Estilo de vida de un deportista de alto rendimiento.
El estilo de vida de un deportista de alto rendimiento en el fútbol está marcado por una
serie de sacrificios y compromisos que comienzan desde una edad temprana. Estos jóvenes
talentos son reclutados por clubes a través de diferentes métodos, como pruebas de talento,
programas de formación en escuelas especializadas que buscan talento en todo el país.
Una vez que son parte de un equipo, los jugadores deben enfrentarse a una intensa rutina
de entrenamientos diarios, donde la competencia interna por ganarse un lugar en las diferentes
categorías es feroz. Todo deportista de competición se ve envuelto en un estilo de vida que nada
tiene que ver con el propio de sus iguales no deportistas. La forma de vivir del sujeto deportista
se caracteriza por unos hábitos alimenticios, de descanso, de ocio y sobre todo, de práctica física
que le hacen un ser especial. (Capdevila, Bellmunt y Domingo, 2015. p. 29) Esta exigencia física
y mental se combina con una educación integral que abarca aspectos como la salud, la psicología
deportiva y la formación en valores.
Para muchos de estos jóvenes, el camino hacia el fútbol profesional implica dejar atrás
sus hogares, familiares y costumbres, con el único objetivo de alcanzar su sueño de debutar en
primera categoría. Este sacrificio se ve reflejado en casos como el de Jhon Byron Flores, que
proviene de una localidad remota de Esmeraldas y debe viajar largas distancias, incluso en
lancha, para entrenar y competir.
Además del aspecto físico y técnico, los futbolistas deben enfrentarse a decisiones
importantes, como la elección entre continuar estudios o dedicarse por completo al fútbol.
Universidad San Francisco de Quito (USFQ) (2017). ´´Uno de los grandes dilemas que tienen
que pasar los futbolistas en formación es la disyuntiva entre continuar jugando o estudiando en
los colegios´´ (p.2). Esta decisión puede generar conflictos internos y exigir una gran
determinación y equilibrio emocional por parte del jugador.
Este estilo de vida implica sacrificios, disciplina, dedicación y una fuerte determinación
para alcanzar el éxito en un ambiente altamente competitivo y exigente.
Las condiciones en las que juegan la mayoría de niños y jóvenes en equipos como Liga,
Independiente del Valle o Aucas son favorables en relación a las circunstancias que viven en sus
hogares. Iván Vázquez, jefe de formativas de Independiente del Valle, asegura que el club brinda
a los chicos unas condiciones que muchos en sus hogares no pueden tener, como:
Alimentación
Educación
Atención médica
Formación psicológica
Formación deportiva
Desarrollo físico
Es crucial que los jóvenes adopten hábitos saludables que promuevan tanto su salud física
como mental, lo que les permitirá sobresalir tanto en el campo como en la vida académica.
Equilibrio entre deporte y bienestar personal.
Para mantener un equilibrio saludable entre el deporte y el bienestar personal de los
jóvenes, es importante adoptar hábitos que promuevan tanto la salud física como la mental. Estos
atletas, quienes dedican muchas horas y recursos a su entrenamiento, a menudo comienzan a
desarrollar sus carreras durante la adolescencia, lo que les obliga a combinar largas horas de
entrenamiento con actividades académicas, es fundamental que los clubes y centros académicos
sean sensibles a las necesidades del individuo y les permitan ajustar su proceso formativo para
adaptarse a sus condiciones particulares.
Uno de los aspectos fundamentales es asegurar un descanso adecuado. Dormir lo
suficiente es crucial para la recuperación muscular y el funcionamiento mental, por lo que se
recomienda que los adolescentes duerman entre 8 y 10 horas por noche.
Gestionar el tiempo de manera efectiva también es clave. Planificar y priorizar las
actividades puede ayudar a evitar el estrés y el agotamiento, reservando tiempo para el estudio, el
deporte y el tiempo libre, a parte del entrenamiento deportivo, es beneficioso incorporar otras
actividades físicas que se disfruten.
Mantener relaciones sociales es igualmente importante. Pasar tiempo con amigos y
familiares puede proporcionar apoyo emocional y reducir el estrés, por lo que es importante
equilibrar el tiempo dedicado al deporte con el tiempo para relaciones personales.
La práctica de una buena cultura deportiva puede tener un impacto significativo en la
salud mental y física de las personas.
