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Ana comienza a experimentar sucesos paranormales perturbadores y habilidades extrañas. Sus padres intentan un exorcismo sin éxito. Investigando más, Ana descubre que está conectada a criaturas cósmicas de otra dimensión que buscan usar su cuerpo como portal.
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Ana comienza a experimentar sucesos paranormales perturbadores y habilidades extrañas. Sus padres intentan un exorcismo sin éxito. Investigando más, Ana descubre que está conectada a criaturas cósmicas de otra dimensión que buscan usar su cuerpo como portal.
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1.

Después de encontrar el objeto en el bosque, Ana comienza a experimentar cambios físicos


y mentales perturbadores, como visiones aterradoras y habilidades sobrenaturales que la
desconciertan.
2. A medida que las actividades paranormales aumentan, los padres de Ana, desesperados por
liberarla, realizan un exorcismo casero basado en sus creencias religiosas, pero se
encuentran enfrentando algo mucho más poderoso y oscuro de lo que esperaban.
3. Mientras el exorcismo avanza, las fuerzas malignas luchan por mantener a Ana bajo su
control, susurrándole al oído y manipulando su mente para evitar ser expulsadas.
4. Ana, tras investigar y descubrir pistas perturbadoras, comienza a sospechar que no se trata
de una posesión demoníaca, sino de la presencia de un ser cósmico proveniente de otra
dimensión que busca apoderarse de su cuerpo como recipiente para llevar a cabo sus
perversos planes.
5. Con la ayuda de un experto en fenómenos paranormales, Ana se embarca en una búsqueda
desesperada para encontrar una manera de librarse de la influencia de este ser cósmico y
evitar que traiga consigo una invasión extraterrestre.
6. La batalla entre las fuerzas oscuras y Ana se desencadena en un enfrentamiento épico,
mientras la joven lucha por su propia identidad y por proteger la humanidad de la inminente
amenaza alienígena.
7. A medida que el ser cósmico ejerce su control sobre Ana, ella descubre habilidades ocultas
y conexiones con el universo que nunca imaginó, lo que la convierte en una pieza clave en
esta lucha entre dimensiones.
8. En su búsqueda por encontrar una solución, Ana se adentra en lugares oscuros y peligrosos,
donde se enfrenta a criaturas abominables y misteriosas revelaciones cósmicas que la
acercan cada vez más al origen de esta posesión.
9. A medida que se acerca el clímax, Ana descubre que su lucha no solo es por salvarse a sí
misma, sino por preservar la existencia misma de nuestro mundo ante la amenaza inminente
de una invasión alienígena a través de los portales abiertos por este ser cósmico.
10. La posesión de Ana Meyer se convierte en una carrera contrarreloj, ya que la joven debe
enfrentar su propia identidad, tomar decisiones difíciles y enfrentarse a seres de otras
dimensiones para evitar que el enjambre alienígena se apodere de la Tierra y la sumerja en
una oscuridad eterna.

Ana Meyer, que vivía con sus padres en un pequeño pueblo. Sus padres eran fanáticos
religios extraños sucesos comenzaron a ocurrirle a Ana. Escuchaba voces susurrando en las
sombras, objetos se movían solos y sentía una presencia ominosa a su alrededor. Al
principio, intentó ignorarlos, pensando que solo era su imaginación jugándole malas
pasadas. Pero los eventos se volvieron cada vez más inquietantes y difíciles de ignorar.

Sus padres, convencidos de que algo maligno estaba atormentando a su hija, decidieron
tomar medidas drásticas. Consultaron a diversos expertos en posesiones demoniacas y
finalmente llegaron a la conclusión de hacer un exorcismo para expulsar al supuesto
espíritu maligno que había poseído a Ana.

Sin embargo, el exorcismo no tuvo éxito. Los fenómenos paranormales continuaron e


incluso se intensificaron. Ana empezó también a tener pesadillas perturbadoras cada noche,
en las cuales criaturas horrendas le perseguían sin descanso.
Investigó durante días y noches, adentrándose en libros antiguos y oscuros. Descubrió que
había criaturas cósmicas ancestrales, seres de otro mundo, atrapados en dimensiones
desconocidas para la mente humana. Estas criaturas buscaban encontrar un portal hacia
nuestro plano material y Ana parecía haberlo encontrado sin querer.

Título: el exorcismo de Anna Meyer.

Mientras Ana Meyer lucha por encontrar una explicación racional a los sucesos
paranormales que la persiguen, los fanáticos padres de Ana se aferran a su fe religiosa,
convencidos de que lo que ocurre en realidad es una posesión demoníaca. A medida que
aumentan los fenómenos inexplicables. Ana Meyer busca ayuda de expertos en el campo de
la psiquiatría, quienes se apresuran a diagnosticarla con enfermedades mentales. Sin
embargo, mientras los sucesos se vuelven más ominosos y sobrenaturales, Ana se enfrenta
a una horrible verdad: los sucesos que experimenta no son causa de algo paranormal,
demoniaco o mental sino que está conectada con criaturas cósmicas de otro mundo que son
capaces de viajar entre el espacio tiempo.

Capítulo 1: La Sombra del Abismo

La noche había caído sobre la casa de los Meyer, sumiendo el hogar en una oscuridad
opresiva. Ana estaba recostada en su cama, tratando de ignorar los pensamientos
inquietantes que acechaban en su mente. Sus padres habían insistido en realizar un
exorcismo esa misma noche, convencido de que alguna entidad maligna se había apoderado
de su hija.

El aire en la habitación se volvió denso y la temperatura descendió rápidamente. Ana sintió


un escalofrío que recorrió su espalda mientras una sensación de opresión se instalaba en la
habitación. Cerró los ojos con fuerza, tratando desesperadamente de escapar de la atmósfera
sofocante que la rodeaba.

De pronto, una luz tenue y mortecina se filtró por entre las rendijas de la puerta de su
cuarto. Ana sintió la necesidad de acercarse, como si un imán la atrajera hacia la fuente
desconocida de aquella iluminación sobrenatural. Sin pensarlo dos veces, se levantó de la
cama y siguió la misteriosa luz que la guiaba hacia el oscuro pasillo.
El corredor parecía infinito y en silencio. Cada paso que Ana daba resonaba ominosamente,
creando un eco que parecía anunciar algo terrible. Cuando llegó al final del pasillo, sus ojos
se encontraron con una puerta entreabierta. Un resplandor blanquecino se filtraba desde el
interior, envolviendo la estancia en una luz irreal.

Con el corazón palpitando acelerado, Ana abrió la puerta lentamente, revelando una
habitación en la que la realidad parecía haber sido distorsionada. Los objetos se derretían y
se retorcían, como si estuvieran hechos de cera ardiente. En el centro de la sala, un portal
cósmico se abrió, emanando una oscuridad impenetrable.

Con cautela, Ana se acercó al umbral del abismo. Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando
una figura abismal emergió de las profundidades. Era una criatura indescriptible: una masa
amorfa de tentáculos carmesíes y ojos brillantes que parpadeaban con intensidad. Estaba
rodeada por un aura ominosa y llena de una presencia malévola.

El temor se apoderó de Ana, pero también una inexplicable fascinación. A medida que la
criatura cósmica se movía lentamente hacia ella, Ana podía sentir su poder abrumador,
como si estuviera conectada a algo más allá de la comprensión humana.

Las palabras congeladas en su garganta, Ana retrocedió instintivamente, sintiendo que se


asomaba al borde de una pesadilla sin fin. Pero antes de que pudiera escapar, la criatura
extendió uno de sus tentáculos hacia ella. La punta viscosa hizo contacto con su piel y Ana
sintió una descarga eléctrica, una mezcla de dolor y éxtasis que la dejó sin aliento.

