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La Causa de Los Adolescentes (Françoise Dolto)

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Obra posiuma de Francaise Dolio, La cause dd Tos adotescentes examina el netiodo de la vida humana que va de los dice bos diecistis aftos: epoca de la «muerte de la infants del arduo recorrido que lleva a los umbsales de la tnistencia adulta, yen la que la auiora ve un verdadero putgatorio, un duro viempo de prueba para vada individuo, Encarada a los sintomas principales de Ia adolescencia en nuesira sociedac ‘en crisis (alto indice de suicidios, droga, fracaso escolar, sewualidad), Francoise Dolto, basandose fn los datos de una rigurosa encuesta internacional, entabla un combate para dar vor f quienes no la tienen todavia ¢ intodaciren la ceducacién el amor y el respeto par los demas ¥ por uno mismo. El presente libro se propor fnauguear una era de nuevas relaviones cow la juventud y encierra un proyecto global de sociedad nueva, x Xu SHIN BARRAL 20811290 MMO m a 8 e & 8 = s n I & 8 o & La causa de los adolescentes Titulo origina: acon de odoescente riser elicit 190 © fEitons Robert Laffoct, S. A. Pcs, 1988 Derechos excusvos de ect en catlano reservados pra todo el tunce ' propiedad de ln traduccion: © 1980: aor Seis ural, S.A. (Corcega, 770 08008 Bareiona ISBN: 8632246025 Dede lea: B. 9.191 - 1980 Segunda seimpresisn (México: abril de 1992 Colectivo de encuesta dirigido por André Coutin PROLOGO: Hace tres aftos, la gran resonancia de La causa de los niflos ayud6 a Frangoise Dolto a medit Ia fuerza de pene- tracién de sus nuevas ideas. El libro desencadend una serie de debates, reflexiones e iniciativas. y contribuy6 a intro- ducir més atin en la sociedad francesa y europea los temas de investigacién esenciales y las lineas de accién capitales que se desprenden de la obra de Frangoise Dolto. La obra ‘iba ditigida a todos los padres, educadores, animadores y quienes toman decisiones en la sociedad. Rapidamente, Frangoise Dolto intent6 proseguir este tra- bajo de pedagogia y de comunicacién aplicéndolo a la etara de Ia adolescencia, Unos dias antes de reunirse en la otra orilla con su ma- rido Boris Dolto, Francoise habfa terminado de corregir el ‘manuscrito y se alegraba con la idea de que los jovenes, asi como los adultos, pudieran leer este segundo libro. «La ‘causa de los niflos —decia— es aqui considerada desde el unto de vista del adolescente.» El nacimiento es muerte; la muerte es nacimientor,re- pite ella a lo largo de esta investigacion en compatia de jbvenes de dice adiecistis afos. La que muestra aqui cémo Acompafiar al adolescente en su «muerte de la infancian supo dar el citimo paso de la vida adulta encontrando las Palabras para definir la experiencia. Cuando, con el eorae 26n latiendo accleradamente, Ia creiamos ya en el cltimo momento, Frangoise supo regresar de su propia muerte para hablarnos de ella a sus parientes y amigos. A mi me Ia deseribié como una isla tranquila en medio de Ia term pestad. Dias mas tarde, habiendo dominado todo miedo a lo desconocido. se despedia defintivamente Con qué coraje y qué exigencia, radiante de esprituai- dad, habrd llevado a cabo esta «tarea social urgente>, Ia 3 ‘causa de los adolescentes, economizando sus energias para ‘concentrarlas mejor en sus horas de trabajo. El oxigeno que, en los dktimos tiempos de su vida, ella tenia que in- halar noche y dia, lo insufla en estas piginas. transmuta- do de inteligencia, para restituir a su projimo el deseo de Hlegar y la volunted de estar presente en los otros. Una obra doblemente generosa que ella lega a todos los jé- Anpré Couriw DE LA CAUSA DE LOS NINOS ALA CAUSA DE LOS ADOLESCENTES ‘Esta investigacion consagrada al ertioo periodo de la ado- lescencia es la continuaci6n y prolongamiento naturales de La causa de los nitos. En aquella primera obra, dejamos a log nifios en el umbral de ese «paso» determinante que les ‘conduce a la toma de autonomia, hacia los diezonce afos. No existe una edad precisa que estabtezca Ia fecha de esta fase del desarrollo del individuo. Lo que hay es una influen- cia que les empuja hacia esia zona de turbulencias. pues ‘cada uno la vive segin su relativa precocidad, 0, por el con- ‘ario, segin sus retrasos, al capricho de su propio ritmo. En todo caso, tarde o temprano, en esta fase