TEMA 5. LA CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN (1788-1833).
LIBERALISMO FRENTE AL
ABSOLUTISMO.
ÍNDICE
1. INTRODUCCIÓN.
2. LA CRISIS DEL REINADO DE CARLOS IV.
3. LA GUERRA DE INDEPENDENCIA
4. EVOLUCIÓN POLÍTICA: JOSÉ I. LAS CORTES DE CÁDIZ Y LA CONSTITUCIÓN DE 1812.
5. EL REINADO DE FERNANDO VII (1814-1833).
6. CONCLUSIÓN
1. INTRODUCCIÓN.
El siglo XVIII concluyó tumultuosamente para España con la llegada de
Carlos IV en 1788 y el estallido de la Revolución Francesa en 1789. Las
ideas revolucionarias se difundieron por Europa, promoviendo el
liberalismo político y la sociedad de clases, lo que eventualmente condujo
al declive del Antiguo Régimen en el continente. En 1808, las tropas
napoleónicas invadieron España, desencadenando la Guerra de
Independencia y dando lugar al primer intento de establecer un régimen
liberal con la Constitución de Cádiz de 1812. A pesar de la restauración del
absolutismo por Fernando VII en 1814, las ideas liberales continuaron
ganando fuerza hasta su consolidación tras la muerte del rey en 1833.
2. LA CRISIS DEL REINADO DE CARLOS IV.
La crisis durante el reinado de Carlos IV, que comenzó en 1788, se
intensificó con la paralización de las reformas ilustradas ante el temor a la
Revolución Francesa. En 1792, Manuel Godoy reemplazó a los ministros
ilustrados, deteniendo el impulso reformista. La participación en la Guerra
de la Convención contra Francia (1793-1795) culminó con la Paz de
Basilea, donde España aceptó concesiones desfavorables. Godoy, firmó el
tratado de san Idelfonso, tras la victoria en la Guerra de las Naranjas
(1801), y la derrota en Trafalgar (1805), enfrentó problemas económicos y
tensiones internas.
Para estabilizar las finanzas, Godoy implementó medidas impopulares,
como la desamortización de bienes eclesiásticos, generando conflictos con
los estamentos privilegiados y con el príncipe Fernando VII. El aumento de
impuestos sobre el campesinado provocó malestar, exacerbado por
epidemias, hambrunas y escasez. En 1807, el Tratado de Fontainebleau con
Napoleón llevó a la ocupación francesa en territorio español, agravando la
crisis.
El descontento culminó en el Motín de Aranjuez en marzo de 1808, donde
el pueblo, apoyado por el príncipe Fernando, logró la destitución de Godoy
y la abdicación de Carlos IV en favor de su hijo. Ante la situación, Carlos
IV buscó la ayuda de Napoleón, quien convocó a ambos a Bayona,
logrando las Abdicaciones de Bayona de 1808. El trono español fue
entregado a José Bonaparte.
El 2 de mayo de 1808, un levantamiento popular en Madrid contra la
ocupación francesa marcó el inicio de la Guerra de Independencia. Este
conflicto se dividió entre partidarios (afrancesados) y detractores del nuevo
monarca. Además, la ausencia del monarca legítimo, Fernando VII, generó
un vacío de poder, culminando en un proceso revolucionario que llevó a la
promulgación de la primera Constitución en la historia de España. La
Guerra de Independencia se caracterizó por la lucha contra la ocupación
francesa y el surgimiento de tensiones políticas y sociales, sentando las
bases para cambios significativos en el país.
3. LA GUERRA DE INDEPENDENCIA
La Guerra de Independencia española (1808-1814) generó divisiones
políticas e ideológicas en la población. Los "afrancesados", una minoría,
respaldaron a José I en un intento de modernizar España, mientras que la
mayoría conformó el frente patriótico, compuesto por clases populares,
nobleza y liberales, oponiéndose a la invasión con objetivos diversos.
En la primera fase (1808-1809), la formación de Juntas Provinciales
asumió la soberanía en ausencia del rey, enfrentándose a los franceses en
ciudades como Girona y Zaragoza. La Batalla de Bailén (1808) marcó la
primera derrota terrestre de Napoleón en Europa, obligando a José I a
abandonar Madrid. Las Juntas Provinciales se unieron para formar la Junta
Central Suprema en septiembre de 1808.
En la segunda fase (1809-1812), la llegada de Napoleón con la Grand
Armée controló la mayor parte de la península, forzando a la Junta Central
a trasladarse a Cádiz, la única ciudad resistente gracias al apoyo británico.
La guerra de guerrillas, liderada por civiles como el cura Merino, Espoz y
Mina, y "el Empecinado", fue crucial para resistir y hostigar a los
franceses.
La tercera fase (1812-1814) se vio influenciada por la campaña de
Napoleón en Rusia, retirando tropas de la península. Los milicianos
españoles, con el respaldo del general británico Wellington, derrotaron a
los franceses en Arapiles, Vitoria y San Marcial. Napoleón firmó la paz en
el Tratado de Valençay (1813), permitiendo el retorno de Fernando VII "el
Deseado".
