0% encontró este documento útil (0 votos)
55 vistas9 páginas

Libertad de expresión y political correctness

Este documento analiza si la libertad de expresión es compatible con la corrección política. Explora cómo la libertad de expresión ha evolucionado a través de la historia y cómo ha cambiado con Internet y las redes sociales. También discute si la corrección política puede limitar la libertad de expresión al tratar de evitar ofender a grupos socialmente vulnerables.

Cargado por

juancgv36
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
55 vistas9 páginas

Libertad de expresión y political correctness

Este documento analiza si la libertad de expresión es compatible con la corrección política. Explora cómo la libertad de expresión ha evolucionado a través de la historia y cómo ha cambiado con Internet y las redes sociales. También discute si la corrección política puede limitar la libertad de expresión al tratar de evitar ofender a grupos socialmente vulnerables.

Cargado por

juancgv36
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

¿Es compatible la libertad de expresión con

la political correctness?

Jorge León Vásquez*

I. INTRODUCCIÓN

Un sistema de derechos fundamentales se caracteriza porque cada uno de los


derechos que lo integran son elementos que contribuyen a su unidad y coherencia.
Cada uno de ellos tiene una importancia determinada y definida, sobre todo, por los
ámbitos vitales que protegen. Pero, como en todo sistema, hay piezas que son
imprescindibles, sin los cuales los demás elementos no pueden estructurarse
coherentemente. Se trata de derechos que le dan sentido al sistema. Este rol lo
cumplen, por ejemplo, la dignidad del ser humano, el derecho a la vida, la igualdad y la
libertad personal. Estos llegan a convertirse, inclusive, en presupuestos de los demás
derechos.

Por razones no solo históricas en el surgimiento y desarrollo de los derechos


fundamentales, sino también por exigencias de la modernidad, la libertad de expresión
paulatinamente se ha convertido en un elemento clave del sistema de derechos.
Todas las libertades de comunicación se fundan en la libertad para expresar
opiniones, ideas, informaciones, etc. Esto explica por qué, en algunos sistemas
jurídicos como el norteamericano, por ejemplo, en un momento determinado la libertad
de expresión ha llegado a tener una posición preferente. No llama la atención, por eso,
que el ex juez norteamericano, Benjamin Cardozo, en su momento haya afirmado que
“[d]e la libertad de expresión se puede decir que es la matriz, la condición
indispensable de casi cualquier otra forma de libertad” (2008, pág. 417).

Para la democracia misma, la libertad de expresión es un elemento que hace que una
democracia sea tal y no otra cosa. En otras palabras, la libertad de expresión es un
elemento constitutivo de la democracia. Esto se refleja, por ejemplo, también en el
hecho de que uno de los estándares para medir la calidad de una democracia en un

*
Doctor en Derecho por la Universidad de Hamburgo-Alemania. Profesor de Derecho consttucional en
la Ponticia Universidad Católica del Perú (PUCP) y en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos
(UNMSM). Docente investgador del Grupo de Investgación en Derecho Consttucional y Derechos
Fundamentales (GIDCYDEF, PUCP).
w

país determinado sea justamente la libertad de expresión.1 De ahí que no puede haber
democracia sin libertad de expresión, ni tampoco libertad de expresión sin democracia.
La democracia no se agota en el acto (secreto) del voto en la elección de
representantes, tampoco en el debate en el Parlamento (L. Michael/M. Morlok, 2008,
pág. 126). Gracias a la libertad expresión la democracia se convierte también en un
valor constitucional, en el presupuesto para el libre intercambio plural y tolerante de
ideas y opiniones.

II. LAS TRANSFORMACIONES DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Los derechos fundamentales son el resultado de procesos históricos, sociales y


culturales concretos. Cada derecho fundamental es reflejo de su época. Esto no quiere
decir, sin embargo, que los derechos no puedan evolucionar al compás de los nuevos
tiempos (L. Michael/M. Morlok, 2008, pág. 44). Es más, deben hacerlo. Los ámbitos de
protección de cada derecho por eso deben ser flexibles, deben tener la virtualidad de
expandirse según aparezcan nuevas amenazas o nuevas formas de intervención en
los derechos fundamentales. La interpretación constitucional en esto es clave. Esto
aplica también, por supuesto, para la libertad de expresión.