Una buena cultura deportiva adecuada puede mejorar el estado óptimo de salud mental de
las personas alcanzado mediante la práctica puesto que ayuda a mejorar el exceso de
peso, pero también interviene en otras facetas de la condición física relacionada con la
salud esta no incluye no solo un peso y una composición corporal sana si no también una
condición física cardiovascular y respiratoria. (López, 2017. p. 42)
Esto contrasta que un estilo de vida y cultura deportiva equilibrada de alto rendimiento
adecuada puede mejorar tanto la salud mental como física, incluyendo el peso, la composición
corporal, la condición cardiovascular y respiratoria. Resalta la importancia de sobrellevar el
deporte como parte de un estilo de vida saludable.
Al adoptar estos hábitos saludables, las futbolistas semiprofesionales de 10 a 18 años
pueden mantener un equilibrio entre el deporte y el bienestar personal, lo que les ayudará a
prosperar en todas las áreas de sus vidas.
Impactos de ser un deportista de alto rendimiento
El rendimiento de un jugador de fútbol de subcategorías no solo se basa en ser el mejor
en las divisiones inferiores o formativas de un club. Hay factores adicionales que influyen en su
desarrollo y rendimiento, Como señalan García y Cols (1996, como se cita en Lizano, 2014). ´´
herencia, maduración, nutrición, descanso y sueño, nivel de condición, motivación, ambiente,
salud y sexo. A estos factores individuales habría que añadir los diferentes requerimientos
energéticos y técnico-tácticos de cada puesto específico en el fútbol´´ (p.26). Estos elementos,
tanto individuales como específicos del puesto, juegan un papel crucial en el desempeño de los
futbolistas y en la comprensión integral de las demandas físicas y mentales del deporte.
Para maximizar el rendimiento, es importante individualizar ciertos aspectos del
entrenamiento. Por ejemplo, considerar el nivel de condición física de cada jugador, las
características de su posición en el campo y los aspectos técnico-tácticos que necesita mejorar.
También es esencial equilibrar la preparación general y específica en diferentes etapas de
desarrollo. Por ejemplo, en niños menores de 10 años, la preparación específica debe ser
prioritaria, pero la preparación física general también es importante y puede provenir de la
educación física y la participación en otros deportes. A medida que los niños crecen, la
proporción de preparación general aumenta para incluir aspectos como la resistencia aeróbica y
la fuerza máxima.
El deporte, además de ser una actividad física, tiene un papel importante como
herramienta de socialización. ´´Este potencial socializador que tiene el deporte puede tener
consecuencias negativas o positivas, según el modo en que se establezca la interacción entre la
persona que se socializa, los agentes socializadores y los contextos sociales´´ (Ramírez,
Vinaccia, Suárez, 2004. p. 71). De esta manera el rendimiento de un jugador de fútbol está
influenciado por una variedad de factores, los mismos que generan diferentes impactos, y por
ende es importante tener en cuenta las necesidades individuales de cada jugador, así como las
demandas específicas de su posición y etapa de desarrollo.
Influencia de la vida deportiva en la integridad social y psicológica
Al deporte de alto rendimiento, que también se conoce como aquella cúspide de la
estructura piramidal del deporte, cuenta con la característica principal de la planificación del
entrenamiento deportivo, con el objetivo de aumentar la capacidad de rendimiento en distintos
aspectos del individuo, y su aplicación en la vida de un deportista puede llegar a causar. Esta
búsqueda por cada vez una mayor eficacia hasta cierto punto llega a desencadenar distintas
actitudes que van en contra de la sana convivencia y competencia en el deporte, siendo una de las
más evidentes el dopaje, tal como lo menciona Rodríguez (2022);
La aparición y la extensión del dopaje se debe, en gran parte, a factores externos a la
esencia misma del deporte, como el abuso de fármacos en la actualidad y la presión que
ejerce la sociedad sobre el deportista, al que se le exige una superación continua de su
rendimiento. (pág. 5)
Y es que además de las causas ya mencionadas por los autores, como razones para que
los deportistas acudan a maneras poco éticas e integras, tales como doparse, se añade los
contratos firmados por los deportistas cuyas retribuciones dependen en su mayoría de los
resultados obtenidos, lo cual los orilla a esforzarse, y buscar la ya mencionada y supuesta
constante superación. Es por esto que, cegados por una expectativa de mayores beneficios, al ver
que no lo consiguen por los métodos naturales recurren al dopaje, acto prohibido en la ética y
deontología en la Medicina Deportiva, que bajo ningún diagnostico o tratamiento permite
realizar algún acto relacionado con la exigencia o imperativo de los resultados, atentando contra
aquellos valores de un juego deportivo sano. Pero para evitar eso se debe definir lo que es un
juego limpio, a lo cual Pipe y Herbert (2008) aportan lo siguiente:
Los valores como la ética, el juego limpio y la honestidad, junto con la deportividad
tienen especial significación para el deporte, probablemente como aplicación concreta al
deporte de valores de un alcance general mucho más amplio. Por consiguiente, el juego
limpio puede considerarse la aplicación concreta en el deporte de la voluntad de justicia y
la imparcialidad. (pág. 2)
Tomando como sustento lo mencionado, en la vida de un deportista de alto rendimiento,
la búsqueda de la excelencia en la disciplina correspondiente también conlleva realizar dicho
proceso con total honestidad y sin cometer jugadas que van en contra de lo considerado como
juego limpio, ya que esto, junto con la ética deportiva, forman parte de la integridad de alguien
que se hace llamar un deportista de élite, aplicando dichas virtudes con una voluntad imparcial al
polo en que se encuentra e intención de la búsqueda de la justicia en todo aspecto en donde se
llegue a ejercer el deporte
Estado psicológico y emocional de los deportistas
Tras la sobre exigencia, el deportista puede presentar distintos trastornos mentales que
derivan de la creencia de que no existe una mejoría en cuanto a resultados se refiere, lo cual
puede venir sustentado de manera errónea por la perspectiva de terceros. Entre los factores
psicológicos más relevantes y frecuentes en la práctica de alto rendimiento, se encuentra el
síndrome de Burnout, siendo Vairio (2017) quien profundiza aquella afección con relación al
deporte basándose en Tamorri (2004).
