Impacto de la Enfermedad en Pacientes y Familias
Impacto de la Enfermedad en Pacientes y Familias
FRANCISCO GAVIDIA
FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES
sus familias”.
Presentado por:
Aquino Hidalgo Alejandra Gabriela, AH100818
Hernández Rodríguez Kateryn Vanessa, HR100116
Valladares Yanes Silvia Carolina, VY100101
INTRODUCCIÓN
La enfermedad puede tener un impacto significativo tanto en los pacientes como en sus
familias. Los pacientes pueden experimentar síntomas físicos y emocionales que afectan su
calidad de vida y capacidad para llevar a cabo actividades diarias. Dependiendo de la gravedad
y la naturaleza de la enfermedad, los pacientes pueden experimentar síntomas físicos como
dolor, fatiga, debilidad muscular, pérdida de apetito o náuseas. Estos síntomas pueden limitar
la capacidad del paciente para llevar a cabo actividades diarias, lo que puede generar
frustración y disminución de la calidad de vida.
La enfermedad puede generar una amplia gama de emociones en los pacientes y sus familias,
incluyendo miedo, ansiedad, tristeza, ira o frustración. Los pacientes pueden experimentar
cambios en su estado de ánimo y sentirse abrumados por el diagnóstico y los efectos de la
enfermedad en su vida. A su vez, las familias pueden experimentar estrés, preocupación y
agotamiento al cuidar y apoyar al paciente, pueden surgir tensiones y conflictos debido a las
responsabilidades adicionales que recaen sobre los cuidadores y la necesidad de adaptarse a
nuevos roles.
La enfermedad puede tener un impacto en la vida social de los pacientes y sus familias. Es
posible que los pacientes tengan que limitar su participación en actividades sociales debido a
la enfermedad o la necesidad de recibir tratamiento médico. Esto puede generar sentimientos
de aislamiento y pérdida de conexión con amigos y seres queridos. Las familias también
pueden enfrentar desafíos sociales, como la necesidad de adaptar sus estilos de vida y rutinas
para satisfacer las necesidades del paciente.
Además, pueden enfrentar desafíos en términos de tratamiento médico, incluyendo consultas
con especialistas, medicamentos, hospitalizaciones y tratamientos, costos asociados y
posibles efectos secundarios, esto puede generar acumularse rápidamente y una carga
económica significativa que conllevar a dificultades para cubrir otros gastos básicos. Además,
la enfermedad puede limitar la capacidad de trabajar y generar ingresos, lo que puede afectar
la estabilidad financiera y aumentar el estrés.
Es importante tener en cuenta que el impacto de la enfermedad puede variar según el tipo de
enfermedad, su gravedad y la situación personal de cada paciente y familia. Es fundamental
proporcionar un apoyo adecuado y multidimensional a los pacientes y sus familias para
ayudarles a hacer frente a los efectos físicos, emocionales, sociales y económicos de la
enfermedad.
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OBJETIVOS
Objetivo general:
Identificar las consecuencias emocionales de la enfermedad física sobre todo las relativas a la
ansiedad y la depresión y el impacto de la enfermedad física de alguien en la familia sobre el
bienestar de los familiares cercanos o cuidadores informales.
Objetivos Específicos:
MARCO TEÓRICO
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), una enfermedad se define como
una "alteración o desviación del estado fisiológico en una o varias partes del cuerpo, por
causas en general conocidas, manifestada por síntomas y signos característicos, y cuya
evolución es más o menos previsible".
La enfermedad plantea a los individuos muchos retos y cuestiones que cambian a lo largo del
tiempo, en función de la enfermedad, el tratamiento, las respuestas emocionales, conductuales
y cognitivas del individuo, y el contexto social y cultural en el que se produce la enfermedad.
La enfermedad es un proceso complejo, ilustrado por Morse y Johnson (1991) en su modelo
genérico de las respuestas emocionales y de afrontamiento, desde la aparición de los síntomas
hasta el vivir con una enfermedad crónica. Se considera que las personas que viven con una
enfermedad tienen que afrontar:
1. La incertidumbre: se trata de un periodo en el que el individuo intenta comprender el
significado y la gravedad de los primeros síntomas.
2. La perturbación: se produce cuando resulta evidente para el individuo que padece una
enfermedad importante. En este momento, experimenta una crisis caracterizada por un estrés
intenso y una elevada
dependencia de los profesionales sanitarios y/u otras personas emocionalmente próximas al
paciente.