En ese momento, Ana comprendió que no estaba ante una simple posesión o un trastorno
psicológico. Estaba siendo testigo de una dimensión oculta, de fuerzas cósmicas mucho
más allá de su comprensión. Y ahora, se había convertido en parte de ese oscuro y retorcido
universo.

Los ojos en blanco de Ana reflejaban el horror y la fascinación mientras la criatura cósmica
la abrazaba en toda su gloria aterradora. La cama vacía, ahora sumida en la sombra,
testificaba el comienzo de un viaje hacia la locura y la confrontación con los seres impíos
que habitan entre los infinitos abismos del cosmos.

1. Introducción a la vida de Ana Meyer


 Presentación de Ana y su entorno familiar
 Descripción de los primeros sucesos paranormales que experimenta
1. El conflicto entre la fe religiosa y la racionalidad
 La postura de los padres de Ana frente a los fenómenos sobrenaturales
 Los intentos por encontrar una explicación lógica a lo que está ocurriendo
1. Aumento en la intensidad de los fenómenos inexplicables
 Detalle de las experiencias cada vez más perturbadoras que vive Ana
 La creciente preocupación e inquietud dentro del núcleo familiar
1. La búsqueda desesperada por respuestas médicas y psiquiátricas
 Consultas con especialistas en psiquiatría para descartar enfermedades mentales
 Las dificultades para obtener un diagnóstico claro debido a la naturaleza paranormal de los
eventos
1. Descubrimiento revelador: conexión con criaturas cósmicas
 Revelación impactante sobre el origen real de los sucesos paranormales
 Explicación detallada sobre cómo está conectada con seres cósmicos
1. Enfrentando las consecuencias emocionales y físicas
 Impacto emocional en Ana al descubrir su verdadera conexión
 Consecuencias físicas derivadas del contacto con estas criaturas
1. Alianzas inesperadas: buscando ayuda externa
 Búsqueda activa por parte de Ana para encontrar personas o grupos que puedan ayudarla
 Encuentro fortuito con individuos expertos en el tema

8.Confrontando a las criaturas cósmicas

 Preparación y planificación para enfrentar a las criaturas cósmicas


 La lucha final entre Ana y estas entidades sobrenaturales
1. Resolución del conflicto paranormal
 Desenlace de la historia, revelando el destino de Ana después de confrontar a las criaturas
cósmicas
 Reflexiones finales sobre los sucesos vividos y el impacto en la vida de Ana
1. Epílogo: El legado de Ana Meyer
 Consecuencias duraderas e influencia que deja la experiencia en la vida de Ana
 Cierre final con una mirada al futuro. Un pequeño escalon de lo que será en un futuro la
historia de apocalipsis.

Al principio hacer creer que todo se trata de actividad paranormal y demonios. Cuando todo está
casi por resolverse y después de un exorcismo fallido, entra una pregunta que hace cuestionar
todo lo que se planteó ¿tal vez es solo es algo psicológico? Todas las cosas paranormales que Ana
había estado viviendo a lo largo de las semanas comenzaron a ser un tanto extrañas, tal vez todo
derivaba por el ambiente familiar que rodeaba a la chica, ahí comenzó a plantearse que Ana
estaba por volverse loca y desquiciada, ¿y si los expertos tenían razón y solo estaban frente a un
desorden psicológico?. Con el paso de los días, ninguna de las pruebas hechas a Ana arrojaba
algún problema, en cambio los sucesos comenzaron a empeorar haciendo participes a sus padres,
y es cuando comprendieron que todo se trata de algo maligno que asechaba a su hija. Decidieron
ir con expertos para poder realizar un exorcismo pero todo parecía estar saliendo mal, la iglesia
ponía muchas trabas y sus padres estaban desesperados, así que deciden optar por un exorcismo
casero donde pierde la vida alguna de los involucrados. Esto hiso que se mudaran a otra ciudad.
Todo parecía no terminar, los sucesos se iban agravando más y la cordura de Ana estaba sujeta de
un hilo, tenía visiones de seres terroríficos de físicos indescriptibles. Todo comienza a ponerse más
extraño nada de lo que pasaba parecía ser algo sobre natural, parecían sucesos de venidos del
espacio, comenzaban a comprender menos la situación. Si lo que la asechaba no era nada
paranormal o demoniaco y tampoco tenía ningún problema psicológico grave ¿entonces que
sucedía?. Ana es visitada por un parasicologo, que había erstado envuelyto en una investigación,
su mentor un exprofesor de física, había estado investigando durante años, había sido expulsado
de su circulo de cienteficos por sus ideass retorsidas y poco cuerentes. Explica que no estamos
solos en el universo, que hay cosas fuera de nuestra comprensión, algunas personas los llaman
dioses, otras los llaman demonios y mas resiente extraterrestes, y que todo solo es una sola cosa.
Que la tierra ya había sido visitada por esa clase de crwaturas, dioses de 4 brazos y cara de
elefantes en la india, serpientes con plumas en mexico, angeles descritos en la biblia de una forma
no tan hermosa como se creen que son. No son buenos ni malos, pero para nosotros representan
la destrucion cuando para ellos representa la vida.el profesor aun desconoce como es que esas
creaturas llegan y ana se lo dira, por las orbes, explican lo de las orbes como algo que se creía
paranaomal. Hablan de las posesiones demoniacas que solo es cuando estos parasitos entran al
cuerpo. Esta infestación por los agentes parasitos, el cual su objetivo es su supervivencis a costa
del huésped que parasitan. En resumen dios no nos creo a su imagen y semejanza, sino que
nosotros lo creamos a el a nuestra imagen y semejansa Se revela al final que todo fue obra de una
entidad cósmica, la cual era como un panal, mandaba parásitos cosmicos que se adueñaran de
cuerpos humanos, doblegando su voluntad para poder sobrevivir, su plan era conquistar el planeta
dormir dentro de los cuerpos hasta que todos los hijos de la reina de la colmena tuvieran un
cuerpo donde sobrevivir, vivirían dormidos esperando a despertar, cuando esto pase, las larvas
cósmicas comerían el cuerpo de los humanos de adentro hacia afuera convirtiéndolos en muertos
vivientes, para dar paso a los seres con cuerpo físico, una aberración de la naturaleza
indescriptible.

 ¿Cuál serán las condiciones del antagonista?


