último, cabe destacar la amplia participación social, pues las Guerras de Religión
implicaron a todos los estratos sociales, desde las élites a las masas populares. Todo ello refleja una
masiva reacción social al progreso de la construcción del Estado autoritario y unificado, intentando
los rebeldes restaurar y revitalizar antiguas instituciones o proyectar otras nuevas.
La insubordinación de los franceses toma como modelo el comportamiento de príncipes y
grandes señores, que se alzan en armas sin permiso del monarca. El feudalismo que aún se vive en
Francia, queda de manifiesto con la progresiva autonomía de los señores y de sus partidarios. La
convocatoria de los Estados Generales, que se llevó a cabo tres veces durante las Guerras de Religión,
da testimonio patente del debilitamiento de la autoridad real. Los reyes necesitaban el apoyo de sus
súbditos para poder adoptar decisiones que se respetaran; llegó a cuestionarse incluso el poder real,
por aquellos que también deseaban que el rey se plegara a la voluntad de estos órganos consultivos.

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Las múltiples dependencias y el rey como el equilibrio de tensiones.

Así pues, la nobleza necesitaba de los reyes, a causa de su precaria base financiera, para
mantenerse como tal frente a la presión de las capas burguesas y su creciente riqueza, y a las
corporaciones burguesas les era necesario el rey como guardián y protector frente a las amenazas,
arrogancias y privilegios demasiado unilaterales de la aristocracia media caballeresca.
Una configuración con tal equilibrio de tensiones, en la cual las dos agrupaciones
estamentarias mantenían más o menos el equilibrio y, en la cual, en todo caso, ninguno de los grupos
principales podía alcanzar una duradera y decisiva preponderancia sobra la otra, otorgaba en especial
al rey legítimo, en apariencia igualmente distante de todos los grupos concretos, la oportunidad de
presentarse como fundador de la paz social, como el único garante de la tranquilidad y de la relativa
seguridad ante las amenazas de los rivales.
El príncipe gobierna y lo hace de un modo absolutista porque cada una de las capas en lucha
lo necesita para combatir a la otra y porque él puede enfrentar a una contra otra.
El hecho de que él, por su origen, pertenezca a uno de los grupos contrincantes –a la nobleza
–, es de considerable importancia precisamente para la estructura de la corte y para algunos
aspectos. Pero justamente por cuanto él, en cierto sentido, puede apoyarse en grupos burgueses,
deja de ser cada vez más un primus inter pares y se aleja de la nobleza.
Esta conducta típica ambivalente y la situación conflictiva que traía consigo, hace, pues,
posible por corto tiempo el establecimiento de vínculos entre los diversos grupos dirigentes aun en
contra del poder regio; sin embargo, pasado este tiempo, se aproximan de nuevo uno u otro grupo
al bando monárquico y abandonan los lazos con los restantes grupos.

Factores que favorecieron la victoria del rey sobre la aristocracia.

El hecho de que la posición de poder de los reyes frente a la nobleza hubiera cambiado
entonces, de modo definitivo y extraordinario, en su favor y siguiese, a ojos vistas, ampliándose en
esta dirección, fue esencialmente la consecuencia de cambios sociales que estaban fuera del ámbito
de poder de los reyes o de cualquier otro hombre concreto e incluso de grupos de hombres.
Si los reyes necesitaban a la nobleza y por ello la mantenían, debían al mismo tiempo
conservarla de tal manera que su peligrosidad para el poder real fuera ampliamente neutralizada.

La separación de la nobleza de las funciones jurídico-administrativas.

En primer lugar, los reyes con la ayuda de una burocracia burguesa de la monarquía,
expulsaron a la nobleza de casi todas las posiciones de la suprema judicatura y la administración.
La relación entre monarquía y nobleza fue cambiando lentamente de su forma feudal a su
manera cortesana.
Mediante la corte, y desde ella, una buena parte de la nobleza fue despojada desde entonces
de toda independencia por el rey que la mantuvo en constante dependencia y atendió a sus
necesidades.

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Se mantenía a la nobleza alejada de la esfera política del poder, y se la conservaba como un


factor social.

El desbalance económico de la nobleza.


La lluvia de oro y plata hizo germinar muchas semillas que en el desarrollo de las sociedades
occidentales estaban ya presentes y que, sin esta lluvia, hubieran crecido con mayor lentitud y quizá
en parte se hubieran malogrado.
Si uno quiere contar directamente al rey entre la nobleza, puede decir que aquél, en virtud
de su función, fue el único noble de ese país cuya base económica, posición de poder y distancia
social no se vieron limitadas por estos procesos, sino, por el contrario, mejoradas.
Originalmente, los ingresos de sus propiedades rurales constituían la principal fuente de
entradas tanto para el rey, como para todos los nobles. Esto había cambiado hacía mucho tiempo.
Para los ingresos del rey, los tributos y similares percepciones que esto sacaba en cierto modo de los
haberes monetarios de sus súbditos, había adquirido una importancia cada vez mayor.
Así, de ser un rey que poseía terrenos y los concedía, se convirtió en un rey que poseía dinero
y lo otorgaba. Mientras el rey ascendía, se hundía el resto de la nobleza, es decir, cambiaba el punto
de equilibrio.
Esta evolución económica implicó para una gran parte de la nobleza la ruina económica. Los
nobles se empobrecen porque, en virtud de cierta tradición estamentaria y de la corriente opinión
social, les es exigido vivir de rentas y no ejercer ningún trabajo profesional, para conservar su
existencia social y su prestigio; en consecuencia, no pueden, en el proceso de devaluación del dinero,
adaptarse a las exigencias que corresponden al tren de vida de las capas burguesas profesionales.
Los nobles, o más exactamente, la mayoría de ellos, están ante la alternativa de llevar una
vida similar a la de los campesinos, que en todo caso, era una vida muy feliz que no tiene en absoluto
nada que ver ya con su reivindicación de valía aristocrática, o de trasladarse a la prisión de la corte y
con ello conservar su prestigio social sobre una nueva base, entregándose a la directa dependencia
del rey.
En otras palabras, no se puede entender la actitud de los reyes cortesanos de Francia que
otorgaban oportunidades de dinero, frente a la nobleza, si no se da uno cuenta de que tal actitud se
deriva de la conducta tradicional del supremo señor feudal frente a sus vasallos.
El tradicional deber del rey de mantener a la aristocracia y de ésta de servir al rey no habían
desaparecido. No debe pasar inadvertido que, en esta economía, la antigua relación feudal está
presente, trasformada según la pauta cortesana y superada

Los cambios en la guerra y la depreciación de la nobleza.

No menos significativa para el destino de los nobles fue la trasformación de la estrategia de


la guerra realizada en el mismo período.
El peso relativamente grande de la nobleza medieval en el equilibro de las tensiones entre
ella y el señor central principesco radicaba, no en último término, en el alto grado de dependencia
del señor central respecto de la aristocracia en todas las empresas bélicas.

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La creciente afluencia de medios monetarios les permitió a los reyes arrendar tropas para
hacer la guerra, ejércitos que reclutan entre las capas inferiores. Así como la estima en aumento de
la conducción de guerras basadas en ejércitos mercenarios con armas de fuego, mientras se
despreciaba el tipo tradicional de la guerra caballeresca, reducían la dependencia del señor central
de la nobleza, al tiempo que incrementaba la dependencia de esta frente a aquél.
La venta de cargos, el ascenso de la burguesía y la perdida de funciones de la nobleza.

La legitimación de la venta de cargos que Enrique IV realizó tuvo en su día razones financieras
muy determinadas, en tanto representaba una importante fuente de ingresos.
Pero, además, la legitimación fue emprendida expresamente para arrebatar a la nobleza de
un modo definitivo todo influjo en la ocupación de los cargos y para imposibilitar toda clase de
patronazgo feudal de los mismos. Así pues, también tuvo en cierto aspecto el sentido de un
instrumento de la lucha de los reyes contra la nobleza, sobre todo contra la alta.
Así, la nobleza perdió ciertamente, paso a paso, muchas de sus hasta entonces funciones en
este campo social, en beneficio de los grupos burgueses; perdió la función de la administración, de
la judicatura y en parte, hasta las funciones militares, a favor de los miembros de las capas burguesas;
aun la parte más importante de las funciones de un gobernador estaban en las manos de los
burgueses.
Apoyado en la creciente posición de poder de las capas burguesas, el rey se distanciaba cada
vez más del resto de la aristocracia, y viceversa: el rey promovía asimismo el avance de las existencias
burguesas; les abría oportunidades tanto económicas como de cargos y prestigio de la más diversa
índole, al mismo tiempo que los mantenía en jaque.
La burguesía y los reyes se elevaban mutuamente, en tanto que el resto de la nobleza se
hundía. Pero cuando las formaciones burguesas – los miembros de los tribunales supremos o de la
alta administración –avanzaban más de lo que quería el rey, éste les marcaba el alto de una manera
inflexible, como a los aristócratas.
En efecto, los reyes podían tolerar la ruina de la nobleza sólo hasta cierto punto. Junto con
la nobleza, ellos mimos hubieran perdido la posibilidad de mantener su existencia y su sentido.
El proceso de segregación y separación de la sociedad cortesana se había consumado, en
cierto modo, bajo Luis XIV. Aquí se convierten de modo definitivo los caballeros y los epígonos
cortesanos de la hidalguería en cortesanos en el sentido propio de la palabra, esto es, hombres cuya
existencia social y, no en último término, con frecuencia, también sus ingresos dependen de su
prestigio y consideración en la corte y en la sociedad cortesana.

Prisioneros de su propio ceremonial y etiqueta

Para las elites, la conservación de su propia existencia social privilegiada constituía un valor
en sí mismas. Lo que sucedía ente ellos con el grueso de la población, estaba demasiado fuera de su
plano de visión; a la mayoría de los privilegiados, no les interesaba.
No se podía ni siquiera romper el hielo de las tensiones sociales congeladas entre las capas
superiores que, así, finalmente rompió el torrente contenido bajo la cubierta de hielo.

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Este congelamiento de las elites privilegiadas del Antiguo Régimen en un “clinch”, en un


equilibrio de tensiones, que pese a todos los manifiestos abusos, nadie podía deshacer de una
manera pacífica, fue sin lugar a dudas, una de las razones por las cuales un movimiento revolucionario
arrasó, al final, violentamente el marco legal e institucional del antiguo sistema de poder, hasta que,
tras muchas vicisitudes, se estableció un sistema de poder con una distribución distinta y otros
equilibrios de tensiones.
Ya se ha insinuado en lo dicho hasta aquí que la idea de una “burguesía” como capa
ascendente revolucionaria y de la nobleza como capa vencida en la revolución, simplifica un tanto el
hecho efectivo. A los privilegiados que la revolución hizo a un lado, pertenecían también capas
burguesas o procedentes de la burguesía. Es bueno tal vez distinguir claramente la burguesía
estamentaria que culminaba en la nobleza burocrática, de la burguesía profesional ascendente.

MARTINEZ MILLAN, José, La Corte de la Monarquía Hispánica.

La monarquía hispana optó por la corte como forma de articulación con el aumento de reinos
que experimentó por herencia, agregación o conquista.
Semejante forma de configuración política propició una serie de características distintas a las
que tradicionalmente nos han explicado los historiadores, basadas en estructuras y en una evolución
racional progresiva hacia la construcción del estado.
La corte se componía de tres grandes áreas que constituían la «forma política» (en
terminología aristotélica) de la monarquía; a saber: el gobierno de las casas reales, el gobierno de la
monarquía (Consejos y tribunales) y los cortesanos.
La casa real no sólo constituyó el elemento originario de la corte, sino que además daba
entidad y legitimidad a la dinastía.
Por el otro, estaban los Consejos y los Tribunales, cuya racionalidad administrativa tuvo que
compaginarse con las relaciones no institucionales de otras instancias de poder.
Finalmente nos encontramos con, los cortesanos, quienes elaboraron una conducta
específica para conseguir sus propios intereses.

La casa real.

En las monarquías dinásticas, la casa real no sólo constituyó el elemento originario de los que
componían la corte, sino que además daba entidad a la dinastía y legitimidad de dominio sobre el
reino.
Desde la baja Edad Media, cada príncipe estableció su propia casa (su propia forma de
servicio) y, aunque todos ellos buscaban la originalidad que diese entidad a su monarquía, la mayor
parte de ellas tuvieron los mismos departamentos y estructuras en las que integraban a las élites del
reino en su servicio.
La casa real constituyó el elemento esencial de la corte, lo que frecuentemente ha llevado a
que determinados historiadores actuales hayan identificado ambos organismos como sinónimos.
No resulta difícil deducir que la casa real de la monarquía hispana fuera fiel reflejo de la
evolución que experimentó la corte y la propia monarquía y, por consiguiente, más que una casa

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hubiera una yuxtaposición de casas, dada su forma de organización, pues, si algo parece claro es que
la monarquía hispana optó por la corte como forma de articulación con el aumento de reinos que
experimentó por herencia, agregación o conquista.
Semejante forma de configuración política propició una serie de características que no
siempre se han tenido en cuenta, a saber: en primer lugar, la agregación y yuxtaposición de reinos
llevó consigo la multiplicidad de casas reales, dado que al ser éstas los elementos desde donde se
articulaban políticamente los reinos, al conservar su autonomía, tuvieron que mantener también sus
respectivas casas, aunque no residiese el rey.
En segundo lugar, se deduce que, cualquier cambio efectuado en las estructuras de la
monarquía, como sucedió a finales del siglo XVI y en la primera mitad del siglo XVII, ineludiblemente
afectó a la organización de las casas reales.
Finalmente, se debe advertir que los esquemas teóricos políticos, construidos sobre el
presupuesto de una racionalización progresiva del poder, como tradicionalmente han venido
haciendo los historiadores, no sirven para explicar esta evolución de la Monarquía hispana durante
la Edad Moderna y es preciso recurrir a otras teorías e ideologías más ligadas a las doctrinas filosóficas
clásicas (Aristóteles) que a revolucionarias teorías políticas.
Como es sabido, la entidad política conocida como la «monarquía hispana» se originó en la
unión de las Coronas de Castilla y Aragón a finales del siglo XV. Ambas Coronas habían estructurado
sus propias casas reales desde hacía muchos siglos y no desaparecieron ni se fusionaron cuando se
produjo la unión.

Consejos, tribunales y cortes virreinales en la monarquía hispana.

El segundo elemento que componía la corte en la monarquía hispana eran los Consejos y
tribunales.
Durante la segunda mitad del siglo XVI, el establecimiento de la residencia de la corte en
Madrid y la decisión de gobernar desde una sede fija planteó un serio problema en la articulación
interna de la monarquía, relativo al modo cómo pudieron engarzarse dos clases de instituciones en
apariencia incompatibles como eran los Consejos (instituciones con jurisdicción que racionalizaban y
centralizaban la monarquía) y otros organismos, como los virreyes, en los que predominaba más -
tanto en su nombramiento como en su actuación- las relaciones no institucionales, impregnadas de
la filosofía práctica aristotélica, que las institucionales.
El proceso de confesionalización que abordó Felipe II llevó consigo la articulación política de
la monarquía, manifestándose de manera especial en tres aspectos: en el crecimiento de la
administración; en el compromiso e identificación de la dinastía con la confesión católica y en el
control ideológico y cultural de la sociedad.

Los cortesanos y su actuación.

La corte representó, por excelencia, el lugar en que se hacía política, en un momento en que
el ejercicio de la política no estaba institucionalizado en las funciones, sino, más bien, en las personas
que identificaban las funciones: no se servía a la monarquía, sino más bien al rey, no se era ministro
de hacienda, sino cuidador de la casa del príncipe, etc.
Pero también, la corte era el lugar privilegiado en que se producía y se transmitía cultura, en
que se tendía a concentrar el máximo de conocimientos en todos los campos: existía un arte de corte,
que nacía y se desarrollaba en la corte, un lenguaje de corte, una moda de corte, una arquitectura
de corte, etc.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Ahora bien, tanto la política como la cultura se transmitían a través de las relaciones
personales, no institucionales (redes clientelares, relaciones de patronazgo, etc.).
La corte formó un elemento esencial en muchos debates del tiempo en torno a valores:
honor contra discreción, campo contra ciudad, cosmopolita contra patriotismo, piedad contra
espiritualidad.

IMIZCOZ BEUNZA, José María., Elites, poder y red social. Las élites del País Vasco y Navarra en
la Edad Moderna (Estado de la cuestión y perspectivas), Comunidad, red social y élites. Un
análisis de la vertebración social en el Antiguo Régimen.

Un estudio de las élites se debe contextualizar considerando lo que aquellas representan en


el entramado de una sociedad y en sus relaciones de poder.
Es necesario decir que las relaciones entre el señor y sus dependientes no se limitaban al
pago de la renta, que la relación entre el maestro de taller y el aprendiz no era simplemente una
relación de producción, que las relaciones entre los poderosos y los humildes no se limitaban a las
“tensiones sociales” y a las “revueltas populares”.
Las categorías sociales con las que se venían trabajando (grupos sociales, clases, estratos)
tienen un valor relativo, no absoluto, son insuficientes, y muchas veces engañosas cuando se trata
de analizar los actores sociales y la acción social. Por ello, es necesario un análisis relacional, en
términos de red social.
Los historiadores han tenido a definir los “grupos sociales” sobre la base de la separación de
las diferencias y no de la vinculación. Este modo de proceder es propio del pensamiento
contemporáneo, y no se puede aplicar sin más a las sociedades de Antiguo Régimen, en tanto
comporta dos limitaciones importantes.
Por un lado, las categorías en este periodo tienen un valor relativo, la posición en el aparato
de producción o la posición en un sistema de valores o en un ordenamiento jurídico no son realidades
completas, sino relativas.
Por otra parte, tomando acríticamente a los “grupos sociales” como actores sociales, se
puede estar agrupando a gentes que en realidad no tienen un funcionamiento común o, al contrario,
separando u oponiendo a gentes que tienen un funcionamiento colectivo.
En este sentido, es necesario proponer un modo de análisis, complementario de la
clasificación, que aborde la sociedad en términos de relación, que parta de los que vincula y no de lo
que separa. Lo social está hecho de relaciones. Lo que teje una sociedad son los vínculos y redes de
relaciones entre individuos y/o colectivos.

Vertebración social en el Antiguo Régimen: Comunidades y redes sociales.

En la Edad moderna, la vida social de los hombres y las mujeres estaba organizada en
formaciones colectivas que tenían una entidad muy específica, propia de lo que los historiadores han
llamado “el Antiguo Régimen”.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

El entramado social de esta sociedad era un conjunto muy plural y complejo de cuerpos
sociales o comunidades y de vínculos personales y redes sociales.
En cuanto al sistema político aparece una realidad corporativa preestatal que no se entiende
en términos de estatalidad, ni de separación de lo privado y lo público, ni de separación de la
“Sociedad” y el “Estado”, ni de unidad política o territorial.
Se trata, al contrario, de un orden político plural, caracterizado por la diversidad de cuerpos
sociales, por la realidad de poderes plurales y policéntricos, y por la yuxtaposición y la concurrencia
de los diversos poderes.
En este contexto, los hombres y las mujeres estaban adscritos por vínculos de pertenencia a
formaciones colectivas de diversa índole (casa, gremios artesanos, corporaciones de comerciantes,
comunidades religiosas, etc.), que son los elementos constitutivos del entramado social preestatal.
En efecto, aquellos “cuerpos sociales” o comunidades no eran nunca sociedades estáticas.
Por un lado, podían y de hecho solían, actuar como actores colectivos en la vida del reino. Por otro,
su campo social estaba surcado continuamente por la acción de actores individuales y colectivos
vinculados por lazos de diversa índole.
Por otra parte, la constitución específica de aquellas comunidades y corporaciones
comportaba un régimen de gobierno propio, cuya conquista o conservación era objeto de rivalidades
y analizas entre las grandes familias de los poderosos.
La articulación de aquellas comunidades venia dada en buena medida, más que por
instituciones, por vinculaciones de diversa índole entre sus elites dirigentes.
Todo el cuerpo social estaba atravesado en cada momento por aquellos lazos que vinculaban
a unas personas con otras en redes sociales o constelaciones de personas que no llegaban a constituir
“comunidades” establecidas u “organizaciones colectivas” pero no por ello eran menos reales ni
menos determinantes para la vertebración social.
Unos eran vínculos primeros, inmediatos, otros resultaban de la articulación cada vez más
amplia de los anteriores, pero unos con otros tejían la trama de una sociedad, estructuraban a los
hombres en redes de relaciones que tenían reglas de funcionamiento propias y que comportaban
generalmente una acción solidaria en el campo social.

Las características de los vínculos sociales del Antiguo Régimen.

En el Antiguo Régimen aquellos vínculos tenían una entidad específica que no tienen en las
sociedades contemporáneas.
Eran vínculos propios de una sociedad celular, vínculos estructurantes que comportaban
reglas de funcionamiento estrictas que suponían generalmente el ejercicio de una autoridad en el
ámbito propio de esa relación y que conllevaban en principio una acción solidaria en el campo social.
En general, aquellos vínculos no resultaban de una adhesión libre y revocable de los
individuos. Ya vinieran dados por el nacimiento o por otras vías de pertenencia, como los vínculos de
casa, parentesco, pueblo, etc., o ya fueran adquiridos, como los vínculos de amistad política o de
clientela, los términos de la relación y lo que ella comportaba estaban preestablecidos, eran
anteriores al sujeto y se imponían a él de una manera particularmente imperante.

183
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Los vínculos de aquella sociedad comportaban generalmente un alto grado de dependencia,


no solo del superior, sino dependencia, en todos los ámbitos, del propio cuerpo o colectivo al que se
pertenecía, de las obligaciones que exigía todo vínculo social.
Cualquiera de los vínculos que aseguraban la supervivencia del individuo, le ataban, al mismo
tiempo, estrechamente, le imponían una serie de normas y obligaciones estrictas que estaban por
encima de su propia voluntad individual.
Cualquier grupo o comunidad imponía obligaciones a todos sin excepción y su propio
funcionamiento sometía a todos a un particular cumplimiento de las propias normas que formaban
parte de la costumbre común, esto es, de su forma de ser.
El vínculo no se establecía sobre la base de la igualdad, de las características individuales
semejantes. Eran las características propias del vínculo las que establecían las diferencias internas de
posición y de atribuciones. Esto es, los derechos y deberes de los miembros de la relación dependían
o eran dados por la propia organización del grupo por su funcionamiento interno.
Así el grupo tenía una jerarquía que era, en realidad, su propia forma organizativa y no un
valor abstracto.
Nos encontramos entonces con una comunidad basada no en la igualdad, sino en la
diferencia, en donde la jerarquía es la propia forma organización.
En la sociedad de Antiguo Régimen, en contraste con la sociedad capitalista, en donde la
diferencia social se expresa en la existencia de vidas separadas en círculos sociales, barrios,
actividades y practicas diferentes, la diferencia social se daba en el seno de cada vínculo, de cada
círculo social, incluso en los que hoy podrían parecernos relativamente igualitarios, como los vínculos
de casa y familia, o las relaciones de parentesco.
Hay que pensar la “diferencia” no como “separación” sino, en el seno de cada vinculo, como
estructura interna de autoridad y de integración, de dominación y de dependencia.

La ambivalencia de los vínculos.

Los vínculos personales del Antiguo Régimen tenían un valor ambivalente y no solo
unidimensional.
Por un lado, eran vínculos de integración que aseguraban la supervivencia de los individuos
y por otro lado, se trata al mismo tiempo de vínculos de dominación y de dependencia. Como toda
relación entre desiguales, estos vínculos comportaban una posición de autoridad y exigían una
subordinación.
Cada vínculo se regía por unas reglas propias que gobernaban su funcionamiento colectivo.
Aquellos vínculos estaban regulados por sus propias normas (costumbres). Tratándose de vínculos y
de dependencias personales, los riesgos de arbitrio eran enormes, la autoridad estaba en manos de
particulares sin que mediasen instancias públicas, leyes y formas asociativas.
El sistema político propio de las sociedades del Antiguo Régimen era un régimen de poderes
plurales. En aquella sociedad preestatal anterior al Estado liberal, no existía una división entre lo
público y lo privado.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Los diversos vínculos sociales que vertebraban a los hombres comportaban en mayor o
menor grado el ejercicio de una autoridad, esta autoridad era propia de cada relación, se circunscribía
a su ámbito.
En las sociedades de Antiguo régimen, en las que muchas veces más que con instituciones se
gobernaba con hombres, las redes de relaciones eran un elemento fundamental del “capital social”
y de la capacidad de acción” que los poderosos podían movilizar en su favor, eran redes de poder.

Los vínculos parentales: la familia y el parentesco.


Los vínculos de familia y parentesco eran los lazos personales más inmediatos, tenían un gran
contenido social y un fuerte poder estructurante, regían en gran medida la vida colectiva y la acción
social de los individuos, y condicionaban grandemente su vida personal.
La parentela comprendía vínculos de diversa índole: la familia de sangre, la familia política,
los parientes y el parentesco espiritual o padrinazgo. La familia se gobernaba, en cuanto grupo
domestico, en el marco de la casa, que era la primera instancia organizativa de aquella sociedad. La
casa era un cuerpo social con un régimen de gobierno propio; era al mismo tiempo un conjunto
material y humano, una unidad de trabajo, de producción y de consumo.
La red de relaciones familiares tendía a reproducirse de una generación a otra,
contribuyendo así de algún modo a la reproducción del sistema social. Los hijos no heredaban
solamente los bienes sino también las relaciones familiares, se heredaban las amistades y alianzas,
sino también las enemistades.
Al mismo tiempo, estas redes familiares no eran inmutables ni cerradas, ya que se inscribían
en procesos históricos de cambio y en movimientos de ascenso y de declive social. Las alianzas
matrimoniales entre familias, o incluso entre grupos rivales, modificando las composiciones. La
posición económica era un elemento que permitía obtener buenas alianzas, las buenas relaciones
eran un capital social que permitía mejorar la posición económica.
Esas redes eran solidarias en la acción, entre otras cosas porque estaban en juego intereses
comunes. Estos vínculos familiares han jugado un papel principal en la formación y consolidación de
las elites.

La amistad y el paisanaje.

Los conjuntos familiares que resultaban de los diversos vínculos de parentesco podían
prolongarse, a veces considerablemente, mediante vínculos de amistad política y de clientela.
La amistad supone confianza, reciprocidad e intercambio de servicios. Con valor afectivo, la
amistad cabe tanto en las relaciones entre semejantes como en las relaciones entre desiguales. Pero
FX Guerra propone reservarlo para designar el lazo entre actores de un nivel equivalente y reservar
el de la clientela para las relaciones desiguales entre personas de diferente nivel.
La amistad política como amistad “útil” se observa en particular en la relación entre personas
que ejercían cargos y que intercambiaban servicios sobre esa base. En el caso de Francia se ha
subrayado la importancia de los vínculos de amistad entre nobles para la movilización de las facciones
político-religiosas durante las Guerras de Religión.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Más allá del círculo heredado de amistades de la familia, y más allá también de la primitiva
comunidad de origen, la amistad entre miembros de las elites podía establecerse o consolidarse por
diversos medios, alimentando una red social de amplio alcance. Algunas de las relaciones más
significativas en este sentido fueron las amistades que cuajaban en los colegios mayores y
universidades, además de las amistades militares, o las que se establecían en una carrera profesional
común.
Próximo a la amistad podemos considerar el vínculo de paisanaje, que juega un papel
relevante en la diáspora de vascongados y navarros por las tierras de la Monarquía hispánica, en la
península y en América. Sobre esta base común se constituyen muchas veces círculos de sociabilidad
específicos donde podían encontrarse y establecer relaciones con los de la tierra.

La relación de patronazgo/clientela.

El vínculo propiamente de clientela establece una relación desigual entre personas de


posición social diferente.
La clientela funciona como una relación vertical que conlleva un intercambio desigual de
servicios y prestaciones. El patrón asistía y protegía al cliente de diversas maneras, la contrapartida
por parte del cliente era una lealtad y un servicio con grados y manifestaciones también diversas.
El patrón y cliente controlan recursos desiguales, ámbitos, riquezas e influencia diferentes,
pero su relación es útil para los dos, en la medida en que los recursos de cada cual pueden resultar
necesarios para el otro.
Los poderosos se aplicaban a conseguir una clientela lo más extensa posible; el patrón, para
demostrar su fuerza y eficacia, y para seguir manteniendo la fidelidad de los suyos sobre la de
patronos competidores, debía generar conexiones con diversos ámbitos e instancias de poder
El análisis de la relación de patronazgo-clientela se puede aplicar a todos los niveles de poder
en que se produce, desde el rey y los señores del reino hasta las oligarquías de las provincias, de las
ciudades y de las aldeas.
El señorío nobiliario es uno de los vínculos más característicos de las sociedades del Antiguo
Régimen. El gran señor no es solo el señor de la historia socioeconómica, caracterizado por su riqueza,
por sus rentas, por su estatuto y por su dominación económica. La relación entre el señor y el
campesino no se limita al cobro de rentas, a exacciones, abusos y conflictos. El señor es a la vez “pater
familias” de su propia casa y patrón de una vasta clientela.
La dominación de los poderosos se producía normalmente no mediante el empleo de la
fuerza, o por imposición, sino mediante “mecanismos ordinarios” de dominación, propias del
patronazgo clientelar (protegiendo, prestando favores y ventajas, etc.) pero recurriendo a la coacción
y a la violencia cuando los mecanismos de integración fallaban.
Similar utilización del patronazgo se ha señalado para el control del poder municipal en las
ciudades por parte de las poderosas familias de la oligarquía gobernante. En la ciudad también los
recursos que la familia controlaba directa o indirectamente servían a los poderosos para alimentar
su clientela.

El patronazgo-clientela como vertebración política de la Monarquía del Antiguo Régimen.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La relación patronazgo-clientela parece ser el vínculo más significativo, aunque por supuesto
no el único, de la articulación política de las monarquías de Antiguo Régimen.
Esta relación no era una corrupción del sistema político sino la propia esencia de este
sistema, la estructura más característica de una Monarquía Feudal evolucionada o “corporativa”,
caracterizada por la pluralidad de cuerpos sociales y de poderes, en la cual el rey no tenia sino un
poder “preminencial” y debía gobernar a través de mediaciones.

La Corte.

La Corte aparece como el principal centro neurálgico de poder, pero no como núcleo de
instituciones centralistas de un supuesto proceso de unificación y de nacionalización, sino como
centro inicial de las relaciones de poder entre las elites que configuraron la monarquía moderna.
A lo largo del siglo XVI, se afirmó la atracción que ejercía la Corte del soberano, mientras que
decaían las cortes de los grandes señores y el patronazgo que estos ejercían.
En este contexto, se ha señalado en Francia un proceso de centralización de las clientelas
desde el siglo XVI, que llevaría de una situación de nebulosas yuxtapuestas en torno a los grandes, a
un reordenamiento de las redes de clientes en torno al rey.
Se pasaría de un tiempo en que los grandes del reino monopolizaban los más importantes
“gobiernos” a una concentración de medios y cargos en manos del rey, lo que hacía más necesario
estar en la Corte para captar el favor real.
Mas que distribuidores autónomos, los grandes pasarían a una posición de redistribuidores
y la amplitud de sus clientelas vendría depender no tanto de su propio “crédito” en las provincias,
sino ante el rey.
La competición cortesana por el control de los recursos de la Corona debió tener, desde este
punto de vista, un doble efecto. Por una parte, a debilitar o modificar las tradicionales agrupaciones
de clanes nobiliarios y por otra, a centrar la protesta y la oposición aristocrática como parte del juego
político de la Corte.
La corte viene a ser considerada como un campo de fuerzas en pugna por el poder y la
distribución del patronazgo, aunque el rey era la fuente de la gracia que legitimaba la distribución de
los recursos de la Corona, no era un soberano omnipotente sino que debía componer dentro de ese
campo de fuerzas. Esto obligaba al soberano a una atenta labor de mediación mediante la cual se
conseguía mantener el equilibrio del sistema.

El broker (o puntero político).

Las relaciones que iban de la Corte a los reinos, provincias, ciudades y aldeas pasaban por
una serie de mediaciones y de intermediarios. En esta articulación clientelar, el “broker” aparece
como una pieza clave de la mediación entre los grandes patronos de la Corte y los clientes de las
provincias.
El “broker” era un personaje que estaba directamente relacionado con un patrón de la Corte,
que le respaldaba y apoyaba, y de quien podía obtener ayuda para sus propios clientes, y que, a su

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

vez, actuaban en su provincia o ciudad como patrón de una serie de clientes sobre los que tenia
ascendiente y a los que transmitía la influencia de su patrón.
Por otra parte, hay que tener en cuenta, al mismo tiempo, el flujo de los familiares de la elite
local que salían de su comunidad de origen para hacer carrera en el ámbito general de la Monarquía.
La mecánica de la red no solamente funcionaba a la hora de dar carrera, sino que después muchas
actividades se apoyaban en buena medida sobre aquellos vínculos. En numerosas ocasiones aparecen
unos y otros asociados en compañías comerciales, en operaciones financieras, en préstamos al
soberano, movilizando capitales sobre la base de una confianza común, etc.
Aquel funcionamiento privativo de la cosa pública, a base de relaciones, de apadrinamientos
y de intercambios de favores, no era una corrupción del sistema, sino el sistema mismo.
Así como el surgimiento de aquellas elites y su funcionamiento tuvo unas bases y un
significado en el ámbito de la Monarquía, así también tuvo unas consecuencias sociales y políticas en
el proceso de cambio de la propia comunidad de origen. En particular tuvo incidencia en el proceso
de renovación de las elites locales y de los fundamentos de su legitimidad.

5) Las resistencias al absolutismo y los actores sociales:


la crisis de la Monarquía Hispánica y el conflicto de la Fronda Francesa.

ELLIOTT, John Huxtable, Revoluciones y rebeliones en la Europa Moderna, Revueltas en la


monarquía española.

PEREZ, J., La revolución de las comunidades de Castilla (1520-1521 ), Siglo XXI, Madrid, 1971, 1, Un
país en expansión, II, Los problemas económicos, III, Los polos de crecimiento, p. 26-48, 3, La crisis
(1504-1517), La burguesía dividida, p. 92-100, 6, Sociología de las comunidades, p. 452-501,
Conclusión general, p. 681-684.
BENIGNO, F., “Vientos de Fronda o la revolución antes de la revolución”, en Espejos de la Revolución.
Conflicto e identidad política en la Europa Moderna, Barcelona, Crítica, 2000, pp. 71-132

6) La emergencia de nuevas potencias en Europa Oriental y Centro


Oriental.

