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Bóvedas de Ladrillo sin Cimbra

Esta técnica constructiva de cubiertas de ladrillo sin cimbra es una técnica milenaria que se utiliza para construir cubiertas económicas. El documento describe el proceso de construcción, incluidos los materiales y mano de obra requeridos. La técnica permite construir cubiertas de hasta diez metros con ladrillos inclinados sin necesidad de soporte.

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Bóvedas de Ladrillo sin Cimbra

Esta técnica constructiva de cubiertas de ladrillo sin cimbra es una técnica milenaria que se utiliza para construir cubiertas económicas. El documento describe el proceso de construcción, incluidos los materiales y mano de obra requeridos. La técnica permite construir cubiertas de hasta diez metros con ladrillos inclinados sin necesidad de soporte.

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UNIVERSIDAD AUTÓNOMA

METROPOLITANA, UNIDAD XOCHIMILCO

MATERIALIZACIÓN DE LA
ARQUITECTURA I
BOVEDAS

Alumno: Irving Yael Castro Hernández


Docente: Mtra. Noemi Bravo Reyna
La técnica
Este trabajo muestra una técnica económica, milenaria y moderna, para construir
cubiertas con ladrillo sin cimbra ni otro tipo de refuerzo. Estas características
hacen que sea una forma de cubrir el espacio con un muy bajo costo. Se puede
utilizar además, tanto para entrepisos como para cubiertas de azotea. Es una
técnica que puede ser aprendida y aprehendida por constructores profesionales y
también por autoconstructores. La técnica permite construir cubiertas hasta de
diez metros de claro menor y por tanto, esto incluye la posibilidad de cubrir la
enorme mayoría de los espacios arquitectónicos especialmente los habitacionales,
destinados a viviendas unitarias o colectivas; los espacios educativos y los
asistenciales, entre otros.
La economía
Su bajo costo se basa en tres condiciones. La primera es, como hemos dicho, que
no requiere ningún tipo de cimbra o soporte alguno, mientras se construye.
Además, se utilizan materiales de bajo costo, como el ladrillo común de barro o
ladrillo de tierra cemento o simplemente adobe. Y en tercer lugar, la mano de obra
tiene un alto grado de eficiencia, pues sólo se necesitan dos horas hombre, en
promedio, para construir un metro cuadrado de cubierta. Tampoco requiere de
refuerzos – hierro o concreto – adicionales.
Los materiales
El ladrillo con que se construye puede ser el ladrillo de barro normal hecho a mano
o un ladrillo de barro sin cocer, comúnmente llamado adobe o un ladrillo de tierra-
cemento en proporción de 1 a 10. Sus dimensiones son 5x10x20cm – siendo los
10 cm el espesor de la bóveda – y en caso de que el ladrillo con estas medidas no
se consiga o resulte costoso elaborarlo, entonces también se puede usar el ladrillo
común de pared – entero o por mitad – que en nuestro país mide 6x12x24cm. En
este último caso, las bóvedas tendrán 12 cm de espesor. El mortero utilizado es
una mezcla “terciada” – cal, cemento y arena – semejante a la utilizada en los
muros.
La mano de obra
Normalmente, en el centro de la República, este tipo de cubiertas la hacen
albañiles especializados, llamados bovederos con sus ayudantes. Ellos realizan su
trabajo a destajo, que incluye los movimientos de los andamios necesarios, la
realización de la bóveda propiamente dicha y el acabado interior aparente del
ladrillo. Esto hace, gracias a su eficiencia, que sean los albañiles mejor pagados.
En nuestra experiencia, la técnica puede ser aprendida por cualquier albañil y por
cualquier persona – estudiantes, autoconstructores o profesionales – con voluntad
e interés en hacerlo.