descripción: un ser gigantesco de 6 metros, su rostro insectoide, se asemeja al de una
mantis religiosa, con ojos carentes de glóbulos oculares, en lugar de ellos es una luz
amarillenta los que emanan de ellos. Su piel es gris azulada, de textura maderosa. La parte
inferior de su cráneo parece una boca que se abre y se cierra, de ella salen creaturas
similares a una medusa las cuales en su interior llevan orbes obscuros, esos mismos orbes
salen de su interior gelatinoso y mueren. El tórax de la creatura parece no tener musculos
ni órganos, en cambio solo es una caja torácica vacía cubierta por piel, dentro de ella flota
una luz dorada amarillenta de destellos dorados. Sus brazos son delgados y muy largos
que se extienden a lo largo de todo su cuerpo, solo tiene cuatro dedos, en los cuales
cresen garras de un metro de largo. Carece de piernas, en su lugar se contornean ocho
tentáculos de grosores y largos diferentes los cuales terminan en puntas muy delgadas. En
sus hombros también cresen tres tentáculos de ambos lados que le dan la apariencia de
un árbol ancestral. En su espalda cuelgan cuatro alas insectoides que a simple vista no
utiliza para volar a pesar que la creatura pareciera estar suspendida flotando en el aire.
Los sonidos que salen de la creatura, son robóticos, guturales y metálicos, como si una
horda hablara al mismo tiempo dentro de él.
del interior de la creatura nacen “orbes” paresidos a erizos de mar, negros e invadidos de
pequeños tentáculos de un humo denso y con vida, paresiera un corazón bombeando
sangre por la manera que se contrae, pueden flotar o desplasarse como si tuvieran
voluntad propia, pueden vivir durante quince días, si ningún ser vivo los a tocado mueren
desaparesiendo como humo. La reyna de la colmena es capaz de mandar estas orbes por
el espacio tiempo a cualquier planeta de cualquier galaxia donde haya vida de cualquier
tipo, esto lo puede hacer, pero gasta mucha energía haciéndolo, puede mandar hasta
cinco orbes y después tiene que esperar seis meses para poder hacerlo. Si las orbes tienen
suerte y llegan a un destino, y son tocadas por algún ser vivo, estas eclosionan creando
una puerta que une a la dimensión del panal con el lugar donde haya sido abierta, dando
paso a creaturas dimensionales sin forma física, los cuales solo pueden ser visto por “la
llave” que abrió la puerta. Estas creaturas son parasitos que nacen de la cabeza de la
creatura, la cual manda cientos y cientos de parasitos atraves de la puerta. Estos parasitos
tendrán la función de un espermatosiode y la llave de un ovulo. Su misión es adentrarse
en el objetivo, pero esto no será fácil, deben doblegar a quien será su portador, a los
humanos la forma mas fácil de poder aseder a su cuerpo es mediante el miedo. A pesar de
que carecen de alguna forma física, los parasitos son capases de adoptar cualquier miedo,
es difícil describir su forma parasitaria pues normalmente adoptan la forma de horrores o
simplemente permanecen invisibles e intangibles. Cuando hay una presencia de un
parasito la temperatura baja esto para ayudar a que sobrevivan por mas tiempo, tembien
el olor es repulsivo. Pueden sobrevivir mucho tiempo, siempre y cuando un parasito no
haya conseguido entrar al huésped, si esto pasa los demás parásitos mueren. El parasito
dentro del huésped pasa a su fase de larva, poco a poco comienza a ganar el control del
cuerpo de la persona, vómitos de sangre, o de una sustancia ennegrecida, dolores
musculares y viciones de la colmena, en este punto la reyna puede observar y escuchar lo
que pasa alrededor del huésped y puede ordenar a la larva. Si la larva no es compatible
con el huésped sale expulsado por la boca como una forma viscosa verde amarillento y es
cuando el orbe no cumplio su finalidad. Si la larva cumple su cometido comensara
alimentarse de la energía corporal, la piel del huésped comienza a tornarse grisasea,
pierde peso, se cae su cabello y bello, sus ojos comienzan a pudrirse y las uñas empiezan a
crecer y engrosar. En este punto la perdidada de la humanidad es iminente. Cuando la
larva se haya echo uno con su portador, este se vera como una creatura humanoide de
brazos largos, grisasea y de piel babosa, caresera de globulos oculares y en lugar de ellos
habrá una luz dorada saliendo de ellos, la boca será anormalmente mas grande, cuando se
aya completado esta facese, el control será absolutamente de la reyna, la cual puede crear
mas orbes atraves de estas creaturas. Cuando la creatura haya madurado de dentro del
cuerpo aparesera la verdadera forma, un ser horrible indiscriptible, el cual tiene la única
misión de tomar el planeta para su reyna.
 ¿Qué miedo o lucha debe superar el protagonista? El primeobstaculo que debe superar es
el miedo a sus padres, por el habiente que se vive en su casa, los castigos y toda la
cuestión religiosa. Lo segundo que debe superar es el terror que envuelbve a los sucesos
paranormales a su alrededor y la manera que su madre esta tomando el hecho, de querer
involucrar mas a la secta. Y todo lo relaccionado al exorsismo. Lo siguiente seria al miedo
de no saber que esta sucediendo y si todo se deriba a un problema psicológico. Después
seria el miedo a lo desconocido y el no saber como afrontarlo.
 ¿Qué desision tomara el protagonista para que este en el problema? La protagonista noo
tomara ninguna desision, todo lo que le susedio será por una serie de eventos que fueron
desencadenando hasta ese problema. Todo se agrabara mas cuando decida que
portándose como una heroína resolverá todo, lo cual solo lo empeora.
 ¿Cuáles son las consecuencias finales? La consecuencia será la perdida de su familia, de su
voluntad y su humanidad.

Parte 1:
Miedo terrenal.

se expone el miedo terrenal, el miedo hacia las personas y la religió religión. Ana le teme a sus
padres fanáticos religiosos, crueles, se hablara de las sectas y cómo influyen en la mente de las
personas, castigos físicos. Demostrar que los humanos son los monstros.

Parte 2:

Miedo paranormal.

En esta parte se explotara el miedo a lo desconocido, a toda la cuestión mística y paranormal, el


terror puro.

Parte 3:

Miedo psicológico.

Se expondrá el miedo psicológico, enfermedades mentales y lo que sufre un enfermo mental.

Parte 4:

Miedo cósmico

El miedo que esta mas allá de la comprensión, el miedo que no puedes parar, el miedo que
siempre ganara porque no hay una forma de detenerlo, darse cuenta que solo son una partícula
pequeña en un vasto universo, el miedo a perder nuestra propia voluntad.

Título: el exorcismo de Ana Meyer


Lugar de los hechos

 Parte 1: Eastborne

Personajes:

 Ana Meyer (protagonista)


 Caroline Woods (mejor amiga)
 Ervil Abelar (líder de la secta)

El ser cósmico que es la Reyna del enjambre puede mandar puertas dimensionales atraves del
espacio tiempo cada 15 años, solo sobreviven una semana a no ser que un humano las encuentre
y las abra. Cuando ayudan abrirlas todos los entes tras esa puerta lucharan por adueñarse del
cuerpo de quien abrió la puerta, al otro lado de esa puerta la cual funciona como un hoyo negro
esta la colmena, la cual es dirigida por un ser cósmico supremo, deben doblegarla, debilitarla asi
podrán adentrarse mas facil y poder habitarlo consumiendo su energía vital para poder formar un
cuerpo fisico. En el proceso el ente puede esparsir varias puertas dimensionales para hacer llegar a
los suyos y asi tomar la mayor cantidad de cuerpos humanos que solo les sirven como vínculos
para entrar a esta plano y después usados como resipientes y crisálidas para emerger con sus
verdaderos cuerpos. La entidad es obnipresente mientras exiastan puertas, pues al existir
crisálidas puede comunicarse con el ente parasito. Es el devorador de mundos, el asotador de vida
en otros planetas en cualquier galaxia o plano. Los entes al estar fuera de la crisálida pueden
morir. Alegoría del espermatozoide y el ovulo

Parte 1:

 Descripción física de Ana Meyer, en la escuela, una típica chica de 19 años,


disfrutando de su adolescencia, poco retraída y de pocos amigos.
 Una escena en el baño donde se describe que tiene moretones por todo el
cuerpo, lo cual le avergüenza de sobre manera, mantener al lector pensativo,
aun no resolver como es que esos moretones aparecieron en la chica.
Explicar cómo Ana se siente al ver esas maras en su piel.
 Después de examinar sus moretones en su cuerpo desnudo, La chica se
cambia de ropa en los baños del parque, se quita un jeans y lo esconde en su
mochila, cambia su vestimenta a una más anticuada y conservadora, falda
larga, camisa manga larga, carentes de color. En esta parte se va dando
indicios de cómo es la verdadera vida de Ana, y dar a conocer al lector que su
vida escolar y la vida en su hogar es completamente diferente.
 La Convivencia en la casa de Ana, la convivencia con sus padres fanáticos
religiosos es muy dura, son muy estrictos cuando se trata de la religión,
describir a los padres de Ana. Ana solo sigue sus órdenes de manera sumisa,
les teme de sobre manera, su padre es un poco más comprensivo, lo cual
difiere de la madre la cual pone sobre todas las cosas su religión. Mostrar un
poco de la forma de ser de los padres, los castigos hacia su hija y los propios
auto infringidos de la madre.
 Escribe una ecena donde la madre Descubre que Ana se cambia de
vestimenta todos los días, esto para la madre es una ofensa tanto personal
como a la religión que tanto ama, después de un castigo físico la obliga a
rezar durante horas y la encierra en un pequeño cuarto, le avisa que al día
siguiente irían con la congregación (inventar alguna religión extremista) para
que la ayuden a purificarse física y mental mente con una clase de rito. Le
prohíbe volver a la escuela.
 Durante el rito Ana escapa atemorizada a todo lo que estaba viviendo ahí,
acda vez le teme más a su madre, estaba aterrada.
 Después de haber visto una clase de esfera de alguna energía luminosa
blanca, ana queda aturdida, cuando vuielve en si se encamina a su casa solo
para encontrarse a su madre furiosa y dándose cuenta que habían pasado
tres días desde que había huido de la congregación. Apartir de este punto ya
nada será igual para ana meyer.