DUCHHARDT, Heinz, La época del Absolutismo, Cambio estructural en Europa oriental y


centro-oriental: guerra del Norte, ascenso de la Rusia de Pedro I, acceso de Prusia y Austria a
la categoría de grandes potencias.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Desde los últimos años de la década de 1690 había comenzado a formarse en el área del mar
Báltico una coalición para la revisión de la situación política generada por la posición de Suecia como
gran potencia. En ella se unieron Federico IV de Dinamarca, el rey polaco Augusto de Sajonia y el zar
Pedro I. Esto es una coalición extendida en torno a Suecia a modo de cinturón de hierro que buscaba
la ruptura del imperio del Báltico.
Los objetivos más amplios eran, sin duda, los de Rusia, dirigidos en primer lugar a asegurarse
una posición en el mar Báltico y, con ella, una participación en el siempre lucrativo comercio de la
zona, pero orientados también, por otra parte, a la apertura en general de este país hacia Occidente.
El proceso de la incorporación de Rusia a Europa, vertiginoso y con repercusiones en la historia
mundial, se hablaba en plena actividad al convenirse la alianza antisueca.
Pedro I había dado los primeros pasos hacia la modernización del país en el sentido occidental
(flota de guerra) desde el momento de asumir todas las responsabilidades del gobierno. La
europeización de Rusia pudo continuarse incluso durante la guerra y recibió un impulso
suplementario por la expansión territorial. Al concluir la guerra de los 20 años Rusia se hallaba en
posesión de todo el Báltico.
Desde la paz de Adrianopolis (1713) la cuestión fundamental fue ya el desmantelamiento
definitivo del dominio de Suecia en el Báltico, en el que ahora tomaron parte también Prusia y
Hannover, tras la finalización de la guerra de sucesión española. Hasta 1716 Suecia fue perdiendo
todas sus posesiones al otro lado del Mar Báltico, que pasaron a Rusia, la cual garantizó su situación
jurídica excepcional (religión, lengua). Es cierto que consiguió mantener Finlandia, pero perdió por
completo su posición de gran potencia Europa y de poder hegemónico en la región del Báltico.
El otro principal resultado de la guerra del Norte fue el avance de Rusia hacia el Báltico, mientras se
mantenían las estructuras legales y culturales vigentes hasta entonces en las nuevas provincias, con
lo que la europeización de Rusia, ampliamente impulsada durante la guerra, logró su conclusión
simbólica casi definitiva. Es también significativa de este proceso la renuncia de Pedro el Grande al
título de zar y la apropiación del de emperador inmediatamente después de concluir la guerra del
Norte.
Esta europeización del imperio ruso, realizada en menos de dos décadas, no pudo crear de
por sí un Estado comparable a los Estados modernos de Europa occidental. Pero sus resultados
fueron bien visibles; las denominadas reformas petrinas tendieron ante todo a una mejora del
funcionamiento de los instrumentos de poder estatal:
- La reforma del ejército, por la que, entre otras cosas, se dio a personas sin título la posibilidad de
acceder al cuerpo de oficiales.
- También la reforma de la administración, con la institución de ministerios especializados.
- La reforma estamental, finalmente fracasada, dirigida a la formación de una burguesía fuerte.
- No menos revolucionarios fueron los esfuerzos por “occidentalizar” la vida pública: la supresión de
la antigua cronología bizantina, la introducción de una escritura simplificada denominada “burguesa”,
la mejora del sistema escolar en todos los niveles y otras más cosas llevaron al imperio ruso a un
nuevo grado de desarrollo, lo que constituyó un logro histórico cuya causa fue la energía y actividad
personales de un significativo soberano.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Los cambios en Rusia petrina fueron solo parte del proceso de transformación de Europa
centrooriental y oriental, que dio una nueva importancia a esta región en la relación de fuerzas
europeas. El ascenso de Prusia y Austria al rango de grandes potencias, origen del llamado “dualismo”
fue provocado por factores tanto endógenos como exógenos.
Este dualismo austro prusiano es un fenómeno de la época posterior a 1740. Pero los fundamentos
del proceso se pusieron en las décadas anteriores del año decisivo de la historia alemana por medio
de la consolidación de Prusia, por un lado, y por la transformación de la Austria hadsburguesa en gran
potencia.
Por lo que respecta a sus estructuras internas, los Estados territoriales alemanes se guiaron
a comienzos del siglo XVIII por el modelo francés, es decir, en imitación de la corte de Luis XIV, con
sus formas de representación y su culto al soberano. Solo un príncipe alemán se salió de este marco
y esquema, se trata del rey Federico I y de su Estado, Prusia.
El doble objetivo de este nuevo estilo de gobierno, que se había propuesto como meta final
la disciplina social de todo el pueblo, fue el saneamiento de las finanzas públicas, que en el caso de
los ingresos llegaron más que a doblarse gracias, sobre todo, al mejoramiento continuado de las
rentas patrimoniales en la época de gobierno de Federico I y, a partir de esas finanzas, la ampliación
sucesiva del ejercito.
Tras la guerra de sucesión española, este ejército, uno de los más modernos y eficaces de
Europa gracias a la baqueta metálica para cargar armas y a su gran capacidad de maniobra, encontró
su organización definitiva al introducirse la vinculación de los regimientos a un determinado distrito,
en vez del reclutamiento obligatorio vigente hasta entonces, y la utilización de listas para la leva de
jóvenes. Este sistema iba ligado agraves injusticias, pues determinados grupos de profesionales y
propietarios quedaban liberados del alistamiento y, por tanto, el mismo afectaba primordialmente a
los campesinos por consideraciones económicas y de política estamental y por la dificultad creciente
de los soldados para encontrar posibilidades de ganar algún dinero durante sus largos permisos
regulares. Al final, sin embargo, estas exhortaciones hicieron que la nobleza pasara a ser, en cuanto
“casta de guerreros”, el pilar básico de una “aristocracia militar estatalmente disciplinada” a la que
se otorgó en la sociedad una posición excepcional, por lo cual el príncipe podía contar en definitiva
con su lealtad absoluta. La nobleza se convirtió en el autentico apoyo social y político del Estado
prusiano y siguió siéndolo hasta mucho más allá del final del antiguo régimen.
La militarización de Prusia no provoco una revolución económica, es decir, un retroceso
abrupto de la producción civil a favor de la militar, pero ciertas medidas como la “ordenanza de
uniformidad” de 1714, que prescribía la utilización de paños del país para la producción de uniformes,
supusieron al menos impulsos económicos parciales, pues la cría ovina, que había descendido
fuertemente en el campo, o las pañerias de las ciudades experimentaron un nuevo auge. Pero en
conjunto, es indiscutible una clara orientación del Estado y la economía del ejército.
Si esta tesis que presenta al ejercito como rueda impulsora de la economía prusiana tiene, al menos,
una validez condicionada, la otra, según la cual la administración fue deudora de los fundamentales
afectos de modernización del ejército, es completamente acertada en el caso de Prusia. Las bases
para una organización funcionarial central y unificada se habían puesto aquí, significativamente, en
la fase del conflicto con los estamentos.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Prusia tuvo un buen cuarto de siglo de tiempo para ocuparse de su desarrollo interno sin conflictos
en política exterior. Austria no dispuso de una fase igualmente larga para la construcción interna y
continuada de su Estado. El ascenso de Austria a la categoría de gran potencia se basó en éxitos
militares logrados a pesar de sus deficientes estructuras internas, en una ideología de Estado
eclesiástica y contrarreformita profundamente enraizada, que culminó con el lema de la “pietas
austriaca” y actuó como factor de integración, y en el hecho de que la corte vienesa diera siempre
clara preferencia a la construcción de un Estado pleno hadsburgues, por delante de la ampliación de
las relaciones y nexos con el Imperio.
El rango de gran potencia obtenido por Austria no solo era de carácter frágil por su carencia
del elemento colonias/comercio mundial, sino también porque las estructuras internas del Estado
hadsburgues habían quedado por detrás de su tiempo y de sus pretensiones políticas. El
reclutamiento militar y las finanzas seguían siendo, por ejemplo, ámbitos en los que nada funcionaba
sin la intervención de los estamentos de los números territorios particulares. El tradicionalismo
hadsburgues no se había atrevido a intervenir hasta entones de manera realmente consecuente y
constante en la autonomía estamental y había conservado las estructuras estamentales, en vez de
cuestionarlas.
Frente a Prusia, el Estado del norte de Alemania pujante, innovador y abierto a las reformas,
Austria se encontraba en torno a 1740 en una notable recesión: no había conseguido llevar a efecto
las posibilidades económicas y sociales de la monarquía global.

7) Las Reformas Religiosas.


La Reforma en la ruptura de la universitas cristiana y de su universo
político. La Contrarreforma, el debate interno y la persecución católica de
la disidencia. Las culturas populares.

CAMERON, Euan, Historia de Europa Oxford: el siglo XVI, Capítulo 5, Las turbulencias de la fe.

Luteranismo y el campesinado.

En la Europa del siglo XVI, la inmensa mayoría de la población mantenía una relación
relativamente próxima con la tierra: su seguridad, sus modos de vida, y a veces su propia existencia,
dependía de la fertilidad del suelo, de la supervivencia y fecundidad de sus ganados, y de la
eventualidad de un clima benigno en determinadas épocas trascendentales del año. Por lo tanto, era
necesario tener acceso a la tierra y utilizarla sin peligro de robos, sin la presencia de ejércitos, o sin
la existencia de impuestos, todavía más onerosa.
Es por esto también que diversas comunidades y el pequeño hinterland rural veía con malos
ojos los privilegios fiscales y jurídicos del clero.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Las ciudades medievales se veían a sí mismas como una sola comunidad sometida a Dios, no
como dos comunidades distintas, la de los laicos y la de los clérigos. De manera fortuita, pero
trascendental para la historia, se produjo un solapamiento entre sus aspiraciones y el nuevo concepto
de Iglesia y de ministerio desarrollado por Lutero.
Lutero se convirtió enseguida en un personaje público, dentro y fuera de Alemania, y diversos
grupos de personas vieron su movimiento como algo propio.

El calvinismo.

Con la homogeneización bajo el luteranismo de las iglesias reformadas de Alemania, las


ciudades suizas quedaron hacia 1550 como las únicas representantes de la tradición “reformada” no
luterana. Entre ellas, sólo Ginebra y Zúrich tenían una importancia internacional.
De este modo, quienes llegaban a Ginebra se encontraban con una ciudad organizada como
un centro modélico de la Reforma absolutamente incomparable.
Una vez allí, podían recibir instrucción para convertirse en ministros de fe y exportar a otros
rincones de Europa todo lo que habían aprendido.
Esta era una gran diferencia entre Calvino y Lutero. Éste había desaconsejado activamente
las iniciativas de fundar iglesias clandestinas por parte de los particulares; Calvino, en cambio, las
apoyó.
En los primeros años de la Reforma, la decisión de abrazar el mensaje reformador que
pudiera tomar una determinada comunidad constituía el primer paso; los detalles de liturgia,
confesión y estructura eclesiástica eran elaborados “después” de que se tomara la decisión de
principio. Con el calvinismo, en cambio, se disponía ya de un tipo ideal o modelo de cristianismo
reformado “antes” de que la comunidad o el estado tomaran ninguna decisión.
A pesar de las enormes discrepancias geopolíticas entre las diversas regiones del mundo
calvinista, todas ellas compartieron ciertas actitudes ante la Iglesia Cristiana.
Los reformadores creían que su Reforma era completa, frente a la luterana, que no lo era. Se
jactaban de rechazar todos los elementos del culto tradicional que sonaban mínimamente a
“idolatría”.
Aspiraban a una vigorosa disciplina eclesiástica y la alcanzaron en distinto grado. Solían ser
internacionalistas: donde los luteranos pensaban en términos de intereses nacionales o provinciales,
los reformadores pensaban en términos de una gran “causa” más abstracta.

BUBELLO, Juan Pablo, El Antiguo Régimen. Sociedad, política, religión y cultura en la Edad
Moderna, Capítulo 4, Las reformas religiosas en la Europa Moderna, un estado de la cuestión.

Introducción.
La historiografía tradicional supuso un proceso de quiebre de la unidad cristiana, iniciado a
comienzos del siglo XVI en Europa, desde la formulación de la categoría “Reforma Protestante”. En

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

dicho marco ciertos sucesos históricos, por caso, el Concilio de Trento35, fueron interpretados como
una respuesta a aquel proceso, calificándoselos como la Contrarreforma Católica.
Sin embargo, la historiografía posterior, a partir de numerosos estudios y el trabajo con
abundante evidencia histórica, ha superado esa vieja dicotomía Reforma-Contrarreforma.
En la actualidad, se ha demostrado que los intentos de reforma son anteriores a Lutero y que
entonces el tópico del quiebre de la fe mejor puede observarse en un marco de referencia mayor,
donde las Reformas Religiosas en Europa impusieron un nuevo escenario religioso, y político/cultural,
en todo el Viejo Continente desde, al menos, la Baja Edad Media; proceso que va a caracterizar la
cultura europea de los tres siglos siguientes al siglo XVI.
Así, abordar las aristas del debate historiográfico en torno a las Reformas Religiosas (uno de
los tópicos que define la historia europea de los siglos XVI-XVII), sin perder de vista sus ramificaciones
y derivaciones, sus particularidades nacionales (Inglaterra, Francia, España, Italia, Germania), así
como también sus aportes y debates actuales será el objetivo central de este trabajo.

Las Reformas Religiosas en la Europa Moderna, un estado de la cuestión.

35
El Concilio de Trento fue un concilio ecuménico de la Iglesia católica desarrollado en periodos
discontinuos durante veinticinco sesiones entre los años 1545 y 1563.
En este concilio se decidió que los obispos debían presentar capacidad y condiciones éticas
intachables, se ordenaban crear seminarios especializados para la formación de los sacerdotes y se
confirmaba la exigencia del celibato clerical. Los obispos no podrían acumular beneficios y debían
residir en su diócesis.
Se impuso, en contra de la opinión protestante, la necesidad de la existencia mediadora de la Iglesia,
como Cuerpo de Cristo, para lograr la salvación del hombre, reafirmando la jerarquía eclesiástica,
siendo el papa la máxima autoridad de la Iglesia.
Reafirmaron la validez de los siete sacramentos y la necesidad de la conjunción de la fe y las obras,
sumadas a la influencia de la gracia divina, para lograr la salvación, restando crédito a Lutero que
sostenía que el hombre se salva por la sola fe sin conjunción con las obras que realizase.
Los santos fueron reivindicados al igual que la misa, y se afirmó la existencia del purgatorio.
Se reinstauró la práctica de la Inquisición. Establecida en España en el año 1478, se propagó por varios
países europeos bajo la denominación de Santo Oficio, que usó la tortura para obtener confesiones,
la cual era practicada por el poder civil y era bien vista en la época. Si ese método no daba los
resultados esperados, de arrepentimiento del hereje, este quedaba en manos del poder civil, que lo
condenaba generalmente a la muerte en la hoguera. El protestantismo debió soportar la Inquisición
en varios países, pero fue principalmente efectiva para con ellos en España, Italia y Portugal.
Aunque no consiguió reunificar la cristiandad, el Concilio de Trento supuso para la Iglesia Católica
una profunda catarsis.
Desde un punto de vista doctrinal, es uno de los concilios más importantes e influyentes de la historia
de la Iglesia Católica.
Por otro lado se abordó la reforma de la administración y disciplina eclesiásticas. El concilio eliminó
muchos abusos flagrantes, como la venta de indulgencias o la educación de los clérigos, y obligó a los
obispos a residir en sus obispados, con lo que se evitó la acumulación de cargos.

193
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

En los manuales de historia que se fueron publicando en el Sacro Imperio romanogermánico


a partir de 1776, el jurista germano Johann S. Pütter (1725-1807) acuñó por primera vez el concepto
de Contrarreformas. Buscaba calificar así –negativamente- todo el proceso histórico iniciado con el
Concilio de Trento y que había generado, a su juicio, una Iglesia jerarquizada, oscura y dogmática de
la mano de la violencia religiosa.
Con este concepto Pütter estuvo, sobre todo, interesado en abordar el marco histórico
preciso que iba desde mediados del siglo XVI hasta mediados del XVII.
Este concepto de “Contrarreforma” se afianzó entre los eruditos de habla germana. Por caso,
fue una clave interpretativa del historiador germano Leopold von Ranke.
Ranke se apoyó en la cronología de Pütter y designó todo el periodo comprendido por las
décadas que integran la primera mitad del siglo XVI con el término de Reforma. Asimismo, el lapso
que media entre el Concilio de Trento y la Paz de Westfalia36 lo definió como Contrarreforma.
Esta distinción cronológica dividía claramente a nuestro objeto en dos grandes momentos,
resultando claro que el segundo emergía en respuesta al primero -como reacción- y que adquiría un
carácter negativo.
En el curso del proceso histórico posterior de unificación alemana, apareció un enfoque
alternativo.

La Contrarreforma: más allá de una reacción.

Sucedió que la historiografía católica germana del último tercio del siglo XIX comenzó a
polemizar con esa distinción rankeana. Se enfatizó en su generalización y se consideró que los
cambios en la Iglesia de Roma no habían sido meramente respuesta al desafío protestante iniciado
por Martín Lutero.

36
El término de Paz de Westfalia se refiere a los dos tratados de paz, firmados el 15 de mayo y 24 de
octubre de 1648, con los cuales finalizó la guerra de los Treinta Años en Alemania y la guerra de los
Ochenta Años entre España y los Países Bajos.
La Paz de Westfalia dio lugar al primer congreso diplomático moderno e inició un nuevo orden en
Europa central basado en el concepto de soberanía nacional.
En Westfalia se estableció el principio de que la integridad territorial es el fundamento de la existencia
de los estados, frente a la concepción feudal, de que territorios y pueblos constituían un patrimonio
hereditario. Por esta razón, marcó el nacimiento del Estado nación.
Este tratado supuso la desintegración de la república cristiana y el imperialismo de Carlos V, y además
se propugnaron principios como el de la libertad religiosa "inter estados". Así, cada Estado adoptaba
como propia y oficial la religión que tenía en aquel momento, lo cual es visto como una concesión
católica a los nuevos cismas que, como origen político, habían roto Europa.
La Paz de Westfalia supuso el fin de los conflictos militares aparecidos como consecuencia de la
Reforma Protestante y la Contrarreforma. Desde los tiempos de Martín Lutero, las guerras europeas
se desencadenaban tanto por motivos geopolíticos como religiosos. Tras la Paz de Westfalia, la
religión dejó de ser esgrimida como casus belli. A pesar de las disposiciones que intentaban una
convivencia religiosa, la intransigencia obligó en la práctica a exiliarse a los que no adoptaban la del
gobernante.

194
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Uno de los pioneros en defender la nueva visión fue el historiador alemán Ludwig von Pastor
(1854-1928), que acuñó el término Restauración Católica, enfatizando que la Iglesia romana también
había tenido su propio impulso renovador.
En los albores del siglo XX, el debate se fue profundizando y diversificando.
Entre 1904 y 1905, Weber (1864-1920) publicó La Ética Protestante y el Espíritu del
Capitalismo. Entre los temas abordados para establecer los vínculos históricos entre esa ética
específica y el sistema capitalista, enfatizó la cuestión de la disciplina religiosa. Así, emergió el asunto
de la rigurosa conducta moral de las comunidades autogobernadas protestantes en comparación con
las iglesias tradicionales. La racionalidad moderna y el ascetismo interiorizado eran dos de las
características más importantes de estos grupos protestantes.

Reforma Católica y Contrarreforma.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el jesuita e historiador alemán Hubert Jedin (1900-
1980), propuso una nueva distinción: Reforma Católica y Contrarreforma.
Subrayó que la renovación del catolicismo durante los siglos XVI y XVII se dividía entre, por
un lado, la corriente espiritual reformadora iniciada en Italia y España y que afectó a Trento (la
llamada “Reforma Católica”), y, por otro, el impulso reafirmador ante el desafío protestante encarado
tras aquel mismo Concilio (la “Contrarreforma”).
Aunque enfatizaba esa diferencia sustancial, consideró de todas formas que, desde el punto
de vista histórico, ambos procesos debían ser abordados en unidad.
Tanto el concepto de Reforma Católica como el de Contrarreforma suponen la reforma como
designación histórica de la escisión de la fe y de la Iglesia por obra del protestantismo.
En palabras de Jedin, la denominación de Reforma Católica es preferente porque evita la
expresión Reformation, no exenta de reparos, pero universalmente aclamada para designar la
reforma protestante
Por otra parte, indica la continuidad de los esfuerzos de renovación de la Iglesia de los siglos
XV a XVI, sin excluir, como la designación de «restauración», los nuevos elementos surgidos y el influjo
de la escisión protestante en el auge del movimiento.
Pero necesita ser complementada por el concepto de Contrarreforma, pues la Iglesia
internamente renovada y fortalecida después del concilio de Trento, pasa en efecto al contraataque
y recupera terreno perdido.
Ambos conceptos poseen su justificación, pero no designan movimientos separados, sino
compenetrados entre sí. Sólo unidos, pueden tener validez de época histórica los dos conceptos de
Reforma Católica y Contrarreforma.
Así, esta interpretación marcó otro umbral importante en el marco de un debate que ya
contaba casi siglo y medio de antigüedad.

Nuevos problemas: la Pre-Reforma y las transformaciones previas.

195
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La acepción negativa con la cual se había descalificado a la Contrarreforma en la atmósfera


romántica decimonónica quedaba ahora superada tras la guerra; mientras que la explicación que la
interpretó como mera respuesta al reformismo protestante fue seriamente impugnada.
De todas formas, los debates no se detuvieron. Más aún, los historiadores y científicos
sociales que abordaban este tema histórico continuaron introduciendo nuevos problemas.
Por un lado, prosiguieron las críticas tradicionales al concepto clásico de Contrarreforma
entendido como mera reacción al desafío de la Reforma, ahora, fuera del mundo académico alemán.
Por caso, el jesuita español Pedro de Leturia Mendía (1891-1955 insistió con el concepto de
Reforma Católica, para abordar la historia de Ignacio de Loyola 37 y de los jesuitas38. Buscaba así referir
las transformaciones acaecidas en la Iglesia de Roma desde el siglo XV, sobre todo, para subrayar la
continuidad de los cambios entre aquella centuria y el período iniciado a partir del Concilio de Trento.
Paralelamente, en el ámbito académico francés, Jean Delumeau en 1971 rechazó la clásica
visión que enfatizó al Concilio de Trento como el momento de inicio de la renovación católica y, de
ahí, subrayó la necesidad de abordar el período histórico previo, que llamó Prerreforma.
Empero, precisó que ambas reformas tuvieron puntos de semejanza y un pasado común. Las
diferencias radicaron, fundamentalmente, en que la primera fue motorizada por esfuerzos
individuales dispersos –desde las bases-, mientras que la que se inició con Trento surgió de la
voluntad de las jerarquías institucionales –desde la cabeza- a causa del desafío protestante.
En España, parte de la historiografía católica abrazó con vehemencia las ideas de Jedin, pues
claramente permitían proponer un impulso reformador que, aunque con matices, se había iniciado
mucho antes de Lutero y, más aún, por fuera de los territorios germanos.
Por caso, en 1979, el sacerdote e historiador Jesús Morrás Santamaría difundió sus estudios
sobre lo que definía como la “aportación hispánica” a la Reforma, a partir del caso de las reformas
clericales impulsadas en los reinados de los Reyes Católicos y Carlos V.

La Reforma Radical.

En este ya extenso debate, no podemos dejar de señalar que también se subrayaron


problemas históricos específicos que emergían del marco de controversia general.
Por ejemplo, se enfatizó que una de las ramificaciones más importantes de la Reforma
Protestante era la llamada “Reforma Radical” y que este objeto de estudio merecía análisis
específicos de los movimientos que impulsaron las reformas religiosas más allá de los límites que
fueron imponiendo Martín Lutero, Juan Calvino o la Iglesia Anglicana.
Estos grupos eran, al menos hasta fines del siglo XVI y entre otros müntzeritas, menonitas,
hutteritas, schwenckfeldianos, unitarios, baptistas, cuáqueros, anabaptistas.
Pese a las profundas diferencias históricas entre sí todos estos grupos podían entenderse en
el cruce de dos procesos, es decir, una confluencia entre “lo nuevo” y “lo viejo”.

37
Ignacio de Loyola (1491-1556) fue un militar y luego religioso español, surgido como un líder
religioso durante la Contrarreforma. Fundó la Compañía de Jesús.
38
La Compañía de Jesús, miembros son comúnmente conocidos como jesuitas, es una orden religiosa
de clérigos regulares de la Iglesia católica fundada en 1534 por el español Ignacio de Loyola.

196
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La confesionalización, el disciplinamiento social y el surgimiento de los Estados.

Ahora bien, regresando al debate central, un giro importante aconteció en el mundo de los
estudios de habla germana en la segunda mitad de la década de 1970 y la primera mitad de la
siguiente, cuando se propuso el concepto de Confesionalización retomando la antigua cuestión
weberiana del “disciplinamiento social”.
En 1977, el historiador alemán Wolfgang Reinhard, desde un enfoque histórico-social,
rechazó la antítesis Reforma/Contrarreforma para comprender la historia de institucional de la iglesia
de los siglos XVI-XVII.
Partiendo de la premisa de que lo religioso y la política estaban indisolublemente ligados
antes del siglo XVIII, propuso una mirada amplia para conceptualizar toda esa etapa, proponiéndola
definir como una era “confesional” que afectaba lo social y lo político en toda Europa y al mismo
tiempo.
Es decir, el surgimiento de las confesiones religiosas y la formación de los tempranos estados
modernos estaban históricamente interconectados.
La confesionalización podía considerarse la primera fase de la creación de los estados
absolutos en tanto todas las iglesias, con independencia de sus marcos teológicos o conflictos
religiosos, comenzaron a ocuparse del disciplinamiento social de sus respectivos fieles.
Esto supuso varias estrategias: discriminar la convicción teológica por medio de acuerdos
doctrinales que terminaran con las incertidumbres dogmáticas; practicar e imponer estos acuerdos;
expandir propaganda teológica y censuras merced a catecismos, sermones, procesiones,
peregrinaciones; suprimir minorías y reducir contactos con el exterior; fortalecer la coherencia
interna del grupo; confesionalizar la lengua –por ejemplo, entre los católicos abundaron los nombres
de santos.
En esta senda -y en clara discusión con la antigua tesis de Max Weber-, había de enfatizarse
que el catolicismo podía ser visto también como otro de los vectores de la modernidad.
De esta forma, el carácter reaccionario y antimoderno que sugería para la Iglesia tridentina
el término Contrarreforma debía quedar superado, en la medida en que podía abordarse ahora, por
ejemplo, el ímpetu modernizador y racionalizador impulsado, por caso, por la orden jesuítica dentro
del universo católico-romano.

Conclusiones.

El proceso de “Reformas religiosas” de los siglos XVI-XVII es uno de los problemas centrales
del período moderno, cuyos antecedentes históricos pueden rastrearse varios siglos hacia atrás y
cuyos alcances pueden ser, asimismo, vislumbrados todavía hoy en nuestro horizonte cronológico.
De ahí, la gran relevancia que le han otorgado siempre los historiadores modernistas.
Ahora, más allá de las definiciones (un quiebre de la fe –o, también, quizás es pertinente la
expresión ruptura de la cristiandad occidental); es claro que el tema ha generado gran controversia
historiográfica entre los especialistas, hecho que se manifiesta en la extensa producción en trabajos
de investigación de alta calidad acumulados hasta la fecha.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Desde que se acuñó el término alemán Gegenreformation (buscando, recordemos, distinguir


los sucesos generados con la acción reformista de Lutero de la “respuesta” romana a partir de
Trento), las pugnas interpretativas no sólo se centraron en cuáles eran las categorías de análisis
pertinentes, sino también, el marco cronológico en el que instalar y entender este proceso.
En forma paralela, las dimensiones de lo religioso comenzaron a ser analizadas en sus
vínculos con lo político, lo social, lo cultural y/o lo económico, surgiendo necesariamente también
como factores explicativos que fueron una y otra vez enfatizados en las sucesivas investigaciones.
Así, la cuestión de la modernización, el disciplinamiento social, su relación al capitalismo, o
el impacto de las reformas sobre los sectores populares –por citar algunos de los tópicos
importantes-, se erigieron en nodos imprescindibles de los diversos enfoques.
Además, se propuso pertinentemente distinguir los procesos religiosos reformistas clásicos
(luteranismo, calvinismo, anglicanismo) de los más radicalizados (como el anabaptismo o los grupos
de cuáqueros), generando todo un abanico de temas de investigación original (que, entendemos,
deberían ser todavía profundizados).
La utilización del concepto de confesionalización parece haber sido una herramienta idónea
para abordar el tema -al menos, para superar la antigua dicotomía “reforma-contrarreforma”.
En síntesis. Si somos conscientes que en este estado de la cuestión no agotamos todos los
alcances e implicancias de los extensos debates desplegados; nos permitimos subrayar que el
proceso de comprensión de los procesos que les dieron forma y ayudaron a su desarrollo todavía no
está agotado.
Más aún, ante toda su complejidad histórica, es claro que el tema de las “Reformas religiosas”
es un objeto de estudio que debe seguir acaparando la atención de la comunidad académica
especializada.

UNCAL, Lucía, El Antiguo Régimen. Sociedad, política, religión y cultura en la Edad Moderna,
Capítulo 5, Debates en torno al concepto de cultura popular en el Antiguo Régimen.

Introducción.

Este trabajo presenta panorama de las discusiones en torno a la problemática de la cultura


popular como concepto y herramienta historiográfica, prestando atención a las visiones de distintos
autores y a los usos que le han dado.
A grandes rasgos, podría articularse la discusión en torno a la cultura popular en cuatro ejes:
su definición; su dinámica interna y su relación a otras sub-culturas; las fuentes y métodos para
rastrearla; y, retomando la idea de que tratamos con un concepto cuestionado, la discusión sobre su
utilidad y validez como herramienta analítica.
Para finalizar, quedan planteados algunos lineamientos para seguir pensando este concepto
como una herramienta para abordar la historia del Antiguo Régimen, tanto europeo como
americano.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Burke y la periodización de la historia cultural.

Una estrategia para abordar un concepto tan vago es desenmarañarlo, dividiendo y


definiendo las partes que lo componen. Es decir, establecer qué entendemos por cultura y qué por
popular.
De esta manera, podremos analizar las diferentes corrientes que lo abordan, las maneras en
las que se lo ha utilizado, y las hipótesis que ha posibilitado. Estos dos conceptos, el de cultura y el
de popular, incluyen en sí grandes discusiones teóricas.
Comencemos por la primera pregunta: ¿qué es la cultura? Como podemos suponer, este es
un concepto histórico que se ha sufrido cambios a lo largo de los años.
Podemos retomar la propuesta de Peter Burke, quien sugiere pensar la historia cultural desde
su propia historia, dividiéndola en cuatro fases cronológicas: la época clásica (S. XIX-1950), la historia
social del arte (década de 1930), el descubrimiento de la cultura popular (década de 1960), la Nueva
Historia Cultural (década de 1980-1990).
La época clásica se constituye por el desarrollo de dos disciplinas: la historia cultural y los
estudios folklóricos. Podemos pensar este momento como los primeros pasos hacia una definición
“científica” o “sistemática” del concepto de cultura, a medida que se desarrolla la historia cultural.
Las primeras aproximaciones se han pensado de una manera esquemática, cerrada, concibiendo la
cultura como configuraciones dadas, como el reflejo de una “esencia”.
Ésta se expresaría en las costumbres, las creencias, los bailes, la vestimenta; es decir, en
todos aquellos aspectos visibles y únicos de una cultura que se veía como homogénea y
perteneciente a un cierto espíritu de una sociedad o nación. No se pensaba por entonces en términos
de una división de lo popular y lo no popular.
En línea con este concepto de cultura encontramos los primeros estudios sobre la cultura
popular: los estudios folklóricos. Estos surgen en la medida en que se da lo que Burke llama la
“invención del pueblo”, es decir, el momento en que se busca rastrear y rescatar una cultura
antiquísima, tradicional, propia de los sujetos subalternos.
Lo popular estaría dado aquí por las tradiciones ligadas al campesinado o a los siujetos que
descienden de esas “profundas raíces”.
Esta visión de la cultura se extenderá, en la periodización de Burke, hasta la mitad del siglo
XX. Es ese momento que comienza a ser cuestionada desde distintas corrientes como el marxismo o
la antropología cultural.

La mirada marxista.
Dos serán los puntos en que se hace hincapié, la discusión sobre la homogeneidad cultural y,
en este sentido, la invisibilización de las relaciones de dominación, ocultas por el folklorismo.
Comienza a contraponerse a la cultura dominante u oficial, otra “subalterna” o “popular”, dentro de
la cual se resaltan los elementos contestatarios.
Thompson sitúa la cultura popular dentro de un marco materialista, de unas determinadas
relaciones sociales de poder y de explotación, discutiendo con las posiciones más consensualistas de
la antropología ven a la cultura como un sistema.

199
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Este autor prefiere usar el término de cultura plebeya, entiendo a la misma como una cultura
peculiar y propia del pueblo, es decir, de los campesinos, los trabajadores de oficios, aquellos sujetos
sometidos a relaciones de explotación.
Thompson la describe como conservadora en sus formas, pero no en sus contenidos o
significados. En este sentido, oscila entre la innovación y la tradición, por lo que tiene un carácter
dual, es conservadora a la vez que rebelde.

La cultura popular según Bajtín.

Dentro de la mirada marxista, podemos hacer hincapié en un caso difícil de encasillar, el de


Mijail Bajtín. Sus teorías sobre la cultura popular, así como muchos de las categorías y conceptos que
inaugura, serán de gran influencia en los historiadores.
La tesis principal de Bajtín es que existe una cultura popular cómica, autónoma (externa al
Estado y a la Iglesia), ritualizada y binaria, cuyos principales emergentes son el carnaval y el realismo
grotesco. Para este autor, existen determinados hechos sociales y manifestaciones culturales que
despliegan esta cosmovisión.
Se caracteriza por la degradación, algo que usualmente se ha visto como un componente
chabacano y sin sentido, pero que Bajtín emplea para develar otro sentido de la cultura popular: una
cosmovisión “anti-idealista”, no consiente de la separación de lo material y lo espiritual. De esta
manera, la degradación permite la transferencia al plano material y corporal de lo elevado, de lo
abstracto, de lo ideal. En este sentido, no es negativa, sino positiva y regeneradora, y ambivalente,
niega a la vez que afirma.
Bajtín complejiza la relación entre la cultura popular y la de elite, pensando en las relaciones
e intercambios que existen entre ellas.

Nuevos aportes de la antropología social.

Alrededor de los años 60, la antropología social y sus referentes irrumpen en la discusión
historiográfica.
Plantean una nueva visión de la cultura, pensándola, ante todo, como propia de los sujetos
en tanto pertenece a un sistema simbólico o a un juego de significados e interpretaciones específico,
que tienen sentido en un contexto particular.
En este sentido, la cultura no es esencialista, se construye y se interpreta, y se ha definido de
manera amplia para abarcar distintas categorías como lo oral, lo cotidiano, las costumbres, los
valores, los símbolos.
La cultura se constituye como redes de significados creados por el hombre que son públicas,
es decir, compartidas.
Así, las expresiones culturales no son abordadas como elementos funcionales, sino que
manifiestan la manera en que los hombres imaginan su sociedad ya que, a cada paso, los sucesos
aportan significado cultural que ha sido generado de manera creativa.

La confluencia con la historia desde abajo: Guinzburg.