Me adhiero al pensamiento de Tamorri (2004) cuando afirma que el deporte y la
actividad física brindan beneficios positivos para cualquier edad, sean estos psicológicos
y fisiológicos. En paralelo a la idea se puede pensar que en el deporte de alto rendimiento
la presión constante que se genera por conseguir la victoria y los continuos esfuerzos
durante un tiempo prolongado, hacen que el problema del sobreentrenamiento y el
abandono se agudicen. (Tamorri, S, 2004). Dicho autor manifiesta a su vez, que excesivas
exigencias del rendimiento físico y mental, así como un posible aburrimiento a causa de
entrenamientos monótonos y repetitivos, podrían ser factores y causas que conduzcan a
que el deportista “se queme” o tenga más probabilidad de tener el síndrome de burnout.
(Tamorri, S, 2004). (pág. 7)
Tal como lo manifiesta Vairo, el ejercicio es algo benéfico en la vida humana, pero
realizarlo de manera que se exija más al cuerpo y la mente de lo que pueden ofrecer, supone no
solo ciertas afecciones físicas por la sobreexplotación del deportista, sino también una especie de
fatiga causa de la monotonía, para posteriormente, desencadenando en el síndrome de Burnout.
Esta afección se caracteriza por un sentimiento de fracaso, agotamiento o sensación de a futuro
ser alguien “exhausto” tras las excesivas demandas no solo energéticas, sino también de fuerzas,
espíritu y recursos personales. El síndrome de Burnout a sido blanco de interés en los últimos
años del presente siglo XXI debido a su constante aumento, y con justa razón, ya que una de sus
consecuencias más destacadas implica la disminución de la productividad laboral y la
concentración, que a largo plazo provoca efectos nocivos en la carrera profesional del deportista,
y hasta en su vida personal. Así mismo, las victorias y derrotas de sus competiciones afectan
significativamente, especialmente los fracasos, así lo menciona Arias (s.f):
Tal como señalan Mannino & Robazza (2004), en el deporte se presentan continuamente
situaciones que pueden generar tensión emotiva y malestar, entre ellas: el deseo de
vencer, la frustración de la derrota o de un rendimiento insatisfactorio, el miedo a un
adversario fuerte, los sacrificios excesivos del esfuerzo agonístico, la evaluación del
entrenador, la opinión de los amigos y de las personas importantes. A lo anterior se
añaden presiones económicas, familiares, sociales, el público, etc., un escenario de alto
impacto emocional en la vida del deportista. (Mannino & Robazza, 2004 citados por
Arias, s.f)
Haciendo alusión a lo anterior, el buscar un rendimiento excepcional en el deporte puede
ocasionar una presión al no aceptar resultados que no son los suficientemente satisfactorios en
relación a su esfuerzo, llegando al pensamiento de que no se ha tenido ningún avance, y al estrés,
que especialmente afectan a la salud mental del individuo ocasionando más bien que su provecho
en su disciplina empeore, es decir, que empiece a cometer errores los cuales puedan llegar hasta
el extremo de ocasionar situaciones riesgosas o tal vez mortales. El deportista también se puede
ser afectado por presiones de distinto tipo, la opinión de terceros, o la evaluación del entrenador.