Cómo son los ángeles, según la Biblia

En el imaginario colectivo, los ángeles se representan


con figuras humanas con alas. A menudo se les describe con
rostros armoniosos, cuerpos esculturales o como criaturas
indefensas. Sin embargo, estas características no se
corresponden con las descripciones bíblicas.

El libro de Ezequiel en el Antiguo Testamento, el profeta describe a seres


celestiales con ruedas llenas de ojos y alas. Si bien tienen "forma humana",
tenían "cuatro caras, cuatro alas y manos de hombre debajo
de estas últimas". Además, los cuerpos estaban "llenos de
ojos".

Por otro lado, en el capítulo 10 del libro de Daniel se menciona a un ser


celestial como "un hombre vestido de lino, con un rostro
brillante y ojos como lámparas encendidas".

En el versículo 10 del capítulo 1, se describe a los querubines


como seres con cuatro alas, cada una de las cuales estaba
cubierta de ojos.

 Serafines: ángeles con seis alas que rodean el trono de Dios.


 Querubines: ángeles con cuatro caras y cuatro alas que protegen el Arca
de la Alianza.

Parte 1
Ana Meyer era una chica de aspecto común, con cabello castaño oscuro y lacio que le caía sobre los
hombros. Sus ojos almendrados estaban enmarcados por largas pestañas y su tez pálida reflejaba su
timidez y reclusión. A pesar de su apariencia insípida, había algo en su rostro que revelaba una
innegable curiosidad y un anhelo de descubrir algo más en el mundo que la rodeaba.

A su lado caminaba Caroline Woods, la única amiga de Ana. Caroline era todo lo contrario a ella.
Con una personalidad extrovertida y un encanto magnético, Caroline atraía a las personas a su
alrededor. Tenía cabello rubio ondulado y ojos azules brillantes que irradiaban alegría y vivacidad.
Atraía miradas dondequiera que iba, mientras que Ana parecía desvanecerse en el fondo.

Anna no tenia fama de ser una chica popular, sino todo lo contrario, tampoco era que fuera vicvtima
de bromas escolares, ya no estaban en edad para portarse de la manera inmadura que podrían
portarse en secundaria. Anna nunca fue el blanco de burlas ni acoso, simplemente era alguien que
su presencia pasaba desapercibida para los demás. Muchas veces sus compañeros de secundaria
habían creído que eran víctimas de un efecto mandela, cuando a anna se le llamaba en clase, o
incluso en las fotos del anuario escolar sus compañeros no lograban atinar en quien era, como si
simplemente el nombre o la foto de l chica hbiera sido puesta ahí por error o por alguna extraña
razón que ellos mismos desconosian es la chica callada, la que se sentaba en la última fila siempre
a la esquina ¿Cuál era su nombre? ¡oh si! Anna.

Caroline Woods era popular siempre lo había sido, por lo menos hasta donde su memoria le
permitia, su popularidad recaía en la belleza de su aspecto físico, en su amabilidad y en el talento
que tenia para hacer amistades, pero el titulo de “chica popular” muy poco le importaba, ella
preferia charlar con personas que en realidad quisieran hacerlo por el simple echo de que le
interesaba cualquier tema del que estuviera hablando en esos momentos y no por solo querer una
cita con ella o para buscar una amistad que les permitiera escalar en la pirámide de la sociedad
estudiantil, y por eso mismo creeia que la amistad de anna era genuina y verdadera, por eso no paso
mucho tiempo para que se hicieran mejores amigas. Las dos pasaban parte del tiempo juntas a pesar
que solo compartían tres clases, se juntaban almorazar o simplemente caminaban por los pasillos o
los exteriores de la universidad con sus libros bajo el brazo.

Mientras caminaban por el abarrotado pasillo de la escuela, rumbo a la salida, Ana y Caroline
compartían risas y confidencias. Parecían inseparables, aunque Ana sabía que ella no era la única
amiga de su enérgica compañera. Caroline tenía un talento innato para conectar con las personas, lo
que la hacía popular entre los demás estudiantes.

Llegando a la salida, caroline había echado un rápido vistazo a ambos lados de la calle.

—creo que mi madre olvido de nuevo recojerme —dijo caroline sarcásticamente. Anna la observo y
lanzo una pequeña risa que cubrió con su mano libre.

—Sabes que nunca lo haría —dijo Anna en tono sereno.

—Lo sé, simplemente no pueden vivir sin mí —Caroline codeo a anna mientras le guiñaba el ojo —
¿Qué harás por la tarde?, no me digas, apuesto que dirás que estudiar.

—Me haz robado la palabra de la boca, creo que me preparare para los exámenes.

—No seas tonta anna, bueno, tonta en el buen sentido de la palabra. Solo digo que deberías
distraerte un poco más, he notado tus ojeras.

Anna inconscientemente llevo sus dedos hacia las bolsas moradas que descansaban bajo sus ojos
como si tuviera un espejo frente a ella.

—Solo he tenido problemas para conciliar el sueño.

—¿Estas pensando en algún chico? Dime que si por favor, anna.

Anna parecía asustada, retrocedió un paso y bajo su mirada avergonzada.

—No, no estoy pensando en chicos —dijo mientras comenzaba a nacer una luz rojiza en sus
mejillas.

—Está bien, lo que me digas yo te creo.

El sonido del claxon de un coche había interrumpido la charla de las chicas, Caroline había volteado
hacia el otro lado de la calle donde una señora de aspecto elegante las saludaba con un movimiento
de mano.

—Es mi mamá, ¿no quieres que te llevemos a tu casa? —pregunto Caroline.


—No, no te preocupes me gusta caminar, así me distraigo un poco ¿no dices que tengo que
distraerme?

—Tienes razón.

Caroline se acercó a anna y le planto un beso en la mejilla, seguido de eso miro hacia el coche
aparcado frente a ella y saludo con un movimiento de manos, la mujer dentro del coche contesto
con una sonrisa amistosa.

Ana, por otro lado, no tenía a nadie esperándola y tampoco caminaría a su casa para distraerse. Su
corazón se hundió un poco mientras observaba a Caroline subirse al auto y alejarse. Por un
momento estuvo parada justo en la salida, en silencio, observando, estaba inmóvil parecía una
estatua de mármol esperando a ser admirada por la gente. Miraba como la mayoría de sus
compañeros de universidad se subían en coches otros se reunían en grupos y comenzaban a
caminar, podía escuchar sus risas y lo mucho que se divertían con la compañía del otro.