La libertad de expresión tal como la conocemos hoy ha sufrido profundas


transformaciones. Concebida inicialmente en Inglaterra como una garantía de la
libertad de palabra en los debates parlamentarios, con la invención de la imprenta tuvo
que superar todavía la barrera de la censura previa y luego los rigores del régimen de
los libelos. Con la independencia de los Estados Unidos de Norteamérica y la
Revolución Francesa, la libertad de expresión adquiere otro nivel de relevancia: “[e]l
libre intercambio de ideas es imprescindible para adquirir la formación suficiente y
conocer la etiología de los problemas. También para poder alcanzar la verdad”
(Gallard, 2016, pág. 241 y ss.).

En la actualidad la libertad de expresión sigue asegurando el libre intercambio


democrático de ideas o debate de opiniones (demokratischer Meinungskampf) y la
crítica, pero han cambiado los medios, así como los objetivos. La libertad de expresión
hoy no se realiza en gran medida ya a través de los medios tradicionales (libros,
diarios, revistas impresas), tampoco necesariamente a través del contacto personal o
en espacios públicos físicos (por ejemplo, lugares abiertos, plazas, calles, etc.). La

1
Véase, por ejemplo, [Link] visitado el
ww.w.w019.
3

libertad de expresión se “ha mudado” esencialmente al ciberespacio, especialmente


mediante el uso de la internet y las redes sociales (social media).

De otro lado, ni siquiera es necesario ya que uno mismo exprese las ideas y opiniones.
Algo (no alguien), puede hacerlo por nosotros. La tecnología digital ofrece en esto
muchas posibilidades. Por ejemplo, programas informáticos como Simple TTS Reader
tienen la capacidad para reproducir oralmente textos escritos. Esto puede generar
problemas complejos como, por ejemplo, en relación con discursos y frases injuriantes
u ofensivas. ¿A quién se le debe atribuir responsabilidad por ello? Muchas veces no
está dentro de las posibilidades en la internet poder identificar al autor del texto escrito.
Otro problema también sería, si frente la prohibición de reproducir audios, se configura
propiamente una censura. ¿Quién podría considerarse afectado por su prohibición?
¿El autor del texto escrito, el que quiere subir a una plataforma digital el archivo, o
quien tiene interés en reproducirlo?

También los objetivos de la libertad de expresión ahora son distintos. La búsqueda de


la verdad, aunque sea valiosa en sí misma, no es algo que inspire necesariamente la
libertad de expresión (piénsese, por ejemplo, en los Fake News) (Hufen, 2017, pág.
413). Parte del ámbito de protección de la libertad de expresión es que todos deben
poder decir con libertad lo que piensan, aun cuando las opiniones no estén apoyadas
en fundamentos verificables y al margen de si ellas son valiosas o disvaliosas,
verdaderas o falsas, políticas o apolíticas, razonables o irrazonables, acertadas o
equivocadas, racionales o emocionales (Th. Kingreen/R. Poscher, 2017, pág. 176).2

Redes sociales como Twitter, Facebook o Instagram hacen que la libertad de expresar
ideas y opiniones se caractericen por su espontaneidad y sin un propósito específico.
No se busca convencer a nadie, sino muchas veces solo expresarse. Atrás van
quedando también los largos discursos, el convencimiento al auditorio, etc. Inclusive el
debate político cada vez más se traslada o continua en los medios digitales, porque es
ahí donde la exposición de ideas tiene mayores posibilidades de difusión. El ámbito de
protección de la libertad de expresión debe extenderse también a estos nuevos
medios de expresión (Th. Kingreen/R. Poscher, 2017, pág. 178). En ese sentido, las
tecnologías digitales ofrecen muchas posibilidades para la expresión e intercambio de
ideas y opiniones.
Sin embargo, el traslado al ciberespacio del ejercicio de la libertad de expresión
expone también a esta a nuevos peligros. Si antes la censura por parte del Estado era
w
BVerfGE 61, 1 (7).
4

el principal enemigo de la libertad de expresión, hoy principalmente son actores


privados. Google y Facebook tienen sus propias reglas de regulación y censura de
contenidos. Pero también otras amenazas surgen de la propia sociedad y de los
grupos. Por ejemplo, ¿la political correctness puedes ser considerada una amenaza
para la libertad de expresión?