200
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Estas nuevas teorizaciones sobre el concepto de cultura, aparecen en el campo de la


historiografía a la vez que se consolidaban los estudios “desde abajo” en la historia social.
Estas vertientes confluyeron en pos de pensar lo cotidiano desde lo simbólico y a los sujetos
subalternos como creadores de universos simbólicos propios.
Podemos rastrear algunas de las ideas de la antropología cultural y de la historia social “de
los de abajo” en autores como Carlo Ginzburg o Robert Darnton.
Esto nos permitirá profundizar la cronología propuesta anteriormente, indagando en la
manera en que estos historiadores han considerado analíticamente el concepto de cultura popular y
cómo lo han utilizado en sus investigaciones.
Carlo Ginzburg, aborda lo cultural desde un estudio semántico, rastreando las creencias, las
ideas y las claves de lectura de un sujeto particular, con el objetivo de dar cuenta de tendencias más
generales.
¿Qué aportan las investigaciones de Ginzburg a la discusión sobre la cultura popular? En la
introducción a su emblemático “El Queso y los Gusanos” aborda la relación entre la cultura de las
clases subalternas y las dominantes. Aquí, se expresa el debate sobre si la cultura popular es
dependiente de las clases dominante o es autónoma.
Sin embargo, Ginzburg opta por alejarse de estas dos posiciones, retomando el concepto de
“circularidad”, de Mijail Bajtín, para pensar la dinámica de la cultura.
Esto le permite pensar la relación entre la cultura dominante y la de elite de manera más rica,
insistiendo en la existencia de una “influencia recíproca”.
Así, el autor decide optar metodológicamente por el abordaje del mundo popular desde una
estrategia oblicua, es decir, desde las fuentes oficiales, que, aun filtradas por la visión del otro,
permiten vislumbrar diferentes culturas.
Así, el estudio del caso de Mennochio, un molinero friulano39 condenado por la Inquisición,
le permite pensar en estos intercambios culturales, ya que es un caso extraordinario que concentra
una serie de elementos convergentes (lee, formula opiniones filosóficas y políticas propias), pero que
permiten pensar en una relación profunda con una “cultura rural común”.
En este sentido, este “caso límite” es representativo en dos sentidos: uno negativo, porque
refuerza lo que es “común”, y un positivo “al permitir circunscribir las posibilidades latentes de algo

39
Friuli es una región histórica y geográfica del N.E. de Italia.

201
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

(la cultura popular) que se advierte sólo a través de documentos fragmentarios y deformantes,
procedentes en su mayoría de los “archivos de la represión”.
Guinzburg plantea un estudio de la cultura popular alejado de una concepción de la cultura
como un ente homogéneo y común a todos los sujetos subalternos preindustriales (campesinos,
artesanos, marginales). Propone en cambio la delimitación de un campo que deberá incluir en su
seno análisis particularizados.

Darnton y la gente común.

Darnton se posiciona como un historiador etnográfico, ya que su propósito es estudiar la


manera como la gente común entiende el mundo, mostrar cómo la gente organiza su realidad en su
mente y cómo la expresa en su conducta.
Así, se propone descubrir los sistemas de significados de los sujetos, a través de analizar los
pasajes más inteligibles de los documentos, aquellos donde el historiador se encuentra con pasajes
aparentemente sin sentido.
El historiador puede entender el sentido de los documentos, al pensarlos dentro de un
“mundo circundante de significados”, pensando en una lógica dual, del texto al contexto y viceversa.

Burke

Otro de los autores influidos tanto por la antropología cultural como por Bajtín es Peter
Burke. Este autor aboga por una concepción histórica y constructivista de la cultura, y la define como
el sistema de significados, actitudes y valores compartidos, así como de formas simbólicas a través
de las cuales se expresa o encarna.
A pesar de caracterizar “lo popular” desde una calificación negativa (lo no oficial), concibe la
existencia de culturas y subculturas.
A su vez, identifica actores intermediaros entre las diferentes culturas y subculturas, así como
actores biculturales, enriqueciendo los sentidos de los movimientos culturales.
Burke propone pensar la pluralidad dentro de lo popular, es decir hablar de culturas
populares (la de las mujeres, de los jóvenes, urbana o rural, etc.). Estas culturas se pueden concebir
como subculturas, es decir, siempre en relación con las otras, más o menos autónomas o
dependientes. Así, propone estudiar las dos esferas, la erudita y la popular, atendiendo no solo a lo
bicultural, sino a todo el conjunto, pensando en las relaciones ascendentes y descendentes.

La Nueva Historia Cultural.

Retomando la cronología propuesta anteriormente, es el turno de desarrollar un nuevo


paradigma de la historia cultural y desentrañar la manera en que propone utilizar el concepto de
cultura popular.
Entre los años ochenta y los noventa, comienza a consolidarse la Nueva Historia Cultural
(NHC). Ésta se presenta como un quiebre en la manera de hacer historia cultural, a través de tres
opciones metodológicas y teóricas: entender la relación entre las formas simbólicas y el mundo social

202
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

como una construcción móvil, inestable y conflictiva, que incluye las prácticas sin discurso, las luchas
de representación y los efectos performativos de los discursos; la apuesta por la relación
interdisciplinaria (tomando como principales fuentes/colaboradores a la antropología y a la crítica
literaria); la aproximación al objeto, desde los estudios de caso.
La pregunta esencial radica en los procesos de producción de significado de los individuos,
pensando en cómo éstos se apropian de los elementos culturales y los transforman.
En este sentido, la forma en que los actores sociales dan sentido a sus prácticas está
determinada por la relación entre la capacidad de creación de los sujetos, individuales o colectivos,
y el contexto de relaciones de poder donde se ubican.
La producción de significado está condicionada por lo que se permite decir, pensar o hacer.
Si la NHC se propone pensar la construcción de significado, debe enmarcarse en la tensión
entre lo que los sujetos pueden crear y entre las convenciones que les indican lo que les es posible
hacer.
En este sentido, las manifestaciones culturales no son inmutables ni universales y son objeto
de luchas sociales que disputan su jerarquización, su legitimación.

Conclusiones.

Vale la pena cerrar con un esquema de cuáles podrían ser los aspectos que hay que tener en
cuenta para pensar la cultura popular como una herramienta para abordar la historia del Antiguo
Régimen.
Por un lado, atender a las diferenciaciones dentro de la cultura, es decir, no pensar en
unidades culturales homogéneas y únicas, sino en subsistemas, subculturas, culturas en plural. En
este sentido, cabe superar el esquema binario de la “cultura docta versus la cultura popular”
autónoma y contestataria, así como la idealización de esta última como una tradición pura y perdida.
El desafío será no identificar a la cultura popular con sus rasgos emergentes o sus
producciones (artesanías, bailes), sino pensarlo desde un concepto de cultura propio que incluya
sujetos activos, productores de significado, de sistemas lógicos, de símbolos, que, antes que nada, se
hallan inmersos en un contexto de relaciones asimétrica con otros.
El concepto de cultura popular es desafiante, sus vestigios escurridizos nos lo recuerdan a
cada rato.
Sin embargo, es uno de los caminos más ricos para insertarnos en ese universo de difícil
acceso que es la realidad de los sujetos que no han podido dejar un registro propio de su existencia.
Comprender sus ideas, sus prácticas, sus representaciones del otro, entenderlos en sus más
profundas simbolizaciones de su mundo y de ellos mismos, es una entrada privilegiada a todo ese
conjunto de experiencias que constituyen el Antiguo Régimen.

WOLIN, Sheldon, Política y perspectiva. Continuidad y cambio en el pensamiento occidental,


Capítulo 5, Lutero: lo teológico y lo político.

203
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La convergencia medieval entre lo político y lo religioso.

En su mayoría, los pensadores medievales dieron por sentado que el regnum y sacerdotium
formaban jurisdicciones complementarias dentro de la republica christiana, por lo que los conceptos
políticos y religiosos se entretejían sutilmente.
En el siglo XVI, en los dos grandes impulsos del protestantismo y el humanismo hallamos las
fuerzas vitales e intelectuales que disolvieron el enfoque común logrado por el espíritu medieval.
Cada uno a su modo, procuraron elaborar una teoría política más autónoma y mas nacional
en su orientación
Por un lado, la contribución de Lutero y los primeros reformadores protestantes consistió
en despolitizar la religión, por el otro, la de Maquiavelo y los humanistas italianos influyó en
desteologizar la política. Ambos bandos sirvieron a la causa del particularismo nacional.

El elemento político en el pensamiento de Lutero.

El impulso tendiente a desprender los elementos políticos de los modos religiosos de pensar
se originó, en primera instancia, en la ferviente convicción de Lutero en el sentido de que “la palabra
de Dios, que enseña la libertad plena, no debería ni debe ser limitada”.
Eventualmente, esta búsqueda de lo “real” en la experiencia religiosa llevo a Lutero a
oponerse tenazmente a los que consideraba los dos enemigos principales de la autenticidad religiosa:
la estructura de poder de la Iglesia medieval, organizada jerárquicamente, y las sutilezas, igualmente
complicadas, de la teología medieval.
En ambos terrenos, el impulso fundamental de Lutero era hacia la simplificación: la verdad
pura seria descubierta eliminando las complicaciones artificiales acumuladas con el tiempo.
Su ataque principal estaba dirigido contra el eclesiasticismo y el escolasticismo; es decir
contra una estructura eclesiástica cuyo principio jerárquico y complicaciones temporales habían
dejado una huella profundamente política de la vida de la Iglesia y contra un modo de pensar que
había quedado imbuido de matices políticos, se oriento a reducir los elementos políticos.
Lutero logró crear un vocabulario religioso libre, en gran medida, de categorías políticas. Sin
embargo, este pensamiento religioso despolitizado ejercería una profunda influencia sobre la
posterior evolución de las ideas políticas; en cambio las formulaciones del catolicismo, más
densamente políticas, ejercieron escaso efecto, salvo a través de la hostilidad.
Lutero elaboró, además, un importante conjunto de ideas políticas sobre la autoridad, la
obediencia y el orden político, tan íntimamente relacionadas con sus creencias religiosas, que indican
la conclusión de que sus ideas políticas presuponían, de modo peculiar, sus creencias religiosas.
La forma de su pensamiento político fue determinada, en gran medida, por la finalidad básica
de reconstruir la doctrina teológica. Sin embargo, como una consecuencia de la destrucción crítica
que acompañó a este intento de despolitizar las categorías religiosas, tuvo importantes
repercusiones políticas. Esto tendría vastos efectos ya que la precondición necesaria para la
autonomía del pensamiento político era que este se hiciera más verdaderamente “político”.
La autonomía del pensamiento político acompaño a la autonomía del poder político nacional,
desembarazado ahora de los frenos impuestos por las instituciones eclesiásticas medievales.

204
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La extraordinaria mezcla de religión y política en aquel período lo obligó pensar políticamente


sobre cuestiones religiosas. Fue una intuición profunda de Lutero el haber comprendido que las
reformas religiosas no podían ser emprendidas con total omisión de los factores políticos.
Sus grandes polémicas antipapales del año 1520 estaban dirigidas contra una institución
eclesiástica que, para la mente del siglo XVI, había llegado a ser el epítome del poder organizado. La
índole del papado invitaba a una acusación formulada en términos políticos, y la eclesiología de
Lutero, en esta etapa de su evolución, conservaba importantes elementos políticos. Sus escritos de
1520 prueban de manera notable con que claridad advirtió que la cuestión ponía en juego el poder
de un sistema político eclesiástico.
El acento político se hizo más pronunciado cuando Lutero pasó a acusar al papado de tiranía
eclesiástica, sus criticas se basaban en la premisa de que religión y actividad política constituían dos
ámbitos distintos dentro del corpus christianum, que cada ámbito requería su propia forma de
autoridad gobernante y que el gobierno, si bien podía ser de tipo religioso o político, no debía ser lo
uno y lo otro.
El papado mismo era una fabricación humana y por consiguiente susceptible de mejora.

La relación del protestantismo con el gobierno secular.

Mientras Lutero puso sus esperanzas en un concilio eclesiástico como agente de la reforma,
el gobernante secular quedo reducido a una importancia secundaria; pero al quedar cerrado este
acceso a la reforma, la elección quedó automáticamente limitada al gobernante secular.
Alcanzada esta etapa, fue abandonada la idea de la Iglesia como una societas perfecta; ahora
se consideraba que la revitalización de su vida espiritual dependía de un agente externo. En otras
palabras, al hacerse menos política conceptualmente, la Iglesia de Lutero se hizo cada vez más
política en su dependencia respecto de la autoridad secular.
Mientras Lutero adhirió a una posición conciliarista, y mientras atribuyo alguna utilidad al
papado, el carácter revolucionario de su teoría sobre la Iglesia permaneció atenuado. Pero en cuanto
rompió con el Papa y el concilio, la doctrina del “sacerdocio de todos los creyentes” asumió
importancia fundamental, y la concepción luterana de la Iglesia se hizo más clara.
Su insistencia en el poder secular debe ser considerada como producto del radicalismo
antipolítico de sus convicciones religiosas, que al asignar derechos exclusivos sobre lo “político” a los
gobernantes temporales, y al minimizar el carácter político y poder eclesiástico de la Iglesia, abrió el
camino a un monopolio temporal sobre todo tipo de poder.
Cuando se capta esto, se hace más comprensible el dilema posterior de Lutero; los poderes
seculares, cuya ayuda había invocado en la lucha por la reforma religiosa, comenzaron a asumir la
forma de un aprendiz de brujo que amenazaba a la religión con un nuevo tipo de control institucional.
La debilidad institucional de la Iglesia no le permitía competir con el poder secular racionalizado por
Lutero (Iglesia territorial).

La jerarquía eclesiástica.

205
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Según la teología luterana, la suprema vocación del hombre era prepararse para el libre don
de la gracia de Dios. La experiencia religiosa se situaba alrededor de una comunicación personal entre
el individuo y Dios. Las buenas obras eran por consiguiente vanas si no estaban informadas por la
gracia santificadora de Dios.
De modo similar, los ministerios de una jerarquía eclesiástica y todo el sistema sacerdotal
eran tan inútiles como peligrosos, no hacían más que multiplicar los intermediarios entre Dios y el
hombre, y suscitaban la inferencia de que existía un sustituto para la fe.
En suma, todo lo que se interponía entre Dios y el hombre debía ser eliminado; los únicos
mediadores verdaderos eran Cristo y las Escrituras.
Intelectualmente, tomó la forma de un rechazo casi total de la tradición filosófica medieval,
el cual fluía de la profunda convicción de que siglos de filosofía habían influido la desnaturalización
del significado de las escrituras y en el respaldo a las pretensiones del papado; reclamo un retorno a
la sabiduría sin adornos de la Biblia y la Palabra de Dios.
Lutero contrapone su teoría de los sacramentos a la sostenida por Tomás de Aquino. Este
último afirmó que los sacramentos debían ser entendidos como algo más que un signo o un símbolo,
eran una forma de poder que imprimía a quienes lo recibían determinado carácter, la gracia que
informaba al alma era un gracia infusa.
La naturaleza del poder de los sacramentos tenía además importante influencia sobre la
función de los sacerdotes, la gracia sacramental queda así restringida a una gracia sacramental y solo
esta justifica a los hombres.
En la concepción luterana, en cambio, estos aspectos políticamente sugestivos fueron
abandonados. La gracia no era algo administrativo o infundido por el poder impersonal de un
intermediario, era el libre don de Dios, la promesa de perdón y la reconciliación al pecador
arrepentido. Al insistirse en la justificación por la fe, el elemento de poder en los sacramentos
disminuyó en importancia, y los tintes políticos quedaron prácticamente eliminados.

El prejuicio contra las instituciones.

Uno de los productos de esta rebelión contra la autoridad de la filosofía y la concepción


católica de una sabiduría histórica acumulada fue una pronunciada veta de primitivismo religioso,
que enarbolaba la simple fe contra la complicación filosófica y estaba dispuesta a destruir “las
imágenes de la sabiduría ancestral” en nombre de un retorno al cristianismo original. Dado que el
hombre común podía comprender el sencillo significado de las Escrituras, el sacerdotalismo era
superfluo, no podía haber distinción entre creyentes.
El igualitarismo extremo implícito en la doctrina del sacerdocio de los creyentes no era
dictado por ninguna relación necesaria entre los creyentes mismos, sino que surgía de la convicción
de Lutero de que la fe solo podía ser alcanzada por medio del esfuerzo individual.
La verdadera Iglesia no debía ser situada en un conjunto físico de cargos, ni identificada con
ninguna institución jerárquica, la iglesia consistía sencillamente en una “reunión de corazones en una
sola fe”.
Esta igualdad de condición no encerraba el mismo significado que en el pensamiento
democrático posterior; vale decir, la idea de una igualdad de opciones o derechos. Significaba más

206
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

bien algo más estimulante y ominoso a la vez: una igualdad de mutua subordinación, donde “nadie
debe ser superior del otro, sino su inferior”. El sacerdocio no denotaba poder ni autoridad, sino cargo,
es decir, una función definida.
Esto significaba la transformación del sacerdote medieval en un ministro, un agente que
administraba, exponía y explicaba la Palabra de Dios. A diferencia del sacerdote, el ministro no podía
recurrir a las misteriosas fuentes de la autoridad eclesiástica, sino derivaba del consentimiento de los
pares.
De esto se desprendía la exigencia luterana de que fuera derribado el “segundo muro” que
simbolizaba la pretensión papal de ser intérprete definitivo de la doctrina. Lutero proponía una
“democracia” que enfrentaba la “fe sencilla” y sin complicaciones del pueblo con las sutilezas de los
teólogos, y afirmaba tanto el derecho como la capacidad de la congregación para juzgar las
enseñanzas religiosas.

Posición y jerarquía del orden político.

Lutero se separó del significante de la concepción agustiniana de ordo.


Según Agustín, el ordo había actuado como principio inmanente en el conjunto de la
creación: por consiguiente, toda asociación, aunque no fuera cristiana, tenía valor en la medida en
que aseguraba paz y tranquilidad. Lutero, por su parte, reducía el principio inmanente al orden a un
principio formal. El orden es algo exterior, puede ser mal utilizado, entonces ya no es orden, sino
desorden; Ningún orden tiene valor intrínseco propio.
Al abandonar el concepto de ordo, Lutero privo al orden político del respaldo moral derivado
de este conjunto más inclusivo; la falta de integración entre el orden político y el divino produjo una
marcada tensión dentro de la concepción luterana del gobierno.
El orden político aparecía como un logro inequívocamente frágil; precario, inestable y
propenso a caer. Al mismo tiempo la vulnerabilidad de este orden creaba la necesidad de una
autoridad poderosa y represiva, el orden político mismo no era sustentado por un principio divino,
sino que el poder secular que defendía el orden provenía de la divinidad
Es significativo que Lutero haya indicado, como primer “muro” a derribar, las pretensiones
papales de jurisdicción temporal, tal como el libre acceso de los creyentes a las Escrituras debía ser
protegido de la interferencia papal, así también el gobernante secular debía estar desembarazado en
sus esfuerzos por lograr el orden.
El legado de la cristiandad pasaba a manos de nuevos depositarios, los príncipes.

El orden político sin contrapeso.

Las únicas restricciones que actuaban sobre el gobernante, aparte de las de su propia
conciencia, provenían de las exhortaciones de los ministros; desde que los ministros ya no hablaban
como representantes de una poderosa institución eclesiástica, la eficiencia de esta restricción seria
problemática.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La ley natural se convierte en un mero conjunto de homilías morales cuando se la traslada a


un contexto en que solo el poder de los gobernantes ha sido elevado por encima de todo otro rival
institucional, y en que la fidelidad a la otra gran institución de poder ha sido condenada.
La situación así creada estaba madura para un choque entre las dos entidades que Lutero
había procurado liberar. Estaba, por un lado, el gobernante secular, no limitado por las presiones de
instituciones rivales; por el otro, la congregación cristiana, que buscaba la gracia divina, sin ayuda ni
guía de las instituciones sacerdotales.
La teología luterana sobre el gobierno se resumía en que la autoridad temporal podía
asegurar al verdadero creyente la paz exterior y jamás podía afectar su virtud interna. Para el
descreído, el gobierno podía imponer orden externo y virtud externa.

El fin de la religión como freno político.

Autores más recientes criticaron con frecuencia a Lutero por promover la causa del
absolutismo político. En realidad, Lutero sostuvo con firmeza el derecho de los cristianos a reprobar
los excesos de los príncipes.
Si buscamos la debilidad fundamental del pensamiento de Lutero, la hallaremos en su
incapacidad de evaluar la importancia de las instituciones. Su obsesión respecto de la sencillez
religiosa lo condujo a ignorar la función de las instituciones religiosas como frenos políticos.

DEDIEU, Jean-Pierre., Inquisición española, poder político y control social, Capítulo 1, Los
cuatro tiempos de la Inquisición, Capítulo 7, El modelo religioso: las disciplinas del lenguaje y
de la acción, Capítulo 8, El modelo religioso: rechazo de la reforma y control del pensamiento
y Capítulo 9, El modelo sexual: la defensa del matrimonio cristiano.

Los cuatro tiempos de la Inquisición40.

40
El término Inquisición o Santa Inquisición hace referencia a varias instituciones dedicadas a la
supresión de la herejía mayoritariamente en el seno de la Iglesia católica.
La Inquisición española o Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición fue una institución
fundada en 1478 por los Reyes Católicos para mantener la ortodoxia católica en sus reinos.
La Inquisición española tiene precedentes en instituciones similares existentes en Europa desde el
siglo XII, especialmente en la fundada en Francia en el año 1184.
No hay unanimidad acerca de los motivos por los que los Reyes Católicos decidieron introducir en
España la maquinaria inquisitorial. Los investigadores han planteado varias posibles razones:
El establecimiento de la unidad religiosa. Puesto que el objetivo de los Reyes Católicos era la
creación de una maquinaria estatal eficiente , una de sus prioridades era lograr la unidad religiosa .
Además, la Inquisición permitía a la monarquía intervenir activamente en asuntos religiosos, sin la
intermediación del Papa.
Debilitar la oposición política local a los Reyes Católicos. Ciertamente, muchos de los que en
la Corona de Aragón se resistieron a la implantación de la Inquisición lo hicieron invocando los fueros
propios.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

De 1480 a 1820 el objetivo siguió siendo el mismo: destruir a la herejía. Hubo constancia en
los propósitos, es cierto, pero también se dio una constante adaptación a las condiciones del
momento, a las condiciones locales.
Los tribunales reorientan su acción, readaptan sus medios en función de las circunstancias,
en función de las directrices de los grupos de poder en diálogo constante con la Iglesia, el Estado, los
grupos de presión locales y nacionales, vigilando las grandes corrientes de pensamiento que recorren
Europa.
El autor lo que se propone es entonces, acentuar esa diversidad.

El número de los procesos.

En primer lugar, encontramos niveles de actividad muy diferente según las épocas.
Durante el siglo XVIII encontramos tres o cuatro procesos anuales, en los años buenos; 30 en
la primera mitad del siglo XVII; 200 a mediados del siglo XVI; y cerca de 50 en un solo año en 1490.
Se ve un ritmo muy marcado, que se acentúa en los primeros tiempos y en los años centrales
del siglo XVI, y de modo relativo, en los años centrales del siglo XVII.
No se pretende de esta manera medir las variaciones del conjunto de la actividad
inquisitorial, ya que se sabe que las causas de fe no son más que una parte, que el tribunal juzga
además las causas criminales donde están mezclados sus agentes, que hace investigaciones de
sangre, pero que también previo pago y actuando una agencia semipública, controla la difusión de
los escrito, sobre todo: que influye así sobre múltiples aspectos de la vida española que no reflejan
necesariamente las causas de la fe.

Los objetivos principales.

Ocurre que los objetivos evolucionaban profundamente y que bajo el nombre de herejías se
colocaron, según las épocas, cosas muy diferentes.
Ante todo, los delitos clásicos: judaísmo y mahometanismo (signos de no asimilación en la
sociedad dominante), luego viene el protestantismo y los alumbrados.
Delitos: “palabras heréticas” (blasfemia), bigamia, hechicería.

Ciclos.

Acabar con la poderosa minoría judeoconversa. En el reino de Aragón fueron procesados


miembros de familias influyentes , como Santa Fe, Santángel, Caballería y Sánchez. Esto se contradice,
sin embargo, con el hecho de que el propio Fernando continuase contando en su administración con
numerosos conversos.
Financiación económica. Puesto que una de las medidas que se tomaba con los procesados
era la confiscación de sus bienes, no puede descartarse esa posibilidad.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

1- Va desde los orígenes hasta 1525 aproximadamente, es el de las acusaciones a los


judaisantes.
2- Hacia 1525 se da un cambio profundo, toman el relevo los delitos de los cristianos viejos sin
historia y dominan de modo absoluto hasta 1590, con el delito de palabras escandalosas (blasfemia)
3- De 1630 hasta 1720-25, fecha donde se da la última gran caza antijudía en España.
4- El siglo XVIII no merece ningún comentario particular.
El autor cree que, en líneas generales, los cuatro tiempos de la Inquisición tal como se
definieron anteriormente para Toledo valen para el conjunto de la Península en los tribunales donde
el problema mahometano siguió siendo secundario.

De la crueldad al acomodamiento.

Primero la crueldad de las penas: se podía quemar a cuatro tipos de herejes: los que
rehusaban a denunciarse, los que recaían en la herejía, los sospechosos huidos, los sospechosos
difuntos.
Estas condenas caían sobre comunidades poco numerosas, familias debieron ser aniquiladas
ya que este era un tribunal que no tenía mucho tiempo ni para cuidar el detalle ni para estudiar a
fondo cada estudio.
Muy pronto se hicieron esfuerzos para garantizar un desarrollo más regular de los procesos,
con una justicia más informada se ve en la marcha de los procesos, los interrogativos se hacen más
precisos dando un verdadero algoritmo del trabajo inquisitorial.
Todo esto no tenía como único fin dar garantías al acusado, sino de hacer más eficaz el
trabajo del tribunal, de desentrañar mejor la culpabilidad del inculpado.
Se ha visto en los Inquisidores esperar hasta último momento algún gesto mínimo de
arrepentimiento antes de quemar, tal vez todo es parte de una fuerte propaganda publicitaria.
No es para tildarla de tolerante y dulce, pero tampoco darle las descripciones más
aterradoras. Todo dependió del contexto.

El modelo religioso: las disciplinas del lenguaje y de la acción.

En este capítulo se hablará de la gran masa de pequeños delitos, de esas palabras


desafortunadas, luego se abordará el problema del protestantismo a través del análisis de la
publicidad organizada en torno a ella.
La toma de conciencia de la reforma, ideología competitiva y amenazadora, hizo que los años
1550-1560 marcaran un giro en la historia de un tribunal.
Pero esta también fue la época del Concilio de Trento, en donde se elaboraron, entre 1543 y
1563, una serie de decisiones doctrinales y de decretos disciplinarios que marcaron profundamente
toda la historia posterior de Europa.
Del concilio se desprenden dos líneas principales: mayor precisión dogmática, y
preocupación pastoral, por la fe del pueblo y su educación religiosa.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Esta ola de fondo desborda en el plano inquisitorial donde se refleja. Nada de revolución,
nada de cambios bruscos, sino un prestigio nuevo para el Oficio, que se transforma en clave de
bóveda de la reconquista católica interior de España.
Algunas novedades en su acción: un considerable reforzamiento del control ideológico, a
través de los libros, los pensadores y esos grandes educadores del pueblo que son los miembros del
clero.

La blasfemia41 .

La actitud de los inquisidores con respecto a la blasfemia es paradójica. Oficialmente es el


desprecio.
El caso más ejemplar es el de Toledo, en donde entre 1530 y 1555 se producen todos los
juicios de los blasfemos.
Hacia 1560 se produce una ruptura brutal, un hundimiento del número de acusados, muy
cerca de cuando el delito de las “proposiciones” se eleva hasta alcanzar su máximo, por lo que se
supone que la persecución de los blasfemos pasó a segundo lugar.
La blasfemia que es en sí un ritual lo es también en su empleo. Puede ser la señal de la
pertenencia a un grupo, no es casual que un número relativamente alto de nobles aparezca entre los
blasfemos habituales.
No es casual que fuera por blasfemia por lo que se juzgó al personaje de rango más alto que
hemos encontrado en los archivos de la Inquisición de Toledo, el conde Saldaña, heredero de la casa
ducal del Infantado, condenado a doce ducados de multa en 1538 por la mala costumbre que tenía
de decir “No creo en Dios” y “Reniego de Dios”. no es casual que sea jugando cuando se blasfema
más veces, por otro lado, también es ritual como señal de cólera o de desesperación, como en el caso
de un esclavo que renegaba de Dios mientras su amo lo azotaba.
Metafóricamente el blasfemo derriba radicalmente todo un sistema de mundo, situándose
el lado de los peores enemigos de la fe. Esto justifica la intervención de la Inquisición, pero no estaba
en el centro de sus preocupaciones, parecía más bien una actividad complementaria para cuando el
tribunal no tenía otra cosa que hacer

El sacrilegio.

El sacrilegio entendido como injuria material hecha a los objetos sagrados, da poco trabajo
al Santo Oficio. Los casos son muy variados en cuanto a su gravedad y a las sentencias que resultan
de ellos.
La inquisición sabe que la represión por feroz que sea no conduce a ningún resultado
duradero, se trata más bien de aprovechar el delito para corregir al delincuente gracias a una
penitencia cuidadosamente dosificada en función de su responsabilidad y sobre todo para educar a
otros.

41
Palabra o expresión injuriosa que se dice contra Dios o las cosas sagradas.

211
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El orden social: el proceso de Eugenia, la borgoñona.

La historia se trata de una mujer que denuncia a otra porque esta había dicho que el Santo
Padre firmaba muchas cosas sin saber exactamente qué es lo que se hacía en su nombre.
Es detenida pero solo es condenada a penitencia con una mordaza en la boca.
En el análisis real de su vida, era una mujer francesa que había sido echada de un convento
por no tener dote, y entre mil peripecias más termina en Toledo, donde enseña a leer con clases
pagas por la mañana y gratis por la tarde, pero no sin dificultades y agresiones por parte de los frailes
franciscanos.
Además, se pelea con las mujeres por parlotear en la Iglesia hasta llegar al punto de ponerse
un cartel prohibiendo que la molesten. Es entonces que se comporta de una manera que no se ajusta
a un personaje social.

La Inquisición no permaneció con los brazos cruzados antes las ideas religiosas populares,
sino que intento transformarlas profundamente. Pero era de lo ato desde donde debía de venir esa
transformación, siempre bajo control de la institución, no de la base.

El modelo religioso: rechazo de la reforma y control del pensamiento.

Los lazos políticos entre España y el norte de Europa mediante Carlos I desempeñaron un
papel importante en la historia del protestantismo español.
En 1520 muchos españoles fueron a los Países Bajos siguiendo a la corte y estuvieron
presentes en la Dieta de Worms42 cuando el reformador proclamó abiertamente la ruptura contra el
papa y los concilios. Numerosos cortesanos sintieron despertarse su curiosidad y trajeron al país
libros y recuerdos. El veneno penetraba en España y fue recibido sin odio.
Los marranos de Amberes constituyeron, tal vez, una segunda etapa. Para ellos, Lutero era
el enemigo del Santo Oficio. En todo caso corrió el rumor de que se aprestaban a inundar la Península
con estos libros: ésta fue la primera manifestación de un mito que habría de durar, hasta la Santa
Sede se alarmó. En 1521 el cardenal Adriano publicó el 1° edicto inquisitorial contra el heresiarca:
prohibía leerlo en cualquier lengua.
No se podía ser más claro, las comunidades estaban causando estragos. Había que olvidar los
proyectos de suprimir la Inquisición que un momento parecieron posibles. Se redescubrió que el
orden religioso estaba amenazado, que formaba una unidad contra el orden político. De golpe se

42
La Dieta de Worms fue una asamblea de los príncipes del Sacro Imperio Romano Germánico llevada
a cabo en Worms del 28 de enero al 25 de mayo de 1521. Fue presidida por el recién nombrado
emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico.
El aspecto históricamente más relevante de la Dieta fue la comparecencia de Martín Lutero, quien
fue convocado para que se retractara de sus famosas tesis. Del 16 al 18 de abril, Lutero habló delante
de la asamblea, pero en vez de abjurar, defendió con energía su actitud protestante.
El año anterior, el papa León X había emitido la bula Exsurge Domine, exigiendo que Lutero se
retractara de 41 de las 95 tesis en las que criticaba las prácticas y costumbres de la Iglesia católica.
Posteriormente lo excomulgó.

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creó el esquema que iba a dominar las relaciones entre protestantismo e Inquisición: por un lado, el
Estado, por otro los enemigos del Estado y la fe.
La prohibición de 1521 fue insuficiente. Grupos relativamente importantes intentaron vivir
un cristianismo más interiorizado, más personal. Numerosos hombres y mujeres cultos estaban a la
escucha de las novedades que procedían del norte: Lutero como Erasmo suscitaban curiosidad. Pero
el luteranismo siguió siendo una preocupación relativamente lejana, en proporción a su influencia en
el país.
Hacia 1522-23 los alumbrados –Isabel de la Cruz y Alcaraz- son influidos por las ideas de
Lutero sobre el libre albedrío. También entonces se persigue a los alumbrados. La doctrina de los
alumbrados no era luteranismo, pero el dejamiento en virtud del cual la voluntad humana se
abandona a la voluntad divina hasta la aniquilación, puede aproximarse.
Las medidas represivas se suceden, animadas por la Santa Sede, que incluso da jurisdicción
a los obispos sobre esta materia
Entre 1540 y 1550 nos encontramos con un nuevo endurecimiento, en el 49 se revocan todas
las autorizaciones para leer libros prohibidos dadas anteriormente
En España viven algunos luteranos, en su mayor parte artesanos y comerciantes extranjeros,
otros más numerosos, sobre todo los notables, están vagamente al corriente de sus doctrinas y se
apoyan en ellas cuando la discusión se acalora. Pero no parece en absoluto que el protestantismo
sea una preocupación cotidiana del país. Es la inquisición quien se va a encargar de dárselo a conocer.

El trueno de 1558-1559.

El año 1558 es el momento en que los dos soberanos más poderosos de Europa deciden
acabar con el protestantismo en sus Estados.
Hacia 1555 todavía hay calma, en 1553 los inquisidores de Toledo exponen al consejo las
líneas directrices de su acción mencionan a judaizantes, moriscos, blasfemos, alumbrados, pero ni
una sola palabra de luteranos
1557 y 1558 fueron los años de inflexión, cuando descubrieron núcleos protestantes en el
interior del mismo país. La máquina inquisitorial demostró en esta ocasión su eficacia y el punto de
perfección al que había llegado.

Represión y propaganda.

La presencia protestante es periférica. En todas partes en donde se hallaron datos anteriores,


1560 marca una ruptura.
Es entre 1560 y 1565 cuando un porcentaje importante de españoles aparece entre los
condenados. Más de una cuarta parte en Murcia, la cuarta parte en Toledo. Luego la proporción se
hunde y después de 1570 no aparecen más españoles.
Así, en diez años la Inquisición consiguió eliminar las bolsas aisladas que se habían creado en
el medio hostil, cuya hostilidad se encargó de agravar.

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El caso toledano.