Decidida a no dejarse vencer por la soledad, Anna comenzó a caminar por la acera de la calle.
Camino varias calles, tratando de despejar sus pensamientos, era consiente de la vida que le había
tocado, la cual ella miraba con normalidad, hasta la secundaria donde se dio cuenta de lo desdichada
que era. Tomó un desvío y se dirigió hacia el tranquilo y evocador parque de Eastborne, un lugar
cercano a su casa. La tranquilidad del parque era un bálsamo para su alma solitaria y allí encontraba
un refugio lejos del bullicio de la escuela y de sus emociones apagadas.

El sol comenzaba a meterse entre las colinas al horizonte, el parque comenzaba a ser mas desolado
con elk paso de los minutos y a medida que se adentraba mas, Ana sintió cómo el ambiente se
volvía más denso. Los árboles parecían retorcerse sutilmente y el viento soplaba de manera
inusual haciendo que las voces de las hojas de los arrboles al moverse, susurraran en su
oído. Una sensación de inquietud se apoderó de ella, en el sielo varias nubes grisaseas se
juntaban, el mismo viento traía un olor a tierra mojado lo cual representaba algo delicioso a
su olfato, la misma brisa estaba humedesida, la lluvia se asercaba.

Anna seguía caminando por el estrello camino de piedra del parque, entre arboles y bancas,
frente a ella aparesio una pequeña fuente que serviacomo bebedero para las aves en los días
soleados, mas adelante estaban los baños, los cuales estaban rayados vandálicamente con
pintutra en aerosol. Entro al baño donde colgaba un letrero en la puerta en grandes letras
rojas “solo mujeres”. Se encontraba en el pequeño baño del parque de Eastborne, un lugar
tan tranquilo durante el día, pero ahora envuelto en un aura siniestra. Estaba obscuro, la
lámpara del techo sentellaba a ratos, anna la miraba y por dentro de ella deseaba que no se
apagara, se aserco al lavabo, estaba ñpolvoriento y tenia manchas de oxido que corrian
desde el grifo hasta la boca de la desnbocadura de la tubería. Se puso de rodichas en el
suelo evitando poner sus manos sobre el, pudo ver algunos papeles higienicos, envolturas
de toallas sanitarias y un chicle rosado con pelos pegado en el piso muy cerca de su rodilla
izquierda, lanzo una mueca de asco y se agacho aun mas para poder observar debajo de los
cubículos metálicos para asegurarse que estuvieran desocupados. Cuando se aseguro, se
puso de y entro al cubículo mas alejado de la puerta de la entrada.

Ana cerró la puerta del pequeño cubículo y miró fijamente a un pequeño espejo que se
encontraba dentro. Le costaba enfrentarse a su propia imagen reflejada, la cual representaba
su triste realidad oculta. Se había sacado la camisa y sus pantalones vaqueros, una suave
brisa que se colaba por debajo del cubículo hizo que su piel se erizara, volvió a
contemplarse en el espejo, esta vez, ahí desnuda su cara reflejaba el cansancio y la tristeza
que tenía que guardar dentro de ella al llegar a la escuela. Su cuerpo pálido y flacucho,
habitualmente sin rasgos distintivos, estaba cubierto de moretones. Marcas de diferentes
tonalidades moradas, azules y marrones se extendían a lo largo de su piel, moretones en sus
hombros, piernas, brazos y una gran mancha de diferentes colores que se extendía a lo largo
de su espalda. Anna comenzó a tocarse suavemente los moretones mientras se veía al
espejo, los observaba, tranquila como si esos mismos moretones hubieran brotado como
algo normal, así como el acné en los jóvenes o la regla en las chicas.

Cada vez que Ana descubría esos moretones, una mezcla de vergüenza, miedo y confusión
se apoderaba de ella. Las marcas simplemente estaban allí, como una especie de macabra
señal de algo que aún no comprendía.

Un nudo en el estómago la atenazaba mientras Anna seguía examinando cada moretón con
sus ojos llenos de terror y desesperación. Se sentía atrapada en un misterio sin resolver, y la
incertidumbre se entrelazaba con su ser, amenazando con consumir su cordura.

Pero a pesar de todo, Ana también experimentaba una extraña fascinación por esos
moretones.

El espejo parecía devolverle una mirada intensa, como si ocultara secretos inquietantes y
peligrosos. La habitación se volvía más fría a cada segundo, y Ana notó cómo los pelos de
su nuca se erizaban. Una sensación aterradora se apoderaba de ella, como si algo oscuro e
indescifrable la estuviera acechando desde las sombras del baño.

Mientras Ana intentaba comprender la verdad detrás de esos moretones, una oleada de
impotencia y vulnerabilidad se apoderó de ella. Sentía como si estuviera sola, abandonada
en un abismo de misterio y peligro. La simple idea de que alguien la viera asi tan bunerable
tambien la llenaba de temor.

Después de examinar detenidamente los moretones en su cuerpo desnudo, Ana decidió


cambiar su ropa en los baños del parque. Con cautela, se quitó los jeans que llevaba puestos
y los guardó rápidamente en su mochila. La prenda evidenciaba un estilo juvenil y
moderno, algo que Ana ahora estaba decidida a ocultar.

Sus manos temblorosas buscaron en la mochila un atuendo más apropiado para ocultar su
verdadero ser. Sacó una falda larga y una camisa de manga larga, ambos de colores oscuros
y carentes de vida. Estas prendas reflejaban la verdadera esencia de Ana, su vida cotidiana
y su vida escolar eran totalmente diferentes.

La chica se despojó de su vestimenta anterior y se vistió con la falda y la camisa,


ajustándolos de manera meticulosa para asegurar que su apariencia se alineara con el
personaje en el que se había convertido en sociedad. Su pelo, antes suelto y desenfadado,
fue recogido en un moño apretado y aburrido.
La transformación se completó cuando Ana se miró en el espejo del baño. Su reflejo
mostraba a una chica pálida, sin vida y casi invisible, perdida en un mar de normalidad. Sus
ojos almendrados ahora parecían apagados, incapaces de transmitir la curiosidad innata que
una vez tuvo. Las marcas en su piel permanecían ocultas bajo las capas de ropa, pero su
presencia pesaba en su mente como un oscuro recordatorio de su verdadera realidad.

En el baño del parque, Ana pasaba desapercibida, como si fuera un simple espectro en
medio de la monotonía de la sociedad que la rodeaba. Sentía dolor y tristeza por tener que
esconder su verdadera identidad, pero también sabía que era necesario para mantener una
apariencia aceptable en su vida diaria.

Lamentablemente, esta fachada era la única forma en la que podía vivir su vida sin ser
juzgada en su hogar. La verdadera Ana, aquella que habitaba en su hogar, estaba lejos de la
apariencia apagada que ahora llevaba consigo. En su propia morada, el color y la vitalidad
se desbordaban en cada rincón, revelando una pasión y una esencia que nadie más conocía.

Mientras Ana salía del baño del parque, la tristeza se aferraba a ella como una sombra,
recordándole constantemente su existencia paralela y las vidas que tenía que llevar. Este
oscuro secreto que tenía que ocultar amenazaba con romper el frágil equilibrio en el que
vivía, y Ana se preguntaba cuánto tiempo más podría soportar vivir en esa oscuridad
constante.

En casa de Ana, La casa de Ana era un laberinto de sombras y susurros, donde la presencia
de la religión se manifestaba de forma opresiva y perturbadora. Al entrar en la vivienda, el
visitante era recibido por una estatua de la Virgen María en la entrada, sus ojos de piedra
mirando fijamente con una expresión gélida y distante.

Las paredes estaban adornadas con crucifijos y cuadros religiosos, imágenes de sufrimiento
y redención que parecían seguirte con la mirada a medida que te desplazabas por los
oscuros pasillos. Velas encendidas parpadeaban en el viento fantasmal, proyectando
sombras retorcidas que parecían cobrar vida propia en la penumbra.