La técnica
Esta técnica constructiva de cubiertas de ladrillo sin cimbra es una técnica
milenaria en el Cercano Oriente y es una técnica secular en México. Sus
antecedentes se encuentran especialmente, en la antigua Mesopotamia y en la
parte meridional de Egipto y en una época más cercana en la zona central de la
República Mexicana. Uno de sus vestigios está en el Centro Funerario de Ramsés
o Ramesseum, sito en el Valle de los Reyes, en la ribera opuesta del Nilo a la
ciudad de Luxor. Esta construcción, que aún en nuestros días puede observarse,
fue realizada hace 3,300 años. Las cubiertas se conocen como bóvedas núbicas.
Las nuestras las llamaremos “bóvedas” mexicanas. Ambas parten del mismo
principio básico – el ladrillo inclinado o recargado – pero se diferencian, tanto en el
tipo de ladrillo utilizado – adobe en Nubia y pequeñas piezas cocidas en México-,
como en la forma de apoyarse. En las núbicas, las bóvedas se recargan contra un
muro que es más alto que los muros sobre los que se desplanta. En nuestras
bóvedas los apoyos son los lados menores – en el caso de una bóveda alargada –
o las esquinas, literalmente unos puntos, para bóvedas de forma cuadrada; como
mostraremos en los diagramas correspondientes. En México esta técnica data de
la segunda parte del siglo XIX y tiene dos posibles sitios originarios; San Juan del
Río en Querétaro y Lagos de Moreno en Jalisco. De ser necesaria una historia de
esta técnica, corresponderá a los historiadores investigar las fechas y lugares
precisos. Así como explicar, cómo esta técnica pudo viajar más o menos quince
mil kilómetros al occidente, conservando la misma latitud y aparecer en nuestro
país, un poco más de tres mil años después.
Mano de obra y materiales
El ladrillo utilizado es llamado "cuña" y tiene 1000 cm3 (5 x 10 x 20cm); con una
resistencia que fluctúa entre 60 y 75 kg/cm2 y un peso aproximado de kilo e
medio. Esta baja resistencia permite que pueda ser cortado manualmente com a
cuchara del albañil. Condición necesaria para la rápida ejecución de las bóvedas.
Un artesano diestro, com su ayudante realiza de 7 a 8 m2 por dia. Es dicer, que
cada metro cuadrado de bóveda tiene 2 horas de trabajo. Cantidad tres o cuatro
vezes menor que las horas de trabajo necesarias para construir una losa de
concreto, la técnica es artesanal; ignorando que para construir una losa de
concreto se requieren de 3 a 4 vezes más horas/hombre por m2. En otros
términos, ambas técnicas son artesanales, pero en el caso de las cubierturas de
ladrillo, al necesitarse sólo 2 horas/hombre por m2, esta técnica es mucho más
eficiente.

En la aplicación de esta técnica, generalmente, las bóvedas se proyectan


sustituyendo a una losa plana limitada por un perímetro horizontal rectangular o
cuadrado. Cuando surgen espacios que no tienen esas figuras como perímetro,
entonces se “regularizan”. Si existe un planta en forma de L (ele), entonces el
artesano o el arquitecto piden que se ponga una viga intermedia para que esta
forma desaparezca y queden otra vez dos figuras rectangulares

el proceso constructivo de una cubierta de planta cuadrada de cuatro metros de


lado; con un peralte de un metro; con un perímetro horizontal y cuatro puntos – las
esquinas – de recargue.
Al iniciar la construcción el primer ladrillo se corta a la mitad y se coloca con una
inclinación de 45 grados en una de las esquinas apoyado sobre el mortero y
pedacería del propio ladrillo. El inicio por las esquinas es, generalmente, en
bóvedas sobre plantas de forma cuadrada o rectangular cuya proporción no sea
mayor a una vez y media la relación entre sus lados. Un criterio semejante a la
clasificación de las losas de concreto en perimetrales o simplemente apoyadas.
Después, la primera hilada, descansa sobre el medio ladrillo inicial, la segunda
sobre la primera y así sucesivamente. El artesano cuida que la distancia que
avanza cada hilada sea la misma en los dos lados de apoyo. No hace ningún trazo
adicional. Cada hilada tiene una longitud que se incrementa al avanzar. Estas
hiladas empiezan en las orillas con ladrillos completos y los ajustes se hacen
aproximadamente al centro. Todo esto se realiza en las 4 esquinas, formando
unas secciones cónicas. Estos mantos se juntan en los centros de los claros – en
nuestro ejemplo a los dos metros – y a partir de allí las hiladas se van
construyendo una por cada lado. En el avance de las hiladas el ángulo que forman
con la horizontal se va incrementando hasta que en la parte final, los ladrillos del
centro son prácticamente verticales pues su ángulo es de 90 grados. La unión más
sencilla entre las secciones iniciales es en forma de cierre o en zigzag. Los
artesanos inventan bellas uniones que son, en sus propias palabras, “para darle
dibujo a la bóveda.”
El mortero se coloca de manera que la junta entre ladrillos se sature en la parte
inferior y deje huecos en la superior. Se hace así para que al cubrirse la bóveda
por arriba, el entortado penetre dentro de las juntas. Solamente trabajan dos
personas el bovedero y su ayudante. Éste se encarga de aparentar y limpiar la
bóveda en su interior conforme avanza su construcción.
Dentro del procedimiento existen tres características de la técnica. En primer
lugar, los ladrillos se apoyan uno sobre el otro en una continua sucesión. En
segundo, el ladrillo para ser soportado necesita ser ligero y pequeño. Lo contrario
de un ladrillo soportante que requiere ser grande y pesado. Con las pequeñas
reducciones de sus medidas, el ladrillo pasa de 1728 cm3 a sólo 1000 cm3. Y
pesa casi el 60% del ladrillo de pared. Y en tercer término el ladrillo – a diferencia
del ladrillo de pared – se pega seco, para aumentar su adherencia. El mortero está
compuesto por cemento, cal y arena en proporción [Link] ; o [Link]; según la
cantidad de arena definida por cada artesano.
La bóveda catalana (en catalán volta catalana), es un tipo de bóveda tabicada y
una técnica de construcción tradicional catalana. Consiste en cubrir el recinto o
espacio mediante una bóveda de ladrillos colocados por la parte plana, es decir,
por la cara de superficie mayor que forman el largo o soga y el ancho
o tizón del ladrillo, en vez de hacerlo por cualquiera de las demás caras gruesas.
Esta técnica, si el recinto a cubrir no era demasiado ancho y los albañiles eran
suficientemente hábiles, permitía construir con una cierta rapidez y sin
usar cimbra, hecho este que entre otros motivó su amplia difusión y utilización.
Con la bóveda catalana se podía cubrír con una sola luz el techo de las plantas
bajas de las masías y de las construcciones urbanas populares como las «casas
de cos», etc. A partir del siglo XIX se aplicó a las fábricas y naves industriales o a
las construcciones nobles de los ensanches de la época de la industrialización,
como el recogido en el Plan Cerdá de Barcelona.