3. Los esfuerzos para recuperarse: este periodo se caracteriza por el intento por parte del
individuo de lograr cierto tipo de control sobre su enfermedad mediante un afrontamiento
activo.
4. La recuperación del bienestar: en esta fase, el individuo consigue un nuevo equilibrio
emocional basado en la aceptación de la enfermedad y de sus consecuencias.
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Estas ideas se ven representadas por “el sentido común”, es decir, la información que obtienen
de su entorno familiar, laboral, social… O de su propia experiencia. Pero el sentido común es
un arma de doble filo. A veces, nos perjudica más de los que nos beneficia.
Con el paso del tiempo, estas tensiones y sentimientos negativos pueden robar la energía
emocional necesaria para avanzar en la vida. La falta de progreso en la recuperación o el
empeoramiento de los síntomas pueden desencadenar pensamientos negativos que
aumentan los sentimientos de ansiedad y tristeza, que con frecuencia llevan a la depresión.
Algunas personas pueden tener síntomas de depresión después de ser diagnosticadas con
una enfermedad médica. Estos síntomas pueden disminuir a medida que se adaptan o reciben
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tratamiento para esa enfermedad. Es posible que algunos medicamentos que se usen para
tratar la otra enfermedad también produzcan depresión.
No es nada raro sentirse triste o desanimado después de padecer un ataque cardíaco, recibir
un diagnóstico de cáncer o cuando se intenta controlar una afección crónica como el dolor. Es
posible que se enfrenten a nuevos límites sobre lo que se puede hacer y sentirse estresado o
preocupado por los resultados del tratamiento y el futuro. Puede ser difícil adaptarse a una
nueva realidad y hacer frente a los cambios y al tratamiento continuo que conlleva un
diagnóstico de estos.
Es normal tener sentimientos temporales de tristeza, pero si estos y otros síntomas duran más
de un par de semanas, es posible que se tenga depresión. La depresión afecta la capacidad
para seguir con la vida diaria y disfrutar de la familia, los amigos, el trabajo y los momentos de
esparcimiento. Los efectos de la depresión en la salud van más allá del estado de ánimo: esta
es una enfermedad médica grave con muchos síntomas, incluidos los físicos. Algunos
síntomas de depresión son:
Todo este conjunto de factores, hacen que la persona se sature y deje a un lado su rutina
anterior, olvidando actividades gratificantes y reforzantes que antes del diagnóstico, eran
aliciente para su vida.
en aspectos relacionados con el apoyo social (por ejemplo, de estar integrado socialmente a
estar aislado socialmente). Moos y Schaefer describen tres procesos que emanan de la
crisis de la enfermedad:
1. Valoración cognitiva: el individuo valora las repercusiones de la enfermedad sobre su vida.
2. Tareas de adaptación: el individuo realiza tareas específicas de la enfermedad,
como abordar los síntomas o el tratamiento, y tareas generales, como el mantenimiento del
equilibrio emocional, la autoimagen y las relaciones con los demás.
3. Habilidades de afrontamiento: el individuo lleva a cabo estrategias de afrontamiento
definidas como centradas en la valoración (por ejemplo, negación o minimización, reevaluación
positiva, preparación mental/planificación); centradas en los problemas (por ejemplo,
información y búsqueda de apoyo, emprender acciones directas para superar un problema,
identificar metas alternativas y recompensas); o bien de un afrontamiento centrado en las
emociones (por ejemplo, regulación del estado de ánimo, desahogo emocional, como mostrar
la ira, o una aceptación (pasiva o resignada).
Sistemas familiares
Las familias de las personas que desarrollan una enfermedad también tienen que adaptarse a
los cambios que conlleva la enfermedad para el miembro de su familia y en sus propias vidas.
Las teorías del ajuste a la enfermedad por parte de los pacientes, como la propuesta por Morse
y Johnson (1991), suelen plantear un enfoque por etapas hacia el ajuste. Por ejemplo,
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McCubbin y Patterson (1982) han señalado que el estrés en la familia es una presión que
puede perturbar o cambiar el «sistema familiar», y observaron tres etapas en un continuo de
adaptación:
1. Etapa de resistencia: en la que los familiares intentan negar o evitar la realidad de lo que
ha ocurrido.
2. Etapa de reestructuración: en la que los familiares empiezan a reconocer la realidad y a
reorganizar sus vidas en torno al concepto de una familia que ha cambiado.