El altar en la sala de estar era el centro de la devoción de la familia, con velas


continuamente ardiendo en honor al Sagrado Corazón de Jesús y la Bienaventurada Virgen
María. El olor a incienso impregnaba el aire, mezclándose con una sensación de opresión y
miedo que se aferraba a cada rincón de la casa.

Las habitaciones de Ana estaban presididas por crucifijos colgados en las paredes, sus
siluetas ominosas proyectadas en las sombras de la noche. Los libros sagrados y rosarios
descansaban sobre mesas y muebles, como si fueran amuletos protectores contra fuerzas
malignas que acechaban en la oscuridad.

Cada rincon de la casa de Ana resonaba con un eco inquietante, una presencia invisible
pero palpable que parecía susurrar palabras de condena y juicio. En medio de la decoración
religiosa opresiva, la sensación de estar vigilado por entidades invisibles y malevolas se
intensificaba, creando una atmósfera de terror y desasosiego que se negaba a desvanecerse.
la convivencia con sus padres fanáticos religiosos era una experiencia desafiante. Su madre,
Doña Rosa, era una mujer de mirada severa y gesto adusto, cuyas creencias religiosas
dictaban cada aspecto de su vida cotidiana. Desde la rutina matutina de oraciones hasta las
estrictas restricciones sobre la vestimenta y las actividades permitidas, Doña Rosa imponía
con firmeza su versión estricta de la fe.

Por otro lado, Don Julio, el padre de Ana, era un hombre de apariencia más afable y actitud
comprensiva. Aunque también se adhería a las creencias religiosas de su esposa, Don Julio
mostraba cierta flexibilidad y empatía hacia su hija, tratando de ser un puente entre las
rigideces de su esposa y el deseo de libertad de Ana.

Ana, por su parte, se sometía sumisamente a las reglas impuestas por sus padres, temiendo
sus reprimendas y castigos. Las penitencias por desobediencia eran severas, desde largas
sesiones de oración hasta ayunos forzosos. Sin embargo, lo que más perturbaba a Ana eran
los castigos autoinfligidos de su madre. Doña Rosa se flagelaba regularmente como
penitencia por los pecados reales o imaginarios de su familia, dejando marcas en su piel
como testimonio de su devoción extrema.

Doña Rosa entró en el dormitorio de Ana con paso firme y gesto severo, encontrando a su
hija de pie frente al armario, con gesto sorprendido al ser descubierta en pleno cambio de
vestimenta. Los vestidos de colores vivos y cortes modernos yacían dispuestos sobre la
cama, una clara violación a la estricta regla de vestimenta impuesta por su madre.

El rostro de Doña Rosa se endureció al ver la audacia de su hija al desafiar sus mandatos y
deshonrar las enseñanzas religiosas que tan celosamente guardaba. Sin mediar palabra,
tomó firmemente el brazo de Ana y la arrastró fuera del dormitorio, llevándola hasta la sala
de estar donde un altar oscuro y ominoso dominaba la habitación.

Con ojos llenos de furia y desaprobación, Doña Rosa impuso un castigo físico sobre Ana,
golpeándola con el látigo como penitencia por su transgresión. Los latigazos caían
inclementes sobre la piel de la joven, marcando su cuerpo con líneas rojas de dolor y
vergüenza.

Doña Rosa observaba a su hija con ojos acusadores, su rostro impasible sin revelar emoción
alguna. Ana, de pie frente a ella, temblaba ligeramente, anticipando lo que estaba por venir.
Las manos de Doña Rosa se cerraron con fuerza alrededor del rosario que sostenía en sus
manos, sus labios moviéndose en silenciosas plegarias.

"Has desobedecido, Ana", dijo finalmente Doña Rosa en tono grave y severo. "Los caminos
del Señor son rectos y tú has elegido desviarte de ellos. La disciplina es necesaria para
purificar tu alma".
Sin una palabra más, Doña Rosa se levantó de su silla y se acercó a Ana. Con un gesto
rápido, le levantó la barbilla con firmeza, obligando a su hija a enfrentar su mirada
penetrante. Sin piedad, desgarró la blusa de Ana, dejando expuesta su piel pálida a la fría
luz de la habitación.

Un latigazo repentino cortó el silencio, seguido por un grito ahogado de dolor que escapó
de los labios de Ana. Doña Rosa continuaba golpeando con el látigo, cada chicotazo
marcando la piel de su hija con líneas rojas y dolorosas. Cada castigo era un recordatorio de
la ira divina, un medio para expiar los pecados reales o imaginarios de Ana.

La joven soportaba en silencio, con lágrimas silenciosas deslizándose por sus mejillas,
mientras los castigos caían sobre su cuerpo indefenso. Para el exterior, aparentaba sumisión
y resignación, pero en su interior ardía una chispa de rebeldía y deseo de liberación. En la
penumbra de la habitación, envuelta en el dolor y el sufrimiento impuesto por su madre,
Ana se aferraba a la esperanza de un día romper las cadenas de la opresión y encontrar su
propia libertad.

Cuando finalmente el castigo cesó, Ana yacía en el suelo, temblando y con lágrimas en los
ojos, mientras su madre la obligaba a arrodillarse frente al altar y rezar. Las horas pasaban
lentamente, con las oraciones resonando en la habitación como un eco de condena y
sometimiento.

Después de soportar los castigos implacables de su madre, Ana se retiró a su habitación,


cerrando la puerta con un susurro de alivio. El dolor ardiente en su piel marcada por el
látigo era un recordatorio constante de la crueldad de sus padres y la opresión que
enfrentaba día a día. Se dejó caer en el borde de la cama, sintiendo el peso abrumador de la
culpa y la angustia aplastándola.

Las lágrimas finalmente brotaron de sus ojos, silenciosas y amargas, como una liberación
de la tensión acumulada en su interior. Sus manos temblaban mientras acariciaba las marcas
rojas en su piel, sintiendo cada una como un testimonio físico de su sufrimiento. Un
sentimiento de profunda injusticia la embargaba, la sensación de ser una prisionera en su
propio hogar, bajo el yugo implacable de unas creencias fanáticas.

En la penumbra de su habitación, Ana se sentía sola y vulnerable, pero también decidida.


Una chispa de rebeldía prendió en su interior, alimentando su determinación de resistir y
encontrar una forma de escapar de la opresión que la atenazaba. Se prometió a sí misma
que no cedería ante el miedo y la sumisión impuesta por sus padres, que buscaría una vía de
escape, una oportunidad de libertad.

Al amanecer, Doña Rosa informó a Ana sobre la terrible decisión que había tomado: serían
acompañadas por la congregación de la Sagrada Redención, una secta religiosa extremista
que buscaba purificar a los desviados a través de métodos draconianos. Ana sería sometida
a un rito de purificación física y mental, un proceso doloroso y humillante que la madre
consideraba necesario para salvar el alma de su hija.
Además, Doña Rosa anunció con voz fría que Ana estaba prohibida de volver a la escuela,
considerándola un mal ejemplo y una influencia corruptora para los demás. Con un gesto de
desdén, encerró a Ana en un pequeño cuarto oscuro, dejándola a solas con sus miedos y una
sensación de desesperación creciente ante el destino que se cernía sobre ella.

El pequeño cuarto en el que Ana fue encerrada era un espacio claustrofóbico y oscuro, con
las paredes cubiertas de mohos y los muebles viejos y polvorientos. Cada paso resonaba
como un eco siniestro mientras Ana se movía cautelosamente, intentando encontrar un rayo
de luz o un resquicio de esperanza en aquel lugar opresivo.