Secuelas de la práctica deportiva de alto rendimiento
La exhaustiva y furtiva practica de un entrenamiento constante, con la meta de siempre
obtener mejores resultados puede desencadenar no solo afecciones de manera pasajera, sino
secuelas las cuales en ciertos casos son mayores al beneficio que aporto el deporte realizado.
Gutiérrez (2021) tras el análisis e investigación del tema determinó lo siguiente:
Siendo claros los beneficios que tiene la actividad física en personas deportistas y
sabiendo que hay que seguir unas indicaciones para realizarla de manera segura, atletas
de alta competición con enfermedades crónicas aún tienen dudas sobre su seguridad y la
relación beneficio-riesgo con la actividad física a estos niveles, a continuación, se expone
toda la información obtenida al respecto sobre las patologías crónicas más frecuentes en
la población deportista: la diabetes mellitus, el asma y las enfermedades cardiovasculares
(pág. 7)
Tras analizar lo mencionado por Gutiérrez, se puede concluir que la actividad física como
tal, aporta ciertos beneficios que pueden mejorar la calidad de vida de su practicante, pero al
momento de querer buscar constantemente la mejora en la disciplina propia de manera gradual o
exponencial, pueden llegar al punto de sobrepasar lo que su cuerpo y mente les permite dar, lo
cual puede terminar perjudicando a su salud, específicamente a su capacidad motriz, lesiones,
patologías crónicas, entre otras afecciones tales como la fatiga del individuo. A su vez, las
lesiones son algo frecuente en la vida de un deportista de alto rendimiento. Así lo indica Maza et
al. (2021):
Las lesiones deportivas están subordinadas a ciertos factores de riesgo como
(Escorcia Gómez, 2015) el tiempo de exposición, el cual hace referencia a las
horas de práctica deportiva en las que el deportista se arriesga a sufrir alguna
lesión, mientras más alto sea el tiempo de dedicación al entrenamiento o
competición, más alto será el riesgo de padecer una lesión (Rubio & Chamorro,
2000) (pág. 741)
Tomando como referencia lo anterior, el riesgo de sufrir lesiones, y su nivel de gravedad,
es proporcional a la cantidad de tiempo que se le dedique al entrenamiento, y si de un deportista
el cual busca la excelencia se refiere, tanto el tiempo que dedique a su entrenamiento, como el
riesgo de lesionarse será mayor a una persona o incluso deportista convencional, y, por ende, se
aumenta la probabilidad de causar afecciones permanentes al cuerpo que no se limiten a una
lesión temporal.
Afecciones y trastornos causados por la práctica del deporte de alto rendimiento
El deporte de élite, como el resto de profesiones, tienen su riesgo. Los atletas de élite son
más propensos a experimentar trastornos de salud mental: enfrentarse a la cantidad de estrés y
presión que supone el deporte de élite predispone al deportista a sufrir un impacto en su bienestar
emocional. El ambiente deportivo es el detonante para muchos trastornos, muchos atletas no
llegan a un alto nivel competitivo debido a distintas razones psicológicas, entre ellas las más
frecuentes son la depresión y la ansiedad. Así como lo afirma Poucher (2021): “La depresión,
ansiedad y el trastorno alimentario son los problemas más generalizados en los deportistas,
siendo la depresión el más significativo”. El estar lejos de sus familiares, sentirse solos o
incomprendidos por las barreras del idioma o la cultura a veces puede resultar un obstáculo para
formar nuevos vínculos con otras personas, lo que les hace sentirse vulnerables.
En la cultura del deporte, durante mucho tiempo, se ha vivido la salud mental como un
signo de debilidad más que un signo de fortaleza, los deportistas temen que eso les exponga
vulnerabilidad y reduzca las posibilidades frente a clubes o equipos profesionales, ya que
siempre están sometidos a una presión constante para llegar a alcanzar los objetivos establecidos.
Según William (2001):
El deportista persigue tener una buena técnica, habilidad, forma física y experiencia, pero
las situaciones que experimenta pueden conllevar demasiada exigencia, dificultad y
demanda, por lo que la apreciación cognitiva de las demandas, de los recursos y de las
consecuencias, puede generar ansiedad dando respuestas emocionales como tensión
muscular y ondas cerebrales negativas; esto perjudica a su conducta ya sea durante los
entrenamiento, en la competencia o bien después de ella, a través de una mala ejecución,
una toma de malas decisiones, e incluso una pésima percepción y memoria.
Cuando se sufren estos síntomas, afecta notablemente el desempeño de los atletas,
disminuyendo su eficacia y rendimiento; dando como resultado una autoevaluación negativa y
bajas expectativas en sus posibilidades de éxito.