del crecimien- to, en el momento de la prepubertad, les aguarda un gran trayecto antes de poder entrar en la vida adulta, de asumir responsabilidades de ciudadano y participar de alguna ma- nera en la construccién del futuro de su sociedad. Para llegar ala otra orilla, tendrén todos que sufrir cier- to nimero de pruebas, franguear obsticulos, resolver ci- sis originadas en su interioridad 0 en las presiones del medio. Segin su propia sensibilidad, su fragilidad © su nueva fuerza, se encontrarén con mas © menos dificulta- des para salvar este paso, Aquellos que de entrada no hhayan consumado la ruptura que realiza la toma de auto- nomia, aquellos que aborden este suelo de inestabilidad y de fracturas, la adolescencia, con bloqueos estarsn en con diciones de inferioridad respzcto a los otros, pero todos ne~ cesitaran de toda su voluntad de vivir, de toda la energia de su deseo de llegar para afrontar esta muerte de la in fancia, El propésito de este libro es plantear las verdade- ras preguntas y tatar de inspirar los comienzos de una respuesta. Para mantener la justa perspectiva de las eta pas del crecimiento y los origenes de fos conflictos y ato lladeros observables, sugerimos que se remitan a los and: lisis de nuestra primera obra, La causa de los niftos. PRIMERA PARTE EL PURGATORIO DE LA JUVENTUD Y EL SEGUNDO NACIMIENTO sla edueacion oficial no te ensefta la educe- idm em el amor... en el respeto del otro, en el respeto de ti» Feancors Doz, CAPITULO 1 EL CONCEPTO DE ADOLESCENCIA: PUNTOS DE REFERENCIA, PUNTOS DE RUPTURA No se conoce tan bien al adolescente como al no. Hay ‘que extenderse sobre la realidad que oculta este término, Se habla hoy de la poblacion de los wAdos», expresion me- istica que tiende a aislar a los individuos jovenes ude paso», wen trénsito», encerrandolos en un tipo de edad. En ver de limitarse a situaria en la pirimide de las edades, mas interesante buscar un consenso y superar las con: troversias y desacuerdos entre psicélogos, sociélogos ¥ endocrinélogos-neurélogos. unos prolongan la infancia hasta los catorce afios y sitian Ia adolescencia entre los catorce y los dieciocho afios, como una simple transicién hacia la edad adulta. ‘Aquelios que la definen en termines de crecimiento, como un periodo de desarrollo muscular y nervioso, se sienten tentados incluso de prolongaria hasta los veinte afos Los sociélogos toman en cuenta el fendmeno actual de los wadolescentes retrasados», estudiantes prolongados que viven en casa de sus padres mucho mas alla de su mayo- tla. Algunos psicélogos reducen la adolescencia a un capi tulo final de la infancia. Bs una edad cerrada, una edad marginal, 0 una etapa original y capital de la metamorfosis del nitio en adulto? En mi opini6n, es una fase de mutacién. Es tan capi- tal para el adolescente confirmado como el nacimiento y los primeros quince dias de su vida lo son para el nino equefio. El nacimiento es una mutacién que permite dar el paso del feto al nifto de pecho y su adaptacién al aire y 4 la digestion, El adolescente, por su parte, pasa por una ‘muda respecto de la cual nada puede decir, y es, para los adultos, objeto de un cvestionamiento que, segin los p: dres, esti cargado de angustia 0 pleno de indulgencia. Mi profesor de filosofia, parafraseando el proverbio, decia de tuna de mis compafieras de la que pensaba que se habia ‘quedado en la adolescencia: «Dios, mesa o palangana: cen qué se convertiré?y A sus ojos, todas deberlamos haber sido ya jOvenes adultas. He aqui una de las posibles y gri- ficas maneras de definir | adolescencia como una edad en que el ser humane no es dios, mesa ni jofaina, El esta- do de adolescencia se prolonga segin las proyecciones que Jos jévenes reciben de los adultos y segin lo que la socie- dad les impone como limites de exploracién, [Link] estin ahi para ayudar a un joven a entrar en las respon- sabilidades y a no ser lo que se llama un adolescente re- trasado, La sociedad tiene imerés en que el adotescente no pier dia el tiempo en una vida de benefciado. Pero esta justa Dreocupacion leva también al exceso de celo que consist fn estimular demasiado a un nito de once afos @ no ser tin mito protongado. Si bien no hay que dormirse, tampo- 0 hay gue precipitar las cosas. Em al lenguaje popular. se dice con frecuencia’ «Siempre te portas como tn mi, pero ya no