3. Etapa de consolidación: en la que los roles que se acaban de adoptar pueden pasar a ser
permanentes (por ejemplo, si la recuperación no parece próxima), y donde pueden aparecer
nuevas formas de pensar (sobre la vida/salud/conducta).
En este espectro continuo de adaptación hay tres dimensiones integradas sobre el
funcionamiento del sistema familiar que han puesto de relieve Olson y Stewart (1991):
cohesión, capacidad de adaptación y comunicación. Olson proporciona evidencia empírica de
que las familias que tenían un equilibrio en estas dimensiones (es decir, trabajan juntas y tienen
una buena relación de proximidad emocional entre sí, adaptan sus roles y reglas para hacer
frente a las nuevas circunstancias, y se comunican entre sí
de forma efectiva) mostraban una mejor adaptación a los factores estresantes de la vida,
incluida la enfermedad.
para enfrentar los retos que impone la enfermedad, con la finalidad de facilitarles la adquisición
de las habilidades necesarias para enfrentarlos y resolverlos.
El modelo de trabajo con la familia, en este ámbito, postula que las familias se van acomodando
a vivir con el enfermo crónico. Este proceso de acomodación conduce a cambios importantes
en aspectos de la vida familiar tales como rutinas diarias, rituales familiares, estilos de solución
de problemas y que la familia tiende a desatender otros aspectos y situaciones que son
prioritarios para la vida de los demás integrantes y la sobrevivencia del grupo familiar como tal.
Se trata de una “invasión” de la vida familiar y una consecuente “distorsión” o alteración de los
patrones de crecimiento familiar. Por ejemplo, una familia intenta acomodarse a la enfermedad
reorganizando sus rutinas diarias alrededor de las necesidades relacionadas con la
enfermedad (dieta, conducta hiper alerta, cuidados, etc.) que se convierte en un modo de vida
semipermanente aun cuando la fase aguda haya pasado y esas conductas ya no sean
médicamente necesarias.
Por tanto, el objetivo primordial con las familias es “poner la enfermedad en su lugar”
(Steinglass P.,1998); que las familias vuelvan a ser capaces de restaurar un patrón más
equilibrado de funcionamiento una vez que la enfermedad se haya estabilizado.
Cierta cantidad de ansiedad, angustia, miedo y depresión son normales y adaptativas a la
experiencia de enfermar.
basada en una historia personal y familiar previa, y en una evolución futura de los seres
allegados a aquel que se muere”. De la misma manera que una enfermedad produce
determinada sintomatología en el individuo que la padece, también puede ocasionarla en la
familia de éste, debido a los cambios y alteraciones que introduce en el funcionamiento del
conjunto familiar.
Alteraciones estructurales
- Coaliciones y exclusiones emocionales (con probables síntomas en los excluidos).
- Patrones rígidos de funcionamiento como: falta de flexibilidad para pasar de una
configuración de funcionamiento en crisis a una crónica (cuando no se necesitan tantos
recursos activados); patrón rígido entre cuidador primario y resto de familia, y
sobreprotección del enfermo (con mayor probabilidad a mayor gravedad). Es importante
consensuar qué puede y no hacer.
- Aislamiento y abandono. Durante el proceso de enfermedad, la familia busca aislarse
para poder manejarla de la mejor manera posible, por lo que limita sus relaciones sociales
al cuidado del enfermo. Por otra parte, la reorganización disfuncional de la familia para
atender al paciente genera que el cuidado y atención que generalmente se daba al resto
de los miembros (hijos, pareja) se vea afectado, favoreciendo la aparición de nuevos signos
y síntomas tales como el mal rendimiento escolar, irritabilidad, soledad, depresión, etcétera.
- Aislamiento social. Cuando posiblemente necesita más contacto, la familia se aísla. La
red puede estar especializada en ofrecer distintos tipos de apoyo: emocional, informativo y
material.
- Cambios estructurales en los roles familiares y en el poder. Según la importancia de
los roles y funciones desempeñados por el enfermo y de la flexibilidad de éste y la familia
para negociar será la intensidad y complicación de la negociación. La asunción del rol tiene
un proceso de adjudicación y asunción (y, a veces, reasunción de funciones si hay
recuperación) que implica capacidades y tiempo para habilitarse para su desempeño para
quién coge el “testigo”. Por otra persona certifica la incapacidad (aunque puede darse un
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y sin que cada uno de éstos sean resuelto con la muerte, ya que hay familias que quedan
atrapadas en alguna de estas etapas aun cuando el paciente se ha marchado.