El silencio abrumador era interrumpido de vez en cuando por el sonido de las gotas de agua
que caían rítmicamente desde el techo, sumando a la tensión y al ambiente lúgubre de la
habitación. El aire enrarecido y viciado provocaba un nudo en la garganta de Ana, que
luchaba por respirar y mantener la calma en medio de aquel encierro desesperante.

Una noche, cuando Ana yacía en una esquina de la habitación, sintió una extraña sensación
en su cuello. Un escalofrío recorrió su espalda mientras sus dedos temblorosos exploraban
la zona. Para su horror, descubrió una araña caminando lentamente por su piel, sus patas
escurriéndose con una lentitud espeluznante.

El terror se apoderó de Ana mientras su cuerpo se tensaba y su corazón latía desbocado. Sin
saber qué hacer, no se atrevió a moverse, temiendo asustar aún más a la araña y provocar
un ataque impredecible. Mientras el arácnido exploraba su cuello, cada segundo se volvía
una eternidad, y las caricias inquietantes de las patas de la criatura le parecían pura tortura.

Finalmente, en un último acto de valentía y desesperación, Ana sacudió su cuello con


fuerza, tratando de liberarse de la presencia desconcertante. La araña salió volando,
cayendo al suelo con un chasquido sordo. Ana jadeaba agitadamente, sintiendo un
escalofrío persistente recorrer su columna vertebral, mientras contemplaba al insecto
alejarse lentamente hacia las sombras de la habitación.

A partir de ese momento, el pequeño cuarto se convirtió en una jaula de pesadilla para Ana,
donde cada sonido y cada sombra se volvían portadores de amenaza. La araña había
despertado en ella un miedo primordial y una sensación de vulnerabilidad extrema,
dejándola atrapada en una espiral de temor y desesperación, sin ninguna esperanza de
escapar.

Ana se sentía como si hubiera entrado a un mundo paralelo y siniestro, donde todos los
aspectos de su vida habían sido distorsionados. Las miradas de los congregantes la seguían
a cada paso, con una intensidad que le erizaba la piel. Las voces murmurantes y los
susurros incesantes creaban una atmósfera cargada de tensión y malevolencia.

Su madre la agarró de la mano con fuerza, sin soltarla en ningún momento. Ana notó el
temblor en su cuerpo y la tensión en su rostro, como si estuviera tan asustada como su hija,
pero tratando de mantener una fachada de serenidad. Ana se preguntó si su madre también
había sido arrastrada a esta iglesia insidiosa por alguna fuerza desconocida, o si era
cómplice de lo que sea que sucedía en aquel lugar.
A medida que avanzaban por el pasillo central, Ana notó que las figuras a su alrededor
parecían desdibujarse, como si estuvieran envueltas en una niebla oscura que ocultaba sus
verdaderas intenciones. Los ojos de los congregantes brillaban con una luz fría y
penetrante, como si pudieran ver a través de su alma y leer sus pensamientos más oscuros.

Cada paso que daba Ana la acercaba más al corazón de la iglesia, donde un altar se alzaba
ominoso en el centro. El silencio pesado que reinaba en el recinto era roto solo por el
sonido de sus propios pasos y el latido acelerado de su corazón. Sabía que algo terrible
estaba a punto de suceder, algo que cambiaría su vida para siempre. Y con cada mirada
furtiva que recibía de los demás, Ana empezó a temer que ninguna de esas personas fuera
realmente humana.

El altar en el centro de la iglesia se alzaba imponente y siniestro, como una presencia


maligna que dominaba el lugar con su presencia opresiva. Estaba construido en piedra
oscura y fría, tallada con símbolos antiguos y figuras retorcidas que parecían retener la
esencia de la oscuridad misma. Las velas encendidas que rodeaban el altar emitían una luz
parpadeante y temblorosa, proyectando sombras grotescas y retorcidas en las paredes.

En la parte superior del altar, una estatua deforme y grotesca de una figura encapuchada se
alzaba en posición de adoración, con sus brazos extendidos hacia el techo en un gesto
amenazante. Su rostro sin rasgos parecía mirar fijamente a través de los ojos vacíos
directamente hacia todos los presentes, como si pudiera ver sus pensamientos más oscuros
y sus secretos más profundos.

Sobre el altar, varios objetos rituales estaban dispuestos de manera caótica y ominosa:
calderos humeantes con líquidos de colores oscuros, cuchillos afilados con inscripciones en
lenguas olvidadas y cráneos de animales dispuestos en patrones inquietantes. El aire
alrededor del altar estaba cargado de un olor metálico y rancio, como el de la sangre y la
muerte.

El silencio que reinaba en la iglesia se volvió aún más pesado y opresivo al acercarse al
altar, como si el mismo lugar estuviera vivo y respirando con una energía maligna. Ana
sintió un escalofrío recorrerle la espalda al acercarse al altar, como si algo antiguo y oscuro
estuviera despertando dentro de ella, llamándola a unirse a la macabra ceremonia que
estaba a punto de tener lugar.

Ervil Abelard, el líder del culto, era un hombre de aspecto imponente y siniestro que
emanaba una presencia oscura y amenazante. Su estatura imponente y su mirada penetrante
infundían temor en todos los que tenían el desafortunado encuentro con él. Su rostro estaba
marcado por líneas profundas y duras, como si el paso del tiempo y la maldad hubieran
dejado su huella en su piel pálida y ajada.

La mirada de Ervil Abelard era fría y despiadada, con ojos oscuros que parecían contener
secretos insondables y una crueldad oculta tras su apariencia de sacerdote. Su cabello negro
y grasiento caía en mechones enmarañados sobre su rostro, creando una sombra ominosa
que parecía envolverlo en una aura de oscuridad.
Vestía una túnica negra y raída que colgaba de su cuerpo como un manto de la noche, con
símbolos oscuros bordados en hilo rojo que parecían zumbar con una energía malévola. Su
cuello estaba adornado con un collar de huesos y colmillos, y en su mano derecha sostenía
un cetro retorcido con incrustaciones de piedras negras que brillaban con una luz enfermiza.

Cada paso que daba Ervil Abelard resonaba en la iglesia con un eco ominoso, como si el
suelo mismo temiera su presencia y se estremeciera a su paso. Su voz era grave y gutural,
como si fuera un eco de ultratumba que enviaba escalofríos por la espina dorsal de quienes
lo escuchaban. Todos en la iglesia lo miraban con reverencia y temor, como si estuvieran
ante la encarnación misma del mal.

En el altar, Ervil Abelard se erguía con una presencia imponente, su mirada fija en los
congregantes con una intensidad que parecía atravesar sus almas. El silencio en la iglesia
era absoluto, solo interrumpido por el susurro de las velas encendidas y la respiración
entrecortada de los presentes. Con voz grave y resonante, Ervil comenzó su discurso:

"Queridos seguidores, hoy estamos reunidos en este templo sagrado para honrar al
verdadero Dios, aquel que ha sido ignorado y menospreciado por los débiles y los
incrédulos. Nosotros somos los elegidos, los que hemos sido llamados para preparar el
camino para su regreso. En nuestras manos está el poder de desencadenar el apocalipsis y
purgar este mundo de la corrupción y la decadencia."

Sus palabras resonaron en la iglesia, envolviendo a los presentes en una atmósfera cargada
de fervor y fanatismo. Ervil continuó, su voz adquiriendo un tono más apocalíptico y
amenazador:

"El Dios verdadero ha visto la depravación de la humanidad, su falta de fe y su desprecio


hacia sus enseñanzas. Pronto llegará el día del juicio final, el día en que la ira divina se
desatará sobre el mundo y solo los fieles serán salvados. Nosotros somos los mensajeros de
su voluntad, los instrumentos de su destrucción. Preparaos, hermanos y hermanas, porque el
fin está cerca y solo aquellos que se sometan a su poder serán redimidos."