eres um rion cAcaso mo es dste um lenguale fotalmente pernicioso 9 culpabilicante, si el padre o la ‘madre le dicen esto a um preadolescente? ‘Yo creo que él no le presta a estas palabras a menor ‘atencién. Se la prestaria si fuera uno de sus compaferos, quien se la dijera, Pero no los padres. Los padres, de todos modos, dejan de ser a sus ojos los valores de referencia. En las escuclas hay Grandes Meaulnes en todas las épocas ‘que gozan de cierto prestigio. Son los lideres de pequetios grupos. Y siempre corretes por alli un muchachito menos afirmado, menos desarrollado, que tiene problemas en ha- cerse aceptar por el arcangel o el cabecilla. Se le rechaza: Eres un pequeflin, un renacuajo: no sabes de qué va lérgate-» Esta infantilizacién es peyorativa viniendo de un joven; afecta més al nifo que si su madre le dice: «No te hagas el pequefiin.» Es también muy vulnerable a las observaciones despec- tivas procedentes de otros adultos que tienen el papel de mandar a les jévenes. En el curso de esta mutacién, re- 2 produce la fragilidad del bebé que nace, sumamente sensi- ble a lo que recibe como mirada y oye como palabras que le conciernen. Un bebé cuya familia lamenta que sea como 8, que se parezca a aquel otro, que tenga una nariz asi o sé, y llega hasta lamentar el sexo que tiene 0 el color de su cabello, corre el riesgo de quedar marcado para toda la vida, mientras la gente piensa que no comprende ada. Ha captado este handicap social con cl que ha nacido. A esa edad, todos los juicios surten efecto, incluyendo aquellos. que expresan gentes de poco fiar, por ejemplo, personas celosas o rescntidas con los padres. El nifo no tiene en cuenta las cosas, no hace més que oir que hablan mal de 1, y se lo toma al pie de la letra. Y se trata de algo que puede comprometer, de por vida, sus relaciones con la $0- ‘iedad. El papel de las personas ajenas a la familia y que conocen a un adolescente, que tienen relacion con él por causa de la escuela, o por causa de la vida social, es muy importante durante algunos meses, Pero, desgraciadarmen- te, la gente no sabe cual es el periodo sensible para dicho Joven. En cl caso del bebé, se ignora que oye todo lo que le dicen. «jAh! {Qué pena que se parezca a tia Lili... Qué demonio eral» Y Iuego se ponen a hablar de la tia Lili, y el nifo recibe a quemarropa una descarga negativa que ie afecta profundamente. Lo sabemos ahora. Pues bien, lo mismo sucede con un joven en pleno desarrollo. Para comprender adecuadamente qué es la inopia, la Acbilidad de la adolescencia, tomemos la imagen de los bo- gavantes y langostas que pierden su concha: se ocultan bajo las rocas en ese momento, mientras segregan su nueva, concha para adquirir defensas. Pero, si mientras son vul- nerables reciben golpes, quedan heridos para siempre: su caparazén recubrira las heridas y las cicatrices, pero no las borrara. Las personas secundarias juegan un papel muy importante en ia educacién de los jévenes durante este pe- riodo, Aunque no estén encargadas de dar dicha educacién, todo lo que hacen puede favorecer la expansién y la con: fianza en si, al igual que el valor para superar sus impo- tencias, 0, al contrario, pueden estimular el desaliento y la depresién. Hoy, muchos jévencs a partir de los once aftos ‘conocen estados depresivos y estados paranoicos. Y ejecu- tan actos de agresién gratuites. En estas werisis», el joven ‘Se opone a todas las leyes, porque le ha parecido que al- wien que representa la ley no le permitia ser ni vivir, 13 ePero acaso esta reaccién de defensa no les deja atin mds desarmados? En este momento de extrema fragilidad, se defienden contra los demés, bien mediante la depresién, 0 por medio ds un entado de negatvismo que agrava ain més su debi lida La soxualidad podria ser un recurso para ellos. No tienen aiin vida sexual, sino es a través de Ia ima- sginacién. Con mucha frecuencia, penetran en un falso nivel fexpansivo de sexualidad, que depende de lo imaginario: la masturbaciSn. En el momento dificil en que los j6venes se sienten incSmodos en la realidad de los adultos por falta de confianza en si mismes, su vide imaginaria les sostie- ne. El muchacho 0 la joven estén casi decididos a excitar fen sf la zona que les daré fuerza y valor, es decir, la zona genital que se onuncia, Y de ese modo la masturbacién, de remedio de su depresién, se convierte en trampa. Tram: pe, porque de este modo se descargan nerviosamentey tie ren mayor dificultad para afrontar Ia realidad, para ven- cer estas deficencias, mucho més imaginarias que reales, pero que han sido alimentadas por frases inoportunas de las madres, como por ejemplo: «No legarés a ser nada gebmo quieres gustar a una ehiea, si siempre vas tan de- saseado?. 