Las consecuencias del conflicto fueron significativas: España se convirtió
en una potencia de segundo orden, y el conflicto estimuló los procesos de
independencia en las colonias americanas. Económicamente, las cosechas
fueron devastadas y los talleres destruidos. Las pérdidas humanas, entre
civiles y militares, se estiman en medio millón de personas, y los
"afrancesados" se vieron obligados a exiliarse.
4. EVOLUCIÓN POLÍTICA: JOSÉ I. LAS CORTES DE CÁDIZ Y LA
CONSTITUCIÓN DE 1812.
José I Bonaparte fue proclamado rey de España en 1808 como parte de la
ocupación napoleónica, convocando Cortes para aprobar una constitución y
acabar con el Antiguo Régimen. En julio de 1808, se firmó el Estatuto de
Bayona, también conocido como Constitución de Bayona, que, aunque
reformista, no estableció la división de poderes. Las reformas fueron
respaldadas por los afrancesados, pero la población mayoritariamente
consideró ilegítimo al nuevo gobierno, llevando a la falta de aplicación de
las reformas debido a la guerra.
Tras la creación de la Junta Central Suprema en 1808, en 1810 se disolvió y
se formó un Consejo de Regencia para convocar las Cortes en Cádiz, la
única ciudad libre del dominio francés. Las Cortes de Cádiz, inauguradas
en septiembre de 1810, reunieron a diputados de diversas profesiones y
corrientes ideológicas. Hubo tres grandes corrientes de opinión:
absolutistas, renovadores y liberales.
Durante su existencia entre 1810 y 1813, las Cortes de Cádiz llevaron a
cabo reformas que desmantelaron el Antiguo Régimen. Algunas de estas
reformas incluyeron la libertad de imprenta y la supresión de la Inquisición
(1813). Se abolió el régimen señorial, los gremios y se realizó una tímida
desamortización de bienes eclesiásticos. La labor más destacada fue la
elaboración y aprobación de la Constitución de 1812, conocida como "La
Pepa". La Constitución reflejó los principios básicos del liberalismo
español, incluyendo la soberanía nacional, una monarquía parlamentaria,
separación de poderes, sufragio universal masculino indirecto, igualdad
ante la ley, y reconocimiento de derechos y libertades individuales.
A pesar de ser uno de los textos constitucionales más avanzados de su
tiempo, la situación de guerra impidió la correcta implementación de las
medidas propuestas. La vuelta de Fernando VII al trono frustró la
experiencia liberal y condujo al retorno del absolutismo, marcando el final
de la breve, pero influyente etapa constitucional en España.
5. EL REINADO DE FERNANDO VII (1814-1833).
Después de la Guerra de Independencia, Fernando VII regresó a España en
1814, siendo recibido con entusiasmo, pero generando incertidumbre sobre
su postura hacia las reformas de las Cortes de Cádiz. En abril de ese año,
firmó el Manifiesto de los Persas, anulando la Constitución de 1812 y
restableciendo el absolutismo, marcando el inicio de un periodo represivo.
El Sexenio Absolutista (1814-1820) estuvo caracterizado por la represión a
los liberales y afrancesados. Se restauraron las estructuras del Antiguo
Régimen, y la situación económica empeoró con la bancarrota y las
revueltas en las colonias americanas.
El Trienio Liberal (1820-1823) comenzó con el pronunciamiento del
coronel Rafael de Riego, llevando a la reinstauración de la Constitución de
1812. Sin embargo, la fractura entre doceañistas y veinteañistas dentro del
liberalismo debilitó las reformas. La breve duración del Trienio permitió
algunas reformas anticlericales y económicas.
En 1823, los Cien Mil Hijos de San Luis, un ejército francés, enviado por la
santa alianza, restauraron el absolutismo en España con el apoyo de
Fernando VII. La Década Ominosa (1823-1833) estuvo marcada por la
represión, la anulación de las reformas liberales y la disolución del Ejército.
La cuestión sucesoria surgió con el nacimiento de Isabel II en 1830 y la
derogación de la Ley Sálica por Fernando VII, abriendo un conflicto con su
hermano Carlos María Isidro. La década también vio la persecución de
liberales y conspiraciones militares.
Fernando VII murió en 1833, dejando a su hija Isabel II como heredera y
nombrando regente a su esposa María Cristina. Se desató un levantamiento
absolutista liderado por Carlos María Isidro, dando inicio a las Guerras
Carlistas.
6. CONCLUSIÓN
Como hemos visto a lo largo del tema, el inicio del S. XIX en España, trajo
numerosos cambios económicos, sociales y políticos. Sin embargo, el ritmo
de estos cambios no siempre coincidió con lo que ocurría en el resto de la
Europa Occidental.
La ocupación napoleónica trajo una cruenta guerra. Pero también fue el
momento aprovechado por los sectores más ilustrados y liberales para
firmar la Constitución de Cádiz de 1812.
Con la vuelta de Fernando VII El Deseado, después de la guerra, se
restableció el absolutismo, pero las cosas no volverían a ser como antes,
pues el Antiguo Régimen había quedado herido de muerte. No cabe duda
de que, a pesar de su escasa repercusión a corto plazo, fue la Constitución
de Cádiz la que acabó con ese viejo sistema en nuestro país y permitió la
instauración de un régimen liberal.