III. POLITICAL CORRECTNESS Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN

La political correctness parece ser el “ambiente espiritual de nuestro tiempo” (Ballester,


2012, pág. 171) y, aunque no existe una definición unánime de ella, puede decirse que
es un tipo de lenguaje o un hecho social que pretende evitar ofensas sobre grupos
socialmente estigmatizados por razones de raza, género, religión, cultura y orientación
sexual3. Sin embargo, algunos consideran que esta finalidad original se habría perdido.
Pretendería ahora, como afirma el cardenal Joseph Ratzinger, “imponer un solo modo
de pensar y de hablar” (Poole, pág. pp. 212.) o generar la autocensura y la expulsión
arbitraria de la vida pública del “disidente que, sin instigar a la violencia, osa desafiar la
ideología dominante” (Bazán, 2015, pág. 152 y ss.).

Estas advertencias nos llevan a preguntarnos hasta dónde la corrección política puede
realmente convivir con la libertad de expresión. La libertad de expresión, por un lado,
garantiza a cualquier persona la posibilidad de formarse de manera libre, abierta y
amplia las opiniones que desee, cada quien elige y define los temas sobre los cuales
desea formarse una idea, inclusive cuando “la opinión podría no corresponder con lo
políticamente correcto” (Wölfl, 2003, pág. 297); de otro lado, garantiza también el
poder expresarlas sin censura (dimensión positiva) o, simplemente, de no
manifestarlas (dimensión negativa). Este aspecto, el de no expresar y no difundirlas se
subsume dentro del ámbito de protección de la libertad de expresión; nadie puede ser
obligado a dar a conocer sus opiniones si el titular del derecho no lo desea.

En los últimos años, sin embargo, se puede observar que, cada vez más, algunos
temas generan una especial sensibilidad (como la raza, la religión, la migración, la
homosexualidad, el género, etc.) y sobre los cuales, ciertamente, todos pueden asumir
una posición, tener una idea, pero muchas veces se prefiere no expresarlas o
difundirlas. Ahora bien, si la corrección política genera como consecuencia que el
titular del derecho no exprese sus opiniones, podría concluirse que entre la libertad de
3
Cfr. [Link] visitado el ww.w.w019.
5

expresión y la corrección política no habría incompatibilidad alguna, pues no expresar


las ideas forma parte de su ámbito de protección.

Sin embargo, esto no sería del todo exacto, pues el presupuesto de las dimensiones
positiva y negativa de la libertad de expresión es la decisión libre. Por el contrario, la
corrección política no ofrecería libertad para decidir, simplemente actuaría sobre el
sujeto constriñendo su ámbito de actuación; el titular del derecho no expresaría sus
opiniones, no tanto por una decisión considerada voluntaria, sino por temor a que
dichas expresiones sean consideradas políticamente incorrectas (autocensura).

Planteados en estos términos la conclusión parecería clara: existiría una


incompatibilidad entre la corrección política y la libertad de expresión, en tanto que la
primera anularía uno de los ámbitos de protección garantizado por esta. ¿Pero
realmente esto es así?

Desde nuestro punto de vista, esta incompatibilidad solo se presentaría bajo una
concepción errónea de la corrección política; es decir, bajo la idea que, distorsionando
su intención inicial (evitar ofensas y discriminaciones a grupos socialmente
marginados), pretende imponer un pensamiento único, sin lugar a las disidencias e,
imponiendo al final, la autocensura. Una tal concepción de la corrección política nada
tiene que hacer, como es evidente, en una democracia constitucional plural y tolerante.

Nosotros apelamos más bien a un retorno a la idea original de la corrección política, a


su esencia, en el sentido de buscar también en el lenguaje y en los hechos sociales
herramientas que coadyuven en la lucha contra la discriminación. La corrección
política, en el leguaje, es el intento de hacer más justos los cambios sociales. No es
tan cierto que la corrección política sea ineficaz para ello. Como se dice en los Estados
Unidos de Norteamérica, Words create Worlds (las palabras crean mundos). Muchas
veces la discriminación comienza con el lenguaje o ayuda a mantener una situación de
discriminación ya instalada en la sociedad.