0 por el entorno que les sorprende y les hace ruborizar con feases como: «Ah, vaya, no le eres indiferen- te, 2Bs tu novia?» Resulta espantoso para un joven ser des- cubierto asi y ver puesto de manifiesto el sentimiento pre- cor que experimenta; ello puede lanzarle verdaderamente 2 Ia masturbacién, porque ésta cs un sostén a Ia excita: cién de las pulsiones que le permitirian superar esta de- presién, Desgraciadamente, como se satisface de una ms- nera imaginaria, earece ya de la fuerza para ir a buscar en la realidad, en otro ser humane, muchacho © muchs- cha, el apoyo, la camaraderia 0 el amor que le sostenga y le ayude a salir de esta trampa en que le han encerrado algunos adultos indiferentes 0 agresivos. 0 celosos, pues hay adultos que estén celosos de esta cedad ingratan. Re- cuerdan que ellos fueron maltratados por adultos. y. en lugar de evitar cometer el mismo error eon los ottos, como si fuera més fuerte que ellos mismos, cargan la mano: “4 iQué es lo que vas a pensar? No estas en edad de pen- sar: atin tienes el gusto de la leche en los morros.» Ete. ‘Cuando un joven comienza a tener ideas propias y a mez- clarse en la conversacion de los adultos, no pierden un ins- tante en desalentarlo, cuando seria el momento de darle la palabra: «Te interesas por esto; bien, dime tu opinién; ab, ‘es interesante...» El padre no quiere que se diga que su hijo empieza a ser escuchado por los jovenes que le ro- dean. Es él quien debe tener la supremacia. Hay muchos padres que no saben ser padres de adolescente. ¥ lo cu- rioso es que no saben serlo delante de su mujer y de su hija, pero cuando estan solos con Jos muchachos, los en- tienen mejor. Eso se debe a que no desean que al mu cchacho se le preste la misma atencién que @ ellos cuando se ponen a hablar en la mesa y el joven diserepa de su padre. El padre quicre que su opinién prevalezca sobre la ‘de su hijo. La frase justa serla, por ejemplo: «Bueno, a dos edades distintas, pensamos de manera diferente. No hay problema.» Si el joven se ve interrumpido, o bien lo tolera con una sonrisa de condescendencia («Papa no quie- re reconocer su error; bien, jtanto peor!»), o no se atreve ‘4 alirmarse para expresar en otro lugar una afirmacién que ‘ha sostenido en casa; cuando esto, en otro lugar, le confe- Tirfa valor. Pero como en casa es! ‘udesvalorizadon, ‘queda marcado por una depresion y cree que no tiene rrecho a pensarlo. En este momento es cuando tendria necesidad de fortatecido. Los educadores parecen muy indicados “Para: tomar ei relevo. _ plo per no dicen esta boca ia, Se ata de anima les: «No dices nada, pero tendras tu opinién. He visto que ‘contemplabas el partido con mucha atencién; que Sema oy mich en Is ‘sor que conoce bien el pafto, y eso puede salvar a un mu- chacho que en casa es abrumado por sus padres. ‘Se trata de una edad fragil pero asimismo maravillosa, porque reacciona también a todo lo positivo que se hace por él. Sélo que los adolescentes no lo manifiestan en el mismo momento, Es un poco decepcionante para los edu adores que no ven los efectos inmediatos. No me cansaré de incitar a los adultos a perseverar. Digo y repito a todos. Tos que ensefian y se desaniman, que traten de valorizar- los: continuad, aunque el joven parezca «tomaros el pelo», como se dice. Cuando son varios, con frecuencia le toman el pelo © una persona mayor, y cuando estiin solos, esta persona es para ellos alguien muy importante. Pero hay que soportar ser abucheado. Uno puede pensar: sf, soy abu- cheado porque soy adulto, pero lo que les digo les ayuda ¥ les sostiene. Asi pues, clos once aftos son realmente un punto de méxima fragilidad? Si, de once a trece aflos: tienen rubores, se tapan el rostro con los cabellos, azotan el aire con las manos para vencer su malestar, su vergiienza, o pueden incluso enmas- carar una gran herida que quizé sea indeleble. cs la pubertad la cresia de esta travesia critica? La época dificil es el momento de