El auto de fe43 es un instrumento pedagógico. Es en donde mediante la lectura de las


sentencias el Santo Oficio impone su imagen del luterano. De esto se deduce que el luterano se
caracteriza por: los elogios que hace de Lutero y de sus ideas, sus ataques contra el clero, negándole
el poder de distribuir sacramentos o privilegios de culto. Las indulgencias, los sacramentos, el culto a
los santos y los ritos vienen por detrás de estos.
La Inquisición utiliza el cuadro del protestantismo para señalar negativamente un cierto
número de comportamientos y opiniones, para reforzar la cohesión de la sociedad española en torno
a una ideología regulada.
El nacionalismo no está ausente de todo esto, al enfatizar la importante presencia extranjera
entre los culpables. Así la política asoma por detrás de la fe.

La flexibilización de fin de siglo.

A partir de 1570 los autos de fe espectaculares contra los reformados se hacen poco
frecuentes en España.
El pueblo español está vacunado y cualquier desviación pseudo luterana provoca frenéticas
reacciones de rechazo. A finales de siglo este sistema mental está tan afianzado que cabe permitir
una cierta tolerancia hacia los protestantes extranjeros, cosa que la situación política aconseja.
En 1597 los hanseáticos son autorizados a ir a los puertos españoles, en 1605 les toca el turno
a los ingleses, luego en 1612 zelandeses y holandeses. Se instaura así una tolerancia más amplia y
más informal.

Los libros: ese “hereje mudo”.

La Inquisición tardó en interesarse por él. Fue contra los luteranos contra quienes se pusieron
en marcha los primeros dispositivos específicos de control de la producción escrita en las
universidades; fue contra ellos contra quienes se redactaron en 1540 las primeras listas de obras
condenadas. Fue entre 1550 y 1560 cuando el libro se convirtió en una preocupación de primer
orden.
En 1554, Carlos I y Felipe II deciden que solo el Consejo real podrá otorgar licencias de
impresión. La Inquisición no se ocupaba de censura previa: eso era asunto del estado, que disponía
de los instrumentos apropiados.
Hay tres posibles decisiones desde que se decide intervenir un libro: que la decisión sea
favorable, que sea condenada, o que ciertos pasajes sean juzgados. Se observan dos cosas: por una
parte los esfuerzos que se hacen para obtener la censura más imparcial posible, por otro los

43
El auto de fe era un acto público organizado por la Inquisición en el que los condenados por el
tribunal abjuraban de sus pecados y mostraban su arrepentimiento —lo que hacía posible su
reconciliación con la Iglesia católica— para que sirvieran de lección a todos los fieles que se habían
congregado en la plaza pública o en la iglesia donde se celebraba.

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calificadores son frailes, provistos de títulos brillantes y sus decisiones son dadas a conocer al público
mediante edictos.
Son particularmente peligrosos los libros de hechicería y magia, los que traten cosas sagradas
de manera demasiado humana, obras en alemán. Todo es obra colectiva de los mayores intelectuales
del país, el grueso del trabajo es realizado por la Universidad de Salamanca y por la de Alcalá
Las divergencias son notables en cuanto con qué tipo de textos tener más severidad. Esta
situación cambió a partir de 1640, la censura inquisitorial se dedicó más y más a estos aspectos, y
controlaron puntos de venta, de entrada y salida.
Pero también controlaron al lector, que desde 1549 debía denunciar los libros prohibidos
que leía. Un sistema notable pues, que permite vigilar toda la cadena de la producción, la
comercialización y el consumo del libro, en estrecha colaboración con los poderes civiles.
Fue a finales del siglo XVI y principios del siglo XVIII cuando el control inquisitorial se mostró
más eficaz.

Pensadores e intelectuales.

El control de la difusión del libro se acompaña del control de los escritores, de los pensadores,
esencialmente de los universitarios, productores de esquemas ideológicos. Fue a partir de 1520
cuando esta faceta inquisitorial comenzó a desarrollarse.
Una vez más, a partir de los años 50 todo dio un vuelco y ante el peligro protestante, la
política con respecto a los intelectuales se endureció brutalmente.
Durante el siglo XVII, la vigilancia sobre los intelectuales no se aflojó sino al contrario. La
menor defensa de tesis da lugar al control de la ortodoxia de las conclusiones por el comisario del
Santo Oficio.

El modelo sexual: la defensa del matrimonio cristiano.

Matrimonio y vida sexual: la doctrina.

Sin duda hacía mucho tiempo el Occidente era monógamo y su matrimonio estable, pero lo
era con flexibilidad, ya que era posible el divorcio.
La sexualidad no parece haber estado encerrada en los límites estrictos de la pareja legal,
aunque ésta tuviera una importancia que no se le otorgaba en otras sociedades.
La poligamia de hecho era un problema civil, en el cual la Iglesia no tenía mucho que ver. Solo
en el siglo XI se puso a controlar lo que hasta entonces era considerado como extraño a su propia
esfera.
El estado de castidad es superior al estado marital en dignidad y perfección, lo que implica
como corolario que el sacerdote sea célibe y casto, la definición de incesto muy amplio.
El concilio de Trento se contentó con generalizar todo esto a escala de la Cristiandad,
completándolo.

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Para que el matrimonio sea válido en adelante se impone una triple publicación anterior de
las amonestaciones, en la misa mayor. La presencia del cura en el lugar y de dos o tres testigos se
convierte en obligatorio, y el matrimonio será inscrito en un registro.
En resumen, se trata de garantizar la aplicación de los principios que plantea la Iglesia,
asegurar un cierto control de la sociedad y de las familias, hacer del matrimonio algo religioso.

Polígamos y poliándricas.

La poligamia no era un delito de la Inquisición en la Edad Media, pero a partir de 1530 estos
procesos se hacen ya comunes.

La simple fornicación.

Este acto se definía como un acoplamiento carnal fuera del matrimonio entre dos personas,
libres de todo vínculo, de mutuo consentimiento. El concubinato es así una forma de la simple
fornicación.
Si bien esta inmensa tarea no fue abordada por el Santo Oficio, si se dedicó a la creencia de
que la simple fornicación no es pecado mortal.
Bigamia, simple fornicación, la acción del Santo Oficio en materia sexual tuvo lugar, pero
siempre se mantuvo en el plano de los principios. Persiguió sin descanso en la segunda mitad del siglo
XVI todo lo que se oponía a la doctrina católica, sobre lo que debe ser el matrimonio cristiano,
provocando un retorno a la firmeza en principios que la Iglesia no había creado pero que aplicó de
manera nueva.

• VAN DULMEN, Richard. Confesiones, cisma, nueva religiosidad

En 1500, aunque flexible y diversa en muchos aspectos, esa Iglesia era casi tan universal que pocos
europeos necesitaban de manera consiente considerarse a sí mismos cristianos occidentales, latinos
y católicos. La herejía estructurada había quedado reducida a una mínima fracción. En absoluto
contraste con esta uniformidad casi total, hacia el 1600 muchos habitantes de Europa, o tal vez
incluso la mayoría, eran perfectamente consientes de que eran unos católicos romanos, otros
luteranos y otros reformadores.
La Reforma y la consiguiente escisión de la Iglesia universal medieval en confesiones distintas fue un
acontecimiento de primera magnitud no sólo en la historia de la religión, ya que fue sustentado por
los intereses más diversos, estuvo estrechamente ligado al nacimiento del primer estado moderno y
tuvo una gran influencia en el desarrollo político y social, en la cultura intelectual e incluso en la vida
cotidiana de campesinos, burgueses y nobles de la sociedad europea.
De la importancia universal del cisma y la confesionalización de la religión y la sociedad no se puede
deducir, sin embargo, que en el siglo XVI las creencias individuales coincidieran con el credo de la
Iglesia respectiva. Los límites entre las distintas confesiones habrían de ser durante mucho tiempo
difusos. Las diferencias confecciónales aparecía, en efecto, totalmente evidentes en la doctrina

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oficial, pero en la práctica religiosa eran numerosos los aspectos en los que los católicos, luteranos y
calvinistas, hasta bien entrado el siglo XVI, apenas se diferenciaban.
El panorama confesional definitivo y prácticamente inalterable no se configuró hasta el siglo XVII;
hasta ese momento no estuvo claro qué nuevas confesiones habrían de implantarse definitivamente
en cada país.
Para Cameron una cosa está clara a propósito de la Reforma del siglo XVI: no la provocó un solo
personaje en concreto ni una sola ambición ni un solo objetivo específico ni un solo movimiento
social, político o religioso. Sus resultados fueron consecuencia de una pluralidad de interacciones
enormemente complejas e imprevisibles entre personalidades, acontecimientos, creencias y
actitudes.

Protestantismo
La Reforma no fue, sin embargo, un movimiento unitario, y su éxito dependería en gran medida de
su reconocimiento por parte de la nobleza y de los príncipes, bien al lado del pueblo, bien frente a él.
No hay duda de que los intereses que hicieron que la Reforma les pareciera aceptable fueron, si no
exclusivamente, sí esencialmente, de índole material y política:
La posesión de los bienes eclesiásticos y el control de las instituciones de la Iglesia podían reforzar el
poder de las autoridades y las actividades de los estamentos contra el poder central del príncipe o,
por el contrario, consolidar el dominio del príncipe sobre los estamentos de acuerdo con la confesión
reformada.
El hecho de que esta voluntad reformista condujera a la formación de nuevas confesiones y a la
desaparición de una Iglesia única y universal se debió sin duda a la contribución que a ello hicieron
los príncipes con cuya ayuda habría de implantarse la Reforma, ya que su interés se centraba
exclusivamente en la unidad religiosa de su territorio, introduciendo en consecuencia intereses
específicos en la formulación de los principios de fe y doctrina de sus Iglesias reformadas. El
nacimiento de las Iglesias confecciónales fue, finalmente, el producto inmediato no tanto de las
actividades reformadoras, por mucha que fuera la influencia ejercida por los programas de Lutero y
Calvino, como del esfuerzo de las autoridades laicas por crear una Iglesia nacional cerrada. Sin estos
intereses políticos laicos, la Reforma se habría desintegrado en un sinnúmero de grupos, sectas e
Iglesias inconsistentes, o habría sido nuevamente aniquilada por la campaña contrarreformadora del
catolicismo.

Calvinismo
La auténtica dinámica de la Reforma que habría de trasformar a la sociedad a largo plazo no fue
impulsada por el luteranismo, sino por el calvinismo. La fuerza y la debilidad del calvinismo radicaba
en su relativa independencia respecto a la autoridad laica, aun cuando esperase y hallase el apoyo
de los príncipes, basando, de acuerdo con ello, su organización no en un régimen eclesiástico
nacional, sino en comunidades semi-autónomas, en las que, además de los predicadores, trasmisores
exclusivos de la Palabra divina, también los laicos (los ancianos) poseían un amplio derecho de
intervención, correspondiéndoles también a ellos la implantación de la disciplina eclesiástica.
En consecuencia, el calvinismo dependía en mayor medida del activismo de sus adeptos que el
luteranismo, convirtiéndose más en la confesión de aquellos que tanto en el campo como en la

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ciudad, preservaban su autonomía de las instituciones absolutistas que en la de la autoridad y los


príncipes, empeñados en integrar todos los “poderes paralelos”. No obstante, por el hecho también
de que el calvinismo se convirtiera en un factor decisivo en la lucha estamental por el poder político
en los países de Europa occidental, se habría de politizar en mayor grado que el luteranismo.
El calvinismo era la confesión de las capas altas y medias; sólo de esta manera se explica que la
Contrarreforma pudiera precisamente instalarse de nuevo en países con un extenso hinterland
agrario, como Polonia, Hungría y Francia. Las fuerzas calvinistas seguían siendo, por consiguiente,
más intensas y efectivas en países que, como Holanda e Inglaterra, habían desarrollado una amplia
burguesía. A medida que el calvinismo fue cobrando importancia en los Estados de inspiración
republicana como fuerza social, en tanto que el luteranismo lograba su mayor consolidación en las
monarquías nacionales. Sólo el anglicanismo, producto de la historia de la Reforma en Inglaterra,
permaneció circunscrito a este país.

Catolicismo reformado y Contrarreforma


Tan sólo Italia y la Península ibérica resistieron las actividades reformadoras, reprimidas en ambas
con igual dureza.
No hay duda de que la Iglesia católica no vaciló en recurrir a toda clase de medios: políticos,
ideológicos, e, incluso, militares, para recobrar los territorios perdidos; ahora bien, el catolicismo que
más tarde, y ante el cambio de situación, se habría de introducir en los antiguos países evangélicos y
también en los Estado de la Europa meridional era diferente al que existía antes de la Reforma y
estaba marcado profundamente por los movimientos de la renovación religiosa de los países
romanos y purificado y reforzado por el Concilio de Trento.
No fue el espíritu de la Iglesia universal medieval lo que revitalizó el moderno catolicismo, sino una
nueva Iglesia que, a pesar de su apelación a la tradición y a su aspiración absolutista, en su praxis
política y religiosa concreta aparecía como una Iglesia confesional más, con la misma conciencia
confesional que la Iglesia de la Reforma.

Concilio:
• Una de las respuestas a la Reforma fue la fijación perfectamente delimitada de la doctrina
católica, antes inexistente. Si bien los decretos del concilio no se pudieron imponer sino de forma
limitada, era la primera vez que la Iglesia católica se otorgaba una forma claramente definida que
pudiera servir de orientación a todas las reformas y acciones contrarreformadoras.
• Aun cuando no se determinara nada definitivo sobre la posición del papa, de hecho se
produjo la reafirmación de la primacía papal frente a los esfuerzos episcopalistas y, de acuerdo con
esto, la confirmación de los acuerdos conciliares por parte del papa, verdadero beneficiario de la
reforma eclesiástica.
• La Iglesia papal encontró un apoyo decisivo en la Compañía de Jesús. Aun más importante
que la evangelización popular (además de su labor en la formación académica), fue la labor misionera
de los jesuitas en ultramar adquiriendo una posición casi de monopolio en las regiones de control
español y portugués, y más tarde también francés.
Después de que la Iglesia católica se hubiera visto obligada a retroceder en las décadas de 1560 y
1570 hasta quedar casi exclusivamente circunscrita al sur de Europa, a comienzos del siglo XVII la

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situación había cambiado de tal manera que en Francia, Polonia y Austria surgirían Estados
exclusivamente católicos, esenciales para la pervivencia de la Iglesia católica. En Inglaterra,
Escandinavia, el norte de Alemania y los Países Bajos continuó habiendo, ciertamente, católicos –a
través de España y Polonia se hicieron todavía esfuerzos de recuperar a estos países –pero desde
mediados del siglo XVII las fronteras confesionales en Europa quedarían definitivamente establecidas.

CONFESIONALIZACIÓN DE LA RELIGIÓN Y LA SOCIEDAD


Aspectos comunes:
1- Común a todas las Iglesias fue, por una parte, el hecho de que adquiriesen un carácter
confesional con un sistema diferenciado de fe y de doctrina. El movimiento reformador y la
Contrarreforma trajeron consigo la sistematización del dogma y una fuerte diferenciación frente a
otras doctrinas e ideas religiosas. Toda opinión desviada fue perseguida.
2- Todas las confesiones reivindicaban la cristianización de la vida cotidiana. Pero la importancia
de dicha vida y los medios ofrecidos por las diferentes Iglesias para su consecución variaban, sin
embargo, de acuerdo no sólo con la doctrina concreta, sino, más aun, con el prestigio social de la
confesión. Cuanto mayor era la Iglesia y más se convertía en religión del Estado, tanto más débil era
su aspiración moral, en contraposición a las pequeñas Iglesias en la oposición. El calvinismo fue el
que subordinó en mayor medida la praxis moral cotidiana al imperativo de la fe. Ahora bien, en tanto
que la presión moral en el calvinismo provenía, sobre todo, de la comunidad, la fuerza disciplinaria
del luteranismo procedía principalmente del régimen eclesiástico-político. El catolicismo fue el que
más hincapié hizo en la moralidad de la vida, ya que el catolicismo no se santificaba tanto por la
actuación moral como por la gracia; no obstante, también la Iglesia católica intervendría en adelante
en la regulación de la vida social de sus miembros.
Cierto es que la nueva moral no se impuso sino de forma parcial, pero se convertiría en la moral válida
y obligatoria para todas las capas sociales; en ella se basaría la familia y la escuela. En este sentido,
las Iglesias posteriores a la Reforma se revelaron no sólo como instituciones disciplinarias de
enseñanza, sino también de moral y educación, que imprimieron su carácter a la sociedad de inicios
de la Edad Moderna.
3- Común a todas las Iglesias fue también su circunscripción territorial y su establecimiento
como Iglesia estatal o nacional. El poderío de la Iglesia universal anterior a la Reforma radicaba
precisamente en su autonomía cultural y material. Cierto es que la Reforma había propugnado la
independencia de la religión y de la Iglesia respecto del poder político, enseñando que la libertad
religiosa se opone a toda subordinación a una autoridad laica. Pero tras el cisma confesional y ante
la necesidad de imponerse, las nuevas Iglesias se vieron obligadas a renunciar a esa libertad. Aun
cuando el grado de vinculación de las Iglesias católicas, calvinista, luterana y anglicana con el poder
político variase, su existencia dependía esencialmente de él tan pronto como se convertían en la
única confesión vigente en su territorio.
No fue, por tanto, únicamente el afán de poder del primer Estado moderno el que trató de integrar
a la Iglesia en la sociedad estatal por no tolerar poderes paralelos y por así utilizar la religión como
instrumento disciplinario, sino también la necesidad y la disposición de las nuevas Iglesias
confesionales a someterse a la voluntad del poder para lograr establecerse. Si el Estado, por su parte,
trataba de hacer de la Iglesia una institución educativa dependiente de las normas de la soberanía

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estatal, la Iglesia, a su vez, esperaba poder utilizar al Estado como medio para la consecución de sus
objetivos político-religiosos, es decir, para ejercer su dominio sobre él más que para servirle.
Todos los movimientos eclesiásticos, protestantes y católicos, pretendían poseer la verdad universal.
Su influencia se extendió más allá de los territorios y de las fronteras, pero sólo se pudieron establecer
como Iglesias en la medida en que tuvieron en cuenta la estructura social y la organización política
de los diferentes países. Por ello, pese a una clara orientación hacia creencias perfectamente
definidas, es difícil hablar de grandes Iglesias internacionales cerradas.
Esta comunidad o cooperación entre la Iglesia y el Estado no era necesariamente armónica.
Constantemente se oían las protestas de aquélla por la injerencia laica, al igual que las de éste por el
paternalismo eclesiástico; ahora bien, en conjunto, las Iglesias perderían autonomía en la medida en
que se integraban en el Estado. La pacificación de las luchas confesionales fue, por un lado, paralela
a la cristianización de la sociedad, pero, por otro, anularía a largo plazo la influencia política de las
Iglesias.
4- Luchas religiosas: presionados por la territorialización de la religión, todos los movimientos
religiosos experimentaron una politización, de la misma manera que la política se confesionalizó, lo
cual trajo consigo no sólo la implicación de las Iglesias en los asuntos del mundo, sino también, y
sobre todo, las más horribles guerras. La estrecha relación entre la política y la religión produjo una
militancia hasta entonces desconocida. Las luchas religiosas adquirieron una dimensión propia con la
aparición del absolutismo, pues aunque las Iglesias y los clérigos se abstenían de usar la fuerza de
una forma directa, ninguna confesión vaciló en animar a los príncipes, la nobleza y las ciudades a
ejercerla en su favor frente a los disidentes.
Especialmente militante se mostró el calvinismo. Ello se debía, por una parte, sobre todo a la gran
disposición de la Iglesia calvinista a intervenir activamente en el mundo, y, por otra, a la situación
sociopolítica de Francia y en Escocia, en donde el calvinismo, como confesión de la aristocracia, tuvo
que reafirmarse frente a la dinastía católica en el poder, o se vio expuesto, como movimiento
considerado enemigo del estado, a las más duras represiones.
Las confesiones militantes se diferenciaban también por el estilo de sus métodos: los calvinistas
dirigían sus acciones contra objetivos materiales, más que contra personas; no perseguían
primordialmente a los herejes, sino que destruían iglesias y lugares de culto católico, a diferencia de
la Contrarreforma, que primordialmente procedía contra los nuevos herejes.

INQUISICIÓN, BRUJERÍA, INCREDULIDAD


La Reforma había reivindicado la libertad religiosa y aspirado a la consecución de una sociedad
cristiana, pero lo que la nueva orientación y el nuevo orden religioso trajeron consigo, y no sólo a
causa de la presión de la Contrarreforma, fue por el contrario una mayor falta de libertad y, en lugar
de una convivencia pacífica, una mayor agresividad violenta; en nombre de la libertad y de la verdad
se desterraría y aniquilaría a más personas que en ninguna otra época anterior a la confesional. Entre
los medios más crueles, y también más eficaces, se encuentran la Inquisición y los procesos contra
las brujas, dos instituciones que estuvieron tanto al servicio de los Estados como de la Iglesia.
La desviación ideológica se convirtió en un crimen secular combatido con medios policiales. Los
enemigos de la religión no sólo habrían de ser excluidos de las comunidades eclesiásticas, sino
también desterrados y aniquilados por la autoridad política; pero en tanto que la caza de brujas fue

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igualmente llevada a cabo por todas las confesiones, solamente en los países católicos se llegaría a
institucionalizar la Inquisición, es decir, el exterminio sistemático, dirigido desde arriba, de los que
tenían otras ideas u otra religión.
Es importe destacar que la Inquisición y la caza de brujas no son, ciertamente, una consecuencia
inmediata del movimiento reformador y contrarreformador, ya que existían desde mucho antes, pero
su auténtico carácter y su apogeo no lo alcanzarían sino a finales del siglo XVI y comienzos del XVII.
(Inquisición: el hecho de que los reyes españoles le prestaran todo su apoyo se debió a que la
Inquisición era también la única institución judicial que se extendía a toda España y tenía gran
importancia política para el reino.)

Caza de Brujas
La brujería de inicios de la Edad Moderna sería la causa de un número víctimas aun mayor que la
Inquisición, siendo en Francia, en el sur y en el oeste de Alemania y en Inglaterra, es decir, en los
países que se consideraban más desarrollados desde el punto de vista político y económico tras la
Reforma, donde la brujería habría de traer consigo las consecuencias más funestas.
La creencia en las brujas, junto con la hechicería y la magia, es parte integrante de la visión
fundamental del mundo de la sociedad agraria, sirviendo al mismo tiempo como explicación a las
desgracias y como medio prometedor para el restablecimiento del orden.
Inicios de la Edad Moderna: el aspecto central no era ya el maleficio, la bruja maquinadora, sino la
participación en el “sabbat”, una orgía anticristiana a través de la cual el demonio, valiéndose de los
humanos, pretendía destruir el cristianismo. Se veía a las brujas como pertenecientes a una secta
diabólica. Y a partir de este momento, el menor estímulo bastaba para desatar la caza de brujas (que
tocaba a su fin al dirigirse contra la clase dominante, pues esto es algo que la autoridad no podía
permitir).
La caza de brujas podía afectar a cualquier individuo, patricios y mendigos, mujeres y hombres, niños
y ancianos. Pero a partir de mediados del siglo XVI las mujeres pasan a primer plano, en tanto que el
final suele caracterizarse por los procesos contra niños, mendigos y mujeres pobres y ancianas.
Estos grupos habían desarrollado una forma de conducta tal que, de hecho, producían un efecto
amenazador sobre la clase alta amante del orden. En el caso de las mujeres, fue decisivo el hecho de
que en la sociedad primitiva existiese un problema específico relativo al sustento de ciertas mujeres,
principalmente ancianas y solteras, imposible de ser asumido en adelante por la aldea. En su
condición de personas rechazadas, éstas constituirían un modelo específico de comportamiento
considerado una amenaza por los habitantes de la aldea o la ciudad, y que, de hecho, debía serlo.
Rara vez se inició un proceso por brujería contra alguien que anteriormente no hubiera sido ya objeto
de habladurías.

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GUINZBURG, Carlo, El queso y los gusanos. El cosmos según un molinero del siglo XVI.

El queso y los gusanos es una obra historiográfica del historiador italiano Carlo Ginzburg,
publicada en 1976. Es una de las obras más importantes del movimiento historiográfico conocido
como microhistoria.
Ginzburg reconstruye la vida de Domenico Scandella, llamado Menocchio, un molinero que
nació y vivió, entre el año 1532 y 1601, en las colinas del Friuli, de cuya vida se tienen noticias gracias
a las actas del proceso inquisitorial al que se tuvo que enfrentar por su poco convencional concepción
del mundo, que era interpretada por sus acusadores desde el prisma reduccionista de las opiniones
religiosas.
Gracias al hecho de que Menocchio se formase unas ideas sobre la religión y el origen del
mundo originales, y de que fuese juzgado por ello por la Inquisición, quedando de esta manera
documentos escritos, le fue posible a Ginzburg reconstruir su vida, sus opiniones y el mundo en que
vivió.
Además de relatar la peripecia de Menocchio, Ginzburg desarrolla en El queso y los gusanos,
una hipótesis sobre la cultura popular en la Edad Media a partir del caso del molinero italiano.
A partir del pensamiento de Menocchio, quien negaba que Dios hubiese creado el mundo y
creía que este se había generado a partir de un caos primigenio, del que habrían surgido Dios y los
ángeles, como los gusanos del queso -según la creencia de la generación espontánea-, cree posible
Ginzburg rastrear un pensamiento popular vigente durante toda la Edad Media caracterizado por el
materialismo, refractario al dogma oficial de la Iglesia católica, que hundiría sus raíces en la época
precristiana.
En opinión de Ginzburg, las ideas de Menocchio, quien además negaba la divinidad de Cristo,
la validez de los sacramentos y afirmaba la equivalencia de las distintas religiones, surgirían del
contacto de esa mentalidad campesina con la lectura de los pocos libros a que Menocchio tuvo
acceso en su vida.
El historiador italiano analiza, a partir del contraste entre los textos que Menocchio confesó
haber leído y las opiniones que de ellos había extraído, cómo el molinero interpretó de manera
errónea muchos pasajes, o sacó de ellos conclusiones más atrevidas que las que el texto permitía, en
lo que ve una prueba de que las ideas provenientes de esa mentalidad popular estaban mediatizando
su lectura.
Según Ginzburg, las ideas de Mennochio no pueden explicarse únicamente a partir de
posibles influencias como las del luteranismo, el anabaptismo o el islamismo (se cree que Menocchio
pudo haber leído una traducción italiana del Corán), sino que deben insertarse en el contexto de una
cultura popular que si bien entra en relación con la cultura de las clases dominantes no es un mero
reflejo de esta.

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UNIDAD III

LA CRISIS SISTÉMICA DE LOS SIGLOS XVII Y XVIII. PERDIDA DEL


CONSENSO DEL ABSOLUTISMO. EL PARLAMENTARISMO.

1) Las vertientes de la polémica historiográfica acerca de la crisis del


siglo XVII.

BENIGNO, Francesco, Espejos de la revolución. Conflicto e identidad política en la Europa


Moderna, Volver a pensar la crisis del siglo XVII.

La construcción historiográfica de la crisis.

La crisis del siglo XVII es una construcción intelectual reciente, que nació en la segunda mitad
del siglo XX, y que constituye una parte importante de la reflexión general sobre la crisis, sus
características económicas y sus éxitos políticos y sociales.
A pesar de eso, durante muchos años la historiografía, sobre todo la francesa, se negó a ver
en el siglo de Richelieu, Colbert y de Moliere una etapa de crisis política y social, de depresión
económica y de malestar intelectual.
Por esta razón, se siguió estudiando la primera mitad del siglo XVII ligada al siglo anterior y
se ha convertido la guerra de los Treinta Años y la Fronda en una frontera a partir de la cual arranca
un siglo cuyo apogeo coincidirá con el reinado del Rey Sol.
Los manuales franceses han explicado la crisis de la mitad del siglo como el momento de
transición en Europa en el que se pasa de la época de dominio español a una fase de superioridad
francesa, un período de inquietud y de transformación de la sociedad europea.
La primera parte del trabajo es un intento por explicar la forma en que el siglo XVII se fue
convirtiendo en el siglo de la crisis por excelencia, sobre todo en el seno de la historiografía comunista
anglosajona.

La crisis y la transición al capitalismo en Inglaterra.

En una primera fase, la temática de la crisis se entrelazó con la de la transición del feudalismo
al capitalismo y las varias tesis que la explican, siendo de crucial importancia el trabajo del grupo de
los historiadores marxistas británicos.

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Fue importante, en la década del 30, el trabajo de Christopher Hill sobre Inglaterra moderna
con importantes investigaciones agrarias, y en este contexto el siglo XVII es entendido como una
época en que cae la monarquía y se instaura la Commonwealth, adquiriendo un papel crucial.
Ofrecía una lectura de la revolución como un duro enfrentamiento de clases en el que las
nuevas fuerzas en ascenso de la burguesía mercantil e industrial intentaban acabar con el dominio
de la vieja aristocracia feudal.
Hill presenta a la Inglaterra de los Estuardo como un país todavía feudal, que solo a través
del cambio revolucionario de los equilibrios políticos había conseguido encontrar una vía para el
desarrollo del capitalismo.
Al texto de Hill lo criticó Jürgen Kuczynski, quien opinaba que la Inglaterra de Isabel I, lejos
de ser un país feudal, había alcanzado un estado de avanzado desarrollo capitalista gracias a que la
monarquía había adquirido una fisonomía burguesa.
En este sentido, la revolución debía interpretarse como la respuesta al intento de revancha
de una aristocracia ya vencida.
A pesar de la defensa de los marxistas a Hill, Dobb plantea ¿cómo pudo la revolución
burguesa de mitad del siglo XVII preceder en más de un siglo y medio la llegada del modo de
producción capitalista que se fijará canónicamente a finales del XVIII?
Sin embargo, Dobb piensa que es inaceptable concebir el desarrollo del capitalismo inglés en
términos de capitalismo mercantil y propone que se busquen sus raíces a finales del siglo XV, cuando
la producción artesanal comenzaba a transformarse gradualmente en una manufactura capitalista y
la agricultura inglesa vivía numerosas transformaciones estructurales.
De estos sectores nacerían en el siglo XVII las fuerzas revolucionarias que iban a oponerse al
frente reaccionario formado por la corona, los feudatarios y algunos grupos de mercaderes que
Kuczynski había considerado de forma errónea como fuerzas portadoras de progreso.

Hobsbawm y la crisis general.

En 1954, el famoso artículo de Hobsbawm aporta al debate la idea de “crisis general” que
habría marcado la última fase del paso del sistema feudal a la economía capitalista y, por lo tanto, la
superación de los obstáculos que la estructura feudal planteaba para el desarrollo renacentista.
Para Hombsbawm, la idea de crisis general no equivalía a un retroceso económico, sino a un
proceso de nueva jerarquización, de creciente concentración del poder económico y de acumulación
capitalista que se había producido a escala europea entre 1620 y 1680.
La cuestión crucial es la aparición, junto al viejo modelo holandés basado en el capitalismo
comercial, de un nuevo modelo inglés, fundado en unas relaciones de producción diferentes y en un
sistema colonial hasta entonces desconocido.
No obstante, Benigno resalta el hecho que el trabajo contiene apenas referencias marginales
a las revueltas del XVII y, sin embargo, cuando el debate empiece a desarrollarse cinco años más
tarde, estas revueltas serán el centro de la reflexión.

La crisis y las revueltas.

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En un segundo momento, esta problemática se amplió a las demás historiografías europeas,


dando lugar a un amplio debate sobre la naturaleza de las revueltas y de las revoluciones de la Edad
Moderna.
Al romperse el grupo de los marxistas británicos, Thompson y Hill abandonaron el grupo: el
primero se dedicaba a la investigación de la tradición radical británica, lo que lo lleva a su obra de la
clase obrera inglesa, mientras que el segundo se dedicó a estudiar las raíces intelectuales de la
Revolución Industrial.
En líneas generales, en todas estas trayectorias intelectuales se pone de manifiesto la
necesidad de volver a fundar el antagonismo social en la experiencia política del conflicto, rechazando
descripciones mecánicas o funcionalistas del mundo social y revalorizando los elementos del mundo
material, así como las creencias y aspiraciones de los agentes históricos.
Esto no solo era consecuencia de los sucesos políticos: se empezaban a sentir los primeros
síntomas de crisis del funcionalismo y el estructuralismo en la antropología.
El mundo intelectual se sentía atraído por las luchas campesinas del Mediterráneo y por el
pensamiento de Gramsci. En esta marco, la Past and Present organiza un seminario sobre las
revueltas del siglo XVII, marcando una nueva línea a seguir en los estudios sobre la crisis de este
período.

Crisis y trayectorias nacionales.

La última fase de la discusión desembocó en una reflexión sobre las características de la crisis
desde el punto de vista de su evolución económica, social y política.
A mediados de los 60, el tema de la crisis del XVII es estudiado por la mayor parte de los
historiadores, en un acuerdo general a la hora de reconocer una severa crisis económica y política
con diferentes efectos sobre el continente en el siglo XVII sobre Europa centro-occidental.
Al mismo tiempo, se subraya la indeterminación de una discusión historiográfica
bipolarizada, dividida entre la reflexión sobre la crisis económica y la efervescencia política. A finales
de los 50, fue el concepto de crisis lo que une estos dos aspectos del debate.
La idea de crisis, antes ligada a la revolución, encuentra su autonomía, convirtiéndose en un
sustituto explicativo: la crisis se integra mejor que la revolución en el movimiento cíclico y coyuntural
entre la permanencia y el cambio.
Los historiadores que entienden la crisis como depresión económica, sienten la necesidad de
cuantificarla, medirla, periodizarla y complementarla por sectores y áreas geográficas (evolución de
los precios, demografía, etc.).
La crisis del siglo XVII deja de ser un tema crucial y se convierte en un episodio más de un
panorama más amplio capaz de integrar todos los males (entendidos como “frenos positivos”) que
tradicionalmente se le atribuían a este siglo: la carestía, la guerra, la peste.
De esta manera, las revueltas pierden su significado y pasan a ser un efecto secundario como
síntoma y consecuencia de la fase negativa del siglo.

El ocaso de una idea.

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En la última parte del capítulo, Benigno trata de una de las consecuencias que tuvo la crítica
de este concepto, es decir, el casi completo abandono de algunos temas historiográficos que el
modelo de la crisis tendía a resolver.
La publicación del libro de Elliot sobre la revuelta de los catalanes marcó un giro en el debate.
Sostenía que la revuelta no es un caso de lucha de clases, ni un enfrenamiento entre la corte y el país,
sino un episodio más de resistencia a la política centralizadora de Olivares, una “punta del iceberg”
de las contradicciones de una monarquía plurinacional.
Como consecuencia de la obra, en la segunda mitad de los 60 se empezó a cuestionar la
existencia misma de la crisis general del XVII.
Además de dudar sobre una crisis económica, se empieza a dudar sobre el carácter político
de la crisis.
En un seminario de 1969 sobre precondiciones de la revolución en la Europa moderna, se
demostró que muchos rasgos comunes de las situaciones que condujeron a la revolución en distintas
zonas no hacían más que demostrar las diferencias y tipificar cada movimiento revolucionario,
dejando obsoleta la idea de crisis general con un mismo factor.
Elliot sostenía que había que abandonar el uso de términos anacrónicos como el de
revolución, nacido en el XVIII, en un contexto intelectual diferente al del XVII, siglo en el cual los
hombres tenían estructuras mentales opuestas a la de los historiadores del XIX y XX: valoraban la
tradición y no la novedad, la continuidad frente al cambio, la cohesión frente al antagonismo social.
Las revueltas habían de verse como resistencias a la fuerza transformadora del estado,
apoyado en el pactismo de las elites como en el protonacionalismo popular.
Estas ideas de Elliott sobre si había que darle más importancia a la continuidad o a la
revolución encontraron respaldo al estar en sintonía con la idea de “larga duración” que los Annales
profesaban en aquel momento.