Por eso, quien crea que la corrección política (entendida rectamente) afecta la libertad
de expresión o el derecho a la crítica, yerra. Aquella no debilita a estos. Ella solamente
asegura que cualquier debate permanezca libre de toda discriminación. Esto es algo
que toda Constitución debe garantizar. En términos de derecho constitucional, la
corrección política debería significar consideración y empatía, el respeto por el otro.
Estas son su fortaleza y su justificación. Ella aclara que los sentimientos y la situación
6

del otro debe ser tomado en serio, aun cuando personalmente uno no comparta ello.
Por ejemplo, no se requiere apoyar a la “estrella de género” para respetar los
sentimientos de las personas que están detrás de ella.4

En la década de los noventa, algunas universidades británicas y estadounidenses


crearon los denominados “espacios seguros” (Cox, 1994, pág. 195), en los que un
profesor, una universidad o un grupo de alumnos no toleraba expresiones o acciones
en contra de los movimientos homosexuales o transgénero, luego esto se extendió a
todos los individuos marginados, para que pudieran reunirse y compartir esas
experiencias de marginación; se consideró que esta medida fomentaba la inclusión,
aumentaba la sensibilidad y establecía parámetros para determinar cómo y dónde las
“conversaciones difíciles” podían tener lugar. (Ramírez, 2018, pág. 43).

No puede decirse, pues, que la corrección política (entendida rectamente), sea


incompatible o anule la libertad de expresión. Formas radicales o que desnaturalizan la
corrección política, por ello, no deben ser admitidas ni protegidas por el derecho
constitucional.

IV. POLITICAL CORRECTNESS: ¿“LÍMITE NO ESCRITO” DE LA LIBERTAD DE


EXPRESIÓN?

Según una encuesta de mayo de 2019, realizada en Alemania por el Institut für
Demoskopie Allensbach para el diario Frankfurter Allgemeinen Zeitung, sobre los
“límites de la libertad”, el 63% de los entrevistados prefiere no expresar sus opiniones
en público sobre determinados temas considerados “difíciles”. Así, el 71% prefiere no
hablar sobre los refugiados; el 66%, sobre los musulmanes y el islam; el 63%, sobre
los judíos; el 58%, sobre Hitler y el Tercer Reich; el 47%, sobre los homosexuales; el
37%, sobre el “tercer sexo” y el 15%, sobre la igualdad de derechos entre hombres y
mujeres. Asimismo, el 63% reclama que los políticos hablen claro y llamen a las cosas
por su nombre; el 57% considera irritante que cada vez más se les diga cómo
comportarse y qué está permitido decir; el 41% señala que la political correctness es
exagerada; y el 35% afirma que lo que realmente piensa solo lo puede decir en su
círculo privado.5

4
Interesante, sobre este aspecto, la discusión en: [Link]
contra, visitado el ww.w.w019.
5
Cfr. [Link]
visitado el ww.w.w019.
7

El resultado es que, cada vez más, el ejercicio de la libertad de expresión se reduce a


la esfera privada o a los círculos más íntimos, donde se pueden expresar las ideas sin
moderaciones y sin temor a ser juzgados por sus opiniones. Con ello, podría
plantearse la cuestión de si la corrección política se erige ahora como un límite no
escrito de la libertad de expresión. Esto merece todavía algunas reflexiones.

Todos los derechos fundamentales están sometidos a determinados límites. La


libertad de expresión no es una excepción a esto. La existencia de una intervención no
significa necesariamente la existencia de una vulneración al derecho fundamental,
toda vez que la intervención podría estar justificada por la propia Constitución, por la
ley o sobre la base de una ley. La doctrina distingue, por otro lado, entre límites
escritos y no escritos. Límites escritos son aquellos determinados por las reservas de
ley ordinarias o cualificadas. Límites no escritos son, en especial, los derechos
fundamentales de terceros u otros bienes jurídicos de rango constitucional.

Admitir que la corrección política es un límite no escrito de la libertad de expresión


implicaría otorgar a aquella jerarquía constitucional o la calidad de valor constitucional.
Pero en la medida que la corrección política no es propiamente una categoría jurídica
y, por lo menos en el Perú, no está consagrada explícitamente en una ley, no podría
ser considerada un límite no escrito de la libertad de expresión. Sin embargo, la
situación puede ser diferente en otros países. Por ejemplo, Klaus Adomeit (2009, pág.
98) considera que, en Alemania, la Ley General de Igualdad de Trato (das Allgemeine
Gleichbehandlungsgesetz) ha elevado muchas exigencias de la corrección política al
nivel de un deber jurídico, además de exponerlo al control judicial.