La negación es un síntoma que aparece desde el inicio de la enfermedad a partir del
diagnóstico. Tanto la familia como el enfermo dudan que eso le haya podido pasar a él.
Luego de no tener una respuesta satisfactoria, la familia busca otras opciones que van
desde la medicina alternativa hasta la brujería, lo que implica el retraso en el manejo del
paciente con el consiguiente desgaste emocional, físico y económico. En la familia, el
cuidador y especialmente en el paciente, los miedos siempre están presentes. La continua
tensión emocional por este motivo no permite que la familia funcione de manera natural; la
angustia de no estar presente en el momento de la muerte, de no proveer los cuidados
pertinentes, de que el enfermo descubra que va a morir, o que la condición económica de
la familia es intolerable, genera mucho estrés especialmente para el cuidador. Aunado a
esto el paciente teme no poder soportar la enfermedad, el dolor, el sufrimiento y el
remordimiento por las cosas que quedaron pendientes y que cree que no podrá resolver.
- Conspiración de silencio. Para no aumentar la sensación del enfermo de ser una carga
o cuidar el empeoramiento de la enfermedad, se instaura un estado de armonía, evitación
de problemas, optimismo insustancial que todos, hasta el enfermo, sienten como falsos.
Ciertos problemas previos a la enfermedad no son reeditados, con lo que se acumulan
asuntos pendientes. Siguen existiendo resentimientos y se expresan de una u otra forma,
el enfermo los entiende como desafecto, pero también los oculta. Así, todos rumian sus
sentimientos sin encontrar en los otros el alivio de su expresión.
La negación es un mecanismo adaptativo para no derrumbarse ante una situación
traumática y poder funcionar. Apoyarla mientras siga cumpliendo su función y desactivarla
puede empieza a ser perjudicial.
La conspiración del silencio suele omitir el diagnóstico y pronóstico de la enfermedad y el
margen de esperanza que permiten ambos. Pueden estar participando tanto los familiares
como los profesionales que no comunican lo fatal de una dolencia. La esperanza significa
poder seguir con el proyecto vital de cada uno hasta el final o hasta donde buenamente les
sea posible.
- El duelo. Deriva de la pérdida de identidad como familia o persona sana. También lo hay
por los objetos perdidos, las funciones perdidas, los hábitos a los que se tiene que
renunciar, por el funcionamiento predecible del cuerpo.
- La sobreprotección. Puede implicar que el enfermo no se ocupa de ninguna tarea e
incluso hay alguien que habla y se convierte en su memoria. Si se le trata como un
incapacitado es muy probable que se comporte como tal. Es importante negociar qué puede
hacer y que lo haga. Esto puede complicarse si el curso de la enfermedad es variable.
seguir con una vida normalizada por parte del resto. Esto puede ser funcional si: el cuidador
se identifica con su rol, tiene momentos de respiro y los cuidados son viables para que los
lleve, principalmente, una persona. Es importante la compatibilidad entre cuidar al enfermo y
el proyecto de vida del cuidador, así como ofrecerle a éste momentos de respiro de su “deber”.
La tarea de cuidar a un familiar enfermo puede conllevar mucho esfuerzo, lo que puede acabar
en un agotamiento por parte del cuidador. Es lo que se conoce habitualmente como
el síndrome del cuidador quemado, conocido también como síndrome del cuidador agotado,
es el estado de agotamiento físico y mental que sufren las personas que cuidan, de forma
continuada y durante largos plazos de tiempo.
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1. Para cuidar bien a los demás, primero hay que cuidar de uno mismo
Es esencial comer bien, dormir las suficientes horas para descansar y practicar algún ejercicio
físico que permita desprender el estrés acumulado. Si se tiene algún problema de salud, hay
cuidarse y no abandonarse, ya que eso haría que se pierdan las fuerzas e incrementaría el
agotamiento.
Encontrar el momento de dedicar algunas horas para hacer actividades que resulten
gratificantes, como hacer deporte, salir a dar un paseo al aire libre, realizar alguna actividad
de ocio, cuidar el aspecto personal, darse un baño placentero o dedicarse unos minutos a
practicar ejercicios de relajación o meditación.
7. No auto-medicarse
No hay que tomar medicación para combatir los efectos de este síndrome sin previa
prescripción del médico. Por ejemplo, los antidepresivos pueden conllevar intoxicaciones
graves alterando el ritmo cardíaco e incluso convulsiones. Además, ciertos medicamentos
generan adicción.
BIBLIOGRAFÍA
ANEXOS