La persistencia de la crisis.

Para Benigno, todavía hay razones para considerar que la crisis del XVII merece la atención
de los historiadores.
Más allá de las largas discusiones historiográficas, sostiene que todavía es posible mostrar
como las revoluciones de este período tienen algo en común, algo que va más allá del propio origen
en una coyuntura marcada por la guerra, por recurrentes carestías y por el desorden de las finanzas
de los estados.
En su conjunto, constituyen, a escala europea, una fase de crisis del orden monárquico, de
ampliación e interconexión de las esferas públicas nacionales, de radicalización ideológica y de
polarización política.

HOBSBAWM, Eric, Crisis en Europa (1560-1660), La crisis del siglo XVII.

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El trabajo de Hobsbawm planteaba la tesis de una crisis general de la economía europea en


el siglo XVII, vinculándose conceptualmente al debate abierto en los años cuarenta en el seno de la
escuela marxista sobre la transición del feudalismo al capitalismo.
El análisis de Eric Hobsbawm se instala, a diferencia del de Mousnier, en un marco de mayor
amplitud, al inscribir este fenómeno dentro de una etapa general de desarrollo de la economía
capitalista que se extendería entre los siglos XV y XVIII.
Durante esta etapa, la economía europea, según Hobsbawm, atravesó una crisis general que
desembocaría en el arranque del capitalismo industrial durante el siglo XVIII.
La hipotesis del autor es que la diferencia de esta crisis con las anteriores es que ésta eliminó
todos los obstáculos hacia el capitalismo y permitió a la burguesía avanzar sin problemas desde
principios del XVIII.

La “crisis general”.
Hobsbawm dice que hay que evitar el argumento de que crisis general es igual a recesión
económica, si bien en el siglo XVII hubo una considerable recesión.

El cambio del polo económico.

Por primera vez en la historia el Mediterráneo dejó de ser el más importante centro
irradiador de influencia económica, política y cultural, convirtiéndose en una zona atrasada y
empobrecida. La Península Ibérica, Italia y Turquía acusaban un notable retroceso. Alemania, Báltico,
Polonia, Dinamarca y la Hansa iban en retroceso, si bien no tan crítico como los anteriores.
Pero en las Potencias marítimas y sus posesiones (como Inglaterra, las Provincias Unidas y
Suecia) y en Rusia, la situación parecía más de progreso que de estancamiento; en Inglaterra era de
decidido avance.
Francia ocupaba un lugar intermedio, aunque su triunfo político no quedo equilibrado con
un gran avance económico hasta finales del siglo, y entonces, solo de una forma intermitente
(burguesía parásita).

La causa de la crisis.

Para Hobsbawm, la causa de la crisis no radicó en la guerra, sino en la persistencia de ciertos


factores que entorpecieron el desarrollo capitalista en Europa, tales como la estructura feudal-
agraria de la sociedad, las dificultades en la conquista y aprovechamiento de los mercados coloniales
de ultramar y lo estrecho del mercado interior.
Es muy posible que, en algunas décadas de la mitad del siglo, las ganancias adquiridas en el
Atlántico no compensasen las pérdidas en el Mediterráneo, en Europa Central, o en el Báltico, siendo
el balance final de estancamiento, o quizá de decadencia. Lo importante es el decisivo avance que en
el progreso del capitalismo que de ahí resultó.
En algunas áreas hubo un claro proceso de desindustrialización como en Italia, que pasó de
ser la nación con más industria y urbanizada a un país típicamente agrario y atrasado, igual que
Polonia y parte de Alemania. En otras zonas hubo un desarrollo industrial muy rápido, como Suiza,

227
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Suecia e Inglaterra, y en muchas regiones un aumento importante de la producción rural a expensas


de la producción artesanal, urbana y local, que pudieron significar un aumento neto en la producción
total.

La decadencia de la expansión colonial.

La expansión europea también sufrió una crisis. Hasta 1650 hubo una disminución de la
influencia europea, excepto en los hinterlands de Siberia y América. Los imperios de España y
Portugal se redujeron y cambiaron sus características, Holanda no pudo mantener su ritmo de
expansión del 1600-40, y desaparecieron varias compañías.

El siglo de las revoluciones sociales.


Se admite que el XVII fue un siglo de revoluciones sociales tanto en Europa occidental como
oriental, llevando a los historiadores a ver una especia de crisis social-revolucionaria generalizada a
mediados de la época: en Francia la Fronda, la crisis del imperio español con las revueltas de Cataluña,
Nápoles y Portugal, la guerra del campesinado de Suiza en 1653, la Inglaterra de Cromwell, etc. Pero
los de Europa oriental fueron más significativos (no explica por qué).

El absolutismo en medio de la crisis.

Solo en un punto el siglo XVII tuvo éxito: la consolidación de una forma de gobierno eficiente
y estable como lo fue el absolutismo conforme al modelo francés.
De esta manera solucionaron tres problemas: efectividad de órdenes políticas en extensos
territorios; contar con grandes sumas de dinero para solventar sus gastos; y mantener un ejército
propio. Sin embargo, los estados debieron seguir acudiendo a los subcontratos, como lo atestigua la
venta de oficios e impuestos agrícolas.
Las guerras no fueron causa de la crisis del siglo: esta ya venía de hace tiempo y las guerras
solo agravaban la situación, pero no la creaban.

Por qué la revolución industrial no se puso del todo en marcha sino hasta finales del siglo XVIII, y no
mucho antes.

Para que el capitalismo triunfara era necesario que la estructura social de la sociedad feudal
o agraria experimentase una revolución.
La división social del trabajo debe estar muy avanzada para que se incremente la
productividad; para eso es necesario redistribuir radicalmente la mano de obra trasladándola desde
la agricultura hacia la industria.
Lo que Hobsbawm plantea es cómo las consecuencias de los cambios del XVII dieron lugar a
las condiciones para que nazcan condiciones necesarias en una o dos áreas con suficiente amplitud
para dar paso a la revolución industrial, estableciendo con claridad una división del Continente según
el grado de desarrollo económico de las diferentes zonas.

228
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La beneficiaria indiscutible fue Inglaterra, país que salió extraordinariamente reforzado de la


crisis debido a que allí primaron los intereses manufactureros respecto a los comerciales y
financieros.
La crisis del siglo XVII contribuye a explicar, por tanto, el protagonismo inglés en el desarrollo
de la primera revolución industrial durante el siglo XVIII y, en general, la precocidad de Inglaterra en
la formación del capitalismo manufacturero.
Además, la crisis del XVII, a la que hay que contemplar como un momento clave en la
evolución del feudalismo al capitalismo, no presentó idénticas características que la crisis del XIV.
Si ésta tuvo como consecuencia un reforzamiento de la pequeña producción local cuyo modo
de producción sobrevive al colapso de una superestructura de agricultura y comercio señoriales, en
cambio aquélla indujo una concentración del potencial económico.
Tal proceso se verificó en el ámbito agrario en la forma de concentración de tierras en manos
de terratenientes, y en el ámbito industrial al consolidarse la manufactura dispersa (putting- out
system) a expensas de la artesanía gremial.
Ambos fenómenos contribuyeron a acelerar el proceso de acumulación capitalista previo a
la revolución industrial.

La última crisis del modo de producción feudal.

La crisis del siglo XVII aparece como la última crisis del modo de producción feudal porque es
la que preanuncia al modo de producción capitalista. Se da dentro de la sociedad feudal pero está
limitada por la estructura rural de la sociedad feudal, no le permite desarrollarse a fondo.
Interviene aquí lo que Marx denominó acumulación primitiva capitalista.
Mientras exista una producción de autosubsistencia con escaso intercambio tan solo en
mercados locales, hay un obstáculo para que aparezca la producción en masa, base de la expansión
industrial capitalista.
A veces se da por supuesto que el desarrollo de una clase capitalista y de los elementos del
modo de producción capitalista en el interior de una sociedad feudal produce automáticamente estas
condiciones.
Esto es así en el largo plazo (del 1000 al 1800), pero no en el corto, porque la expansión
capitalista se verá obstaculizada por el predominio de una estructura feudal.
En estas circunstancias los negocios pueden adaptarse para funcionar en el sistema feudal
aceptando sus limitaciones y la demanda peculiar de sus servicios convirtiéndose en su parásito
La debilidad de las teorías que atribuyen el triunfo del capitalismo al desarrollo del “espíritu
empresarial” radica en que el deseo de conseguir el máximo beneficio sin limitación alguna no
produce automáticamente la revolución social y técnica que se requiere.
La expansión fue posible y llegó a ser realidad; pero en la medida en que la estructura general
de la sociedad rural no experimentó la revolución, fue limitada o creó sus propios límites, y cuando
tropezó con ellos, entró en períodos de crisis, como fue el caso de las expansiones del XV y XVI.
Si bien, desde el punto técnico, no se solucionaron algunos aspectos de la crisis, Hobsbawm
sostiene que hubo grandes adelantos comparables con los del siglo XVIII.

229
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La concentración económica y la futura industrialización.

Directa e indirectamente, la concentración económica sirvió a los fines de la futura


industrialización.
Directamente, al reforzar la industria domiciliaria a expensas de una producción gremial y las
economías avanzadas a expensas de las atrasadas y activando el proceso de la acumulación de
capital.
Indirectamente, al ayudar a solucionar el problema de suministrar un excedente de
productos agrícolas, y de otras formas.

El caso de Italia.
Una consecuencia inmediata de la crisis fue la declinación de las ciudades italianas (y la de
los viejos centros de comercio y manufacturas medievales en general). Esta declinación pone en
evidencia la debilidad del capitalismo parasitario del mundo feudal.
Los italianos que controlaban masas de capital, las invierten en construcciones y en
préstamos extranjeros durante la revolución de los precios, o sea, distraen los recursos y se vuelven
incompetentes. Su industria de gran calidad no puede competir con manufacturas más ordinarias y
baratas.

Las contradicciones de la expansión: Europa oriental.

En Europa oriental por la especialización en la agricultura y el comercio, a diferencia de


Europa occidental, la superación de la crisis se logró mediante la creación de una agricultura servil en
gran escala, o sea, por medio de una prolongación del feudalismo, lo que provocó que el campesino
se convierta en consumidor de telas locales baratas, disminuyó la riqueza de la nobleza menor en
manos de los grandes magnates, y se sacrificó el comercio activo de las ciudades en pos de los
terratenientes exportadores.

Las contradicciones de la expansión: mercados de ultra mar y mercados coloniales.

Hasta la Revolución Industrial las ventas de manufactura europea no tuvieron importancia.


La conquista de las principales rutas americanas no cambió esta situación, aunque se
disminuyó considerablemente el coste de las mercancías orientales, debido a que suprimió
intermediarios, rebajó los costes de transporte, etc. El beneficio que Europa sacó de estas conquistas
iniciales consistió en una bonificación regular más bien que en un dividendo regular. Cuando eso se
agotó, llegó la crisis.
Estos distintos aspectos de la crisis pueden resumirse en una sola fórmula: la expansión
económica tuvo lugar dentro de una estructura social que, por falta de fuerza, no podía hacer estallar
y según comportamientos que se adaptaban a esta estructura y no al mundo del capitalismo
moderno.
Se debe determinar qué precipitó la crisis, aunque una vez aparecido el primer crack, toda la
inestable estructura feudal se tambaleó.

230
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La industria y las manufacturas

En el siglo XVII estos sistemas se introdujeron decisivamente.


Las industrias rurales no padecían los altos costes de las urbanas y, con frecuencia, el
pequeño productor local de artículos de baja calidad se vio capacitado para expansionar las ventas,
ya que los costosos artículos de alta calidad de las antiguas industrias exportadoras perdieron sus
mercados.
El sistema de trabajo a domicilio hizo posible la concentración regional de la industria, porque
su producción era fácil de aumentar. Fue el más eficaz disolvente de la tradicional estructura agraria.
Por otra parte, su desarrollo a gran escala implica una considerable concentración de control
comercial o financiero. Este sistema contribuyó a incrementar la acumulación de capital en unos
pocos centros de riqueza.
Aunque, el problema de la oferta de capital en los períodos precedentes a la revolución
industrial presentaba un doble aspecto. Por un lado, la industrialización probablemente requería una
previa acumulación de capital mucho mayor de la que el siglo XVI era capaz; por el otro, se requería
una inversión en sitios idóneos

El caso holandés.

En los Países Bajos, los mayores beneficiarios del siglo XVII constituían en muchos aspectos
una economía feudal. Esta economía sobrevivió y floreció acaparando como intermediario comercial
y financiero, el suministro mundial de determinados productos escasos y buena parte de los negocios
mundiales.
Los beneficios holandeses no dependían mucho de las manufacturas capitalistas. Por tanto,
hasta cierto punto, la economía holandesa prestó un flaco servicio a la industrialización: a la suya
propia, por sacrificar las manufacturas holandesas a los enormes intereses creados del comercio y
las finanzas; y a la del resto de Europa, por fomentar la manufactura en áreas feudales y
semicoloniales, donde no era suficientemente fuerte para romper el sistema social más antiguo.

Las condiciones para la Revolución Industrial.

Tres respuestas que explican cómo surge esta “corriente”:


a) el comercio estaba concentrado en los países más desarrollados industrialmente,
b) estos países desarrollaron su mercado interno, y
c) un nuevo sistema colonial basado en plantaciones decisivo para la industria británica.
Además, el mayor logro del siglo XVII fue la creación de una nueva forma de colonialismo.
Los nuevos tipos de colonia fueron, hasta cierto punto, mercados cautivos que dependían de
provisiones de la metrópoli.

Conclusión,

231
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La crisis del siglo XVII proporcionó su propia solución y lo hizo por caminos indirectos y
tortuosos.
De no haber existido países capaces de adoptar con entusiasmo los nuevos sistemas
económicos, no es improbable que la crisis hubiera conducido a un estancamiento o a una regresión
mucho mayores que los que se produjeron.
Pero de todas las economías, la más moderna y la de mayor subordinación al empresario
capitalista fue la inglesa.
La revolución inglesa es el producto más decisivo de la crisis del siglo XVII.

WALLERSTEIN, Immanuel, El moderno sistema mundial, Introducción. ¿Hubo una crisis en el


siglo XVII? y La fase B.

La fase A y la fase B.

Lo que se desprende del estudio de los modelos económicos europeos de 1600 a 1750
(período B) en comparación con el período comprendido entre 1450 /1500 y 1650 (período A) y, de
hecho, con el período posterior a 1750 es un cuadro de medianía económica, un tiempo de respiro,
de reajuste, pero ¿hubo una “crisis” en el sentido que hubo una “crisis del feudalismo “de 1300 a
1450?
Parece ser que no, porque, aunque sus principales síntomas fueron los mismos, la depresión
de 1650-1750 fue mucho más moderada que la grave decaída económica de fines de la Edad Media.

La contracción económica como característica de la economía-mundo capitalista.

La contracción de 1600-1750, a diferencia de la de 1300-1450 no fue una crisis porque ya se


había resuelto en lo esencial la crisis del feudalismo.
La contracción del siglo XVII se produjo dentro de una “economía mundo capitalista” en
funcionamiento.
Fue de las primeras contracciones o depresiones mundiales que este sistema experimentaría,
pero el sistema ya estaba anclado en los intereses de las clases dominantes, y por este motivo éstas
no gastaron sus energías en arruinarlo, sino más bien lo quisieron hacer funcionar en su provecho.
La contracción no fue una crisis económica general en el sentido de un estancamiento o de
una recesión. Más bien fue un período caracterizado por un permanente desequilibrio.
En un período de contracción, el desequilibrio es de hecho una de los mecanismos claves del
capitalismo, uno de los factores que permiten una mayor concentración y acumulación del capital.
En toda coyuntura general, los distintos países reaccionan de diversas maneras, de ahí las
desigualdades de desarrollo que, finalmente, hacen la historia.
Esta situación generó unos cambios espectaculares en la distribución geográfica de la
actividad económica. Aunque hay desacuerdo en los detalles, la mayoría de los especialistas

232
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

coinciden que el XVII fue un siglo negro para España, Italia y Alemania, gris para Francia, pero de oro
para Holanda y de plata para Inglaterra.

La recesión de 1300-1450 llevó a la crisis de una estructura social, la del feudalismo europeo,
mientras que la de 1600 a 1750 llevó a un período de solidificación y organización; marcó el fin del
crecimiento fácil y el comienzo de las dificultades fecundas de la economía mundo capitalista.
Resumiendo los diversos estudios, en los años comprendidos entre 1600 y 1650 (como en
los comprendidos entre 1300 y 1350) el período de expansión económica pareció llegar a su fin.
La expansión primera se produjo en la producción de cereales tanto en el rendimiento por
hectárea como en la superficie total dedicada a ellos. Además, hubo expansiones en otras cuatro
áreas:
a) la población, cuyos ascensos y descensos en esta época no podían dejar de tener relación
con el suministro de alimentos
b) la industria urbana, relativamente monetizada, tanto en sus vinculaciones avanzadas como
atrasadas, que creaba unas altas tasas de trabajo asalariado y nunca estaba demasiado alejada de
unos salarios reales relativamente bajos o al menos en descenso;
c) las reservas de dinero en sus múltiples formas,
y d) el número de empresarios marginales, rurales y urbanos.
Todos estos factores implicaron una expansión para la economía en general, y no fueron
nunca uniformes en los múltiples sectores de la economía.
En 1300 -1350 y 1600-1650, estas expansiones llegaron a su fin por razones similares. Lo que
varió enormemente fue la repuesta del sistema al fin de la expansión.
La recesión de 1300-1450 llevó a la crisis de una estructura social, la del feudalismo europeo,
mientras que la de 1600 a 1750 llevó a un período de solidificación y organización; marcó el fin del
crecimiento fácil y el comienzo de las dificultades fecundas de la economía mundo capitalista.

Características de la contracción entre 1600 y 1750.

Este período es testigo de un reforzamiento de las estructuras del Estado (al menos en los
estados del centro y los semiperiféricos en vías de desarrollo) como forma de hacer frente a la
contracción.
La contracción de 1300-1450 había llevado a una agudización de las luchas de la nobleza. No
es que las guerras fueran desconocidas en el siglo XVII, pero no tuvieron en mismo carácter de
“sangría masiva” de las clases dominantes. Es decir, eran guerras entre estados y no entre barones,
y podían servir para acrecentar la fuerza económica de un país.
En segundo lugar, hubo una constante actividad económica en todas partes, actividad que
vista de cerca parecía ser un signo de prosperidad: la edad de oro para Holanda, la mejoría alemana
de finas del XVII, el constante progreso de la agronomía inglesa, y otra cantidad de acumulación de
pequeñas mejoras. Incluso la rotación de tierras nunca cesó realmente.
Hobsbawm en su artículo dice que la paradoja del capitalismo es que este solo puede
desarrollarse en una economía que ya es sustancialmente capitalista, porque en cualquiera que no

233
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

lo sean, las fuerzas capitalistas tenderían a adaptarse a la economía y sociedad predominantes y no


serían entonces suficientemente revolucionarias.
Para Wallerstein no es una paradoja que una economía mundo capitalista
predominantemente industrial solo pueda surgir de una economía mundo capitalista ya existente,
que fue exactamente lo que sucedió.
Su hipotesis es que hubo un proceso capitalista desde el siglo XVI hasta el XVIII que hizo
posible el desarrollo industrial, y la nivelación de los precios fue un elemento esencial de ese proceso.
Pero existe una diferencia fundamental entre el período que va desde 1450 a 1750, en que
se creó una economía mundo capitalista y se eliminaron otras posibilidades históricas alternativas, y
el período que va desde 1150 a 1450 en que se podría decir que un intento similar fracasó porque la
coherencia política de la economía feudal todavía no se había venido abajo como consecuencia de
sus contradicciones internas.
Esta diferencia fundamental puede observarse en el modelo de redistribución de la renta en
la economía global.

La preservación de los intereses de las capas dominantes.

La crisis socioeconómica había debilitado que la nobleza de tal forma que los campesinos
incrementaron constantemente su participación en el excedente de 1250 a 1450 o 1500. Esto
sucedió en toda Europa tanto occidental como oriental.
No había más que un camino para salir de esta situación que un cambio social drástico.
Este camino fue la creación de un sistema capitalista mundial, una nueva forma de
apropiación del excedente.
La sustitución del modo de producción feudal por el modo de producción capitalista
constituyó la reacción señorial; fue un gran esfuerzo sociopolítico de las capas dominantes para
preservar sus privilegios colectivos, aún cuando tuvieran que aceptar una nueva organización
fundamental de la economía y todas las amenazas resultantes a los modos de estratificación
familiares. Era evidente que había familias que perderían con tal cambio, pero muchas otras ganarían.
Si se analiza el período entre 1450 y 1750 como una larga transición del feudalismo al
capitalismo, se cae en el peligro de reificar el concepto de transición, porque con ellos reducimos el
período de feudalismo puro y de capitalismo puro, y tarde o temprano se llega a cero, al no quedar
sino la transición. La mezcla de empresas, comportamientos y estados no capitalistas con empresas,
comportamientos y estados capitalistas en una economía mundo capitalista ni es propia de un
período de transición ni anómala. La mezcla es la esencia del sistema capitalista como modo de
producción.
Discrepa con Anderson, porque este ve el estado absolutista como una reorganización del
aparato de dominación feudal, mientras que para Wallenstein es una reorganización que implicó la
sustitución de la dominación feudal por una capitalista.
La contracción del siglo XVII no fue una crisis del sistema, sino un período de consolidación
del mismo.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

2) Los límites del sistema.


La pauperización de las clases productoras.
Revueltas populares y campesinas.
Ampliación del mercado de mano de obra.
Pobreza, criminalidad, segregación social.
Las crisis de las fortunas nobiliarias.

GEREMEK, Bronislaw, La piedad y la horca, Capítulo 2, La sociedad moderna y el pauperismo,


Capítulo 3, La nueva política social y Capítulo 4, Prisiones para los pobres.

La sociedad moderna y el pauperismo

La noción de modernidad tendría validez si se limitase el campo de observación al ámbito de


la conciencia social, sobre todo por parte de las doctrinas económicas y del pensamiento sociológico.
En el siglo XVI se produjo una toma de conciencia de los problemas sociales de dimensiones nuevas.

Las consecuencias sociales del desarrollo económico.

Los períodos de Baja Edad Media y la temprana Edad Moderna constituyen en la historia de
Europa, la época de las mutaciones económicas y sociales más diversas.
El historiador ve en ellas importantes asincronías y dispersiones espaciales, que apenas
permiten dibujar un cuadro global.
En consecuencia, las diferencias de las vías de desarrollo y de las posibilidades de progreso
se advierten no solo en el contraste entre cada de las naciones o pueblos, sino también entre una
región y otra, cuyas potencialidades están más o menos determinadas por las condiciones naturales
e históricas.
Con relación a este periodo, la historia económica dispone de instrumentos de investigación
poco precisos (el movimiento de los precios y salarios, la demografía histórica, etc.). Sin embargo, el
objeto de estudio son las consecuencias sociales del desarrollo económico, las transformaciones en
el seno de las estructuras colectivas y de las relaciones entre riqueza y pobreza, o sea, de la coyuntura
social.

La expansión demográfica y el fraccionamiento de la propiedad campesina.

La expansión demográfica tuvo como consecuencia un fuerte fraccionamiento de la


propiedad campesina.

235
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

En el siglo XIV la misma organización social de la economía feudal bloqueaba el desarrollo. La


penetración de las relaciones de mercado en el campo contribuía a una diferenciación campesina y
el surgimiento de grupos acomodados.
El fenómeno fundamental todavía sigue siendo el aumento del número de las pequeñas
propiedades, con rendimientos mínimos e incapaces de soportar cualquier infortunio. La
intensificación del peso de las obligaciones y de los impuestos provoca la rápida degradación de estas
unidades e influye en la organización alimenticia de las familias campesinas.
Así pues, el origen de la crisis hay que situarlo en las condiciones del sistema feudal y en el
modo de explotar los excedentes.

La Revolución de los precios y el empobrecimiento.

La revolución de los precios cambia radicalmente el estado de cosas, desde comienzo del
siglo XVI aumentan todos los precios; esto provoca el fenómeno de las tijeras de los precios, abierta
a favor de los productos agrícolas.
Al movimiento de los precios no le sigue un movimiento de los salarios, que permanecen
estables, que no compensa al costo de vida (y baja así el poder de compra).
El resultado de esto es que los ricos se hacen más ricos, y los pobres más pobres. Por tanto,
en el plano social este siglo de expansión económica es el del descenso del nivel de vida de las masas,
ya que estas parecen pagar el coste de la coyuntura de aquel tiempo y de la modernización del
sistema mundial.

La pervivencia de las estructuras agrarias: la imposibilidad de absorción del excedente demográfico.

En términos generales, ante la crisis del siglo XIV, los señores tenían dos salidas (vías de
desarrollo europeo oriental/occidental).
La segunda crisis general, en el siglo XVII, consolida y desarrolla la diversidad de tendencia,
ya propias del siglo XV: se produce una especie de concentración económica y se profundizan las
opciones precedentes.
Los procesos de protoindustrialización, en los que algunos historiadores ven una pequeña
revolución industrial, introducen poquísimos cambios en las relaciones fundamentales: la tierra sigue
siendo la base del sistema social en Europa, y la tendencia evolutiva general subsiguiente es
conservadora y lleva a la formación de un sistema aristocrático.
La sociedad rural, en la cual no se ha verificado la mutación de las estructuras principales, no
está en condiciones de absorber el excedente demográfico, y la expansión del asentamiento es su
resultado.
La expansión político-militar y las expediciones extraeuropeas del siglo XVI fueron
precisamente la consecuencia de la incapacidad de la sociedad feudal para absorber el crecimiento
demográfico.
El incremento de la población motivaba la presencia de un mayor número de personas en el
mercado de trabajo y el aumento de los desocupados y de los miserables (Países Bajos, Inglaterra,
Francia, Italia septentrional, Alemania meridional, Castilla).

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Población y desarrollo demográfico se presentan como un problema de la desocupación,


cuyas causas pueden ser de doble naturaleza: o el exceso de la oferta de las prestaciones o la
insuficiencia de las demandas.
En la época preindustrial, el aspecto dominante es la escasez de la demanda por parte de los
empleadores, por otra parte, en los potenciales trabajadores se entrevé la aversión o la incapacidad
de trabajar en las nuevas condiciones sociales y culturales.

Las crisis del hambre.

Al estudiar las líneas generales de la evolución social en Europa nos tropezamos con el
problema de las crisis del hambre.
El medioevo conoció la calamidad del hambre como un peligro constante, incluso en los
períodos de prosperidad rural y de aumento de la producción del grano.
En las sociedades que nos ocupan, la miseria parece constituir un fenómeno endémico, tanto
en su dimensión física, o mejor fisiológica, como en la sociológica.
La vida de las grandes masas se mantenía en el límite de la subsistencia y en consecuencia
bastaba una pequeña mutación en la frágil relación entre rentas y precios, o entre presupuesto
alimenticio y la cosecha, para que aparezcan una multitud de pordioseros.
La miseria estructural se manifestaba en la presencia de grandes grupos que se veían
empujados a solicitar la caridad, fenómeno que era tolerado por el sistema, ya que eran el objeto de
interés de la política social de las autoridades y de los organismos especializados.
La miseria coyuntural, derivada de las fluctuaciones económicas y las crisis alimenticias,
rompían el marco de dicha política, no hallando otras respuestas que el miedo, la amenaza, el cierre
de las puertas de las casas y ciudades.
El pauperismo adquiere otra dimensión cuando es el resultado de las transformaciones de
las estructuras rurales, es decir, de una de las salidas antes descritas, la mutación en el sentido
capitalista, procesos que suponen los procesos de primeras acumulaciones capitalistas (en los países
en donde hay una refeudalización hay más vagabundos antes que pauperes, ya que la haraganería se
entrelaza con el desplazamiento y corta, por tanto, el sistema de las dependencias personales).

La dimensión del pauperismo44.


La concentración de la tierra y el empobrecimiento de las masas campesinas.

Los procesos de empobrecimiento de los hombres, al igual que los de enriquecimientos, no


pertenecen de forma exclusiva a un sistema social o a un modo de producción.
La coyuntura social del tardomedioevo y de la Edad Moderna está determinada por algo más:
la tendencia a la depauperación45, ligada a su papel en la formación de un nuevo sistema: el
capitalismo.

44
El pauperismo es un término que significa pobreza o, en general, el estado de ser pobre, pero en
el uso del inglés, particularmente la condición de ser un "mendigo".
45
Empobrecimiento.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La situación ha cambiado: en la mentalidad social la existencia de mendigantes como masa


de no trabajadores parece dañina y disfuncional y, por otro lado, la depauperación constituye la
condición para el desarrollo del capitalismo, determinando la primera forma de acumulación.
Para finales del siglo XVII cerca de las ¾ de las tierras estaban en manos de grandes
aristócratas, creando así estímulos para las inversiones en la tierra y para el desarrollo tecnológico,
permitiendo en Inglaterra que escapen a las primeras crisis de la Edad Moderna.
No obstante, este progreso estaba condicionado por un descenso inicial del nivel de vida de
la mayor parte de la población campesina, así como por el alejamiento de una gran masa de población
campesina de la agricultura.
Ambos fenómenos colocan a la depauperación entre los procesos de formación del
capitalismo.
Sin embargo, el autor dice que es necesario expresar algunas objeciones al modelo inglés de
transformación rural.
En otros países el proceso de transformación del sistema rural esta notablemente diluido en
el tiempo y es menos uniforme, al conservarse las viejas estructuras de poder se frenaba el desarrollo
de la gran propiedad de tipo inglés.
En otras palabras, la población debía soportar un doble peso: una mayor explotación feudal,
que obstaculizaba el progreso tecnológico y las iniciativas del tipo de los farmers y por otro, un
creciente drenaje fiscal por parte del estado absolutista.

El origen rural del pauperismo y los procesos urbanos de pauperización.

En la situación social de la ciudad, así como en el campo, las raíces a del pauperismo hay que
buscarlas en la descomposición de las estructuras medievales.
Para comprender la complejidad de las transformaciones sociales de la época moderna,
conviene tener en cuenta la distinción entre la ciudad y el campo.
El origen propio y auténtico del pauperismo está en el campo; incluso en lo que se refiere a
la ciudad también se trata de emigrantes del campo.
Los verdaderos orígenes de este fenómeno estuvieran vinculados con las transformaciones
de las estructuras agrarias, en tanto aquel se manifestaba de manera plena en las ciudades,
constituye solo una paradoja aparente.
Pero también en la ciudad se producen procesos internos de pauperización: el antiguo
artesanado ya no podía competir ni asegurarse un lugar en el mercado y caían en el nivel de los
asalariados. Estos grupos pueden conseguir medios de subsistencia, en el mercado urbano, pero
¿cómo crearse condiciones a gran escala para absorber a todos?
Incluso los antiguos centros se van a ver desbordados por el dinamismo de la evolución
industrial.

La nueva política social. Los decisivos años veinte del siglo XVI.

La escasez de los años 1526 a 1535 pone de manifiesto el conflicto entre el incremento
demográfico y la penuria de alimentos, la haraganería se convierte en un fenómeno de masas y se

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

intensifica la ola de medidas represivas para con los pobres. Pero también el alcance de la crisis social
de aquellos años se refleja en las rebeliones populares, en las guerras y en las agitaciones urbanas y,
sobre todo, campesinas.
El problema de los pobres estaba bajo tutela del Parlamento, mientras que el tesoro regio se
ocupaba de financiar. Por otro lado, tampoco carecía de importancia la Universidad, que perpetuaba
una autoridad teológica y doctrinal de gran peso en el mundo cristiano.
Desde comienzos del siglo XVI se desarrollaban en París discusiones e iniciativas sobre la
reorganización de la administración hospitalaria. Pero las medidas son flojas y no tienen proporción
con el problema, haciendo que el número de pobres no disminuya.
Venecia.

La amenaza de epidemia lleva a la adopción de medidas de aislamiento de los pobres. Los


que sean sorprendidos mendigando serían llevados a prisión. Se preparan cuatro hospicios para llevar
a los pobres, pero los pobres se rebelan ante la reclusión, se producen actos de violencia contra los
guardias y los mendicantes no desaparecen de las calles de la ciudad.
En los hospicios empieza a ser chico el lugar, y deciden expulsar a los sanos dejando
solamente a los enfermos. Un año después de la epidemia si bien el gobierno intenta darle asistencia
a los pobres también intenta no favorecer el parisitismo, se diferencian entre los útiles y los que no
pueden hacer nada y se reglamentan sus acciones; pero no se lleva a cabo una reorganización de las
instituciones de caridad. Una vez debilitada la crisis, la operatividad de las medidas venecianas de
desvaneció.

Ypres46.

Este es un caso de pobreza urbana: prohibición de mendigar, asistencia organizada para los
verdaderos pobres, represión de vagabundos y creación de una caja común: la ciudad asume la
responsabilidad de la asistencia social.
En el 30, diferentes órdenes se oponen a tales medidas criticándolas, pero en realidad el
hecho que les molesta es que se les sacaría de sus ingresos para tales reformas.
La clave de la disputa es la interpretación del imperativo cristiano de ayudar a los pobres.

Las reformas de la caridad.

Las decisiones de ese segundo decenio del siglo XVI en el sentido de reorganizar la asistencia
a los pobres pueden considerarse como el punto de partida de una nueva política social.
El entrelazamiento de la problemática represiva con la reorganización de la asistencia social
y la necesidad de asegurar un poder ejecutivo a los programas de las autoridades ciudadanas
requerían la adopción de decisiones por parte del poder estatal.

46
Ypres es una ciudad en el noroeste de Bélgica.

239
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

En ningún caso cabe afirmar que la moderna política social fuese aceptada por la comunidad
local ni que el modelo de comportamiento respecto a la miseria, al trabajo y al interés público fuese
homogéneo.
Las iniciativas represivas contra los mendigantes y los vagabundos hacían mella en los
sentimientos de solidaridad de la comunidad local y de los estratos populares. Todo esto encontraba
su expresión en las discusiones políticas a escala de gobierno central y de asambleas de
representante, pero también de instituciones locales, en la dificultad de llevar a la práctica la nueva
política, así como en las disputas ideológicas y en la vasta literatura polémica.
Se puede llegar a la conclusión de que a finales de siglo XVI se agota la gran “controversia
sobre la misericordia”. Esto no significa en absoluto que quede cerrada, sino que continúa en el siglo
siguiente, tanto en la práctica de la asistencia social como en la literatura religiosa y ética. Pero la
obra de la reforma de la caridad deja de tener el carácter de herejía municipal, peligrosa para los
intereses de la Iglesia.
La reforma se vincula a la razón de Estado, a las prerrogativas y a la ideología del Estado
moderno, el cual configura su aparato represivo precisamente en la lucha contra la haraganería y
contra los peligros sociales de la miseria.
Este aspecto concreto público estatal de la problemática de reforma de la asistencia social se
clarifica posteriormente, al igual que la cuestión de la actitud hacia los mendigantes, si los situamos
en una dimensión de universalidad, esa dimensión constituye una parte integrante de la ideología del
Estado moderno en el siglo que formula en concepto y la doctrina de la “razón del Estado”.