la preparacién de la primera experiencia amorosa. El joven siente que hay en cello un riesgo. lo desea y lo teme al mismo tiempo. Al res- ecto existe una gran polémica que la cargada estadistica de suicidios © de conductas suicidas pone sobre el tapete de Ia actualidad. Plantes en definitiva esta pregunta esen- cial: {Lo problemético es la primera experiencia sexual, que es una cresta culminante en la vida del adolescente, o cier- ta nevesidad de experimentar la muerte? Es decir: de la confrontacion com el riesgo y e! peligro, 0 del nodeseo de viv Opinio que es indisociable. Porque precisamente el ries- go del primer amor es experimentado como la muerte de la infancia. La muerte de una época. Y este final que of arrastra y aniquila como cuando os dais en el amor, cons- tituye et verdadero peligro de dicha cresta, punto de paso obligado para inaugurar su dimensién de civdadano res- ponsable, y acto irreversible. En nuestra sociedad, Jos j6- venes no reciben ayuda porquc no tenemos el equivalence de Jos ritos de iniciacion que antafo marcaban esta epoca de ruptura. Las prucbas colectivas eran impuestas a ui fos de a misma edad, pero que no estaban todos igual- mente maduros para que produjeran un efecto mutante en ellos: Sin embargo, era un acontecimiento que marcaba, y la sociedad les consideraba entronirados, es decit, que bian superado la iniciacién que permite convertrse en ado- lescente a partir de dicho paso, Tanto si estaban prepacados interiormente como si no, los adultes les concedian el de- recho 8 acceder a ella. Reducidas a s{ mismos, los jovenes de hoy no son conducides juntos y solidariameate de una orilla Ta otra: y se ven obligados conseguir este dere- cho de paso por si mismos. Esto exige de su parte una ceonducta de riesgo. El Africa negra y Oceania ofrecen a la etmologia una gran variedad de ritos de intciacién y de aprenditaje. Serd interesante pasar revisia a las diversas soluciones que las sociedades antiguas encontraron para ayudarles @ pasar este periodo de mutacién, la muerte de la infancia Pero antes de comparar las actitudes del cuerpo social a través de la historia de las sociedades, y de investigar cémo tos adolescentes de hoy pueden, solos 0 en grupo, afrontar la realidad, trataremos de describir lo que sucede ‘en el interior de cada individuo, y poner de relieve la trans- formacién capital que hace del nifio un adolescente en ciernes. El hecho trascendental que marca la ruptura con el es- tado de infancia es la posibilidad de disociar la vida ima- inaria de la realidad; el suefio, de las relaciones reales. ‘Tras la crisis llamada edipiana que opone al mucha- ‘cho perdidamente enamorado de su madre a su rival, el adre, en quien ve, en el mejor de los casos, un motive de Admivacion, los fuegos se apagan. y el nifo llega a la edad ue nosotros llamamos «latenciay. Sabiendo que no es mAs ‘Que un nifio, se resigna a esperar el futuro. Ello no excl Ye que tenga claramente la nocion de una sexualidad a- ero comprende que no podré encontrar su objeto © amor en Is familia. Asi pues, en el mejor de los casos. 7 1 nifto del final de Edipo, hacia los ocho-nueve afios, con- ‘serva una gran ternura idealizada por su madre, y' tam- bién por su padre, aunque con un sentimiento dividido entre la confianza y el temor de apartarse de la ley que el padre quiere que guarde, y que no s6lo es una ley dictada por el padre, sino que ésie Ia representa y ejemplifica. El rio ve en el padre al garante de la ley y al mismo tiempo al testigo ejemplar duetio de sus pulsiones. ‘De todos modos, a los once afos se manifiestan los pri- ‘meros indicios de una sexualidad que se anuncia con un fortisimo componente imaginario antes de que el cuerpo fentre en juego; esto corresponde, en el muchacho, a las primeras emisiones involuntarias de esperma, y, en las mux chachas, 2 las primeras reglas. Pero antes de que el cut ‘po siga, se diria que el joven y la muchacha preparan est acontecimiento fisiol6gico con una especie de fiebre pstqi ‘ca de amor imaginario por modelos que actualmente se co- nnocen como idolos de masa, y que han sucedido alos hé roes de ayer. El welevon ha llegado de los Estados Us dos. Héroes e idolos constituyen sus compafieros en el juego de papetes donde lo imaginario desplaza a la rea- lidad.

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