Los presentes escuchaban con devoción y temor, sus rostros iluminados por la luz
parpadeante de las velas y sus corazones palpitando con una mezcla de terror y excitación.
Ervil Abelard levantó el cetro oscuro en alto, sus ojos brillando con una malévola
determinación mientras proclamaba en voz alta:

"Que la oscuridad caiga sobre este mundo impío y los elegidos sean llevados a la gloria
eterna. Que el juicio final llegue y purgue este mundo de la impureza. ¡Porque nosotros
somos los fieles, los escogidos, los que traerán el fin de los tiempos y el renacimiento de un
nuevo orden divino!"

La madre de Ana se acercó temblorosa al pie del altar, con lágrimas deslizándose por sus
mejillas y su voz temblorosa al dirigirse a Ervil Abelard. Sus ojos reflejaban una mezcla de
angustia, desesperación y fervor religioso, mientras luchaba por controlar sus emociones
frente al líder del culto.
"Ervil, por favor, te ruego que purifiques a mi hija", suplicó la madre de Ana, con la voz
quebrada por la pena. "Está envuelta en pecado, se ha apartado del camino de la rectitud y
la moral. Me avergüenzo de sus acciones, de cómo desafía nuestras creencias y se viste de
manera inapropiada, como una mujer de mala vida. Ha faltado al respeto a sus padres y a
nuestra religión, y temo por su alma perdida."

La madre de Ana se arrodilló ante Ervil Abelard, con las manos temblorosas extendidas en
un gesto de súplica, su rostro angustiado y suplicante. Sus palabras resonaban en la iglesia,
llenando el espacio con la intensidad de su dolor y su desesperación por la salvación de su
hija.

Ervil Abelard la observaba con una mirada fría e impasible, su rostro sin expresión
mientras escuchaba las súplicas de la madre de Ana. Sus ojos oscuros parecían penetrar en
lo más profundo de su ser, evaluando su devoción y su sufrimiento. Finalmente, con voz
grave y autoritaria, respondió:

"Madre, no temas. La voluntad del Dios verdadero es infalible y su juicio justo. Tu hija será
purificada, su alma redimida. Pero debes estar dispuesta a sacrificar lo que más amas en
este mundo para lograrlo. Debes mostrar tu compromiso absoluto a nuestra causa y seguir
mis instrucciones al pie de la letra. Solo así podremos salvar a tu hija del abismo del pecado
y conducirla de regreso al camino de la rectitud."

Ervil Abelard ordenó a los seguidores que rodearan a Ana en el altar, formando un círculo
de devotos que observaban en silencio mientras el líder del culto se preparaba para el ritual
de purificación. Ana se sentía atemorizada, su corazón latiendo con fuerza en su pecho
mientras los ojos fríos de Ervil la miraban con una intensidad penetrante.

Ervil comenzó el ritual recitando palabras en una lengua antigua y gutural, con un tono
grave y ominoso que resonaba en la iglesia como un eco de ultratumba. Sus manos se
movían en gestos enigmáticos sobre el cuerpo de Ana, trazando símbolos y figuras en el
aire con movimientos precisos y fluidos.

A medida que el ritual avanzaba, el aire a su alrededor parecía cargarse de una energía
oscura y pesada, como si fuerzas desconocidas estuvieran desencadenándose en la iglesia.
Ana sintió un escalofrío recorrerle la espalda mientras la sensación de malevolencia se
intensificaba a su alrededor.

Ervil tomó un cáliz lleno de un líquido oscuro y humeante, y lo sostuvo frente a ella con
solemnidad. Con voz grave, pronunció palabras de invocación mientras vertía el líquido
sobre el cuerpo de Ana, cubriéndola con una sustancia fría y viscosa que parecía quemar su
piel.

Los seguidores observaban con devoción y temor, sus rostros iluminados por la luz
parpadeante de las velas, mientras el ritual de purificación llegaba a su clímax. Ana cerró
los ojos, sintiendo la presión y la opresión a su alrededor, temiendo lo que vendría a
continuación en manos de Ervil Abelard, el líder del culto que parecía emerger de las
sombras mismas.
Anna, completamente aterrada por lo que había presenciado en la iglesia del culto de su
madre, se apresuró a huir de aquel lugar opresivo y oscuro. Sus pies golpeaban el suelo con
fuerza mientras corría, sintiendo el latido de su corazón resonar en sus oídos. Las lágrimas
mezcladas con el sudor recorrían su rostro, mientras el miedo y el deseo de escapar la
impulsaban hacia adelante.

Llegó hasta los límites de la ciudad, donde el paisaje urbano comenzaba a ceder paso a un
espeso y sombrío bosque. Anna detuvo su carrera, su respiración entrecortada resonando en
el silencio que envolvía la zona. Miró hacia el oscuro manto de árboles y arbustos que se
extendía ante ella, su mente luchando entre el miedo a adentrarse en lo desconocido y el
deseo de alejarse de la influencia del siniestro culto.

Con el corazón latiendo desbocado, Anna tomó una decisión y se adentró en el bosque. Los
árboles parecían susurrarle secretos antiguos y misteriosos mientras avanzaba, las hojas
crujían bajo sus pies y el aire se volvía más fresco y húmedo. Cada paso que daba la alejaba
de la iglesia y de la influencia tóxica de su madre, dándole un atisbo de esperanza y
libertad.

A medida que se adentraba más en lo profundo del bosque, los sonidos de la ciudad se
desvanecían y eran reemplazados por el canto de los pájaros y el susurro del viento entre las
hojas. Anna se sentía envuelta en un nuevo mundo, un mundo donde podía encontrar su
propia identidad y escapar de las cadenas impuestas sobre ella.

El resplandor de la luna empezó a filtrarse a través de las copas de los árboles, iluminando
el camino de Anna mientras continuaba su huida. Aunque el temor aún persistía en su
corazón, sentía una chispa de valentía crecer dentro de ella. Sabía que había tomado la
decisión correcta, que había escapado de un destino turbio y estaba lista para descubrir su
propio camino, lejos de la opresión y el miedo.

Mientras Anna se adentraba más en el bosque, entre la penumbra de los árboles, su atención
fue captada por un destello de luz resplandeciente en la distancia. Curiosa y cautivada, se
acercó lentamente, sintiendo cómo su corazón palpitaba con anticipación. Una esfera
luminosa flotaba en el aire, emanando una luz suave y cálida que parecía llamarla.

Sin poder resistir la atracción de aquella misteriosa esfera, Anna extendió su mano
temblorosa para tocarla. En el momento en que su piel entró en contacto con la esfera, una
luz deslumbrante la envolvió por completo, cegándola momentáneamente y despertando
una sensación de ingravidez.

Cuando la luz finalmente disminuyó, Anna despertó en el suelo, confundida y desorientada.


Se encontraba rodeada por la exuberante vegetación del bosque, sin un rastro del resplandor
luminoso que la había envuelto. Miró a su alrededor, tratando de recordar lo que había
sucedido, pero solo encontró fragmentos borrosos de memoria.

El corazón de Anna latía frenéticamente y su mente quedaba envuelta en una neblina de


confusión. Se levantó, palpando su cuerpo para asegurarse de que estaba indemne, y
lentamente comenzó a recorrer el camino de vuelta hacia la ciudad. La experiencia que
había tenido en el bosque la dejó con más preguntas que respuestas, pero también una
increíble sensación de liberación y una chispa de esperanza que ardería dentro de ella.

Mientras caminaba, Anna prometió a sí misma explorar el significado de aquella


enigmática experiencia y descubrir quién era verdaderamente en medio de los lazos que la
habían atado hasta ese momento. Decidida y llena de valentía, continuó su camino hacia un
futuro incierto pero lleno de posibilidades, sabiendo que había tomado un paso crucial hacia
la autenticidad y la libertad.

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