Gestión de tiempo entre su vida personal y deportiva
La clave para una vida deportiva de excelencia es la gestión de tiempo, debe ser efectiva
junto con una planificación inteligente. Los atletas deben organizar sus rutinas, priorizar sus
tareas y, lo más importante, comprender y aceptar sus propios límites. Estas herramientas no solo
buscan mejorar el rendimiento deportivo, sino también promover un bienestar integral y darle
sentido a cada esfuerzo realizado.
Definir una planificación de rutinas con horarios de entrenamiento le proporciona al atleta
objetivos específicos a cumplir para futuras competencias, pues tiene claro las actividades que
debe realizar, proporcionando una estructura clara para el progreso. Si bien es esencial tener un
plan, también lo es ser flexible. Los planes deben revisarse y ajustarse regularmente en función
de los resultados y el feedback. Mediante las palabras de García (2015):
Los deportistas que sean capaces de compaginar su formación deportiva con una
formación académica son y serán profesionales altamente cualificados, muy demandados
por las empresas por su capacidad de organización, de gestión de su tiempo; por su
constancia, espíritu de sacrificio y por su capacidad para trabajar en equipo.
Los deportistas deben planificar cuidadosamente cada etapa de entrenamiento y
competencia, estableciendo objetivos claros y específicos que les guíen a lo largo del proceso
junto con sus habilidades cognitivas, que son igual de importantes que las físicas para lograr
éxito en el mundo deportivo. Al implementar buenas prácticas de planificación, organización y
desarrollo de habilidades, los deportistas pueden maximizar sus posibilidades de éxito tanto en el
campo de juego como fuera de él. Una mala gestión de tiempo puede ocasionar agobio, estrés,
además de no cumplir con las metas propuestas, viéndose perjudicado en su rendimiento
deportivo como personal.
En el momento en el que el deportista llegue a entender y aceptar que sus capacidades y
el tiempo disponible son limitados son una pieza clave para manejar el tiempo de manera
eficiente. En el mundo del deporte, donde la presión por rendir al máximo es constante, el
reconocer que no se puede abarcar todo, mantendrá un enfoque claro y evitará el agotamiento. Al
establecer prioridades claras y realistas, no solo el deportista mejora su rendimiento, sino que
también minimiza el estrés y optimiza su energía para lo que realmente importa.
Programas de apoyo para los deportistas
La salud mental de los deportistas desempeña un papel principal en competencias, su
calidad de vida dentro y fuera del campo, en su carrera deportiva. Una mala gestión de sus
emociones y un mal manejo de estas puede llevar al deportista a bajar su rendimiento, por lo que
es importante que lleven un seguimiento psicológico continuo para sobrellevar la presión en la
que viven y las expectativas a las que su entorno los somete continuamente, y así evitar
problemas de salud mental.
Para cuidar su salud mental, los deportistas deben aprender a manejar el estrés, la presión
y las expectativas. Los psicólogos del deporte pueden ayudar a los deportistas a desarrollar
habilidades de afrontamiento y estrategias de gestión del estrés para mejorar su rendimiento
deportivo y su bienestar general. Asimismo, pueden proporcionar terapia y tratamiento para
trastornos de salud mental, si es necesario. “El propósito general de este tipo de intervención es
crear un estado de rendimiento ideal, a través del autocontrol de procesos internos como la
confianza, la atención, las emociones, la cognición o los estados corporales”, como señalan
Hardy, Jones y Gould (1996). Los deportistas que sientan un apoyo a través de su psicólogo
obtendrán más probabilidades de tener una salud mental establece y un rendimiento deportivo de
excelencia. Cabe recalcar que el deportista merece una atención de calidad con el fin de trabajar
sus fortalezas y debilidades, además de trabajar con factores externos que puedan ser un
detonante de problemas de salud mental.
Los equipos deportivos y las organizaciones deportivas están tomando medidas para
mejorar la salud mental de los deportistas. Algunos equipos han implementado programas de
bienestar mental, que incluyen terapia y asesoramiento, así como talleres y capacitaciones en
habilidades de afrontamiento y manejo del estrés. Respecto a la mejora del rendimiento
deportivo, un importante número de psicólogos realizan en la actualidad un entrenamiento
psicológico con deportistas de diversa índole y distinta modalidad como es el caso del fútbol,
atletismo, natación, etc. (Garcés de los Fayos y Vives, 2005; Gimeno, Buceta y Pérez-Llantada,
2007). Con atención y cuidado adecuados, los deportistas pueden mejorar su salud mental y su
rendimiento deportivo, lo que les permite disfrutar de una vida más equilibrada y exitosa dentro
y fuera del campo.