Prisiones para los pobres.

Antes de que la prisión llegase a ser un medio a gran escala para el castigo de los
delincuentes, la Europa moderna la había utilizado como instrumento de realización de la política
social en relación con los mendigantes.
Después de la segregación forzada de los leprosos y posteriormente de los apestados, llega
el turno de los locos y mendicantes.
La “gran reclusión” de los mendicantes de los siglos XVI y XVII constituye la culminación de la
nueva política social, y la afirmación del Estado Moderno.

En Italia ya durante los últimos siglos de la Edad Media se ponen en práctica en toda la
península itálica algunas iniciativas de centralización de los hospitales y de la asistencia a los pobres.
El enorme desarrollo de congregaciones caritativas requirió reordenar y reorganizar y crea la
necesidad de fundar instituciones especializadas.
En el Concilio de Trento se prestó gran atención a esto y se decretó la intervención de los
poderes eclesiásticos en la caridad y la legitimación católica del movimiento de reforma de asistencia
social.
La abundancia de limosnas y de instituciones caritativas en Roma favorecía de manera
evidente el desarrollo de la mendicidad y atraía a mendicantes de todas partes, hasta se llegaron a
organizar con fines delictivos. A causa de esto se llegó a proponer crear otra ciudad para los
mendicantes (increíble que se convierta en una línea de política social evidente)

240
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La concentración de los mendicantes y la reclusión de los pobres, están vinculadas a una


afirmación demostrativa del ethos del trabajo en los países que emprender el desarrollo capitalista y
a la vez, a la evolución de la doctrina penal moderna.
Esta alternativa de castigo y de educación de los pobres a través del trabajo proviene de la
reforma de la caridad que se produce en aquel tiempo: sus ideas fundamentales se pueden encontrar
en Vives, Moro, etc. No obstante, esta reforma se realizaba únicamente a través de sucesivas y
variadas experiencias sociales, cuya realidad estaba muy lejos de la utopía humanista.
(El autor agrega que la combinación de cárcel + trabajo da como resultado la fábrica, de ahí
la organización de ésta, el reglamento interno, las normas de disciplina o el aspecto exterior).

WOOLF, Stuart. Los pobres en la Europa moderna, Estamento, clase y pobreza urbana.

Los pobres: entre la práctica y el discurso.

Lo que significa pertenecer a un estamento determinado aparece como inequívoco en el


discurso de aquellos que afirmaban pertenecer a un cuerpo privilegiado. Pero los testimonios de la
práctica coetánea son muchos más ambiguos. Por medio de la usurpación furtiva o la apropiación
indebida de un titulo, de un status, de un estilo de vida, por medio de la explotación de prácticas
simbólicas, un sujeto carente de privilegios podía reclamar la categoría social de un noble.
Dichas cuestiones sobre la ambigüedad entre la práctica y el discurso son propias para una
discusión sobre los pobres. El contraste entre práctica y discurso puede describirse como el existente
entre la práctica económica y la percepción social.
La pobreza era una realidad económica recurrente que padecía una gran proporción de las
clases trabajadoras de todas las sociedades europeas en todos los períodos. Ser pobre no significaba
ser distinto a los demás, precisamente porque la pobreza era una condición normal.
Por otro lado, además, todas las partes percibían como algo distintivo el hecho de ser descrito
como pobre.
El tamaño medio de la familia trabajadora sin propiedades era pequeño, con casamientos a
edad avanzada, altas tasas de mortalidad infantil, o desamparo y abandono de la tutela familiar a
temprana edad. Lo más probable era que los individuos y las familias pasaran a la condición de pobres
durante períodos más o menos largos de desempleo o subempleo. Y esta pobreza era una realidad
tanto en el periodo preindustrial como en sociedades completamente industrializadas.
¿Qué relevancia tienen estos hechos demostrados sobre la pobreza y las causas del
empobrecimiento en una discusión sobre los conceptos de estamento y clase?

Destreza y status.

241
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La cualidad crucial que fundamentaba las clasificaciones de los miembros de los distintos
cuerpos y de las jerarquías dentro del tercer estado era la “destreza”, donde las habilidades técnicas
eran de una naturaleza extremadamente simple.
Era relevante la cualificación profesional o públicamente reconocida, que confería el titulo
legítimo de la propiedad de una destreza, a menudo la única posesión de los trabajadores. La
propiedad de una destreza actuaba como una distinción fundamental en tres aspectos:
- En términos económicos, determinaba el nivel de los salarios, con una clara división entre
trabajadores cualificados y no cualificados.
- En términos de relaciones sociales, definía el status.
- En términos de reproducción social, actuaba como filtro extremadamente selectivo, que
impedía el paso a un nivel superior de habilidad excepto a la pequeña minoría favorecida por
nacimiento, matrimonio, o protección.
El corolario era que aquellos que carecían de destreza, o se encontraban fuera de una
organización corporativa, estaban condenados a bajos niveles salariales, con repetidas caídas en la
condición de indigencia. Por las mismas razones, se los consideraba socialmente inferiores, semillero
de pobres, necesitados de asistencia y potencialmente peligrosos.
Pero la movilidad de la realidad económica de los mercados y de los procesos de producción
podría acabar con la mayor seguridad aparente de los individuos o familias que poseían una destreza,
y así lo hizo repetidamente.
El contraste entre la realidad económica y la percepción de la identidad social se revela quizás
con mayor claridad en el caso de los trabajadores cualificados en declive.
El vocabulario social que expresaba la contradicción entre la práctica y el discurso es evidente
en el enunciado y en el concepto de “pobres vergonzantes”. El mismo hecho de que se inventase tal
categoría y de que originase una amplia polémica y grandes esfuerzos por crear organizaciones de
socorro en los albores de la Edad Moderna da idea de cómo las etiquetas sociales pueden influir en
la conducta social.

La imagen social de la pobreza: la caridad.

La pobreza era, además de una realidad económica, una imagen social (que ha variado con
el tiempo, y por tanto debe ser interpretada como un concepto relativo, es decir, relativo a las
expectativas de una sociedad concreta).
La caridad puede definirse como la institucionalización de la imagen social de la pobreza.
Estaba regulada por un diálogo simbólico de comportamiento tácitamente aceptado por ambas
partes.
Las relaciones sociales que daban forma a la caridad se regían por un amplio espectro de
reglas que afectaban tanto a los individuos como a las instituciones, y que contenían sin excepción
tres asunciones fundamentales.
- La primera era la invasión de la intimidad; los individuos que solicitaban ayuda (salvo los
vergonzantes) se veían obligados a hacerlo públicamente.
- La segunda, era la sujeción a un modelo de comportamiento, el cual conjugaba la diferencia,
el respeto, y la gratitud.

242
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

- Por último, había formas específicas de comportamientos que eran desaprobadas y


normalmente reprimidas porque, llevadas a sus extremos, ponían en peligro las dos asunciones
previas. Así pues, el vagabundo y la guitonería, por una parte, y la mendicidad no regulada y las
limosnas caritativas, por la otra, eran inaceptables, por cuanto negaban la condición de la
identificación individual, que era una parte esencial del nexo caritativo.

Los pobres y las masas trabajadoras.

La gente trabajadora se sentía cercana a los pobres precisamente porque la pobreza era una
condición que había experimentado o previsto. Sin embargo, los testimonios de solidaridad tienen
que interpretarse en compañía de actitudes defensivas que los trabajadores adoptaron
frecuentemente hacia los pobres.
La constante redefinición y revaluación de las especializaciones y del trabajo, el uso de la
tradición y de la costumbre como medio de excluir a los trabajadores y a todos aquellos a quienes no
se reconocía la posesión de una habilidad, apuntan hacia una separación tanto de los patrones como
de los pobres.
Ahora bien, dado que entre los pobres con trabajo coexistían sentimientos de solidaridad y
de exclusión, es importante considerar qué papel jugó la caridad como contrapeso de la solidaridad.
Sin embargo, no parece prudente asumir que los valores de la aristocracia obrera, dados en
un espacio de tiempo relativamente corto, fueran válidos para los trabajadores pobres, durante
periodos mucho más largos.
Es más lógico afirmar que, en ciertas capas de los pobres, la vergüenza estaba siempre
asociada a la caridad debido a las connotaciones morales y religiosas del estrato social. Era, en este
sentido, la consecuencia directa de la interpretación social que hacían de la pobreza los que no eran
pobres.
Pero la propia extensión y profundidad de la categoría de pobre, consecuencia de su
identificación casi total con las clases trabajadoras, desde el punto de vista económico, y de la
vulnerabilidad de los que o bien poseían una destreza o bien tenían unos recursos materiales
limitados, se opone a cualquier tipo de conclusión sobre la cohesión o la homogeneidad social de los
valores y de los comportamientos.
En cuanto a la relación de los pobres con la clase obrera en el momento en que la
mecanización, el sistema fabril y la urbanización ganaban terreno, en el siglo XIX, se puede verificar
una profundización de la percepción de las diferencias entre los trabajadores y los pobres.
La apropiación de la imagen social de la pobreza por la clase trabajadora cumplió la función
de asegurar que los pobres permaneciesen aislados pues, más que un potencial para la solidaridad
de clase, se los consideraba una amenaza para los salarios y el empleo.

243
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3) Las alternativas al absolutismo.


Las revoluciones en Inglaterra y los Países Bajos.
El ideario popular extremista.
El debate constitucional y el parlamentarismo en Inglaterra.

DUCHHARDT, Heinz, La época del Absolutismo, Alternativas al Absolutismo y La Glorious


Revolution.

Alternativas al Absolutismo.
Tendencias de la investigación del absolutismo.

Los actuales estudios sobre el absolutismo buscan factores no absolutistas en el absolutismo,


los elementos tradicionales en los Estados absolutistas y tendencias absolutistas en sistemas sociales
abiertamente no absolutistas (tendencias que en definitiva fracasaron o tuvieron un éxito limitado).
Aunque se reconozca el esfuerzo por corregir imágenes “típicamente ideales” y relativizar un
cuadro “armonioso”, se corre el peligro de difumar las fronteras entre los diversos Estados de la
época del “absolutismo” y hacer que pierdan sus perfiles.
Sería fatal que esta tendencia arrumbara la interpretación según la cual algunos Estados
europeos se desligaron intencionadamente de la evolución hacia el absolutismo.
Esta actitud corresponde sobre todo a Gran Bretaña, cuya “vía singular” fue la gran
“alternativa al absolutismo”.

La vía singular inglesa.

Partiendo de una oposición de principio a la forma del absolutismo monárquico, manifiesta


en la figura constitucional del King in Parliament, se desarrolló allí en el siglo XVII un modelo de Estado
y sociedad completamente distintos, habida cuenta de que en Inglaterra no se daban algunas
condiciones estructurales que en otras partes trajeron consigo el absolutismo
Faltaba un pretexto para el “gobierno de excepción”, el apremio para salvar la unidad del
Estado mediante un gobierno absoluto, pues Inglaterra no se vio en esencia afectada por guerras
civiles de religión y la crisis del Estado de raíces dinásticas se había superado.

Crisis institucional

En el inicio a la “vía singular” se produjo una crisis institucional que planteaba el problema
de encontrar un equilibrio entre parlamento y rey.
La renuncia a la participación del parlamento en el gobierno supuso una prolongada
inhibición en política exterior, e Inglaterra dejó de intervenir en la guerra europea ya en 1630.

244
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

El conflicto constitucional latente se agudizó por el descontento creciente provocado por el


enorme aumento de los costos de mantenimiento de la corte.
Se produjo una guerra civil47 en la que ambas partes intentaban el restablecimiento de un
estado de derecho anterior. Fue un enfrentamiento que (de manera parecida a la Fronda) alentó
continuamente a la discusión sobre teoría política y del Estado y dio origen a una actividad
publicística.
Esta actividad contribuyó a dejar en claro de forma indirecta las peculiaridades de la
constitución social inglesa que ni si quiera la guerra civil puso seriamente en peligro: un estable
entramando de dominio que no por ello dejaba de posibilitar al individuo una considerable movilidad
y la coexistencia de diferentes orientaciones religiosas en el seno de una nación.
La victoria del Parlamento en la guerra civil, que introdujo rasgos innovadores en el ámbito
de la administración y la organización militar, no significó en absoluto una vuelta a la estabilidad
política, sino que trajo consigo nuevos enfrentamientos y culminó en el cambio revolucionario de
todo el sistema político. Una segunda guerra civil, concluida la cual quedó liquidada, junto con el rey,
el sistema político vigente hasta entonces.
Con las tendencias absolutistas de los dos primeros reyes Estuardos, Inglaterra no había
quedado afuera de la tendencia “normal” de los Estados europeos, y el hecho de que en el transcurso
de la “revolución” se formara un ejército eficaz y muy moderno había colocado incluso al país a la
cabeza del proceso europeo.

47
Guerra Civil Inglesa (o Guerras) es el término con el que se hace referencia a la serie de conflictos
armados y maquinaciones políticas que tuvieron lugar entre los realistas y los parlamentarios desde
1642 hasta 1651, y particularmente a la primera (1642-1645) y a la segunda (1648-1649) guerras
civiles entre los seguidores del rey Carlos I de Inglaterra y los que apoyaban al Parlamento.
Las guerras llevaron al juicio y ejecución de Carlos I, el exilio de su hijo Carlos II, y la sustitución de la
monarquía inglesa por la Mancomunidad de Inglaterra (1649–1653) y luego un protectorado (1653–
1659) bajo el gobierno personal de Oliver Cromwell.
El monopolio de la iglesia de Inglaterra sobre la religión cristiana en Inglaterra acaba, y una nueva
aristocracia protestante se estableció en Irlanda.
Se sentó un precedente respecto al gobierno de un rey, que no puede mandar sin consentimiento
del Parlamento y de su pueblo.
La Primera guerra civil inglesa comenzó en 1642 y finalizó en 1646.
El enfrentamiento entre el poder parlamentario y el poder real se saldó a favor del primero,
moderando el rey su política absolutista y viéndose controlado por el parlamento.
La Segunda guerra civil inglesa (1648 a 1649) fue el segundo episodio de las tres guerras conocidas
como la guerra civil inglesa. Consiste en una serie de conflictos militares y políticos entre las fuerzas
del bando Parlamentario dirigido por Oliver Cromwell y el bando Realista de Carlos I de Inglaterra.
Las disputas entre los partidarios del rey Carlos I que se encontraba encarcelado por las fuerzas
parlamentarias y los del Parlamento largo persistieron. Sin embargo, los escasos apoyos monárquicos
entre los propios parlamentarios cesaron cuando el rey escapó, se alió con los escoceses y
desencadenó de nuevo la guerra civil en 1648.
El fin del enfrentamiento supuso el enjuiciamiento por alta traición del rey. Fue decapitado el 30 de
enero de 1649. En consecuencia, se proclamó la única república en la historia inglesa.

245
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Pero lo que fundamentó la peculiaridad del ejemplo inglés fue precisamente el hecho de que
el triunfador de un conflicto (nada anormal) entre Corona y parlamento estamental no fuera la
monarquía.

Debate constitucional: el reforzamiento del Parlamento y la libertad del individuo.

El nuevo orden del Estado (ahora republicano) impulsó otra vez el debate constitucional.
La resistencia política y militar debió instituirse frente a la monarquía sagrada. Se debía dar
al Estado un nuevo “fundamento ideológico” por el recurso a la soberanía popular, lo que implicaba
una revalorización del Parlamento, al que se le concedió funciones ejecutivas.
Los debates del momento sobre teoría constitucional destacan el tema del individuo libre
dotado de libertad de conciencia e igualdad ante el derecho, en cuanto núcleo de toda organización
estatal, y por lo tanto con capacidad para relegar todo ordenamiento estamental del Estado.
Este individuo vendría a ser el modelo directivo de una nueva época (aunque en el momento,
este debate sólo tuvo un éxito práctico limitado, hasta 1653 y 1660).
Las medidas de 1689 – 1701 condujeron, por un lado, a la confirmación del Parlamento en el
armazón constitucional y, por otro, a la primera o nueva redacción de los derechos de libertad de los
súbditos. En tercer lugar, a una regulación sucesoria vinculante.
Precisamente, en la cuestión de la sucesión, el parlamento demostró expresamente su nueva
supremacía política, su función de órgano de control. Las demás resoluciones constitucionales
dejaron bien en claro el nuevo reparto de competencias entre el Parlamento y corona:
-El rey debía renunciar a la prerrogativa (utilizada a menudo por los Estuardos) de dispensar de las
leyes, o incluso poder derogarlas.
-En tiempos de guerra sólo podía mantener un ejército con la aprobación del Parlamento.
-El poder tributario sería “en lo esencial un acto de la práctica parlamentaria”; y las convocatorias
regulares del mismo, cuyos períodos legislativos fueron fijados por primera vez con exactitud debían
garantizar un control parlamentario eficaz.
Además, la independencia de la jurisdicción y la seguridad ante del derecho deberían quedar
garantizadas por la imposibilidad de destituir a los jueces; la ley de tolerancia aseguraba a los
protestantes no conformistas, situados fuera de la iglesia estatal, al menos el ejercicio libre y no
discriminado de la religión.

Inglaterra a contracorriente con el continente: el desarrollo económico y comercial.

Así se ve hasta qué punto Inglaterra se había asegurado un puesto privilegiado desde el punto
de vista constitucional en la Europa contemporánea.
En un momento en que el absolutismo se imponía definitivamente por todas partes,
Inglaterra se había decidido por una reducción sensible de la autoridad del rey, por una clara
revaloración del gremio estamental en el Parlamento y por un mayor campo de acción y protección
del ámbito del individuo.

246
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Fundamental en este proceso fue la teoría constitucional de John Locke, que partía de la
necesidad del contrato social, al igual que Hobbes cuatro décadas antes, si bien éste había llegado a
la conclusión de un gobierno absoluto.
No fue sólo esta decisión constitucional a favor de un sistema de soberanía dominado por el
Parlamento lo que hizo de Inglaterra el modelo admirado por Europa Continental, sino también la
idea de que las condiciones estructurales para la prosperidad financiera y el auge económico y
comercial eran más favorables en los Estados parlamentarios estamentales que en las monarquías
absolutas.
Y ello quedó demostrado desde que el “Estado comercial” que era Inglaterra se decidió a
aceptar el reto mercantil de Holanda: fue significativo que el impulso del comercio inglés no se viera
obstaculizado en medio de los disturbios revolucionarios; Cromwell y su Parlamento fomentaron el
comercio exterior inglés con las leyes de navegación (1651) y procuraron robustecerlo contra la
competencia holandesa; la corona luego de la restauración institucionalizó un trato permanente con
los comerciantes, pero sólo intervino de forma vacilante y excepcional con el comercio transatlántico,
por ejemplo mediante la fundación de compañías monopolísticas.
En Inglaterra no se dio nunca un mercantilismo en sentido continental, sino en todo caso un
mercantilismo no reglamentado por el estado.
A la revolución política correspondió la Commercial Revolution, basada en la superación de
la dependencia unilateral de la producción interior lanera.
Se hace de Inglaterra la primera potencia mundial número en el comercio intermediario de
bienes de exportación, favorecida desde el punto de vista socio-histórico por la eliminación de las
fronteras estamentales hasta un grado desconocido en cualquier otro país del continente, y por la
intervención de la alta nobleza y la gentry.
El modelo inglés también resaltaba en cuanto a la investigación científica.
En 1662, se crea la primera academia científica al instituirse la Royal Society, que debía
dedicarse a todo el abanico de investigaciones científico-naturalistas y al desarrollo del conocimiento
técnico relacionado con la práctica (por ejemplo, en cuestiones de navegación).
Pero al contrario de la Académie des Sciences (francesa), a la que se le prescribieron
proyectos de trabajo desde la política central, la Royal Society gozó de plena libertad en sus proyectos
y perspectivas científicas.
El resultado de estas políticas de investigación no dirigida por el Estado, sino derivada de la
responsabilidad personal de los científicos fueron los destacados éxitos en las ciencias, de la mano
de un intenso y libre intercambio de opiniones.

La Glorious Revolution48: conservadora y aristocrática.

48
La Revolución Gloriosa fue el derrocamiento de Jacobo II en 1688 por una unión de Parlamentarios
y Guillermo de Orange.
La Revolución está fuertemente asociada con los sucesos de la Guerra de los Nueve Años de la Europa
Continental, y se puede ver como la última invasión con éxito de Inglaterra.
Puede argüirse que con el derrocamiento de Jacobo comenzó la democracia parlamentaria moderna
inglesa: el monarca nunca volvería a tener el poder absoluto, y la Declaración de Derechos se
convertiría en uno de los documentos más importantes de Gran Bretaña.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La Glorious Revolution de 1688/1689 es pensada, en general, como uno de los momentos


decisivos del desarrollo de la constitución inglesa.
Para los historiadores del siglo XIX, la Glorious Revolution destacaba ventajosamente sobre
las demás por no haber sido obra de las masas populares, sino por haberse llevado a cabo de forma
“correcta”, es decir, controlada.
En cambio, la falta de raíces “populares” del golpe de Estado de 1688 llevó a los historiadores
británicos del siglo XX a reprocharle que se tratara de una revolución llevada a cabo “solo” por las
clases poseedoras en intereses, precisamente, de esas mismas clases.
Los whigs49 y los tories50 (junto a Guillermo de Orange) se coaligaron contra los intentos
evidentes de re-catolización manifestados por el monarca y contra su tendencia a alterar la realidad
de la constitución inglesa en sentido absolutista, de manera que los sucesos de 1688/1689 podrían
calificarse de reacción aristocrática.
Hay que destacar la tesis de Burkes, según la cual en 1688 no se habría producido revolución
de la nación inglesa, sino que meramente se habría impedido una revolución del rey.
El potencial revolucionario era muy escaso, en comparación con el de 1640. No se hablaba
de un nuevo orden revolucionario, sino de asegurar la sustancia constitucional.
En el “paquete global” de la Revolution Settlement no es posible, desde luego, pasar por alto
algunos puntos concretos “revolucionarios”, como el del cambio de gobierno por la fuerza y la
interrupción del derecho sucesorio dinástico, pero en conjunto la Glorious Revolution se ha de
considerar un asunto de carácter más bien conservador y aristocrático.
El ejemplo de Inglaterra es una muestra de cómo las líneas de desarrollo a partir del
ordenamiento dualista del final de la Edad Media no llevan de por sí al absolutismo, a la victoria de la
monarquía sobre los estamentos, sino que estos podían lograr delimitar el poder del príncipe, y que
la monarquía absoluta no suponía la eliminación de los estamentos, sino que buscaba la paralización
de las asambleas estamentales y la limitación de los organismos de administración estamental para
integrarlos al régimen estatal.
(Secuencia cronológica de la revolución/guerras civiles vendría dada por los reyes Estuardo, luego
por Jacobo I, Carlos I, Cromwell (quien disolvió el parlamento por un tiempo), y luego Carlos II quien

Los poderes del Rey fueron restringidos fuertemente; ya no podía suspender las leyes, crear
impuestos, o mantener un ejército permanente durante tiempos de paz sin el permiso del
Parlamento.
La deposición del monarca católico Jacobo II acabó con cualquier oportunidad de que el catolicismo
fuese restablecido en Inglaterra; y también condujo a la tolerancia de los protestantes no
conformistas.
49
El término whig corresponde al antiguo nombre del Partido Liberal británico. Rechazaban el
anglicanismo y la monarquía absoluta.
50
Tory es el nombre con el que se denomina a quien pertenece o apoya al Partido Conservador
británico. Los ataques de Jacobo II a la Iglesia de Inglaterra llevó a algunos tories a apoyar la
Revolución de 1688, pero en su mayoría se opusieron al cambio dinástico. Se los consideraba
jacobitas, lo que les mantuvo apartados del poder durante prácticamente todo el siglo XVIII.

248
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

sería el “restaurador” de la casa de los Estuardo, y con quien se calmarían las guerras civiles y se
pondría en marcha la revolución en la práctica).

El caso de la Confederación Suiza.

Suiza se constituía como una Confederación de la que participaban 13 corporaciones.


Era un “entramado federal” que compendiaba la gran multiplicidad de lugares, y su centro
se hallaba en la Dieta, un congreso de delegados no definido, que se reunía con relativa frecuencia.
La confederación Suiza es un ejemplo de uniones estatales que conservaron en gran medida,
desde el punto de vista del derecho constitucional, elementos medievales y sólo en parte recorrieron
el camino hacia la formación del Estado moderno.

La República de los Países Bajos51.

Una “confederación sin monarca” se había constituido en la lucha contra el imperio español
en forma de comunidad de siete provincias autónomas en las que los estamentos eran los portadores
de la soberanía y de la vida política.
Los estamentos provinciales estaban dominados por grupos muy diversos (terrateniente,
patricia, burguesa, aristocrático-nobiliaria), que a su vez enviaban delegados a los Estados Generales
quienes decidían de forma subsidiaria, en situaciones que no llegaban a los estados provinciales.
Sin embargo, en la práctica política era una provincia la que dirigía la confederación de
Estados: Holanda.
De esta forma, los Oranges encarnaron tendencialmente una especie de monarquía
embrionaria.

51
La República de los Siete Países Bajos Unidos, o simplemente Provincias Unidas, fue un Estado
formado por las siete provincias del norte de los Países Bajos (Frisia, Groninga, Güeldres, Holanda,
Overijssel, Utrecht y Zelanda), agrupadas desde la Unión de Utrecht (1579) hasta la ocupación
francesa (1795).
La cohesión de las provincias fue posible gracias a la hegemonía de la burguesía y el liderazgo de la
provincia de Holanda.
Su poder creció hasta convertirse en una de las potencias marinas y económicas del siglo XVII,
considerada "época dorada" en los Países Bajos, cuando establecieron colonias y puestos mercantiles
alrededor de todo el mundo.

249
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

SMIT, Jacobus Wilhelmus, Revoluciones y rebeliones, La Revolución de los Países Bajos.

Algunos historiadores afirman que no hubo una revolución52, sino una revuelta y otros tratan
de situar este acontecimiento a la cabeza de una larga serie de revoluciones.
Pirenne ofrece una hipótesis anacrónica; para él hubo una revolución producto de una
economía capitalista en rápido crecimiento, la formación de clases burguesas y obreras y las
exigencias de un Estado nacional y una conciencia nacional creciente que se combinan contra el
gobierno extranjero de los Habsburgo españoles.
Smit tratara de dar una definición de los términos “revolución” y “precondiciones”.
La revolución es la continuación, por medio de la fuerza, del proceso ordinario de negociación
sociopolítica.
En la Revolución neerlandesa, este enfoque nos puede ayudar a centrarnos en la naturaleza
de las relaciones de poder, a identificar los grupos de poder en pugna y a tener en cuenta las
posibilidades del gobierno para reprimir una guerra interna.
Podríamos calificar de revolución política a cualquier intento violento de alterar el gobierno,
extendiendo este término, si se desea, a revolución socio-política cuando los intereses sociales en
conflicto son predominantes entre los grupos de poder contendientes.
Sin embargo, puesto que no todos los conflictos sociales son necesariamente indicadores de
cambios fundamentales en la estructura social, el siguiente paso consistirá en juzgar si la revolución
socio-política de los Países Bajos fue también una revolución societaria.
Durante los siglos XV y XVI, los príncipes de Borgoña y sus sucesores de la casa de Habsburgo
habían ido reuniendo una serie de provincias neerlandesas, muy diferentes entre sí desde el punto
de vista económico y político, pero no lo habían unificado.
Antes de la revolución, los Estados Generales, que a menudo han sido erróneamente
tomados por un cuerpo representativo nacional, no desempeñaban en absoluto tal función. Por lo
tanto, este tipo de Estados generales, que al triunfar Guillermo de Orange sobrevivió a la instauración
de la Republica Holandesa, fue un resultado, y no una precondición, de la revolución.

52
La revuelta de los Países Bajos (1566 o 1568 a 1648), fue la revuelta triunfante de las siete
provincias septentrionales de los Países Bajos, principalmente protestantes, contra el rey católico
Felipe II, soberano hereditario de las provincias.
Tensiones acumuladas terminaron provocando la creación de las Provincias Unidas de los Países Bajos
independiente, siendo su primer cabecilla Guillermo de Orange.
Esta rebelión fue una de las primeras secesiones terminadas con éxito en Europa, además de
convertirse en una de las primeras repúblicas europeas de la época moderna, las Provincias Unidas.
Los Países Bajos meridionales (situados en los actuales estados de Bélgica , Luxemburgo, El norte de
Francia y el sur de los Países Bajos) se mantuvieron bajo dominio español. El gobierno impositivo
ejercido por los Habsburgo en el sur provocó que buena parte de la élite financiera, intelectual y
cultural emigrara al norte, contribuyendo así al éxito de la República neerlandesa.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Por tanto, las únicas corporaciones que podían alegar una conciencia primitiva de unidad y
de sentido nacional eran las provincias tomadas individualmente, aunque parece más acertado
describirlas como confederaciones o ligas de ciudades y terratenientes nobles o eclesiásticos que
como sistemas políticos integrados.
Los verdaderos focos de poder eran las capas nobles y las ciudades; estas últimas son las que
sobre todo merecen el nombre de comunidades políticas.
Las consecuencias de la fragmentación política para el análisis de la Revolución de los Países
Bajos son evidentes. Puesto que cada provincia, incluso cada ciudad, constituía en gran medida un
sistema autónomo, la revolución o la guerra interna pueden ser estudiadas y explicadas en términos
locales, aunque el dominio político estaba dirigido contra un mismo objetivo: el príncipe.
En la política interior de las ciudades encontramos por doquier bandos que luchan por el
poder político.
La violencia potencial y el control sobre los instrumentos represivos eras factores esenciales
del proceso de gobierno. La milicia dominaba en número por la clase artesana media inferior, era un
instrumento tanto de una clase en particular como del gobierno de la ciudad.
Las revueltas urbanas de 1566, 1572 y 1576-78 hallaron vía libre gracias a la deserción de la
milicia que se componía de artesanos y obreros cualificados.
Aparte de esto último, el gobierno de las ciudades se veía también perturbado a menudo por
disensiones dentro de las familias gobernantes o por ataques contra la oligarquía procedentes del
opulento estrato social inmediatamente inferior, compuesto muchas veces por nuevos ricos que se
mostraban irritados porque se les excluía de la política. En ambos casos la milicia podía ser un favor
decisivo.
A pesar de la hostilidad, la nobleza aprendió a colaborar en repetidas ocasiones con las
ciudades para reforzar los estados provinciales frente al príncipe y sus odiados secuaces en los
tribunales provinciales.
La nobleza podía escoger entre buscar apoyo del príncipe o aliarse con la burguesía, y,
durante el reinado de Carlos V, pareció optar por el príncipe. La alta nobleza se puso rápidamente al
servicio del emperador, mientras que la baja nobleza se contentó bien con funciones administrativas
secundarias, bien con puestos en el ejército.
Las relaciones de poder comenzaron a sufrir grandes cambios bajo el reinado del emperador.
Las milicias de las ciudades resultaban ahora ridículas en comparación con el ejército mercenario del
príncipe. De este modo, se alcanzó un equilibrio precario en el que los grupos de poder reconocían
que una negociación pacífica era preferible a una guerra interna.
Las mismas tensiones que en el siglo anterior habían desembocado tantas veces en guerras
internas eran ahora utilizadas para dividir y gobernar. Pero esta cooperación con el príncipe no dio
un gran impulso a los proyectos de unificación de Carlos. Pero el gobierno comenzó a sentir el poder
de las provincias cuando estas simultáneamente comenzaron a culpar al príncipe de sus problemas
locales.
El sistema político de los Países Bajos era una estructura laxa en la que abundaban la
desconfianza social, el orgullo de la autonomía y las inquietudes económicas y xenófobas locales, y
en la que la disposición a cooperar cedía con facilidad ante la amenaza de una acción cuasi-legal a
todos los niveles.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La inestabilidad de la estructura política fue una de las precondiciones principales para la


Revolución de los Países Bajos, aunque esta era una característica tradicional del sistema.
Sin embargo, había algunos ingredientes nuevos, de los cuales el principal era el
fortalecimiento simultáneo del poder real central y del poder de los cuerpos representativos, en
especial de los estados provinciales.
Este proceso doble y contradictorio constituía un elemento cada vez más perturbador, que
ha de ser incluido también entre las precondiciones de la revolución.
Otro elemento de la situación política fue la ausencia de una ideología capaz de unificar todos
los grupos de intereses sociales y locales, revolucionarios en potencia, pero hostiles entre sí.
Otras fuentes de cohesión ideológica eran el nacionalismo o la religión protestante, sin
embargo, ninguno de los dos era bastante fuerte ni estaba suficientemente difundido para sostener
y justificar la revolución, lo que es un claro indicio del carácter pluralista de los acontecimientos.
En sentido amplio, la urgencia de un cambio religioso era probablemente una fuerte
precondición para la revolución. Si bien no necesariamente lograba comprometer a la gente con
postura revolucionaria, contribuyo a minar su lealtad hacia las instituciones tradicionales. Gracias a
la difundida hostilidad hacia la Iglesia, los extremistas protestantes, a pesar de ser una minoría,
pudieron convertir el problema religioso en un instrumento de división.

¿Los cambios descritos fueron simples desplazamientos de poder dentro de una sociedad
básicamente estática o la consecuencia de cambios más fundamentales en la economía y en la
sociedad?
Si bien cabe ser bastante concluyente sobre fenómenos concretos de gran alcance, tales
como la expansión demográfica y la inflación, el impacto de ellas producido difiere
considerablemente de unas regiones a otras; las variaciones resultantes son de gran importancia en
el caso del desarrollo ultrarrápido y desequilibrado de los Países Bajos en el siglo XVI, ya que fueron
muy pocas las regiones que tomaron parte en el proceso de modernización, es imposible generalizar.
Todas las especulaciones acerca de la estructura de clases del sistema socioeconómico en los
Países Bajos son de aplicabilidad limitada porque las clases económicas estaban aun muy
entremezcladas con los grupos tradicionales de status, y porque en los países bajos no existía ni una
economía ni un mercado nacionales.
Las clases en forma de burguesía, artesanado, proletariado o campesinado no existían a nivel
nacional. Las había ciertamente a nivel local, pero su significación política se limitaba a las localidades
concretas en que operaban.
El caso fue que, durante la revolución, la frustrada burguesía prospera de las ciudades en
auge se unió a los desesperados artesanos desclasados y a la nobleza floreciente o en decadencia, y
que las asonadas locales desembocaron en una revolución general.
La situación socio-económica es otra de las precondiciones para la Revolución, la cual
afectaba no a todas las clases. Las presiones económicas, aunque no eran el único problema de la
nobleza, constituyeron un incentivo decisivo para la revolución de una clase social que se sentía
acosada por todos los flancos.
Por otra parte, es probable que la política oficial de endeudamiento incesante y la situación
de las finanzas urbanas precipitara a muchos patricios de las ciudades y a pequeños inversores por el

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camino de una firme oposición y finalmente de la revolución. Sin embargo, no esta tan claro que tal
situación fuera también indicio de la existencia de un profundo cambio estructural.