Para realizar un techo o una escalera o para cubrir espacios entre arcadas o
paredes, etc., primero se hace una hoja o rosca con rasilla o ladrillos delgados
colocados con yeso, encima se disponen una o más hojas de ladrillos
y mortero de cemento, eso hace que sea mucho más ligera que las bóvedas
construidas con otros sistemas. Normalmente se hacía con una cimbra delgada
que se desplazaba o, muy frecuentemente sin cimbra ya que el yeso tiene
un fraguado tan rápido que permite poner un ladrillo al lado de otro haciendo que
se sostengan entre ellos lo cual hace innecesaria la cimbra o cualquier tipo
de estructura de madera como encofrado provisional de la bóveda.

En lo sucesivo llamaremos “bóvedas prefabricadas de ladrillo” a las bóvedas de


fábrica que se conforman sobre un molde y que necesitan después izarse, por
diversos procedimientos, a su posición definitiva en el edificio3. En muchas
ocasiones, la prefabricación se realiza en piezas de pequeño tamaño y en zonas
cercanas al tajo de instalación, por lo que es habitual referirse también a ellas
como bóvedas semiprefabricadas o premontadas. El sistema puede entenderse,
en su forma más sencilla, como una versión curva de las placas de cerámica del
sistema BENO, una patente contemporánea de paneles prefabricados cerámicos
planos para muros y tabiques.
Las piezas habituales eran de pequeño tamaño, y se prefabricaban en un taller en
obra. El procedimiento de construcción era, simplificadamente, el siguiente: sobre
un molde-cimbra de mampostería, de curvatura determinada, protegido con
desencofrantes o con una lámina de plástico, se colocaban, de tabla, piezas de
ladrillo cerámico de unos 3,5 cm. de espesor, y se tomaban con mortero de
cemento. Con ello se conseguía construir piezas curvas –que llamaremos costillas
en lo sucesivo- de dimensiones variables: desde los 0,70 m. hasta los 3,00 m. de
longitud, por unos 0,50 de anchura. Ocasionalmente estas costillas se armaban
con redondos de pequeño tamaño, no tanto para colaborar en el funcionamiento
estructural definitivo como para garantizar que las piezas no se fisuraran o
rompieran durante el transporte y el montaje.

Las costillas podían emplearse en diferentes elementos de la estructura. Las más


pequeñas, de unos 0,70 x 0,50 m., se usaron para cubrir el entrevigado,
permitiendo una luz entre viguetas algo mayor que la que conseguían las placas
planas del sistema de forjados BENO. Interesan a esta comunicación, por motivos
obvios, las construcciones con piezas de tamaño algo mayor (los 3 m. de longitud
antes mencionados, por ejemplo) o los casos de cúpulas prefabricadas, que
permitían cubrir espacios interiores de cierta entidad con soluciones de abovedado
completo.

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