En estricto, sin embargo, la corrección política no puede ser un límite de la libertad de


expresión. Se trata de un instrumento, no de un fin en sí mismo que merezca
protección constitucional. Límite sería, en todo caso, el derecho al trato igual o a no
ser discriminado, pero no la corrección política. Que en los hechos la corrección
política se comporte como un límite a la libertad de expresión no la valida como tal.
Precisamente, una de las distorsiones de la corrección política que debe ser corregida
constitucionalmente es su desnaturalización: convertirse en un límite de facto, un
mecanismo de autocensura o de imposición de un pensamiento único (sobre esta
discusión, (Brugger, 2003, pág. 77 y ss.)).

Esto no quiere decir evidentemente que la libertad de expresión deba ser garantizada
ilimitadamente. Por el contrario, tendría que ser también ponderada con otros valores
de la Constitución. Esto ya era claro para Rudolf Smend, cuando afirmaba que los
w

derechos fundamentales hallan sus límites en “los valores de la sociedad, en el orden


y la seguridad públicos, en los derechos fundamentales y libertades de los otros que
concurren” (Smend, 1928, pág. 52). Si la libertad de expresión debe garantizarse esto
solo podría serlo hasta el punto que no se abandone su “efecto puramente espiritual”.
Quien pasa de la palabra a la acción abandona, en principio, el ámbito de protección
de la libertad de expresión (Masing, 2012, pág. 587).

V. COMENTARIO FINAL

Libertad de expresión y corrección política no están necesariamente en contraposición.


Esta, como forma de lenguaje o hecho social, puede contribuir a revertir estereotipos y
formas de discriminación normalizadas socialmente. Pero debe advertirse que una
concepción radical de la misma o que no deje espacio a la tolerancia y a la apertura,
también puede ser incompatible con una sociedad abierta y una democracia
constitucional que se asienta en el libre intercambio de opiniones y la crítica. Mientras
la corrección política tenga como finalidad asegurar que cualquier debate permanezca
libre de toda discriminación, mientras signifique consideración, empatía y respeto por
el otro, no existen razones para cuestionar su compatibilidad con la libertad de
expresión. Debemos recordar que las Constituciones democráticas no consagran
dicotomías: es posible la realización de la igualdad a través de la libertad y a la
inversa.

Lima, 29 de agosto de 2019.

Bibliografa
Poole, F. J. (s.f.). Nueva izquierda y cristanismo. Encuentro.
Cardozo, B. N. (w00w). Law is justce. Notable Opinions of Mr. Justce Cardozo, 1870-
1938. Neo York: The AD PRESS Ltd.
9

Gallard, J. C. (w016). Análisis de los orígenes de la libertad de expresión como


explicación de su actual coniguración como garanta insttucional. Iuris
Tantum, Revista Boliviana de Derecho, w36-w56.
Bazán, J. L. (w015). Discurso del odio, corrección polítca y libertad de expresión. Nueva
revista de polítca, cultura y arte(15w), 16w-176.
Ballester, M. (w01w). Lo polítcamente correcto o el acoso de la libertad. Cuadernos de
pensamiento polítco(34), 171-w01.
Cox, C. (1994). "Politcal correctness" and freedom of speech in Britsh Universites.
Minerva, 32(w), 193-195.
Wöll, T. (w003). „Vernunt statt Freiheit!“r — Die Tugendrepublik der neuen Jakobiner.
Zeitschrif fur Rechtspoliti(36), w97.
Ramírez, R. M. (Junio de w01w). ¿Existe todavía el derecho a la libertad de cátedraa Dos
corrientes polémicas en la academia norteamericana contemporánea. Revista
de Derecho(1), 31-50.
Adomeit, K. (w009). Bedrohte Freiheita Die Hochschulen, das Allgemeine
Gleichbehandlungsgesetz und die „Politcal Correctness“r. Forshung & Lehre(w),
9w-100.
Smend, R. (19ww). Das Recht der freien Meinungsäußerung. VVDStRL, 6-97.
Masing, J. (Juni de w01w). Meinungsfreiheit und Schutz der verfassungsrechtlichen
Ordnung. Juristen Zeitung(1w), 5w5-59w.
Hufen, F. (w017). Staatsrecht II. Grundrechte. München: C.H. Beck, 6. Aul.
Th. Kingreen/R. Poscher. (w017). Grundrechte. Staatsrecht II. Heidelberg: C.F. Müller,
33. Aul.
L. Michael/M. Morlok. (w00w). Grundrechte. Baden-Baden: Nomos.
Brugger, W. (w003). Schutz oder Verbot aggressiver Redea Argumente aus liberaler und
kommunitaristscher Sicht. Der Staat, 42(1), 77-109.

También podría gustarte