¿La revolución fue una fusión efímera e incidental de hechos locales o represento una de las
convulsiones de un proceso social innovador?
El insuficiente sometimiento de los intereses regionales y socio-económicos al Estado
contribuyo poderosamente al estallido de la revolución.
Era imposible que la conciencia nacional y el sentido de la identidad nacional pudieran llegar
a constituir la base de un movimiento a escala nacional en beneficio de alguno de los bandos.
El resultado de la revolución (la constitución confederal de la republica Holandesa) parece
sugerir que las provincias eran simplemente incapaces de superar su regionalismo tradicional, y que
la autonomía provincial era el elemento más importante del credo político de los rebeldes.
La república Holandesa funciono mucho mejor y permitió alcanzar un nivel más alto de
integración económica que ninguna de las monarquías europeas. La burguesía holandesa había
introducido el grado exacto de reforma necesaria para promover la expansión económica, y sentirse,
al mismo tiempo, libre de centralidad excesiva.
La interpretación de los hechos económicos y sociales revela contradicciones similares. La
innegable expansión y renovación económica parece que fue de naturaleza demasiado limitada y
local para provocar la irresistible y amplia aparición de un nuevo orden social. Sin embargo, la nueva
republica se convirtió en la primera nación verdaderamente capitalista y burguesa con una
personalidad nacional mercantil muy marcada.
La revolución solo tuvo éxito en una parte de los países bajos, la clase burguesa era
demasiado débil para establecer su gobierno en todos. Solo encontró un Estado a su propia imagen
en Holanda, donde la economía de mercado, ya en una fase avanzada de desarrollo, rebosaba de
capital, mano de obra y capacidad meridionales, y donde no encontraba gran oposición en los grupos
sociales rivales.

4) La crisis de la Monarquía Española.

ELLIOTT, John Huxtable, La rebelión de los catalanes. Un estudio sobre la decadencia de


España (1598-1640).

La sociedad ordenada.
Sociedad agraria

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Aparte del grano, Cataluña53 podía hacer frente a la mayor parte de sus necesidades básicas
con sus propios recursos, y no había escasez de trabajadores, aunque estos no eran exclusivamente
de origen catalán.
La gran mortandad de finales del siglo XIV y del siglo XV había producido un profundo hueco
en la población de Cataluña, pero durante los reinados de Felipe II y Felipe III se produjo en el campo
catalán una recuperación demográfica espectacular.
Con tantos habitantes, absorbidos completamente o en parte por sus actividades agrícolas,
la mayoría de las villas parecía más bien una prolongación del campo que unidades separadas con
entidad propia. Se trataba fundamentalmente de una sociedad agraria.
Esta clase de labradores, que o bien tenían la propiedad del mas54 y de la tierra que lo
rodeaba, o bien la ocupaban mediante un seguro contrato de arrendamiento, ha constituido la base
fundamental de la sociedad catalana desde finales del siglo XV hasta casi nuestros días; y fue la
responsable, más que cualquier otra cosa, de la fundamental estabilidad de la vida rural Cataluña
durante los siglos XVI y XVII.
El señor, por su parte, continuaba siendo legalmente señor directo de la tierra. Sus vasallos
rendían homenaje y le pagaban una renta de la tierra, y varios impuestos feudales.
Aprovechándose del hambre de tierra de comienzos del siglo XVI, muchos de ellos cedieron
en arriendo las tierras pertenecientes al más a otros campesinos, menos afortunados, pidiéndoles
una renta más elevada que la que ellos estaban pagando al verdadero propietario de la tierra.
Las Cortes catalanas de 1530 legislaron contra tales abusos, con el objeto de proteger al
campesinado más bajo, contra la explotación de los campesinos propietarios que habían comenzado
a adquirir muchas de las características de los señores feudales de quienes ellos mismos habían
conseguido, sólo hacía poco tiempo, su libertad.
Así, pues, desde 1520 la sociedad rural catalana se regularizó en una estructura jerárquica.

Religiosidad.

Todos sabían que las piedras con las que tropezaba el arado, la muerte súbita del ganado, las
nieblas espesas, eran debidas al diablo, o a sus agentes, las brujas. Pero ni siquiera la Inquisición pudo
impedir una gran caza de brujas a comienzos de la década de 1620. La lucha contra las fuerzas de las
tinieblas pedía vigilancia y la fiel observancia de los ritos de la Iglesia. Los poderes del clérigo eran
grandes en esta sociedad. Cuando se rebeló Cataluña en 1640, el clero mostró su poder desde el
púlpito.

53
Cataluña es un territorio situado en el noreste de la península ibérica formado inicialmente a partir
de los condados que formaban la Marca Hispánica del Imperio carolingio y cuya extensión y unidad
fue completándose a lo largo de la Edad Media.
Tras la unión dinástica del condado de Barcelona y el Reino de Aragón en el siglo XII, los territorios
catalanes se constituyeron en parte integrante de la Corona de Aragón, alcanzando una notable
preponderancia marítima y comercial a finales del período medieval.
54
El mas era la unidad patrimonial básica de las grandes propiedades. 0, lo que es lo mismo, una gran
propiedad estaba compuesta de un número variable de masos geográficamente dispersos

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Solamente otra persona fuera del círculo familiar ejercía tanta autoridad en ella como el
párroco; el notario. El clérigo y el notario; la religión y la ley. Estas son las dos columnas que
constituían el soporte de la estructura familiar catalana.

Familia y comunidad.

La sociedad catalana se hallaba ordenada sobre la base del armazón que constituían la familia
y la comunidad.
En Cataluña, como en la Europa de los siglos XVI y XVII, los intereses individuales se hallaban
vigorosamente subordinados a los de la familia.
Como la familia era la unidad primaria de la sociedad, se hacía todo lo posible por concentrar
el patrimonio familiar en las manos de una sola persona, a la que se sometía a tan estricto control
que no se le permitía dispersarlo a su capricho personal.
El primogénito, al quedar en casa para atender a su patrimonio, contribuyó a proporcionar a
la sociedad catalana su fundamental estabilidad, el hermano menor obligado a defenderse por sí
mismo, le proporcionó un elemento dinámico.

Industrialización.

La vigorosa industrialización de Cataluña en los siglos XVIII y XIX puede ser atribuida en parte
a la energía y al talento de los hijos menores, obligados a ganarse la vida por sí mismos. Si no
encontraba salidas y oportunidades, podía fácilmente convertirse en una carga para su familia y en
una amenaza para la sociedad, vagando por su casa y viviendo a expensas de su hermano mayor.
Algunas de las causas más serias de las tensiones sociales en la Cataluña de los siglos XVI y XVII pueden
ser atribuidas a un código familiar y a un sistema de herencia que desposeían a los hijos menores y
los lanzaban a un mundo que no podía darles trabajo.
El desasosiego del hijo menor puede no haber sido, sin embargo, un precio excesivo para la
estabilidad fundamental de la familia como unidad. Esta estabilidad fue la que mantuvo a la sociedad
catalana a flote. La familia catalana era poderosa, sólida y asentada firmemente en la tierra.

Estructura social.

La sociedad catalana, en la que todo individuo se encontraba bajo el poder de la familia era
una sociedad de familias entrelazadas que se elevaban en forma de pirámide, en la cumbre de la cual
se hallaba un rey patriarcal.
El carácter de estos lazos estaba determinado en primer lugar por la relación familiar.
El prestigio de un hombre en esta sociedad se medía por el número de su clientela y por el
grado en que se pudiese satisfacer a sus parientes y a todos cuantos dependían de él.
En el siglo XVI los hombres no tenían tanta necesidad de protección física como de empleos,
mercedes y pensiones, y ésta era la necesidad que tenía que cubrir el nuevo estilo de señorío.
La Corte era la fuente de cargos y honores.

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Servicio y merced, constituyen las dos mitades del compromiso recíproco de obligaciones que
unía al señor y a su vasallo. Había que cumplir con las normas, ya que la sociedad estaba trabada por
un respeto indiscutible a las obligaciones mutuas de un señor y de sus vasallos.
Pero sería erróneo suponer que siempre cumplieron efectivamente con su misión. El sistema
tenía tantos peligros como ventajas. En la medida en que las alianzas familiares unieron las distintas
capas de la jerarquía social desempeñaron también un extraordinario papel en la construcción de
una sociedad bien ordenada y coherente. Pero si los intereses de una familia se presionaban en
exceso, podían entrar en conflicto con los de otra.
La rivalidad y las facciones eran el precio que había que pagar por la unión vertical de los
diferentes grupos sociales a través del patronazgo y de las relaciones familiares.

Lealtad territorial y nacionalismo.

Era cierto que la primera lealtad territorial catalana era hacia su propia región. Aunque patria
era la ciudad de origen, la palabra se usaba también para todo el Principado.
A pesar de las lealtades locales, los catalanes tenían conciencia de pertenecer a una
comunidad más amplia. Cataluña era su patria y era una nación. Este sentimiento de formar parte de
una comunidad nacional aparecía con más fuerza naturalmente en las relaciones catalanas con el
mundo exterior. Los catalanes se consideraban, aunque vagamente, como parte de España.

¿En qué consistía la nación catalana a la que prestaban su primera fidelidad?

Por encima de todo, la estructura constitucional del Principado era lo que llenaba de orgullo
al menos a los catalanes más politizados. Más que cualquier otra cosa (su clima, la religión, la
fertilidad de los suelos), era esto lo que diferenciaba a su nación de todas las otras. Cataluña era un
país libre, cuya libertad se veía acentuada por la elección voluntaria de su príncipe.
Las leyes por las que se gobernaba el Principado se hicieron por mutuo acuerdo ente el
príncipe y sus súbditos en las reuniones de las Cortes, que sólo podían tener lugar si el príncipe estaba
presente. Estas leyes eran conocidas como las Constituciones de Cataluña, y todo rey, cuando subía
al trono, debía jurar su inviolable observancia, tanto por su parte como por la de sus funcionarios.
Estas constituciones juntas formaban una carta fundamental de las libertades de Cataluña.
Hacían imposible el establecimiento de impuestos arbitrarios por parte de la Corona; protegían a los
catalanes contra los abusos de la justicia real; les garantizaban su propiedad, a no ser que fuesen
culpables de lese-majesté humana o divina en primer grado, y determinaban la medida, el carácter y
los poderes de la administración real.
Además, los poderes del príncipe eran extraordinariamente reducidos, y sólo podían ser
ejercidos efectivamente de conformidad con el deseo de la comunidad.
El sentimiento de pertenecer a esta comunidad libre era muy fuerte. Los catalanes habían
sido instruidos para venerar las leyes, las libertades y las instituciones que habían conseguido para
ellos las heroicas acciones de sus antepasados, y su más alto deber era el de asegurar la cesión intacta
de su preciosa herencia a sus descendientes.

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Así, pues, el sentido del deber hacia la comunidad representaba un contrapeso natural al
sentido del deber hacia la familia, y alrededor de este eje de la familia y de la comunidad giraba la
vida catalana.

Conflictos internos.

No obstante, las guerras civiles del siglo XV habían puesto de manifiesto que no todo
funcionaba automáticamente como debería.
En el caso de que una pieza del mecanismo quedase sin control, todo el delicado instrumento
se estropearía. Si la lealtad familiar se convertía en vendettas familiares, si los intereses privados
prevalecían sobre los corporativos, se perdería la sociedad ordenada.
Fernando el Católico55 hizo todo lo posible por garantizar el adecuado funcionamiento de la
maquinaria. Pero había un posible fallo en su labor: no creó una nueva Cataluña, sino que hizo lo
posible por restaurar la antigua, y la restauró para un mundo que había cambiado profundamente.
Existían señales de cambio por todas partes. Cataluña no era ya la cabeza de un imperio, sino
sólo una provincia semi-autónoma en una monarquía dominada por Castilla. Su príncipe no tenía ya
la Corte en Barcelona, sino en un Madrid distante.
El rey estaba personalmente ligado a sus súbditos en su papel natural como patriarca, y
jurídicamente como parte principal del contrato constitucional. A pesar de ello, los catalanes apenas
vieron a su rey durante el siglo XVI. Esa misma fatalidad pone de manifiesto la clase de dilema con
que se enfrentaron los catalanes.

La sociedad desordenada.

Esperando quizá explotar las divisiones de la clase dirigente catalana y consolidar la autoridad
real a la que consideraba peligrosamente socavada por las recientes Cortes, el virrey, duque de Feria,
se dispuso a actuar.
El 2 de marzo de 1602, mientras que la atención del pueblo de Barcelona se hallaba distraída
con una procesión, arrestó a un diputat. Desde 1569 no se había producido un conflicto tan grave
entre las autoridades reales y los máximos representantes de la nación catalana. La disputa en torno
a la publicación de las constituciones mostró cuan fácilmente podían romperse las delicadas
relaciones entre los catalanes y la Corte.
En los años siguientes a 1603, cuando remitieron, al menos momentáneamente, los grandes
problemas políticos, los problemas sociales del Principado se intensificaron; y de tal manera, que
llegarían a comprometer una vez más todo el conjunto de las relaciones políticas entre el rey y los
catalanes.
Esta creciente inquietud social tomó varias formas, pero la más significativa de ellas fue la
difusión del bandolerismo.

55
Fernando II de Aragón, llamado «el Católico» (1452-1516), fue rey de Aragón, de Castilla, de Sicilia,
de Nápoles, de Cerdeña y de Navarra.

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El bandido y el pícaro eran fundamentalmente productos de un fenómeno similar, del


hambre, de la miseria y el desempleo, pero se diferenciaban en el carácter y en la naturaleza de sus
respectivas respuestas a la desgracia.
Mientras que el pícaro aceptaba las circunstancias tal como se presentaban, y solamente
intentaba cambiarlas en su propio beneficio, el bandido protestaba de ellas, o al menos así lo creían
todos aquellos miembros de la sociedad que se sentían oprimidos.
Más aún, mientras que la picardía era un fenómeno esencialmente urbano, el bandolerismo
era una manifestación de descontento rural y aristocrático.
El verdadero origen de las dificultades sociales en Cataluña a comienzos del siglo XVII estaba
en el rápido crecimiento de la población en un país de una economía más o menos estática.
En parte era consecuencia de circunstancias que escapaban al control de Cataluña.
La alianza entre Carlos V y Génova proporcionó a los genoveses una posición favorable en los
tradicionales mercados de Cataluña en el Mediterráneo (sobre todo paños); y la exclusión de los
catalanes del comercio directo con el Nuevo Mundo les hizo difícil introducirse en nuevos y valiosos
mercados que les podían haber compensado de las pérdidas de los antiguos.
Y no sólo no consiguió el Principado abrir nuevos mercados que contribuyesen a
proporcionar trabajo a su población en expansión, sino que tampoco consiguió desarrollar
suficientemente su agricultura para alimentarla.
Esta era la consecuencia tanto de las condiciones naturales como de la política económica
que bloqueaba el camino de la expansión agraria (Cataluña no era la excepción a los ciclos de escasez
u hambre en toda Europa, sumado a la actitud de los especuladores, habiendo razones para creer
que la escasez era más considerable de lo que podía haber sido, como consecuencia de la actitud de
un poderoso grupo entre los mercaderes y terratenientes).

Nueva aristocracia y relación con la Corte.

Como indican los nuevos nombramientos, la aristocracia estaba lejos de constituir una casta
cerrada; tanto la relativa facilidad con la que podían adquirirse títulos de nobleza, como la existencia
de un sistema mediante el cual los burgueses más importantes eran clasificados como miembros del
estamento militar, contribuyeron a mantenerla abierta.
Los títulos de nobleza sólo podían ser conferidos por el rey. Los nombramientos en masa
quedaban reservados a sus escasas visitas al Principado y la conclusión favorable de las Cortes, pero
los nombramientos individuales eran relativamente frecuentes en los períodos intermedios.
Al menos en teoría, una merced como un título de nobleza continuaba siendo todavía la
recompensa por un servicio –al rey en concreto- pero en el siglo XVII todo el concepto tradicional de
servicios y mercedes, que pertenecía esencialmente a la época de estrecha relación personal entre
el rey y sus vasallos, comenzó a debilitarse (pedidos por solicitud, o directamente la compra).
Los constantes matrimonios celebrados entre la vieja nobleza y estas familias burguesas, y la
consecuente adquisición de propiedades municipales contribuyeron a facilitar el proceso mediante
el cual, desde las guerras civiles del siglo XV, los nobles abandonaron sus apartados castillos
cambiándolos por las comodidades de una casa en la ciudad y convirtiéndose así en una aristocracia
urbana. El desarrollo de una aristocracia urbana contribuyó a crear serias tensiones entre las filas de

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la nobleza, pues existía una fuerte distinción entre el noble de la ciudad y el noble rural en la Cataluña
del siglo XVII.
En lo concerniente a los cargos locales en la administración virreinal, los salarios eran tan
irrisorios que “no hay quien quiera oficios sino es los que son impropios para ellos”. Así, pues, la
aristocracia no desempeño virtualmente ningún papel en el gobierno local. Con tan escasas
oportunidades dentro del Principado, podía haberse esperado que la aristocracia catalana hubiese
buscado salidas y oportunidades más allá de las fronteras de su país. La alternativa al servicio militar
fuera del Principado era un cargo en la Corte o en la administración de otras partes de la Monarquía.
Aquí, sin embargo, los nobles catalanes, como los de otras provincias periféricas de la Península,
encontraron el acceso bloqueado por los castellanos. La virtual exclusión de los nobles e hidalgos
catalanes de los cargos provechosos y de los honores bajo la Corona española tenía inevitablemente
consecuencias de largo alcance. Estas eran en parte financieras pero también psicológicas.
Además, el absentismo real en una sociedad monárquica requería ajustes psicológicos que
tomaban tiempo, y si todavía la aristocracia catalana apenas había comenzado a aceptar la necesidad
de dicho absentismo, mucho menos había previsto las necesarias consecuencias. Como resultado de
ello, sufría un profundo mal, el mal de una clase que había perdido la razón de su existencia.
Privados de la presencia de su rey, falto de sus salidas para sus energías y ambiciones, y
atados por los convencionalismos de un ideal social cada vez mas pasado de moda, los nobles y la
pequeña nobleza –tanto urbana como rural- reaccionaron de una forma totalmente comprensible.
Emplearon sus energías en enemistades y venganzas. Los enfrentamientos armados entre grupos de
nobles eran sucesos frecuentes, y la justicia real se sentía impotente para impedirlos.
Inevitablemente el país en conjunto se vio arrastrado a las contiendas de los nobles.
Esto indica que las causas últimas de la crisis catalana durante el reinado de Felipe III deben
buscarse más allá de los disturbios específicos de la aristocracia o de cualquier otro grupo social, y
que están relacionadas con el tono y el carácter de la administración real, que era teóricamente
responsable del mantenimiento del orden. Aquí había, evidentemente, signos de colapso. Más que
cualquier otra cosa, la crisis catalana reflejaba el fracaso del gobierno, cuyos origines habían de
buscarse tanto en Barcelona como en Madrid.

5) La crisis del sistema en Francia antes de la Revolución Francesa.

ORY, Pascal, Nueva historia de las ideas políticas, La política de la Ilustración.

La autonomía del ser humano y la felicidad.

El pensamiento de la Ilustración puede definirse por la licitación de los valores y por la


promoción del individuo. Tanto por su racionalismo como por su pragmatismo, sitúa en primer plano

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los poderes del ser humano, que recupera su autonomía por la fuerza de su razón o por la riqueza de
su experiencia.
La laicización hace descender los valores del cielo a la tierra: el individualismo descompone
el interés del príncipe en una multitud de intereses particulares.
La singularidad y la verticalidad son sustituidas por la pluralidad y la horizontalidad de las
luces.
La idea de felicidad ratifica esta mutación decisiva, oponiendo a la salvación religiosa una
plenitud de existencia aquí abajo y a la gloria del príncipe la búsqueda de un desarrollo personal.

Redescubrimiento del placer.

La idea de felicidad supone fundamentalmente una rehabilitación de la naturaleza humana,


y conlleva la idea de placer. Los moralistas que tratan de definirlas dicen que la felicidad es un placer
continuado o un estado de satisfacción.
La Francia del siglo XVII había visto desaparecer las grandes hambrunas y las peores
epidemias, que habían herido durante las épocas anteriores. El hombre no era ya un ser destinado a
la muerte, sino a vivir toda una vida rodeado de los suyos.

Divergencias y contradicciones.

Pero la fractura es siempre posible. El consenso filosófico no excluye que haya divergencias
y contradicciones en la interpretación de la felicidad en cada uno y del bien de todos.
Los hombres de la Ilustración confían en la razón. El progreso consistirá en una
racionalización progresiva de la vida de los individuos y de las colectividades.
La felicidad se identifica así con el saber y toda política se reduce a una pedagogía: bastaría
iluminar al pueblo y difundir las luces para que las injusticias retroceden, para que impere la felicidad.

Política de felicidad.

Más allá de las tensiones, el siglo XVIII propone una política de la felicidad, pero ¿por quién?
¿Para quién?
El anticlericalismo y la valorización de la razón designan al filósofo mismo como maestro de
las naciones y consejero del príncipe. La política debe convertirse en una “ciencia del hombre” que
forma parte del saber filosófico.
Esta racionalización de la vida colectiva tiene como fin la felicidad de todos.
El ideal pedagógico pretende igualar las oportunidades a largo plazo, e incluso establecer una
igualdad social. Pero a corto plazo, la realidad de la ignorancia de las masas y la lentitud de los
progresos obligan al filósofo a hablar en nombre de la colectividad.
La Ilustración se presenta como una filosofía de la libertad o como una filosofía de la igualdad
y desemboca en la Revolución de 1789 o 1793.

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El filósofo y el despotismo ilustrado56.

En el origen del despotismo encontramos al filósofo en el sentido que el siglo XVIII lo


entiende. Es decir, a un hombre que, posee los medio de llegar a la verdad y ejerce sobre todas las
cosas (creencias religiosas incluso) su razón razonadora y crítica.
El filósofo por su parte es un hombre honrado que obra siempre de acuerdo a su razón y que
une a un espíritu de reflexión y de exactitud las costumbres y las cualidades de la sociabilidad.
Sin embargo, es bien difícil encontrar, con excepción de Voltaire, una adhesión unánime y
razonada de los filósofos a una ideología del poder perfectamente definida que llamaríamos
despotismo ilustrado.
Es en la vanguardia intelectual de la época en donde se puede encontrar a los teóricos más
rigurosos del absolutismo ilustrado: entre los fisiócratas: en el terreno económico se presentan como
defensores del liberalismo basado en la agricultura y favoreciendo a los terratenientes mientras que
en política defendían lo que ellos mismo llamaban el “despotismo legal”. Se declaran enemigos tanto
de los partidarios de la soberanía popular como de los defensores del liberalismo.
En la práctica, es verdad que los déspotas lucharon contra los residuos medievales, trataron
de instaurar la tolerancia religiosa, tenían un proyecto global de la racionalización y el incremento de
la riqueza y el poderío de su Estado.
Sin embargo, sus reformas no llegaron muy lejos, al modernizar sin cambiar las estructuras
en profundidad, y teniendo poca o nula aplicación.

Monstesquieu57 .

Se encuentra más alejado del determinismo que a veces se la ha atribuido, dado que una
cultura histórica excepcional le permite captar la especificidad de cada sistema social o geopolítico.
Una de las nociones claves de su obra es sin duda, lo que él llama el espíritu general,
resultante de las combinaciones cambiantes de numerosos factores cuyo peso relativo varía según
el espacio y el tiempo.
La última palabra de la sabiduría de Monstesquieu no es tratar de transformar el mundo, sin
adaptarse a él, tal como es, de la mejor manera posible. El espíritu de las leyes es esencialmente un
inventario de adaptaciones afortunadas. A lo largo de esta obra se esfuerza en demostrar que en la
realidad histórica mejor o peor, el hecho y el derecho, las leyes y la equidad concuerdan

56
El despotismo ilustrado es un concepto político que surge en la Europa de la segunda mitad del
siglo XVIII. Se enmarca dentro de las monarquías absolutas y pertenece a los sistemas de gobierno
del Antiguo Régimen europeo, pero incluyendo las ideas filosóficas de la Ilustración, según las cuales,
las decisiones humanas son guiadas por la razón.
57
Charles Louis de Secondat, señor de la Brède y barón de Montesquieu (1689-1755) fue un filósofo
y jurista francés cuya obra se desarrolla en el contexto del movimiento intelectual y cultural conocido
como la Ilustración. Fue uno de los filósofos y ensayistas ilustrados más relevantes, en especial por la
articulación de la teoría de la separación de poderes, que ha sido introducida en algunas
constituciones de varios Estados

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aproximadamente. Pero no consigue hacer callar al moralista que lleva dentro de él, que a veces se
indigna.
De la monarquía y en el fondo solo de ella, Montesquieu, como humanista que era, tiene más
de una nostalgia por la “virtud” de las democracias antiguas. Pero la idea de una democracia
representativa le resulta demasiado extraña. A sus ojos de francés del siglo XVIII el modelo
republicano era completamente inactual.
El verdadero problema para él era saber la forma que tomaría el gobierno monárquico en
Francia y en los otros Estados Europeos. Adversario total del absolutismo de Luis XIV, totalmente
refractario al mito del Rey Sol, le atormentaba el temor de ver a las monarquías europeas y en
especial a la francesa, degenerar en gobiernos despóticos.
Aunque el pensamiento político de Monstesquieu sea hijo de su tiempo, sería muy torpe
creer que no tiene nada que enseñarnos.
En un primer lugar, porque propuso muchas ideas nuevas que, aunque en general han ido
entrando, con el paso de las generaciones, en los códigos de nuestras democracias occidentales.
Pero su mayor interés está en otra parte: en una reflexión tan aguda como original sobre el
poder.
En la época en que se escribió el “Espíritu de las leyes”, el problema clásico de la teoría
política era la legitimidad del poder o el fundamento de la soberanía ¿El poder es de origen divino,
natural o contractual? Aunque la solución teológica le resulta completamente ajena y refuta en unas
líneas la tesis paternalista, jamás desarrolla la idea de convención o de contrato.
A todas estas consideraciones teóricas sobre la soberanía, Monstesquieu las remplaza de
hecho por un análisis concreto de poder. Esta reposa sobre una sencilla contestación” es una
experiencia eterna que todo hombre dotado de poder tiende a abusar de él”. Es decir que cualquier
poder, incluso el legítimo es peligroso.
El Estado es indispensable para la protección de los individuos tanto en sus personas como
en sus bienes, pero ese mal necesario no deja de ser un mal, es decir una amenaza. La arbitrariedad
del gobierno despótico no es monstruosa sino como caso límite de una tendencia universal al abuso
del poder.
Lo cierto es que Monstesquieu no cede a la ilusión eufórica de ver en el orden político el
espléndido desarrollo del orden natural. Sin llegar, como Rousseau a proclamar que la sociedad es
antinatural y rechazando el pesimismo de Hobbes, coartada de todas las tiranías, el sabe que más o
menos la sociedad civil es necesariamente alienante. En su opinión el problema político no tiene una
solución perfecta, sino respuestas más o menos buenas, o malas.

Rousseau y su influencia.

Describe una apasionada denuncia de la sociedad de su época, no busca apoyo en ninguna


autoridad ni institución: no se reclama de la Iglesia ni de la ciencia ni del orden vigente.
En el fondo de su yo, en su conciencia moral a la que proclama soberana e independiente de
toda autoridad institucionalizada; la crítica de Rousseau es la voz del individuo en rebeldía contra una
sociedad en la que ya no se reconoce. Hay que agregar a esto que Rousseau habla desde el punto de
vista de un marginal.

262
Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La oposición fundamental que se encuentra en la base de la crítica de Rousseau es la que


existe entre ser y parecer, que se solapa a otra, la oposición entre el hombre natural y el hombre del
hombre.
El primero es libre e independiente, el otro está prisionero en un mundo de apariencias, en
una sociedad ficticia y opresiva. Lo que hace en síntesis es un diagnóstico de la crisis moral de la
sociedad, y al mismo tiempo la puesta en tela de juicio de un orden social que degrada al individuo y
lo reduce a las apariencias.
Lo que pretende hacer es construir un modelo teórico de estado primitivo en el hombre y
estudiar sus propiedades para aplicar luego ese modelo a lo que empíricamente sucede. “el hombre
nació libre y en todas partes está encadenado” así queda resumida en una célebre frase el camino
recorrido por la humanidad desde el estado de naturaleza hasta el estado social.
Dos facultades esenciales del hombre en estado de naturaleza lo harán salir del mismo: la
piedad, es decir la capacidad de identificarse por medio de la imaginación con un ser que sufre, y la
perfectibilidad, es decir la capacidad de acumular los conocimientos. Presenta el pasaje del estado
natural al social como un proceso lento y acumulativo.
A medida que se alejaban del Estado naturaleza los hombres adquieren nuevas necesidades
y al mismo tiempo, para poder satisfacerlas dependen cada vez más unos de otros. Así es como nace
y se consolida la necesidad de sociabilidad, de vivir juntos en sociedad.

El contrato social y la ciudad justa.

Comprender el mal social y sus orígenes es reflexionar seriamente sobre la posibilidad de


establecer una ciudad justa basada en la ley.
Antes de analizar el derecho positivo, hay que interrogarse sobre el fundamento del Estado
y responder por tanto a la pregunta ¿cómo los hombres libres, iguales e independientes podían
someterse a una autoridad sin perder esos atributos, otros tantos derechos individuales?
El objeto de Rousseau es permitirnos comprender las instituciones políticas existentes y
juzgar su legitimidad, así como adelantar la idea-imagen de una sociedad justa.
Este es el problema que remite al pacto social, a la “primera convención” a la que hay que
retroceder siempre, y por la cual los individuos se comprometieron a formar una ciudad y obedecer
a sus leyes. Las cláusulas de este contrato “se reducen todas a una sola, a saber, la alineación total
de cada asociado con todos sus derechos a toda la comunidad.
El cuerpo político legítimo está para Rousseau compuesto por individuos libres e iguales en
derecho, que participan directamente en los asuntos del Estado y que forman juntos, en su condición
de ciudadanos, el pueblo soberano.
El contrato social no es ni un compromiso entre particulares (al contrario que la Hobbes) ni
un compromiso entre los contratantes y el que designan como un príncipe (al contrario de la fórmula
del pacto de sumisión).
Cada contratante adquiere un doble compromiso de respetar la ley consigo mismo y con la
ciudad, el “cuerpo político y moral” fundado en el pacto. Comparte con las teorías liberales la
desconfianza hacia el poder político, en especial el poder ejecutivo, siempre inclinado a abusar de su
autoridad y a caer en la arbitrariedad. La soberanía del pueblo es indivisible e inalienable.

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El modelo político e imaginado por Rousseau participó en aquel movimiento ideológico que
en siglo XVIII anunciaba en el advenimiento de la democracia, de un espacio político nuevo, y en este
sentido es un modelo moderno.
Su principal preocupación consistía en la instalación en un campo político definido por la
soberanía del pueblo, de unas relaciones afectivas y una solidaridad entre los ciudadanos.
Preservar dichos vínculos es proteger el cuerpo político contra el nacimiento de los conflictos
desgarradores en su seno, que solo pueden significar un próximo desmembramiento.
Su ideal es un pueblo pequeño, de costumbres puras y simples, que practica la democracia
directa y que no tiene que decidir sino sobre problemas sencillos, en los que la opción entre el bien
y el mal se impone de un modo casi evidente.
En este sentido, el modelo político de Rousseau es tradicionalista y arcaico.

Para formar ciudadanos

Para Rousseau una sociedad justa y legítima representa una especie de desafío a la historia
y especialmente, a la de su época, caracterizada por la desigualdad, el despotismo y la degradación
de las costumbres. Varias razones lo llevan a insistir sobre las funciones pedagógicas de la ciudad, ya
que apuesta a que ella realiza su vocación moral y se enfrenta con los peligros que la amenazan.
Por otro lado, hizo suya una de las ideas maestras de la Ilustración: la tolerancia. Esta es un
principio fundamental de la ciudad: el Estado no interviene en las creencias religiosas de sus
ciudadanos y garantiza la libertad de conciencia.
Formar ciudadanos es hacer patriotas. Para él la obra maestra de la política, consiste en
formar las costumbres y los hábitos que encarnan al genio propio de un pueblo y a su carácter
singular, que hacen de él una nación.
En la posterioridad inmediata de Rousseau se halla la generación que se encontró sumergida
en la Revolución Francesa. Por eso durante mucho tiempo se interpretó su pensamiento político a la
luz de la experiencia revolucionaria, es decir, buscando en aquel antecedente de las corrientes y
formaciones políticas que se consolidaron durante la Revolución.
Pero Rousseau no fue el autor de un ismo que se llevó a la práctica durante el período
revolucionario. El jacobismo hace suyas algunas ideas, como por ejemplo el concepto de voluntad
general una e indivisible, la soberanía del pueblo, la exaltación de la ciudad-patria; pero varios de sus
componentes esenciales, en especial, el culto al Estado fuerte y centralizador, no tienen ningún
antecedente en el pensamiento de Rousseau.

6) Debate en torno a la participación de la Ilustración


en el estallido de la Revolución Francesa.
Caracterización de la Ilustración a través de Kant.
Sobre la prédica ilustrada y su capacidad revolucionaria.

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KANT, Immanuel, Filosofía de la Historia, Respuesta a la pregunta ¿Qué es la Ilustración?

El primer requisito de la Ilustración, afirma Kant58, es la salida del hombre de su autoculpable


minoría de edad, es decir, de su incapacidad para servirse de su propio entendimiento sin la guía de
otro.

Causas de la minoría de edad.

Según Kant, la primera causa explicativa de la minoría de edad es realmente uno mismo
(autoculpable). Es decir que la causa no es la carencia de entendimiento sino la falta de valor y
decisión para servirse uno mismo de su propio entendimiento, dejando que sean otros (tutores) los
que rijan los destinos del propio pensar.
De ahí que el lema de la Ilustración, afirma Kant, sea Sapere aude, es decir, atrévete a pensar
por ti mismo.
La segunda de las causas de la minoría de edad son la pereza y la cobardía. Y es que resulta
más cómodo, señala Kant, que, en vez de asumir cada uno la responsabilidad de poner en marcha la
propia capacidad racional del saber y del actuar, dejemos que los demás piensen por uno mismo.

Peligros de permanecer en la minoría de edad.

Entre tales peligros, Kant, señala los siguientes:


• Los tutores que tomado sobre sí la tarea de velar por nosotros se encargarán (debido a qué
tal tutela no puede ser definitiva) de asustarnos con todos los peligros y sinsabores que nos
acecharán en el momento en que demos el paso hacia una posible mayoría de edad.
• Los tutores se encargarán también de atontar a los menores de edad, como animales
domésticos, provocando en ellos la sensación de serles imposible caminar sin las andaderas en las
que han sido encerrados. Fabricarán sujetos incapaces de caminar por sí solos y, por tanto, dóciles y
fáciles de manejar.
Kant afirma que, aunque es difícil salir de la minoría de edad, lo que es evidente es que surgen
continuamente hombres que piensan por sí mismos (incluso tutores liberados de la cadenas de la
minoría) y que dejan a su alrededor el espíritu de la estimación racional del pensar por uno mismo.
Son los auténticos representantes de la Ilustración.

58
Immanuel Kant (1724-1804) fue un filósofo prusiano de la Ilustración. Fue el primero y más
importante representante del criticismo y precursor del idealismo alemán. Es considerado como uno
de los pensadores más influyentes de la Europa moderna y de la filosofía universal.
Entre sus escritos más destacados se encuentra la “Crítica de la razón pura” calificada generalmente
como un punto de inflexión en la historia de la filosofía. En ella se investiga la estructura misma de la
razón.

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El uso público y el uso privado de la razón.

El segundo requisito de la Ilustración es, según Kant, la libertad de hacer siempre y en todo
lugar, un uso público de la razón.
Lo que sucede, sigue afirmando Kant, es que por todas partes surgen limitaciones a tal uso
ilimitado de la libertad.
Así algunas voces afirman: razonad todo lo que queráis, pero obedeced. Pues bien, se
pregunta Kant, ¿cómo compaginar la necesidad de la libertad con la existencia de la obligación?
Su respuesta es la siguiente: se puede hacer un uso público y un uso privado de la razón.
El USO PÚBLICO implica una libertad total y sin límites. El uso público de la razón se produce
cuando alguien, en cuanto docto en una materia determinada, hace uso de su razón ante el gran
público o ante el mundo de sus lectores. En este contexto no deben existir límites para la libertad de
expresión.
Es únicamente el uso privado de la razón la que puede tener limitaciones. El uso privado de
la razón es la utilización que uno hace de la misma en un determinado puesto civil o de la función
pública.

La ilustración en la época de Kant.

Kant establece una diferencia entre época ilustrada y época de la ilustración. Se pregunta si
en su tiempo se vive una época ilustrada. Su respuesta es negativa. Afirma, sin embargo, que vive en
una época de Ilustración.
Vive una época de Ilustración ya que, en su tiempo, se ha abierto un gran espacio de libertad
que muestran señales inequívocas de una disminución en los obstáculos que permiten llegar a una
Ilustración general.
En este sentido, el tiempo que le ha tocado vivir, señala Kant, es el tiempo de la Ilustración,
es el siglo de Federico.

Federico, príncipe ilustrado

Federico de Prusia59 es, según Kant, un Príncipe que representa mejor que nadie el espíritu
de la Ilustración.
Los rasgos siguientes lo demuestran claramente:
1. Considera su deber el no prescribir nada a los hombres en materia de tipo religioso, dejando
una libertad plena al respecto.
2. Incluso rechaza el pretencioso nombre de tolerancia.

59
Federico II de Prusia, también conocido como Federico II el Grande (1712-1786), fue el tercer rey
de Prusia (1740-1786) y uno de los máximos representantes del despotismo ilustrado del siglo XVIII.
Se le conoce por sus victorias militares y por su reorganización del ejército prusiano, sus tácticas y
maniobras innovadoras, y por el éxito que obtiene en la Guerra de los Siete Años.

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3. En cuestiones de tipo moral liberó al hombre de su minoría de edad.


4. Bajo su mandato, clérigos dignos plantean, en cuanto doctos, sus opiniones divergentes con
la doctrina oficial de la Iglesia.
5. Paradoja de la Ilustración: después de señalar que la minoría de edad en cuestiones religiosas
es la más perjudicial y humillante, Kant, afirma que es aquí en donde puede percibirse la grandeza de
un Príncipe de Estado que se ha atrevido a decir: ¡Razonad todo lo que queráis y sobre lo que queráis,
pero obedeced!

La paradoja entre los usos de la razón.

Pues bien, en esta máxima representativa del sentir de la Ilustración se nos muestra
claramente una paradoja: por un lado, la existencia de barreras cuando se produce un mayor grado
de libertad; por otro lado, la existencia de la posibilidad de desarrollar todas las facultades posibles
cuando el grado de libertad es menor.
Kant está describiendo la relación dialéctica existente, dentro de la Ilustración, entre el uso
público y el uso privado de la razón.
Es evidente que, el uso público de la razón, aun exigiendo una libertad total, tiene el límite
de que no puede usarse de modo privado.
Por otro lado, es evidente también, que el uso privado de la razón, aun exigiendo una
limitación de la libertad, tiene la posibilidad de expresarse en toda su dimensión en el uso público de
la razón.
Según Kant, el progresivo desarrollo de esta relación dialéctica entre uso público y privado,
repercutirá gradualmente sobre el sentir del pueblo, con lo que el sentir ilustración impregnará
progresivamente tanto la libertad de actuar del mismo, como el legislar del gobierno.
Todo ello, conducirá a una auténtica época ilustrada en donde el hombre ya será tratado, no
como una máquina, sino conforme a su dignidad.

CHARTIER, Roger, Sociedad y escritura en la Edad Moderna, Representaciones y prácticas.


Revolución y lectura en la Francia del siglo XVIII.

Durante mucho tiempo los historiadores pensaron que la revolución era hija de las Luces60.
Después llegó la época en que se distendió la relación entre revolución y la filosofía, entre la ruptura
política y la innovación cultural.

60
La Ilustración fue un movimiento cultural e intelectual, primordialmente europeo, que nació a
mediados del siglo XVIII y duró hasta los primeros años del siglo XIX. Fue especialmente activo en
Francia, Inglaterra y Alemania.
Inspiró profundos cambios culturales y sociales, y uno de los más dramáticos fue la Revolución
francesa. Se denominó de este modo por su declarada finalidad de disipar las tinieblas de la
ignorancia de la humanidad mediante las luces del conocimiento y la razón. El siglo XVIII es conocido,
por este motivo, como el Siglo de las Luces y del asentamiento de la fe en el progreso.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Reflexionar sobre los orígenes de la revolución significaba invocar otras razones: los efectos
de la coyuntura económica, mala antes de ser crítica; el enfrentamiento exacerbado entre una
burguesía frustrada y conquistada y una nobleza crispada.
¿Cómo, cuándo, por qué, todas las creencias en que se basó el Antiguo Régimen se
desmoronaron y después se dislocaron? De esta transformación del pensamiento y de las
sensibilidades, los libros -y los impresos en sentido amplio- ¿fueron responsables?
Este texto pretende criticar la hipotesis que concibe la fabricación prerrevolucionaria de la
opinión como la interiorización por parte de los lectores de ideas cada vez más numerosas, de
imágenes y críticas existentes en los textos filosóficos. Una perspectiva así postula implícitamente
que mediante el acto de la lectura los lectores se convierten en lo que los textos quieran que sean.
Se pasan a señalar los hechos más masivos, estos indican claramente la existencia de tres
mercados del libro en la Francia del siglo XVIII:
El primero, el de los libros raros y curiosos, para una clientela aristocrática y acomodada cuyo
fin era constituir gabinetes escogidos y curiosos y no bibliotecas que se usaran y estuvieran abiertas
a los letrados y a los sabios.
El segundo mercado es mucho más amplio, pues se nutre de las novedades. Tres rasgos lo
caracterizan: la estabilidad de larga duración del proceso de fabricación del libro (no existieron
innovaciones); la edición permanece sometida al capital comercial y el reducido número de tiraje; sin
embargo, hay varios signos que testimonian el crecimiento del mercado de libro de novedades.
Los libreros que editan los títulos más famosos del siglo apresuran de dos maneras los
contratiempos que frenan la producción: multiplicando las ediciones (tanto las autorizadas como las
ilegales) y aumentado los tirajes más allá de lo ordinario. Si no su único medio de difusión, la venta
ambulante de librería es sin discusión el más poderoso, y es un fenómeno masiva y tardíamente
urbano. Esta venta ambulante no está dirigida exclusivamente a compradores populares y
campesinos. Su función es doble y alimenta a dos mercados de libros: el de los letrados, que no
puedan o no quieran comprar libros en librería las novedades de la época y el de los lectores menos
hábiles y menos afortunados.
A esta multiplicación de lectores, la librería ofrece una producción transformada en sus
cimientos fundamentales, la mutación espectacular de las registradas por las demandas de permisos
públicos se da por el retroceso y después la caída del libro de religión.
Los libros publicados bajo la protección de un permiso público o tácito constituyen sólo una
parte, en el reino circulaban a gran escala los libros que se designan como “filosóficos”.
Impresas por sociedades tipográficas instaladas en el perímetro del reino introducidas
clandestinamente y vendidas bajo cuerda, prohibidas y perseguidas. Estos “libros filosóficos” que la
policía conoce como “malos libros”, son de un comercio peligroso.
Dentro de esta producción ilícita, deben distinguirse cuidadosamente dos grupos: los
prohibidos y los falsificados.
Cuando estos son requisados a la entrada a la capital, el tratamiento que les aplican las
autoridades es muy contrastante: mientras que los títulos prohibidos quedan secuestrados y
destinados a la destrucción, los títulos falsificados son, en parte, o devueltos a quien los envió o dado
al librero que es propietario del privilegio, quien podrá venderlos para su provecho.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

De ahí viene la pregunta de si el corpus de libros prohibidos introducidos a gran número en


el reino está constituido por panfletos o por textos que la tradición considera como la expresión
misma de la filosofía de las Luces. Lo que más sorprende en el catálogo secreto de la Sociedad
Tipográfica de Neuchatel es la presencia multitudinaria de los filósofos.
Robert Darnton en 1982 dijo “Los libros filosóficos habrían producido así una verdadera
erosión ideológica que, cualquiera que haya sido su intención, puso la mesa para la ruptura
revolucionaria”.
Sería entonces estrecho el vínculo que unía la profunda penetración de las obras prohibidas,
corrosivas y profanadoras, y el desmembramiento de sistema de creencias que garantizaba al rey el
respeto y el amor de su pueblo.
Pero la suscripción al libro emblemático de las Luces no implica por tanto ninguna comunidad
de elección o de acción de sus electores, al igual que su presencia masiva en los medios más
estrechamente ligados al Estado del antiguo régimen no significa en su caso una ruptura radical con
la manera tradicional de concebir el mundo social.
El desamor ante el soberano no es, además, necesariamente el resultado de una operación
intelectual, si bien puede haber sido instaurado en la inmediatez de las prácticas ordinarias, de los
gestos realizados sin pensar, de las palabras convertidas en algunos lugares comunes.
Desde 1750, por lo menos, se multiplicaron los discursos malos que acusaban al rey a su
persona y a su autoridad, a su cuerpo físico y cuerpo político.
¿Por qué no pensar entonces que el éxito de los libros filosóficos sólo ha sido posible porque
previamente se había consumado una ruptura afectiva entre el pueblo y su rey, que los hacía
aceptables y esperados? Lejos de ser los creadores de esa ruptura serían, por tanto, producto de
ella.
Acá ya hay una primera razón para dudar de la eficacia a menudo atribuida al impreso
filosófico; otra es el hecho de que los textos son descifrados a partir de la lectura, y hay mucho riesgo
de leer una literatura filosófica a contrapelo.
Investida de las circunstancias más ordinarias de la existencia apoderándose con avidez de
textos que abandona rápidamente, la lectura ha perdido la referencia religiosa que durante mucho
tiempo la había habitado. De esta manera, una nueva relación con el texto se construyó sin respetar
a las autoridades, en ocasiones seducida y decepcionada por la novedad y sobre todo poco inclinada
a la creencia y la adhesión.
Ciertamente la evolución de la lectura así entendida, no es propia de Francia, lejos de ello.
Pero en Francia, en una coyuntura política específica, fue la mutación conjunta de las prácticas (entre
ellas la lectura) y de las representaciones a partir de las lecturas, pero no sólo de ellas), la que hizo
concebible, comprensible, el rápido y brusco rechazo al antiguo orden de cosas.

VOVELLE, Michel, El hombre de la Ilustración, Introducción: el hombre y la Ilustración.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

El hombre visto por el siglo de las Luces.

El siglo XVIII situó al hombre en el centro de su visión del mundo, del sistema en torno al cual
organiza su entera reflexión, cosa que consiste en la ruptura con la Edad Barroca.
El crepúsculo de la Luces parece situarse a finales del siglo, en aquella serie de
acontecimientos de los que la Revolución Francesa es sólo el momento álgido en que las certezas se
ofuscan sin que, por otra parte, se ponga en duda en cuanto tiene de irreversible el giro acometido
en la historia de la humanidad.
El autor no se introducirá en el debate tradicional de la necesaria distinción entre el hombre
de la Ilustración, ideal y tipo, y los hombres de la Ilustración, en su masa anónima y heterogénea. Si
bien es evidente que el total toma un sesgo elitista, se tratará de tomar como punto de partida el
nuevo discurso del hombre en general.
Tomará la Grande Encyclopedie de Diderot y DÁlambert en el artículo referido al hombre, en
donde de 45 columnas, 36 se dedican a la anatomía, 8 al hombre moral y medio al hombre político.
La enciclopedia, texto cardinal en la aventura de la Ilustración, está lejos de agotar sus
riquezas, no refleja ni de lejos, un acuerdo universalmente admitido por la filosofía de la época. Pero
sí hay que reconocer que permite reunir cierto número de temas generales en los que, más allá de
las controversias se reconocen los elementos de un acuerdo mínimo por el que se expresa una nueva
visión del mundo a través de una visión del hombre.
Lo más llamativo es el repudio a la visión geocéntrica que había regido hasta entonces el
orden en el universo. El hombre no se contempla ya en el pensamiento de Dios; el más allá se borra
y por lo que respecta al problema del alma, se remite a otro artículo.
El hombre reinsertado en el orden de la naturaleza como animal dotado de propiedades
particulares, se aborda en su consistencia física, su anatomía y su fisiología, medios para analizar lo
que constituye la unidad, pero también la diversidad, de la especie humana.
El hombre, cintura animal, movido por resortes de interés personal, tal como lo evoca la
Enciclopedia, parece hallarse al margen de las jerarquías de las sociedades ordenadas que hasta
entonces habían impuesto su marco coercitivo.
El hombre, dueño de su destino una vez canceladas las hipotecas del prejuicio y la religión y
los condicionamientos propios de su misma naturaleza, se distingue de los animales en cuanto ser la
razón: ha creado las artes, las ciencias, en una palabra la civilización.

El hombre corriente.

En el área europea viven más personas; la población estalla, poniendo así fin al largo
estancamiento de los siglos anteriores.
Pero en la parte más desarrollada de esta Europa comienzan a cambiar las actitudes
colectivas ante la vida, el nacimiento, el amor, el matrimonio, la sexualidad, además de la muerte.
Aries ha sido uno de los primeros en insistir en el tema de la infancia, la ilegitimidad encuentra
un campo selecto tanto en París como en las grandes ciudades. Los hombres han cambiado en sus
actitudes más íntimas, las mujeres también.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

En un resumen extremo, que casi roza la caricatura, se puede constatar que la producción
crece y que en la vieja Europa de doblamiento denso la superficie alcanza su extensión mínima,
acrecida por las roturaciones. Pero también en algunos sectores se sentarán las bases de lo que será
la revolución agrícola: de Inglaterra a Flandes, en ciertas regiones de Francia y en el valle del Po.
La condición del campesinado no experimenta progresos espectaculares, se mantienen
inalterados ciertos marcos tradicionales. Pero si Europa occidental forcejea contra los restos de un
sistema feudal moribundo del que ya se ha liberado Inglaterra, Europa Oriental, vive un
reforzamiento de los lazos de dependencia.
En la época que nos interesa la revolución industrial, ya en curso en Inglaterra, las formas de
protoindustrialización en marcha en Europa Occidental introducen más novedades en el campo que
en la ciudad, pero este ingreso en una modernidad aun limitada aparece en la vida de los hombres
tanto en forma de nuevas dependencias, desestabilización y crisis de las antiguas solidaridades
corporativas, como de un progreso perceptible.
Levantemos acta con Pierre Chaunnu de que, para la mayoría de los trabajadores, tanto de
la ciudad como del campo, todavía no se ha producido una revolución. La modernidad se abre paso
en estructuras por lo general inalteradas, perpetuadas por los gremios y corporaciones… ¿Son
concientes de esto los individuos? Sigue abierto el problema de la cultura de la Ilustración, de su
difusión y de sus límites.
El criterio de la alfabetización o de la capacidad para firmar el propio nombre nos permite
sopesar la cuestión de manera global y esbozar una especialización. Dicho criterio opone una Europa
del noroeste mayoritariamente alfabetizada, a la Europa meridional y al resto del continente de oeste
a oeste.
Se llega así al terreno de la religión, punto sensible y campo de batalla para los hombres de
la Ilustración… ¿podría decirse que este siglo ofrece en germen un alejamiento de las religiones
establecidas y hasta una “desacralización”? Es difícil sondear corazones y riñones.
Los pocos rasgos a partir de los cuales se ha intentado definir el perfil del hombre de las luces
en el plano de la masa anónima arrojan un balance contrastado: estabilidad de las estructuras
profundas y rigidez relativa de los marcos existenciales. Pero en un mundo más poblado donde la
modernidad se abre camino a través de nuevos modos de producción, de ser y de parecer, se refleja
una movilidad de actitudes y representaciones colectivas. En el ámbito cultural, social y económico
se perfilan polos de difusión de la novedad y zonas de sombra.

Actores y protagonistas.

Lejos de la división tripartita de los estamentos de la época medieval y que pervive en las
estructuras oficiales de la sociedad, se perfila una polarización binaria que opone élites y masas.
La élite cuestiona las divisiones históricas de la sociedad estamental e interfiere como
contrapunto de las clasificaciones por clases en esta sociedad misma en que toma fuerza y
consistencia una nueva burguesía fundada sobre un sistema de valores compartidos cuyo cemento
es el espíritu de las Luces.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

Y, sin embargo, si nos atenemos al pequeño grupo de quienes se sirven del nuevo discurso,
este siglo aparece como el del cosmopolitismo, los intercambios y una circulación incrementada de
hombres e ideas.
Esta mezcla contribuye a la idea de una unificación cultural, facilitada sin duda por la
hegemonía del francés, a pesar de la preeminencia comienza a ponerse en duda por obra del avance
de una anglomanía que es más una moda o por la crítica que comienza a esbozarse en el universo
germánico.
Se ha insistido tradicionalmente en la movilidad social, quizá más espectacular que real, en
una época en que parecen abolirse las barreras de las condiciones de vida. Se esboza así un nuevo
reparto de papeles, una recomposición del espacio social donde conviene ver cual es la parte de
realidad y de ficción, hasta de ilusión, a la que remite.
¿Es pues la nobleza la fuerza principal de resistencia al espíritu de las Luces?
Este es el discurso mantenido por la revolución francesa en el marco de una lucha sin piedad
contra el orden aristocrático. Pero este tópico ha sufrido últimamente serias revisiones, y se ha
recalcado la paradoja de una nobleza abierta a todas las corrientes de pensamiento. En sus
bibliotecas, en sus cortes, en sus salones, no está cerrada al espíritu de las luces.
Sin embargo, el noble de la Ilustración se encara con múltiples opciones: combatir en retirada
por la defensa de los antiguos valores o del derecho de sangre, que genera rechazos a su vez, o
integrarse en las nuevas élites, pero no sin equívocos y malentendidos. Todo se enturbia en la cúspide
de la aristocracia cosmopolita de la Ilustración, aparentemente aunada por una común manera de
pensar y comportarse.
En el rango de protagonistas está el burgués, en contraposición a estos representantes del
antiguo mundo el burgués existe, pero no se muestra todavía, eso es lo paradójico de la situación. El
grupo autodefinido como burgueses que se encuentran en las ciudades, es una burguesía rentista,
de estilo antiguo.

Portavoces.

Ocupan el primer plano de la escena: personajes de letras, el científico y el artista.


En cualquier caso, todos estos actores sociales tienen en común haberse beneficiado en su
momento de la promoción que disfruta el intelectual en el siglo de las Luces.
Bajo la égida próxima o lejana del príncipe, este mundo continúa siendo un mundo
jerarquizado, reflejo de las estructuras de la sociedad en cuestión. Sin embargo, los marcos estallan
en el interior mismo de estas constricciones, bajo la presión de una demanda colectiva y por el propio
dinamismo del conocimiento.
Lo que vale en la cima para el grupo restringido de los intelectuales reconocidos, vale en el
marco de una opinión ilustrada cuya ampliación es, sin duda, uno de los rasgos del siglo. Conviene
recordar al menos con una palabra los frutos de esta actividad multiforme: la preocupación
pedagógica, inseparable de la inquietud por el reconocimiento, el interés utilitario de una actitud
que, rechazando cualquier metafísica, desea asir directamente las realidades del mundo que quiere
descubrir para transformarlo.

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Intermediarios culturales
Se presentan dos ejemplos ilustrativos: el funcionario y el sacerdote (sin intentar agotar la
riqueza de los mismo), por sus funciones esenciales que desempeñan. La política voluntarista de los
príncipes ilustrados por un lado, pero también la propagación espontánea de las nuevas ideas no
puede ser abordada sin recurrir a ellos.

Cuando todo se ofusca.

La imagen que se ha presentado del hombre de las Luces es demasiada plana. Como si las
cosas no hubieran cambiado en las condiciones materiales de la vida de las personas, en sus
mentalidades y pasiones. Como si los marcos establecidos por la monarquía pudieran salir intactos.
El edificio se cuartea al finalizar el siglo. Tras la máscara de la fiesta aristocrática se entrevé el rostro
alterado de la vieja nobleza. Hasta las instituciones mejor reglamentadas dejan de cumplir su función:
las academias son críticas y aparecen como el refugio de un orden que ya no se desea. Se abre paso
una nueva generación tanto en la república de las letras como en el mundo de las ciencias y de la
creación artística.
La revolución francesa, violencia y revolución prometeica a un tiempo, pone al hombre frente
a las exigencias de una libertad que es objetivo de conquista. Una nueva humanidad sale a buscarse
a sí misma, más avisada y también más inquieta.

7) La construcción del Antiguo Régimen a través de la Ilustración


y del movimiento revolucionario francés.

GOUBERT, Pierre, El Antiguo Régimen, Tomo 1, Capítulo 1.

Descubrimiento y definición del Antiguo Régimen.

Existen actualmente dos maneras, complementarias más que contradictorias, de definir y


explicar el Antiguo Régimen.
a) la concepción política y jurídica. Parte de las teorías para llegar a las instituciones y no va
mucho más allá.
b) la mayor parte de los historiadores va mucho más lejos. La expresión “Antiguo Régimen”
les sirve de denominación global para designar todo lo que ocurrió en Francia entre el primer Valois
y el último Borbón, en los siglos XVI, XVII y XVIII. Eso es vaciar el término de todo significado y hacer
de él una simple etiqueta.
Es de buen método pedir opinión primero a aquellos que han definido el Antiguo Régimen
trabajando para suprimirlo, lo que equivale a volver ante todo sobre la primera definición.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

La definición del Antiguo Régimen según los Constitucionalistas: el carácter feudal.

La originalidad principal de la noción y la expresión “Antiguo Régimen” es su aparición tardía,


su nacimiento póstumo: no pudieron ser obtenidas sino después de la extinción del sistema,
reconocidas y ratificadas por la ley y por gran parte de la opinión.
El Antiguo Régimen nació al tiempo que moría.
Murió muy rápido, si se confronta su agonía de unos cuarenta meses con una madurez de
dos o tres siglos y con una gestación-infancia de más de un milenio.
Murió entre 1789 y 1793. Sobrevivió, sin embargo, en las costumbres de provincias lentas y
conservadoras, y en algunos cuerpos sociales empapados de pasado.
Es importante marcar las etapas de esta agonía, que jalonan también los hitos de un
nacimiento: el de un “régimen nuevo”.

Junio de 1789: emergencia de la Nación.

En el pensamiento de los que van a instaurar un “nuevo régimen”, la subsistencia de la


monarquía no es cuestionada.
Como todos los testimonios contribuyen a probarlo, la persona y la institución real están
fuera de discusión; hasta el rey y la monarquía llevan siempre el respeto, la confianza, casi la
adoración. Harán falta los gruesos errores políticos de Luis XVI para provocar un divorcio grave entre
una parte de los franceses y su rey, aunque no su realeza.
La noción de Antiguo Régimen no está, pues, ligada estrechamente al carácter monárquico
del gobierno.
La nación se afirma, por cierto, “bajo la égida”, “bajo los auspicios del monarca”, pero distinta
de él, separada de él, aunque respetuosa de sus prerrogativas.
Antes de combatir, los ejércitos del Antiguo Régimen gritaban “¡viva el rey!”; los de la
Revolución gritarán “¡viva la Nación!”. La idea de Nación es normalmente extraña a la naturaleza del
Antiguo Régimen, o al menos está representada, confundida, abismada en la persona y la función
reales.

Agosto-septiembre de 1789: La entera destrucción del régimen feudal.

Después de las rebeliones municipales y campesinas de julio, la Asamblea Nacional


Constituyente da un paso suplementario que ayuda, por antítesis, a definir el régimen que está en
trance de desmantelar rápidamente: mediante los decretos del 4 al 11 de agosto de 1789 “destruye
enteramente el régimen feudal”.
El llamado régimen feudal constituía uno de los fundamentos del Antiguo Régimen. Pero ¿a que
llamaban “régimen feudal”?
El análisis de los decretos del 4 de agosto lo muestra claramente.
Aparecen clasificados por la Asamblea como partes integrantes del “régimen feudal” (y en
consecuencia del Antiguo Régimen):
1_ La servidumbre personal.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

2_ Todos los derechos feudales o señoriales.


3_ Las justicias señoriales.
4_ Los diezmos de toda especie.
5_ Todos los cargos venales “de judicatura o de municipalidad”.
6_ Todos los “privilegios pecuniarios” en materia de subsidios, es decir, de tributaciones.
7_ Las desigualdades de nacimiento y de aptitud para los empleos.
El carácter cristiano y católico del régimen anterior a 1789 no es puesto en discusión. Al igual
que la monarquía, no parece por entonces fundamental no condenable. Lo que lo marca y condena,
para los constituyentes, es su carácter señorial, decimal, la venalidad de los cargos, la desigualdad en
el campo fiscal, en el derecho y en su concepción del hombre.

El toque de agonía del Antiguo Régimen y su definición póstuma: el preámbulo de la Constitución de


1791.

El preámbulo de la constitución resume la concepción de los constituyentes.


El régimen que acababan de destruir era para ellos un régimen feudal, cuyo respeto para la
propiedad y la monarquía, empero, conservaban; un régimen eclesiástico o ligado a la Iglesia, cuyo
respeto por la religión retenían; un régimen de venalidad y de herencia administrativa, de origen real,
del que no mantenían nada; un régimen de desigualdad de nacimiento y privilegios de todas clases
del que nada preservaban.
Pero todo eso estaba prácticamente establecido desde el otoño de 1789.
Dos años más tarde, nuevos acentos y condenas nuevas se agregaban a las precedentes, al
incorporar por lo menos tres elementos al régimen condenado:
a) las “jurandes y corporaciones de profesionales, artes y oficios”.
b) la segunda novedad testifica un ataque grave contra un importante aspecto del catolicismo: la
interdicción de los votos religiosos, juzgados como contrarios al “derecho natural”.
c) sin embargo, lo esencial es la nueva, furiosa y redundante condena a toda la nobleza, condena
ausente de los textos de 1789.
Así, los hombres de la Constituyente definían al Antiguo Régimen por sus caracteres sociales,
jurídicos y psicológicos más que por sus caracteres políticos y religiosos. Condenaban una sociedad,
leyes, usos, costumbres. No condenaban a la monarquía, no condenaban a la fe.

Los campesinos y el Antiguo Regimen.

Alrededor de 1920, en zonas rurales poco modernas, se llamaba al régimen anterior a 1789
como “la época de los señores”.
En “los señores” los patriarcas rurales de los años veinte confundían alegremente todo lo que
antes había dominado los campos y percibido derechos feudales, comprendido el diezmo: grandes y
pequeños nobles, obispos, monjes, canónigos, burgueses y sus agentes, recaudadores, molineros, o
miembros de la justicia.

Las quejas campesinas en marzo de 1789.

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Resúmenes Historia General IV – Programa 2018 – Correcciones 2019

El análisis sistemático del contenido de los cuadernos proporciona indicaciones masivas de imposible
recusación:
a) fidelidad y amor se elevan hacia el rey y la monarquía
b) sin embargo, la hostilidad hacia el sistema financiero de la monarquía es profunda, pese a lo
cual se espera que el buen rey y los Estados Generales lo reformarán.
c) Se protesta mayoritariamente contra algunos derechos feudales, contra todos o contra su
principio.
d) La hostilidad se manifiesta por lo menos con igual fuerza, no contra el principio del diezmo,
sino contra las realidades de su percepción, su desigualdad, sus exageraciones, sus irregularidades, y
sobre todo el hecho de que haya sido desviado de su primitiva finalidad, ya que casi ningún cuaderno
se muestra hostil a la religión.
e) Frecuentemente, pero no con carácter mayoritario, y quizá como eco de protestas
“burguesas” se registran amargar quejas por el desprecio en que todos los nobles tienen a los
labradores y los “paisanos”.
Una de las grandes grietas fundamentales del Antiguo Régimen será la que separe el trabajo
rural y la nobleza. Para los campesinos, ni la monarquía, ni la religión, ni la propiedad están en
discusión.
Están en cuestión las injusticias del sistema fiscal, los derechos señoriales, el diezmo, la mayor
parte de los privilegios y la conducta habitual de toda la nobleza. Pero los campesinos se han
expresado mejor mediante la concreción de los actos de los que no puede dudarse que fueron
revolucionarios.

Las rebeliones campesinas de los años 1788-1793.

El ascenso de los jóvenes, el estancamiento técnico, la “reacción feudal”, la súbita carestía


del invierno 1788-1789, y antiguas tradiciones, se habían conjugado para impulsar a la “emoción”, a
la rebelión incluso local o larvada, a cierto número de campesinos, un poco a lo largo de todo el reino.
La primera hoguera de rebeliones rurales apunto principalmente a los diezmos, a los
derechos feudales y a quienes los percibían: la nobleza, tonsurada o no, de espada o de toga; pero
hábil y al mismo tiempo ingenuamente, a sus archivos y sus títulos feudales más que a sus castillos y
sus personas.
Está claro: el Antiguo Régimen, para los campesinos, consistía en los señores y el feudalismo.
Las siguientes oleadas de rebeliones lo demostraron aún más.

Los historiadores definen el Antiguo Régimen.

Después de dos siglos, el historiador percibe simultáneamente en sus concepciones,


confusión y anacronismo. La una y los otros, empero, se explican por los orígenes muy antiguos
(aunque desigualmente antiguos) del régimen condenado

Orígenes milenarios.

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Asimilar de continuo derechos “señoriales” y derechos “feudales” ¿Equivaldría a confundir


feudalismo con el “señorío”, más vivo aunque sin duda más antiguo, que sería solo un modo de
explotación de la tierra?
En realidad, el Antiguo Régimen solo resulta claro por oposición a lo que siguió. Únicamente
es claro por su muerte legal, que lo define y lo nombra.
Lo propio del Antiguo Régimen es la confusión, contra la cual reaccionaron los
constituyentes. Incluso es en nombre de la Razón y las Luces que creyeron aniquilarlo.
La confusión que caracteriza el Antiguo Régimen deriva de su naturaleza. Es un magma de
cosas habitualmente seculares, a veces milenarias, ninguna de las cuales eliminó nunca.
Fue profundamente conservador y muchas veces de antiguallas; o si se prefiere, de
antigüedades a la vez respetadas, veneradas, deformadas, olvidadas, resucitadas, fosilizadas.
La nitidez de su acta de defunción, de su definición póstuma, tiene como evidente
contrapartida la inexistencia de su acta de nacimiento. Sus componentes tienen todas las edades,
reales o supuestas.
La herencia sistemática de los cargos no tiene dos siglos; los censos y los champarts (especie
de diezmo señorial) tienen de tres a ocho siglos; el diezmo más de mil años; la dignidad de par
pretende más aun, y la nobleza es de todas las épocas.
El Antiguo Régimen es una especie de inmenso río fangoso que arrastra troncos muertos y
enormes, plantas silvestres arrancadas de todas las orillas, organismos vivos de todas las edades y de
todos los volúmenes; que ha recogido sin desmedro los grandes ríos de la Edad Media, los arroyos
de los tiempos bárbaros y aun del Imperio Romano, sin olvidar fuentes todavía más lejanas, como la
trilogía de las “ordenes”, que viene tal vez del viejo fondo indoeuropeo.
Pero los “nuevos regimenes”, ¿basta para dar cuenta del final del Antiguo Régimen? Las
civilizaciones no mueren brutalmente por un solo texto. Las rupturas no aparecieron al ascender, sino
al descender; y no obstante la brutalidad de la Revolución, fueron rupturas sucesivas, escalonadas a
lo largo de casi un siglo.

Una muerte lenta, por rupturas sucesivas (1750-1850: fechas aproximadas).

Consideremos nueve rupturas por obra de las cuales murió progresivamente el Antiguo Régimen:
a) La aceleración de los transportes
b) La industrialización
c) El establecimiento de una sólida red bancaria
d) La unificación lingüística del país
e) La instauración y aceptación del servicio militar
f) La unificación jurídica del país
g) La simplificación y la unificación administrativas
h) La “revolución demográfica”
i) El retroceso de la piedad
Los orígenes y las imbricaciones de esas nueve rupturas, ligadas en parte, no siempre se ven
con nitidez. Designarlas y subrayarlas ayuda a comprender, a delimitar, quizá a definir al Antiguo

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Régimen: es exactamente la inversa de esa serie de lentas y decisivas novedades, aun cuando algunas
se esbozan antes de 1789.
Económicamente se caracteriza por la lentitud de las relaciones, el predominio de la
agricultura, la insignificancia de la metalurgia en una industria en si misma secundaria, la casi nulidad
del sistema bancario.
Demográficamente, siguió siendo largo tiempo medieval por los altos niveles conjuntos de
nupcialidad, fecundidad y mortalidad, así como por la persistencia de grandes crisis epidémicas o de
hambrunas.
Políticamente, a pesar de grandes esfuerzos en contrario, siguió siendo el régimen de la
diversidad jurídica, lingüística y administrativa, de la complicación y el privilegio.
Está mentalmente marcado por una mezcla de creencia en prodigios y de fervor cristiano, un
frecuente analfabetismo, una vida provincial y local extremadamente aislada, una concepción
habitualmente débil y a veces nula del Estado, de la Nación, de la Patria, salvo en la adoración del
monarca o la presencia física del peligro.
Es la época de los dialectos y las brujas, los pastores y los molineros, los señores y los
diezmeros, los aduaneros locales y los sargentos, el trueque y los mercados pequeños, al ritmo de la
mula y el peatón, de las estaciones y los signos del Zodíaco, con el rey y Dios bien lejos, jueces
supremos, recursos supremos, supremos consuelos.
Sentir, incluso confusamente, esas presencia antiguas y pesadas, equivale ya a penetrar en
ese modo de vida, en ese clima tradicional y obsesivo muy progresivamente destruido por las
rupturas fundamentales aparecidas en orden disperso a fines del siglo XVIII y sobre todo en el XIX.

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